Re: La Pirata Y otra vez se nos fue Farothito D:... Exigimos que este capitulo sea mas largo! xD (yo quiero un especial bizarro de Elena y Seba)
Re: La Pirata Aunque haya sido broma puedo hacerme la loca como que no entendí y repetir el post xD Ok, no, estoy desvariando. No hay por qué pensar en un término tal como "estacionario", yo más bien diría que ninguna obra puede tener en tensión al lector el 100% del tiempo. Siempre debe haber espacio para todas las emociones y para aclarar las situaciones, además se me hizo muy cómico ese capítulo, lo cual es bastante bueno, después de momentos tan tensos. ¡Qué felicidad! ¡Cuánto viajas! Así era yo cuando era joven y bella XD Ya me agarró el payaso, no me hagas caso. Que te vaya muy chido en tu viajecín y concuerdo con Okita, pon un capi más largo!!!!!!
Re: La Pirata Gracias por vuestra paciencia :D ------ - Mi nombre es Elena de la Cruz. Nací en Sevilla hace poco má de dos décadas. - Tomó la taza donde todavía le quedaba un poco de infusión, y se la llevó a los labios para degustar un poco antes de continuar, mientras nos lanzaba una mirada escrutadora. - Comencé a viajar hace poco, cuando la necesidad me lo exigió. Soy la única hija de un pobre y retirado mercader, viudo desde que yo nací, y de gran corazón. Hace un año que lo aqueja una nefasta enfermedad de la que los médicos poco saben. Sufre de fiebres, de ronchas y le aparecen terribles heridas de la nada, que poco tardan en pudrirse. Luego de preguntar a todo el que sabría aunque fuese un poco del tema, descubrí que ya nada se podría hacer y que todo ser viviente del viejo mundo que quiere cambiar de vida, pues debe cruzar al otro lado. Así es que me embarqué al nuevo mundo con la esperanza de hallar alguna medicina entre las grandes riquezas que todos los días se pueden encontrar. Luego de casi tres años de búsqueda, me encontré con el capitán Badock, un hombre que había sufrido en carne propia aquella enfermedad, y que había podido encontrar la cura para tal virus. Se dice que es una especie de polvo de poderosos atributos y que luego de un doloroso y extenso tratamiento, pudo combatir las heridas, los gusanos, las ronchas y las fiebres, y ahora vende la medicina a precio de Reyes. Yo estoy segura que nunca podré comprarlo. Así es que logré disfrazarme de hombre para embarcarme en el Bergantín que me reveló, luego de muchos viajes al rededor del mundo, no ser ni más ni menos que un traficante de mercadería ilegal. - Luego de decir esto, hace una pausa para mirarnos. Yo debí haber tenido rostro de estúpido, pues ella luego de mirarme asintió con la cabeza - Por supuesto que entre toda esta mercancía, vende poco de esta medicina, dejando siempre algo para sí, a quienes puedan pagarla. Es una droga poderosa, y no sólo cura esa enfermedad, sino que dicen que tiene un sinfín de usos medicinales. Luego de toda esa introducción, Elena terminó su brebaje de un sólo sorbo, y se tendió hacia atrás en la silla, cerrando un poco los ojos para descanzar. - Sin duda una fascinante historia, Elena, pero no puedo evitar pensar que ahora estás nuevamente en tierra. Ya no estás a bordo de aquel barco que lleva en su cubierta el remedio que buscas. ¿Que piensas hacer ahora? La pregunta era certera, pero Elena, todavía en una posición muy cómoda, respondió sin siquiera abrir los ojos. - Bueno, no quiero volver a disfrazarme de hombre en mi vida. Lo hice durante demasiado tiempo y es lo más grotesco que puede existir - Y diciendo esto, se sentó erguida en su silla para mirarme con sus ojos verdes penetrantes - En serio, muchacho: Nunca - enfatizó mucho esa palabra - llegues