Vampiro Preludio

Tema en 'Partidas Inacabadas' iniciado por Ayeah, 8 Febrero 2022.

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    Domenica

    Domenica bloody countess

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    .PRESTON CARTER.
    Bruselas era una ciudad interesante, o al menos yo le encontraba cierto encanto. Tenía cierto ajetreo, como cualquier otra capital del mundo, pero se me antojaba tranquila y pacífica. Para mí, que me había criado en Nueva York, nada me parecía más caótico, irreverente y asfixiante que Manhattan, por lo que no podía negar que disfrutaba el caminar por las aceras en plena hora de after office sin que decenas de personas se arremolinaran a mi alrededor como una manada de ratas de camino al subterráneo.

    Aún así, no cambiaba Nueva York por nada del mundo. Ni siquiera por la simple, pintoresca y misteriosa Bruselas, aunque disfrutaba del discreto affair que estábamos entablando.

    Mi teléfono sonó, el identificador no se equivocó.

    —Hijo —su voz grave retumbó a través del parlante como si no nos separaran miles de kilómetros.
    —Duke —devolví el saludo. Era mi padre, sí, pero no lo llamaba de esa manera—. He tenido ya mi primer encuentro con Eric, sabe bien los asuntos que me traen hasta acá.
    —Bien, sabía que no me ibas a defraudar —murmuró, lo escuché dar un sorbo a algún trago.

    Por supuesto que me generaba cierta satisfacción la aprobación del hombre que me convirtió en el criminal que soy ahora, aunque jamás se lo haría saber. Duke Carter me había dado un hogar, una identidad y un sentido de vida cuando tan sólo era un crío abandonado sin ningún propósito. No digo que me diera el mejor de todos, pero ciertamente me había salvado de un destino peor.

    —Hijo, diviértete un poco, ¿quieres? —me pidió, dando una risotada—. Bebe algo, folla un poco... has estado muy ocupado últimamente, mereces algo de descanso.
    —Ya descansaré cuando vuelva a casa —respondí y me detuve en un puesto de libros de segunda mano, hojeando un poco.

    La conversación no dio para mucho más, Duke sólo se aseguraba de que yo estuviese cumpliendo mi misión. De cualquier manera, de mí dependía que tuviera su dinero de regreso o su venganza. Me despedí rápidamente y continué ensimismado, atrapando entre mis manos un ejemplar viejo de una guía turística de la capital belga. Tenía tres días hasta mi siguiente movimiento, tal vez me dedicara un poco a hacer algo de turismo.

    —¿De dónde vienes? —escuché una voz femenina preguntarme, al levantar la mirada me encontré con unos ojos oscuros que me miraban con curiosidad.

    Era una señora mayor, tendría unos setenta años, y parecía la dueña del puesto. Su pelo largo, color ceniza, lo recogía en un moño prolijamente agarrado a su nuca, y ocultaba su cuerpo ligeramente encorvado por los años tras una amplia camisa blanca y un pantalón que hacía juego. Parecía simpática y realmente interesada por mí. Miré a mi alrededor, seguramente era porque era el único cliente a la vista.

    —Norteamérica —respondí y le sonreí, sacando de mi bolsillo un billete con el que pagué el libro.
    —¿Estás acá de vacaciones?
    —Oh, no, estoy por negocios —me apresuré a negar. Solté una pequeña risa irónica... si le dijera mis negocios a aquella dulce señora no me creería.

    Me dio el vuelto que guardé en mi bolsillo.

    —Un jovencito como tú no puede estar en Bruselas sin divertirse un poco.
    —De hecho, estoy buscando un sitio para tomar un trago. ¿Hay algún lugar que me recomiende?

    La señora sonrió mostrando sus grandes dientes grisáceos.

    —El Café Delirium, chiquito —me dijo y guiñó uno de sus ojos. Se dio vuelta y señaló una esquina—. Es cruzando en aquella esquina.

    Agradecí la recomendación con un gesto y me puse en marcha. ¿Qué debía hacer? ¿Ir a mi hotel a descansar o decidirme por un trago?

    Al llegar a la esquina mis pies tomaron vida propia y me dirigieron, sin que pudiese darle un segundo visto, al Café Delirium.
     
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    Ikoma-kun

    Ikoma-kun Rolero, dibujante

    Virgo
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    Marcel Ribas

    Estaba en la mejor parte del puente instrumental, hasta sentir el llamado de un sujeto, toco mi hombro con la confianza que un viejo amigo podía permitirse, pero solo era un oportunista. Lo conocí en mis primeros días en Bruselas, no perdía oportunidad para ver uno de los partidos pero tampoco...para hacer una que otra apuesta. Muy odioso de su parte no apreciar del todo el esfuerzo que dejó en la cancha. Pero así era el.

    —Prefiero ir a dar una vuelta a solas, necesito aliviar el dolor de mis entrenamientos ¿Has visto los estados de WhatsApp? El siguiente evento no será hasta dentro de una semana así que procura no desperdiciar todo en tragos.

    Apenas si le dediqué tiempo a su inoportuno saludo debía mantener mi mente despejada de tonterías.

    Removi los cascos al ver las cercanías de un lugar natural y llamativo ideal para un atardecer romántico. Había escuchado sobre el parque cincuentenario pero había tenido una agenda muy apretada para recorrer los alrededores. Si salía a correr era en las instalaciones del club deportivo o en las cintas de carreras del gimnasio lejos de la siempre revitalizante naturaleza.

    No faltaba mucho para la puesta de sol, raudo me acerque a la entrada del parque mientras la caricia de viento invitaba a dar un merecido respiro antes de regresar al apartamento y probar la nueva malteada energética para campeones.
     
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    Rafael Castro

    El móvil zumbó en mi bolsillo, y durante unos minutos fingí que no ocurrió y me quedé ensimismado en hacer absolutamente nada. Funcionó bien, hasta que el mundo decidió seguir girando, el sol comenzó a ocultarse y el frío hizo acto de presencia. Un «mierda» cruzó mi mente a la velocidad del rayo, llegando a preguntarme si lo había pensado siquiera de verdad, así que para materializarlo y cercionarme, lo dije en alto.

    —Mierda.

    Y miré el móvil. En el grupo del móvil del trabajo algunos exigieron cervezas en vez de dinero por el trabajo realizado. No parecía un mal plan, pero la idea de tener que ir y poner sonrisa de imbécil por Dios sabe cuanto tiempo hacía que ya me doliesen las mejillas. Y tenía cerveza en casa... Creo que de hecho era lo único que tenía en casa. Me levanté y comencé a caminar hacia un destino incierto. Quizás podría ir a casa directamente, o podría dar vueltas por la ciudad temporalmente anaranjada hasta que, por arte divino, pasase algo; incluso podría ir al cementerio y enterrarme yo mismo, y quizás con suerte que comenzase por fin un apocalipsis zombi y estuviese ya en el lugar más indicado. Ideas, posibilidades, y futuros que ya han ocurrido en la mente de alguna deidad pirada...

