—¡Ey, Liza! —grité, viendo la figura de la entrenadora un poco más adelante. En efecto, unos escalones más arriba, se encontraba nada menos que Liza White y su Glaceon. No sabía que había sido convocada por Ian también, pero tenía sentido, pues se conocían hace bastante tiempo por lo que tenía entendido. En cualquier caso, alcé la mano para saludar a la muchacha. —¡Ian y los demás ya están arriba! ¡Tenemos que alcanzarlos pronto! —expresé, sin dejar de avanzar. [5/10]
Eventualmente, mis piernas comenzaron a cansarse… habíamos corrido por todo el sendero arcoiris y hasta aquí, en ascenso, lo cual cansaba más todavía. Necesitaba un pequeño descanso de tanto correr. Fue una pausa breve y continué subiendo. Jolteon también parecía cansado, por lo que le regresé a su pokebola. No había razón por la que tenía que agotarse en esta subida que parecía nunca terminar. [6/10]
—Creo que ya veo más cercano el final, falta poco. —exclamé algo agitada al no haber cesado la carrera en ningún momento, y Glaceon mostraba tener signos de cansancio de igual forma. —Tranquila, en cuanto lleguemos podrás des... ¡Ey, Liza! ¡Ian y los demás ya están arriba! ¡Tenemos que alcanzarlos pronto! —¡Effy! —la saludé, sonriendo pese al jadeo constante, pero sin frenar. —Menos mal, pensaba que era la única que no había llegado arriba. ¡Vamos! [5/10]
Salté los peldaños de dos en dos para finalmente llegar a la altura de Liza. Le devolví la sonrisa y ambas continuamos avanzando; no había tiempo que perder, los muchachos se habían adelantado mucho ya. El lugar parecía ser más bizarro a cada paso que avanzábamos… algo andaba mal, muy mal con este lugar. La pregunta era, ¿qué rayos sucedía? [7/10]
En un momento determinado, cuando casi no podía continuar por la falta del aire, Glaceon me avisó de algo. Frené lentamente y observé donde ella apuntaba, curiosa, para hallar un par de escaleras atrás un Quilladin. Parecía observar mis movimientos con cautela, y si lo que me decía la tipo hielo era verdad, llevaba un rato detrás de nosotras. ¿Querría algo? —Ey, ¿te pasa algo...? —solo fue dirigirle la palabra y huyó rápidamente escaleras abajo. Me quedé mirando por donde se fue sin entender y me encogí de hombros mirando a Glaceon. —Será tímido. En fin, en marcha. [6/10]
Liza se detuvo un momento a ver algo que llamó la atención de su Glaceon. Volteé para ver de que se trataba, aunque a diferencia de ella no me detuve. Parecía ser uno de los pokémon salvajes que habitaban la torre, pero a diferencia de aquel agresivo Frogadier no expresó intenciones violentas. Es más, de hecho, se alejó en cuanto fue descubierto por la entrenadora del Glaceon. Dejé escapar un pequeño suspiro… al parecer no era nada entonces. Uno no sabía que podía encontrarse en este lugar. Liza reanudó la marcha, y yo continué subiendo al igual que ella… la cúspide no se encontraba mucho más lejos. [8/10]
Effy ya estaba un par de escalones más arriba dado a que me había entretenido con aquel pokémon tan extraño, así que no me quedó otra que volver a reanudar la marcha algo más rápida como anteriormente, con Glaceon siempre detrás de mí por si acaso. Ya quedaba menos, y tenía mucho interés por saber cómo les estaba yendo a los demás allí arriba. [7/10]
Vamos… ya faltaba muy poco… tan sólo unos pocos escalones más y… Me frené en seco. Ya se podía ver la cúspide de la torre, al final de los escalones, pero algo no iba bien. Le estructura no sólo era inestable… era como si se estuviese moviendo. Las paredes se movían, no era una ilusión ni un truco de mi mente, realmente se estaban moviendo, era como algo sacado de una película de ciencia ficción. ¿Qué rayos estaba sucediendo en este lugar? [9/10]
