Bunkyō Tekné [Bar]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 10 Octubre 2023.

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    Insane

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    Algo que la gente no solía tener claro era que, si llevaban una vida del carajo no significaba que los demás lo hicieran, en este caso era obvio. Había crecido en una familia con valores, algo más pequeña de lo que hubiese deseado en un principio, con una economía estable hasta la muerte de mi madre en lo que enfermó mi abuela, la misma que me apoyó cuando me salió la beca paramudarme acá. Ella tenía una pequeña pensión para vivir, por lo que le prometí estar enviando dinero cada cierto tiempo porque a la final, era la única que me quedaba; pero de resto había tenido educación decente, sistema de salud, y bastante amor en el hogar, por lo que muchas cosas pasaba por alto. ¿Por qué? Porque a diferencia del resto no era una mierda como persona.

    Algo similar con Hal, aunque nuestro encuentro fue en un estado de vulnerabilidad que no dió marcha atrás, y terminé adoptándolo como mi hermano o algo por el estilo, así que una cosa era que Alek me dijese un improperio, otra, que Tora se ciñera en ello.

    Permanecí recostada en Ikari, y ante la respuesta tajante del otro dejé de mirarlo para observar la gente que pasaba tras él luego de que el grupito ajeno a nosostros se pidiera unas cervezas en la barra. No me pasó desapercibido la forma en que lo llamó y suspiré con hastío, regresando mis pupilas lavanda al ámbar. Escuché el discurso y no me inmuté; estabamos en la misma página, de nuevo. Me bajé del taburete, mencioné que iría al baño con la energía de siempre -porque no perdería el brillo por una tontería así- y me perdí entre la multitud al haber ubicado el lugar desde hace un rato. Habían un par de chicas hablando dentro, bueno, una llorando y la otra diciéndole que no era el único hombre, me hice la idea de que la habían dejado o engañado, pero en fin.

    Me posicioné frente al espejo, saqué de mi cartera el labial rosa en forma de conejo negro y humecté mis labios.

    No era fácil que mi ánimo se vinera abajo, y vamos, hace tanto no salía que estaba ilusionada con pasarla bien, fin. Busqué también la liga al sentir algo de calor, y en lo que observaba mi reflejó comencé a peinarlo con mis dedos, recogiéndolo en una coleta alta que descendió en una pequeña cascada lisa hasta mis caderas, me di vuelta luego y recosté la espalda baja en el lavamanos.

    Solía meterme donde no me llamaban si escuchaba un llanto, qué decir, tenía algo heradado por parte de mamá.

    —¿Y qué le pasó? —pregunté al notar que no importaba que le dijese la chica rubia, la otra no dejaba de llorar.

    —El novio se lió con otra chica, acaba de decírselo —soltó desesperada, como sino supiese que hacer.

    Miré a la muchacha que estaba con las palmas tapándose el rostro, y un poco me vi a mí hace un año atrás. Que bajeza.

    —La que se lo queda pierde, ¿no? —murmuré, noté que capturé su atención y suavicé mis facciones—, asegurate que te vea hermosa la próxima vez, no le des el gusto.

    La noté asentir en lo que sollozaba y le sonreí, comprensiva. La amiga la abrazó y bueno, ya había hecho lo que veía a hacer que era retocarme, de daño colateral ayudar un alma en pena, por lo que salí de ahí con la calma de siempre, volví hasta los chicos y hablé con el ánimo de costumbre:

    —Mi turno, de nuevo —me quedé de pie, frente a ellos—. Reto.
     
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    Zireael

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    No era imbécil, eso estaba claro, pero también había quedado claro desde el inicio que ofender a la gente o no me importaba tres mierdas, sobre todo si seguían tocándome las pelotas. Tampoco me gustaba perder el tiempo en ciertas cosas, incluso si había hablado de build-up y no sé qué, pero si topaba con un bache perdía el interés con rapidez. Una cosa era la tensión premeditada y otra la que estorbaba, me movía por la vida descartando obstáculos.

    Si esperaba que le contestara otra cosa pues era muy su problema, porque entre la falta de experiencia ni siquiera podía decirse que aprendiera rápido. Si ella podía privarse de contestarme algo yo podía responder las preguntas como me placiera, era tan sencillo como eso. Pasaba por el cuerpo, lo reconocía y lo escupía. Me había aburrido en el mismo espacio de tiempo en que me había interesado.

    Mira quién iba a tomarse las cosas personal ahora.

    La ida al baño fue la excusa más gastada en la historia, por lo mismo de que era orgullosa, así que simplemente la dejé irse y le pegué un trago bastante importante a la cerveza. Rowan me estaba mirando con una cara de culo que daba gusto, ni siquiera lo disimuló, y entonces algo parecido al miedo me rebotó en el cuerpo.

    Always a dick, huh? You sure are a pain in the ass —soltó en inglés y yo me encogí en mi lugar.

    La ira y las órdenes de Ro eran frías. Era como si el hijo de puta se convirtiera en otra persona, tomaba una fuerza bastante contundente, como si fuese el verdugo que suelta la guillotina sobre el cuello. No había arrepentimiento en su estallido y muchas veces era justificado.

    —¿Pues qué coño esperabas? ¿Qué le soltara que me había puesto o algo? Es una puta niña que presiona botones sin saber, tiene que aprender algunas cosas.

    —Es posible, pero eso no significa que tú debas decidir cómo y cuáles cosas —sentenció y me quitó la botella de la mano de un movimiento bastante agresivo—. Listen to me, you little brat. Vas a disculparte con ella, ¿me escuchaste? O te voy a tener limpiando los baños de Tekné quince días y tienes suerte de que no vayas a tener que limpiarlos con la lengua.

    —Imagina lo que tu querida Kathe pensaría si te escuchara hablar así, Rojo —solté llamándolo de la manera en que lo había hecho hace años, cuando todavía no lo reconocía como una persona.

    —¿Fui claro o no, Byakko?

    —Lo fuiste.

