Mini-rol Dilección [Supportshipping | Pokémon Rol]

Tema en 'Archivo' iniciado por Yugen, 15 Enero 2021.

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    Andysaster

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    Me arrepentí tarde de aquel maldito desliz. No esperé una reacción así. Tanto repetirme a mí misma que todo fluía con la misma naturalidad de siempre cuando tan solo tapaba el sol con un dedo pareció surtir efecto, porque genuinamente había esperado otra clase de respuesta. Avergonzarla, enrojecerla, que me devolviese la estupidez con una de las suyas. Pero la realidad me golpeó con la contundencia que necesitaba cuando su grito me desestabilizó y todo su cuerpo se tensaba como un resorte.

    ¿Acaso necesitaba que me hiciesen señales de humo? La tensión seguía estando allí. De nada servía pretender cuando el cuerpo hablaba por sí solo.

    Y era realmente honesto, ¿o no?


    Volví a llevarme la lata a los labios casi como una suerte de escudo absurdo. Apenas le quedaba líquido ya pero su reacción hizo que una oleada de calor me recorriese el cuerpo como un efecto rebote. Arceus, ¡no lo había pensado detenidamente! La vi tan cerca... Simplemente no pude resistirme.

    Abrí los ojos en su máximo cuando contra todo pronóstico mencionó en voz alta su curiosa debilidad, y cómo era perfectamente consciente de ella. Comencé a toser y aparté el refresco, abrumada y ruborizada ante aquella declaración de intenciones que me dejaba totalmente expuesta si cabía. Si había intentado avergonzarla, Mimi había sabido devolverme la jugada con creces. Aunque no había medido mis movimientos el cuerpo no mentía ni podía dármelas de santurrona a esas alturas del cuento. Había sido completamente intencionado... ¿pero no se suponía que intentaba evitar eso? ¿Qué demonios quería realmente?

    Estaba tan confusa.

    Por suerte algo en medio de toda aquella estupidez pareció llegar a buen puerto, y Mimi comenzó a contarme cosas sobre ella. Era curioso cómo después de tantos meses siendo cercanas nunca tuvimos una conversación así. Solté el aire lentamente por la nariz y continué comiendo en silencio, escuchándola atentamente. Siempre hablaba de su padre, aquel magnate multimillonario pero... ¿y su madre?

    —...Pianista. Vaya —Mi voz salió en un suspiro contenido, admirada. Había algo hermoso en el propio arte de la música, en su capacidad para transmitir emociones con cada nota. Era tan místico y tan ajeno para mí. No estaba al alcance de todos—. Quizás no seas un prodigio, pero el recuerdo de su música está dentro de ti ahora. Creo que es el mejor regalo que pudieran darme nunca.

    Esbocé una sonrisa suave. Me sentía agradecida por confiarme algo así y de alguna forma quise darle el apoyo que necesitaba. No la miraba directamente pero estaba allí, atendiendo a sus palabras con interés y comprensión. Apoyé la mejilla en la palma de mi mano, distraída. No me percaté de que había puesto en palabras lo que estaba pensando en ese instante hasta que mi mirada conectó con la suya.

    >>Me hubiera encantado escucharte.

    La sonrisa nostálgica se borró de mi rostro a la vez que cierto rubor escalaba mis mejillas y carraspeé, desviando la atención hacia la lata. Mierda, vacía. Últimamente la lengua se me soltaba demasiado en su presencia y eso podía ser contraproducente. En su lugar me terminé la brocheta y tomé otras dos del hornillo, regresando a la manta poco después. Extendí una hacia Mimi sin decir nada que atentase contra su orgullo, notando que había terminado la suya.

    Era una suerte de disculpa por mi desliz y un agradecimiento si se quiere.

    Acéptala, tonta.

    —Así que... eres Luxray, ¿hm? ¿Crees en esas cosas? —comenté un poco porque sí, soplando con cuidado. Quizás era un intento un poco bobo por regresarla a su eje de manera casual—. Yo soy Gardevoir. Eso quiere decir que nuestra compatibilidad es más bien escasa, ¿no?
     
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    Yugen

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    Había terminado por responder sin pensar prácticamente. Pero no era estúpida y sabía de sobra que lo sabía porque se había aprovechado de esa debilidad aquella noche. Su reacción solo terminó por confirmarme que lo había hecho totalmente a propósito. Arceus... ¿pero qué demonios pretendía? ¿Actuar con normalidad, como si no todo siguiese igual después de lo que hicimos? Y un cuerno de Tauros. Primero el desliz en el interior de la tienda, ahora eso... negar que no había tensión entre nosotras, que literalmente parecíamos estar probando los límites de la otra era ridículo.

