Historia larga La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era

Tema en 'Novelas' iniciado por Niani, 4 Febrero 2015.

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    Dark RS

    Dark RS Caballero De Sheccid Comentarista empedernido

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    Qué capítulo. La antesala a lo que promete ser una guerra civil por el control de lo que queda del país.

    Aunque Fitzpatrick no parece estar tan organizado como cree estarlo. Puede que me equivoque, pero predigo una traición en el futuro de ese sujeto.

    ¿Por qué no mató a su ex en cuanto la tenía enfrente? Se arriesga mucho al dejar con vida a una rehén tan inteligente. Sin mencionar que el impacto de matarla ahí mismo le hubiera dado puntos de dramatismo al capítulo.

    No vi errores que señalar. Así me gusta sean los escritos.
     
  2. Threadmarks: Capítulo XVIII: Los Rebeldes de San Ángelo
     
    Niani

    Niani Escritora Novata

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    La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era
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    Acción/Épica
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    Capítulo XVIII:


    Los Rebeldes de San Ángelo

    En los alrededores de la zona residencial de Fillmore, un lugar relativamente tranquilo para vivir, se originó un gran revuelo entre sus habitantes, ya que un convoy de vehículos que gran tamaño estaban recorriendo las carreteras de aquella localidad, a buena velocidad. Observaban todo aquello desde las ventanas de sus casas, algunos con asombro, otros con miedo, pero también con incertidumbre, porque no tenían idea de lo que estaba sucediendo, razón por la que decidieron resguardarse en sus hogares, por si se trataba de delincuentes o mafiosos, quienes acostumbraban saquear los lugares por los que transitaban, en busca de recursos, como agua, comida o ropa.

    Ian y Sean continuaban apostados en la entrada de la casa de Garrett, precisamente en espera de confirmar la sospecha del mayor; lo cual se corroboró en el transcurso de los minutos, cuando la comitiva se detuvo a pocos metros de la vivienda del hacker. Al ver esto, Sean le preguntó, un poco preocupado:

    —¿Aún crees que se trate del grupo de hombres que mandó Mc Keller, para que cuidaran a la Doctora Jhonson y a Megan Knox?

    —Estoy absolutamente seguro de eso —aseveró Ian, muy serio —, conozco a Louie, sé que envió a su gente apenas confirmó lo que le informamos Troy y yo al llegar a éste lugar.

    —¿Y qué vas a hacer cuando se entere de que fueron secuestradas por ése asesino?

    —No lo sé —se sinceró Ian —, pero no pienso quedar como un cobarde ante él, es lo único de lo que puedes estar seguro.

    Unos minutos después, ambos observaron que los ocupantes de dichos automóviles comenzaban a descender de éstos, llevando consigo armas de corto y largo alcance, las cuales eran parte de las dotaciones que había conseguido Louis durante su estancia en los Estados Unidos -producto, en su mayoría, de negocios con criminales del país-, y que estaban destinadas a utilizarse para enfrentar a Van Slyke y a sus subordinados, si se concretaba el hecho de darse un Golpe de Estado en San Ángelo. Pero Ian empalideció de repente, al ver que de uno de los camiones de aquella caravana bajó Lance, quien era la mano derecha de su padre adoptivo, por lo que pensó para sí: “Genial... ahora sí es seguro que soy hombre muerto, Louie mismo me va a matar cuando sepa todo”. Su suposición era acertada, porque del mismo automotor bajó ése hombre, seguramente dispuesto a ver a Karen Jhonson y a Megan Knox, y dejar hombres que las protegieran de posibles ataques, por parte de la “Estrella del Norte”, antes de proseguir con su plan de acabar con ésa organización finalmente.

    Louis y Lance, seguidos por el resto de las personas que los acompañaban, se acercaron a dónde estaban haciendo guardia los dos jóvenes. Ian, al tenerlo de frente, se apresuró en decir:

    —Louie, cuando hablamos dijiste que enviarías a unos hombres, no que vendrías aquí en persona.

    “Siempre prefiere hacerle caso a todo el mundo, excepto a mí, eso no es raro”, fue lo que pensó Ian al escuchar lo que le dijera su padre; pero al ver el porqué de su presencia en ése lugar, decidió contarle la verdad. De todos modos, desde su punto de vista, esa sería otra razón por la cual el hombre no confiara en él en absoluto.

    —Pues déjame informarte que tú y tus hombres llegaron tarde... Van Slyke envió aquí a su matón personal, y secuestró a la Doctora Jhonson y a Megan Knox.

    —¡¿Qué demonios estás diciendo, Ian?! —le cuestionó Louis, completamente iracundo, mientras lo sacudía con las manos —. Definitivamente tú no estabas en capacidad de encargarte de este asunto, no debí permitir que te involucraras. Lance debió venir aquí en tu lugar.

    —Señor Mc Keller, hicimos todo lo que estuvo a nuestro alcance para protegerlas —intervino Sean, tratando de calmar a ése sujeto —. Pero ése asesino fue más inteligente y se las llevó.

    —¡Lo único que me faltaba! —se quejó el mayor, muy enojado —. ¿Hay algún colaborador de Megan Knox aquí, al menos?

    —La hija del Coronel Hatthaway, también los demás —contestó Sean, con voz serena —. Se encuentran adentro, si me permite, les avisaré de su llegada.

    Louie se limitó a asentir -no tenía ánimos para nada-, y se quedó afuera, esperando, mientras Sean le daba la noticia de su llegada al resto. Durante la espera, padre e hijo ni siquiera cruzaron miradas, mucho menos se dirigieron la palabra; el orgullo herido de cada uno fue más fuerte, por lo que prefirieron ser indiferentes el uno con el otro, lo que generaba mucha tensión en el ambiente. Al menos para Lance fue así, se sentía muy incómodo en ésa situación.

    Sean regresó con ellos al cabo de unos minutos, y le dijo al hombre que ya podía entrar a la casa. Por eso mismo, Louis le preguntó a Lance:

    —¿Me acompañas a la casa, Lance?

    —No señor, prefiero estar aquí al pendiente —fue la respuesta del chico.

    “Estar al pendiente, sí claro”, pensó Ian, al escuchar la respuesta de Lance: “Lo que no quieres es que Troy se entere de que estás aquí, porque si lo hace, te dará una golpiza”, al recordar que que él y el rubio -por algún motivo que él desconocía- no se llevaban bien. Por eso mismo, esbozó una sonrisa pícara, mientras le lanzaba una mirada al otro, que se sintió aún más incómodo, porque precisamente lo que buscaba era no tener ningún tipo de problemas con Troy mientras se encontraba en ése sitio.

    Aunque sus temores estaban bien fundados, de haber entrado a la casa, Lance no se hubiese visto amenazado por su viejo amigo, porque Bernie y Nolee estaban en una de las habitaciones de la planta alta, cuidandolo, ya que su condición física no era la mejor en ése momento, mientras Blake estaba en la puerta, muy triste por lo que le había pasado, mas no se atrevía a entrar, porque no quería causarle molestias a Nolee ni a su padre adoptivo, que era lo que menos necesitaban en un ambiente tan tenso, como lo era aquel en ésos instantes. Doña Leticia, viéndola con el semblante tan decaído, intentó darle un poco de ánimo, diciéndole:

    —No te pongas así, nena. Él se va a recuperar y todo esto que está pasando solo será un mal recuerdo.

    —Eso espero, porque todo esto parece una pesadilla —respondió, muy abatida.

    Mc Keller entró a la casa, en compañía de Sean, que lo condujo hasta el sótano con el que contaba dicha propiedad. Allí se hallaban Garrett, Cloe, el Doctor Sanders y Jenna -Stuart estaba en la cocina, preparando café, a la vez que pensaba en Megan, angustiado por el destino que pudiera correr al lado de Marcus-, revisando atentamente la computadora, para ver si lograban obtener algún tipo de información acerca de los planes de Van Slyke o de Fitzpatrick. Cloe fue la que se encargó de recibirlo en su pequeña guarida:

    —Bienvenido, señor Mc Keller, mi nombre es Cloe. Si gusta sentarse, adelante, espero que podamos ayudarle en lo que necesite.

    —Muchas gracias, señorita, pero no es necesario—declinó la oferta el hombre, con cortesía —, así estoy bien.

    —De acuerdo. ¿Qué es lo que le interesa saber?

    —¿Qué saben ustedes acerca de la relación entre la Doctora Jhonson y Van Slyke? —preguntó él.

    —En todo lo que concierne al “Escuadrón Alfa”.

    Al escuchar la respuesta de Cloe, Louis se quedó muy pensativo y, a la vez, un poco confundido. En los años que llevaba viviendo en los Estados Unidos -en calidad de exiliado, por ser opositor al gobierno de San Ángelo-, a sus oídos habían llegado rumores de ése equipo especial que tenía Fitzpatrick en el país, además de que Lance le contó sobre el ataque que el Jefe de la Policía Central perpetró hacía años en IEPCOM, en el cual había participado, siendo en ése entonces uno de sus sicarios. Pero él tenía entendido que Karen colaboraba con Van Slyke en el “criadero”, en sus inicios, educando a los niños que mantenían encerrados allí.

    —Tenía entendido que Jhonson era una cómplice menor en la “Estrella del Norte” —comentó finalmente, extrañado, para entonces preguntar —. ¿Qué tiene que ver con eso?

    —Hace cinco años, ella fue contratada para trabajar en un proyecto en la compañía IEPCOM —relató Sanders, muy serio —. Dicho proyecto consistía en crear seres humanos por medio de Manipulación Genética, y todo parecía ir bien, pero después de que los sujetos de prueba “nacieron”, tres de ellos murieron, la mujer huyó de la empresa con otros cinco y después, Fitzpatrick atacó las instalaciones, acabando con todo. Después, la compañía fue reestructurada y Jhonson quedó a cargo de la misma.

    —Los primeros humanos que nacieron como resultado de ése proyecto, fueron entrenados por Fitzpatrick, como si se tratara de soldados —añadió Garrett —. Fueron los primeros miembros del “Escuadrón Alfa”, y con el pasar del tiempo, crearon más, que se integraron a sus filas.

    —A ver si entiendo... ¿Esa mujer se encargó de crear un ejército de élite para la organización? —se preguntó, infiriendo la finalidad de todo ello —. Si fue así, supongo que Van Slyke estuvo detrás de aquella estratagema.

    —Supone bien, pero Fitzpatrick tiene en mente traicionar a Van Slyke y tomar el poder en San Ángelo —confirmó Jenna, como respuesta a su inquietud —. Y piensa utilizar al “Escuadrón Alfa” para conseguir su meta.

    —Ése Fitzpatrick no es más que un iluso —dijo Louie, dejando escapar una media sonrisa, pues no pudo evitar que aquello le causara gracia —, aquí puede hacer y deshacer a su antojo; sin embargo, la familia Van Slyke es una de las más influyentes en San Ángelo. Van Slyke fue presidente del Consejo de Gobierno en su juventud y el responsable de que la nefasta “Ley de División”, aunque ya existía, tenga su estructura actual, pues encabezó su última reforma.

    —Yo no estoy tan segura, Fitzpatrick es un tipo de cuidado —continuó la ex agente —. Es un corrupto, que se las arregló para llegar a ser el Jefe de la Policía y socio principal de una red de tráfico de armas, tiene sed de poder y eso lo hace impredecible.

    —Pues que lo intente, estoy seguro de que fracasará —sentenció Mc Keller —. Van Slyke es un hombre muy peligroso, no se detendrá ante nada para conseguir el poder absoluto en San Ángelo.

    Después de que Louis dijera eso, Stuart entró al sótano, para darles a sus amigos y a su antiguo jefe el café que había preparado; y al oír las últimas palabras del hombre, se unió a la charla, diciendo lo siguiente:

    —Hablando de Van Slyke y el sistema de gobierno en San Ángelo... ¿Qué pasa con los que se oponen al mismo?

    —Todo el que se oponga al Consejo de San Ángelo es perseguido ferozmente, algunos de ellos mantienen un bajo perfil, ocultos en las Islas Menores —explicó él —. Otros más, incluyéndome, hemos tenido que huir al exilio, manteniendo contacto con los rebeldes que quedaron en el país, tratando de hallar un modo de cambiar el modelo de gobierno.

    —Aunque sea por la vía armada... ¿O me equivoco?

    —En una situación como la que se vive en San Ángelo, esa es nuestra única salida —concluyó Louis, muy serio.

    Su conversación se vió interrumpida, debido a que Nolee fue al sótano, para hablar con Cloe, quien le había pedido que la mantuviera al tanto de lo que pasara con Troy, porque le preocupaba que, por querer rescatar a Megan, intentara escapar de la casa, sobre todo por el hecho de que estaba muy débil físicamente para viajar a San Ángelo, aparte de enfrentarse con Fitzpatrick y Van Slyke. Al verla entrar, no dudó en preguntarle, muy inquieta:

    —¿Troy está bien, Nolee?

    —Sí —respondió ella, tranquila —, está descansando arriba. La madre de Garrett le inyectó un calmante, para que repose, al menos por un buen rato.

    —¡Qué bueno! —exclamó Cloe, más aliviada al saber eso —. La verdad es que ya le hacía falta.

    —Pero miren a quién tenemos aquí... Nada más y nada menos que a Nolee Van Slyke —dijo Mc Keller, apenas reconoció a la joven, con sorna —. ¿Cómo le va a la “niña linda de papá” en el mundo real?

    —Mejor de lo que esperaba en realidad, Mc Keller —fue la respuesta de Nolee, haciéndole ver que sus palabras hirientes no le afectaban —. Lo que no me esperaba es que tuviera la mala suerte de llegar a cruzar palabra con un delincuente.

    —¿Delincuente yo? —le preguntó ése sujeto, muy sereno —. Esa es una buena broma, jovencita.

    —La verdad es que usted y los autoproclamados “rebeldes” no son más que un montón de criminales —sentenció Nolee, dejándose llevar por lo que conocía de la oposición al gobierno del Consejo de San Ángelo.

    —En comparación con tu padre, yo soy una blanca paloma, niña —le respondió Louis, un poco contrariado —. Yo lo único que quiero es que la nefasta “Ley de División” sea abolida, para que los habitantes de San Ángelo por fin tengan una vida normal. Pero irónicamente, la gente se niega a buscar una salida para librarse de un sistema opresor y arcaico.

    —Ése sistema ha existido en San Ángelo por muchos años, y las cosas marchan bien —dijo ella, muy seria —. Nadie se ha pronunciado en su contra, la calidad de vida es buena y pienso que cambiarlo puede ser muy problemático.

    —Perdóname Nolee, pero lo que yo llegué a saber de la vida en tu país no es normal —refutó Garrett, con un tono conciliador —. Eso de repartir a su población entre las islas de su territorio, dependiendo de su color de ojos es algo muy extraño, en ningún otro país se hace.

    —Tal vez a tí te parezca normal lo que sucede en San Ángelo, pero fuera de sus fronteras, no lo es —dijo aquel hombre, muy serio —. Mientras todos los miembros de una familia tengan el mismo color de ojos, todo está bien, pero... ¿qué pasa cuando no es así? En esos casos en que nace un niño o niña con un color distinto al de sus padres, es separado de ellos, porque lo ordena la ley. ¿No es cierto?

    —Así es —confirmó la chica.

    —Pero la ley, es sólo un estatuto, no toma en cuenta que el hacer eso destruye un hogar, los padres no pueden estar nunca con sus hijos, a menos que compartan su color de ojos —continuó hablando el mayor —, viven en orfanatos hasta los quince años, como si no tuvieran un hogar, les quitan ése derecho, y aunque después, pueden integrarse al mundo laboral, tener su propia familia, y tener una vida normal, nunca nadie va a sustituir el vacío de la ausencia de un padre o una madre.

    —Tal vez no me crea, pero yo sé muy bien cómo se siente eso —dijo Nolee, al recordar que su propia familia se había destruido, por culpa de la intransigencia de su padre, separándola de su madre y de su hermano, del que, de no ser por el viaje que hizo, seguiría ignorando su existencia.

