Sala de arte

Tema en 'Primera planta' iniciado por Yugen, 9 Abril 2020.

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    Zireael

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    La manera en que el amargado de turno desapareció por la puerta apenas dejé de estorbar fue casi cómica, lo suficiente para verlo retirarse y que una sonrisa divertida me alcanzara el rostro. Por un instante dejé de ponerle atención a Dougal, sólo porque el cuadro de Hal era entre patético y anormal, pero la verdad era que los motivos por los que se comportaba así me importaban entre poco y nada.

    No era una niñera, los berrinches le correspondían a otros.

    —Bastante triste —acoté al comentario sobre Aleksander.

    Giré sobre mis talones para empezar a caminar por la sala, miré algunas de las pinturas y dibujos en las paredes, como si el rubito no estuviera allí en verdad. Mi pequeño tour no tenía prisa alguna.

    —Desde primer año. Tenemos algunas sesiones más académicas, si alguien no sabe visar para definir proporciones se le enseña y demás; trabajamos con bodegones, algunos buscamos algún modelo de tanto en tanto. —Fui diciendo sin detener mi andar—. Más allá de las sesiones académicas, el club permite cierta libertad creativa para algunos proyectos. No niega la expresión de uno mismo.
     
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    Insane

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    Seguí sus movimientos y desde mi posición observé las pinturas colgadas en la pared. En realidad yo no sabía ni pintar, ni dibujar más allá de lo mínimo aceptado por algún trabajo académico.

    —¿Y usan solo dibujos/acuarelas? ¿Cuántos integrantes son?

    Me pensé que iría por los clubes preguntando cosas similares para ver dónde me sentía más a gusto, o que me generaría interés por aprender en su defecto. Mmm, era algo aburrido hacer esto solo, y el intento de compañero que acababa de huir había sido un fiasco. Que trágico~

    >>¿Qué fue lo primero que dibujaste o pintaste?
     
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    Zireael

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    Continué rondando por la sala, hice pausas frente a ciertos de los trabajos en las paredes y esperé por las dudas que tuviera, fuesen muchas o pocas. Preguntó por los medios y los integrantes, lo que era complejo porque éramos tres gatos, uno dizque era nuestro presidente y cuando había creído conseguir un par de miembros más, bueno, no parecía que fuesen a querer apuntarse. Rachel, por su parte, había desaparecido de la misma forma repentina en que apareció.

    —Lo de los integrantes es complejo, quizás deberíamos hacer una convocatoria seria —admití pues porque no tenía caso decorarlo—. Sobre lo otro, usamos todos los medios. Óleos, acrílicos, acuarelas, gouache, carboncillo, grafito, lápices de color, tizas pastel y algo más se me debe estar olvidando. Si no tienes experiencia, pues de nuevo, podemos partir desde cero. Eso no es un problema.

    Preguntó qué fue lo primero que pinté y recordé haber hecho un boceto de mi madre, algo hosco, que luego había pintado con acrílicos. De hecho tenía varios retratos suyos en diferentes técnicas, era una buena modelo y en comparación a mi padre, que era un hijo de puta absoluto, siempre estaba dispuesta a ayudarme con las cosas de arte. Luego estaba la pintura de la casa de Estados Unidos, la que ahora habitaba la copia de ese hogar aquí en Japón.

    Sin embargo, nada de eso tenía por qué saberlo este novato.

    —No hay una "primera cosa que pintes" —corregí de todas formas, girando el cuerpo para mirarlo—. Dibujar, pintar, casi está en el código genético humano, forma parte del desarrollo normal de toda persona y luego cada quien elige si acaba abandonándolo o no. Igual imagino que habrá un "primer producto serio" o algo así, pero como todo es un prueba y error a veces acaba perdido. Seguro mi primera práctica fue algún paisaje sencillo, nada muy detallado.

    >>¿Algo más, Dougal?
     