    Y en el fondo me aterraba. Se suponía que solo había sido algo de una vez. Que sería suficiente para cerrar la cuenta pendiente que dejamos en Atracadero.

    Estaba tan equivocada.

    Volví la mirada en su dirección cuando suspiró y el aire soñador me hizo entender que genuinamente parecía admirarlo. La música siempre había formado parte de mi vida. Amaba el piano, amaba tocarlo y dejar que el sonido de sus teclas me envolviese y me llevara lejos. Era como una especie de hechizo mágico. Pero todo se había roto y ya no me sentía capaz de tocar una sola nota. Sin embargo, algo en las palabras de Liza me hizo reaccionar.

    El recuerdo de su música...

    Era cierto. Como mi madre me había enseñado a tocar era como si me hubiera legado un pedazo de su propio arte. Yo era su sucesora pero me negaba a actuar como tal. Y el piano seguía en el salón de mi mansión acumulando polvo y desafinándose.

    —¿Huh?—murmuré en respuesta. Había terminado recogiendo mis piernas y rodeándolas con mis brazos. Y la miré, probablemente con algo que era inevitable sorpresa. ¿Le hubiera gustado escucharme? Mi expresión se endureció y terminé apretando ligeramente los labios. Pretendía responderle con mi acidez características como cada vez que me decidían los mismo. "Es una lástima. Porque no pienso volver a hacerlo".

    Como cada vez que alguien mencionaba que quería oírme tocar. Pero ella no tenía culpa de mis traumas y mis problemas, no se lo iba a echar encima. Además, no había ninguna mala intención en sus palabras.

    Fue entonces que volvió a acercarse y me extendió una brocheta. Le devolví la misma mirada de contrariedad pero terminé por desviarla y aceptarla porque aún tenía hambre. ¡Además, estaban tan ricas! Le pediría la receta si mis artes culinarias no fuesen un desastre.

    Aquel acto terminó por liberarme un poco de la incomodidad y la tensión y dejé de rodear mis piernas con los brazos.

    —¿Compatibilidad?—repetí. ¿Como amigas? ¿Como pareja? ¿Como qué demonios? Sin embargo en ese momento no me alteré. En su lugar terminé por esbozar una ligera sonrisa de circunstancias y me llevé la brocheta a la boca—. Ah, ¿supongo que tú también crees en esas cosas?

    Los opuestos se atraían ¿no?
     
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    Mimi aceptó lo que le ofrecía y aquello bastó para suavizar mis gestos del todo. Quizás no había sido específica pero se le notaba en la cara que le gustaban las brochetas, y eso era suficiente para mí. Satisfecha, le di un nuevo bocado a la carne y alcé las cejas ante su respuesta en forma de pregunta.

    Le mostré la palma de mi mano libre.

    —Culpable —resolví sin complicaciones. Creía en muchas cosas que a otros podrían resultarle absurdas, pero la realidad se sentía demasiado vacía y pragmática sin algo de magia—. Me gusta la idea de que los astros designen algunos aspectos de nuestra vida. Tiene cierto encanto.

    Aunque a veces pueden equivocarse, pensé para mis adentros, observándola de soslayo antes de continuar admirando el lienzo azul.

    La astrología, la buena y mala fortuna, el destino. No podía negar que mi origen humilde y campechano había hecho que una gran parte de esas ideologías místicas sin fundamentos terminasen por arraigar en mi modo de ver las cosas. Jugueteé de manera distraida con el collar que siempre llevaba al cuello. Se suponía que estaba cargado de energías positivas y que era mi amuleto más preciado, aquel con el que no podía pasar un solo día sin tenerlo o creía que algo me caería en cualquier momento encima. Al final terminaba sugestionándome y de verdad terminaba sucediendo algo malo. Pero no era algo que dijese a menudo.

    Suponía que era esa clase de cosas absurdas que te daban vergüenza comentar en voz alta.

    Me limpié las manos cuando terminé de comer y con un suspiro pesado me eché sobre la manta, con las piernas recogidas. Hacía mucho tiempo que no me tumbaba sobre el césped a buscar formas en las nubes o a contemplar las estrellas y distinguir constelaciones. Los holders no teníamos apenas días libres. Quizás tenía dos manos izquierdas para tocar un instrumento pero la vida en contacto con la naturaleza definitivamente te enseñaba muchas otras cosas.