    —Mierda—volví a decir por segunda (o quizás tercera) vez.

    Y suspiré. Seguí dando vueltas sin destino ni intención en torno a aquel frío parque belga. Me quedé un rato más, no tanto por querer, sino más bien por no saber lo que quería. Pronto llegaría la noche, y quizás entonces descubriría aquello que no sabía que quería, o quizás descubriese algo que no quería saber. «Quien sabe», pensé.
     
    Última edición: 13 Febrero 2022
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    Gigavehl

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    Marilyn Lazfage

    Al final todo siguió su curso, Michael había acabado de sacar el estéreo y me indicó en dónde estaba, por lo que simplemente me puse de pie para ir a revisarlo y más temprano que tarde me percaté no solo que se le había dado un uso bastante frecuente, si no que tenía varios componentes parchados y gastados.

    Fruncí el ceño confundida, pero solo le pedí un par de horas al chico, y vaya... Me había costado mucho más tiempo, pero la cháchara había pasado de eso a revivirla literalmente, no es que estuviese como nueva, pero con esos arreglos, debería bastar para que le durase un par de meses más, lo mismo le dije al chico y en resumidas cuentas le parecía el tiempo suficiente hasta poderse comprar uno nuevo y mejor, la paga no se hizo esperar y abandoné el departamento para salir del hotel.

    Ahí afuera, alcé la vista hacia el cielo y... Tenía un tinte curioso, anaranjado, si, pero había algo en el mismo que me hacía percibir que no era lo mismo de siempre.

    Bufé ligeramente y descendí la vista solo para notar que ya era tarde, había menos ajetreo y el atardecer ya había comenzado, menos mal era la última labor, pero igual, tal vez lo mejor era moverse ya...

    Ciertamente el día había sido agotador, (como todos en realidad), pero este curioso ambiente y luz solo me apetecía dar una excepción a visitar el Derilium Café, sentía que lo mejor era visitar el parque para presenciar el anochecer... Pero no lo sabía, ambas opciones sonaban tan bien, al menos por ahora.

    Gemi desganada mientras paseaba por las calles hasta que antes de poder llegar a cualquier lado, me topé con la Iglesia de Petit Sablon y era gracias al atardecer que desde fuera se notaba la iluminación que... Convengamos, si era bastante hermosa gracias a la propaganda esa de los vidrios.
    ¿Quería expiar culpas o algo como aquel breve encontronazo? No, de hecho no me importaba, si no me arrepentía con lo que hice en el pasado menos me iba a importar el pervertido de turno. Pero de eso a estar aburrida en un parque sin más prefería pasar a la iglesia a tener colores llamativos mientras... Yo que sé, sentía un ambiente más calmado a diferencia de un movido parque, así, podría aprovechar para revisar el móvil y preparar el día siguiente, con suerte y me lo tomaba libre...

    Así, pues, aprovechando estos raros momentos en el que el atardecer se muestra tan peculiar, ingresé a la iglesia y me paré en el mejor rincón que pude hallar donde pudiese tener una buena vista y todo ese colorido manjar de luces me diera de lleno para relajarme en el relativo silencio que había, no era callado, pero si calmado y eso para mí era perfecto.
     
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    Amelie

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    Enya Beckett

    No se quejó al ver el reloj; se retiré con calma, dispuesta a dar un paseo en el Petit Sablon; quería recorrer la historia mirando cada estatua; aun su vista daba para ello; en cambio, su energía no era la misma de hace ya varios años, recorrer un museo o una gran iglesia ya no era lo mejor, tal vez mañana... si volvía a perder el tren. Así podría contemplar de lejos Notre Dame du Sablon; en mayor silencio, sin tanto bullicio.
     
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    rapuma

    rapuma Maestre

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    La cabeza me va a reventar, no puedo parar de pensar en lo poco que he dormido. De hecho creo que aún estoy algo borracho... es por eso que decido ir sin más al Café Delirium, el nombre me recuerda a un amigo con el que me tengo marcado fiestas de rave y viajes astrales de LSD. Me refriego los ojos e ingreso por la puerta. Me acerco a la barra y pido que me den una cerveza local, la cual sabe a meo de gato.

    Putos belgas, de momento no hacen nada bien. ¿Se les dice belgas? Bah, ni idea. No tienen un clima bueno, no tienen buena cerveza. Cielos, no veo la hora de ya sea el momento de encaminarme al aeropuerto y volar de nuevo a Francia, al menos allí la coca no es cortada.
     
    Última edición: 13 Febrero 2022
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    Ayeah

    Ayeah Shinobi

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    Y la sangre de Abel cubrió el altar y olía dulce mientras ardía.
    Pero mi Padre dijo: «Maldito seas, Caín, que mataste a tu hermano. Como yo fui expulsado, así lo serás tú».


    Los días pasaron de forma extraña.
    Durante las horas de luz la ciudad parece sumergida en una normalidad tal que hasta te preguntas si tan sólo estás teniendo malos sueños pero, al caer la noche, el mundo vuelve a cambiar.

    La constante sensación de ser observado, incluso seguido y, cada vez que te vuelves... el mismo maldito sobre.

    No importa lo que decidas hacer con él: quizá lo conservaste porque te intriga, o trataste de destruirlo porque te asusta. Tal vez lo olvidaste en algún lado o lo tiraste sin más a la papelera sin dar mayor relevancia a lo que pasó.

    No importa.


    El sobre siempre vuelve y el contenido es el mismo.
    Alguien tiene muchas ganas de que vayas a esa fiesta... ¿Estarás enloqueciendo?

    Sólo hay un modo de saberlo.

    Y necesitas un disfraz.

    Es hora de narrar tus propias impresiones de lo ocurrido en privado ¿Qué hiciste con el sobre? ¿Qué sensaciones te invaden de cara a la fiesta de esta noche?
    Es hora de prepararse y tal vez te apetezca escoger un atuendo a la altura... O tal vez no.

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    Última edición: 16 Febrero 2022
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    rapuma

    rapuma Maestre

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    André François

    Alguien debería decirle a este hijo de puta que se tranquilice, pero ahora estoy colocado y no me la puede sudar más. Desde que perdí el viaje de vuelta a Francia entendí que las setas aquí son de lo peor: estoy en un puto bucle eterno y no encuentro la salida. ¿Dónde está el ropero para salir de Narnia? Si vuelvo a toparme con el paki le reventaré la cabeza contra el suelo.

    Este viaje astral insiste en que vaya a esa condenada fiesta, pues muy bien coño. Vamos.

    No me preocupo en buscar un disfraz, tampoco sé donde habrá quedado mi cartera de todos modos. Con el condenado pergamino me presento en el lugar, pero mi única indumentaria son mis pintas de loco y las pupilas tan dilatadas que parezco un tiburón.

    ¿Debería pensar qué estoy haciendo con mi vida? ¿Debería, al menos, sentir un poco de miedo de lo que pueda llegar a pasar?

