Había ignorado la apatía de Tora desde... ¿las pocas veces que me permitía verla? Era gracioso el hecho de que no me afectaban muchas cosas, y el como me sentía a fin a compartir el tiempo con hombres por más pedantes, soberbios, desconfiados o antipáticos que pudieran ser; no me lo tomaba personal en realidad por lo que disfruté el reto con un cosquilleo en el ego; sentí distintas miradas encima, y denoté la sonrisa que se le dibujó a Rowan, permitiendo que estuviese presente al llegar a ellos. Eso me hizo pensar en una tontería. Además, de que había pasado por alto cualquier tipo de peligro, en sí, porque había antepuesto mi orgullo antes que cualquier otra cosa. Por ende, seguía sin pensar mal de ninguno de los dos. Tonta me diría Hal si estuviese ahí presente. Recibí el aplauso de Ikari y me mostré risueña, terminando de organizar mi cabello con un murmuro suave de un gracias, kardiá. El griego se me coló sin percatarme, significando corazón en otras palabras. Mi mano navegó hasta Tora por el trago y lo dejé sobre la barra, más para que no tuviese que seguir sosteniéndolo que otra cosa al ya haber escuchado al vuelo como el otro había asumido un reto. Le miré entonces, por unos minutos pensando en lo que repasaba sus facciones. —Mmm —acomodé la palma de la mano derecha entorno a mi cintura al dejar mi peso en una pierna y desvié la mirada hasta un grupito que estaba al otro lado de la pista—. Consigue un número de teléfono, Ro, de cualquiera del grupito de allá. ¿Lo había mandado a ligar? Sí, él me hacía sentir que tenía madera para eso.
Contenido oculto: esta no es la que está sonando(? es solo porque es el main theme de Tora y el post todo trucho lo ameritaba El dizque reto me lo saqué de las pelotas, no iba a mentir, pero cuando vi la reacción de la chica supuse que cumplió la función. Un reto era esa acción que empujaba a la gente a hacer ciertas mierdas, fuese lo que se les pedía o más de lo que uno solicitaba, y si no era aquello que hacía a la gente retroceder. Esta chica era bailarina, era una forma de arte, y todos los artistas tenían algo de arrogancia en ellos, al menos a mí me lo parecía. Rowan era el ejemplo perfecto de ello. La chica aceptó, me cedió el trago y de inmediato pensé que no conocía el miedo o era estúpida a secas, porque todavía dárselo a Rowan colaba como un error aceptable. No tenía pintas de ser... un puto cabrón, para ponerlo en palabras bonitas, pero yo me paseaba sin cuidado en una imagen que podía hacer que la gente esperara de todo. Gracias debía dar esa mocosa, de verdad. Estaba dentro de unas paredes que ni siquiera sabía que la protegían. Se montó el numerito, Ro se deleitó con las vistas como el resto de nosotros y cuando volvió solo le regresé el trago, intacto como correspondía que hiciera cualquier ser que conociera de límites. Ella pensó en qué reto asignarle al otro y lo que eligió al final rozó lo esperable, fue un poco como lo que yo había elegido de reto, pero adaptado a él. —Como pedirle a un pez nadar —comentó él mientras despegaba la espalda de la barra. Había estado mirando a los grupillos desde antes, así que supuse que identificó a una chica para la cuestión, pidió otra cerveza para él y lo que sea que estaba bebiendo el objetivo en cuestión—. No vayan a aburrirse en mi ausencia. Cuando tuvo ambas cosas bajó del banco y navegó el espacio, bajo las luces de neón su ropa blanca brilló con la misma intensidad que, muy a su pesar, poseía realmente su carácter y acabó por acercarse al grupo de muchachas. No había manera posible de que escucháramos qué decía, pero bastó con notar cómo el grupillo no lo desterraba de inmediato para saber que iba por buen camino. Lo observé un rato, me pedí otra cerveza y luego de darle un trago observé a Manson de refilón. —No le des el vaso a nadie fuera de este bar —advertí, serio a cagar—. En los segundos que nos diste la espalda podríamos haberte metido algo en el trago. Tampoco lo dejes puesto por ahí, como acabas de hacer aquí. Contenido oculto yo: rowan la va a regañar al rato we la realidad: *la regaña tora* al siguiente post narro las aventuras fuckboyqueras de rowan JAJAJA
Trajo a colación un dicho y me causó algo de gracia, porque bueno, no parecía haber fallado en la solicitud como para que prefieriese pasar y tomar un shot, aunque a la final tenía la intención de verlo ligar, un poco por capricho, otro poco por curiosa, quién sabe. El de la barra le sirvió otra cerveza y un trago adicional, el cual repasé con la mirada. El chico tenía estrategia. Dió un aviso en lo que me sentaba de nuevo en el taburete, no dije nada porque bueno, no creía aburrirme con Tora por mala cara que pudiese poner. Fue sencillo seguirle la pista de sus pasos entre la ropa, las luces y la gente que mantenía en espacios fijos conversando o molestando entre los propios grupos formados, pareció que no lo echaron ni nada porque ahí continuaba parado frente a ellas, casi que me reí divertida al pensarme la idea de que quizá no le diera un número, sino dos. Sujeté de nuevo mi trago entre las manos en lo que Tora se pedía otra cerveza, di un sorbo suave y su mirada, penetrante de por sí, me hizo mirarlo de soslayo solo para validar mi sentir. Me dió una advertencia que me terminó haciendo alzar las cejas ligeramente en lo que despegaba el cristal de mis labios, dejando rastro del brillo labial en el borde. Miré el licor y luego lo miré a él. Me sentí regañada, sí, pero el llamado de atención me provocó algo de ternura viniendo de él al ser tan parco, pero por ende tenía más peso si me lo preguntaban, porque no tenía que impostar tenacidad alguna. Asentí suavemente con la cabeza, echando la espalda hacia atrás. —Fui descuidada —murmuré en aceptación—. Pero gracias por la advertencia, es amable de tu parte, Tora. No imaginaba si le contaba a Hal lo que había descuidado por puro ego, por lo que evitaría decirselo, no quería otro regaño. —Y dime, ¿qué ta pareció el baile? —relajé las facciones, cruzando la pierna en lo que volvía mi vista a Ro aunque mi aatención auditiva estaba puesta en él—. ¿Te gustó?