Vaya, mirando hacia abajo cualquiera con vértigo lo pasaría bastante mal, pues habíamos subido a una altura considerable. Extrañamente a medida que subíamos las cosas parecían aún más raras de lo que ya habíamos podido comprobar, y una ligera corriente comenzaba a mover el cabello de ambas. Tomé a Glaceon en brazos por si acaso, pues aquello me daba mala espina, y continuamos el recorrido. ¿Por unos momentos me pareció ver las paredes moverse? No, no era mi imaginación. Y Effy también se había dado cuenta de ello. [8/10]
Regresé a la realidad tras un instante de quedarme pasmada mirando el lugar. No era momento de perder la calma, era momento de avanzar. Salté los últimos tres escalones de un único gran salto y llegué finalmente a la recta final. Tomé aire y suspiré; a fin iba a saber que era lo que sucedía allí. Avancé y me encontré con una imágen inesperada. Hubert, Chad e Ian ya se encontraban al fondo de la sala, y llegué junto a ellos apurando el paso, con un poco de miedo de que el inestable suelo me tragase como si fuese arena movediza, pero afortunadamente ese no fue el caso. Ahora sólo restaba que Liza llegara… [10/10]
—Glaceon... —un simple toque de la pequeña me hizo desviar la vista de la cúspide por unos momentos lo suficiente para poder comprobar que, efectivamente, mis sospechas eran ciertas: aquel Quilladin sí que nos estaba siguiendo. Lo observé pararse en cuanto posé mi vista en él, como si de un resorte se tratase. Parecía... ¿temblar? ¿Estaba... estaba asustado? Detuve la marcha, dejando que Effy se adelantara y llegase finalmente a la cima, asegurándole que llegaría en seguida y Glaceon bajó de mis brazos para observar al pokémon con curiosidad. Quilladin no nos quitaba la vista de encima, como si no se fiase de lo que fuéramos a hacer. Aún así dejé que Glaceon se acercase con cuidado y tratase de calmarlo, solo para intentar ver qué pasaba. Al principio dio un par de pasos atrás, desconfiado, pero finalmente aceptó hablar con la desconocida, con cierta timidez. Según lo que pude entender de lo que Glaceon me contaba (cosa que era algo difícil pero me quedo más o menos claro) era que el grupo de Quilladin con el que se juntaba siempre le tachaban de cobarde y débil, haciéndole pasarlo mal. Y en un arranque de valentía les dijo a todos que demostraría su fuerza tratando de parar lo que sea que estaba alterando la paz de estos pokémon... Y claro, ahora ya en frío, quería echarse atrás al ver que no podía hacerlo, pero ya no había vuelta atrás. Sonreí ligeramente y me arrodillé a su lado tratando de generarle confianza. —¿Y si te vienes con nosotros? —propuse con emoción. —Prometo volverte fuerte y así podrás alardear de una vez por todas ante los demás. Yo sé que tu no eres débil. —Quilladin, con los ojos vidriosos, asintió repetidas veces y directamente se introdujo en una de las balls vacías. Me levanté de nuevo y observé la pokéball en silencio; ahora teníamos a un nuevo amigo en el equipo. —Démonos prisa Glaceon, ya deben de estar todos arriba. —asintió, y comenzamos a correr hacia la cima. [9/10]
—Al fin, parecía que nunca íbamos a... ¿Qué...? Había imaginado muchas cosas a lo largo del camino hacia la cima pero esta, definitivamente, no me la habría llegado a imaginar nunca. Glaceon volvió por seguridad a su pokéball y avancé hacia el resto con la cabeza dándome vueltas: todo en este sitio parecía ser una ilusión constante, pero lo que me preocupaba era aquel vórtice de allí delante. Me situé al lado de los demás entrenadores, confundida. —Ya estamos todos, ¿ahora qué? [10/10]