a ser como esos desalmados. Son tan mugrientos y deshonestos que nisiquiera entre amigos se puede dormir sin un cuchillo bajo las sábanas y en paz. Yo tragué saliva, pero intenté mantener mi compostura y ser el hombre más maduro posible, respondiendo. - Entiendo Elena. Pero todavía no respondes la pregunta de mi madre. Elena volvió a echarse en el respaldo y suspirar. Parecía acomplejada y ni siquiera ella sabría qué es lo que quería hacer. Pero luego de unos minutos de silencio incómodo, mi madre se levantó para sentenciar el momento. - Bueno, querida. Mientras no sepas a dónde te lleva tu destino, puedes quedarte cuanto gustes aquí. Me haría bien una compañía tan agradable como la tuya. - Y diciendo esto, levantó las tazas para llevárselas a la cocina. No la volví a escuchar y por eso supuse que se había ido a descanzar. Y ahora que estábamos solos, decidí encararla de frente. - Honestamente, Elena. ¿Que pretendes hacer? - Me acerqué con mi silla a la de ella, esperando que me viese como alguien más maduro que mi edad, y que pueda compartir conmigo sus planes, si es que los tenía. - Necesito un barco - fue la seca respuesta. - Si no puedo obtener lo que quiero por las buenas... - y diciendo esto se acercó tanto a mi rostro que una salada gota de sudor rodó desde mi sien hasta mi mandíbula - lo haré por las malas. Pero para eso necesito un barco. Y diciendo esto, la hermosísima muchacha se levantó para darme la espalda y abrir la puerta que daba a un cálido y hermoso día caribeño. Cuando se aprestaba a salir yo me levanté y la detuve con mi voz. - ¿A dónde vas? - pregunté, y no pude evitar que un leve timbre de preocupación se notase en mis palabras. - Bueno - me dijo - ya no tengo mucho más que hacer aquí. No quiero molestar, y todavía tengo asuntos que arreglar. - ¡Pero estás herida! - era una buena excusa, pero Elena volteó para sonreírme con un poco de lástima.- - No te preocupes, Sebastián, estaré bien. Reposaré los próximos días y todavía no haré nada arriesgado, pero necesito información ahora, antes que Badock zarpe. - Pero puedes reposar aquí. Es lo mejor que puedes hacer. Yo ... yo podría cuidarte y acompañarte a buscar información. - ¿Tú? - lanzó una risa algo malvada, pero la aguanté bastante bien. - ¿Crees que te llevaría como un perrito faldero? Más lo que me estorbarías. No, Sebastián, no puedo quedarme, no es bueno para mí. - Y diciendo esto, dio por zanjada la conversación y salió apresurada. Yo me quedé un segundo pensando antes que floreciera en mi mente una gran idea que pensaba llevarla a cabo cueste lo que cueste. De un salto salí a la calle. Elena se alejaba lentamente debido a su condición. No cojeaba, pero caminaba lentamente con su mano derecha en su costado izquierdo, como si temiese que la herida vuelva a abrir. - ¡Elena! - Le grité para que se detuviera. - ¡Pasa aquí en mi casa las noches hasta que recuperes y llévame contigo todos los días a donde vayas y te aseguro que no te arrpentirás. Ella volteó divertida y me cerró un ojo. - ¿Y qué puede asegurarme un mocoso más de seis años menor que yo? - Yo... - le dije en un hilo de voz. - ...puedo conseguirte un barco. --- Espero les haya gustado. Ahora sí que se viene interesante :D Saludos, los quiere Faroth
Re: La Pirata ah!!!! Ayer quería leerlo, pero con los deberes encima ya ni se pudo. Muy interesante, muy interesante. Espero ser la primera persona en dejar mensaje =O. Ahora ¿Como se las ingeniará Sebastián para conseguir el Barco? Lo veas por donde lo veas es demasiado difícil. ¿Pretende robarlo? O engañarla con otro propósito. Maldición... Se está poniendo cada vez mejor =).