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    Bruno TDF

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    La jornada de ayer había sido un desafío de proporciones incalculables. No recordaba cuándo fue la última vez que estuve con niveles tan bajos de energía y concentración. Para lo único que tuve motivación fue para pasar el tiempo con mi amada lucecita y, ya que estábamos, saciar su curiosidad, contándole sobre la aventurita nocturna que explicaba el dragón dorado en mi espalda. Nuestro almuerzo terminó con una serie de pequeños regaños que me despabilaron un poco, producto de cierto arranque de vergüenza que por fin me alcanzó. Pero luego de eso, cuando estuve de regreso en el salón para las clases vespertinas, el sueño me aplastó nuevamente contra el pupitre.
    Al menos tuve la consideración de mantener la chaqueta de Cay guardadita en la bolsa donde la traje, para no seguir llamando la atención el resto del día. Ya era tarde, de todos modos. El sueño me había impedido pensar con claridad o tener en consideración ciertas cuestiones que podrían afectar a mi leoncito… Pero sólo fui consciente de eso a la mañana siguiente, con las energías renovadas. Incluso Vali, que era mucho más centrada que yo, llegó a preguntarme si a Cay le parecía bien que hubiera usado su chaqueta en plena escuela.

    No lo sabía.


    Un poquito de esto estaba pensando cuando entré a la sala de arte, aunque también pensaba un poquito de lo otro, lo impronunciable. Hoy no traía la chaqueta de Cay, pues el muchachito me dijo a través de Jez que podía quedármela el tiempo que quisiera. Como eso significaba que no había necesidad de devolverla por ahora, no tenía motivos para traerla a la academia. ¡En fin…! El punto es que, ante este clima fresquito, que traía el aroma de la lluvia; llevaba un suéter abrigado debajo del blázer, y la bufanda roja envolvía mi cuellito

    Como había supuesto, la sala de arte era de libre acceso, y no había un almita presente. Tampoco llegaba mucho bullicio desde el otro lado de la puerta, que cerré a mis espaldas. De momento era un espacio más o menos privado, que vendría bien para hablar con mi leoncito. Para hacerle llegar la invitación especial de Hubby y, por supuesto, averiguar el alcance de mi propia imprudencia, al menos en lo que a él respectaba. Así que, sin dudarlo un segundo más, le mandé unos mensajitos por chat.

    Buen día, leoncito ❤
    Ya llegaste?
    Me gustaría hablar un par de cositas contigo
    Y desearte los buenos días en persona, claro está! ☀︎
    Si puedes, me encontrarás en la sala de arte


    Completé el envío con un los emojis de un pincel y una paleta de pintor. Con una sonrisita, guardé el móvil y me dediqué a contemplar los cuadros que pendían de las paredes, con las manos entrelazadas tras mi espalda.

     
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    La promesa que le hice a mi madre la cumplí a medias, cuando las clases terminaron recordé que todavía tenía la llave del apartamento de Yuzu y como el cobarde que era fui a esconderme allí una vez más. Ella no estaba, pero las gemelas sí y como era normal no hicieron preguntas, elegimos una peli para ver y nos bebimos una botella de Coca-Cola entre los tres junto a un ramen instantáneo cada uno. ¿Era el mejor almuerzo del mundo? Ni de coña, pero ya daba igual.

    Me volví a casa en uno de los delay entre los mensajes que había empezado a intercambiar con Kohaku y ya cuando estaba recostado, luego del último mensaje, me quedé mirando el techo al menos cuarenta minutos más. A pesar del cansancio y la suerte de sosiego que me dieron los mensajes, todavía tenía la ansiedad pegada en la nunca. Quise echarle la culpa a que había estado fumando menos, no sabía hasta dónde era cierto.

    Para un viernes en la mañana no contaba con ver a Yuzu en la entrada, estaba con Arata y Sasha así que los saludé a la pasada y al llegar a los casilleros, luego de cambiarme los zapatos, noté a Ko que estaba con Anna y Sonnen. Me dio la sensación de que él estaba de chismoso y a mí me picó también un poco el bichillo del chusmerío, así que consumí distancia hasta alcanzar a Altan y husmeé sobre su hombro. Me quise reír, pero ya había visto alguno de los mensajes de Vero y pues estaba un poco raro dejarla colgando a pesar de que no le había contestado nada, así que me despedí de todos aunque no me aguanté la tontería de darle la palmadita a Ko en la cabeza. No le había contestado al final lo de qué dónde sacaba yo que estaba chikito, pero el gesto pretendió recordarle que no me olvidaba de la tontería.

