Pasillo (Planta Baja)

Tema en 'Planta Baja' iniciado por Gigi Blanche, 22 Febrero 2021.

  1.  
    Kaisa Morinachi

    Kaisa Morinachi Crazy goat

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    Una voz que demoré en reconocer me hizo entreabrir los labios, frunciendo con levedad el ceño, ningún otro musculo de mi cuerpo reaccionó de tal manera a pesar del escalofrío que me recorrió la espalda. ¿Sería el tono, la forma de hablar? No tenía idea, pero al momento de girar por sobre mi ojos, manos en los bolsillos de mi pantalón y postura firme, pero sin dejar de ser relajada y liviana, encaré más que enmascarado a la persona que llamó mi atención.

    Evité ladear mi cabeza a consciencia, entornando la mirada y sonriendo con confianza, ladino; pero era más que una mera fachada, era increíble como a pesar de tener una mascara cubriendo todo mi rostro y agravando mi voz, yo seguía utilizando las facciones de mi rostro como me había acostumbrado a hacerlo: Una herramienta, más allá que una cosa que le perteneciera a mi instinto como tal.

    Vaya —solté alargando la última letra, con la voz de mi puesta en escena, la voz de "Ryouma"; con un tono algo agotado, más que nada por el pesar que me generaba que dos tipos... me reconocieran tan rápido.

    Como que me angustiaba un poco y todo, sí que era rara, la verdad. Solté una leve risilla, grave, moviéndome con levedad al ritmo de esta, no demorando en sostener la mirada ámbar del chico tras eso, sonriendo sutil, ojos solo un poco entrecerrados.
    >>Ya eres el segundo que me confunde con ella —hablé como sí nada, debía admitir que mentirle a él me sentaba peor que hacerlo con Amery, tal vez por que aún seguía algo enfadada con el segundo y su indiferencia cuando intenté ayudarlo.

    Había que ver, y ahora venía con Meyer como sí nada.
    Maldita...
    >>Kobayashi Ryouma—. Me presenté sin quitarme la mano de los bolsillos, pero sí haciendo una reverencia considerable—, mellizos —más bien musite, para luego mirarle desde abajo, aún inclinado; sonriéndole ladino, a pesar de que él solo veía una máscara—. Por sí te lo preguntas.

    Y me erguí entonces, mirando a Rachel-chan, a la espera de que me ordenara, dirigiera o al menos comentara algo al respecto; siempre encarando con el cuerpo al senpai.

    Y a pesar de que no se veía, le estaba brindando una genuina sonrisa calma y paciente a la niña de rubios cabellos.

     
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    Salí al pasillo mientras escarbaba con la mano libre en el bolsillo del pantalón, saqué un porro y un mechero de esos baratos que consigues ya sea porque te metiste a la tienda de conveniencia a las tres de la mañana buscando uno o porque sencillamente pendiste uno prestado y te lo quedaste. No sabría decir de dónde saqué ese, tampoco era que interesara.

    Seguí andando hasta salir por la puerta principal, di un par de pasos hasta dejar el porche, y ya fuera apoyé la espalda en una de las columnas. Me coloqué el porro entre los labios, encendí el mechero y pegué un jalón que me llenó los pulmones de humo blanquecino; lo retuve un rato antes de liberarlo al cielo oscuro y darle un trago a la cerveza que me había traído.

    Le eché un vistazo general al jardín, noté al gorila distraído y al tipo albino que se coló aprovechando el momento. En sí la imagen fue bastante hilarante porque el chico parecía bastante alto, además que con ese cabello blanco resaltaba como un putísimo farol, pero no iba a ser yo quien lo delatara tampoco. De hecho le pegué dos jalones más al porro antes de regresar adentro, para que no fuese a pensar que lo iba a cantar.

    Entré tarareando una canción, nada nuevo, y eché la espalda sobre una pared cercana a la puerta principal. En el intermedio que estuve fuera no la vi, pro Sasha ya había vuelto adentro y yo, bueno, seguía intranquilo en realidad. No era secreto para nadie, un poco sí que me fijaba con algunas mierdas, y la sensación de que Sasha pudiese no estar cómoda me había quedado en bucle.

    Bueno más le valía a esa fiesta comenzar a ponerse interesante o algo.

    ahí queda el pendejo al servicio de la comunidad
     
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  3.  
    Kaisa Morinachi

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    Insane uwu <3

    Había que ver, como terminaban siempre las cosas. Fue un encuentro de lo más fortuito, pero ahí estaba; siendo arrastrada por quién sabe cuál fuerza mayor. Tan solo les ayudé a ubicar dónde quedaba la fiesta plasmada en aquella invitación, tras verlos pululando curiosos sobre ese objeto. Talvez ahí estaba el motivo; curiosidad... ¿Me movía eso? No, podría ser parte del incentivo, pero no el causante.

    De cualquier forma; las palabras elegidas, el formato utilizado más el agregado de que serían esos tres los que me acompañarían, en caso de aceptar la oferta de uno de los ragazzo, pues me tentaba bastante. Un tipo de emoción nacida del centro del pecho, de las pocas cosas que me hacían sentir viva, supongo.

    En todo caso, vaya fastidio fue la idea que se le ocurrió al Kasun; ¿en verdad planeaba que nos coláramos a la fiesta, así sin más? No comenté nada al respecto, pues se notaba a leguas de que eran del tipo de persona a cuales costaba cambiarles de parecer, por lo que me mantuve en silencio la mayor parte del viaje, limitándome a responder tan solo las preguntas especificas de manera mesurada, brindándole de paso alguna que otra sonrisa sobria y sutil a Génesis o al hermano del idiota.

    Al final de cuentas llegamos y él nos dejó a la entrada de la gran mansión, lo primero que hice tras bajarme y terminar de arreglar con precisión y calma el vestido e implementos, fue mirar con aquellos ojos críticos que poseía la gran mansión. Vaya... cosa más curiosa. Sonreí ladina, entusiasmada y satisfecha; al final y el engendro ese no tenía tan mal instinto para sus barbaridades. Le sonreí ladina ahora a él, manos en la cadera y alzando el mentón con cierta elegancia y sobria soberbia, clavando mis ocres brillantes en sus amarillas iris.

    —No planeo rebajarme por un estúpido plan, Kasun —hablé con la suavidad del terciopelo, pero ni los tontos pasarían por alto el filo en mis palabras. Tras eso mi seriedad sobria volvió, aunque claro; la sonrisa se mantuvo al momento de decirle—. Los sigo—, a la pareja de tortolos.

    Y así fue, no pude evitar mirar de reojo el intercambio entre el guardia y Zoldryck, siempre calma y nunca deteniendo mi andar, por tan solo un breve momento. Quién sabe, en el fondo y me preocupaba que le fuera a pasar algo y toda la cosa. De todas formas, apenas la gran estructura opacó nuestras figuras, yo simplemente alcé la vista a su cúspide con lentitud a medida que avanzaba, la sonrisa de satisfacción a labios separados y ojos entornados tampoco se hizo de esperar.

    Vamos chicos, nos quedaremos sin fiesta como no se apresuren —solté con algo de sorna, monocorde, en un inglés bastante neutro; mientras, me entrometía en el medio del dúo, agarrándolos del centro de sus brazos, anclándolos a mí, para poder acelerar más el ritmo por mera diversión.

    Pues tras dirigirle un intercambio de mirada veloz a ambos, ingresé tan pulcra y elegante, con una sonrisa rimbombante y un caminar orgulloso, a la mansión; encargándome de sostener con sutileza y firmeza a ambos giovane. No podía dejar que el entusiasta se adelantara o la recatada se quedara atrás, no cuando esas paredes, colores y vibras me llamaban a recorrer cada rincón lugar.
    Miré panorámicamente todo, soltando con ligereza a ambos para adelantarme un par de pasos y luego girar sobre mi eje, encarándolos con una sonrisa amplia y mirada entornada; mano sobre la cintura y cabeza ladeada, mostrando con gracia gran parte de mi hombro, cuello y clavícula, mientras sus pares del lado derecho se cubrían por los cobres de mi pelo.
    >>¿Comida, amigos o un buen recorrido; qué es lo que más le interesa a la parejita de esta noche?