    Yo sólo pienso en cómo se habrá originado este planeta y en qué demonios serán las estrellas. ¿El hogar de los Dioses? ¿Otros planetas? ¿Señales divinas? ... ¿Y por qué durante el día el cielo es azul? ¿Tendrá que ver con el lugar de donde venimos? ¿A dónde se dirige el ser humano?

    Para saber esto uno tiene que entenderse a uno mismo, eso está claro... ¿Somos animales? No, tenemos que ser algo más. ¿Será cosa del espíritu? Y si nosotros tenemos espíritu... ¿Lo tendrá la tierra? mmm Entonces ¿Las estrellas también tienen alma? ¿O todo tiene que ver con los Dioses? Un momento ¿Y si nosotros somos los dioses?

    Vaya movida...
     
    Última edición: 16 Febrero 2022
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

    Leo
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    Altan Sonnen

    Mira que al final el hervidero de Bruselas iba a sorprenderme y todo, con este misterio con el puto sobre de los cojones. Esa noche opté por guardarlo antes de regresar a la habitación, lo hundí en el bolsillo sin demasiado cuidado y mientras caminaba el oxígeno me llegó al cerebro bastante tarde, porque esta gracia del sobrecito, el cetro y toda la mierda me recordó algunas cosas.

    Eran los estirados como yo los que siempre andaban dejando invitaciones como si fuesen jodidas cartitas de amor.

    De todas formas, a la mañana siguiente cuando revisé la mesilla de noche donde había dejado todo lo que me saqué de los bolsillos antes de irme a dormir, vi el sobre otra vez y decidí tirarlo. Fue una cosa de capricho, un mero "What if?", pero el puto pedazo de papel reapareció y me di cuenta que no podría deshacerme de él por mucho que quisiera. También que debían haberle pagado bien a algún cabrón con presencia de fantasma, porque eso no era normal.

    Para terminar de hacerla, algo que nunca le iba a negar a mis años del desastre era que la calle me había afilado muchísimo más los sentidos y luego de la mierda del sobre supe al instante que tenía ojos encima, vete a saber de quién, pero los tenía. Los sentía respirarme en la nuca, como si el puto trozo de papel fuese un rastreador en vez de un simple sobre, y me pregunté qué coño quería esta gente con un informático. De nuevo, era un puto estirado, sí, pero por lo general no llamaba la atención y cuando lo hacía sabía de qué tipo de gente era.

    Tenía un imperio, sí, pero estaba hecho de sombras.

    Discurría bajo la superficie del mundo, como telas de araña, y nos conectaba a todos.

    Dadas las circunstancias me di cuenta que no quedaba más, asistiría a la famosa mascarada a la que me estaban invitando tan cordialmente, ¿no? Con stalker incluido. La ventaja era que como viajaba por negocios, bueno, tampoco debería escarbar demasiado para encontrar algo a la altura del evento aunque nada me aseguraba que no fuesen a abrirme en dos y venderme por partes.
     
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  10.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master the lovers

    Piscis
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    Bleke Middel

    Suspiré con una ligera nota de hastío mientras navegaba el espacio de la sala sin un objetivo concreto. Iba descalza sobre la alfombra, de aquí para allá, abstraída por completo en mis pensamientos. Matheo se había retirado hacía escasos minutos luego de entregarme el reporte rutinario, uno que concordaba con la información que Jenkin me había alcanzado de antemano; así no hubiera dudado de la palabra de mi hermano, encontrarme ante la tinta impresa en el papel le otorgaba otro nivel de gravedad. Papel, siempre era papel.

    Aunque ya no lo pensaba tanto como antes.

    Me acerqué a la mesa de roble, le di un nuevo sorbo a mi té y me quité el cabello del rostro con un ligero movimiento de cuello. Otro suspiro. Repasé el espacio con la vista, seria, y sorteé el amueblado nórdico de la suite para abrir las puertas del dormitorio. La luz se encendió por sí sola, arrancándole destellos al vestido ya dispuesto en su maniquí, y me senté al borde de la cama para apreciarlo. Crucé las piernas, hundí las manos en el colchón e ignoré el ligero escozor que me provocó la presión en la palma derecha. Al menos el golpe no me había dejado moratones en la espalda como había temido. ¿Alguna vez había vivido un episodio de violencia similar? Estaba segura que no.

    ¿Por qué, entonces, no me generaba nada en absoluto?

    Papel.

    El sobre estaba bajo llave en la mesa de luz, había permanecido allí desde que esa noche llegué al hotel. No les bastó, sin embargo, con dejarme uno. Descarté la opción de hablarle a Matheo al respecto, pedirle que investigara, y en su lugar me encargué personalmente del asunto. No sirvió de nada, dicho sea de paso, y para colmo, la sensación de las sombras mordiéndome los talones no me había abandonado desde entonces.

    Papel, papel y más papel.

    Balanceé la pierna en el aire con cierto aire distraído, detallando los apliques dorados en el vestido, sus tonos color hueso y azul marino. Me recordaban a las paredes de la mansión Middel bajo la luz pálida del sol neerlandés, sus decoraciones en mármol y ébano, y a nuestros ojos hechos de agua congelada. Los ojos de papá, recortados frente a las luces del coche. Los ojos del abuelo, con el fuego de la chimenea, inclemente, repiqueteando sobre el hielo. Mis propios ojos, observando las sombras, los monigotes de papel que se suponía eran mis padres, desde el pie de la escalera. Eran los ojos Middel.

    Parpadeé con lentitud y cedí a mi propio peso, cayendo con suavidad hacia atrás. Observé las pequeñas luces colgadas del techo, las conté y, con cada una de ellas, fui ordenando mis pensamientos.

    Hasta silenciar el mundo por completo.
     
    Última edición: 16 Febrero 2022
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    Hitomi-chan

    Hitomi-chan Líder de Zona Artística Game Master

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    Ragnar Bjelke

    —Maldita sea Ragnar, concéntrate en el entrenamiento— Los gritos del entrenador sonaban tan fuerte como los golpes que mi adversario me daba en ese momento —Mejora tu bloqueo y no descuides tu barrido— Aunque escuchará sus indicaciones, mi mente estaba en otro lugar haciendo que fuera completamente inútil entrenar en ese momento, me deje caer sobre la lona y puse fin a esa ronda de golpes sobre mi.

    —Mañana comienza el torneo, déjame descansar hoy— Mire de reojo a ese hombre que llamaba entrenador como maldecía entre dietes mientras me advertía que más me valía estar concentrado mañana y se alejaba junto al chico que me ayudo como adversario dejándome solo en aquel cuadrilátero.

    Aunque se suponía estaba solo, podía sentir esa extraña sensación que había sentido antes en el Café Delirium, estaba acostumbrado a ser observado, incluso a ser perseguido algunas ocasiones, pero esta vez todo se sentía completamente diferente. Deje escapar un suspiro de cansancio y frustración al no ser capaz de deshacerme de esa sensación que me inquietaba y me puse de pie mientras comenzaba a retirar el vendaje de mis manos.

    Mis ojos fueron a dar a la esquina donde estaba mi botella con agua y celular, de nuevo me encontré con ese sobre de antes había visto.

