Mi pequeño engaño inofensivo consiguió exactamente el efecto que había pretendido, lo que me ensanchó la sonrisa hasta descubrirme la dentadura. Verla enfurruñada no era extraño; de hecho, quizá lo raro fuera precisamente que la actitud no me molestara. Tampoco le daba vueltas, si debía ser honesto. Me escuchó con las mejillas infladas y yo seguí hablando como si no estuviera a medio pelo de hacer un berrinche, y al final se le pasó. Quería decir, se había esforzado por mantener la barbilla bien alta mientras estábamos en la fila y yo la dejé ser, porque así funcionábamos. Al finalizar la obra, le pregunté si la había disfrutado y ella, bueno, fue sincera al respecto. Ladeó ligeramente la cabeza para regresarme la duda y yo deslicé la vista al escenario, ya a oscuras y con el telón cerrado. Me tomé unos segundos para ponderarlo. Claro que la había oído y claro que había pretendido picarme, motivo de sobra para ignorar esa parte del asunto. —Supongo que es más sencillo disfrutar algo cuando la persona a tu lado lo hace —reflexioné, quedándome satisfecho con la idea. Recibí su beso en la mejilla, cosa que me hizo volver la mirada a ella y sonreírle. ¿Era un gran elogio ser un "buen compañero de asiento"? Podíamos fingir demencia y decir que sí. —Siempre para servirte, Ri-chan~ —canturreé por la gracia, y me incorporé con algo de pereza—. ¿Vamos a comer algo ahora? ¿Quieres?
Contenido oculto super random y nada que ver, probably, pero pensé en una frase de la canción mientras escribía el post y ya me apeteció adjuntarla so here goes (?) La dinámica que tenía con Kou debía ser extremadamente extraña a ojos ajenos y, honestamente, ni siquiera podía culpar a nadie que nos viese y pensase que no pegábamos ni con cola, porque lo cierto era que no lo hacíamos, éramos mundos completamente opuestos; la cuestión era que, aun así, funcionábamos. Kou me escuchaba y me prestaba atención, lo hacía de verdad, y genuinamente creía que la gente era muy tonta por no darse cuenta de lo divertido que podía llegar a ser pasar el tiempo con él. También le gustaba picarme, claro, pero se lo dejaba pasar porque... bueno, luego era bastante adorable, ¿verdad? Él apartó la mirada hacia el escenario, aparentemente sopesando la respuesta que fuese a darme, y yo aproveché el momento para repasar brevemente sus facciones con la mía. Las palabras que dijo después me hicieron pestañear un par de veces, en un claro gesto de sorpresa, pero mi expresión rápidamente mutó a una de... no lo sé, ¿ternura? Me pareció una respuesta bien bonita, en definitiva, y tras haberle dado el primer beso de agradecimiento, no dudé ni un segundo en atraparle las mejillas con ambas manos y repartirle una buena cantidad de besos por toda la carita. Lo liberé de agarre no mucho después, soltando una risilla ligera que terminó por dejarme una sonrisa sobre los labios, y lo imité un par de segundos después de ver cómo se ponía en pie. —¡Síp! Tengo bastante hambre, ahora que lo dices. Aquí hay bastante restaurantes, pero... —hice una pequeña mueca con los labios mientras comprobaba la hora en mi móvil—. Quizás sea difícil conseguir una mesa sin haber hecho reserva antes. ¿Tenías algún sitio en mente, Kouchii~?
Mi respuesta no pretendió despertar nada particular en Riamu, pero aparentemente lo hizo y, fiel a su esencia, no vio reparos en demostrármelo. Me pilló el rostro con ambas manos y comenzó a repartirme besos por doquier, haciéndome cerrar los ojos y arrugar el gesto. En mi fuero interno se me revolvió algo de vergüenza ante la idea de estar en público, vete a saber por qué, pero a fin de cuentas me quedé quieto y la dejé hacer. En cuanto me liberó, abrí los ojos y me forcé a relajar el semblante, aunque una pequeña cuota de descontento se me filtró. Dudaba que se asemejara a molestia real o enfado, en todo caso, ya que no estaba sintiendo nada del calibre. Era, quizá, más parecido al enfurruñamiento de un niño. Con todo, lo hice a un lado y me incorporé, ofreciéndole ir a comer algo. Le indiqué que saliéramos de la fila de asientos y comenzamos a salir del teatro por el pasillo. Había hundido las manos en mis bolsillos y puse la neurona a trabajar. Un restaurante aquí... ¿A cuál podíamos ir? Si jalaba de las conexiones de Teruaki-san seguro conseguía algo, el asunto era que no recordaba ahora mismo nada asociado a este complejo. —¿Qué? ¿Me estás diciendo que no reservaste en ningún restaurante? —repliqué, agregándole más ofensa a mi tono para molestarla—. Te falta experiencia programando citas, Ri-chan. Ese es un error de amateur. Mientras hablaba había sacado mi móvil y buscado el contacto de Teruaki-san. En el proceso, también, había ignorado las llamadas perdidas y los mensajes acumulados de Eguchi. Le di al botón verde y me llevé el aparato a la oreja, lanzándole un vistazo breve y una sonrisa a Riamu. Atendió tras un par de tonos. —Chico, ¿cómo va? —me saludó, animado; se oía bullicio de fondo—. ¿Disfrutando la cita~? —Estamos en el Tokyo Opera City —informé con calma, sin detenerme en sutilezas—. ¿Hay algún restaurante aquí donde pueda jalar de tu apellido o el de papá? Mi solicitud lo dejó en silencio un segundo antes de soltar una carcajada distendida. —Ah, niño, eres un encanto —soltó, irónico, aunque en verdad sonaba a gusto—. Sí, sí, está el Yoshida. Tenemos ahí muchas reuniones de negocios. Si te plantas con la carita y el tonito que te gusta usar nadie dudará que eres mi sobrino, la verdad. —Es la idea —murmuré, satisfecho, y la sonrisa se me ladeó ligeramente—. Muchas gracias, Teruaki-san. Otra risotada. —Siempre para servirte, chico. Siempre para servirte. Con la llamada finalizada, regresé el móvil a mi bolsillo, dejé la mano allí y la otra la apoyé suavemente en la espalda de Riamu, instándola a virar hacia el ascensor. —Todo solucionado~ —concedí, divertido, y apreté el botón para llamarlo. La miré—. ¿Te apetece comer sushi, Ri-chan? Contenido oculto hice la research que corresponde y pickeé este porque me pareció sUPER PRECIOUS
