Spin-off Exteriores [Pokémon Rol]

Tema en 'El cuento de la doncella y la flor de cristal' iniciado por Andysaster, 20 Noviembre 2020.

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    Andysaster

    Andysaster Game Master

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    —¿Hm? —Volvió la cabeza hacia la chica, notando la expresión en su rostro, y siguió su mirada hasta dar con la yurta de la mujer enferma. Tan solo por un instante, su rostro impertérrito pareció adquirir un tinte apesadumbrado, dejando escapar cierta sinceridad entre los muros de piedra que lo resguardaban—. Ella es... Kanna, mi mujer. Es la única razón por la que nos encontramos aún aquí. En mitad de nuestro viaje enfermó, una enfermedad extraña que los centros de salud y nuestros pokémon son incapaces de curar.

    Cruzó los brazos contra su torso, hosco, y chasqueó la lengua antes de desviar la mirada hacia el páramo nevado.

    >>Un miembro de nuestro grupo se internó en las profundidades del bosque, en busca de lo que necesitamos. Una... flor medicinal, capaz de curar cualquier dolencia como si jamás hubiese existido. En cuanto regrese, nos marcharemos de aquí. Espero que vosotros hagáis lo mismo pronto.


    El hombre, que esperaba esa pregunta, gruñó como toda respuesta y fue otra persona, una mujer con una capucha de tela calentando su rostro, la que posó una mano en su hombro y relajó en parte su expresión. Paseó la mirada entre los chicos. Sus orbes azules, a diferencia del hombre, brillaban con una profunda compasión.

    —Amak, no seas tan duro con ellos. ¿No ves que los chicos están buscando a su amigo perdido? —le reprendió, dejándolo ir finalmente para concentrar su atención en los entrenadores. El jefe masculló algo entre dientes y se marchó. A pesar de su carácter, estaba claro que confiaba en que quedaban en buenas manos—. Debéis estar congelados, ¿me equivoco? Aún falta algo de tiempo para que anochezca, pero podéis pasar dentro y calentaros un poco. Pensaremos con más tranquilidad las cosas con una taza de té en las manos.

    Ante la amabilidad de la mujer, que pronto se presentaría como Misu, los holders no tuvieron más opción que seguirla hacia una de las yurtas. Su interior era sorprendentemente cálido, y parte del frío desapareció con ello. Estaba calentando agua sobre una mesita plegable, y al pasear la mirada con atención en su interior pudieron darse cuenta. Algunos aparatos tecnológicos, ropas comunes, utensilios actuales. Aquello parecía una tienda de campaña común y corriente, a excepción de su imagen exterior y de las ropas extrañas que portaban.

    Misu les indicó que tomasen asiento en unos cojines sobre el suelo y ella hizo lo propio, colocando cuatro vasos sobre la mesa. Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al notar su evidente confusión.

    —Ya os habéis dado cuenta, ¿cierto? No somos exactamente una tribu nómada. Al menos, no la mayor parte del tiempo —comenzó a verter el agua caliente en cada uno de los vasos, colocando poco después los sobres sobre los mismos. Té de Melisa. La mujer alzó la mirada al terminar su tarea, dejando el recipiente vacío en otra de las mesas—. Nuestros antepasados formaban parte de la tribu nómada del hielo. Somos fervientes defensores de nuestras tradiciones, y solemos realizar viajes de peregrinaje para volver a sentir nuestras raíces, poniéndonos en la piel de ellos. Nuestro viaje culminaba con la llegada de la luna azul, pero surgieron ciertos percances... y solo nos queda esperar, como vosotros.

    Eso... resolvía bastantes dudas, a decir verdad. Pero Nikolah seguía allí adentro, perdido, y todo aquel misterio parecía hilarse convenientemente con las acciones del rubio. Misu parecía bastante receptiva, quizás... Quizás sería buena idea entablar conversación con ella.

    >>¿Qué clase de flor están buscando?
    >>¿Conoces la leyenda de la criatura del lago?
    >>¿Por qué no sacáis a vuestros pokémon para que os ayuden?
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Me quité el gorro del anorak cuando aquella amable mujer nos permitió ingresar dentro de la yurta. El calor de su interior era apacible y hogareño y solté un suspiro de alivio que ni siquiera sentía haber estado conteniendo hasta entonces.

    Tenía las manos congeladas, entumecidas y el calor del interior de la tienda fue más que bien recibido. Gracias, gracias, gracias.

    La luna azul. Era la primera vez que escuchaba que un evento como ese no sólo existía, si no tenía la capacidad de aumentar el poder de los Pokémon de tipo hielo.

    Una mujer enferma cuyo mal solo sanaría una flor mística en las profundidades del bosque.

    ¿La flor de cristal?

    Tomamos asiento en los cojines, sobre las pieles que cubrían el suelo. El té humeó elevando una suave voluta de vapor blanco. Apoyé mis manos sobre la taza y el calor pasó de mis dedos a mi cuerpo, desentumeciéndolo y alejando el frío.

    Era tan... agradable.

    —Misu, la flor que buscan...—hablé con cierta cautela— ¿es la flor de cristal? Según sabemos ya no existe en Galeia.
     
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    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Adicto

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    Nikolah Cruz

    — La amabilidad no reconoce rostros conocidos o desconocidos, solo rostros en apuros.— dije, encogiéndome de hombros, y volviéndome a poner la manta. No la necesitaba, pero era más cómodo que llevarla en los brazos.— Es lo que me enseñaron.

    Contemplé al recién llegado. Era alto, flaco, un palo vestido. Vestido con pieles azules, con varios motivos similares a la flor que tenía el guía tatuada en el brazo. Lo miré curiosos unos instantes, mientras hablaba. Su mirada era penetrante, y tenía una intensidad que podría resultar apabullante para muchos. No para mí, obviamente, porque mi curiosidad en ese momento estaba tomando para sí misma todos los rincones de mi cerebro. La verdad que era un tipo muy intrigante. Y al parecer, yo le causaba la misma intriga.

    Todos los pokémon que había alrededor nuestro parecían incómodos, eso sí. Tal vez la aparición de un segundo humano estaba poniéndoles los nervios de punta, o quizá simplemente nuestra presencia ya había pasado el tiempo cortés de visita. Sin embargo, estaba seguro de que había escuchado algo. Y parecía necesitar ayuda. No me iba a ir hasta saber que ocurría.