    Lo miré por un rato desde mi lugar hasta me acerque a el y lo tome de nuevo entre mis manos, el primero que encontré simplemente lo deje en su mismo lugar, no me interesaba encontrarme con nadie en ese momento, pero esta vez al verlo de nuevo, sentía que si no iba a ese maldito lugar simplemente no podría concentrarme en mi torneo y terminaría haciendo el ridículo, sea quien fuera que me enviaba esa invitación debía decirle que parara y me dejará tranquilo.

    Guarde el sobre y fui directamente a mi habitación para poder darme un baño y cambiarme de ropa, esta vez si llevaría un poco de dinero y ropa cómoda en caso de tener que correr, se suponía era una mascarada, pero no iba a divertirme así que mejor irme simple y salir de eso cuando antes.
     
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    Amelie

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    Enya Beckett

    —¿Es en serio?— preguntó tomando el sobre entre sus manos, tenía su nombre. Miró alrededor mientras buscaba entre las sombras poder ver algo, sin éxito alguno. Volvió la vista al sobre con el hermoso estampado, lo levantó un poco, rompiendo parte de el, y sin abrirlo por completo negó, lo dejó a medio abrir dónde lo había tomado y salió de allí, aquello era ridículo.

    Al salir, se sentó en una banca del parque y revisó su bolsa, hurgando entre sus pertenencias, allí estaba todo, no le faltaban credenciales, no le faltaba algo que revelara su identidad a desconocidos que planearan bromas tan elaboradas. Pero sobraba algo... el sobre.

    Lo sostuvo nuevamente, era el mismo; el estampado estaba algo roto. Miró a su alrededor, genuinamente confundida; si alguien la estaba siguiendo, querían entregar ese mensaje, y no permitiría que la siguieran más de la cuenta para asegurarse de que recibiera el mensaje.

    Enya levantó el sobre frente a ella moviendo su muñeca de un lado a otro sin mover su brazo, una ligera burla a quien fuera que la estaba viendo "Lo voy a abrir" y así fue. Lo leyó con calma y sonrió.

    —¿Fiesta de disfraces? —soltó una ligera risa —Estoy muy vieja para esas cosas —dijo un poco alto, mientras miraba el cielo.

    "Perdí el tren; debería buscar un hotel dónde poder descansar" pensaba para después mirar el contenido del sobre nuevamente "O tal vez... ir de fiesta y ahorrarme unos euros; seguro acaba por la madrugada, y así caer rendida en el tren de mañana" sonrió algo avergonzada de sus pensamientos juveniles.

    —El tiempo sobra...

    Dijo recordando las tiendas de los museos; varias vendían esas máscaras de Venecia, con eso bastaría; pues por suerte, ella siempre vestía acorde.
     
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    Gigavehl

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    Marilyn Lazfage

    Ok, teníamos que admitirlo... Esto del sobre era muy extraño y peculiar, verlo negro y ver tan... Exótica... Figura... Llamaba bastante la atención y al abrirlo y leerlo como podía por cuestiones de la poca iluminación me descolocó... ¿Pero que mierda? ¿Una mascarada? ¿Y como habían obtenido mi nombre?

    A ver... Convengamos que tengo varios contactos, pero que me pusieran el nombre con todo y apellido me asustaba un poco, porque la figura plasmada solo me hacía recordar mis infernales días con mi familia y por un momento volteé alrededor, tensa, pensando si la CIA o alguna mierda similar ya me había descubierto...

    Pero nada...

    No había movimiento alguno, no había acción, solo oscuridad y quietud...
    Chasquee la lengua y guardé el sobre para revisarla después.

    Fue al día siguiente que, al volver a ver a detalle el papel, pude percatarme que no había nada peculiar en el mismo más allá de lo evidente. Le estaba dando vueltas, intrigada pero también fastidiada. No sabía si esto era alguna broma de alguien conocido de mi pasado o similar, es decir. Si, ok, confronte el destino, cualquier pobre diablo de haberse visto en mi situación seguramente se habría cagado encima y habría salido huyendo... ¿Pero yo? Por favor, suficiente mierda en mi vida como para volver a escapar, era mejor simplemente vivir intensamente pero como uno quiere, es decir, que tampoco era estúpida, una cosa es arriesgarse a lo YOLO y otra era ir ciertamente preparada para las cosas.

    Gemi con desinterés y dejé el sobre sobre el escritorio para salir a hacer labores, sin embargo, en la tarde algo se me había caído, una pequeña herramienta era la responsable cuando al voltear y agacharme... A lado estaba el jodido sobre.
    No evité musitar sorprendida y hasta maldecir por la impresión, al verla, resultaba que era exactamente la misma...

    ¿Que era esto? ¿Genuinamente algo sobrenatural? Era impensable, más por irá que por susto, tomé el estupido sobre y lo destroce para tirarlo en la papelera...

    Cuando el siguiente día llegó, ahí donde había dejado el sobre (el cual ya me había desecho) resultaba que había otro... Nuevo, impertubable.
    No cabía en mí misma y al revisarlo lo mismo... La invitación, mi nombre, la mascarada.

    Recordando supersticiones, decidí quemar el sobre con un encendedor, a ver si así se "purificaba" la cosa, pero al acabar la jornada y habiendo subido a mi departamento, pude ver claro como en mi puerta deslizaron el mismo jodido sobre, el problema es que era desde dentro y yo apenas llegaba, maldije en voz alta, buscando al bastardo que anhelaba joderme pero... Al abrir la puerta, no había nadie.

    Me quedé estática unos momentos y al regresar la vista, tomé el sobre y era idéntica.

    Además, si rematabamos todo con que siempre en estás precisas noches sentía a alguien pisándome los talones y respirarme en la nuca todo el rato... Pues igual y tenía algún stalker paranormal.

    Lo que me faltaba... Mierda...

    Tal vez y era mi hermanito mayor el que de alguna manera buscaba atormentarme o algo, era estúpido, pero de otra manera no lo comprendía, de cualquier forma, bufé y guardé el sobre para en tiempo récord notificar que no se me molestara el próximo día porque iba a estar ocupada.

    Y así fue, todo el día lo pasé buscando entre distintas tiendas algún buen vestido de gala, no era tan sencillo cuando eras alta, pero llevaba dinero suficiente, y con un buen vestido negro, largo, con efecto brillantina en pequeños y múltiples rectángulos teniendo su apertura algo cerca de la cintura en la pierna izquierda para que se divisaran las mismas, negro, con zapatillas igual del mismo color y, para rematar... Un antifaz, como de carnaval pero dando un toque de un cuervo. Así, teniendo eso, en mi departamento me maquillé y arreglé para cambiar por completo, ya no parecía una mujer desaliñada y que le daba igual, ahora iba con buen porte pero sin abandonar ese toque de que lo llevaba como yo quería, aún así, cualquiera de mis contactos que me viesen seguramente ni me reconocerían y se quedarían apantallados, era lo que quería, pero también que no se me reconociera tan fácil.