    —En el fondo, lo único que yo quiero es evitar que más personas sufran por eso en el futuro —culminó el hombre, con serenidad, para luego añadir —. Damas, caballeros... fue un gusto haber platicado con ustedes, pero ha llegado la hora de marcharme —culminó Louie —. Al menos ya tengo una idea sobre a qué atenerme con respecto al “Escuadrón Alfa”.

    —Mucha suerte en su empresa, señor —le dijo Stuart, muy serio —. No soy partidario de la guerra, pero en este caso, ya es inevitable que dicha confrontación se dé en su país.

    Louis se dispuso a retirarse de aquella casa, por lo que Cloe se apresuró en acompañarlo, desde esa dependencia, hasta la salida. Justo antes de salir de allí, él le dijo a la joven:

    —Espero que ustedes salgan bien librados de ésta situación, señorita Hatthaway.

    —También yo —le comentó Cloe, un poco triste, al recordar Megan estaba en manos de su ex pareja, que estaba al servicio de Van Slyke, haciéndole ver que todavía tenía esperanza.

    Al encontrarse ya fuera de la casa, se acercó a sus hombres y les dió la orden de abordar de nuevo sus automóviles, para seguir con su viaje hasta San Ángelo; la cual acataron a la brevedad posible. Habían tomado un corto descanso durante el tiempo que le tomó a su líder conversar con la gente que respaldaba su idea de acabar con la organización “Estrella del Norte” y sus cabecillas, con la ayuda de la Doctora Jhonson; así que ya había llegado la hora de defender a su suelo patrio, aún siendo considerados como rebeldes. Eran la resistencia ante el gobierno autoritario que dominaba su país y aún así, estaban dispuestos a dar la vida por liberar a su pueblo de la tiranía.

    —¿Para qué me necesita, señor Mc Keller? —le preguntó Lance, mientras todos se preparaban para partir.

    —Lance, tu tarea será custodiar los alrededores de este lugar. Dejaré a un pequeño contingente a tu disposición para ello.

    —¿Por qué motivo? —le preguntó el chico, un poco confundido —. Ni la Doctora Jhonson, ni Megas Knox están aquí, no creo que sea necesario dejar elementos cuidando la zona, señor.

    —Eso es verdad, pero aquí están sus colaboradores. No sabemos si Van Slyke o Fitzpatrick busquen atar los cabos sueltos que no les permitan llevar a feliz término la toma de San Ángelo.

    —Así será, señor —respondió el muchacho, serio —. Estaré al pendiente de futuras órdenes.

    Nada más ver que Lance se retiraba, para llevar a cabo las órdenes de Louie, Ian se aproximó a su padre, con el fin de pedirle algo -con lo que pensaba resarcir sus faltas ante él-, así que tomó valor y le dejó saber su solicitud, con mucha determinación:

    —Louie, quiero ir con ustedes a San Ángelo.

    Louis se volvió a verlo al escuchar sus palabras, pensado en lo de siempre. Él ya había oído frases como esa de la boca de Ian anteriormente, aunque en tono de broma, pues parecía no importarle mucho el camino de las armas. Pero en ése instante, al mirarlo fijamente a los ojos, pudo darse cuenta de que en realidad no estaba bromeando; aún así, como siempre, su respuesta fue un rotundo no:

    —Lo siento, Ian, pero no puedes venir con nosotros.

    —¿Por qué no, Louie? —cuestionó el joven, sorprendido ante su negativa. Seguro que podría colaborar con la causa en Santa Leah, dame una oportunidad.

    —¡He dicho que no! —le recalcó su padre, enérgicamente —. No tienes ni idea de lo que está por ocurrir, es mejor que te quedes aquí, esperando noticias mías.

    Ian intentó decirle algo más, buscando convencerlo de aceptar su ayuda, en vano, ya que él mayor subió al camión en el que había llegado a la casa, con la intención de proseguir su avance hacia San Ángelo, a tratar de detener los planes de Van Slyke y su socio de derrocar al Consejo de San Ángelo, ya que sabía muy bien que si eso llegaba a ocurrir, la situación con la “Ley de División” sería aún más fuerte e incluso podrían optar por masacrar a los poseedores de la “maldición” que se encontraban en la Isla de Santa Esperanza, debido al profundo odio que Van Slyke le tenía a las personas con esa condición genética desde siempre. Viendo el joven que -como siempre- su padre lo había dejado fuera de sus planes, salió corriendo de la casa, a perseguir el camión en el que el hombre se transportaba, esperando poder alcanzarlo, poniendo en ello todas sus fuerzas. Quería reclamarle por eso, pero el vehículo no detenía su marcha, al igual que el resto de la comitiva que lo acompañaba en su travesía, y aunque trató de mantener el ritmo, pronto sus piernas se resintieron, además de que se encontraba muy agitado y le estaba costando un poco respirar, como señales claras de cansancio, y por eso, se vió obligado a detenerse, para recobrar el aliento.

    Ya agotado, mirando cómo se alejaba el grupo en la lejanía, gastó un último esfuerzo, gritándole a todo pulmón, sumamente enojado:

    —¡Louis Mc Keller, no puedes hacerme esto!

    Continuará...
     
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    Dark RS

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    Viendo que pusiste que las personas se ocultaban en sus casas al ver la caravana de vehículos me recordó cuando te comenté que parecía que nadie vivía por la zona. Con algo tan corto como eso ya se da ha entender que es una zona poblada y la razón por la que no se van a ver vecinos chismosos.

    Siento aproximarse una lucha sangrienta donde mueran varios personajes. O esa es mi predicción al menos al leer este capítulo.

    Me mantengo en espera del siguiente.
     
  4. Threadmarks: Capítulo XIX: La Promesa
     
    Niani

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    Capítulo XIX:

    La Promesa


    Habían transcurrido un par de horas ya, desde que Louis Mc Keller partiera en compañía de sus hombres, con rumbo hacia San Ángelo, para enfrentar a Van Slyke y a su socio Fitzpatrick, con el fin de detener su plan de conquistar su país natal, y acabar con la nefasta Ley de División, que había sido su anhelo desde hacía ya mucho tiempo. Sin embargo, la prioridad en la casa de Garrett era tener noticias sobre Megan, ya que estaban muy preocupados por su bienestar, después de que ella, junto a la Doctora Jhonson, fueran raptadas por Marcus, el hijo del Doctor Sanders- además de su ex pareja-, quien fungía como la mano derecha de Alden Van Slyke, el artífice de todo lo sucedido en el pasado, y quien -al menos de forma indirecta- los había involucrado en todo ése embrollo, cuando su amiga decidiera investigar acerca del “Proyecto Irión”, que manejaba la científica, cuando era colaboradora en los planes de ése hombre, en la compañía IEPCOM.

    Mientras seguían al pendiente de alguna pista que les hiciera conocer el paradero de la joven y su acompañante, Troy despertó,puesto a que el sedante que Doña Leticia le había administrado anteriormente, con el fin de que se mantuviera en reposo, ya había perdido su efecto. Por eso mismo, él se levantó de la cama y se dirigió hacia afuera, para preguntarle a Ian acerca de cómo habían acabado las cosas con su padre adoptivo. Lo que no se imaginaba era que lo vería allá, junto a Sean, platicando, nada más y nada menos que con Lance, quien fuera su amigo hacía ya mucho tiempo atrás; eso hizo que saliera de la casa, con muy mal semblante.

    Al otro sólo le bastó con verlo para saber que se avecinaba un problema, porque sabía muy bien que el rubio aún no lo perdonaba por su traición, así que intentó irse a vigilar a otra parte de la casa, pero no tuvo tiempo, pues el otro le preguntó, desde lejos, con cierta picardía en su voz, para hacerle ver que no había logrado:

    —¿Acaso eres tan cobarde que ni siquiera te dignas a darme la cara?. ¿O es que la vergüenza no te lo permite, Lance?

    —Éste no es momento para tus tonterías, Troy —objetó él, muy fastidiado —. Se supone que ya eres alguien maduro, como para que aún no te hayas olvidado de ése asunto, que sucedió hace mucho.

    —¿Estás bromeando? Lo que hiciste no lo olvidaré nunca, no eres más que una mísera rata traidora.

    —Estoy un poco perdido con todo esto —comentó Sean, al ver todo eso —. ¿Alguien me puede explicar qué rayos está pasando aquí?

    —Lance, no deberías estar tan asustado —le dijo Ian al joven, muy extrañado por su conducta con Troy —. Se supone que eres la mano derecha de Louie.

    —Pues Mc Keller no debe ser alguien muy inteligente, pues dejó que éste sujeto se uniera a su ejército. Y no sólo eso, si no que logró llegar a ser su hombre de confianza.

    —¿Por qué lo dices, Troy? —le cuestionó Sean, un poco preocupado, al notar la seguridad con la que hablaba el menor.

    —¿Que por qué lo digo? —preguntó el muchacho, muy alterado —. Él era uno de los sicarios que estaban al servicio de Fitzpatrick, chicos. No es alguien en quien se pueda confiar.

    —Definitivamente, hay cosas que no cambian nunca —bufó Lance, al escuchar a Troy —. Sigues igual de terco que cuando éramos amigos.

    —Bien dicho, Lance, cuando éramos amigos —dijo Troy, haciendo énfasis en que aquello había sido cosa del pasado —. Tú no eres más que un traidor, y no voy a cambiar de opinión al respecto.

    Ian, temiendo que alguno de ellos quisiera comenzar una pelea, se interpuso entre ambos muchachos, buscando además que se calmaran un poco, por lo que les cuestionó, un poco enojado por su proceder el uno con el otro:

    —¿Podrían los dos dejar de discutir? No es el momento adecuado para eso ahora.

    —Lo siento, Ian, tienes razón—se disculpó Troy, recordando lo que había sucedido con Megan —. Es que no lo pude evitar, éste sujeto me saca de mis casillas.

    —Lo mismo digo —dijo Lance, por su parte —. Estoy harto de que siempre sea lo mismo con él, yo sólo quiero evitar una posible pelea, es todo.

    —Sería mejor si tuviéramos el contexto de todo éste conflicto entre ustedes dos —sugirió Sean, más sereno —. Así podríamos ver si existe alguna forma en que se arregle todo.

    Apenas escucharon lo que dijera el otro, Troy y Lance se miraron entre sí. Troy recordó la última ocasión en que lo hicieron, que fue el día en que aquel hombre extraño -sabiendo ahora que se trataba de Marcus Sanders, quien trabajaba para su padre- fuera hasta las instalaciones del “criadero”, con el encargo de acabar con su vida, lo cual hubiera conseguido, de no ser porque Zack hablara mal de Megan frente a él -debido a la enfermiza obsesión que sentía por ella- y decidiera irse de ahí sin dar explicaciones; cosa que hizo que Karen le ordenara a Lance y a Zack que se encargaran de ejecutarlo, pero que había concluido con él escapando de aquel lugar, y conociendo a Bernard y a Blake, quienes habían sido lo más cercano que había tenido a una familia, desde la muerte de su madre, siendo apenas un niño de cinco años de edad.

    —Yo quiero saber cómo fue que se conocieron —dijo Ian, siguiéndole la corriente a Sean —. Ése sería un buen inicio.

    Troy no se atrevió a decir nada al respecto. No se sentía listo para hablar sobre su traumática infancia, eran eventos de su vida que deseaba olvidar a toda costa, porque lo lastimaban en demasía. Así que fue Lance el que respondió a la interrogante de Ian, muy serio:

    —Fue un tiempo después de que Troy llegara al “criadero”, cuando yo tenía 6 años y él 5. Los primeros días los pasó sólo, en un cuarto que estaba apartado del resto, no sé si era para que se adaptara al sitio, o porque Fitzpatrick y Johnson tenían sus reservas con respecto a él, ya fuera porque no quisiera estar allí, o por cómo lo trataría el resto de los que estábamos en ése lugar, por el color de sus ojos, que no era para nada común.

    —¿Quién en su sano juicio quisiera estar encerrado en una celda, con un montón de gente desconocida, justo después de que asesinaran a tu madre frente a ti? —espetó Troy, muy enojado por lo que dijera Lance.

    —¿Y tú crees que no lo sé? —le respondió Lance, con cierto recelo —. Se supone que me lo contaste un tiempo después, pero cuando recién llegaste al “criadero”, no lo sabía. A eso me refería realmente.

    Nada más escuchar a Troy, Ian y Sean se sorprendieron mucho, porque no se imaginaban siquiera lo que había pasado ése muchacho, antes de conocerlo, y no tuvieron ánimo de hacer comentario alguno al respecto, ya que no sabían cómo reaccionaría, pues era un asunto muy delicado. Y fue por eso mismo que él siguió con el relato, pues se sintió un poco más animado para hablar:

    —Nadie me dirigía la palabra, era el “chico nuevo” del momento nada más. Pensaban que, con el paso del tiempo, me iba a acostumbrar a estar en aquel lugar, lo cual acabó sucediendo, pero nunca olvidé lo que de verdad quería hacer en ése entonces: Acabar con Fitzpatrick, el hombre que había matado a mi madre, y me llevó a ése sitio tan horrible.

    —Troy, no es necesario que hables de eso si tú no quieres —le aconsejó Sean, al notar que su amigo se veía muy afectado al rememorar lo que le había sucedido cuando era niño.

    —Tranquilo, Sean. Debo enfrentar mi pasado, si no lo hago ahora, nunca lo haré.

    Un momento después, tomó aire y continuó hablando:

    —Me llevaron a un cuarto nuevo, en el mismo ya estaba otro chico, quien sería mi compañero desde entonces. Ése era Lance.

    —Yo traté de hacerme su amigo desde el inicio, pero él era muy terco y arisco, no sólo conmigo, si no con todo el que se le acercaba —continuó con el relato Lance, para complementar lo antes expuesto por Troy —. Pero insistí y nos hicimos amigos.

    —Amistad que parece que se olvidó cuando te hiciste sicario de Fitzpatrick. Y faltaste a nuestra promesa.

    —¡No tienes ni la menor idea de por qué lo hice, Troy! —refutó el otro, muy alterado —. En ése momento no tuve otra opción.

    Ian pudo darse cuenta de que estaba muy cerca de llegar al meollo del asunto entre ambos chicos, lo cual ya era un avance para él. Lo que no pensaba desaprovechar en lo absoluto, era el conocer la promesa que hicieran ellos, mientras se hallaban cautivos en el “criadero”, en donde -según lo que había escuchado de boca de Karen Johnson- Fitzpatrick entrenaba a los niños que tenían ahí, para que fueran sicarios al servicio de “La Estrella del Norte”. Y fue por eso mismo que lanzó al aire su siguiente pregunta para ellos:

    —¿Alguno de ustedes me puede aclarar de qué promesa hablan?

    —Hicimos la promesa de hacer caer a la organización, para que ningún otro niño o niña tuviera que pasar por lo mismo que nosotros —respondió Troy, con cierto desgano —. Eso fue cuando teníamos unos diez y once años, respectivamente, mientras estábamos en medio de uno de los castigos que imponía Fitzpatrick a los chicos que no cumplían del todo con sus entrenamientos, como pasar un día entero sin comer, o una noche completa afuera, en una jaula, a merced del frío.

    —Pero ninguno de ésos castigos era suficiente para poder doblegar a Troy —interrumpió Lance, para luego agregar —. Su verdadero punto débil era que él le tenía pánico a estar encerrado, en cuanto lo descubrió, lo llevó al “Cuarto Oscuro”, una habitación de 2 metros cuadrados, que contaba apenas con un pequeño ducto de aire, una cama de piedra y un viejo inodoro, que se encontraba en la planta más baja del “criadero”, por lo que no contaba con puertas ni ventanas.

    —¿Eso qué tiene que ver? —le preguntó Sean, pues pensaba que le estaba dando muchas vueltas a eso.

    —Porque la primera vez que Fitzpatrick nos encerró en ése lugar, que la hicimos —fue la respuesta de Troy.

