Ryder Parker. Luego de esa laarga aventura detectivesca donde desprecié y luego me cayó un poco bien Melinda, hablé con Andrew, vi a la chica del gato (ahora que lo pienso... ¿es un gato lo que tiene o es un peluche de otro animal? Meh, qué más da), re-afirmé mi odio por la patética fanfarrona necesitada de atención (también conocida como Lydia), y aprendí un nuevo conjuro, debo admitir que el hambre me invadió por completo. Apenas salí de la biblioteca, un rugido salió de mi estómago. ¡Y era lógico! Cuánta energía habré botado en aquella investigación. Además el apetito ya podía volver de manera segura puesto que ya se me había ido de encima el putrefacto olor de Pubis, Pibe o como fuese que se llame aquel molesto, ridículo y asqueroso fantasma con complejo de adolescente bromista. Tomé, entonces, las escaleras para llegar al primer piso, pero las muy desgraciadas me tuvieron volteando entre el segundo y tercer piso, hasta que luego de unos dos minutos (que parecieron veinte de lo molesto que fue) pude dar con la que se dignó abrirme el paso al primer piso. —No puede existir un sistema más pésimo de comunicación entre pisos que el de escaleras móviles caprichosas —susurré—. Hogwarts: por esto y mucho más te detesto con una candente pasión de diez mil soles. Suspiré y retomé mi camino sin parar ni por un segundo. Necesitaba llegar al comedor de una vez por todas. Y... por suerte todo se dio, porque justo sonó el timbre (o el reloj de campana o cualquiera que sea el mecanismo arcaico que tenga esta escuela para dar avisos) para informar que la hora de cenar había llegado. (...) Y... aquí estoy: El Gran Comedor. Una grandísima habitación con unas largas tablotas de mesa, numerosas sillas y velas flotando en el techo quién sabe de que forma. Aunque admito que eso tenía un poco, sólo un poco, de estilo. Original, al menos. Vi a todos los alrededores. Varias personas ya habían llegado, y en lo que corresponde a Ravenclaw estaba repleta... ugh, qué lata. De seguro iban a parlotear de magia toda la hora tal cual ñoño lo hace de cartas "mitos y leyendas". No, gracias. Paso. Ojeé rápidamente. En la mesa de Slytherin (los supuestos "chicos malos" de la escuela, aunque a mi parecer inspiran menos miedo que la casita del terror del parque de diversiones), no había mucha gente. Me encogí de hombros, daba igual si me sentaba ahí, al fin y al cabo a veces va gente de otras casas a nuestra mesa. Es mi turno, entonces. Slytherin: se aguantan, o si no... vayan a llorarle a sus lechuzas para que así puedan enviarle el mensaje a alguien que le importe. Sin decir nada, me senté y comencé a comer. A eso fue a lo que vine, al fin y al cabo.
Contenido oculto Victoria me comenta que siente la necesidad de hablar con el chico solitario de Slytherin, pero justo en ese momento rugen las campanas del castillo. La hora de cenar es anunciada, así que no era raro que me entrara hambre. Como no, un poco impaciente por empezar. Tras el tañido de las campanas los alumnos de la escuela comienzan a entrar en el Gran Comedor con jolgorio, hablando y montando un verdadero estruendo. No se que hacer, ya que la mesa es de los Gryffindor y como se llene, soy el primero que debe retirarse. Por suerte, mi dulce compañera decide levantarse y acercarse al chico solitario. Me levanto con ella, sin tropezar con los alumnos que corren a coger sitio entre sus amigos, y la sigo por la espalda. A cada poco que nos acercamos a la mesa, las miradas de la casa de Slytherin nos siguen. No parece lo más común que un Gryffindor se junte con un Slytherin. De mi, en cambio, pasan olímpicamente, intento no llamar mucho la atención a ver si me lanzan un conjuro de babosa o algo. Llegamos al chico apartado, que al comentario de Victoria levanta la mirada serena, pero penetrante. Me afecta tanto que me pongo detrás de Victoria, asomando la cabeza por un lateral del costado, y agarrando suavemente la manga de su túnica.