    En el trayecto a la sala de arte me enjuagué los ojos, me veías muy compuesto y haciendo el tonto, pero todavía sentía el pecho aplastado por cuestiones particulares en las que tal vez no fuese necesario detenerse. Al final ayer logré desprenderme de los almuerzos y ahora intentaba desprenderme de la idea de que no era un gesto que pudiera permitirme en este momento. Me picaba la duda de si podría permitírmelo alguna vez y no sabía si era algo fundamentado o sólo un delirio ansioso, tampoco se me apetecía averiguarlo.

    Como fuese, cuando llegué a la sala abrí la puerta sin molestarme en tocar y la cerré detrás de mí sin motivo real, ¿a Katrina le haría gracia este cuadro? Ahora mismo me importaba tres mierdas, seguía arrastrando el mal dormir de casi dos puñeteras semanas y el desvelo del miércoles, imagina tener neuronas para pensar en lo que le importaba a Akaisa. Además, todavía tenía que venderle la hierba.

    Verónica estaba observando los trabajos en las paredes y yo la miré desde mi lugar luego de dejar la mochila a un lado. No me había detenido a pensar tampoco en cómo iba a comportarme con esta chica ahora, entre que estaba sobrio y la escuela era una suerte de terreno neutral. Lo del almuerzo del miércoles había sido más una excepción que la norma o eso quería pensar, pero en verdad mi historial no me dejaba muy en limpio. Era entre desvergonzado y mortalmente reservado, como siempre los puntos intermedios se me quedaban tirados en el camino.

    —Está nublado —advertí de repente algo extrañado, entendía la lógica de la bufanda si quizás quería esconder a Copito, pero el resto me sofocó un poco sólo de verla—, digo, sé que está nublado, pero no sé si lo bastante para abrigarse. You okay?


    la maratónica que me pegué para llegar acá JAJAJAJ
     
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    Bruno TDF

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    Tomar la sala de arte como espacio de reunión no fue una elección improvisada. Tenía en mente venir aquí desde el suave y misterioso baile con mi lady en el salón de actos. Había muchos pensamientos merodeando mi cabecita ahora mismo, la mayoría relacionados con los hechos del miércoles y de ayer mismo. Sin embargo, la promesa que hice a Ilanita prevalecía con firmeza sobre la marea mental, como un pequeño faro de luz. Así que, con la mente más fresca gracias a que dormí toda la tarde-noche de ayer, decidí que iba a esforzarme con creces en el dibujo del ciervo. Fue por eso que aparecí aquí. Porque verme rodeada de tantos materiales de arte, mirar las pinturas en las paredes; me otorgaba la inspiración que iba a necesitar.

    Mientras contemplaba los cuadros, sentí que la puerta se abría a mi espalda, aunque ya supe de antemano que eso iba a ocurrir porque hubo un movimiento leve en mi cuello, bajo la bufanda. No me giré al instante, confiada en que se trataba del muchachito al que había invitado a venir. Pero la sonrisita me danzó en los labios al pensar en que me estaba mirando.

    Hasta podía sentir sus ojos, diría.

    Habló entonces, remarcando el clima, y fue allí cuando me giré para notar la extrañeza que le cruzaba la carita. No estuve muy segura, pero algo me dijo que se estaba fijando en las prendas extras del uniforme, cosa que terminó confirmando. Su pregunta final me hizo reír un poquito, haciéndome cerrar los ojos por un breve instante. A ver, lo de la bufanda sí podía verse exagerado a ojos de quienes desconocieran la existencia de Copito, pero no me sentía tan acalorada por el suéter, quizá por obra y gracia del aire acondicionado de calidad que teníamos en la academia. Además, hacía menos calor que ayer y, si llovía, las temperaturas bajarían gradualmente, ¿no?

    —Comparado con ayer, me encuentro mejor que nunca —respondí divertida, elevando levemente los puños para verme toda fortachona, un poco teatral fue la cosa—. Aunque quizá deba hacer algo para no preocupar a mi leoncito, ¿no lo crees?

