Kioto Kioto

Tema en 'Prefecturas' iniciado por Amelie, 13 Octubre 2023.

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    Gigi Blanche

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    La actitud de Kuroki me picaba en todo el cuerpo, pero no había demasiado que pudiera hacer al respecto. No cuando nos encontrábamos fuera de Kioto y Matahachi parecía reconocerlo como... ¿un superior? Intentaba entenderlo, de veras que sí. Intentaba comprender la visión y la postura de estos auto declarados expertos en la guerra, que sí, no dudaba que tuvieran más experiencia que yo, pero ¿eso invalidaba mi opinión?

    Matahachi parecía haberme ignorado hasta que pronuncié mis últimas palabras y entonces sus ojos se clavaron en mí, lo hicieron con una frialdad que me sacó de mi sitio por un momento. ¿Esto... era real? Había cedido, había accedido a viajar aquí en compañía, pero ¿este había sido su plan desde un principio? ¿No le interesaba lo que ninguno de nosotros tuviera para decir?

    —Hablan y hablan de mi corazón puro, de mi inexperiencia y mi ingenuidad, como si esta maldita guerra no me hubiese quitado todo lo que alguna vez tuve. Como si el mundo no me hubiese dado también la espalda. —Le lancé un vistazo a Kuroki y regresé a Matahachi—. Se suponía que viajáramos aquí como un equipo, pero no planeas escuchar a nadie, ¿verdad? Nos aceptaste para que te permitieran venir, urdiste tu estrategia y nos ubicaste en el tablero. No somos más que fuhyō.

    Agaché la mirada y sentí una mano sobre mi hombro, pero ya había tomado mi decisión. Aparté a Tamura sin brusquedad, me incorporé y vi a Matahachi desde arriba.

    —Conozco mi lugar y respetaré nuestro acuerdo, pues acepté venir aquí para poner mis habilidades a tu disposición. Lo haré. Y eso será todo. —Deslicé la mirada a Kuroki—. Tu error es precisamente ese: sólo ver enemigos en los demás, decirte a ti mismo que eres un monstruo despiadado. Lo repetiste tantas veces que lograste convertirte en uno. Si nuestra amistad no significa nada para ti al menos intenta dormir pensando en Rengo, en las lágrimas que derramó por ti. Le rompiste el corazón, Kuroki, y tendrás que vivir con eso.

    Giré sobre mis talones y me retiré a lo profundo de la construcción, donde el rastro de la fogata no lograba iluminar. Apoyé la espalda en la pared, cruzado de brazos, y desde allí oí el resto de la conversación. Al abrigo de las penumbras, también, me permití dejar correr un par de lágrimas. No renunciaría, no faltaría a mi palabra, pero esto... había sido mucho peor de lo que imaginaba.
     
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    Matahachi mantuvo la compostura tras las palabras de Kohaku, lo dejó marcharse al fondo de aquella habitación y se mantuvo de frente mirando a Kuroki, a pesar de ello sus palabras se enfocarían a Kohaku —Todos somos piezas —se limitó a responder. Guardó silencio esperando más respuestas las cuales no llegaron, pero el silencio se vio interrumpido por la yurei más joven.

    Tras hacer su pregunta Mao se mantuvo en silencio, pero aún así se veía afectada por la conversación, sus gestos aún se matizaban entre la sorpresa y la tensión. Cuando Kuroki y Koharu terminaron por intercambiar palabras de peso, tomó valor para hablar, aunque lo más probable es que fuera la menos apropiada para eso.

    —Kuroki —buscó la mirada del albino sin despegarse de la pared—, aparte del peso de tus palabras, ¿Qué otra manera tienes para demostrar que esta alianza es fiable?


    Mientras Mao interrogaba a Kuroki, Kozaemon se detuvo a mirar a Matahachi, no dijo nada; pero Matahachi levantó la vista hacia él, recordaba sus palabras y las atesoró mejor que nunca — Es momento de terminar lo que se ha iniciado.

    Kozaemon afirmó.

    Mientras tanto, Taiki seguía a Kohaku —El silencio da las respuestas necesarias — susurraba a Kohaku mientras observaba a los presentes, tan ignorantes al verdadero caos que era el hecho de matar a Amaterasu —¿Qué caso tiene pelear si han regalado todo el mundo a la oscuridad?

     
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    Habiéndome desligado de la conversación central, me permití respirar a consciencia e intentar calmar mi corazón turbulento. No tenía sentido que le diera vueltas a las palabras de Matahachi, las de Kuroki o cómo me habían hecho sentir cuando claramente mi opinión allí valía lo que un montón de lodo. La figura vaporosa de mi padre se deslizó en mi dirección, me sequé las mejillas a velocidad y lo miré.

    Fruncí el ceño ante sus palabras, pensativo, y lancé la vista a la silueta lejana de Kuroki. Lo había interrogado sobre la muerte de Amaterasu y él no había respondido. Hasta ahora no me había detenido a dilucidar el origen del crimen, pero... tenía sentido que hubiese sido alguien dentro de Kioto, ¿cierto? ¿Kuroki conocería al autor del asesinato? Regresé la vista a mi padre y solté el aire por la nariz.

    —Bajo la nueva luz de este eclipse mis visiones han cambiado. En ellas aparecía la silueta de un muchacho luminoso, un humano, y ahora... ese muchacho tiene una cola de zorro. —Arrugué el ceño y una risa amarga me rebotó en el pecho—. Mara me lo advirtió, me dijo que dudaba mucho que Ebisu en persona se hubiese molestado en hablarme. Creo que tanto tú como yo fuimos engañados, padre. Lo que no entiendo son los objetivos de los kitsune. Sus visiones vaticinaron la muerte de Amaterasu y el eclipse total, por lo que no dudo que ellos estén detrás de esto. ¿Eso significa que hay zorros en Kioto? ¿El Imperio lo sabrá, siquiera?

    Mientras más y más lo pensaba, peor me sentía.

    —La conexión con Ebisu me había dado las respuestas que creí necesitar durante mucho tiempo —admití en voz baja, agachando la mirada—. Reunir a los Shijin, ayudarlos a sobrevivir, purificar a Shi, todo parecía... una misión noble. Algo de lo cual enorgullecerme. Y era todo una mentira.


    Volví a mirar a mi padre.

    —¿Hay forma de arreglar esto? ¿De regresar a Amaterasu a la vida?
     
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    Amelie

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    Taiki pensó en aquella idea, en todo lo que ambos habían tenido que recorrer, sus costumbres, su exilio, su cuidado con el Emperador al que consideró un amigo —Si han desviado a nuestra familia con artimañas y han intentado matarnos de distintas maneras, es porque nuestra mera existencia les incomoda. Pensé que al eliminar a Tamano no Mae evitaría un destino cruel para Akishino; pero no fue así. Y el eclipse se llevó a cabo —miró sus manos, cómo si en estas pudiera encontrar una respuesta.