    —¿Es la primera vez que verás una lluvia de estrellas, Mims? —inquirí allí, con los ojos cerrados y la brisa acariciándome el rostro con mimo. Estuve por abrir uno de mis ojos y palmear mi costado para que se tumbase si quería pero preferí dejarle su espacio—. Solían decirme que pidiese un deseo y cerrase los ojos. Quizás suene infantil, pero... Tienes todo el día para pensarlo.
     
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    —Está bien que los astros decidan ciertas cosas—respondí aún mirando el cielo. Las nubes pasaban lentas, como copos de algodón—pero dejárselo todo a ellos sería aburrido. Me gusta la idea de que nadie más que yo puede controlar mi destino. Y eso que solo soy un amasijo de energía vital moldeable.

    Se me escapó una risa después de eso. No sabía por qué me había resultado gracioso pero en cierta forma era mi prueba fehaciente de la victoria contra la zorra de Tau. Se suponía que no debíamos ser más que piezas móviles en su absurdo juego de ajedrez. Pero éramos seres pensantes, con capacidad para decidir y labrarnos nuestro propio camino a pesar de todo. Tal vez éramos meros amasijos de energía... pero éramos los mejores meros amasijos de energía del mundo.

    La vi tumbarse en la manta y sentí el irrefrenable deseo de hacer lo mismo pero logré contenerme a tiempo. Ya estaban los ánimos bastante tensos, el ambiente distendido estaba cargado de palabras no dichas y prefería manteneme un poco al margen. Al menos hasta que mi corazón dejara de palpitar como si estuviese al borde del infarto.

    >>He visto estrellas fugaces antes—respondí—. Como mi mansión no estaba en el centro de la ciudad si no en las afueras la contaminación lumínica no afectaba demasiado y se podía ver bien el cielo de noche.

    Y había pedido deseos. Cientos. Generalmente cosas como "ojalá papá vaya a verme el sábado a la presentación del concurso" o "deseo que papá me lea un cuento como lo hacía mamá" o... esa clase de cosas. Deseos de una pobre niña que se sentía sola. Ni uno de ellos se cumplió. Por eso había terminado pensando que era una estupidez esperar que ocurriesen milagros. Aun si a veces miraba al cielo nocturno a la espera de ver una.

    Le dirigí una mirada de soslayo, cauta y con evidente curiosidad. ¿Y ella?

    >>¿Ya sabes que vas a pedir tú?
     
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    Mis labios se curvaron en una sonrisa escueta, contagiada por su propia risa. Claro que estaba de acuerdo en eso; había muerto por defender mi vida y mis propias decisiones como para dejar que me controlasen de nuevo ahora. Pero detalles como un encuentro, un suceso aislado... no sonaban mal después de todo. Creer que estaban hechos solo para ti te hacía sentir... ¿especial? Algo así.

    Como las almas gemelas.

    Abrí uno de mis ojos al escuchar que había visto estrellas fugaces en muchas ocasiones. Sinnoh y Teselia eran regiones principalmente urbanas, de modo que no podía compararse con el cielo prístino de Udan o Gérie. Si tan solo no hubiese estado tan preocupada por Archie la noche de la iniciación en Aldea Risco podría haber disfrutado del mismo durante horas. Pero lo cierto es que Galeia no se quedaba demasiado atrás, y por ello no podía perdérmelo por nada en el mundo.

    —¿Hm? ¿Yo? —murmuré, y apoyé mis antebrazos tras mi nuca para poder devolverle la mirada. Lo cierto es que ni siquiera me había parado a pensarlo esta vez.

    Podía pedir tantas cosas. Saber dónde demonios se encontraba mi hermano y por qué no se había dignado a llamarme siquiera una vez tras tres largos años. Que mis padres aceptasen de una vez los ahorros que había juntado para devolverles lo que gasté con mi huída, volver a estar en paz. Obviando el típico "salud, dinero y amor" me estaría repitiendo demasiado, y me había cansado de esperar y de vagar sin rumbo. Ya no era necesario hacerlo, ahora tenía un lugar al regresar.

    Quizás no tenía tanto que desear como pensaba. Y sin embargo...

    >>...Mhm. Creo que lo sé —Me llevé un dedo a los labios y volví a cerrar los ojos. La sonrisa ligera adquirió un tinte misterioso de repente—. Pero si te lo digo no se cumplirá. Es un secreto.
     
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    Cuando respondió que sí sabía ya que deseo pedir mi cuerpo se tensó instintivamente. No quise darle demasiadas vueltas al hecho en sí pero lo cierto es que no pude evitar pensar si se trataría de algo sobre mí o en su defecto sobre nosotras. Que mencionara que era un secreto con aquella misteriosa sonrisa solo lo hizo peor.

