-¡Por supuesto! O si prefieres volver a la ruta y que atrapes algún pokémon...aunque no creo que sea bueno salir con Bulbasur así-le dije señalando al pequeño pokémon
—Ah ah ¬o¬ Tu tu dejalo asi, ya se le pasara— mi pokemon miraba al vacio sonriendo bobamente— Hey tengo una mejor idea! El casino esta por aqui... ¿que dices? ¿quieres ir a jugar?
—¿Espeon? ¡Claro que no! ¡Tiene que ser un Umbreon!— replique mientras nos dirigiamos al salon de juegos.
Caminé junto a White, hasta llegar por fin al pueblo. --¡Al fin! ¡Pueblo Pincel!-- Dije levantando el brazo derecho al cielo. --Que White ¿No estas emocionada de llegar a un lugar nuevo?--
--Centro pokémon... necesito un centro pokémon... --dije sin fuerzas y aun agarrada de Destiny. De lo cansada que estaba no le di mucha importancia a la pregunta de mi compañera. Lo único que quería ahora era descansar.
--¡En fiiiin! Buscaremos uno cerca. Tendría que haber uno aquí.-- Busqué siguiendo el ritmo de White, hasta que divisé uno. --¡Aquí! ¡Vamos!-- Dije entrando a toda prisa. Le pedí a la enfermera Joy que curara a Poochyena y dejar a Charmander descansando, algo que ella acepto con su típica sonrisa.
--Enfermera Joy, ¿podría curar también a mis pokémon? --le pregunté intentando que pareciera que no me iba a desmayar en cualquier momento. Esta aceptó y me los devolvió en menos de un segundo. Yo le pedí si podía también descansar en una habitación y esta me dio las llaves. --Vamos Destiny, subamos a la habitación. --le sonreí y ambas subimos para dejar las cosas. Rápidamente me tumbé en una de las camas y me puse cómoda.
--Civilización... Dulce civilización con camas super cómodas.-- Dije haciendo lo mismo que mi compañera. --Oye White, te tengo una pregunta.--
Me quité la gorra y el bolso y los dejé junto a las demás cosas para estar más cómoda y no llevar tantas cosas. --¿Cuál es Destiny? --le pregunté extrañada.
--Pues... -sonreí. --Fue una promesa que hice con mi hermano mayor, Lucho, que se fue hace tiempo de casa para convertirse en entrenador pokémon. Yo apenas tenía 7 años y el 13. Yo me puse muy triste cuando se fue pero antes de irse me dijo que hiciéramos una promesa, que el me esperaría en lo más alto para tener una batalla pokémon por el título de campeón. Y aquí estoy yo, cumpliendo mi parte de la promesa y deseando encontrarme con mi hermano de nuevo.
Una historia conmovedora. Por lo menos ella tendrá la suerte de luchar con la persona que hizo esa promesa. Mi rostro se mostró triste, yo no voy a poder cumplir mi promesa con él.
--¿Oye y tu por qué quieres ser entrenadora pokémon, Destiny? --le sonreí. Pero me di cuenta de que su expresión había cambiado y eso me preocupó. --¿Qué te ocurre?
--Verás... Yo me hice entrenadora por mi padre... Él era un gran entrenador, y yo le prometí, que si llegaba a ser muy buena entrenadora, me enfrentaría cara a cara contra él, pero... Cayó gravemente enfermo...-- Mi rostro se fué apagando casa vez que avanzaba con mi historia.-- Y murió... Sabía que no podría cumplir la promesa, por eso, decidí tener su mismo equipo pokémon... Mightyena, Pikachu, Garchomp, Zoroark, Luxray y Charizard.--
La historia me quedó impactada. Ahora me sentía culpable por haberle preguntado aquello. --Lo siento mucho Destiny... --dije mirando el suelo muy triste. --Seguro que tu padre estará muy orgulloso de ti si llegaras a ser una gran entrenadora como él. --la intenté animar con una gran sonrisa. --¡Ya se! ¿Y si hacemos una promesa nosotras dos? Que llegaremos juntas al gran torneo de Galeia y nos enfrentaremos en la final.
--Eso será difícil White.-- Contesté.--Me costará mucho, y si quiero llegar, tengo que evolucionar a todos los pokémon a su forma final, si no no cumpliré mi objetivo, y me cuesta bastante... Yo sé que el primero en evolucionar será Poochyena pero... Charmander me va a costar mucho...-- Respondí. Yo sé que White no va a cambiar de idea, pero... --Pero bueno, está bien. Conseguiré el equipo de mi padre, y seré tan fuerte como él. Con lo que, te lo prometo--
--Tranquila, mis pokémon tampoco serán fáciles de entrenar. Pero ya veras como seremos grandes entrenadoras. --le respondí muy segura de mi misma y le di mi mano en señal de que cumpliría la promesa.
La miré a los ojos, estaba llena de esperanzas, y yo nunca dejo de escapar a una persona decidida. Le tomé la mano, y finalicé con un: --Hecho.--
--Bueno, creo que... buah --bostecé -- me voy a dor...-- en ese momento me dormí. No pude aguantar más...