    Había que ver, ¿ahora me creía guía turística sin conocer casi nada de Japón? Que gracias, tampoco es que me importara parecer una idiota.

    Lo importante era lo que yo creyera, al final del día... ¿O debería decir amanecer?
    Nos la ibamos a pasar muy bien.
    >>Jeje.
     
    Última edición: 19 Marzo 2021
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    Insane

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    Me dejé guiar por Zoldryck luego de saber que Zeldryck se saldría con la suya, como en el juego de piedra, papel y tijeras. Había perdido. Suspiré bajito entonces, caminando a paso calmo entre el jardín con la mirada fija al frente, escuchando las voces que no me detuve a seguir con la mirada tras la máscara, pasando de ello al saber de lleno que no era correcto el estar ahí sin ser oficialmente invitados. Fue entonces que el susurro de Zoldryck sobre el lugar me hizo recorrer la propiedad, visualizando ahora el pasillo. La arquitectura de aquel hogar se me hizo linda, cuidada, estilizada.

    Al menos no había terminado en un sitio aparentemente peligroso.

    La voz de la chica que los gemelos jalaron en el plan me hizo deparar en ella al sacarme de mi ensimismamiento. Su cabello anaranjado, el vestido blanco por el que había optado, los zapatos. Seguramente pasaría inadvertida, como ella. Bueno, eso esperaba en realidad, el no llamar la atención y que la noche fuese tranquila, sin altercados ni situaciones extrañas. Su voz me llegó entonces al evitar nuevamente ensimismarme, recostando mi cabeza sobre el hombro del chico sin soltar su mano.

    —No somos pareja —murmuré pestañeando con parsimonia al sentirme extraña en aquel lugar, quizá culpa de saber que no deberíamos si quiera haber permitido que Zeldryck se apropiara de esa tarjeta de invitación, pero entonces, di paso a la resignación—: Podríamos... ¿recorrer el lugar? —le pregunté al acceder a que ella tuviese el rol de guía, de lo contrario sabía que no me movería de ahí más que para buscar un asiento.
     
    Última edición: 19 Marzo 2021
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    Gigi Blanche

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    Había, digamos, intentado ignorar el charco de whisky que me había quedado en la mesa y parte del suelo tras haber maniobrado la botella con cierta torpeza, era parte de mi plan maestro para relajarme o así. El caso fue que, sin importar cuántos lomos de libros revisara, no conseguía olvidar el pequeño incidente a mis espaldas. Vamos, que sólo eran ideas mías pero juraría que podía oír el líquido goteando al piso, rayándome la paciencia. Bendito sea el cielo, si es que nada iba a salirme bien.

    Deposité el vaso sobre la mesa con cierta fuerza añadida, igual acababa de casi romper una botella así que no me hice mucho la loca, y bufé al observar el charco. Lo miré y lo miré hasta que solté una exclamación de hastío y me giré en redondo, saliendo de la biblioteca con tanto ímpetu que podría haberme llevado a cualquiera en banda.

    Necesitaba algo de papel, ¿no? Ya con mi suerte podía apostar por que me encontraría el baño ocupado y ¡oh, sorpresa! Lo estaba. Me masajeé la nuca, intentando destensar los músculos, y recordé la cajetilla de cigarros que llevaba en el pequeño bolso. Bueno, supongo que al final sería inevitable.

    A la mierda, Sasha.

    Just do it.

    Enderecé el cuello para echar un vistazo alrededor, tuve que suponer que ver a Maze fumando era una pequeña pizca de buena fortuna en medio del lodo. Avancé hasta él sin mucha paciencia que digamos, suspiré bajito y extraje un cigarro del paquete. Le concedí una sonrisa de pura cortesía.

    —¿Fuego, hon? —indagué, llevándome el cigarrillo entre los dientes.

    Hitori i tried but it was fate idk (?
     
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    Kaisa Morinachi

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    Rojo FireRed uwu <3
    Vite-Gigi.png

    No demoré en ver con extrañeza a Izayoi cuando mencionó de que Nagi podía valerse por su cuenta, mezclando preocupación y cierto desconcierto en mi mueca, preocupándome otra vez por un detalle que había pasado por alto. Negué cabizbajo, suave, al terminar de escucharla de hablar. Entorné mi mirada fija en el suelo, algo compungido.

    Había que ver, y yo que pensé que podría evitar este sentimiento.
    —¿No es raro? —musite con firmeza... Me quedé un breve momento en silencio, cuestionándome lo raro que me parecía Watanabe-chan deshaciéndose del agarre de Izayoi-san, cuando ni yo mismo me hubiera atrevido a forcejear contra ella y en parte por eso le seguí la corriente...

    ¿Por qué cosas... habría pasado? Inhalé hondo, alzando la cabeza para luego sonreír apenado, ladeando la cabeza.
    —N-no es nada, nada relevante —justifiqué parte de mi breve silencio, tratando de evitar explicar qué cosa me parecía rara. Tras eso no demoré en virar sobre mi eje hasta dar con el camino por seguir. Medité rápido las opciones, sonriéndole con amor de niño a Izayoi—. ¿Quieres oír algo tranquilo, Iza-chan?— Me tomé un par de confianzas, para luego empezar a caminar hacia el primer piso, a un ritmo que fuera fácil de alcanzar para Izayoi y no sintiera que la dejaba atrás o apresuraba.

    Vite 2-Gigi.png
    —Podemos ir a uno de los patios, pues supongo que esto tendrá más que el patio del frente... ¡tal vez haya una piscina y todo! —rompí la calma para decir lo último con entusiasmo. Cuando pisamos el pasillo del primer piso, le brindé una amplia sonrisa a la chica, entornando los ojos con ternura.

    >>... Entonces—. Volteé a mirar de derecha a izquierda la zona, terminando por sostener la mirada de Izayoi, esta vez con una sonrisa más risueña y mirada más despierta—, ¿a dónde prefieres ir, senpai?


    Margarita B.png
    No estoy segura cuanto reflejó mi rostro la extrañeza de ver a una dama con bigote falso, solo sé que en cuanto recibí su trato formal y respetuoso todas mis preocupaciones parecieron desvanecerse. ¿Por qué sería? Creo que lo entendía; el que no te juzgaran, la paciencia y la cortesía lograban dibujarme la sonrisa de alegría y entusiasmo que derrepente reflejó mi rostro. Era una... emoción muy buena, similares a las que sentía últimamente, pero esta en especial... era liberadora. Se sentía... asombroso, ligero, apacible.

    La paz que por mucho tiempo me pareció inconcebible cada vez me parecía más reconocible, en pequeñas acciones, tras arduas interacciones... todo agarraba cierto positivismo que tan solo apaciguaba mis miedos, alegraba mi día... Me hacía sentir feliz de tener una vez más a Lily de mi lado.

    Asentí con un poco de efusividad, a ojos cerrados y sonrisa sutil, cuando terminó de hablar.
    —Muchas gracias, señorita —solté con genuina, ladeando tan solo un poco la cabeza mientras sonreía con una ternura nacida del mero agradecimiento puro.

    >>S-sí no le molesta, yo misma me serviré algo de té —avisé con cierta pena, cerrando los ojos—. Gracias otra vez —finalicé con una reverencia, para luego centrarme en lo que había dicho; hacerme un té.


    Mar 1 de Gigi.png

    Me decidí por sacar el té que, bajo mi propia consciencia y conocimiento, parecía el más barato, mundano y sencillo del lugar; lo mismo con la taza, pues en caso de haber un accidente, prefería pagar por la perdida menos dolorosa. Esperé con calma a que el agua estuviera lista en el hervidor, me serví las cosas agregándole solo un poco de azúcar, siempre consultando con la dama primero qué podía o no tomar. Una vez tuve el té humeante listo, dejé en su lugar todo lo utilizado, de manera limpia y ordenada. Y tras eso procuré cruzar el pasillo lo más lenta y cuidadosa que pudiera, procurando no chocar con nadie y evitar el flujo más aglomerado de persona.

