Cuando Effy y yo nos adentramos en la Mansión Abandonada, un sonido sobre las aguas del Pantano nos llamó la atención. Al espiar por una de las ventanas rotas, fuimos testigos de la llegada de Liza y Brendan, que al parecer también estaban al tanto de que esta vivienda contenía pistas relacionadas con el Espectro Etéreo. Me asomé a la puerta, seguido por Serperior (había salido de su pokébola) y les hice una seña con la mano. —¡Bienvenidos al misterio, chicos! —fue mi saludo. Contenido oculto @Liza White @Brendan
—Mmm un lugar algo siniestro... espero y no te de miedo Liza...— rei un poco y Umbreon y Poochyena salieron de sus pokebolas, eran pokemon que pensaba que les podria gustar el ambiente de este lugar. @Liza White
—¿Perdona? Yo no le tengo miedo a nada. —le dirigí una mirada divertida mientras me hacía la ofendida y le bajé el gorro para que no pudiera ver. —Ale, ahí te quedas. —reí y eché a correr la primera a la mansión dejando al chico atrás. Nada más acercarme a la puerta vi que Hubert se asomó y nos saludó, a lo que sonreí y correspondí el saludo agitando mi mano. —Veo que más gente sabía de esto al parecer. Anda si también está Effy, y por allí se ve a Alpha, ¡hola! —les saludé a todos con mi característica sonrisa y mi actitud algo hiperactiva mientras me adentraba junto a los demás en la vieja casa.
—Hmm Effy... eso me faltaba, hola Hubert!, Alpha... el chico casi invencible, al parecer ese Espectro tendra una dura batalla... ninguno de los de aqui se considera como un entrenador debil...— exclame con una sonrisa mientras me reunia con los demas y mis dos pokemon siniestro me seguian, el Poochyena dorado y Umbreon.
Contenido oculto Primero Alpha, después Juanjo... ¿Y ahora vos Brendan? ¡DEJEN DE CONFUNDIR MI NOMBRE CON EL DE HUBERT XDDDDD! —Creo que Ian también está en camino —comenté a los entrenadores cuando estuvieron junto a nosotros—. Effy tuvo la gran amabilidad de traerme volando, y me pareció verlo en algún punto del pantano, subido a su Blastoise.
Contenido oculto Está bien, aceptaré que seais seis en la actividad, pero en cuanto llegue Ian, nadie más podrá participar, ¿vale? (Eran cinco como máximo y hasta donde yo sé estáis ya cinco y esperáis a Ian -sois Hubert, Liza, Brendan, Alpha y Effy-)
—Si creo que lo deje atras con el nado rapido de Swampert, para el es tan facil moverse en las aguas lodosas ya que es su habitat natural, lograste verlo tu Liza?— le preguntaba a la chica mientras de mi mochila sacaba una botella de agua y en algunos rincones de la casa comenzaba a escucharse unos ruidos.
Escuché a Brendan hablarme y dejé de dar vueltas por el lugar para centrarme en él. —Pues no la verdad, supongo que lo viste en el trayecto en el que yo estaba dormida. —me encogí de hombros con calma.
El peque;o Poochyena dorado se acerco a Liza como si de su madre se tratara y con su cabeza la empujo un poco de la pierna y se sento en el suelo con su cara inocente mientras movia la cola.
Observé a Poochyena con una sonrisa y me puse de cuclillas para acariciarle con ternura, al parecer le gustaba que le acariciara la tripita. —Eres muy adorable, ¿lo sabias? —le sonreí mientras lo tomaba en brazos.
Este solo vocifero fuerte un ladrido de alegria y comenzo a lamer su cara. —Vaya... estas creciendo amiguito, hace poco ni ladrar podias... parece que ese gesto maternal le a ayudado e Liza!— sonrei mientras chocaba mi hombro con el de ella empujandola un poco.
