—Ya. La ayudó bastante el factor sorpresa. Dicho esto, me senté de piernas cruzadas. Me quité la camisa, quedando en musculosa, y la escurrí con todas mis fuerzas. Espero no pescar un resfriado tras esto. Luego de volver a colocarme la camisa, rebusqué en mi morral (por suerte, había permanecido sobre el caparazón de Lapras durante el pequeño incidente con Alomomola). Saqué tres piezas de comida pokémon. Dos de ellas fueron a parar a las bocas de Plusle y Lapras. La tercera la alcé en alto, para que Flame lograra verla y supiera que se la estaba ofreciendo.
— ¿Volvemos entonces?— Le pregunté mientras Flame devoraba el pedazo de comida acercándose a mi y tomándome en brazos para luego pasarme a su espalda: Notó mucho cansancio en Froakie
Observaba a Flame tomando a su entrenador en brazos. Al ver que el pokémon volador acomodaba a Alpha en la zona donde sus alas nacían, Froakie dejó escapar un suspiro de alivio. Flotó de espaldas sobre el agua, como quien se arroja a la cama luego de una jornada cansadora, y se dejó mecer por el vaivén de las olas, para descansar del peso que sus pequeños músculos habían aguantado. Entendí por qué Alpha se sentía un abusador al momento de aprovechar el surf del incial. “¿Volvemos?” fue lo que dijo, proposición que decliné con una amable negación de cabeza. —Continuaré mi travesía hacia otro rumbo —le expliqué—. Si quieres puedes acompañarme, pero yo te recomendaría ir primero a Ciudad Barniz: allí conocí a una chica llamada Emily. Me preguntó por ti y por Ian, al parecer ustedes llevan mucho tiempo sin verse. Quizás se lleve una alegría al encontrarse contigo. Liberé a Pidgeotto de su pokébola. Me subí con cuidado a lomo del volador, Plusle en mi hombro, y regresé a Lapras. Con un movimiento de mano, Plusle y yo saludamos al grupo de Alpha, hasta que desaparecimos en las nubes.
— ¿Emily?— Me pregunté.— Veamos...— Me detuve a pensar por unos segundos. ¡La chica que iba con Dante y Ukita! Pensé que sé había retirado, luego del torneo tempera nunca la volví a ver. — Swellow, usa vuelo hacía la Ciudad Barniz.
Skarmory surcaba el cielo sobre la Ruta 300 cuando le solicité que desacelerara la marcha… habíamos llegar al lugar que yo quería. Arrojé una pokebola hacia el agua, y cuando se encontraba ya unos pocos metros sobre el nivel del mar ésta se abrió por la mitad y liberó a Blastoise, que preparó su caparazón para el abordaje, recostándose boca abajo, horizontalmente, dejándome a mí todo el espacio posible para aterrizar. Bajé de un salto de Skarmory y aterricé sobre Blastoise, quitándome los cabellos rubios de la cara que me obstruían la vista, el viento era fuerte tan lejos de tierra y revolvía mis cabellos sin parar. Dragonite nos siguió, bajando desde la altura de las nubes hasta quedar al mismo nivel que el ave de acero, el cual graznó con impaciencia; lo regañé con una mirada dura, no estábamos aquí para jugar. Era hora de ponernos serios.
Un cardúmen de peces pasó por debajo nuestro… no, esperen, no eran peces normales, ¡eran pokémon! "Alomomola, el pokémon socorrista. Posee una membrana alrededor de todo su cuerpo que tiene facultades curativas. Éstos pokémon suelen ser gentiles con los demás, curando de otros pokémon heridos abrazándolos con sus aletas curativas." —Vaya, y todo un cardúmen de ellos… —musité por lo bajo, ignorando tanto a los Tentacool que pasaban a nuestro lado como a los Pelipper que revoloteaban sobre nuestras cabezas—. ¡Síguelos, Blastoise, veamos hacia dónde se dirigen!
Finalmente, tras mucho nadar, los Alomomola llegaron a un alto… alrededor de unas rocas que salían a la superficie en medio de la ruta marítima. Eran altas, muy altas para que los peces llegasen saltando a ellas. Y una pequeña luz provenía de arriba de una de esas rocas… estaba titilando, flashiando un pequeño rojo que parecía… ¿tildado, era esa la palabra correcta? —Demos la vuelta, Blastoise —comandé, y el pokémon obedeció, evitando el cardúmen para ver que sucedía—. Oh, por Dios… Entonces los vislumbramos. Había un Staryu allí, sobre la roca, tendido boca arriba, agotado, exhausto, y a todas luces muy debilitado. Parecía que había sido víctima de una batalla, y evidentemente no había salido airoso. Eso explicaba todos los Alomomola reunidos allí, según lo que dijo el pokedex solían ayudar a pokémon heridos y este Staryu estaba en pésimas condiciones… pero no podían llegar a éste. Tenía que hacer algo. Me quité la camisa y la dejé arriba del caparazón de Blastoise; al menos así esa prenda no se mojaría, y tenía el top del bikini así que estaría bien. Me quité las sandalias también, tomé impulso y salté. Insulté por lo bajo en cuanto mis pies descalzos hicieron contacto con la áspera superficie de la roca, pero lo soporté a pesar de los raspones. Miré al Staryu y a la luz roja encendida en su centro, que marcab su baja vitalidad… acaricié su punta superior para intentar calmarlo, luego murmuré una rápidapromesa de que le ayudaría, y comencé a empujarlo hacia el océano. Una vez cayó al agua, los Alomomolas se encargaron del resto… lo envolvieron todos con sus aletas, ahora sólo restaba esperar a ver si la información de mi pokedex era certera...