    Era una experta en esquivar gente e ir contra la corriente, tan huidiza como desafiante, así que no llegué a chocar con nadie en cuanto mis pies pisaron lo que se podría considera como el patio.

    Y bueno, había visto a Sasha Pierce por ahí, pero aparte de la mera curiosidad que me causó verla hablar con el pelirrojo, no le brindé más que una simple mirada de costado, antes de volver a centrarme en mi caminar y no pasar a quemar a nadie con el té servido en la taza.

    Una vez fuera busqué con la mirada la mesa de la que habló la señora... espero que no estuviera ocupada.

    Miren, que Margarita hasta en NITW andaba la mayor parte del tiempo sola in rol, pero con la cancioncita esa, AY QUE lloriqueo por dentro ;---;

    uwu Ahora mismo esta en los patios frontales, publico ahí luego
     
    Última edición: 20 Marzo 2021
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  7.  
    Zireael

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    Me había quedado allí un poco porque no encontré qué más hacer, se veía que lo del salón había muerto y quería, no sé, distraerme con el panorama general, darle un vistazo a la gente, ver en qué andaban los demás y así quizás distraerme un rato. También servía para ver qué otras actividades habían por ahí, así podía sumarme o lo que fuera.

    El caso es que no pasó nada particularmente interesante como tal, me limité a terminarme la cerveza sin prisa realmente, incluso aunque se había calentado un poco por eso aunque la verdad no era que me importara demasiado. Lo único que noté fue que más y más gente dejaba el salón, además de que otros cuatro que seguro no tenía invitación se colaban a la casa.

    Cuando noté de refilón la silueta de Sasha acercarse no supe decir si me alegraba o me preocupaba, así que tendría que ver. Me sorprendió la cajetilla pero no lo demostré, obviamente, después de todo la conocía hace poco y qué iba a estar sabiendo yo de los vicios de la gente. Le regresé la sonrisa al segundo, poco importaba si me había sonreído por pura educación, y esculqué en el bolsillo para sacar el mechero. Giré la ruedilla, accionándolo, y lo acerqué a ella para que hiciera lo propio.

    Lo pensé un rato y quizás, no sé, terminara de tocarle los ovarios pero no me pude callar.

    How are you doin', Sash? —murmuré mientras me regresaba el encendedor al bolsillo y volvía la vista al frente.
     
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    Rojo FireRed

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    Sakuya había bajado con el joven Horiazana, ya ambos desentendidos del problema en el balcón, era mejor llevarla con calma, lo menos que quería era meterse en problemas estando rodeada de gente vacía y pretensiosa, mientras estuvieran en sus pequeños mundos, no había problema.

    Tal vez algo mejor se cocinaba en el ambiente.


    Prestó atención especial a la incomodidad que profesaba el chiquillo sobre dejar sola a Watanabe, pero no sentía ningún problema, aquella niña había demostrado tener más coraje del que ella sería capaz.

    Seguía confundido, y al parecer pues decidió no darle importancia al tema, pero ella sabía de sobra que se preocupaba por ella, tu tranquilo, muchacho, si alguien tiene las que se requieren, es Nagi.

    Depende de lo que consideres tranquilo, jovencito.

    Cerró los ojos tarareando un poco, a un ritmo que la llevaba a sentirse muy relajada, aunque con el que se sentía como en casa, admitiendo algo, el caos de la vida hay que aceptarlo.

    I grew up on the crime side, the New York Times side~

    ¿Que misterios esconde la vida, que hace que a pesar de joder bastante, te motiva a seguir adelante como si de buscar un tesoro se tratase?

    Sigamos el arcoiris a ver si llegamos a la olla con oro... O con más mierda.

    Hay que jugársela a veces.



    Salió de su pequeño trance divagatorio al escuchar la voz masculina que estaba con ella de nuevo, esta vez preguntando a donde podían ir, ni siquiera se lo pensó dos veces.

    >>Vamos al patio trasero, no hay mucho lugar para un par de desadaptados como nosotros dos, mon cheri.


     
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  9.  
    Nekita

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    Lo guio de nuevo por el pasillo esta vez sin tener a su mano de "prisionera" para seguirla puesto que de cierta manera ya le había dicho que irían a la misma dirección, así que no se veía con la necesidad de hacer aquello de nuevo y arriesgarse a molestarlo o algo similar, ya había probado algo de su suerte arrastrándolo por primera vez.

    —Estábamos jugando a la botella, por cierto~ —Informó una vez que se dio cuenta que realmente ni si quiera le había dicho lo que habían estado haciendo —, ¿viniste acompañado, desconocido?~

     
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  10.  
    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master the lovers

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    Pestañeé, claramente confundido, en lo que Masuyo hablaba. Sí, era casi ridículo haberla reconocido con aquella ropa y máscara de buenas a primeras, en especial considerando lo poco que habíamos hablado la otra vez, pero era mi mayor habilidad. Observar, memorizar, incluso sin pretenderlo. También estaba el sexto sentido, ya que estábamos.

    ¿Y a qué venía el rollo sobre ser su mellizo?

    No vi por dónde interrumpirla, sin embargo, a una parte de mí le resultaba adorable y ensanché la sonrisa, correspondiéndole la reverencia.

    —Oh, oh, ya veo. Discúlpame entonces, Kobayashi-kun, por haberte confundido~

    No entendía sus razones ni nada pero eso no me impedía seguirle el juego, ¿verdad? Si se había tomado la molestia de montarlo no había que ser ninguna luz para saber también que le haría feliz recibir actitudes positivas al respecto. Me erguí, con la sonrisa de siempre, y eché un vistazo alrededor. Bueno, le había dicho a Altan que los alcanzaría afuera, ¿verdad?

    —Bueno, veo que no estás mal acompañado —agregué, entrelazando las manos tras la espalda al comenzar a retirarme—. En ese caso nos vemos luego. Diviértete, Kobayashi-kun.

    Le dediqué una última sonrisa ligera antes de girar sobre mis talones y trazar mi camino en dirección al patio trasero.

    Sasha.png

    Digamos que Maze era una opción segura, me iba haciendo una idea de su carácter despreocupado y aunque me hubiera gustado cuando me preparó el almuerzo, se quedó en la clase y tal, también esperaba contar con que no se molestara ni hiciera preguntas, sólo... se moviera acorde y ya.

    Me incliné hacia la llama del mechero, que repiqueteó sobre la plata líquida y arrugué brevemente el ceño al inhalar, encendiendo el cigarro. Lo removí de mi boca, irguiéndome, y liberé el humo hacia un costado de una exhalación pesada. Me quedé de pie, dándole otro jalón, sin buscar generar conversación ni nada. Tampoco tenía algo mejor que hacer en lo que liberaban el baño.

    Pero preguntó.

    Regresé mi mirada a él, repasé sus facciones bajo la máscara por manía antes que otra cosa y me encogí de hombros, regresando el cigarro a mi boca. Me tomé un par de segundos para responder.

    —Es el primero en ¿ocho meses? Take the hint, I don't know.

    Se me escapó una risa floja y suspiré, quitándome la tensión de los hombros. Al menos la compañía de Maze no me desagradaba ni agobiaba, no como me había pasado con Morgan o Alisha. Además no tenía la puta culpa de nada, ¿no? Y el mismo sentido de la responsabilidad que me hacía sentir horrible por volcar una botella en casa ajena me imposibilitaba de, no lo sé, tratarlo mal o echarle mierda encima. No podía y punto.

    Eché la espalda en la pared, junto a él, y lo miré antes de alzar el brazo libre para picar la punta superior de su máscara; arrugué la nariz, riendo apenas.

    —Eh, sí que pincha. ¿Colaste un arma mortal a una fiesta, cariño? Parece un boomerang encubierto.

    La piqué un par de veces más antes de relajar la postura y volver a darle una pitada al cigarrillo, regresando la vista al frente.

