Antes de empezar, me gustaría mandar un enorme saludo a mis queridas Marina y Sacnite, mil disculpas por el retraso, el trabajo me ha tenido encadenada este mes, gracias a Dios todo acabó por fin, regresé!!!! Espero que les agrade el capítulo de hoy. CAPÍTULO 7: Dicen, que cuando alguien te decepciona algo dentro de ti cambia definitiva e irrevocablemente. Ese día pude sentir como aquellas palabras cobraban sentido. Las palabras de Marina se enclavaron en mi pecho como finos cristales afilados dispuestos a destrozarme el alma. Mi cabeza parecía expandirse y oprimirme el razonamiento hasta un nivel absolutamente insoportable. Las lágrimas que nacían en mis ojos quemaban mis mejillas mientras el resto de mi cuerpo sucumbía ante una brisa helada que me congeló de pies a cabeza. No podía pronunciar palabra, ni siquiera aceptaba el hecho de que lo que ella dijera fuera cierto, tal vez era una broma, sí, eso debía ser. — ¿A qué estás jugando?— dije finalmente forzando mi voz para opacar mi frustración evidente. — …—los ojos de Marina se centraron en mí por largo tiempo, o quizás fue que para mí, su silencio fue una eternidad, en ese punto, quién podría dar una explicación lógica a tan absurda situación— No es broma, Dani... yo, cometí un error, quería decírtelo pero no sabía cómo, el no significo nada para mí, te lo juro, solo fuimos novios dos días, fue una aventura sin sentido, sabes que soy así, si un chico me gusta solo voy y… — ¿Cómo pudiste ocultarme la verdad, cuando yo…? — mi voz comenzaba a quebrarse, si no terminaba con eso, no sé de qué hubiera sido capaz. — Dani, tú no lo amas, él no es alguien a quien pueda amarse, si lo sabré yo, es un niñito de mami, si es que me entiendes, aun así, desde que terminé con él no ha dejado de molestarme y yo… — ¿Y tú? —interrumpí bruscamente imaginando el panorama que se avecinaba— Acaso pensaste en presentármelo con el único afán de liberarte de él. La expresión de su rostro lo decía todo, no solo había jugado con mis sentimientos sino también con los de Joaquín. No podía escucharla más, me levanté y me alejé corriendo lo más rápido que pude en dirección a la parada, mientras, la voz de Marina me perseguía como una tormenta a la que no podía callar. No lo pensé mucho en ese momento, solo quería desaparecer, así que, aun cuando el dinero no era algo que me sobrase, no tomé el autobús escolar y me alejé del lugar en un taxi, el tomar el autobús significaría enfrentar miradas que no necesitaba sobre mí. ¿Qué más me quedaba que seguir con mi vida. Quería tanto a Marina, porque no pudo decirme la verdad. Mi llegad al Instituto fue por decirlo así, algo patético, no sé como pero Janeth se había encargado de compartir con medio curso, el lamentable hecho de sucesos por los que había pasado esa desagradable mañana. — ¡Oh!, pero miren a quién tenemos aquí —canturreó Janeth mientras esbozaba una sonrisa burlona—, la buscanovios fracasada— gritó en medio del salón mientras la risa de todas me encerraba en una interminable rabia, no lo pude resistir, la necesidad de desquitar mi despecho estaba estallando en mi interior con el mismo poderío del infierno. Acercándome a ella con determinación, le estampé mi mano en su siempre impecable rostro maquillado. — Es suficiente —grité con amargura, mi orgullo reclamaba defensa—, ¡por años he aguantado todas tus bromas sin sentido y la verdad estoy cansada! —mis manos y mandíbula tiritaban ante la mirada expectante de todas mis compañeras sobre mí, el eco de la cachetada retumbaba en las esquinas del salón una y otra vez mezclado sórdidamente con los murmullos incrédulos de las presentes. Nadie se movió de su lugar, posiblemente esperaban que el espectáculo continuase. Mi infierno estaba comenzando. Temblando, con la mirada llena de rencor, Janeth me observó fijamente mientras sus pequeñas y pálidas manos frotaban delicadamente su mejilla, ambas lo sabíamos, la guerra había empezado. solo era cuestión de esperar a ver quién asestaría el golpe final. — ¡Señoritas! ¡Buen día, por favor tomen sus asientos que la clase va a comenzar! — Era el maestro de historia, al parecer no había notado la tensión que albergaba el ambiente. — Esto no ha terminado — dijo Janeth mientras se dirigía lentamente hacia su asiento. Yo opté por hacer lo mismo, al menos por ahora, eso era lo sensato, el Instituto “San Benedicto” no era un lugar en el que una joven desease portarse mal, su estricta y premiada disciplina era, sin exagerar, digna de temerse. Al final de la jornada, todas parecían temerme, según comentarios de Jazmín; mi vecina de pupitre, nunca esperaban semejante acto de valentía y determinación de alguien a quién consideraban: un ratón de biblioteca aburrido y sin chiste. — ¡Dani! —gritó Katrina abriéndose paso entre el tumulto de adolescentes ansiosas por salir a la calle y encontrar a sus novios— ¡Espera! —volvió a gritar obligándome a frenar en seco frente a la puerta de salida del colegio. — ¿Qué ocurre? — balbucee con debilidad, no sabía si podía encararla sin romperme a llorar. — Te acompañaré — me contestó con una sonrisa mientras me tomaba de la mano y me obligaba a caminar. — ¿Acompañarme? ¿A dónde? —inquirí preocupada por su actitud, qué ironía, me pregunto quién debía sentirse más preocupada. — ¿Cómo que a dónde? Pues a tu casa, a donde más podríamos ir. — ¿Por qué? — Janeth —pronunció rápidamente con una pizca de rabia en su voz—, esa loca —continuó—. Está planeando darte una paliza en cuanto tenga oportunidad, es una salvaje, no admite su culpabilidad, si no te ha denunciado con las autoridades del colegio es porque sabe que eso solo traerá como consecuencia la expulsión de ambas. — Lo sé —respondí con tranquilidad, intentado calmar un poco sus nervios. — ¡Y lo dices tan calmada! —me gritó severamente a modo de regaño—, si a ti no te interesa tu seguridad, a mí sí, vamos, debemos irnos, ella no tardará en venir y… no quiero imaginar lo que pueda hacernos— masculló con notorio espanto. A veces me sorprendía lo nerviosa que era. — Buuu —gritó una voz a nuestras espaldas provocando que Katrina pegará el grito al cielo muerta de la impresión. — Dimitri —articulé con dificultad al verlo sonriendo mientras depositaba su mano sobre mi hombre, apenas podía creer que ese loco haya decidido ir a verme al colegio — ¿Cómo eres malo? Casi matas a mi amiga. — Lo lamento, mis disculpas señorita, no era mi intención asustarla —se justificó Dimitri, al parecer su broma se le había salido de las manos, Katrina estaba tan asustada que juraría que no faltaba mucho para que ella empezara a golpear a Dimitri con su mochila. — ¡Daniela! —fue su única respuesta, y yo que esperaba paliza…—, ¿Quién es este loco? — Perdónalo Katt, solo es un pobre loco que escapó hace unos días del sanatorio —La mirada de Katrina parecía querer ahorcarme, al parecer no entendió mi broma, ahora había sido yo quién había metido la pata—. Es una broma, venga, cálmate, él es Dimitri, un muy querido amigo de la infancia. — Un placer —saludó Dimitri ofreciéndole la mano, obviamente necesitaba reparar su primera mala impresión a como diera lugar. Katrina por su parte solo se limitó a contestar el saludo y mirarlo de reojo, su desconfianza se volvía extrema en algunas ocasiones. — Y dime, mi querido Dimitri ¿Qué te trae por aquí? —si no cambiaba el ritmo de la situación, Katrina terminaría por llamar a la policía y enviar a Dimitri a la cárcel. — Es verdad, casi se me olvidaba, pues bien, aprovechando que este viernes tendrán vacaciones, me gustaría invitarlas a acampar en las montañas, ¿recuerdas Daniela, como en los viejos tiempos? ¿Qué dices? Viejos tiempos… vaya acaso eramos tan viejos... Después de un día terrible, no sabía si era eso lo que necesitaba pero, definitivamente quería ir, extrañaba tanto el aroma del bosque húmedo, las carreras por el verde prado, las moras frescas, los juegos infantiles de Dimitri… — Y por qué no, vamos— dije finalmente tras pensarlo un poco. — ¡Genial! —gritó Dimitri dando pequeños saltos por el lugar—. Ya verás cómo nos vamos a divertir. Y tú que dices Katrina ¿Vienes? — Claro —contestó Katrina con un amplia sonrisa dibujada en su blanco rostro, extraño pero