Estaba cien por ciento, no, doscientos por ciento convencida de que a Kou no le iba a hacer ninguna gracia que me pusiese a llenarle la cara de besos así como estaba haciendo en esos momentos, posiblemente aún más teniendo en cuenta que seguíamos estando bastante en público, ¡pero mira si eso me iba a parar de intentarlo! Así y todo, el chico me dejó hacer sin oponer demasiada resistencia, cosa que por supuesto aproveché lo máximo posible y, quién sabe, hasta agradecí en mi interior. La expresión de molestia de después no se la quitaba nadie, eso sí, aunque tenía que admitir que la imagen me resultó más bien a la de un niño enfurruñado que a otra cosa y, como tal, lo único que consiguió era que el asunto me diese aún más ternura. Lo dejé pasar para no crear más espectáculo del necesario y decidí centrarme en la conversación de la comida, tema que también me provocaba gran interés, a decir verdad. El comentario de Kou sobre mi falta de reserva en un restaurante me sacó una carcajada ligera, entre culpable y divertida, y también me hizo encogerme de hombros inmediatamente después de soltar la misma. —¿Qué puedo decir? Por regla general son los chicos los que intentan impresionarme a mí, no al revés~ —solté bien cantarina, al mismo tiempo que la curiosidad se apoderaba de mí y me inclinaba hacia delante para intentar ver a quién pretendía llamar Kou. No pude ver demasiado, desgraciadamente, por lo que volví a mi posición anterior sin poder controlar el leve suspiro de decepción que escapó mis labios. Apenas un par de segundos después, sin embargo, la persona al otro lado de la línea respondió y, por supuesto, toda mi atención volvió a ponerse sobre la conversación que el chico y esa persona misteriosa empezaron a tener. Intenté pegar la oreja, pero tampoco quería ser demasiado obvia y, al final, me fue bastante difícil intentar entender nada más allá de lo que Kou estaba diciendo. Apenas colgó sentí su mano sobre mi espalda y yo, obviamente, me dejé guiar sin ninguna clase de problema al respecto. >>¿Sushi? ¡Ah, claro, qué rico! Oh, me acaba de entrar antojo de salmón... —murmuré, haciendo un puchero de nada con los labios al mirarlo. ¿Para qué? Ni idea, por el teatro~ El ascensor anunció su llegada no mucho después y nos introdujimos en su interior. Una vez las puertas se hubieron cerrado a nuestro paso, sin embargo, una idea me alcanzó el cerebro vete tú a saber de donde (y con algo de retraso, también); di un respingo de nada, a causa de la impresión, y me llevé las manos hacia la boca para tapar el gesto de sorpresa que mis labios habían formado. >>¡Kouchii! —exclamé en voz bajita, como si temiese que alguien no estuviese escuchando ahí dentro (a pesar de no haber nadie más junto a nosotros), y me acerqué aún más a él para hablarle en confidencia—. No me digas que con quién acabas de hablar es tu tío el capo de la mafia. ¿Vamos a comer en un restaurante de mafiosos? Contenido oculto ooooh it looks so luxurious, bebi, good choice 7u7
Solté una risa nasal ligera cuando Riamu alegó que su falta de experiencia se desprendía de, bueno, la falta de necesidad. Debía estar terriblemente malacostumbrada, ¿cierto? Ya había sacado el móvil, y mientras buscaba el contacto de Teruaki la pantalla iluminó mi sonrisa. —Siempre hay excepciones, ¿no? —murmuré, muy fresco, y le lancé un vistazo en lo que llevaba el móvil a mi oreja—. ¿A que valen la pena? Como siempre, me importaba una mierda pecar de egocéntrico. Sabía lo que tenía, lo que era y lo que podía lograr, ¿para qué fingir lo opuesto? La conversación con Teruaki se desenvolvió sin contratiempos y noté a todo momento la curiosidad que sentía Riamu al respecto, desde que pretendió husmear a quién estaba llamando y todo lo demás. A veces parecía una niña, ¿cierto? Resolví el asunto de la cena en esos cinco minutos, me dijo que andaba antojada de salmón y vi su puchero, sólo no reaccioné ni hice nada al respecto. Era lo mismo, ¿o no? Con o sin cara de cachorro mojado sabía que le compraría el puto salmón si lo quería. El restaurante en cuestión quedaba en el piso cincuenta y tres. El ascensor comenzó a moverse y me mantuve de pie, junto a Riamu, tranquilo. Noté su respingo de soslayo, acentué apenas la atención sobre ella y su momento de iluminación, la forma en que lo dijo, me arrancó una carcajada genuina del pecho. Fue breve y en absoluto escandalosa, pero hasta yo fui consciente de que no solía reírme así. —Si quieres verlo así —concedí, despreocupado—. Es un restaurante como cualquier otro, mi tío suele venir en reuniones de negocios y por eso goza, digamos, de ciertos privilegios. ¿Dónde te gustaría que nos sentemos, Ri-chan? No sabía si lograría estirar tanto las conexiones al punto de elegir la puta mesa a dedo, pero me gustaba montarme el teatro. La sonrisa me suavizó la mirada y la acompañó una chispa de plena soberbia. —¿Quieres las vistas? ¿Junto a la vinoteca? ¿Un compartimento privado, quizá~?
