Suginami Propiedad Pierce [Casa]

Tema en 'Ciudad' iniciado por Gigi Blanche, 8 Enero 2024.

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    Zireael

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    Arata.png

    Como cinco años no creía que uno le pusiera mucha atención a algunos datos, pero la información se almacenaba, quedaba allí y luego surgía o se manifestaba. Era una tontería, pero incluso si ella no memorizaba las canciones de Yanagi, recordaría que su hermano sí y en ese espacio un recuerdo adquiriría solidez, instaurándose. La memoria era una cosa curiosa y compleja, nos enseñaba a qué debíamos temer, pero qué pertenecía a las personas que apreciábamos, volviendo lugares, canciones u objetos parte de ellos.

    En cualquier caso, mi sincericidio le dio ventana a Sasha para molestarme y cuando escuché su pregunta un bocado de pie de limón se me quedó suspendido en el cubierto. Negué con la cabeza, entre divertido y resignado, me bajé el bocado de todas formas y respondí después.

    —Canciones de los ochenta que saltan a veces en la radio —dije sin mucha complicación—. Le gustan a mamá.

    Igual Fanny y yo nos marcamos un combo bastante potente con la cosa del award a la mejor hermana mayor del mundo, no fue del todo intencional, pero por la forma en que carraspeó la garganta supuse que algo le habíamos causado y tuve que tragarme una risa. A Fanny mi salida le vino en gracia, también soltó un comentario que me estiró una sonrisa en la cara, pero cuando le aparté el pelo se quedó quietecita.

    Los ojos de los niños no juzgaban, pero la verdad es que la mirada de mis amigos tampoco lo había hecho nunca. Temía romper sus domos, los espacios donde se protegían o donde no eran más que niños, pero ellos en sí nunca me habían juzgado y yo trataba de no juzgarlos a ellos, pero a veces era muy difícil. Estaba rodeado de distantes e intensos del culo, lidiar con ello era complicado, sobre todo si a veces ni lo intentaba. Por años no lo había intentado, pero requería de sacudidas violentas para reaccionar.

    Sin embargo, estaba en esta casa y me trataban como si fuese parte del paisaje.

    El comentario de mi rodilla pasando a mejor vida hizo reaccionar a Fanny, soltó la risa y me dijo que no fuera exagerado, que no estaba tan viejo. Estaba bien hasta que Sasha sumó lo de que hasta los niños creían que me quejaba demasiado y se me escapó una risa que se quiso convertir en una carcajada. No pude hacer otra cosa que encogerme de hombros, pero el torbellino marca Pierce pronto me estuvo arrastrando y me dejé hacer.

    —Te esperamos —dije hacia Sasha antes de perder la oportunidad y nos fuimos.

    Sostuve la manita de Fanny con cuidado, pero cuando escuché a Sasha hablar con Lulu giré la cabeza un poco y aunque ya estábamos afuera, solo regresé la atención a la niña cuando creí escuchar pasos. No era bueno presionando a las personas que parecían tan metidas en sus propias cabezas, tenía bastantes fuentes que lo confirmaban, pero tampoco me gustaba solo ignorarlos. Quizás mi personalidad fuese una forma muy mal forjada de pretender incluir a todo Dios en el mundo.

    En cualquier caso, ya en el patio me sorprendí bastante con la acumulación de juguetes que me recibió. Supuse que tenía sentido, todos los niños eran relativamente pequeños todavía, pero también me hizo algo de gracia. Algo en esta cantidad de cosas hablaba del amor que recibían, uno inmenso, que supuse provenía de la madre que ya no estaba con ellos y que su hermana sostenía.

    —Oh vaya, es todo muy bonito —dije cuando la pequeña me dio la bienvenida y mis ojos se distrajeron en un punto diferente cada vez que moví los ojos. Los adornos, el tobogán, las mariposas pintadas, que los moldes desperdigados y los objetos esos que sonaban al moverse—. Eso veo, eso veo. ¡Son un montón de cosas!

    Por alguna razón reflejé su postura, puse los brazos en jarra y mapeé el espacio ya con algo más de conciencia de elegir algo, aunque con tanta cosa costaba un poco. Era como pararse frente a los fideos instantáneos y pretender elegir uno en dos minutos, cuando había tantos sabores y versiones, quería decir, ¡era una misión muy importante! ¡De vida o muerte!

    Al final mis ojos se posaron en la pelota suspendida por la cuerda y acabé dirigiéndome allí luego de hacerle una seña a la niña. Ya allí me detuve, crucé los brazos de lo más serio y miré a Fanny luego de haberme dedicado a estudiar el juguete como si fuese una maravilla del mundo.

    —Una vez me dieron en la cara con una de estas —solté como si nada y al decir el resto le sonreí—. Pero sé que tú nunca me harías daño, ¿a qué sí?


    Sasha: No me lo imagino como el meme de Chandler
    Arata el día que hablaron de la canción:

    meme.png
     
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    Gigi Blanche

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    Luego de presentar el patio de juegos con bombos y platillos, Fanny entrelazó sus manos a la espalda y permaneció quieta, en silencio, balanceándose sobre sus talones a la espera de que Arata acabara su recorrido visual de todos los juguetes. La elección que el chico hizo le iluminó la sonrisa y dio un brinco breve; justo antes de acercarse, notó por el rabillo del ojo que su hermano caminaba hacia ellos.

    —¡Lulu! ¿Vienes a jugar?

    El niño miró la estructura con la pelota y regresó a Fanny, rebasándola hasta sentarse al borde del corredor que se extendía bajo las ventanas.

    —Vengo a vigilarte —resolvió, en voz baja y con una expresión bastante neutral.

    —¿Cómo que a vigilarme? ¡Sólo voy a jugar con Akkun!

    —Por eso.

    Ella se enfurruñó y quiso seguir quejándose, se notaba en su postura, pero eventualmente cedió y fue donde Arata. En el camino recogió dos paletas de madera y le alcanzó una a Shimizu, con el mohín aún bien presente en su rostro. Recogió la pelota, la cuerda se tensó y se ubicó al otro lado de la torre.

    —Eres muy alto para darte en la cara —argumentó, y la molestia se le esfumó repentinamente al agregar, con cierto apremio—: ¡Así que tú no me des en la cara a mí!

    No había manera de que una niña de ese tamaño pudiera golpear la pelota con la fuerza suficiente para herirlo, ¿verdad? Por mucha velocidad que fuera capaz de pillar gracias a la contención de la cuerda. Ella empezó, entonces, soltó el objeto con un vaivén practicado hasta el hartazgo y le dio impulso, enviándola hacia Arata. Con el correr de los minutos su estado de ánimo volvió a la normalidad.

    —¿Cómo son tus amigos, Akkun? —preguntó de repente, aunque luciera muy concentrada en el juego—. Además de Sashie, claro.



    Sasha 4.png

    Los trastos sucios eran muy pocos, ya estaba terminando de lavarlos cuando oí una de las puertas del pasillo abrirse. Al mirar sobre mi hombro comprobé que, evidentemente, se trataba de Danny, y me sequé las manos. El niño era seguido por Betty y navegó el espacio hasta la mesa con movimientos pausados. Apoyó la mano en el espaldar de una de las sillas y, al reunirme con él, sonreí. Toqué su hombro con delicadeza, con precaución, pero no me rechazó.

    —¿Tienes hambre, cielo?

    —¿Quedó algo?

    Of course! Te guardé de tu favorito.

    No reaccionó visiblemente, se movió hasta deshacer el punto de contacto y siguió camino hasta la cocina. Allí pilló uno de los platos húmedos, lo secó con calma y también se hizo con los cubiertos. Durante ese proceso me reuní con él y puse a calentar, ahora sí, el agua que habría sido para su té. La taza, el saquito, la miel. Abrió el refrigerador y buscó el pastel sobrante.