Después de soltarle el remedo de regaño, para que no se le ocurriera ser así de imbécil en ningún otro lado, regresé los ojos al frente y observé a Rowan haciendo sus estupideces de siempre. Se mantuvo de pie un rato, si acaso uno o dos minutos en lo que yo estaba aquí regañando a la Manson y de repente una de las chicas se hizo pequeña en el sillón, dejándole espacio entre ella y sus amigas. Habían abierto el círculo para él. El hijo de puta parecía encantador de serpientes, de verdad. Para sorpresa de absolutamente nadie, el idiota se sentó, ahora sí le dijo a la chica que la invitaba al trago que había cargado y la mocosa, quizás confiando en las mismas paredes que habían protegido a Manson, lo aceptó aunque con algo de cautela. No podía esperarse absolutamente nada más, la amabilidad de Rowan era peligrosa. Era genuina, sí, pero en el peor de los casos podía convertirse en la manipulación de todo narcisista. Reconocía en el poder manipulativo de Rowan una parte de mí mismo. —¿Amable? —repliqué sin mirar a Manson y reí por lo bajo—. Es mi manera de decirte que no seas estúpida, nada más. Puedes llamarlo como gustes, claro. Preguntó por el baile, siguió con la atención puesta en el show de Ro y volví a reír. No respondí hasta después de haber bebido un poco más, balanceé una de las piernas y pensé que bien podía hacer un poco el imbécil. Nada más para no aburrirme, como había dicho Ikari. —Me gustó —resolví sin demasiado problema, aunque todo lo escupía así si debíamos ser honestos—. Siempre he dicho que es mejor ver los espectáculos en vivo que a través de pantallas. Los ojos aprovechan más, ¿no crees?
Noté el cómo le hicieron un espacio en el sillón y todo a Ro; me pregunté en algún momento que les estaría diciendo, porque bueno, yo solía ser bastante adaptable a mis compañías, simplemente fluía y me divertía, pero si algún chico trataba de ligarme solía seguir el hilo hasta determinado momento, bueno, dependiendo si también me gustaba... es decir, tener la atención encima, era placentero, pero tener las manos encima de alguien que te provocaba más que un simple guiño de ojo ya era una liga mayor. Le ofreció el trago a la muchachita, o eso pareció y ésta lo recibió con cierta lentitud. No sé, pero el espéctaculo me hacía sentir entretenida, como si estuviese viendo algún capítulo de una serie de seducción. Tora habló de nuevo y sus palabras flotaron en el aire entre la música. Era bastante tosco. Su risa resonó de nuevo, y no tardé en tomarlo como un alago viniendo de él. No sé, esperaba que dijese algo como "me pareció normal", pero por el contrario había comentado que le había gustado. El brillo suavemente tiñó mis pupilas, me reí también y lo miré. —Me alegra que tus ojos lo hayan aprovechado entonces —murmuré tan bajo como lo permitió el ruido ambiental—. A todo esto Tora, ¿te estás divirtiendo? ¿A qué venía la pregunta? No sé, solo por tantear terreno.
