Jugadores del destino

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Love Kills Slowly, 13 Noviembre 2011.

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  1.  
    George Asai

    George Asai Maestro del moe

    Aries
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    Mira, te lo citaré directamente de mi libro de redacción a nivel universitario (Actualizado, es de un primo)

    Uso del esta-ésta-está.

    Así usamos el esta.

    Esta casa me gusta mucho.

    Mamá está muy cansada por trabajar mucho.

    Ésta había sido la oportunidad perfecta.
     
  2.  
    Love Kills Slowly

    Love Kills Slowly Iniciado

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    Ooo. OK, ya lo pillo. Muchas gracias. Lo tendré en cuenta. jejej yo pensaba que solo estaba: esta y está, así que no sabía a que te referías con el ésta. Como antes he dicho...
    ¡Gracias!!
     
  3.  
    kristiniki

    kristiniki Guest

    la verdad es que la real academia española ha hecho una última modificación en la que el este/ese y aquel ya no se acentúan, podréis encontrarlo en su página web. por cierto me encanta esta historia.
     
  4.  
    Love Kills Slowly

    Love Kills Slowly Iniciado

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    Buff este capítulo me ha kedado cortito, pero esk no quería hacer esperar más...​
    Capítulo 5.
    Derek carraspeó con la garganta. Al escucharle, los dos le miraron.
    — Venga ya, que os habéis conocido hoy mismo. —se lo habría contado Eliot— Además, estas escenitas, no creo que estéis ni en el sitio o momento correctos como para hacerlas.
    — ¿Qué pasa? ¿Tienes envidia? —dijo abrazando a Sora, como si estuviera demostrando que ella era de su posesión.
    — Eres un infantil. —se lo dijo porque le estaba sacando la lengua.
    Sora, afiló su codo, y sin contenerse, le dio de lleno en el abdomen. Para soltarse, ya que antes lo había intentado y él era demasiado fuerte para ella. Eliot la soltó, mientras ponía una cara la cual decía que le había dolido. Empezó a dirigirse hacia la salida.
    — Me voy a dormir. —dijo desinteresada.
    ¿Estaba enfadada por abrazarla? Eliot la observó irse. Hubo un momento de silencio.
    — ¡Qué pena! —dijo canturreando e irónicamente el castaño— Hoy, no pillas cacho.
    — ¡A callar! —le contraatacó molesto— Tú no eres quién para hablar, ya que seguramente has estado todos estos años rodeado de gorilas y de ninguna pajarita.
    — Pues claro que he estado rodeado de pajaritas. —le contestó ofendido— Después de todo, soy rico. —dijo orgulloso.
    — Cualquiera que no te conociera podría malentender que las chicas te persiguen por ser rico, en lugar de que tú solo vas a puticlubs y le pagas a cualquier ramera para follar.
    Derek chasqueó la lengua.
    — Me has pillado. —admitió.
    Eliot sonrió altanero.
    — Aunque, —continuó— también he tenido éxito con alguna que otra chavala con la que se me presentó la oportunidad. —miró a Eliot para ver su reacción de envidia, pero había desaparecido— ¿Dónde está el rubio? —preguntó, uno de sus compañeros señaló detrás de él, Derek se dirigió a esa dirección, y el rubio estaba comiendo, la cena, que consistía en espaguetis con tomate, Derek se paró en frente de él— ¿Se puede saber cuándo llegaste aquí?
    — Baf foro defía hafbe. —dijo con la boca llena de pasta, y los espaguetis colgando de ella.
    — ¿Qué? —preguntó al no haberse enterado de nada.
    Eliot masticó y tragó.
    — Qué estaba hambriento.
    No le pareció adecuado volver a sacar el tema de antes, así que lo dejó correr.
    — Parece que con el tiempo han empeorado tus modales.
    — Habló.
    — Te equivocas, yo no me lleno la boca hasta el punto de no poder cerrarla, y tampoco hablo cuando la tengo llena. —le contradijo.
    — Es cierto. —coincidió indiferente.
    Se sentó en frente suyo y le pegó un par de gritos al que se ocupaba de servir la comida, este se la trajo y disfrutó su banquete mientras de vez en cuando levantaba la mirada para charlar con Eliot.
    El estómago le rugía, tenía hambre, pero también estaba cansada, así que decidió dejarlo pasar. Estaba tapada hasta arriba, y a pesar de tener frío, notó como su calor corporal invadía el fresco de las sábanas. Se había quedado solo con su camiseta, aparte de la ropa interior, menos los calcetines, no le gustaba ponérselos para dormir, a no ser que durmiera en la calle.