Re: La Pirata Yeah¡ , esto si es excelentisimo , espero conti ya que es mi deber seguir leyendo algo de tan buen nivel , espectacular , realmente muy bueno
Re: La Pirata Como siempre na mas me queda admirar tu trabajo, que esta muy bien y con mas enigmas. Ademas de que todo indica que Sebastian va tras una intensa aventura, y esas son historias que me gustan mucho. Y pues eso, siguela pronto que esta cada vez mejor y mas interesante la historia. Lo unico que me parecio apresurado, a mi parecer (sin ganas de molestar), fue revelar mucho del pasado de Elena. Incluso por un momento llegue a dudar si ese era su nombre real o uno inventado por ella para no revelar sus verdaderos origenes. Pero bueno, ya sabras por que lo hiciste. Solo queda esperar supongo. Chao!
Re: La Pirata Lo mismo que Ponchi, creo que Elena dijo mucho para no querer involucrar a los demás, salvo que lo que dijo en parte sea mentira o que creyera que su temperamento es tan fuerte como para evitar que alguien se meta en sus asuntos luego de escucharla... Da a sospechar (y yo en el sentido bueno y no el de que gue fuera apresurado xD). En todo caso, que osca que es Elena :mad: no em gusta nada que sea así, tendrá sus razones pero, ¡DIOS! es molestisima. P.D.: :K BESUS
Re: La Pirata ¡Una trágica historia la de Helena! No es por nada, pero confirmas lo que siempre he sabido de los médicos: que son unos inútiles buenos para nada. No sabían qué enfermedad tenía el padre de Helena. ¡Vaya! La madre sí que es comprensiva, le ofreció asilo a Helena y toda la cosa. ¿Así que Quebitas ya se la dejó ir como va a Helena? Bueno, pues es un muchachito inexperto, no se podía esperar otra cosa. Pero empiezo a ver que Helena le tiene más que consideración. A ver cómo le hace para conseguir el barco. Híjole, cada vez me sorprendes más, no me esperaba nada de eso. Es fabuloso. Estaré esperando a que nos traigas más sorpresas con esta linda historia. Igual y me la plagio xD No es cierto, no sería capaz de semejante cosa, pero me está gustando mucho, va muy bien. ¡BESOS!
Re: La Pirata Quebitas xD... que apodo mas ocurrente leti! Va a ser MUY bueno ver como hará para conseguir el barco, yo creo que solo abrió demasiado la boca, por desesperación. xD Siento que me reiré bastante con el próximo capitulo
Re: La Pirata Los días que siguieron a aquel ofrecimiento de mi parte fueron los más bellos de mi existencia. Si bien es cierto que no fueron muchos días, casi se completan dos semanas de proximidad con Elena. Todas las mañanas me levantaba a servirle el desayuno y prepararle algo distinto. Tal vez no soy el mejor cocinero, pero a ella parecía agradarle. Conversábamos del día, de alunas historias del pasado y yo sobre todo le hablaba de "La Gloria". Recorríamos bares y posadas en busca de información y muchas veces nos dirigíamos hacia los diversos muelles que recorren el gran puerto para buscar el gran barco del capitán Badock. Nunca logramos verlo, pero se decía por los lugares que aquel capitán volvería pronto, tal vez una semana. Pues había zarpado en un viaje hacia el norte de la misma isla donde reside el La Gloria, y volvería pronto para luego zarpar definitivamente hacia el este en busca de Europa y volver a cargar su barco con toda clase de mercadería. Pero debo decir que ella hablaba poco. No hacía referencia a su pasado. Apenas hablaba de su presente y lo que más claro me dejaba, era su futuro: Yo tenía que conseguir el barco que le había prometido lo más pronto posible, pues debía salir a buscar a Badock y arrebatarle la tan preciada medicina. Así es que yo intentaba hablar lo más posible. Contarle sobre la isla, su pasado, mi