Un par de horas pasaron. Hace rato ya que los Alomomola curaron a Staryu; apenas terminaron, el pokémon con forma de estrella emergió completamente renovado del fondo del mar y se paró sobre la roca con un triunfante "¡Hera!" como reclamando su poseción sobre la roca. Pasamos un largo tiempo allí con aquel Staryu; mis pokémon y el tipo agua entablaron una especie de competitiva amistad, en especial Blastoise, posiblemente por compartir el mismo tipo elemental. Finalmente, decidí que aquel pokémon se iba a unir a mi equipo a como de lugar; era fuerte, tenía carácter, y encima era tipo agua… mis favoritos. Liberé a Golduck, que se paró sobre una roca enfrente de Staryu; el tipo agua, comprendiendo lo que estaba por suceder, se puso en posición, y un épico combate comenzó. Debe ser recordado, sin embargo, que los Alomomola curaron meramente las heridas superficiales del Staryu, y sus movimientos no eran tan potentes como lo serían en la plenitud de su salud. Y eventualmente, fue Golduck el vencedor. Lancé una pokebola, pero Staryu la destruyó en mitad del aire con un Giro Rápido… aún no se daba por vencido. Golduck, finalmente, se lanzó con un Aqua Jet final y Staryu quedó flotando en la superficie del mar… lancé una segunda pokebola y, ésta vez, fue capturado efectivamente. —Vamos… es hora de seguir con nuestro viaje. Junto a nuestro nuevo amigo —sonreí, minimizando la pokebola y guardándola en el bolsillo de mi camisa, la cual me coloqué de nuevo. Con ayuda de Dragonite, logré subir de nuevo en Skarmory. Regresé a Blastoise y Golduck a sus respectivos esféricos desde la alutra y luego emprendimos vuelo, con Dragonite volando lealmente a nuestro lado.
Saliendo de Caballete nuevamente nos volvimos a adentrar en una zona marina para llegar a Lienzo, esta vez por mi petición Floatzel iba un poco más rápido para hacer mi tortura menos larga y que todo se acabara más rápido, Lienzo no estaba tan lejos de nosotros y ya quería llegar... en mi vida volvería a meterme al mar cuando no haya luz del sol. — Vamos Floatzel, ya llegamos...
Llegamos rápidamente a la ruta 300, pero aun quedaba un buen trecho hacia la Isla. Linoone pateaba animadamente, a toda la velocidad que podía.
—Vamos chico, apresurate—alenté. Linoone asintió, y aumentó el paso. Tenía que llegar a la Isla lo mas pronto posible.
Mientras Linoone surfeaba, noté los pokémon salvajes que se encontraban por la zona. Creo que nunca había visto tantos del tipo agua en un mismo lugar. Aunque claro, esta era la zona en donde más se conseguían. Pensé por un momento en atrapar alguno, pero desistí pronto de la idea. Ninguno me llamaba la atención.
Una de las razones por las que Linoone tardaba: se entretenía mucho con la diversidad de pokemon que se encontraban por el lugar. Y no podía culparlo, eran muy monos. Me limité a asegurarme de que fuera en la dirección correcta.
Vale, Linoone era bastante sociable. En menos de una hora teníamos una especie de grupo marino, encargado de que Linoone llegara a la Isla rápido y acompañado. Veía por todas partes cardúmenes de Alomomola saltarines, Bandadas de Wingull y Pelipper saludando con las alas y algúno que otro tentaculo asomando la superficie. ¿Un tentacruel? Siempre me habían dado mal rollo, pero no parecía querer hacernos daño.
Según el mapa, acababamos de pasar lo que se suponia que era la mitad de la ruta 300. Eso significaba que ya estabamos a menos distancia antes de llegar a la isla caballete. Lo cual me puso algo nervioso. La última vez que había ido a ese lugar, había estado haciendo quien sabe que por todo un año. ¿Me pasaría lo mismo otra vez?
Linoone no parecía agotarse, y continuaba a velocidad normal. De echo, empezaba a notar que varios pokemon marino lo seguían demasiado cerca, y lo miraban de reojo de vez en cuando. ¿Algo malo? Pero entonces, un Alomomola se le adelantó, y Linoone lanzó un gruñido antes de aumentar el paso. Ahí lo entendí: estaban haciendo una carrera.
Ya me parecía ver la isla a distancia. La carrera estaba dando como resultado que Linoone surfeara con toda su potencia. Estaba a la par con un Alomomola y un Tentacruel. No sabía como un pokémon que no solía estar en el agua podía derrotar en velocidad a pokemon que vivían en el agua, pero eso estaba pasando.
Ya veo porque se les llama Tentacruel, pues son crueles. Al ver que estaba perdiendo, Tentacruel no dudó en tocar a Linoone. No supe que hacía hasta que noté que Linoone se ponía palido, y comenzaba a toser. —¡Lo has envenenado!—me quejé. Tentacruel lanzó una mirada burlona y siguió de largo, aprovechando para envenenar también al Alomomola. Creí que todo estaba perdido, sin embargo, de repente Linoone sonrió, y la pokedex emitió un chillido. Habilidad Activada: Piés rápidos.
Tuve que agarrarme fuertemente cuando la habilidad de Linoone aumentó su velocidad. Dejó muy atras al Alomomola, y luego de unos segundos, rebasó a Tentacruel, quien se quejó y lanzó improperios en su idioma (no me pregunten como lo supe, lo sabía). Luego de nada, estabamos al fin en Isla Caballete.