    Sora, a causa del cansancio y la fatiga, cerró los ojos y se durmió en un instante.
    Al cabo de un rato, en otro lado.
    — ¡Una copita de vino, para mí, para mí! ¡Una copita de vino, para ti, para ti! ¡Una copita de vino y una nena, me vais a servir! —estaban cantando Eliot y Derek con el ritmo de La Bamba.
    Subidos encima de una mesa, mientras se apoyaban entre ellos amigablemente como en las canciones de Paquito Chocolatero. Los dos agarraban una botella de vino cada uno y le iban dando sorbos largos muy seguidamente, mientras cantaban a gritos y bailaban. Todos reían y gritaban, mientras bebían, o también canturreaban con ellos. Qué bien que se lo estaban pasando.
    Eliot perdió el equilibrio y se cayó de la mesa, acabando por los suelos. Derek al ver eso empezó a descojonarse de risa, igual que muchos de los que estaban en aquella sala. Mientras Eliot se quejaba, él se agachó en la esquina de la mesa y le ofreció la mano.
    — Anda, que te ayudo.
    Eliot aprovechó la oportunidad y le estiró de la manga hacia un lado, de forma que Derek también acabó con su cara estampada en el suelo, a la vez que volcaba la mesa. La liaron tanto, que todos empezaron a reírse, claro, si hubieran estado todos sobrios, hubieran reaccionado diferente.
    — Creo que por hoy ya es suficiente, o la herida en mis costillas empeorará. —se quejó Derek, que ahora a duras penas podía levantarse.
    Eliot pensaba lo mismo, estaba tan ciego que no podía ni dar dos pasos decentemente. Intentó levantarse, pero tropezó y cayó. Se quedó estirado en el suelo, bocabajo. Derek, aguantaba mejor el alcohol, así que medio tambaleándose se acercó a él.
    — Oye, ¿qué haces ahí? —le dijo viendo que no se levantaba.
    Eliot no dijo nada.
    — Levanta, te ayudaré a ir a tu cabina. —le dijo mientras le sacudía el hombro. Eliot balbuceó algo.— ¿Qué?
    — Qué me quedo aquí. —dijo a duras penas.
    — No puedes dormir ahí, que el suelo no está tan limpio como parece.
    — Déjame, tengo sueño.
    Derek avisó a Poli.
    — Ayúdame a llevarle a su cama. —Poli aceptó sin ganas.
    Con la condición en la que estaba su jefe, temía que seguramente le tocaría cargarlo a él todo solo. Así que entre los dos, lo subieron en la espalda de Poli. El rubio estaba bastante sudoroso, y encima no llevaba camiseta, la tenía tirada por el suelo. Eso sí, viendo lo fibroso que estaba, no le extrañaba que hubiera tenido la fuerza suficiente para ganar a su líder.
    A la mañana siguiente. A diferencia de ayer, ahora no tenía frío, más bien, tenía una sensación cálida y agradable. ¿Era un sueño? Lo pensó, ya que se dio cuenta de que esa sensación podría ser el calor corporal de alguien más. Había alguien en su cama. Un hombre. Aún con los ojos cerrados, Sora lo tocó, y notó como sus dedos le recorrían el torso, músculo por músculo. Era la primera vez que tenía uno de esos sueños eróticos. ¿Quién era la persona con la que estaba soñando? Subió sus manos hacia arriba mientras le iba acariciando toda la piel, hasta que llegó al cuello. Notó pelo. Sus manos se engancharon en su nuca, mientras sus dedos jugueteaban con su pelo. Era suave, se acercó para ver si ese sueño también tenía olor. Y su aroma, en principio olía a jabón, un olor refrescante y seductor, pero había una peste desagradable que se mezclaba con él, seguramente alcohol. Espera un momento, para el carro. ¿Alcohol? Sora abrió los ojos de sopetón. Y vio la somnolienta cara de Eliot. Gritó, a la vez que dio tal salto hacia atrás, de forma que cayó al suelo.
    — ¿¡Qué haces aquí!? —exigió saber desconcertada.
    — Ay, —se quejó pesadamente mientras se tapaba los oídos— no grites, que me duele la cabeza.
    — ¿Y a mí qué? Yo solo quiero saber cómo llegaste a mi cama.
    Eliot se la miraba tapado a medias y casi sentado.
    — A mí también me gustaría saberlo, pero a veces la vida es injusta. —agarró la manta y se volvió a tapar a la vez que se estiraba— Ah, por cierto. —había vuelto a la posición anterior— ¿Braguitas negras con lunares rosas? Me gusta. —dijo picarón, Sora se acordó del atuendo que llevaba para dormir, y corrió a alcanzar su ropa— Buenas noches. —Eliot volvió a la posición inicial , se volvió a dormir.
    La morena aprovechó a vestirse, ahora que Eliot no miraba. Tanto los pantalones, como los calcetines, e igual que la chaqueta, no tomaron mucho tiempo, en cambio, las botas sí. Al estar lista, fue directa a la puerta y salió de la habitación.
     