pasado, mis historias de niños, y toda una cantidad enorme de sinsentidos que al poco tiempo de terminar de narrarlos, me daba cuenta que no era una historia importante, ni mucho menos entretenida, para la intrépida y viajera Elena. Así es que a veces optaba sólo por callar, y dejar que la corriente del silencio jugueteara entre nuestros cuerpos. A veces parecía cruel, otras veces ni me daba cuenta que habíamos caminado muchas horas en silencio, pero siempre había un momento de tranquilidad. Cuando el sol se posaba lentamente sobre el horizonte, convirtiéndolo en un denso océano de fuego naranjo, nos sentábamos al borde de las maderas de los muelles con nuestros pies colgando hacia el mar. El único sonido que nos circundaba era el de las gaviotas, el viento, y el vaivén dulce de unas olas tranquilas y cristalinas. Era entonces cuando yo la miraba y veía sus ojos brillar. Se veía el fuego del sol en sus ojos verdes, y su cabello danzaba en el baile del viento salado y yo, embobado, no sabía cuál espectáculo ofrecido por la naturaleza era más fascinante. Eso era en verdad momentos que atesoraré por siempre en mi corazón. Suceda lo que suceda. Y así, lentamente con el pasar de los días, Elena me enseñó las bases del difícil arte de manejar una espada. Todas las mañanas le dedicábamos más de una hora a combatir sin clemencia. Ella ya estaba casi totalmente recuperada y me trataba duramente a la hora de aprender. Pero yo no me quejaba mucho, cada hora estudiada o entrenada, era una hora junto al ser más maravilloso de este mundo. Estaba seguro que sentía algo fuerte que nunca antes había sentido, y también estaba seguro que ella experimentaba algo parecido. Muy en lo profundo, pero algo de reciprocidad había en el sentimiento. Al décimo día desde que acordara yo conseguirle un barco, Elena rompió el silencio de nuestro acostumbrado atardecer en el puerto para hablarme seriamente. - Ya estoy totalmente recuperada, y Badock puede llegar en cualquier minuto. Necesito ese barco ahora. ¡Por favor, Sebastián! Me encantaba cuando decía mi nombre, aunque fuese para reprocharme, simplemente me hacía sentir como un hombre que Ella necesita. - Esta noche hablaré con el señor Gallieri, de seguro me dará un barco. - Muy bien. Confío en ti. ¡Confiaba en mi! Eso me alentaba a cumplir mi promesa, a pesar que todavía no tenía ni la más remota idea de qué es lo que iba a hacer ni cómo conseguir mi objetivo. ¿Realmente me enfrentaría al temible señor Gallieri? Desde que conocí a Elena que no he ido a trabajar. Además que el señor Gallieri tal vez ni sepa quién soy además de un mísero trabajador mal remunerado entre otros muchos míseros trabajadores mal remunerados. Debía conseguir que al menos me prestara uno. El que sea, para no desilusionar a mi doncella. - No te preocupes Elena, déjamelo todo a mi. - Le sonreí ampliamente para que viera que soy el mejor, pero lo que siguió fue terrible Me acarició la cabeza en un gesto que solía repetir de vez en cuando, pero ahora me dijo además. - ¡Que bueno tenerte conmigo! Eres el hermanito pequeño que nunca tuve. ¿Te molesta si te llamo hermanito de ahora en adelante? Quedé paralizado. ¿Hermano? ¿Eso es todo lo que yo era? Yo soy mucho más que eso. Soy un hombre, soy un hombre, soy un hombre! No puede mirarme como un pequeño e indefenso niño todo el tiempo... yo ya soy mayor. No supe qué decir. Me quedé helado de un momento a otro. ¿Yo era como su hermanito? Eso probablemente negaba toda posibilidad de que me mirase como a un hombre. ¿Que puedo hacer? ¿Ya la había perdido? Me sorprendí a mi mismo diciendo algo estúpido como "No te preocupes, está bien, me gusta". Porque