    —¿Te sientes bien? —pregunté, sólo para confirmar, y lo vi asentir—. ¿Te molesta que Arata esté aquí?

    —Es tu amigo —fue su única respuesta.

    No necesité seguir indagando. Danny se sentó en la mesa, se sirvió el pastel, y yo me ubiqué a su lado mientras esperaba que el agua hirviera. Del patio nos llegaban los sonidos de la pelota, las risas de Fanny y sus exclamaciones, fuera para quejarse o para celebrar, pero allí dentro había un silencio que comenzó a pesarme en el cuerpo. Había echado el torso hacia adelante y me enjugué un ojo, bostezando.

    —¿Te fue bien en la escuela, amor? —Otro asentimiento sin quitar la atención de su pastel—. ¿Qué te gustaría cenar hoy?

    Habían sobrado pastas de ayer, pero Danny no soportaba su textura. Pasó un largo tiempo sin una respuesta ni reacción de su parte, el suficiente para que debiera levantarme a preparar su té. Ya de regreso deposité la taza humeante frente a él, le acaricié el cabello a la pasada y me asomé para chusmear a los tres niños de afuera.

    —Pollo.

    Había empezado a sonreír sin darme cuenta, y al girar el rostro hacia Danny encontré sus ojos de miel, los mismos que Eloise había poseído. Me estaba mirando directamente y el detalle, aunque me tomó desprevenida en un primer momento, me recordó la inmensa conexión que el niño guardaba con el mundo incluso si no lo parecía, pues pollo era precisamente lo que papá había comprado hoy.

    —Está bien. ¿Al horno?

    The air fryer. It's tastier.

    Alright —accedí, riéndome.
     
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    Zireael

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    La reacción de la niña a su hermano confirmó que no me había imaginado sus pasos, nos había seguido aunque quizás sus motivos para hacerlo no se emparejaran con necesariamente ser parte del torbellino de energía de Fanny y la forma en que yo me acoplaba. Aún así, verlo aparecer me hizo sonreír para mí mismo, tranquilo, y observé el intercambio de los enanos entre divertido y enternecido.

    Sabía que adentro seguía Danny, pero esa era una situación completamente distinta. Funcionaba distinto a los mellizos, a Sasha y a todos en la casa, pero no dejaba de ser un habitante de ella. Saldría cuando él lo dispusiera, en eso se reducía todo. Era un eterno trabajo de paciencia, ¿no? Todo lo que hacía casa en esta casa era eso.

    El asunto fue que Lulu le dijo a su melliza que venía a vigilarla, la otra se defendió con que solo iba a jugar conmigo y él respondió que justo por eso. A Fanny se le notaron las ganas de seguir quejándose al respecto, pero acabó por echarlo por tierra para volver conmigo, recogiendo las paletas en el camino aunque todavía tenía le puchero bien pegado en la cara y tuve que usar todas mis neuronas para no reírme, no por maldad, solo por ternura.

    —¡Pero mi rodilla! —advertí señalándola con la paleta a pesar de que no había manera en el mundo de que una niña de cinco años me lastimara de verdad—. Además, ¿cómo podría yo hacer una cosa tan terrible como darte en la cara? ¡Jamás!

    En todo caso, cuando soltó el objeto y le dio impulso me concentré mucho en el juego (quizás más de lo que debería). Repliqué el movimiento, prácticamente ni usé fuerza para devolverle la pelota y nos mantuvimos así; incluso si estaba usando las neuronas en la acción motriz, me di cuenta que el humor de la niña regresó a la normalidad. Hasta entonces había ido soltando comentarios sueltos, molestándola un poco para que me enviara la pelota con algo más de impulso, pero nada muy loco, así que su pregunta me pareció salida un poco de la nada.

    —¿Mis amigos además de Sashie? Pues son igual de geniales —contesté con una transparencia que fue bastante similar a la sinceridad de los niños de hecho y se me escapó una risa—. Está Ko-chan, que va por ahí con una guitarra en la espalda y vive en un santuario, ¿a qué suena loco? Es muy tranquilo y bueno con las personas, la gente se suele sentir bien estando con él. Está Yuzu, que es igual de buena y amable que tu hermana, le gusta cuidar a los demás y quiere mucho a la gente. También está Cay, que es medio nervioso, pero adora a sus amigos, se preocupa mucho por nosotros. Al resto no los veo tanto ya, pero te aseguro que son los mejores. Ah, ¡también está Ri-chan! Bueno... No le hablo hace rato, pero me cae muy bien, es muy simpática y hasta me regaló unos dulces una vez.

    El tremendo monólogo lo solté sin sacar la atención del juego, pero conforme fui hablando la sonrisa se me estiró y algo en el pecho se me sacudió, fuese afecto o nostalgia, no supe darle forma del todo y preferí no escarbarlo en consecuencia. Era un cabrón y muchas veces parecía que todos me importaban tres mierdas, pero conocía a las personas con quienes había compartido fragmentos de mi vida. Era capaz de ver sus cualidades incluso cuando, en ciertas ocasiones, ni siquiera las usaban conmigo.

    —¿Y tus amigos Fanny? —pregunté, regresándole la pelota de forma metafórica y literal, aunque me tomé un segundo para echarle un vistazo a su hermano—. ¿Y los de Lulu?
     
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    Gigi Blanche

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    El recordatorio tan vehemente de Arata respecto a su pobre rodilla fue, sin lugar a dudas, un click dentro de la cabeza de Fanny. Su expresión enfurruñada mutó brevemente en sorpresa antes de echarse a reír, fue una carcajada cristalina que le brotó del pecho y le iluminó toda la cara, desde los ojos azul terroso hasta los pequeños dientes de leche. La reacción del muchacho le siguió causando la suficiente gracia, hasta que logró calmarse y comenzaron a jugar.

    La actividad fluyó sin altercados y Fanny le preguntó a Arata respecto de sus amigos. Mientras él respondía, Lucien había abandonado su lugar y se había movido en silencio hasta el gran árbol, detrás de Arata. Allí se acuclilló, luego se sentó sobre la arena y comenzó a jugar con ella. Rellenó los moldes y barrió el excedente con cuidado, girándolos y dándoles golpecitos suaves para que las figuras no se deformaran por nada del mundo. En sus movimientos había tranquilidad, paciencia y análisis. Fanny, entre tanto, prestó atención a las palabras de su contrincante. El chico mencionó a un montón de personas: Ko-chan, Yuzu, Cay, Ri-chan. Hubieron detalles que se reflejaron en su semblante, como lo de la guitarra a la espalda de Kohaku y los dulces que Riamu le había regalado.

    —¡Sí suenan geniales! —ratificó la niña, y por un instante se distrajo. La pelota se le vino encima y soltó un gritito, agachándose y logrando esquivarla. A partir de ahí el juego se reanudó con normalidad—. ¡Mis amigos también son geniales! Está Sakura-chan, que siempre lleva el cabello en trenzas y tiene coletas super lindas, ¡un montón, además! El otro día llevaba unas de mariposas y se las quitó para hacerme trencitas a mí y me dejó llevármelas. Siempre me costó hacerme peinados, el cabello de Sakura-chan es suuuper bonito y liso, pero dijo que su mamá le enseñó y ella me enseñó a mí. ¡También está Kujo-kun! Kujo-kun es un poco problemático, a veces se enfada y le jala del pelo a las demás niñas, ¡pero con Sakura-chan y conmigo se porta muy bien! Papá dice que quizá no la pase muy bien en su casa, ¡pero si vive con su papá y su mamá! No sé por qué hace esas cosas...

    La niña había fruncido los labios, aún concentrada en la pelota pero perdiéndose, posiblemente, en su propio dilema. A los pocos segundos regresó sobre sus rieles de repente.

