Felicia Tal parece que aun no estaba en mis cabales al explorar casi nada, es decir apenas la vi de reojo. Bueno... lo ideal es acabar de explorar y en pocos momentos salir de este lugar, sea donde sea. —mmmm....Creo que aquella chica no parece aguantar el sucio de la roca..— dije entre una poco perceptible risa. —No es tan malo...— dije mientras pasaba al lado de la chica— Solo espera a que ningún bicho aparezca debajo— concluyo mientras sonrió amablemente. Me gustaba la idea de conocer a esta y las otras chicas y a los dos chicos pero todo a su tiempo. Me acerco a la roca musgosa y me agacho para tocarla y moverla con las manos, eso mismo, jamás dude en revisar el mismo barro en las rocas si un tesoro aguardaba en el. —esta hueca— opte por levantar la roca y agitarla cerca de mi oído,dudo que alguien quiera tomar mi mano luego de tocar ese musgo. —Que tal si...— Deje entonces que la piedra cayera con fuerza, es en verdad muy raro ver este tipo de roca.
Thomas Diminutas gotas de sudor comenzaron a recorrer el rostro del pequeño niño tras ser partícipe de la respuesta de aquella... curiosa chica. Observó, sin mover un solo ápice de su cuerpo, por temor más que nada, las diferentes acciones que la niña iba llevando a cabo, encogiendo los hombros cada vez que alzaba la voz de esa forma tan estridente. Paseó su mirada hacia el resto de humanos que se encontraban viendo la escena, y notó en sus expresiones cómo a nadie parecía agradarle del todo su actitud. Sintió deseos de reírse para sí mismo ante aquella escena que le resultaba de cierta forma entretenida, pero cuando sus labios comenzaron a mostrar un ligero atisbo de sonrisa, sintió cómo la misma chica de antes le miraba de reojo por unos segundos, con cara de pocos amigos. Arqueó su cuerpo, como si de un militar se estuviese tratando, y desvió la mirada hacia otro lado, intimidado. Nota mental: no hacerla enfadar en ningún momento. No quería saber lo que podría salir de eso, y tampoco parecía tener ganas de averiguarlo. Sus músculos comenzaron a relajarse poco a poco solo cuando la niña les hubo dado la espalda, demasiado atenta en tratar de mover una roca que parecía sobresalir entre el resto de las demás ahora con ayuda de otra de las chicas. Revolvió su cabellera, sin entender del todo qué querrían hallar detrás de una roca como esa, y entonces fue consciente de que aquel lugar no contaba con ninguna salida evidente. Abrió sus ojos, sorprendido, comenzando a captar poco a poco la incomodidad y el desconcierto que se palpaba en el ambiente, y fue cuando comenzó a caminar alrededor de aquella pequeña sima con algo de confusión. —Entonces... ¿todos nosotros hemos caído de ahí arriba por alguna razón? —fue capaz de decir casi en un murmullo, sin despegar la mirada del minúsculo trozo de superficie que podía verse desde su posición. Ladeó la cabeza, mas no fue capaz de ver nada más—. ¿Y nadie se acuerda de nada? ¿Cómo... cómo es posible? Aún metido en sus pensamientos, como era usual en él, comenzó a caminar hacia donde ambas chicas trataban de mover aquella extraña roca, y se agachó junto a la peliazul, la única de las dos que trataba de forcejear con ella. La observó en silencio, y trató de ofrecer algo de su ayuda de alguna forma. No se consideraba alguien fuerte ni bueno en los deportes, pero no perdía nada por intentar ayudar. Se preguntaba si acaso esa roca ocultaba la verdadera salida hacia otro lugar. Sabía que, a la larga, estar encerrados allí dentro se volvería algo verdaderamente claustrofóbico. El simple pensamiento le hacía estremecer de temor.