    Una vez vestida y preparada, tomé el sobre para guardarla en el bolsillo y preparé el arma en mi muñeca, camuflada, para después abandonar el departamento y por lo tanto la edificación, paré un taxi y me dirigí al punto de encuentro al que tanto estaban llamando...
     
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    Slam

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    Nick

    Había sido una semana ardua, de mucho trabajo, lo cual lo tenía un poco desanimado. Pero esperaba con ansias el fin de semana, pues había encontrado en el parque la invitación a una fiesta de disfraces y esto lo entusiasmaba, aunque no se la habían enviado a él, era para alguien llamado Nick también y pensaba colarse. Jamás se deshizo del sobre ni notó nada extraño, realmente quería asistir, hasta había invitado a Ramón del puesto de papas fritas para que lo acompañe.

    Cuando llego el día, pasó a buscar a su amigo y apenas verlo lo interrogó —¿Vas a llevar eso?

    — le dijo Ramón que iba disfrazado de Dipsy, el teletubbie verde.

    ¡Genial!— le respondió Nick, saludándolo chocando los cinco y luego los puños, como celebrando su elección.

    Ambos se pusieron en marcha y se dirigieron a tocar timbre a la dirección que el sobre indicaba.

    Él, en cambio, se había puesto unas ropas victorianas y unos colmillos y sangre falsos. Iba de vampiro...

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    Ikoma-kun

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    Marcel Ribas

    Nada fue igual desde aquel día, aquel silencio no fue algo efímero producto de una rutina o la presión por cumplir mis metas. Todo por un extraño sobre en mis manos, fui invitado a una fiesta de disfraces; una mascarada del nivel de personas de alta alcurnia, la clase alta europea; donde el Champagne y los bocadillos de moluscos serían el deleite de los asistentes....pero...¿Quien podría haber estado enterado de mi nombre? ¿Mi fama despegó en solo una semana? No era de extrañar pero ¿Quien podría pensar que fiestas como esas eran mi estilo? Por favor...prefería los clubes donde la música de Rock o tecno ambientan el lugar.

    —Lo siento amigo pero no tengo tiempo para esto—arroje el sobre en donde quizás el polvo le cubrirá. Pero entonces...

    —Uh ¿y esto?

    Había llegado el día siguiente para una rutina de entrenamiento, cuando busque organizar mis cosas en el casillero note con estupor algo que habría jurado por lo más grandioso (es decir yo) que había dejado en una esquina del ropero; el jodido sobre con la invitación ¡Estaba allí! ¿Pero como? ¿Y cuando? Voltee a ver y nada parecía indicar que alguien lo hubiese puesto allí...no inventes, era alguna acosadora ...¿No? Había hecho unos cuantos amigos y amigas pero muchos preferían vivir una vida moderna de clubes nocturnos sin nada formal o extravagante, una que otra chica en mis redes se inclinaban por presumir sus compras en sus historias de Instagram...

    La arroje al basurero retando así a mi posible acosador o acosadora, pero ni así pude ignorar el extraño sentimiento de ser observado en la noche, algo al acecho entre las sombras.

    Pensaba que era un ridiculez ¿Fastasmas tras de mí? Por favor...lo tome todo con humor hasta que frente a mi apartamento...el sobre...aguardaba frente a mi puerta, lo tome y lo rompí hastiado por tan misteriosa situación ¿Debería llamar a la policía? No era aún muy pronto para llegar a tanto. El sobre y su tarjeta estaban hecho pedazos ¿Que haría está vez sin su sobre?

    La noche llego y sea lo que fuera amenazaba con hundirme en la ansiedad, apenas pude contener el sueño. Desperté en la madrugada, algo adormilado revise hasta sentir una textura familiar descansando a mi lado...no podía creerlo.

    En mi cama, estaba de nuevo el maldito sobre pero en una sola pieza con todo y la invitación para mí

    —No me jodas esto no tiene sentido.

    ¿Como pudo entrar con un seguro puesto y sin el mínimo ruido para traer una réplica exacta del sobre.

    Eran demasiadas molestias, demasiadas hasta para un acosador devoto y desquiciado...pensé entonces ¿Debía aceptar la invitación? Que más daba...aclararia con el chistoso que hacía de espectro acosador sus motivos para actuar.

    En mi ropero había ropa elegante para eventos post campeonatos, pero llevaría solo una camisa manga larga oscura y un pantalon con zapatos muy pulidos, la máscara podía comprarla en el centro comercial más cercano ¿Que me depararia esa noche?
     
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    Kaisa Morinachi

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    Se viene larguísimo, así que nada, normal sí se lo saltan XD
    Gianna Fiore

    El temor guiaba mis orbes nerviosos y alteraba mi pulso cardiaco, mi piernas avanzaban sin temor, porque dejando atrás las tumbas y el campo sagrado, poco importaba de cuánto me diera cuenta o no, terminé por adentrarme en una zona bastante boscosa. Y aunque fuera extraño, sentí que mientras recorría un lugar mucho más peligroso que un cementerio, la oscuridad de la noche se tornó brillante... y yo solo me encargaba de seguir al pájaro sin terminar de procesar del todo que... estaba siguiendo a un pájaro. A un cuervo, que lo que viví no era... nada fuera de lo normal. Pero ahora era más extraño que yo siguiera un ave, incluso más inesperado que yo presenciar un intento de asesinato o el allanamiento de una tumba.

    Porque... ¿para qué seguir un ave, en medio de la noche, cuando podía que no te llevara a ningún lado? No te entregara nada, solo terminaría perdida y mi esfuerzo carecería de victoria... pero esta no era una noche normal, yo no era corriente y esa criatura parecía saber que yo le seguía. Me esperaba incluso...

    Una carta... no demoré en notarla, sus tonos claros le ayudaban a resaltar en la oscuridad. Por otro momento temí, un escalofrío recorrió mi espalda de por sí helada, brotó la sangre pulsada por mi corazón, miré a mi alrededor en busca de alguna pista. Alguien tuvo que haber dejado eso ahí... pero no parecía haber nadie a los alrededores. Solo el sonido de aves nocturnas, aun esos escaseando, era lo que acompañaba el mecer de las hojas cuando la brisa nocturna aullaba casi como la suplica de una mujer, a través de los árboles...

    Jamás creí en cosas que no pudiera comprobar, pero eso no quitaba que, por eso mismo, fuera incapaz de aterrarme por las cosas más cotidianas, irrelevantes y, sobre todo, impredecibles. ¿Quién me aseguraba qué cosa era real? Era irracional para mi confiar en terceros, tenía un cuerpo, dos brazos y ellos poseían manos. Manos que tomaron la carta logrando así que mis ojos, vinculados por telares rojos y morados a mis dedos, visualizaran el sello clásico de cualquier carta que se preciara. Ratas, cuervos y ahora perros... aunque todos más salvaje que los ratones, gorriones, a excepción del lobo. Era un lobo, no un perro. Intrigada lo abrí y sorprendida me quedé sin aire.