    A la vez que pronunciaba estas palabras, llevé las manos a la bufanda que no tardé en desenroscar sin prisas. En dos o tres movimientos, mi cuello quedó por completo despejado, la bufanda pendiendo de un antebrazo… y Copito a la vista, sacudiendo la cabecita desde mi hombro. Su carita pajaril delataba que no llevaba mucho de haber despertado. Siempre el mismo dormilón, este chiquitín, pero parte de eso se les esfumó de un plumazo al enfocar sus ojitos escarlatas en Cay.

    Miré a mi leoncito a Cay, fue una suerte de aviso silencioso, para que no fuese tomado por sorpresa. Susurré al gorrión un "Go with him", como dándole permiso, y el chiquito cruzó la sala de arte para ir a parar al hombro del muchacho. No me detuve mucho a morirme otra vez de ternura por el cuadro que siempre formaban estos dos, de todos modos. Ya que mientras Copito recibía a Cay a su manera, me acerqué a él con pasos tranquilos y lo abracé. Suavemente.

    Good morning, sweetheart —le dije; luego le regresé un poco de espacio, pero mis manos quedaron sobre sus brazos; elevé el mentón para poder mirarlo a los ojos nuevamente y le sonreí, jovial como siempre— ¿Y tú estás bien? ¿Cómo te trató la resaca?
     
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    Zireael

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    Mi paso por los casilleros fue un poco atropellado, pero ver la reacción de Anna al regalo de Sonnen no tuvo pérdida. Sus emociones eran transparentes y su alegría me alcanzó, aunque quizás revolvió algunos de mis propios sentimientos y elegí ignorar cuáles. Después la manera en que Ko se quitó mi mano de encima tuvo su gracia, hubo algo de infantil en la tontería y bastó para ampliarme la sonrisa incluso en medio de cualquier otra cosa que se me cruzara por la cabeza. Entre la prisa, eso sí, no pude notar que lo dejé con la palabra en la boca o no habría pasado directo, aunque tampoco fue que diera tiempo a demasiado y eso lo reconocía.

    Al entrar a la sala Verónica no se giró de inmediato, lo hizo en cuando hablé y fue allí que recibí el azul de sus ojos. La imagen se traslapó con la de la madrugada, pues el color no estaba manchado ni por las luces de neón ni por los faros de la calle o el parque.

    Cuestioné lo de su elección de venir tan abrigada, ella se rio y me contestó que comparado a ayer se sentía mejor que nunca. La estupidez me hizo soltar una risa prácticamente insonora, se me escapó por la nariz y al oírla decir que quizás debía hacer algo para no preocuparme alcé apenas una ceja. Me hizo gracia que se sacara la bufanda, pero noté a Copito de inmediato, Vero le susurró algo y el ave, hace unos segundos adormilada, cruzó el espacio hasta mi hombro donde lo recibí sin mayor problema. Giré el rostro, le sonreí y alcé la mano para brindarle un par de caricias que sirvieron también de saludo.

    Noté el acercamiento de Vero cuando estaba volviendo a bajar la mano y aunque el abrazo me pescó un poco en frío, los brazos me respondieron antes de que lo hiciera mi mente. La envolví con suavidad y solté el aire por la nariz, al hacerlo algunas de mis ansiedades liberaron algo de la presión que ejercían sobre mí.

    La dejé ir cuando percibí su intención de regresarme el espacio y en el momento en que alzó a mirarme le regresé la sonrisa. Lo que fue automático fue mi asentimiento a su pregunta de si estaba bien, moví la cabeza casi sin dejarla terminar la frase y supuse que era un hábito aprendido, una manera de evitar el cuestionamiento.

    ¿Cómo me había tratado la resaca? No tan mal y no tan bien. Siquiera había pensado en cómo la había sentido por lo que mi respuesta fue simple y casi escueta.

    —Nada fuera de lo normal, tampoco la sentí demasiado. Estuvo peor el desvelo yo creo.

