Mini-rol Dilección [Supportshipping | Pokémon Rol]

Tema en 'Archivo' iniciado por Yugen, 15 Enero 2021.

Cargando...
  1.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    "No permitas que me enamore de ti"

    Casi pude sentir cómo el corazón se detenía en mi pecho. Fue apenas una frase, pero me golpeó con la contundencia de un placaje y me arrancó el aire de golpe. Busqué su mirada, mis pupilas vibrando con un temor extraño, y percibí en sus ojos sus propios miedos con una claridad abrumadora.

    Estaba aterrada.

    No me di cuenta hasta ese entonces de lo que estaba haciendo.


    Nunca imaginé una petición así. Nunca esperé ver esa súplica, esa angustia que alguna vez vi en Témpera regresar de nuevo a sus ojos. No pensé que, de volver a contemplar algo así, yo misma sería la causante de todo.

    Arceus. Era tan estúpida.

    Fue como sacar la cabeza fuera del agua después de minutos que se sintieron eternos. El calor se disipó y la dejé ir sin oponer resistencia, bajando los brazos lentamente. Estaba segura de que, de no haberse apartado, lo habría hecho yo misma. De repente su tacto se me hacía insoportable. Me sentía sucia y la culpabilidad no tardó en hacerme arder los ojos, en revolverme el estómago y su imagen al fondo del ascensor, abrazada a sí misma echa un completo desastre, solo incrementó esa asquerosa sensación.

    Lo había vuelto a hacer, ¿cierto?

    Buscar sustitutos. Llenar el vacío en mi pecho de manera inconsciente.
    Primero con Steve. Ahora Mimi.
    ¿Quién sería el siguiente?
    Apoyé la espalda en la pared y clavé la mirada en mis pies, soltando el aire por la nariz en una risa vacía. Plana. Al final sería cierto que las apariencias engañaban. Era una persona horrible.

    —No... puedo prometerte algo así. Al menos, no del todo —alcé la voz al fin, tras segundos que se sintieron eternos. No la miré en ningún momento, pero había dibujado inconscientemente una sonrisa amarga en mis labios. Con todo, mi voz seguía siendo suave. Calma. Tan distinta a las emociones erráticas que se revolvían en mi interior que me pregunté cómo diablos hacía para guardar la fachada—. No puedo controlar tus sentimientos, al igual que tampoco puedo controlar los míos. Simplemente pasa. Y es una mierda.

    >>Pero puedo... intentar evitarlo.

    Desde que Bruno ya no estaba siempre había sido así. Usaba y desechaba a las personas creyendo que genuinamente deseaba ayudarlas cuando en el fondo actuaba por mí misma, ¿cierto? Porque necesitaba dejar de sentir ese frío, ese insufrible vacío que me había dejado años atrás y que trataba de ignorar. Había usado a Steve aún cuando no tenía claro si había llegado a tener sentimientos reales por él o fue mera atracción física. Casi jugué con Ragan de la misma forma y ahora... ¿qué se suponía que pretendía hacer con Mimi? ¿Tontear? ¿Pretender que podía besarla y tocarla sin tener en consideración sus sentimientos, solo porque así lo sentía yo? ¿Después de todo lo que le había pasado?

    Había sufrido mucho. Por Alpha, por Emily. Y ahí estaba yo.

    Amenazando con abrir otra grieta más para la colección.

    >>No sé qué me viste para acercarte a mí en Aldea Risco... pero no soy como tú crees. Soy egoísta, Mims, ¿no lo ves? —Y de nuevo aquella risa. Me llevé el flequillo castaño hacia atrás, sobrepasada por mis propias emociones. De repente ansié el aire fresco del exterior—. Necesito la compañía de otros casi como necesito respirar. Sentirme querida, deseada. Y te estoy haciendo daño en el proceso —No me di cuenta de que mi voz había comenzado a quebrarse y me obligué a aguardar un instante. Me abracé a mí misma también, desviando la mirada hacia algún punto del ascensor—. Pero no quiero hacerlo. No quiero volver a usar a nadie nunca más. Mucho menos quiero hacértelo a ti.