    ¿Para qué me había hablado al oído? ¡Esa idiota! Esperaba que no pensara que iba a dejarlo estar así como así. Realmente no creía en esa tontería de los deseos a estrellas fugaces ni en eso de que si se decían en voz alta no se cumplirían. De modo que haciendo caso omiso a todas las señales de mi cuerpo de que era mucho mejor mantener la distancia por el momento, decidí aprovechar para vengarme.

    Un poquito.

    —Ah, ya veo—respondí simplemente mientras me limpiaba las manos con toda la calma del mundo y cuando terminé esbocé una sonrisa indescifrable. Casi amenazante de hecho—. Supongo que tendré que sacártelo por las malas.

    Me incorporé y me acerqué a ella como una sombra, con claras intenciones. Seguía allí tumbada con los ojos cerrados y aquella sonrisa. No lo vería venir. Antes de que pudiese reaccionar estaba de rodillas a su lado y había empezado a hacerle cosquillas otra vez.

    —¿Pensabas que ibas a irte de rositas?—pregunté y le piqué los costados—. ¡No sabes bien con quién estás tratando White!
     
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    Liza White

    No sabía si había sido buena idea tumbarme justo después de almorzar, porque repentinamente los párpados comenzaron a pesarme y de no ser porque quería aprovechar cada minuto del día me hubiese quedado dormida. Había bajado la guardia y relajado mi respiración al fin, pero al parecer ninguna de nosotras iba a poder permitirse algo así.

    Una sombra me tapó el sol repentinamente y abrí uno de mis ojos con pesadez, pero fue demasiado tarde. Ni siquiera había prestado atención a las palabras de Mimi, claramente amenazantes; craso error. Mi cuerpo se tensó en respuesta y me encogí al sentir de nuevo las malditas cosquillas arrancándome el aire de golpe.

    ¿Es que no había tenido suficiente con lo de la tienda acaso?

    —¡N-No! ¡Suéltame! —exclamé, retorciéndome de nuevo bajo su tacto—. ¡No puedo decirlo! ¡R-Respétalo, tonta!

    Si creía que iba a soltarlo así como así me subestimaba bastante. Además, ¡yo sí creía en eso! ¿Por qué no podía dejarme ser? En determinado momento logré llevar las manos hasta sus muñecas, aprisionándolas durante unos segundos e impiendo así que llegasen de nuevo a mis costados.

    >>¿A qué viene tanto interés de repente? —inquirí, respirando pesadamente. Gracias al agarre procuré mantenerla algo lejos de mí, pero no creía poder aguantar demasiado tiempo así—. No creerás que tiene que ver contigo... —Ladeé el rostro, entrecerrando los ojos con cierta suspicacia—. ¿O sí?
     
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    Podía ser una venganza pero la verdad era que me estaba diviertiendo bastante. Le picaba los costados y ella se retorcía y se estremecía entre risas. Solo pretendía cobrarme su tontería de hablarme al oído pero había terminado por disfrutarlo genuinamente. Me hacía sentir poderosa.

    Sin embargo en determinado momento sentí las manos de Liza sosteniendo mis muñecas deteniéndome y el ambiente distendido se cortó de súbito. Fue un shock tan fuerte que mis ojos se abrieron al máximo de la impresión. ¿Qué estaba...? ¡Eso no...! ¡No estaba en mis planes! No forcejeé ni traté de seguir haciéndole cosquillas. El solo hecho de que me sujetara de las muñecas me paralizó en el sitio. No era necesario ser un genio para entender lo estúpidamente débil que era a cualquier cosa que me hiciera. El cerebro no me funcionaba apropiadamente y cada vez que trataba de dominarla y se volvía en mi contra perdía toda la confianza, la seguridad y me volvía una masa nerviosa y altamente susceptible.

    —¿H-huh? ¡C-claro que no!—repliqué rápidamente, demasiado tal vez. —. ¿Qué pidirías sobre mí? ¿Volver a escucharme tocar? Ni mil deseos a una estrella fugaz me harían volver a hacerlo.

    Le sostuve la mirada todo el tiempo, firme, como si el solo hecho de apartarla, de flaquear un solo instante fuese una derrota. Ignoré todas y cada una de las señales que me enviaba el cuerpo y me quedé allí, orgullosa como era, esperando no sabía el qué. Los segundos transcurrieron lentos, parsimoniosos y nuestras respiraciones pesadas eran los únicos sonidos que rompían el silencio superponiéndose como una sola. Incluso la brisa parecía haberse detenido.