cierto, su actitud había cambiado, lucía totalmente entusiasta y no apartaba su mirada de Dimitri ni por un segundo ¿Acaso había cambiado de dimensión? Qué más daba, quizás había enloquecido y nada era lo que parecía, como sea, solo me queda disfrutar de la aventura. — ¿Y a donde iremos? —cuestioné un tanto divertida mientras veía a Dimitri saltar como uno de aquellos conejos que ambos solíamos corretear cuando éramos pequeños. — Sabía que lo preguntarías —contestó en tono misterioso mientras nos rodeaba con sus brazos acercándonos hacia él— Iremos… ¡a la hacienda del diablo! ¡Qué les parece! La mirada de Katrina cambió nuevamente, su rostro empalideció súbitamente y su mirada se nubló, dos segundos después se había desmayado. La noticia de Dimitri le cayó peor de lo que ninguno hubiera podido imaginar, que desgracia, afortunadamente aún estaba abierta la enfermería del colegio así que, sin perder más tiempo Dimitri tomó a Katrina entre sus brazos y me ayudó a llevarla hacia allá. Al verlo así, no pude evitar notar lo fuerte que era, no solo físicamente sino también moralmente, siempre lo había sido, si no hubiera sido por él seguramente hubiera enloquecido hace mucho tiempo. Lo supe desde hace años, él era mi héroe pero, si se lo decía, seguramente se reiría en mi cara o creería que se me había soltado una tuerca. Tras una larga espera, Katrina finalmente despertó, al parecer se le había bajado el azúcar, el culpable: Dimitri. Y pensar que aún no habíamos emprendido el viaje…
Qué bueno que pudiste actualizar, Shassel. Me alegra verte XD. Ay, qué triste como resultó el asunto de Marina. Ella engañó por omisión a Dani, así que es razonable que Dani actuara así, dolida más que nada y Marina, ¿de verdad solo por eso quería ayudarla a conseguirse a Joaquín? ¿Sólo para quitárselo de encima? Wow, qué desagradable, aunque le daré el beneficio de la duda. Lo que ahora me pregunto es si podrán arreglar su amistad y en cuanto a Katrina, me enterneció la manera de como quiso proteger a su mejor amiga de Janeth, la que sin duda sí se mereció esa bofetada. No es justo que sea tan antipática con Dani y espero que eso no le traiga consecuencias malas. Vaya, veo que Dimitri ha impactado sobremanera a Kat, pero... no sé. Siento que Dimitri es más que héroe para Dani, pero será cuestión de seguir leyendo, así que espero el próximo capítulo. También quiero ir a ese campamento y el nombre de "la hacienda del diablo" me intriga. ¿Qué les espera ahí? Nos vemos XD
Hola a todas, perdón por la demora, el trabajo me ha atrapado una vez más. Marina, querida, mil gracias por tu lindo comentario de siempre, me alegra ver que aun te agrada mi humilde historia, gracias por el apoyo. Y, revelando el misterio de la hacienda del diablo, aquí les dejó este corto capítulo. Espero que lo disfruten. CAPÍTULO 8: — ¡Te prohíbo ir a ese lugar Daniela! — me gritó Katrina levantándose súbitamente de la camilla de la enfermería, si no hubiera sido por que Dimitri me sostuvo por la espalda, hubiera terminado tumbada sobre el suelo—. ¡Ese lugar está maldito Daniela! Acaso están locos, no han oído las leyendas! — ¿Leyendas? —respondí incrédula, no podía evitar querer soltar una carcajada— Katt, son solo cuentos que inventó la gente en una época en la que no había televisión, ¿Cómo puedes creer en ellas?—Mi lógica de la vida me obligaba a ignorarla hasta el punto de ya ni siquiera objetar, como podía creer ella en tales relatos. Leyendas, demonios, vaya tontería, como podía creerle cuando había pasado mi vida recorriendo los límites de la "hacienda maldita". — No son solo leyendas Dan, no lo son…—su voz palideció a un nivel que jamás había notado antes en ella. Su frente estaba empezado a brillar por el sudor que caía de su dorado cabello, en verdad estaba comenzando a asustarme. — ¡Señorita! —gruñó la enfermera dirigiéndose a mí— ¡le voy a pedir que se retire, la paciente necesita tranquilidad y usted solo la está alterando! — ¡Dan! —volvió a decirme Katrina mientras estiraba su mano en dirección mía—. No vayas—susurró débilmente antes de volver a perder la conciencia. Con la cara roja de rabia, la enfermera se limitó a echarnos a Dimitri y a mí de la enfermería, al parecer, mis comentarios habían sido más que irritantes para su gusto. Nos miraba de manera curiosa y reprobatoria, a sus ojos éramos dos criminales del más bajo calibre. — ¡Están locos! —nos gritó irritada. Su rostro parecía haber perdido color y sus pupilas estaban dilatadas. Parecía un fantasma— ¡Solo un enfermó o un total idiota sería capaz de cruzar el sendero del diablo y adentrarse en sus dominios! —Fue todo lo que alcanzó a espetar antes de golpearnos las narices con la fría hoja de la puerta metálica. Si bien, su trato fue demasiado rudo para mi gusto, la frialdad y seriedad de sus palabras lo fue aún más. — Creo que será mejor irnos —susurró Dimitri mientras me tomaba de las manos y me obligaba a caminar. Mi cuerpo estaba tan rígido que mis pasos lucían mecanizados, mi mandíbula permanecía apretada y solo porque Dimitri empezó a masajear mis manos, pude darme cuenta que estás permanecían herméticamente cerradas en un puño— ¿Qué ocurre? —cuestionó con tristeza evidente, tanto él como yo pensábamos lo mismo. La hacienda del diablo… -------------------------------------- Cuenta la leyenda que en años de la colonización, un lord español decidió abandonar todo rasgo de civilización y establecer su dominio en lo más profundo de los bosques. Protegido por una portentosa fortuna y una buena legión de esclavos, desbocó el resto de sus días en la construcción de una elegante hacienda oculta entre lo más espeso de las montañas y los bosques. Nadie parecía entenderlo, ya que, pese a las críticas y la desaprobación, el lord estableció su vida sin volver a la civilización nunca más desde ese entonces. Su vida de volvió un misterio creciente y la gente amaba especular. Con el tiempo, la gente liberó el rumor de que el lord, abandonado a la soledad, se sumergió en la práctica de oscuros ritos prohibidos. Mas, como el pueblo mismo afirma, nadie nunca llegó a conocer la verdad. El único testigo de los actos de lord era un viejo sirviente llamado Esteban el cual, aproximadamente cada 6 meses, solía llegar al pueblo en la búsqueda de nuevos sirvientes para el lord. Al principio, a nadie le pareció extraño que, con una hacienda tan grande, el lord necesitase más siervos pero, nadie pudo evitar sentir terror cuando, tras 5 años de trabajo, ninguno de los siervos volvió a ser visto por ninguna persona del poblado. Muchos familiares desesperados corrieron a la hacienda del lord en busca de respuesta pero, nadie volvía. Era como si la hacienda devorase a todo aquel que se acercase a sus límites. Árboles, animales, viento, luz… todo era absorbido por el aura de aquel lugar. Y fue así que nació la leyenda del lord del infierno y su eterna morada. Nadie pudo jamás destruirla, las llamas no podían tocarla y el tiempo solo parecía fortalecerla más. Con el tiempo, el bosque fue denominado como un lugar prohibido y maldito en el que solo un alma desesperada se aventuraría. Tras 50 años de olvido e historias a medio aclarar, la hacienda del diablo quedó en el olvido hasta que, Francisco, un arriesgado joven del barrio “El Pedregal” decidió, junto a un grupo de amigos, arriesgar el alma y develar el misterio de la hacienda. Nadie supo mucho de su expedición. Nadie quería siquiera averiguar algo. Tras 4 días de travesía, Francisco volvió al pueblo de la manera más macabra que persona alguna haya podido siquiera imaginar, totalmente bañado en sangre, Francisco corrió por las calles del barrio hasta llegar a la antigua iglesia de San Clementino donde, acurrucándose frente al altar, pasó el resto de sus días suplicando el perdón de su alma. “Dinero, sangre, huesos…” fue lo único que alcanzó a decir antes de entregar su vida a la misericordia del altísimo. Lo único que dejó como legado de la historia de su desventura fue una antigua moneda de oro que, el propio Francisco depositó en manos del párroco antes de morir. Una fortuna oculta por la sangre del diablo, mil almas penando el precio de su ambición por toda la eternidad...
