Shimane Islas Oki

Tema en 'Prefecturas' iniciado por Amelie, 29 Diciembre 2023.

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    Monpoke

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    Fujiwara no Riku

    Yo arreglo el vendaje; te enseñaré.

    Asentí un poco, perdido en gesto inesperado de... ¿Emperatriz? Shino, creo, su nombre. Pero no me mostró avergonzado o rígido como Kohaku al ser atendido, al manos, no más de lo que sería el contacto con una persona desconocida.

    "Aprecio gesto, gracias". Le dije en voz baja, asintiendo valorando el nuevo conocimiento el cual me estaba inculcando. Sobre todo, con tal de corregir mí error.

    Si no te estorba, me gustaría que entrenemos juntos. Gracias.

    "Solo dilo y será suficiente". Dirigí la mirada a Reijiro, bajado la cabeza en disculpa. "Lamento lo anterior, pero también estás invitado si lo deseas, pueden pelear juntos. Esa experiencia puede ser importante en tu tarea".

    ¡FUERA DE AQUÍ, USTEDES DOS!

    Cuando me me iba alejando, creyendo que, con cierta probabilidad, el caos en el bosque se estaría viendo reducido... Pero ese grito bien podría haber espantado a todas las aves de la isla.

    Todavía yendo hacía mi objetivo, mire por encima del hombro de a que venía eso. No lo entendía mucho, pero si veía a Kohaku y Reijiro salir del lugar. Probablemente estarán bien mientras no se involucren.

    Al menos, espero, esto no sea asunto mío... Está llegado a la isla ha explotado demasiado ya con los que estaban aquí.




    Gracias... hermano.

    Fui acercándome de manera lenta hacia ellos, habiendo escuchado parte de lo que se estaban diciendo, pero procurando no entrometerme demaciado en su momento.

    Solo, tal vez, no era un espacio espacio que quería compartir en nivel muy personal. Pero no debería porque sentirme totalmente excluido.

    "Lamento haber tardado". Así, me acerque a ellos y participe en su momento envolviendo los a ambos. "¿Podemos tener el privilegio de participar en la despedida?". Pregunté con cuidado, no temiendo un rechazo, sino con entendimiento de si si deseo sea hacerlo en privado.

    Pasando el tiempo necesario entre los tres, decidí era momento de soltar el abrazo.

    Con ambos manos libres y, sintiendo que aquello que necesitaba atención se marchaba, hice aquello que me he resistido hasta ahora de comprobar.

    Recogí unos de los dados, tres de ellos de los quince entregados recientemente y me perdí mirándolos al ir moviéndolos y girándolos en la mano. Perdido por unos instantes en el pasado en que los sujete por última vez. De su significado y secreto que fue dejado a los Fujiwara... Y de quién los tenía anteriormente de perderlos.

    "Si me arrepiento, sería no haber tenido el tiempo suficiente de llamarlo hermano". Sonríe cansado, nostálgico, desde Kamakura cuando nuestros lazos empezaron a tomar forma. Junte ambas palmas, teniendo los dados en espacio entre ellas, en aquel rezo que me enseñó en esos días. Junto con quién era y la confianza que depositaba en mí. "Fue mí maestro también, quien me enseñó la técnica que use cuando nos conocimos". Sonreí a Kojiro, también, por ese viejo tiempo. Aunque probablemente es algo que haya adivinado cuando lo conoció.

    "Me ha confiado tanto...". Sus últimas palabras, recordadas para siempre en una marca dejada en mí carne. "Y ni siquiera he podido dar justicia por quién lo envenenó o por su padre. Al primero, no lo volví a ver; al segundo, no lo llegue a conocer". Continúe lamentable, en voz baja. Este es el peón que soy, lo quiera o no, ser participe de todo lo que sucede es imposible o solo no estaba destinado a ser. "En ese entonces, siquiera pudimos despedirlo adecuadamente. No con un ejército llegando hacía Shizuoka". Lo enterramos, lo hicimos, pero... Ojalá pudiéramos haber echo más.

    Separa las manos, regresando a ver los dados. Lo que deba hacer ahora, teniéndolos en mis manos, no tengo el derecho de tomar esa decisión solo.

    "Hare lo que este en mis manos para que tu momento no sea perturbado". Le prometí.
     
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    rapuma

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    Seikanji Yamagawa

    Se volteó cuando sintió la mano de Dozan en su hombro y alzó el rostro para verle a los ojos. Afirmó hacia él, entendiendo el cariño que sentía por su hermano incondicional y por el dolor que era ver aquella funesta separación con el tal Kojiro. Y aunque fueron esclavos en un pasado y ahora seguían siendo libres, siempre serían, todos ellos, esclavos de sus decisiones; sus errores y aciertos.

    Volvió a agacharse junto a Ryoshi, mirando esta vez a Aoi y le sonrió levemente, asintiendo con la cabeza.

    —No tienes que agradecérmelo. Lo haría por cualquiera de ustedes. —sus ojos se posaron en las heridas vendadas del pirata y valoró la posibilidad de moverlo. —En la sombra será mejor, lejos del sol por el momento. Esta noche te cambiaré los vendajes, no tenemos mucho material pero los tendré listos para ti. Mañana iremos a por el herrero... si es que aún se encuentra con vida.

    No pudo evitar ver más allá de las personas en la arena, justo a la sombra inmóvil que representaba la isla dibujada en el horizonte. Sintió un escalofrío y movió la cabeza para apartar malos espíritus. Pasó un brazo de Ryoshi por detrás de su nuca y con ayuda de sus piernas y de Aoi lo transportaron a un sitio más cómodo y fresco en las sombras que proyectaban los árboles.

    Aún recordaba el movimiento de la naginata tan fluido como si fuera una extensión del brazo de Kojiro. Pensó en sus kodachis y buscó con su mirada, ya en la lejanía, al grupo de la golondrina. Había un destello de admiración hacia aquél hombre que pudo derrotar a Ryoshi en un sólo movimiento calculado, fríamente adiestrado. De un solo movimiento tumbó al que Seikanji consideraba peligroso como un tiburón.

    "Necesito una naginata"

    Pensó para sus adentros, rompiendo el hechizo del momento el grito de Tomoe que lo puso en alerta, envarándose en un segundo y buscando con su mirada a la princesa. No entendía qué podría hacer pero vio abrazar a otra mujer que no alcanzaba a distinguir el rostro. Y a su lado pudo ver a Noishi de pie, vigilante.

    —Hannya. —murmuró con una sonrisa.
     
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    Bruno TDF

    Bruno TDF Usuario VIP

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    Togashi
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    Aunque pudo convencerlo para que se levantara del lodo, mantuvo una mano sobre el hombro de Kojiro. Las lágrimas eran abundantes, irrefrenables, y abrían gruesos surcos sobre la sangre de Ryoshi, en líneas rectas y limpias que se perdían al final de su barbilla. Era tan grande la intensidad de aquel dolor, el del hijo que abrazaba las cenizas de un padre amado, que Togashi prefirió no romper el punto de contacto. A través de esa pequeña conexión, construían una fuerza compartida, que les ayudaba a resistir el peso del sufrimiento. Y no perderse en sí mismos hasta terminar ahogados.

    Kojiro, para su alivio, logró sacar fuerza de espíritu para responderle. Tal como intuyó, las cenizas de Jinrai estaban destinadas al mar, era ese el sitio donde merecía descansar un hombre que había dedicado su vida a los imponentes oleajes de la naturaleza. Su hermano dejó entender que la ceremonia no la realizarían en ese momento, dado el clima y las circunstancias recientes. Togashi asintió con aire comprensivo, pues pensaba igual; era lo mejor estar con las manos limpias, purificados de todo malestar y con el sol brillando en lo alto.

    Avísame cuando ese momento llegue, por favor —pidió, afianzando el agarre en el hombro del joven; mientras miraba el nudo que realizaba para asegurar el saco de cenizas consigo—. Amabas a Jinrai, está bien que quieras tenerlo un momento más, sentirlo cerca. No debes p…

    Togashi abrió mucho los ojos al percibir los brazos de Kojiro rodeando su cuerpo, en aquel abrazo inesperado. Un rastro de las lágrimas ajenas llegó a rozar parte de su mejilla, humedeciéndola en conjunto con la sangre aún cálida. La voz de su hermano, partida, le llegó con más fuerza al estar tan cerca, inundando su oído con un agradecimiento que provocó un nudo en la garganta. Apretó los labios con insistencia, porque en un momento así correspondía mantener su alma templada.

    Alzó el brazo libre y palmeó la espada de Kojiro suavemente, con cariño. La otra mano viajó desde el hombro del muchacho hasta su nuca; tras pasar los dedos entre los cabellos oscuros, lo invitó a posar el rostro en su hombro para que siguiera llorando allí. Kojiro lo necesitaba, tanto como él necesitó ese abrazo sin saberlo.

    Soy yo quien está agradecido, hermano mío... —respondió, sincero.

    Un repentino grito repentino lo alertó, lo suficiente como para espantarle la tentación de derramar una lágrima. Sin dejar de abrazar a su hermano, giró los ojos hacia otra figura desconocida, una muchacha muy joven, casi adolescente, que en ese momento parecía increpar a Kohaku y Reijiro, con Riku a medio camino de la escena. Todo pasaba muy rápido y al mismo tiempo. Al recobrarse, Shino, Kohaku y la joven se habían marchado.

    Y Riku se había unido a ellos en un abrazo fraternal, completando así la parvada que eran. Togashi se permitió estirar un brazo para palmearle la espalda a él también.

    Descuida —lo tranquilizó al escuchar sus disculpas, no pensaba que hubiese tardado; luego asintió cuando Riku preguntó si podían participar en la ceremonia para despedir a Jinrai—. Le pedí que nos avisara.

