Victoria Stone Así pues, caminando felizmente por los pasillos de Hogwarts se me ocurrió que podría volver a entrenar un poco más. Lo cierto es que aquellos Mocomurciélagos me costaron derrotar bastante y en fin, algo de combate nunca venía mal. Pero los enemigos de la Sala Multipróposito igual ya eran muy repetitivos y necesitaba algo nuevo. Las escaleras, de forma misteriosa, me dejaron en el 6º piso. — ¿Pasa algo aquí? — murmuré mientras me adelantaba hacia el pasillo. Llegué a un aula en la que ponía que se daba clase de "Estudios Muggles". ¡Hala! ¡Que interesante! ¿Daríamos también esa clase en un futuro? ¡Sonaba realmente interesante! Sea como fuese, al adentrarme descubrí que la sala estaba abandonada con un solo espejo, sospechoso, en el fondo. Me acerqué curiosa y lo único que se me ocurrió fue levantarlo, posiblemente escondiese algo. >> ¡Wingardium Leviosa!
En cuanto salgo de la Biblioteca, noto el barullo que hay en este piso. Alumnos yendo y viniendo, algún fantasma flotando pasando a través de las paredes. Pienso en cual será mi siguiente clase, y me apoyo en una pared. Alargo la mano para coger la bandolera, y me cerciono del horario: vaya, ahora me toca clase de Encantamientos. Y que casualidad que la tenga en el mismo piso. Nada más tengo que seguir por los pasillos y corredores de alrededor, que no se parecen en nada a esos que ví tan lúgubres por los pisos de arriba. Miro por la ventana que da a la amplitud de la naturaleza exterior, y me quedo unos minutos embobado. Cuando voy a irme, bajo la mirada al lago negro y veo en la orilla un par de puntitos, alumnos deben ser. Con la curiosidad de que pueden estar haciendo allí, agarro mi bandolera en mi pecho entrelazada con mis brazos y voy dando saltitos por el corredor hasta la gran puerta de Encantamientos.
Salgo del Aula de Encantamientos, y estoy emocionado. Cada vez voy aprendiendo más hechizos, me voy convirtiendo en un mago genial. ¡Yupi! Y con el gritito, voy girando por el pasillo, aprovechando que no se encuentra ningún alumno alrededor. Me paro en el sitio, y saco el horario de clases que tengo en la bandolera. Compruebo que, para mi sorpresa, tengo un hueco libre en este momento. Lo malo es que mis compañeros de Hufflepuff, por alguna razón, andan con sus temas varios, y no les puedo visitar. Así que, ¿Qué hacer? Después de meditarlo, decido una cosa. El tiempo es oro. Y tengo que aprovechar mi estancia aquí cueste lo que cueste. Por tanto, con paso decidido, me encamino a las escaleras sinuosas, al séptimo piso. Eso es lo que quiero, pero las malditas escaleras no me dejan llegar al punto que quiero. Me llevan hacia el quinto piso, luego no se como acabo en el segundo. Avanzo pasillos para encontrar otras escaleras que me conduzcan al lugar, no tengo muy dominado el castillo. Ojala nos dieran un mapa donde orientarnos perfectamente. Tras una buena caminata que me deja sudando, alcanzo el séptimo piso. Y aquí, donde ya había estado antes, me acerco al lugar correcto y pienso en mi destino. 3 veces, así era. Y con una puerta que se me crea de la nada en la pared, entro en la Sala de los Menesteres.
