Exterior Dojo de Kendo

Tema en 'Planta baja' iniciado por Yugen, 21 Abril 2020.

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    Bruno TDF

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    No podía impedir que me lucecita se preocupara ante la visibilidad de mi dolor; por eso le pedí que no lo hiciera en exceso. No me sorprendió notar la inquietud en su carita cuando tomó lugar a mi lado. Me daba penita provocarle algo así Jez, pero de igual forma me hacía sentir muy querida, y ese cariño era la cura suficiente para cualquier cosita que me pasara. Le volví a sonreír en otro intento por tranquilizarla, atendí a la pregunta que me hizo y, al final, terminé medio riendo por el comentario sobre reclamarle a Cay.

    Acto seguido recibí un besito en la sien, justo en el lugar donde sentí dolor antes. Mis ojos se cerraron en automático, y ni poniendo todas mis fuerzas habría sido capaz de abrirlos. Todo terminó en un suspiro largo de mi parte, pues me había relajado bastante, a gusto me quedé con el gesto. Dejé la botella de agua un costado, junto con el bento, para reposar las manos sobre la chaqueta que descansaba en mis piernas. Mis dedos comenzaron a acariciar el dragón dorado.

    —Quizás podría haber bebido menos —respondí—. Pero no me arrepiento, y menos con la dulce compañía que tuve. Además, estábamos de celebración. Había que aprovechar la noche al máximo.

    Miré al cielorraso del dojo, rememorando rápidamente cada instante, y mis labios temblaron en el amague de una risita.

    —A ver… ¿Por dónde empiezo…? —descansé la espalda en la pared, pensativa, para luego dedicarle una miradita de reojo a Jez— Ah, sí. Mi leoncito y yo nos escribimos de vez en cuando por chat, y una vez le pedí que me avisara si tenía un receso libre para almorzar juntos, que hasta el momento sólo nos habíamos visto por las mañanas. Y ayer… se dio la ocasión, en las escalinatas de este mismo dojo —sonreí, contenta, pero al instante me quedé pensativa—. No sé si lo noté tan apagado como dices, pero sigue perdiéndose mucho entre sus pensamientos. Igual fue muy atento conmigo. ¡Ah...! Y aceptó sin problemas algunos mimitos de mi parte: le acaricié el cabello, lo abracé y demás. Seguí al pie de la letra tu consejo de no tener tan en cuenta su vergüenza —me reí.

    Y vaya que había seguido bien su consejo, sobre todo cuando Cay me demostró que no tenía tanta vergüenza como aparentaba.

    —Hablamos sobre mi hermana y, entre otras cositass, de cómo celebramos lo de mi examen de judo —hice una pequeña pausa—. ¿Sabías que Vali y yo íbamos de vez en cuando a un barcito de nuestra ciudad? La idea era hacer lo mismo aquí, el sábado pasado, pero... estaba muy cansada por el viaje, pobrecita. íbamos a salir el próximo finde, pero bueno... Aquí viene lo interesante…

    >>Cuando le conté esto a mi leoncito… Me preguntó si quería salir con él —hubo una pausa semi-dramática—. A tomar algo, digo —aclaré, riendo bajito, tras lo cual suspiré de nuevo, encantada—. Y lo dijo con una sonrisita tan, tan traviesa, que confieso que me hizo sentir cositas.

    Pausé, por si Jez deseaba preguntar o acotar algo. Planeaba contarle la historia por partes, sólo porque estaba medio dormida. Caso contrario, le habría arrojado toda la información en una sola oleada.
     
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    Una resaca no era nada del otro mundo, si acaso yo era demasiado tranquila para la gente de mi edad que de tanto en tanto se escapaba, se bebía unos tragos y se comía una regañina en casa. Lo más loco que había hecho hasta ahora era colarme en la escuela de noche y ya habíamos visto cómo había resultado eso en el largo plazo. Lo que quería decir es que justo por eso mi regaño aunque nacía de la preocupación, tampoco era nada que le quitaría el sueño.

    El beso en la sien la hizo relajar el semblante, lo noté, y sonreí para mí misma antes de dedicarme a ponerle atención. Que confirmara que podría haber bebido menos me hizo reír porque acto seguido dijo que no se arrepentía y negué con la cabeza, aparentemente resignada. Además, claro que era para celebrar, ¿no? Y se veía que a los dos se les había antojado sonar bombos y platillos con el cuento de la celebración.

    Todo el asunto empezaba con que habían almorzado juntos ayer, lo que no parecía descabellado en sí mismo, y cuando dijo que no lo había notado apagado supuse que tenía algo de sentido. Ayer parecía un poco mejor descansado que los otros días, pero antes de eso aparecía y desaparecía de clase y una buena parte del tiempo parecía ido. No tenía experiencia de mundo en lo absoluto para saber el motivo, claro.