    Su camarada finalmente se alejó. Quedó a unos pasos de ellos, por lo que Togashi pudo notar los dados que llevaba en las manos y oír, con claridad, las palabras que parecía dirigir a un ser querido. Alguien que, como Jinrai, Kaori y Benkei, también había renacido. El herrero los escuchó con el debido respeto, tal vez en un intento de acompañarlo desde la leve distancia.

    Cuando le pareció que el llanto de Kojiro aminoraba, Togashi se permitió separarse de él. Le limpió las lágrimas y la sangre del rostro, con los pulgares; y le palmeó las mejillas con liviandad, como si con eso pudiese espabilarlo aunque fuese un poco.

    Limpia tus ropas y trata de descansar —sugirió, bajando las manos—. Pero si quieres mantener el plan de ir de caza, no me opondré; podemos aprovechar para recolectar ramas también —dirigió una mirada a Riku, como para dar a entender que estaba incluido en ese plan.

    Acto seguido, murmuró una leve disculpa, porque también se vio en la necesidad de confirmar algo. Había detectado palabras puntuales en el aire, aturdido como estuvo en medio de tanto lío. Hizo un gesto tranquilizador hacia sus camaradas y se aproximó a la otra parvada. Como la chica del arco seguía presente, Togashi se acercó con cautela, las manos alzadas a la altura de los hombros. Pero la ignoró, así como a Ryoshi, y en cambio habló para el médico:

    Disculpa… —comenzó diciendo—. Soy Togashi, herrero de los Minamoto. Hace un momento te escuché decir el nombre de Kyuzo, y acabas de hablar sobre rescatar a otro herrero. ¿Puedo saber a qué te estás refiriendo?

    No habían hallado a Kyuzo en Iwami Ginzan. Tenía un mal presentimiento.
     
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    Amelie

    Amelie Game Master

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    [Aoi; Ryoshi; Dozan; Togashi; Kojiro; Matahachi; Kohaku; Riku; Haku; Genichi; Reijiro; Masaharu; Seikanji]
    [Yuzuki; Rei; Akihito; Rengo; Hayato; Inagaki]


    Ryoshi sonrió ante las palabras de Aoi; podría tener un bagaje de emociones a causa de Kojiro, pero al tenerla allí era como estar en otro lado, su enamoramiento no cesaba, la seguía viendo como aquel primer día —Yo lo sabía... —susurró; cansado por la pérdida de sangre. No estaba respondiendo a las palabras precisas de Aoi, él se respondía a sí mismo, él sabía que ella se iba a enamorar de él cómo él lo había hecho con ella. Su cálido abrazo lo obligó a cerrar los ojos, conforme con lo que tenía en ese momento, olvidando lo que acababa de perder.

    Aoi y Seikanji movieron a Ryoshi a un lugar mejor; pero fue Dozan y Aoi quienes lo terminaron subiendo de nuevo a dónde la construcción de un nuevo hogar se abría entre los árboles; el mejor sitio para descansar fuera de vistas ajenas.

    Dozan miró a Aoi y aprovechando la privacidad que les daba esa altitud, ese nuevo nido, la abrazó —Perdón, sé que eres de mantener tu distancia; pero eres ahora mi familia —dijo separándose de ella para después mirarla y por último observar a Ryoshi —Yo también iré con ustedes, no me excluyan... yo también moriré o viviré con ustedes —negó —No estorbaré en su relación, no quiero que me consideren un fisgón. Sólo que no quiero que me dejen atrás. Odio estar solo.




    Reijiro también se había quedado petrificado ante la reacción de Tomoe; fue cuando Kohaku lo llamó que pudo afirmar, alertando a Masaharu y Genichi para que patrullaran la zona, ellos entendían las señas de su ahora líder.
    Reijiro acompañó a Kohaku y escuchó su pregunta. De hecho si, este tipo de situaciones también eran parte del crecimiento, incluso él seguía creciendo con ellas.

    Esperó a Kohaku quién regresó con manos llenas; él recibió su encargo para Matahachi, Reijiro afirmó, confiando en sus palabras y regresó de nuevo al bosque.

    Reijiro tardó un poco en dar con Matahachi; pues estaba hincado cerca de un riachuelo. Era un desastre con todo el lodo, a distancia parecía que limpiaba un pedazo de tela en la corriente.

    —Disculpa...—intervino Reijiro quien dio unos pasos hacia él para mirarlo desde arriba —El joven Kohaku le envía esta ropa nueva...

    Matahachi lo observó con lágrimas acumuladas las cuales ni intentó disimular, se sentó con dificultad y extendió la tela que parecía estar lavando; sobre de ella había guijarros y corales; completamente lavados. Los envolvió en la tela que Reijiro pudo notar que pertenecía a una de las mangas de Matahachi.

    Matahachi se levantó; con una de sus manos recibió la ropa nueva y con la otra extendió la tela con lo que él había lavado —Encontré casi todas... — dijo entregándoselo a Reijiro, sonrió mirando al suelo —Gracias, Reijiro —dijo para después alejarse más siguiendo el riachuelo. Ocultando sus lágrimas con la lluvia.

    Reijiro suspiró algro frustrado; ahora era el mensajero de aquel par. Luego sonrió mirando la tela y protegiéndola entre sus manos. Emprendió su camino de regreso hacia Kohaku.

    En la playa miró a Kohaku y se acercó lentamente; se colocó a su lado y le extendió la tela —Esto le envía el joven Matahachi.




    Rengo afirmó ante las palabras de Yuzuki y miró a Hayato —Tú y yo de hecho podemos hacer un buen equipo; tu arco y mi sangre pueden... —negó —mejor luego hablamos de ello — A pesar de poseer un alma serena y corazón tibio; Rengo había sido entrenado en artes oscuras que de repente brincaban ante su personalidad.

    Los tres miraron cómo Kohaku entraba al barco todo sucio y salía todo limpio; Rengo notó que se veía algo perturbado, iba a preguntarle pero salió tan rápido que este no pudo hacer nada. Miró a Yuzuki —Quiero verlo... tal vez necesite ayuda.




    Rei afirmó una sola vez con fuerza cuando Akihito mencionó que aquello tenía sentido. Lo observó tomar el sake, fue un gran sorbo que lo obligó a extender la palma de su mano para detenerlo; pero fue tarde y volvió a apretarlo en un puño. Esta vez dio tres afirmaciones rápidos hizo una mueca que demostraba liviandad ante la situación y el también tomó un guaje y bebió. ¿Por qué no?

    Mientras bebía escuchó la historia del Oni, de Mara; de cómo llegó la otra Oni y tuvieron que pelear por su vida.

    —Tu viejo sabe algunas cosas ¿sabes? —dijo dando otro sorbo al sake. Y se quedó callado un largo momento; fue tan largo que parecería que no volvería a hablar —Yo tengo algo de un Oni— dijo desviando la mirada de Akihito y señalando su parche.

    —Una maldición —dio varios sorbos al guaje y luego se desató el parche; tenía una cuenca que parecía vacía, y en la oscuridad no podía distinguirse mucho. Rei llevó su mano a la cuenca y dio un golpe al interior con dos de sus dedos, sonó como hueso — Es la maldición muy poderosa y extraña... —Rei comenzaba a hablar con una seriedad impresionante, su voz se tornó moderada y no tan gritona como solía ser.

    —Esto...

    En ese instante fueron interrumpidos; Rengo ya tenía su dedo sobre lo que parecía ser un pequeño cuerno dónde debería estar el ojo de Rei.

    —No es sólo un Oni, es de un kijin—interrumpió Rengo quién venía acompañado de Yuzuki y Hayato.

    Akihito pudo notar los ojos rojos e hinchados de Rengo; a pesar de ello parecía curioso ante Rei quién lo empujó de inmediato, obligando a Rengo a caer de sentón junto a Akihito.

    ¿Un qué?— preguntó Rei.

    —Un kijin; puede ser considerado un Dios o un demonio, así de fuerte es. Equiparable a Mara —agregó Rengo —Outakemaru ¿Cierto?

    Rei miró a Rengo por un momento; no por la información que acababa de proporcionarle, sino porque era una persona metiche, esto era un asunto personal y se inmiscuyó y trajo a toda su familia como si estuvieran allí tomando té. Miró su mano con el guaje y señaló a Rengo —¿Te atrajo el olor a sake? Eres un borracho, uno muy joven...

    Rengo le sonrió —No, sólo que estaba preocupado por Aki —dijo hacia Akihito.

    Rei volvía a cubrirse con el parche al notar como Hayato no le quitaba su ojo de encima.




    Kojiro notó como Riku se acercaba a ellos uniéndose al abrazo —Por favor, necesitaré de su apoyo —contestó ante la pregunta hecha por Riku sobre unirse a la ceremonia de despedida de su padre.

    Kojiro miró a Togashi quien lo despabilaba y limpiaba su sangre, este se avergonzó por unos momentos; pero no hubo queja, así se comportaba la familia —No tengo energía para salir a cazar; debo descansar un rato —aseguró a su hermano con mayor calma. Fue cuando Togashi se separó de ellos.

    Kojiro notó el juego de dados en manos de Riku; sus palabras lo conmovieron. Su alumno jamás se había abierto así con él y aquello le evocaron nuevas lágrimas, unas de comprensión. Apretó su mano sobre la de Riku con fuerza, aprisionando los dados en su interior —Su fuerza vive en nosotros. Y... —miró al saquito amarrado a su obi —Lo que queda con nosotros es de nosotros para honrar. No importa cómo o en qué lugar. El sitio perfecto siempre será dónde estén las personas que ellos dejan atrás... somos nosotros los que necesitamos de su fuerza... de su protección —su mano temblaba sobre la de Riku — Ellos no van a recriminarnos si los despedimos en un sitio humilde y con pocos recursos. Sé que ellos estarían sonriendo siempre que los recordemos. Yo recuerdo a mi padre siempre que veo el mar, tengo esa fortuna... porque el mar está en cualquier lado que mire en esta isla; mi padre me abraza —miró al cielo — Y Taiyo está en el sol. ¿No es ese el significado de su nombre? Tú también eres afortunado, Riku. Te abraza cada amanecer y se despide al anochecer —sus ojos volvieron a nublarse.

