Un Staravia que picoteaba cosas del suelo nos miró con curiosidad, pero siguió a lo suyo, en busca de alimento.
Nos vimos de frente con siete pokémon que no eran el que buscábamos, hasta que de repente encontramos a un Lucario que paseaba tranquilo por las inmediaciones de la Torre Dorada. No se mostró muy amigable en cuanto nos vio acercanos, pero Servine y Arcanine se encargaron de derrotarlo apenas intentó agredirme. Lo capturé.
Llegamos por fin a la cima. La vista era extraordinaria. Sobre mi dedo hacía girar la pokébola con la que había atrapado a Lucario... La intención era seguir el viaje, pero se me apetecía una batalla... Por eso fue que saqué a Pidgeotto de su esférico. Era lo suficientemente grande y fuerte como para que Servine y yo montáramos en él. Emprendimos vuelo, en busca de entrenadores a los que enfrentar...
Ho-oh se posó lentamente sobre la parte más alta de la Torre, permitiéndome descender con comodidad. Desconocía a ciencia cierta lo que estaba buscando lograr en aquel lugar; sólo sabía que el Metagross que se encontraba ahora en mi poder, y que había tomado de la oficina de la Iota, tenía una presencia diferente. Y aquel movimiento que había descubierto que tenía, al que bautizé Vínculo espaciotemporal -o al que alguien bautizó por mí, porque cuando lo pensé, sentí como si el nombre se me fuese dado, y no como si lo hubiese inventado yo mismo- era cuanto menos extraño. Las pocas veces que lo había usado, alrededor de nosotros se sentía un aura demasiado extraña. "Tal vez tenga que ver con el mundo espejismo". Llegué a pensar, no con udemasiados fundamentos. Por eso estaba allí, movido más por una vaga sensación que por algo sólido. Si Iota había abierto un portal aquí, es que era el lugar propicio para entrar al mundo espejismo, ¿No? Claro, eso sólo si el supuesto de que Metagross tenía algo que ver con el mundo espejismo era cierto. Era justo lo que estaba a punto de descubrir... Metagross me miró, impertubable, cuando le hice salir de su ball. —Creo que ambos sabemos que sigue acontinuación amigo —no hubo respuesta—. Utiliza Vínculo espaciotemporal.
Ian Cuando salimos del portal, el pokémon psíquico me dirigió una mirada que me hizo entender cuan cansado estaba tras lo que acababa de hacer. Seguramente había requerido gastar una enorme cantidad de energía para poder unir ambos mundos. Asentí, y le regresé a su pokeball, para que pudiese descansar; se lo merecía con creces. Fue entonces cuando mi pokedex emitió aquel pitido característico que profería cada vez que recibía un mensaje dedicado a los holders. Tomé la pokedex y,tras unos segundos, el mensaje comenzó a reproducirse. ... —¿Así que otro caso de la CSG, eh? —exclamé, al terminar de escuchar el mensaje—. Suena demasiado prometedor, sobre todo si consideramos el último de estos casos donde participé. Aún recordaba que en aquella ocasión me enteré de la existencia del P.A.M., del cuál no volví a escuchar hasta después de la batalla contra la Trituradora, cortesía de Karina. Llevé mi mano instintivamente a una pokeball de mi cinturón, diferente a las otras, pues se encontraba amarrada con unas pequeñas cadenas. Aunque sabía bien que dicha medida no serviría demasiado. De mi mochila tomé la ropa de mi dissfraz de anciano y me la cambié; no me puse ni la peluca, ni el monóculo ni tomé el bastón, sólo me puse los pantalones, la camisa, el abrigo y el sombrero. >>Creo que será una buena oportunidad para recabar más información —arrojé la pokeball de Salamence al aire, y éste saludó con un potente rugido—. ¡Es hora de ir a Ciudad Óleo!
Alpha Xenodis. Woho, muchísimo tiempo que no había llegado a este lugar, ¿eh? Desde nuestro duelo con Ho-oh... Wow, realmente ha pasado muchísimo tiempo. Pero bueno, no más nostalgia: Decidí simplemente descender en la cima y ahí me puse frente a frente con la Campana Dorada. —Lo siento por la gente de la Pradera, pero los Flaaffy solo salen de esta manera. Y entonces hice sonar la campana. Luego simplemente desaparecí montado en el pájaro.
Alpha Xenodis. Cuando llegamos a la cima del lugar simplemente hice sonar la campana con un fuerte movimiento de esa especie de... ¿Pepita? Que tenía dentro, provocando así la dispersión de las nubes que azotaban la Pradera. >>De nada, kohai. Reí antes de salir volando al siguiente lugar.