    En cualquier caso, me sonreí al escuchar que había aceptado aproximaciones de su parte porque eso indicaba que se estaba soltando y por rebote que Vero no tendía por qué contenerse tanto. A mis ojos y con lo que me contaba ella pensé que quizás ese almuerzo también le había venido bien, aunque puede que estuviese equivocada. Era un error de cálculo de mi parte y una estrategia utilizada por él a veces de manera consciente. Era nervioso, de facciones suaves y apenas lo bastante dulce para no incomodar a nadie con su malgenio, porque lo poseía.

    —Pobre Valeria —reflexioné un poco al aire—. Debe haber quedado agotada por el vuelo. Imagino que pueden ir a celebrar tu examen en otro momento.

    Luego de eso busqué mi botella de agua, la abrí y tuve la intención de darle un sorbo hasta que Vero siguió hablando, la noción de que la había invitado a salir me dejó confundida. No era una mente maestra, pero algunas neuronas me funcionaban mejor que el año pasado, por eso cuando hizo la aclaración usé el brazo libre para darle un empujón sin fuerza real por esa clase de sustos. De todas formas el resto...

    —¿Qué tipo de cositas? —pregunté echándole un vistazo.

    A ver, intuía la naturaleza de las cosas en cuestión, pero volvíamos a lo mismo. Al pobre chico lo tenía pintado casi como si fuese un cachorrito y uno tímido encima, no creí que tuviera iniciativa hasta ahora, parecía más de conformarse con lo que recibía fuese poco o mucho. Sonaba mal, lo sabía, pero era una noción algo extraña que transmitía. Vero no me sorprendía tanto, lo confianzuda que era permitía que esta clase de cosas pasaran.
     
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    Bruno TDF

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    Asentí, toda flojita de cuerpo, cuando Jez reflexionó sobre el cansancio de Vali. Si yo me sentía así de agotada por una nochecita de copas y pocas horas de sueños que fueron constantemente interrumpidas por pensamientos y sensaciones que no se podían decir en voz alta; no podía llegar a imaginar lo que debió haber sido para mi hermana. Y eso que ella estaba acostumbrada a volar por la naturaleza de su trabajo, ya que el muchachote al que cuidaba viajaba alrededor del mundo por puro placer, gracias a su posición pudiente como hijo de un magnate. Estuvo trabajando hasta el último segundo, y se tomó el avión a Japón apenas regresó de otro viaje con su protegido. Incluso personas tan fuertes y resistentes como ella tenían sus límites, así que esa noche la premié con muchos mimitos mientras dormía.

    La había extrañado mucho, muchísimo.

    —Seguro salimos este mismo finde, y encima tengo un buen lugar en mente gracias a mi leoncito —respondí; estuve a punto a decir el nombre del lugar en el que trabajaba Yuzu, pero me atajé a tiempo, salvando así el orden de mi relato— ¡Pero espera…!

    Carraspeé con un puño sobre mi boca, momento que también aproveché para beber un traguito de agua, mi garganta empezaba a sentirse seca. Luego de un suspiro de alivio, fue cuando volvimos al asunto central de la conversación: lo de Cay.

    Incluso estando tan dormida y cansada, no me faltaban ganas para andar de juguetona con Jez, porque había confianza y las bromitas eran otra forma de darle amor. Le dije sin contexto ni rodeos que mi leoncito me había invitado a salir, dejando en el aire todas las interpretaciones que podían sacarse de eso. Se me hizo tierna y divertida la pausa que hizo para beber, la confusión en su carita, y finalmente el codito que me dio luego de la aclaración, que fue lo que me hizo reír antes de añadir lo último… Lo de las cositas.

    Sonreí con suavidad al recibir su pregunta.

    —Primero me dio mucha curiosidad —respondí—. Nunca lo había visto sonreír con tanta confianza, a mis ojitos siempre fue muy tímido y reservado. ¡Encima…! Cuando me preguntó si quería salir con él, yo ya había entendido que se trataba de una noche de copas, pero… Él aclaró que era para eso, para unos tragos —me reí—. Fue innecesario, pero lo hizo a propósito el muy travieso

    Volví a vislumbrar la imagen de su sonrisa y terminé llevándome una mano a la mejilla, suavecita.

    —Ya sabes lo lindo que me parece y cuánto me contuve para no ponerle las manos encima, porque es un muchachito muy abrazable —continué—. Pero esta faceta suya… Se me hizo muy atractiva —me sonreí— Entre su invitación y la bromita que me hizo tan confiado… pues no pude contenerme —hubo otra pausita en la que me permití mirar a Jez, en donde ella habrá visto la chispa de picardía que me cruzó la sonrisa—. Me puse a coquetear con él, no pude conmigo misma. Jugué con el cuello de su camisa y su corbata, y él no me rechazó.
     