    —¡Ah, y también está Airi-chan! Ella tiene un montón de amigos y es muy buena con todos, ¡además dibuja super bien! ¡Y casi sabe leer! ¡Y tiene una letra muy bonita! Su mamá siempre le prepara bentos con conejitos de manzana y formas de animalitos, además tiene un montón de muñecas y sus muñecas tienen muchísimos, pero muchíiisimos vestidos.

    Incluso si Fanny no era consciente del hecho, se notaba la atención que le prestaba a los padres de sus compañeros. Cuando Arata dirigió la misma pregunta hacia Lulu, el niño detuvo sus movimientos y se encogió ligeramente en su lugar, sin levantar la mirada de la arena. La risa de Fanny, inocente y despreocupada, cortó el silencio.

    —¡Lulu también es mi amigo, obvio! —exclamó, entre el ir y venir de la pelota—. ¡Es mi mejor amigo en todo el mundo!

    —A veces hablo con Kujo-kun —murmuró Lucien, algunos segundos después de la declaración de su hermana; una muy pequeña sonrisa había bailado en sus labios brevemente—. Es cierto que se porta mal, pero no es malo. Tampoco entiendo por qué hace esas cosas, pero debe haber un motivo. Kujo-kun no es malo.

    —¿Y tú, Akkun? —retomó Fanny—. ¿Tú también vives con tu mamá y tu papá?


    la cantidad de npcs de cinco años que tuve que inventarme en cinco minutos JAJAJA
     
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    Zireael

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    Arata.png

    Lo de mi rodilla hizo que acabara soltando la risa, fue terriblemente contagiosa y terminé por reírme junto a ella mientras seguía con la tontería. La pequeña interrupción por el momento de estupidez marca Shimizu no duró tanto igual, el juego fluyó, le respondí la pregunta y Lulu se movió de su lugar mientras tanto, en lo que yo monologaba sobre los demás. Algunos detalles hicieron más eco que otros, que la guitarra de Ko y lo dulces de Ri, pero al final era todo lo mismo. Personas que eran parte de mi vida aunque muchas veces yo no era tanto parte de ellos.

    Cuando afirmó que sí sonaban geniales se distrajo lo suficiente para que la pelota se le fuera encima, pero la esquivó y retomamos sin incidentes mayores, aunque su gritillo me hizo reír. Al devolverle la pregunta me dijo que sus amigos también eran geniales y no pude evitar sonreír, escuchándola, sin sacar la atención del juego aunque era más mecánico por ser algo que podía hacer con el cuerpo.

    Mencionó a Sakura, que siempre llevaba el pelo trenzado con coletas, que un día eran de mariposas y se las quitó para hacerle trenzas a ella; luego habló de Kujo, el niño problema, al parecer la criatura tenía la costumbre de tirarle el pelo a otras niñas aunque con ella y Sakura se portaba bien. La apuesta de su padre era que el niño pasaba cosa en casa y no me quedó más que cederle razón al hombre aunque no estaba allí. Todos los niños problema pasábamos mierdas en casa, de mayor o menor grado.

    Fanny, sin embargo, dijo que el niño vivía con ambos padres y no sabía por qué hacía esas cosas. No era algo de lo que tuviera que estar orgulloso, pero sí que había algo de razón en el argumento, muchos niños así de conflictivos estábamos en casas donde solo había una figura; como un día le tirábamos del pelo a alguien luego estaba que el que se metía con pandilleros con catorce años, el que se volvía un rebelde intenso de cojones, que el que se tatuaba con pasta de Dios sabría donde y así hasta parar de contar. Luego estaban cabrones como Sonnen, con todo en las manos, que actuaban igual y parecía un sinsentido, pero claro que pasaban cosas.

    Siempre pasaban cosas.

    Papá y mamá no arreglaban todo porque no siempre podían.

    Como fuese, Fanny recordó también a otra amiga suya, Airi, habló de la niña, que era buena con todos, dibujaba bien y casi sabía leer, pero habló también de la madre de su amiga y solo entonces caí en ese hilo conector. Recordé la falta de estos niños, los tres, y el cariño que parecía seguir habitando esta casa a pesar de ello. ¿Cómo era saber que habías perdido una figura que, de hecho, sí te amaba? Esa pregunta me la hacía por la madre de estos niños y por Chiasa, como si yo no hubiese perdido a Yako. Era distinto saberse cojo desde el nacimiento que perder una pierna de repente.

    ¿Cómo se conservaba la cordura en estas situaciones? Todavía no lo sabía, se hacía, pero el cómo escapaba a mi comprensión incluso tantos años después.


    Lulu, como era de esperar, se había encogido sobre sí al recibir la pregunta, pero lo que me conectó de nuevo con el mundo fue la risa de Fanny antes de que soltara que Lulu era su mejor amigo, es más, que era su mejor amigo en el mundo y tal afirmación de cariño ciego y absoluto hacia su hermano consiguió barrerme cualquier pensamiento negativo de un manotazo. Se me escapó una risa genuina, divertida, y solté el aire por la nariz después.

    —No lo dudé nunca. ¿Eso vuelve a Lulu el más genial de los geniales? Yo digo que sí.

    El murmuro del susodicho atrajo mi atención, estuve por distraerme de la pelota incluso, pero pude regresarla a su melliza antes de que el objeto girara por sí mismo antes de que yo lo golpeara. Lulu dijo que a veces hablaba con Kujo, que era cierto que se portaba mal, pero que no era malo; su carácter callado me recordaba a algunas de las personas con las que pasaba tiempo, incluso a mis propios hermanos, y su sentencia de que debía haber un motivo era completamente cierta.

    Escuché la pregunta de Fanny, claro, pero seguía un poco atascado en la figura del famoso Kujo-kun. Al final sonreí para mí mismo y aunque hablé para ambos, lo cierto fue lo que dije lo hice para darle razón a Lulu y su apunte.

    —Puede que a Kujo-kun le pase algo —concedí bastante calmado, en medio del juego con la pequeña Pierce—, pero estoy seguro de que debe sentirse bien cuando pasa tiempo con ustedes o cuando le hablan. Que se porte un poco mal no significa que sea malo.

    La pregunta de la niña era medio escabrosa, pero era una duda de niña de cinco años. La respuesta simplemente sería igual de sencilla, no había que dar tanta vueltas para una cosa de esas.

    —Vivimos solo con mamá.

    No sabía que el otro imbécil ya había pateado el balde o lo habían hecho patearlo más bien. No se merecía otra cosa de todas maneras.


    tu neurona luego de que te pusiera a pensar en los niños JAJAJS
    [​IMG]
     
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    Gigi Blanche

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    Fanny y Lulu compartieron una mirada breve cuando ambos oyeron a Arata decir que el niño, Kujo, debía sentirse bien gracias a la compañía de ambos. Sólo fue eso, Fanny tuvo que regresar su atención a la pelota y Lucien reanudó sus movimientos, descubriendo la estrella de mar que acababa de moldear en la arena; aún así, era una idea que probablemente no olvidaran con facilidad.

    Fanny alzó las cejas al saber que Arata y sus hermanos vivían sólo con su madre. Era una realidad opuesta a la suya, si se quiere, y la curiosidad le picó en el cuerpo. Eloise había fallecido siendo ellos tan pequeños que los niños no habían experimentado un duelo consciente. La ausencia hacía eco en las personas y los objetos a su alrededor, en Darel y en Sasha, pero su mundo de por sí se había moldeado lejos del alcance de su madre. La figura que se suponía los acompañara y enseñara, quien los mimara y sermoneara, sólo existía en los recuerdos de los demás. Era un consuelo y un dolor inmenso al mismo tiempo.