    —Troy estaba realmente muy alterado y asustado ése día, nunca lo había visto así antes —comentó Lance, recordando lo que había pasado en aquella ocasión —. Fue por eso que le prometí que acabaríamos con ésa organización, para que pudiéramos ser libres cuando eso sucediera, que era lo que ambos deseábamos con todo nuestro ser, desde que nos llevaron allí.

    Mientras escuchaba hablar a Lance, Troy se sumergió en sus pensamientos, recordando lo que sucedió después de ésa noche. Desde entonces, tanto él como Lance, impulsados por la promesa realizada por ambos, y la esperanza de llevar la misma a cabo en el futuro, tuvieron una motivación lo suficientemente fuerte para soportar las duras jornadas de entrenamiento, así como los terribles castigos que les daban, buscando doblegar su carácter, con el fin de que aceptaran el que parecía su único y cruel destino: convertirse en uno de los sicarios de la “Estrella del Norte”, contra lo que los dos chicos lucharon durante mucho tiempo, mano a mano.

    No obstante, tuvo que volver a la realidad cuando escuchó a Sean preguntarle a ambos, muy intrigado por lo que habría sucedido después, lo siguiente:

    —¿Por qué fue que ustedes se pelearon?

    —Todo sucedió hace ya cinco años, durante el “Gran Torneo” —fue la respuesta de Lance, quien se notaba muy serio.

    —¿A qué te refieres con eso del “Gran Torneo”, Lance? —le preguntó Ian, ya que él quería que le diera más detalles al respecto.

    —En el “criadero”, año tras año, se lleva a cabo una especie de torneo, entre los chicos y chicas que llegaban a la edad de quince o dieciséis años —relató Lance, que seguía muy serio —. El mismo era conocido entre todos los que estábamos en ése lugar como “El Gran Torneo”, Troy y yo participamos ése año, al igual que Zack y otros chicos más. Ojalá no hubiese sido así, todo sería diferente.

    —Aquel evento duraba tres días, en los dos primeros, se tomaban en cuenta a los que se desenvolvían mejor, de forma general, en varias pruebas —continuó Troy —. Tiro con armas de fuego, uso de armas blancas, estrategias para resolver un enfrentamiento y cosas similares. El problema se dió cuando se eligió a los que pasarían a la última prueba, que fueron una chica, llamada Erin, Zack, Lance y yo.

    —¿Y qué sucedió ése día? —siguió Ian, indagando cada vez más en su búsqueda de respuestas sobre lo ocurrido entre ambos jóvenes.

    —Habrían dos duelos, elegidos por “sorteo”, por parte de Fitzpatrick —le explicó Troy a sus compañeros.

    Hizo hincapié en la palabra sorteo, pues luego se descubriría para ambos la verdadera intención que tenía ése hombre para ellos dos aquel día. Ninguno de los dos alcanzó a dar con la conclusión acerca de ello, hasta que, finalmente Lance aclaró sus dudas, con algo que hizo palidecer a los dos mayores, sólo al escuchar de lo que se trataba:

    —La selección por sorteo dió como resultado que Zack y Erin se enfrentarían en uno de los duelos, mientras Troy y yo lo haríamos en el otro. No se vería como algo malo, de no ser por el pequeño detalle de que eran duelos a muerte.

    —Primero se llevó a cabo el duelo entre Zack y Erin —comentó Troy, con un tono de voz que dejó ver su tristeza —. Zack es un idiota, pero no se tentó el corazón para asesinarla, y de ése modo, pasó a trabajar para la organización. Lo peor es que no pudimos hacer nada al respecto para salvar su vida, me sentí como un inútil.

    —Eso no era lo peor —le recalcó Lance —, después de ellos venía el enfrentamiento entre nosotros dos. Ése era el plato fuerte para Fitzpatrick: los dos éramos amigos, y quienllegara a acabar con el otro, sería una excelente adquisición para la organización, pues demostraría ser un asesino a sangre fría, en toda la extensión de la palabra.

    —¿Quería que se mataran entre ustedes? —preguntó Sean, descolocado por lo que acababa de escuchar de labios de ése chico —. La verdad es que ése Fitzpatrick es un tipo de cuidado, el que cumplieran con ésa prueba era muy duro para ambos, y no le importaba nada, sólo buscaba más hombres.

    —Pero siguen con vida… ¿Por qué? —les preguntó Ian, un poco confundido, ante lo que les habían contado los muchachos, ya que, en ése sentido, uno de los dos debería haber muerto.

    —Porque cuando estábamos allí en el ring de pelea, apenas se le diera inicio a ése enfrentamiento, yo me negué a matar a Lance —fue la respuesta del chico, que luego agregó —. Jacob intentó persuadirme de todos los modos posibles, para que lo hiciera, pero fue en vano.

    —Después lo intentó conmigo, pero yo tampoco quise hacerle daño a Troy —siguió Lance —. ¡Él era mi mejor amigo!

    —¿Tu mejor amigo? —le increpó Troy, furioso ante lo que acababa de oír —. Mejor cállate, Lance, no seas hipócrita.

    —Piensa lo que quieras, pero, por muy terrible que parezca, así es, Troy —fue lo que le respondió Lance, más sereno —. Y gracias a eso, es que no moriste después de no querer cumplir con el reto del duelo a muerte.

    —No te creo nada —le dijo Troy, que seguía muy molesto, aunque ciertamente lo que le dijera su viejo amigo fue algo que le sorprendió.

    —Bien, bien, chicos —les dijo Ian, viendo que los ánimos se estaban caldeando entre ambos, otra vez, para que los dos se tranquilizaran.

    Sin embargo, al igual que a Troy, a él también le extrañó mucho lo último que él le dijera a su amigo, pues sentía que era sincero, lo cual le generó dudas, y también pensó seriamente en preguntarle el por qué había dicho eso, movido fuertemente por la curiosidad, pero prefirió contener sus impulsos, por lo no lo dijo abiertamente, para que el rubio no se llegara a molestar si lo hacía. Pero no contaba con que Sean sería el que rompería la tensión del momento, cuando le hizo a Troy y a Lance una propuesta, pues tenía una idea para ver si podía desenmarañar todo aquel embrollo finalmente, ya que quería que fuera lo antes posible:

    —Tengo una idea, muchachos. ¿Por qué no me cuenta cada uno, por su cuenta, lo que sucedió luego de que no se enfrentaran a duelo, como buscaba Fitzpatrick?

    El primero en hablar con respecto a ése tema fue Lance, que le dijo a Sean lo siguiente:

    —Después de que todo acabó, me llevaron a una sala, apartado del resto de la gente —relató Lance, muy serio —. Allí se apareció Fitzpatrick, me dijo que por tu culpa, no se había podido reclutar al otro sicario que buscaba para la organización, y que, con el fin de evitar alzamientos futuros entre los otros chicos del “criadero”, te iban a matar, que Irina era la que se haría cargo de eso.

    —Pues accediste a su chantaje, eso era lo que él quería —objetó Troy, muy serio —. Debiste negarte a eso, Lance.

    —¿Qué querías entonces? —le cuestionó Lance a su vez, muy alterado —¿Que te dejara morir a manos de Irina, como castigo por tu osadía de no cumplir con el reto del duelo a muerte, Troy? Fitzpatrick me obligó a unirme a su grupo de sicarios, y lo hice porque era la única forma en la que salvaría tu vida.

    —¿Y qué te garantizaba que Fitzpatrick quisiera acabar conmigo en ése momento? —le preguntó él, muy molesto.

    —¿Por qué lo dices, Troy? —le preguntó Lance, a su vez, un poco extrañado, pues no sabía de lo que hablaba con exactitud.

    —A que por mi lado, las cosas no fueron tan diferentes en verdad —le comentó Troy, muy serio —. Jacob me llevó a otra sala, y allí me contó que te habías unido como sicario a la organización, así fue como me enteré de lo sucedido, y después de todo, él me cobró por su cuenta por lo ocurrido. Me dió una golpiza terrible, después de lo que pasó, y estuve apartado de todo el grupo por varios días, sobre todo, porque estaba en muy mal estado, y cuando me dejaron salir, al estar un poco más recuperado; lo cual fue porque Johnson había concertado con el hombre que me enviaran a IEPCOM, lo cual sucedió unos días después de eso.

    Fue entonces que Troy reflexionó acerca de lo ocurrido, por lo que cayó en cuenta de que todo aquello había sido por culpa de Fitzpatrick, quien se había aprovechado de lo sucedido anteriormente entre ambos, para separarlos, en base a verdades a medias y manipulaciones de su parte, logrando así que se pusieran uno en contra del otro, ya que él conocía muy bien los puntos débiles de ambos, lo cual se debía a que había sido su entrenador, durante mucho tiempo. Ése había sido un golpe muy duro para él, porque el hecho de perder a su único amigo y aliado en su plan de acabar con “La Estrella del Norte”, lo dejaba completamente sólo en busca de dicha meta, pero a pesar de todo, no se rindió, y ahora que sabía que su amigo tampoco lo había hecho, a diferencia de lo que le habían hecho creer, porque Lance, aunque sí se había unido a las filas de dicha organización, había sido bajo la coacción del policía, la cual le dió buen resultado.

    Y de repente, lo abrazó con fuerza, mientras se forzaba a sí mismo a no llorar, pues estaba muy arrepentido por la manera en que lo había tratado, desde que supo de su traición a su promesa, pues el conocer el verdadero motivo por el que lo había hecho, le hizo ver que todo eso iba mucho más allá de un pacto, pues se trataba de un gesto de amistad verdadera de parte de él. Por eso se disculpó con su amigo, diciéndole, muy apenado:
    :
    —Lo lamento mucho, Lance. He sido muy duro contigo, desde que supe lo que hiciste, pero me dolió mucho que me dejaras sólo y, por mi terquedad, no fui capaz de darte siquiera una oportunidad para que me contaras la verdad de todo. Fuí un tonto, perdoname.

    —Y yo también te quisiera pedir disculpas —recalcó a su vez el otro, más aliviado por haber aclarado todo con él —. La verdad es que, de no haber sido por lo que está pasando ahora, yo no tendría el valor de enfrentarme contigo, me daba mucha vergüenza en realidad.

    — Todo esto fue por mi culpa, no debí involucrarte en mis planes, estarías mejor, de no ser por eso, no habrías pasado por...

    —No te preocupes por eso —le dijo él, con una leve sonrisa —. Todo eso fue compensado con creces el día en el que escapaste del “criadero”, yo sabía muy bien que Zack no podría hacerte frente, a pesar de que estabas muy débil, porque siempre fuiste muy listo.

    —Entonces te debo una, ¿eh?

    Ése agradecimiento de su parte, fue porque de ése modo, el otro le dejó entrever que lo había dejado sólo con Zack en ésa ocasión, a propósito, para que pudiera escapar del “criadero”.

    —No fue nada, todo eso lo disfruté muchísimo —le dijo Lance, mientras se esbozaba una sonrisa pícara en su rostro—. Era lo menos que podía hacer por ti.

    —¡Misión cumplida! —celebró Ian, mucho más aliviado por haber ayudado a los dos menores a resolver sus diferencias —. Pero aún tengo una duda… ¿Cómo fue que te contactaste con Louie, Lance?

    —Después de lo que sucedió en el “criadero”, tomé la decisión de dejar el lugar, renunciando al trabajo al que me había dedicado por un tiempo —fue su respuesta —. Estuve manteniendo un perfil bajo por unos meses, hasta que un día, me puse en marcha para tratar de liberar a los chicos que se encontraban cautivos allá aún, necesitaba recursos para ello, y busqué ayuda de un lugar a otro, hasta que dí con Mc Keller. No fue sencillo convencerlo de que ya no era parte de “La Estrella del Norte”, cosa que él sabía porque le estaba siguiendo los pasos a Van Slyke, desde hacía mucho tiempo, pero me gané su confianza, y me volví su mano derecha.

    —Ahora estamos tan cerca de cumplir ésa promesa —concluyó Troy, con cierto pesar, al recordar lo que estaba sucediendo con Megan y la Doctora Johnson —. Pero tengo miedo por cómo acabará todo, hay muchas cosas en riesgo.

    —Lo sé —concordó su amigo, muy serio —. Pero no nos podemos dar por vencidos, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para que ellos finalmente paguen por todo el mal que han causado.

    Aquella conversación entre ambos jóvenes culminó con un apretón de manos, el cual tomaron como una reafirmación de su amistad, que habían mantenido desde la infancia, la cual se vió fracturada por algo que no podían evitar, y que por la intransigencia de Troy, no había podido resurgir. Pero Lance aún tenía la esperanza de que, al saber la verdad de todo, su viejo amigo lo perdonara por el error que había cometido en el pasado, lo cual había ocurrido finalmente, por lo que estaba muy feliz. Y había sucedido algo similar con respecto a la promesa que se hicieran, hacía ya mucho tiempo atrás. Un pacto que había sido puesto a prueba, de las peores formas, tanto física como mentalmente, pero que a pesar de todo, había logrado resistir los embates de la adversidad. Pero ahora estaban dispuestos a todo, con tal de cumplir con su palabra, y ser libres, para cerrar ése ciclo por fin.

    Continuará…


    Nota de Autor:

    Lamento mucho la demora entre la anterior actualización y ésta, es mucho tiempo, pero les pido paciencia, no me he olvidado de ésta historia. Espero que la musa no me abandone tan seguido, me cuenta mucho de un tiempo para acá el planear bien un capítulo, pero ahí voy.

    Espero que estén bien.

    Nos leemos luego.
     
  5. Threadmarks: Capítulo XX: Un Peligro Latente
     
    Niani

    Niani Escritora Novata

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    La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era
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    Capítulo XX:

    Un Peligro Latente

    Poco después de la partida de Louis McKeller de la casa de Garrett, Sean se percató de que el teléfono satelital que llevaba consigo -que el hacker le había entregado unas horas antes, en el sótano de aquella vivienda, para que se comunicara con sus superiores de la Brigada de Liberación-, comenzó a sonar de repente, una y otra vez. Él estaba esperando noticias de parte de Shirley y Tea, sobre todo, lo que tuviera relación con el plan del Coronel Hatthaway para retomar el control del Cuartel General, en Carson City, puesto que en aquel momento, él les había hecho saber que había dado con el paradero de Megan Knox, además de haberse reunido con Troy en ése lugar.

    Al notar eso, se apartó un poco del resto del grupo, ya que estaban ocupados en hallar alguna manera de rescatar a la chica de las garras de su ex pareja, que era su principal interés, sin embargo, cuando revisó el número, no lo reconoció, cosa que se le hizo muy extraño. Eso se debía a que no era el de ninguna de sus compañeras de la Brigada, a quienes conocía bastante bien, y sabía que no solían mantener comunicación con ninguno de sus miembros, si no era con teléfonos satelitales -ya que no eran fáciles de rastrear por la Policía Central-, aunque se dispuso a contestar la llamada, para confirmar si se trataba de un engaño.

    —¡Sean, por fin contestas! —oyó una voz femenina, que asoció a Tea, que se notaba un poco agitada.

    —¿Eres tú, Tea?

    —¡Claro que sí, Sean! Lo que pasa es que estoy usando el celular de la señora Janet, que está conmigo —fue la respuesta que le dió la joven —. Tengo que contarte algo muy importante, se trata de Katherine.

    —No tengo tiempo para hablar de ella, Tea. Hay cosas más graves que están sucediendo ahora.

    —¿A qué te refieres con eso? —preguntó ella, preocupada, porque el tono de voz del otro era muy serio.

    —Secuestraron a la Doctora Jhonson y a Megan Knox. Parece ser que es un viejo conocido de ellos... no sé bien.

    —¡¿Qué dices?! —se cuestionó Tea, muy alterada ante semejante noticias —. Adiós a nuestro plan de acabar con Fitzpatrick entonces, esto es terrible, aún peor de lo que nos pasó a nosotros...

    —¿Y qué fue lo que pasó?

    —Cuando íbamos en camino al lugar que nos indicaste, fuimos interceptados por los sicarios de Fitzpatrick —relató la chica —. Nos enfrentamos a ellos, pero en medio de todo, descubrimos que Katherine y Trent eran infiltrados de ése tipo en la Brigada. En verdad son otros de los sicarios que trabajan para él, seguramente su tarea era sacar información del Coronel Hatthaway, o del Cuartel General, que le sirviera para el ataque del Escuadrón Alfa.