    —Mara— miró a Kohaku — Tal vez el sacrificio de un Dios traiga de vuelta al otro. Pero son sólo especulaciones. Si el bien muere; el mal prevalece. ¿Qué queda si ambos se eliminan? —negó —Especulaciones, simples y mortales. Ya cometí muchos errores con esos pensamientos —miró a Kohaku — No sé que hacer —El miedo y la desesperación se notaron en su rostro.

     
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    Gigi Blanche

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    Asentí, abstraído, al oír a mi padre deducir que la existencia de nuestra familia incomodaba a los zorros, y me di cuenta con cierto retraso que había adquirido información nueva en las islas. El remordimiento seguía carcomiendo su alma, era evidente, pero ni siquiera podía tocarlo. No sabía cómo ayudarlo más allá de intentar resolver este entuerto a su lado.

    —Se remonta desde Kaji Ishikawa, Mara nos contó una historia sobre su vida, a mí y a Rengo. Kaji creció entre los emishi y su hermana mayor estaba por casarse con Shiryu, con Byakko, cuando un ataque les quitó la vida. Kaji creció y decidió encontrar la forma de revivir a Byakko para recuperar el equilibrio. Visitó a cada shijin, entrenó con ellos, y cuando viajó al monte Fuji una criatura lo salvó de una kitsune, un Kirin. Mara también me habló de él recientemente, alberga remanentes de poder del dios del fuego. Este Kirin le concedió un poder peculiar y con él pudo no sólo dilucidar las intenciones de la kitsune, sino también acabar con ella. Desde entonces, sus reencarnaciones le han temido a la descendencia de Kaji.

    Me pausé un momento, sin moverme de los ojos de mi padre.

    —Kaji Ishikawa poseía tanto energía oscura como luminosa. A partir de él... no sé por qué la energía se fragmentó, pero si el origen fue engendrado sobre la armonía y el equilibrio, ¿no deberíamos intentar lo mismo? —Mi tono de voz se había tornado más firme—. No sacrificaré un Dios para salvar a otro, no hay balance en ello. Claro que... tampoco se me ocurren alternativas. —Esbocé una sonrisa amarga—. ¿Sabes, padre? Kaji se sacrificó por Byakko, fue su energía la que le permitió volver a la vida. Una entrega voluntaria... Sería lo más parecido al equilibrio que se me ocurre, pero ¿cuántas vidas mortales equivalen a la de una diosa? Es absurdo sólo de pensarlo.

    De por sí no era capaz de entender cómo habían logrado matarla. El incidente más similar era lo que habían hecho con Mara, encerrándolo en una espada que...

    —Una cosa es matar a Amaterasu, pero ¿desaprovecharían semejante cantidad de poder? —Miré a mi padre—. Mara dijo que quien haya matado a Amaterasu tendrá ahora su poder. ¿Puede que hayan utilizado su... sacrificio de alguna forma? ¿Y que eso nos dé un atisbo de esperanza?

    La palabra la escupí con desdén, me fue inevitable. A cada minuto que pasaba el estómago se me retorcía más y más ante la simple idea de asesinar a un Dios con tal de ganar poder o alcanzar un objetivo. Me masajeé la frente, extenuado, y suspiré.


    —También me dijo que debería buscar la forma de absorber energía oscura, energía de un kitsune. Que el eclipse devorará mi energía luminosa hasta hacerla desaparecer. Claro que, para eso, primero deberíamos ingresar a Kioto y localizar alguno. —Solté una risa vacía—. La simple idea suena delirante.

    Irónicamente, si había alguien que podía ayudarnos al respecto era Kuroki.
     
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    Kuroki Fusatada

    Me quedé esperando la respuesta de Kohaku, y cuando ví que igualmente iba a seguir argumentando y sentenciando, decidí simplemente distraerme con el fuego para proceder a ignorarlo por completo, incluso arriesgandome a que se me escapara algún detalle importante, lo único que quería ver era que por medio de su lenguaje corporal me confirmara si se retiraría o si seguiría en esto, por lo que procedí a tomar un palo de ahí para acomodar un poco la madera consumida y poner la que aún no estaba quemada para mantener vivo el fuego, cuando percibí que el chico ya se retiraba, alcancé a escuchar un tono de voz distinta a la suya y alcé la vista para escucharlo, por lo que suspiré, afirmando con una expresión más bien cansada.
    —¿En una guerra? Tristemente si... Eso somos... Piezas—. Dije, más con un tono demostrando resignación que otra cosa, pues eran de esas de las que no quería admitir que era así al final pero... Ya era inevitable.

    Cuando terminé de acomodar las tablillas, alguien más habló, y esa fué Masuyo, por lo que alcé la mirada para ver su rostro de sorpresa como tensión, y escuchaba la extraña pregunta, el cual me hizo fruncir el ceño de la confusión.
    —Bueno... Ellos lo arriesgaron todo casi gratuitamente por confiar en mi dudosa palabra, y al menos Matahachi quiso entenderme un poco más, yo digo que al menos puedo confiar en ellos un poco, si no lo hiciera, ya me habría retirado, ¿No lo crees?—. Respondí con calma, no había malicia, era la verdad.

    Escuché lo último que Matahachi le dedicó al otro sujeto, Kozaemon, me parecía... Y luego de escuchar aquello y no alcanzar a ubicar del todo a Kohaku si no fuese por el espectro de su padre, nada de lo que decían alcanzaba a escucharlo, por lo que me quedé un momento en silencio, tanto de recuperar el punto donde nos habíamos quedado y, luego de reflexionarlo un poco, volví a hablarle a Matahachi.

    —Entonces... ¿Es todo lo que planearemos por ahora? ¿Prefieres ir sobre la marcha y conforme vayan saliendo las cosas? Cierto es que estamos omitiendo el tema de los yurei... Si están muchos aquí, no me quiero imaginar ya adentro, aún no había visto nada incluso antes de venir aquí—. Pregunté tranquilo pero también serio, este detalle iba a generar muchas cosas, y no sabía si me iba a gustar descubrirlas...

    Tenía aún tantas preguntas... Como por ejemplo la relación con los Fusatada y los Kitsune, pero no hallaba el margen, tampoco tenía razones para pensar que Matahachi sabía algo, de alguna manera esperaba ver a mi padre por aquí... Pero... Ni siquiera eso tengo hoy, tengo a Shiori, incluso a Mao, pero... ¿Siendo honestos? Lo necesitaba a él, ahora más que nunca...

    Y aún así, aquí estaba, solo sin su compañía...

    En fin, detalles al final de cuentas...
     