    Kojiro sonrió ligeramente —Además, ahora los tengo a ustedes. No enfrento la soledad sin armas.




    Hannya miró a Seikanji con una leve sonrisa al escuchar aquel nombre —Puedes llamarme por mi verdadero nombre... ya no lo ocultaré más —dijo mirando a la dirección de Tomoe —La mujer que contiene a Tomoe entre sus brazos es Shino —sonrió para después volver la vista a Seikanji —Nos espera un largo aprendizaje aquí en las islas; mientras algunos aprenderán de herbolaria con Murai... tú aprenderás de mí. Junto a mi otro alumno, Tsubaki.

    Fue entonces cuando Togashi llegó junto a Seikanji, en el momento en el que Dozan y Aoi se llevaban a Ryoshi nuevamente hacia arriba en las ramas.


     
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    Gigi Blanche

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    En lo que Reijiro regresaba fui enhebrando la pulsera y permitiéndome liberar mis pensamientos en las direcciones que quisieran. Fueron de aquí allá, rebotando y colisionando, pero lo importante fue que me mantuve sereno. Repasé decenas de momentos y de ideas, y lo hice desde un lugar que me resultaba más familiar. Distante, silente e imparcial, como un eterno observador.

    Oí a alguien aproximarse y le sonreí a Reijiro cuando se detuvo a mi lado. Recibí el trozo de tela y lo asocié a la ropa de Matahachi al mismo tiempo que el hombre me explicitaba su proveniencia. Por el peso y el ligero tintineo supe, incluso antes de abrirlo, que eran las piedras del collar. ¿En qué momento las había recogido? Sonreí, había un montón y se me aflojó una risa ligera. ¿Qué se suponía que hiciera ahora con la pulsera que acababa de terminar?

    —Gracias, Reijiro-san. —Alcé la mirada a él, teniendo que entrecerrar los ojos por la resolana, y palmeé la arena a mi lado—. ¿Quieres tomar asiento?

    Uno de los pensamientos que había rebotado era el referido a mi conversación con Yume en Omori, antes de que Murai llegara y todo lo demás se torciera. Deposité la tela con las piedras sobre la arena, la pulsera terminada a un lado, y empecé a medir otro trozo de hilo.

    —¿Sabes una cosa? Había tenido en mente invitarte una cena en Omori, Yume me había recomendado los nodoguros y me había entusiasmado probarlos. Es una pena que al final no hayamos podido hacerlo, pero aquí también habrá pescado de sobra, ¿no? —Sonreí, con cierta ilusión—. Asamos pescado en la playa y nos damos un festín. Suena bien. Aunque no será tan elegante como un comercio, claro, pero al menos aquí podríamos compartirlo con tus amigos.

    Me reí con ligereza, ya había cortado el hilo y comencé a hacer el primer, pequeño nudo. Era un poco más extenso que el anterior.

    —¿Alguna vez habías visto guijarros tan azules? —indagué, recogiendo uno y alzándolo frente a nosotros brevemente—. Mis hermanos los tenían de todos los colores, les encantaba salir a recolectar los más extraños que encontraran. A veces teníamos que regañarlos porque en su afán aventurero se iban demasiado lejos, pero por lo general hacían caso. Eran buenos niños.

    Enhebré las primeras piedras, el pequeño nudo haciendo de tope, y mientras mantenía la vista en mi tarea esbocé, por un breve instante, una sonrisa nostálgica. Chiasa comenzó a olisquear y andar la arena a nuestro alrededor.

    —No sé nada de ti, Reijiro-san —murmuré con suavidad, tranquilo—. Me has acompañado desde Shimotsuke, viviste un montón de cosas extrañas en Tateyama y me has protegido con una diligencia impecable. Siempre estuviste ahí... y no sé nada de ti. Tu comida favorita, o tu estación favorita, dónde naciste, cómo era tu familia... —Me detuve para mirarlo—. Tus amigos, ¿cómo se llaman?
     
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    Ayeah

    Ayeah Shinobi

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    Con sumo cuidado cargaron el cuerpo de Ryoshi, primero bajo el árbol y, después, hacia lo alto.

    Fue un trabajo cansado escalar con él pues normalmente era Ryoshi quien la cargaba a ella, como aquella vez en Iga... Sonrió para sí al recordar aquellas sensaciones.

    Cuando llegaron a la cima en construcción, lo depositaron con cuidado y, mientras Aoi examinaba el rostro tranquilo del pirata, Dozan la sorprendió con un repentino abrazo que hizo tensarse todos y cada uno de sus músculos por el sobresalto.

    Aún se mantenía rígida cuando se apartó pero sus palabras hicieron que se relaja de inmediato.

    Una nueva esquirla de hielo se desprendió del muro que rodeaba su corazón haciéndolo latir, no de la forma desenfrenada en que Ryoshi lo hacía sino de un modo más sutil aunque igualmente cálido.

    Sonrió en su dirección, sacudiendo la cabeza para reponerse del pequeño shock, y rodeó el cuello de Dozan con sus brazos para atraerlo torpemente de nuevo hacia sí.

    No me incomodan las distancias entre nosotros. — Respondió, a pesar de su reacción inicial. — Somos una familia.

    Se fundieron en otro abrazo corto y al separarse, entrelazó sus dedos con los de ambos hombres sintiéndose tremendamente afortunada.

    Cuidaremos unos de otros y romperemos esa estúpida maldición.
     
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    Nekita

    Nekita Amo de FFL

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    Los recuerdos de los onis seguían latentes en su mente pero el sake poco a poco iba calmando los temblores de su cuerpo al irlo relajando de a poco, el color de sus mejillas se tornaron rojizas delatando el alcohol en su cuerpo al igual que su parpadeo lento, también le estaba costando un poco mantenerse recto aunque estuviera sentado en el piso y todo eso le estaba sumando bastante dificultad a prestarle atención a su padre para procesar sus palabras.

    Porque se sentía ido, sí, pero no era imposible reconocer que le estaba hablando en un tono que nunca antes había usado y eso, aunque fuera poco, lo emocionaba. Ni siquiera pensaba que podía tratarse del alcohol que inició a tomar, su cabeza lo quería adjudicar al esfuerzo que estaba haciendo por convertirse en un mejor padre.

    —...¿Le quitaste un parche a un Oni? —Preguntó confundido, inclinándose un poco hacia el frente para tratar de examinar mejor su parche, pero al no encontrar nada realmente interesante volvió a su lugar y ladeó su cabeza sin entender nada. —Supongo que eso es impresionante de presumir...porque son gigantes... rápidos... fuertes...

    Comenzó a desvariar sin darse cuenta, pero al escuchar de nuevo a Rei calló frunciendo ligeramente sus labios por ser interrumpido, pero no se quejó solo porque se dio cuenta que estaba totalmente equivocado y por la impresión que le dio ver tan de repente la aparente cuenca vacía de su padre, cosa que no deseaba ver en primer lugar y tampoco quería tener que observar como introducía su dedo allí para seguirle explicando cosas.

    Le daba escalofríos.

    —No lo toques...si es una maldición pod- —Dio un pequeño brinco en su lugar al escuchar de repente la voz de Rengo en la habitación y el horror llegó a sus facciones cuando notó ya se daba permiso de estar tocando esa área como si nada —Re-Rengo no creo que...

    Rei empujó a Rengo y casi de manera instintiva cerró sus ojos con fuerza y se encogió en su lugar, como si su padre fuera a empujarlo a él también en cualquier momento porque imaginaba que eso lo iba a enojar con justas razones, un pequeño pero eficaz reflejo que solo le permitió relajarse una vez que el empujón nunca llegó al cabo de unos rápidos segundos. Y que cuando acabó, trató de pretender que no pasó mientras escuchaba a Rengo.

    Lo hacía con una confusión que no ocultaba en lo absoluto en su estado, pero sus ojos estaban fijos sobre Rengo, lo analizaba bastante preocupado, ladeando su cabeza de lado a lado por ver que claramente había estado llorando y no sabía muy bien porqué, pero solo hasta que dejó de hablar fue que hizo que volteara a verlo al tomar su rostro para verlo más de cerca, algo torpe pero intentando ser gentil.

    —¿Estás bien? —Preguntó con preocupación —Parece que lloraste mucho, se que es normal cuándo te encuentras con alguien a quien extrañaste, pero si...—Por un momento su cabeza recordó que Rengo no había venido solo y con esa extraña pausa para permitirse pensar, sus ojos buscaron a Yuzu. Su preocupación inmediata no fue notar que ella también había estado llorando, si no recordar que tenía el rostro de su hijo en sus manos como si nada y lo que había hecho ya antes.

    La vergüenza extendió el sonrojo del sake todavía más y con rapidez dejó ir a Rengo e incluso le dio un poco mas de espacio al chico deslizándose un poco más a la izquierda. No quería seguir invadiendo su espacio de esa manera para evitar incomodarlo de nuevo.

    —Lo siento...—Dijo hacia ambos en una mirada rápida antes de centrarse en jugar con la cuerdita que había en el guaje, recordando lo otro que había dicho Rengo para cambiar de tema—Y...bueno, que te preocupara es normal...Rei si me hizo llorar un par de veces, bueno, me hubiera gustado seguir llorando con todo lo que me decía pero luego yo no iba a poder preguntar nada ni decir nada si seguía así, y no se si iba a incomodarlo si continuaba entonces mejor traté de tranquilizarme...

    Como si se le hubiera olvidado la razón por la cuál le había dado distancia a Rengo, volvió a acercarse esta vez algo ilusionado y con una sonrisa en su rostro —Me dijo cosas bonitas y un regalo, ¡por primera vez! Se ha portado bien conmigo, eso fue lo que me hizo llorar... quizás debí de haber dicho eso primero, sí...es un punto importante para que ya no te preocupara... —Reflexionó consigo mismo haciendo una ligera mueca, no ordenaba sus ideas de la misma manera en su estado pero sí era mucho más honesto —Matahachi fue quien...¡Ah! —Rápido centro su vista en Rei y se estiró hacía él para tomar un pedazo de la tela de su ropa con cierto apuro y preocupación.