Victoria se colocó frente a Wolfgang Zeller, con Kyle junto a ella. Ryder y Daniel se encontraban comiendo en la mesa de las serpientes, cerca de estos tres, por lo que podían oír la conversación a la perfección. Y cuando Wolfgang levantó la mirada para ver a su interlocutora, su boca se torció en una media sonrisa. —Un poco de soledad para aclarar los pensamientos y planificar qué hacer nunca viene mal —respondió el muchacho, mirando a Victoria y Kyle—. ¿Han hablado con Raven? ¿Están aquí porque están interesados en los planes para esta noche? Opción 1: Sí, ya hablamos con Raven. Opción 2: No, creo que nos has confundido con alguien más… Opcion 3: No hablamos con ella, pero me interesaría saber, ¿qué planes hay para esta noche?
Melinda El Gran Comedor ya estaba completamente invadido por alumnos hambrientos cuando llegué. Me quedé de pie en la puerta, mirando sin emoción ni prisa las cuatro largas mesas que se extendían hacia el lejano fondo del salón, rastreando la posible existencia de una silla vacía acompañada de un plato y cubiertos limpios. En Ravenclaw no había lugar, algunos alumnos de otras casas la ocupaban, de modo que allí no podía sentarme; el caso de Hufflepuff y Gryffindor tampoco era distinto. Al cabo de un rato, detecté una silla vacía. Estaba en la mesa de… Slytherin. Mi rostro no reflejó sorpresa ni disgusto, pero mi reacción fue ladear un poco la cabeza hacia el costado. En el fondo, me pareció realmente inaceptable que la única silla disponible estuviera ubicada en aquella detestable casa. Y lo peor de todo era que la misma no estaba muy lejos del Llorón. Ladeé la cabeza un poco más, pero enseguida me recompuse. No debía afectarme tener que cenar en la mesa de las serpientes. Había muchas cosas en el mundo que me eran indiferentes; todo lo que se relacionaba con Slytherin no quedaba exento. Yo había venido hasta este lugar a disfrutar una buena cena y eso era lo que iba a hacer. Aunque reconozco que era de agradecer que la silla estuviera al lado de Gray, y que cerca también se encontraran Stone (que mantenía una charla con Zeller) y Parker. Con ellos, la comida resultaría menos pesada. Crucé el gran salón. Sin saludar ni mirar a nadie, tomé asiento junto al niño y comencé a comer unos vegetales, cortándolos en trozos muy pequeñitos.
Victoria Stone En un momento repentino, el chico me siguió y se escondió detrás de mi espalda. ¿Le tenía miedo a un Slytherin...? Bueno, supongo que algo de temor podían infundir hacia los nuevos pero yo no creía que debía temer. Solo era otro alumno, tal y como yo o Kyle. — Tienes razón, la soledad es estupenda — afirmé con una sonrisa para después fruncir el ceño de forma casi imperceptible — ¿Raven? No, no hemos hablado con ella. Pero estoy interesada ahora, ¿qué planes hay para esta noche? — pregunté con cierta curiosidad.
Contenido oculto El chico nos habla, más dirigiéndose a Victoria que a mí, pues detrás de su espalda es difícil mantener una conversación conmigo. Nos pregunta sobre una incursión y un chica llamada Raven, que no he oido hasta ahora. Entonces mi compañera de Griffyndor contesta. Al ver que ella le hecha cara, decido dejar de esconderme, al fin y al cabo no da tanto miedo una vez iniciada la conversación. ¡Mh, mh! —aparezco por un lado de Victoria, ya dejándome ver entero, no solo la cabeza, y asiento fuertemente con la cabeza mientras hago ruido sin abrir la boca — ¿Tenéis pensado hacer algo de noche? Suena emocionante —mi vena curiosa se dispara, como me pasa a veces. Lo malo es que no suelo pensar bien las consecuencias, y más de una vez me he dado cuenta tarde. Pero hoy tocaban aventuras después de tanta clase. >>¿Y donde está esa Raven? —miro a un lado y a otro, y me fijo que tenemos unos cuantos chicos de otras casas cerca nuestro. Hay una chica de Ravenclaw cerca mío, comiendo tranquílamente. Creo recordar, del primer día, que se llamaba Melinda. Una chica muy reservada, pero que me caía bien. Le saludo agitando la mano con demasiada energía, y vuelvo a girarme a la conversación con el chico de Slytherin.