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    Alcé un poco las cejas al oír que tenía dónde ir con Valeria por Cay, así que me seguí llevando la sucesión de pequeñas sorpresas luego de eso. A ella se le quiso perder el orden de los eventos por haber mencionado lo otro, pero pudo volver con relativa facilidad y mientras retomaba el hilo me permití el atrevimiento de buscar su almuerzo.

    Lo desenvolví, lo abrí y tomé una pausa de la tarea al oír que el de la aclaración innecesaria había sido él de hecho. La misma Vero había tenido este asunto de no saber hasta dónde soltarse a su alrededor, porque era reservado al punto de lo extremo y por eso le aconsejé que no le pusiera tanta atención al asunto, porque en sí no parecían disgustarle ciertas muestras de afecto. Pasaba que eso era distinto a lo que había terminado sucediendo y aunque no tenía un motivo real para asociar esa suerte de libertades sorpresivas a nada en lo absoluto, me pareció un poco raro.

    Un poco fuera de lugar.

    De todas maneras, la reacción de Vero al llevarse la mano a la mejilla me hizo reír por lo bajo mientras dejaba el bento abierto en su regazo, a ver si al menos podía comer en lo que hablaba. Pasó de mencionar que le resultaba abrazable a que el quiebre en su actitud, ese repentino... no sabría si llamarlo exceso de confianza, le había parecido atractivo. Luego admitió de lo más pancha que se puso a coquetear con él y de nuevo lo que me sorprendía era que le hubiese correspondido así sin más.

    —Temo que el final de los tiempos se aproxime, suena como un evento apocalíptico —bromeé en voz baja ahora desenvolviendo mi almuerzo—. Viniendo de ti no parece tan descabellado, de él sorprende un poco, o quizás a mí es que me sorprende.

    Por otro lado, sabía que era un poco lenta con las cosas, pero los eventos recientes seguían un poco apiñados y con ellas las ideas que de alguna manera podía proyectar a otras situaciones. Digamos que empecé a sospechar por dónde estaba yéndose el asunto y aunque no era tan extraño, un poco me sorprendía que esto de que dos de mis amistades acabaran involucradas pasara dos veces.

    —Siento que no se acaba ahí, ¿cierto? —tanteé en lo que preparaba un bocado de comida—. A ver, desembucha. ¿A dónde fueron? ¿A qué hora? ¿Qué pasó?


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    Mi sueñito no me dejó notar las pequeñas señales del desconcierto de Jez, como lo fueron sus cejitas alzándose o la fugaz pausa que hubo en sus movimientos mientras se encargaba de mi bento. La habría comprendido si me daba cuenta, porque ni yo misma me había esperado que Cay se pusiera así de juguetón de repente, incluso permitiéndose una insinuación con la ambigüedad de las palabras. Pero… ¡qué podía decir…! Así como tenía cierta debilidad por las personas introvertidas y/o adorables, en eso también debía incluir a las que se permitían esta clase de travesuras, atrevimientos que no fuesen excesivos.

    Se podría decir que Cay formó un combo al que no me pude resistir.

    Murmuré un rápido agradecimiento cuando Jez dejó sobre mi regazo el bento abierto, aunque luego me centré en continuar hablando. Mi almuerzo consistía en una pieza modesta pollo, tomate en rodajas con pepinillos y también un huevo. El almuerzo de Vali era perfecto para un día de resaca, sus nutrientes me ayudarían a recuperarme más rápido. Mi hermanita y yo no éramos grandes cocineras, sólo nos defendíamos con lo básico; pero sabíamos elegir bien los alimentos según la ocasión. Me distraje un momento preguntándome por la comida que Hubby nos haría mañana, pero pronto volví a mi centro y seguí hablando, olvidándome de tocar la comida porque estaba muy metida en mi relato.

    Me reí suavecito por la broma tan catastrófica de Jez, se ve que algo en todo esto la tenía un cachito impactada. ¡De hecho…! Ella mismo dijo que se sentía sorprendida por Cay, porque lo mío no le parecía muy descabellado. Mi sonrisa se amplió al saber que de mí no le sorprendía, me hizo sentir entre halagada y contenta que me conociera tan bien.

    —No eres la única sorprendida, preciosa —le dije, mientras estiraba la mano para acariciarle un mechón de cabello—. No me esperé para nada que se pusiera en ese plan. Pero fue una sorpresa muy bonita para mí… De esas que te dejan con ganitas de más.

    Dejé la idea flotando en el aire, de la misma manera en que dejé ir su cabello con suavidad entre mis dedos, las hebras de blanco tan puro escurriéndose entre mis dedos.