    —En Gifu le dije a Matahachi que se quedara contigo....—Sus ojos volvieron a ponerse rojos y amenazaban con llorar de nuevo. No le había dicho a Matahachi precisamente esas palabras pero, en ese momento las sentía así —, ¿fui grosero con eso? Lo dije porque creía que me odiabas y te veías feliz con él y....y quería que estuvieras tranquilo. ¿Vas a dejar de intentar ser mi padre si vuelves a viajar y te das cuenta que Matahachi te cae mejor que yo? —Preguntó con un hilo de voz y ya un par de lágrimas deslizándose nuevamente por sus mejillas —Porque eso sería muy injusto...lo conoces más a él que a mí y...se parece mucho a mí... Creo que incluso tenemos la misma edad...¿lo vas a preferir cuando te des cuenta que es más sencillo con él ser padre?
     
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    Zireael

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    Yuzuki Minami
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    Suspiré con cierta pesadez al escuchar que Rengo se iba por las ramas con las flechas y la sangre y negué con la cabeza bastante resignada. Era naturalmente amoroso y dulce, pero también le habían enseñado cosas mucho menos amables, así que surgían de vez en cuando. En cualquier caso, la distracción repentina me hizo notar la silueta cuando ya iba dejando el barco y ya le había ofrecido a Rengo ir por Akihito, que dijo que quería verlo porque tal vez necesitaba ayuda.

    Asentí, me levanté despacio y esperé a que ellos hicieran lo mismo para que fuéramos al interior del barco, aunque eché un vistazo a lo que podría estar pasando en tierra. Fue fugaz, pues entramos buscando a Akihito, estaba por disculparme por la intromisión cuando Rengo tocó el ojo o donde debía estar el ojo del hombre, haciéndome dar un respingo.

    —¡No toques a las personas sin su permiso, Rengo! —advertí encima de las palabras de Akihito, escandalizada, y sentí que la cabeza me palpitaba por la resaca y el llanto de antes.

    Fue casi al mismo tiempo en que el hombre lo empujó, justificadamente en verdad, y cayó de sentón junto a Akihito. Me di cuenta la manera en que el muchacho había reaccionado, cerrando los ojos y haciéndose pequeño en su lugar, y sentí algo parecido al enojo al comprender algunas cosas de repente. Fingió demencia, pero yo solo tenía resaca, no era ciega, y él estaba un poquito borracho ya.

    Rengo corrigió lo del oni y recordé a Amanozako y los ojos faltantes aunque no era lo mismo. Como fuese, el otro le dijo que era un borracho muy joven y me llevé la mano al rostro, enjuagándome los ojos con algo de fuerza. Al quitarme la mano de la cara le di un toque a Hayato en el hombro, para que dejara de mirar al hombre aunque en verdad siempre observaba así a ciertas personas, pues a él mismo le habían arrebatado un ojo.

    Gendo y sus malditos locos.

    Noté cómo Aki se iba sobre Rengo, preocupado, y solo después recordó que veníamos con él. Me miró, se quiso morir de vergüenza y al notar su bochorno le dediqué una sonrisa que pretendió decirle que no debía preocuparse porque yo lo viese. No supe si pudo notarlo, porque pronto estuvo jugando con la cuerda del guaje y pretendió desviar el tema, pero lo mismo de antes, estaba borracho el pobre. De repente se puso hablar un montón, miré al dichoso Rei de refilón y la alegría de Akihito por las palabras bonitas y el regalo se revolvió de formas extrañas con la manera en que se había encogido en su lugar al ver que empujaba a Rengo.

    Seguí oyendo, le indiqué a Hayato que se sentara cerca del menor de los Harima y se me encogió el corazón en el pecho al escuchar a Aki preguntarle a Rei si dejaría de ser su padre si volvía a viajar y se daba cuenta que Matahachi le caía mejor, que si iba a preferirlo al darse cuenta que con él ser padre era más fácil, supuse que el sake ya lo tenía descontrolado, porque noté las lágrimas que se le escaparon. No creía que ser padre fuese fácil en ningún contexto, pero el miedo del muchacho tenía sentido incluso si me faltaba un montón de contexto.

    Había estado por sentarme, pero me dio algo de pena el colapso de la pobre criatura incluso si parecía de mi edad, así que me acerqué y estiré la mano en medio de Rengo y él para sujetar el guaje que Aki sostenía. No se lo quité de golpe ni nada, de hecho el movimiento pretendió pedirle permiso.

    —¿Me lo prestas, Aki? Creo que un trago me quitaría el malestar que me queda de anoche —pedí en voz baja, esperando recibir su atención para hablarle en un murmuro. No me di cuenta de que lo estaba tratando igual que a Rengo o Hayato—. No tienes que concursar por el afecto de un padre, cariño, tú eres tú. Si hablaste con Rei ahora y se molestó en traerte un regalo, imagino que quiere intentar ser tu padre, tuyo, no de Matahachi.

    A ver, seguro había sido un padre horrible, pero ya estaba haciendo más de lo que Kato haría nunca. Digamos que se le podía reconocer. Me estaba metiendo demasiado en donde nadie me estaba llamando, la verdad fuese dicha, por eso quise decírselo casi como si fuese un secreto. Dejé la idea suspendida allí, retrocedí un poco, guaje en mano o no, cuando volví a liberarme la extremidad le dediqué una caricia en la espalda al joven. Fue breve, por si lo incomodaba, y después busqué mirar a Rei.

    —Disculpa la intromisión. Solo queríamos asegurarnos de que estuviera bien. —Luego de la disculpa que había querido dar desde el inicio le di un toquecito a Rengo en la espalda—. ¿No te golpeaste mucho?
     
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    rapuma

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    Seikanji Yamagawa

    Hizo una reverencia ante Noishi, negando lentamente cuando volvió a reincorporarse.

    —Para todos siempre serás Noishi. Pero para mí serás Hannya, el hombre que me debe una naginata. —bromeó y una sonrisa voló juguetona en su rostro mientras asentía con decisión ante sus palabras, deseoso de aprender más y vincularse en el arte shinobi ahora que presentía el peligro como una fiera tormenta en el horizonte. —¿Quién es Tsubaki? ¿Se encuentra aquí con ustedes?

    Ahora su mirada se posó en las hermanas, prestando especial atención a la figura de Shino, con su rostro oculto en el hombro de Tomoe. No pudo evitar la empatía con la princesa y su garganta se cerró. Se puso la mano en el pecho, porque era ahí donde le dolía, una presión angustiosa que parecía no ceder nunca al recordar a su madre. Meneó la cabeza débilmente, afirmando nuevamente hacia Noishi, como si aquella firmeza de voluntad pudiera opacar el dolor que lo mermaba por dentro.

    Estuvo por abrir la boca nuevamente pero uno de los hombres que protegió a Kojiro a costa de su vida se acercó hacia él. Seikanji lo observó con especial atención, sus ademanes y el timbre de su voz que le pareció reconfortante. Vio también, más allá de su mirada, donde se hallaba instalada una profunda tristeza.

    —Mi nombre es Seikanji Yamagawa, Togashi-sama, y puedes venir con total confianza ante cualquiera de nosotros. —arrugó la cara al saber que sus palabras no eran del todo ciertas, ya que la parvada se mantenía hosca y en alerta. Realizó una reverencia ante él, todo artesano en todas sus ramificaciones eran para él superiores. —Kyuzo-sama viajó con nosotros a esta isla e intentábamos recolectar materiales que él confirmaba sólo existían allí. —la señaló con la punta de su índice, el brazo firme como una lanza. —Fue muy difícil llegar, la marea es fuerte y la corriente amenaza con arrastrar el barco contra las rocas. Pero tenemos un buen navegante con nosotros. —sonrió al recordar a Ryoshi sobre la cubierta, con las pupilas dilatadas y la sonrisa de delfín, una cuchillada de luz que le iluminaba el rostro fue transformada en tiburón en el momento en que abordó y tomó el mando. Un espectáculo glorioso que lo recordaría toda su vida. —Allí nos encontramos con una mujer que el señor Kyuzo reconoció. No teníamos opciones, nos hicimos pasar por mercenarios y tuvimos que dejarlo. —apretó los puños con clara decepción. Notaba que su estómago ardía como el fuego, además sentía una fuerte presión en las sienes, como si al entrar en su mente las palabras se volvieran efervescentes y estallaran en su cabeza. —La mujer es una Sawayama y decía que el maestro del señor herrero estaba ahí. Kyuzo nos dejó escapar a costa de su propio pellejo. Lo dejamos allí hace una noche... —miraba hacia el horizonte, con el vano pero noble intento de notar algo que le diera certeza de que siguiera vivo. —Tenemos que volver a por él.
     
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    Nekita

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    Akihito Shishio
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    Las lágrimas traicioneras se deslizaban todavía por sus mejillas y su mano se negaba a dejar ir la tela que había logrado tomar de su padre, estaba completamente centrado en intentar leer su rostro y tratar de obtener alguna respuesta que le confirmara o negara su pregunta hasta que escuchó la voz de Yuzuki dirigirse a él.

    Bajo la mirada por un momento al reflexionar qué quizás, lo mejor no era hacer una escena tan grande si ellos solo habían venido a comprobar su estado y dejó ir a Rei finalmente, volviendo a sentarse en su lugar.

    Sollozó un poco y limpió con sus mangas sus mejillas antes de volver a dirigir su mirada a Yuzuki y extenderle el guaje.

    —...¿Cómo tomar esto ayuda a las molestias? —Preguntó genuinamente curioso. Solo dos tragos le habían sido suficiente para sentirse tanto ido como demasiado atento a sus sentimientos, sentía que si lo tomaba para un malestar quizás estaría creyendo que iba a morir o algo.