    Solté un abrazo de su agarre para poder correrle algunos mechones de cabello más cercanos al hombro hacia la espalda y no dije nada por unos segundos. Fue un poco extraño, pero a plena luz del día creí notar que podía sentir todo y no sentir nada; que afuera había un torbellino y en su vórtice el mundo se vaciaba, en el ojo de la tormenta no sabía si sentirme a gusto, culpable o incómodo. Había elegido el camino de no elegir nada en lo absoluto.

    —¿A ti te hizo sentir muy mal? —pregunté entonces y luego recordé que había sido convocado aquí—. ¿De qué ibas a hablarme?
     
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    Bruno TDF

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    Sentir el relajante calor de sus brazos me hizo soltar un suspiro silencioso, justo cuando él liberaba el aire de los pulmones. Pero quién sería yo si me quedaba quieta más de un segundo cuando se trataba de dar cariño a las personas que apreciaba. Mientras Cay me correspondía el abrazo, me puse en puntitas de pie para poder envolverlo mejor y que mis manos, con las que di unas delicadas caricias en su espalda, lo recorrieran más ampliamente.

    Ya no había contención, ni restricciones, a la hora de mimarlo.

    Me regresó la sonrisa cuando lo miré a los ojos y su asentimiento fue veloz como el rayo, prácticamente respondió a mi pregunta sin darme tiempo a terminarla. Esto no tenía por qué significar nada fuera de lo común, por lo que asumí que mi leoncito debía encontrarse de maravillas luego de semejantes jornadas, ¿verdad? Entre la intensidad del miércoles y la resaca del día siguiente, terminamos tan agotados que era inevitable sentirnos a pleno hoy, ¡y un viernes encima…!

    Aseguró que no padeció tanto la resaca, pero que peor fue el desvelo. Me reí por lo bajo, comprensiva.

    —Te entiendo tanto —dije—. Ayer me la pasé echada sobre el pupitre durante las clases, que no dormí mucho. Ni siquiera sé cómo hice para caminar hasta el coche de Vali cuando pasó a recogerme —bromeé.

    En eso percibí que se liberaba uno de los brazos, el cual dejé ir. Cay alcanzó a mi cabello, una vez más. Al sentir sus dedos deslizando las hebras níveas, mi sonrisa se estiró un poquito sin que me diera cuenta. Eran poquísimas las personas a las que permitía o permitiría tocar mi pelo más de una vez, pero saltaba a la vista con mi leoncito le estaba encontrando el gusto. Hubo unos segundos de silencio en el que ninguno dijo nada.

    Negué levemente a la pregunta sobre mi resaca.

    —Dolor de cabeza solamente. Pero tomé una medicina antes de venir, así que pude sobrevivir —afirmé alzando un pulgar con la mano libre, para luego referirme a la otra pregunta— ¡Ah, sí…! Verás, son dos cositas las que quiero decirte…

    Mi otra mano seguía sobre él. Recorrí con suavidad su antebrazo, deteniéndome acto seguido a la altura de su mano, cuyos dedos tomé. Lo dicho, ya no había restricciones de ninguna índole.

    —Lo llamé para transmitirle un mensaje, mi señor Lionheart —sonreí, elevando su mano a la altura de nuestros pechos—. Cierto kohai de segundo, cuyo nombre empieza con “Hu”, lo invita formalmente a un almuerzo para este receso, en el que además estaremos Jez y yo. Y aquí entre nosotros… —bajé un poco la voz, como si fuera a decirle un secreto— parece que será exquisito.

    Me moría de ganas de contarle que Hubby había cocinado para nosotros, pero me mantuve fiel a mi palabra de no mencionar nada. Además, bastante indiscreta había sido ya a estas alturas, ejem.
     
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    Zireael

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    Al corresponderle el abrazo noté que se ponía de puntillas lo que le permitió envolverme mejor, además me acarició la espalda y apenas lo sentí parpadeé con cierta pesadez. Puede que al darle cabeza tal vez uno acabara pensando el asunto no era tan especial ni nada, porque esta chica trataba con cariño a cualquier alma, pero yo no tenía tiempo ni ganas para hacer esa clase de análisis al respecto e incluso si fuese el caso, en esta situación particular me era indiferente.