    Jez insinuó que la cosa no había terminado ahí, ante lo cual asentí con una sonrisita mientras me bombardeaba con un par de preguntitas. Antes que nada, estiré los brazos para desperezarme un poquito, con cuidado de que el bento sobre mi regazo no se tambaleara. Troné los deditos sobre mi cabeza y, suspiro mediante, me acomodé para seguir hablando.

    —Queda mucho por contar —empecé con una risita, mirando a mi lucecita—. Salimos después de la cena. Mi leoncito se había ofrecido a buscarme esa misma noche, así que le pasé la dirección de mi apartamento y todo eso. Estuve un buen rato viendo qué ponerme, quería verme bien linda para esa noche. Ah, y Copito se quedó con Vali —añadí el dato extra un poco en desorden—. Entonces Cay se apareció en la puerta de casa en un coche negro, ¡con chofer personal y todo! Un señor de apellido Horrigan, de apariencia muy seria para bastante volcado a las bromas. ¿Sabes que cuando me vio le dijo a Cay que no sabía que tenía novia? —me reí encantada, recordando el momento— Y yo por seguirle la gracia le contesté que no, que lamentablemente no lo era, pero que sería de lo más afortunada si era el caso. Un poquito lo molestamos entre los dos. Me cayó simpático ese hombre.

    Bebí un traguito de agua antes de seguir.

    —Fuimos a una disco del Roppongi, el MAHARAJA —continué—. Mi leoncito me cuidó muchísimo desde que nos bajamos del coche, y yo obvio me mantuve cerca de él en todo momento. Desde hace tiempo, Vali siempre se ocupó de advertirme que los lugares nocturnos son… complicados, si una chica no se mueve con el debido cuidado y con la compañía correcta. No es que tuviera miedo, pero Lion me hizo sentir segura y protegida en todo momento —sonreí ampliamente—. Ah, y estaba muy guapo con ropa de salir, medio que ahí me di cuenta que sólo tenía una imagen de él con el uniforme del colegio —añadí entre risas.

    >>Conocí a una amiga suya que trabaja ahí, y que ahora quiero que sea mi amiga también —seguí, y mi voz se tiñó con entusiasmo; despegué la espalda de la pared para poder encarar mejor a Jez—. Yuzuki Minami. Ojos violetas, pelito negro, pero con un mechón albino como los nuestros —tomé mi flequillo para ilustrar mejor la descripción—. Fue un poco gracioso al principio, porque se apareció para regañar a mi leoncito por cosas que ahora no recuerdo bien, y tardó un momento en darse cuenta que estaba detrás de él. Al final nos presentamos y terminamos charlando en la barra, donde me dio de probar muchos tragos dulces que disfruté un montón —hice una pausa—. Me hablaron un poco sobre su amistad, Yuzu conoce a Lion desde que tenía trece añitos y me contó que era arisco y respondón —me reí, entre divertida y enternecida—. También me hablaron de lealtad, devoción y amor. Fue una charlita de discoteca muy, muy interesante.

    Con un gestito de la mano le pedí que me aguardase, que otra vez se me estaba secando la garganta. Me la humedecí con un buen trago de agua, pero estaba tan concentrada en hablar que seguía sin tocar mi comida. Pobrecita mi Jez, que se me había molestado en dejármela a mano.

    —Luego de eso, mi leoncito y yo nos fuimos a la pista a bailar. Y a partir de ahí… Siguieron pasando más cositas…
     
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    A pesar de que había dejado el bento abierto en su regazo Vero no le llevó apunte real a la comida, Me dijo que no sólo yo estaba sorprendida mientras me acariciaba un mechón de cabello y me dediqué a comer un poco, lo que ayudó a que me tragara también la risa que habría querido soltar. Mira nada más, la criatura admitía así que había querido más, bueno bueno, ¿y dónde estaba el encargado de la responsabilidad entonces? ¡Había salido corriendo!

    Me ahorré mencionarle la huida del susodicho, que no se lo había dicho antes de por sí, y después de comer busqué mi botella para beber algo de agua. Quise molestarla diciéndole que si habría querido verse linda desde el principio o si se esforzó más luego de... los acontecimientos del almuerzo, pero tenía el trago de agua en la boca y ella siguió con la narración. El agua se me terminó yendo por mal camino al oír lo del chófer y ya cuando me dijo que el hombre, Horrigan, hasta lo había molestado diciendo lo de la novia no pude contener más la tos. No fue mucho, sólo para acomodar el trago desviado.