    Ya sin el guaje no supo mucho que hacer con sus manos libres y mejor se cruzó de brazos, todavía meciéndose con ligereza.

    Aunque luego eso terminó en él apretando lo más qué podía sus brazos contra su cuerpo, defendiéndose de los sentimientos que le provocaban esas palabras de Yuzu, como su padre se había defendido también de los suyos cuándo le tocó recibir sus palabras.

    —Dices eso porque no lo viste con Matahachi...—murmuró desviando su mirada a otra parte del barco, mordiendo el interior de su mejilla con ciertos celos. Ese era el sentimiento que se le había quedado en el pecho cuando empezó a ver sus dinámicas, celos. Luego, volvió a ver a Yuzuki—Él es más...¿Todo? Sí, Matahachi es más todo...y yo no. Se ríen, le habla tranquilo, lo cuida, estoy incluso seguro que de seguro también tienen cosas en común y seguro con todo eso ni cree que tiene una dinámica así con él. —Señaló a su padre con un movimiento de cabeza porque no lo estaba mirando.

    Respiró ondo para retener sus lágrimas y volvió a ver a Rei.

    —Solo no quiero que me ilusiones en vano, porque la idea genuinamente me hace feliz, en serio me ilusiona que quizás...en algún punto pueda ser así conmigo también, no quiero que te arrepientas a mitad de camino si...no sé, te das cuenta de que quizás soy muy complicado o mas aburrido. Se me rompería el corazón.
     
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    Monpoke

    Monpoke Absol

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    Fujiwara no Riku


    "De acuerdo, te acompañaré en un momento". Acepte su oferta, asegurándole que todavía estaría en pie ese objetivo original por cual bajamos del barco. Entonces lo vi marchar, solo para asegurarme de saber a dónde ir con tal de encontrarlo.

    Ellos no van a recriminarnos si los despedimos en un sitio humilde y con pocos recursos. Sé que ellos estarían sonriendo siempre que los recordemos.

    Las manos de Kojiro temblaban al sujetar las mías, no dudaba de sus palabras, él las creía, pero eso me hizo pensar que, a pesar de todo, si quiere poder darle más.

    "No lo olvidaré". Finalmente hablé, por alguna razón, luchando con las palabras. "Ojalá todo pudiera ser diferente, es mí deseo, que está guerra acabe y que nadie más muera". Poder traer paz a los que ahora son mí familia, dejarlos descansar de esta guerra... y que puedan seguir una vida feliz.

    Vive

    Aquella palabra, entre las última que me dio, siguen retumbando en mí cabeza. Un recuerdo constante.

    "Y si lo hacen... Que no lo hagan con el pensamiento de quién será el siguiente de unirse a ellos". Estaba conflictivo al decir aquello, doloroso en cada palabra, porque ese podría llegar a ser mí caso.

    De fallar. De no tener ningún medio para interferir en lo que sucede aquí, solo deseando con un último aliento que quienes aprecias no sigan tu destino.

    Te abraza cada amanecer y se despide al anochecer

    Aquello hizo click en mí, levantado sorprendido la mirada en un recuerdo que había dejado descansar por todo este tiempo.

    "Si, tienes razón". Sonreí de manera ligera, fue fácil, pero honesta. "He dejado que y creído que la tormenta lo oculte, pero siempre está acompañándonos. Siempre lo estará".

    Además, ahora los tengo a ustedes. No enfrento la soledad sin armas.

    "No lo estarás. Aún si nuestros caminos nos podrán alejar, siempre vamos a estar conectados. Nuestros deseos de estarlo son honestos".

    Mire sobre mis hombros después de terminar de hablar, como para indiciar que hiria hacía Togashi, también afianzando eso con una pequeña marcha hacia atrás.

    Solo di uno pasos, antes de hacerle una referencia, como perdonando mí futuro atrevimiento. "Hay algo que no he tenido la oportunidad de decirte. Recuerdo que cuando conociste a Taiyo pediste enfrentarte a él, algún día espero me permitas tomar su lugar en esa promesa". Volví a sacudir los dados en mis manos. Está podría no ser siquiera una de sus preocupaciones que dejó pendiente, una menos, pero... Sentía que debía empezar con algo.

    "Después de eso...".Me incorpore lentamente. Le sonría al caminar, pero era diferentes de las sonrisas de paz anteriores, era en desafío, casi mostrando todos los dientes y emoción al mirarlo a los ojos. "Espero nos enfrentemos otra vez, está vez como Alumno y Maestro. Pero será después de derrotes a Kato Harima... Y yo me enfrente a Gendo Mori".

    No lo creía, era difícil, después de tantas proclamaciones. Algo se entrometera e impedirá se cumplan estás promesas o juramentos.

    ¿Y que? A un si se vaya a derrumbar. No dejaré de subir esta escalera.

    "Por favor, apoyame hasta entonces". Hice una referencia nuevamente, no deseando se considerara aquello como un atrevimiento hacía él.

    Con esa última proclamación me fui alejando, deseándole suerte y dándole la espalda.

    Yo aspiro a ser el mejor; ser como ese horizonte, que por mas que quieras alcanzarlo jamás podrás, cada paso que se avanza el horizonte sigue igual de lejos, inalcanzable.

    "El inalcanzable vs el incomparable". Era como si todo en mí temblará al decir aquello en voz. Orgullo. Emoción. Una última gran prueba que sea el final de todo lo escalado.

    No podía esperar. No podía más que desear hacerlo realidad. De quien entre los dos, siendo derrotados Kato y Gendo, será proclamado como el mejor.

    Nunca detenerse al intentar mejorar, seguir subiendo los escalones, siempre hacia arriba

    Pero... Mí emoción estaba en otra razón. Si ese futuro llegará a hacerse real, también lo sería el futuro donde ganemos.

    Juguetee con los dados nuevamente, está vez lanzandolos y atrapandolos. "Es hacía la cima que se tiran más dados y aumentan las probabilidades de fracasar, donde un error derrumba todo lo construido. Pero es donde se hayan las mayores recompensas y nuestros deseos, construido por todo nuestro esfuerzo. Lucharemos por alcanzarla, porque no creemos en aceptar quedarnos en el primer escalón después de caer". ¿Donde se haya el mayor premio? ¿En la cima o en medio de la subida? La segunda posiblidad no es imposible.

    Reí, retumbante, ante el destino proclamado por la segunda tirada. Una derrota inmediata. Igual, seguí, sin dejarme desanimar y aceptando el desafío.

    Si. Todavía queda un largo camino.

    Voy a tirar dados para el kaidan. Por qué Chi.

    ... A la madre. Quería tirar por pendejo. No mandarme semejante cosa :blue::cynda:
     
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    Amelie

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    [Reijiro; Kohaku]

    Reijiro se dejó caer cerca de Kohaku; demostrando su cansancio, aun le dolía la cabeza por la competencia que ganó ante Rei.

    Con sólo tener presente la idea de comer algo hizo que se le iluminara el rostro a Reijiro; aquel hombre era de buen comer y jamás rechazaría algo como eso — Sería agradable comer algo; tomar algo que no sea sake para poder mitigar la deshidratación.

    Miró los guijarros — A decir verdad... pensé que los había pintado usted —dijo con sinceridad mientras escuchaba la historia de los hermanos; habló de ellos en pasado y su estómago olvidó el hambre.

    Preguntó por él y suspiró —Nosotros los guerreros no estamos acostumbrados a que nuestros señores pregunten por nuestra vidas, uno nace y decide volverse guerrero por la paga de arroz, esperando obtener más conforme pasa el tiempo —dijo mirando al horizonte — Soy de Shizuoka, de la ciudad de Atami, a límites de la prefectura de Kanagawa; ahí vivo con mi esposa y dos hijas, una de diez primaveras y otra de quince. Mi esposa trabaja limpiando un onsen famoso de la zona; y mis hijos la ayudan. Es una ciudad muy pequeña, no tiene dojos ni casas de armamento; yo quise convertirme en guerrero porque a mi padre le mataron en la guerra... —recargó sus manos en la arena y miró al cielo —Era un pescador; pero todo varón que tenga manos y pies debe fungir como guerrero si su Emperador lo ordena. Era alguien inexperto y murió rápido, así que me prometí entrenar para que no me pasara lo mismo... para que mi familia no tuviera que preocuparse de que ni siquiera sabía sostener un arma. Entrené en la capital, conozco a Sonoda, el maestro de Tsuna y Chiharu. Nunca he destacado pero me defendí...

    Miró a Kohaku —Pensé que en Shizuoka moriría; pero seguimos las órdenes de mi señor Hideyoshi y sobrevivimos... lo hicimos a pesar de que ninguno de nosotros tenía experiencia en la guerra; sólo Yuta, él sabía...— dijo con tristeza recordando que ya no estaba con ellos —Genichi es el más joven de las seis montañas; como nos nombró mi señor. Su hermano mayor murió en Ibaraki. Masaharu es el otro. Genichi aprendió a usar una naginata en la guerra de Shizuoka y Masaharu usa kodachis porque era carnicero... pocos de ese grupo éramos guerreros.



    [Ryoshi; Aoi; Dozan]

    Dozan casi rompe en llanto por la reacción de Aoi; estaba sensible al haberse sentido tan inútil ante el reencuentro con Kojiro, le dolía ver a Ryoshi así de lastimado, incluso peor de cómo se despidieron aquella vez. Ryoshi lo notó —No voy a remediar las cosas con Kojiro, eso ya no es posible.

    —Lo sé... pero tal vez si supiera de esta maldición... podría ayudarnos. Tal vez sería buena idea decirle a todos y...

    —No, Dozan. Esto es nuestro; no involucres a más personas
    —le recriminó Dozan —Calma, encontraremos la solución.

    —Tal ves si le decimos a Rengo él pueda ayudarnos.