Contenido oculto Puede que el peligro de Rowan descansara en la suavidad ilusoria de su carácter, hablaba mucho, se adaptaba y mutaba con una facilidad estúpida, colándose en las grietas ajenas sin permiso de nadie. Para que su presencia levantara alertas había que conocer el miedo de antemano, la incertidumbre y la ira. Sin eso, solo se le dejaba estar, por eso una buena mayoría de personas lo hacía. En los cuatro años que tenía de conocerlo, de haber aceptado su trato, recordaba poquísimas veces en que hubiese alzado la voz o perdido la paciencia. En cuanto Ro quebraba su fachada a todos se les cerraba el culo, pero en tanto permaneciera tranquilo parecía inofensivo. Por eso un círculo de chicas lo dejaba sentarse con ellas o, por lo que me había contado el otro día, la mocosa más tímida en la historia de Japón aceptaba a almorzar con él. La misma Katherin no lo había rechazado, incluso si no parecía tener intenciones de nada en su momento. Mientras le soltaba la respuesta de prueba de turno, para no morirme de aburrimiento o algo, noté que Rowan le alcanzaba su celular a una de las muchachas que comenzó a typear. Bastó eso para saber que había cumplido el mínimo del reto, pero no se levantó y siguió haciendo el imbécil por el mismo motivo que Katherin se había montado media coreografía en un puto bar: orgullo. La otra tonta me respondió tan bajo como el ruido lo permitía, la estupidez me hizo reír de nuevo y el que estaba poniendo las canciones volvió a hacer un cambio de lo más raro, pero cada quien con su cosa, ¿no? Sentí que me miró, pero yo no volví el rostro hacia ella hasta que preguntó si me estaba divirtiendo y me permití una sonrisa. Cargó consigo una dosis esperable de arrogancia. —Depende de lo que definas como diversión. ¿Tomarme unas cervezas? ¿Ver bailar a una chica por un reto de lo más tonto? ¿Ver al idiota de mi mejor amigo ligándose hasta una sombra de ser posible? Podría decirse que es divertido, supongo —contesté sin apartar los ojos de ella y solo regresé la vista al frente cuando le di otro trago a la botella, para después señalar en dirección a Rowan con un movimiento de cabeza—. ¿Tú? Tiene que estar valiendo la pena, que si no al imbécil de allá se le va a partir el corazón.
Noté que Ro le había extendido el móvil a una de las muchachas, la situación era por demás hilarante, en el sentido que le estábamos siguiendo el apunte a cada una de sus acciones. ¿que le había tomado? Unos diez o quince minutos aproximadamente; lo había notado desde que almorzamos en el patio de la escuela, que el mismo ambiente que parecía rodearlo en un aire relajado, amable y hablador le hacía tener cierto encantó. No era ciega a eso. Aún así se quedó un rato más con ellas, meseé la pierna entre tanto. La música de ambiente cambio en lo que finalizaba la anterior, regresando a la suavidad del pop inicial. También noté el que seguís llegando algo de gente, y me pregunté que horario de atención manejarían aquí aunque no me pregunté nada porque no me apeteció. Ya luego de volver a hablarle a Tora mantuve mi mirada suave sobre él, respondió con la misma soltura de siempre. Recibí sus pupilas y ya luego regresó al frente, dándole un trago a la cerveza, hice lo mismo con mi atención visual y solté el aire por la nariz en alguna especie de risa. —Es entretenido, si —confesé—, igual es notable que suele hacer esto seguido, por lo que en la próxima no seré tan flexible con un reto tan sencillo —comenté jocosa. Además, tenía la sensación de que a diferencia de Rowan, Tora no se inclinaría por elegir un reto en medio del juego.
Era para mearse de risa esto de que Manson y yo estuviéramos viendo el ligue de Rowan como quien se sienta a mirar una película cualquiera que echan por la tele. Lo había visto suceder incontables veces, incluso en otros espacios que no requerían de oscuridad y alcohol, pero nunca perdía el toque. Había que reconocerle el talento al idiota, pero en silencio, porque si no se le subía a la cabeza. —Supongo que habrá que retarlo, no sé, ¿a hacer un voto de silencio? Si involucra hablar estamos jodidos, parece una cotorra —comenté balanceando la botella de cerveza entre las piernas—. Ahí viene. No era mentira, en determinado punto Rowan se levantó, pareció agradecerle a las muchachas por la conversación y se despidió de ellas con un movimiento de mano. Ni siquiera intentó liarse con nadie, solo les regresó el espacio en el sillón y volvió con nosotros luego de señalarnos, seguro diciendo alguna tontería de que debía volver con sus amigos. Llegó como si nada, se quedó dándole la espalda a la zona de los sillones y le pidió al tipo de la barra que le pusiera un vaso de agua. Mientras tanto volvió a sacar el teléfono, hizo un rato el tonto como para disimular y unos segundos más tarde abrió los contactos en dirección a Manson, tenía dos números y ambos había enviado un texto de prueba que le habían contestado para saber que no eran números inventados. —Con eso, cumplo mi reto y admito que pasé un buen rato —dijo sin disimular la satisfacción en su voz. —¿Por qué coño nuestro remedo de DJ puso a las Spice Girls? —Me quejé sin llevarle el apunte a su logro. —Es un cover de puta madre, no me lo vas a negar —contestó él tragándose la risa.