    Sean quedó atónito al escuchar lo que le dijo la joven, y fue entonces, que él comprendió que ella quería contarle sobre ése asunto, apenas contestó el teléfono.

    —Nos derrotaron a todos, capturaron al resto del equipo y a Shirley —prosiguió Tea con el relato —. De no ser por la señora Janet, estaría sola en medio de la nada... ¡Son unos desconocidos!

    —Me dejas sin palabras, nunca creí que Katherine, o Trent fueran parte de esa red criminal.

    —Y eso no es lo peor —agregó Tea —. Estoy casi segura de que ése grupo de sicarios ahora se dirige a dónde están ustedes ahora.

    —¿Cómo es posible eso?

    —Parece ser que ése hombre ya sabía sobre el escondite de Megan Knox, pero estaba esperando la ocasión para acabar con ella y sus colaboradores —argumentó ella —. Y me preocupa Troy, porque creo que los líderes de esos matones piensan matarlo...

    —A mí no me preocupa eso realmente. Troy intentó detener por sus propios medios al sujeto que secuestró a Megan y a la Doctora Jhonson, pero no lo logró. Está devastado, creo que ahora es capaz de cometer cualquier locura.

    —Esto no pinta para nada bien —comentó Tea, que mantenía el tono serio en su voz —. Troy es amigo de ésa mujer y sus colaboradores, pero es mucho más cercano a ella, según me llegó a comentar, antes de que el grupo se separara.

    —Debemos impedir que esos sicarios se salgan con la suya, si llegan a hacerles daño, no serán buenas noticias para el Coronel Hathaway.

    Tea podía comprender lo que sentía su amigo de la infancia, debido a que ella misma acababa de pasar por algo similar, cuando Shirley le diera la orden de escapar de los sicarios de Fitzpatrick al ver que no podrían derrotarlos. Por ésa misma razón, se estaba comunicando con él, con la intención de darle aviso acerca del que sería el siguiente paso del plan que quería llevar a cabo el Jefe de la Policía Central, para acabar con todos los que pudieran dar a conocer su relación con la "Estrella del Norte", la organización criminal que lideraba hacia un tiempo ya, en un futuro. Lo único que no le cuadraba de ése asunto era... ¿Cómo le podía afectar aquello al líder de la Brigada de Liberación? Sí, Megan Knox estaba buscando el modo de hacer que ése hombre y sus secuaces pagaran por los delitos que habían cometido, así que le preguntó a Sean por eso mismo, sin imaginar siquiera la respuesta que recibiría de parte del joven Sargento, un momento después:

    —Tiene que ver con la misión que les había dado el Coronel a ti y a Shirley. Una de las personas que colaboran con la Doctora Knox es su hija.

    —¡¿Pero qué rayos estás diciendo?! —espetó Tea, completamente sorprendida por lo que acababa de escuchar —. Entonces todo esto no es más que un ataque contra el Coronel, ése Fitzpatrick está haciendo una jugada muy sucia.

    —Es lo más probable, por eso, creo que deberías darte prisa en llegar aquí. ¿Tienes la dirección que les dí antes de la emboscada?

    —Sí, ya vamos en camino para allá —respondió ella, con voz firme —. No te preocupes por eso.

    —Te espero entonces, Tea.

    Colgó el teléfono, con un gesto de presentación claro en su rostro, pues pensaba en si los que estaban en ésa vivienda serían lo suficientemente capaces de enfrentar a los asesinos que el Jefe de la Policía Central había enviado hasta allí, con la misión de matar a los colaboradores de Megan. No dudaba de ellos, ni de sus buenas intenciones, mucho menos de Troy, quien ya había tratado de detener a la mano derecha de Van Slyke, en su afán de llevarse consigo a la mujer -además de atrapar a la Doctora Jhonson, que también era pieza clave en sus planes de desenmascarar a ambos hombres- sin éxito, al haberse entregado a él, para salvar al menor. Pero la situación en ése momento no podía estar más cuesta arriba para todos ellos, estaban prácticamente solos.

    Iba ya a reunirse con el grupo, pero en ése momento se topó frente a frente con Cloe, que lo miró fijamente a los ojos por un instante, y luego, casi adivinando lo que había sucedido, le preguntó:

    —Vienen por nosotros... ¿No es cierto?

    —Así es, señorita Hathaway —confirmó el joven, con cierto desgano —. Fitzpatrick dió la orden a unos de sus sicarios de que vinieran por ustedes.

    —¿Y qué hay de la comitiva que venía en camino?

    —Fue emboscada por sus hombres, mientras se dirigían para acá —explicó él, manteniendo la calma, pues creía que la joven reaccionaría muy mal al estar al tanto de tal peligro,.

    Enterarse de lo que sucedía fue un golpe duro para ella, mas no era algo que la joven científica no hubiese previsto que sucediera ya, debido a que, si ya era peligroso para su persona ser familiar del Coronel Hathaway, el líder de la Brigada de Liberación, único frente que buscaba detener a los cabecillas de la "Estrella del Norte", a eso se le sumaba el hecho de que, al aliarse con Megan Knox, para tratar de frustrar los planes de Karen Jhonson en la compañía IEPCOM, hacía ya cinco años atrás, era sólo cuestión de tiempo para que eso sucediera. No se podía mostrar triste, ni desanimada, tenía que ser fuerte, y dejar su carácter tranquilo y su sentimentalismo de lado, cosa que lo hizo ver al chico después:

    —Vamos a la casa, Sean, debemos hablar con los chicos de éste asunto.

    Él se limitó a asentir, para luego acompañarla al interior de la vivienda. Apenas habían cruzado el dintel de la puerta de entrada, cuando ya Stuart, viendo sus caras de preocupación, presintió aquella amenaza futura, no obstante, dejó que ella y Sean les dieran la información a todos los que se encontraban allí; dejando ver en todos ellos el miedo y la incertidumbre, ya que no tenían idea de qué hacer, se sentían perdidos, sin rumbo alguno.

    Cloe le propuso lo siguiente a todos los que se hallaban en la casa junto a ellos:

    —Garrett, sería buena idea que nos resguardemos en el sótano, y que también llevaras Alli a tu madre, al Doctor Sanders, a Sadako y a Troy.

    —¡Pero yo puedo pelear contra esos sicarios, Cloe! —protestó la muchacha, fastidiada —. No me parece justo.

    —Por mi parte, no puedo aceptar eso —fue lo que dijo el rubio —. Yo los esperaré afuera, total, tenemos una cuenta pendiente.

    —Troy, yo estoy de acuerdo con la joven —le refutó Bernard, usando un tono de voz suave, buscando conciliar con él —. Tú estás herido, no estás en condiciones de enfrentar a unos asesinos entrenados, no seas terco, mantente a salvo.

    —Los que irán al sótano serán tú, Blake y Nolee —le dijo el menor, muy serio —. No quisiera que les pasara algo malo por mi culpa, además, Ian y Lance también saben pelear, ¿no es verdad, Sean?

    —Seguro que sí, Troy —respondió el aludido, aunque se notaba un poco nervioso.

    —Troy, por favor, no lo hagas —le pidió su hermana mayor, que se había mantenido en silencio hasta ése momento —. No sé qué haría si te llegara a pasar algo malo, eres mi hermanito, te acabo de conocer y no me agrada que estés en peligro. Ven con nosotros, estarás más seguro.

    —Lo siento, Nolee, pero no puedo hacerlo —fue su respuesta —. Debo ir a enfrentar a esos tipos, precisamente para evitar que lleguen a hacerle daño a mis amigos, mucho menos a ti. Ya tengo suficiente con no haber podido proteger a Megan de ése matón que se la llevó, junto a Jhonson.

    No quedaba mucho más por hacer, así que todos los mencionados por Cloe fueron al sótano, con la intención de resguardarse, junto a ella, a Garrett y a Stuart, quienes eran los objetivos principales del ataque que planeaba Fitzpatrick, incluída Sadako, que aunque siguió reclamando por la medida que estaba tomando su mentora,, sabía que eso no serviría de nada, y se resignó a obedecer. Por su parte, Troy fue con Sean, para que le contara a Lance sobre lo que planeaba el Jefe de la Policía Central contra sus amigos; pero en cuanto el miembro de la Brigada de Liberación se fue de allí, en busca de Ian y de Jenna, para hacerles saber lo que pasaba, su viejo amigo le insinuó, con algo de picardía en su voz, pues se imaginaba que esos sicarios eran Ken y Zack, sus viejos compañeros:

    —Parece que al fin tendremos nuestra revancha, ¿no es así, amigo?

    —Eso creo, Lance —afirmó Troy, mirando hacia la calle, en espera de su llegada —. Y ésta vez, las cosas serán diferentes.

    Continuará...
     
    Última edición: 6 Febrero 2025
  6. Threadmarks: Capítulo XXI: Una Cena Especial
     
    Niani

    Niani Escritora Novata

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    Capítulo XXI:

    Una Cena Especial
    Van Slyke se dirigía a su casa en la ciudad de Santa Leah, después de haber intentado entrar a la sesión del Consejo de San Ángelo de ése día, sin éxito, y aunque estaba muy molesto por la forma en como lo habían tratado en la entrada. Fantaseaba con lo primero que haría al ser el gobernante de su nación: echar como perros a los encargados de la seguridad de la “Casona Esmeralda”, como escarmiento por su osadía; y no veía la hora en que su mayor anhelo se hiciera una realidad tangible ante sus ojos.

    Al llegar a su vivienda, lo primero que hizo fue estacionar su auto en el garaje de la misma, junto a los demás vehículos que eran de su propiedad, que si bien no eran muchos, eran lo suficientemente valiosos como para formar parte de cualquier colección. Al descender de su Camaro, no pudo evitar echarle un vistazo a uno de los automotores que se encontraban allí. Se trataba de un Kaiser Manhattan descapotable, del año 1954, el cual era muy especial para él, por haber sido el regalo de bodas que le hiciera a su difunta esposa, y que ahora su hija Nolee usaba para trasladarse por la ciudad, por lo que le dió algo de nostalgia el verlo allí, sin la rubia cerca, pues era muy preciado para ella, y lo invadió una gran tristeza, porque sabía que ella difícilmente iba a volver, y sólo le quedaría consolarse con su recuerdo.

    Un momento después, oyó una voz cerca de él, y pudo distinguir a una mujer, de unos sesenta años de edad, de ojos verdes -requisito indispensable para trabajar con la familia-, con el cabello prácticamente blanco, a causa de sus canas, de 1, 65 de estatura, piel blanca y, aunque ya era alguien mayor, se seguía conservando relativamente bien; el último detalle era que llevaba puesto un vestido negro, de falda y mangas largas.
    Para él era imposible no reconocerla, pues la conocía de toda la vida.

    Su nombre era Olivia Ulrich, era el Ama de Llaves de la casa Van Slyke -además de una de las dos empleadas de la familia, junto a Helen, la muchacha del servicio-, y en el pasado fue su nana, desde que era muy pequeño. Estaba en la entrada de dicha vivienda, esperando a que volviera, y lo recibió con las siguientes palabras:

    —Bienvenido a casa, señor Van Slyke.

    —Gracias, nana —le dijo Alden, para luego esbozar una sonrisa y preguntarle—. ¿Cuántas veces debo decirte que no es necesario que me llames “señor”?

    —Podría, pero prefiero que las cosas se mantengan así, señor. Conozco perfectamente mi rol en ésta casa.

    Eso Alden lo sabía mejor que nadie, y por eso mismo, ésa mujer era la persona en la que más confiaba en todo el mundo, al ser casi su segunda madre.

    —¿Dónde estabas en la tarde? —le preguntó él, un poco extrañado, porque no la había visto en el aeropuerto, al momento de su llegada.

    —Discúlpeme por no haberlo recibido cuando llegó a la ciudad, señor. La señorita Mía insistió en ir sola al aeropuerto y me ocupé de algunas cosas en la casa.

    —Pierde cuidado, Olivia —dijo él, con tono sereno —. Espero que todo haya estado en orden durante mi ausencia.

    —No tenía ni que pedirlo, señor. Siempre estaré a su completa disposición. Espero que su viaje haya sido fructífero.

    —No tanto, nana —le comentó el hombre, que se veía preocupado —. Nolee no quiso volver conmigo...

    —Sólo espero que el motivo de su negativa a volver haya sido por culpa de ése insecto miserable, señor.

    Nada más decir ésas palabras, el gesto en el rostro de Alden se endureció. El sólo pensar en lo que había sucedido con Nolee en la casa donde se hospedaba en la ciudad de Los Angeles lo llenaba de dolor, el cual se había transformado en una inmensa furia, que consumía cada parte de su ser. Había pasado tanto tiempo, buscando mantener a su hija por fuera de sus asuntos ilegales, y de repente, de un momento a otro, todo su esfuerzo se había ido por un caño, y de su familia sólo quedaba un simple recuerdo. Todo por culpa de ése “insecto” -como solía llamarlo su nana-, un poseedor de la “maldición”, al que nunca aceptaría como su hijo menor, ya que no tenía cabida en su vida, lo repudiada desde lo más profundo de su corazón, y lo único que esperaba era que muriera, pues desde un inicio, nunca debió existir, y el que naciera sólo fue producto de un tonto capricho de su mujer.

    Fue entonces que, advirtiendo que había cometido una terrible imprudencia, la anciana se apresuró en pedirle perdón a su patrón:

    —Me disculpo por mi comentario, señor. Yo no...

    —No te preocupes, nana —la interrumpió el hombre, muy serio —. Ya me ocuparé de ése asunto, así tenga que hacerlo con mis propias manos.

    Acto seguido, se acercó a la mujer, y cuando la tuvo a su lado, le preguntó en voz baja, cuidando que nadie los llegara a escuchar:

    —Por otro lado... Cómo va nuestro asunto privado, Olivia?

    —Todo en orden, señor —respondió la mujer, casi en un susurro.

    —¿Nadie ha sospechado nada?

    —No, nadie —confirmó la mujer, que después esbozó una sonrisa maliciosa.

    Después de eso, él se dispuso a entrar a la casa, y la mujer lo acompañó, pero se fue casi de inmediato a su habitación, pues le dolía la cabeza y quería descansar. Por su parte, Alden se encontró con que en el comedor de la misma había dos puestos preparados, por lo que se dió cuenta de que su sobrina le había mandado a preparar una cena especial, y lo primero que se preguntó fue: “¿Qué idea loca habrá tenido ahora mi querida sobrina?”, pues sabía muy bien que ella era alguien muy detallista, aunque la mayoría de las veces, sus atenciones eran para pedirle cosas, por lo que pensó: “¿Va a pedirme algo? Espero que si se trata de eso, no sea muy costoso”. Eso por el hecho de que Mía tenía gustos muy refinados para todo, lo cual para el hombre se traducía en que le gustaban las cosas caras, y en algunas ocasiones, demasiado.

    Antes de que pudiera siquiera preguntar por la razón de todo aquello, la chica le dijo, muy animada:

    —Ya que no pudimos almorzar juntos, espero que al menos, podamos cenar en familia, tío Alden. Le dí instrucciones a Helen, de que preparara tu plato favorito.

    —De acuerdo, Mía —dijo el hombre, quien, aunque no estaba de humor para nada, no quiso hacerle un desaire a la chica.

    Ambos se sentaron a la mesa, por lo que la menor llamó a Helen, que era una joven de poco más de veinticinco años, de 1,65 de estatura, de complexión algo robusta, piel blanca y cabello negro, además de que tenía ojos verdes, su tarea era ocuparse de los quehaceres de la vivienda, aparte de preparar la comida para todos allá. Le sirvió una ensalada César a Mía, a su vez que servía un filete de trucha, acompañado de papas asadas y un poco de salsa Meunière. Un momento después, la sirvienta les preguntó, mientras sonreía levemente:

    —¿Piensan acompañar su cena con vino blanco?