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    Amelie

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    Matahachi afirmó hacia Kuroki—Los yurei pueden ser un gran problema, si allá en el castillo nos encontramos viejos enemigos puede que nos sigan y sirvan de espías. No tenemos tiempo de hacer planes complejos. Eliminemos a Kuyo antes de que él haga el primer movimiento. Me encontraré contigo en las mazmorras; no te preocupes, sé cómo llegar sin ser detectado.

    Matahachi buscó entre sus pertenencias y le extendió un listón blanco — Dile a Kuyo que sabes la ubicación del falso Kaze.




    Taiki absorbió aquella información proveniente de su hijo, su mentalidad ya no era difamatoria para la energía oscura, consumió cada palabra con la mente de un catedrático, de alguien que había dedicado toda su vida al estudio de la energía luminosa en su defensa contra la oscuridad.

    —Hana— pronunció —Ella me había advertido tantas cosas de la energía oscura y yo no la escuché como era debido; cuando hizo mención de Amanozako simplemente decidí ignorarla, parecía fuera de sí.

    Los recuerdos de Kohaku comenzaron a entremezclarse.

    Su cabello le recordó al de Hana; pero no era ella.

    —Habló de Kaji, cómo ahora lo haces tú, también de Seiryu. Y mencionó algo de un shikigami, y que los Ishikawa alejábamos a ciertos yokai—lo miró preocupado — ¿Estás diciendo esto por haber estado en contacto con Mara? Hijo, no sé. No entiendo nada.

    Seiryu estaba en Tsu; oculto. Hana también.

    Amanozako conocía el encuentro de Kohaku con Seiryu, y ahora ella protegía a aquel shijin en sus dominios. Mismos dominios dónde resurgió Suzaku; mismos dominios dónde estaba la cueva del protector, de Byakko. ¿Habría algo representando a Genbu también? Tal vez los monos podían responder aquello.


    Amanozako; la misma Kami que jugó con Matahachi después de su tragedia.

    "No te daré algo a cambio de nada; eso es absurdo. Los Dioses no hacemos nada sin saber que obtendremos algo a cambio"


    "¿De qué piensa que sirven las venganzas? ¿Por qué las otorga?"

    "El por qué las otorgo sólo es de mí saberlo"

    Kohaku recordó su encuentro con ella en Tateyama; Amonazako había soltado un tanto el cuál cayó al agua; pero no pareció hacerlo realmente, como si el tanto desapareciera antes de que pudiera tocar el agua. Pero cuando este desapareció; todos los monos comenzaron a gritar sin control; histéricos.

    "Dame tu ojo... si lo haces te diré el error que está cometiendo Hachi"

    Kohaku escuchó la voz de Inue.​

    Capítulo I
    カンケツ
    Kanketsu

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    La verdadera simpleza es generalmente obtenida a través de un proceso complejo

    Tu personaje ha entrado al capítulo Kanketsu.

    Este es un capítulo especial; es una búsqueda que se ha colocado a sus personajes de manera secreta. Y es de cada personaje saber en este capítulo si han logrado, están a punto de lograr o no lograron ese objetivo secreto.

    En este capítulo yo ayudaré a tú personaje con toda la información que han conseguido por sus relaciones. Tú no debes preocuparte en lo más mínimo de "descubrir" lo que debe decir Kohaku (aunque si lo dices qué mejor!).

    Este es un punto clave dónde sus personajes descubren algo importante. No precisamente con respecto a la trama, sino a ustedes como personajes.

     
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    Gigi Blanche

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    Mi ceño se frunció ligeramente al oír a mi padre mencionar a Amanozako, y en especial de boca de Hana. Hasta ahora mi percepción de la diosa había sido más bien circunstancial, como si simplemente hubiera aparecido en un momento oportuno y poco más, pero si la madre de Takeda la había mencionado...

    —¿Qué te advirtió sobre Amanozako? —inquirí, y luego asentí para darle a entender que conocía lo que mencionaba—. Itami era su shikigami, sí, lo creó basándose en la imagen de Kaji Ishikawa para mantener a Rengo a salvo de los zorros. O al menos intentarlo, claro. Lo que le ocurrió a Hana... aún es un misterio para mí. —Lo miré directamente—. Creo que nunca te lo mencioné, ¿cierto? Llegué a conocerla en Tsu, portaba una caja musical y parecía... pues parecía fuera de sí, en verdad. Sólo supe su identidad cuando ya era demasiado tarde. Takeda y yo no logramos salvarla.

    Ciertas ideas rebotaron y se entrelazaron unas con otras, reclamando mi atención. Amanozako, Hana, el monte Tateyama, Tsu... Estaba pensando en todo eso cuando su voz, como invocada de una realidad lejana, hizo eco en el recinto. Miré en todas direcciones, miré a mi padre, y me pregunté si sólo habría sonado en mi cabeza. Arrugué el ceño, repentinamente tenso. ¿Mi ojo... a cambio de información? ¿Por qué? ¿Tenía garantía de que fuera Amanozako, para empezar? Ya los zorros se habían hecho pasar por Ebisu.

    —¿Y esta oferta tan generosa? —repliqué, sin lograr disimular la acidez en mi voz, y por inercia alcé la vista al techo—. Amanozako. ¿Cómo puedo saber que eres tú quien me habla? ¿Y por qué me buscas ahora?


    fa ya estoy nerviosa
     
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    Amelie

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    —Me dijo que la escuchaba; y no quería hacerlo —respondió Taiki sobre Amanozako —¿Una caja de música? No hablaba mucho con ella, sólo cuando se acercaba a Akishino y yo intentaba alejarla, era portadora de energía oscura. Un alma muy atormentada.

    —Creo que has dejado de ser un cobarde lo sé por cómo preguntas esas cosas con ligereza —respondió Amanozako — No tengo por qué explicarme, usa esa daga de obsidiana, anda. O deja de hacerme perder el tiempo que se me acaba, al igual que mi paciencia.

     
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    Gigi Blanche

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    ¿Hana oía a Amanozako? ¿Como Rengo oía a Mara, quizá? O como yo oía a "Ebisu", ¿no? La información empezó a complejizar el escenario y se solapó a la repentina intervención de la diosa. O la supuesta diosa. Su respuesta me hizo fruncir el ceño con dureza y extraje de entre mis ropajes la daga de obsidiana. La observé largo y tendido, en mi mano.

    —¿Cobarde? —murmuré, y una sonrisa me cruzó los labios—. Jamás me dijiste que fuera un cobarde. Dudabas de mi sed de venganza, no de mis convicciones.

    Presioné el mango de la daga entre mis dedos y hablé con firmeza.

    —Mi voluntad de servir, los valores que me inculcaron siempre, lo que siento hacia Hachi; debes saber mucho sobre mí... pero no serías la única. Te daré mi ojo sólo si me convences de que realmente eres Amanozako. Si a ti se te agota la paciencia, a mí se me agotan las ganas de jugar juegos de dioses.
     