    —¿Qué dices de chófer personal? ¿Y de la alianza para molestarlo? —cuestioné cuando me hube recuperado. En mi defensa, tampoco creía que el chico fuese... ¿un niño pijo en todas las de la ley? Al pensarlo desvié la mirada a la chaqueta y supuse que igual era medio obvio—. Dios mío, todo lo que pasa en un día que los dejo sin supervisión, no puedo creerlo.

    Tomé algo más de agua, dejé mi almuerzo a un lado y agarré el bento de Vero mientras ella seguía hablando para prepararle un bocado de comida que tuviera un poco de todo. A este paso y con el chisme iba a terminar sin comer, resacosa y con más sueño que antes. Escuché fueron a Roppongi y de lo poco que sabía era que se trataba de una zona popular por tener clubes nocturnos y discotecas, pero no me preocupé por nada porque iba acompañada. Sorprendida o no por todo, daba por asumido que él la habría cuidado de principio a fin.

    Para la gracia terminó conociendo a una amiga del muchacho, que de paso lo había regañado frente a ella y... ¿Desde los trece años? Hombre, eso era un montón. Me pareció curioso, aunque la imagen que provenía de la amiga en cuestión de una versión más contestona e incluso más arisca no era difícil de imaginar tampoco. La idea me dio algo de risa, lo mismo pasó con la conversación que habían tenido, sonaba un poco a conversación de ebrios.

    —Mira yo no quepo en mi asombro ahora mismo, pero necesitamos que comas. Abre, Vero —dije acercándole la comida y esperé a que la aceptara para preparar el nuevo bocado—. Que pasaron más cositas dices, ¡como si no hubiesen pasado un montón antes! ¿Cómo pasamos de no tocarlo a coquetearle y bailar con él? Hasta con el step by step sigo impactada.
     
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    Primero me sobresalté un poquito al ver que se atragantaba con su trago de agua, pero al instante estiré la mano para darle unas buenas palmaditas en la espalda que la ayudarían a recobrarse de la tos, que por suerte no fue mucha. El relato de mi noche contenía detalles que a Jez le causaban más impacto del que esperaba, y encima yo contaba las cosas con tanta naturalidad que, sin darme cuenta, no le estaba dando tiempo a procesar, ups. Lo cierto es que a mí también me resultó inesperado y llamativo lo del señor Horrigan, que fue lo que provocó la reacción de mi lucecita. Aunque, en mi caso, supongo que yo era de asimilar las pequeñas sorpresas del mundo con más rapidez y, tal como insinué hace un momento, me dedicaba a disfrutarlas siempre que no fueran dañinas.

    De todos modos, mi mente y corazón estuvieron más puestos en la salidita nocturna, que tanto me había emocionado… Y, sobre todo, en lo lindo que se veía Cay bajo las estrellas y entre las luces urbanas.

    Su comentario de que no podía dejarnos sin supervisión me arrancó una risilla suave y terminé alzando ligeramente las manos, como si fuera una bandida a la que acababan de pillar con las manos en la masa.

    —Diría que nadie se lo habría esperado, ni siquiera nosotros —afirmé, divertida—. Fue todo muy espontáneo, y eso fue lo que también le dio su magia.

    Seguí hablando entonces, refiriéndole la parte del Maharaja. No era mucho de discotecas, lo mío eran más bien barcitos o sitios parecidos. Eso no significaba, claro está, que rechazara las discos. Además, parte de la salida también consistió en conocer cómo era Tokio por la noche, con sus luces, los carteles luminosos y la gente pasando por esas horas, si bien fue un miércoles. En el medio de mis palabras se me coló una sonrisa enternecida, porque Jez había vuelto a tomar mi bento y su intención fue bastante obvia.

    Me dijo que abriera, con la comida entre los palillos cerca de mi boca. Tuve que tragarme una pequeña risa, ya que me hizo sentir muy chiquita de repente, pero no estaba dispuesta a negarme por nada del mundo. ¡Pero eso sí…! Como andaba tan dormida, temí hacer algún movimiento inoportuno que terminara haciendo caer el bocadillo al suelo…

    Así que, para asegurar, agarré suavemente la mano de Jez y, de este modo, dirigí la comidita a mi boca. Mis labios se cerraron en torno al extremo de los palilos, mi párpados también descendieron un poco, embargada por el sabor.

    —Gracias, Jez —suspiré, tras bajar el bocado con otro buen traguito de agua, viendo cómo volvía a preparar otra porción para darme.

    Ella volvió a admitir lo asombrada que estaba, y para estas alturas me pregunté si ya estaría asimilando la parte que se estaba por venir. En cualquier caso, volvió a hacerme reír, sin malicia alguna: es sólo que me ablandaba el corazoncito verla así de sorprendida, intentando asimilar semejante chisme.