    Estática, expectante.

    ¿Expectante de qué...?

    Me mordí ligeramente el labio.

    Había momentos en los que debía asumir la derrota.

    >>S-suéltame...—murmuré y odié la fragilidad en mi voz. Pero no hice ademán alguno por liberarme. No me estaba lastimando. Sin embargo la situación ya era lo bastante extraña de por sí y mis emociones estaban demasiado alteradas como para seguir tensando la cuerda. Logré no titubear y repetí—. Suéltame de una vez.

    ¿Por qué me sentía tan absurdamente débil? ¿Por qué demonios mi corazón estaba latiendo tan rápido, hasta el punto de doler? La sola respuesta, el simple hecho de que 'eso' pudiera ser posible era suficiente para aterrarme y mis manos temblaron ligeramente bajo el agarre de las suyas.
     
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    Liza White

    No sabía cómo lo hacíamos, pero de una u otra forma siempre terminábamos tanteando nuestros límites. Había sido así desde aquel estúpido beso en Atracadero. Había sido así en el probador, en el ascensor, en la habitación. La historia parecía volver a repetirse y lo peor de todo es que allí, sosteniendo sus muñecas temblorosas bajo mi tacto y perfilando sus delicadas facciones lo comprendí. Aún cuando atentase contra todos mis principios y mi estúpido romanticismo lo entendí y la realización me golpeó con contundencia, haciéndome abrir los ojos de la impresión.

    No me importaba volver a hacerlo.

    No me importaba pero no podía evitar pensar que algo estaba mal con todo eso.

    Mis dedos dejaron de cerrarse en torno a sus muñecas y obedecí a su petición sin mediar palabra alguna. Ni siquiera había hecho fuerza, podía haberse liberado sola. Pero no lo hizo. Todas sus acciones me confundían y me hacían pensar que a ella tampoco le importaba. Le sostuve la mirada con la misma intensidad durante un instante, como si quisiese comprender a qué demonios jugaba. Si tan solo necesitaba desfogarse como aquella noche y ya. Observé sus labios, ligeramente abiertos por la falta de aire y desvié la mirada de nuevo, sintiendo de nuevo ese calor apremiante.

    ¿Eso era... lo que yo quería?

    ¿Solo eso?

    Me hice a un lado, incorporándome de la manta y rompiendo de nuevo aquel hechizo extraño un poco a regañadientes. No debían ser más de las cuatro pero aún había mucho por hacer. Estaba determinada a que aquel día saliese bien y no podía dejar que mis emociones convulsas lo echasen todo a perder. De modo que con algo de fuerza de voluntad comencé a recoger las cosas y a guardar lo que había sobrado para más tarde, concentrándome en esa pequeña tarea.

    —¿Puedes asegurarte de apagar el hornillo? —Le pedí a Mimi mientras guardaba la ensalada a buen recaudo—. Los cubiertos y los vasos que no usamos puedes dejarlos en esa bolsa de allí.

    Cuando el pseudo campamento se vio libre de atentar contra la naturaleza de ninguna forma me sacudí las manos y repasé la check list en mi cabeza. Pescar no era una mala idea de hecho. Era tranquilo y podíamos convertirlo en algo divertido con nuestra absurda rivalidad. Quizás era lo que mejor nos venía en ese instante, solo necesitábamos un pokémon de agua y una caña improvisada.

    Y yo sabía cómo hacer eso.

    —Ten, sujeta esto —Había estado repasando la leña que habían traído anteriormente y noté dos ramas con la forma ideal para ello. Le tendí una mientras yo me encargaba de la otra. En mi mochila había traído anzuelos inofensivos y el hilo de pesca al que unirlos. Solo restaba anudarlo bien a la rama y listo—. Puede parecer extraño pero he llegado a atrapar muchos pokémon con solo esto para liberarlos más tarde.

    >>¿Cómo se te da la pesca? —cuestioné, mientras terminaba con mi caña improvisada. Una vez hecho eso me acerqué para hacer lo propio con la suya, buscando sus ojos—. ¿Lo suficiente para apostar algo de nuevo?
     
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    Eso ya había pasado antes. En Atracadero empezó. Luego se sumó el probador, el ascensor y finalmente todo lo que hicimos en ese cuarto del Centro Pokémon. Estaba hundida hasta el cuello y era perfectamente consciente de ello. Mis pies no estaban sobre suelo sólido si no sobre inestables y turbulentas arenas movedizas desde ese maldito día y solo me hundía más y más. Mis emociones estaban altamente inestables y el jodido corazón se me iba a terminar por salir del pecho. No tenía problemas cardiacos pero iba a terminar por tenerlos estaba segura de eso.

