Cuando sintió la comodidad del colchón, su cuerpo se relajó por completo. Abrazó la almohada antes de colocarla por debajo de su nuca. Sus piernas colgaban por un costado de la cama. Se desabrochó el pantalón. —Puedes darme una mano... —la miró con lujuria. Pero su rostro podría decir otra cosa, la ebriedad siempre jugaba en contra.
Caterina Me giré, cruzándome de brazos con una ceja enarcada. Eso sí que era un gran cambio de personalidad. Pero si de verdad quería eso... Me acerqué al chico con paso lento, entornando los ojos, para después subirme a la cama, posicionándome sobre su cuerpo con ambas rodillas a los lados de su cadera. — Eddie... — murmuré, dejando mi boca a centímetros de la suya. Clavé mi vista en sus ojos y sonreí levemente, como un felino. >> ¡Deja de beber, maldita sea! — espeté finalmente, dándole unos golpes en la mejilla para después apartarme y quedarme tumbada a su lado, mirando al techo.
Sintió sus piernas apretandole la cintura; sonrió, la tomó por detrás de la cabeza cuando ella se acercó; estiró el cuello y abrió la boca solo para asustarse por el grito en su oído. Abrió los ojos con sorpresa, recibió los golpes como un niño que no sabe defenderse y rió. La abrazó por la cadera y apoyó la cabeza sobre su hombro. Cerró sus ojos y musitó. —Gracias... —y quedó totalmente dormido.
Caterina — ¿Hum? ¿Cómo qué graci...? — sin embargo, el chico se quedó dormido apoyado sobre mi hombro y con una mano en mi cadera. Suspiré. >> Ni modo — murmuré acomodándome con cuidado de no despertarle para quedarme también dormida. Por suerte, no tardé mucho en caer en los brazos de Morfeo.
La fiesta ya estaba casi por terminada, solo quedaban algunos ebrios dando tumbos en la sala. Jonathan Klebitz había ido a dormir, escoltado por Bobby y Chibs. Mckenzie tomó a Henry mientras que Piney hacía lo propio con Ryshia y Melani. El viejo las dejó en su habitación. Acostó a la niña sobre una cama al azar y tumbó a Ryshia sobre otra. Las miró como un típico abuelo y cerró la puerta, notando que faltaba alguien más allí y no pudo evitar sonreír, imaginando donde estaría Caterina. —Bebiste demasiado, amigo mío. Nada que una buena siesta no te haga recuperar. —le hablaba Mckenzie a un Henry totalmente ebrio. Llegaron hasta la habitación y la abrió como pudo. La luz estaba apagada, por lo que no vio que Eddie estaba acostado junto con Caterina. Acostó a Henry en la cama y él se acostó en la suya no sin antes quedarse en ropa interior. —Vaya fiestita pegamos allá atrás. —musitó Eric mientras daba un largo bostezo.
Henry Cuando abrí los ojos, me sorprendió bastante ver que me encontraba en la habitación de los novatos. Claro está que al principio no me enteraba de un cuerno, pues el lugar se hallaba en penumbras y mis ojos sólo formaban figuras borrosas a causa del alcohol; respiré profundo varias veces para hacer que la mirada se normalizaran; en el tiempo que tardé en hacerlo, mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad y fue ahí cuando reconocí el techo del cuarto. Del Judío, de Bobby y las cervezas, no había rastro alguno. Y lo peor de todo es que nunca llegué a preguntar sobre el Virus de The Lost ¿O sí lo había hecho? Gruñí un poco, frustrado… ¡Maldita ebriedad! ¡Pero qué buena fue la fiesta! Me senté y me restregué los ojos. En realidad, todavía tenía sueño; sólo que la llamada de la naturaleza me había despertado para que tuviera el tiempo suficiente como para ir al baño. A mi alrededor, mis hermanos novatos roncaban como osos. Procurando no hacer ruido, salí en puntas de pie de la habitación. Abrí y cerré la puerta sin mirar atrás. Hice mis necesidades en el baño que se encontraba cerca de la sala principal del club. El lugar era un desastre, apestaba a alcohol, cigarrillo y sexo, pero por lo menos no había gente tirada en el suelo. Ni ganas de andar sentándolos en los sillones para que durmieran más cómodos, por lo que agradecí que estuvieran todos en sus respectivos cuartos. Al terminar de orinar, volví a la habitación con el mismo sigilo con el que me había retirado. Pero cuando abrí la puerta, noté algo que me llamó la atención, gracias a la luz que se había colado desde mis espaldas: éramos cuatro personas en la habitación. Yo, Eric en calzoncillos y me pareció ver que Pelotita dormía abrazado a una chica; no pude ver quién era la joven, porque el corpulento cuerpo del ex-campeón de boxeo la ocultaba de mi vista. —¡Je! —me reí por lo bajo mientras cerraba la puerta, volviéndonos a sumir en el oscuro—. Sigue siendo un campeón, el muy pilluelo. Intenté recostarme en la cama con el menor escándalo posible. No tuve éxito: la madera rechinó bajo el peso de mi cuerpo. El cansancio me había hecho arrojarme al suave colchón con demasiada brusquedad. Cerré los ojos esperando no haber despertado a nadie.