    Regresó la botella a la barra de un golpe seco que revolvió lo que quedaba de cerveza en ella, la mierda me hizo dar un respingo y arrugué los gestos. Cuando Katherin volvió Rowan estaba ya como si nada, la chica eligió reto, pero yo no me quedé a esperar, me levanté sin dar explicaciones. Medio escuché lo que decía Rowan, pero yo tenía que montarme el numerito porque la mocosa se había ofendido.

    —¿Reto? ¡Ah! A ver, llama a tu primer contacto... y cuéntale lo más vergonzoso que te haya pasado, así sin contexto ni nada.

    Se notaba que se lo había sacado de la manga, el imbécil, y con algo más de inteligencia que Manson había elegido sacarnos del pozo de cosas sexuales que no llegaban a ningún lado. Era una movida con la que planeaba resetear todo el ambiente, una muy propia de él. Igual era indiferente, yo tenía una misión así que cuando ya había dado unos diez pasos hacia los baños saqué el móvil y le escribí unos mensajes a Rowan.

    Pregúntale que qué música le gusta, en plan cantantes o así
    Canción favorita, yo qué sé


    Más allá de los baños había una tercera puerta, estaba casi escondida, hacía las veces de bodega y ahí metíamos al que nos ponía la música porque el cabrón no se le daba bien la vida social. El mismo espacio tenía las pantallas con las cámaras del centro del bar y del exterior, así que podía ver a Rowan y Katherin en lo que me montaba el teatro de turno.
     
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    Insane

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    Había hecho la obra del día, o de la noche más bien, con las muchachas del baño quería decir. Regresé sobre mis pasos con el carísma de siempre, recompuesta como tal al dar un barrido en mi mente ante cualquier sensación de incomodidad que hubiese tratado de plantarse en el centro de mi pecho. Descansé el peso de mi cuerpo en la pierna izquierda, ignorante a cualquier conversación en mi ausencia. Ro me asignó un reto y me eché a reír, sacando el móvil del pequeño bolso negro.

    Me acerqué a él como para mostrarle que no hacía trampa ni nada, abrí la aplicación de llamadas y el último... había sido Hal.

    Mira que suerte.

    Había notado que Tora se levantó, no dije nada, continué en lo mío y empecé a marcar. La verdad era que él estaba en el trabajo, y si contestaba era una ganga, además de que tanto en donde él se encontraba como yo había bastante ruido ambiental, por lo que la probabilidad de ser escuchada perfectamente era bastante baja.

    Qué paso.

    Lo coloqué en altavoz, apreté los labios para no reírme y cumplí el reto, no con lo más vergonzoso porque mi mente lo había desechado hace no sé cuánto tiempo, pero tenía algo bastante cercano a ello:

    La semana pasada me levanté en la madrugada, había dejado una ropa apilada en la silla del escritorio. Lo olvidé por completo y me asusté al creer que alguien extraño estaba en el apartamento; grité, en eso los de los apartamentos continúos salieron y empezaron a tocar la puerta en lo que llamaban a la policía, abrí ya con la luz encendida y me disculpé como hacen los japoneses, excusándome de que había sido por un insecto que se me subió a la cama.

    ¿Qué mierda hablas Kathe?

    Colgué la llamada y boté el aire contenido en los pulmones por la nariz. Ya lo imaginaba de puto genio en el bar, pero nada que hacer, no pensaba tomar de nuevo, además faltaban dos rondas y se acababa el juego. Miré a Ro, dejando el móvil suspendido en mi mano. No había necesidad de hacer la pregunta, ¿no? Esperé a que eligiera en lo que repasé sus facciones.
     
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    Zireael

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    Joder, cómo costaba con este idiota, ¿no? Le guardaba muchísimo cariño, pero sabía reconocer que era una bestia, siempre lo había sido y se llevaba el premio. Había tratado de moldearlo en estos años, pero su personalidad era naturalmente abrasiva, pesada, y a veces en el cambio de máscaras la siguiente se le resbalaba de las manos, permitiendo ver lo que se escondía detrás.

    Nunca era agradable a los ojos ni a los oídos.

    Después de todo Byakko era el rey de las bestias y representaba el poder bélico.

    A pesar de lo asquerosamente brusco que había sido, Tora llevaba razón en una cosa y era en el orgullo de esta chica. Cuando llegó, regresó como si nada, se sentó y aunque lo notó irse no dijo nada ni reaccionó de ninguna manera. Imaginaba que él tampoco esperaba que lo hiciera, pero la cosa tuvo su debida dosis de gracia y tuve que tragarme una risa.

    Al final iba a ser que se merecían el uno a otro, vaya.

    El reto era tan estúpido que pensé que quizás lo rechazaría por eso mismo, pero revisó su historial y le marcó al primero, colocando el altavoz. Mientras estaba en eso comenzó a contar que había confundido el montón de ropa con un extraño y tuve que contener la risa otra vez aunque por motivos distintos; igual me distraje porque sentí el teléfono vibrar en el bolsillo así que lo saqué por un costado y ojeé los mensajes de Tora.

    No le contesté, dejé el aparato sobre la barra con la pantalla hacia abajo y me di cuenta que el cabrón de la música se había quedado en un bucle del mismo cantante de lo más raro. A veces le pasaba, suponía que porque dejaba un rato la automática de YouTube o algo.

    El punto fue que ella cumplió con su reto, yo no tenía muchas ganas de pasar alguna vergüenza en esa ronda así que me desinflé los pulmones con pesadez y le pedí al chico otra cerveza. Igual se decepcionaba, pero bueno era el libre albedrío, procuraría responderle esta vez para no matarla de aburrimiento.

    —Verdad —decidí y la miré con intenciones de hacer el imbécil para conseguirle la información a Sakai—. Las elecciones musicales en este agujero a veces son un poco raras, ahora que lo pienso. ¿Qué música te gusta, Kathe? O qué cantantes, no sé.
     
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    Insane

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    Noté que el celular me vibró pero hice caso omiso, ya luego le respondería a Hal para disminuir el manojo de mal humor que probablemente le estuviera surcando la vena de la cabeza, y regresé a mi taburete, sentándome en lo que dejaba el aparato sobre mis piernas. Paseé la yema de mis dedos por mi cuero cabelludo, sintiendome algo más fresca al ya tener el cabello recogio y toda la cosa, aunque sabía que no duraría mucho con el peinado, a la final me gustaba lucirlo suelto por completo, era mi muletilla fisíca podría decirse.