Mientras Melinda se ubicaba en la mesa no muy lejos de ellos, Wolfgang levantó la mirada de su plato para enfocarse en Victoria, como preguntándose si debía decirlo o no. Finalmente, se decidió por la primera opción y abrió la boca. —Ya saben que, según las reglas de Hogwarts, los estudiantes no pueden batirse a duelo entre ellos, ¿verdad? —inició el chico de Slytherin—. Pues yo opino que es una reverenda estupidez. De modo que decidí, con la ayuda de Clearwater, hacer un pequeño encuentro de club de duelo esta noche. >> Tiene que ser a eso de medianoche, cuando estén todos en la cama, para poder hacerlo en secreto. Raven está convocando a algunos pocos para entrenar un poco de duelo de magos esta misma noche. El lugar de encuentro será el Salón de los Trofeos. Nadie nunca va a aquel lugar… ¿contaremos con su asistencia para los duelos de esta noche?
Contenido oculto @LuKe @Amane @Bruno EVF @Steve Yops @Lucas Diamond deben confirmar asistencia a la pregunta de Wolfgang para comenzar la actividad de una vez… Para los demás, que aún no se unen a la actividad, tendrán apenas poco tiempo después de esta conversación para unirse… es importante para el desarrollo de la historia, si les interesa el rol deberían unirse :)
Victoria Stone Kyle se alejó de mi y habló hacia la serpiente, pero éste en cambio dirigió su mirada hacia mí. Parecía tener un gran debate en su interior sobre si hablar del tema o no... Pero finalmente, para nuestra suerte, decidió confiar en el grupo. — ¿Club de duelo? — repetí en voz baja, pensativa. Dirigí mi vista hacia el resto de gente que conocía y que, casualmente, estaban cerca de la zona para después mirar al joven seria. >> Cuenta conmigo — acepté con una sonrisa, asintiendo con la cabeza para reafirmar aun más mis aceptación. Debía ser una interesante experiencia poder batallar entre alumnos, siempre y cuando no nos pasásemos de la raya.
Contenido oculto Un club de duelo, y además a medianoche para que no nos pillen los profesores... O eso es lo que le ha contado el chico a Victoria. La chica, sin dudar demasiado, le da una respuesta afirmativa, viéndosele con ganas de participar en ello. No se si es el estar cerca de un Griffyndor lo que me da ese coraje que no tengo siempre, pero... Que diablos. —Si tu vas, yo también voy. Me apunto —bajo mi mano hasta el bolsillo de la varita, para confirmar con su tacto que la tengo a mano. Va a resultar un modo interesante de practicar los hechizos aprendidos durante el día, y seguro que conozco a más alumnos. Alrededor nuestro, otros compañeros andan escuchando la conversación desde lejos, como Melinda, y dentro de mi ser deseo que se unan a esta emocionante incursión.
Melinda Si bien mi intención fue mirar sólo mi plato y mantener distancia de la conversación con Zeller, porque poco me interesaba lo que tuviera para decir un chico de Slytherin, no pude evitar el prestar atención cuando se hizo mención a un club de duelo secreto. En ese preciso momento estaba dirigiendo a mi boca un trozo de tomate, ensartado en el tenedor metálico; el utensilio quedó suspendido en el aire. Y fue entonces cuando aparté los ojos de mi cena para clavarlos en Zeller; le observé fijamente, muy seria, como atravesándolo con la mirada. —¿Así que un club de duelo, eh~? —llevé el trozo de tomate, que mastiqué y tragué con toda la discreción y elegancia de la que fui capaz. Me limpié los labios con una servilleta de papel antes de proseguir:— No veo por qué no ir, aunque lo proponga un chico de Slytherin…
Ryder Parker. Como es inevitable en toda instancia de comida, uno escucha lo que comenta la gente de al lado que está comiendo. Hablaron de una tal "Raven" (lo que me hizo pensar... que terrible que tu nombre sea la mitad del de una casa. ¿Habrá un Griffin también por acá?). Sin interesarme por dicha conversación, seguí comiendo y escuchando en segundo plano la conversación, hasta que... "De modo que decidí, con la ayuda de Clearwater, hacer un pequeño encuentro de club de duelo esta noche. >> Tiene que ser a eso de medianoche, cuando estén todos en la cama, para poder hacerlo en secreto." ¡Wow, wow, wow!, ¿un duelo mágico clandestino? Eso me sonó tan... atractivo. ¡Ahí podía ver qué se sentía usar la magia para lo que yo quisiera! Es decir, cualquier avestruz humanoide en esta escuela que me esté pidiendo a gritos que le cierre el hocico, podría hacerlo con mi talento verbal y en cuestión de segundos complemente lo mando a volar... ¡Sin gastar prácticamente nada de energía corporal! No me cansaría para nada, ni tendría que ponerme hielo en los nudillos por golpearlo muy fuerte, o algo parecido. Seguí comiendo, mientras escuchaba -ahora más atentamente, pero de manera disimulada- la conversación entre esos tres, y el chico de Slytherin dijo que la pelea iba a ser en la sala de trofeos. ...What?, ¿sala de trofeos? ¿Y qué trofeos puede tener esta cosa exactamente?, ¿el premio a la reliquia más anticuada, depresiva, polvorienta y estancada en cronología arquitectónica? Pff... "bravo", Hogwarts. Justo cuando terminé de comer, el chico Slytherin (llamémoslo así mientras no me sé su nombre) preguntó si iban a ir. El par de chicos dijo que sí, y Melinda se sumó a la fiesta. —¡Hey!, ¡chico Slytherin! —llamé su atención—. Me apunto. Quiero botar un poco cierta energía demás. Quién sabe... quizá así a los Slytherin al fin se les baje los humos de "Uhhh... somos los bravucones de la escuela, téngannos miedo... ¡Buuu!"