    De haber sabido que la criatura estaba aquí dando por asumido que estaba a pleno quizás hasta me habría descojonado de risa, eso sí, porque no había manera de que fuese el caso. No tenía ni la reserva de energía de ella ni la, digamos, entereza mental y llevaba más de una semana absolutamente quemado. Por lo mismo medio que le presté atención y a la vez no, acaté a lo de Valeria y sólo entonces me paré a reflexionar en lo que pensaría su hermana del cuadro de la madrugada de ayer y si ella le habría contado para empezar. La sola idea me puso ansioso y tuve que desconectarme un cable de la cabeza para no dar vueltas en eso.

    —Me alegro —dije al oír que había logrado sobrevivir y le dejé el cabello en paz.

    Sentí su tacto en el antebrazo que se deslizó hasta la mano, así que la envolví con cuidado y me quedé esperando las dos cosas que tenía para decirme. Entre tanto repasé sus facciones y apenas mencionó al kōhai de segundo me detuve en sus ojos; digamos que nunca esperaba la gran cosa de las personas y entre que yo estaba ocupado con treinta ansiedades diferentes, Hubert se había quedado preocupado por Sonnen y toda esa mierda, pues había acabado sólo dejándolo ir a su bola. El dejarlo ir a su bola, claro, no tenía idea de cómo había acabado en una invitación. Lo quería mucho, pero ahora mismo tenía que ordenar un poco mis asuntos aunque fuese con algo tan aparentemente sencillo como el tiempo compartido. Como siempre, habían ansiedades más grandes que otras.

    —¿Recuerdas que te dije por mensajes que en estos días iba a ver si almorzaba con un amigo? Bueno, con mi mejor amigo era —comencé unos segundos después, me acordé un poco sobre la marcha que ya le había hablado de Ko desde el inicio, cuando lo de Copito—. Intercambiamos algunos mensajes y quedamos para hoy.

    Recordé, también, que en medio de la borrachera le había confesado que no era sincero. No lo era con ella ni con Yuzu ni con nadie y que quizás se los debía incluso si Verónica no tenía una pizca de preocupación por el desastre en que ella, sin dudas, no sabía que me metía con tal de no permitirme un segundo de pensamiento. Cuando ni siquiera tenía idea de que en el cuento de la celebración acabó metida en el torbellino.

    —Quiero pasar tiempo con él hace días y lo acabé relegando demasiado, so there's that. Le escribiré a Hubert para agradecerle la invitación y ver si quiere que quedemos para otro momento.

    Me quedé dando vueltas, sólo pensé y pensé unos segundos que quizás no fueron tan largos como yo los percibí. Al final liberé el aire por la nariz, me solté de su mano y con la misma la sujeté por el mentón, sostuve su mirada y finalmente bajé la vista a sus labios.

    ¿Debía? Puede que no.

    ¿Pero importaba siquiera?

    —¿Y la segunda cosa, birdie? —pregunté a la vez que dejaba ir su rostro.
     
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    Bruno TDF

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    Supe que hizo un pequeño repaso visual por mi rostro, porque sólo en cuanto mencioné a nuestro kohai hubo una conexión de miradas. El calor de sus dedos se desplegaba por mi mano, la cual Cay envolvía con la delicadeza de quien trata con cuidado a los suyos, algo que se correspondía a lo que había dicho Jez sobre él en el almuerzo de ayer. Se tomó otro par de segundos para responder a la invitación que le transmití, y yo le aguardé con la paciencia de siempre, acostumbrada ya a estas pausas.

    Al escuchar la mención del amigo que había mencionado en nuestro chat, supe bien por dónde se encaminaba la respuesta. Obviamente, me hubiera dado penita saber que mi leoncito no estaría presente, tanto como también habría aceptado con templanza tal circunstancia; pues ya habría otras ocasiones. Pero no hubo tiempo para sentir ninguna de estas cositas, porque le aclaración de que se trataba de su mejor amigo amplió mi sonrisa con una chispa de ternura.

    Era Ishi, ¿no es así? El que podría tocar la guitarra para Copito y, así, ayudarlo a cantar. Se notaba lo mucho que Cay lo quería. Recordaba bien cuán suavecito se ponía con sólo mencionarlo.