—A todo esto —dije, notando que una de las pokébolas de mi cinturón estaba vacía cuando no debía ser así— ¿Dónde se habrá metido Maractus? El pequeño nopal había salido de su esférico apenas pusimos pie en tierra firme, pero ni Effy ni yo tuvimos tiempo para darnos cuenta de que había entrado, los más alegre y saltando, al interior de la lúgubre mansión abandonada. Mientras Liza y Brendan centraban su atención en el pequeño Poochyena variocolor, miré debajo de las mesas del comedor, revisé los armarios de unos cuartos cercanos, para finalmente terminar mi pequeño recorrido en el living. ¡Allí estaba! Era increíble su carencia de miedo: ahora mismo estaba tocando sus maracas para un grupo compuesto por Haunter, Gastly y Spiritomb, quienes bailaban alegremente la música del tipo planta, riendo y haciendo caras chistosas. —¡Maractus, te quiero presentar amigos nuevo! —le dije desde la puerta, procurando que los fantasmas no se pusieran hostiles conmigo. El nopal me miró, entusiasmado con la idea. Volvimos al sitio donde se encontraban Liza y Brendan. Apenas los vio, Maractus sacudió su maracas y se puso a bailar, primero alrededor de los entrenadores, y después frente al pequeño Poochyena, invitándolo a bailar con él. Yo sonreí: la alegría incorrompible de Maractus otorgaba otro tono a nuestra visita a la Mansión. —Ellos son Liza y Brendan, Maractus —dije, refiriéndome a los susodichos. Maractus los saludó con otra interpretación musical.
—¡Para, para, me haces cosquillas Poochyena! —le decía sin parar de reir y escuché a Brendan, a lo que sonreí algo nerviosa y con un levísimo sonrojo. Noté un sonido de maracas a nuestro alrededor y aproveché que el pokémon bebé se bajó al suelo pude ver mejor de quien se trataba; un pequeño Maractus muy simpático no paraba de bailar y Poochyena se unió a él. --Hola Maractus. --le saludé con una sonrisa.
Maractus correspondió al saludo de Liza, bailando alrededor de ella. —Nos conocimos en el Gran Desierto —conté a la entrenadora, siguiendo el compás del nopal con movimientos del pie—, es muy fuerte y bastante oportuno cuando se trata de destrozar la agilidad de sus rivales... Eso sí, nunca supe de dónde sacó esas maracas, pues ya las tenía cuando lo encontré en medio de esa tormenta de arena. El cactus volvió a tocar esos instrumentos, alegres y misteriosos al mismo tiempo.
(¿No que amarrariamos a Ian esta vez? (?) ) — Vaya...llegaron muchos entrenadores.— Dije comenzando a caminar mansión adentro.
Seguí con la mirada el bailecito del simpático pokémon sin dejar de sonreir, era muy divertido a decir verdad. —Se nota que es un gran compañero pokémon de viajes, esa alegría contagia a cualquiera. —le respondí mirando ahora a Hubert sonriente. —Lo acabo de conocer y ya me cae de maravilla.
—Oh, todos son unos grandes compañeros de viajes —decía, mientras Shuppet y Chandelure salían de sus pokébolas, para recorrer la mansión. Serperior, mientras tanto, contemplaba las pinturas colgadas en las paredes, aunque yo sabía que estaba intentando detectar la presencia de alguna pista interesante. Era tan inteligente como elegante— Qué bien que te genere eso... Por cierto, Liza, ¿vas a entrar al Torneo Acrílica?
Asentí ante la pregunt del entrenador mientras miraba su Seperior detenidamente, pocas veces pude contemplarlo tranquilamente y me gustaba ese inicial, más porque era de mi misma región y de la de mi inicial. —Aún no me apunté pero tengo pensado participar. Aún estoy eligiendo qué dos pokémon usar. —le respondí tranquilamente mientras sentía que Poochyena volvía a saltar a mis brazos y sonreí.—¿Y tú? ¿Ya te anotaste?
—Lo hice antes de venir a investigar este lugar —respondí, observando a Serperior por si me enviaba una señal—. Y uno de los pokémon que estará conmigo será otra leyenda de Galeia —sonreí no sin cierto orgullo—: el Hada Soñadora.
Aquello me sorprendió ligeramente y le miré con curiosidad. —¿El hada soñadora? ¿Tienes a Cresselia en tu equipo? —le pregunté bastante sorprendida.