    —Como sea, podría estar peor. Encontré un pequeño paraíso en la biblioteca, hay mejor música y whisky caro. O, bueno, lo que queda de él. —Noté de soslayo que el baño se desocupaba y una sonrisa amarga revoloteó en mis labios antes de volver a buscar sus ojos, aligerando mi semblante—. ¿Y tú? ¿Qué haces aquí, solo?

    Ahora no sabía qué mierda quería hacer.
     
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    Zireael

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    No estaba en el esquema que un imbécil de mi calibre hiciera preguntas, lo sabía bien, de hecho en rasgos generales no las hacía casi nunca pero cuando algo me quedaba dando vueltas en la cabeza tampoco podía hacer mucho y si tenía que hacer algo, preguntar, comentarlo, pues lo hacía. Prefería eso que el ligero desasosiego que me alcanzaba el pecho si lo dejaba rebotándome en la cabeza.

    Noté que regresó la vista a mí, me repasó y finalmente se encogió de hombros antes de contestarme. Asentí suavemente con la cabeza, eso me servía bastante de respuesta en realidad, y pensé que quizás una parte de ella deseaba largarse a casa directamente, pero seguía allí.

    I'm sorry to hear that, darling —respondí con simpleza, no había lástima ni nada de ese rollo, esa comprensión y punto.

    La vi relajar los músculos, quizás se obligó a hacerlo, pero ni idea y eso sí que no lo iba a preguntar porque era hasta extraño. Además tenía esta facilidad para añadirle livianidad al ambiente, así que no tardó en volcar la atención a otra cosa que acabó siendo mi máscara y su comentario me arrancó una risa directo del pecho.

    —¡Más respeto, señorita Pierce! No lo digas muy fuerte o todos se van a enterar de su verdadera naturaleza.

    Había soltado la tontería, claro, pero luego volví a serenarme y la escuché con atención, todo el cuento del paraíso que había encontrado. Asumí que se refería a la biblioteca, en la mañana le había preguntado a Akaisa por la puerta cerrada de abajo y me dijo lo que era, pero que no había encontrado la llave por las prisas.

    —¿Hmh? El juego se fue un poco a la mierda hace rato —respondí sin complicación—, y luego de que te fueras me quedó dando vueltas en la cabeza si te estarías sintiendo bien o no. I don't know. A redhead thing, I guess. Así que me salí a fumar afuera un rato, luego volví y me quedé aquí observando un poco el ambiente antes de hacer nada más.

    Balanceé la botella vacía en mi mano bastante despacio, casi como un péndulo.

    —¿Quieres regresar a tu paraíso de libros, algo de whisky y mejor música? —pregunté asumiendo que había salido por algo antes de regresarse, quería decir, algo además de fumar—. It's okay if you want, that's what I mean.
     
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    Gigi Blanche

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    Sí, la verdad era que yo también lo sentía. Sabía que era una mierda, que estaba mal, que con mis estándares tan rígidos probablemente mañana oliera la peste a humo en mi vestido y me generara lisa y llana repulsión. Podía imaginar toda la secuencia con una claridad estúpida, pues ya me había ocurrido hasta el cansancio y no fue hasta conocer a Daute que pude poner esas piezas en orden.

    Pero ahora sentía cómo lentamente volvía a perder el eje.

    Yo también lo sentía, sí, pero también agradecía que no se involucrara demasiado. Prefería que las personas manejaran cierto balance entre preocuparse y entrometerse, ya era bien sabido que no toleraba las estupideces que hacía gente como Alisha y también era, por demás, una jodida orgullosa que fácilmente podría perder la cabeza ante la menor señal de lástima ante ella. Digamos que Maze manejaba ese buen balance y por ello estaba bien, podía decirme que lo sentía sin activarme cientos de alarmas. No percibía compasión, mucho menos condescendencia, y aunque fácilmente pudiera derivar del hecho de que no le importaba, lo cierto es que no me afectaba lo suficiente.

    Su risa sonó genuina y me arrancó una cuota de agobio del pecho, no imité su reacción tal cual pero sí logré sonreír con bastante calma. Se subió a mi tontería sin pensárselo dos veces y, bueno, eso también se lo agradecía.

    —Oh, ¿acaso acabo de descubrir tu super secreto? Dime, ¿tienes nombre de espía? ¡Ah! ¿Puedo ponerte un nombre de espía?

    Oí el resto relajando el culo a la par que él, y el pacífico balance sobre el cual Maze siempre había permanecido se tambaleó suavemente tras saber que lo había preocupado o así. ¿Tanto se me habría notado? Mierda, y yo creyendo que lo llevaba bien. Qué puta vergüenza.

    Había arrugado el ceño cuando recibí su última pregunta, que clavé mis ojos en los suyos en un intento burdo por medir sus intenciones o lo que fuese. Algo del agobio había regresado pues repentinamente tuve esta pequeña sensación de que quizá lo estuviera molestando, de que fuera su forma amable de invitarme a retirarme o... o algo así. O quizá sólo estuviera teniendo una noche de mierda y a todo le imprimiera un tinte gris, pero en el momento me resultaba imposible discernir.

    I don't know, should I? —repliqué perdiendo brío en la voz, esbocé una pequeña sonrisa y suspiré, dejando caer la cabeza en la pared; me distraje entre la llama de las velas—. ¿O debería irme a casa? ¿O seguir intentando hasta encontrar la forma de divertirme? ¿O lo estoy analizando demasiado, cuando en realidad es jodidamente simple?

    Quizá no estuviera hecha para fiestas y punto, o quizá todo lo de Daute fuera aún muy reciente y me estuviera presionando. Quizás estuviera buscando amigos en el lugar incorrecto o quizá no debería estar buscándolos en absoluto. ¿Valía la pena el esfuerzo? ¿No seguiría lastimándome en el proceso? ¿No me estaba forzando como una jodida idiota?

    ¿No me estaba lastimando?

    Suspiré, bajando la vista al cigarro, y dejé caer la mano que lo sostenía en peso muerto. Al menos había sosegado aquella pulsación insoportable por fumar.

    Sorry, hon, no pretendo matarte de aburrimiento ni nada, es sólo que... eres la única persona con la que me siento cómoda de toda esta jodida fiesta, supongo, y me sigue pareciendo un poco patético huir del mundo.

    Ah, qué puta vergüenza. Me pasé una mano por el rostro, soltando una risa nasal, y me encogí de hombros antes de volver a buscar sus ojos.

    —Pero eso, que no soy la reina de la diversión y tú sabes disfrutar estos ambientes mucho mejor que yo.

    Y no quiero retenerte, cariño.

    Pero ¿ahora me venía a acordar de su estúpida oferta de abracitos?

    Qué cruel era la vida.


    —¿Me dejas al menos probar? —pedí, con cierta chispa de picardía que conseguí echarme encima al señalar su porro—. Siempre me dio bastante curiosidad. Considéralo un favor de despedida~
     
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    Zireael

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    Para regresar a los viejos vicios había que estar bastante jodido, eso cualquier imbécil lo sabía a cualquier edad. Era como los niños que volvían a mojar la cama a mitad de la noche luego de meses sin hacerlo, o los que volvían a necesitar una manta o un peluche particular para conciliar el sueño. Ese lugar de objeto de obsesión, de compulsión o de transición luego podía ser tomado precisamente por mierdas como el fumado, la bebida y vete a saber cuántas otras de la misma índole.

    En este caso podía no tener nada que ver con la fiesta como tal, era el detonante sí, pero el motivo esencial podía estar relacionado al señor Ghosting ya bien conocido o igual yo le estaba restando importancia al ambiente general de la fiesta, ni idea. En realidad todo, como siempre, eran puras suposiciones y uno se movía en base a ellas.

    Cuando dijo lo del nombre de espía ya no solté la risa como tal porque me había obligado a tranquilizarme pero sí me quedó una sonrisa en la cara, bastante amplia a decir verdad.

    —Sería un honor que usted eligiera mi nombre de espía, señorita.