¡Oh, que sorpresa me he llevado! Por la impresión de Katrina e incluso de la enfermera, me queda claro que la hacienda del diablo es un lugar maldito. El giro que ha dado la historia promete mucha aventura y misterio. La pregunta es: ¿van a ir a pesar de la advertencia de su mejor amiga? Y Dimitri, ¿por qué quiere ir a ese lugar aparte de la aventura? ¿A escuchado del tesoro? La descripción que has dado de como ese lord formó la hacienda, fue estupenda. Me hizo imaginar una y cien formas de cómo desaparecieron esos trabajadores. De qué manera murieron, aunque claro, pensé en las torturas menos horribles. No me gustan estas y se me escalofría la piel de solo pensarlas xD, y por supuesto, me he quedado muy intrigada por lo que le sucedió a Francisco, detallando que perdió a sus amigos en esa odisea. Esto va de interesante a interesante. Espero la continuación. Abrazos.
Antes de empezar, un abrazo enorme para ti mi querida Marina, tu apoyo me ayuda a continuar. Un abrazo, espero que disfrutes este capítulo lleno de recuerdos y confesiones extrañas. CAPÍTULO 9: Teníamos 8 años, aún lo recuerdo perfectamente… nuestro viaje de expedición había durado más de lo habitual y dado el clima, decidimos descansar hasta que la lluvia remitiese. Era invierno en ese entonces, la lluvia era implacable pero al abrigo de la copa de los pinos todo era agradable. Acurrucados bajo la frondosa copa de un pino, ambos nos detuvimos a contarnos las mil y una ocurrencias y leyendas que solían contarnos nuestros abuelos durante los días de lluvia. Esa era nuestra tradición, nuestro pasatiempo más preciado: coleccionar cuentos y leyendas. Entre leyenda y leyenda, la lluvia fue cesando, el momento de la diversión había regresado así que, al notar que la corriente del río había remitido, Dimitri y yo optamos por cazar algunas lagartijas a su orilla. Cazar lagartijas era sencillo, liberarlas, no. Por más que lo quisiéramos nosotros no podíamos encerrarlas, no hubiese sido justo. Quién podría ser capaz de capturar algo tan bello. Verlas correr, juguetear y desaparecer entre las rocas siempre nos causaba un extraño confort que nos obligaba a volver y repetir nuestra sagrada rutina día con día, nada era más perfecto que observar sus correteos, reír y volver a casa satisfechos con nuestro pequeño deporte. Si mi madre hubiera visto lo que hacíamos, seguro ahora estaría en un colegio militar al igual que Dimitri. “Qué barbaridad” ya me parecía estarla escuchando: “Daniela, como puedes portarte así, eres una niña, no un chiquillo” Como cada día desde que teníamos 6 años, el día había sido ideal: juegos, moras, lagartijas… no había duda, nuestra vida era perfecta. Y sin embargo, ese día… todo cambió. Entre risas y juegos, ambos nos adentramos en el bosque mucho más de lo que se nos había ocurrido avanzar antes, era extraño pero, parecía que una fuerza nos obligaba a caminar, ahora puedo describirlo. Conforme nuestros pasos se acercaban al lugar, el bosque parecía oscurecerse, temblar y acurrucarse bajo el peso de una extraña deidad. Me sentía tan extraña, temerosa de ver como mis pasos parecían aumentar su tamaño y desaparecer ante la nada… incluso los pájaros abandonaron sus cantos y el silencio devastador de aquella confusión fue lo único que nos acompañó cuando llegamos a aquella hacienda. La hacienda del diablo, ahora sabemos a quién le pertenece. Asombrados por su belleza nos tumbamos en el césped sin poder dar ni un paso más, nos sentíamos cansados, casi sin aliento, el costo del día suponía yo. Absorción, fascinación, nada puede describir aquella sensación. Solo podíamos observar y grabar cada detalle de aquel misterioso lugar en nuestra memoria. Fue solo al notar la oscuridad de la noche que ambos supimos que era tarde y, a menos que quisiéramos una paliza, había que volver. De camino a casa, Dimitri y yo no pudimos evitar pensar en quién era el propietario de tan elegante construcción. Estábamos embrujados sin duda. El misterio, la aventura... aquel día, ambos prometimos volver al lugar y, sin importar el peligro, recorrer el terreno e investigar. Solo teníamos 8 años pero, con la imaginación más que viva en nuestras cabezas, nos creíamos todos unos detectives. Unos pequeños superhéroes listos para enfrentar al mismo peligro. Sin tan solo hubiésemos podido medir las consecuencias, quizás, nunca nos hubieran separado. Fuimos tan imprudentes. Después de tantos momentos vividos, nuestra promesa nunca se cumplió… Esa misma semana Dimitri fue internado en una prestigiosa escuela militar y yo… bueno, jamás logré comprender como es que todo cambió tan radicalmente. Casi no nos veíamos, el poco tiempo que el internado le otorgaba a Dimitri para salir era absorbido casi totalmente por su familia. Y así, tras dos años de la misma rutina, simplemente desapareció. Ni siquiera quiero recordar lo que sentí, fue tan deprimente que ni siquiera podía parpadear sin imaginar que aún estaba a mi lado. Ese día no solo perdí un amigo, sino también la mitad de mi vida. — ¡Daniela! ¡Despierta! —gritó con impaciencia sin dejar de mirarme—. ¿Te ocurre algo? No has dicho palabra desde que entramos en el bosque. — Lo lamento —respondí con nostalgia, ni siquiera me había percatado del tiempo que lo había abandonado mentalmente, el olor a pino me despertaba tantos recuerdos que, me parecía un crimen no dedicar un poco de mi tiempo a rendirles un pequeño tributo. El pasado… tan doloroso como necesario — Yo también —Los recuerdos nos habían atacado a ambos por igual—. No sabes cuánto —Y, antes de que pudiera expresar algo que nos permitiera recuperar la alegría, él me abrazo cortando por un segundo mi aliento, parecía temblar, nunca antes lo había visto así. Dada mi estatura, él ocultaba su rostro en mi cabello mientras susurraba palabras que no logré entender. — ¿Dimitri? — No es nada, es solo que… —su cuerpo se alejó del mío y, tras mirarme largamente a los ojos, sus labios me regalaron un delicado y tímido beso en la frente —. Te extrañaba sabes. Ahora, que te parece si continuamos, tenemos todo un día por delante. — Claro —fue mi única respuesta. Por el momento, creo que ambos habíamos tenido suficientes emociones. Vaya, y pensar que el viaje estaba apenas comenzando. Luego de 7 años de separación, aquí estamos nuevamente, de pie frente a esta misteriosa y mágica hacienda. La neblina, como es que nunca nos abandona. — Lamento lo de tu amiga —balbuceó Dimitri con ahogo, a ambos nos había afectado lo sucedido. — Descuida —respondí sin entusiasmo—, ya se le pasará. — Pensé —continuó él—, que quizás no vendrías. Ambos sonreímos con melancolía al tomarnos de las manos, a pesar de los recuerdos debíamos continuar. Sobrenatural o no, ambos debíamos descubrir el misterio que encerraba aquella hacienda. — ¡Daniela! — gritó una voz femenina a mis espaldas, la sorpresa fue tan grande que poco me falto para saltar a los