    Ryoshi pensó en aquella idea unos momentos pero negó —Es matar... esta gente ya tiene demasiado encima —Ryoshi miró sus manos, ahora vacías — Tal vez, ese tal Mara pueda ayudarnos...



    [Rei; Akihito; Rengo; Yuzuki; Hayato; Inagaki]

    Rengo bajó la cabeza ante el regaño de Yuzuki; sabía que tenía razón pero para él esas cosas sobrenaturales le eran lo más común, era lo que él más conocía y por ello no tenía ningún miedo o prejuicio hacia ello; pero olvidó el tema del espacio personal y miró a Rei e hizo cara de preocupación. Rengo no hacía reverencias o pedía disculpas como los demás, era un tanto salvaje pero transparente en emociones. Así que Rei lo dejó sin más.

    También Hayato alejó la vista de Rei; había hecho lo mismo con Ginko en Niigata y debía aprender a no hacerlo; a diferencia de Rengo, este hizo una reverencia en disculpa.

    La reacción de protección que tuvo Akihito hacia Rei cuando este le aventó, hizo que Rengo se pusiera alerta; preparándose por si sucedía algo que por fortuna jamás llegó.

    Fue cuando tomó su rostro que Rengo suavizó la mirada; le preguntó si estaba bien pero no supo contestar, era demasiado por contarle y procesar; su corazón estaba herido pero no sabía que hacer ahora mientras también quería suavizarse en aquel momento. Todo le era difícil de entender, como un nudo ciego que desea desatar.

    Akihito dejó ir a Rengo y se alejó brevemente de él; algo que lo dejó aun mas consternado cuando pidió disculpas por algo que a sus ojos no tenía nada de malo. Akihito comenzó a explicar lo que Rei le dijo. Mientras tanto Rei bebía con nerviosismo, ya no por verdadero gusto.

    Akihito volvió a acercarse a Rengo y este sonrió de inmediato cuando Akihito comenzó a contarle que Rei le había dicho cosas bonitas y regalado algo, eso era bueno, al menos en su perspectiva teniendo a Kato como padre.

    Hayato se sentó junto a Rengo a dirección de Yuzuki, él si era muy obediente. Y Rei miró intrigado a Yuzuki; tenía todo en control con sólo movimientos de ojos y de repente alguna que otra palabra, para él eso admirable, características de un líder.

    Luego Akihito habló de Matahachi y provocó una mueca de incomodidad en Rei. Yuzuki tomó el control ante el asombro del gigante, Akihito le pasó el guaje y Rei frunció el ceño pues él se lo había dado como un símbolo de paz, muy mal ejecutado.

    Yuzuki le preguntó a Rengo si se había golpeado y este negó —Caí aquí adrede —respondió y después miró a Akihito quien continuó mientras Rei escuchaba en silencio.

    Cuando Rengo escuchó a Akihito pedirle a Rei que no le rompiera el corazón, volvió a sentir como su pecho se estrujaba, miró a Rei con enojo esperando que respondiera; porque si no lo hacía arrastraría a su familia y a Akihito de allí si era necesario; no sin antes insultarlo. Ya le había ganado a Kato, podía ganarle a Rei.

    Rei bufó como de costumbre y bajó la mirada — Matahachi es mi... señor —dijo en voz baja; avergonzado — Y de hecho me habían encomendado matarlo; estaba destinado a odiarlo como todo lo que antes hacía — pronunció con genuina molestia — Él me ha ayudado más a mi que yo a él. Obligándome a seguir sus caminatas lentas, sus malditos silencios que a veces duraban días; me enseñó a recuperar objetos perdidos que él mismo escondía, y también me enseñó a hablar.

    Rei no lo dijo; pero la idea corrió en la cabeza de todos los presentes; Matahachi lo había entrenado como a un perro.

    —Él ya sabía que yo debía matarlo y por lo tanto nunca bajó la guardia; por mi culpa duerme poco y suele hacerlo sentado para no estar en desventaja. Yo causo eso en todos... y antes estaba orgulloso de ello, causar ese miedo me provocaba alegría —se sinceró mientras daba otro sorbo a su guaje —No es que me caiga mejor Matahachi, es que estaba obligado a conocerlo, tenía que saber cuál era su punto débil para usarlo a mi favor. Pero él lo hizo antes conmigo... me contó su historia y nos unimos porque él y yo tenemos un enemigo en común —dijo apretando el guaje entre sus manos, miró a Akihito —Después con el tiempo nos volvimos más cercanos, ya no quería matarlo entonces todo fue más sencillo. Genuinamente lo aprecio aunque a veces me gustaría reventarle la cara. Pero he de admitir que no me molesta su presencia y fue por eso que entendí que quería enmendar lo que he hecho... aunque sea un poco. Te observé cómo me enseñó Matahachi y por eso compré el pincel. No usé mi información para reírme de ti o hacerte más daño del que ya he hecho... quiero... conocerte; más allá de sólo verte crecer a lo lejos.

    Aquellas palabras incluso trajeron lágrimas a los ojos de Rengo; pero no dijo nada.

    —Esperen un momento... Akishino ha muerto —Dijo abriendo por completo su único ojo —¡Puedo insultar a ese maldito niño! ¡Matahachi ya no es mi señor! No, esperen... —dijo golpeándose la frente con fuerza — ¿Perdí mi trabajo? —Rei se lamentó en su lugar unos momentos.

    Rei era un terrible desastre; uno que trataba de corregirse burdamente.

    —Y entonces... —agregó Rei mirando a Akihito y luego a Rengo a quién por fin logró reconocer —¡Ah! ¡Tú eres el que casi nos enfrenta en Gifu! —señaló a Rengo.

    —¡Y tú querías sangre! —le recriminó Rengo —Cierto, allí Matahachi dijo que querías mejorar como persona y tú le dijiste que lo seguías usando. ¿No estás mintiendo ahora?

    —¡No! —Dijo con seriedad —Me daba pena hablar enfrente de tanta gente enojada. No era el momento, niño. Si hubiera sido el momento les hubiera preguntado que fue todo eso del listón rojo ¿Eh?

    Rengo se quedó con la boca ligeramente abierta; seguramente Rei escuchó la pregunta de Seikanji hacia él sobre él cómo había encontrado al grupo en Gifu.

    —También me dijiste débil porque me dejaba mandar por Matahachi —le siguió recriminando Rei a Rengo —Eres muy bocón —miró a Yuzuki —Muy metiche —dijo señalando a Rengo.

     
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    Zireael

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    Rengo había bajado la cabeza por mi regaño, sabía que se le olvidaba el espacio personal y no importaba con ciertas personas, pero este era el padre de Akihito y ya de por sí habíamos aparecido de la nada como para que él le encajara un dedo en el ojo. No hubo reverencia, pero sus ojos reflejaron preocupación y supuse que Rei entendería el mensaje, Hayato sí hizo una reverencia, el niño había recibido una educación distinta.

    Tal vez ver a Akihito sobrepasado por las emociones, culpa del sake o no, me recordó que en realidad todos éramos jóvenes, que no sabíamos cómo lidiar con nada y aquí estábamos metidos en guerras, con ojos y manos faltantes. Era peor entre más lo pensaba, así que opté por dejar la realización quieta para no acabar llegando a alguna peor. Su pregunta del sake, en cualquier caso, estuvo muy cerca de hacerme reír, pero me contuve y lo que hice fue sonreírle con calma.

    Había sentido la mirada de su padre encima en algún momento, tendría su gracia esto de que pensara en que tenía todo bajo control con pocas indicaciones, pero más que una cosa de líder era de madre. Rengo atendía a mis regaños, Hayato siempre había sido obediente (exceptuando los frascos rotos de la otra vez) y era por el lugar que tenía en sus vidas, nada más.

    Igual no le respondí a Akihito lo del alcohol, dejé ese problema de la explicación para más tarde, y cuando me lo extendió lo recibí dándole las gracias. Ni siquiera lo probé, solo lo sostuve y lo dejé a un lado, no quería que se le ocurriese seguir bebiendo si ya estaba así con lo que, por como pude intuir por el peso del guaje, no debieron ser más que un par de tragos. Mantuve la sonrisa incluso cuando me dijo que decía eso porque no lo había visto con Matahachi, cosa que era cierta, y me limité a seguirlo escuchando. Dijo que era más todo y pensé que también era injusto que estuviera aquí sentado comparándose, pero no tendría por qué hacerlo si cierto padre no le diera razones para ello.

    Todo lo que dijo sonó a celos, a reclamo, y pensé que también era válido sentir esa clase de cosas en un escenario como él lo pintaba, pero volvía a lo mismo de que me faltaba mucha información. Le pidió a su padre que no quería que lo ilusionara, que esperaba que pudiese ser con él como era con Matahachi, que no quería que se arrepintiera al darse cuenta de que era muy complicado o más aburrido.

    Que se le rompería el corazón.

    Dudé, fue un instante de conciencia sobre mí misma, pero volví a acariciarle la espalda al chico en un gesto que pretendió decirle "Aquí estamos". No lo conocía, pero era importante para Rengo y estaba aquí enfrentándose a su padre después de solo él sabría qué montón de dificultades. El recordatorio que no estaba solo, aunque obvio, quizás no fuese malo en lo absoluto. Por un momento tuve el impulso de limpiarle las lágrimas, pero creí que era demasiado así que me quedé quieta y esperé por una reacción de Rengo, por si debía mediar entre ambos porque esto de los corazones rotos no era el mejor tema para ninguno de nosotros ahora mismo.

    El hombre, por su parte, se explicó diciendo que Matahachi era su señor y que le habían encomendado matarlo, lo que me hizo fruncir el ceño, poco después dijo que lo había ayudado, pero a mí me sonó como un perro entrenado y me reservé el comentario porque era una manera de hablarle a alguien que recién conocía, la cosa no mejoró cuando admitió que antes provocar miedo le alegraba y mantuve el cuerpo tenso, como si tuviera que saltar para defender a los tres en cualquier momento. Solo al darme cuenta me forcé a calmarme para poder oírlo, para escuchar otra cosa, que era su intento por conocer a su hijo en vez de conocerlo de lejos.