    —¿Y tu papá? —preguntó la niña, con toda su inocencia y plena naturalidad—. ¿Se fue al Cielo, como mamá?


    A espaldas de Arata, Lulu había alzado a verlo también.
     
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    Zireael

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    Quizás fue un proyección de puta madre, pero creía tener experiencia suficiente en la materia para saber que si el famoso Kujo era un desastre con patas, pero hablaba con estos niños de forma diferente que a los demás eso significaba algo. En medio del caos todos los Kujo del mundo nos sentíamos aceptados por las Fanny y los Lulu, algo en la rueca cambiaba de dirección solo porque compartieran espacio con nosotros. Al crecer, cuando la vida se volvía más terrible y agotadora, recordábamos a esas personas. Era como yo recordaba a todos los idiotas y como ahora recordaría a Sasha.

    Eran nuestros salvavidas cuando a veces solo deseábamos hundir al resto del mundo con nosotros.

    Noté que la pequeña alzó las cejas cuando contesté y se me ocurrió que la curiosidad de los niños solía impedir que uno diera respuestas fáciles, pero se me ocurrió demasiado tarde así que nada que hacerle. Cuando preguntó por mi papá algo me corrió por el cuerpo, mezcla de enojo, resignación y anhelo, fue la primera vez en mucho tiempo que me dolió no tener una figura de verdad a la que llamar de esa manera. Entre eso y la mención del cielo como su madre por un segundo la máscara de bufón se me quiso resbalar de las manos.

    Ella lo preguntó con la inocencia de todo niño y con una naturalidad que dejaba claro que, en efecto, la habían perdido siendo demasiado pequeños. Su madre los amaba, pero ella debía vivir en la memoria de los otros antes que en la de ellos. Se me ocurrió que debía ser una alivio y un martirio a la vez, que quizás hubieran espacios intermedios con los que lidiarían conforme crecieran.

    Logré sostener la máscara a tiempo, pero el resto del cuerpo me funcionó en otra dirección y pillé la cuerda de la pelota cuando volvió a mí, sosteniéndola un momento. Aproveché para agacharme, sonreí para la niña y como si hubiera sentido los ojillos en la espalda, también busqué la silueta de Lulu un instante.

    —No se fue al Cielo, no —respondí con una calma que solo Dios sabría de dónde me salía—. A veces los padres no son buenos por diferentes razones. El mío no lo era y por eso no vive con nosotros.

    Fue la explicación más amable que encontré, pues porque no iría a soltarle los cuarenta pecados del otro imbécil a unos niños de cinco años. Al final todo se reducía en eso de todas formas, Ryouta era un hijo de puta de niveles astronómicos y por eso no estaba en casa, porque no lo merecía. No merecía a mi madre, a mis hermanos ni a nadie. Solo merecía el destino que, lejos de mi conocimiento, ya lo había alcanzado.

    —Sashie me ha hablado de su mamá —añadí sin saber hasta dónde era buena o mala idea, pero mantuve la sonrisa sosegada. Tenía cachos de información suelta, su falta, las canciones y la chispa de luz—. Me parece que también pertenece al grupo de personas ultra súper geniales de las que hablamos antes.

    Recordé un poco de repente que había detenido el juego medio en seco, así que moví ligeramente la pelota como preguntándole si estaba lista para continuar.


    pero bueno mi corazón ahí quedó en el suelo, sabrás disculparme
     
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    Gigi Blanche

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    A Fanny le cruzó un relámpago de confusión por el rostro al ver que Arata detenía la pelota. Aguardó, sin embargo, y al verlo agacharse se acercó a él casi por inercia, rebasando el juego e ingresando en su espacio. A la niña no le gustaba mucho esa clase de sonrisas, incluso si no era consciente del hecho, pues era la sonrisa que solían utilizar Sasha y su papá para hablarle de temas extraños. Temas que no entendía, temas que los ponían claramente tristes. Con esa sonrisa Arata le contó que su papá no vivía con ellos porque no era bueno.

    Parpadeó, su expresión se mantuvo bastante neutral y consumió la distancia que los separaba. Enredó los bracitos en su cuello y lo abrazó, permaneciendo en silencio unos cuantos segundos y sin haber soltado la paleta. No lo entendía, pero cuando hacía eso su papá le agradecía y le decía que se sentía mejor.

    —Papá dice que a veces las cosas no son como queremos, o son tristes, o son feas, pero también son... o... ¿oportunidades? para aprender —habló desde allí, y sus ojos conectaron con los de su hermano—. Como cuando coloreamos mal o nos caemos de la bici. El dibujo queda feo o nos raspamos la rodilla, pero el próximo dibujo va a quedar más lindo y en algún momento vamos a dejar de caernos.

    Deshizo el abrazo, entonces, encontró los ojos de Arata y aprovechó que estaban a la misma estatura para apoyar la manito sobre su cabeza. La palmeó despacito y le acarició el cabello, esbozando una amplia sonrisa.

    —¡Así que no te preocupes, Akkun! Todo va a estar bien.

    Todo eran comportamientos aprendidos, reacciones heredadas y asociaciones que enlazaba por mero instinto. Por ello regresó al juego, a su posición original, como si nada hubiera pasado. La mención de Eloise le iluminó la carita y asintió con vehemencia, volviendo a provocar que sus rizos oscuros rebotaran. Cuando Arata agitó la pelota, sin embargo, ella no le llevó el apunte.

    —¡Sí! ¡Es suuuper genial! —acordó, entusiasmada, y comenzó a mirar alrededor; se llevó la paleta conforme recorría el patio—. Esas mariposas de allá las pintó ella, estos que cuelgan del árbol también los hizo ella, y nos dejó un montón de libros y de peluches y- ¡Ah!

    Pareció recordar algo, dejó caer la paleta en el césped y correteó hasta su ventana. Las aberturas eran amplias, nacían a pocos centímetros del suelo y estaban abiertas para ventilar las habitaciones. Fanny se trepó y se estiró hasta alcanzar algo dentro de forma bastante imprudente, pero en un santiamén ya había regresado sana y salva. Lo que le extendió a Arata era un portarretrato. La foto había sido tomada en ese mismo patio y salían Eloise, Sasha y los mellizos. Sasha debía tener quince años, sus facciones se notaban más aniñadas y el cabello apenas le pasaba la línea de los hombros; en sus brazos estaba Fanny, riendo. Los ojos de Eloise chispeaban, entrecerrados, de un tono miel muy cálido, y su pelo castaño era corto y muy lacio. Su sonrisa era muy amplia y cargaba a Lulu, quien lucía un poco enfurruñado en la foto. Eran bebés, tendrían dos años.

    —Esa es mamá —se la presentó Fanny, muy contenta, juntando las manos tras la espalda y balanceándose sobre sus talones; pretendió darle tiempo a analizar la foto, quizá, pero no pudo con su genio y se estiró lo más que pudo para ir señalando con el dedo—. Ahí está Sashie, esa soy yo, esa es mamá y el enojado es Lulu.


    ahí se fue mi corazón con el tuyo *muere*
     
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    Zireael

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    Aunque Fanny se notó confundida cuando detuve la pelota, se acercó a mí más por instinto que por cualquier otra cosa y no se me ocurrió que mi gesto se podría fundir con los de su padre y hermana mayor. Era la sonrisa de los temas raros, de las noticias poco agradables, la que anunciaba que no nos sentíamos bien con el asunto, pero lidiábamos con él y punto. Era parte de la máscara y quitárnosla frente a un niño nunca estaba entre las opciones.

    Hablé, expliqué lo que tenía que explicar y aún así cuando la pequeña consumió la distancia, echándome los brazos al cuello, los ojos se me quisieron llenar de lágrimas. Fue igual de automático, pero la envolví con cuidado en un abrazo, le acaricié la espalda con mimo usando la mano libre mientras me hablaba de lo que les decía su padre. Que las cosas no siempre eran como uno quería, que eran tristes o feas, y pensé que así eran siempre.