    >> Oye, ¿conoces el bosque? Tal vez podías ayudarme. Estaba paseando, y pude sentir una voces, que parecían llamarme, o al menos, sonaban melancólicas, y algo desesperadas, como si necesitaran ayuda. Las estuve siguiendo por un rato, pero no las encuentro. ¿Te cruzaste con algo o alguien en tu camino hasta aquí?
     
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    Zireael

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    Mira que no tenía idea de cómo había terminado metido entre dos personas con tremendo complejo de Mightyena, entre que Mimi había estado por morderme en cualquier jodido momento, cuando se decidiera a dejar de gruñir, y el hombre de la villa que nos había seguido con la vista como si fuésemos a saltarles encima a todos prácticamente me había puesto a gritar con mi lenguaje corporal que no planeaba hacerle daño a nadie. De nuevo, como en el auto, si acaso alzaba la vista cuando respondían preguntas y el resto del rato seguía con la mirada puesta en alguna otra parte, esquivo como había sido toda la vida.

    Luna azul.

    Cada dos años y cinco meses.

    Amplificación del poder de pokémon de tipo hielo.


    Mal momento para estar en un bosque nevado, sin duda.

    Podía parecer no estar prestando atención completamente, pero tenía el oído atento a todo y cuando el hombre respondió que la enferma era su mujer el corazón se me hizo un nudo en el pecho sobre todo luego de que nos dijera que no había podido recibir ayuda ni en centros de salud ni por pokémon, y tragué grueso mientras me limitaba a seguir escuchando. Podía tener las pintas que fuese, pero lo cierto es que al final del día era un chico exageradamente emocional.

    ¿Uno de los suyos se había internado en el bosque? Arceus.

    El gruñido que me dirigió me hizo encogerme en mi lugar por mero reflejo, obviamente no iba a preguntar más por ello ante esa reacción, pero para suerte de mis nervios y todo lo demás una mujer apareció, bastante más abierta a nuestra presencia, e incluso nos invitó a pasar a la yurta.

    —Permiso —murmuré cuando puse el primer pie adentro, para luego tomar asiento en uno de los cojines.

    Era asombrosamente cálido comparado con el exterior y de hecho pude aflojarme la bufanda mientras escuchaba a Misu hablar sobre sus antepasados y sus tradiciones, lo que me parecía muy respetable. Imité los movimientos de Mimi, estirando las manos para apoyarlas sobre la taza con el té y cerré los ojos unos segundos al sentir el calor en la piel.

    Y seguíamos dando vueltas alrededor de las flores de cristal, porque bueno no era para menos.

    Cuando abrí los ojos de nuevo, me atreví a mirar a la Misu ahora que el Mightyena no estaba encima de nosotros y aunque me sonaba a tontería preguntarlo, tenía la sensación de que ella podía respondernos más cosas, además de la flor que buscaban.

    —El guía que nos acompañó hasta aquí nos habló un poco de la zona —comencé mientras clavaba la vista en la taza de té, sin saber si estaba metiéndome de nuevo en cosas que quizás no quisieran responder—. Misu, ¿sabes algo de la leyenda de la criatura del lago?
     
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    Andysaster

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    El hombre le escuchó en silencio, su mirada penetrante fija en sus ojos. Casi parecía estar asegurándose de que no mentía, prestando atención a su lenguaje corporal, a su voz, sus movimientos. El azul de Nikolah era tan puro y cristalino que cuando mencionó el tema de las voces, el entrenador pudo sentir una ligera turbación en su acompañante. Sus pupilas vibraron, pero logró recomponerse con gran maestría.

    Como si hubiera sido obra de una fugaz ilusión.

    —Creo que la bruma está empezando a afectarte, chico. Conozco este bosque como la palma de mi mano y jamás escuché algo similar —respondió, imperturbable, y su mirada crítica se posó en la distancia, allá donde la neblina difuminaba la realidad. La luz del día comenzaba a ser escasa y la silueta de la luna se hacía más visible con el pasar de los minutos. El hombre suspiró—. No deberías estar aquí, pero tampoco gastaré saliva en pedirte que te marches. Puedo ver en tus ojos que sería un desperdicio de tiempo.

    Pareció guardar unos segundos, cavilando algo en silencio. A pesar de su gesto, no podía evitar sentir... que sus palabras estaban siendo fríamente calculadas. Que estaba anticipando sus próximos movimientos, de alguna forma.

    >>Mi grupo me espera no muy lejos de aquí, y no necesito luz para saberme el camino de vuelta. Puedes optar por acompañarme, si lo crees sensato. Quizás puedas ayudarme a encontrar lo que necesito.

    Decisión crucial: puedes escoger ir con el miembro de la tribu y ayudarle en su tarea, o continuar por tu cuenta. A partir de aquí ya no hay marcha atrás.

    Doy prioridad a Niko de momento porque la ruta de la llanura tiene que esperar por esta decisión
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    O me estaba volviendo loco, o me estaba volviendo muy bueno con eso de detectar pequeños y fugaces destellos, voces, y gestos a mi alrededor. Porque había podido notar como las pupilas del otro vibraron cuando mencioné lo de las voces. Todo era muy raro por acá. Además, sus palabras sonaban raras. No parecían dichas, como decirlo, de manera natural. Parecían hasta tan frías como la nieve que me rodeaba. ¿Sería verdad lo que me decía? ¿Qué era la bruma nomás lo que me jugaba una mala pasada? No, no podía ser. Yo vi a esa silueta, sentí las voces. Tal vez... ¿tal vez era capaz de sentir algo que él no podía? Había escuchado que eso a veces le pasaba a la gente.

    Sin embargo, me mordí el labio, mientras miraba como, en el horizonte, el sol lentamente iba dando paso a la luna, para que tomara su lugar como reina del cielo. Seguir allí afuera podía resultar en que el resto se preocupara. Si esta persona conocía el bosque, podía fácilmente sacarme de allí, y no tendría problemas para regresar a la cabaña. No quería preocupar a nadie más. No después de lo que había hecho. Me froté la mano, en donde me había cortado. El recuerdo seguía tan fresco en mi piel como esa cicatriz.

    Inspiré, haciendo ingresar el frío aire del bosque por mis pulmones. La verdad era que ya había tomado mi decisión hace mucho.

    — Agradezco la oferta, y quisiera ayudarte en tu tarea, pero siento que esas voces son reales. Y no puedo dejarlas sin más. Si conoces el bosque como la palma de tu mano, tal vez no tengas problemas en encontrar aquello que buscas. Yo por mi parte no puedo dejar esas voces sin respuesta. No está en mi naturaleza.