Siendo Kou de quién hablábamos, era obvio que el chico no planeaba quedarse callado ante mi comentario y, por supuesto, escuché su respuesta aún con la sonrisita despreocupada pegada a los labios. La misma no me sorprendió en lo más mínimo, a decir verdad, y todo lo que hice después fue encogerme de hombros con aire risueño; no lo estaba negando, pero tampoco lo estaba confirmando, y todo porque... ¿acaso no era un poco más divertido así~? Luego vino la conversación al teléfono, el camino hacia el ascensor y mi escenita algo extra al juntar las neuronas sobre su tío. Era obvio que había exagerado todo el asunto a propósito por simple amor al arte, y de hecho estaba haciendo un esfuerzo enorme por no romper a reír ahí mismo, pero cuando escuché la carcajada tan genuina que a Kou se le escapó por mi tontería, vaya, me sentí estúpidamente realizada. Suavicé la expresión hasta recuperar la sonrisa ligera de antes, escuchando su respuesta que, bueno, tampoco me di pie a mucho más, y después deslicé la vista brevemente hacia el panel dónde se iban iluminando los pisos que íbamos subiendo. —Oh, el compartimento privado suena muy tentador, Kouchii~ —canturreé en voz baja, aprovechando la cercanía que había decidido mantener para inclinarme hacia delante y rozar apenas sus labios al hablar—. Pero sería una pena, ¿no crees? Con lo guapos que nos hemos puesto, deberíamos deleitar a los demás con nuestra belleza~ —sentencié finalmente, separándome de su posición con una risilla ligera—. Además, las vistas de la ciudad desde ahí arriba deben ser espectaculares. Giré la cabeza un par de centímetros hacia el lado, repasando nuestro reflejo en el espejo que había en la pared, y sonreí con satisfacción ante la imagen; compartí una mirada divertida con el chico a través del cristal, también, y cuando volví a centrar mi atención al frente, di otro par de pasos hacia atrás hasta poder apoyar la espalda sobre la pared. Aún quedaban un buen número pisos por subir... >>Kou, me gusta mucho pasar el tiempo contigo, ¿sabes? Cuando te vi la primera vez en la fiesta pensé... bueno, ¡lo primero que te veías muy guapo en traje, claro! Pero también pensé que, no sé, digamos que no se me ocurrió que serías tan divertido. No pegamos ni con cola, ¿eh? Pero me gustas bastante. Nada serio, eh, no te vengas muy arriba~ En fin, a lo que voy es que... sí, vale la pena esforzarse. Quizás te prepare alguna sorpresita extra para la próxima cita que nos organize~ Definitivamente aquello podía calificar como una confesión de pecados en toda regla pero, honestamente, lo había soltado todo con tal liviandad que perfectamente podría no parecerlo; al fin y al cabo, no pretendía conseguir nada más allá de... aprovechar el rato que nos quedaba ahí dentro para decírselo, sin más.
Incluso con los patrones, Riamu podía llegar a ser impredecible en los detalles. La pregunta sobre el espacio que prefería era genuina, podía llegar a ser cualquiera dependiendo su estado de ánimo y cualquier otra variable espontánea que le cruzara la mente ese instante. Se inclinó para hablar cerca de mis labios, le permití ocupar mi espacio sin mover un dedo y eligió las vistas. Ambas vistas, quería decir. —Muy bien —concedí, sin preocuparme por cómo lo conseguiría, y deslicé la mirada a ella al notar movimiento—. Las vistas serán. Estaba viéndonos por el espejo, conecté con el reflejo de su mirada y se hizo hacia atrás, echándole su peso a la pared. Medio giré el cuerpo en su dirección y la oí, tranquilo. Se había puesto a desvariar de lo lindo y me hizo algo de gracia, pero no la demostré. Podía ser todo lo soberbio que quisieras, una puta cucharada de moco bien perfumada, y era consciente. Era consciente y no me pesaba, pues prefería este ego al imbécil débil y patético que había sido en el pasado. El caso era que todos lo veían y, por ello, la perspectiva de Riamu logró sorprenderme. Suponía que tenía sentido, ¿no? No seguiría pasando tiempo conmigo si no se la pasara bien, pero de ahí a considerarme una persona divertida... Me sonreí, el gesto no cargó la soberbia usual y bajé la vista a mis zapatos un instante. Era una tontería, obviamente, pero en cierta forma... también era agradable. Estaba tan habituado a ser el hijo de puta en todas las historias, quizá, que una perspectiva diferente resultaba refrescante. No sabía cuánta realidad había o si Riamu de plano deliraba, pero ¿importaba? —¿Para la próxima cita? —repetí, en un susurro increíblemente sedoso, y recorté la distancia con ella. Saqué una mano del bolsillo, me incliné y sostuve su barbilla con delicadeza—. ¿Y si quiero la sorpresa esta noche? ¿Me la negarás, Ri-chan?
Kou aceptó mi petición de sentarnos en la zona que tenía las vistas de la ciudad, y aunque era cierto que siempre me gustaba cuando me cumplía los caprichos, tampoco iba a molestarme demasiado si acabábamos cenando en cualquier otro lugar del restaurante; es decir, no estaba yo muy convencida de que pudiese tirar tanto de los hilos, aunque si su tío era tan mafioso como decía... quizás tendría que tenerle más fe~ La cuestión es que eso quedó decidido sin mayor problema y después vino mi discurso un poco salido de la nada. Todo lo que dije fue sincero, y lo solté sin esperar ninguna reacción específica por parte del chico; eso no quitó, claro, que me hubiese quedado pendiente de sus movimientos por pura curiosidad. No fue mucho, pero todo se me hizo absurdamente tierno, y no pude evitar que esa misma ternura se me viese reflejada en la sonrisa que se me plantó en los labios al ver toda la escena. La expresión me duró bastante poco, de todos modos, porque intenté disimularlo en cuanto el chico levantó la cabeza y luego... bueno, digamos que no fue muy difícil cambiar de mood al sentir su tacto en mi barbilla. —¿Esta noche? —repetí en apenas un murmullo, y no pude evitar deslizar la mirada hasta sus labios un breve segundo antes de volver a buscarle los ojos desde abajo—. Te has portado muy bien, claro que no te lo voy a negar, pero... Entorné los párpados, dejando la frase en el aire después de haberla soltado prácticamente en un susurro, y llevé una de mis manos a su pecho, subiéndola en una caricia suave hasta alcanzar su nuca, donde hundí los dedos para atraerlo hacia mis labios y darle un beso profundo, lento, aunque quizás algo corto. >>No tengo mucho margen de preparación, espero que no te importe que vaya improvisando un poco sobre la marcha~ —murmuré sobre sus labios, sonriendo con una mezcla de satisfacción y diversión que daba gusto.