    Mis ojos podrían haberse salido de mis cuencas y no demoré en darle la espalda al gran tronco y sacar la navaja apuntando a la nada... a los árboles negros, al aire de un marino azulado. Miré arisca a todos lados y solté un quejido digno de un recién despertado. No me preocupó el tema en su momento, porque iba guiada yugo de mis padres, pero ahora en solitario hubiera adorado saber todos los casos de secuestro, asesinos y violaciones en este último mes o incluso medio año transcurrido. En esta ciudad y de ser necesario las más cercanas, saberlo todo, estar preparada, no haber tenido que venir en primer lugar y...

    Calma, no seas ridícula, Gianna dije para mis adentros cerrando los ojos e inhalando hondo para calmarme. Quería llorar, tal vez nunca había sentido una impotencia tan grande, porque no creía que fuera capaz de llorar por otra cosa que no fuera rabia o frustración, mi relación con Manon lo había demostrado... Manon, mi... hermana... querida.

    Abrí los ojos con determinación, era capaz de sentir el puñal de mi propia daga tras mío y cualquier ser observándome, pero era el terror de la noche, cualquier ser humano que no conociera un bosque y su camino de regreso a su hogar... sentiría lo que yo sentía... ¿cierto?
    Por favor, que fuera cierto.
    Contrariada y abrumada busqué mi camino de regreso a casa, supe ubicarme entre esos enormes árboles incluso sin haber tenido del todo presente el camino que tomé, navaja guardada y aferrándome a la carta ignorando por completo qué tanto la deterioraban mis dedos nerviosos. Corrí, frené, observé y estuve divagando hasta que divisé el cementerio otra vez, a lo lejos, y tras una inhalación ahogada en sorpresa corrí hasta entrar por la salida que había encontrado antes... o más bien por la que me había guiado el cuervo.

    Observé el panorama esperando encontrar algo que señalara mi camino de vueltas, por favor que no fueran ratas asquerosas y mugrientas, para mi fortuna no demoré en ubicarme una vez dejé el bosque atrás. Corrí, más bien troté y como no pensaba en mis alrededores, centrada como estaba en volver a mi hogar, trastabillé en un par de varios momentos. Fuera del cementerio entendí mi camino, pasé por fuera de una iglesia, de unos dos parques. Cada vez quedaban menos personas, menos aglomeraciones, pero aún así se mantenían vivas las luces, el ruido incluso musical de esos lugares que solo relucían en la oscuridad. Me detuve frustrada dentro de varias ocasiones... no sabía cómo sentirme, desprotegida y observada, creo... era una horripilante bruma unir esas dos palabras en una descripción.

    Agotada y desganada logré encontrar a un ser querido... mi madre me vio a lo lejos, la noté con el ceño fruncido desde la distancia, porque gritaba mi nombre y sabía reconocer al menos su tono de voz... las posibilidades de que otra gritara como mi madre mi propio nombre en un país extranjero deberían ser terriblemente escasas, por no negarlas por completo.

    Corrí para mi propia sorpresa, en la adrenalina del momento me abalancé sobre ella, más alta que yo casi por una cabeza. La pegué a mi cuerpo y ella no demoró en envolverme en sus brazos. Su voz quebrada y en sumo preocupada preguntas sin mucha narrativa como: ¿Dónde estabas? ¿Qué hacias? Oh, Gianna, cariño, me tenías tan preocupada, tan, tan preocupada...

    Y se ponía a describir el día de manera rápida y yo, hablando a la par de ella, hablaba firme y seria.
    —Tranquila, madre, me encuentro bien, estoy bien, no me a pasado nada...— Me separé con el rostro serio, pasé mis brazos firmes, pero fluidos, y mis manos frías, pero suaves por sobre su abrigo. Desde los hombros, y terminé por sostener sus brazos. Me miraba con lágrimas o al menos el rastro de ellas. Los ojos llorosos, la piel enrojecida... no solo yo le provocaba todo eso, ¿cierto? Aun así, el arrepentimiento empezó a penetrarme el corazón y solo pude mirarla con aún más dureza, porque no me veía capaz ni quería hacer otra cosa.

    Se notaba que quería abrazarme.
    >>¿Qué a ocurrido, qué pasó con papá y Manon? —ladee la cabeza y mis cejas si reflejaron la preocupación que trasmitía toda la situación...

    Mamá me volvió a abrazar y, aunque sí se le notaban las ganas, no era algo que esperaba. Tampoco me agradaba, pero... entendía que ella sí lo necesitaba. Una vez pensé eso, mis manos fluyeron a sostener su espalda y, a ojos entrecerrados entre el cansancio y la aceptación, escuché su murmurante hablar.

    —Siguen en el hospital... pero...— Se alejó, hizo el recorrido como yo hice con ella: Hombros, brazos y manos, solo que sus gestos sí estaban cargados de amor, cariños, aprecio y eso la volvía sumamente cálida. Me sonrió de igual manera, aunque supiera que siempre estaría preocupada en momentos así, que se le dificultaría dormir... que intentaría no mostrarse quebrada ante su propia primogénita—, ellos estarán bien...

    La había mirado con el ceño fruncido tras haberme mostrado efímeramente preocupada, ahora entre la mezcla de seriedad y rabia, que eran mis reales preocupaciones. No estaba realmente enojada, en cualquier caso. La cosa es que esa mirada recibió mi madre cuando la suya propia vaciló entre si mostrarse alegre, preocupada, enojada o... o quién sabe qué más le ocurriría por dentro.

    —Entremos, jovencita...— Y llevándome de la muñeca, porque sabía que no soportaba el gesto de juntar mis palmas con las de otro, a excepción de Manon, que con ella me veía obligada por otros motivos, nos dirigimos a la residencia donde nos hospedábamos.

    Estuvo a punto de llamar a los policías, contó, incluso nos demoramos en empezar una conversación privada, por tener que ella avisarles a todos a los que acudió por ayuda que su hija ya había vuelto a aparecer y no corría peligro alguno. La cosa es que explicó que Manon debía quedarse al menos un par de días en el hospital, nada que no se pudiera mejorar con el debido reposo, y a mi papá le tocó acompañar a la pequeña esta noche. Dudo que quisieran dejarla completamente sola... hasta a mí me había tocado quedarme horas a un lado de ella, esperando a que volviera a ser... la niña energética y entusiasta de siempre, más allá de la enfermiza que le tocaba ser.

    En cuanto a mí... le mentí un poco, claro. Dije que fui al cementerio y me encontré una carta rara, luego pasé por el parque junto al atardecer y el cansancio me ganó que incluso terminé por dormirme en una banca sin percatarme de nada. Luego un buen hombre me despertó y dijo que volviera a casa, un viejo que parecía haber residido por mucho tiempo en esta ciudad y la conocía del derecho y al revés incluso... Ese hombre no existía, claro, pero demás que alguien calzaba con la descripción.

    "Habrá que agradecerle" Negué con la cabeza. "No creo que sea necesario", debatimos un poco y terminé convenciéndola de que prefería olvidarme del tema, porque me avergonzaba pensar en tan grande descuido... era real, pero no porque en esa ocasión me durmiera en una banca, porque eso no había ocurrido.