Contenido oculto Yo solo quería las flores, nunca me dejaron tener flores :'v Karrine. Primero aparezco en un lugar que desconozco, lejos de mi familia o alguien que conociera. Despertando en medio de una multitud de niños que tampoco conozco. Intentando ignorar a la niña que ya había hecho una muy mala impresión en mi. Luego intente socializar un poco con un niño mientras quería recoger unas flores medicinales que me podrían servir adelante para hacer té o algo así, de repente me salió una flor mutante impidiéndome hacer algo tan simple. Todavía quería agarrar flores, pero ahora tenía el miedo de que otra flor mutante le saliera... mejor no. Después de que obtuviese el buen susto de mi vida por la "flor mutante" como ya le había nombrado. Desde el mismo hoyo donde había caído yo, cayó otro niño que me asusto igual o más que la flor. ¿Acaso hoy era el día de darme un infarto? Eso creo, ¡todas esas cosas sucedieron justo en mi cara! No duré mucho con el shock, pues de inmediato el niño que cayó se despertó. Mis pensamientos volvieron a cambiar, el niño parecía intimidado por todos nosotros, aunque un poco más por la niña que había intentado ignorar. Sabiendo eso. Me levanté del suelo y me acerque a él lo más amistosamente posible, un poco preocupada si estaba bien. —¿Estás bien? —Le dije en un tono un poco preocupada. Trato de ver si tenía alguna herida física visible. —Caer de esa altura duele mucho, ¿sabes? —Dije eso mientras le trataba de sonreír levemente, en un intento de darle confianza.
El tiempo pasó en la Sima del Comienzo, y salvo las múltiples caídas de niños, una tras otra, al lugar, y aquel incidente con la flor parlanchina que fue aplastada cruelmente por Thomas, nada más había sucedido en aquel tiempo. Eso sí, habían descubierto que una de las rocas firmemente incrustadas en una de las paredes, cubierta de musgo, parecía estar hueca... Varios de los humanos se plantearon la posibilidad de que aquello ocultase alguna salida. No estaban equivocados. —¿Hola? ¿Quién va? Tché. ¿Quién osa ocupar mi lugar de entrenamiento? La voz sonaba desde el otro lado de la roca. Sonaba susurrante, y el hablante arrastraba las "s" de manera que sus palabras casi parecían un silbido. Comenzó a golpear la roca, y el sonido de los golpes inundó todo el lugar. —¡Os he oído hablar! ¡Tché! Os doy una última oportunidad, invasores —advirtió, aún tras la roca—. Si no os identificáis, mis hachas no tendrán reparos en rebanaros las cabezas, tché. ¡¿Quién va?! ... no es como si tuviesen mucha escapatoria, en cualquier caso. Quizá lo mejor era responder. Quizá.
Thomas "¿Estás bien?" Thomas alzó la cabeza, dejando de hacer fuerza por un momento, tratando de buscar el origen de aquella voz por mera curiosidad. Había sonado muy cercana, por lo que al girar su cuerpo hacia un lado halló a otra de las niñas allí, supuso que intentando poner su granito de arena con aquella acción. Con lo despistado que era el pobre, y lo concentrado que se hallaba tratando de descifrar el misterio de aquel extraño lugar (a la par que el punzante dolor de su caída aún hacía mella en su espalda), tardó en entender que la niña se estaba refiriendo a él. —E-eh... ¿me lo dices a mí? —balbuceó, girando su cabeza hacia cada una de las presentes por si acaso se encontraba en un error mientras se señalaba con el pulgar. Sus mejillas se tiñeron de un matiz rojizo al recibir un asentimiento de su parte. Qué tonto que era, ¡claro que se lo decía a él! "Caer de esa altura duele mucho, ¿sabes?" —A-a-ah... —había vuelto a quedarse en blanco. La mirada de la amable niña le estaba poniendo nervioso, a pesar de que sus intenciones eran buenas, y agachó la cabeza en un intento de no sentirse más expuesto de lo que ya estaba—. S-sí, estoy bien. Me duele algo la espalda pero... nada que no pueda curarse. Entonces esbozó una tímida y pequeña sonrisa, alzando ligeramente la mirada. —¿Tú cómo est...? ¿Hola? ¿Quién va? Tché. ¿Quién osa ocupar mi lugar de entrenamiento? El muchacho, que se encontraba de cuclillas en aquel mismo instante, cayó sin poder remediarlo tras oír la voz prpcedente de detrás de la roca. Alarmado, miró a las chicas, tratando de comprobar si no había sido cosa suya. ¿¡De verdad la roca había hablado!? "¡Os he oído hablar! ¡Tché! Os doy una última oportunidad, invasores. Si no os identificáis, mis hachas no tendrán reparos en rebanaros las cabezas, tché. ¡¿Quién va?!" ¿Invasores? ¿Hacha? ¿¡Rebanar cabezas!? El rostro del niño palideció de súbito, sintiendo el miedo de una muerte larga y dolorosa si no se identificaban rápido a la roca, por muy extraño que pareciese. Por lo que, sin tardar demasiado, Thomas se irguió de nuevo levantándose del suelo y se acercó a la roca, no sin cierto recelo. Mantuvo una distancia prudencial. —S-soy... Yo soy Thomas, s-señor... Y el resto de aquí son niños, como yo. N-no venimos a causar problemas, s-solo... caímos aquí, aún no sabemos cómo. >>¡P-pero no nos corte la cabeza, por favor!