Caterina Me encontraba sumida en mi mundo de sueños, bien es cierto, pero eso no quitaba que éste fuese totalmente superficial pues había aprendido a estar siempre alerta. Por lo tanto, cuando el ruido de la madera se hizo presente por toda la habitación, mis ojos se abrieron al máximo, en total alerta. Me quedé durante unos segundos en silencio, escuchando cualquier posible ruido, pero solo distinguí las tres respiraciones acompasadas de los chicos y mi leve aliento. Con cuidado me aparté del cuerpo de Pelotita y de forma realmente sigilosa salí de la habitación, llegando a la mía en cuestión de segundos. Aún en silencio me adentré en el baño y una vez allí aproveché para estar un largo, laaargo tiempo bajo el agua, descansando cuerpo y mente.
Henry Mi cama estaba colocada en la peor posición, pues cada vez que alguien abría la puerta, la luz del exterior me daba de lleno en la cara. Gracias a eso desperté y pude darme cuenta de que alguien estaba saliendo del cuarto de los novatos. Pero no abrí los ojos a tiempo, pues la puerta ya había sido cerrada cuando lo hice. También advertí que la persona que había salido era la chica, pues los dos ronquidos de oso seguían haciendo vibrar las paredes. Me levanté de un salto de la cama y me lancé hacia el picaporte. Pero cuando abrí la puerta, no vi a nadie fuera de la habitación. Sí escuché un portazo, pero el sueño me impidió saber si era la puerta de la calle o una del interior del club. —Maldición... —murmuré por lo bajo. De verdad quería saber quién era la nueva compañera de Eddie. Volví a ingresar a la habitación. Pero no me acosté: tomé mi almohada y con ella le di de lleno en la cabeza a Pelotita. —Pequeño pilluelo, te vi —le dije entre risas, lo suficientemente alto como para despertar a McKenzie— ¡Hey, Eric! El desgraciado se ha echado novia. Invierte bien su tiempo.
Eddie abrió los ojos desconcertado, la cabeza le daba vueltas y el sueño más la ebriedad lo querían hacer volver al mundo del que Henry lo había sacado. No comprendió a la primera lo que estaba sucediendo, pero por instinto llevó una mano a su lado, intentando atrapar a Caterina, pero no estaba. Mckenzie se quejó. —Dejen de abrir esa maldita puerta, dios santo. —se sentó en la cama, mirando a Eddie. —¿Una novia? Rayos, y yo perdiendo el tiempo contigo, eh Henry. —le lanzó la almohada al campeón. Eddie se intentó sentar, pero quedó acostado, mirándolos. —No sé de qué hablan, ñoños. ¿Una novia? Pffff... —hizo un gesto con la mano como quién no le da importancia y se dio vuelta, para dar por terminada la conversación. Eric se levantó de la cama como un resorte y sin pensarlo se lanzó encima de Pelotita. —Vamos, bastardo. Dinos quién era la afortunada. —Pelotita intentó safarse, de haber estado en otro estado, lo hubiera tumbado a la primera. —¡Nunca!
