Mientras caminaba se me ocurrió una idea recordando mis primeros días como entrenador; saqué a Blastoise de su pokeball y rápidamenet lo mega-evolucioné usando la poca energía que me quedaba. El se acostó en el suelo con los cañones en dirección contraria al camino y yo me monté en él. Por último le ordené usar Hidropulso y salimos disparados hacía nuestro destino.
Blastoise y yo seguimos subiendo a máxima velocidad, pues en su mega forma era aún más potente que antes. --Allá vamos. --exclamé.
Después de un rato de subir al fin llegamos al final de sendero. --Al fin llegamos --le comenté a mi pokémon, quien se detuvo de inmediato--, ahora es momento de entrar a por Ho-oh. --finalicé entrando a la enorme torre.
Apenas llegué al inicio del sendero, estaba intimidado por lo largo que és y lo rápido que avanzaron los demás, muchos pensarían que no llegaría al final del sendero. ¡Vamos, Lugia!
Skarmory llegó hasta el sendero finalmente, estaba bastante elevado en los cielos… pisé con cuidado, pero al parecer era bastante sólido y me sostuvo literalmente en el aire.
—¿Terminará este camino en algún momento? —me quejé en voz alta, y Togepi asintió como si se estuviera preguntando lo mismo.