Recibí su susurro con la sonrisita de satisfacción usual, mientras los pisos a nuestro lado subían y subían. Cacé sus intenciones al vuelo, sentí sus dedos hundirse en mi cabello y me sonreí un segundo antes de inclinarme sobre ella, justo como me estaba indicando que hiciera. Le correspondí al beso con la naturalidad que brindaba la experiencia, habiéndome ya amoldado a su cuerpo y a sus labios. Rodeé su cintura con ambos brazos y la pegué suavemente a mí, incluso si el beso duró poco. Me hundí en su boca, me retiré sin prisa y entreabrí los ojos, sin poner demasiada distancia entre nosotros. —No te preocupes, Ri-chan —murmuré, deslizando los dedos con firmeza por el contorno de su cintura—. Confío plenamente en tus capacidades~ Estimé vagamente los pisos que restaban, aunque tampoco le había prestado la suficiente atención. Aproveché la cercanía para volver a besarla, afirmándola contra mi cuerpo, y con el sonido indicativo de llegada me separé lentamente. Busqué sus ojos, le dediqué una sonrisa y, al quitar las manos de su cuerpo, lo hice trazando el contorno de sus caderas. —Salmón, entonces —recapitulé, saliendo del ascensor y hundiendo las manos en los bolsillos—. Y vistas a la ciudad. Atendí brevemente al cartel que señalizaba la ubicación de cada local en aquel piso y aguardé por ella, para ofrecerle mi brazo y empezar a caminar. La entrada al restaurante era sobria, estilizada de forma tradicional. El recepcionista nos sonrió cortés apenas nos detuvimos frente a él y tomé la palabra, pues porque me correspondía. —Buenas tardes, jóvenes. ¿Tienen reserva? —No. —El hombre alzó levemente las cejas y ensanché la sonrisa, hablando con soltura y parsimonia—. Mi tío, Takeuchi Teruaki, me recomendó este restaurante, y pensé en darle una oportunidad. ¿De casualidad tienen alguna mesa disponible? La expresión del hombre, aunque sutil, había cambiado tras escuchar el nombre del siglo. Asintió, en silencio, y se retiró tras murmurar un "veremos qué se puede hacer". Aproveché la ventana para girar el rostro hacia Ri, con aquel aire de soberbia que ya ni siquiera me echaba encima adrede. Seguía haciéndome gracia el poder que podía tener el hijo de puta, incluso en los lugares más recónditos. Ese poder... era lo que aspiraba a tener, lisa y llanamente. No había forma de endulzarlo. Me causaba demasiada satisfacción para ignorarlo. El recepcionista regresó poco después junto a otro hombre con más presencia. Deduje que sería el gerente o alguien del estilo. —Buenas tardes... —saludó, suspendiendo la frase, y adiviné sus intenciones. Era mero protocolo. —Shinomiya. —Shinomiya-san —completó, su tono de voz exudaba seguridad y nos indicó la puerta con un movimiento de su brazo—. Pasen, por favor. Tenemos algunas mesas disponibles. Teruaki-san es uno de nuestros mejores clientes, ¿cómo podríamos dejar fuera a su sobrino? —Sería un crimen —convine, en tono suave, e ingresamos al establecimiento. Repasé el lugar con la vista, bastante satisfecho, y el hombre volvió a aparecer frente a nosotros. Probablemente no debiera, pero me gustaba ser un cabrón y... bueno, también disfrutaba cumpliendo los caprichos de la señorita, ¿por qué no? —Justo estábamos hablando de lo increíbles que deben ser las vistas desde aquí —dije, ensanchando apenas la sonrisa. El tipo, por supuesto, cazó al vuelo mis intenciones y asintió. Nos guió por un pasillo hasta desembocar en una sección del restaurante. Una de las paredes era enteramente de vidrio y la ciudad se extendía en un escenario bastante pintoresco. —¿Esta zona les parece bien? —preguntó, servicial. Esa, sin embargo, no era mi decisión. Volví la mirada a Riamu y le sonreí. Ah, estaba disfrutando esto como un hijo de puta, ¿cierto? —¿Qué opinas, Ri-chan? ¿Te gusta aquí?