La sugerecia de Tora al próximo reto de Ro me hizo brotar una carcajada, en lo que cerraba los ojos unos segundos para ya luego suspirar con suavidad. Sonaba cómico, y aquí entre los dos el que mas lo conocía era él, por lo que tomaría la recomendación para tenerla en cuenta. Ante su aviso volví a ubicar la mata de cabello rojizo entre las luces, se estaba acercando luego de señalarnos, como quien viene acompañado. Repasé sus orbes que estaban situados en el móvil, disimulando por lo que aproveché un poco para mirarlo de manera distraída solo porque si hasta recibir el brillo bajo de su teléfono. No uno, eran dos. —No esperaba menos de tí, si te soy franca —comenté risueña, escuchando luego la queja de Tora y la arespuesta de Ro—. Bueno Tora, ahora sigues tú, ¿verdad o reto? Me pensé un momento lo que ya había pensado antes, lo de la baja probabilidad de que escogiera reto, y en caso tal la alta probabilidad de que bebiera para no cumplirlo, entre tanto meneé ligeramente el vaso de cristal en mi mano derecha, jugando con el tacto de mis uñas.
Me había tirado, fácil, cinco minutos hablando hasta las putas orejas. Les había hecho conversación sobre el bar, les pregunté quién las había invitado o dicho del sitio, por qué lo habían elegido sobre otros y cuando ya llevaban un rato dándome explicaciones me marqué el truco más viejo de la historia; decirles que yo era el encargado. La estupidez sirvió para bajarles la guardia, una preguntó que cómo iba a ser yo el encargado si parecía un crío todavía y yo me reí, sin ofenderme. Me inventé que era un negocio familiar. Era mentira y verdad a partes iguales. Entre una cosa y la otra, al final dos de las muchachas accedieron a compartirme sus contactos. Era evidente que ninguna tenía ganas de competir con la otra o no le importaba, así que al menos todos estábamos en la misma página. Lo cierto era que toda la escena había sido para partirse el culo de risa y aunque los miraba de manera discreta, me di cuenta que Kathe y Tora se estaban comiendo la película. Como fuese, tenía una invitada hoy así que tampoco me pasaría de imbécil, les conversé un poco más y luego señalé a Tora y Manson, diciendo que debía regresar con mis amigos. Si las pobres se llevaron un fiasco, bueno, eso era muy su problema. Yo no había firmado ningún papel que me atara a ese sillón el resto de la noche. Con el reto reconocido volví a sentarme en el banco, le di un trago al vaso de agua que me alcanzaron y relajé la espalda en la barra otra vez. La pelota no tardó en pasar a Tora y cuando habló, bueno, pensé que quizás se había tomado mi directriz de no aburrirse demasiado personal. —Verdad —contestó y soltó una risa por la nariz, arrogante—. A ver si se te ocurre una pregunta mejor que la primera, Manson.
Bebí un sorbo del trago porque a decir verdad, si se ponía el cóctel a temperatura ambiente perdería su sabor, además dudaba que estos dos pusieran algo o preguntaran algo que me hiciera tomar. Escuché entonces la respuesta de tora y repasé la comisura de mis labios con el pulgar al sentir que había derramado una gota, y le miré entre divertida y expectante. Había elegido verdad como centro, nuevamente, pero ya con la primera pregunta que le había lanzado para romper el hielo tenía la sensación que no había hecho más que observar el muro que anteponía, por lo que descarté volver a cuestionar sobre situaciones que provocaran alguna emoción como tal. Me acomodé en mi posición, —Descríbeme lo que sería un buen beso para ti, Tora. Ladeé un poco el rostro y mi cabello continuó resbalándose sobre la tela, provocando algo de cosquillas al tener algunas hebras tocando parte de mi piel desnuda entre las botas y el vestido. Con la izquierda me lo acomodé, echándolo de nuevo tras la espalda y bueno, no le quité la mirada al chico así no me fuese a mirar directamente, porque no creía que me diese una respuesta del común. Me causaba algo de gracia, el hecho de que si hubiese podido, hubiese complementado con otra pregunta por ahí derecho.