Evelyn Holder Pero no, hubo un cambio de planes de improvisto, y mi trayecto hacia la biblioteca se vio interrumpido por una muchedumbre de estudiantes que comenzaron a salir por todas partes. Llevé la mochila hacia mi pecho y la abracé con fuerza, lista para lo que se avecinaba. Porque por desgracia, lo sabía muy bien. —¡Es hora punta, sálvese quien puedaaa! —pero para cuando quise echar a correr, me vi envuelta en un mar de estudiantes de cursos superiores. Y aquí fue donde mi corta edad y baja estatura tuvo sus inconvenientes, y acabé desviándome de mi camino arrastrada por el cambio de clases repentino. Por ello, tuve que dejar las tareas para más tarde. Ahora debía intentar salir viva de aquí. *** Y ahora... creo que me he perdido. Eso de tomar las escaleras y evitar así la acumulación de magos y magas rondando por ahí no fue una idea tan brillante después de todo, pues siempre corría el riesgo de que las escaleras te tomasen el pelo. Y ese fue mi caso al parecer, porque acabé en el sexto piso por alguna razón aparente. ¡Malditas escaleras, ya se las verían conmigo la próxima vez! Paseé con la mirada el largo pasillo que se extendía ante mí y me encogí de hombros. Ya que estábamos aquí, ¿por qué no explorar? Así fue como me adentré en el lugar con pasos animados hasta hallar un aula que captó mi atención, y en la que se encontraba un espejo al final del todo. —Uhm... curioso —me acerqué a curiosearlo como era usual en mí, pero como mi mala suerte siempre estaba ahí se me cayó un moneda del bolsillo hasta acabar debajo del espejo. Me acerqué rápidamente y chasqueé los dedos al recordar el hechizo ideal para la situación—. Por estas cosas merece la pena el esfuerzo, ¡Wingardium leviosa! Y un pasadizo detrás del espejo se dejó ver. Sonreí emocionada y tras recoger la moneda me adentré al lugar. Había conseguido matar dos pájaros de un tiro, ¡yey!
Frans Andersson Andaba por los pasillos cuando, meditando fríamente, llegué a la conclusión de que debería asistir a alguna clase. A fin de cuentas, era aburrido estar continuamente usando los mismos hechizos; y ya que no tenía más remedio que soportar la carga de la magia, al menos podría tratar de sacarle el máximo provecho, si es que podía sacársele alguno, claro. Así pues, anduve un rato, ojeando una y otra aula, pensando en cuál podría colarme para ver si podía recibir alguna magistral lección. Me detuve justo frente a una, ya que no recordaba haber entrado antes... era el Aula de Encantamientos. ¿Habría algún profesor loco de esos que abundan en el internado dentro, o estaría vacía y abierta, como era costumbre aquí?
Melinda El sonido de las escaleras inquietas llenó mis oídos. Alcé la vista por unos minutos, recordando las particularidades con las que Abbadie y yo nos topamos en las inmediaciones del Lago Negro. La chica no me había seguido, seguramente con intenciones de continuar la investigación del lugar por su cuenta; a mí me daba lo mismo, pues al fin y al cabo, estaba en su derecho de hacer esto como mejor lo considerara. Sólo esperaba que no se le ocurriese acercarse a los tentáculos del calamar. —Una extraña forma en los matorrales, cáscaras de nueces... —decía por lo bajo mientras iba de escalera en escalera, ascendiendo pacientemente hacia el séptimo piso del castillo. Personas de los cuadros cercanos giraban la cabeza en mi dirección, desconcertadas por verme hablar sola—. En este lugar no crecen árboles que produzcan ese fruto. Seis huecos. Tal vez el telescopio ayude. Aun no me era posible conectar estos elementos con el acertijo de Rowena Ravenclaw. Tal vez, los secretos de la Torre de Astronomía echaran un poco más de luz sobre el misterio. Gracias a tanta conjetura mental, el viaje hasta la puerta que daba al aula de Astronomía se hizo leve. La abrí suavemente y entré…
Victoria Stone Salí del aula, observando con cuidado los alrededores para que nadie me pillase. Suponía que no era normal para unos alumnos de primer año entrar a una sala cerrada para entrar a una habitación secreta y luchar con seres bastantes poderosos. Con tranquilidad me subí a las escaleras y dejé que me guiarán pues parecían querer dejarme en sitios muy oportunos. Aquello de la magia en Hogwarts era bastante interesante.
Contenido oculto Voy dando saltitos al salir de la Sala Multipropósito. Estoy feliz de haber terminado el entrenamiento, y con ganas de activarme. ¿Qué me esperará ahora, una clase de pociones extrañas, una lucha contra un dragón escupefuego, fregar los platos? No se que me han dado allí dentro, pero estoy rebosante de energía. Llego hasta las escaleras, y ya ni me importa que me balanceen a cualquier piso, o que casi me tiren al vacío que hay entre ellas. Con mi cara de ensoñación, paso por los corredores iluminados. Son mis preferidos, viendo los arcos de piedra dando a la naturaleza, donde puedo ver el Lago Negro y el Bosque que llega hasta donde alcanza la vista. Todo sea dicho, el castillo no es tan frío como podría serlo un edificio de piedra. Que curiosa es la magia. Avanzo agitando los brazos adelante y atrás, moviendo más de la cuenta a veces los hombros. Veo a los estudiantes pasar con libros, atareados por la asignatura que van a atender. Entonces, súbitamente, me entran unos retortijones en la tripa y me llevo las manos allí. Un ataque de hambre, vaya por dios. Creo que tengo que comer algo antes de ir a donde me mande el horario de clase. Salgo corriendo hasta las escaleras, con algún profesor que todavía no conozco riñéndome por correr en el pasillo. Deteniédome un poco, pero con paso aligerado, me subo por entre las escaleras que bajan para dar con la planta baja, donde con un poco de suerte encuentre algo que llevarme a la boca en el Gran Comedor.