    Asentí, con la sonrisa aún puesta en el rostro, cuando explicó que habían arreglado por mensajes un almuerzo para hoy. Y seré honesta: tuve que contener un suspiro de ternura al momento en que, en un momento de sinceridad, Cay confesó que llevaba días queriendo pasar tiempo con su amiguito. Este chico no era consciente de lo adorable que podía llegar a ser… aún poseyendo, bien escondidito, ese fuego tan potente que me había dado la noche del miércoles. Una cosa no quitaba la otra, en mi opinión.

    —Seguro lo comprenderá, ya sabes cuán educado y caballeresco es nuestro tierno kohai —respondí a lo de Hubby; luego, con la mano libre le palmeé el hombro, en un gesto que podía interpretarse como alentador—. Tú ve y pásala lindo con tu best friend. Ojalá se le ocurra sacar la guitarra para acompañar el almuerzo.

    Me sonreí por mi broma, pero era un deseo genuino que la pasaran bien. Desconocía el trasfondo de tantas cosas, y esta no era la excepción. Mis alas ahora se desplegaban, sin que lo supiera, en el corazón de un implacable torbellino que les exigiría hacer gala de su fuerza.

    Otra pausa. Duró tan pocos segundos como la anterior. Tras liberar el aliento por la nariz, Cay soltó mi mano. Cuando quise darme cuenta, sus dedos me estaban sosteniendo por el mentón y su mirada alcanzó la mía.

    Un fuego dorado surfeando el manto azul del océano.

    Fue entonces que sus ojos bajaron a mis labios, haciendo que una sensación me hormigueara, sutilmente, por el cuerpo. La mano con la que había palmeado su hombro seguía ahí, y los dedos se cerraron grácilmente sobre la tela del uniforme.

    Parpadeé cuando me soltó, preguntando por la segunda cosa iba a decirle. ¡Encima…! Diciéndome birdie en el proceso. Le había encontrado mucho gustito a ese apodo, hasta me hacía a la idea de que era mi sobrenombre privado. Dejé escapar un largo suspiro para recobrarme de las sensaciones, entrelacé los dedos sobre mi pecho y cerré los ojos con cierta solemnidad. Todo esto fue para equilibrar el espíritu… Pues lo que tenía para decirle tenía chances de ser incómodo para mi leoncito, y eso me preocupaba un poco.

    Mis manos bajaron lentamente. Abrí los ojos, lo miré y esbocé una sonrisa suave, pensativa.

    —Es sobre el sukajan que me prestaste —empecé—. Ayer lo traje con toda la intención de devolvértelo… Pero… Cómo te digo esto… —esta vez elevé las manos entrelazadas hasta mi rostro, cubriéndome la boca con el dorso de estas— Cuando empezó el receso andaba muy somnolienta, y la resaca me tenía friolenta. Así que… me lo puse, para dormir en el salón… —hubo una pausa— Luego Jez pasó a buscarme y salí al receso… así. Tenía la cabeza tan apagada que no me paré a pensar las cosas…

    >>Me parecía importante hacértelo saber.

    Finalmente bajé las manos y lo miré, en busca de una primera respuesta en sus facciones. Valeria no sólo me había preguntado si a Cay le parecía que hubiese usado su ropa en la academia, también buscó saber si el chico la había traído antes a la academia. Tampoco lo sabía.

    —No sé si ya habías traído esa chaqueta aquí, durante los días fríos. O si te importa que la gente se de cuenta que pasó algo —dije, hablando con calma y firmeza; a pesar de la vergüenza por el descuido y el temor de que afectara en algo nuestra amistad… estaba dispuesta a hacerme cargo de mis acciones y afrontar lo que Cay tuviese para decirme—. Quizá me estoy preocupando de más y no sea para tanto. Aún así, Lion, estoy dispuesta a pedirte disculpas si es necesario. Todas las que hagan falta.
     
    Última edición: 17 Febrero 2025
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    Como la tarea de pausar la mente dos segundos se me daba bastante mal, cuando noté la ternura en su sonrisa me pregunté en verdad hasta dónde podría reflejar una emoción así de saber el lío que era todo en realidad. Una parte de mí intuía que Verónica no esperaba nada de esto en general, pero no por ello dejaba de ser irresponsable de mí parte y pues aquí estábamos. Como fuese, asumía que para Hubert no sería un gran drama tampoco y podríamos, ni idea, reagendar o como quisiéramos decirle.