    Liza finalmente me soltó y yo desvié la mirada. Por el amor de Arceus.
    Fue extraño porque tuve la necesidad de pedirle que no lo hiciera, que se quedara allí a pesar de que yo misma le había pedido que me soltara. Todo era un desastre.

    Solté el aire por la nariz y me incorporé para apagar el hornillo y guardar todo en la bolsa como me había pedido.

    Recoger todo logró despejar mi mente por un tiempo. No le di muchas más vueltas, no lo pensé y luché por calmarme y detener el temblor en mis manos. No le había mentido en el cine. La idea me causaba pavor.

    "Prométeme que no dejarás que me enamore de ti"

    Me aterraba.


    Distraídamente sin ser siquiera conscientes había empezado a jugar nerviosamente con un mechón de mi cabello. La vi tomar un par de ramas del montón que había traído junto a Kiba y empezó a hacer algo similar a una caña improvisada. Enarqué una ceja.

    ¿Pescar?

    —¿Hm? ¿Es la revancha porque te gané en el juego del arcade?—solté el cabello con el que estaba jugando y le dirigí una sonrisa desafiante poniendo mi mano en la cadera. Competir era como combatir. Me distraería—. Bring it on. Pero te aseguro que si apuestas algo lo vas a perder otra vez.
     
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    Solté el aire por la nariz en una risa suave ante su respuesta. El hilo de pesca era muy fino y se escurría entre los dedos, pero no tardé en anudarlo y afianzar el agarre con firmeza. Coloqué un pequeño cebo mientras ella sujetaba la rama con una de sus manos.

    —Puede que lo sea —dije con simpleza, allí frente a ella. La pequeña tarea parecía distraerme lo suficiente como para ignorar todo lo demás. Incluso me permití dedicarle una sonrisa tranquila al finalizar—. Alguien debe recuperar su honor después de todo, ¿no?

    Sin duda no era la más ducha en la pesca, pero al menos eso lo hacía un encuentro justo a mis ojos. Le tendí la caña improvisada y aparté con delicadeza una pequeña hoja que se había adherido a su cabello antes de separarme del todo. Tomé mi propia caña y liberé a mi querido inicial de su pokéball para que pudiese disfrutar de un refrescante baño.

    —Oh, y en cuanto a la apuesta —mencioné una vez en la orilla, girándome hacia ella mientras subía al lomo de Samurott—. Puedes decidirla tú esta vez. Es lo justo.

    La última vez la perdedora tenía que cumplir el capricho de la otra. El recuerdo de su petición regresó a mi mente como un eco insistente pero lo mandé a las profundidades de la misma. Estaba haciendo un esfuerzo por serenarme, no necesitaba más inseguridades.

    Con un toque suave el pokémon de agua se adentró en el lago y recogí mis piernas, sujetándome con cuidado. Señalé el reloj en mi muñeca.

    >>Quien tenga más peces dentro de media hora gana.
     
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    Mimi Honda

    Una competición de pesca... no se me daba particularmente bien pero una competencia era una competencia. Y era lo bastante competitiva, valga la redundancia, para no dar mi brazo a torcer. Sentí un ligero rubor escalar hasta mis mejillas y parte de mi confianza volvió a tambalearse cuando sus dedos me apartaron una hoja del cabello.

    Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba allí.

    Carraspeé para serenar mi cuerpo y mis ideas y la vi subirse al lomo de su Samurott. La única diferencia con Monomaru era su color. El suyo era un Samurott shiny, notablemente más oscuro. Tomé mi bolso y liberé a mi propio Samurott de su pokéball. Acerqué mi mano a su cuello y lo acaricié antes de responder.

    —De acuerdo—dije con calma—, si gano tendrás que contarme el deseo que pedirás esta noche. Si tú ganas, aunque no va a pasar, tal vez algún día puedas escucharme tocar el piano.

    No podía perder de ninguna manera. Media hora era tiempo suficiente, solo tenía que asegurarme de buscar algún lugar donde hubiera más peces. Alguno tenía que picar. Subí al lomo de Monomaru y nos adentramos en el agua.

    >>Bien—alcé mi mano en el aire con decisión con tres dedos levantados y los fui bajando a medida que iniciaba la cuenta regresiva—, la competición empieza en tres, dos, uno... ¡ya!
     