Kou me correspondió al beso prácticamente al segundo de haberlo incitado a ello, asunto que no me sorprendió en lo más mínimo pero que, aun así, logró lanzarme encima una satisfacción estúpida; se amoldó a mi ritmo con una facilidad absurda, también, y todo ello hizo que me sonriese a medida que nos íbamos separando después. "Separarnos" por decir algo, porque nos mantuvimos tan cerca el uno del otro que, al ensanchar la sonrisa tras escuchar sus palabras, acabé básicamente sonriendo sobre sus labios antes de volver a recibirlos de nuevo contra los míos. Deslicé el otro brazo hasta alcanzar también su nuca, enganchándome así por completo de su cuello al corresponderle la unión, y ni siquiera pretendí disimular el resoplido de molestia que se me escapó después, cuando lo sentí separarse por culpa del sonidito de llegada del ascensor. Lo dejé libre, muy a mi pesar, pero mi expresión no tardó en recuperar la alegría de siempre cuando salí del ascensor y me enganché de su brazo para dirigirnos hacia el restaurante en cuestión. Me distraje mirando los diferentes establecimientos que había por el pasillo mientras avanzábamos hacia el restaurante, y una vez llegamos ahí, me quedé en silencio mientras permitía que Kou desplegase todos sus encantos con los señores del lugar. Si tenía que ser completamente sincera, no había confiado al cien por ciento de que el apellido de su tío nos fuese a conseguir una mesa ahí, pero sí que lo consiguió, vaya. El muchacho dejó caer lo que habíamos estado hablando antes de las vistas y, sorprendentemente una vez más, el señor del restaurante nos cumplió el capricho sin poner ninguna pega. Los ojos se me iluminaron al ver la enorme vidriera que dejaba ver toda la ciudad encendida y tuve que hacer un esfuerzo enorme por mantener la compostura, sonriendo y asintiendo un par de veces con la cabeza cuando Kou me redirigió la pregunta de si me gustaba la zona en cuestión. —Es perfecto, muchas gracias —le dije al gerente, manteniendo una sonrisa cordial, y después tomé asiento en la mesa, adjudicándome la silla que mejores vistas de la ciudad tenía. Mientras Kou se sentaba, aproveché para coger unas de las cartas que ya un camarero nos estaba extendiendo y le dirigí otra sonrisa amable al servicio antes de centrarme en los diferentes platos que había escritos sobre el papel. El sushi ya lo había decidido, aunque básicamente podría comerme cualquier tipo que me pusiesen delante, así que me dirigí a la parte de las bebidas, con una sonrisa ligeramente traviesa bailándome en los labios. >>Oye, Kou, ¿qué te parece si nos pedimos un vino? ¡Ya soy mayor de edad, así que podemos! —eso último lo añadí con cierta cuota de orgullo encima, aunque la tontería me duró bastante poco; eché un vistazo fugaz a nuestro alrededor, intentando ser disimulada, y después levanté el menú a un lateral, buscando cubrir mi rostro de miradas ajenas—. Hey, me gustaría conocer a tu tío mafioso. ¿Cuándo me lo vas a presentar~? Y sí, había asumido directamente que me lo presentaría y ni siquiera me paré a preguntarle antes si eso tan siquiera iba a pasar. Le gustaba cumplirme los caprichos, ¿verdad? Y no creía que aquel en concreto fuese demasiado difícil de cumplir para él, ¿a qué no~?
La emoción de Riamu era palpable, tal así que se adelantó para pillar una silla y no me dejó el tiempo para correrla por ella. Uno quería ser un caballero y así lo trataban, vaya. Me acomodé en mi propia silla con calma, si acaso echándole un vistazo bastante indiferente al paisaje, y saqué las cosas que tenía en el bolsillo para apoyarlas al borde de la mesa: el móvil y la billetera, básicamente. La pantalla del aparato se encendió un par de segundos ante el movimiento y deslicé rápidamente las notificaciones de los mensajes y las llamadas perdidas. Un camarero nos ofreció un par de cartas y acepté la mía sin siquiera mirarlo. Comencé a leerla sin prisa cuando oí la sugerencia de Riamu. La miré por encima del menú apenas un instante, el objeto tapándome la sonrisa. —¿Un vino? Claro. Pide el que tú quieras. Estaba aún analizando las posibilidades de sushi al notar que la chica se tapaba con la carta, me hablaba bajito y toda la mierda. La pregunta de turno me arrancó una sonrisa burlona, fue inevitable y la miré en silencio un segundo para comprobar que hablaba en serio. La pantalla de mi móvil se iluminó con una nueva llamada de Eguchi y dejé caer el menú sobre la mesa con suavidad, agarrando el aparato. Que cuándo le presentaría a Teruaki-san, decía. —¿Hola? —atendí por fin, ignorando por completo la estupidez anterior—. Estoy cenando fuera, dilo rápido. Podía esperar sentada. —Joder, al fin me contestas —soltó Eguchi, hastiado—. Casi me voy hasta tu casa. ¿Qué coño llevas haciendo toda la tarde? —Estaba viendo una obra de teatro. —Ah, no podías ser más pijo, Kou-chan —replicó, burlón, pero recuperando la suavidad en su voz—. Bueno, lamento interrumpir tu costosa velada, pero necesitamos que vengas al club. Predecible. —¿Para? —respondí tras unos pocos segundos. —Tenemos un... invitado bastante inesperado. —Fruncí levemente el ceño, expectante—. Creo que podría encargarme de él perfectamente, pero no quería hacer nada antes de que lo supieras. —Qué diligente —canturreé, mi sonrisa se ladeó y me distraje repasando los ribetes del mantel con la yema del dedo—. ¿Quién es? —Viene de Nerima. Se presentó como el hijo del viejo Hattori. —¿Y qué se supone que quiere? —"Negociar". —Suspiró—. Lo tenemos aquí sentado en el club bebiéndose todo el té de la cocina. Si no vienes pronto, te juro por mi mamá, nos hará un agujero financiero gigante. Solté el aire por la nariz, alzando la mirada a Riamu. Este nivel de insistencia sólo podía significar que requerían mi presencia en algún lado, había pasado lo mismo la noche de la mascarada y cuando íbamos a festejar su cumpleaños. Por eso había pretendido postergar el asunto. Dejarla aquí sentada e irme... bueno, no me parecía correcto. Ya lo había dicho, ¿verdad? Era un caballero~ —Lo entretuviste toda la tarde, ¿no? Entretenlo un rato más —ordené, con la voz suave de siempre, sin romper el contacto visual con Riamu—. En media hora voy. Corté la llamada, regresé el móvil a la mesa y relajé los antebrazos al borde de ésta, inclinándome apenas hacia la chica. —Bueno, Ri-chan, tenemos dos posibilidades —murmuré—. Podemos comer aquí o en el club, ¿lo recuerdas? ¿Aquel al que fuimos la otra vez? Allá probablemente no consigamos un sushi tan rico, pero aquí no tendremos mucho tiempo para disfrutarlo. Tú decides.