    —Es verdad, ya pasaron cosas antes, y muy lindas —secundé—. ¡Pero espera…! Que te tengo que contar las del Maharaja —carraspeé—. Seguimos bebiendo unas cervecitas, cerca de la pista , y de ahí nos fuimos a bailar. Y bueno... Hubo un momento que las luces bajaron, y él me acercó a su cuerpo. Lo hizo para cuidarme, pero… —me llevé las manos a las mejillas, otra vez—. Terminamos abrazados, muy pegaditos. Me acarició el cabello, que prácticamente me lo estuvo tocando desde el almuerzo; y yo aproveché para apoyar el oído en su pecho. Parecía que el corazón le iba a estallar —dije con ternura.

    >>Y bueno… También tuvimos una episodio un poquito tenso, ¡pero no entre nosotros, eh! —me apresuré en aclarar— Verás... Cuando terminamos de bailar y volvimos a la barra, vino un chico desconocido a invitarme un trago, llamándome “muñeca” sin más, y eso molestó mucho a Lionheart. Le contestó con brusquedad antes de que yo pudiera decir. Así le toqué el brazo para pedirle que se tranquilizara, y me encargué de negarme a la invitación del otro. Por suerte lo entendió y no pasó a mayores —suspiré, aunque me permití otra risita a pesar de todo—. Más que leoncito, aquí se vio como todo un león guardíán.

    Hubo una pausa más, en el que sentí el canto de los pajaritos proveniente del exterior.

    —Al final salimos, y terminamos en la banca de un parque comiendo mochi helado y tomando jugo de uva. Él ya me había dado esta chaqueta, porque notó que tenía frío —dije enternecida, volviendo a pasar la yema de los dedos por la textura del dragón dorado—. Estábamos bastante ebrios ya, pero recuerdo todo con claridad, Jez —sonreí—. Le dije que hacía mucho que no probaba tantas cosas dulces juntas… pero que lo más dulce de la noche fue él. Y le besé la mejilla —una pausa para que asimilara—. ¿Y sabes qué? Lion se hincó en una rodilla frente a mí. Me confesó que había tenido días extraños y que quizás no había sido del todo honesto conmigo, y creo que por eso también destacó mi paciencia. Dijo que la idea de la salida fue hacerme feliz.

    Me permití otra pausa para cerrar los ojos, a la vez que me sonrisa se suavizaba con creces. Era hermoso pensar que alguien actuaba con tal de darte un momentito de felicidad.

    —Cuando volvió a ocupar su lugar en la banca, lo abracé con fuerza —proseguí—. Y bueno… —carraspeé, fue como una suerte de aviso para Jez, porque esto seguro la iba a dejar aún más impactada—. Para estar más cómodos, terminé sentándome en su regazo...

    >>Y nos besamos.

    La Jez viendo el chisme:
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    No sabía si me estaba sorprendiendo todo el asunto sólo por lo que era en sí mismo o por la suerte de inquietud que conservaba en el pecho, creía que una cosa era que el otro aceptara las aproximaciones afectuosas con más soltura de la que aparentaba que esto. No quitaba que pues todos seguíamos siendo un montón de mocosos, ¿verdad? ¿De qué me sorprendía si yo, ajena al mundo, le había pedido a mi mejor amigo que me diera mi primer beso sin saber que estaba enamorado de mí? Puesto en perspectiva lo de Vero y Cay era menos extraño.

    O tal vez no.

    Ella me dio algunas palmaditas para que me acomodara el trago desviado, dijo que ni ellos se esperaban cómo habían terminado las cosas y que esa fue la magia del asunto. Había seguido hablando, pero tomó mi mano para poder guiar el bocado y comer tal como le estaba pidiendo, me agradeció aunque de inmediato negué con la cabeza como diciéndole que no era necesario.

    Continué atenta a la historia y la intención de alistar un nuevo bocado de comida se me congeló algunos segundos al escucharla decir que en un momento en que las luces del lugar bajaron acabaron muy pegaditos, que le acarició el cabello como venía haciendo desde el almuerzo y ella se apoyó en su pecho. No conectó con nada en absoluto de manera directa o aparente, pero a mí las ideas se me desparramaron un poco y me acordé del día del observatorio. La suerte de insight, sin embargo, se cortó al oír lo del episodio tenso y me preocupé un momento. Al final suspiré sin darme cuenta al escuchar el desenlace y lo del león guardián me hizo gracia, porque aunque alto, la verdad era bastante delgadito y no muy intimidante.

    —Parece bastante protector de sus personas —comenté reiniciando mi pequeña tarea, fue casi una reflexión al aire, y sonreí ligeramente—. Aunque parece que el alcohol le soltó las restricciones en todas direcciones, ¿no crees? A saber si bueno y sobrio habría reaccionado igual.