    Miré de soslayo por sobre mi hombro, en la dirección por la cual había venido. ¿Qué pensaría esa persona si se enterara de que había dejado un pedido de ayuda sin atender? Ahora más que nunca, quería que estuviera orgullosa de mí.

    Tragué saliva, y miré al extraño con una sonrisa cálida.

    >> Eres libre de acompañarme, si quieres. Tal vez así puedas develar un misterio, y encontrar lo que buscas. Pero yo continuaré. Solo, en un principio. Espero que después los pokémon de aquí se acostumbren a mi presencia y me hagan compañía.

    Por algún razón, los habitantes del lugar se habían agitado cuando apareció aquel joven. Podía haber muchas razones, pero iba a confiar en mi instinto.

    Continúo solo, por si no quedó claro (? Despídanse de Nikolah chicos, ahora es cuando se pierde en una ventisca y se lo comen los fuegos fatuos que lo estaban atrayendo hasta su perdición.
     
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    Andysaster

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    La respuesta no había sido la que aquel hombre esperaba, pero, con todo, supo sobreponerse rápido. Como si su inexpresivo rostro apenas diera margen al resto de emociones para proyectarse.

    —Nuestros caminos se separan aquí, pues —determinó reanimando la marcha, sin intención de rehacer su oferta. Ya no parecía interesarle en lo más mínimo el destino de aquel joven. Al pasar por su lado, sin volver el rostro hacia él, agregó algo más, con voz grave y gutural—. No todos los misterios están hechos para ser revelados.

    Con aquellas enigmáticas palabras, el extraño terminó por perderse entre la bruma, encaminando sus pasos en otra dirección. Nikolah volvió a quedarse a solas en mitad del bosque, perdido y apenas pudiendo ver hacia dónde encaminaba sus pasos. Continuó avanzando un tramo en mitad de la oscuridad, cauteloso, y fue entonces consciente del silencio sepulcral que había envuelto al bosque.

    Había desaparecido esa sensación. Ya no sentía a los pokémon del lugar observarle. No había vida. No había paz y tranquilidad.

    Tan solo... la nada. El vacío y oscuridad de la nada misma.

    Sus ánimos fueron mermando a medida que avanzaba y aquella sensación se hacía un hueco más y más grande en su pecho. Desasosiego, tristeza, melancolía... ¿El propio bosque le estaba haciendo sentir así? No pudo pensarlo demasiado, pues después de un tiempo caminando volvió a verlo. Aquel destello, aquel fuego fatuo, brillando casi con timidez en la distancia. Desaparecía, tintineaba, y volvía a aparecer unos metros más adelante, con la suficiente luz como para iluminar su camino.

    ¿Le estaba... guiando, acaso? De ser así, ¿quién? ¿O qué? No lo sabía, solo sentía que debía avanzar tras ella.

    No supo cuánto tiempo las estuvo siguiendo. Cuando quiso darse cuenta había anochecido, y la bruma comenzaba a disiparse a su alrededor. La luz se había detenido en algún punto, y con ella surgieron otras más. Solo que estas no eran como la que seguía, si no producidas por lo que parecían ser una serie de antorchas. La luz fue suficiente para guiarle y cuando quiso darse cuenta, el terreno bajo sus pies se volvió rígido. Estaba pisando... piedra.

    Al alzar la mirada, pudo notar que había alcanzado una especie de ruinas nevadas. Varias edificaciones, similares a lo que alguna vez fueron casas, veían sus muros derruidos y consumidos por las inclemencias del tiempo. Las antorchas se encontraban aferradas a las pocas paredes que aún se erguían contra la gravedad, su fuego crepitando de forma misteriosa. El destello de luz comenzó a deslizarse hasta alcanzar una serie de escombros, casi como si le estuviese instando a acercarse.

    Las voces regresaron a su cabeza, superponiéndise una sobre otra, casi como si estuviese buscando la frecuencia de una radio. Al fundirse entre ellas, las palabras cobraron forma. Y voz. Era esa voz, la voz dulce y cargada de una profunda tristeza la que le estaba hablando.

    Y sonó más clara que nunca en su cabeza.

    "¿Por qué? ¿Por qué aún no ha regresado?"
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Let's put some OST bish.


    Nikolah Cruz

    No creía en esas palabras. Todos los misterios podían ser revelados. La cuestión era que dependía luego de que lo develaba si prefería continuar manteniendo el misterio, o llevarlo hacia la luz. Sin embargo, no iba a mentir que me arrepentí un poco, la notar que el hombre desaparecía y lo único que quedaba a mi lado era la oscuridad y el silencio. Tal vez lo más sensato sería darme la vuelta e intentar alcanzarlo. Me encogí de hombros. Mi vida nunca se había regido por lo que era lo más sensato. No era momento de empezar ahora.

    Aunque tenía que admitir que el bosque había cambiado. No se escuchaban ya los murmullos de los distintos pokémon, no podía ni sentirlos. Es como si estuviera absolutamente solo allí. Como si ni siquiera hubiera un bosque. Mentiría si dijera que, en esos momentos, no había comenzado a sentir desesperación. Pero seguí avanzando. No podía hacer otra cosa ya.

    Hasta que lo vi de vuelta.

    Aquellas luces débiles y fugaces, como si fueran luciérnagas de un gran tamaño, que parecían guiarme hacia el frente. Me conminaban a seguir. Y es lo que hice. Perdí la cuenta de los minutos, de las horas, de mis pasos. Tan solo seguí avanzando. La oscuridad de la noche me envolvía como un manto negro, y no fue hasta que mis pies pisaron otra cosa que nieve que volví a mí mismo. Delante mío, había... ruinas. Me vino un ligero escalofrío al recordar las otras ruinas en las que había estado, en donde había sentido esa presencia por el rabillo del ojo. No era un escalofrío de miedo. Más bien de... nostalgia. Piel de gallina, que le dicen.

    Lentamente, me acerqué a las construcciones derruidas, casi con reverencia. ¿Qué había ocurrido allí? Parecían edificaciones antiguas, a juzgar por el estado en el cual estaban y el hecho de que hubiera antorchas en sus muros. Por raro que sonase, las antorchas seguían encendidas. Tomé una, para tener algo de luz entre tanta oscuridad. Iba a ponerme a explorar, buscando algún lugar para pasar la noche, pero un destello llamó mi atención por el rabillo de mi ojo. Allí estaba ese fuego fatuo, sobre lo que parecía una pila de escombros. Y la voz. La voz había vuelto. No eran varias. Era una sola. Triste y dulce.

    "¿Por qué? ¿Por qué aún no ha regresado?"