Camila Pasaron muchas cosas de repente a lo que no tuve el suficiente tiempo a reaccionar; La llegada de un..¿Séptimo? de nosotros, parecía algo -bastante- tímido, no tenía con que más describirlo. También hablo de repente una voz similar a una serpiente, ¿Por qué? Las serpientes parlantes siempre usan la “s" para hablar, ¿Verdad? Bueno, eso creo, todas las historias con serpientes son así. “Si no os identificáis, mis hachas no tendrán reparos en rebanaros las cabezas, tché." ¿¡Hachas?! ¿Cómo es posible? Mi expresión cambio a una preocupada, manteniendo el silencio como había hecho hasta el momento. ¿En serio era capaz de decapitarnos, como la edad antigua? “N-No venimos a causar problemas, s-solo...caímos aquí, aún no sabemos cómo" Esa voz era del recién llegado sin dudarlo, él tomó la valentía de dirigir la primera palabra ante el hablante. Lamentablemente, no podía hacer más que mirar, callada y preocupada. Tenía miedo por lo que venga a continuación.
Celia ¡Al fin! Menos mal, la caída del séptimo humano pareció despertar a algunos de los allí presentes. Ya parecía que me estaban ignorando... Una chica fue la primer en reaccionar acercándose a la piedra. Dijo que el musgo que el musgo no era peligroso o que no había que tenerle miedo o qué sé yo. ¡Eso me daba igual! Lo único que quería era no mancharme, y punto. El séptimo chico, Thomas, también se acercó a la piedra. Parecía algo asustado, como para no. Acababa de caerse de tal altura encima de una planta parlante, eso no se ve todos los días. Entre los dos intentaron mover la roca que estaba hueca. Pero, al parecer, eso no le gustó nada a aquella voz. —¡Ay va! ¿¡Quién narices ha dicho eso!? —pregunté sorprendida. Alguien nos llamaba, nos pidió que nos identificáramos y explicáramos por qué habíamos invadido su lugar de entrenamiento—. Yo me llamo Celia. Y relájate, tío, que no hemos venido a por bronca. Solo queremos salir de aquí, que no sé ni cómo demonios hemos llegado, pero no parece haber ningún hueco por el que escapar. Un hacha... Había dicho que tenía un hacha... ¡Oye, eso no me vendría nada mal! Quizá pudiera engatusarle para hacerme con ella... —¿Nos puedes decir quién eres tú?
Felicia Mientras proseguia con la indagación de la misteriosa roca el ultimo chico se acerco para ayudar. Hasta aqui todo bien hasta que aquella voz se dirigio a nosotros. --c-cortar la cabeza...-- balbuce al escuchar tan terrible amenaza. --solo queremos encontrar una salida, no queremos causar problemas-- tome yo tambien la palabra, considere el riesgo de que alguien quisiera confrontarlo y al ver la respuesta de la chica, la cual se llama Celia segun escuche. Ahora debo estar pendiente de que cuidar que algo malo ocurra. Odiaria ver a los otros pasar por un destino fatal...atenta Felicia procura que todo salga bien.