    Lo de palmearme el hombro fue un poco extraño, al menos a mí se me antojó así porque me sentí como un niño y no venía al caso, pero no dije nada. Así como tampoco dije nada respecto a lo siguiente porque habría tenido que ponerme a explicar otras cosas, quizás, por lo que me limité a asentir con la cabeza y dejar el asunto quieto. Con eso cerrado, quedaba pendiente la segunda cosa y me servía para desviar los tiros.

    Me monté el numerito de sujetarle el mentón, ella había dejado la mano en mi hombro y cuando bajé la mirada sentí que sus dedos se cerraron sobre la tela de la camisa. Era una tontería, pero esa pequeñez me estiró una sonrisa casi imperceptible en el rostro, la sombra de las que le había arrojado encima la otra noche.

    ¿Y esto? Quizás fuese el simple gusto de provocarle algo a alguien.

    La vi parpadear cuando la solté, también la oí suspirar y me quedé esperando por lo que fuese que tuviera para decirme. Había enlazado los dedos sobre el pecho y me pregunté por qué todo tan solemne de repente, ¿iba a mandarme por un tubo luego de abrazarme? Hombre, ahora la verdad no tenía idea y por eso cuando resultó que el tema era la sukajan, pues también me descolocó un poco.

    Total que por la resaca acabó dormitando con la chaqueta puesta, que fue lo que yo vi antes de salir huyendo para evitar terminar atascado con mi angustia con ella y Jezebel, y tuve que cuestionarme por qué le estábamos dando tanta importancia a una mierda como esa. También me hizo gracia que a pesar del mensaje que le mandé con su amiga no hubiese asumido que la había visto, pero que me perdonara Dios porque tenía sentido. Vero era amable y cariñosa, pero lo que se dice una mente maestra... No tenía pinta.

    —Traigo esa sukajan y otras de vez en cuando, las debe haber visto media escuela —dije pues porque mentirle en este caso no tenía sentido—. Fui a la 3-3 y te vi con ella, me fui antes de que Jezebel entrara a buscarte. De haber querido decirte algo, te lo habría dicho ayer o si me hubiese anticipado a ello, tendría que haberte dicho que no la usaras en la escuela desde el inicio.

    Era mentira y verdad casi en porcentajes igualados, de haberme molestado seguro se me habría revuelto con las otras mierdas y le hubiese reclamado o lo que fuese. ¿Me importaba que alguien se diera cuenta de que algo había pasado? No me había puesto a pensarlo tanto, Ryuuji y Katrina seguro se meaban de risa solos, Arata también tendría que estar descojonándose y los demás, bueno, no creía que fuese verdaderamente importante. La gente podía asumir lo que quisiera y si yo me había mandado la cagada era porque daba lo mismo finalmente.

    No había elección correcta.

    Giré el cuerpo, solté el aire por la nariz y esta vez fui yo quien empezó el pequeño tour por el espacio. Ni siquiera me separé realmente de Verónica, no debía haber un metro de distancia entre ella y yo, así que prácticamente estaba rondándola mientras fingía ver las cosas en las paredes.

    —¿Por qué debería importar algo como eso? —pregunté desde su costado—. ¿Lo hiciste con intención? La respuesta es no e incluso si hubiese sido el caso, de presumirme no se saca la gran cosa ni le quita el sueño a nadie. Es tan indiferente que le dije a Jezebel que te dijera que te quedaras la chaqueta tanto como quisieras, ¿o no?

    Había seguido caminando mientras hablaba, así que cuando formulé la duda final ya había llegado de nuevo frente a ella por lo que le dediqué una pequeña sonrisa y consumí la distancia que había establecido antes de empezar a rondar. La miré de nuevo, colé las manos en el espacio para alcanzar su rostro y acuné sus mejillas antes de inclinarme y besarla. No debía, pero la certeza que me rebotaba en el cuerpo era necia y estaba cansado. Si ella no trazaba un límite, ¿de quién era el problema en verdad?
     
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