    Intrigado, me acerqué hacia los escombros, para examinarlos. Tal vez la luz me estaba guiando hacia allí por una razón.
     
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    Andysaster

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    Al sujetar una de las antorchas y avanzar hacia los escombros, se percató de que el resto de ellas comenzaron a parpadear de manera intermitente. Fue un titileo pausado en un principio, errático, que fue sucediéndose en el tiempo en intervalos cada vez más cortos a medida que sus pasos lo encaminaban hacia la pila de escombros. Allí donde aquella extraña presencia aguardaba su llegada.

    Se detuvo frente a los escombros, observándolos de cerca. Las rocas se aplastaban unas sobre otras, haciendo imposible escarbar como quisiera entre ellas. El fuego fatuo se meció de un lado al otro, visiblemente inquieto. Parecía apremiarle, por algún motivo que desconocía.

    "Por favor..."
    "Haz que vuelva..."


    Esa sensación extraña en el pecho... Ugh. ¿Debería intentar buscar algo con lo que hacer palanca, quizás?
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Bueno, ahora las antorchas titilaban. La cosa se estaba volviendo demasiada extraña. Pero ya estaba en el baile, así que había que bailar. En cuanto llegué a los escombros, el fuego fatuo se volvió más inquieto, como si estuviera más nervioso. Intenté remover algunas piedras, pero me fue imposible. Esa voz volvía a hacer acto de presencia.

    — Descuida, sea lo que sea que eres, ahora vuelvo.— dije, con una sonrisa tranquilizadora, hacia la luz y luego hacia los escombros.— Voy a ver si encuentro algo para mover estas piedras.

    Dicho y hecho, me di media vuelta, y me dirigí hacia los edificios. Tal vez hubiera algún caño o algún pedazo de hierro suelo que pudiera utilizar. O incluso, si tenía suerte, alguna herramienta.
     
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    Andysaster

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    Avanzó así entre los rescoldos de lo que alguna vez fue un pequeño asentamiento, con la única luz persistente de la antorcha en su mano. La atmósfera se había vuelto opresiva y el silencio sepulcral, aterrador. El destello cada vez se encontraba más y más inquieto, denotando la antesala de algo que escapaba a su comprensión. Pero había estado siguiendo por demasiado tiempo aquella luz, y se encontraba tan, tan cerca de... algo. Lo que sea.

    Quería creerlo. Quería ayudarle.

    Tras un tiempo de búsqueda entre los escombros logró encontrar una vara de hierro oxidada, que había terminado por ceder a las inclemencias del clima y la humedad del bosque. Pudo separarla del resto de los pedazos de hierro haciendo presión con el pie y con un ruido sordo la arrancó. Eso debía valer para poder apartar las rocas. Regresó sobre sus pasos, el destello aún meciéndose y girando sobre los restos, ansioso, y Nikolah encajó un extremo en un hueco entre las piedras, haciendo presión hacia abajo. Con algo de esfuerzo logró quitar alguna, pudiendo separar las más pequeñas con las manos, y la luz de la antorcha terminó por iluminar algo en el fondo, cubierto parcialmente por la nieve.

    Introdujo la mano y haciendo fuerza logró extraerlo finalmente. Estaba frío al tacto y humedecido por la nieve, pero pudo distinguir varios patrones sobre una superficie pulida de piedra. Parecía que formaba parte de algo más grande, porque sus bordes asemejaban los extremos de un puzzle, capaces de encajar entre sí con otras. Le recordó ligeramente a algo... familiar. ¿No había visto algo así antes?

    Cuando quiso darse cuenta, el destello se había vuelto mucho más fuerte. Había detenido su movimiento frenético y ahora se encontraba suspendido en el aire, frente a él y el extraño objeto.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Inspiré, para darme coraje entre aquella opresiva atmósfera. El aire se había vuelto pesado, la oscuridad era envolvente, y el silencio se estaba volviendo incómodo. Sentía los cabellos de mi nuca erizarse ante todo el panorama, en especial con la ansiedad que parecía denotar el fuego fatuo. Sin embargo, no me iba a detener. Ya había llegado hasta allí. Tenía que ser por una razón.

    Solté una pequeña sonrisa cuando logré encontrar una vara de hierro, sobresaliente de una ruina. Con un poco de esfuerzo, pude separarla del resto de la estructura, no sin un pequeño rasguño. Bueno, no se podía pedir todo. Cerré y abrí la mano despacio, para intentar calmar el dolor que me había surgido de vuelta en la palma, mientras me dirigía de vuelta hacia la pila de escombros. Con fuerza, logré separar algunas piedras más grandes, lo que me permitió escarbar entre las más pequeñas, moviéndolas a un lado. La luz intensa de aquel destello me resultaba algo molesta, incluso, para poder ver.

    Sin embargo, logré vislumbrar algo. Logré recupararlo, aunque estaba algo encajado entre las nieves y las piedras. Lo contemplé a la luz de la antorcha. Estaba frío, era de piedra. Parecía que encajaba en algo, según podía notar por los bordes. Y por alguna razón, se me hacía familiar. ¿Dónde había visto algo parecido?

    Miré hacia el frente, hacia el destello.

    — ¿Sabes lo que es esto?
     
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    Andysaster

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    Cuando Nikolah extendió el símbolo de piedra hacia el destello, que se había mantenido suspendido en el aire, su luz lo envolvió, obligándole a cerrar los ojos. De repente el frío de la noche, la atmósfera opresiva y el silencio inquietante desaparecieron, dejando paso a una indescriptible paz. El alivio de alguien que había estado buscando algo durante demasiado tiempo lo envolvió, canalizando en su cuerpo todas sus emociones. En algún momento pudo sentir cómo alguien acariciaba sus manos, pero no era un tacto real.

    Parecía... etéreo, superficial. Como si no formara parte del mismo plano al que él pertenecía.

    Al abrir los ojos lentamente, el destello ya no estaba allí. En su lugar, la silueta translúcida de una mujer se había materializado frente a él. Todo en ella era del más puro blanco que había visto jamás: su piel, su cabello, su vestido, mecido por la brisa de la noche. Apenas era capaz de distinguir su rostro, como si la bruma que había dejado atrás envolviese su cuerpo eternamente. Antes de poder reaccionar, la silueta se deslizó hacia una de las paredes rocosas, iluminadas por las antorchas. Movió sus manos, y el fuego se avivó de forma sobrenatural, crepitando en mitad del silencio de la noche.

    Nikolah pudo notar que volvía el rostro hacia él. En la pared, lentamente, habían comenzado a materializarse figuras echas de sombras. Figuras... que cobraron formas humanas.