Contenido oculto Me quedé esperando, lo que soltó Tora fue entre un reto y una provocación, ni idea. Se veía que en mi pequeña ausencia al otro se le había volado la pinza y tuve que tragarme las ganas de reír, pues porque era siempre igual. La vida de Tora se basaba en esperar algo, una suerte de gatillazo, que solo empujara a cambiar el giro de la rueca. Podía peca de imprudente o de idiota, no estaba muy seguro. Lo que pidió Katherin finalmente me hizo quedarme con el vaso de agua suspendido unos segundos, Sakai miró a la chica de costado y se desinfló los pulmones con hartazgo, pero me di cuenta de que fue impostado. No le contestó de inmediato, se puso a pensar o algo así, le dio otro trago a la cerveza y yo descansé la mano en que sujetaba el vaso en el regazo. Medio me incliné hacia Manson, lo suficiente para poder hablar en confidencia —Puede que funcione mejor. Es corporal —dije tan bajo como me lo permitió la música, que había vuelto a cambiar y arrojó un tinte bastante más oscuro en el ambiente—, más te vale aprovecharlo. Bueno, ¿y eso? A veces me gustaba hacer el trabajo de Dios. Regresé a mi espacio sin más, arrojé la cabeza hacia atrás y parpadeé con cierta pesadez. Hubo un cambio en el juego de luces también, lo percibí y me permití una risa baja. En algún momento Tora se dignó a hablar después de un silencio relativamente prolongado. —La construcción de la cosa es importante, supongo. Es como tensar una liga, la fuerza real del impacto depende de si la sueltas a medio camino o la dejas reventarse —contestó e incluso sin estarlo mirando noté que su tono de voz había cambiado. Hablaba de tensar ligas y bajaba el tono, el hijo de puta—. Lo que revienta tiende a ser más interesante. Es como, a ver, ¿un gatillazo? Provocación, presión y liberación. —A trigger, yes —acoté aunque nadie me lo preguntó. —No estoy hablando de meterle la lengua a nadie en la garganta, si sirve de algo la aclaración —corrigió él pasando de mi comentario. Enderecé la cabeza, noté que estaba mirando a Katherin de reojo todavía y la sonrisa se le estiró en los labios—. Los buenos besos no requieren de ese caos, no siempre al menos. Una profundidad construida más que una literal funciona mejor a veces, solo por el, eh, Rorin, ¿la palabra en inglés? —Foreplay? Build-up? —La segunda más que la primera. Contenido oculto man that took a weird turn-
Tora se desinfló los pulmones y yo continué atenta, porque ya se había visto que muchas cosas no servían para desanimarme, porque no solía tomarme nada a personal, aprovechaba si era adecuado y sino lo dejaba surgir, que fluyera como cualquier río en su estado natural. Rowan se inclinó hacia mí, entre tanto moví ligeramente el trago que tenía más abajo de la mitad, y parpadee con tranquilidad pese a sus palabras. Estos chicos estaban dandome tips, en tiempos dispares. Seguí sus palabras y miré en algún momento las sombras que se acrecentaban por el cambio tenue en las luces, cambiando también el ritmo en el lugar. Las palabras de Ikari se deslizaron de una manera que me sonreí sin intención partícular. ¿Había dicho que aprovechara? ¿Qué exactamente debía aprovechar? El silencio regresó cuando se apartó y Tora decidió responder. Señaló el hecho de tensar, esa sensación de estirar una posibilidad hasta que simplemente se reventara y no hubiese marcha atrás, de esas situaciones que te consumían con ganas. Repasé sus orbes fríos de por sí en lo que notaba como su tono de voz descendía. El otro hizo una acotación, no le llevé mucho el sentido al estar atenta a seguir el hilo de la respuesta de Sakai, una sonrisa audaz acompañó sus palabras y sentí la garganta seca. Hablaba de rodeo hasta acorralar lo inevitable. Pasé saliva en lo que le preguntara a Ro una palabra en especifico. Había optado por la segunda, y personalmente, yo optaba por la primera. En todo caso me enderecé en el asiento, buscando punto de apoyo mental al sentir que había delirado un poco con la descripción que había dado, porque en definitiva, lo que había señalado si daba paso a un buen beso. Paseé las pupilas por las personas que comenzaban a acercarse a la pista, tonteando y toda la cosa para distraer las hormonas. —Concuerdo —murmuré, con lo risueña acaparé cualquier sensación que me hizo sentir inquieta—. Es mi turno —apoyé la palma izquierda en la rodilla de Ro, como apoyo fisíco—, esta vez también me inclino por verdad.
Lo había entendido hace muchos años, muchísimos, puede que en medio de mi resistencia a la terapia de cualquier clase y por la intervención de Rowan en la gran pantalla. Si me detenía puramente en el terreno emocional no era capaz de reconocer la gran cosa, había ira, había algo que se le parecía al miedo y había muchísima confusión. Todo lo demás, las emociones medianamente positivas de la vida, las había conocido ya tarde en mi desarrollo. Los Sakai cuidaban de mí y yo se los agradecía, pero en la calle algo me llamaba. Era la ilusión de un sol contra el que chocar. La idea lejana de que había un culpable, alguien quien debía pagar los años que llevaba metido en una sala con un diván y alguien pretendía rascarme partes del cerebro que a mí, en lo personal, no me habían