Wolfgang sonrió al oír que Ryder y Melinda, que habían estado oyendo la conversación, se sumarían al club de duelo. —Es una cita, entonces —dijo en un susurro, enfocando su mirada en Victoria, quien había sido la primera en hablarle—. Esperen en sus casas comúnes hasta que todos se vayan a dormir y luego nos encontraremos a medianoche en el Salón de los Trofeos… >> Si tienen algún amigo cercano en quien confíen, pueden decirle del club de duelo… sólo díganles que hablen con Clearwater. Nos veremos más tarde. Señaló con un movimiento de cabeza a Raven, quien comía ahora en soledad en la mesa de Hufflepuff. Ya eran pasadas las diez de la noche, y muchos estudiantes se habían llenado de comida y se dirigían a sus respectivos dormitorios. Wolfgang Zeller se puso de pie y se unió a ellos, marchando fuera del Gran Comedor y hacia la sala común de Slytherin. Contenido oculto Inscriptos hasta ahora: Victoria, Melinda, Kyle y Ryder… El resto tiene tiempo hasta mañana para formar parte de esta actividad… mañana sí o sí comienza la actividad, y lo siento por los que se la pierdan porque se quedarán atrás en la trama del rol, pero creo ya les di más que tiempo suficiente para aparecer, así que les estoy dando un día extra porque sí, aprovechenlo (? @GalladeLucario @Graecus @Lucas Diamond @Liza White @Nekita @Noir @SweetSorrow @Hey Miguel @EliLover
Daniel Brown La hora de la cena era la más relajante, una vez terminaba por fin podías dormir. Pero por desgracia, hoy a todos los alumnos les había dado por venirse a nuestra mesa, como si pintasen algo por aquí. De entre las muchas conversaciones que tenían y que no me paraba a escuchar, oí de refilón decir algo de "duelo". Afiné el oído y permanecí atento al resto de la charla. "De modo que decidí, con la ayuda de Clearwater, hacer un pequeño encuentro de club de duelo esta noche." Clearwater... Hum, me sonaba el nombre. ¿No era la chica que estaba sentada en Hufflepuff? Continué escuchando. "Tiene que ser a eso de medianoche, cuando estén todos en la cama, para poder hacerlo en secreto. Raven está convocando a algunos pocos para entrenar un poco de duelo de magos esta misma noche. El lugar de encuentro será el Salón de los Trofeos." ¿A media noche? ¡Vaya, era dentro de un par de horas! Debía darme prisa si quería estar preparado. Terminé de cenar en un periquete, me levanté y me dirigí a la chica de la que había oído hablar. —Tú, apúntame para el duelo de esta noche —ordené—. Pienso darle una paliza a esa Melinda, tss. Con la misma elegancia con la que me había levantado de mi asiento salí del comedor.