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    —¿¡Eh!? —exclamé inevitablemente ante la apuesta que me adjudicó. El corazón me dio un vuelco en el pecho mientras empezaba la cuenta regresiva, repentinamente inquieta—. Eso no... Eso... ¿No puede ser otra cosa? ¡E-Espera!

    Pero no hubo caso. Haciendo caso omiso se sujetó a Monomaru y terminaron por internarse en el lago. Tensé los labios y agaché la mirada, sintiendo mi confianza tambalearse durante un instante. Mi orgullo me impedía negarme porque supondría una suerte de derrota pero aquello era importante para mí. La tensión en mi cuerpo y el repentino cambio en mi semblante parecían gritarlo a los cuatro vientos.

    No quería decirlo. No podía.

    Necesitaba que se cumpliese a toda costa.

    Chasqueé la lengua, molesta por su insistencia y le indiqué a Samurott que se zambullese en el agua. Definitivamente ahora no podía perder.

    —Esa apuesta no es justa. Un tal vez no me sirve —Lancé el anzuelo cuando nos alejamos lo suficiente de la orilla, dándole la espalda en todo momento—. No apuestes algo que quizás no puedes cumplir, Honda.
     
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  14.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Cuando la profundidad pareció ser suficiente lancé la caña improvisada al agua. El lago era tan claro, tan prístino, que podía ver a los peces moviéndose bajo la superficie. Eran Magikarp en su mayoría, tal vez aún que otro Barboach. Nada demasiado especial.

    —Yo no apuesto nada que no podré cumplir White—respondí sosteniendo la caña con firmeza. Monomaru me dirigió una mirada de soslayo—. Por eso dije tal vez.

    Volver a tocar el piano después de tanto tiempo me causaba pavor. No estaba preparada. No aún. Aunque solía amar la música. Aunque era el legado de mi madre.

    Apreté ligeramente los labios, tensa. Pero tal vez Liza tenía razón y no era una apuesta justa. No podía apostar algo de forma tan endeble.

    Exhalé.

    >>De acuerdo, si me ganas me escucharás tocar. Algún día. Un poquito...—en ese momento el sedal de la caña se tensó y ahogué una exclamación de sorpresa. ¡Había picado algo! ¡Y en tiempo récord! apresurada tiré de la caña hacia atrás mientras el Pokémon forcejeaba con el anzuelo. Cuando finalmente logré sacarlo, se trataba de un pequeño Barboach. Esbocé una sonrisa triunfante y la emoción se coló en mi voz—. ¡Sí! ¡Mira eso, uno a cero!

    Le quité el anzuelo y lo devolví nuevamente al agua. Monomaru avanzó y rodeó al Samurott de Liza y una vez nos encontramos cara a cara porque me estaba dando la espalda, le sonreí con el mismo aire de desafío que antes. Había sido un golpe de suerte pero la buena fortuna tendía a serme tan esquiva que no pude evitar regodearme en ello.

    Mis ojos debían echar chispas. Éramos dos bestias competitivas, no había manera posible de que aquello saliese bien.

    —Tengo tantas ganas de que me cuentes que deseo es ese.
     
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  15.  
    Andysaster

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    Liza White

    Crucé las piernas sobre el lomo de Samurott y me incliné ligeramente hacia delante. La ausencia de entrenadores en aquel lugar mantenía el agua limpia y calma y no era difícil distinguir siluetas bajo la superficie. Mis manos apretaron ligeramente la caña improvisada sin ser consciente. Estaba tan tensa, tan metida en aquella absurda competición que cuando un Basculin picó el anzuelo reaccioné demasiado rápido, ahuyentándolo en el acto.

    —¡No! ¡Mierda!

    Había estado tan cerca. Maldita sea. Cerré los ojos y respiré hondo. Los pokémon podían notar perfectamente la inquietud en el anzuelo y eso podía ser contraproducente. De modo que saqué la caña del agua y volví a lanzarla de nuevo algo más lejos. Arrugué la nariz ligeramente al escuchar la exclamación de Mimi pero lo ignoré y seguí con mi búsqueda con calma.

    O bueno, al menos esa era la intención.

    —No te vayas a dormir en los laureles —Le devolví la misma sonrisa desafiante cuando la idiota se apareció para regodearse de su captura. Estaba haciendo un esfuerzo titánico por no demostrar ninguna debilidad, pero no me lo estaba poniendo fácil—. Deberías ir dándole un repaso a las partituras por si acaso.
     