    Al parpadear, pudo comprobar que no estaba soñando. Las sombras habían cobrado vida, e interactuaban entre sí frente a sus ojos. Las distinguió con claridad: eran dos hombres, coronados con tiaras, enfrentados entre sí. El primero de ellos se veía fuerte, seguro de sí mismo, y cientos de sombras efímeras besaban el suelo a su paso. El segundo de ellos, encogido sobre sí ante la multitud de siluetas nocturnas, quedaba opacado ante su presencia, desapareciendo entre el mar de sombras sin dejar rastro. Por más que trataba de flotar hacia la superficie y extender su brazo en el aire, las tinieblas acababan por consumirle a su paso.

    Las escenas se reproducían de forma inexorable frente a sus ojos. El primer hombre, subido sobre su trono, recibió la presencia de una joven doncella. A sus espaldas, los símbolos del fuego y de la tierra dibujaban con tinta el legado que dejaban atrás. La mujer fue tomada de la mano y colocada en un trono a su lado, pero jamás alzó la mirada ante los súbditos, que se materializaban en un ciclo sin fin bajo sus pies. Parecía... extrañamente infeliz.

    Las sombras volvieron a desaparecer, creando las siluetas de dos jóvenes que reían y corrían a través de la nieve. Sus manos entrelazadas jamás se soltaron. Ambos jóvenes pasearon a través de las casas, ante las miradas de los habitantes del nevado lugar hasta alcanzar un lugar recóndito entre la maleza, donde solo existían ellos dos. El hombre se arrodilló, y le entregó un símbolo que la mujer pareció recibir con júbilo. Ambos se abrazaron, presos de un profundo amor... y la escena terminó.

    La atmósfera se volvió angustiosa a medida que el relato alcanzaba su punto álgido. El primer hombre, consciente de las visitas de la doncella al reino nevado y preso de la ira, invocó la presencia de un pokémon. Volvió a contemplar el objeto que se le había entregado a la mujer, y lo destruyó en varios pedazos, perdiendo sus fragmentos a través del páramo nevado. Los jóvenes jamás volvieron a encontrarse, maldecidos ante su extraño influjo, pero la silueta de la mujer aún aguardaba su llegada. Jamás dejó de creer que regresaría.

    Nikolah pudo ver cómo la nieve se acumulaba a su paso, marchitándola con el paso del tiempo, hasta que ya no quedó nada. De entre las sombras de sus cenizas surgió una flor... y el fuego se apagó, sentenciando aquella fugaz historia.

    Las antorchas se apagaron, a excepción de la que portaba Nikolah, y la figura de la mujer extendió las manos hacia el objeto que llevaba. Intentó tomarlo... pero sus manos traspasaron la piedra, comprimiendo su gesto en una mueca de profunda tristeza. Comenzó a flotar entre las ruinas, animándole a seguirla, y el chico pudo notar una especie de altar apartado del resto de ruinas. La silueta se detuvo, y su luz iluminó su superficie.

    ¿Quería... que colocase allí el objeto? Parecía encajar en uno de los extremos, pero aún faltaban varias piezas, a simple vista.

    Al notar la duda en su mirada, aquella melancólica y profunda voz volvió a resonar en su cabeza.


    "Ayúdame a traerlo de vuelta..."


    Debes decidir si quedarte el objeto o dejarlo allí. Ambas opciones, por supuesto, traerán una serie de consecuencias.

    *Prende una velita*
     
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    Andysaster

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    Misu pareció complacida de ver que los chicos agradecían el calor de la yurta y del té y escuchó sus dudas con paciencia, asintiendo lentamente hacia Mimi.

    —¿Sois... de la región de Gérie, por casualidad? Esa flor actualmente solo crece en ese lugar, pero no tenemos los recursos necesarios para llegar allí, y mucho menos con un miembro enfermo —suspiró, visiblemente afligida. Rodeó con sus manos la taza de té, clavando su mirada en el contenido del vaso—. Sin embargo, durante generaciones nuestras familias han protegido el bosque del lago y sus criaturas de la influencia del hombre, escondiendo la existencia de ciertas especies en extinción para evitar su desaparición. Eso es... lo que ha hecho posible que hoy estemos aquí.

    Dejó el vaso con delicadeza a un costado, dejando escapar una pequeña sonrisa hacia ellos.

    >>Se dice que esa flor jamás debió de existir aquí. Las condiciones no favorecían su crecimiento, y era un milagro que hubiese aparecido entre la flora de la zona. Es de lo más curioso, ¿no creéis?

    Reparó entonces en la pregunta de Cayden, y a pesar de que trató de disimularlo no pudo evitar desviar la mirada, inquieta ante aquel tema.

    —...Lo llaman el demonio helado. No solemos hablar mucho de él, más bien lo emplean para asustar a los niños y evitar que vayan a jugar solos al bosque, y muchos de nosotros creemos que no existe. Se cree que la única razón por la que es incapaz de salir de las profundidades del bosque es porque está... encerrado, de alguna forma. Hay algo que le impide salir.

    Agitó su cabeza entonces, recuperando su sonrisa.

    >>Pero son solo leyendas, ¿no?

    Para sorpresa de los chicos y Misu, la entrada de la yurta se abrió y dejó paso al jefe del grupo, que no parecía traer buenas noticias. La mujer se volvió hacia él, angustiada.

    —Mako aún no ha regresado, y ya ha oscurecido por completo.

    —Deberíamos salir a buscarlo. Es muy peligroso dejarlo solo allí, por más que conozca el bosque —se dirigió entonces hacia los entrenadores—. Y tenemos que encontrar al amigo de estos niños, cuanto antes.

    El hombre gruñó.

    —¿Me ves cara de niñero ahora? —le reclamó, pero la mujer no le dio espacio a réplicas. Suspiró, exasperado, y les dirigió una mirada severa a los tres antes de salir de la yurta—. Bien, como sea. Tenéis dos minutos para prepararos, si es lo que queréis. Mandaremos una patrulla de rescate al bosque.

    Misu llevó sus manos sobre las de los chicos, conciliadora.

    —Vamos a traerle de regreso, ¿de acuerdo? No os sintáis forzados a venir con nosotros si no es lo que queréis.

    Mientras Niko decide y no, vosotros tendréis que ver si seguís a la patrulla de rescate, regresáis a la cabaña, os dividís o vais a buscarlo por vuestra cuenta. Al siguiente post comienza el evento.
     