    Que eran así todo el maldito tiempo, que todo me agotaba y me enfurecía.

    Estaba lleno de cicatrices de raspones que no recordaba.

    —Oportunidades, cielo —murmuré desde el pequeño abrazo para confirmar que era así como se decía.

    No dije nada respecto a su pequeño discurso, no lo hice porque también me sentaba mal decirle mentiras a los niños y creía, de hecho, que algunos sí tenían espacio de mejora. Conocía a personas que eran tan buenas con los demás, tan fuertes y abnegadas incluso sin saberlo que a veces me sorprendían, pero también ellos habían batallado contra sus propias caídas y dibujos mal pintados. Algunos aprendían a controlar la bici, otros aprendían a pintar y sobrevivían. Yo desbarataba todo lo que se me cruzaba por delante con tal de lograrlo.

    Jamás sería igual.

    La dejé ir cuando deshizo el abrazo, cerré los ojos cuando su manita encontró mi cabeza y la sonrisa se me ensanchó al sentir la caricia en el cabello. Algo en todo el abrazo, el discurso y la caricia me recordó a Sasha, como si estuviera viendo a una Sasha pequeñita, y me dio algo de ternura. Fanny era un torbellino de energía, pero hacía que las personas se sintieran bienvenidas y aceptadas. Era un don maravilloso, el mundo dependía de estas personas, en ellas yacía toda la esperanza que nos faltaba a los demás.

    Al mencionar a su madre se le iluminó la cara, asintió y los rizos rebotaron. No le llevó el apunté a la pelota, así que la solté y seguí sus movimientos cuando miró alrededor, presentó los objetos que vi antes y entonces la forma de Eloise comenzó a volverse nítida de repente. Brillaba un montón, tanto que temí quedarme ciego. Estaba en las mariposas, en todo lo que decoraba el patio, en los libros y peluches que mencionaba Fanny y en estos niños.

    Estaba en todas partes, como una eterna guardiana.

    La niña recordó algo, dejó la paleta y corrió hasta una ventana, entonces casi entré en pánico. Dejé también la paleta, casi que corrí tras ella y vi el acto imprudente de turno temiendo que acabara comiéndose el piso de la forma más trágica posible, pero pronto regresó sin un rasguño y me desinflé los pulmones de golpe. No estaba yo para estos sustos, qué va.

    En cualquier caso, volví a acuclillarme cuando me extendió el portarretrato. Lo recibí, reconocí a Sasha de inmediato, con más carita de niña y la mata de cabello corta, también a los mellizos y cuando Fanny me presentó a su madre, a Eloise, sonreí sin darme cuenta. Su mirada, incluso para ser una foto, me resultó cálida y no fue solo por el color, era ella, la forma en que la conocía a través de esta familia y el amor que percibía en todo aquello que sus manos habían resguardado. Algo en este momento se amalgamó con el día que Yuzu le entregó la vieja foto a Shiori, en la que salíamos nosotros y Kao; supo a la misma clase de nostalgia, fue dulce y amargo.

    —Sí que se ve enojado. Algunas cosas no cambian, eh —comenté al reparar en Lulu, acercando más la foto para verla mejor y reí por lo bajo, pero al seguir hablando suavicé la voz sin darme cuenta—. Ya vi a quién saliste tan bonita, Fanny. Gracias por presentármela, me pone muy contento.

    Esta conversación, ¿no era casi igual a cuando Ko me presentó con Chiasa? Lo era, se trataba de duelos ajenos que por alguna razón me atravesaban el cuerpo y no había nada que hacerle. Eran las familias de los míos, los recuerdos de otros que estaban enredados a mí. En estos momentos era capaz de sentir empatía y Dios, no sabía cómo la gente vivía sintiendo esto todo el tiempo. Era demoledor.

    Sin embargo, brillaba de colores que creía no conocer.

    —¿Crees que le habría caído bien a tu mamá? —le pregunté de repente, con la ilusión de un niño, intercambiando la vista entre ella y la foto—. Ojalá que sí.


    la fuerza de voluntad que tuve que emplear para no llorar woah
     
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    Gigi Blanche

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    Fanny soltó una risilla cuando Arata comentó respecto al enfado de aquel Lucien de dos años y buscó a su hermano con la mirada. El pequeño había fruncido el ceño desde su lugar en la arena y la niña agitó el brazo en el aire, divertida.

    —¡No te enojes, Lulu! ¡Te van a salir arrugas!

    —Tengo cinco —respondió él con cierto apremio, como si por un instante le hubiese preocupado el escenario que Fanny propuso.

    Cuando la pequeña regresó su atención a Arata, quien la halagó y le agradeció, volvió a reírse con diversión y puede que un dejo de incredulidad.

    —Pero si me parezco más a papá —argumentó—. Danny es más parecido a mamá, ¿lo viste? Tiene el mismo color de pelo y los ojos también son parecidos. ¡Los míos son azules, como los de papá!

    Se había llevado las manitos a la cara y había abierto los ojos bien grandes, pretendiendo demostrar su punto. Luego, cuando Arata preguntó si le habría caído bien a Eloise, Fanny parpadeó y se quedó congelada en un espacio intermedio entre la reflexión y el cortocircuito. Lo pensó, lo pensó un montón, pero al final volvió a sonreír y dio un brinco en su lugar. Lucía muy satisfecha con su resolución.

    —No lo sé, ¡pero Sashie seguro sepa!

    Al instante pilló la muñeca de Arata, giró sobre sus talones y regresó al interior de la casa como una tromba, llamando a su hermana a los gritos. Daniel le clavó la mirada desde el sofá y se llevó el índice a los labios, chistándole para que guardara silencio. La televisión fluía a un volumen moderado, sereno, y al acercarse Fanny comprendió lo que ocurría. Se tapó la boca con las manos, sorprendida, y luego soltó una risilla en voz baja. Ahora entendía por qué no había aparecido en el patio.

    Su hermana se había dormido en el sofá. El almohadón bajo su cabeza estaba pegado al costado de Daniel y el niño mantenía su mano entretenida en el cabello de la chica, jugueteando con los rizos o haciéndole caricias leves. Era una textura que siempre le había agradado. Además, la había cubierto con la manta que solía colgar doblada del espaldar. Fanny la observó un par de segundos, su respiración pesada, y se volvió hacia Arata, chistándole de la misma forma que Danny le había chistado a ella... aún si el pobre chico no estaba haciendo ni un ruido.

    —Está dormida —le avisó como si no fuera obvio.

    —¿Otra vez? —inquirió Lulu desde atrás de Shimizu, quien apenas estaba ingresando a la casa, y Fanny asintió.

    —Igual siempre dice que odia dormir la siesta —argumentó, preocupada, y miró a Arata—, deberíamos despertarla.

    Tenían algo que preguntarle, ¿no? Algo muy, pero que muy importante, además.


    ANTHEM NOOOOOO

    iba a despertarla en este mismo post pero lo sentí raro así que acabé dejándole la tarea a Akkun :D
     
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    Zireael

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    Que la reacción de Fanny a lo que dije sobre Lulu fuese decirle que no se enojara porque le saldrían arrugar me sacó una risa directo del pecho, encima el pobre niño se defendió diciendo que tenía cinco, se le escapó algo de apremio y pensé que por un segundo había pensado que una arruga se le materializara de repente. Algo de la risa se me extendió cuando ella volvió la atención diciéndome que se parecía más a su padre, que era Danny el que se parecía a Eloise. Llevaba razón, pero eso no anulaba mi halago, qué va.