    No se me ocurrió que mi comentario fuese a hacerla pensar que se le notaba un montón el agobio cuando se fue, porque no había sido el caso, pasaba que yo era un poco paranoico o lo que fuese y de repente quizás sentí que ese ambiente no encajaba con la Sasha que nos había mandado a tomar por culo el otro día. Era celosa con su privacidad y allí, en esa mansión victoriana, eso prácticamente no existía.

    Sostuve su mirada sin problema cuando la encontró, tampoco había pensado que lo que había dicho de que podía volver a su paraíso si quería pudiese tomarse mal como tal. En sí era un desastre con patas pero no me movía con intenciones de hacerle mal a nadie de forma intencional, al menos hasta el momento, y si pasaba tenía que tener un argumento bien sólido como mínimo.

    La escuché con calma, balanceando la botella todavía, y me pregunté por fin si no había sido egoísta de mi parte decirle que quería verla en la fiesta. No era puto imbécil, obviamente no había venido por eso, pero fue inevitable pensarlo porque de repente caí en cuenta que podía estarse haciendo daño en su intento por mezclarse con el ambiente, por ajustarse a eso, pero sobre todo porque tenía la mierda del chico muy reciente.

    Y debía doler como la mierda.

    Negué con la cabeza cuando dijo que no pretendía aburrirme, restándole importancia, la verdad no me importaba escuchar a Sasha hablando toda la noche de qué era lo que estaba haciendo allí o cómo se sentía al respecto, nada. Podía estar horas ahí clavado.

    We're are a mess —dije sin más—. Quiero decir, toda la gente que se vino a juntar aquí en particular, todos y cada uno más desastroso, caótico y turbulento que el anterior. Más de un par disfrutan ya no solo el desastre a secas, sino provocarlo y regodearse de las reacciones que causan en la gente, principalmente las malas... Otros tantos están hechos de sombras, incluso si tienen cara de que no, y algunos pocos quizás solo están aquí por sus amigos, pero diría que son una minoría.

    Tenía la vista puesta en las sombras palpitantes que generaban las velas aquí y allá, como si estuvieran vivas.

    —Quiero decir, que el ambiente es pesado que te cagas, sé que es raro que lo diga yo por la forma en que puedo revolverme con ellos, pero piensa que es.... Mi habilidad de espía. —Se me escapó una risa floja—. He sabido mezclarme con casi cualquier persona desde que tengo uso de razón y soy un idiota que se divierte con cosas simples que no son necesariamente correctas, posiblemente porque no tengo nada más al alcance.

    Joder, ¿y esa confesión de pecados qué cojones? En fin, daba lo mismo porque era Sasha.

    —Y si quieres irte a casa o volver a tu paraíso con el whisky o pasar toda la noche charlando con una única persona, eso está bien porque es tu noción de comodidad y quizás puedas encontrar más diversión en eso que allá con ellos —añadí señalando la puerta del salón con un movimiento de cabeza—. Toda la gente hace las cosas a su manera y no es ningún pecado capital, en tanto no le hagas daño a nadie o a ti misma.

    Me había hecho bastante gracia que me pidiera probar la hierba, honestamente, pero lo había dejado allí en el aire porque tenía cosas más importantes que decir o algo así.

    Estiré la mano, tomé la suya con cuidado y la presioné suavemente antes de dejarla ir. Era solo eso, algo de contacto, una suerte de consuelo o como fuese que quisiera tomarlo, pero la cosa es que tuve que hacerlo así como había tenido que abrazarla luego de lo de Alisha.

    —¿No has bebido mucho, Sash? Just for the record. A veces revolverla con alcohol no sale muy bien. —En sí no me preocupaba si estaba conmigo y la hierba se la había comprado a Dunn así que sabía que tampoco era así lo que se dice una patada, era más bien suave pero no quería tomar el riesgo por amor al arte—. ¿De despedida? You break my heart, baby.

    Me hice el ofendido y toda la cosa, pero no sería yo quien la detuviera de retirarse pero tampoco iba a ser quien la echara pero ni de coña.

    Esperé su respuesta antes de pasarle el porro, obviamente.


    No aventarme tochos con los personajes de Belu es lava
     
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    Gigi Blanche

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    la aviento cuz yes, la tenía de fondo pa narrar el post

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    Sabía que eran tonterías sin ninguna clase de relevancia, de esas conversaciones livianas que mantienes porque sí, para matar el tiempo o entretenerte con las ocurrencias que van surgiendo. Era una tontería pero también era, irónicamente, lo único que en todo el rato había conseguido relajarme un poco. Nunca había sido pretenciosa, al final del día acababa buscando recostarme en los placeres más simples y pequeños de la vida. En la alegría de mis hermanos, la sonrisa de nana o el alivio de papá. En un buen café junto a la ventana, la quietud de la biblioteca, las sombras del follaje recortándose sobre todo mi cuerpo al caminar bajo el sendero que conduce al Sakura. Pequeños momentos, inadvertidos a primeras, que luego buscas desesperadamente cuando la luz se extingue y no ves nada sin importar lo mucho que parpadees.

    Eso era mi felicidad.

    —Delfín —resolví de inmediato, concediéndole una sonrisa de lo más transparente, y no me molesté en filtrar nada; quizá podría echarle la culpa al martini luego—. Hay algo super lindo cuando te alegras como un niño, el sonido de tu risa es agradable y, no lo sé, se te asemeja. Siempre estás muy tranquilo y no tienes pintas de poder matar una mosca, sin ofender~ ¡Además delfines eran los príncipes franceses! Mira, hombre, si no te estaré inflando el ego como una descarada, más te vale tomarlo sin quejas.

    En líneas generales jamás había tenido mayores inconvenientes para expresar mi opinión, en especial si era sobre asuntos que no me atravesaban en absoluto. Se movía en la misma dirección de brindarle apelativos cariñosos a todo Dios o haberle dicho a Altan sin tapujos sobre lo guapo que estaba. Mierdas que pensaba y ya, sin darle demasiada vuelta, que había que ser puto idiota para pensar que una tía quería casarse contigo por dos estupideces bonitas y mira, podría poner la mano en el fuego por que Maze tenía más neuronas activas que eso.

    Y si no, tampoco era mi problema.

    Quizá su negativa no habría bastado para convencerme de que no le estaba aburriendo, pero ante el monólogo que empezó a soltar de la nada acabó de aclarar las estúpidas inseguridades que surgían de vez en cuando por los costados de mi mente. Le presté una atención increíble, sólo era el sonido de su voz y la llama de las velas, si acaso recordaba de tanto en tanto la música arrastrándose por debajo. Fui asintiendo, la tontería del espía me robó una risa floja que me relajó los músculos y giré el rostro hacia él. No había anticipado que metería los pies en un terreno más delicado, pero se lanzó de cabeza y mantuve mi atención puesta en su perfil recortado por las sombras de la iluminación tan tenue del pasillo.

    Soy un idiota que se divierte con cosas simples que no son necesariamente correctas.

    Posiblemente porque no tengo nada más al alcance.

    Toda la gente hace las cosas a su manera y no es ningún pecado capital, en tanto no le hagas daño a nadie o a ti misma.

    La presión en el pecho había regresado pero parecía poseer otros matices. Era una responsabilidad emocional, ese extraño momento en el que las palabras dejan de ser livianas, dejan de cubrir el simple objetivo de entretener. Mutan, cambian de forma y pueden convertirse en cientos de cosas. Pueden golpear, dañar, calmar o suavizar. Pueden helar, atizar el fuego, levantar una polvareda o picar las corrientes.

    Y no era buena, en líneas generales, con las respuestas emocionales.

    Pero quería hacerlo bien por Maze.


    Había acabado por apagar el cigarro y dejarlo por ahí, así lo recogía luego y lo desechaba. Bajé la vista cuando sentí el contacto, observé nuestras manos y al advertir su intención de alejarse lo retuve. Aún no había abierto la boca y fue un impulso, mi forma quizá de pedirle que esperara, que lo estaba intentando. Que iba a dar con algo que estuviera a la altura.