Ian llegó a lo más alto casi al mismo tiempo que yo, y Chad nos alcanzó instantes después para ser, junto con nosotros, testigo de un fenómeno tan terrible como fascinante. Los muros que nos rodeaban se movían, se retorcían, esbozaban formas grotescas; el techo, que desde la parte baja de las escaleras no parecía ser muy elevado, ahora se encontraba muchos kilómetros sobre nuestras cabezas, era casi imposible divisarlo en las alturas. Intercambié una mirada con los entrenadores. Vi en sus ojos lo mismo que pensaba yo: debíamos continuar avanzando. Ian de seguro sabría qué estaba pasando, pero no tenía palabras con las que hacerle la pregunta. Los cabellos de mi nuca se habían erizado. Regresé a mis pokémon a sus esféricos, por seguridad, y avanzamos. Llegamos a lo que parecía ser el fondo de la sala. Fue allí cuando la vi, a una joven pelirroja envuelta en una bata blanca. Se hallaba junto a una espiral que, descubrí no sin cierto horror, estaba absorbiendo el mundo en el que nos encontrábamos parados. Era cuestión de minutos que todos termináramos allí… Al principio no entendí cuando la chica nos pidió que pusiéramos sobre aquellos pedestales a nuestros pokémon espejismo. Entonces recordé el tipo de pokémon que habitaban aquí: todos eran de Kalos. Y Goodra venía de allí. Tal vez ella podría ser de ayuda. Pero algo me decía que no podía confiar en aquella mujer… Mas, entre morir absorbido por la espiral o confiar en ella, me quedaba con la segunda opción. Corrí hasta uno de los pedestales y coloqué allí la pokébola de Goodra. Miré a mis amigos: Effy y Liza acababan de llegar. —¡Apresúrense! —animé— ¡Estamos en un terrible peligro! Contenido oculto
Mi vista se fijó de inmediato en aquella cabellera de fuego ondulante, por lo que el entorno que nos rodeaba a mí y a mis acompañantes me pasó bastante desapercibido. De todos modos, cuando ella comenzó a hablar le escuché con toda la atención posible. El sudor en su frente y su tono quebrado evidenciaban bastante angustia, algo lógico si analizabas la situación en la que se encontraba. Sin embargo, sabía (muy a mi pesar) que no podía fiarme de Iota. Aquello podría tratarse muy bien de una trampa; claro que, en realidad, aquello poco me importaba. Si realmente se trataba de una trampa, bastaba con hacerla venirse abajo y ya. Lo que importaba era que al fin estaba con mi amada. Caminé lentamente hacía los pedestales, más al pasar al lado de mi querida Iota, me embargaron unas ansias inmensurables de acortar la distancia entre nosotros, atrapando su torso entre mis brazos, en un cálido abrazo. Aquella figura extravagante de sensuales formas y cuya mirada fría contrastaba con su roja cabellera me hacía perder mi poca cordura. Aún así, sabía bien que aquel no era el momento indicado para aquello, pues aparte de que nuestras vidas peligraban, había público. Aquel beso que deseaba darle con toda mi alma tendría que esperar. Recorrí con lentitud el pequeño tramo que me separaba de los pedestales, y, aún con mayor lentitud, dejé la pokeball de mi viejo Chespin en uno de ellos. —Esto luce bastante mal —exclamé, por fin, mirando los muros, techo y suelo de la habitación donde nos encontrábamos. Aunque una parte de mí no quería pensar en eso, la verdad es que la idea de que todo esto fuese una trampa tendida por Iota ganaba mucha más fuerza en mi mente. Aún así, no pude evitar contemplarla una vez más. Contenido oculto: ToT