Melinda Por fin había terminado la aventura del acertijo, abriéndose de nuevo una gama de destino ante mí. Recorría los pasillos con pasos lentos, deteniéndome cada tanto para observar los patrones que había en los movimientos de las escaleras. Pero lo cierto es que lo hacía para pensar en qué podría hacer ahora. No tenía hambre, mi curiosidad por conocer la Biblioteca había sido satisfecha y no quería correr el riesgo de que me descubrieran en la Torre de Astronomía. La Sala Multipropósito tampoco se me presentaba como un lugar donde podría encaminarme. Por alguna razón, deseaba enfrentarme a criaturas nuevas… Entonces, como una luz resplandeciendo en mi mente, acudió el recuerdo de un lugar conocido como el Salón de los Espejos. Otro de los tantos sitios mencionados por mis hermanos (para ser tan perezosos, servían como buenos mapas del colegio). Cuando era pequeña, recordaba oírlos hablar, frustrados, de cómo les pateaban el trasero en dicho salón, que al parecer estaba habitado por pesadillas, reflejos malignos y un hada muy poderosa; ésta última solía derrotarlos de un solo golpe. Quedaba en el sexto piso, al fondo de una clase. Así, me dirigí al sexto piso. Aula 6E.
Melinda Salí y dejé atrás el aula abandonada. Algunos personajes de los retratos que pendían de las paredes, me miraron con curiosidad y otros no perdían la ocasión para ponerse a cuchichear como sirvientes, primero señalándome a mí y después al cuadro de Sir Cadogan, que en aquel momento se hallaba vacío. Los ignoré, pues poco me importaba lo que el mundo tuviera para decir de mí, y me deslicé hasta ponerme cerca del borde de aquellos corredores, observando detenidamente el vacío. No era como si mirar las escaleras me interesara profundamente. Solamente, era lo único que atinaba a hacer mientras descansaba. Porque si bien las dos batallas del Salón de los Espejos me habían dejado con un amargo sabor en los labios, eso no significaba que no gasté algo de energía. Me mantuve un rato largo así, hasta que mis oídos fueron violentados por el sonar de la campana del colegio. Alcé oído, sintiéndome un poco molesta por la interrupción de mi momento de paz… Mas, el recuerdo de que aquello significara la hora de la cena, me hizo restar importancia al repentino sonido: pues en ese momento fui consciente de mi apetito. Así, bajé hábilmente por las escaleras y me dirigí al Gran Comedor, dejando atrás a los retratos y sus palabras. [Post de descanso: 2/3]
Frans Andersson Era de noche ya en aquel lugar horrible que era Hogwarts, y la oscuridad se podía apreciar en el exterior del internado, cubriéndolo todo. No había ni un alma en los pasillos... aunque eso era demasiado relativo, igual sí que había algún monstruo similar a un fantasma, un "alma" en el sentido literal. Quien sabe, uno ya se espera cualquier barbaridad y atrocidad en aquel sitio sin sentido ni lógica. Nuevamente, me encontraba sin cosas que hacer. Desconocía qué hora era, y tampoco me apetecía saberlo, pues no me importaba qué tan tarde fuese; no pretendía dormir aún. Así pues, la idea de regresar a mi habitación quedaba descartada. Svart tenía comida de sobra en su cuenco, y, aun así, podría escaparse y comerse a las mascotas más pequeñas de otros estudiantes, qué se yo, era lo suficientemente maduro como para cuidarse él solo. La cuestión es que yo, hastiado, no sabía que hacer. Y, entonces, me detuve frente a ella. Allí estaba. Solemne, inmóvil, imponente. Era tan grande y tan imponente como pocas cosas había visto en mi vida. Incluso podía detectar un nivel excelso de maldad en ella. Era como si me estuviese mirando fijamente, como si me desafiase, como si se riese de mí. Traté de ignorarla; pero, probablemente, ella también tenía algo de magia en su interior; una magia con la que me hipnotizaba y captaba mi atención. ¿Ella? Ella era mi mayor enemiga. La puerta del aula de encantamientos.