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  16.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    La respuesta de Liza me hizo soltar una risa por la nariz y le di un toquecito a Monomaru para que volviera a alejarse. ¿Repasar partituras? Las tenía muy presentes. Podía llevar años sin tocar pero no había olvidado absolutamente nada. Como colocar los dedos para tocar las teclas apropiadamente, qué nota correspondía a cada tecla y las escalas. Todo estaba cristalino en mi mente, como si no hubiera pasado tantísimo tiempo desde entonces.

    —Mastica bien esa envidia Liz, no vayas a atragantarte.

    Volví a lanzar la caña y aguardé pacientemente... hasta que el sedal volvió a tensarse. No pude dar crédito a mis ojos, generalmente mi suerte era tan mala. ¿Dos? ¿Tan pronto?

    En esa ocasión saqué del agua un Magikarp común y ordinario. Sus ojos vacíos miraban a ninguna parte en un estado de anonamiento perpetuo. Qué mundo interno tan interesante...

    Lo liberé del anzuelo y lo dejé nuevamente en el agua. Dio un breve coletazo antes de desaparecer bajo la superficie.

    —¿Has visto?—mencioné y esbocé una ligera sonrisa burlona— Dos~. Y en tiempo récord. ¿Qué tienes qué decir sobre eso?
     
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  17.  
    Andysaster

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    Seguimos dando vueltas y vueltas por el lago pero no hubo caso. Usualmente tampoco obtenía mejores resultados pero solía estar mucho más tranquila, y de alguna forma eso tenía un efecto positivo. Sin embargo era bastante notable la inquietud, la impaciencia e incluso la presión que sentía, y todo ese amasijo de malas vibras parecía actuar de repelente con las criaturas del lago.

    Otro pokémon, esta vez un Remoraid picó el anzuelo pero tiré demasiado tarde y se llevó la comida. ¿Quién se creía? ¡Podía al menos colaborar un poco! Si fingía que picaba le daba el anzuelo hasta con gusto, de verdad que toda la situación parecía estar en mi contra. Pero no iba a rendirme, antes muerta.

    Cambiamos de zona y lancé de nuevo el sedal. Escuché la voz de Mimi a lo lejos y solté el aire por la nariz en una risa sin gracia.

    —Lo siento, no te escuché —mentí y me volví hacia ella cuando el Magikarp hubo regresado al agua. Miré sus manos vacias y ladeé el rostro con inocencia fingida—. ¿Decías?
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  18.  
    Yugen

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    Se me escapó una ligera risa cuando se giró a mirarme. Las cosas no le estaban saliendo particularmente bien y pude notar la tensión en su semblante, pero se mantenía orgullosa, firme, negándose a rendirse. Éramos mucho más parecidas de lo que podía parecer a simple vista y me parecía admirable.

    Me pregunté entonces si no la estaba torturando demasiado. Era evidente que no quería contarlo, que ella creía en esas cosas de los deseos y demás. Pero también era evidente que quería escucharme tocar el piano. Me mordí ligeramente el labio y volví a lanzar el sedal al agua.

    ¿Tal vez era un buen momento para decirle la verdad ya?
     
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  19.  
    Andysaster

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    Liza White

    Era probable que estuviésemos causando cierto alboroto ahí abajo y que la noticia hubiese corrido como la pólvora, porque los pokémon ya ni siquiera se dignaban a asomarse. Veían el anzuelo flotar y seguían a lo suyo como si nada. Hice un ligero mohín, apartándome el flequillo castaño de la frente con mi mano libre. El sol empezaba a calentar bastante y sentí que terminaría quemándome un poco.

    Samurott pareció notar ese gesto o quizás el desasosiego en sí y chapoteó cerca de mí, salpicándome un poco en el proceso. Me sequé el rostro con el antebrazo antes de darle un golpecito en el cuello, fingiendo una molestia que no sentía.

    De hecho estaba bastante fresquita. Quizás no hubiese sido mala idea traer el bañador después de todo.

    El bañador está sobrevalorado Liz
     
    • Gracioso Gracioso x 1
  20.  
    Yugen

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    —¿O-otro?—mascullé.

    El sedal volvió a tensarse y me apresuré a tirar de la caña. Esta vez se trataba de un Basculin de rayas azules. El Pokémon gruñó y aleteó soltándose del anzuelo y regresando al agua por su cuenta. Pero era un tercero, otro punto para mí.

    Tres a cero.

    No podía creer que yo hubiera conseguido tres y White ni uno. Le dirigí una mirada de soslayo, extrañada.

    ¿Qué clase de realidad paralela era esta?

    Indeed they are (?)
     
    • Gracioso Gracioso x 1
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