"¡Apresúrense! ¡Estamos en un terrible peligro!" Las palabras apuradas de Hubert me sacaron del pequeño trance en el que me había visto en vuelta desde que llegué a aquella sala. Había depositado una pokéball en el pedestal, seguido de Ian por petición de aquella extraña chica; el vórtice que trataba de subcionarla me decía que aquella no era ninguna clase de broma, esto iba en serio. "¡Por favor, los pokémon! Necesito los pokémon espejismo, ¡o no podré cerrar el vórtice!" Si no recordaba mal, los pokémon espejismo eran los originarios de Kalos. Un pokémon de Kalos... Yo tenía en mi equipo dos, ¿a quién iba a escoger para dejarlo a manos de aquella desconocida, que posiblemente podría no ser de fiar? Me mordí el labio inferior sin saber qué hacer, con el miedo recorriendo todo mi cuerpo. —No me queda otra opción... —murmuré, tomando una pokéball en particular mientras avanzaba, vacilante, hacia el pedestal de antes. Acaricié la superficie de la bola con la yema de mi dedo, casi como una caricia, y la observé por última vez, dejándola junto a las otras dos balls irremediablemente. Volví a alejarme por seguridad propia y miré con impotencia cómo dejaba a Braixen a manos de la mujer. Solo esperaba que... todo fuera bien. Contenido oculto
¿Aquella muchacha era "el tipo malo" al que debíamos patearle el trasero? Confundido escuché lo que la pelirroja nos quería decir. De alguna manera, parecía ser la causante de las anomalías de la torre y quería que le diésemos nuestros pokémon para cerrar aquel vórtice que amenazaba con tragarse nuestro mundo si no se cerraba a tiempo. Me puse tenso. No conocía a la chica de nada y no sabía si podía confiarle mis pokémon a una total desconocida, que además había ocasionado todo aquello. Me volví y pude ver que Tyranitar, Floatzel y Fósforo me miraban en silencio. Luego bajé la vista y me encontré con la mirada de Flare, mi Fennekin. —Lamento mucho haber causado todo esto… por favor, permitidme arreglarlo… o los espejismos tragarán nuestro mundo...—dijo la chica con ojos llorosos y la voz quebrada. Sentí pena por ella. Vi como los demás se acercaban al pedestal con un semblante de preocupación en el rostro y depositaban en él sus pokéballs. Yo no pude digerir todo tan rápido, aún no me me decidía. —Todo saldrá bien...—aseguré finalmente, acariciando la oreja de Flare. La pokémon recibió la caricia gustosa y me ofreció una sonrisa, la cual devolví con algo de dificultad. La luz roja de la pokéball envolvió a Flare y ésta quedó sellada dentro de la esfera. Caminé hasta el pedestal y puse su ball al lado de las demás. No era momento de ser egoístas, el mundo peligraba. Contenido oculto: Flare
—¡Apresúrense! ¡Estamos en un terrible peligro! Ante las palabras de Hubert, me volteé a verlo, y al hacerlo noté por primera vez a aquella pelirroja frente a aquella maquina junto al portal. Me parecía vagamente familiar… y ahora que la miraba fijo, sabía por qué. ¡Era la científica Iota! ¡Era un miembro del Equipo Gamma! Recordaba ahora con claridad haberme enfrentado con ella en el pantano cuando éste cambió radicalmente… en ese entonces, ella había llamado al pantano parte del mundo espejismo, pero yo no le había dado mucha vuelta a un asunto que no comprendía. Pero ahora comenzaba a cobrar sentido; el cambio de la torre era lo mismo que había sucedido en el pantano, pero esta vez parecía que algo había salido terriblemente mal. —Por favor, los pokémon! Necesito los pokémon espejismo, ¡o no podré cerrar el vórtice! Lamento mucho haber causado todo esto… por favor, permitidme arreglarlo… o los espejismos tragarán nuestro mundo. Aquella mujer, ¿acaso era la misma llena de confianza que había enfrentado en el pantano? No parecía la misma, era como si… parecía genuinamente lamentar sus acciones. Titubeo al verla tan desesperada y al borde del llanto, pero no se me pasó la forma en que Ian miró a la científica Gamma. Chad, Liza, Hubert e Ian dejaron sus pokebolas conteniendo a sus pokémon de Kalos, sólo faltaba yo, que seguía