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    LadyWitheRose

    LadyWitheRose Usuario común

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    Hola gracias por la invitacion :)
    Dejame decrte que la trama es muy interesante y tienes una narracion muy buena,
    note algunos errorcitos pero nada que no se pueda arregla , sigue asi me gusta como escribes ;)
    Espero la continuacion pronto ...
     
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  6.  
    Love Kills Slowly

    Love Kills Slowly Iniciado

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    Capítulo 6.


    Sora caminaba rápido por los corredores, lo raro es que no había nadie. Fue aflojando el ritmo y acabó paseando tranquila. Imaginaba que lo normal en una nave tan grande, era que a esas horas hubiera gente trabajando, corriendo de aquí para allá, sumándole el hecho de que eran unos piratas aéreos y tenían que estar siempre en alerta.

    Fue al comedor, y vio todas las mesas y sillas desordenadas, e incluso había una o dos volcadas. También vio una camiseta por el suelo, parecía ser la camiseta de Eliot. Por la noche la habían liado parda.

    Sora caminó hacia una puerta, esta puerta debía ser la de la cocina. Escuchó algún ruido provenir de aquella dirección, así que fue a comprobar a ver quien era. Y al entrar, lo vio. Era Poli, si no recordaba mal. Él, al oírla, se giró hacia ella. Parecía estar preparando café.

    — Buenos días, ¿quieres que te prepare algo? —preguntó un tanto desganado.

    Parecía sorprendentemente amable, al contrario de lo que aparentaba.

    — Bueno… ¿Ese no es el trabajo del cocinero?

    — Sí, pero como te habrás dado cuenta, no hay nadie despierto.

    — ¿Por qué?

    — ¿No te lo has podido imaginar al ver el desastre que hay en el comedor?

    — Supongo… —dudó ella, se hacía una idea.

    Poli, al verle la cara, se dio cuenta de que no estaba muy enterada.

    — Están todos durmiendo o con resaca. —le aclaró.

    — ¿Y quién se ocupa de la nave en momentos como este?

    — Obviamente, yo. —dijo con un tono de indignación.

    — Bueno, me parece bien que me prepares algo. Pero antes de eso, ¿me puedes decir la razón por la que el rubio está en mi cama? —exigió saber.

    — Yo te lo dejé allí, ya que cuando lo estaba llevando a su habitación, el empezó a devolver, así que como que estábamos casi llegando a tu cabina, lo llevé al váter para que no lo manchara todo, y luego lo dejé en tu cama. —le explicó mientras le preparaba un bocadillo a la chica— Pensé, que como que sois pareja… que no te importaría.

    — ¿¡Qué!? ¿Pareja? —preguntó incrédula.

    El chico, al oír su reacción, se giró para mirarla.

    — Hombre… La actuación de ayer era lo que demostraba.

    — Pues te confundes. No somos pareja, si apenas lo conocí ayer. —se explicó crispada.

    — ¿Alguna vez has escuchado esta frase? “Supe tu nombre en un minuto, te conocí en una hora, y me enamoré de ti en un día.” —una frase que justificaba el hecho de enamorarse rápido.

    Era algo tierna.

    — ¿De quién es?