    Acabé por cederle razón con un asentimiento de cabeza y ella, con mi otra pregunta, pareció querer echar humo por las orejas. Su conclusión fue bastante sencilla, como ella no lo sabía, Sasha sí y por eso teníamos ahora una importantísima pregunta que hacerle. Me pescó la muñeca y me arrastró de regreso adentro, mientras llamaba a su hermana a todo pulmón.

    No duró demasiado igual, Danny había salido, estaba de regreso en el sofá y al vernos se llevó el índice a los labios, en un claro pedido de silencio. Ya cerca nos dimos cuenta que Sasha se había quedado dormida, el almohadón que le servía de apoyo descansaba a un costado del niño y él estaba entretenido con su cabello, también la había tapado con una manta.

    Me quedé observando el cuadro con tranquilidad, pensando en el cansancio que debía sentir, en el apunte de Saki sobre su peso y en otro montón de cosas. Ella también había metido el cuerpo bajo los cimientos de esta casa para impedir que se hundiera más de una vez y eso era agotador de tantas maneras que era inútil pretender describirlo.

    Fanny me chistó como le había chistado a ella su hermano, aunque el único ruido que estaba haciendo era el de mi respiración, y asentí cuando me dijo que estaba dormida como si no fuese obvio. La pregunta de Lulu, desde atrás de mí, me hizo consciente de que debía pasarle seguido. Nunca se tenía suficiente descanso, mucho menos luego de que la habían metido al maldito agujero aquel.

    —Igual lo que odia es que la siesta sea tan corta —susurré en algo que fue más un pensamiento en voz alta.

    En todo caso, me solté con cuidado del agarre de Fanny, posé la mano en su cabeza un momento y luego me acuclillé frente al sofá, murmurando un "Permiso" bastante quedo, fue para Danny que para la Bella Durmiente, claro, aunque por supuesto que había respetado una distancia prudente de él. Estiré la mano hacia Sasha, a donde adiviné que estaría una de las suyas bajo la manta, y la detuve encima.

    —Sashie —la llamé de la misma forma en que la llamaba Fanny—. ¿No quieres dormir en la cama? Te va a doler la espalda.

    Se suponía que veníamos a otra cosa, pero me dio pena despertar a la pobre chica sin un motivo además de una pregunta. Que sí, la pregunta era súper importante, pero su cansancio también.
     
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  12.  
    Gigi Blanche

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    Me desperté tan confundida que siquiera recordé en qué momento me había quedado dormida. Lo primero que vi fue el rostro de Arata, adquirí algo de consciencia espacial, oí la televisión de fondo y volví a cerrar los ojos un instante, soltando el aire por la nariz con cierta pesadez. Era absolutamente irresponsable de mi parte haber dejado al chico a cargo de tres criaturas cuando se suponía que ese era mi trabajo.

    —Deja de decirme así, es raro —me quejé con la voz pastosa, aunque no cargara molestia real, y enterré el rostro en el almohadón antes de empezar a incorporarme.

    Me senté en el sofá, la manta se deslizó y no recordé haberla puesto allí. Miré a Danny, a Betty más allá, a los mellizos, y regresé a Arata. Busqué la mano que había posado sobre la mía, la jalé hasta descansarla sobre mi pierna y mantuve allí el contacto mientras regresaba al planeta Tierra. Había escuchado su oferta de dormir en la cama, pero obviamente que no podía. En cualquier momento comenzaría a oscurecer y debía encargarme de la cena para cuando papá y la abuela regresaran.

    —Sashie, Sashie. —Fanny se coló en el espacio y tuve que abrir los brazos, soltando la mano de Arata en el proceso; ella se acomodó en mi regazo sin demasiado problema y me miró—. Akkun me preguntó si a mamá le habría caído bien.

    No lo dijo de forma literal, pero por el planteo asumí que ella no había alcanzado una respuesta. Solté una risa nasal, enjugándome un ojo, y me forcé a reconectar todos los sistemas.

    —Ellie siempre tuvo una sensibilidad especial hacia los inadaptados —murmuré, pretendió ser una broma encubierta hacia el pobre chico y, al mirarlo, sonreí con genuina suavidad—. Claro que le habría caído bien. Akkun es muy buenito en el fondo y se preocupa mucho por sus amigos, y esas cosas ella las veía con facilidad. ¿Se divirtieron afuera? ¿A qué jugaron?


    El sol, entre tanto, se deslizaba hacia el horizonte con sutileza.
     
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    Zireael

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    Sasha regresó al mundo de la conciencia con cierta dificultad, soltó el aire por la nariz y su primera frase, con la voz pastosa por el sueño, fue que dejara de llamarla Sashie porque era raro. El comentario me hizo reír por lo bajo, entre eso y cómo enterró la cara en el almohadón me dio todavía más pena haber despertado a la pobre criatura, pero en algún momento habría tenido que hacerlo así que ni modo.

    —Es pegajoso —me defendí sin alzar mucho la voz.

    Se incorporó, se sentó en el sofá y recorrió el espacio con la vista, todavía más dormida que despierta me atrevería a decir, descansó mi mano en su pierna y la dejé allí. Hablando de no llamarla Sashie, Fanny se coló en el espacio, ella abrió los brazos y la niña se acomodó en su regazo, mirándola. Le contó entonces que yo le había preguntado si le habría caído bien a su madre y Sasha soltó una risa por la nariz, reconectado sistemas.

    Me había quedado acuclillado, pero comencé a incorporarme mientras ella contestaba y fue cuando soltó que Eloise tenía una sensibilidad especial por los inadaptados, lo que me hizo reír de nuevo porque entendí que era una suerte de chiste interno. Por otro lado, a estos sensibles a los inadaptados los conocía bien y con eso bastó para asumir el resto de su respuesta.

    —Que tú me llames Akkun es casi tan raro como que yo te llame Sashie —dije como si no hubiese reparado en todo lo demás, aunque la sonrisa de la que yo no fui del todo consciente debió delatar que me alegraba la afirmación. Estiré una mano para acomodarle un poco el pelo a Sasha, al terminar bajé la mano a la cabeza de Fanny y le revolví un poquito el cabello, no lo suficiente para ir a enredárselo ni nada—. Jugamos con... ¿La pelota esta en el poste tiene nombre? ¿Pelota en el poste? Nunca lo supe, pero jugamos con eso. Fanny no me jodió la rodilla, como puedes ver, estamos todos perfectamente. También hablamos de nuestros amigos y de que al pobre Lulu le saldrán arrugas a los cinco, al parecer.

    >>Fanny me mostró una foto muy bonita. Salías tú con más carita de niña, fue bastante adorable.
     
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    Gigi Blanche

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    Arata se había incorporado mientras hablaba y me regresó la queja sobre los apodos, detalle que me estiró la sonrisa. Yo nomás lo decía así para molestarlo, no porque fuera pegajoso, pero ya que lo mencionaba...

    Then we're even —resolví, con simpleza y cierto orgullo.

    Su sonrisa era muy bonita, dudaba que fuera consciente del hecho y de que, cuando sonreía así, parecía capaz de recuperar la edad que realmente tenía. Estaba pensando en eso cuando me acomodó el cabello y luego se lo revolvió a Fanny. La niña se llevó las manos a la cabeza al instante y lo fulminó con la mirada, cosa que me arrancó una risa nasal.

    —¡Akkun! —exclamó, en claro tono de regaño—. ¿No te han dicho que no debes meterte con el cabello de las chicas?

    Arata me contó a lo que habían jugado y la mención relámpago de Lulu y de sus... ¿arrugas? me hizo voltear hacia el niño. En el instante que recibió atención encima comenzó a caminar hacia el pasillo y yo solté otra risa floja, rodeando la cintura de Fanny con ambos brazos. La estrujé contra mí y le dejé un beso sonoro en la coronilla, sin dejar de oír el relato de Arata.