Jordan Ashblood Saliendo de la biblioteca, me preparo para la siguiente clase. Paso entre alumnos y fantasmas, por escaleras movedizas y traicioneras, entre atajos en cuadros y cuadros que resultan no ser atajos, hasta que por fin llego al Aula de Encantamientos. Reviso el horario solo un momento, para asegurarme de que se trata del lugar correcto a la hora correcta. No me gustaría nada tener que regresarme. Al pillar todo en orden, acomodo mi bufanda y entro. Contenido oculto Graecu's here, ladies (?
Jordan Ashblood Salí de la Clase de Encantamientos, aun practicando el hechizo. Cuando no sabía nada de magia, antes de recibir la carta de Hogwarts, siempre había querido tener el poder de mover cosas. Ahora podía hacerlo a voluntad. ¡Antes no podía, porque no tenía varita! Debía de tener sentido. Decidí dirigirme entonces al septimo piso. Dado que estaba especializandome en los ataques de Aire, el nuevo hechizo que había aprendido debía de servir para algo. No parecía muy potente, pero seguro consumía menos energía, lo que me permitiría desgastarme menos en una pelea. Al llegar, me situé en el tapiz de siempre, y comencé de nuevo a caminar de acá para allá. Siempre en mis pensamientos la frase "necesito un lugar donde pueda practicar magia". Al voltear, nada ocurrió, pero eso era normal. A la Sala de los Menesteres le gustaba que le suplicaran. "Necesito un lugar donde pueda practicar magia" repetí, antes de girar de nuevo. Nada. "Necesito un lugar donde pueda practicar magia". Al tercer intento, sin embargo, una puerta me estaba esperando. Rápidamente la crucé, no fuera que le diera por desaparecer en mis narices.
Kyle Todo fue muy rápido después de abrir las tres cerraduras del portón. Mientras algunos subían las escaleras, escuché una voz melodiosa, llamando a un tal Ry-ry, que me hizo sonreír y buscarla con la mirada. A poca distancia vi de que grupo provenía, pero al estar reunidos tres de ellos me entró un poco de vergüenza, además quería seguir a Victoria hasta la salida de igual manera. Elegimos dirección entre dos pasillos, y nos encontramos con otra puerta de madera. Al abrirla, un poco en segunda fila, el frío nos invadió como si de una cueva certeniana se tratara. La sorpresa de todos cuando un perro, o mejor dicho tres... ¿O era uno? ¡Si solo tenía un cuerpo, pero le salían tres cabezas! Yo me emocioné. Me encantan los perros, y la alegría me recorrió el pecho, teniendo ganas de saltar y correr a abrazarlo y jugar a la pelota. Pero todo eso cayó al suelo en cuanto se nos quedó enseñando los dientes, gruñendo y salivando como con ganas de destrozarnos en pedazos. No me dio tiempo a reaccionar antes de que alguien soltara el hechizo Periculum, y como un aviso, salí al pasillo gritando de miedo. Cerrando la puerta tras nosotros, corrimos hasta la contigua, y dimos al pasillo del tercer piso. No deberíamos… no deberíamos haber entrado ahí. Este es el corredor prohibido del tercer piso. Será mejor regresar a las salas comunes cuanto antes. Por mi parte, asiento con la cabeza, queriendo irme a la cama. Me lo he pasado genial con mis nuevos amigos, pero de golpe me invade todo el cansancio pasado en los últimos momentos, teniendo en cuenta que estamos de noche y necesito recuperar el sueño perdido. Lo mejor es que nos retiremos cada uno a su casa, y ya mañana nos pondremos a recapitular todo. Observo entre los que estamos, a los chicos nuevos y los que ya conocía de antes, y me fijo en que somos alguno más de Hufflepuff. Los dos nuevos, y la chica con la voz tan animada. Algo en mi se remueve, y me acerco a la chica. —¡Hola! ¿Cómo es que no hemos coincidido antes? Yo soy Kyle Gray. Creo que podemos volver a la sala común todos juntos. —Con una sonrisa, me pongo delante de la chica, y le agarro la mano para sacudírsela en tono de saludo. A la vez, giro la cabeza hasta los otros dos nuevos, poniéndome de puntillas por mi escasa estatura, y para que me vean mejor agito la mano sobrante en el aire para hacerles gestos de que se acerquen. Después de despedirme del resto de compañeros, iniciamos la marcha a la cama. Contenido oculto @Liza White @Noir @Nekita