    — Una amiga. —le sonrió, tenía una bonita sonrisa. A diferencia de la sonrisa de Eliot, con la que parecía lelo, que por alguna razón le irritaba.

    Poli, aquel chico, físicamente era más alto que ella, tenía la piel bronceada y unos músculos bien perfilados, su cara era de lo más normal, aunque su ojos eran almendrados y de color chocolate, mientras que su pelo era corto y lo llevaba natural, en la nuca tenía algunos pelos más largos que formaban una trencita, el color de su cabello era castaño claro.

    — Toma. —dejó un plato con dos triángulos de sándwich.

    El bocata parecía ser de jamón dulce. Sora cogió un triángulo, y sin dudarlo dos veces, le dio un mordisco en el extremo. Mmm. Estaba sabroso, el jamón de calidad, y el pan esponjoso y suave. Se notaba que no les faltaba el dinero.

    La puerta se abrió. Apareció un hombre, bostezando.

    — Dame un café, por favor. —dijo dirigiéndose a Poli.

    — Ahí lo tienes. —señaló un grupo de tazas llenas de aquel líquido humeante.

    El hombre miró a la chica y sonrió amablemente, al hacer eso unas arruguitas se le formaron alrededor del rabillo del ojo. Parecía ser un hombre de mediana edad. Era alto y grande, debía medir unos dos metros, o casi.

    — Parece que los únicos que se portaron bien ayer, son los más madrugadores. —se rio— Aún sois unos críos.

    Sora y Poli se hicieron una mirada cómplice.

    — Me parece que los que tendrías que ser llamados críos, sois vosotros. —aquel hombre la miró un tanto interesado— Sino, observa la situación actual. —dijo la morena, sutilmente.

    Poli hizo una risita. El hombre entrecerró los ojos.

    — No se te escapa una. —la alagó.

    — Gracias. — sonrió orgullosa— ¿Tu nombre? —quiso saber.

    Él se señaló a si mismo— Soy Héctor, el encargado del mantenimiento de esta preciosidad. —dijo moviendo la mano a su alrededor.

    — ¿La cocina?

    — ¡No, la nave! —la corrigió.

    Poli se volvió a reír.

    — ¿Quieres saber cual es el puesto de Poli? —le susurró al oído. Sora asintió, tenía curiosidad.— Es el subcapitán.

    — ¿¡En serio!? —exclamó. Miró a Poli.

    Poli les observaba con una mirada de sospecha. No sabía que era lo que estaban diciendo. ¿Estaban hablando de él?

    — ¿Es el segundo al mando? —le susurró— No parece tener las características de un capitán, y diría que tiene una edad cercana a la mía.

    — ¿Verdad? —sonrió orgulloso, ahora hablaba normal— Es la persona que tiene la mayor confianza de nuestro jefe. —le puso la mano en la cabeza, como un padre a su hijo.

    — También soy el más joven, y aun así el más responsable. —suspiró.

    El chico le apartó la mano y se giró de nuevo a seguir haciendo café. Héctor después de acabarse el café, dijo que iba a vigilar la sala de comando. Antes de irse pidió que le avisáramos para el almuerzo. Sora tan solo se quedó observándole hacer café, mientras apoyaba su espalda en la pared. Poli se movía de un lado a otro, preparando más café y sirviéndolo en más tazas. ¿Cuánta gente debía haber en aquella nave? Ya debía llevar unas treinta tazas, y seguro que el café ya se debía haber enfriado.

    — Oye. —Poli la despertó de sus pensamientos.

    — ¿Qué pasa?

    — Con la mirada fija en mí, me estás poniendo de los nervios.

    — Perdona, no tengo nada que hacer. —se disculpó ella.

    — ¿Eres torpe?

    — ¿Qué? ¿En que sentido? —¿A qué venía esa pregunta?

    — Torpe de… tirar cosas y caerte fácilmente.

    — Pues no.

    — Entonces, ayúdame a llevar cafés a todo el mundo. —le mostró dos bandejas plateadas y llenas de tacitas con café.

    Sora cogió las bandejas.

    — Todas las puertas de las habitaciones, tienen nombres, así que sabrás en seguida por donde tienes que entrar. También, si te piden agua u otra cosa, no les ayudes, diles que vayan a la cocina a buscarla por si mismos, o a vomitar solos.