    Luego cayó en cuenta de la muerte de Akishino, lo que le daba libertad, pero en la misma franja de reflexión notó que eso significaba que había perdido su trabajo. Tuve que fingir que me rascaba la cara para disimular la risa que me quiso cambiar las facciones, porque era un desastre de hombre, y mientras tanto ocurrió otro intercambio en que Rengo dijo que en Gifu Rei quería sangre y cuestionó si no estaba mintiendo ahora.

    —¿Lo del listón? —cuestioné en voz baja para Akihito y Rengo, curiosa.

    Rei lo llamó bocón, después me miró a mí y lo señaló al decirle metiche, ante lo que fruncí el ceño tanto como Takano. Era cierto, no iba a mentir tampoco, pero no hacía falta que lo acusara así.

    —¡Emborrachaste a tu hijo con dos tragos de sake! —solté medio colando el cuerpo entre ambos otra vez para señalar a Rei, acusadora, porque aquí caíamos todos o no caía nadie—. ¡No le digas bocón y metiche a Ren! Venimos en paz, ya me había disculpado antes.

    Al retroceder de nuevo, en el lugar que ocupaba un poco más atrás de los muchachos, mantuve los ojos en el hombre y no me di cuenta de que nunca relajé el ceño. Se veía que todos aprendíamos a arrugar la cara aquí y también todos éramos unos bocones de hecho, menos Hayato, pobre Hayato ahora que lo pensaba, seguro lo hacíamos pasar vergüenza a cada rato.

    —Pero me parece noble que quieras conocer a tu hijo, eso está bien. Aki es importante para Rengo, así que debe ser un buen muchacho, cuídalo.
     
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    Gigi Blanche

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    Noté que Reijiro se dejó caer con cierta fuerza a mi lado y esbocé una sonrisa pequeña, comprensiva. Rei lo había retado a bajarse los guajes y, aún si había ganado, dudaba que hubiese bebido poco frente al otro grandulón. Todos veníamos cansados del viaje y encima me había puesto a hacer tonterías. Tuve que apartar la ventisca de culpa y me enfoqué en mis palabras, en la idea que ya me había mentalizado para transmitirle a Reijiro.

    Su semblante irradió ilusión, fue evidente y me sentí agradecido con Yume. La mención del sake me hizo reír en voz baja.

    —Puedo preparar té, así al menos no amanecemos con dolor de cabeza —convine.

    No quería ni pensar en la noche anterior, porque sólo aparecían las palabras de Matahachi y bastaba recordarlas para morirme de vergüenza otra vez. Noté su suspiro antes de iniciar su respuesta y recordé lo que Yume me había dicho en Omori: "un hombre que vive para servir no espera demasiadas recompensas". Resultó ser de Shizuoka, estaba casado y tenía dos hijas. Ralenticé mis movimientos para prestarle no sólo mi oído, sino también mis ojos. La mención de Tsuna y Chiharu fue repentina y me removió el corazón dentro del pecho, pues recordé aún sin quererlo aquella tarde en el campo de girasoles. A ellos les había confiado una parte de mí que me costó mucho confiarle al resto.

    La tristeza de Reijiro al mencionar a uno de sus camaradas me hizo entender que había fallecido. Pescadores, carniceros, granjeros. La guerra era una enorme ola que barría los campos labrados, las paredes de barro y los techos de paja, y nos ponía armas en las manos y nos empujaba hacia un otro que perdía su identidad. Los corazones desaparecían dentro de las armaduras, detrás de los estandartes.

    Era cruel e injusto.

    —Conozco a Tsuna y Chiharu —murmuré, reanudando mi labor—. Una vez pasamos por Shizuoka, antes de la batalla, y los conocí en el campo de girasoles del oyaji. Hace mucho no los veo... Espero que estén bien. —Tras un breve silencio solté una risa tranquila—. ¿Conoces al anciano Tomoka, Reijiro-san? Chiasa una vez se coló dentro del oyaji y causó todo un alboroto.

    La ardilla nos miró como si hubiese captado su nombre y chilló, ratificando sus crímenes. Volví a reírme. Su esposa finalmente había muerto, ¿verdad? Esperaba que los girasoles se mantuvieran erguidos, que Tomoka aún los cuidara. De esa forma, podría seguir encontrando a su mujer en ellos.

    —Cuando nos encontraste en Shimotsuke, en el bosque, estabas muy herido —tanteé, con cuidado de no entrometerme demasiado, y busqué sus ojos de soslayo—. Siempre me pregunté... qué te había ocurrido.
     
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    Nekita

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    No se había logrado percatar de las miradas molestas de Rengo hacia su padre, si acaso en ese estado podía manejar una cosa a la vez y esa cosa seleccionada lo hacía a medias, era por eso que toda su atención estaba intentando ir hacia Rei y aun así no estaba notando su nerviosismo por todo lo que estaba decidiendo soltar sin cuidado o filtro, era genuinamente una situación bastante peculiar y definitivamente una situación en la cual hubiera sido ideal que no estuviera ebrio.

    Podía escuchar todo lo que le estaba diciendo Rei y tratar de procesarlo lo más rápido que pudiera para no perderse en la conversación, pero era imposible, parecía que todo lo que debía estar absorbiendo su cabeza estaba yendo en un pase directo a su corazón y solo podía sentir todo lo que le decía, no lo analizaba a profundidad y tampoco le estaba dando el peso que debería en serio de tener, tan solo estaba sintiendo sin algún filtro las cosas. —...Aunque digas todo eso, no quita el hecho que desde fuera a mi me dieran celos que alguien similar a mi causara la reacción opuesta que me mostrabas, ya no estoy molesto con él...pero aun así le tengo celos, un poco...bueno, quizás mucho, no sé. —¿Qué le importaba que Matahachi fuera su señor cuando justo le confirmaba lo que le decía? Lo apreciaba y eso era suficiente para tenerle celos, porque en todo eso que mencionaba, Matahachi había logrado algo que él no y era ver otra parte de su padre.

    Eso que de pequeño siempre le rogó a todos los dioses y estrellas que se le ocurrían.

    Matahachi tampoco es muy bueno hablando con lo poco que he escuchado personalmente pero... genuinamente tu lo superas, vas muy bien...me hace feliz.—Era la parte importante que sacaba de todo eso compartido por Rei, la parte que aunque le daba celos, también lo ponía contento. Por suerte ese pico de celos y extraño entendimiento se vio completamente derrumbado por sus últimas palabras y su expresión se suavizó por completo.

    ¿Verlo crecer de lejos? ¿Se había tomado la molestia de hacer eso?

    ¿En serio lo hacías? —Preguntó en voz baja pero con ilusión, desde su perspectiva no entendía la razón por la cual eso podría ser triste cuando significaba que lo había notado de pequeño, quizás en serio no estaba tan solo como se sentía en su habitación todo el tiempo —¿Pero cómo lo hacías? ¿Por la ventanita de mi habitación cuando estaba allí por no estar entrenando? ¿O espiabas a lo lejos cuando ya podía salir un poco más a tu casa? Es lindo saber que no era tan invisible cuando era pequeño, sentía que solo existía cuando abrías la puerta o cuando entrenaba cuando ya era un poco más grande...

    Eran cosas minúsculas, en serio tontas, pero le causaba ilusión porque no procesaba que quizás eso definitivamente no era lo que Rei quiso decir, pero eso había entendido.

    Y entonces, para arruinar una vez más la montaña rusa emocional que el sake le había patrocinado el descubrimiento de la muerte de Akishino lo dejó en un completo shock. Una de sus manos fue a buscar el brazo de Rengo y lo apretó con preocupación latente pero no dijo nada porque no sabía cómo ponerlo en palabras, ¿no se suponía que el plan era que muriera la falsa Tomoe? ¿Por qué Akishino? ¿Qué estaba pasando? ¿Tomoe entonces volvía a estar en peligro? ¿Le debían decir a Murai? No, quizás el sabía de eso... por alguna razón él sabía todo aunque no podía ver las situaciones.

    Empezó a perder la concentración de la conversación al estar cayendo en la espiral que eso significaba hasta que los gritos de todos volvieron a traerlo a la realidad y su agarre en Rengo se relajó por completo, otra cosa ya había ocupado su lugar de atención. Eso era algo que sabía y podía explicar.

    Sin decir nada, jaló el listón de su cabello para traerlo suelto una vez más y se lo mostró a los presentes.

    Rengo me dio un listón similar a este que tengo en Otsu, el que tiene puesto allí en su cabello —Con la misma delicadeza de antes hizo que girara un poco su rostro para que Rei pudiera ver el listón al empujar su barbilla levemente con su dedo índice —, me pidió que lo cuidara cuando partió de Otsu porque se lo diste tú —Apuntó a Yuzuki —. Y yo, para cuidarlo lo metí en uno de mis frasquitos para que no se ensuciara ni le pasara nada, cosa que fue bastante inteligente porque allí casi muero nuevamente... y también pude haber muerto en Koga... ¡pero iba a estar bien! No se iba a ensuciar o maltratar... De pura suerte que Rengo pudo rastrearme hasta Gifu, porque si el Señor Hoshi me hubiera dejado, hubiera terminado en Kioto por hacerme pasar por ti, pero no tengo esa magia y eso quizás hubiera sido un gran problema... Esa es la historia del listón.

    Sonrió por la extremadamente sencilla explicación que había dado, bastante orgulloso de si mismo, como si eso fuera a calmar los gritos de todos. Aún así, usó el listón que tenía en la mano para usarlo como una pequeña arma y darle un golpecito a Rei como si se tratara de un látigo.

    No seas grosero con Rengo, gracias a él sigues teniendo un hijo al cual hablarle hoy y además me ha tratado muy bien y...