    —Sí, por favor —respondió Mía.

    —Por mi parte no, gracias —dijo Van Slyke, cortante.

    —Iré por la botella entonces, vuelvo en un momento.

    Helen -tal cual como había dicho- fue al salón de vinos, de donde tomó una de las botellas que su empleador tenía guardadas en el mismo y regresó al comedor rápidamente. Ya allí, le sirvió un poco de vino a la joven, para después dejar la botella sobre la mesa, y se marchó, a continuar con sus labores, pues sabía que Van Slyke no era alguien a quien le interesara mantener mucho trató con la servidumbre, a menos de que se tratara de Olivia, que llevaba mucho tiempo trabajando con la familia, y sabía que lo mejor era mantener la distancia con la familia. La excepción de la regla era Nolee, que era más cercana en su trato con la gente, sin importar si tenía buena posición económica o no.

    Mientras comían, Alden no podía dejar de mirar su teléfono celular, pues seguía esperando a que Marcus o Jacob se comunicaran con él, puesto a que ya llevaba un tiempo sin saber nada de ellos -cosa que lo desesperaba sobremanera-. Con respecto a Marcus, estaba más tranquilo, ya que sabía perfectamente que, al haberle dado el“ permiso” de ir por Megan Knox después de encontrar a la Doctora Jhonson, podía dar por hecho que lo haría, tarde o temprano, pero aún así, le inquietaba no saber nada de ésa mujer, ya que era su principal obstáculo para lograr su objetivo de tomar el poder en San Ángelo. Además de que también estaba al pendiente de lo que sucediera con los colaboradores de la joven, pues quería asegurarse de no dejar ningún cabo suelto, que pudiera perjudicarlo a futuro.

    Pero tuvo que dejar de pensar en eso, cuando oyó que la joven dijo, con cierto dejo de fastidio en su voz:

    —Tío Alden, estamos cenando. ¿Podrías dejar de mirar tu teléfono por un momento y comer, por favor?

    —¿Y cuál es el problema con eso? —le preguntó él, un poco fastidiado.

    —¡Que todo el tiempo estás ocupado en algo! —exclamó la joven, con cierto desgano, para luego agregar —. Si no estás en la prisión de Santa Leah, que ya es lo suficientemente peligroso, pienso yo; vas a las reuniones del Consejo de San Ángelo... ¿A qué? Se supone que eres el ex-presidente del país, no hace falta que estés ahí.

    Alden no le dió mucha importancia a ése comentario, ya que era normal para él que su sobrina hiciera esos “berrinches” y aspavientos, en busca de atención. La gran diferencia entre ella y su hija, era que Nolee siempre fue más madura emocionalmente, aunque a veces se comportara como alguien distante, sobre todo con cosas que no le parecieran interesantes; mientras que su sobrina era una muchacha consentida, un poco impulsiva, que se concentraba más en trivialidades que en cosas serias, aunque lo admiraba, por su tenacidad y constancia, cualidades que lo habían llevado a ser una de las personas más respetadas en su país, cosa que su hija también hacía -antes de saber la verdad-, pero más por el hecho de ser un buen padre para ella, a pesar de todo lo que le había pasado en la vida, en el ámbito personal.

    —Y gracias a eso, es que a ti y a tu prima nunca les ha faltado nada —comentó Van Slyke, muy serio.

    —No quiero que te enojes conmigo, tío. Pero es que ni siquiera ahora dejas de pensar en el trabajo. Yo creo que sería muy bueno que tú, mi prima y yo nos vayamos de vacaciones al extranjero por unos días, en cuanto ella regrese, claro, y relajarnos un poco.

    —Mañana iré a la “Casona Esmeralda”, a la reunión que tendrá el Consejo de San Ángelo —dino el mayor, con un tono de voz cortante, buscando cambiar el tema—. Debo estar al tanto de lo que se decida acerca de la “Ley de División” en sus sesiones, Mía.

    La chica hizo un ademán de molestia al escuchar eso, lo cual se debía a que odiaba todo lo que estuviera relacionado con temas políticos y legales, por lo que decidió no hacer ningún comentario al respecto, para no molestar a su tío. Comieron lo que les había servido Helen, y justo antes de que el hombre se dispusiera a levantarse de la mesa, ella se apresuró en comentarle, un poco apenada:

    —Tío, te quería pedir un favor. Es que quisiera que mañana me llevaras a la universidad, no me gustaría perder ninguna de mis clases de hoy, por llegar tarde.

    —¿Y por qué no vas en el auto de Nolee? —cuestionó Van Slyke, un poco fastidiado.

    Su sobrina se sorprendió un poco al escuchar ésa pregunta de parte de su tío, pero alcanzó a responder lo siguiente, aunque se notaba un poco nerviosa:

    —Nolee es muy celosa con sus cosas, sobre todo con su auto. No me gustaría tener problemas con mi prima por usarlo durante su ausencia. Como ése auto era de mi tía Tara...

    El mayor se quedó en silencio absoluto, apenas oyó el nombre de su ex-esposa de labios de la joven. Él sabía que su hija siempre preservó el recuerdo de Tara como algo muy puro, casi sagrado, añorando el haber podido compartir su vida con ella, pero con la certeza de que eso sería imposible. Y aunque sentía que la mujer no merecía esa devoción por parte de su hija -porque los había abandonado-, no quiso revelarle la verdad, porque no quería provocarle un sufrimiento tan grande como ése. Por eso mismo, le hizo creer que ella había muerto cuando tenía tres años de edad, como consecuencia de un embarazo de alto riesgo, al momento de dar a luz , en el que también había fallecido la criatura que llevaba en el vientre.

    Para él, su hija era su mayor orgullo y la luz de sus ojos, a la que se dedicó por completo, en cuerpo y alma, sobre todo desde el momento de lo ocurrido con su madre, dándole la mejor calidad de vida posible, llena de lujos y brindándole todo el amor que su herido corazón tenía por entregar. Lo peor de todo era que la historia se estaba repitiendo ante sus ojos, por el hecho de que su adorada Nolee, también lo había hecho a un lado, además de que lo odiaba por haberle mentido acerca de la supuesta muerte de su madre, cuando era niña. Mía -ignorante de todo lo que había pasado entre padre e hija en Estados Unidos-, creyendo que su prima regresaría pronto, y que todo aquello no era más que un capricho de su parte, trató de consolarlo un poco, diciendo lo siguiente, con mucha calma:

    —Deja de preocuparte tanto por Nolee, ella ya es mayor y sabe valerse por sí misma, aunque esté lejos de aquí.

    —Es que no lo entiendes, Mía —refutó el hombre, un poco sobresaltado —. Nolee es mi hija y, a pesar de todo, para mí sigue siendo una niña, a la que debo proteger a toda costa. Ya perdí a su madre hace mucho... Ella es lo único que me queda ahora.

    Su sobrina no podía objetar algo más ante eso, pues esa era la realidad absoluta... Nolee era su única familia cercana y, a pesar de todo, nunca dejaría de velar por ella, aunque ya no lo quisiera en su vida. Por lo mismo, se limitó a darle un consejo, según lo que ella pensaba que estaba sucediendo entre ambos, al verlo tan decaído y serio:

    —Dale tiempo, tío. Todo lo relacionado con mi tía es muy importante para Nolee. Ella debe cerrar ése capítulo de su vida, y cuando lo haga, volverá, sólo debes tener un poco de paciencia.

    El hombre no dijo nada, sólo se limitó a darle un beso en la frente, a modo de despedida, para entonces ir a su habitación a descansar, ya que estaba realmente agotado, y debía descansar para reponer energías, porque se avecinaba el Golpe de Estado en contra del Consejo de San Ángelo y debía estar alerta ante cualquier eventualidad que se llegase a suscitar durante la realización del mismo. Dejaría de estar tan al pendiente de su teléfono ésa noche, con la esperanza de que, al día siguiente, llegaran finalmente las buenas noticias que esperaba desde hacía ya un tiempo atrás, y entonces dejaría que que todo ocurriera como tenía que ocurrir, en pro de la consecución de su meta.

    La muchacha, al ver la reacción de su tío, vió que no valía la pena seguir insistiendo en levantarle el ánimo, pues se pudo dar cuenta de que eso sólo sucedería cuando Nolee regresara a casa. Al igual que el mayor, se fue a su habitación y se acostó, en espera de que llegara el sueño; sin embargo, por más tiempo que pasó allí, dando vueltas entre las sábanas, no logró conciliar el sueño, debido a que no dejaba de pensar en su tío. La invadían varios cuestionamientos, tales como... ¿Por qué estaba tan distraído con su teléfono? o ¿Qué pasó con Nolee en los Estados Unidos, que no volvió con él a casa? Algo estaba escondiendo, pero no conseguía deducir qué era ése “algo” en cuestión.

    Continuará...

    Bien, creo que hoy ha sido un día productivo. :/*-*\::/*-*\::/*-*\::/*-*\:

    Me emociona mucho ver que poco a poco, estoy volviendo a ser activa en la escritura, sobre todo porque tenía ya un buen tiempo sin actualizar. :kuku::kuku::kuku:

    Nos leemos luego, se cuidan.



     
  7. Threadmarks: Capitulo XXII: El Esperado Arribo
     
    Niani

    Niani Escritora Novata

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    Escritora
    Título:
    La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era
    Clasificación:
    Para adolescentes. 13 años y mayores
    Género:
    Acción/Épica
    Total de capítulos:
    25
     
    Palabras:
    3876
    Capitulo XXII:

    El Esperado Arribo

    El avión en el que Jacob y Marcus viajaban, había aterrizado en un islote, cercano a la Isla de Santa Leah, en el mismo había algunas casas abandonadas, en las que los miembros del “Escuadrón Alfa” que lo acompañaban iban a descansar, mientras esperaban órdenes de su superior, ya que sabía que llegarían por la madrugada, no sin antes descargar las armas que llevaban consigo del interior del transporte, para tener todo lo más adelantado que les fuera posible antes del golpe. Habían elegido ése sitio, porque estaba deshabitado desde hacía un tiempo, para no levantar sospechas de los habitantes de la ciudad de Santa Leah, y allí podrían preparar todo el ataque, sin que los llegarán a molestar, que era lo que necesitaban

    Se comunicaba a la Isla principal por medio de un puente metálico, el cual contaba con un sólo carril y que era un poco viejo, pero que aún resistía un buen peso, a pesar del azote del paso del tiempo, por lo que sería de mucha utilidad al momento en el que el pequeño ejército se pusiera en marcha hacia la ciudad capital de San Ángelo, como había sido planeado por él y por Van Slyke; Marcus aprovechó ésa vía para ponerse en camino hacia la casa de la familia Van Slyke, junto a Jhonson y a Megan, con la intención de entregar a la traidora y después irse con su gran amor, muy lejos de allí.

    Apenas se marchó el sicario personal de Van Slyke, se dispuso a marcar el número del celular de su jefe. Esperó un poco, para ver si atendía el teléfono, lo cual no sucedió, pero mientras volvía a intentar llamarlo, se dijo, un poco enojado:

    —Debe estar dormido, pero seguramente me perdonará por despertarlo, al saber todas las buenas nuevas que le tengo.

    En efecto, Van Slyke, quien aún dormía, se despertó de repente, muy sobresaltado por el sonido que hacía su celular, si había algo que lo irritaba, era que lo llegaran a molestar mientras dormía, sobre todo porque el ruido podría despestar a alguien más en la casa -pues no vivía solo-, por lo mismo se apresuró en revisar dicho aparato, para saber qué sucedía. Resultó ser una llamada de parte de Fitzpatrick, aunque cuando trató de contestar, su socio le colgó; por lo que decidió esperar un momento, a ver si el hombre intentaba llamarlo de nuevo, lo cual sucedió, efectivamente, luego de haber pasado unos instantes, así que se dispuso a pulsar el botón de responder. Ni siquiera le dió tiempo de pronunciar palabra alguna al otro, pues le preguntó lo siguiente, iracundo, aunque habló en voz baja, para que su sobrina no se llegara a despertar:

    —¡¿Dónde rayos te habías metido, Fitzpatrick?! He estado esperando por mucho tiempo a que me des alguna noticia acerca de Jhonson, pero pareciera que eso a tí no te importara. Ni la razón por la que estás tan interesado en que todo esto termine.

    Por su parte, Jacob, apenas escuchó esto último, hizo una mueca de desagrado, al recordar el motivo por el que estaba metido en todo aquel embrollo: dar con el paradero de su hija, a como diera lugar. Odiaba a ése sujeto, pero tenía que soportarlo al ser el líder de la “Estrella del Norte”, al menos sólo un poco más. Para que no llegara a notar lo mucho que le había molestado ése comentario, lo único que le dijo fue:

    —Ya estoy en San Ángelo, junto al “Escuadrón Alfa”.

    —Muy bien, Fitzpatrick —le dijo su jefe, más calmado, por la buena noticia —, al menos me despertaste por una buena razón. ¿Alguna novedad de parte de tu gente, con respecto a los colaboradores de Megan Knox?

    —Nada aún, señor. Le haré saber en cuanto tenga información de parte de mis sicarios.

    —¿No has sabido nada de Marcus, Fitzpatrick? —le preguntó él, muy intrigado —. Aún no se ha comunicado conmigo.

    —Logró alcanzarme en la pista, cuando estaba a punto de irme de Estados Unidos. En cualquier momento tendrá noticias suyas, señor.

    Eso le quitaba un peso enorme de encima, pues significaba que su hombre de confianza seguramente había logrado cumplir con su tarea de acabar con Karen Jhonson, y que ya Megan Knox se encontraba en el país; lo que era idóneo para la consecución de sus planes a futuro.

    —Ésas son excelentes noticias —celebró el hombre, al enterarse de que ya casi todo estaba en orden para dar el golpe contra el Consejo de San Ángelo.

    —Espero instrucciones, señor.

    —Jacob, es muy temprano para hablar de eso —protestó el hombre, fastidiado por su insistencia —. Deja que los chicos descansen un poco, te daré todo lo que necesitas por la mañana, pero déjame dormir.

    Después de eso, colgó la llamada, para luego acomodarse de nuevo en la cama, para ver si podía dormir, al menos por unas horas más, cuando a su habitación llamó el Ama de Llaves, que se veía un poco somnolienta, y le dió el siguiente aviso:

    —El joven Sanders se encuentra en la puerta, señor. Viene acompañado, ¿le digo que venga mañana?

    —Dile que me espere, que en un momento estoy allá —le dijo a su nana, con mucha prisa, para luego levantarse de la cama, resignado a no poder descansar.

    —Entendido, señor —acordó la mujer, para ir a atender a la visita, mientras él se alistaba para recibirlo.

    La mujer volvió al recibidor, en donde se encontraban el joven y sus dos acompañantes. Karen estaba cabizbaja, solamente esperaba a ver qué pasaría con ella ésa noche, por su parte, Marcus estaba muy impaciente, porque no veía la hora de poder cumplir su sueño de irse con Megan, a un lugar en el que nadie los conociera, y en el que pudiera darle todo lo que quisiera. La chica se limitó a observar la casa en cuestión, allí se había criado Nolee, con todos los lujos y comodidades que su padre había procurado para ella: techo, comida, educación y la protección de una familia. Al pensar en eso, ella no pudo evitar caer en cuenta de que ése debió haber sido el hogar de Troy, e imaginar el cómo sería el chico, si hubiese contado con todo eso desde pequeño –como dictaba el “deber ser”-, diciéndose para sus adentros: “Al menos, espero que cuando todo esto termine, él también pueda disfrutar de una vida tranquila; si no es aquí, buscaré la manera de ayudarlo en lo que pueda”.

    Tuvo que volver a la realidad cuando vió aparecer a quien -por increíble que pareciera, por todo lo malo que había hecho- era el padre de su amigo, que llevaba puesto un traje negro, bastante fino, como lo era todo su guardarropa -en lo que tenía gran afinidad con su sobrina Mía-, pues no quería causar una mala impresión a la principal benefactora de su hijo menor, a quien estaba a punto de tener frente a él, después de mucho tiempo queriendo hacerlo. No obstante, al ver que allí también se hallaba Karen, no pudo evitar sonreír, en señal de burla, para luego saludar a su mano derecha:

    —¡Qué bueno que llegaste, Marcus! Me tenías al borde de una crisis de nervios, por no tener noticias tuyas.