no supe abandonar todos mis sentimientos y salir en búsqueda de su amor. ¡Soy un cobarde! Tal vez merezca que ella me llame su hermanito. La batalla estaba perdida. Me levanté de súbito del muelle, lo que a ella le preocupó un poco. - ¿Sucede algo, hermanito? - Yo lanzé una especie de gruñido que tal vez ella no escuchó, ya que en realidad fui tan cobarde en el volumen de aquella malhumorada expresión, que dudo si en algún momento logré hacerla sonar realmente y no fue oída sólo por mi mente. - Voy a conseguir un barco - Le dije, y la dejé allí, sola, por primera vez desde que la conocí. "CARPINTERÍA Y REPARACIÓN DE BARCOS GALLIERI" El cartel inmenso era de madera y las letras estaban pintadas en un amarillo rey muy llamativo. Era sin lugar a dudas un taller muy bien construído. Junto a uno de los mayores lugares de embarques de "La Gloria", Gallieri había logrado construir una gran casona que cubría varios de los muelles [que había comprado con anterioridad] y donde llegaban los barcos "heridos de guerra" o simplemente que necesitaban cualquier tipo de repareción, y el viejo Luigi Gallieri los reparaba en una semana. Algunos tomaban más tiempo, pero el viejo era conocido por lo rápido, eficaz y confiable de su negocio. Así es que el trabajo nunca acababa, y a mi me tocaba ser quien limpiase muchas veces las cuadernas de los barcos para entregarlos relucientes. A menudo llegaban simples Balandros, Pinazas e incluso Bergantines de muchos mercaders que llevaban prisa y mucha mercadería. Pero nunca faltaban las rápidas Carabelas, Bricbacas o incluso algunos pesados Galeones. Pero lo más sorprendente que he visto en mi vida, fue cuando llegaron dos Galeones y una enorme Carraca al puerto. Todos necesitados de reparación y descanzo. Uno de los temibles galeones estaba cargado con oro y cañones. Siempre tenía hombres en cubierta para asegurar que no haríamos nada, pero nunca lo hemos hecho y nunca lo haremos. Semanas después de zarpar, supe que se trataba de un Galeón comandado por un temible pirata. Yo me sorprendí que el viejo atendiera a gente de tal calaña, pero él siempre decía que "Un médico nunca mira ni juzga al paciente. Sólo cumple con su oficio". Aquel era la enseñanza de un gran viejo, pero que ahora tenía que enfrentar para pedirle un barco. Pensaba que Elena esperaba una Fragata o algo por el estilo, pero yo no tenía muy claro qué es lo que podría ofrecerle. Además que el viejo no era dueño de aquellos barcos. ¿Cómo pude asegurarle que le conseguiría uno? De paso seguro avancé hasta entrar cuando ya anochecía, a mi lugar de trabajo, al cual no había ido en más de una semana, para pedirle perdón a un biejo severo pero de buen corazón, que a veces era tan impredecible que daba miedo. ---------- Gracias una vez más por todo el apoyo, amigos míos. Espero que esta parte les guste mucho. Como pueden darse cuenta, lo bueno se viene, y tengo grandes planes para estos dos. Así es que espero hayan disfrutado y ojalá pasen a leer y dejarme un postito. Abrazos para todos Faroth
Re: La Pirata ToT sentí mucha pena por Quebitas! Dios, lo comprendo totalmente, una vez me paso lo mismo y me quede de plano por un largo tiempo. Es una decepción gigante cuando pasa xD... Farothito, realmente se viene lo bueno XD yo que pensaba que el viejo al que le pediría el barco se trataba de un amigo de Quebitas, pero ya veo que va sudar sangre xD
Re: La Pirata Excelentisimo capitulo , conseguira el barco? q le hara si no lo consigue?q tipo de barco sera? como continuara la historia? sugoi esto esta super interesante espero conti tu ve cuando mientras siga siendo tan buena o mejor que la anterior.