    Me giré hacia él para recostar el hombro en la pared y acomodé su mano sobre mi palma, con la otra comencé a recorrer su piel en movimientos vagos, apenas con la yema de los dedos. Le presté una atención estúpida, vete a saber por qué. La textura era ligeramente áspera, en especial sobre los nudillos y articulaciones, sus uñas se veían pulcras que te cagas y sus dedos eran largos y flacuchos. Le ganaba en tamaño a mis manos pero no era una cosa exagerada.

    Me cargué los pulmones de aire, lo solté a consciencia y arrugué el ceño, depositando suavemente la mano sobre la suya. La sostuve así, como si pretendiera acunarla o protegerla.

    Do you feel lonely, honey?

    'Cause I do.

    All the fucking time.

    Dejé correr, al menos de momento, todo el asunto sobre el porro y la despedida. Ahora que me había decidido por soltarle una pregunta del calibre no encontré manera de aligerar la seriedad, no la encontré y temí haberme sobrepasado. Haber pisado, quizá, la línea que trazamos entre nosotros a tientas. Pero ya había abierto la boca y enderecé el cuello para buscar sus ojos, a la espera de su respuesta, reacción, lo que fuera, mientras relajaba los brazos y mantenía el agarre únicamente con una mano.

    estuve una eternidad con esto sos
     
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  15.  
    Zireael

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    Cuando dijo delfín me quedé un poco fuera de base, en sí no esperaba nada en específico y lo soltó así, de la puta nada, como si lo tuviera pensado de antes y me aflojó una risilla. Me había concedido una sonrisa transparente, que no filtró absolutamente nada, y calmó parte de la intranquilidad que sentía por su estado y como si no hubiese bastado con eso, siguió hablando.

    Siguió hablando.

    Me arrancó la sonrisa más genuina que creía haber soltado en toda la noche, fue tan amplia que tuve que cerrar los ojos incluso. Me hizo ponerme a pensar en la última vez que alguien se había detenido a observar a esas cosas y decírmelas, no podía recordar una sola vez que esa clase de palabras no hubieran venido de mi madre las pocas veces que estaba en casa.

    ¿Y la culpa era de quién? Bueno, mía porque no conectaba con nadie nunca.

    Pero allí estaba Sasha, soltándolo porque sí. Le había salido tan natural como los apelativos que usaba con todo Dios, cargaba consigo una transparencia casi infantil que era estúpidamente refrescante, reconfortante también y solo siguió haciéndome sentir más liviano. Era obvio que no había ninguna segunda intención en sus comentarios, no era ningún imbécil como para no entenderlo, pero eso no quitaba que era agradable escucharlo.

    Me prestó una atención casi estúpida, escuchó cada palabra y cuando tomé su mano creí que me iba a dejar ir, porque no pretendía abrumarla, pero posó la vista en el contacto y no me soltó, haciendo que esta vez fuese yo quien le volcara la atención encima. La vi recostar el hombro en la pared, acomodar mi mano sobre su palma y toda la cosa, y me dejé hacer sin más, esperando por ella. Sus caricias se me antojaron absurdamente cálidas.

    Sus manos eran algo más pequeñas que las mías, por supuesto, y me distraje viendo el movimiento de sus dedos sobre mi piel. La escuché tomar aire y soltarlo no mucho después, en lo que dejaba su mano sobre la mía.

    Do you feel lonely, honey?
    Pestañeé un par de veces, como tratando procesar si no había caído yo en un bad trip con la hierba de Swallowtail o qué mierda. Fue una cosa extraña, me dejó el cerebro totalmente inútil durante unos segundos y por puro reflejo apreté apenas un poquito su mano. Cuando encontró mis ojos volví a sonreírle, no me había dado cuenta cuándo había regresado a una expresión más neutral, pero allí estaba sonriéndole como si nada otra vez.

    ¿No sabía hacer otra cosa?

    La verdad era que no.

    Apoyé la cabeza en la pared luego de acomodarme para apoyar el hombro allí también, tomé aire despacio y lo liberé de la misma manera. Ni siquiera estaba muy seguro de cómo responder una cosa de esas o si responderla para empezar, pero el caso es que la lengua se me aflojó.

    Sometimes —dije hablando un poco más bajo de forma inconsciente, pero no perdí el tono tranquilo. Había dicho que a veces, pero la respuesta de verdad era que siempre, ¿no? Sin duda—. No me quita el sueño en realidad, en parte supongo que no sé cómo arreglarlo y lo he dejado así, porque también es más fácil, ¿no crees?

    Porque seguro ella también se sentía sola.

    Moví apenas la mano para poder acomodarla un poco mejor y acariciarla con cierto aire distraído, en la mano libre seguí balanceando la botella sin darme cuenta ni siquiera. Un péndulo o las agujas del reloj, tal vez era un movimiento algo ansioso pero no sabía nombrarlo y, así como la soledad a la que me había acostumbrado, tampoco me iba a poner a pensarlo hasta desvelarme.

    Dejaba correr todo y me adaptaba para evitar conflictos hasta desligarme emocionalmente de mí mismo.

    Do you, darling?
     
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    Gigi Blanche

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    Noté el tipo de sonrisa que iluminó su rostro mientras le soltaba la mierda estúpida del delfín, lo noté pero no me pareció necesario realmente destacar nada. Verlo alegró mi propio gesto, tuve que colar alguna que otra risa entre mis palabras y me tragué lo que podría haberle dicho, un poco porque no me resultó necesario, un poco porque... no sé. Pero la idea reverberó en mi mente e incluso quedó haciendo eco un rato.

    ¿Ves?

    Justo de esas sonrisas estoy hablando.

    Mi pregunta pareció, como mínimo, agarrarlo en frío. Permanecí tan a la expectativa de su respuesta que prácticamente no moví un músculo, mucho menos cambié de expresión o algo. El suave apretón en mi mano no se me pasó desapercibido y lo imité al vuelo, recibiendo su sonrisa. Quería transmitirle calma, la verdad, o como mínimo hacerle saber que estaba ahí para él. Algo así como la necesidad que había sentido con Altan, encerrado en el armario de enseres como un pobre diablo. Curiosamente, aún conociéndolo tan poco, me veía a Maze imposibilitado a secas de quedar reducido a una mierda así. ¿Era porque no le echaba tanta intensidad a la vida? ¿Porque había encontrado la clave para ser feliz?

    ¿O simplemente manejaba otro tipo de intensidad?

    Seguí sus movimientos de soslayo, en lo que giraba el torso y demás para enfrentarme. Por un instante pensé que seguíamos en el pasillo de una jodida fiesta a ojos de todo Dios, echados contra una pared y tomándonos de las manos tan cómodos. En condiciones normales adquirir consciencia del espacio probablemente me habría forzado a echarme hacia atrás, poner distancia y alzar mis murallas. Pero, otra vez, se lo podía achacar al martini.

    ¿Era más fácil así? Idiota de mí que no lo había notado antes, cuando ahora lo veía con semejante claridad. Apreté los labios en una fina línea y atendí a cada una de sus palabras, sus caricias también, que me resultaron tan suaves y... tristes al mismo tiempo. Era eso, era un simple abrazo o un almuerzo casero. Eran las estupideces que decíamos por decir y las sonrisas que le dedicábamos al otro. Todo nos surgía con una naturalidad imbécil y ¿por qué? ¿No estábamos, al final del día, siempre buscando?

    Do you, darling?

    Buscando desesperadamente, incluso sin ser conscientes.

    Yes. —A esta altura del partido me daba igual lucir fuerte o no, porque Maze sabía lo que ocurría en mi vida y en la escuela había estado a punto de desmoronarme frente a sus ojos—. Hace un año habría respondido lo mismo que tú, ¿sabes? Pero me di cuenta que está bien, que no duele y que es fácil hasta que... deja de serlo, deja de estarlo. Hasta que conoces a alguien y te obliga a hacer comparaciones.

    Era totalmente obvio a quién me estaba refiriendo pero, otra vez, ya no me importaba. Pestañeé, apartando el ardor tras mis ojos, y moví el rostro para quitarme algo de cabello de encima.