    No tenía manera de saberlo, porque pues seguía siendo yo, pero el día de los casilleros que vimos a Joey, Emily y la muchacha pelirroja justo una intención como esa se le había atascado en el cuerpo y había muerto allí. El resto de nosotras, bueno, éramos absolutamente ajenas a lo que pasaba y se había quedado atorado en la posibilidad de llevarnos puestas.

    Como fuese, habían terminado en un parque comiendo y allí la cosa siguió derrapando en otra dirección, que ella le besara la mejilla no era una locura tampoco, si la chica se había echado días aguantándose las ganas de tocarlo. Lo que no esperé fue la suerte de confesión, tenía que ser lo más cerca que había estado de decirle a alguien que algo le pasaba, que no era honesto con cómo se sentía, y pensé que aunque algo fuera de lo común al menos era un paso en alguna dirección. Además de eso, la tontería de que la salida había sido para hacerla feliz me pareció muy dulce, más acorde a él, y al escuchar lo del abrazo mi sonrisa se ensanchó.

    Vero carraspeó, yo estaba alzando los palillos para ponerla a comer cuando terminara, pero lo previo a lo que ya me había ido mentalizando hizo que diera un respingo y la comida se me terminó cayendo, por suerte fue a dar al mismo bento. A ver, a ver, a recapitular, habían salido de la disco, se fueron al parque a comer...

    —¡¿Qué te sentaste dónde?! ¡¿No estaban en la calle?! —dije en un murmuro que no por ello dejó de hacerme ver absolutamente escandalizada, por un segundo el cerebro se me configuró en neerlandés, luego saltó a inglés y no encontré el japonés por ninguna parte—. Oh dear God, what were you thinking?

    Dejé los palillos en el bento, me llevé una mano a la boca y así, digamos, contuve mi propia sorpresa. Algunas ideas se me volvieron a desordenar y con ellas el insight, el momento absoluto de "darse cuenta" me alcanzó aunque se me había perdido ya dos veces en momento distintos. Por eso era un poco anormal, por eso parecía algo fuera de lugar, era la manera en que Altan hablaba de Anna y la forma en que Cay aflojaba todo el cuerpo con su amigo, era lo mismo o por lo menos demasiado parecido.

    ¿Qué caso tenía decirle a Vero, con lo contenta que parecía?

    —No, espera. ¡El orden de cosas! —solté al caer en cuenta de la cronología de los eventos, alcé la mano y la señalé, repentinamente acusadora—. Para el beso ya estabas sentada encima suyo, ¡en la calle!
     
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    Bruno TDF

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    Secundé con un asentimiento al comentario de que Cay era protector con los suyos. A decir verdad, pensé que eso conectaba bastante bien con la noción de lealtad que hubo en la charlita con Yuzu, además de que el muchachito también parecía estar siempre atento a su entorno, a los movimientos de los alrededores. En resumen, que daba la impresión de ser tan observador como Hubby.

    —Diría que lo noche misma lo tuvo un más desatado y seguro de sí mismo, pero obvio que el alcohol hizo lo suyo —acompañé a su comentario—. Yo creo que en cualquier otro momento también trataría de proteger a sus personitas… pero seguro le ganan los nervios en el camino. Igual no lo sabemos, sólo podemos suponer entre las dos —completé mi palabrerío con un toquecito mimoso en su hombro.

    Y a ver, también había que considerar que Cay y yo todavía no estábamos conociendo, y que incluso habiendo pasado esta noche, aún quedaban bastantes cosas por descubrir el uno del otro. Al ofrecer mi punto de vista a Jez, no pretendí darme aires de que ahora sabía mejor cómo era Cay, tan solo hablaba basándome en lo que él mismo decidió ofrecerme. Igual mi lucecita me conocía lo suficiente para entenderlo.

    Mi relato avanzó, en el camino seguí atestiguando sus mini-reacciones. Cuando tocó llegar a la parte más… candente de la noche; le quise advertir con un carraspeo para que se preparara mentalmente, me iba a dar mucha penita si volvía a atragantarse. Para mi alivio, no fue una tos lo que sobrevino, sino que la comida… bueno, se le cayó de los palillos, pero fue a parar milagrosamente a su bento. La observé, expectante por su inminente reacción, notando en su mirada que estaba repasando los acontecimientos.

    Su más que evidente escándalo me sobresaltó un poquito. Pese a que habló en un murmullo, pude sentir la energía que brotó de sus palabras, incluidas las que pronunció en inglés. La reacción de mi lucecita fue algo esperable, a comparación mía era muchísimo más tranquila, además de yo también la destacaba por su madurez. Lo que más remarcó fue el asunto de que me senté en el regazo de Cay en plena vía pública, ante lo cual sonreí tranquila. No sentía una pizca de vergüenza ni culpa, pero sí me mostré comprensiva por su reacción.