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    Amelie

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    La risa de Amanozako era tan burlona, tan molesta de escuchar; pero a su vez era cautivadora, una risa muy difícil de olvidar.

    —¿Cansado de jugar? —
    Ella seguía riendo entre palabras; cómo si aquellos comentarios le causaran verdadera ternura y gracia, como si estuviera viendo un bebé tirando su comida entre risas; quería reír con él, más no de él —A ustedes sólo les queda eso, jugar. Todos y cada uno de ustedes. Yo no debo convencer a nadie. Así como pasó con Hachi, yo no ruego por sirvientes; me busco otros.

     
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    Gigi Blanche

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    ¿Qué había pretendido, realmente? ¿Torcer la voluntad de un dios? ¿O soplar mi aliento sobre la balanza que utilizaban, al menos? Fuese Amanozako, fuesen los malditos yōkai engañándome otra vez. Se rió, el sonido fue un calco del que recordaba y apreté los dientes, frustrado. El tiempo se agotaba y ¿qué me quedaba? ¿El orgullo? ¿La voluntad de servicio? ¿Miedo, acaso?

    Había tanto que temer.

    Relajé el brazo y paseé la vista entre las siluetas alrededor del fuego, deteniéndome en la espalda de Hachi. Mis dedos se afirmaron en torno a la daga de obsidiana. ¿Qué me quedaba, cuando el eclipse había devorado la luz y mi energía espiritual se mermaba a cada instante? ¿Qué me quedaba para cumplir mi palabra, para ayudarlo, para contribuir en el fin de esta condenada guerra? ¿Qué me quedaba si me arrebataban lo único que me había vuelto útil? Miedo.

    Sólo quedaba miedo.

    —Padre —murmuré, y busqué sus ojos de bruma—. Debo hablar con alguien afuera. Por favor, quédate aquí y presta atención a todo lo que diga Kuroki. Cada palabra cuenta.

    Volví a atorarme brevemente en la espalda de Hachi y giré el rostro de golpe, como un latigazo, para forzarme a avanzar. Salí del recinto con movimientos silenciosos, la lluvia susurró a mi alrededor y empecé a sentirla rebotar contra mi cabello. Inspeccioné en varias direcciones, precavido, y el estómago se me dobló en un nudo asfixiante al saberme solo. Solo con ella.

    —¿Por qué quieres ojos, para empezar? —reclamé, pues realmente no lo entendía, y bajé la vista al filo negro en mi mano—. ¿Te sirven de algo? ¿O sólo te divierte?

    Pasé saliva con extrema dificultad, mi respiración comenzó a agitarse y alcé el brazo lentamente. Retrocedí hasta que mi espalda encontró la pared y la barbilla me tembló ante una repentina y desesperante necesidad de llorar. Estaba aterrado, pero no me lo permití. No podía hacerlo.

    —Mi ojo, y me dirás el error de Hachi —musité, mi voz temblorosa, y me forcé a juntar coraje—. ¿Tanto lo querías que me perseguiste hasta aquí?

    El remedo de broma fue absolutamente inútil, no mermó ni una pizca los escalofríos que me asolaban el cuerpo. Respiré, resollé, mi mente se rayó con inconmensurable ruido y me jalé de la ropa para morderla. El aire me silbó entre los dientes y aún en la honda negrura fui capaz de ver destellar el filo de la obsidiana. Iba a enloquecer, juraría que estaba a punto de enloquecer y entre mis reclamos por aire se coló un sollozo desgarrador.

    Y la empujé.

    La sensación fue breve, espantosa, y al minúsculo instante de silencio le siguió una indescriptible oleada de dolor. Contuve el grito de puro milagro y mordí con tanta, tanta fuerza que creí se me quebrarían los dientes. La agonía reclamó mi absoluta atención, desdibujó la realidad y hasta los motivos que me trajeron aquí. Acabé de rodillas en el césped, extraje la daga por mero reflejo y presioné la palma de la mano contra mi ojo destrozado. Maldije al mundo, a los dioses, a esta guerra. Me maldije a mí mismo. Aún así, no hice un ruido.

    No podía arruinar las negociaciones.

    La sangre, tibia, se acumuló y empezó a derramarse entre mis dedos, por mi rostro. La daga yacía inerte frente a mí pero no podía ver, oír ni sentir nada más allá de este dolor. Este horrible, penetrante e inacabable dolor.

    si me dieran una moneda por cada pj mío que quedó tuerto tendría dos monedas, lo cual no es mucho pero sigue siendo curioso que pasara dos veces
     
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    Kuroki Fusatada

    Matahachi estuvo de acuerdo con la idea y el argumento aunque fastidiaba el factor plan, también tenía su punto en que no habría tiempo a planificar con calma... Esto debía ser rápido y preciso, como mi ataque por la espalda en Kato, me preguntaba si llegaría a hacer lo mismo con Gendo, estaba listo... Tanto para morir como para vivir, ya todo estaba sobre la mesa, la jugada final se ejecutaba, no podíamos retroceder, era ahora o nunca y solo habían dos resultados... Éxito o fracaso, y yo evidentemente no me perdonaba si después de todo resultaba en eso último.

    Asentí a las palabras de Matahachi mientras suspiraba y cerraba los ojos un momento, concentrándome, tal vez sería la última vez que estaría frente a una fogata, incluso si era improvisada, seguramente sería la última vez que tomaría una decisión de este calibre... No sé lo que sería de mí o incluso mi alma después de todo esto, pero personalmente no me importa... Todo fuese por acabar con esto de una buena vez.

    Japón o no, solo quería ver a los verdaderos responsables del genocidio a mi gente muertos.

    Abrí los ojos, y me levanté, aún serio, sí, pero también determinado, no solo a acabar con Gendo... Si no a cualquiera que hiciera falta, incluso si aquello seguía incluyendo aliados...

    Después de todo, tenía el poder de sobra para hacer todo eso.

    —Está bien, acabemos con Gendo Mori, sus allegados y con esta maldita guerra de una buena vez por todas—. Dije decidido, por ahí busqué al resto de presentes, pero la oscuridad a lo lejos me impedía ver mejor, por lo que ni pude confirmar si Kohaku estaba allí.
    >>A propósito, tengan cuidado cuando vayan a las mazmorras, recién encerraron a Bokuso Sawayama ahí por atentar contra Gendo con una flecha envenenada... La cosa no llegó a mayores pero ese hombre debe de estar ahí, tiene una mirada extraña, no me da confianza, mucho menos si ese sujeto pertenece al clan Sawayama, el mismo al que perteneció el traidor de mi antiguo maestro, Hiraga Fusatada. Habrá que ir con cuidado—. Aclaré ahora que Matahachi mencionó las mazmorras, para ver el listón, confundiendome un poco y me acerqué a tomarlo para verlo un tanto confundido.