    Como fuera, a la mañana siguiente al recordar la carta la leí con más detenimiento, no se la mostré a mi madre, porque no lo veía conveniente. "¿Por qué no me la muestras?" preguntó quejica, casi como una niña. Volteé hacia un costado mi rostro, evadiendo el de ella, con clara frustración en el rostro. No podía permitir que la leyera, así que un "Es... una carta de amor, mamá, no puedo mostrártela" Y ahí me sacó en cara que la había recogido del cementerio, ¿no? ¡Era su derecho verla también! Entonces fruncí el ceño en una mueca bastante infantil, enfrentando su mirada que iba destapando de a poco las mentiras.

    Se la entregué resignada y en silencio, cabizbaja, busqué inventarme otra mentira que encubriera lo que realmente había ocurrido.

    Un romance, mamá, lo que ocurrió fue un romance. Ni un viejo, ni un cementerio: Conocí a un chico, no muchos meses más grande que yo, nos distrajimos juntos hasta altas horas de la noche y él me entregó esta carta... De momento... se lo creía... Se le ilusionaron los ojos y yo solo pude sonreír con nerviosismo "pudoroso", pero realmente sentía... ridículo que se hubiera creído mi mentira más desesperaba. En cualquier caso, pegaba con su personalidad que el romance le bajara las defensas y olvidara la realidad por unos momentos, por algo en parte escribía libros tan... fantásticos, en varios sentidos. Muchos de romances, otros de misterio e incluso tenía sus dolorosos poemarios.

    —¡Tendremos que conseguirte un vestido, y hacerte un peinado, incluso podrías intentar aprenderte un par de pasos de bailes y...!

    Yo solo podía sonreír con resignación mientras ella tomaba mis manos y las acurrucaba en su pecho, aunque pronto se mostró sorprendida y me miró con total seriedad y ceño fruncido, demandante.

    >>¡Pero júrame que esta vez no descuidarás la batería ni saldo de tu celular, y de tener poca llamarás para que te vaya a buscar tu padre o yo a cualquier lugar dónde esté! ¿Vale?

    Un silencio donde yo sonreía leve y mis cejas se fruncían con una angustia de cordero degollado.
    —Vale...
    —¿Lo prometes?— Y sonrió confidente, alzando su meñique.

    Lo miré con extrañeza, recordé que sí uno no cumplía su palabra, la realidad es que ese meñique debería ser cortado... pero eso se olvidó desde que se volvió un acto cotidiano. Con seriedad absoluta sostuve su mirada y cerré el acuerdo con mi propio meñique.
    —Lo prometo.

    Tenía permiso para ir a una mascarada, siempre que no ocultara nada sobre lo que sabía, sobre quiénes conocía del lugar y... bueno, todo lo que un padre necesita saber y ver para asegurarse de que no dejaba a su retoño ante un peligro complejo o un daño irreversible.

    Pero lo dicho, confiaban en mí... aparte, ya iba siendo hora de que participara en ese tipo de cosas, ¿no? Fiestas, eventos. El problema caía en que nunca tuve ningún amigo o conocida cercana con quién participar de ellos... bueno, aunque de todas formas, siendo un pueblo tan chico mi hogar fui invitada más de una vez por mero descarte o necesidad de gente para rellenar.

    Los lugares con buena música o interesantes personas sí que me atraían, pero me abrumaba con relativa facilidad. Era mejor ir en solitario, siempre lo sería, pero eso no quitaba que me gustaba se espectadora de las grandes cosas... anomalías, sucesos y situaciones.

    Esta mascarada seguro tenía mucho de eso.



     
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    Domenica

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    El agua tibia resbaló desde mi nuca, atravesando mi espalda, empapando mi cuerpo por completo. Mantuve los ojos cerrados por instantes que parecieron horas, permitiendo que los músculos de mi cuerpo se relajaran bajo el masaje que me brindaba el chorro de agua. Joder, una vez más mi hombro dio un tirón, me había lesionado cuando tenía quince años por meterme en una pelea y cada vez que hacía lo mismo, me dolía durante días como un recordatorio de que tendría que dejar de ejercer la violencia.

    Abrí los ojos, con la visión directa al piso de la ducha, la sangre se mezclaba con el agua y se perdía con un movimiento ondulado en el pequeño desagüe. La sangre de Eric se había adherido a mis nudillos y mis manos tras secarse, tendría que restregarlas con fuerza.

    Mientras lo hacía no pude evitar rememorar los eventos de los días pasados, y cómo aquella invitación continuaba presentándose delante de mí una y otra vez de las maneras más extrañas. Entre las hojas del periódico que había comprado por la mañana, en la cuenta del restaurante en el que había cenado, entre los folletos turísticos que dejaron en mi habitación de hotel... alguien era muy persistente en su enmienda, que era llevarme a esa fiesta a como diera lugar. O era una trampa muy obvia o alguien necesitaba algo de mí con total urgencia. Y seguramente no sería nada bueno.

    El caso era que había aceptado ir, para ese momento ya la curiosidad me carcomía lo suficiente como para aceptar lidiar con las consecuencias que asistir a esa fiesta pudiera acarrearme.

    Terminé mi ducha tras asegurarme que todo el material genético de aquel perdedor había desaparecido de mi cuerpo, al menos de forma visible, y me estaba secando cuando sonó la puerta anunciando que había llegado mi servicio a la habitación. Até una toalla blanca a mi cadera y me aproximé a la puerta, al abrirla me encontré con un carrito con la cena que había solicitado, pero no había nadie. Hice entrar el carrito, tomé la botella de vino y, al leer la etiqueta, no me extrañó que hubiera sido reemplazada con un recordatorio de la dichosa mascarada.

    Definitivamente iría, había tomado mi decisión, pensar que el tiempo se acortaba para finalmente descubrir de qué trataba todo ese circo, me generaba algo de ansiedad. Abrí el vino, encendí un cigarrillo y bebí una copa, no parecía que mi mente tendría descanso. Miré el traje gris sobre mi cama. Iba a averiguar de qué iba todo.
     
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    Red

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    Rafael Castro

    Un encuentro extraño, un hallazgo extraño y una invitación extraña. ¿Y qué podía hacer con ello? Pude ignorarlo completamente, hacer como si no pasase nada e irme a casa a ver películas cutres de terror mientras me emborrachaba con cervezas de oferta de supermercado. Pude hacer eso, pero en ese momento, parado en mitad del parque, a solas, de noche, sentí un fuerte escalofrío en la nuca que recorrió toda mi espina dorsal y me hizo hasta arrugar la invitación. Honestamente, no quería ir. Pero en ese entonces vi una pequeña mancha de sangre en mi camisa, resultado del labio partido, el cual ya había olvidado. Me repase el interior del labio con la lengua y pude comprobar que aun dolía. Sonreí tan levemente que apenas podría considerarse una sonrisa.

    No quería ir, pero iría. Estaba seguro de ello. Llegué a casa, me duché y me quedé tumbado en el sofá. No quería ir, pero iría.