—¿¡Cómo que no sabe dónde está, maldita sea!? —el vozarrón de Jonathan Klebitz interrumpió todo sueño que aún estaba latente en la media mañana. La conversación era en el pasillo. —No lo sé, Jhonny. Malc dice que no habló con Jim desde la carrera de la muerte. No sabe dónde está. —hubo un momento de silencio, en el que se podía oír la respiración ronca de alguien y unos pasos apresurados, al parecer la discusión había despertado a alguien mas. —No tiene sentido. ¿Por qué apagaría su teléfono? —la voz era del irlandés Chibs. —Está en problemas. —habló Juice, tenía la voz somnolienta. Alguien avanzó por el lado contrario del pasillo, yéndose. El resto le siguió. En la habitación de los novatos, Eric Mckenzie se había despertado y escuchado la conversación en total silencio. Avanzó sin saber bien qué hacer y abrió la puerta que daba al pasillo. No había nadie. Volvió a cerrar la puerta. —Deben estar en el comedor. —se limpió la boca con la mano y comenzó a vestirse. —¿Oyeron algo? Contenido oculto @Bruno EVF @Amane @Amelie @Alisse Madness
Melani Los gritos de ciertos chicos me habían despertado, parecía una discusión interesante así que discretamente me dirigí a la entrada. Escuchaba atenta pegada a la puerta, ¿aquel chico desaparecido? Ahora que lo mencionaban era cierto, no lo había visto, escuchaba hasta que en una de las camas alguien comenzó a despertar, con bastante cautela me sente en la orilla de la cama y mire a la persona que enseguida preguntaba sobre la sitúacion - Si y esto es preocupante ¿deberíamos hacer algo? - le cuestióne mientras de la misma manera me vestía
Caterina Salí de la ducha y me vestí con la ropa más cómoda que me quedaba, lo cuál era raro pues toda mi vestimenta se echaba a perder en este lugar. Sea como fuese, cuando me encontré preparada, una discusión acalorada se escuchó en el pasillo. Salí de forma apresurada y, sin importarme nada más, llegué corriendo hacia dónde las voces se habían movido. — ¿Qué ha pasado? — cuestioné nada más alcanzar el comedor.
El comedor era un revuelo, gritos y preguntas que no tenían una clara respuesta. Jean volteó hacia Caterina. —Es Jim... desapareció el día de ayer, cuando escapamos de los muelles. No sé que le habrá pasado... —todos estaban alterados, haciendo llamadas, buscando algún signo que les diga algo. Incluso estaba el policía gordo, que almorzó en lo de Gemma, haciendo llamadas. Juice negaba constantemente, mientras tecleaba en su laptop; Chibs se agarraba la cabeza, sin poder creerlo. ¿Dónde estaría? Entonces, de pronto, escucharon motocicletas afuera del club. Todos se quedaron en silencio. ¿Sería Jim? Jonathan Klebitz abrió la puerta y todos salieron a la espera. Allí no estaba Norrington. Había Nórdicos montados en sus vehículos y un auto negro que aparcó detrás de estos. Ajax dio un paso al frente. —¿Qué es esto? —pero Jhonny lo frenó en seco. Iroquis gruñó, cerrando sus puños. Jean Nokes no lo podía creer, que esos malnacidos ahora estén allí a puertas de su club. Nadie dijo una palabra, esperando quizá una reacción. Jean reconoció a Wolga y a Blumer, su rostro se tensionó y cambió a un color rojo. Estaba furiosa, pero sintió la gran mano de Iroquis apretarle la mano, para tranquilizarla. Del auto negro que aparcó se bajó un hombre de traje azul marino fuerte. Impecable, de risa blanca y rostro bonachón. Se abrió paso entre los Nórdicos, donde se le unió AJ Weston, un nazi que parecería ser la mano derecha del sujeto de traje. Juntos caminaron el pequeño trecho que separaba a las bandas y se plantaron delante de Jonathan Klebitz, el actual al mando del club Lost. El hombre de traje fue el primero en romper el incómodo silencio. —Lamento mucho este primer encuentro entre nosotros, señor Klebitz. —el Judío lo miró con odio. —A veces no puedo controlar la impulsividad de mis subordinados, como sucedió con el señor Wolga y el señor Blumer, ya que tengo entendido que quizá se sobrepasaron con integrantes de su club. Permitame presentarme, soy Ethan Zobelle, actual al mando de los Nórdicos... y... —Jhonny lo interrumpió levantando una mano en el aire, que lo obligó a callar. Miró a Weston. —¿Desde cuando los Nórdicos son unas perras? —preguntó con aire gracioso, conocía de sobre a AJ y por ende le parecía raro que otra