Danielle Abbadie. Aún en contra de todos mis impulsos decidí practicar el encantamiento mañana, estaba algo cansada y era hora de cenar. Camine a mi mesa con tranquilidad, esperaba encontrarla llena de personas, pero al momento de analizar un posible asiento note como varios estudiantes se levantaban y se dirigían fuera del comedor. Tomé asiento dando la espalda a las serpientes, el plato frente a mi se limpió automáticamente, mejor dicho "mágicamente". Mientras me servía una pequeña porción de pollo y puré de patatas logré escuchar la conversación que se mantenía a mis espaldas. Comí en silencio mientras oía las respuestas de los pertenecientes a mi mismo año, por un momento la idea de unirme entró en mi cabeza, pero no me agradó del todo el pensamiento. Podíamos ser descubiertos rompiendo dos reglas, la del toque de queda y la de los duelos entre estudiantes. Pero por otro lado me invadía la curiosidad sobre como seria participar en una actividad como aquella, experimentar lo que era romper las reglas sonaba interesante. Cuando termine mi plato la curiosidad había ganado a la lógica sobre respetar las reglas, limpie mi boca con una servilleta y me levante del asiento, camine a la mesa Hufflepuff y salude con la mano a Raven, nunca había hablado con ella, bueno siempre había una primera vez para todo. —Disculpa, Raven —comencé amable —, me gustaría participar en lo de esta noche, si no hay molestia claro. Apenas recibí la respuesta afirmativa de la chica me encaminé a la puerta del comedor, no estaba segura, pero algo me decía que si lograría aprender el encantamiento de la fundadora de mi casa antes de que llegase la hora del duelo.
Evelyn Holder Apoyé la cabeza sobre la palma de mi mano, con uno de mis codos sobre la mesa, y solté un pequeño e imperceptible bostezo. Con mi otro brazo removía el tenedor en el plato, jugueteando con la comida en un eterno debate interno de si llevarme la comida a la boca o desperdiciar el plato e irme ya a la cama, dando la batalla por perdida. Aquella noche estaba especialmente adormilada, cosa no muy normal en alguien como yo, quien parecía (según lo que me contaron fuentes externas) que me tomaba tres tazas de café por las mañanas. Quizás porque hoy había sido un día largo y agotador, o bien porque no tenía nada con lo que entretenerme como para mantenerme despierta... Sí, yo me tiraba más por lo segundo. Levanté la cabeza al cansarme ya de mirar mi plato, que parecía recriminarme el hecho de que fuese a desperdiciar tanta comida aquella vez, y observé desde mi lugar al resto de estudiantes de Hufflepuff comer mientras charlaban amenamente con los de su grupo. Me resultaba curioso el no ver a mis compañeros de curso por aquí cerca, pero por suerte pude localizar al menos a una de ellas más o menos frente a mi asiento: Raven Clearwater, quien disfrutaba tranquila de su cena. La saludé con una sonrisa cuando reparó en que la estaba mirando, pero no tardó mucho en distraerse de su cena ante la aparición de un estudiante de Slytherin en nuestra mesa. Curiosa, me quedé observando cómo al parecer Daniel le decía algo a la chica y luego se marchaba. Seguidamente, Danielle realizó el mismo proceso. Ladeé la cabeza sin comprender qué estaba ocurriendo aquí, hasta que pude lograr escuchar, frente al enorme murmullo del comedor, unas únicas palabras que captaron mi atención por completo: "club de duelo secreto". Con eso, la idea de irme a dormir temprano como los niños buenos se esfumó por completo de mi cabeza, y sin tardar más de un par de segundos me escurrí por debajo de la mesa hasta aparecer al lado de la chica, quien por suerte tenía un hueco libre a su lado por donde pude salir fácilmente. No me miréis así, no era cosa de ir vociferando preguntas sobre el club de duelo secreto desde el otro lado de la mesa para que se enterasen todos porque... pues eso, porque era secreto. Y como que tardaría mucho en dar tooda la vuelta a la mesa así que... —¡Raven, Raven! —exclamé con emoción, tratando de no hablar demasiado alto y estropearlo todo—. ¿Qué están diciendo de un club secreto de duelo? ¿Dónde es? ¿Y cuándo? ¿Puedo ir, puedo? Quizás, aquella noche no sería tan aburrida después de todo.
Kara Willson Después de haber hablado con Ryder en los pasillos había seguido paseando por allí sin hacer mucho, solo observando los cuadros, investigando los pasillos hasta que finalmente llego la hora de la cena, pero no podía evitar pensar que había llegado un poco tarde ya que no había muchas personas en el gran comedor, ya que la mesa de mi casa ya estaba casi vacia, y cuando me acerqué un poco para sentarme y comenzar a cenar cuando Daniel, Danielle e incluso Evelyn había dicho algo relacionado a un club de duelo... que ella los apuntara a eso y demás. ¿Porque todos preguntaban eso? ¿Podrían ir todos? — Yo.. no se muy bien a que vayan a ir pero... yo también quiero que me apuntes — dije en un murmuro por si es que eso era un secreto que no podía ser escuchado por las demás personas aunque de igual forma no había muchos en nuestra mesa. >> Supongo que será interesante...