Re: La Pirata Lo peor que puedes decirle a una persona es algo comno 'Eres el hermano que nunca tuve' O algo así.. uno se hace piedra xDDD. Como la amiga de una de mis hermanas, Su profesor quería con ella, pero ella le dijo 'Es que usted es como un padre para mi' Que terrible, que terrible. No se ni en que se mete Sebastían... prometer un barco ¡¡Dios!! ahora como se va a encarar a ese viejou_u.. Que cosas, ya quiero que venga lo bueno ... o lo mejor =).
Re: La Pirata Pero era el profesor!!! xD acaso querías que hubiera algo si esa amiga era tu hermana? loool Yo quiero ver a Quebitas en aprietos! (donde esta leti para contradecirme? xD).
Re: La Pirata Oh, no, no... solo que... lo bateó doble al pobre xDD... y solo de imaginar como quedó el hombre aquel.. xD
Re: La Pirata Muchas gracias, una vez más, por seguir leyendo. Apreci mucho que les interese la historia, y espero que esta nueva entrega les haga reír de alegría y ahogar algún gritillo de la emoción. Saludos Faroth ----------------- La puerta de la gran casa que daba al exterior estaba siempre sin cerradura. Pero no era la puerta más importante. Ésta daba a una segunda habitación, muy espaciosa, que servía como "sala de espera" a todo cliente que quería un trabajo bien hecho. Me adentré en aquel salón, ahora dueño de una obscuridad casi total, para darme cuenta que para mi suerte todavía el viejo estaba despierto. Una luz de vela se vislumbraba en una de las ventanas de las habitaciones al otro lado de la segunda puerta. Ésta sí que estaba cerrada. Ya no se atendía a nadie a esas horas. Y lo más probable es que las pocas almas que queden despiertas sean el señor Gallieri y alguna que otra alma marinera cumpliendo las órdenes de hacer guardia en el barco por si los famosos "reparadores" no fuesen más que una banda de pillos. Era divertido que desconfiaran de nosotros, ya que Gallieri siempre dejaba todo cerrado por las noches, el lugar era muy pacífico y bien cuidado, y muy difícil de pensar era la posibilidad que un anciano, experto y famoso en lo que hacía, huyera hasta perderse con un barco robado, perdiendo así toda dignidad, fama, y riquezas que había ahorrado hasta ahora, sin más que un puñado de carpinteros, ningún piloto, y con la presión de un dueño que buscaría hasta la muerte su propia nave. Así es que el negocio funcionaba bastante bien. Los barcos llegaban, eran reparados y no se hacían preguntas. El no hacer preguntas es algo que siempre ha estado latente en "La Gloria". Todos trabajan para su propio beneficio y nadie hace preguntas. Se obtienen los resultados esperados, sin importar el medio. Las preguntas siempre estaban de más, y eso acomodaba a todo tipo de clientes, incluídos los hombres de la realeza, que entre acciones corruptas y misiones secretas, siempre era mejor no preguntarles por qué o para qué necesitaban algún servicio. Y a pesar de tan buen trato con el cliente, yo sabía que éste no era el caso. De seguro el viejo Gallieri me haría todas las preguntas del infierno apenas me viera, ya que había sido rotundamente irresponsable al ausentarme sin avisar, y ahora... iba a pedirle al viejo un favor que a pocos hombres existentes les concedía: Que me prestase alguno de sus dos barcos personales. Llamé a la puerta tímidamente. La voz del viejo resonó. - ¡Ya cerramos! ¡Vuelva mañana! - Estaba utilizando su vozarrón de hombre cansado y con muchas ganas de dormir, pero yo sabía que probablemente estaba contando las monedas que habría ganado a lo largo del día. Amaba contar y volver a contar el dinero ganado con el sudor de su propia frente. Así es que no me acobardé al sacar mi voz hacia afuera. - Soy yo. Sebastían, señor. - De igual modo me pareció algo aguda y si fuerza. Pero era lo mejor que podía hacer. - ¿Que? - La expresión y los pasos apresurados