persona, totalmente ajena al club, lo controlase. —¿Desde cuando alguien le corta la lengua a un tipo como tú, Weston? —AJ se mostró irritado, quiso abrir la boca para hablar, pero se contuvo. Ethan Zobelle intentó retomar la charla. —Tenemos a su amigo, sabemos que lo están buscando por cielo y tierra. —Ajax quiso saltarle encima, pero nuevamente, Jhonny lo contuvo con el brazo. Zobelle siguió. —Ahora, sabemos que venden armas a gente de color. Tanto a las triadas como a las bandas de negros. Podemos hacer un trato: les devolvemos al señor Norrington y dejan de vender. Creo que sería lo mejor para todos nosotros que dejasen de vender armas a ese tipo de gente. —se quedaron en silencio, hasta que Juice se echó a reír, Bobby lo imitó. Jonathan, muy contrario a lo que Zobelle se hubiera imaginado, comenzó a sonreír. —No sé de qué está hablando, solo somos un club amante de las harleys. —rió y comenzó a caminar, alrededor de Ethan. —Un auto caro, un adorable traje... todos los dientes. Seguro escalaste bien alto en la cadena de los arios, ¿eh? eso explica el porque eres el jefe de los Nórdicos y el porque de que Weston tiene tu rabo en su culo. —AJ gruñó, pero una vez más, no dijo nada. Zobelle se acomodó la corbata, empezaba a perder la paciencia. —Lo que tú hagas para vivir es entre tú y tu club. No estoy aquí para intentar hacer mover tu moral para los negocios, solo estoy hablando de la realidad y de un truque justo. Eres un criminal y vendes armas a la gente de color. Sabemos que tienen un intercambio hoy de armas con la triada. Tienen una opción, iremos a verificar si siguen las armas en ese intercambio y si están, nos las llevaremos. Eso pagará la muerte de nuestros muchachos en los muelles y le devolveremos a su hombre —Ajax no pudo aguantar más, desenfundó su pistola y los Nórdicos hicieron lo mismo. Zobelle permaneció inmutable. —¿Me va a disparar, señor Ajax? ¿Con todos estos testigos? —Jonathan empujó a Ajax hacia atrás, donde lo contuvo Hopper y King. Jhonny se rascó la frente, tranquilo. —Mira, no sé que te hayan dicho del club, e ignoró y no me interesa tu posición en los Nórdicos, pero... déjame ser claro en algo. Nadie amenaza a Lost. Nadie nos dice que podemos y que no hacer. Ni negros, marrones... —miró a Weston. —Ni blancos. Así que, porque no te subes de nuevo a tu auto negro y conduces otra vez a tu ciudad nazi. —Zobelle gruñó, era la primera vez que alguien le hacia perder el temple y su fachada de tipo tranquilo se fue al drenaje. Se volvió a acomodar la corbata, pero no podía lograr enderezarla, sus manos temblaban de la rabia. Sonrió como pudo antes de dar un paso hacia atrás. —Tienen tiempo hasta hoy a la tarde... —y sin más, caminó hasta su auto, pasando entre las motocicletas. Subió y se quedó allí, intentando recuperar su postura de siempre. Weston montó y espero la señal de su jefe para irse. Mientras tanto... ambas bandas se enfrentaban en silencio. Contenido oculto @Nekita @EN Auditore @Bruno EVF @Alisse Madness @Amelie @Amane
Tate Nolan Y después de unos largos minutos, por fin ya habíamos llegado al Club de Lost, bajamos de las motos y esperemos a que algo ocurriera, pacientes.. hasta que se abrió la puerta haciendo que varios miembros del club salieran como si estuviesen esperando algo, pero al vernos esa pequeña chispa en sus ojos se desvaneció convirtiéndose en el más puro odio. Después de un gran silencio, Zobelle por fin bajó de su auto y caminó con Weston hasta el que parecía ser del club rival y comenzaron una charla...amistosa hasta que Zobelle expuso su punto sobre las armas [que todavía no acababa de entender del todo, pero bueno.] y eso provocó que la gran mayoría de los de lost rieran, sorprendiéndome un poco a decir verdad. Y luego de eso, todo se tornó mucho más tenso, ellos sacaron sus armas, nosotros también y solo apuntábamos, Zobelle parecía importarle muy poco ese hecho, se notaba bastante tranquilo, yo solo luchaba porque el nerviosismo no me invadiera en esos momentos, porque.. eso podía ser algo malo, ¿no? Pero para mi suerte, al final solo quedó la tensión entre las dos bandas, con un Zobelle ligeramente enfadado y nosotros sobre las motocicletas, esperando cualquier otra cosa. Menos mal que supuestamente esto iba a ser algo pacífico...