Kou aceptó mi idea de pedir un vino sin mayor problema, decisión que logró ensancharme la sonrisa con emoción durante un par de segundos, hasta que la siguiente tontería se me pasó por la cabeza y me incliné para soltarle la estupidez de turno. No me respondió a la pregunta, aunque no super discernir realmente si fue por su móvil sonando o si no hubiese respondido en ningún otro contexto, y acabé por encogerme de hombros mientras me erguía para seguir repasando el menú entre mis manos. Uno de los camareros pasó justo en ese momento por nuestra mesa y lo llamé, señalándole con el dedo índice la botella de vino más cara que ofrecían en cuanto alcanzó nuestra posición. Con eso hecho, volví a centrar mi atención en Kou, apoyando la mejilla sobre una mano mientras la otra jugueteaba con el borde de la carta. Incluso si no hubiese querido, me había sido imposible no escuchar su conversación por teléfono, pero ya podía estar tranquilo al respecto, porque no tenía manera alguna de descubrir con quién o sobre qué estaba realmente hablado; quizás esa fuese su intención, no tenía idea. Lo que sí entendí, y bastante bien de hecho, fue cuando dijo que en media hora estaría en cualquier otro lugar antes de colgar, lo que por supuesto me hizo fruncir ligeramente el ceño al mantener el contacto visual que él mismo había buscado. —Pero... —murmuré, sin poder controlar el primer instinto que tuve de quejarme por todo aquello, pero al final me retracté de ello al fruncir levemente los labios. No quería estropear una noche tan bonita con un berrinche real, mucho menos después de todo lo del ascensor, pero eso no quitaba que estuviese un poco... no molesta, pero sí dolida con todo el asunto. Había decidido dejarlo pasar, porque sabía que no merecía la pena y Kou no me debía nada, ¿pero a quién pretendía engañar? No había superado del todo que me hubiese dejado plantada el día de mi cumpleaños. >>Bueno, vale —cedí finalmente, rompiendo el contacto visual al deslizar la vista hacia el camarero que había vuelto para traernos el vino, y no dudé nada en levantarme para coger la misma de sus manos, dedicándole una sonrisa a Kou—. Paga el vino, entonces~ —pedí, antes de comenzar a alejarme hacia la salida del restaurante. Era consciente de que al menos había tenido el detalle de invitarme al club y no dejarme ahí colgada a solas, algo que con toda seguridad haría que todo se me pasase con más facilidad en un rato, pero bueno, nadie iba a poder intentar pedirme que me tomase el asunto de manera racional en aquel mismo instante.
El primer impulso de Riamu fue quejarse, pero acabó cediendo y pilló la botella de vino que había pedido, dirigiéndose a la salida. La seguí con la mirada un par de segundos, entre divertido y resignado, y luego alcé la mirada al mozo. —¿Cuánto es? —Ah, déjeme que le traigo la cuenta- —No hace falta. —Me incorporé, suspirando brevemente, y le extendí la tarjeta que había sacado de mi billetera—. Cóbralo de aquí. El hombre la aceptó con un bajo "con permiso" y se retiró. Era extensión de la de papá, así que me importaba literalmente una mierda si el tipo le cargaba unos yenes extra o lo que fuera. Mejor, así usaba el dinero y se compraba corbatas más bonitas. Me reuní con Riamu en la entrada del restaurante tras haberlo recorrido a paso extremadamente calmo. Llevaba las manos en los bolsillos y sonreí, divertido. Verla vestida como una muñequita y con una botella de vino en la mano a las siete de la tarde era algo. Me detuve junto a ella, le eché un vistazo a la bebida y volví a erguirme, satisfecho con su elección. La repasé de arriba abajo, aún en silencio, y me mantuve pensativo un par de segundos. Al parecer no cargábamos nada útil, vaya. Tendría que improvisar. —Aquí tiene, Shinomiya-sama. —El gerente había aparecido de nuevo y me regresó la tarjeta—. ¿Tuvieron algún problema o...? —Nada de eso, sólo surgió un imprevisto —lo tranquilicé, siempre manteniendo la distancia y la soberbia usual—. Muchas gracias por la excepción que hicieron para nosotros, de todas formas. Me aseguraré de venir más seguido. —Será siempre bienvenido. Se inclinó, respetuoso, y envolví la cintura de Riamu con un brazo para guiarla hacia la salida. A Eguchi le había dicho media hora, así que aún teníamos algo de tiempo. Comenzamos a recorrer los pasillos con calma, viendo las tiendas a nuestro alrededor. —Vamos al club, Ri-chan, ¿recuerdas lo que implica? —La miré, divertido—. Esta vez te dejaré elegir a ti. Puedes comprar lo que quieras. Afirmé el agarre en su cintura, entonces, la medio giré para pegarla con suavidad a mi cuerpo y hablé sobre sus labios, en voz baja. —O también puedo besarte cada segundo que estemos en el coche, así no ves por dónde vamos.