preguntándome si podía confiar en alguien como ella… y mi mirada finalmente se detuvo en Hubert. Nuestras miradas se cruzaron por un breve momento. No sabía si era que confiaba en Iota o temía por nuestras vidas y quería cerrar el vórtice a como diera lugar, pero él había confiado su querida Goodra, lo cual no era un hecho menor. Él asintió con la cabeza y yo me volví a los pedestales. Tal vez no confiaba en Iota, pero sí confiaba en Hubert, en Chad, en Ian, en Liza… sabía que siempre podía confiar en ellos. Deposité la pokebola de Florges, esta vez sin un momento de titubeo. Contenido oculto
Contenido oculto @juanjomaster, a partir de este punto, tendrás que tomar varias decisiones de vez en cuando. Es importante que sepas que de las decisiones que elijas y del resultado de tus batallas dependerá el destino de Iota, existiendo hasta 4 posibles finales para su futuro… elige bien xD Cuando las cinco balls estuvieron sobre los pedestales, el vórtice, en lugar de cerrarse, comenzó a agrandarse. El llanto de Iota pronto se desvaneció tan pronto como surgió. —Genial. Sabía que seríais tan tontos como para colaborar. ¡El corazón del mundo espejismo se abrirá ante mí! —dijo, como precedente a una risa maniática. El vórtice empezaba, con gran lentitud, a girar y girar, haciéndose más grande a cada minuto. Iota lo contempló fascinada. Luego, dio media vuelta y miró a los chicos. Se fijó especialmente en el gesto de fascinación de Ian, que la miraba con un rostro… complicado de definir. Le señaló con el dedo. —No quiero que ni tú ni nadie interfiráis. El vórtice estará listo en 15 minutos. Sentaos y esperad, contemplaréis algo único. ¡Y todo gracias a vosotros! —una nueva risa maniática emanó de sus labios. El pelo rojizo se revolvía como el fuego, atraído por el vórtice. Chasqueó los dedos—. Salid. Ocupaos de que estos chicos no molesten. De entre las sombras, los dos ninjas del equipo Gamma aparecieron. Dseta y Sigma, con sus pelos blanquecinos y ropajes negros, miraron a los chicos desde detrás. —Como ordene, señora —dijo Dseta, agarrando su ball en posición de batalla. Sigma le imitó. —Venid a nosotros, perdedores —espetó la ninja, mostrando en sus ojos un singular brillo. Había poco tiempo. Muy poco tiempo. ¿Qué harían los holders? Contenido oculto Aquí, dos de vosotros, los primeros que lleguéis, debéis enfrentaros a Dseta y Sigma en un cooperativo, y, si ganais, recibiréis más premio, claro. En cuanto a Ian, debe elegir: A) Enfrentarse a Iota. B) Dejar en paz a Iota y esperar Las batallas tendrán un límite de 30 turnos para terminar, pasados los cuales, acabarán sí o sí. 30 turnos equivalen a 15 turnos vuestros y 15 de vuestros rivales; pelead con cuidado
Contenido oculto Iota eres toda una bitch :O (?) Pregunta: ¿puedo usar a Florges, en caso de necesitarla, en este cooperativo? ¿O resulta imposible porque está en ese pedestal? Y segunda pregunta, ¿quién empieza sacando pokémon? ¿Nosotros o los ninjas Gamma? *reza para que sea lo segundo* Quien sea que hubiese dicho que la gente podía cambiar al parecer no estaba en lo correcto. Iota dejó ver su verdadera naturaleza en cuanto logró completar sus planes; al igual que Ómicron, ella también había sucumbido ante su sed de poder, y ahora se disponía a intentar no sólo destruirnos a nosotros, sino a todo nuestro mundo. Di un paso adelante, pokebola en mano, y me posicioné para enfrentarme a aquellos miembros del equipo Gamma que se habían materializado de la nada. No pensábamos darnos por vencidos; era hora de la batalla.
Contenido oculto Empiezan los ninjas; en cuanto esteis los dos users, sacarán pokémon. Y no, no puedes usar a Florges ni a ningún pokémon del pedestal.