Viendo entradas en la categoría: Relatos cortos

  • Octubre De Babilonia
    Tras haber estacionado el móvil policial en la calle 27 de Abril con las valisas (las luces delanteras amarillentas parpadeantes) puestas, sin importar que la gente les mirara haciendo obscenidades en el asiento delantero del conductor en pleno medio día.
    Aunque en esa misma madrugada había sido movediza y con bajas, algo no iba a esperarse cómo tal de una fuerza pública. ¿Lo era?
    Ella sin su blusa, abrazaba tiernamente a un hombre que estaba posicionado en el asiento, ésta estaba sentada sobre éste hablando le al oído...
    "- Esta no es la vida para nosotros.."
    Cosa que Herrera, el muchacho que tenía a la mujer sobre él, la apartó despacio. Se podía notar que en el rostro del mismo algo no iba bien, y no por que los mitos no sean reales, algunos estaban condenados y eran catalogados de algo que no eran. ¿Pero, qué podría hacer él?
    "- Amar a alguien como yo, no es para alguien normal. Pero aquí estamos deseosos de pasión, en medio de la multitud. Deberías llorar la pérdida de tus compañeros. La sangre está alborotada en tu ser."
    "- Herrera..~ " -su mirada fue entristeciendo. "- Eres una especie de vampiro, algún día un cazador te aniquilará.. No quiero que eso pase."
    "- Dime, cazadora Tula, que tienes una vida de engaños para con la gente..., ¿qué eliges?" -sosteniendo a la misma en la cintura.
    "- Quisiera seguir siendo la que no has mencionado.. " -musitó besando la boca del hombre llamado Herrera.

    Aquel muchacho, era un reconocido piloto de carreras, de apellido Herrera. Un vampiro de los que eran perseguidos en Europa y Asia en general, hasta que se enamoró o eso creía de una extraña mujer que era un policía, o eso creía. Las apariencias engañaban a todos.
    Se sumerge en el beso dado por aquella cazadora de apellido Tula, la policía (su amante).
    ... Hasta que inesperadamente llega una persona vestido de negro con un rosario blanco colgando en su cuello, era sin duda un sacerdote, esa gente siempre en vez de ser cazadores arruinaban la profesión en la que la policía Tula era. El hombre de sotana negra les veía a través del vidrio del parabrisas del coche, los intimidaba furioso por su acto pecaminoso, pero no dejaba de entrever la espalda de la mujer.
    Ese hombre de unos cincuenta y picos de años era un exorcista cazador de "criaturas del mal" enviado por el Vaticano. Juaréz de apellido, estaba establecido hacía unos días en la ciudad capital de Córdoba, y cómo era su costumbre antes de dar la misa matutina de las ocho de la mañana, su rutina nunca la cambiaba sea en el lugar dónde estuviera; poner la radio y oír las noticias mientras tomaba un whisky oculto en una taza de té. Ese radial no era la que normalmente estaba en las radios comunes, usaba la frecuencia SW para oír los sucesos anormales del común.
    "- Alguien se ha sumado al trío tu competencia Juaréz." -mencionó Herrera al notar claramente al sujeto.
    "- Es un pervertido." -susurró ésta mientras sonreía de manera poco convencional.

    La mujer se mantuvo tranquila mientras se colocaba su uniforme de la parte de arriba, alzó su escopeta reglamentaria de un doble caño largo que estaba en el asiento del acompañante. Saliendo del vehículo, apuntó al sacerdote recargando en su cara para que supiera que no iba a dudar en gatillar. Dirigiéndose hacia la plaza San Martín que se hallaba a tres cuadras del lugar. Mientras por detrás iba el vampiro bastante nervioso, detestaba la situación.

