Llegué volando a una ruta desconocida para mi, miré el mapa de la pokédex y pude saber mi ubicación. — ¿Ruta 308? ¿Dónde está Effy? —le pregunté confundido a Altaria, éste me miro sin entender muy bien mi pregunta.
Altaria y yo seguimos sobrevolando la ruta, había poca vegetación en la zona y varios pokémon tipo lucha, tierra, etc.
— ¿Como pudo irse tan rápido?—me preguntaba mientras me sacaba la campera y la guardaba en la mochila.
— Habrá tomado un atajo, ¿no? —le pregunté al tipo dragón volador. Empezaba a subir la temperatura, no de golpe, pero gradualmente.
Saqué mi holomisor y miré los números de los entrenadores que Effy me había pasado. Recordé algunos de los nombres que mencionó, creo ya haber conocido a algunos.
Miré el mapa proporcionado por mi pokédex, el Gran Desierto se encontraba más adelante y el clima no sería bueno para Altaria.
— Ya está bien, Altaria. Gracias por llevarme, ahora descansa, te espera un gran tazón de comida en la próxima ciudad—le dije metiendolo en su ball y entrando a la zona del desierto.
tras atravesar el desierto y descansar hasta que mi equipo se recuperara, segui mi camino en la ruta 308, en busca de algun pokémon de tipo lucha. —salgan todos— libere a todos mis pokémon para que me acompañaran mientras me movia en la bici
tras un rato pedaleando, me detuve a descansar un rato, mientras con la mirada buscaba algún pokémon. —hmp, parece que hoy no hay nada a la vista— susurre recostándome en piloswine.
vi a algunos pokémon enfrente mio, pero decidí ignorarlos, no me parecían la gran cosa, hasta que vi a un scraggy el cual caminaba por ahí. —seras mio— exclame lanzandole la pokéball, la cual titilo unas veces, para luego quedarse quieta denotando mi captura.
—um esta ruta es corta, debería apresurarme— susurre mientras aumentaba la velocidad, aunque buscaba a alguna persona contra quien luchar. —hasta ahora, me enfrente a Effy y a Alpha, y las dos veces fui derrotado— suspire con pesar.— la próxima vez que los vea seguro los derrotare— alce mi puño con determinación, para luego perder el control de la bici y golpearme contra un árbol. —auch, eso dolió— me sobe la nariz para luego entrar en la ciudad
Tranquill despegó alarmado tras Togekiss, pues el grito de Liza lo asustó. Cuando llegamos a la ruta pude observar a Liza tirada en el suelo, completamente mareada y el tipo hada revoloteando por los alrededores, alegre. — ¿Estás bien? — pregunté a mi amiga tras bajarme de Tranquill, sin dejar que aterrizara del todo. Contenido oculto @Nekita
—¿Es normal ver tres Emilys en vez de una? Si es así... Sí, estoy bien. —fueron mis únicas palabras, mientras todo a mi alrededor me daba vueltas. Pero la pregunta importante aquí era: ¿cómo logré sobrevivir? Togekiss, quien daba vueltas a nuestro alrededor, animada, sin tener consciencia de lo que ocurría, se vio abligada a bajar al nivel del suelo al ver a su entrenadora tirada en medio de la ruta. Preocupada y empezando a pensar que no se trataba de una broma, se acercó a mi lado y trató de reanimarme dándome toques en las mejillas sin llegar a hacerme mucho daño. —Ay, ay, Togekiss para; estoy bien, estoy bien. —me quejé y me reincorpore en el suelo ya más tranquila, para alivio de la pokémon. Masajeé mis mejillas con un ligero puchero, y me quedé allí sentada mientras tanto. —Nota mental: no montar al revés nunca más...
Llegamos a una ruta que no pude identificar del todo, el viaje había sido muy rápido como para ver que ruta habíamos pasado y cual no. Pero de algo estaba seguro: Liza había sufrido más en el viaje, ya que ahora ella se encontraba recostada en el suelo con su pokemon intentando devolverla a la vida con toques en su mejilla hasta que ella respondió al reincorporarse, por suerte ella estaba bien. — ¿Estas bien Liza?— pregunté bajando del pokemon volador después de que Emily lo había hecho, ofreciendole ayuda a la entrenadora para que se levantara del suelo
— No, no es normal — respondí con una pequeña risa pero después vi a Togekiss baja y preocuparse por su entrenadora, lo cual hizo que me aliviara un poco. >>Parece que ya estás bien así que... ¡manos a la obra! — exclamé entusiasmada tras quitarme la chaqueta debido al calor y atarla a mi cintura.