Contenido oculto Al fin... ;_; Lo hice muerta de sueño, necesita varias correcciones pero me da igual, al menos lo hice, no tengo imaginación ;_; @Noir ;^; Plsss... No los abandonemos más ;_; Emma Tyler~ Entré al Gran Comedor con la respiración entrecortada, sonrojada y con la mano de Adam sosteniendo la mía. "Cuando tienes hambre... eres todo un caso." Bufé y empecé a caminar tirada por mi gemelo, que se dirigía a la mesa de los Hufflepuff con muchas ganas. Nos sentamos en un lugar cualquiera, sin fijarnos si habían compañeros nuestros o alumnos más avanzados alrededor. Adam simplemente se colocó en un lugar vacío para comer... hablar de las cosas que tanto le emocionaron en el día. Yo, sentada a su lado, le escuchaba mientras comía la calentita sopa que me relajaba. La carrera de momentos atrás me había dejado un poco más exhausta de lo que ya estaba. Miré a mi hermano, que se veía más emocionado de lo normal. Bueno... logró hacer los hechizos a la primera... ¡Seguro que será un gran mago en pocos años! Volteé al otro lado, dispuesta a comer ya mi postre, y me di cuenta que algunos de los alumnos se habían empezado a marchar. Di un vistazo al comedor, viendo que ya empezaba a hacerse tarde. Me apoyé en la mesa y me fijé que en unos asientos más allá salía una cabellera rubia de debajo de la mesa. La muchacha se sentó al lado de otra compañera, con un rostro muy sonriente. Parecía emocionada por alguna cosa... —Adam... ¿has acabado ya de comer?—Sin esperar respuesta me levanté y lo cogí por la manga, siendo yo esta vez quien arrastraba al otro. Al llegar me paré un poco avergonzada por mi iniciativa, sin saber si les molestaría, o si estaban en medio de algo importante, o si... "¡Raven, Raven! ¿Qué están diciendo de un club secreto de duelo? ¿Dónde es? ¿Y cuándo? ¿Puedo ir, puedo?" Miré un poco confusa a Adam, y de nuevo posé mi vista en las chicas. Raven y... oh, sí, Evelyn. Le mostré una sonrisa a mi hermanito. Síp, era una buena oportunidad... —Uhm... perdonad—empecé a decir, mirándolas alternativamente—, ¿os importaría si nosotros vamos también? Suena bastante interesante...
Andrew Aldridge Eran pasada las once cuando llegué al Gran Comedor y por fin iba a poder saciar mi hambre voraz. El comedor estaba casi vacío, muchos estaban terminando su cena solos o acompañados de una o dos personas... a excepción un pequeño grupo congregado en la mesa de Hufflepuff. Entre los niños que se encontraban pude notar a Kara, Evelyn, Daniel, Melinda, Danielle, Victoria y... bueno, estaban todos, realmente. Tomé mi costilla asada con una mano y mi pata de pavo en la otra, le di una ávida mordida al pavo y me acerqué a su mesa. —¿Están tramando algo que va en contra de las reglas? ¡Si van a hacer algo que va en contra de las reglas pueden contar conmigo!—exclamé entusiasmado. No se me ocurría otra razón por la cual hablaban tan bajo con aires de secretismo y ver la cara de duda de algunos me indicaba que estaba en lo correcto. Entonces me senté en la mesa, probé un bocado de la costilla y la mastiqué mirando al grupo con una gran sonrisa. Contenido oculto @Nami Roronoa Listo, por fin xD
Victoria Stone Y así, poco a poco, numerosos alumnos se unieron a la idea de saltarse las reglas para probar la fuerza de sus hechizos en un duelo. Puesto así, no era buena idea, pero tampoco podía ser la gran cosa. Sonreí por última vez hacia el joven serpiente y asentí con la cabeza. — Nos vemos — me despedí con la mano del resto de compañeros y me uní a los alumnos que abandonaban el comedor. En poco tiempo después llegué a la sala común de mi casa y me quedé sentada en el sofá, delante de la chimenea, leyendo mientras pasaba el tiempo.