    Recibí la respuesta de Ikarin y me lo pensé un poco, yéndome por una generalidad más que nada.

    —¿A qué le tienes miedo, Ro?

    Repasé sus orbes de color plomo al soltar la pregunta. Podía considerarse generalidad en este tipo de juegos, sí, pero también hacía parte de una pregunta con trasfondo, de la cual podían hilarse muchas cosas o al menos, hacerse una ídea de una característica de la persona. A fin de cuentas, todos solíamoss temer a algo, a menos que claro, padecieran de lipoidoproteinosis pero dudaba toparme con alguien así en este plano astral. A fin de cuentas lo había visto en un episodio de grey's anatomy, de lo contrario ni conocería el término.

    Trajo a colación lo del personal encargado de la musica y me reí con ligereza.

    —Parece hacer cambios toscos pero al menos ha elegido música decente —comenté porque sí, recibiendo su pregunta sobre mi respuesta—. Música todo en general, porque bueno, suelo danzar de todo un poco, pero una que disfruto cuando estoy en casa sola ya sea haciendo aseo, o arreglándome las uñas es Havana de Camila Cabello. ¿A ti?

    Le seguí el hilo, de inocente. Si supiera que la información era para Tora posiblemente no la hubiese brindado. Vaya, el orgullo era algo muy marcado.
     
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    Qué ladilla, de verdad, resultaba que la señorita se ponía a tocar cables y yo era el que se comía una mierda, ¿no? A veces esto de aliarse con Rowan parecía más un obstáculo que una ventaja, pensaba demasiado en las emociones de los otros, incluso si sabía separarse a sí mismo y poner límites. Era demasiado empático, demasiado sensible y siempre había sabido ponerme de los nervios.

    Me levanté de la silla sin esperar que a nadie le importara, Ro era el que me había regañado y la otra era más orgullosa que un pavo. Crucé el espacio, me metí al cuartucho y cerré la puerta tras de mí, apoyando la espalda en ella. Apenas a un par de metros de la puerta estaba el mocoso con la portátil, un crío que no debía tener dieciséis. Poco le faltaba para ser un hikikomori, se intercambiaba de la habitación en la casa de sus padres y este espacio, pero no veía la luz del sol. Lo educaban en casa o lo intentaban.

    —¿Qué quieres, Byakko? —Me soltó sin ninguna clase de tacto, lo vi rebuscar entre las recomendaciones de YouTube.

    —Un favor. La cagué con una nueva amiga de Rowan.

    —Tienes cierto afán por molestar al jefe, ¿no? Privilegios de segundos al mando.

    No respondí, me quedé pegado a la puerta y observé las cámaras, a la espalda del mocoso. Rowan vio mi mensaje, Manson hizo una llamada y luego siguieron con la tontería, me pareció que se excusaba con ella y escribía un mensaje; eso acabó por confirmarse cuando sentí el teléfono vibrar en mi bolsillo, así que lo abrí y suspiré con cierto hastío. No era lo que se dice mi taza de té, pero a la señorita lo que quisiera.

    —Pon esto —dije enseñándole la pantalla.

    —¿No les bastó con Ariana Grande para el show? Joder, mira que hay que tener ganas de arruinarme las vibes. —El chiquillo bufó con hastío, metió una canción diferente a la cola y luego la que me había filtrado Rowan—. Ya está, cae en un rato.

    Ni siquiera le di las gracias, giré el cuerpo, abrí la puerta y regresé al ruido. Seguí hasta regresar a la barra, me senté donde estaba antes y escuché la respuesta que estaba dando Rowan, posiblemente la había atrasado esperando mi reaparición o lo que fuese. Por el contenido de la respuesta asumí que ella había preguntado a qué le temía.

    —Incapacidad, imposición y soledad, supongo —respondió con la vista puesta en los licores frente a él—. No poder moverme, ser controlado y verme sin nadie, dicho en otras palabras. La pregunta no pedía argumentar mi respuesta, así que eso es lo que te queda, Kathe.

    No dije nada, tampoco me reincorporé a la conversación como tal, volví a tomar la botella y le di un trago. En ese espacio, Rowan continuó la charla para disimular por qué había estado haciendo otras preguntas.

    —De la música... Un poco de todo, supongo, rollo alternativo en su mayoría. Ahora la música con elementos sintéticos es muy usual, permite cosas curiosas que se separan un poco de la electrónica tradicional. Como el loop en el que quedamos ahora, no es la electrónica de los festivales, pero tampoco deja de ser sintética.
     
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    Mencionó varias cosas en realidad, y por mi parte lo escuché con atención. Hasta el momento Rowan me daba la sensación de ser un chico seguro de sí mismo, gracioso, amable y atractivo; aún con las cualidades detectadas expresaba que temía, entre tantas, a la imposición y la soledad. La imposición podría tener que ver con reglas generales, me pregunté entonces si se llevaba bien o no con las normas, y por ahí derecho, la soledad abarcaba demasiadas cuestiones. Era irónico, el hecho de que por otra parte yo sí había aprendido a estar sola -la vida me lo había enseñado más bien-, y me sentía tan cómoda con ello que ya lo disfrutaba, aunque antes me causaba ansiedad.

    Asentí solo para confirmarle que le había escuchado. Tora regresó también, pero en verdad no me había percatado hasta que sujetó la botella de cerveza, y apenas eché un vistazo para comprobarlo que así fuera, sin embargo regresé mi vista a Ro sin incluirlo en la conversación.

    —Pega bastante con tu estilo —murmuré de la forma en que me lo permitió el cambio de canción, con respecto al género que hacía referencia; -en realidad pegaba con el estilo de los dos, pero omití al otro-. Sujeté de regreso mi botella de agua y tomé un sorbo.