Si tenía que ser completamente sincera conmigo misma, quizás el hecho de llevarme una botella de vino super cara por puro despecho cuando ni siquiera tenía vasos a mano no había sido la movida más inteligente del día, ¡pero lo hecho estaba hecho y pensaba comprometerme al cien por cien en la decisión que había tomado! Así que me quedé esperando en la puerta sin pretender soltar la botella en ningún momento, hasta que Kou finalmente se dignó a salir del restaurante y le dirigí una mirada de soslayo mientras él comprobaba el vino y, posteriormente, a mí; no comenté nada al respecto, sin embargo. El gerente apareció para devolverle a Kou su tarjeta de crédito, por lo que seguí manteniéndome al margen hasta que ya no me fue posible, cuando el chico se aferró a mi cintura para acercarme a él mientras comenzábamos a alejarnos del restaurante. A pesar de todo, lo cierto es que no opuse mucha resistencia y tampoco me quejé demasiado por la movida; eso sí, decidí centrar casi toda mi atención en las diferentes tiendas por las que íbamos pasando. Y decía 'casi toda' porque, bueno, al final del día era una chica muy simple y me estaba siendo muy difícil ignorar por completo el cosquilleo de su tacto en mi cintura. Cuando lo escuché hablar, viré apenas la cabeza en su dirección para mirarlo, y el comentario de turno logró sacarme una risa nasal para nada disimulada. ¿Que me dejaba elegir con lo que impedir ver a dónde me llevaba? Qué caballero. Lo que no esperé para nada fue su gesto de después, pues aprovechó la postura de su brazo para acercarme todavía más a su cuerpo, y mi expresión de sorpresa inicial no tardó en transformarse en una sedosa cuando terminé de escuchar sus palabras. —¿En serio? —murmuré, manteniendo la distancia mínima de nuestros labios—. Tentador, aunque... ¿estás seguro de poder aguantar tanto~? Aguanté un par de segundos extra en esa posición, con nuestros labios rozándose y sin ningún intención de extinguir esa mínima separación que aún manteníamos, hasta que finalmente una nueva sonrisa divertida se apoderó de mi lado y me separé de él, aprovechando el movimiento para también plantarle la botella de vino contra el pecho. Me giré sobre mis talones, dejando escapar una risilla traviesa, y me alejé caminando hasta dar con una tienda que llamase mi atención lo suficiente. La afortunada acabó siendo la tienda de Dior, a la que entré sin ni siquiera preocuparme por comprobar si Kou realmente me estaba siguiendo o no. Di un par de vueltas por el lugar, por el simple deseo de gastar tiempo más que otra cosa, y finalmente me dirigí hacia la zona de los accesorios cuando decidí que ya había vagado demasiado. No fue una decisión demasiado difícil, no le iba a mentir a nadie, pues ya hacía un tiempo que le había echado el ojo a los pañuelos de seda tan bonitos que tenía aquella colección. Me hice con uno estampado realmente bonito y me giré, con la absoluta certeza de que Kou se encontraría ahí. >>Por si acaso~ —susurré, habiéndome acercado a él lo suficiente para poder hacerlo sin que nadie más nos escuchase, y deslicé la suave tela del complemento por el dorso de su mano. Por si acaso no aguantaba o... ¿por si acaso necesitábamos usarla para otra cosa? Ah, a saber~ Contenido oculto no sé si hay realmente tienda de dior aquí, pero mira que encontré pañuelos de marca y no iba a usarlos para ellos (???) also, puedes imaginarte algo así uwu
Riamu insistió en hacerse la ofendida un rato más, o al menos hasta que decidí sacudir un poco sus caprichos y la pegué a mi cuerpo. La movida tuvo el efecto deseado, me tragué su sonrisa y barajé las opciones que teníamos. Ninguno de los dos recortó o amplió la distancia y su respuesta fue bastante vaga. —Habrá que averiguarlo, ¿no? —susurré. Lo siguiente que supe fue que tenía la botella de vino encima y que Riamu se había alejado, supuse, en busca de una tienda que le interesara. La seguí con la mirada un par de segundos, deleitándome con las vistas, hasta que reanudé la marcha tras sus pasos. Ingresamos a un local de Dior. La dependienta detrás del mostrador posó su atención en mí cuando Riamu desapareció entre los escaparates y yo, sin demasiada vergüenza, avancé como si nada con la botella de vino en la mano; la otra la guardé en mi bolsillo, donde tenía la billetera. Husmeé algunos productos aquí y allá, distraído, hasta que transcurrió un tiempo prudencial y ubiqué a Riamu. Estaba llegando a su posición cuando se giró hacia mí con un pañuelo en la mano. Esbocé una sonrisa pequeña, la recibí en mi espacio y sentí el cosquilleo de la tela en mi piel. Ah, cuántos recuerdos. De un movimiento bastante preciso le arrebaté el pañuelo, le regresé la botella y fui a pagar. Otra vez, no me interesó conocer el valor del accesorio. Cuando la empleada atinó a guardarlo en una bolsa, la detuve y le dije que no era necesario. Lo hundí en mi bolsillo, me giré hacia Riamu y. caballeresco, le ofrecí mi brazo. —¿El auto nos está esperando? —indagué, llamando al ascensor—. ¿O llamo a Nagamori-san?
Toda la secuencia se sucedió exactamente cómo había esperado que se sucediese, con Kou dejándome hacer según me apeteciera y siguiéndome al interior de la tienda que había elegido para pagar el pañuelo sin tan siquiera pararse a pensarlo demasiado. Y yo no podía mantenerme ofendida demasiado tiempo, ¿verdad? Con lo complaciente que se ponía siempre. ¡Pero eso él no tenía por qué saberlo! Así que me mantuve bastante impasible mientras el chico se encargaba de pagar la prenda en cuestión, sujetando la botella de vino como si fuese mi bien más preciado (y es que para qué mentirnos, en aquellos momentos puede que lo fuese). Cuando el muchacho terminó la transacción y se acercó a mí de nuevo, ofreciéndome el brazo, no controlé el ligero rodeo de ojos que se me escapó; aun así, no me hice demasiado de rogar y me enganché del mismo para poder dirigirnos hacia el ascensor. Giré un poquito la cabeza para mirarlo al escuchar la pregunta que me hizo, dejando salir un ligero 'hmmm' de labios cerrados mientras nos introducíamos finalmente en el ascensor. —Sí, claro, le dije que esperara, pero... —me mantuve en silencio un par de segundos, para darle un poco de dramatismo extra al asunto—. Se supone que el club es secreto, ¿no? Por eso toda la parafernalia de la venda... a menos que todo sea una excusa barata para sacar tus fetiches, claro~ —le dirigí una mirada de soslayo, sin esconder la pequeña sonrisa traviesa que se me plasmó en los labios al decir aquello—. ¡Bueno! Mi punto es que... si vas a tener que "silenciar" a mi chófer tan guapo después de decirle la ubicación secretosa, pues mejor llamas a Naga-chii, ¡obvio!