Kara Willson Y como una rara sorpresa, la puerta que había abierto Victoria contenía un perrito muy lindo de tres cabezas que, aunque en un principio me emocioné al verlo- porque enserio, ¿quién no se emocionaría de ver un perro con tres cabezas? -, cuando nos mostró sus dientes y su "pequeño" indicio de querer lanzarse a nosotros para hacernos daño, allí fue donde me invadió el pánico, justo como cuando había aparecido ese humo negro. Para nuestra suerte, Ry-ry fue rápido y distrajo al perrito para darnos tiempo de correr hacia la puerta que nos llevaría a la salida, después de eso Raven nos aconsejo volver a nuestras habitaciones antes de que algo más pasara y bueno... tenía razón. "¡Hola! ¿Cómo es que no hemos coincidido antes? Yo soy Kyle Gray. Creo que podemos volver a la sala común todos juntos." Abrí mis ojos con sorpresa cuando noté que el chico que antes estaba con Victoria, ahora agitaba mi mano con la misma emoción con la que yo saludaba a las personas, ¡que lindo! — ¡Hola! Yo soy Kara Willson y realmente no se como no hemos coincidido antes... aunque lo bueno es que ya lo hemos hecho — le sonreí divertida y me giré hacia Ry-ry y Dani — Los veré mañana a ustedes dos, ya me tengo que ir a mi sala común, cuidense mucho~ — les volví a dedicar una sonrisa a ellos y corri hacia Kyle y a nuestro pequeño grupo de tejones para encaminarnos a nuestro nuevo destino. Había sido un dia largo.
Ryder Parker. —Yay... saludos al twin —respondí con una sonrisita a medias. Oh, Dios. Yo había dicho lo de gemelo de personalidad como chiste, pero parece que se lo tomó en serio y ahora estas dos bombas de aventuras en pañales se van a potenciar. Necesitaré un tapón de oídos para los grititos de celebración que se vienen en los siguientes días. Solté un extenso bostezo. Quizá ya era más de media noche, y estábamos ahí dando vueltas. Fue, lejos, la noche más agotadora en ese castillo negrucho y sinceramente necesito dormir, así que será mejor que empecemos a emprender el paso de una vez antes de que Filch, ese señor que parece gallina matada a escobazos, aparezca y nos meta en más rollos de los que ya tuvimos. —Bien, trío de zombies, es hora de irnos de una vez por todas a la Sala Común. Mañana empieza el Pitch it, Keep it o esa cosa donde necesitaremos mucha energía según ese profesor que no tengo idea como se llama —Y casi por instinto propio, volteé a ver a la bajita antes de que dijera algo—. Ah, y no me corrijas, Melinda; sé que no dije bien el nombre y la verdad no me interesa decirlo bien tampoco. >>Ah, y lo de zombies fue en buena onda... creo. Lo dije por el sueño que deben tener. Terminé esa frase con una descarada sonrisa, y luego volteé a ver al tal Dani. Necesitaba decirle algo antes de irme. —Tú eres de Slytherin, ¿verdad? Apenas veas al idiota de tu compañero que nos hizo esta porquería, puedes decirle que se ganó un enemigo de por vida. Uno que le devolverá la pelota tarde o temprano. >>Gracias de antemano. Y con todo dicho y hecho, me dirigí junto con los otros cansados chicos de Ravenclaw, para descansar por fin de esta noche de locos. Contenido oculto Recuerden que los insultos de Ry no van en serio así que no se ofendan, y si pasó, lo siento <3 los quiero a todos jiji