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  15.  
    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Cayden Dunn

    Lo primero que hice ante su pregunta fue asentir con la cabeza sin prisa realmente, porque tampoco iba a quedar como un intenso o algo.

    —Bueno, yo lo soy. El grupo de chicos con el que vine recorrió la región recientemente, por eso ubicamos la flor —añadí entonces, siendo capaz de sostenerle la mirada un rato más. El calor de la yurta y el té habían conseguido bajar un poco más la ansiedad combinada con mal genio.

    Me pregunté entonces qué más ocultaría Tundra, allí dónde terminaba la demarcación y solté un suspiro algo pesado sin mayor objetivo que quitarme un poco más de tensión de encima.

    La vi desviar la mirada ante lo que yo había preguntado, era evidente que había vuelto a meterme un terreno extraño, lo que empezaba a volverse usual. Mis gestos se suavizaron a pesar de que no me estaba mirando, como si de alguna forma quisiera dar a entender que no tenía que responderme si no le apetecía, pero al final lo hizo.

    Demonio helado.

    Encerrado.

    ¿O más bien sellado?

    Recuperó la sonrisa después, pero a mí su evitación me había inquietado lo suficiente para pensar también qué tanto era una leyenda o no. En cualquier caso pronto las cosas dieron otro giro, puesto que al parecer uno de los suyos tampoco había regresado. El jefe reclamó pero no pudo hacer más que aceptarnos al final, dado que Misu no iba a dar espacio a negaciones ni nada.

    Cuando llevó sus manos a las nuestras estuve por retroceder pero fue un mero reflejo y para mi suerte fui capaz de contenerlo a pesar de que me había tensado unos segundos, antes de poder sentir la intención del gesto que de un momento a otro estuvo por desarmarme, arrebatarme la aparente calma por la que había logrado moverme a pesar de los momentos de tensión con la rubia.
    Me ardieron los ojos como si fuese un chiquillo que había hecho todo mal pero al que no lo estaban regañando por ello, solo se estaban dando un mínimo de sostén, y quizás si hubiera estado caminando un poco más cerca del borde no habría podido siquiera hacer nada con tal de no tensar más el nudo que se me había comenzado a formar en la garganta y romperlo.

    No sé ni cómo logré sacudirme la sensación de encima, retirar la mano con cuidado y ser yo quien la llevara sobre la de ella.

    —Gracias por recibirnos —dije casi en un murmuro antes de levantarme, volver a ajustarme la bufanda y plantarme frente al hombre sin dejar espacio siquiera a mis actitudes evitativas usuales. Todavía sentía el ardor detrás de los ojos—. Fui yo el que dejó a nuestro compañero solo. Iré con la patrulla.
     
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  16.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    El té tenía un sabor suave, ligeramente amargo. Era cálido y transmitió aquella sensación a toda mi anatomía permitiéndome destensar los músculos y aliviar parte del estrés que se había apoderado de mi cuerpo desde antes de dejar la cabaña.

    Era mi bebida predilecta después de todo. Especialmente el té rojo.

    Sacudí suavemente la cabeza y mi cabello suelto se meció, ligero, acariciándome las mejillas pálidas.

    —Mhm hm—respondí a su pregunta y me llevé con tranquilad nuevamente la taza a los labios tomando un poco más antes de responder—. Somos de Galeia. En realidad yo soy natural de Sinnoh, Ciudad Jubileo en concreto. Pero llevo tanto tiempo es esta región que es como mi segunda casa.

    Escuché atentamente las palabras de Misu, el ofrecimiento de Cayden y finalmente la intervención del jefe de la tribu.

    La leyenda me ponía los pelos de punta. ¿Cuántas veces nos habíamos encontrado con que cosas completamente inverosímiles eran reales y tangibles? ¿En cuántas ocasiones nuestra concepción de la realidad se había tambaleado de esa forma?

    El asesinato de la hermana de Irvine; partida por la mitad por un Eleektross que había sido sometido a torturas y mutaciones genéticas.

    Todos los casos de la CSG. Asesinatos, experimentos con Pokémon, el secuestro de Em.

    Tyre Chance y el control mental.

    Y así una larga lista.

    La amenaza del monstruo del lago se sentía exactamente igual. Activaba todas las alarmas en mi cerebro.

    Sin embargo, por mucho que quisiera continuar la búsqueda e internarme en el bosque sabía que estaba arriesgando mi propia integridad física. Teniendo en cuenta lo débil que era a las bajas temperaturas caminar de noche por un páramo helado sonaba suicida.

    Nikolah estaría en buenas manos con un equipo de búsqueda experimentado. Quería creer que sí.

    Necesitaba creer que sí.

    Me incorporé entonces.

    —Regresaré a la cabaña—declaré sin titubeos—. Alguien debe poner a los demás al corriente de todo.
     
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  17.  
    Nekita

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    Dante Miles

    Se había mantenido callado, escuchando todas las explicaciones como aquel fenómeno de la luna azul y su efecto de los pokémon, guardando los datos de todo lo que les estaban explicando como la razón por la que estaban allí en ese preciso momento, lo que buscaban, quienes eran y la historia tras ellos y el té que les ofrecieron solo le ayudó a procesarlo todo de una mejor manera.

    No le molestaba ni un poco saber que en ese momento se encontraban en un lugar cubierto de nieve, en ese preciso fenómeno, con pokémon de tipo hielo simplemente existiendo con ahora un nuevo poder inimaginable o el recuerdo de la bestia que traía Mimi a la luz.

    Quizás porque nunca se había sentido inseguro en ese lugar, o quizás también era que confiaba que Nikolah no estaba en un peligro inminente por los momentos que había logrado ver en él cuando lo conoció.

    —Yo si nací aquí así que, realmente es la primera vez que escucho todo aquello de la flor—Tenía mucho que ponerse al día al fin y al cabo. Luego, con la explicación sentía que todo tenía algo más sentido para él: si ellos se encargaban de esconder todo hacía imposible imaginar que se hubiera podido topar con algo "fuera de lo común".

    La nula preocupación de la bestia se vio terminado cuando la explicación sobre esta surgió.

    ¿Algo sellado en las profundidades del bosque?

    Eso ya no sonaba prometedor.

    —Muchas gracias por la ayuda...yo también me uniré en la búsqueda con la patrulla.
     
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  18.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

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    Misu escuchó sus palabras en silencio, contrariada, y no pudo hacer más que asentir ante la decisión de cada uno. Se dirigió hacia su equipaje y extrajo de él una pequeña linterna, que le tendió a Mimi mientras el resto de chicos seguía al jefe del grupo.