    — Parece que estés acostumbrado a estas situaciones.

    — Así es. —Sora iba a salir por la puerta— ¡Ah! Una cosa más, al líder dale el mismo trato que a los demás.

    Y así fue. Sora estuvo yendo con las bandejas de habitación en habitación haciendo el trabajo de una asistente de hotel. No costó mucho, ya que tan solo tenía que mirar las habitaciones en las que no había ninguna taza. A algunos les encantó que ella les despertara, en cambio, otros se lo tomaron mal.


    — He decidido que os acompañaré en el viaje.

    Sora, Eliot y Derek, estaban sentados en una de las mesas del comedor, mientras los demás almorzaban. Ya habían despertado todos, y estaban comiendo para reponer fuerzas y hacer las tareas de cada día.

    — ¿Y eso? ¿Entonces que pasará con tu grupo de lerdos? —preguntó Eliot un tanto desinteresado.

    — Te pido que no les llames así. —dijo sin darle mucha importancia— Le dejaré a Poli el mando, pero solo temporalmente.

    — ¿Y tu costilla?

    — Ja —rio sarcástico— Como si te preocupara.

    — Muy bien. —Eliot miró a Sora con una sonrisa— Ya tenemos a otro compañero de viaje.

    Sora asintió. Derek se levantó, puso dos dedos en la boca y chifló fuerte. Todos se quedaron en silencio y le prestaron atención.

    — ¡He decidido que me iré con ellos! —señaló a Eliot y Sora— ¡No os preocupéis, tan solo será una cosa temporal! ¡De mientras, la persona que liderará este grupo, será el subcapitán Poli!

    El silencio explotó en un montón de voces alborotadas y mezcladas. No se entendía nada. Poli se acercó a Derek.

    — ¡Callaos! —gritó Derek, todos le hicieron caso, era evidente que como a líder le respetaban— ¡Puede que Poli sea joven, pero, aun así, es el más adecuado para ejercer en este puesto, nunca encontraréis a un líder más responsable que él! —todo seguía mudo. Derek miró a Poli.— Parece que no te niegas.

    — Eso es lo que me gustaría hacer, pero sé que tú no harías esto sin una buena razón. Si alguna vez nos necesitas, llámanos.

    — Pues claro que sí, ¿qué te has creído? Que solo me voy temporalmente, tu te encargarás de ellos en mi ausencia.

    Poli le sonrió, él también le tenía mucho respeto a su capitán.


    Todo fue muy rápido, por la tarde se fueron. Hicieron otra fiesta a la hora de comer, y fue una despedida muy emotiva. Con aplausos, lloriqueos, risas, y el deseo de que a todos les fuera bien. Debía ser agradable ser querido por tanta gente. A pesar de haber traicionado a Eliot, Derek sabía cuidar de los de su alrededor, o eso creía Sora.

    Aterrizaron a las afueras de una ciudad, fuera de la vista de cualquier civil.Cogieron un vehículo de cuatro ruedas que tenía Derek en su colección robada. Este vehículo, funcionaba con energía Elx, como la mayoría de utensilios de esta era.

    Decidieron viajar a la siguiente ciudad, porque en la otra ya tenían la cara de Derek muy vista. ¿Por qué, precisamente, los tres eran buscados por precios elevados?

    El vehículo era bastante sencillo. No tenía techo, pero tenía un mecanismo con el que se lo podías colocar. Era en plan militar, uno de aquellos de los que podías entrar y salir saltando. Con la carcasa de color verde musgo, y los asientos de piel marrón.

    Al volante iba Derek, el único que sabía conducir, Eliot iba al frente con él, Sora tenía toda la parte trasera para ella.

    Seguían una carretera que se había hecho especialmente desde la ciudad que habían dejado atrás, hasta la ciudad a la que se dirigían. Pero, evidentemente, se tardaba su tiempo.

    — ¡Vamos a parar un rato! —gritó Derek por encima del ruido del viento. El motor era muy silencioso.

    — ¡Vale! —Eliot estaba de acuerdo— ¡Allí! —señaló un bosque que se veía más al frente.

    — ¡No! —a Derek no le parecía bien.

    — ¡Que sí!

    — ¡Ni hablar! ¿¡Es que quieres morir!? —paró el coche de golpe.