Nathan Morgan El ambiente se tensó luego de haber llegado al Club contrario. Tan pronto como la primera arma salió todo desefundamos, estaba detrás del auto así que me apoyé en la capota y apunté hacia el sujeto que le apuntaba en la frente a Zobelle, mi ritmo cardíaco se apresuró. "Por supuesto, la democracia sin armas, no es democracia..." pensé mientras bufaba, me sentia en tensión. Realmente llegar a ese punto en una situación no era mi estilo y simplemente en mi cabeza pasaban la multitud de cosas que podría pasar en pocos segundos y la masacre que podría ocurrir. Luego, Zobelle dió su punto de vista sobre las armas, los del Club contrario se mofaron. Suspiré enfadado, Zobelle parecía igual, sus dedos se movía de forma errática. Luego de un par de minutos de charla sin sentido, el jefe entró al vehículo enojado. Yo me acerqué a mi motocicleta y me subí. De cierta forma, sentía que la amenaza no iba a funcionar con estos tipos y eso me preocupaba. Guardé el arma otra vez en mi espalda, me fijé que la chica estaba cerca, más cerca de lo que había esperado. Lancé un pequeño ceseo y la miré, mientras en un leve susurro le preguntaba: —¿En tensión?—dije simulando una sonrisa para simular el estrés que sentía en ese momento y sujetando fuerte la motocicleta expectante a lo que podria suceder.
Tate Nolan Y todo era un silencio perturbador. Pero la mayor sorpresa que me llevaba y que tal vez superaba los nervios que tenía era que ningún miembro de ese club [excluyendo claro a los que "charlaron" con Zobelle] parecía decir algo, ¿por qué?, ¿es que acaso el odio hacia ellos les impedía hablar porque en su mente estaban ideando mil y un formas de maldecirnos?, realmente prefería que alguien hablara... y que todo esto no se sintiera tan pesado. "¿En tensión?" Escuché decir a Nathan, suspiré y asentí desde mi lugar, dirigiendo una mirada a rapida a ellos para ver cuantos había allí y luego pasé mi vista en Nathan otra vez. — No sabes cuanta...— murmuré al igual que él, solo tendríamos que esperar a que Zobelle o Weston dijeran algo.
Melani Después de tanto alboroto salimos, estaba preparada para todo, seguro habria problemas, sali y me mantuve al lado de Jean y Rysha mirando hacia el otro bando, el ambiente se sentia pesado, pero nunca abría que bajar la guardia
Ryshia Todo había pasado tan rápido en su cabeza, movimientos entrecortados y siluetas borrosas; sólo eso parecía recordar; tocó su frente encontrando aquella herida, a en costra en su frente mientras escuchaba las risas en su club "¿Sería esto un sueño?" pensaba mientras trataba de entender todo aquello que se había perdido "Un pequeño golpe y estoy fuera de combate por tan largo tiempo; debo aprender a recibir más aparentemente..." seguía ensimismada mirando aquellos rostros conocidos, en verdad estaba alegre porque todos estaban bien. Melani había logrado traer a todos al rescate, actuó bien. Después escuchó las palabras honoríficas, convirtiéndose en alguien de confianza para el club; sostuvo aquel parche en su mano temblorosa y lo apretó con fuerza; ella aún no se sentía digna de portarlo; aún así sonrió. Seguía un poco perdida, lo último que vió fue a alguien cubriéndola con una manta en su cama, descansó. Pasó la noche y su cabeza parecía volver en sintonía con el resto de su cuerpo; escuchaba con claridad y sentía vívidamente los golpes recibidos, aún así no eran nada que no pudiera aguantar. Salió de la habitación, y vió a la mayoría en el comedor, y cuando todo parecía retomar un curso pacífico, se escucharon ese sonido de motocicletas afuera, algunos reaccionaron emocionados, pero al salir sólo se encontraron decepcionados. El enojo en Ryshia volvió como un golpe al estómago, mirando a Wolga y Blumer. Por un momento pensó que aquel hombre que se presentó como Ethan Zobelle dispararía, por fortuna no lo hizo, y se fueron con esa amenaza en sus labios. "Hoy en la tarde... seguramente tendremos una fiesta..." pensaba.