brazos de Dimitri y morir de la impresión. — ¿Kath? —Mi voz apenas podía abrirse paso por mi garganta, estaba tan confundida— ¿Qué haces aquí? — ¿Qué hago aquí? ¿Es una broma? Pues salvarte de ti misma, eso es lo que hago ¿Qué haces tú aquí? —respondió enfurecida mientras, a tirones, nos alejaba a Dimitri y a mí de la cercanía de la hacienda. — ¡Es solo una hacienda Kath, no entiendo por qué te molestas tanto! Es… — ¡Es más que eso! —interrumpió ella al borde de la histeria. Por un instante, ambas permanecimos impávidas, incapaces de apartar nuestra mirada de la imponente hacienda, para mí, tan solo representaba la antigua promesa de dos niños que ansiaban recuperar sus recuerdos, mas, para Katrina, era la manifestación de sus más profundos y terribles temores. Sin soltarnos las manos, continuó alejándonos de la hacienda en el más sepulcral silencio. Fue el primer día que pude contemplar lo fuerte y decidida que podía llegar a ser aquella chica a la que, hace solo un par de días atrás, siempre considere demasiado tímida como para aceptar introducirse en los misterios de la naturaleza. La leve brisa que alborotaba su rubio cabello parecía fastidiarle, y aun así no podía parar de moverse hacia adelante, siempre, lejos de la hacienda, fue solo hasta que alcanzamos una distancia prudencial que el natural y cálido color de sus mejillas volvió a iluminarla, su rostro perdió rigidez y con la tristeza aún sembrada en su mirada decidió finalmente pronunciarse. — Toda mi vida he tratado de escapar, de ocultar mi miedo y mi historia en el duro corazón de la ciudad. Desde siempre he intentado borrar mis pesadillas pero, ahora veo que, nunca podré conseguirlo —Sus palabras parecían perdidas, distantes… era como si el peso de una montaña se situase sobre sus hombros aplastándola, impidiéndole incluso respirar, sus ojos no emitían lágrima alguna pero, el tono de su voz era suficiente como para hacernos saber que algo terrible la estaba atormentando— ¿Sabes, como se llamaba mi bisabuelo Dan? —Su pregunta me noqueó literalmente, su tono, su insistencia, todo parecía irregular, no parecía lógico el sentido de tales preguntas. El silencio fue mi respuesta, que otra sino— Eso suponía. Nadie lo sabe de hecho. Mi familia se empeñó tanto en esconderlo que, bueno, lo raro sería que alguien supiese su verdadero nombre. — ¿Verdadero nombre? —inquirió Dimitri. Al parecer, no era yo la única confundida. — Sí. Tras el incidente con la hacienda y la desaparición de toda la expedición que acompañó a mi bisabuelo en su desafortunada aventura, toda mi familia escapó de este pueblo y cambió de identidad. De hecho, ni siquiera debería contárselos pero, creo que, de otra forma jamás entenderán la realidad… mi bisabuelo, era Francisco, Francisco Santana... él único que logró salir con vida de este terrible lugar.
Shassel, he disfrutado mucho de este capítulo tanto como los anteriores. El escenario en que ubicas la historia me encanta, porque así mismo crecí yo, libre, corriendo por los floridos campos, trepándome a los árboles e incluso a los techos de las casas y este capítulo en especial, me trajo a la memoria tantos recuerdos, jajaja, exactamente mi madre me decía lo mismo que Dani pensó le diría su madre, jajaja, fue muy complaciente leer esa primera parte. Ahora, lo que sigue de ahí, me sorprendió. Así que ambos ya habían ido a la hacienda del diablo cuando eran pequeños y según noté, algo misterioso los jaló hacia allí xD creo que ya estoy echando a volar mi imaginación, wow, también me asombró ver aparecer en escena a Kath y me ha quedado claro el porqué de su temor. Así que es nieta de Francisco, ese joven que fue el único que volvió con vida de la hacienda, porque si mal no entendí, es ese Francisco, ¿verdad? El que terminó deciendo: "Dinero, sangre y huesos". Esta historia se pone mucho más ingrigante. ¿Qué más sabe Kath? ¿Qué más va a decirles? Ya quiero saber xD Así que espero el siguiente capítulo. Por el momento me despido con otro fuerte abrazo para ti, querida amiga. Pásala bonito :D
n.n No puedo creer que haya abandonado a mi historia por tanto tiempo, no tengo perdón. Mi querida Marina, muchas gracias por tu comentario, me alegra mucho que te haya gustado el giro que le dí a mi historia, y sí, Katrina es nieta de Francisco, y bueno, también tiene muchas más cosas que contar. Y por cierto, dato curioso, la hacienda del diablo sí existe!!, sí puedo, le tomaré una foto y la subiré anexa al siguiente capítulo. Y bueno, me temo que este capítulo será solo de confesiones. La leyenda deberá ser revelada. Sin más, espero que disfrutes el capítulo, y a los demás, muchas gracias por leer. CAPÍTULO 10: Recuerdo, vagamente, como mi abuelita solía conversar conmigo sobre los inevitables hechos de la vida y la realidad del mundo en el que vivíamos. Que, aun cuando nos esmeráramos por ignorarlo, nuestro mundo también era habitado por espíritus desolados a los cuales no se nos estaba permitido ignorar. Espíritus, que así como podían hacer el bien, también, podían hacer el mal. Recuerdo también, como me alegraba poder escuchar su cantarina voz mezclada con el murmullo de las gotas de lluvia de enero cuando, arropadas bajo gruesas cobijas, ambas nos sentábamos a observar a las pequeñas aves protegerse a la sombra de nuestra casa… Y recuerdo también, aunque torpemente, la última gran leyenda que, como leves suspiros, salió de labios de mi agonizante abuela el día en que ella murió. Aquella leyenda que, pese al recelo de mis padres, ella sintió debía ser contada. Nadie la entendió entonces, nadie la entiende aún, nadie, excepto yo. Al sentir la mirada inexpresiva de Katrina sobre mí, no pude evitar temblar. Sus palabras no dejaban de retumbar en mi cabeza inflamando dolorosamente cada celula nerviosa de mi ser. Las palabras de mi abuela empezaban a cobrar sentido: “No falta mucho, Daniela. Mil almas, mil almas… El regreso del mal, el regreso de Francisco… la hacienda aún necesita su sangre…” La histeria colectiva estaba empezando a afectarme. — ¡Katrina, Katrina! —le grité temerosa al ver su permanente estado exánime. Desde su impactante confesión, todos permanecimos mudos deambulando a ciegas en el insondable mundo de nuestras más alocadas conclusiones. — ¡Daniela, algo no anda bien! —intervino Dimitri— ¡El sendero, no encuentro el sendero de regreso! — ¿Qué? —No podía estar escuchando tales palabras, aterrada por un sentimiento desconocido, me encaminé silenciosamente por el único sendero que nos era distinguible: el sendero de la hacienda. — ¿Daniela, qué estás haciendo? —me gritó Dimitri intentando detenerme, sin embargo, ya nada podíamos hacer por dar marcha atrás. Realidad o fantasía; pronto descubriríamos la verdad. — ¡Daniela! —masculló Katrina a mis espaldas, su voz podía transmitirme cuán grande era su pánico—. ¡No debemos entrar, conoces la leyenda! Y claro que la conocía, que