Y llegué al final de la ruta sano y salvo, dispuesto a combertirme en el campeón del Torneo Témperea. De repente apareció un marill pero no le presté atención.
Hipotéticamente había decido ir hacia Ciudad Barniz, pero aburrida, decidí ir hacia la ruta 305; tenía ganas de explorar y conocer un poco. La ruta en sí era un asco; barro por todas partes, nada muy interesante, pero detrás de todo quizá hubiese algo interesante.
Cansada y un tanto aburrida, me dejé caer en el suelo y saqué a Grovyle. Él salió de su pokéball, observando todo con desconfiaza, me miró y gruñó. —No me mires así, ¡ya no estamos en la ciudad, alégrate!—Le dije mientras sacaba comida del bolso para él y para mí. De pronto, escuché un ruido detrás mío...
Grovyle y yo nos dimos la vuelta, alarmados, y vimos allí a una Azumarill. Mis ojos se abrieron de sorpresa, ¡no podía creerlo! Yo adoraba a ese pokémon ¡y ahora lo tenía enfrente mío! Sonreí con felicidad y miré a Grovy. —Muy bien, Tre... ¡vamos a capturarla! ¡Usa Hoja Aguda!—Dije esperanzada. GROVYLE: Planta (Asesino) Salud: 100/100 Fuerza: 160 (10) Resistencia: 120 (10) Agilidad: 3/3 (115 de Velocidad) (20) Movimientos: -Absorber (20 Potencia, Planta; Recupera de PS 1/4 del daño causado) -Látigo (Baja 5 Resistencia rival) -Agilidad (Recupera hasta 2 puntos de agilidad) (Usos: 1/1) -Hoja Aguda (60 Potencia, planta) (Usos: 3/4) La Azumarill no pareció percatarse de nuestra presencia y recibió el impacto debido a la distracción. Aproveché ese momento para lanzar una pokéball. Expectante, esperé. Un ruido me indicó que Azumarill había sido capturada.
Con Azumarill siendo mi nueva amiga, seguí caminando por la ruta, mirando cada cosa que me encontraba. Paramos varias veces a comer y a descansar, y a disfrutar de una suave brisa relajante. Ya cuando había avanzado un buen trecho del camino, me encontré con un cartel que tenía una flecha y decía: Cueva de la Ruinamaníaca.
¿Ruinmaníaca? ¿Qué era eso? Sin duda, para averiguarlo, debía investigar. Seguí caminando en dirección al oeste, acompañada de Grovyle. ¿Dónde estaría esa cueva? ¡Quería averiguarlo ya! Un fuerte viento se levantó de la nada y unos nubarrones negros y esponjosos cubrían el cielo. Preocupada por si llovía, comencé a correr desesperada. Y a lo lejos, pude ver la cueva.
—Así que esta es la ruta 305... —murmuré, observando los alrededores apenada. Estaba todo embarrado y lleno de rocas, y el lodo estaba ensuciando mis relucientes botas negras. Pero no era momento de lamentarme; ya estaba aquí, y lo único que podía hacer era avanzar...
—¡Oh! —excamé, emocionada, en cuanto apareció un pequeño Hippopotas ante mis ojos—. ¡Por fin! Bien, vamos a empezar con esto. ¡Adelante, Flabébé! El pokémon hada emergió de su pokebola e hizo su sonido característico en respuesta. Se elevó junto a mí, y ambos enfrentamos al pokémon salvaje. —Aquí tenemos la ventaja nosotros —sonreí mirando a mi compañera—. ¡Empecemos con el entrenamiento de verdad! ¡Flabébé, Hoja Afilada!
—¡Sí! Hippopotas cayó ante el formidable ataque de tipo planta, pero entonces puse mi atención en otro pokémon que se había materializado frente a nosotros; un sigiloso Marill que nos miraba enfadado, probablemente porque estábamos en su territorio. —¿Qué tal si intentamos algo diferente ahora, Flabébé? —propuse con una sonrisa—. ¡Viento Féerico!
Fruncí el ceño. ¿Por qué Marril apenas si parecía afectado por ese ataque? Saqué mi pokedex para ver si tenía alguna información al respecto, y entonces lo comprendí... —Así que Marril es mitad tipo Hada también... —me dije para mí misma. Supuse que tenía que saber este tipo de cosas; por suerte no había nadie allí que pudiese enterarse de lo ocurrido—. Bueno, entonces volvemos a nuestra estrategia original, ¡Hoja Afilada!
—¿Otro más? —me sorprendí, preguntándome internamente cuántos Marril podría enfrentar Flabébé sin agotarse—. No te preocupes por su Pistola Agua, no te harán nada de daño, ¡Hoja Afilada una vez más!
—Esto ya se esta volviendo ridículo —suspiré cuando divisé un cuarto Marril que se acercaba para enfrentarme—. Flabébé, vas a agotarte demasiado rápido, regresa. ¡Dratini, es tu hora de brillar! El pequeño dragón emergió de un destello de luz y se irguió frente a la otra criatura. Recordando que era tipo hada también, recé porque no tenga movimientos de ese tipo y ordené que atacara con un Portazo. El otro no lo esquivó, pero no lo derrotó con tanta facilidad como venía ganando Flabébé. Sin embargo, Dratini procedió a atacar con Dragoaliento antes de que el otro pudiese reaccionar, convirtiéndolo en el ganador del enfrentamiento.
Y ahora venía un Azurril... bueno, al menos había variedad después de todo... —¡Onda Trueno, y después Portazo! —estaba segura de que esa combinación sería suficiente para derrotar a la forma bebé de Marril, y afortunadamente no estaba equivocada.
—Hippopotas otra vez —comenté por lo bajo—. Creo que deberías tomarte un descanso, Dratini, regresa. El dragón no presentó quejas, y se volvió un rayo de luz roja que ingresó a la pokebola que sostenía en mi mano derecha. La minimicé y guardé en mi cinturón, luego saqué otra y liberé a Squirtle. —¡Esta batalla es para ti, Squirtle! Vamos a probar nuestro nuevo movimiento... ¡Surf, ahora!
El Hippopotas fue debilitado, pero huyó despavorido antes de que tuviera oportunidad de reaccionar u ordenar otro comando. Suspiré; quizás ya era hora de dejar este entrenamiento, pero en eso noté algo que llamó mi atención. —Oh, es un... —lo miré fijamente, el pokémon se acercó, y entonces pude confirmarlo—. ¡Sí, un Wooper! Creo que este pokémon me podría ser útil... ¡salgan todos! ¡Tenemos un pokémon que capturar! Dratini y Flabébé salieron de sus pokebolas y se unieron a Squirtle para enfrentar al pokémon salvaje. Ordené que el ataque lo comenzara Dratini, su Dragoaliento producía daño fijo e incluso podía causar parálisis, aún en un tipo tierra como Wooper. Tuvo un golpe de suerte y el pokémon fue paralizado... y entonces supe que era mi oportunidad de debilitarlo completamente. —¡Squirtle, Flabébé, combinen sus ataques! ¡Hoja Afilada y Pistola Agua! Ambos ataques dieron en el blanco, y Wooper cayó al suelo inconsciente. Tomé una pokebola vacía de mi bolso y la agrandé, lista para lograr mi cometido. Arrojé la bola roja y blanca con todas mis fuerzas y golpeó al Wooper en la cabeza, efectivamente capturándolo dentro. Ahora sólo restaba ver si se mantenía allí...
—¡Sí! —exclamé, eufórica, cuando la pokebola hizo un sonoro clic que marcaba que el Wooper ahora formaba parte de su equipo—. ¡Lo logré! ¡Mi primer pokémon capturado! Miré a mis tres compañeros, los cuales también parecían estar felices con el resultado de su trabajo en equipo. Los regresé a donde pertenecían, y ahora completamente sola en la ruta comencé a andar; allí, a lo lejos, veía una cueva, y eché a andar más deprisa, ansiosa por dejar esta ruta embarrada de una vez por todas.