    La noche había caído y el viaje de regreso se volvería especialmente difícil. Sonrió apenas, dándole coraje a ambas con aquel gesto.

    —Considéralo un regalo de despedida.

    Amak y cuatro hombres esperaban en el exterior de la yurta, barajando posibles rutas de acceso al bosque. Aceptaron la llegada de Cayden y Dante al grupo, dándoles una linterna para los dos, y se volvieron hacia Mimi cuando esta terminó de alcanzarlos.

    —Iremos todos juntos hacia la intersección del bosque. Desde allí hasta la cabaña no hay más que un trecho seguro, más aún considerando que esta zona está fuera de riesgo —encendió la linterna, echando un vistazo al grupo, y su atención se posó en Misu por última vez, quien los despedía desde la entrada de la yurta con rostro afligido—. Pongámonos en marcha.

    Con todo dicho, el grupo liderado por Amak inició la marcha, alejándose de las yurtas iluminadas en mitad de la noche ante los ojos curiosos de los niños y adultos que quedaban atrás. La caminata fue silenciosa y pesada, el crujido de sus pasos sobre la nieve y el murmullo de los pokémon del bosque como única fuente de sonido existente. Al cabo de un cuarto de hora las luces de las linternas encontraron en mitad de la penumbra la señalización que habían dejado atrás con anterioridad. Con sus flechas, indicaba con exactitud la ubicación de la llanura que dejaban atrás, así como la posición del lago y la cabaña de los holders.

    El jefe se detuvo, iluminando la zona de los árboles que abrían su paso hacia el interior del bosque. Ese camino... ¿Estaba ahí antes? ¿Habría pasado desapercibido, quizás?

    —Desde aquí en adelante no podremos seguir acompañándote —se dirigió a la chica con sequedad. A pesar de su aspecto y su mala actitud, se preocupaba más por aquellos chiquillos de lo que podría llegar a admitir—. Procuraremos regresar antes de medianoche. Ese chico no habrá podido llegar muy lejos.

    Con un gesto de su mano, dio media vuelta y reinició la marcha hacia el interior del bosque, siendo seguido por el resto de los hombres. Mimi quedó así atrás, a escasos metros de la cabaña de los holders.

    Era hora de dar malas noticias.

    Mimi ya puede dirigirse a la cabaña, el resto podéis seguir posteando libremente pero hasta que Niko no postee no iniciaré el evento
     
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  19.  
    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    El fogonazo que la luz soltó me encegueció durante unos segundos, obligándome a cerrar los ojos. Todo a mi alrededor cambió. Ya no sentía el frío aire nocturno, ni la opresión de la oscuridad. Había... paz. Con esa palabra podía describir todas las sensaciones que me rodeaban en ese momento. Alivio, satisfacción, calidez.

    Al sentir que alguien me acariciaba las manos, abrí los ojos, que se ensancharon hasta tener el tamaño de platos. El fuego fatuo se había convertido en una silueta femenina, compuesta completamente por luz. Más blanca que la nieve a mi alrededor, con facciones indefinidas, y una naturaleza etérea, como si estuviera rodeada de un halo espiritual. A un gesto suyo, las antorchas volvieron a iluminarse, brindando luz a una pared. Y en ella, un espectáculo comenzó a desarrollarse. Di un par de pasos, acercándome hacia donde las sombras cobraban vida, con el asombro y la curiosidad patentes en el rostro.

    Era una historia. Dos hombres y una mujer parecían ser los protagonistas. Uno alto y orgulloso, el otro decaído y derrotado. ¿Serían hermanos? Y parecían príncipes, a juzgar por sus atuendos y las tiaras de su cabeza. Ella parecía ser infeliz al principio, aunque luego parecía recuperar el rubor de la juventud, mientras reía y corría acompañada de otra figura. Nunca se soltaban de la mano. Parecían vivir en su propia versión del mundo, en el cual eran extremadamente felices y despreocupados de todos los males que aquejaban al resto de los mortales.

    De manera inconsciente, me había ido acercando cada vez más a la pared, estirando una mano. Por alguna razón, deseaba tocar aquellas figuras. Deseaba compartir esa algarabía, esa jovialidad tan despreocupada. Y en mi cabeza, las dos figuras de sombras comenzaron a tomar color y forma. Formas conocidas. Una de cabello castaño. La otra de cabello rubio. Y ambas con ojos del color del mar o del cielo.

    Retiré la mano rápido, como si me hubiera quemado. La pared parecía estar sumamente helada. La escena había cambiado, al igual que el ambiente. Ya no sentía el calor y la tranquilidad de la paz. En cambio, la opresión de la noche y el frío de la nieve volvían a hacer acto de presencia. El primer hombre, al parecer el esposo de la muchacha, estaba furioso por sus escapadas y sus visitas al otro reino. Con ira, invocó a un pokémon, y destruyó el regalo que le habían hecho a la doncella, desperdigando los trozos por todo el lugar. Y con eso, los amantes no volvieron a encontrarse. Pero la mujer nunca se fue, presa, o tal vez bendecida, por una imperturbable confianza de que aquel joven regresaría.

    Y así, el tiempo fue pasando, la nieve acumulándose, el lugar convirtiéndose en una ruina. Y de entre tanta destrucción, algo nació. Una flor.

    El fuego se apagó, exceptuando por la antorcha que yo todavía tenía encima. La mujer extendió las manos hacia el objeto, pero al parecer, no podía tomarlo. No en el estado inmaterial en el cual se encontraba. Pude sentir su tristeza mientras se deslizaba de vuelta hacia un altar perdido en las ruinas. Y de vuelta aquella voz sonó dentro de mi cabeza.

    "Ayúdame a traerlo de vuelta..."

    Contemplé el objeto que tenía en mi mano, y de vuelta hacia la pared envuelta en oscuridad, en donde había transcurrido aquella fábula de un tiempo pasado. Y sonreí.

    — Por supuesto que lo haré.— dije, mientras arrojaba el objeto al aire y luego lo volvía a atrapar.— Mira si voy a dejarte así, en estas ruinas. Pronto será Navidad, y no se puede dejar a alguien solo en Navidad.

    Me acerqué y deposité el objeto allí donde encajaba, en el altar roto. Volví a sonreírle a la figura, de manera cálida.

    >> Tan solo dime que más tengo que hacer.
     
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  20.  
    Andysaster

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    La silueta de aquella mujer observó sus movimientos frente al altar. Al colocar la pieza, encajándola en uno de los bordes, el halo que rodeaba su cuerpo disminuyó ligeramente, adquiriendo cierta nitidez en su figura. Casi parecía que aquellas piezas formaban parte de su ser, de alguna forma extraña.