alma en el Pedregal podría no conocerla. Si todo era cierto, solo había algo que podíamos hacer, o al menos, eso creía mi abuela. — Kat, el bosque ya nos ha atrapado —respondí—, si la leyenda es cierta, lo único que nos queda es enfrentar a la hacienda y… — Ni siquiera lo digas… — ¿Tienes la moneda, no es así? —Y, finalmente lo dije. Tras su confesión, esa era la respuesta más lógica. Si Francisco era su antepasado, ella debió heredar su maldición. La moneda por la cual Francisco vendió a sus compañeros, le pertenecía ahora a Katrina—. ¿No es así? —insistí con frialdad. Su quijada pareció desarticularse en lo que parecía ser un grito ahogado, así que ese era su temor. Ni siquiera pudo mantenerme la mirada, solo se centró en caminar formando círculos irregulares. Estaba enloquecida, parecía pelear consigo misma, no podía parar de morderse los labios con rabia. Me dolía verla así pero, si queríamos salir con vida, no podíamos seguir así. — ¡Entrégamela ya! —le grité irritada, no podía permitirle enloquecer. Katrina me miró fijamente mientras, tomando mi mano, depositó en la palma de mi mano una brillante moneda de un considerable peso. Al verla fijamente, por un instante, pude sentir como mis ojos parecían quemarme, el solo brillo de aquella lujosa y rústica moneda era insoportablemente tentador, dolía, de eso no me cabe duda… mi alma rabiaba con solo verla y aun así, no podía dejar de mirarla. — ¿Dani? —Fue el acongojado grito de Dimitri lo único que me permitió liberarme del hechizo, cuando reaccioné y levanté la mirada encontrándome con la suya, la preocupación que se marcaba en ella me desconcertó—. Regresaste. Me asusté tanto —susurró delicadamente mientras me estrechaba en sus brazos por segunda vez—, pensé que… —Su voz era tan cálida, tan magnética y arrolladora—… pensé que te perdería. — Dimitri —mascullé avergonzada, la sensación de tranquilidad que me embargaban sus palabras era tan contradictoriamente confusa—. Estoy… estoy bien —respondí con despego mal disimulado. Me sentía tan tonta que apenas y podía mantenerle la mirada. — ¿Qué fue lo ocurrió? —me preguntó con angustia. Su voz parecía un torbellino. — Lo siento tanto —interrumpió tímidamente Katrina—. No saben cuánto lo siento. — ¿A qué te refieres? —inquirió Dimitri anticipándose a mis acciones, a veces éramos tan parecidos. — Olvídenlo —contestó en un suspiro. Katrina se veía tan acongojada que parecía encogerse a cada palabra. No había brillo en sus hermosos ojos de cielo claro, se veía perdida, absorta en su inquietante mundo interior. Si tan solo hubiera sabido que ella era la nieta de Francisco… nunca, nunca hubiera siquiera mencionado el nombre de la hacienda. El silencio que sacudía el bosque comenzaba a aterrarme, desde que aquella espesa niebla lo recorrió todo; ni el murmullo de las aves o el reconfortante baile de los pinos osaba pronunciarse. Embarcados cada uno en los miles de pensamientos que nos atormentaban, no pude evitar divagar en mi memoria, necesita encontrar una salida, algo que nos permitiese regresar a la realidad. Pero, como ya se me estaba volviendo costumbre, mi mente estaba en blanco. El viento helado de la montaña me recorría la espina estremeciendo todos los sentidos. Estaba comenzando a temer lo inevitable. Leyendas… y si no eran solo leyendas. “La sangre de Francisco” “Mil almas” Recuerda Daniela, que todo debe volver a su origen. Que no hay nada en esta vida que pueda escapar a su destino. Nada. Me gustaría tanto ahorrarte este sufrimiento… ¿Qué quisiste decir abuelita…? Las últimas palabras de mi abuela en su lecho de muerte no dejaban de retumbar en mi cabeza como un péndulo que no dejaba de girar, aun así… nunca pudo terminar de contarme todo. Mi padre me tapó los oídos y me alejó de ella antes de dejarla terminar. Su secreto perduró hasta la tumba. Era tan pequeña cuando se fue. Primero ella, luego Dimitri… la vida siempre nos quita aquello que más amamos. Ahora solo me queda su recuerdo, eso y el collar de esmeraldas que siempre colgaba de su cuello así como ahora cuelga del mío, ese fue su último regalo. Nadie quería que lo tuviera pero, era su última voluntad. Ninguno de mis familiares pudo rebatir su deseo, ni siquiera yo. — Debes decirme la verdad, Katrina —supliqué con tristeza—, debes hacerlo o no saldremos de este lugar nunca. Lo entiendes. — Entiendo —respondió mecánicamente, no era fácil para ella liberarse de la verdad que protegió a su familia por años—, pero… no creo que podamos seguir siendo amigas después de eso. — … —Acaso estaba loca, jamás dejaría de ser su amiga—, Kath, ¿qué estás diciendo? — Uhm —suspiró con pesadez—, no conoces el resto de la leyenda, verdad…—Su cuerpo temblaba y sus manos jugueteando nerviosamente enredando su cabello, me estaba evitando. Bien, eso era algo que entendía pero… — Ahora sabes quién soy —continuó ella—, pero tú, ¿sabes quién eres? —Su mirada me ubicó por solo una fracción de segundos—. No, veo que no, es eso o… eres la más grande hipócrita que he conocido —Sus palabras me golpearon con rudeza, no pude evitar abrir los ojos más de lo normal y mirarla con reproche, tantos años de amistad y ahora me decía eso—. Daniela, ¿quién eres? La mirada de Dimitri nos recorrió con nerviosismo, no sabía cómo actuar ante la situación, y la trasformación de mi amiga, al igual que a mí, lo tomó por sorpresa. Aun así, interponiéndose entre mi amiga y yo, intentó dar tregua a la situación y obligarnos a buscar una salida. — No sirve de nada —continuó Katrina, dirigiéndose a Dimitri—, nada puede liberarla de su destino, la hacienda le pertenece tanto como ella pertenece a la hacienda. Su corazón lo sabe, la hacienda lo sabe, por eso la guió de regreso aun cuando ella no conocía el camino. — El camino…Katrina, he recorrido estas montañas desde que tengo 5 años… — A eso me refiero. Daniela, tu sangre forjó esta hacienda desde sus cimientos, tu sangre y la de todos los herederos de la familia Baleares. El que cambiaran su apellido no significa que puedan cambiar la herencia que los condena. Que nos condena a ambas. Cuando te conocí y vi en tu cuello el emblema de los Baleares, supe enseguida que solo tú podrías liberarnos. El acuerdo debe ser cumplido: Mil almas, la sangre de mi abuelo y… — La sangre de… Lord Ezequiel de Baleares… —susurré pesadamente al darme cuenta de la realidad que nos envolvía a todos. Mi abuela lo dijo siempre, el trato que lord Baleares había hecho con el rey de las tinieblas no se completaría hasta que este hubiese pagado el precio de mil almas. — Tú ancestro construyó la hacienda con ese fin, Daniela —me dijo con tristeza. — Atraer a aquellos ambiciosos de poder que, con tal de llenar sus bolsillos, no les importase perder su alma en el proceso. — Ahora que el trato puede cumplirse eficientemente, la hacienda nos ha cerrado los caminos. Mi abuelo fue un tonto, lo sé, si tan solo no hubiese puesto un pie en esta hacienda, si tan solo no hubiera retado a la suerte al tomar la moneda que lo condeno a él y a todos los pobres desgraciados que decidieron seguirlo. — ¿Qué les ocurrió? —preguntó Dimitri, interrumpiendo nuestro patético monólogo. — Mi abuela me dijo que una vez que mi abuelo encontró a la serpiente guardiana del tesoro de la hacienda, esta le preguntó si estaba dispuesto a ofrecer la vida de sus compañeros por su propia fortuna. Él aceptó. Sin embargo, justo en el momento en el que la serpiente le entregó el dinero y le ordenó salir sin volver la mirada atrás, un pequeño rastro de su humanidad salió a flote y lo hizo arrepentirse del terrible trato que había hecho, era tarde, claro está. Aferrado con locura al saco de monedas de oro, pudo ver como la serpiente destazaba a sus amigos uno a uno, bañándolo a él con la sangre que salía de sus cuerpos. Fue una carnicería. Aterrorizado, completamente loco, arrojó las monedas al suelo y escapó del lugar sin importarle ya más nada. La serpiente no lo persiguió pero, a unos pasos de llegar al pueblo, mi abuelo se paralizó al ver cómo, entre su ensangrentadas manos, se materializaba una de las tantas monedas de oro por las que él había vendido también el alma. Las lágrimas brotaron de nuestros ojos inevitablemente. Nos sentíamos tan indefensas y pequeñas. Ahora entendía que, a veces, en la vida hay secretos que uno no debería revelar.
¡Oh, wow! Este capítulo está megaemocionante, porque no sólo confirma que Katrina es descendiente de Francisco, sino que resulta que Dani es pariente de Lord Beleares. Me sorprendió esta revelación, la verdad, no me lo esperaba. Las palabras que recordó Daniela de su abuela fueron en si muy intrigantes ya que al principio no supe que pensar al respecto XD Fue un buen inicio y un interesante final de capítulo. ¿Qué hará Dani ahora que sabe quién es en realidad? ¿Y cómo se pagarán esas almas? ¿Podrá ayudarles el hecho de que tienen en su poder esa moneda? Por otro lado, la mención de la serpiente me recordó el texto bíblico de Revelación 12:9 que dice: «hacia abajo fue arrojado la serpiente original, el que es llamado diablo y Satanás, el que está extraviando a toda la tierra habitada» Gracias por actualizar y lamentó la tardanza para comentar, pero finalmente aquí estoy :D Abrazos
n.n Lamento la tardanza, porqué serpa que la vida te apachurra cuando más necesitas estar tranquila? En fin, mi querida @Marina, como siempre, mil gracias por tu comentario, me anima mucho saber de ti. Espero que este capítulo, un tanto aburrido, sea de tu agrado. A todos los demás que pasean a leer, gracias mil. CAPÍTULO 11: La vida y la muerte son solo un largo camino que uno tiene la fortuna o la desgracia de recorrer con incertidumbre y fascinación. Un camino que, a pesar de nuestras percepciones, nunca termina y, el cual, no se puede abandonar. Destino o no, no podía permitirme abandonar todo lo que amaba. Joaquín… A veces me sorprendían las cosas en las que podía pensar cuando los nervios me dominaban. Maldición… Toda la vida en la que crecí y por la cual luché se había desmoronado aplastándome con la verdad. Mi familia me había mentido durante años, ocultando mi pasado y negándome nuestra desafortunada herencia, nuestro pasado, y ahora… ya no sabía quién era. El amor no correspondido ahora parecía una tontería comparado con esta locura. Y sí, estábamos locos, de que otra forma explicaríamos el hecho de que, a pesar de saber que nada bueno podía depararnos aquel lugar, atravesamos sus límites e ingresamos al interior del enorme jardín. Las enormes cruces de madera que separaban el basto bosque de los límites de la hacienda, se distinguían imponentes como una última advertencia. Aun cuando todo dentro de mí gritaba correr y escapar de lo que sea que hubiese dentro de aquella hacienda, mi mente los bloqueó totalmente sumiendo mis sentidos y mis pensamientos en un sutil estado de negación. Tenía miedo, pero no quería aceptarlo o asimilarlo. No había tiempo para tener miedo. Lejos de la imagen tétrica y bizarra que pre-concebí, aquella hacienda lucía extravagantemente hermosa: flores exóticas decorando los enormes jardines verdes, árboles subtropicales similares a enormes sombrillas ofreciendo una alegre sombra, una exorbitante fuente de mármol blanco situada a la entrada de la hacienda; despedía alegremente manantiales de agua clara en su azulado fondo. La hacienda era como la recordaba… no, estoy mintiendo, había algo más, era como si a pesar de los años de abandono, se mantuviera viva y desafiante a toda lógica, brillaba, resplandecía y vivía más que cuando la vi por primera vez. Parecía, de hecho, vibrar anhelante mientras nosotros caminábamos para ingresar en su interior. La leyenda cada vez se volvía más real. Siete pasos, siete pruebas, un solo infierno. Abuelita, ¿acaso me estabas previniendo, dando una señal del final que me aguardaba? ¿Qué puedo hacer? Al enfrentar el umbral de la hacienda, las enormes puertas de madera se nos abrieron de par en par para permitirnos la entrada, la primera prueba debía comenzar. El enorme salón al que los tres ingresamos lucía totalmente vacío, a diferencia del esplendor de los exteriores, la habitación parecía un lúgubre fantasma en comparación: gris, sombrío… abandonado. Las paredes derruidas en uno que otro lugar le daba un aspecto aún más miserable, solo el enorme agujero que se destacaba en el centro de la sala parecía concederle algo de vida al lugar, y lo digo así porque los apenas audibles sonidos que de ella emergían ero lo único que parecía llenar ese lugar. — El pozo de las ánimas —dijo Dimitri con cierto tono de fascinación y temor en sus palabras—, no puedo creer que exista en realidad… Yo estaba tan estupefacta como él, por años oí hablar a mi abuela sobre aquel lugar y desde entonces siempre imaginé el día en que llegaría a conocerlo en persona pero, debo admitir que, entre el desear y el realizar, hay una gran brecha que nunca debí superar. Dando un paso tras otro, me acerqué a aquel lugar y arrojé el objeto por el cual; tanto la familia de Katrina como la mía estaban condenadas; la moneda de oro que Francisco obtuvo por el contrato. Al verme lanzar la moneda, Katrina no dudó en ponerse a rezar todas las oraciones que se conocía y posiblemente algunas que ni siquiera se han inventado. Su actitud empezaba a ponerme de los nervios. Dimitri, por su lado, se limitó a observarme atentamente. Su rostro lucía irremediablemente preocupado. El tiempo pasaba y el pozo no mostraba ningún cambio, los ojos de los tres se dirigieron de inmediato al fondo del pozo a la espera de algo que indicase la presencia de lo sobrenatural pero, tras media hora de espera, nada ocurrió. Molesta y un tanto aliviada, decidí salir de aquel lugar y abandonar el asunto junto con mis amigos pero, ni bien dimos un paso hacia la puerta de salida, un pequeño pasadizo apareció de la nada al otro lado del salón ante nuestros estupefactos ojos. Un aire frío y escalofriante me recorrió de pies a cabeza y por un minuto que bien pudo haber sido una hora, no supe si ingresar por la puerta y llegar hasta el final o… No, de nada sirvió dar marcha atrás, la puerta principal parecía sellada por mil cadenas, y, aunque lo intentamos, ni los tres juntos conseguimos moverla ni un centímetro. La respuesta era evidente, el único camino a seguir estaba tras esa puerta. Aun así, ninguno de los tres parecía reaccionar ante la invitación. ¿Quién podría hacerlo? Al parecer sola una tonta, y esa tonta, era yo. Ni siquiera fui consiente de mis pasos hasta que, tras oír el golpe seco de la puerta cerrándose a mis espaldas, vi como mis amigos se quedaban del otro completamente paralizados. A eso se resumía todo, yo, totalmente sola, a la merced de la voluntad del destino. Sola… la situación no podría estar peor. A tientas, comencé a caminar por un delgado pasillo oscuro en dirección contraria a la puerta, ya me había quedado claro que no servía de nasa retroceder y, das las circunstancias, no tenía más opción. Al menos en eso tuvo razón mi querida abuela, la hacienda era un laberinto. Mi poca percepción del espacio así me lo dibujaba, parecía que estuviese andando en círculos, y, para agrandar mi desesperación, la oscuridad era todo cuanto podía ver. Por así decirlo. — ¡Dios, ayúdame! —musité entre sollozos sin saber que más hacer, el miedo comenzaba a oprimirme el pecho y la angustia de la incertidumbre estaban comenzando a taladrar mi poca cordura. El expresar mis sentimientos era algo que temía mucho pero, en situaciones tan extrañas, que más podía hacer, quizás debiera aprender más a cerrar la boca. Tras un par de minutos más de caminata, la cegadora luz que se abrió tan repentinamente ante mis ojos me dejó ciega durante algunos segundos, lo que mis ojos vieron al poder recuperarse, fue, quizás, lo último que esperaba encontrar. Apenas podía creer que algo así fuera posible...
Prefijo agregado, no olvides ponerle el prefijo correspondiente a tu historia según su numero de palabras. La lista se encuentra en el tablón de anuncios. Saludos.
Hola, por fin dispongo de un pequeño tiempo para comentarte, disculpa la demora xD Bien, un intenso capítulo por todas esas emociones despertadas en Dani, el recuerdo de Joaquín, su primer amor, el pensar que tanto ella como sus compañeros habían perdido la razón y luego el continuar adelante, hacia ese silencioso llamado que la obliga a internarse en la hacienda maldita, la que por cierto me encantó cómo la describes, llenos sus alrededores de esas exóticas flores, de esa belleza natural que describen una inocencia que no tiene y después el engañoso desamparo que muestra su interior, no obstante tal no existe. Ese pozo a media sala me causó inquietud. Dani lanzó ahí la moneda, pero supuse que no sería tan fácil liberarse de la maldición y lo comprobé al seguir leyendo. ¿Qué cosa es lo que vio la joven que la ha dejado tan perpleja? Espero saberlo en el siguiente capítulo. Gracias por seguir actualizando. Que la pases muy bien xD Nos estamos leyendo por aquí.
XD, Creo que he abandonado demasiado mi historia, mis disculpas mi querida @Marina si te he dejado con la intriga, últimamente todo se me ha puesto de cabeza y no he podido dedicarme mucho a escribir, espero no decepcionarte con este capítulo, como siempre, muchas gracias por tus comentarios y apoyo. Espero que disfrutes este capítulo. La vida se le complicara un poco a Daniela a partir de ahora. CAPÍTULO 12.- Cuando tenía diez años, a veces, solía despertarme entre sueños y caminar por la enorme sala de mi casa en dirección a la vieja chimenea en la que, tantas veces, mi abuela me narraba una de sus tantas historias de duendes, criaturas mágicas y delicadas princesas de tiempos lejanos. Ella había muerto para entonces y, el sentimiento de desolación crecía aún más al ver como el fuego se extinguía lentamente ante mis ojos. La extrañaba, sin embargo, no había nada que yo pudiera hacer. La muerte era algo contra lo que nadie podía luchar, sin importar cuan preparado creas estar, la muerte siempre pareciera saber cómo tomarte por sorpresa… — ¿Quién… eres? —pregunté vacilante tras una larga pausa. El elegante hombre frente a mí, se limitó a mirarme de soslayo y sonreír de una manera que no sabría descifrar. Sus ojos dorados parecían analizarme con eterno detenimiento, de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha por un largo tiempo. Tras soltar una mueca que divagaba entre el enfado y la diversión, suspiro con pesadez y dijo: — Quita ya la cara de terror, niña. Ustedes los humanos son tan fáciles de sorprender, no pueden culparnos, siempre es divertido jugar un poco con sus emociones y ver sus caras de espanto. — ¿Tú? —me atreví a preguntar una vez mis pulmones consiguieron introducir algo de aire en su interior. Seguía aterrada, no podía negarlo. Mi cuerpo luchaba contra mis propios sentidos mientras un leve temblor luchaba por invadir mi cuerpo de polo a polo. ¿Qué hace este sujeto aquí? Comencé a cuestionarme mientras el miedo no me abandonaba. La hacienda había sido abandonada hace casi un siglo y de buena fuente sabía que desde el incidente de Francisco, nadie había vuelto a poner un pie en sus condenados dominios. Entonces… ¿A qué se debía la presencia del hombre en aquellas tétricas paredes? En tanto una pequeña parte racional en mí intentaba a toda costa no dar a notar que por dentro me estaba quebrando, el hombre comenzó a deambular de un lado a otro del salón encendiendo a su paso una pequeña cantidad de velas que se ubican sobre unos elegantes candeleros de plata— ¿Quién… eres? — ¿Yo? Ja, ja, ja, eso sí que me sorprende, acaso no fueron ustedes los que me estaban buscando, de no ser así, ¿por qué otra razón decidieron invadir mi territorio, niña?