    —¿Falso Kaze? Bueno, se lo diré y le mostraré esto, ¿Debo intuir que lo llevo a las mazmorras?—. Pregunté a modo de confirmar aquello, no me importaba si habían dudas tontas, prefería dar esa impresión a que hubiesen malos entendidos, la comunicación era crucial ahora mismo.
     
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    Matahachi escuchó esa nueva información y comenzó a pensar en las posibilidades —Bokuso es un conocido de uno de nuestros aliados —confesó —Pero que actuara por cuenta propio sobre Gendo no me parece bastante fuera de su carácter. Bokuso era un antiguo perro del Imperio, era colega de Gendo y fue él quién asesino a varios de los herreros de la época a órdenes de Mori; pero al final se alejó de este por perseguir ganancias propias y no para el Imperio. Si es alguién de quién tenemos que desconfiar, más con lo que acabas de decirme; lo agradezco. Tendré mis precauciones.

    —Tal vez sea mejor iniciar la misión —interrumpió Oshin —Sé cómo ir actuando.

    Matahachi afirmó —Iremos a la mazmorra; te veremos allí.

    Gigavehl mi siguiente post será en la mazmorra, tú no te preocupes por buscar a Kuyo. Puedes hacer una última conversación aquí antes de moverlos.



    Fuera de la casa
    [Kohaku]


    Taiki obedeció y decidió permanecer en el interior de la casa, así escuchó la información de Bokuso.

    Kohaku tomó la decisión y la daga quedó manchada de carmesí. El dolor al principio fue agudo; pero después de unos instantes de agonía este disminuyó hasta ser imperceptible; la sangre cesó, cómo si la herida hubiera sido atendida por manos expertas; sólo quedó la ausencia del orbe, el cual no estaba ni siquiera en el suelo.

    "Pensé que te negarías, nuevamente"
    Gigi Blanche Completado

     
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    Gigi Blanche

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    Lo que temí fuera una agonía duradera, para mi gran sorpresa acabó disolviéndose de repente. Me tomó un par de minutos recobrar la calma y tranquilizar tanto mi cuerpo como mi mente; y en medio de esos esfuerzos, la voz de Amanozako siguió hablando dentro de mi cabeza. Me senté donde había caído, sin preocuparme por que mi ropa se mojara, y palpé mi ojo izquierdo con extremo cuidado. Lo había elegido por no ser el dominante, aunque quién sabe si haría diferencia real en el combate. La lluvia limpió poco a poco la sangre de mis manos y de mi rostro, y al percibir la cuenca vacía me corrió un leve escalofrío por la espalda.

    No quería ni imaginar cómo me vería ahora mismo.

    Subí la mano a la venda en mi cabeza, la que había cubierto la herida provocada en las islas, y la desanudé con cuidado para volver a atarla sobre mi ojo. Si no era eso, debería volver a usar la máscara un tiempo hasta conseguir alguna clase de parche. Mientras tanto, seguí oyendo a la diosa. Me habló de Kaji, de la energía, de Kirin. Otra vez Kirin. Matagi. Su espíritu contrastaba con el mío.

    Una misión.

    —Más misiones —murmuré, entre cansado y, extrañamente, un poco divertido—. Bueno, al menos esta parece genuina, no como la del falso Ebisu.

    Aún careciendo de suficientes fundamentos, me costaba creer que zorros por debajo de Tamano no Mae tuvieran el poder para absorber la herida en mi ojo y curarla al instante. Eso era... parecía genuinamente el trabajo de un dios.

    Me sentía diferente. Quizá fuera la locura que acababa de cometer y lo que, estaba descubriendo, quedaba después. El shock de dolor y frenesí me había espabilado de una forma extraña, había disipado las dudas y los miedos que me carcomían desde que inició el eclipse. Tal vez fuese un efecto temporal, aún así le daría buen uso. Casi como una prueba de lo que Amanozako acababa de presentarme, el escenario frente a mí se desdibujó y fue reemplazado por uno diferente. Una rata, primero, inerte y con las tripas expuestas. Hice una mueca instintiva de asco y entonces comenzó a fluir la información. Comprendí la situación ligeramente a destiempo, sin terminar de asimilarla. Estaba y no estaba allí, en las mazmorras. Podía verlos y oírlos, como si... como si mi mente se transportara a ese espacio. Había dos hombres, uno de ellos era un falso... Bokuso, quien quiera que fuera. Hablaban de Hachi.

    Cuando abrí mi ojo, regresé a las afueras de Kioto. Me incorporé de inmediato, decidido, y abrí la puerta de la casa abandonada. Amanozako había cumplido su promesa y más.

    —Matahachi —lo llamé con firmeza—, debo hablar contigo.
     
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    Escuché con atención la respuesta de Matahachi y me sorprendió un poco el mismo, parecía que el tal Bokuso tenía mucha más relevancia de la que jamás pude preever, igual, recordaba un detalle al respecto de su encarcelamiento, uno igual de preocupante.

    Igual, Oshin propuso moverse, por lo que afirmé, estando de acuerdo.
    —Esparciré el rumor igualmente, el accionar de Bokuso, si bien no salió de palacio, no creo que venga mal causar un poco más de revuelo con lo que me propusieron, habrá que sabotear para abrirnos cuánto terreno nos sea posible, los veré allá entonces, y a propósito... Bokuso cuando atentó contra Gendo, se dejó atrapar, no sé si era simple resignación por su ataque fallido, o más bien tiene algún otro As por ahí, yo me dejaría lo que fuese por eso último, igualmente buscaré a Kuyo mientras tanto. Por favor, tengan cuidado—. Aclaré como último, y sin saber que más añadir, acomodé las cosas y miré una vez más a Masuyo y a Shiori, esperando a ver si decían algo, pero pensando que igual y no, miré una última vez a Taiki, antes de simplemente darme media vuelta y retirarme de la vivienda, donde el frío y la lluvia me recibió, a paso firme abandoné el sitio, sin esperar por nada ni nadie, esto comenzaba, y había salido antes de que Kohaku ingresara nuevamente.

    Emprendí el extenso viaje por todo el sector abandonado en silencio, esta vez buscando ser sigiloso, ni quería ninguna sorpresa, no mientras reflexionaba muy seriamente sobre algunas cosas, sobre lo que se discutió... Sobre... Lo que para mí, eran que todos estaban resultando ser los verdaderos traidores aquí. Mientras recordaba lo sucedido en Katsura, el cómo Yuzuki me gritó que debieron matarme desde un inicio, el cómo Takeda me miró severo pero aún acortando mi nombre, pero... No había recibido una respuesta directa por su parte... En un inicio creí que estaba entendiendo un poco lo que sucedía en realidad, pero también luego recordé como aún sometido por Gendo, y yo estando por desmembrar a Yuzuki, Takeda mismo me gritó una ultima vez, mientras ya todo pasado, el Minamoto solo iba sobre Yuzuki a consolarla, sin mirar a nadie más.