    —¿Hmm? ¿Cuál foto? —le pregunté a la niña.

    —La que está en mi cuarto, Sashie, con mamá.

    La imagen acudió instantáneamente y me sonreí, dejándole otro beso. Mantuve los labios allí un par de segundos, meciéndonos suavemente sin siquiera procesarlo. Al menos de las fotos bonitas, esa había sido de las últimas que pudimos sacar antes del diagnóstico. Eloise lucía sana, fuerte y su sonrisa era radiante. Costaba entender y aceptar que una persona pudiera marchitarse tan rápido, tan de repente, y con tanta violencia.

    —Es la que Lulu está enfadado, ¿no? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta, y Fanny asintió muy divertida; yo me reí—. La pobre criatura sólo tenía hambre, seguía rechazando el puré de zapallo y Ellie quería que lo comiera. Alright, baby, time to get up.

    La enganché bajo mis brazos y la levanté como princesa. Ella se siguió riendo con las manitos recogidas sobre el pecho y me la llevé hasta el comedor, donde la bajé y le acaricié el cabello.

    —Tengo que empezar a hacer la cena y ustedes tienen que darse un baño, ¿no?

    —¡Pero-!

    —¿No? —insistí.

    Fanny resopló y miró a Arata como buscando apoyo logístico. Me hizo gracia, pero me erguí y crucé los brazos bajo el pecho, dejando que el chico opinara. Igual y era un poquito cruel de mi parte forzarlo a tomar partido, pero ¿qué podía decir? Era divertido.
     
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    Zireael

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    Su respuesta sobre los apodos me hizo reír por lo bajo, bastante resignado con el asunto, y el resto sucedió sin más. La respuesta a nuestra importantísima pregunta, la calidez que significaba y con ella la certeza de que el mundo, a su manera, tenía algo de esperanza justo por los que confiaban en los inadaptados como yo y tantos otros que conocía. Puede que fuera un simple tratamiento paliativo para nuestro destino final, pero sin duda cumplía su propósito de volver el viaje más aceptable.

    La reacción de Fanny me arrancó una risa y alcé ambas manos en una señal de rendición que nadie había pedido, pero de todas formas le sonreí a la niña con cariño. A ver, no iba por ahí molestando enanos de cinco años, pero su reclamo fue bastante adorable de todas maneras.

    Le conté a Sasha lo que habíamos hecho afuera, luego llegamos a lo de la foto y cuando la mención a las arrugas de Lulu hizo que su hermana lo mirara, el pequeño echó a andar hacia el pasillo y me sonreí. Recibía una mirada y se hacía el loco, pero le decías que se iba a arrugar y recordaba que tenía cinco años; era un poco gracioso. Todos los niños así, más reservados, tendían a serlo.

    Fanny confirmó que era la foto donde su hermano salía enfadado y así Sasha dio contexto del asunto, resultaba que la criatura tenía hambre, pero no hambre de puré de zapallo. El cuadro fue más gracioso que antes y volví a reír, ni modo. ¿Alguien podía culpar al bebé de dos años por no querer puré de zapallo? La verdad era que no, pero a los niños se les daban de comer cosas de lo más sin gracia, que necesitaban porque las verduras, los nutrientes y eso, pero sin gracia igual.

    —Pobre Lulu, ahora entiendo su enfado —dije por la pura gracia y le di espacio a Sasha cuando me di cuenta que se levantaría.

    La escena con Fanny fue bastante linda, las miré sintiéndome increíblemente tranquilo y seguí sus pasos hasta el comedor, donde Sasha bajó a la niña que se resistió a la idea (certeza) de que debían darse un baño. El asunto fue que me miró buscando apoyo logístico y yo estuve a punto de dar un respingo, ¡y la que me había invitado a la casa no se atrevió a librarme de tomar un bando!

    —¿Viste que antes acordamos que Sashie era la mejor hermana mayor? —recordé mientras cruzaba los brazos frente al pecho—. Lo siento... ¡Eso significa que ni yo puedo luchar en su contra! El baño es inevitable, Fanny, inevitable.
     
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    Gigi Blanche

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    Las reacciones de Arata eran bastante graciosas en este contexto, como si su edad mental se nivelara con la de los niños y se permitiera, bueno, ser más parecido a un chiquillo. Se tornaba teatral o dramático, se acompasaba a los ritmos de Fanny y hacía chistes tontos todo el rato. Lo último era normal en él, pero quería decir, chistes inocentes. De una u otra forma se sincronizaba con ellos.

    Apoyó la idea del baño, y la forma puntual en la que lo hizo me arrancó una risa bastante involuntaria. Fanny se enfurruñó aún más, insistió en que quería seguir jugando con Arata, y por suerte logré calmarla prometiéndole que otro día volvería a venir. Pobre chico, ni siquiera se lo pregunté, pero la niña así de simpática también era un poco caprichosa y había que recurrir a medidas especiales. Al final le dije que se pusiera de acuerdo con Lulu y regresó a su cuarto, donde estaba su hermano.

    —¿Es silencio lo que oigo? —bromeé, disfrutando el momento de paz, yendo hacia la cocina.

    Encendí las luces y desplegué con movimientos automáticos la rutina de casi todas las noches. Me agaché, saqué una olla, fui a la nevera y busqué el pollo con algunas verduras.

    —Gracias por haber jugado con los niños —le dije a Arata, apoyando la tabla en la mesada y agarrando un cuchillo. Me detuve y giré el cuerpo en su dirección, sonriéndole—. Y perdona por haberme dormido, te juro que ni siquiera me di cuenta. Aunque la peor parte me la llevé yo, ¿no? Que me perdí ese poderosísimo partido de... pelota-en-el-poste.
     
    • Gracioso Gracioso x 1
  17.  
    Zireael

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    A Fanny la desgracia de ser enviada a bañarse no por una, si no por dos personas y que eso implicara dejar de jugar conmigo la enfurruñó más. Al final lo que logró calmar las aguas que la promesa de que yo vendría a jugar otro día y tuve que contener la risa, pero asentí con bastante entusiasmo para dejar la promesa escrita, suponía que cualquier otro día que pasara a dejar a Sasha podía pasar un rato. Tampoco era una cosa descabellada.

    Lo del silencio acabó por sacarme la risa que había contenido antes y seguí a Sasha a la cocina, desactivando un poco el chip que me había metido para acompasarme a Fanny. Seguí sus movimientos, la vi sacar la olla, las verduras y el pollo; el agradecimiento por jugar con los niños me alcanzó después y me hizo sonreír de nuevas cuentas.

    —Fue más como jugar con Fanny y compartir espacio con Lulu. Creo que estaba haciendo cosas con los moldes, pero siempre estuvo atento a nosotros —comenté y luego negué suavemente con la cabeza, restándole importancia a lo de que se hubiera quedado dormida—. No te preocupes, de verdad. Aunque sí que te perdiste nuestro gran partido, lo mejor de lo mejor. Habrá que repetirlo para ti otro día.

    Me quedé mirando que había apoyado la tabla en la mesada y tomado el cuchillo, pero había acabado girándose para hablarme. Al final se me escapó una risa por la nariz, liviana.

    —¿Te ayudo? Ya sabes, tengo cierta... experiencia en el campo de los objetos filosos —bromeé en voz baja—. Eso y que está muy feo venir y no ayudarte con nada. La gente va a pensar que no tengo vergüenza.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  18.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master the lovers

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    No me extrañaba el cuadro que me había pintado del patio, motivo por el cual esbocé una sonrisa ligera. Lulu también era muy cariñoso, pero necesitaba muchísimo más tiempo y confianza para sentirse cómodo con las personas. Fanny era un auténtico torbellino, un pequeño demonio, y lo había sido siempre. Aún no había cumplido el año y la criatura ya había comenzado a caminar agarrándose de los muebles.