    "¡Emborrachaste a tu hijo con dos tragos de sake!"

    La realización finalmente lo golpeó y el rojo del alcohol en su rostro volvió a intensificarse una vez más —¿Estoy tan ebrio? —Preguntó mirando a Rengo completamente mortificado, las imágenes de Koga le llegaban a su mente y solo hacía que estuviera más nervioso, ¿de qué cosas se iba a arrepentir al día siguiente? —...Creo que ya he dicho mucho...ay no...lo mío en serio no es tomar, que vergüenza. —Se cubrió el rostro con sus manos y lentamente se dejó caer en el piso para estar completamente recostado.

    Quería que el mar se lo llevara, ¿qué clase de primeras impresiones estaba dando?
     
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    Ayeah

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    Escuchó en silencio y sin interrumpir el diálogo entre los hermanos. Aunque hubiera jurado ayudarlos, no pretendía inmiscuirse en aquella decisión ya que, después de todo, ella no estaba maldita... Al menos no del mismo modo que ellos.

    Meditó en silencio las últimas palabras de Ryoshi y, finalmente, asintió cuando pensó que habían terminado de hablar.

    Para hablar con Mara probablemente haya que hacerlo primero con Rengo. — Respondió. No le parecía una idea terrible, el joven era quién más parecía conocer sobre el tema ultraterreno de los presentes. — Quizá no necesitemos pedirle ayuda, pero seguro puede darnos algo de información útil... Parece un experto en estos temas.

    Sonrió para quitar hierro a la situación y se volvió hacia Dozan para tratar de aligerar el ambiente.
    Tu arma no se ha roto.— Señaló, empuñando su katana aún envainada mientras equilibrada sus pies sobre la gruesa rama que sostenía aquella construcción sin finalizar. — ¿Qué tal si entrenamos un poco para suplir la katana que nos falta? Andamos cojos de un ala hasta que Ryoshi se recupere.

    Le dedicó un guiño y avanzó hacia Dozan con cuidado, tanteandolo de forma juguetona concentrada en mantener el equilibrio.
     
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    Bruno TDF

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    Cuando estuvo cerca de su interlocutor, notó que con él se encontraba Noishi, el artífice principal de aquella alianza. Sus sentidos seguían sin recobrarse del todo, por la combinación de resaca, dolor y tensión; por lo que agradeció internamente por haberlo notado a tiempo y así evitar repetir la penosa escena de ignorar a alguien presente, ya que llegó a saludarlo con un leve movimiento de cabeza antes de escuchar al joven, quien se presentó como Seikanji Yamagawa.

    Era menos arisco que Ryoshi y sus acompañantes, de actitud abierta; eso le quedó claro por las primeras palabras que le ofreció, tan amables como educadas. Bien pudo haberse relajado frente a esta muestra de predisposición, pero Togashi pronto se sintió incómodo al escuchar que lo interpelaban con el sufijo “-sama”. Nunca había sido amigo de las formalidades, arrastraba cierto desdén por las reglas de etiqueta desde que se vio obligado a vivir como un vagabundo; y aquello le pareció hasta excesivo. Evitó arrugar las cejas para que la incomodidad no se trasladara a Seikanji y se plantó en su posición de oyente, con cierto apremio por saber qué había pasado con Kyuzo.

    Al saber que el armero errante viajó con los Taira hacia las Isla Oki, el desconcierto sí logró sobrepasar su temple, concediéndole una expresión de clara confusión a su rostro cansado… No le parecía descabellada la posibilidad de que Kyuzo estuviese atendiendo sus propios asuntos en esas islas, pero… ¿Para qué arriesgar su vida entre las olas infernales? No dudaba que Ryoshi, un pirata, fuese buen navegante, había crecido con Kojiro. ¿Pero para qué lo había contactado Kyuzo? ¿Cuál fue su motivación? Algo de eso le quedó claro cuando Seikanji indició que había un material que sólo existía en esas islas.

    Tal vez, se trataba del dichoso shirogami.


    La mujer es una Sawayama y decía que el maestro del señor herrero estaba ahí”


    Togashi cerró los ojos, se llevó unos dedos al puente de la nariz y musitó una maldición por lo bajo. Había sentido otra puntada en la cabeza, como el impacto de una flecha contra la sien.

    Otra vez los Sawayama. Parecían una garrapata adherida al apellido Mori.

    ¿Qué demonios hacía una Sawayama en aquel lugar tan aislado?

    ¿La mujer… cómo era? ¿Dónde se la encontraron? —preguntó— ¿Sabes para qué quería a Kyuzo? —hizo una pausa para tomar aire; demasiadas cosas en poco tiempo—. Yo… Iba a encontrarme con él. Dijo que me esperaría en Iwami Ginzan, en Omori…

     
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    rapuma

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    Tuvo un momento de culpa al nombrar a la mujer que respondía al apellido más ligado al de los Mori, como su perro de caza personal; no quería inmiscuir la historia de Murai con gente que si bien consideraba aliados no tenía la autorización necesaria para entregar. Por lo que acomodó sus ideas rápidamente para poder dar sentido al encuentro que tuvieron en aquella isla.

    —La mujer era aterradora, un aura de muerte la rodeaba como si fluyera de su propio cuerpo. Habló que necesitaba las manos de Kyuzo para un trabajo en especial, que había cortado las de su maestro que aún lo mantenía con vida. No puedo decir si era verdad o no, no nos quedamos a averiguarlo. Esa mujer... —tragó grueso al recordar el miedo helado que apareció en su espina dorsal cuando esos ojos le observaban fijamente, traspasando su piel y calando hondo en su espíritu. —Nada podíamos hacer contra ella. Estaba completamente sola pero había algo en sus ademanes, en su forma... de que probablemente no volviéramos con vida si hubiéramos decidido prestar resistencia.

    Su voz que había empezado siendo más amable y con una entonación dulce, ahora vibraba asustada.

    —Gendo podrá encontrarnos a todos con facilidad si esa mujer sabe quienes somos y ahora mismo nos encontramos indefensos en este lugar. —volvió a mirar la isla a lo lejos, como si tuviera miedo de ver un destello que le indicara que habían sido descubiertos. —Tendremos que organizar entre todos los presentes un rescate coordinado ahora tenemos el número de nuestra parte. —parpadeó y sus ojos se deslizaron a los de Togashi, intentando ver en él cuánto valor había en aquél hombre de manos fuertes y hombros anchos. —Con su debido respeto, Togashi-sama... ¿La nodachi que el señor Kojiro utilizó en su duelo con Ryoshi-san... sabe quién pudo haberla creado? Porque nunca vi algo tan perfecto en cuestión de segundos.

     
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    Bruno TDF

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    La voz de Seikanji se distorsionó en los senderos del miedo, al evocar a la mujer Sawayama. La describió como una figura aterradora a la que rodeaba un aura de muerte… que parecía manar de su cuerpo mismo. Al escuchar este rasgo en particular, no entendió muy bien por qué su mente… no lo registró como una metáfora sobre su peligrosidad. El enfrentamiento contra el demonio carmesí de Kamakura seguía fresco en su memoria, tanto como la inquietud que le había dejado en las carnes, tampoco podía olvidar la energía oscura que rodeó al yokai, o lo que fuese, antes de que se evaporara frente a sus ojos. Tal vez influenciado por este encuentro, o debido a las secuelas de la borrachera, Togashi no se quedó tranquilo.

    Siguió escuchando, grabándose cada detalle a pesar de su estado. La misteriosa mujer necesitaba de las manos de Kyuzo, era hasta obvio que iban a forzarlo a forjar algo para ellos. Lo que lo dejó más intranquilo fue lo de que… su maestro… ¿seguía con vida? Togashi sacudió la cabeza al llegar a esta parte…


    “…espero que la muerte de nuestro maestro le pese todos los días”


    “Mi maestro podrá haber caído en Tottori…


    …pero yo mantendré mi promesa aunque ya no exista la persona con la que la formé”


    Las palabras de Masamune retumbaban en su mente. Su compañero de forja había hecho esas afirmaciones, desde la convicción que otorga un espíritu desgarrado por la ausencia de un ser querido. Y… aún si se trataba de otro de los tantos engaños de su enemigo… ¿Cuál era el punto de llevarlo a aquel hombre a forjar a estas islas, lejos de Kioto? ¿Era por el material que sólo se conseguía allí?


    ¿O había algo más, desconocido e incomprensible?


    Hace falta más que sólo números para salvar a Kyuzo… Necesitamos información —respondió; llevó una mano a su mentón, reflexivo—. Una mujer solitaria, en este punto del mundo… Por muy fuerte que sea, debe necesitar colaboradores… O quizás hay algo más que se nos escapa… Pero… ¿Qué?

    Lanzarse a un misión de rescate, en el corto plazo, lo sentía como un suicidio. Primero debían abastecerse de recursos, poniendo énfasis en los alimentos, además de idear estrategias para mantenerse ocultos. Si había un enemigo cerca, capaz de exponerlos a Gendo, era importante mantenerse fuertes y en forma. Debían, de igual manera, entrenar…

    Seikanji, entonces, preguntó por el origen de Haiku, la nodachi de Kojiro. Togashi bajó la mano con suavidad y miró al joven, con una expresión calmada. En tiempos pasados, habría tenido que armarse de esfuerzos para disimular el orgullo, pero ahora mantenía la modestia como estandarte. Kyuzo le había enseñado la valioso que era, para un artesano como él, el camino de la humildad.

    Fui yo quien forjó esa nodachi y la bautizó como Haiku —respondió, sereno—. Es mi mejor creación, pero sigo siendo un simple artesano con un largo camino de aprendizaje por delante —se permitió una sonrisa hacia Seikanji, algo atravesada por el cansancio—. Ahora que nos movemos bajo un mismo estandarte, mis manos están a su servicio… Aunque no hay mucho que pueda hacer sin una forja, salvo trabajar con madera.

     
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