    Seguía Tora, ¿no? Además de que ya todos aquí sabíamos que solo diría verdad y toda la cosa. Bostecé en algún momento y cubrí mis labios con el dorso de la mano, enderezándome para girar el rostro y mirarlo ahora sí como presente en el trío que teníamos en la barra. Esta vez no me pensé mucho que preguntarle, y tampoco tenía ganas de dar muchas vueltas, así que fue algo breve, reciclado pero mucho más reducido, de sí o no, dudaba que se extendiera también de igual forma.

    —Y tú, ¿también le tienes miedo a la soledad?
     
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    Los miedos de Rowan condensaban su figura, eran puntuales pero lógicos y se observaban en estas paredes, en su amistad conmigo y su necedad de hacerse amigo hasta de las piedras. Había heredado esto de su hermano mayor sí, pero habría podido rechazarlo y en su lugar lo tomó, lo continuó y estableció una continuación del pequeño imperio del barrio. Aquí el control era suyo, nadie le decía cómo hacer las cosas, cuándo ni por qué. A su vez, yo existía como una extensión de su cuerpo, a veces limitado por su desgaste crónico. Si él no podía moverse yo lo hacía en su lugar.

    ¿Y la soledad? No era amigo del compromiso justo por ese motivo. Ro hacía y deshacía, arrastraba gente bajo su cuidado, luego la liberaba y su figura se intercambiaba entre cientos. Era el hermano de medio mundo, el pseudo-novio de otra parte de la población y el senpai de cuanto imbécil se le cruzara. Si Katherin hubiese pedido que justificara sus miedos, que los explicara, habría implicado escupir el corazón sobre la mesa.

    Él, así como yo, tampoco era amigo de la exposición emocional.

    No le gustaba saberse vulnerable, no mentalmente.

    —¿Con el de querer ser diferente? —bromeó Ikari respecto al comentario de Manson de que era su estilo—. I guess so.

    Creí que Miss Orgullo 2020 pasaría de mi puta existencia el resto de la noche, pero la cabrona bostezó pues porque así era y me pregunté si Ikari tendría que meterse por el culo su frasecita de "no te corresponde a ti decidir qué debe aprender o cómo". En fin, que la mocosa recicló la pregunta que le había hecho a Rowan aunque fue más específica. Contuve cualquier reacción, el regaño de Rowan seguía mordiéndome la nuca, y la estupidez tenía su gracia. No le temía a la soledad, había sobrevivido prácticamente a punta de instintos los primeros años de mi vida.

    —No —resolví con sencillez—. Temo la falta material. Quedarme en la calle, no tener qué comer o dónde caer muerto.

    El otro miedo existía irremediablemente lazado a nuestro dichoso Ro.

    Porque su apellido se traducía a ira.
     
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    Seguí el comentario en broma de Ikari y correspondí con una risa nasal. No había mucho que recalcar ahí, por lo que continué con la pregunta a Tora; complementó el no y bueno, siendo sincera no esperaba que lo hiciera por lo que como siempre, le presté la atención necesaria. Fue franco, dictaminó lo que temía y aunque no mostré sorpresa mis facciones -involuntariamente-, se suavizaron; me recordó a Hal con lo material, y guardé silencio por un rato, recostando la mejilla en el dorso de mi mano al inclinarme sobre la madera. Alek cuando recién llegamos no tenía casi nada en la billetera, y aunque contaba con dos empleos actualmente en muchas ocasiones no tenía para un almuerzo decente.

    Y bueno, ahí estaba yo con cualquier tontería así me mostrara los dientes y luego aceptara mi compañía con normalidad.

    Sin embargo, Torahiko de nuevo, no era Hal. Con Alek había una amistad que cruzaba casi a la hermandad, y con Sakai un intento de acercamiento, que en algún momento de la noche se tornó en tensión sexual y ahora, en nada.

    Me lo pensé un poco, pero a la final lo dije. Fue un murmuro de nada con la intención de que Ikari no escuchara pues porque no le veía el sentido a que lo hiciera.

    —Si en algún momento pasa y Ro no está, me llamas. No te solucionaré la vida, pero supongo que tengo un sofá cómodo y la nevera llena.

    Era inevitable, ¿no? La escencia heredada de mamá. Podría haber sido todo lo odioso que se le dió la gana quince o veinte minutos antes, pero una cosa no tenía que ver con la otra; a la final había sido el mismo que me había regañado por dejar el trago a su cuidado. No terminaba de desagradarme sinceramente, y podía pecar de inocente, pero no creía que me fuese a lastimar de manera irreversible como las chicas de mi escuela pasada.

    Era humanidad, lamentablemente o afortunadamente me sobraba un poco. Dejé de verlo al no querer escuchar su respuesta, esperaba que se guardara mi comentario para él y eché la vista hacia Ro, risueña como de costumbre al ya haber desechado cualquier incomodidad que pude tener debajo de la alfombra.

    —Verdad, también.

    Le miré a él porque lo anterior lo había preguntado Tora, así que suponía y era su turno; y siendo franca, no quería que Torahiko me preguntara. Entre tanto dejé quieta la botella de agua y le pedí al chico de la barra que me recomendara otro cóctel.
     
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    Zireael

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    Incluso si sonaba como algo esperable de mi eterno cambio de máscaras, lo cierto es que cuando corregí lo del miedo no lo hice apelando a la lástima. Fue una anotación, una nota al pie, un recordatorio de que lo emocional no me interpelaba del todo pero sí el mundo físico. Había una parte de mí que temía volver a las calles, era por eso que aceptaba a los terapeutas, al psiquiatra y todos los discursos que pretendía señalar el error en mi cableado.

    Para que los Sakai no tuvieran que regresarme como un puto paquete de Amazon, apenas a unos meses de cumplir dieciocho.

    Seguía sin esperar una mierda de esta chica, pero su murmuro (o el remedo de uno que permitía la música) me hizo girar el rostro en su dirección. Me lanzó dos bombas sin saberlo, me hizo pensar en un escenario hipotético en el que Rowan no estuviera, la idea me atoró ciertos pensamientos que también se le parecieron al miedo, pero no puede quedarme en eso mucho tiempo porque me soltó por la cara que si quedaba en la puta calle la llamara, así nada más.