picado nunca. En una institución mental, sin un apellido y con un nombre que yo no era capaz de recordar ya, estaba guardado mi hermano mayor, hermano de sangre. Su propio cableado había terminado de descomponerse por las drogas y no servía ni para la calle ni para la cárcel. La negligencia cambiaba el cerebro de los niños, era eso lo que le decían a los Sakai. Sí, bueno. Habérselo dicho al imbécil que tenía que cuidarme. Cuando Manson retomó el juego elegí verdad, como era de esperarse, y lanzó otro anzuelo esperando que picara. La pregunta rozaba lo estúpido, pero se me ocurrió que se suponía que uno fuese imbécil a estas edades y esas mierdas, así que se le dejaba pasar y además había sido una aproximación más decente si lo que buscaba era respuestas. Si pasaba por el cuerpo lo reconocía. Alcanzaba a presionar mi propio gatillo. Me hice el imbécil un rato, nada raro, me pareció que Rowan cuchicheaba algo pero no me interesó saber qué era. Contesté bastante más tarde, cambio de música y de luces de por medio, seguía sin mirarla directamente y solté el discursito de turno por el mismo motivo que seguía hablando desde que Rowan se fue a cumplir su reto. No pretendía una mierda, vamos, solo no aburrirme. No era imbécil, la chica había prestado atención a mis palabras y cuando terminé la cátedra se enderezó en el asiento, supuse que la acción respondió a otra cosa. Miró a la gente que empezaba ya acercarse al remedo de pista, soltó que concordaba, dijo que era su turno y apoyó la mano en la rodilla de Rowan. El otro no reaccionó, pero yo seguí pescando información. —¿Verdad? —Buscó confirmar Rowan y me pareció que se reía. Podría haberse aprovechado de la suerte de... terreno que yo había preparado solo por la gracia, pero no dijo nada más. Se acabó el vaso de agua, lo regresó a la barra y no pidió nada más ni rompió el contacto de la mano de Katherin. Mira que esperar que Ro de todos los imbéciles hiciera algo diferente, de verdad. A falta de iniciativa, claramente intencionada, del otro yo giré despacio el cuerpo para enfrentar a la chica. Estiré la pierna para apoyarla en la barra para reposar los pies de su banco, pues porque podía. La repasé con la vista sin ningún motivo particular, la verdad, la cascada de cabello oscuro, el vestido corto y las botas al muslo. —Reaccionaste cuando terminé de hablar, espalda, ojos y mano. —Ni siquiera me molesté en pensar si podría hacerla pasar vergüenza, no me importó tampoco. Señalé cada movimiento corporal que detecté y volví a sonreírme, pues porque era un cabrón y ya estaba—. Cuéntame por qué.
Contaba con la confianza bastante alta, digamos que por ello dejaba pasar muchas cosas, la seguridad que solía tener en mí era un poco soberbia, al menos eso decía Hal, que en ocasiones por lo mismo me faltaba malicia para adelantarme a ciertas cuestiones, situaciones o personas, aunque lograba zafarme a puro pulso de carísma. Dejé mi mano izquierda sobre la pierna de tora porque bueno, me traía como el ancla de un barco en la arena para ser honesta. La voz de Rowan me llegó de costado en compañía de algo que equiparé a una risa. Relajé los hombros en señal de respuesta, en este caso me apetecía turnar las opciones del juego, por lo que terminé inclinándome a lo que no había elegido antes. Ikari regresó el vaso de agua en lo que aguardaba con una tranquilidad impostada a la pregunta que me fuesen a hacer, al menos en lo que sentía que me regulaba. Estaba por buscar con la mirada al tipo que cambiaba la música, por curiosidad nada más, sin embargo noté por el rabillo del ojo el que Tora se había girado; recibi sus orbes ámbar en lo que su pierna se posicionaba en mi taburete. Estaba confrontándome de alguna manera por primera vez en la noche, y algo similar a la satisfacción se deslizó por mi piel. Sus orbes me escanearon y sin trastabillar le sostuve la mirada, al menos hasta que hizo verbal la observación. Había notado pequeños detalles que pensé y habían pasado desapercibidos. Algo similar al calor se paseó por mis mejillas al éste reflejar una sonrisa sagaz, apretando ligeramente la pierna de Ro ante la pregunta directa de Tora. Sentí que exhalé por la boca en automático y mis neuronas se debatieron por terminar de beber el cóctel para no responder la pregunta, o responderla directamente, casi que creí y el tiempo siguió corriendo en lo que no era capaz de decir palabra. Era absurdo el cómo en una sola ronda había logrado que reaccionara de tal forma sin querer. Relamí mis labios al sentirlos secos. Podía decirlo, el que sencillamente había imaginado que él tensara los cables necesarios, el que deliré con ser partícipe de la narración que había proporcionado, pero me había acorralado de un chasquido en la vergüenza. Aparté el tacto de Ro y con ambas sujeté el vaso de cristal en lo que entornaba loss ojos, terminando su contenido para colocarlo sobre la barra, deslicé la uña de mi dedo pulgar por el borde al sentir húmedo el labio inferior en lo que reía, bajo, con las mejillas manchadas de carmín. —Parece que me hiciste pasar, Tora. Deslicé el lavanda hasta el cabello de fuego. Ambos ya debían saberlo, pero otra cosa era confesarlo. —¿Verdad o reto?