no se hicieron esperar. Se encendió una nueva vela y se movió por los pasillos hasta quedar justo detrás de la puerta que yo había golpeado. Se demoró un poco la acción entre sonidos metálicos entrechocando, y la cerradura cediendo al tembloroso pulso con que el viejo manejaba la llave. Cuando la abrió, noté que estaba usando una manta larga para dormir. Llevaba sobre sus canas un simpático sombrero que hacía juego con su vestimenta, y poniéndome el candelabro al frente de las narices lanzó un bufido y me hizo pasar. - ¿Así que has decidido aparecer, mocoso? - Y diciendo esto, abrió la puerta de par en par para que yo avanzara, lo cual hice algo nervioso. Me llevó hasta su oficina, donde tenía varios montones de monedas acumulados, y me hizo sentarme frente a él. - A ver... supongo que tienes una vuena explicación para faltar al trabajo. Y antes que me digas nada quiero que sepas que eso ya está descontado de tu sueldo. - No se preocupe, señor. Ya lo suponía. Pero vengo a traerle más amargas noticias. Estoy en medio de una emergencia terrible. Supuse que ablandaría un poco al viejo primero, para que me ayude. Pero siempre hay que decir la mayor cantidad de verdades posibles, ya que mi madre me enseñó que "Quien dice siempre la verdad, no tiene que recordar lo que dijo". Así es que cuando me aseguré que el viejo me escrutaba con preocupación, decidí continuar mi desesperado intento de conseguir ayuda. - Hace unos días llegó muy malherida una mujer, pariente muy lejana de mi madre. He tenido que quedarme en casa para cuidarla. Había viajado en un gran barco buscando una medicina para su padre, pariente nuestro también.El problema es que naufragó a poca distancia de aquí y pudo llegar a mi casa ya que la encontré en la calle una noche lluviosa. "Ahora ella está mal, señor. Necesito llevarla a su hogar. Fue herida brutalmente cuando naufragó. Sobrevivió no sé cómo. Y ahora que está recuperada casi del todo, he caído en la cuenta de que necesita zarpar cuanto antes de regreso a casa. Yo le dije que podría preguntarle a ud si... bueno... si podría prestarme ud algún barco para llevarla. El viejo quedó impávido ante toda la larga historia, y antes de que dijera algo yo me adelanté para que todo fuese más simple. - ¡Le juro que será por poco tiempo! Además, tengo algo de dinero que puedo entregarle por cada día que utilice el barco. El viejo duró unos segundos más en silencio antes de mirarme nuevamente con un rostro bonachón. Era sin duda un gran viejo y confiaba en mí. Aunque eso sólo me hacía sentir más miserable de lo que ya era. - Mi niño... - comenzó a decirme, tiernamente en un principio. - Entiendo tu dolor, tu pena y tu problema. Pero lamentablemente no podré ayudarte. - Diciendo esto, su rostro se volvió más duro. - Primero, porque no me interesa ayudar a mocosos que escapan sin avisar del trabajo y hacen perder a uno mucho dinero. Y segundo, - se levantó pesadamente de su silla alzando más la voz - aún si quisiera ayudarte, ¡no puedo!, ya que mi Balandro no están en condiciones de navegar. Viene llegando de un largo viaje y tiene por lo menos unos buenos días de reparación. Además que ya lo vendí a un digno mercader, a quien se lo entregaré cuando termine de prepararlo. Así es que no tienes nada que hacer aquí. Cuando cuente hasta cinco, quiero que tu trasero esté fuera de este lugar. Cuento, uno... - Pero... - intenté interrumpir. - DOS... - Yo... - TRES... - ¿Y no tenía ud una vieja Fragata? Eso hizo que el viejo estallara con una carcajada sonora. Y luego me miró con una mueca de burla un poco agresiva. - Esa nave no es más que una cáscara de nuez fondeada en un muelle olvidado cerca de mi casa. Hace años que no sale a la mar y está carente de casi todo lo necesario para navegar. Comenzando por que le faltan velas, su