    —Me extraña que piense eso de mí, jefe —le comentó el otro, muy animado —. Quizá me tardé más de lo esperado, pero aquí estoy, tal y como lo acordamos.

    —De eso estoy seguro, Marcus. Y bien.... ¿No piensas presentarme a la mujer de tu vida.

    —Por supuesto, señor, es que estoy tan feliz que ni sé dónde tengo la cabeza —le contó el joven, a manera de disculpa, por su torpeza —. Ella es Megan Knox.

    Marcus le hizo señas a la chica para que extendiera su mano, ya que sabía que su jefe la saludaría, como solía hacer siempre. Pero nunca se imaginó que Alden tomara su mano y la besaría, por lo que unos celos terribles se apoderaron de él, aunque para no estallar contra Van Slyke, se convenció a sí mismo de que aquello era solamente una muestra de cortesía de su parte. Megan, a pesar de que su rostro no mostraba ninguna expresión en el instante, estaba completamente asqueada por eso, haciendo un esfuerzo supremo por no salir huyendo de ésa casa, mientras pensaba: “Cree que me impresiona, pero lo único que quisiera hacer en este momento es escupir su cara”.

    Intentó hacer lo mismo con Karen, pero ella no estaba dispuesta a seguir su juego y, como si le hubiera leído la mente a su acompañante, le lanzó un escupitajo a la cara, y entonces la chica se relajó un poco. “Eso va de parte de las dos, señor, es lo que de verdad se merece”, dijo para sus adentros, a su vez que veía como el Ama de Llaves de la casa se apresuraba en buscar un pañuelo, y en limpiarle la cara a su “anfitrión”, muy preocupada. Sobrepasado por lo que había hecho ésa insolente, Van Slyke levantó bruscamente su brazo derecho, con toda la intención de darle una bofetada.

    Mas, cuando estaba a punto de darle el golpe a la científica, Megan se interpuso entre ambos, dejando a todos muy sorprendidos por su reacción, sobre todo a la misma Karen, que no se lo esperaba, además de eso, la chica se atrevió a advertirle al hombre, muy irritada:

    —¡No se atreva! Ya suficiente daño le ha hecho ya.

    —¡Megan, por favor, no seas grosera con mi jefe! —le replicó Marcus, pues temía que Van Slyke tomara alguna medida similar contra ella.

    —Está bien, señorita Knox, supongo que me estoy excediendo un poco. Pero ésa mujer no merece ni un ápice de su compasión.

    Luego de todo esto, el hombre, en compañía de su Ama de Llaves, los condujo a todos hasta el sótano de la vivienda, el cual a simple vista, parecía ser tan normal como cualquier otro. Sin embrago, al momento en que la anciana abrió la puerta del mismo, se dieron cuenta de que no era así. La puerta reveló unas largas escaleras, por las cuales bajaron, hasta llegar al interior de lo que era una especie de celda, un vestigio de la estructura de la antigua construcción que se erigía anteriormente allí -en donde había fungido un convento en el pasado-, y que había sobrevivido a la remodelación que hizo la familia Van Slyke al momento de adquirir la misma.

    En la entrada de la misma, se podía ver que habían dos bancas de concreto, que se hallaban empotradas en las dos paredes laterales de la misma, una frente a la otra, además de que contaba con una cama individual, una mesa de noche, un pequeño comedor y había un anexo, con una puerta, que se hallaba en muy mal estado, que conducía a un baño muy pequeño. El conjunto se completaba con un pequeño tragaluz, el cual se hallaba muy sucio, por lo que la luz que ingresaba por la misma, ubicada en una de las paredes laterales de la construcción, hechas de piedra, las cuales se veían bastante curtidas por la mugre, aunque eso no era de mucha importancia en ése momento, pues era de noche.

    Estando ya frente a ésa pequeña mazmorra, el hombre le comentó a su antigua colaboradora, muy emocionado:

    —Bienvenida, Karen. Éste será tu nuevo hogar, al menos hasta que llegue la hora de acabar contigo.

    Karen entró a la susodicha celda, a paso lento, mientras pensaba: “Me merezco todo esto y más, pero lo que me duele de verdad es que, a pesar de todo, no volveré a verte, Kristen”. Se sentó en una de las dos bancas de concreto, que se hallaban a un lado de la puerta, limitándose a observar cómo acabaría todo para ella, poco a poco. “Sólo me queda despedirme de ti y pedir perdón por lo que hice, lo siento mucho, mi niña”. Un momento después de eso, el dueño de la casa le dió un pequeño empujón a Megan, para entonces decirle:

    —Usted también, señorita Knox

    Megan se apresuró a entrar a la celda, para luego sentarse en la otra banca que se hallaba en el interior de ésta, quedando frente a frente con la mujer, mientras pensaba, un poco aliviada, aún en medio de todo lo que estaba sucediendo: “¡Al fin lejos de ése enfermo! Cualquier cosa es mejor que estar con él ahora”. Lo único en lo que debía pensar en ése momento era en algún modo de escapar de ése lugar y regresar a casa -ya que no podía hacer mucho más-; Karen la miraba de reojo, buscando entender cómo ella todavía tenía fuerza de voluntad para enfrentar el peligro que se avecinaba, a pesar de todo, pues ella ya se había resignado a que moriría a manos de su antiguo jefe, más tardar el día siguiente. Entretanto, Marcus se quedó completamente fuera de sí al ver que su jefe también tenía pensado mantener cautiva a Megan en ésa sucia celda, lo que hizo que por primera vez en todo el tiempo que había estado al servicio de aquel hombre, se atreviera a protestar, al ver su modo de proceder, pues no entendía qué estaba haciendo:

    —¿Qué significa esto? Usted y yo habíamos acordado que, apenas encontrara a la Doctora Jhonson, podría irme con Megan, a comenzar una nueva vida juntos.

    "Ni en tus sueños más dementes, eso será posible, Marcus ", pensaba la joven, al escuchar ésas palabras, ya que, por más que lo intentara, solamente sentía miedo hacia él, al no poder evitar recordar el cómo acabaron las cosas entre ambos, todo por culpa de sus celos enfermizos. Por nada del mundo, ella quería volver a vivir aquel suplicio, prefería mil veces quedarse encerrada en aquella antigua y pestilente celda lo que le quedara de vida o la muerte a ello.

    —Tranquilízate, Marcus —le dijo su jefe, con tono sereno, tratando de calmarlo, al menos un poco —. Sólo será por un tiempo, apenas consiga lo que quiero, te la podrás llevar a donde desees.

    —Pero no lo entiendo... Hice todo lo que me pidió, e incluso le traje a Karen Jhonson en persona, para que la ejecute por sus propias manos. ¿Qué es lo que quiere ahora?

    —Lo que ni Fitzpatrick, ni tú lograron en su momento —le aclaró el mayor, mientras lo miraba, desafiante.

    —Mientras veníamos en camino, su socio me comentó que había enviado a algunos de sus sicarios al lugar en donde estaba Megan, para que acaben con sus colaboradores. El chico está allá con ellos, no creo que les sea muy díficil acabar con él, señor.

    —¿Y qué tal si no funciona? —le preguntó su jefe, un poco inseguro —. He perdido la cuenta de cuántas veces he tratado de acabar con la vida de ésa rata de alcantarilla, sin éxito.

    "¿Todo esto es por ése mocoso?", fue lo que pensó el hombre al conocer el motivo real de todo aquello: acabar con la vida de ése muchacho. Eso le hizo pensar en el enfrentamiento que había tenido con el chico, y en el hecho de que habría podido asesinarlo en aquella ocasión, con suma facilidad, de no ser porque Megan y la ex-socia de su jefe habían decidido ir con él, para que no lo hiciera. “Debí haberlo matado, era el momento indicado, y ahora podría estar con Megan sin preocuparme por nada más que por hacerla feliz”, concluyó en su mente, y luego le dirigió una mirada a la joven, con la intención de darle ánimos. No obstante, para su sorpresa, su amada lo miraba fijamente, dejándole ver todo el odio y el temor que fulguraban dentro de su ser; aquello fue tan desconcertante para Marcus, que apartó la vista de ella y convencerse a sí mismo del porqué de su proceder en ése momento: “Si lo hubiese hecho, ella jamás me lo perdonaría, estoy totalmente seguro”.

    —Confío en que el plan de Fitzpatrick ésta vez sí dará resultado, señor.

    —Pero nunca está de más un “por si acaso” —se limitó a decir Van Slyke, muy serio —. Como te dije antes, después de que todo esto termine, tu chica quedará en libertad y podrás llevártela a donde te plazca.

    —¿Y qué pasará si el plan de Fitzpatrick fracasa?

    —Voy a probar una estrategia diferente, pero para que funcione, necesito un señuelo, y tu chica es perfecta para ello.

    —No me parece, señor Van Slyke. No creo que sea necesario todo esto.

    —¿Acaso escuché un "no", Marcus? —le preguntó Van Slyke, un poco sorprendido —. Te saqué del hoyo en el que te ibas a pudrir por el resto de tu vida, te dejé ir a buscar a tu ex-novia y traerla aquí... ¿Crees que no le voy a sacar provecho ahora? ¡Eres un iluso!

    —Y le retribuí de la mejor manera posible. Llevé a cabo todas las tareas que me pidió, sin quejas, nunca le fallé, señor.

    —¿Nunca? —le preguntó Alden, con sorna —. Que yo recuerde, hace tres años al “criadero”, con la tarea de acabar con ésa sabandija... ¡Pero cuando uno de los sicarios del idiota de Fitzpatrick dijo algo ofensivo de ésta perra, perdiste la cabeza y no lo quisiste matar!

    —Señor, yo ya le expliqué en...

    —¡Y lo peor fue que ése mocoso se escapó del “criadero” ése mismo día! —le interrumpió el mayor, que no quería volver a escuchar sus excusas al respecto —. ¿Aún así tienes el descaro de decirme que nunca me has fallado, Marcus?

    ¡Sí! ¡Ése es mi chico!”, celebró Megan en su mente, al recordar cuando Troy le contara el cómo había logrado escapar de ése horrible lugar, y el haber sido rescatado por el señor Ferguson y su hija. Eso hizo que sonriera levemente, de forma inconsciente, aunque su semblante cambió a uno más serio, apenas escuchó lo que Marcus dijera sobre él, un momento después:

    —Ése imbécil es absolutamente insignificante. Viva o muera, de todos modos, usted será el nuevo Presidente de San Ángelo.

    —¿No crees que lo estás subestimado, Marcus? — le interrogó Jhonson, de repente.

    —¡Guarda silencio, estúpida! —le ordenó Van Slyke, furioso por su intromisión —. ¿Quién tuvo la idea de dejarlo con vida cuando era niño, junto con el tonto de su ex-esposo?

    Karen se quedó callada, pero le dirigió una mirada asesina al hombre, para hacerle saber que lo odiaba y lo despreciaba con todo su ser. Por la promesa de que encontraría a su hija desaparecida, ella había cometido tantos actos atroces, que sentía asco por ella misma, el remordimiento no la dejaba en paz. Una de las pocas cosas que había logrado evitar en sus primeros años dentro de la “Estrella del Norte” fue precisamente el que Jacob asesinara a Troy, pues antes del ataque a la Isla-Prisión de Santa Esperanza, ella le había insinuado que tratara de averiguar por qué ése niño era tan importante para su jefe; cosa que acabó sucediendo en cuanto el ahora Jefe de la Policía Central vió el color de sus ojos, después de la muerte de la esposa de Van Slyke. Fue por eso que el chico acabó en el “criadero”, en vez de haber muerto aquel día.

    —La toma de San Ángelo es un hecho, Marcus —siguió hablando Alden, muy sereno —, pero no es suficiente para mí. Ése insecto destruyó a mi familia por completo, y debe pagar por eso.

    —De acuerdo, jefe, será como usted lo disponga.

    Justo después de decir eso, ambos hombres salieron de aquel sótano, a paso seguro; Van Slyke estaba mucho más relajado en ése instante, ya que, no sólo tenía a su ex-socia en su poder, a la espera de decidir cómo le era más útil: si viva o muerta, si no que ahora, con Megan Knox allí, estaba más que seguro que podría acabar por fin con su hijo menor. Marcus sentía un inmenso deseo de asesinar a ése sujeto, para entonces ir a abrir aquel calabozo, liberar a su amada Megan, e irse de allí con ella, sin importar nada más, pero no tuvo otra opción que contenerse, pues sabía muy bien que sin la ayuda de ése hombre, su anhelo de estar con ella de nuevo sería completamente imposible, así que solamente le quedaba esperar a que todo acabara.

    Detrás de ellos, se alcanzaba a escuchar que la joven les decía, muy molesta, a modo de amenaza:

    —¡Usted y su gente no se van a salir con la suya! ¡Ya se acerca el momento de su caída, se lo aseguro!

    —Chica, detente —le pidió Jhonson, quien seguía sentada allí, con voz cortante —. No servirá de nada, ya se fueron de aquí.

    Pero Megan no estaba dispuesta a guardarse nada en esos instantes. Ya no tenía nada que perder:

    —¡Aunque sea lo último que haga en la vida, me voy a encargar de que no vuelvan a ver la luz del Sol otra vez! ¡Se lo aseguro, pedazo de basura!

    —¡Ya basta, Knox! —le gritó Karen, muy molesta, al ver que no le hacía caso.

    —¡Cállate, Jhonson! Escúchame bien, no voy a permitir, de ningún modo, que ése malnacido o el desgraciado de Fitzpatrick le lleguen a hacer daño a Troy. ¿Lo entiendes?

    —No podrás hacer mucho aquí encerrada —comentó Jhonson, disgustada por lo que le dijera la chica —. Es seguro que él vendrá aquí a rescatarte de las garras de ése matón, y entonces buscarán la manera de acabar con él, como ya ha sucedido en el pasado.

    —¡No es justo! ¿Por qué tanto odio? Me he cansado de darle vueltas al asunto, buscando alguna explicación lógica, pero no se me ocurre nada.

    —Literal, el hombre acabó causando la muerte de su esposa, buscando matar al chico cuando tenía apenas cinco años —le contó la mujer, un poco fastidiada —. Todo porque el pobre diablo nació con los ojos de color púrpura, para mantener la "pureza" de su familia. ¡Nada de esto tiene lógica, Megan!

    A la salida del sótano, a ambos hombres los esperaba el Ama de Llaves de la casa, presta a recibir instrucciones de parte de su patrón, como siempre, ya que sin importar nada, la mujer era absolutamente incondicional con él, al punto de que escondía uno de sus más oscuros secretos. Finalmente, él le dió la siguiente orden:

    —Olivia, prepárales algo de comer a nuestras huéspedes, y ni una palabra de esto a nadie.

    —No se preocupe, señor —fue la respuesta de aquella mujer —. Ya me encargo de eso.

    —Por cierto, Marcus... Nunca me dijiste que tu ex-novia fuera tan maleducada y grosera —le comentó Alden a su mano derecha, un poco extrañado —. ¿Pedazo de basura yo? ¡Ja, ya quisiera ella ser como yo!

    —Debe ser por todo esto del encierro, señor —razonó Marcus, un poco más calmado.

    —Eso espero, Marcus —concluyó su jefe, serio, para entonces agregar —. Mañana será el gran día, necesito que te prepares para cualquier eventualidad.

    —Así será, señor —acordó el matón, para luego despedirse y marcharse de ésa casa lo más pronto que pudo.

    Con respecto a Van Slyke, regresó a su habitación, para descansar un poco, ya que el día de mañana sería muy duro, pero satisfactorio para él... Aunque no tenía idea de cuánto se equivocaba al pensar eso realmente.

    Continuará...
     