A Tora las emociones se le daban como el culo, era poco empático, desinteresado y dominante, eso era evidente. Sin embargo, casi como una compensación de su falta de desarrollo en la parte emocional del mundo, se encargaba de observar los cuerpos ajenos y el propio, leyéndolos. Recibía un input de información distinto porque era desconfiado por naturaleza, su vida en los primeros años se había basado en eso. No había forma de sobrevivir en la calle sin ojos como los de Tora. Este chico era el mismo que me había sugerido ponerle un sabueso, un espía, a Shimizu y el mismo que había encontrado casi peleándose a hostias con Bernard. Lo peor del caso era que no había una sola parte de él que lo disimulara, el tigre tatuado en el cuello, el pendiente de cascabel en la oreja y los mechones de cabello teñido, erráticos. Todo en él gritaba caos y malas noticias. Katherin no tenía una puñetera pizca de autopreservación. Apenas Sakai terminó de hablar la chica se puso inquieta, lo que acabó de confirmarlo fue su mano en mi rodilla y no reaccioné, esperando que eso evitara que rompiera el contacto, porque allí había un foco de información bastante importante. Supe de inmediato que Tora no le perdonaría el desliz corporal, para nada, ya había presionado el gatillo y no había manera de regresar la bala al cañón. El hijo de puta giró en su banco, apoyó la pierna en el de ella y la enfrentó directamente, consciente como nadie de lo que había provocado. Giré apenas el rostro para comerme el show, no pude ver el sonrojo de ella, aunque habría sido difícil de todas maneras, pero vi la sonrisa del otro imbécil y supe que se estaba deleitando como el cabrón que era. Adoraba tensar y reventar, tensar y reventar. Como todo felino. Jugaba con las presas hasta que dejaban de moverse y se aburría. A la pobre criatura le colapsó la vida, la sentí presionar mi pierna y tuve que tragarme la risa. Había exhalado también, ¿no? ¿Por la boca? Pobrecilla, iba a ahogarla sin haberle puesto un dedo encima. Era lo que se llevaba por picarlo a él, así que yo no iría a rescatarla sobre todo porque no parecía muy interesada en ello. Encima se zampó lo que le quedaba del trago, negándose a contestarle lo obvio, y volvió la atención a mí. —Dicen que el silencio otorga —apañó él despegando la pierna del banco ajeno, se tomó lo que le quedaba de la cerveza y lo siguiente que dijo yo no lo escuché, fue un murmuro quedo que disimuló en el silencio breve entre una canción y otra, una mera puntualización para el objetivo—. Pobrecita, si ya te faltaba el aire. —Antes elegí reto, así que vamos con verdad. Así sufrimos los tres —contesté yo completamente ajeno a las estupideces de Sakai.
No había logrado disimularlo por completo, las sensaciones corporales que se abrieron paso en la fantasía del discurso de dominación de Tora, y era una idiotez el haber permitido que me acorralara de esa forma, pero fue inevitable. La mente imaginó lo que se le dió la gana y solo me quedó sentir el ácido en mis papilas al terminar la bebida alcoholica de un tirón, como sujetando un flotador en el agua al no saber nadar. Aún tenía aguante para un par de shots por si el par de aquí me inclinaba a pasar de nuevo, que esperaba y no fuese el caso. Aunque recapitulé la atención hacia Ro, la voz del otro se me deslizó con una facilidad ridícula. Pestañeé con algo de pesadez ante su apunte de que me faltaba el aire. No me dio el arranque para mirarlo de nuevo, no cuando Ikari me daba algún tipo de sorporte, por lo que lo dejé pasar aunque almacené la información en automático, del que había logrado más de lo que me pensé en un principio. Miré de perfíl a Rowan. Eligió verdad como era de esperar. Cambié la pierna que tenía cruzada por la otra, echando de nuevo la espalda contra la madera y también eché un vistazo al chico de la barra, le pedí que por favor me diese una botella de agua y entre tanto mis neuronas conectaban al haberse quemado un par minutos antes. No tenía ganas de dejar morir el tema aunque quizá si suavizarlo, por lo que me permití cuestionar lo que basicamente se me antojó: —¿Cuál es tu fetiche más extraño, Ro? Imaginaba que Ro era fisíco, igual que Tora, pero a diferencia de Tora tenía un poco más de tacto.
Para haberse negado a contestarle a Tora, su pregunta fue contradictoria que te cagas. Había colapsado por la descripción del otro imbécil, pero entre todas las cosas posibles había elegido quedarse en el terreno de lo corporal, de lo sexual directamente y volví a preguntarme hasta qué punto ciertas actitudes de esta chica no eran un acto de autodestrucción inconsciente. Como el que bebe hasta el black out, el que se priva de sueño o se da un atracón. —Para no querer contestar ciertas cosas estás muy fijada con el tema, ¿no te parece? —dijo Tora al aire luego de haber girado el cuerpo hacia la barra, para pedirle más alcohol a su relevo—. Voy a comenzar a tomármelo personal. Estupideces a parte la pregunta me puso a pensar, no consideraba nada especialmente raro si debía ser honesto, ¿edging, quizás? Respondía al mismo principio de build-up que había explicado Tora antes, aunque sin permitir que la liga se reventara. Era, quizás, también una manera de control si uno se ponía a darle muchas vueltas a la cosa. Y hablando de control, la verdad tampoco se me apetecía contestar. ¿Quizás por no darle el gusto? Quién sabe. Giré el banco, le pedí al tipo un shot y me lo zampé sin demasiado problema. Al regresar el vasito a la barra, apoyé el codo en la madera, descansé el rostro en mis nudillos y miré al par de reojo. Tora ya se estaba bajando la siguiente cerveza y la chiquilla, bueno, habría que ver. —Volvemos al elemento de la discordia —anuncié con la diversión impresa en el tono. —En mi mente este juego se llama verdad o verdad. Si alguien me vuelve a preguntar qué elijo juro que no me hago responsable de los daños emocionales o físicos de nadie —apañó Tora mirando a la gente con aire distraído.