Daniel Brown Al fin aquella aventura había terminado. ¡Qué ganas de dormir, por dios! El pasadizo no fue del todo mal, puesto que solo tenía que aguantar a Melinda, pero cuando nos reunimos todos... Ugh. Kyle parecía un niño chico celebrándolo todo, Ryder era muy desagradable y Kara... ¡Kara era Kara! Nada más verme me dio un abrazo, ¡un abrazo! Me solté en seguida, obviamente. ¿A-acaso creía que éramos amigos o algo? C-claro que no lo éramos... ¿no? ¿Por qué me trataba así entonces? Creía que ya se lo había dejado bien claro el primer día. Y encima luego me presentó a Ryder como si me conociese de algo. Al menos parecía que él sentía lo mismo que yo por la joven... En fin, aquella niña nunca cambiaría. Mientras me mantuviese algo alejado... Para colmo de todos los males, cuando entramos por el pasadizo de la izquierda nos encontramos un enorme cancerbero, como del que se habla en la mitología griega, el que vive en los infiernos con Hades. ¿¡Qué narices hacía ahí ese bicho, es que no había nada normal en esta escuela!? —Buf, hoy no puedo más con tanta tontería. Me voy a dormir... —dije en voz alta, como si alguien me escuchase—. ¿Y por qué os digo esto? Adiós. Al darme la vuelta oí a Ryder decirme no sé qué de un compañero mío de Slytherin. Giré la cabeza, pero al ver que no hizo más que pedirme que le dijese lo que ya iba a hacer, pasé de largo. No solo se había ganado un amigo, se había ganado un par, y yo me encargaría de darle su lección. Contenido oculto Al igual que ha dicho Steve, es la voz de Dani, no la mía. Amo a Kara, neki, no me odies, pero debo hacerlo (??)
Ryder Parker. Tomé un poco de aire, me lavé la cara en los baños de la sala común, y salí con mi expresión de indiferencia habitual para que no llamar la atención de absolutamente nadie. Afortunadamente, las escaleras cooperaron esta vez y pude bajar de manera muy rápida al primer piso. En momentos como estos no me gustaba que nadie me viera, era un lado que muy pocas personas llegan a conocer y prefiero que así se mantenga de momento. Pasé rápidamente por el hall de entrada y fui directo a lo que más se acercaba a un lugar relajante de estos lares.
Frans Andersson En los Pasillos había poca gente. O quizá, había mucha, pero yo ni siquiera reparaba en ellos. Me encontré a mí mismo caminando con tristeza y desazón, como un ser inanimado que se impulsaba por algún tipo de energía extraña, pero que no disponía de voluntad ni de conciencia para hacerlo por sí mismo. En cierto modo, siempre era así. No disponía de energías, de voluntad, casi ni de sentimientos. Me habían condenado con esta tortura de mente, con algo de lo que no podía escapar. No podía huir de mí mismo. Me sentía muy raro. Quería sentirme integrado, de algún modo, pero, al mismo tiempo, ese sentimiento era algo forzado... algo... que deseaba, pero que no sentía. Quería hacer amigos, conocer gente, y sentirme persona. Pero no era capaz. No, porque simplemente, no lo sentía. Pese a que mi corazón anhelaba compañía, anhelaba ser normal, mi mente no me lo permitía. Mi mente era mi mayor enemigo. De pronto, la sensación de sentirme rodeado de gente me abrumó. Me sentí pequeño. Noté que estaba solo en un mar de personas, que era invisible para todos, que era inútil, que no servía para nada. Ninguna de esas personas se fijaba en mí, a ninguna le importaba, igual... igual que a mí no me importaba nadie. Y, cuando quise darme cuenta, estaba corriendo.
Melinda Frenerich Cuando comencé a recorrer los pasillos desde la entrada del castillo, fui consciente de que me sentía un poco cansada. Era una sensación extraña teniendo en cuenta que apenas había hecho ejercicio físico en la clase de Quidditch, más allá del hecho de volar sobre mi escoba. Aunque, sólo tal vez, se tratara de una cuestión de la mente, porque en aquella hora padecí algunas emociones que no podían haber hecho más cosas que desgastar mi cabeza y, en consecuencia, parte de me energía corporal. Lo que necesitaba, ahora mismo, era un buen plato de cereales y algo de fruta. Lo que no sabía era si en el Gran Salón se servía la merienda a estas horas, o siquiera si tenían en cuenta la alimentación vespertina de los estudiantes. En todo caso, no lograría nada si no iba a investigar, por lo que me dirigí al comedor del castillo... “Espero que tengas un desempeño horrible”