Noté de soslayo que Riamu había rodado los ojos, pero decidí avanzar hasta el ascensor y dejarlo pasar. Al menos de momento, claro. El cubículo se abrió, ingresamos y presioné el botón de la planta baja en lo que oía a la chica hablar. Esperé que acabara de hilvanar sus ideas aunque, para qué mentirnos, ya tenía la sonrisa de suficiencia plantada en toda la cara. —¿Y por qué tu guapo chofer se inmiscuiría en nuestros asuntos, más allá de la dirección que le dé? —repliqué, tranquilo, aunque solté una risa nasal por la nariz—. Los buenos empleados no hacen preguntas, Ri-chan. Y ellos lo saben. El tipo iba a estacionar en el corazón de Shibuya, nosotros nos bajaríamos del auto y le indicaría que espere a la vuelta de la esquina. No tendría forma de saber a qué puerta ingresamos y tampoco debería interesarle, así que molestar al pobre Nagamori-san era innecesario. El resto me daba igual. Con eso zanjado, me mantuve en silencio hasta que nos encontramos a las puertas del complejo. Los autos iban y venían, hundí ambas manos en mis bolsillos y miré a Riamu, habiendo recuperado la sonrisa suave de siempre. —Muy bien, te sigo~
Yo había soltado una buena retahíla de estupideces, como bien era costumbre por mi parte, pero nada de lo que pude haber dicho llegó a hacerme tanta gracia como la respuesta de Kou, con la que no pude evitar soltar una carcajada de genuina diversión. Volví a mirarlo de reojo un par de segundos, comprobando su expresión al mismo tiempo que intentaba controlar la mía, y al final fui incapaz de evitar el suspiro exageradamente dramático que se me escapó de los labios al volver la vista al frente. —Kouchii, por favor, las personas son curiosas de nacimiento. No me imagino por un segundo que el pobre chico no tenga mil preguntas de a dónde estás llevando a una chica tan linda con los ojos tapados~ Aunque era bastante probable que parte de la culpa de todo aquello fuese también mía, porque tendía a ser toda una chismosa con cualquier persona, poco importaba si era un amigo o alguien que trabajaba para nosotros; es decir, el pobre portero de mi edificio se estaba tragando todo detalle de mis salidas con Kou, sin ir más lejos. Tampoco importaba demasiado, pues era cierto que solo lo había dicho para molestar al chico y el chófer posiblemente no preguntaría nada en el momento, por lo que acabé por simplemente quitarle importancia con un encogimiento de hombros mientras salíamos del edificio. Saqué el móvil para enviarle un mensaje al muchacho y el coche no tardó en aparecer por la esquina, parando justo delante de nosotros para permitirnos la entrada. En cuanto estuve dentro, no tardé ni un segundo en dejar la botella justo debajo de mi asiento, y después, mientras esperaba a que Kou terminase de acomodarse también, saqué un pintalabios de mi bolso junto a un pequeño espejo de mano, aprovechando el momento para repasarme el color de los labios. >>Bien, estoy lista~ —canturreé al terminar, cerrando el espejito al mismo tiempo que juntaba los labios para lanzarle un beso al aire, traviesa.
La carcajada que soltó Riamu ante mi respuesta fue en extremo evidente y la miré de soslayo, bastante serio. Que la gente fuera curiosa por naturaleza era una cosa, y que un mero chofer de alquiler se interesara por lo que hacían dos mocosos era otra. Pero, claro, esta niña probablemente no fuera capaz de concebir que alguien no le prestara atención por un segundo. Dejé correr su respuesta, sin otorgarle mucha importancia, y de la misma forma me guardé mis opiniones. No me interesaba ser quien pinchara su burbuja. Vi que sacó el móvil y me quedé en silencio, tranquilo, hasta que el coche apareció. Me acerqué a mi puerta correspondiente y quité las manos de mis bolsillos para subirme. Una vez adentro, me incliné hacia adelante y le murmuré la dirección de destino al chofer. No era exactamente la del club, sino un par de números por encima. Al regresar al espaldar, miré a Riamu de reojo y esculqué mi bolsillo en busca del pañuelo. Al encontrarlo, sin embargo, lo dejé caer sobre su regazo. —Te has portado como una chiquilla, Ri-chan —anoté, con la serenidad de siempre, y aboqué la atención a mi móvil mientras el coche arrancaba—. Póntela tú misma.
La reacción de Kou me sacó completamente de base, tanto que ni siquiera fui capaz de disimular la expresión de sorpresa que se me plantó en el rostro por la misma; pestañeé un par de veces, claramente confundida, e intercalé una ronda de miradas entre el chico, el pañuelo de mi regazo y mi reflejo en el espejito de mano. Acabé cerrando el mismo con cierta fuerza, dejando salir un resoplido de molestia simultáneamente, y guardé todo de vuelta en el bolso sin querer dignarme a volver a mirar al muchacho. Le eché un nuevo vistazo a mi regazo, sin el más mínimo amago de querer coger el pañuelo que seguía reposando ahí; en su lugar, me hice con la botella de vino del suelo y la abrí, dándole un buen trago después a la bebida. Lo hice todo con movimientos pausados, sin pretensión de parecer apresurada, y una vez terminé de dejar la botella de nuevo en su sitio, me decidí por finalmente coger el trozo de tela de mi regazo y dejarlo caer en el asiento central, justo en medio de los dos. Me giré por completo hacia la ventanilla y apoyé la barbilla sobre mi mano, mirando a través del cristal como si nada. Contenido oculto my oh my