    Me jodió no poder filtrarlo a tiempo, pero fui consciente de la confusión que debió cruzarme el rostro, la misma que había sentido cuando Rowan me ofreció ser mi amigo y aunque reseteé los sistemas tuve que lidiar con ello. Con una de las pocas emociones que reconocía con claridad y luché contra la gratitud protocolaria o la resistencia ante la cercanía.

    Ella acabó eligiendo verdad, le lanzó la pelota a Ro eso sí y yo me quedé atascado. Lo que me reactivó las neuronas, haciéndome comprimir los gestos, fue que empezó a sonar la canción que la mocosa había pedido y pues ni modo, había ido hasta el cuartucho por una razón.

    Rowan volvió a darme unos segundos de gracia fingiendo pensar una pregunta, yo suspiré y estiré el brazo para darle un toque a Katherin en el costado, fue suave. Me sacudí cualquier rastro de confusión, relajé los gestos a una expresión más neutral y así como ella me había soltado la mierda en confidencia, lo hice yo aunque el otro imagina lo que estaba haciendo, él lo había ordenado de por sí.

    —Perdón por lo de antes. Contesté para el culo, ya sé, no pensé en que tan feo sonaría.

    Le regresé su espacio sin más, observé al chico de la barra mezclarle otro cóctel y al final le puso una margarita de toda la vida al frente. Me pareció que al cabrón se le había ido más tequila de la cuenta, pero bueno, ya desde el inicio Rowan le había dicho que solía pasar.

    —¿Qué secreto no le has contado a nadie? Nada de "que me robé unos chicles de la tienda", me refiero a secretos de verdad —preguntó Ikari cuando asumió que mi tarea estaba terminada.
     
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    Había notado la confusión en sus facciones, no dije nada al respecto y fingí practicamente el no enterarme de ello, porque sabía de antemano que las personas reacias a ciertas cuestiones detestaban que un tercero notara atisbo de alguna emoción, por lo que me quedé observando al chico de la barra prepararme algo más. Noté el jugo de lima y el como escarchó de azucar el borde de la copa; la canción se deslizó por el lugar y miré a Ikari, porque bueno, él había preguntado por ello, así que le atribuí la acción en automático y estuve a punto de decirle algo, pero el toque fisíco me hizo girar el rostro de nuevo hacia Tora.

    Podría decirse que en toda la noche, era la primera vez que me llamaba de alguna forma.

    Alcé las cejas ligeramente, y algo similar a la dulzura surcó mis labios en una sonrisa, asentí solamente, sin decir nada porque ya con ello aceptaba sus disculpas, conteniendo cualquier atisbo de tocarle la pierna o lo que fuera como parte de contacto fisíco por no querer molestarle el momento. Se había notado desde que llegué, ¿no? el que era bastante expresiva y confianzuda apoyándome en Rowan porque veía que no le molestaba, y me hacía sentir muy cómoda. Sentí que me suspendí en un momento con la pregunta y me reinicié no mucho después.

    Secretos de verdad.

    Me relamí los labios en lo que regresaba la mirada al cóctel que tenía frente a mí; palpé con mis uñas el cristal y no fue difícil encontrar lo que nadie sabía, aunque Hal lo sospechó en algún momento y me mencionó que no le agradaban un par de chicas de mi clase no tuve la capacidad para contarle nada, no sé, me daba algo de miedo que fuese a meterse en problemas por mi culpa y estaba lidiando con tantas cosas a la vez que mi cerebro reaccionaba apenas. Tomé aire y algo de valentía al ser la primera vez que se lo contaba a alguien. Además, ellos habían compartido sus miedos y en este caso haría algo similar.

    —Tuve un grupo de amigas en mi anterior escuela, sucede que uno de los novios de ellas comenzó a coquetearme, trató de propasarse y no hice más que ignorar al chico por razones obvias, pero él inventó el que yo estaba insinuándome, lo que provocó que se ciñeran conmigo sin siquiera dejarme explicar lo que en realidad había sucedido, me humillaron constantemente y toda la cosa. Una bejeza en resumen —tenía la vista aún en el líquido.

    Siempre había sido muy aventurera, expresiva y alegre, pero en ese entonces recordaba lo apagada que terminé, pero aún así no me quitaba esa sosobra de... no haberme defendido lo suficiente, con uñas y dientes.

    —La cosa es que no pude frenarlas, y bueno, todo fue escalando. Fui tachada en clases de skýla, y se mantuvo un rumor de que cobraba por acostones —se me coló el griego y ni por enterada. Suspiré y luego me reí porque sí—. Lo más ridículo es que para ese entonces era hasta virgen.

    Y que cuando en verdad tuve novio, terminó encamado con una de ellas, pero ese era otro cuento.

    Además de que todo se había juntado con la muerte de mamá. Y en consecuencia desde que había llegado acá evitaba hacerme de amistades femeninas, era ridículo, pero desde entonces prefería la compañía de Hal antes que de cualquier otra. Bebí un trago porque me apeteció sintiendo el cítrico y sonreí con la energía de costumbre, mirando a Ro.

    —¿Verdad o reto?
     
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    Zireael

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    El carácter de Tora había sido, era y sería problemático toda la vida, no importaba qué tanto se adaptara a espacios y a personas. Llegaba un punto en que, harto de que pidieran de él cosas que no podía entregar, mandaba todo a la mierda y escupía o lo que pensaba o le metía una hostia a alguien sin avisar. Era mucho más controlado que a sus catorce años, sí, pero tampoco lo había arreglado por arte de magia. A él le interesaba controlar a los que podían dar una orden para medicarlo, encerrarlo o arrancarlo del cuidado de los Sakai, el resto se podían ir a la mierda.

    Por eso había que tenerle la correa corta.

    En cuanto Katherin preguntó supe que todo se iría a la mierda, pero ni modo. El caso fue que le solté el regaño correspondiente, el cuerpo se le sacudió por el miedo y siguió mis órdenes. Si Tora quisiera partirme el hocico era posible que pudiera hacerlo, incluso si era un poco más bajo tenía más fuerza, pero ya se lo había dicho hace mucho: cuando el amigo de todos alzaba la voz, la rueda giraba de dirección.