Henry No pudimos arrancar de labios de Pelotita el nombre de su acompañante, de modo que Eric y yo nos rendimos para después continuar soñando sobre nuestros respectivos colchones. El despertar de la mañana siguiente fue muy brusco, pues un alboroto proveniente del comedor atravesaba la puerta de la habitación, inquietando el ánimo de cualquiera. Al abrir los ojos, noté a McKenzie parado junto a la puerta. La expresión en su rostro indicaba lo atento que se encontraba ante cualquier palabra, pero ahora no se oía nada. Abrió la puerta, miró hacia el exterior y, sin ver nadie, se introdujo de vuelta en la habitación. —Me despertaron los gritos, pero no entendí lo que decían —admití, desperezándome y colocándome las zapatillas, pues me había dormido vestido—. Será mejor que nos apuremos… Tengo el presentimiento de que está pasando algo grave. *** Dimos con todo en el revuelo en el comedor, tal y como McKenzie había sospechado. Encendí un cigarrillo y pasé entre la gente para averiguar qué estaba pasando, hasta que a mis oídos llegó la noticia de que Jim había desaparecido en los muelles. Mis músculos se tensaron… Los muelles. Recuerdo que hacia allí nos dirigimos con los demás para ir a salvar a las chicas. Al final no habíamos llegado por el hecho de que habían logrado valerse por ellas mismas, pero… Si Jim estaba en esos sitios, eso no podía significar nada bueno. Nada bueno. *** Me encontraba de pie en el frente del grupo de The Lost, con otro cigarrillo humeando entre mis labios. Nos mirábamos fijamente con los Nórdicos… El aire estaba tan tenso, que podría haberse cortado con una navaja o perforado con balazos de las pistolas que llevábamos encima. No sabía quién había sido el sujeto de traje, pero se había ganado mi desprecio de forma instantánea gracias a su sonrisa mentirosa. Me quedé allí parado, impasible a las armas que me apuntaban. No era la primera vez que me veía ante tantas, y mucho me temo que no iba a ser la última.
Chibs, con cigarro en boca, caminó entre los Lost, le tocó el hombro a Ryshia, masajeando el músculo unos segundos. Afirmó con la cabeza, para tranquilizarla. Se topó con Melani, que también le hizo una caricia en la cabeza, despeinandola con un ligero movimiento de muñeca. Miró a Caterina y le sonrió levemente, lanzando un desdeñoso anillo de humo al aire. Finalmente se puso al frente, junto con Henry. Masticó el cigarro, sintiendo el tabaco. Notó a dos figuras de los Nórdicos que no llevaban chaquetas, ¿podrían ser novatos? —Oigan, ustedes dos. —gritó en dirección a Tate y Nathan. —¿Qué hacen con estos nazis? —hizo énfasis en la última palabra, arrastrando la a. Gruñó, moviendo el cigarrillo al otro costado de su boca. El irlandés no era alguien que se quedaba con sus pensamientos para él solo. —Están perdiendo tiempo. Mira tu rostro, muchacha: ni siquiera sabes para qué has venido a este sitio. Y tú, el muchacho; ¿de verdad vas a disparar? No te tiembla el pulso, lo sé, ¿pero matar para estos cobardes que raptan mujeres? —Ernest Darby no pudo guardar silencio y desde su posición se hizo escuchar. —Cállate ya y vuelve a tu país, irlandés. No me hagas dar otra razón para volarte los sesos. —Chibs rió divertido ante la provocación. Se señaló la frente con un dedo. —Me tienes a pocos metros de distancia, nazi. ¿Por qué no me disparas y dejas de ladrar, ah? Oh, lo olvidaba. Tu jefe ya no es Weston, ¿verdad? Odio reconocerlo pero al menos el maldito si tiene huevos para darte esa orden, o los tenía al menos, desde que un pobre viejo se puso su club a la cabeza. Púdrete. —Darby gruñó, molesto. Sacó el seguro de su pistola y la mantuvo al margen. Jonathan seguía con la mirada fija en dirección a donde estaba Zobelle, que no se veía por los vidrios polarizados de su auto.