    Además, me importaba mucho lo que Jez tuviera para decirme. No había pasado mucho tiempo desde el campamento, pero en mi corazoncito la estaba empezando a considerar mi mejor amiga. Una personita valiosa.

    —Tranquila, no había nadie en el parque, fue imposible que nos vieran haciendo esas cosas —dije con una sonrisita adormecida; y justamente, fue mi estado de sueño lo que me hizo derrapar con las palabras, porque me referí sin querer a esas cosas—. Digo, lo de besarlo desde su regazo.

    Tomé mis propios palillos y me llevé un bocadito de pollo a la boca, que mastiqué lentamente. En realidad, me di tiempo para recobrar un poco de compostura, porque sin querer estar recordando la mano de Cay recorriendo mi pierna, colándose bajo mi ropa y… y… Ay, tuve que hacer fuerzas para vaciar la mente, porque si no me iba a ruborizar delante de Jez al pensar en las cositas tan subidas de tono que hicimos en pleno parque.

    Por suerte, ella hizo una intervención que me permitió salir del paso. Creo.

    —En el parque —le aclaré por la gracia a lo de la calle, más pronto me tomé más en serio lo que me estaba diciendo con su dedito acusador, que se me hizo chistoso—. La verdad es que no recuerdo bien si fue Lionheart quien me sentó en sus piernas o yo me acomodé ahí sin más… La ebriedad, vio usted —me reí bajito—. Igual, me sirvió para poder abrazarlo mejor, mimarlos y acariciarle el cabello, la carita... El cuello.

    Hubo una pequeña pausa, en la que di cuenta de otra porción de comida. Estuve un poquito pensativa… Y, sin que me diera cuenta, mis orejas se pusieron coloradas.

    —Fue un beso muy apasionado —dije, risueña.
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Puede que algunas respuestas a mi sorpresa estuvieran a plena vista, pero no tenía suficiente información ni nada para hacer más asunciones o dar nada más por sentado y Vero estaba en las mismas condiciones que yo. Incluso si lo de la madrugada había pasado, si se intercambiaban mensajes de tanto en tanto, ella misma admitía sólo poder suponer. Se sentía un poco raro tener cierto... recelo hacia Cay, porque me parecía una buena persona, pero una amiga era una amiga y él a fin de cuentas seguía siendo un chico. Lo normal era que me preocupara un poquito por Vero y toda esta cuestión.

    En fin, no acoté más al respecto y pronto llegamos al peak del chisme, a la pobre prácticamente la acusé de exhibicionismo y por supuesto que mi reacción, aunque contenida, la sobresaltó un poco. A pesar de mi regaño ella sonrió con calma, ni una pizca de vergüenza le alcanzó el semblante y cuando soltó tan fresca que como no había nadie era imposible que los vieran haciendo esas cosas, por poco se me cayó la mandíbula al suelo del dojo. Hasta el idiota más grande del mundo habría agarrado la señal de que había pasado algo más.

    —No no no, señorita, ¡ya es muy tarde! ¡Se te salió más información de la cuenta! —solté cuando me recuperé un poco de la sorpresa y cuando me corrigió el "la calle" a "en el parque"—. ¡El parque es parte de la calle!

    Igual el descaro con que admitió no recordar si la iniciativa de lo del regazo fue suya o de él acabó por hacerme soltar una risa, ni siquiera pretendí contenerla. En fin que se puso a listar los mimos, que yo di por asumido no deberían ya entrar en esa categoría, ella tomó una pausa para comer y cuando la miré, noté que la sangre le había subido a las orejas. Bueno, ¿y esta falta de todo? ¡En frente de mi almuerzo!

    —¿Te parece bien a ti estar pensando esas cosas en mi hora del almuerzo, Verónica Maxwell? —la acusé de nuevas cuentas y le di un empujón sin fuerza real con el costado del cuerpo—. A este paso tendré que acusarte con el responsable.

    Fue broma en un cincuenta por ciento, hasta negué con la cabeza con una indignación de lo más impostada. En medio de eso recordé que, bueno, esto era un receso y no era infinito, así que dejé el almuerzo un momento para sacar el móvil y fijarme en la hora. No nos quedaba casi nada de tiempo y por estar de parlanchinas todavía no terminábamos de comer.

    —Vamos a tener que comer un poco más rápido, cariño —advertí dejando el teléfono a un lado—. Si ocupas motivación, piensa en la salida de anoche y el almuercito de mañana. Go go go!


    el cierre me salió medio feo pero JAJAJAJA

    como siempre, un placer rolear a las niñas uvu y un circo total Jez enterándose del chisme
     
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