    Eso se relacionaba inevitablemente con el miedo que le confesó a Katherin, así sin más. Temía la falta material y si yo lo desamparaba, si un día me hartaba de su mierda y decidía que no podía poner un pie en el barrio, ¿qué tenía realmente? El exilio en las calles era mortal, él lo sabía porque era el que debía desechar a los que no nos servían.

    Manson le dijo algo a Tora, me di cuenta, y por la tremenda cara de confusión que puso el otro supe que había sido algo de buena naturaleza. Era malo comprendiendo los actos de buena fe de los otros, había sido así siempre, porque se creía un enemigo del mundo. Sin embargo, lo reconocía, la buena fe. La había reconocido en mí, en Sasha el otro día y ahora en Katherin.

    Se disculpó con ella, la chiquilla aceptó el gesto sin más y noté que él suspiraba. Fue sutil que te cagas, pero lo noté por el rabillo del ojo, Tora movió la pierna y al hacerlo la chocó ligeramente con la de ella, podía pecar de accidental pero supuse que no lo había sido. Igual pretendía seguir con la atención puesta en Kathe, esperando la respuesta o que se bajara parte de la margarita que le habían servido.

    ¿Las supuestas amigas le habían creído al novio de una en vez de a ella?

    Sonaba a que más bien esperaban una excusa para cancelarla.

    —Los adolescentes somos crueles que da gusto por razones de lo más estúpidas —acoté hacia nadie en particular. No me detuve en la pseudo-confesión de que en el momento del embrollo la mocosa era virgen todavía, eso no me incumbía—. Al menos ya pasó.

    En un ataque de confianza, como siempre, estiré el brazo, lo eché sobre sus hombros y me la arrastré un poco hacia mi posición, estrujándola. Lo hice como si fuese mi amiga de toda la vida, noté que Tora soltaba una risa por la nariz y negaba con la cabeza, como diciendo que no tenía remedio. No tardé mucho en regresarle su espacio y al hacerlo tomé mi decisión.

    —¡Reto!

    —Has elegido la muerte, me parece —señaló Sakai.
     
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    Insane

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    Como había dicho Rowan, al menos ya había pasado, pero me preguntaba entonces, si volvía a suceder... ¿volvería a permitirlo? Era lo que más me pesaba, el no haberme defendido como sentí en algún momento que sería capaz de hacerlo, de tirar todo a mi alrededor si alguna como ellas volvía a ponerme las uñas encima. No supe entonces, si mi estado de indefensión se debió a que aquellas acciones y comportamientos venían de personas que en algún momento quise, valoré y cuidé como parte de mí, o si se debía a que toda la mierda se acumuló y no tenía las herramientas para reaccionar a todo al mismo tiempo. En todo lo que hablé y eso no me percaté del choque de la pierta de Tora contra la mía, pero si sentí el brazo de Ro sobre mis hombros al terminar de hablar.

    Me arrastró hacia él y me puse a reírme, contagiada por su buena energía y recostándome un poco en su espacio hasta que él terminó el contacto. Me pensé un poco el qué pedirle hacer, hasta que algo por allá llegó.

    —Mm, a ver —tomé otro trago de la margarita porque estaba bastante buena, es más, me había gustado más que el cóctel anterior. Lo recorrí entonces con la mirada y me pregunté qué podría hacerlo pasar para beber, aunque dudaba que rechazara un reto fue la intención—. Llama a tu último ligue, y confiesale que te has enamorado, que has encontrado al amor de tu vida o algo así de película.

    Tomé el tercer sorbo y me eché a reír, sin ser consciente que el licor estaba deslizándose por mi cuerpo con algo de ganas por el acidez de la bebida, y al estar sentada no lo notaba de mucho. Apoyé los codos en la barra y acomodé la coleta de mi cabello tras mi espalda.

    —Ah, pero si te pregunta de quién, dices que de mí y de Tora, y cuelgas.

    Ya era su turno con las llamadas, ¿no?
     
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    Zireael

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    Si alguien me lo preguntaba, el teatro de la vergüenza que habían orquestado las supuestas amigas de Manson era motivo suficiente para escupirles en la cara una por una y también al imbécil que había iniciado el caos, mintiendo para ensuciarla a ella en vez de admitir la clase de cerdo que era y punto. Claro que yo no era el mejor evaluador para esas cosas, todo lo arreglaba a piñas, pero el punto era el mismo: el castigo era necesario.

    Rowan se arrastró a la chica en un pseudo-abrazo, supuse que fue su manera de decirle que agradecía la confianza, y luego la soltó para elegir reto. Lo que le propuso fue risible en sí mismo, él suspiró y volvió a tomar el móvil que seguía sobre la barra, dejándole entre ambos. Buscó en los contactos, ignoró varios números hasta que llegó al de Akaisa y tuve que tragarme la gracia.

    Dios, lo iba a mandar a volar, si ya en el pasillo estaba molesta porque hubiese aparecido en su escuela sin decirle nada.

    Le dio a la tecla de llamar, el aparato timbró una, dos, tres veces y finalmente le saltó el contestador automático. Viendo el día que era, el hecho de que no estaba metida aquí y demás vete a saber si no le contestó porque estaba ocupada, porque ya estaba fuera o porque simplemente no le salió del coño hacerlo. No supe si fue mejor para Ro o peor, la verdad.

    My beloved Kat, my moon and stars. —Empezó Rowan apenas el pitido anunció que se grabaría su mensaje—. Tengo malas noticias, malas noticias de verdad. Me temo que por fin me enamoré, ¿puedes creerlo? ¿Cómo pude ser tan ciego? Lo lamento tanto, de haber caído en cuenta antes no habría jugado contigo, jamás. Espero que puedas perdonarme y sigas viniendo a Tekné.

    Como no hubo quién atendiera tampoco nadie le preguntó de quién o qué mierdas, de forma que el numerito se cortó allí. Igual el sentido de la justicia de Rowan, por llamarlo de alguna manera, pareció indicarle que no era un reto cumplido en todas las de la ley así que le pidió otro shot al de la barra y se lo zampó. ¿Cómo iba ya la cosa? ¿Una cerveza y tres tragos? Estaba dentro de lo normal todavía.