    Última edición: 24 Febrero 2025
  8. Threadmarks: Capítulo XXIII: “Pequeño Zorro”
     
    Niani

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    La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era
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    Acción/Épica
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    Capítulo XXIII:

    “Pequeño Zorro”

    Comenzaba a caer la tarde en el horizonte, mientras Troy, Lance y sus acompañantes seguían apostados en los alrededores de la casa de Garrett, en espera de la llegada de aquel grupo de sicarios, que Fitzpatrick había enviado hasta ése lugar, con la misión de matar a sus amigos, ya que eran quienes ayudaban a Megan en su meta de dar a conocer a todo el mundo los vínculos que tenía el Jefe de la Policía Central con la organización criminal conocida como “Estrella del Norte”, la cual estaba bajo el liderazgo de Alden Van Slyke -su propio padre-, desde que su ex-esposa, la Doctora Karen Jhonson, entrara a trabajar a la compañía IEPCOM, hacia ya cinco años atrás. Él mismo se había involucrado en ése asunto, ya que, al estar en contra de los planes de ésa mujer, era una valiosa aliada, al menos en un principio, ya que, con el paso del tiempo, Megan lo había tratado no sólo como a un aliado, si no como a una persona, a la que respetaba y que inclusive llegó a tener en estima; no muy distinto a lo que él percibía de ella, su ansia de proteger a todos sus allegados, su buen corazón y su perseverancia, eran cualidades que le gustaban mucho de ella.


    Su búsqueda de mantener a todos a salvo fue lo que la orilló a decidir irse con ése demente que trabajaba para su padre, y eso no lo dejaba en paz. Por lo que tenía en mente ir a rescatarla de su poder, en cuanto viera que Stuart, Cloe, Garrett y el resto de las personas que se encontraban en ése lugar ya no iban a correr peligro. Se lo debía, tenía que protegerla.


    De un momento a otro, sintió que alguien se estaba acercando a donde se encontraba, por lo que se apresuró en tomar una de las pistolas que llevaba consigo en ése momento, no le gustaba usar ése tipo de armas, pero no tenía muchas opciones, porque debía cuidarse de no quedar en peor estado de salud del que ya tenía, a causa del disparo que recibió en el atentado en Texas, y a la golpiza que le dió Irina, antes de conseguir reunirse con Megan y con el resto del grupo, como en los viejos tiempos. Apuntó con ella a la persona que se acercaba, pero fue entonces que vió que se trataba de su hermana mayor, quien había salido del sótano donde estaba oculta, y que le preguntó, sorprendida, entretanto él volvía a guardar el arma de fuego de nuevo:


    —¿Qué te pasa, Troy? Cálmate, soy yo.


    —¿Qué estás haciendo aquí afuera, Nolee? —alcanzó a preguntarle a la joven, un poco sobresaltado, por su aparición tan repentina —. Te dije que te quedaras en el sótano, con los demás.


    —Lo siento, hermano. Pero recordé algo que pasó antes de que me decidiera a venir a buscarte.


    —¿De qué se trata? —le preguntó el chico, un poco intrigado.


    —¿Recuerdas que te dije que había ido a enfrentar a papá? Mientras estaba en el lugar donde se hospedaba, una de las sicarias que trabajaba para él llegó y quiso asesinarlo.


    —¿Hablas de Irina? —volvió a preguntar el muchacho, mientras dejaba ver un gesto de incredulidad en su rostro —. Ella quiso matarme, eran órdenes de él... Eso no tiene sentido.


    —Ya lo sé, Troy. Pero ésa chica tenía ésa idea porque pensaba que al hacer eso, sería un golpe duro para él, pues tenía sospechas de que tú eras su hijo. Además, ella me alcanzó a contar sobre el “criadero”, antes de que papá le...


    Nolee sintió que la voz se le cortaba, no me era nada fácil para ella el decir que su padre, aquel hombre intachable y que era tan respetado en San Ángelo, al que ella había admirado siempre, por su dedicación y perseverancia, tanto en el trabajo, como en su vida personal, al lograr tener tiempo de calidad para compartir con ella, a lo largo de su vida, no era más que un vil criminal, un sujeto despreciable. Mucho menos que le había disparado a ésa joven, frente a ella, sólo porque le había revelado la verdad acerca de la existencia de su hermano, a quien tenía justo frente a sí en ése momento, y del que no sabía absolutamente nada, hasta hacia apenas unos días.


    —No lo entiendo —le comentó el menor, muy serio —. ¿Me estás diciendo que Irina quería matarme para vengarse de Van Slyke por acabar en el “criadero”?


    —De hecho, así es. Pero recapacitó y, antes de que pasara lo peor, me entregó esto, me pidió que te lo diera cuando te encontrara... Ya lo había olvidado, es que todo ha pasado muy rápido y hay muchas cosas que debo procesar todavía.


    Mientras hablaba, Nolee sacó de uno de los bolsillos de su pantalón, el collar que la asesina le había dado en la mansión, el día en que fue a encararlo. Troy, nada más verlo, se sintió invadido por una gran nostalgia, ya que ése había sido otro de los pocos recuerdos que tenía de su infancia. Se trataba de una figura tallada en madera, de buen tamaño, en el que se podía ver a una raposa -el nombre que se le daba a la hembra del zorro-, que estaba cuidando a una de sus crías; lo cual representaba el que su madre nunca lo dejaría sólo. La misma se hallaba unida a un cordel, de color rojo que le había puesto la sicaria, para poder usar eso como collar, al ser su color favorito.


    Él recordó que anteriormente, ésa figura era una de las que estaban en el collar que usaba en ése preciso momento, en el que había dos dijes, hechos de acero, con formas de animales: el primero era un caballo de Troya, del cual su madre le contara que había tomado la idea para su nombre, ya que era una apasionada de la literatura y la mitología, sobre todo de las novelas de Homero; el segundo era un gato, que eran los animales favoritos de ésa mujer, de los que había escuchado que eran venerados como deidades en el Antiguo Egipto, y era un dato que él mismo había podido comprobar durante su estancia en el “criadero”, por las clases que, de vez en cuando, les daba la Doctora Johnson, para que se pudieran defender en el futuro, en el caso de que llegaran a salir de allí.


    Eso le afectaba mucho, ya que, unos días después de haber sido encerrado en ése lugar tan horrible, fueron llevados a su primera clase de lucha, él y los otros niños conocieron a los que ya estaban más avanzados, de repente, se les acercó una jovencita, rubia y de ojos azules, que se limitó a decirles a todos, a modo de bienvenida:


    —Espero que les guste éste sitio. Porque será lo único que verán en nuestro tiempo, niños tontos.


    —¡No, eso nunca! —le increpó un pequeño Troy, que estaba muy enojado por todo lo que había pasado con su madre.


    —¿Qué dijiste, mocoso? —le preguntó ella, con picardía —. ¿Acaso esperas que tu mami venga por ti? Acéptalo, ella está muerta, y tú estás aquí, donde vas a pasar mucho tiempo.


    Sus palabras hirientes hicieron que él comenzara a llorar, por lo que, buscando una manera de calmarse, aunque fuera un poco, se le ocurrió la idea de sostener el collar entre sus pequeñas y tiernas manos, al recordar a su madre. No contaba con que ésa niña vería dicho collar, y después se le acercaría de repente, con la intención de darle un vistazo, más detalladamente, lo cual se debía a que la figura de la raposa y su cría le había llamado mucho la atención, por lo que se atrevió a apartar las manos del niño de ésta, para entonces tomarla y decir lo siguiente:


    —¿Qué tenemos aquí? Un pequeño zorro junto a su madre. Es un buen trabajo de tallado, quedó muy bonita...


    Acto seguido, Irina tiró del collar con mucha fuerza; por su parte, Troy se dió cuenta de que quería quitárselo, por ello sostuvo el cordel con todas sus fuerzas, ése era un recuerdo de su madre y no dejaría que ésa entrometida se lo robara. Hizo lo que le fue posible por retenerlo, pero al pasar el tiempo, cuando ya sus manos no soportaban más la fuerza de la jovencita, ella volvió a dar un tirón, haciendo que él soltara el collar y, con la fuerza del impacto, el asa que sostenía dicha figura al cordel se rompió, por lo que la misma acabó en manos de la chica.


    —Debo hacerle una asa nueva. Con un cordel nuevo será suficiente para mi nuevo collar.


    —¡No es tuyo, devuélveme eso! —le pidió el niño, furioso, mientras buscaba tomar la figura de sus manos.


    Para quitarse de encima a ése molesto niño, Irina le dió una bofetada, que lo dejó tirado en el suelo, resintiendo el golpe en su mejilla, mientras escuchó que ella le decía, con sorna:


    —¿Sabes una cosa? Sólo hay dos formas de que recuperes esto: la primera es que me lo quites, cosa que te va a costar mucho. La otra es que a mí se me dé la gana de devolverlo, pero eso es aún más difícil... ¿Entendiste, “Pequeño Zorro”?


    Ése día fue cuando ésa chica le colocó el apodo con el que todos los demás chicos y chicas que vivían en el “criadero" lo conocerían a partir de entonces: “Pequeño Zorro”. Supuso que lo había llamado de ése modo, haciendo referencia a la figura del pequeño zorrito que sobresalía de la figura de madera. Ahora ésa misma figura volvía a estar en su poder, pero el pensar en lo que le había sucedido a ésa joven, que ahora estaba muerta, le hizo sentir muy mal, ya que, a pesar de todo lo malo que pudiera haber hecho, Irina sólo era otra víctima de los planes de Van Slyke y Fitzpatrick, que pagó con su vida por sus errores del pasado. Pero volvió del letargo al escuchar que su hermana le preguntó, con cierta preocupación:


    —¿Te encuentras bien, Troy?


    —Sí —le contestó, un poco más tranquilo —. Es que no puedo evitar pensar en que, ahora que Irina murió, sus secuaces van a venir por mi cabeza.


    —¿Y eso no es obvio? —le preguntó Lance, un poco extrañado por sus palabras —. Pero no te preocupes, amigo, nosotros vamos a estar a tu lado, para que eso no ocurra.


    —Gracias, Lance —le dijo él, tratando de mantener la calma, pues sabía que al menos, de parte de Ken y Zack, no tendrían piedad con él, ni con nadie.


    Un momento después, se escuchó la voz de Sean, que les decía lo siguiente, para que estuvieran alertas, en el caso de que se tratara de los sicarios de Fitzpatrick, ya que era una de las posibilidades que ellos tenían en mente:


    —Oigan, se acerca un vehículo negro. No es en el que viajaba la gente de la Brigada, que yo recuerde, prepárense para atacar.


    Tal y como les había hecho saber Sean, a lo lejos se veía un automóvil de color negro, modelo Ford Fiesta, del año 2014, que avanzaba en la carretera, a buena velocidad. Sus ocupantes, que eran la Teniente de la Brigada de Liberación Tea Colbert, quien iba conduciendo a ésa hora, y la señora Janet, se dirigían hacia la zona residencial de Fillmore, que no se hallaba muy lejos de su posición en ése momento, después de haber huido de los sicarios que Jacob Fitzpatrick, el Jefe de la Policía Central, había enviado a asesinar a los colaboradores de la Doctora Megan Knox, después de que ésta había sido raptada, según la información que la había dado su compañero de este grupo, algún tiempo atrás.


    Al recordar lo sucedido con el resto de la comitiva que la acompañaba en su misión de ir a brindarle protección a la Doctora Megan Knox, durante su enfrentamiento con esos sujetos, se molestó mucho, sobre todo por el hecho de que habían sido engañados vilmente por Katherine y por Trent, quienes no eran más que un par de infiltrados de ésa lacra. Por culpa de ésas dos ratas, sus compañeros estaban atrapados en el Cuartel General de la Brigada de Liberación, en Carson City, al igual que el líder de ése pequeño ejército, que buscaba detener los planes de aquel policía corrupto y sus secuaces. Se le hizo muy extraño el hecho de que Troy no le hubiera contado nada acerca de ellos, en caso de que también estuvieran en el “criadero”, pero acabó por concluir a que no los conocía, debido a a que eran de otro lugar en el que hacían lo mismo, o que se habían hecho sicarios de ése hombre después de lo que sucediera en la compañía IEPCOM, pues fue encerrado en una celda, en donde apenas y tenía contacto con el exterior.


    Con el sólo haber tenido ésa idea, se preguntó a sí misma, un poco confundida: “¿Qué rayos te pasa, Tea? Deberías pedirle perdón a Troy por pensar semejante disparate siquiera. ¡Es tu mejor amigo de la infancia!” Buscaba enemigos imaginarios, pues ella misma sabía que Troy era incapaz de hacer algo como encubrir a esos sicarios, pues él también buscaba acabar con Fitzpatrick, para vengar la muerte de su madre.


    —¿Qué le pasa, señorita? —oyó que su acompañante le preguntó, un poco preocupada —. ¿Se encuentra bien?


    —Sí, lo que pasa es que ya no sé ni dónde tengo la cabeza, señora Janet —fue la respuesta que le dió ella —. Todo lo que está pasando es terrible, pero tenga por seguro que ése par de ratas de Katherine y Trent tendrán su merecido, más temprano que tarde.


    —Si quiere, puedo conducir un rato, mientras descansa.


    —Agradezco su preocupación, pero no es necesario —le dijo la chica, un poco más tranquila —. Ya usted condujo un buen tramo de la ruta, y debe estar cansada por todo lo que pasó.


    —Ya estamos llegando a donde nos indicó su compañero, ¿no? Hay que ver bien los alrededores, para que podamos dar con el sitio en cuestión.


    —Es cierto —concordó la joven, para entonces reducir un poco la velocidad del auto, mientras buscaban la casa.


    Comenzaron a buscar la vivienda que le había indicado Sean, al principio no les fue sencillo, pues los jardines estaban desiertos, ya que la gente se mantenía encerrada en sus hogares desde tempranas horas de la tarde, así que no tuvieron más opción que seguir avanzando con su búsqueda. Un poco más adelante en el camino, llegaron a divisar a algunas personas, que estaban rodeando el jardín de una de las viviendas de la zona, aparte de que había algunos vehículos estacionados en los alrededores. Fue entonces que la señora Janet, un poco insegura, le preguntó a su acompañante:


    —¿Qué tal si pregunta en aquella casa, señorita? Quién quita y sea el sitio que está buscando.


    —¿Será ahí? —se preguntó Tea, al ver el promontorio que había fuera de ésa vivienda —. Hay varias personas afuera, puede ser que estén resguardando el lugar.


    Se decidió a detener el automotor frente a la casa, mientras veía que había movimiento entre las personas que estaban en el jardín, por lo que se dijo: “Lo más probable es que crean que son los sicarios de la rata de Fitzpatrick”, por lo que se limitó a asomar la cabeza por la ventana del mismo, para llamar a Sean:


    —¡Sargento Ruf, venga acá, ahora!


    —Como ordene, Teniente Colbert —fue la respuesta de parte del joven, que se dirigió hasta ése auto, con mucha prisa.


    Troy y Nolee se miraron por un instante al ver lo que había pasado, para después reír y decidieron acercarse al vehículo también, para darle la bienvenida a la amiga del menor, entretanto, Lance los miraba, un poco extrañado por la conducta de él, debido a que, si bien, él sabía algunas cosas del pasado de Troy, no sabía a ciencia cierta lo que estaba sucediendo, por lo que no quería intervenir en eso. Cuando ya estaban llegando allí, pudieron oír el reclamo que le hacía la chica a su subalterno de la Brigada de Liberación, un poco fastidiada:


    —¡Es increíble que pensaras que éramos ésa gente, Sean!


    —Discúlpame, Tea —le rogó el joven, que se notaba muy avergonzado —. Fue por el auto, es que ustedes viajaban en otro vehículo.


    —Ya no importa, al menos ya estoy aquí —fue lo que le dijo ella, para cambiar el tema y cuando vió a su amigo y a Nolee, les comentó, animada —. Por lo que veo, aquí hubo reconciliación, me da mucho gusto por ustedes, muchachos.


    —Eso es en parte gracias a ti, Tea —le hizo saber la rubia, muy contenta —. De no haberme contado lo que sabías al respecto, yo ya estuviera en Santa Leah, como si nada.