    Hora pico en la ciudad. Situados en el centro de la plaza, éstos se hallaban cara a cara, la limpieza de los municipales quedó paralizada al notar la presencia de un oficial de policía cargando una escopeta en alto frente a un posible degenerado, era a veces el pensar de la gente cuando veían cosas similares.
    Un día soleado y cálido para ser un mes cómo Julio de pleno invierno. Sus rostros encallaron en mirarse conjuntamente escrupulosos y templados iniciaron su confrontación. El sacerdote Juaréz sin vacilar, sacó su callao exorcisador y menciona en latín:
    "- Pulvis et pulvis, in missione ad hanc provinciam dare finis est huius mali, ut me venire, divina? Amen."
    ("- Polvo al polvo, tengo la misión de esta encomienda para darle fin a este ser del mal, ven a mi: ¡Poder Divino! Amén.")
    El sacerdote Juaréz sostenía firmemente en callao en ambas manos corriendo hacia ellos dos. Sin embargo la cazadora Tula comenzó a disparar sin prever los cartuchos que caían al suelo, entre tanto la gente se alborotaba. Tres disparos bastaron para frenar la corrida del hombre que alguna vez fue un gran exorcista de otra provincia. Aquello lo asesinó, para el asombro de los transeúntes que pasaban en otras cuadras que rodeaban la plaza del centro de esa ciudad. Su rostro no demostraba aflicción por el sacerdote, la verdad detestaba bastante esa gente partidaria del dinero y cosas ocultas a sus fieles. Se arrimó al cadáver que yacía sobre el suelo y lo remató con un disparo en seco en toda la cara. La sangre no salpicó tanto cómo algunos creyeron, pues estaba muerto.
    El conductor del vehículo de carreras, Herrera, el vampiro se arrimó apartando a su amante para sostenerla de la cintura con sus manos y girarla de alegría.
    "- Has vencido al pervertido." -ocultando un poco la verdad a la gente.
    "- Necesito saber algo primero. Bájame." -seria lo dice, por momentos causar muertes no era algo divertido, en realidad no lo era. Antes que éste dijera algo. "- ¿Qué soy para ti?" -indagó con su mirada cautivadora.
    "- Quererte es libertad para mi alma, pero la realidad es la prisión de mi cuerpo." -expresaba con un tono picarón convirtiendo lo en amorío luego.
    "- No me importa estar condenada, sólo déjate amar por mi corazón que te llama." -mientras ponía el seguro de su escopeta.

    La mujer lo abrazó al hombre, sabía con recelo que aquel sentía lo mismo, y no era solamente un deseo carnal de dos personas, era algo que iba mas allá de normal. Aunque .. no todo es lo que aparenta ser.
    Anteponiendo su escopeta entre el torso de ambos lo aparta bruscamente empujando al mismo contra el suelo. Las sirenas de una ambulancia se mezclaba entre los bocinasos de los vehículos para darle paso en una calle congestionada de automóviles. Con lágrimas en sus ojos, ¿en qué pensaría esa mujer? Apunta su escopeta a las narices del vampiro, quién no entendía el accionar repentino de su amante.
    "- ¿ Qué.. qué pasa, qué haces Tula? -pregunta intrigado Herrera.
    "- Yo te dejo escapar de tu prisión."
    "- Espera~ .. Tula, te he amado desde ese día, ese día que te vi poniendo una multa a un conductor sin cinturón de seguridad. ¿Recuerdas? Ah.. no, no me viste ese día. Pero fue allí. No quieres hacer eso." -levantándose.
    "- Sabes que.. me he cansado de salvarte cada vez que viene alguien. Me pagarán por tu muerte."
    "- ¿No me amas?" -dolido pero aquella tenía razón, él la usaba para tener algo íntimo y cómo protectora.
    ¿Entonces era amor el que profesaban o era solo lujuria de dos cuerpos carnales? No quería fenecer pero tampoco quería hacerla llorar, esa mujer era muy buena persona a pesar de asesinar brutalmente a cuanto cazador se presentase a quitarle sus presas.

    "- Pues si.. Aunque se que nosotros no llegaremos a nada, y algún día deberás defenderte solo."
    La cazadora Tula cerró sus ojos, conocía la cintura del ajeno, por que había palpado al mismo en varias oportunidades y él tenía una serie de cuchillos especiales que al lanzar los cortaban fácilmente la carne. Éste al notar que ya se había descubierto que no le era fiel, comenzó a meter su mano en su pantalón quitando unos cuchillos afilados que los incrustaba en cada dedo para poder lanzar los hacia su oponente.
    "- Pensaba disfrutar mas de tus caderas, pero la ingenua dejó de serlo."
    "- ...." -un suspiro de disgusto bastó para un final lamentable.

    Veloz lanza esas cuchillas hacia la parte del torso hacia arriba con el fin de dar muerte al cazador que lo cautivaba físicamente. Varios disparos se oyeron lejanos, eran sus compañeros de la fuerza, ella solamente le gatilló en las piernas. Su intención no era asesinarlo, por que le tenía cariño. Una de las dagas se le incrustó en el hombro derecho y las otras se desviaron un poco. Fue cuando él se cayó al piso adolorido por varios disparos que habían penetrado su cuerpo, fue cuando aquella sin sentimiento alguno lo remató cómo solía hacer con un disparo en toda su cara.

    Fin.
    Autoría: Octubre De Babilonia.


  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso