Caminamos un rato, observando la maleza y el paisaje con atención. Debíamos recordar por dónde habíamos venido, porque sino acabaríamos perdidos totalmente. También tratamos de avanzar lento, para no hacer que nuestros estómagos rugieran y tuvieran hambre con demasiada anticipación. De los veinticinco paquetes de galletas que había tenido, sólo quedaban siete.
La vida en la ruta era tranquila, apacible. La vegetación creía con exuberancia, lo que me sorprendió bastante. Debía de haber cerca una gran fuente de agua. Entonces, la respuesta acudió a mis ojos; un cartel cerca mio mencionaba una catarata cerca. ¡Era genial! Pero no podía visitarla todavía, debía concentrarme en mi meta.
El sol daba con fuerza, y traté de cubrirme bien la cabeza con mi pañuelo para no agarrar una insolación, pero ya me dolía la cabeza. ¡Era terrible! Tuve que sentarme por unos cuantos minutos para recuperarme y poder seguir. Miré a Starly y le sonreí. Éste, actuando de forma rara, me ignoró completamente y volteó la cabeza. ¡Pájaro tonto!
A lo lejos, divisé una estructura... ¿O acaso mis ojos me engañaban completamente? Me froté los ojos y volví a mirar. Sí, afirmativamente allí había algo. Mi curiosidad me ganó y eché a correr con Pidgeotto y Starly volando cerca mio. ¡Tenía que saber qué era aquello!
Con que esta era la ruta 303. El acantilado que la cercaba era tan imponente que parecía se iba a caer sobre nosotros, en cualquier momentos. Snivy yo caminamos, en busca de pokémon salvajes, pues el equipo tenía que seguir creciendo.
Encontramos un Machop haciendo abdominales. La información que me aportó la Pokédex me convenció para querer capturarlo: "Es una masa de músculos y, aunque es pequeño, tiene fuerza de sobra para tomar en brazos a 100 personas." Era el compañero perfecto para el poder de Pawniard. Machop no pudo hacer nada contra mis cuatro pokémon, y acabó capturado.
¿Acaso fue verdad lo que vieron mis ojos? ¿Un Meditite merodeaba por esta ruta? Tenía que ser mío también, pues es un pokémon que siempre me gustó, desde que era un niño muy pequeño, por ese aire de sabiduría, de conocimiento, que surgía de él.
Otro Machop. Y al parecer era amigo del anterior, porque nos lanzó unos cuántos golpes gritando de furia. Snivy lo redujo, ya que había mejorado su agilidad. —Lo siento, amigo —fue lo único que pude decir cuando dejamos atrás su cuerpo desmayado.
Ralts me parecía un pokemon visualmente bonito, pero no muy apto para mis pretensiones de entrenador. Pasé de largo.
¡Bingo! Ahí estaba el tan codiciado Meditite, levitando entre meditaciones. Tan concentrado estaba, que sólo lo capturé arrojándole una pokébola. No hizo falta la lucha. Contento de haber logrado el objetivo de la larga búsqueda, volví sobre mis pasos. Retomé la ruta 302.
Había salido a la ruta 303 otra vez. Sentí un ruido y me giré asustada. El Pidgeotto de Yair se había ido, sólo me quedaba Starly.
Suspiré aliviada. No había sido nada. Miré hacia un costado y Starly no estaba. ¿Qué demonios...? Y de repente, bajó hacia mí, pero ya no era un Starly, ¡era un Staravia! Me quedé totalmente pasmada. De pronto, un pequeño Ralts pasó lentamente por nuestro lado, como si nada.
Algo rozó mi pierna; me di vuelta y era un Bidoof. ¡Genial! Justo lo que necesitaba. Le dije a Staravia que usara Golpe Aéreo. El pokémon salvaje quedó atontado y le lanzé una pokéball. Al cabo de un rato, Bidoof ya estaba atrapado.
Aterricé en la ruta 303 y descendí de Skarmory… había un lugar por aquí que no había explorado aún, la Gran Cascada, hogar a varios tipo agua… eran mis pokémon favoritos, de modo que me dirigí hacia allí sin dudarlo, regresando a Skarmory a su pokebola y continuando por el camino a pie.
—Mmmm... —dije pensativa. Saqué una lista de mi bolsillo y taché: Casa del Artista Batista—. Bien, Staravia, un lugar menos por recorrer. Miré hacia mi alrededor y suspiré. Me dolían las piernas, mucho, pero tenía que seguir mi viaje. —Debería ir hacia la cascada... quizá allí hay algo interesante.
Entre a la ruta dando saltitos como niña, estaba sola con mis pokémon, pero ellos me protejerian si se aparecia algún pokémon salvaje. —Bien chicos, pasemos rapido por esta ruta.
Caminavamos en silencio escuchando la naturaleza, Ivysaur estaba tranquilo y Drifloon volava admirando el paisaje, a este paso llegariamos en un par de minutos, espero que pronto.
Senti movimiento no muy lejos, camine más rapido seguido de mis amigos, un pequeño Ralts jugaba con un Machop, me hacerque con cuidado mirando al ralts, era tan lindo. — Ivysaur Látigo cepa, sujeta al Ralts —ordene, el Ralts quedo sujeto sin escapatoria y despues de una pequeña batalla ya tenia a un Ralts en una pokéball con una pegatina de flor rosa.