    —Y luego lo pierdes y te das cuenta de todo. De lo estúpida y patética que era tu vida, de lo...

    Tomé aire y lo solté de golpe, dejando caer el costado de mi cabeza contra la pared. No tenía sentido apasionarme así frente a Maze, menos en una fiesta, y además ya había dejado mi punto bastante claro. Fruncí los labios sin darme cuenta, regresando los ojos a nuestras manos, y los deslicé por su silueta hasta regresar al jade de su mirada. Le concedí una sonrisa un poco desanimada y volví a pinchar su máscara con la mano libre, murmurando un sonido bajo como si hubiese apretado un botón eléctrico.

    Éramos el mismo tipo de idiota, sólo que estábamos en fases diferentes del recorrido.

    —Sólo me gustaría que vuelva a ser fácil, ¿sabes? Pero creo que no se puede. Creo que ahora tendré que aprender a vivir así y... no tengo idea qué hacer. —Me encogí de hombros como pude en esa posición y reciclé sus palabras, un poco porque sí—: No sé cómo arreglarlo.
     
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    Zireael

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    Quizás una parte de mí había aprendido a echarse siempre ese manto de alegría y livianidad porque sabía que así era más fácil lidiar con las personas, que la gente se movía de forma más manejable con esa máscara y así era fácil también, no sé, alcanzar las cosas que se querían. Claro que a veces esa personalidad también le tocaba los cojones a algunos, pero eran contadas las ocasiones y casi siempre pasaba con introvertidos con cara de culo.

    La pregunta de Sasha, sus caricias y reacciones habían revuelto varias cosas que no me había detenido a pensar nunca, todas relacionadas a la soledad obviamente. Me pregunté si en algún momento me había molestado en admitirle abiertamente a mi madre que habernos mudado a Japón había sido un golpe horrible, si era capaz de admitir que extrañaba nuestro pueblillo minero perdido en el tiempo o a las personas con las que me relacionaba allá.

    Ni siquiera sabía decirlo, si me había sentido realmente mal en ese momento, si me seguía sintiendo mal hasta la fecha, como un extranjero en tierra de nadie o alguna mierda de ese rollo. Me pregunté si simple y sencillamente no estaba vacío por completo, si había dejado el alma perdida en alguna parte y ahora no era más que un cascarón caminando por ahí.

    Que quizás todo lo que hacía era para buscar llenar ese vacío sabiendo que no tenía caso y al final del día seguía como si nada, me había montando el teatro tan bien que incluso Tolvaj se lo había creído y me había vuelto inmune a su desastre. Eso de verdad que sí debía contar como mi habilidad de espía, porque no era ni medio normal si lo miraba desde el exterior.

    Yes.

    I know, baby.

    I really know.

    Seguí escuchándola con la cabeza echada contra la pared, intercambiando la vista de sus ojos a nuestras manos de vez en cuando y sin detener las caricias que me había dedicado a brindarle. Soltó lo que simplemente debía ser una verdad inmovible, una ley del universo o quién sabe qué mierdas, que todo estaba bien y era fácil hasta que se aparecía alguien que te hacía ver que todo eso había sido pura mierda.


    Y luego desaparecía.


    Recibí su mirada luego de que soltara todo, de que tuviera que tomar aire y dejarlo ir después de haber dejado bien claro su punto, le regalé una sonrisa como siempre y la vi pinchar la máscara de nuevo, esta vez con efecto de sonido incluido.

    Me despegué de la pared y seguí haciendo mierdas de puro impulso, como si algo en alguna parte de mi cuerpo me dijera que era lo correcto, que se supone que uno hiciera esas cosas por las personas que se abrían y de alguna forma buscaban consuelo en las palabras que liberaban sobre uno. Sasha era alta, con los tacones ni hablar, pero me las arreglé para alcanzar a dejarle un beso en la frente, cosa de nada y, de nuevo, sin ninguna intención de mierda.

    Regresé a mi espacio todavía sin haber dejado ir su mano y la verdad era que me sentía cómodo así como estábamos, así que me iba a quedar de esa manera hasta que ella decidiera.

    —Diría que no se puede, sí —respondí porque tampoco le iba a mentir en la cara—. Y muchas cosas no se pueden arreglar tan rápido, pero imagino que sabes bien de eso. ¿Cómo era? Hay que darle tiempo al tiempo o algo así, supongo que para estas cosas no queda más que esperar y no sé, ¿dejarlas sanar? Más que arreglarlas.

    Guardé silencio un rato, no se me ocurrió nada más que decir, pero de nuevo así como en la clase empezaron a hacer eco las notas lejanas de una canción folk de las que siempre tenía de fondo en casa, matando el silencio por mí.

    It's time to learn to be more forgiving of yourself —canté bajito, despegándome de la pared de nuevo, y dejé la botella en el suelo cerca de la pared antes de tirar suavemente de Sasha y arrastrarla conmigo, meciéndome suavemente al ritmo de una canción que obviamente nada tenía que ver con el francés que sonaba de fondo—, and your sins and those mistakes you've made. You've got to try to take the lessons away from them and leave the rest behind.


    Alguien que me agarre a los pendejos que andan dando besitos en la frente ashuda *gatito chillando*

    woah im crying here good bye life
     
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    Gigi Blanche

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    Puede que no me hubiera parado del todo a pensar que estar allí y estar bien al respecto era bastante extraño. Me consideraba a mí misma una persona cariñosa, me gustaba tratar a las personas de forma que se sintieran cómodas conmigo y me echaba la vida llenando de besos a mis hermanitos, pero por fuera de un muy selecto grupo de personas era, también, harto recelosa de mi espacio. No toleraba que me pusieran mano encima porque sí, mucho menos con intenciones estúpidas, y era algo injusto pero me provocaba particular rechazo proviniendo de hombres.

    Quizá fuera porque ya habíamos pasado tiempo juntos y, me gustara o no, ya nos habíamos abrazado y todo eso. Había una línea de defensa, la primera suponía, que Maze ya había cruzado. Por eso sería que lograba relajarme incluso allí, mientras acariciaba mi mano. En sí no lo había visto ligándose activamente a nadie, pero ya me hacía a la idea de que tampoco se ponía muy quisquilloso y, en resumidas cuentas, le agradecía tratarme como un ser humano antes que un pedazo de carne. Quizá tomara al vuelo lo que la vida le ofreciera, pero así y todo seguía sin ser un idiota de categoría.

    Una combinación bastante extraña, la verdad.

    El cerebro se me disparó un poco al notar que comenzaba a moverse, digamos que confiaba en él y por eso no me alejé al segundo que advertí sus intenciones de acercarse hacia mí. No tuve tiempo de reflexionarlo como tal, tomar una decisión premeditada y eso, fue sólo la reacción de mi cuerpo. Y mi cuerpo decidió que estaba bien, que Maze podía invadir esa burbuja otra vez.

    Me sacó un poco de mis casillas recibir su beso en la frente, me quedé mirando los botones de su camisa hasta que se alejó y busqué sus ojos. Era dulce, no iba a negarlo, el chico parecía poder ser estúpidamente dulce si le daba la gana y eso era, por demás, tranquilizador. Ya lo había pensado cuando se apareció con el almuerzo casero, ahora la idea no hizo más que ganar fuerza.

    Que Maze podía cuidar a otros.

    Cuidarme a mí, digamos.

    ¿Y era prudente? Ni idea. El cerebro me gritaba que era estúpido aferrarse a las personas, me lo había machacado desde pequeña cuando mamá se fue y pensé que lo tenía bien presente... hasta que Daute apareció. Valía la pena, ¿no? Relajar las murallas y darle una oportunidad a lo que me había atemorizado toda la vida. Había parecido una buena idea, sí.

    Y quizá lo siguiera siendo.

    Quizá sólo tuviera que seguir lanzándome y lanzándome, hasta acostumbrarme al golpe de temperatura.

    Sin una puta pizca de miedo.
    Quién sabe.