—¿Niños? —habló la voz, que pareció calmarse de pronto—. ¿Caído...? No es posible, tché. De pronto, la roca giró y giró hasta apartarse del camino. Al parecer, era la puerta para salir de allí, aunque ellos no sabían bien cómo abrirla. No obstante, cuando aquel individuo la abrió por ellos, mostró su verdadera apariencia... Era un lagarto. Una especie de lagarto bípedo de color verde azulado, de grandes manos y pies, con uñas afiladas. Su rostro era alargado, y tenía algunas extrañas protuberancias en la cabeza con aspecto de cuernos. Curiosamente, pese a la extrema delgadez de todo su cuerpo, llevaba una pechera y unos pantalones de acero, a modo de armadura, mucho más grandes que su cuerpo, varias tayas mayores cada uno de ellos, de manera que hacían un metálico sonido al moverse. Sus ojos, grandes e incisivos, escrutaron con asombro a los siete humanos. —Humanos, tché —susurró. Pareció sopesar con seriedad la situación. Por un momento, sus ojos mostraron odio. Pero, en seguida, una extraña sonrisa se dibujó en su gran boca. Claro que llevaba dos enormes hachas de dos filos, una en cada mano. Tampoco es como si fuese buena idea desafiarle, en esas condiciones. —Vaya, vaya, vaya —dijo con su voz silbante de siempre—. Humanos. Hacía tiempo que no oía hablar de ninguno de vuestra especie. ¿Decís que habéis caído, eh? Envainó las hachas, cruzándolas a su espalda, y los analizó uno a uno. Era dos veces más alto que cualquiera de ellos. —Está bien. Aquí no pintáis nada. Seguidme, os llevaré a la Ciudad Rebelde. >> Mi nombre es Stizard, tché. Memorizadlo bien. Os abrirá muchas puertas, jejeje. Pero ya hablaremos en otro momento. Lo primordial... es que nos movamos, tché. Y Stizard, el lagarto acorazado, comenzó a caminar, indicando con una de sus enormes manos que le siguiesen, mientras que, con grandes zancadas, atravesaba la pared de piedra por el agujero que había resultado al apartar la roca musgosa. ¿Deberían seguirlo? Tampoco es que hubiese muchas más opciones... Contenido oculto En un momento serán abiertos los temas de vuestras fichas y la siguiente área a explorar. En cualquier caso, podéis pasar el tiempo de espera posteando vuestra salida de la Sima del Comienzo, o lo que deseéis
Camila Bueno...Era un lagarto, pero también es un reptil, ¿Correcto? Creo que sí. Este era mucho más alto que nosotros, y a pesar de no tener rasgos humanos, caminaba sobre las dos patas, como lo hacia la especie humana. También era de mirada penetrante, y me daba algo de escalofríos, siendo sincera.. "Vaya, vaya, vaya. Humanos. Hacía tiempo que no oía hablar de ninguno de vuestra especie. ¿Decís que habéis caído, eh?" Lamentablemente tenía razón, pero una parte del grupo no habíamos sido conscientes de nuestra caída, hasta más tarde. A mi parecer, era mejor no saber que acabamos cayendo casi cinco metros, o tal vez más. "Seguidme, os llevaré a la Ciudad Rebelde." ¿Ciudad...Rebelde? ¿Qué era ese nombre? Solo escucharlo no sonaba del todo agradable...pero si era el único camino, no había más que hacer. Con algo de desconfianza y con la última opción disponible, siguió a paso lento a "Stizard". Que extraño nombre, pero curioso, vaya. Contenido oculto La creatividad no esta~ La creatividad se fue~
Serena —Hum... —murmuré al ver las setas. No, no tenía ni idea de que especie eran. No me sorprendió, al fin y al cabo lo más probable era que en un lugar desconocido la flora y fauna fuese desconocida por igual. Hablando de flora y fauna... Tras guardarme las setas en el bolsillo de mi chaqueta (porque nunca se sabía), estuve un rato mirando los alrededores hasta que escuché las conversaciones que se estaba desarrollando. Primero había sido esa extraña aparición de una margarita, con la caída de otro humano (esperaba que fuese el último) y al final una especie de lagarto con complejo de guerrero medieval. Desde luego, aquello ni era algo que podía denominarse 'normal'. Hice caso a su indicación (eso de que llevase unas hachas infundaba respeto) y me grabé su nombre. Si decía que era útil, debía serlo, tampoco había nadie (¿nada?) más que conociese el lugar. Me ajusté el gorro mientras avanzaba hasta el lugar que nos abrió. Por lo menos en la nombrada ciudad habría más... habitantes que conocer y a lo mejor descubriríamos algo más de lo que estaba pasando. —Soy Serena, por cierto —me presenté ante los demás niños, sonriendo, antes de adentrarme en el agujero. Contenido oculto *mente muerta por favor disculpen*
Felicia Los nervios ante una posible acción hostil de parte de aquella criatura a penas si me daba chance de respirar. Pero pese a una rápida mirada el ser mostró un lado regularmente cordial, tenia la pinta de ser un caballero reptil...que locura, mi curiosidad de pronto despertó mi deseo de saber que aguardaba más allá. El guerrero al finalizar se presento como Stizard, era algo muy extraño, siento algo de pavor pero a la vez cierta fascinación. No se si queda algún objeto útil entre las rocas pero más adelante seguro encontrare algo mucho mejor. —Yo soy Felicia un gusto— respondí con una sonrisa a la presentación de Serena, al comenzar a seguir por el agujero recordé el musgo que ahora parece manchar mis manos...que mal de ¡seguro alguien le molestara saludarme de mano! Como pude fregué mis manos en los muros para borrar cualquier rastro de musgo y de paso sacudir más del polvo que aun se presentaba en mi ropa. Lo se puedo ser una chica descuidada pero no tanto...como sea a seguir.