—El brillo de su mirada parecía incrementarse con cada palabra, su rostro reflejaba un profundo misterio y su apariencia sofisticada y atractiva no me facilitaba las cosas. Nuevamente, las palabras de mi abuela resonaban sin parar en mi cabeza: “El diablo nunca se presentará ante ti con la imagen que todos le pintan de: un ser humanoide con patas y cuernos de cabra, totalmente rojo y de apariencia terrorífica. No, no, Daniela, él es un ser sumamente atractivo, de porte elegante y fino hablar. Cualquier persona que lo viera sin la intención plena de encontrárselo no sería capaz de reconocerlo. De que otra manera conseguiría engañar a la débil humanidad si no fuera con una apariencia de porcelana. La mentira que es su presencia; se camufla perfectamente bajo el oropel de prendas aristocráticas y tez de ángel, ya que es precisamente lo que era, un ángel. — No… no puedes, nuestro mundo… — ¿Su mundo? —interrumpió arrogantemente mientras esbozaba una mueca despectiva—, vaya, ahora sí empiezas a parecerte a tu bisabuelo, acaso la ingenuidad es hereditaria. El tono frío y sarcástico de su hablar fue el aliciente que me bastaba para recuperar la cordura, si bien; el susto de la primera impresión seguía latente, la rabia que despertaron en mi sus despectivas palabras; pesaba ahora más que cualquier otro sentimiento. Una vez más, mi impulsividad sería mi ruina. — ¿Quién te crees que eres para…? — ¡Faltarme el respeto de ese modo! —interrumpió nuevamente con una risa aún más grande resaltando en su rostro—. Ustedes, los humanos, son tan fáciles de predecir. Siempre dejándose arrastrar por el sentimiento del momento. Dominados por la naturaleza de sus emociones más oscuras, agazapados por la sombra de una humildad patética y ridícula. No son más que ratas que corren en cuanto el peligro las rodea y que no saben cómo actuar cuando alguien los enfrenta al espejo de su realidad. — ¿Eh? —nuevamente me había quedado muda, sus palabras me recordaron a mis más profundos pensamientos internos, casi pareciese como si hubiese podido ver atravesó de mi piel, profundamente, hasta el fondo de mi alma. Un temor creciente se sembró en mi estómago revolviendo en un brusco torbellino. Un terrible presentimiento me asaltó de pronto y como si de una broma se tratase, mi cuerpo se tensó instantáneamente impidiéndome moverme ¿Cómo? ¿Por qué? Yo, una chica que nunca antes había sentido el miedo tan latente, ¿sentía entonces esta enorme opresión comprimiendo mis costillas e impidiéndome respirar—. Tú… ¿Qué eres? — Uh…, vaya, vaya, señorita, veo que has heredado su astucia —sus ojos se desviaron hacia la nada y por un instante su rostro se dibujó en una confusa emoción—. Me agradas. Veo que no me equivoque al mover el tablero hacia ti. — … —Mi cuerpo parecía irse desprendiendo de mi alma para presenciar como el cascarón de piel y huesos quedaba a la merced de aquel sujeto ¿Mover el tablero? ¿A qué estaba jugando? — Durante cientos de años, tu familia y yo hemos venido siendo, por decirlo de cierta manera, algo así como, socios —continuó diciéndome mientras paseaba a paso solemne a mi alrededor—. Desde que Lord Balladares me vendió su alma por amor a esa insípida mujer, todos sus descendientes heredaron la posibilidad de hacer tratos conmigo. A menos claro, que alguno pueda vencer mi desafío y liberarse del contrato. — ¿Con…contrato? —alcancé a musitar estupefacta. Mis piernas habían perdido la poca fortaleza que mi cuerpo poseía y ahora me encontraba tumbada en el piso, ni siquiera pude sentir el impacto del duro suelo contra mis rodillas. Sí, veras, con cada contrato, suelo añadir una o dos cláusulas de salvación, que, muy a mi pesar, debo cumplir fielmente. El lord estaba muy seguro de ganar y salirse con la suya, ¿sabes? Pero, como todo mortal, se dejó llevar por las circunstancias y solo selló con ello su propia tumba. —Su rostro se ubicó a mi altura con una mal disimulada mueca pesarosa. Sus ojos no dejaban de analizarme, incluso parecían seguir posados sobre mí mientras él seguía su marcha alrededor de mi figura—. Tenía tantas expectativas en su juego, el lord disfrutaba de un pensamiento tan divertido, ja,ja,ja. Su insolencia no sabía más que divertirme. Estuvo cerca, lo admito, pero los contratos no pueden romperse sin importar cuan divertida me parezca la situación —Sus pasos firmes fueron poco a poco disminuyendo hasta detenerse frente a mí una vez más, envolviéndome mis sentidos en una pesadez indescriptible, su presencia parecía quitarme el aliento y martillar mi, en ese momento, pobre razonamiento—. Mil almas… !Vaya que supo cómo poder conseguirlas! “Un buen pedazo de cebo y las ratas vendrán solas” Eso decía él. Lástima que el Lord no contó con el mal venido golpe de conciencia de Francisco, su sangre y su alma hubieran roto la maldición… Lástima por él. Ahora, ya es tarde, mi querida Daniela. De nada sirve que me des esto —declaró mientras me extendía en sus delicadas manos la moneda de oro que hace poco había tirado en la fosa— Así que, para hacer todo esto un poco más fácil y menos aburrido, que te parece si me dices cuál será tu deseo —susurró en un tono meloso y provocativo. Sus vista no se apartaban de mi y; mientras más lo veía; más parecía quedar presa de su enigmática mirada—. No serás la primogénita de tu línea pero, sin temor a equivocarme, creo que resultarás más divertida que Fabián… —La sola mención de mi hermano me erizó como un gato al que estuvieran a punto de tirar en un rió, mi cara debió pintarse en un mueca memorable, ya que él sujeto frente a mí se limitó a reír a todo pulmón mientras apretaba con sus blancas manos su estómago—. Buen estudiante, excelentes valores morales, honesto, dedicado, buen atleta, bla, bla, bla —siguió diciendo en tono irreverente—, no estoy interesado. Podrá ser el prototipo de hombre perfecto pero, a pesar que me gustaría mucho corromper su frágil alma, creo que, tú, Daniela, resultarás más interesante. Ya he hecho tratos con los hombres y cabecillas de la familia Baleares antes y, bueno, no ha resultado tan divertido como pensé. Ahora quiero ver, de que es capaz el mal llamado sexo débil de la honorable familia Baleares —soltó de manera irónica sin dejar de verme con aquella mirada molesta. — … —Y otra vez el silenció, la irritación comenzaba a salir por cada poro de mi piel. Broma o no, ya tenía suficiente de esta situación. Demonio o no demonio, no podía permitirme caer en su engaño. Mi abuela lo dijo muchas veces: “ Sus palabras como la seda buscan envolvernos y asfixiarnos con falsas promesas, jamás debiésemos prestarle atención pero, los humanos somos débiles, solo basta con que nos tienda un camino de flores para arrastrarnos al infierno” —… Nada —le dije con firmeza. — ¿Nada? —me cuestionó con sorpresa pero sin dejar de sonreír—. No me he equivocado —reiteró triunfante mientras, agazapado por una estela brillante, su figura se distorsiono en miles de pequeñas rosas que cayeron al piso solo para volver a levantarse con una nueva apariencia. — ¡No...! —grité para mis adentros mientras pequeñas lágrimas rodaban desde mis ojos a través de mis pálidas mejillas. Ahora entendía bien porqué mi abuela dijo que el diablo sabía siempre como atacarnos, como conseguir que aceptáramos siempre sus juegos… No era posible, ¿por qué no podía despertar de aquella pesadilla? Sus cabellos dorados y rebeldes enmarcando su hermoso y delicado rostro, esos ojos oscuros mirándome con la misma dulzura y confusión del primer encuentro, sus labios ligeramente rosáceos pero masculinos, su perfecta figura cubierta por aquel uniforme escolar… ¿Cómo? ¿Cómo podía jugar así con mis sentimientos? — ¿Jo.. Joa… quín? —tartamudeé adolorida al vislumbrar como aquel monstruo había tomado la apariencia del ser más preciado y anhelado por mi alma. — Entonces, Daniela, aún dirás que no deseas nada… Su jugada, había sido perfecta…