    —A Akaisa se le van a regar las bilis porque sabe que solo lo habrás hecho por joder.

    —Kat siempre está de malas, da un poco lo mismo —acotó y se encogió de hombros.
     
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    Insane

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    Lo cierto era que no esperaba que cumpliera el reto, pero para mí sorpresa mostró toda la intención, aunque fue una lástima que no contestaran del otro lado -ignorante igual sobre quién se trataba al no conocerla-, me reí con el dramatismo que imprimió en su voz y ya cuando colgó se tomó un shot, imaginé que había Sido por lo mismo, al quedar el mensaje en buzón de voz era posible que la otra persona ni siquiera lo escuchara.

    Escuché el apellido luego por parte de Tora pero no la ubiqué de nada pese a que en algún momento la hubiese visto en el instituto, sin embargo no tenía como asignarle el nombre. Aún así fue fácil detectar con sus palabras que la muchacha que fuese no tenía un buen carácter, por lo que en caso de hipotéticamente llegar a conocerla probablemente me mantendría bastante lejos.

    —Bueno, regresamos al inicio pero de la ronda final —anoté al hacer cuentas en mi cabeza, esperando no equivocarme con mi sentido de orientación de cuántas llevábamos.

    Regresé mi vista a Tora y mi cerebro se quedó un poco en blanco, no sabía a qué inclinarme para preguntarle por lo que me quedé repasando sus facciones. Moví las uñas sobre la madera causando un leve sonido en lo que se me organizaban las ideas, y a la final surgió una bastante sencilla que partió justo del reto a Ro:

    —¿Y tú tienes algún ligue en este momento? Sin contarme a mí.

    Lo último lo dije de manera risueña, medio en broma. Eran mejores amigos o algo así, imaginaba Ikari sabría si existía o no algún ser con el que se la pasara coqueteando, pero me daba la sensación que el don Juan aquí era Ro, así que por la gracia. Tomé otro trago entre tanto, por el borde que aún no había tomado para de nuevo sentir el dulzor de lo escarchado con lo ácido.

    Una tontería me surcó la cabeza y me sonreí para mí misma.

    Las margaritas y yo si que podríamos ser mejores amigas.
     
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    Zireael

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    Imaginaba que Katherin no ubicaba a Katrina de nada, pero eso era indiferente, para la gracia solo fue una coincidencia que la última vez que había hecho el imbécil fuese con ella y ya. Bien podría haber sido alguien fuera de las paredes del Sakura, pero pues así eran las cosas.

    Suponía que a Katrina le iba a saltar una vena porque la eligiera como objetivo de broma, pero tampoco creía que fuese a implicar un cambio real en nuestra suerte de trato. Después de todo servía para ambos, ¿no? Ninguno esperaba nada del otro, ella venía por el alcohol gratis y yo me quedaba por el polvo, punto. Fuera de eso Katrina era una chica interesante, en su propia nube de ira y demás era capaz de verlo.

    Colgué en cuanto terminé la tontería, me bajé el shot pues porque como no contestó había sido un reto cumplido a medias y Katherin anunció la ronda final. Si era honesto yo había perdido la cuenta, suponía que Tora no la había llevado nunca, así que se le agradecía el recordatorio.

    Regresó los ojos a Tora, él no cambió de expresión, pero estaba dándole un trago a la cerveza cuando ella soltó la pregunta y la aclaración que le siguió. Su reacción nada tenía que ver con la vergüenza, fue sorpresa nada más pero tomó aire antes de tiempo y la cerveza se le fue por el camino incorrecto, giró el cuerpo para no toser encima de nadie y maldijo para sí.

    —¿Cómo era? ¿Qué el silencio otorga? —Lo molesté aunque me tragué la risa.

    El pobre imbécil tuvo que toser un rato más para acomodarse el líquido, sacudió la cabeza y regresó el cuerpo al frente de la barra. Miró a la chica de costado, sorbió por la nariz y cuando habló la voz le sonó medio tomada por el accidente.

    —Basándonos en la experiencia reciente no tengo ni eso en realidad —admitió con más sinceridad de la que exigía la pregunta.

    Alcé las cejas, le di un golpe flojo a Katherin con el codo y ahora sí se me soltó una risilla. Hombre, lo que me estaba divirtiendo yo con el espectáculo de este par era digno de mención, de verdad.

    —Espero que sepas elegir en la última ronda —dije para ella.
     
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    Insane

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    Apreté ligeramente los labios, evitando reír cuando se atrancó con el líquido. No creía tener algún efecto con lo que acababa de decir, con la aclaración más bien, pero parecía que las cosas me salían mejor sin premeditarlas por lo que lo dejé correr, aguardando a que pudiese salir del trance del ahogo, y en algún momento sentí la necesidad de darle un par de palmadas en la espalda por si necesitaba ayuda pero lo evité, y en vez de eso miré a Ro al Tora estar tratando de salir del bucle por írsele el trago por el lugar equivocado, dedicáncole a Ikari uns risilla divertida en realidad a espaldas del otro.

    Ya cuando se recompuso fingí demencia, y mi atención regresó a ser la usual. Negó el hecho de un ligue y agregó poca experiencia en una misma oración. Me pregunté sino contaba con ninguna experiencia en definitiva, o si ultimamente no tenía nada para resaltar, pero la duda me arrojó un sensación inquieta por el cuerpo aunque no lo demostré de ninguna forma.

    Sentí el tacto de Ikari no mucho después, no lo miré para no ser tan obvia y la risilla que soltó mostró complicidad en su mayor expresión, tomé otro sorbo de la margarita para ocultar cualquier índice de sonrisa y al dejarla sobre la madera hablé, mirando al muchacho de cabello rojo al anclar el codo a la mesa y descansar el mentón sobre el dorso de mi mano:

    —Reto.

    Lo miré a él, porque esperaba que fuese él quien me colocara el reto, de lo contrario supondría que Tora me pediría cualquier tontería y en este momento quería una buena tontería. Aguardé paciente, moviendo la pierna ligeramente al ritmo de la canción, la cual estaba realmente por terminar.
     