    Lo escuché hablar y fui asintiendo de tanto en tanto, esbozando una pequeña sonrisa. Tiempo al tiempo, ¿huh? Bueno, razón no le faltaba, el problema era cómo mierda lograrlo sin perder la cabeza en el proceso. ¿Cómo le pedías a mi culo perfeccionista que se quedara quieto y que le permitiera, no lo sé, al cosmos acomodar las piezas? Delegar no aparecía en mi diccionario, estaba convencida de que las cosas sólo saldrían bien si las hacía yo. Era esa clase de estúpida, vanidosa también. Por eso nunca estaba quieta, nunca tenía tiempo para nada. Por eso no tenía amigos, ni novio, ni una mierda.

    Haciéndolo todo, irónicamente, me había prohibido cientos de cosas.

    Yeah, I guess you're right.

    Tampoco agregué mayor cosa, me quedé en silencio recibiendo sus caricias y recordando el charco de whisky en la biblioteca. Ya no me importaba tanto, ¿verdad? Así lo limpiaba ahora o dentro de media hora, la mierda podía esperar. Quizás eso fuera parte de... de esta cosa más grande que Maze había mencionado. Dejarle tiempo al tiempo.

    Relajar el culo, en pocas palabras.

    El idiota volvió a entrar en troubadour mode, su canto alcanzó mis oídos y no pude más que sonreír, alzando la vista hacia él. La letra de la canción pegaba el palo, de paso, y meneé la cabeza suavemente al dejarme arrastrar sin más. No, si se montaba el pequeño espectáculo de un segundo al otro sin el menor de los problemas. Seguíamos en el pasillo, por cierto, pero lo cierto fue que no acabó de importarme y le eché los brazos al cuello, siguiendo su movimiento de lado a lado con la sonrisa pegada al rostro.

    Quizás ese tonto podía enseñarme una o dos cosas, ¿verdad?

    Tuve una idea espontánea y decidí seguirla sin más. Le quité los brazos de encima y me agaché para quitarme los tacones, el piso de la mansión estaba frío y solté una risa breve. Dejé colgando los zapatos de una de mis manos, ahora que ya habían regresado a mi posición inicial, y lo miré ligeramente desde abajo. Ahora debía sacarme algo de cinco centímetros o así, no era mucho pero servía a mis propósitos.

    Deslicé los brazos más y más sobre sus hombros y lo abracé suavemente, acomodando la mejilla sobre mi propio antebrazo. No dejé de mecerme en ningún momento.

    Huggie —murmuré en voz baja, casi como el reclamo de una niña caprichosa.


    por si se lo preguntan

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    Zireael

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    Había empezado a preguntarme por qué Sasha me aceptaba en su espacio así como así, cuando al principio había sido tan recelosa y casi nos comió vivos el otro día también. No podía asociarlo ya solo a la máscara eterna que cargaba encima, en su lugar tenía que ver más bien con las cosas que se habían colado a través de ella incluso cuando no era la intención.

    La alegría infantil, mis intentos por darle compañía o lo que fuese, aceptar lo que ella quisiera darme, esas cosas eran genuinas y salían con facilidad. Yo no era receloso con mi espacio o mi privacidad, como si mi vida se ventilaba a los cuatro vientos, ¿qué era todo lo que iban a saber, que mi madre trabajaba en el sector de turismo y pasaba en casa solo desde que podía recordar? ¿Que salía por las noches a atrapar lo que apareciera y ya? ¿Que a veces me había llevado unas hostias de pandilleros?

    Nada importante o controversial, nada que me interesara guardar por temor a lo que dejarlo salir pudiera implicar. De hecho ni siquiera sabría decir si sentía miedo de algo en algún momento, no lo recordaba tampoco cuando me llevaba una paliza bien merecida y ya no sabía si era porque sabía eso, que me la había ganado a posta por un error de cálculo, o porque simplemente no me preocupaba mi vida como tal.

    Quizás también una parte de mis malas costumbres provenían de alguna característica de mi personalidad que no sabía cómo direccionar, quizás era esa necesidad de contacto, de estar con las personas, que no había logrado proyectar a otras cosas. La verdad no lo sabía, no me lo había preguntado hasta ese momento, era probable también que me olvidara de ello para el final de la noche.

    Porque dejaba correr todo lo que implicara alguna clase de conflicto complejo.

    Me imaginaba ya lo difícil que debía ser para una chica como Sasha solo dejar algo y que el tiempo pusiera las piezas en orden, pero es que algunas cosas solo funcionaban así porque al intentar presionarlas o apresurarlas solo las empeorabas.

    De cualquier forma parecía que sí se había relajado, cuando me escuchó cantar sonrió y eso solo me impulsó a continuar, aunque se me coló un poco la risa en las palabras. Se dejó arrastrar, sin importarle que siguiéramos a la vista de cuanta persona se apareciera y me echó las manos al cuello, haciendo que guardara silencio unos segundos.

    Luego se quitó los zapatos y aunque me descolocó un poco, atajé sus intenciones casi en el aire. Sus manos se deslizaron por mis hombros y acabó por atraerme hacia ella, abrazándome; el cuerpo me respondió solo incluso antes de escucharla y la rodeé con los brazos, primero fue suave, luego afiancé un poco el agarre y cerré los ojos. Todavía nos mecíamos.

    Oh, regret, put it out, put it out of your mind. —Seguí cantando en voz baja—. All the self-loathing in the world won't change a thing 'cause yo can't go back, darling. The time has come for moving on.

    El resto lo tarareé durante unos segundos y alcancé las puntas de su cabello trenzado, deslizando suavemente los dedos por las hebras.

    Huggie —repetí entonces, después tomé aire despacio, llenándome los pulmones—. ¿Te sientes más tranquila, Sash?
     
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    Gigi Blanche

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    En algún que otro momento me pareció escuchar pasos o voces cruzando el pasillo, y aunque una parte de mí tuvo el impulso de fijarse me obligué a silenciarla. No fue demasiado difícil, de cualquier forma. Maze había seguido cantando y fue eso lo que rellenó el espacio con una facilidad estúpida. Correspondió a mi abrazo, también, sentí sus manos afianzándose en mi espalda y le concedí un apretón suave de pura manía cariñosa. Enderecé el cuello un poco para despegar la mejilla de mi antebrazo y, en su lugar, acercarla al costado de su rostro. Sonreí.

    —Me gusta mucho cuando cantas —susurré, aprovechando la cercanía de su oído para no elevar nada el volumen—. Le pones un freno al mundo.

    No había otra forma de describirlo, aunque la mierda se me hubiera escapado sin mucho filtro ni reflexión. Allá afuera el tiempo podría haber seguido pasando, por el pasillo podrían haber desfilado cientos de personas y honestamente no creía que fuera a importarme, no lo suficiente para apartarlo o romper la burbuja. Era eso, ¿no? Ya lo había dejado entrar.

    Y mierda que daba miedo.

    Asentí levemente al recibir su pregunta y me separé para encontrar sus ojos y poder sonreírle. Tiré los tacones por ahí y deslicé las manos de sus hombros, a lo largo de sus brazos, hasta alcanzar sus manos y me alejé para luego regresar, instándolo a dar una voltereta. Solté una risa divertida y nos acomodé en una posición de vals ligeramente distinta a la usual. Los brazos que debían estar extendidos permanecían, en realidad, bastante relajados y replegados cerca del cuerpo. Mi brazo libre rodeó su cuello, enganchando la mano en el hombro opuesto, y acerqué la mejilla a su cabello. Un poco de repente había comenzado a sonar en mi cabeza la canción que muchas veces le cantaba a los niños para dormir y, no lo sé, sólo fluí.

    Time stood still for a while, your hand was holding mine. The stars that shined in your eyes, don't let them go by. —Ejercí algo de impulso para que ambos giráramos sobre nuestro eje y sentí la trenza rebotando en mi espalda—. Fly on you golden girl and take on your fear, I'll be with you in your dreams.

    belu: bueno creo que ya irán a acabar idk
    sa-chan: ja
     
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  1. Gigi Blanche
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