Recibí la botella de agua en lo que Tora lanzaba el comentario al aire, y no puede evitar reír en lo que me dedicaba a quitarle la tapa a la bebida. Sí, me había formateado con la respuesta de él y el que me preguntara directamente por qué había hecho ciertos movimientos corporales cuando terminó de hablar, pero una cosa era estar de espectadora y otra de protagonista, la segunda me había hecho trastabillar de manera vergonzosa, por lo que no podía permitir que me acorralara así de nuevo, tan simple como eso. Esperé paciente la pregunta en lo que tomaba dos tragos de la botella de agua, sintiendo el frío en mi garganta. En definitiva, ya estaba nuevamente en mi centro. Rowan entre tanto se giró hacia la barra y giré ligeramente la cabeza hacia él; había bebido por lo que al menos no era la única hasta el momento que pasaba la pregunta, aunque para ser honesta me esperaba una respuesta. Apoyó el codo en la madera y nos miró a ambos, regresé la vista a la pista entre tanto. —¿Verdad verdad? —me reí, de nuevo—. Bueno, creo que si te lo terminarás tomando personal entonces —anuncié por la gracia más que nada, aunque en realidad ya se había visto, las cuestiones que sí parecía responder con sinceridad. Me giré por fin en el banco, quedando frente a la madera, recosté los antebrazos ahí y dejé la vista en la hilera de licores que tenían en una repisa, pensando. Cuando definí el qué preguntar lo repasé visualmente; la camisa gris con el pantalón beige, y las zapatillas blancas era un oufit que me había gustado desde la entrada, le quedaba bien. Ya el tatuaje, el piercing y los mechones teñidos le daban el toque que solía provocar curiosidad, aunque no había sido mi caso, el fijarme en esas tres últimas. —En caso de haberte provocado algo esta noche, ¿me podrías decir qué? —eché ligeramente mi peso en el hombro de Ro al decirlo con el tinte risueño, en verdad que ya me tomaba las confianzas con Ikari como si fuese mi amigo de toda la vida aunque la pregunta logicamente era para Tora, por lo que continué con los ojos fijos en el dorado ajeno, afirmando—: a ti, quiero decir. Estaba el baile, la plática que habíamos mantenido luego de que Ro se marchara, y el resto.
Ciertas formas de provocación respondían a la autodestrucción, como ciertas formas de destrucción respondían a un deseo de muerte propia sin pasar por el cuerpo y viendo cómo la idiota se negaba a dejar el tema quieto en vez de haberme contestado, bueno, me cuestioné cuántas neuronas tendría conectadas en el cerebro. Primero dejando tragos por ahí, luego perdiendo la compostura por una descripción y después negándose a dejar el tema quieto. Parecía escarabajo patas arriba volando contra el piso, de verdad. La pregunta que le lanzó a Rowan me hizo suponer que él no le respondería, porque en sí mismo también era un poco contradictorio. Podía liarse por ahí, follarse a Akaisa en los baños o la mierda que fuese, pero tampoco le gustaba contar sus cosas a los cuatro vientos. No sabría si definirlo como discreto o como mojigato, aunque en mis estándares del mundo esas cosas eran prácticamente idénticas. En fin, que Ikari efectivamente no contestó, se bajó un trago y eso regresó la mirilla a mí, definido como el elemento de la discordia. La otra soltó que terminaría tomándomelo personal y no creí que comprendiera el peso real de sus estupideces, como había demostrado al darme el vaso. Una de dos o era genuinamente tonta o le faltaba demasiada calle, no estaba seguro. Total que también giró el banco como Rowan, se tomó el tiempo de pensar y yo seguí bebiendo. En algún momento me repasó con la vista, lo noté, pero no me interesó darle importancia. Cuando por fin se decidió solté el aire por la nariz, giré la cabeza y la dejé caer ligeramente en dirección a la barra; los mechones erráticos siguieron el movimiento y también el pendiente, haciendo sonar el cascabel. La Señorita No-te-contesto-lo-obvio le había echado algo del peso a Ro en el hombro, que me miró entre divertido y satisfecho sin disimularlo. La aclaración de la chica no venía mucho a cuento, era mi turno después de todo. —Llevo un buen rato cuestionándome si eres tonta —escupí sin ninguna clase de preludio. —Byakko. —Ro me llamó por el apodo, fue bastante firme al hacerlo, y anticipé un regaño pero se quedó esperando. —Pidió verdad, ¿no? Pues la verdad tiene —contesté sin quitarle los ojos de encima a Manson—. Hay momentos resaltables en medio de esa duda existencial de todas maneras. Pareces tener la soberbia de todo artista, ¿no? Buscaste hasta conseguir algo te sirviera y cuando fue así retrocediste, por... Justamente el sentimiento que taché de inútil más temprano, lo que confirma mi punto. Así que brinqué del desinterés al interés y de vuelta al principio.