cascarón no soportaría ni una mísera ola de tormenta. El Timón no está conectado a la aleta, la madera lentamente se pudre. Es un buque enfermo y herido de muerte. Eso le pasa a las naves de guerra cuando han sido utilizados demasiado. Y desde que el Virrey de España me lo pidió para acabar con amenazas piratas que no ha zarpado a ningún lado, y tampoco he visto ningún puto maravedí de aquel 'arriendo'. Así es que pierde cuidado. Esa Fragata no sirve. Yo, en un desesperado intento de conseguir 'algo', para después demostrarle a Elena que no era un niño, aventuré a hacerle una propuesta descabellada. - Señor Gallieri, si yo lograse que el barco estuviese en las mínimas condiciones para navegar, ¿podría ud prestármelo entonces? El anciano profirió una rotunda carcajada, para luego palmearme la espalda mientras me decía. - ¡Muchacho! si logras que esa Fragata viaje de un extremo de "La Gloria" a otro sin hundirse, ¡Te la regalo! Estarías logrando algo que yo no puedo. Estiré la mano rápidamente. - ¿Palabra de hombre? El viejo me miró la mano y se puso un poco serio. - ¡Que voy a estar haciendo tratos con mocosos insolentes! Yo, cuando naciste, ya tenía el doble de años de trabajo en este oficio que tú ahora. ¡Lárgate y no quiero ver tu inmunda cara hasta que te hayas rendido con ese barco! Intentó golpearme el trasero con una patada, pero yo puse de inmediato los pies en polvorosa. Había obtenido un barco, si lo reparaba. Claramente no tenía la menor idea de lo que estaba haciendo. Sólo pensaba en Elena y en hacerla feliz. En que me viera como algo más de lo que ahora me ve. Corrí desesperadamente por las calles del inmenso puerto. Era una noche tranquila donde la luna daba la suficiente luz. No me detuve hasta llegar a mi casa, donde entré, no saludé a ninguna de las damas sentadas al rededor de la mesa, a pesar de sus miradas de asombro, y me lancé a mi cama a dormir plácidamente hasta el día siguiente, donde tenía planeado llevar a Elena a la casa del señor Gallieri, que quedaba en las afueras de La Gloria, al oeste, y mostrarle mi nueva adquisición.
Re: La Pirata BUENÍSIMO! Lol y yo que dijo "No puede ser, no era que el viejo era un mal parido?" xD pensé que ibas a cambiar eso y me decepcione...pero que suerte que no! MUY bueno :) me reí con eso de "me quería dar una patada en el trasero.." xD jajaja Faroth, se te adora y quiere.
Re: La Pirata Chín, me perdí un capítulo, pero creo que así está más chido por leí de corrido. xD. Quebitas no es un apodo, así les dicen a los Sebastián en mi rancho, aunque acepto que sí se oye como apodo xD ¡Ah pero qué mala pasada para el Quebitas! Helena diciéndole que es como su hermanito xD ¿Pues qué esperaba ese crío? Al menos que diga que le dio chance de estar con ella y que le enseñó a usar la espada, a menos que esperase que le "intruyera en otras artes", jajaja. Ah, así que no es un vago bueno para nada, yo pensé que lo era, pero resulta que trabaja un taller de reparación de barcos, menos mal. :P Pero mira que pensé por un momento que el viejo se conmovería y que sí le daría un barco, creo que ese "mi niño" fue lo que me hizo suponerlo. ¬¬ Lo que me sorprendió fue que le dejara suicidarse con la fragataaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa. xD No te apures Okita, ya estará en aprietos en altamar con una embarcación a punto de hundirse con la menor llovizna, si ya hasta me estoy imaginando la escena. Pobre ... diría lo que pensé pero me amonestarían por usar palabrotas xDDD Híjole, está re'buena la historia. Cada vez se pone mejor, ya muero de ansias por ver cómo demonios se harán a la mar con esa cosa casi para la basura. ¡Un mega abrazo!
Re: La Pirata Pero que ... que es sebas , oe faroth que buen capitulo , me sigue manteniendo interesado de un modo absoluto tu fic .