    Recordé el detalle de cómo Yuzuki resultaba ser una especie de mano derecha de Takeda, lo podía ver, se hacía notar... También recordé el mismo peso que tenía el mismo Kohaku al respecto. Con la reunión misma, las miradas de los demás, gente que ni conocía... Y aún así, había verdadero odio y tensión... Cómo algunos decidieron directamente renunciar a esto, incluso, como Kohaku decidió explotar y hablarme, pero más importante aún... Me vino unas preguntas, unas que personalmente jamás me había hecho...

    ¿Yo en verdad importé o tuve algún peso o significado alguno para el clan?
    ¿Me habrán llegado a tomar tanto en cuenta como el mismo Hideyoshi? ¿Togashi? ¿Alguien?
    ¿Siquiera todos y cada uno de ellos consideraron que hice algo genuinamente de peso?

    Por mi parte no me quedo otra más continuar mi camino, en un principio en silencio... Pero luego, suspiré, bastante pesado, mire al Eclipse, y luego me dí cuenta que no estaba solo... Ni más ni menos que dos fantasmas me seguían.

    Me lo pensé unos momentos... No quería explotar, no aún, pero... Tampoco creía poder hacerlo nunca, no si ahora que estaba de camino a iniciar el final de todo esto, acabara como acabara.
    —Escuchen... Podrán opinar ya lo que quieran de mí, que no merezco perdón o que simplemente lo que hago ya no tiene absolutamente ningún sentido, no me importa si tienen razón o no, no me importa siquiera las consecuencias de esto, me uní a Gendo aceptando el costo, ¿Y saben qué? Si, en parte me uní porque dijo lo que quería escuchar, porque estaba hasta arriba de harto que nadie me hiciera caso, y al contrario, mejor yo luchara por los demás, incluso siendo yo el primero que bajaba la cabeza pidiendo disculpas cuando muchas veces ni siquiera hacía falta. Yo lo dí todo para matar a Taiki, quién después iría a matar a Rengo, lo hice para salvar la misión sagrada de Kohaku, y miren... La actual ironía de este Eclipse, yo ya hice lo que pude y estos fueron los resultados, y que todavía me sentencien que soy un bastardo cabrón que merece lo peor... Tsk, que se vayan a la mierda todos entonces—. Sentencié hacia Masuyo y Shiori, no tenía nada contra ellas, simplemente era un poco de desahogo, ¿Que era lo peor? ¿Que dijeran eso a los demás? Si de por sí ya veía mis horas contadas, ya hasta cierto modo era absurdo el cuidado...

    >>Si me quedaba con los Minamoto y fuese lo que sea que haya pasado, apostaría lo que fuese que seguiría siendo un mindundi en el que apenas hubiera alguien que me dara relevancia más allá de ustedes o Rengo. De seguro mi susodicha amistad con Kohaku habría quedado en tensiones para irme mermando la paciencia, y de seguro, del modo en el que sea que haya dicho las cosas, de todos modos habría acabando siendo el malo de la historia independientemente de las cosas... ¿No lo creen? Todos me habrían visto terrible, hasta puede que alguno haya decidido cometer alguna locura... Los puedo escuchar. "Fuiste un maldito egoísta, Kuroki, ¿Cómo pudiste?", "Estoy muy decepcionado de ti, lo dimos todo para que pudieras ver las decisiones correctas y tomaste la peor de todas" o posiblemente un "Esta será la última vez que te dirija la palabra, no sin antes recordarte que tendrás que cargar con el daño que le hiciste a Kohaku para toda tu vida" y todo eso, tsk. De una manera u otra... Iba a acabar fatal, y si esto iba a acabar mal y verme como un monstruo, entonces lo haría pero a MI manera y con justo derecho y con ganas, nada de que por un evento raro, no, ahora tendrían motivos de verme como tal... ¿Quieren venir y cazarme? ¿Matarme? Quiero ver que lo hagan, no me he estado quedando en Kioto nadamás para hacer de espía. He hecho mucho más, lo suficiente para anticiparme ante lo que se venga, y juro... Que como me entere que hasta Takeda mismo me tiene en la misma mira que Kohaku y hasta Yuzuki me tienen... Cosa que... Ya no dudo si soy honesto, entonces, quiere decir que nadie de los Minamoto va a creer en mí, jamás, y si es así... Entonces los malditos traidores son ellos, porque no me puedo creer cómo han decidido tirar por la borda todo lo que hice por ellos, lo cual, hasta Kohaku está aquí sentenciando y haciéndose el rudo y mandamás cuando él está gracias a mí y mis decisiones, es obvio que es el Omniyoji del grupo, y mira la gracia que me da que gracias a que traté con Rengo, justamente él le abrió esas puertas, y gracias a eso es que está él hoy aquí, porque si no, ni de chiste habría sido considerado, lo puedo apostar. Pero claro... ¿Quién carajo recuerda favores como esos, no?—. Sentencié de nueva cuenta, mientras seguía caminando por el amplio y abandonado espacio de todo ese sector abandonado.

    >>Mis decisiones y sus consecuencias siguen repercutiendo a día de hoy... Todo siempre lo pensé a favor de los Minamoto, porque creía en ellos, creía en su juicio, sobretodo en la capacidad de Takeda de la redención y de ver más allá de lo obvio... Y aún ahora quiero confiar en ello, porque verás cuánta rabia me va a dar si me entero que los Taira están con los Minamoto, Masuyo, porque apostaría que Murai sigue ahí, y si lo hace, conviviendo justo ahora, entonces espero de verdad como mínimo que hayan pensado en tí y en lo que te hicieron, porque también estoy seguro que no lo hacen... Jamás, de seguro ni una sola disculpa te habrán dedicado, y hasta no dudo que posiblemente te pasen a traer, Shiori, considerando el cómo pudiste salvarme a pesar de notar lo que pude ser... Puedo apostar lo que sea que sin importar las cosas, seguiremos siendo los malos solo porque se tocó algo amado por ellos—. Añadí, empezando a reír pero sin gracia, era una de reflejo por la rabia—. Por todos los malditos cielos... Como si yo también no hubiera pasado por lo mismo. Por ello, y escuchenme bien... Si Takeda me tiene un odio de muerte y ha puesto a los Minamoto por completo en mi contra... Juro, por lo que sea, que también lo voy a asesinar, no me importará en lo absoluto ningún historial, ninguna acción, ninguna palabra... Porque si él ha determinado que sin importar las consecuencias debo morir... Entonces, no tendrá derecho a quejarse si le pago con la misma moneda. Nada ni nadie será mi amigo entonces, entenderé que estoy definitivamente solo, y si así lo quieren... Así lo haré, pelearé hasta que mi cuerpo sea incapaz de responder, destruiré cuánto haga falta y arruinare cuánto se haya construido si con eso puedo arrebatarles cualquier maldita esperanza de que esto acabe medianamente bien... Si han decidido repudiar a un chico que lo perdió todo sin capacidad alguna de defenderse por las verdaderas decisiones radicales y egoístas de otros, que así sea entonces. Juro que haré lo imposible por vengarme de todos, haré lo que pueda por arruinar en verdad lo que sea que hayan deseado conseguir... Como si yo también no lo hubiese perdido también—. Dije realmente decidido, consumido por mi odio, solo para detenerme unos momentos y voltear a ver a ambas.

