--Es que yo no me refiero solo a eso Dante. --le respondí sin detenerme. --Ya ha hecho demasiadas tonterias. Tirarte un pokemon a la cara tantas veces puede hacerte daño de verdad. Aparte, el y su litwick tambien la liaron bastante. Y que me dices del ancianito Ian eh?
-- Que me tire un pokémon a la cara no es la gran cosa, de hecho... no me provoca mucho daño - dije sin darle mucha importancia -- Pues no.. no considero que me afecte algo..
--Ya me diras cuando te tire a Blastoise. --reí por lo bajo (pues no queria que notaran que me reia ya que estaba enfadada, pero no pude aguantarme) al venirseme una imagen bastante graciosa de este aplastando a Dante y yo con la frasecilla: "te lo dije".
-- No creo que Ian pueda cargar un blastoise -- dije riendo, aunque... conociendolo se las ingeniaría para lanzarmelo de una u otra forma -- Pero no te preocupes, si me lo lanza lo esquivare -- añadi con una sonrisa
Cuando iba por la mitad de ruta recibi una alerta en mi pokedex: La final habia comenzado. Guarde mi pokedex y di la media vuelta, listo para volver sobre mis pasos. Una vez asegurado de que no me dejaba a ningun compañero atras comence a andar de vuelta al Torneo.
--Que extraño... --dije arrascándome la cabeza en señal de confusión. --Deberíamos haber visto ya a Ian, porque este es el final de la ruta 308... ¿Y si ya se ha ido? Abrí mi mochila y saqué de ella mi pokedex, ya que existe una función para comprobar si ya han empezado los torneos de las ciudades. Y efectivamente, la final había comenzado. Guardé la pokedex y me crucé de brazos, enfadada. --Ya se me volvió a escapar. --dije hinchando los mofletes como una niña pequeña. Mi carácter volvió a ser el habitual.
Iba avanzando de nuevo a Ciudad Óleo, admirando la longitud de la ruta. --Este lugar es tan ancho que bien podrías pasar al lado de alguien y ni lo verías. --le dije a mis compañeros, quienes me seguían dispuestos a enfrentarse a cualquier pokémon.
Mis pokémon derrotaban a cualquiera que se le pusiera enfrente, así que sólo me preocupaba por seguir avanzando hacía mi destino. --Pronto llegaremos a la ciudad --les dije a mis pokémon--, y entonces mediremos nuestra fuerza en la batalla final.
--Supongo que tendre que esperar a que termine la batalla. --le respondí aun con mi expresion de niña pequeña enfadada porque no ha conseguido lo que quería.
Ya faltaba poco para salir de la ruta, por lo que decidí apurar el paso, pues tenía que llegar a tiempo para el encuentro final. Aún no había decidido a quién usaría para el combate, pero probablemente se me ocurriría algo durante el trayecto, o, en el peor de los casos, lo decidiría un minuto antes del encuentro. Como fuera, lo primero que tenía que hacer era salir de la ruta.
Era muy divertido ver la expresión de Liza -- Vamos, no pongas esa carita... ya lo conseguirás -- le dije con una sonrisa divertida
El viento comenzaba a soplar con más regularidad y la tierra se levantaba de vez en cuando, lo cual me hizo pensar que una tormenta de arena podría darse en los próximos minutos. Decidido a no dejarme atrapar por aquel fenómeno de la naturaleza comencé a correr en dirección a mi destino, deseando que la tormenta de arena no se hiciera presente hasta que pudiera abandonar aquella área desértica.
--No, yo quiero ahora. --dije mirando para otro lado con egoismo e infanteria. Me senté en el suelo y me crucé de brazos y piernas. De repente empezó a levantarse un viento bastante fuerte. Pero yo no me movería de ahí aunque hubiera un terremoto.
Mire en la dirección de donde venía el viento y claramente lo que venía no era nada bueno -- Liza... viene una tormenta de arena, tenemos que movernos o cubrirnos muy bien -- le dije esperando a que eso la hiciera levantarse
El viento se tornaba más fuerte a cada instante, lo que me hizo correr todavía con más velocidad; al voltear hacía atrás me di cuenta de que la tormenta se dirigía hacía el final de la ruta, por lo que yo estaba alejandome del peligro mayor. Realmente siento pena por los pokémon que estaban por allí.
Levanté la mirada y una gran cantidad de arena me entró en los ojos debido al aire tan fuerte que estaba soplando. --¡Ay! --exclamé frotándome los ojos pero eso hacia que me dolieran mas y no podia ver nada. --¡Dante no puedo abrir los ojos! --grité muy nerviosa ya que la cosa se ponia peor.
La arena se levantaba con furia sobre el cielo y comenzaba a golpearme la cara, a pesar de encontrarme en la orilla de la tormenta; no me imagino como me hubiera ido del otro lado de la ruta. Seguí avanzando, mientras me cubría el rostro con la mano, para evitar que la arena entrara en mis ojos, además de protegerme de los objetos que volaban hacía mí. A lo lejos, logré divisar la silueta de la ciudad, sin embargo, la gran cantidad de arena que había en el aire me hacía imposible alzar la mirada.
-- Tranquilízate un poco -- le dije colocándole en sima mi chaqueta para proteger su rostro y evitar que le afectara la arena, yo simplemente me coloque mi bufanda -- Esto no tiende a durar mucho -- le grite aun frente a ella para protegerla un poco más de los posibles objetos que vendrian hacia nosotros
Al estar a unos metros de la Ciudad el viento soltó un fuerte rugido, para después detenerse momentáneamente y luego cambiar de dirección, volcando toda su furia contra mí y haciéndome volar por los aires, cayendo de cara dentro de Ciudad Óleo. Con aquel último cambio de dirección la tormenta de arena se había terminado en la ruta 308.