    Su mano translúcida acarició la superficie de la piedra, a pesar de que no pudo sentir nada, y alzó la cabeza hacia Nikolah. La voz volvió a resonar en su cabeza como una caricia, más cercana que nunca. Casi pudo imaginar su sonrisa.

    "Gracias"

    Se apartó del altar con la lentitud de quien se obligaba a dejar algo amado atrás, y se colocó frente al joven. La luz de la antorcha aumentó con su presencia, brindándole algo de calidez en mitad de aquella fría y oscura noche. La notó volver la cabeza en la distancia, hacia las profundidades de la arboleda.

    "Es... la primera vez que alguien consigue escucharme. He visto transcurrir cientos de lunas, observando en la distancia decenas de presencias humanas internarse en el bosque, pero jamás conseguí llegar a ellos. Sus corazones parecían presos de sentimientos egoístas, buscaban mermar la fauna de mi templo sin contemplaciones pero tú... Tú eres diferente. Tú puedes verme. Tú quisiste verme."

    La luna llena brillaba con fuerza sobre el manto nocturno cuando la voz sintió una ligera turbación. Se removió, inquieta, girándose hacia su espalda a pesar de que aparentemente no había nadie. Ambos guardaron silencio, con una presión premonitoria silenciando sus voces. De repente, un poderoso destello estalló entre los árboles, no demasiado lejos de las ruinas nevadas, y con él un profundo rugido removió las hojas en una onda expansiva inquietante.

    La voz le devolvió a la realidad, aterrada.

    "Alguien... lo ha hecho"



    Nikolah no tuvo tiempo de responder. El bosque parecía reaccionar ante el estallido a una velocidad abrumadora y sus pokémon, presos de un terrible pánico, se removían entre la maleza con movimientos erráticos y descontrolados. Alguien había osado perturbar la paz del bosque, y debían recuperarla a toda costa. Podía escucharlos susurrar, buscando al causante de sus males.

    Querían... eliminarlo. Quizás, para siempre.

    La figura de la mujer volvió a surgir como un destello y comenzó a girar alrededor de su cuerpo, presa del pánico. Le estaba instante a seguirla, a regresar sobre sus pasos e internarse en el bosque. Era la única forma; quedarse en él ya no era una opción.

    "El bosque cree que eres una amenaza", escuchó la explicación de cerca. "Debes salir de aquí cuanto antes. No hay tiempo que perder"

    Al chico no le quedó más remedio que seguir sus pasos, que cada vez se tornaban más acelerados, incapaz de quedarse atrás. Echó un último vistazo al símbolo sobre el altar, y finalmente dio media vuelta.

    Aún no era el momento de ayudarla.





    Mientras tanto, la patrulla del bosque había iniciado su recorrido entre la maleza, las luces de las linternas guiando sus pasos. Se mantuvieron juntos en todo momento, buscando asegurar su protección y brindarse algo de calor mutuo en mitad de la noche.

    —Es extraño —divagó Amak, el líder del grupo, rompiendo el silencio del grupo—. Mi hermano ha pasado su vida en este bosque, no es propio de él perderse de esa forma.

    —Recuerda que hoy hay luna azul —le señaló uno de sus hombres, con la mirada puesta en el frente—. Habrá decidido desviarse del camino para evitar varios nidos de pokémon. Sin la mayor parte de su equipo no podría enfrentarse a una horda potenciada de esa forma.

    El mayor gruñó, descontento con la idea. Pero no veía otra lógica que no fuera esa. Su esposa estaba enferma, y necesitaba ayuda urgente. No regresaría sin la flor, aunque le costase la vida en el proceso.

    En ese momento, el estallido de luz en la distancia y el posterior rugido les paralizó en el lugar. Los pokémon del bosque comenzaron a volverse agresivos, notando la presencia intrusiva del grupo de hombres, y Amak apretó la linterna con fuerza, sus ojos fijos en donde habían contemplado el destello.

    Las hojas crujieron a sus espaldas, y esa fue la señal que necesitó para alzar la voz.

    —¡Corred! ¡No os separéis de mí! —gritó, acelerando sus pasos junto al resto de sus hombres—. ¡El bosque va a volverse inhóspito de ahora en adelante, así que tened una pokéball en mano en todo momento!

    ¿Una... pokéball? ¿Podían usar a sus pokémon en aquel lugar? ¿O es que Amak conocía una alternativa? En cualquier caso, no había tiempo que perder.

    Debían encontrar a Nikolah... antes de que los encontrasen a ellos primero.

    Muy bien, empieza la acción. Ambos grupos tendréis dos listas de avance diferentes entre sí, uno para Nikolah (con mayor dificultad) y otro para Dante y Cay. La lista saldrá en blanco de momento, así que no podréis saber sus amenazas. Tenéis que realizar 8 posts, pero no se tratarán de combates per se.

    Cuando os salga una amenaza, esta vendrá de la mano de una única tirada de dado. Las amenazas débiles tendrán uno de 30 caras; las fuertes, de 60. Dante y Cay contarán con un pokémon a su elección, cuyo dado propio será de 40. Nikolah, en su lugar, tendrá la ayuda del destello, cuyo dado será de 50. ¿Para qué sirven estos? Los dados de los pokémon salvajes son los de ataque: los vuestros, de defensa.

    Vuestra misión es llegar al final del tramo y encontrarse sin que vuestro medidor (100/100) llegue a 0. Si esto sucede, os habrán congelado y estaréis fuera de juego hasta que alguien más os encuentre. Os daré un ejemplo:

    Cayden se encuentra con un Jynx. Lanzo dado, y sale 40. Él lanza uno y sale 20. Cayden pierde 20 de vida, se quedaría en 80/100. Con eso, sigue tirando el siguiente post de avance, y así hasta alcanzar los 8. Podéis encontrar sorpresas buenas o malas, que os curen u os mermen. Eso ya depende de vuestra suerte.

    Buena suerte, y ojalá nadie se me muera en el camino

    Lista de Nikolah [8 post para llegar al final]
    1.- ???
    2.- ???
    3.- ???
    4.- ???
    5.- ???
    6.- ???
    7. ???
    8.- ???
    9.- ???
    10.- ???

    Lista de Cayden y Dante [8 post para llegar al final]
    1.- ???
    2.- ???
    3.- ???
    4.- ???
    5.- ???
    6.- ???
    7. ???
    8.- ???
    9.- ???
    10.- ???
     
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