    —¿O creen que en verdad estoy mal? ¿En verdad merezco todo esto después de tanto que sacrifiqué por todos? ¿Creen que en serio desde el inicio me veía como un monstruo por alguna razón? ¿Creen que buscaba a Takeda para haber preparado este momento desde el inicio? ¿En verdad? ¿Creen que el país merece estar en manos de alguien que no sea capaz de ver más allá de lo que las acciones provocan? Puedo entender que Yuzuki lo haga así, porque es su forma de ser pero... ¿Takeda? ¿Después de traer a Rengo? ¿Después de luchar a su lado en Nagoya? Maldita sea... ¿Después de que decidí volverme comandante en Shizuoka? ¡¿De verdad no merezco una maldita oportunidad de nada?! ¡¿Es que acaso todas mis acciones en verdad no valen nada?! "Saca su nombre de tu boca" esas fueron las palabras de Kohaku... Y yo reaccioné de un modo muy diferente al que quería en verdad... Sé perfectamente que él y Takeda son muy unidos, ni siquiera hace falta que lo vea en explícito, no hace falta que me haya enterado en realidad, es cuestión de conocerlos un poco y lo tienes, ambos se parecen mucho, comparten muchos rasgos, sé que ambos se entienden muy bien en determinadas áreas, y ese... Jodido comentario, no es que me moleste que me lo haya exigido, si no que justamente me arruina oírlo de él, porque si un pacifista como Kohaku, que sé que congenia muy bien con Takeda, incluso mejor de lo que yo jamás pude... Que me sentencie algo así, con un... Toque tan único, como quién sabe que tiene todo su apoyo sin importar lo que pasara, como de un hijo queriendo defender a su padre y sabiendo que le dará la razón, como yo en Kamakura cuando lo de Hideyoshi... Para mí, es más que obvio lo que está pasando... Takeda también me odia, y también me quiere muerto. Por eso... ¡Por eso-! ¡¡Agh!!—. Gruñí, apretando los puños de la absoluta rabia.

    —La sangre... La sangre suficiente... Si reúno la sangre suficiente... Daré el golpe final... Es todo lo que necesito, ni siquiera entenderán lo que pasó—. Sentencié, verdaderamente decidido, retomando mi marcha hacia mi destino...

     
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    Kohaku entró nuevamente a la casa abandonada, Kuroki no tardó en despedirse y las aguas se tranquilizaron. Oshin se comenzó a preparar para seguir su plan mientras el resto conversaba. Tamura observaba a Matahachi y después a Kohaku.

    Matahachi sonrió levemente a Kohaku —Vaya, en verdad él cree que es la víctima de todo ¿No es cierto? — dijo con suma tranquilidad para después notar que Kohaku llevaba la venda en uno de sus ojos; pero antes de preguntar, una perla se deslizó de las pertenencias de Matahachi; era oscura, no luminosa como la que Hachi poseía. La promesa rota avanzó con vida propia a los pies de Kohaku y esta se iluminó al instante, recuperando el brillo que alguna vez tuvo.

    Matahachi se acercó y llevó su mano al cachete de Kohaku, su mano fría. Con su pulgar acarició levemente el espacio dónde debía estar el ojo de Kohaku; lo acarició con la suavidad de alguien deteniendo una flor sin desear arrancarla, sólo haciéndolo para sentirla. Tragó grueso, sabía lo que aquello significaba; era una oferta que él cuando era un niño rechazó por miedo y arrogancia.

    —Esa perla negra; estaba en el carcaj de mi padre, cuando Rei me lo devolvió. No sé si era de mi padre o de Saizo — lo abrazó; pudo sentir como Matahachi temblaba ligeramente, lo había estado haciendo desde hace tanto tiempo atrás y aprendió a disimularlo; pero su tacto era frío, su energía concentrada en su pecho descuidando sus extremidades —¿Estás bien?



    Afueras de la ciudad [Camino a Kioto]
    [Kuroki]
    [Yurei: Shiori; Mao]


    Las palabras de Kuroki fueron escuchadas por dos amigas que murieron, eran espectros que lo acompañaban después de la muerte, atadas a sus movimientos. Y por qué no estaba allí Satou. ¿Estaría con Kawa? ¿Estaría atormentando a Kato? ¿Por qué no estaba allí cuando Kuroki lo necesitaba?

    —Kuroki, por acá — una voz conocida; pudo ver a la distancia a Yokubo; portaba un traje elegante, uno de bodas. Un montsuki haori hakama, el conjunto que un novio utilizaba el día de su boda.

    La lluvia lo cubría pero esto a él no parecía importarle, lo saludó invitándole a acercarse.

    Gigavehl Hubo cambio de planes. Ya no vas a la mazmorra.
     
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    Gigi Blanche

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    Al ingresar de regreso, noté que Kuroki ya no estaba. Su ausencia me permitió relajar el cuerpo de una forma que no había previsto y paseé la mirada por el resto del grupo antes de detenerme en Hachi. Llamé a su nombre, pues la información era apremiante, aunque su comentario me forzó a detenerme y retroceder un momento en el tiempo. Lo pensé un poco.

    —Todos somos víctimas de la guerra, en mayor o menor medida —rumié, bastante al aire, y giré el rostro hacia las profundas penumbras del exterior—. Y precisamente por eso dejamos de serlo. Eso es lo que él no ve. Está demasiado cegado por su miseria.

    Al regresar la vista a Hachi noté que me miraba, y el corazón se me congeló dentro del pecho por un instante. Pensé en mi propio aspecto, cómo debía lucir, y sentí una mezcla de resignación y verguenza. Una perla chocó contra mi pie en ese momento, iluminándose, y me agaché para recogerla. Comprendí que no debería dar explicaciones. Un perro, ¿eh? Mientras más renegaba de los asuntos de los Dioses, más acababa hundido en ellos. Eran como una ciénaga.

    Esperé inmóvil al aproximamiento de Hachi, y tampoco lo aparté al sentir su mano contra mi rostro. Agaché la mirada al espacio entre nosotros y luego la desvié a un costado, en silencio y un poco tenso. No pude obviar ni el más ínfimo de sus movimientos. La sensación de la cuenca vacía bajo el párpado cerrado era aún extremadamente rara y no sabía cuándo lograría acostumbrarme.

    Y él estaba frío.