    No hubo disfraz, no hubo arreglo por mi parte. Iba a un lugar del que no tenía ni idea, porque me encontré una invitación misteriosa después de que alguien me siguiera y se cachondeara de mi. De verdad, insisto, no quería ir. Pero terminé yendo, vestido con un traje gris, escudado en una barba desaliñada, y armado con una invitación en la mano.

    —Por favor... —me susurré a mi mismo frente a la entrada— que no sea una secta religiosa...
     
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    Ayeah

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    El último rayo de sol se oculta exactamente a la hora señalada en la invitación.
    Una verja de hierro forjado rodea un inmenso terreno boscoso en plena ciudad, en la región de Uccle. Dos fornidos hombres trajeados, con gafas de sol a pesar de la oscuridad, abren sus puertas lujosas dando paso a un camino asfaltado que serpentea entre frondosos árboles hasta dar a un cuidado jardín.
    En los confines del mismo, una piscina pequeña y oscura ahora que el sol no ilumina sus profundidades. Las innumerables luces de los farolillos se reflejan sobre sus aguas compitiendo con el cielo estrellado como si de un pulido espejo se tratase.

    La casa a su vez es grande y moderna, con amplios ventanales de cristal tintado que dan a parar al jardín elevado por un lado, y las copas de los árboles del bosque por otro.

    El aroma a cloro, hierba recién cortada y flores silvestres eclipsa el de la comida ahí fuera.

    Huele a verano.

    Las puertas correderas están abiertas de par en par, desvelando un salón minimalista con muebles de aspecto caro lleno de gente con diversos atuendos y máscaras. Sus luces tenues y románticas se reflejan sobre la hierba recién cortada del jardín y los ecos del ruido interior se escuchan fuera de forma más ahogada.

    Suena música actual a pesar del ambiente antiguo y veneciano sólo roto por algún que otro disfraz más llamativo como un encorvado oso de peluche aislado en la barra de chupitos o un exaltado Batman dándolo todo en la pista de baile.

    La estancia se encuentra franqueada por dos puertas cerradas a izquierda y derecha de la pista que deberían dar al resto de la casa.

    La fiesta parece ser un éxito.

    Varios camareros circulan entre la gente ofreciendo bandejas de aperitivos y copas de vino o champagne.

    Nadie parece reconocerte... Aunque tampoco nadie parece extrañarse de tu presencia.

    ¡Bienvenidos a la mascarada! Donde llegaréis por orden de posteo. Podéis explorar las zonas resaltadas en negrita de la casa en busca de más información... o simplemente interactuar con los demás jugadores :)

    Los que aún no hayan cumplido alguno de los objetivos anteriores puede resumirlos en el mismo post. Ésto será aplicable a futuros objetivos a medida que la trama avance así que no os preocupéis si os perdéis algo, podréis reengancharos más adelante :)
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    Última edición: 18 Febrero 2022
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Altan Sonnen

    Dicha fuese la verdad, una cosa era recibir una invitación misteriosa que bien podría ser tu ticket a terminar con las entrañas en el mercado negro y otra que realmente el evento existiera, pero más que eso, que estuviese a la altura de lo que le correspondía. Había que tener muchos huevos para organizar una mascarada y hacerlo bien, ya ni se diga de combinarlo con fiesta de disfraces directamente, bastante cosas podían salir mal en eso. Ambientación, uso de los espacios y no sé cuántas cosas más.

    Mierdas que los estirados teníamos bastante presentes.

    Para cuando se acercaba la hora indicada en el pedazo de papel que perseguía más que cualquier pecado, todavía estaba analizando si aparecerme o no. Me senté en el borde de la cama, con el cabello todavía mojado de la ducha que había tomado y una canción sonando en el fondo desde los parlantes de la laptop, miré el armario donde reposaba el traje completo, enteramente negro para variar, y la máscara que había comprado de puro impulso.

    Máscara de cuervo.

    Me quedé allí hasta que la canción terminó y pasó a la siguiente, que fue cuando me levanté, tomé la toalla que había dejado apuñada en una esquina de la cama y terminé de secarme el cabello de varios movimientos bruscos. Terminé por prepararme, ni modo, traje, reloj, la serie de anillos del viejo y el mechero de los Sonnen en el bolsillo, junto a la cajetilla y la billetera. No me molesté demasiado en arreglarme el cabello, que de por sí había hecho lo que le había dado la gana por veintitrés años, y salí con la máscara balaceándose en mi mano como un péndulo.

    Antes de salir pausé la música, cerré la laptop y pesqué el móvil que tenía cargando a un lado, finalmente tomé también la máscara. Seguía desconfiando de lo lindo de toda esa mierda, no encontré especial información al respecto tampoco para variar, pero ya que el día del sobrecito misterioso no había podido beber ni una cerveza por el espectáculo, pues igual y era mi noche. Ya lo averiguaríamos.

    Al llegar al destino indicado distinguí la verja que delimitaba el terreno, lleno de vegetación, los hombres trajeados no fueron ninguna sorpresa. Había asistido a una escuela de niños pijos, más de uno tenía de estos gorilas apostados en sus puertas y mi propia familia a veces recurría a ellos también; abrieron las puertas y así me recibió el camino asfaltado que iba a terminar en un jardín.

    Entré a la propiedad luego de ajustarme la máscara al rostro una última vez, hundí las manos en los bolsillos y seguí caminando por la propiedad como si fuese mía, para qué mentir. Noté entonces la piscina en el jardín y finalmente enfoqué la atención en la casa, moderna, con ventanales con diferentes vistas. Las puertas estaban abiertas por obvios motivos y permitían una vista general del salón.

    Repasé el espacio con la vista, estaba cargado de gente, y fruncí apenas el ceño al oír la música que sonaba, habría asumido algo más... Temático, pero qué sabía yo, claro. Máscaras, disfraces y tal, todo relativamente normal, si ignorábamos al vestido de oso en la barra de chupitos que me dio unas vibes cagadísimas del tipo vestido de oso de The Shining al que Wendy interrumpía en tremendo momento íntimo con... ¿Era un mayordomo? Ni me acordaba.

    Solo faltaba el río de sangre, pero ese lo había visto toda mi vida, ¿no?

    Con todo lo cierto es que me di cuenta que mi presencia, así no fuese notoria para nadie como era normal, tampoco era rechazada. Eso resumía bastante el cuento o eso creía, solo quedaba ver qué se suponía que había en esta fiesta, por qué me habían invitado con tanta insistencia y, sobre todo, si habían invitado a todos con el mismo poder de convicción o siquiera remotamente parecido.

    Imaginaba que observando un poco más el ambiente del salón quizás encontrara algunas respuestas. De la forma que fuese, aproveché que apenas iba llegando para dejarle un mensaje a mi padre, solo le dije que me habían invitado a un evento y ya, ni siquiera pretendía que lo viese ya mismo ni nada. Cosa de que no se fuese a pensar que me estaba quemando las pestañas con la computadora en vez de salir.
     
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