    —Ah, sí, le encanta el arenero —murmuré, tranquila—. Tiene mucha paciencia para jugar, le gusta estar tres horas cuidando que ningún grano de arena se desacomode y armando cosas bastante grandes. Fanny es de las que le rompen el castillo al otro pobre ángel de un pelotazo desviado. —Me reí en voz baja, rememorando la cantidad de veces que se habían peleado por infortunios del estilo, y solté el aire por la nariz—. Es un niño muy dulce. Uno dice que eran muy pequeños para recordarlo pero, ¿sabes? Cuando Ellie comenzó a empeorar, Lulu no se le despegaba ni un momento del día.

    No se trataba de que uno hubiese querido más a su madre que el otro, pero sí creía que Lucien poseía una sensibilidad especial, una que lo conectaba con otros matices de la vida. Más sutiles, más imperceptibles.

    Su ofrecimiento de ayuda fue bastante estándar, pero al soltar lo de su experiencia con las cosas afiladas se me escapó una genuina carcajada. Ah, bien, ya había vuelto a ser el asshole de siempre. Cambiaba de chips como de calzones.

    —¡Si no la tienes! —le recriminé, otra risa se me coló en la voz y le alcancé el cuchillo por el lado del mango—. Here, have fun. Corta las pechugas en cuadraditos, las haré con arroz y algunas verduras.

    Ya que él haría eso, me ubiqué a su lado, en el fregadero, y empecé a lavar la cebolla de verdeo y el puerro. El sonido amortiguado del chorro de agua, la tele de Danny de fondo y los movimientos al fondo, en el baño, eran parte del escenario habitual, pero Arata estaba a mi lado y la tontería me causó una mezcla de diversión y ternura.

    Look at us, all domestic —bromeé, en voz baja, y lo miré de reojo—. Igual, ¿seguro que puedes quedarte, cielo? ¿No tienes nada que hacer en tu casa?


    *les saca una foto* now this is my roman empire
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  19.  
    Zireael

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    Escuché la respuesta de Sasha respecto a los niños, eran bastante diferentes entre sí, pero se me ocurrió que se complementaban incluso si no se daban cuenta. Lulu era el que se tiraba tres horas armando algo para que luego el terremoto llamado Fanny sucediera, ella era la que me arrastraba y él el que se sentaba en el arenero, pero nos veía. No dudaba de la dulzura de su carácter porque conocía a otros como él, los que no hablaban, los que observaban y cantaban.

    Todo residía en la confianza, decían los sabios.

    —Es el superpoder de los introvertidos —resolví como si fuese la cosa más obvia del mundo y sonreí, soltando el aire por la nariz—. Parecen ver otras cosas, ¿no crees? Parecen obvias para ellos y escapan a nuestros ojos.

    Podía uno llamarlo corazonadas, sexto sentido, telas de araña, importaba tres mierdas. En los susurros del mundo había muchísima información y algunos parecían alcanzarla con más agilidad. Era un instinto que parecía tan natural como la necesidad de comer y dormir, algo que era parte de ellos, y esa parte de Lulu lo había hecho pegarse a Eloise incluso si ahora uno se debatía si podían recordar semejante cosa.

    Cuando al única verdad era que había sucedido y lo llevaban impreso de formas que tal vez los más grandes no pudiéramos explicar.

    Conversaciones serias o no, regresé al chip de imbécil con facilidad y a Sasha se le soltó la carcajada. Me recriminó que, de hecho, no tenía vergüenza y acabé carcajeándome con ella. Recibí el cuchillo, traté de recuperar la compostura y solo la interrumpí un momento para lavarme las manos en el fregadero antes de ponerme a cortar el pollo como me indicó.

    —Serán los mejores cuadritos de pollo que vas a ver nunca, ¡te lo juro!

    El sonido del cuchillo se revolvió con la televisión de Danny, el ruido de los mellizos y la certeza de que este hogar me había recibido, que incluso Eloise lo habría hecho y me di cuenta de que algo de la tensión usual que manejaba se me había quitado de encima. Era una ilusión como tantas otras, los engaños temporales a los que accedía, pero no tenía nada de malo.

    Mi tiempo de paz estaba cronometrado y no lo sabía.

    La tontería que soltó me hizo reír mientras seguía cortando y asentí con la cabeza a su pregunta. En realidad sabía que mis hermanos podían cuidarse solos, Sei le haría de comer a Izu y a mamá antes de que se fuera a trabajar, y ellos dividirían el tiempo sabiamente entre estudiar y mirar la tele. Igual Sonnen tenía razón, a los pobres desgraciados tal vez podía comprarles una consola de segunda con la pasta que hacía en la calle o algo, pero eso sería con el próximo pago. Tal vez, habría que ver.

    —Sei hará de comer para los tres, luego peleará con Izu por quien lava los trastes y mamá se irá a trabajar —dije sin despegar la atención de mi tarea—. Son bastante autosuficientes, la verdad, organizan su tiempo mejor que yo incluso. Así que sí, no te preocupes, puedo quedarme, de todas formas están acostumbrados a que a ciertas horas no estoy en casa.


    they went full domestic, repito, tHEY WENT FULL DOMESTIC *c infarta*
     
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    Gigi Blanche

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    Murmuré un sonido afirmativo, algo vago, ante la reflexión sobre los introvertidos de Arata. Lo había escuchado y estaba de acuerdo, sólo no tenía mayor cosa que agregar. A veces sentía que el mundo pasaba ante mis ojos a una velocidad estrepitosa, que yo misma avanzaba a ese ritmo, y en el proceso me perdía un montón de cosas. No era ninguna luminaria de la percepción, no tenía pasta de detective ni instintos de ningún tipo por fuera de la... supervivencia, suponía. Intentaba comprender y asistir a las personas desde la rigidez de mi torre de piedra y no desmerecía mis esfuerzos, sólo decía que mi alcance era limitado.

    Nos dispusimos luego a cocinar y pregunté por su ausencia en su casa, a lo cual me explicó que sus hermanos eran autosuficientes. Podía entenderlo. Ahora mismo los mellizos no tenían que estar preparando el baño ellos mismos, lo ideal sería que un mayor se encargara por ellos. Pero acá faltaba Eloise, en su caso faltaba su padre, y el único adulto manteniendo los cimientos en pie necesitaba echarse la vida fuera de ellos para poner comida en la mesa. Fanny usaba el banquito con el cual se cepillaba los dientes para alcanzar el grifo de la bañera y su hermano había aprendido a cocinar a quién sabe qué edad.

    Era lo que tocaba.

    —¿Así que Sei es el cocinero de la casa? —murmuré, agregándole cierto interés a mi tono—. Me lo tendrás que presentar, debo agradecerle por mantenerte rellenito y alejado de puro fideo instantáneo.

    Lo entendía lo suficiente para no expresar lástima y mucho menos preocupación, pues había pocas cosas tan humillantes como recibir esa clase de mirada por el simple hecho de contar tu rutina.

    Seguimos conversando y haciendo cualquier broma tonta mientras cocinábamos. Puse a andar la arrocera, dejé salteando las verduras y lancé los cubitos de pollo dentro de la freidora de aire. Recordé un poco de repente el asunto de los pasteles y separé las porciones que le correspondían a sus hermanos para que las pudiera llevar dentro de un tupper, que la bolsa ya estaba toda rota y dudaba que sobreviviera al viaje en moto. Afuera ya era de noche y me eché encima la manta con la cual Danny me había tapado para acompañar a Arata afuera, prendiendo las luces de la entrada justo antes de salir. En la calle había silencio y me acerqué al muchacho mientras se preparaba.

    —Gracias por venir, cielo —murmuré—. Espero que la hayas pasado lindo.
     
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