    Su voz me hizo parpadear y, lentamente, regresé a sus ojos. En cierta forma me alegró que entendiera sin necesidad de explicarle nada ahora, nada de mis motivos ni mis miedos. Me sentía extraño, cansado y lleno de energía al mismo tiempo. Sólo me limité a asentir y entonces él me abrazó. Su aroma me rodeó, parpadeé más lento y descansé la vista un par de segundos.

    Temblaba.

    —Lo estoy —murmuré, tranquilo. Mis manos abarcaron su espalda en un movimiento ascendente y descansaron en sus omóplatos—. Pensé que sería más terrible, la verdad, pero se llevó el dolor enseguida.

    Tomé mucho aire, busqué sus hombros y tuve cuidado de no presionar el herido. Deslicé el tacto por sus brazos, instándolo a desprenderse de mí, y entonces fui yo quien lo rodeó con firmeza, presionándolo contra mi cuerpo.

    —Estás frío. —Esbocé una pequeña sonrisa y exhalé por la nariz, volviendo a descansar la vista un rato—. Lo siento, tengo algo importante que decirte. Amanozako, ella... "Dame tu ojo y te diré el error de Hachi". Esas fueron sus palabras. Debo advertirte antes de que empieces tu misión.

    Suspiré, me separé de él y, una vez más, me desprendí de la piel de lobo para echársela encima.

    —Por cierto, lamento las cosas que te dije —agregué, mientras se la anudaba al frente con cuidado—. Por si me pasé de la raya o algo.

     
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    Amelie

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    Hachi soltó una risa seca e irónica cuando Kohaku habló de la miseria —Miseria…su diálogo dice a gritos que está esperando que alguien llegue a salvarlo milagrosamente, a pesar de que él diga que ya se siente condenado. Hay que asegurarnos de no interrumpir su karma, todos pagamos en vida.

    Esto obligó a los yurei a mirarse confundidos mientras Tamura soltaba una risa silenciosa, no quería que su estridente carcajada alertara a un Kuroki que se alejaba del recinto —Matahachi ha bajado la cabeza hasta por Gendo, es el mentiroso más grande que he conocido, incluso le aseguró a Saizo que me mató a mí y a Yume.

    Kozaemon sonrió ligeramente ante Matahachi.

    Kohaku le aseguró a Hachi que se encontraba bien y se relajó por completo después del ligero masaje para después separar sus brazos de Kohaku guiado por sus movimientos. El abrazo que siguió después lo tomó desprevenido; pero no se sobresaltó.

    Kohaku habló de las palabras de Amanozako y esto preocupó a Hachi, iba a preguntarle de inmediato sobre ese detalle, pero ambos se separaron y llegó la disculpa de Kohaku, esto provocó que Hachi riera —Fuimos excelentes actores; sinceramente creo que pudimos lograr algo bastante digno. Yo sé que nada de lo que dijiste iba en mi contra; así como mis palabras eran vacías en rencor hacia ti y los demás. Sería por ustedes por los cuales verdaderamente enterraría mi cara en el fango hasta hacerla sangrar. Usaste el poder que yo te di porque confío en ti, lo usaste bien. Y ahora podemos tener una oportunidad única para derrocar a Gendo.

    —Menos mal — interrumpió Daigo asomado desde una ventana —Ahora, dinos qué hacer.

    Matahachi afirmó y miró a Kohaku — Pero antes escuchemos mi error, no quiero cometer ni uno más.
     
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    Gigi Blanche

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    ¿Kuroki realmente quería ser salvado? ¿O eso era lo que él pensaba? La idea me dio vueltas mientras oía a Hachi hablar, hasta que mencionó que debíamos permitir que su karma siguiera su cauce y lo miré, desde la distancia, con una cierta nota de preocupación. No por Kuroki, por él. Aún... me inquietaba un poco lo que pudiera discurrir por su mente. Los fantasmas que lo acecharan, la culpa que lo carcomiera. El peso de los errores y las responsabilidades. ¿Pensaba igual de sí mismo? ¿Llegaría el día en que nos pidiera que no interrumpiéramos su karma?

    No encontré las palabras correctas, muchas se me enredaron en la boca y eventualmente me distraje con el aporte de Tamura. Luego, Hachi se acercó a mí e intenté apartar las inquietudes. Al menos por ahora.

    Mi disculpa le arrancó una risa que, aún habiéndome sorprendido un poco, no me desagradó. Al escucharlo, yo también sonreí e imaginarlo metiendo la cara en el lodo hasta lastimarse me arrugó el semblante con una mezcla de diversión y compasión.

    —Preferiría que no lo hagas, la verdad —comenté, una risa suave me tintó la voz y, en un impulso que no regulé, le jalé sin fuerza de la mejilla—. Sería una pena lastimar esa carita.

    Al regresar el brazo a mi espacio, respiré hondo y asentí. Me preparé para abordar un tema más serio.

    —"El error de Hachi es creer que Kuyo no lo está esperando", esas fueron sus palabras. —Con la mano me tapé brevemente el ojo vacío, evocando las imágenes recientes—. Amanozako quería mi ojo por su... peculiaridad, supongo, y a cambio de mi ofrenda me dio un poder bastante extraño. Con ese poder fue que pude husmear dentro de las mazmorras, donde había un hombre de largo cabello verduzco hablando con Bokuso, un falso Bokuso. "Esta vez tu disfraz es impecable, hermano", le dijo. El falso Bokuso dijo que seguramente confiarías en él, que fuiste un tonto al confiar en... en los Fujibashi —completé la idea con cierto esfuerzo, intentando recuperar la mayor cantidad de fragmentos—. Luego, el otro hombre dijo que planeaba proponerte una alianza para que sirvieras a los Sawayama, y entonces... —Lo miré a los ojos—. Te entregaría a Saizo Honda.

    Buscaba encontrar alguna clase de indicio en su semblante, así fuese inútil. No olvidaba su anhelo de venganza, su misión para asesinar a Saizo; si le confié esa parte de la información fue, precisamente, porque yo también quería confiar en él. Quería creer que no cometería ninguna locura.

    Aún así...

    —Otro detalle que me perturba... —Suspiré—. Esto sólo es especulación. Amaterasu está muerta, alguien la asesinó, y este eclipse sólo es la consecuencia de su desaparición. Lo que quiero decir es que, probablemente, buscaran también su poder, y estos dos hombres dijeron que también planeaban matar a Kuroki... y quedarse con su nueva katana.

    Fruncí el ceño, contrariado, y también busqué a mi padre con la mirada.

    —Como dije, sólo es especulación. —Volví a Hachi—. Pero debemos tener muchísimo cuidado, con Gendo, sus servidores, y también con Kuroki. Si su espada realmente guarda el poder de Amaterasu, así como Shi guarda el poder de Mara... No quiero imaginar lo peligroso que sea.

     
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