    Sora, de poco que no salió disparada, no llevaba el cinturón de seguridad.

    — ¿Morir? ¿Por qué lo dices?

    — Por los depredadores, los que pertenecen a la clasificación de “Nuevas especies”.

    — ¡Ah! ¿Te refieres a lo que llamamos monstruos? —dijo Eliot con excitación.

    Sora prestaba atención con mucho interés.

    — Sí. Suelen habitar en bosques que están lejos de ciudades, como aquel de allí. —lo señaló.

    — ¿Qué eso de Nuevas especies? —le intrigaba a Sora.

    — ¿Nunca has visto una? —ella sacudió la cabeza indicándole que no— A veces atacan a pueblos o ciudades. Cuando estuve ejerciendo de cazarrecompensas, también ofrecían dinero por manadas que molestaban al pueblo. Y, con “Nuevas especies”, se refieren a que son criaturas que nacieron o evolucionaron después de la desgracia de hace mil años, por culpa de el mineral Elx. Por eso, seguramente, dentro de aquel bosque debe haber alguna cueva llena de ese mineral.

    — Parece que le deben tener mucho miedo a esos monstruos. —observó Eliot—
    Después de todo, la carretera, en lugar de seguir recto rodea el bosque.

    Era cierto, se curvaba bruscamente hacia la izquierda, manteniendo una distancia prudente de la masa de vegetación.

    — ¿El Elx se vende bien? —preguntó Eliot con una sonrisa traviesa.

    No era la primera vez que veía aquella expresión, así que ya se imaginaba en lo que estaba pensando.

    — Bastante bien. —su amigo hizo la misma expresión.

    — ¡Decidido! ¡Vamos a buscar Elx! —exclamó emocionado.

    — No mientas, sé que lo único que quieres es pelear contra esos bichos. —dijo Derek.

    Eliot le miró con una sonrisa.

    — Me apetece hacer ejercicio. —declaró.

    — ¿Son fuertes esos monstruos? —preguntó Sora.

    — Hay algunos que sí, pero depende, suelen estar clasificados con estrellas. —le explicó Derek— Si tiene una, es más fuerte que un hombre musculoso; si tiene dos, aún se puede matar; si tiene tres, tienes que ir con cuidado; si tiene cuatro, te costará eliminarlo; si tiene cinco, con suerte no la palmarás; y, si tiene seis o más, ya puedes salir pitando, vas a morir sin dudarlo. Yo me tengo este tema bastante estudiado, así que si vemos alguno de estos bichos, ya os diré su rango de fuerza.

    — ¿Son todos agresivos?

    — No, la mayoría tan solo matan para cazar, o para proteger a sus crías o a la hembra, o por ser un intruso en su territorio, etc. En cambio, hay algunos que tienen la habilidad de pensar y aprender, así que, si simplemente son crueles como algunos humanos, te matarán por diversión. —contó.

    Se acercaron con el coche hasta unas ruinas que estaban algo cerca, no podían aparcarlo allí para que cualquiera que lo viera se lo llevara, o dejarlo cerca del bosque para que alguno de esos monstruos se lo comiera.

    Los tres se bajaron del carruaje. Derek apagó el motor y sacó la llave, después apretó a un redondo botón de color azul que había en el mando de la llave. Le salió un techo al coche, también unas puertas que estaban escondidas en el salpicadero. Se cerró a la perfección, sin dejar entrar ni una gota de aire.

    — Así, aunque alguien lo encuentre, dudo que pueda robarlo. El material de protección es antibalas. —habló orgulloso.

    — ¡En marcha! —gritó Eliot todo motivado.

    Se escuchó un grito terrorífico, provenía del bosque. Un grupo de aves salió volando en dirección al cielo. Ahora ya no le parecía tan buena idea ir al bosque. Cada vez empezaba a estar más inquieta.
     
  7.  
    Love Kills Slowly

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    Saludos.
    He decidido que voy a cerrar este tema, disculpas a todos. Ahora no puedo seguir con la história, porqué estoy muy ocupada encargándome de los estúdios y de otros problemas. Cuando termine la historia la volberé a subir de nuevo, pero, este tema lo voy a cerrar.
    Gracias por las personas que se han leído mi historia, y también por los que han comentado y le han dado un "me gusta".
    Adiós y gracias.
     
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