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    Zireael

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    Manson fingió demencia cuando el otro contestó, pues porque se veía que Tonto Uno necesitaba de Tonto Dos y no tenían remedio. Los dejé ser, sin embargo, porque todavía tenía oportunidad de seguir tensando cuerdas ajenas y esperé.

    Ella me habló a mí de nuevo, Tora pudo reacomodarse gracias a ese tiempo y yo apoyé el codo en la barra para descansar el rostro en la mano. Pensé un rato, como siempre, y cuando llegué a alguna idea una sonrisa se me estiró en los labios.

    —Pobre Tora, ¿no? —Comencé tan bajo como me lo permitió la música.

    Él giró el rostro medio de golpe, me miró y frunció el ceño, anticipándose a mis estupideces, pero no dijo nada. Si acaso tomó aire y lo soltó en una especie de bufido que fue más resignado que molesto en sí mismo.

    —Luego de una sequía debería llevarse un beso aunque sea —solté sin más.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  19.  
    Insane

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    Esta no está sonando (?)
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    Para la gracia parecía que los dos estábamos en la misma página, es decir, hace varios meses no me besaba con algún chico, y más gracioso aún era el hecho de que con el único hombre que había estado era el desgraciado de mi ex-novio. Suspiré ligeramente con lo de la sequía, era medianamente triste por lo que concordaba aunque no dije nada al respecto, y prácticamente insinuó que le diera un beso a su amigo, pero no sonaba como un reto impuesto sino más bien una invitación a medias.

    —Mínimo, ¿no? —concerté, a la espera de no sé, algún comentario de Tora que me hiciera decirle a Ro que él no quería o algo, por lo que aguardé un poco en lo que me bajé del taburete.

    Al tener el tacón de las botas en el suelo sentí los cócteles al creer en algún momento que el lugar se movía, pero supe disimularlo entre una risa. Di los tres pasos que me separaban de él y apoyé las palmas abiertas con gracilidad sobre sus rodillas haciendome un espacio entre sus piernas al invadir su campo, ascendí la mirada hasta sus orbes y los repasé tras mis pestañas, apoyándo un poco mi peso hacia él sin concretar nada en lo que la música y las luces seguían revoloteando el lugar.

    Deslicé mis uñas hasta la tela de su camisa sobre el inicio de sus piernas y apoyé mi busto sobre su pecho por la cercanía.

    —Perdona, pero me gusta mucho el contacto fisíco —murmuré para él en lo que la cascada negra se deslizaba por el costado, evitando que Ikari pudiese tener mayor detalle del show montado por un tonto juego.

    Incliné ligeramente la cabeza y alcancé sus labios, entorné los orbes en lo que el tono rosa por el licor, y ahora por lo que estaba haciendo se incrementaba en mis mejillas. Mordí con suavidad su labio inferior y repasé con la punta de la lengua la suya, sin llegar a profundizarlo en realidad. Me qué mirándolo por unos segundos en lo que me sentía respirar con cierta pesadez hasta alejarme de él. No había sido la gran cosa, pero no dejaba de lanzarme cierto calor por la dermis. Regresé a mi asiento, risueña como de costumbre.

    —Bueno Ro, dime como finaliza tu partida, ¿verdad o reto?
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  20.  
    Zireael

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    Rowan pasaba de regañarme a querer volverse casamentero y así todo el rato, sin dudas el hijo de puta tenía que decidirse de una vez aunque era obvio que no iba a hacerlo. Igual el regaño, de alguna manera, respondía al mismo principio si uno lo pensaba a fondo.

    Discúlpate, decía.

    O perderás la oportunidad de la noche.

    El imbécil soltó la estupidez de la sequía en la que, dicho fuese de paso, no le faltaba razón. Reaccioné, claro, pero tampoco di indicios de que la idea del estúpido me fastidiara ni nada y una parte de mí, la verdad, dio por asumido que ella solo rechazaría el reto aunque fuese la última ronda y toda la mierda.

    Pero se bajó del banco.

    Y se metió entre mis piernas.

    Le había hablado de build-up, de tensión y liberación. Se había negado a responderme mierdas obvias pero ahora aceptaba la sugerencia de Rowan sin más, como si no fuese una puta ida de olla inmensa, como si no fuese yo el mismo que la había llamado tonta y le había dicho que había vuelto a perder el interés. Esta chica, ¿estaba loca acaso?

    Me importaba una mierda la verdad.

    Seguí sus movimientos, sostuve su mirada y sus manos, sus uñas más bien, continuaron el recorrido hasta el borde de la camisa. Apoyó el pecho, la cabrona, con la excusa de que le gustaba mucho el contacto físico y una onda de calor me palpitó en el cuerpo sin permiso de nadie; enredé la mano en su cintura porque me dio la gana básicamente y la sujeté con algo de fuerza, nada muy loco. Había echado el pelo para taparle el numerito a Rowan y yo aproveché la suerte de bug para encajarle la mano libre en la línea de la mandíbula. A ver, no se iba a escapar ni nada, pero por la sequía había dicho el otro estúpido.

    Había que beber cuando se podía.

    Me mordió el labio, reaccioné en automático y recibí su lengua, no profundizó la mierda ni nada pero cumplió al propósito supuse. En los segundos que me miró mi respiración rebotó contra ella y antes de que regresara a su espacio, sin quitar las manos de donde las tenía, le dejé un beso en la comisura de los labios. Fue una estupidez, una cosa de nada, la mera necedad de tocarla y rompí todos los puntos de contacto después, como si nada hubiera pasado.

    Rowan se permitió una risa para sí, ella volvió a su asiento y yo recuperé la postura. La mierda me había dado calor, para qué mentir, pero apenas todos volvimos a una suerte de normalidad le di otro trago a la cerveza. Podría haberme quedado quieto, pero estiré la mano libre y la dejé en la pierna de Manson, en el punto muerto entre la bota y el vestido.

    Ikari fingió demencia, se dedicó a pensar cómo usar su última ronda. Pensó y pensó, quizás dándole cabeza a la idea de si había hecho el ridículo lo suficiente o no.

    —Verdad —acabó por elegir y volvió a reírse—. Espero que sepas elegir tu pregunta, Kathe~
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
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