    Tea abrió la puerta del piloto de ése auto, para salir del mismo, por lo que Troy se dispuso a abrir la puerta del lado contrario, con la intención de ayudar a la señora Janet. Ya fuera de éste, la mujer lo miraba, mientras guardaba silencio, pues pensaba que él iba a querer conversar con Tea y ponerse al corriente de lo que estaba ocurriendo, ya que ésa era la prioridad. Sin embrago, la invadió la sorpresa en el momento en que el muchacho le dijera lo siguiente, tratándola muy cortésmente:


    —¡Qué bueno verla, señora! Llegué a pensar que le habían hecho algo malo, menos mal me equivoqué.


    —Realmente, es gracias a ella que pude escapar de esos sicarios —le aclaró Tea, un poco más relajada.


    —No fue nada, señorita —le dijo Janet, un poco apenada ante el comentario que hiciera la joven.


    —Nolee, ve con la señora Janet al sótano, por favor —le pidió el chico a su hermana —. Ambas estarán más seguras allí.


    —Está bien, Troy —le contestó ella, con un poco de desgano, aunque sabía que lo que él quería era protegerla, no era algo a lo que estuviera acostumbrada —. Venga conmigo, por favor.


    —¿Todo está bien, niña? —le preguntó la mayor, mientras iban al sótano de la casa —. Te ves un poco molesta.


    —No es eso, señora —contestó la rubia, un poco más tranquila —. Lo que pasa es que todavía no me acostumbro a la idea de tener un hermano, sobre todo porque es muy sobreprotector conmigo.


    —¿Y dónde están el señor Bernard y su hija, muchacha? —le preguntó ella, porque no los había visto en el lugar —. Fueron a buscarlo a él, el señor se veía realmente preocupado.


    —Ellos están adentro, señora Janet —se adelantó a responder Nolee, con amabilidad —. Estoy segura de que se alegrarán de verla.


    Ya al verse solos, Tea le dió un fuerte abrazo a su viejo amigo, muy emocionada por verlo de nuevo; mientras Lance miraba, eso hizo que se sorprendiera mucho y también se preguntó, para sí mismo: ”¿Quién es ésa chica? ¿De dónde se conocen? Debe ser alguien cercana a él, para que se tome ésas libertades”. Como ella escuchaba al menor quejarse en repetidas ocasiones, lo soltó pensando en un inicio que le molestaba el abrazo, pero al verlo con detenimiento, se dió cuenta de que se encontraba muy golpeado, por lo que le preguntó, muy decidida:


    —¿Quién fue el que te dió ésa golpiza, Jeff? Sólo dame un nombre y se va a arrepentir por el resto de su vida.


    —No es necesario, Tea —le aseguró él, serio —. Lo importante ahora es evitar que los sicarios de Fitzpatrick cumplan su cometido.


    —¿Jeff? —se escuchó de repente la voz de Ian, que se había acercado hasta allá, por si necesitaban algo —. ¿Acaso es una novia tuya, Troy?


    —¿Quién es este entrometido?


    —Tea, este es Ian McKeller, él me ayudó a llegar aquí —le explicó el joven, a la vez que los presentaba a ambos —. Ian, ella es mi amiga Tea, vivía en Santa Esperanza cuando yo era niño.


    —Y yo le llamo Jeff, por su segundo nombre, que me gusta más.


    —Entendido, es un placer conocerte.


    Estrecharon sus manos, para saludarse. Lo siguiente fue que Tea les enseñara la maletera del auto en cuestión, en donde se hallaban las armas que Ken y Zack habían llevado con ellos para la emboscada a la comitiva de la Brigada de Liberación, por si encontraban algo que les fuera de utilidad para defenderse de ellos, cuando llegaran allá; e Ian también aprovechó el momento para mostrarle las armas de Irina, que él había recogido del lugar donde ella le había dado la golpiza a Troy, en el mismo orden de ideas. Tea, apenas le dió una ojeada a su interior, tomó la Wakizashi que había sido de la sicaria, ya que era una de sus armas favoritas para pelear, además de que su empuñadura, con detalles en dorado y rojo, era muy hermosa.


    —¿De dónde sacaste ésta belleza, Ian? —le preguntó ella al mayor, mientras tenía la pequeña katana en su mano.


    —Es una larga historia, Tea —le respondió Troy, de repente


    Lo que había dicho Troy, a ella le pareció un poco extraño, pero no quiso ahondar más en el tema, porque no había tiempo para eso. Tal vez lo haría luego, en cuanto lograran atrapar por fin a Fitzpatrick y a sus socios, así tendría tiempo de sobra para ponerse al día con su amigo, como deseaba.


    Continuará…

    Aquí me paso otra vez, con la respectiva actualización de IEPCOM 3, como debe ser. C':C':C':C':C':

    Espero seguir subiendo capítulos seguido, voy avanzando de a poco, pero cada actualización es un paso menos para terminar la historia.

    Nos leemos luego...
     
    Última edición: 2 Marzo 2025
  9. Threadmarks: Capítulo XXIV: Antes del Ataque
     
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    La Verdad Sobre IEPCOM 3: El Fin de Una Era
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    Capítulo XXIV:

    Antes del Ataque

    En los alrededores de la casa de Garrett, Troy y Lance se encontraban vigilando la entrada, a la espera de que sus viejos conocidos del “criadero” hicieran acto de presencia allí, junto a Tea, que buscaba la revancha contra ellos, por haber atrapado a sus compañeros de la Brigada de Liberación, además de ayudar a su amigo a detenerlos cuando llegara la oportunidad. Los dos jóvenes, a pesar de su edad, eran los que tenían más conocimiento sobre esos sujetos, al haber crecido y convivido con ellos en el mismo sitio por mucho tiempo, y estaban decididos a enfrentarlos, a costa de lo que fuera, para mantener a salvo a los colaboradores de Megan y a las demás personas que se hallaban en el sótano de la vivienda, porque se trataba de civiles.

    De repente, Troy sintió que alguien se le acercaba por detrás y, al recordar lo que había sucedido anteriormente con su hermana, se dió vuelta, para ver quién era ésa persona y fue entonces que se dió cuenta de que se trataba de Bernard, por lo que le preguntó, un poco extrañado de verlo allí:

    —¿Qué se te ofrece, Bernie? Deberías estar en el sótano, con los demás.

    —Tienes razón, hijo —dijo el mayor, muy tranquilo—. Pero... ¿Acaso se te olvidó que estás herido y en plena convalecencia?

    —No, no lo olvidé. ¿Y qué tiene que ver eso con que estés aquí?

    —Pues debe querer revisar tu herida y ver si estás bien —se le adelantó Tea, al recordar que, durante su viaje, el hombre o su hija habían mencionado que él estaba herido—. ¿O pretendes hacerte el duro con tal de acabar con esos sujetos, Jeff?

    El chico no pudo protestar al escuchar eso, pues sabía muy bien que tenían toda la razón en el hecho de que debían atenderlo, porque al momento en que se enfrentara con el matón de Van Slyke, buscando evitar el secuestro de Megan, había la posibilidad de que lo lastimara. Por eso mismo, siguió al mayor hasta el sofá de la sala de estar de la vivienda, y después de sentarse, se quitó la chaqueta y la camiseta que llevaba puesta. La misma, de color blanco, tenía una pequeña mancha de sangre, que contrastaba en ella con su tono rojizo, lo cual le hizo ver al mentor del rubio que su preocupación hacia él no estaba infundada. Lo siguiente fue que Bernard le retirara la gasa de la herida, la cual estaba mucho más llena de sangre que la camiseta, aunque no era demasiada.

    Lo que quedaba era revisar la sutura, para verificar si no se había soltado en algún punto, lo cual no sucedió, no obstante, en uno de los puntos habían rastros de una pequeña hemorragia, así como de un absceso de pus, que le indicaba que ésa área estaba infectada. Resolvió hacer estallar el mismo, para luego curarlo con alcohol y volver a cubrir todo con unas gasas. Mientras Troy se volvía a vestir, le preguntó, un poco extrañado:

    —¿De dónde sacaste ésas cosas?

    —La madre de tu amigo Garrett me las dió —fue la respuesta de Bernard, que estaba un poco más tranquilo, al haberlo revisado ya—. Tienen un botiquín allá en el sótano, eso es muy bueno.

    —Ya entiendo... Bien, ya está listo, debes volver al sótano con el resto ahora, antes de que te pongas en peligro.

    —Antes de eso, quisiera saber algo, hijo —le dijo el hombre, un poco nervioso.

    —Adelante, ¿qué quieres saber?

    —¿Qué planeas hacer después de detener a esos sujetos? —le preguntó, sin rodeos.

    —No podemos confiarnos, Bernie. Son unos muchachos, como yo, pero son muy competentes y harán lo posible para acabar con nosotros.

    —Más víctimas de ésas malas personas —concluyó él, muy serio.

    —Sí, pero se dejaron llevar por lo que Fitzpatrick les ofreció, no están de nuestro lado.

    —¿Y si quisieran redimirse? —volvió a preguntar el hombre—. Digo... si el tal Ian, que intentó asesinarte, al darse cuenta de que estaba haciendo mal, decidió ayudarte... ¿No crees que ellos también podrían hacerlo?

    —No lo creo. Los conozco bien, ellos sólo le obedecen a Fitzpatrick, y no les importa nada más... Ése hombre quería que yo fuera así, pero no quise ceder ante sus maltratos y me convertí en la “oveja negra” en ése lugar.

    —¿Estás absolutamente seguro de eso? —insistió Bernard, que lo miró fijamente a los ojos mientras se lo decía.

    El rubio no dijo nada, por lo que Bernard se levantó del sofá un momento después, para irse al sótano, a resguardarse, como lo habían acordado antes, ya que él no sería de mucha ayuda en medio de una situación como la que se avecinaba, pues no sabía pelear. Sin embargo, antes de entrar allí, le dijo lo siguiente, con voz tenue:

    —Todos en la vida tenemos oportunidad de resarcir los errores que hayamos podido cometer. Nuestro pasado no tiene porqué definir lo que somos, sólo tienes que verte a ti mismo, que a pesar de todo lo malo que pasaste, eres una gran persona... Yo sé que tú siempre te mantuviste firme en no lastimar a nadie, a diferencia de los demás chicos que pasaron por ése infierno, pero no eches al saco roto mi consejo, hijo. Piénsalo bien.

    Las palabras del hombre calaron en el muchacho, que se quedó pensando en cómo les había afectado a los otros chicos que habían crecido en el “criadero”, y se dió cuenta de que en algunos casos, como el de Lance, su viejo amigo, a quien él creía un traidor, por haberse unido al grupo de sicarios del Jefe de la Policía Central, hacia ya cinco años atrás -aunque había sido por salvarle la vida-, pero que ahora estaba buscando colaborar con la causa de acabar con la “Estrella del Norte”, ayudando al padre de Ian, quien era enemigo de Van Slyke. Con respecto a Ken y a Zack, era diferente, ya que ellos eran sicarios expertos y sanguinarios -el ideal que buscaba Fitzpatrick para los chicos que llegaban a trabajar para él-, que al igual que él, habían sido entrenados desde temprana edad, y quienes no conocían otro camino que no fuera la violencia y la muerte. ¿Sería posible que ellos tuvieran algún motivo por el cual buscarían cambiar el rumbo de sus vidas, de forma tan drástica?

    Se levantó del sofá, para regresar a la entrada de la casa, en donde continuaría con su tarea de vigilar, presto a cualquier movimiento extraño en la zona. Estando ahí, Lance le preguntó lo siguiente, con cierta preocupación:

    —¿Te encuentras bien, Troy?

    —Sí, estoy bien —fue su respuesta—. ¿Por qué la pregunta?

    —Es que me enteré de lo que te pasó en Texas. Creo que deberías descansar un poco, amigo.

    —Tranquilo, Lance, yo estoy bien —recalcó el rubio, con voz cortante—. No te preocupes tanto por mí.

    Tea, al escuchar lo que dijera su amigo de la infancia, se limitó a esbozar una sonrisa, pues sabía perfectamente que el menor era alguien muy terco, y no iba a permitir que le pasara algo malo a sus amigos, sobre todo después de lo que había ocurrido con Megan. Y después de eso, le dijo lo siguiente, con un dejo de sarcasmo:

    —Si conoces lo suficiente a Jeff, sabrás que estás perdiendo tu tiempo. Cuando algo se le mete en la cabeza, no hay poder humano que lo haga cambiar de opinión.

    —Es verdad, ya olvidaba lo terco que es Troy —le dijo él, más tranquilo.

    —Estoy aquí, ¿saben? —les comentó el rubio, un poco malhumorado, por creer que lo estaban ignorando.

    Mientras tanto, Ken y Zack, después de recibir las órdenes de parte de Fitzpatrick, cuando dejaron a los miembros de la Brigada de Liberación que habían emboscado, se dirigían hacia el lugar en donde vivía Megan Knox, junto a sus aliados, para que, llegada la hora de “atar los cabos sueltos”, es decir, de acabar con la vida de ésas personas, no tuvieran mayores complicaciones, como el Jefe de la Policía Central lo había planeado -sin contar con el hecho de que Marcus secuestrara a ésa mujer, lo cual ignoraban- desde un inicio, en conjunto con Van Slyke. Para asegurarse de que llevaran a cabo su objetivo, Jacob había decidido que Katherine y Trent los acompañaran en dicha tarea, cosa que no les agradaba mucho, pero al ser órdenes superiores, debían limitarse a obedecer, como siempre lo habían hecho.

    —¡Ah, qué molestia tener que viajar con estos novatos! —bufó Zack, fastidiado por lo que pasaba.

    Lo decía porque pensaba que su jefe los estaba subestimado, y que tal vez creía que ellos dos no eran lo suficientemente capaces como para hacerse cargo de la tarea que les había encargado. Y también porque no le gustaba para nada hacer equipo con sicarios que no sabía cómo trabajaban, pues estaba demasiado acostumbrado a hacer grupo con Ken e Irina; dinámica que había tenido que cambiar de manera forzosa, al haber muerto la anterior líder del equipo élite de sicarios de Fitzpatrick.

    —Al menos somos más eficientes que tú, imbécil —le replicó Katherine, burlona—. De no ser por nosotros, no hubiesen podido detener a los delegados de la Brigada.

    —Bien dicho, Kath —recalcó Trent, muy sereno.

    —¡Ustedes dos son insoportables! —les reclamó el otro, muy molesto.

    —¿Pueden hacer silencio ya? —interrogó el mayor de los sicarios, cansado de estar oyendo sus quejas—. Limítense a llevar a cabo la misión que nos dió Fitzpatrick, y nada más, monte de inmaduros.

    Katherine y Trent guardaron silencio al escuchar a su compañero, ya que era el que estaba al mando del equipo en cuestión; por su parte, Zack exclamó, a punto de perder la poca paciencia que le caracterizaba:

    —¡Lo único que quiero hacer ahora es acabar con el idiota de Troy de una vez por todas! Será mi desquite, después de que me hiciera quedar como un principiante, el día en que huyó del “criadero”.

    —Eso lo puede hacer cualquiera entonces —opinó Trent, sonriente.

    —¡Ya basta! —le ordenó Ken a todos, furioso—. ¿Qué parte de “debemos concentraron en la misión” no han comprendido?

    No hablaron más. Ken se limitó a continuar su camino, sin más, ya que, a diferencia de sus acompañantes, el joven sicario sólo tenía una meta en mente: descubrir quién había sido el responsable de la muerte de Irina, su compañera de armas y su pareja; pensaba en que, después de cumplir con el encargo de su jefe, le pediría tal información, y entonces se ocuparía de cobrar venganza por su pérdida. Zack -el único en el grupo que sabía de su relación con la sicaria fallecida- lo miraba de reojo, disimuladamente, porque sabía que si llegaba a decirle algo al respecto, el otro, como mínimo, le daría una paliza por andar de entrometido en sus asuntos personales, ya que era muy receloso con esos temas.

    Lo único que le quedaba en ése momento era esperar a que llegaran a su destino...

    Continuará...
     
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