    Porque ante todo seguía siendo esa estúpida que se desvivía por sus amigos.

    La eterna e ingenua hermana mayor.


    Me aparté de la pared y presioné el botón de la planta tres. Nos habíamos quedado paradas en alguna de ellas y por suerte o por desgracia nadie solicitó el ascensor en ningún momento. Saqué de mi bolsillo la entrada y miré la hora antes de darle la espalda. Me estaba aguantando las lágrimas como una idiota para soltarlas donde no pudiera verme, probablemente.

    Solo había una forma de intentar cumplir medianamente mi palabra.

    Y eso implicaba cortar de raíz lo que fuera que estábamos haciendo.


    >>Iré a adelantarme y buscar las butacas. Puedes comprar palomitas mientras tanto... o lo que sea. Yo no tengo hambre —Ni siquiera tenía ganas de ver la película pero si estar dos horas a solas con mis pensamientos me ayudaba a volver en mí, bienvenido sea. Las puertas se abrieron y di un paso al frente, entreabriendo los labios una última vez. Dudé—. Nos vemos luego.

    Si dijo algo más no alcancé a escucharla. Simplemente me alejé de allí, perdiéndome entre la gente hasta que mi silueta desapareció en la distancia.

    She is an idiot indeed *le pega un zape*
     
    • Sad Sad x 1
  2.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    El silencio se tornó pesado e incómodo. Cayó como una losa. Ni siquiera pude sostener su mirada cuando me respondió con el flequillo cubriendo mis ojos como lo tenía. Todo lo que hice fue encogerme más en mí misma. Ella no había hecho nada mal. Era yo. Yo era la estúpida insegura, la que tenía tanto miedo de sufrir. La que había empezado todo eso porque le dio la gana. La que la acorraló contra el callejón de Atracadero del mismo modo que acababa de hacerlo en el ascensor.

    Era yo la que había tirado de la maldita cuerda hasta desgastarla.

    Ella solo se dejó llevar.

    Y ahora habíamos intercambiado los papeles.


    Cerré los ojos durante unos segundos cuando salió buscando desesperadamente calmarne. Aún sentía los nervios a flor de piel, aún quemaba. Era una mezcla disonante entre la atracción y la ansiedad. Quería besarla, sí. Quería mucho más que eso pero me aterraban las consecuencias. Mi mente me regresaba meses atrás, a todas las lágrimas que derramé, al dolor en mi pecho, a la desesperanza y la casi la depresión.

    No sabía exactamente como sentirme. Me pesaba el corazón en el pecho y sentía unas incontenibles ganas de llorar. ¿Podía esperar siquiera otra reacción por su parte? ¿No había terminando confirmando mis miedos? El terror al rechazo, a la soledad. Se me escapó otra risa sin gracia, vacía. Era comprensible que le desagradase la idea porque... Arceus, era una persona horrible. ¿Quién querría estar con alguien como yo? Era posesiva, irritable, egoísta y obstinada. Pensaba haber madurado pero seguía siendo una niña estúpidamente frágil.

    Liz, espera.

    Espera por favor.


    No pude sacar aquellas palabras de mi garganta. Algo parecía haberse roto irremediablemente. La tensión era ahora áspera, cortante y gélida como un rayo hielo atrevesándome la piel. Su voz estaba cargada de resentimiento. Y me pregunté si todo eso... era un error. ¿No debió hablarme de sus inseguridades en Gérie? ¿No debimos volvernos más cercanas? ¿No debí besarla?

    ¿Era eso?

    Repentinamente solo quería largarme de allí. No me apetecía seguir y tampoco quería ir a ver esa película. Compré las palomitas en piloto automático solo por hacer tiempo pero tenía un nudo prieto en la garganta y sentía el ardor en mis ojos más fuerte que nunca. ¿Qué estaba haciendo? Por el amor de Arceus... ¿qué era todo eso? ¿Qué significado tenía?

    Ninguno.

    No tenía significado.

    Solo estaba jugando con fuego.


    Me pasé por el baño para retocar mi maquillaje, el rímel que había terminado por hacerse un desastre por las lágrimas que no pude contener. Me enjuagué el rostro, lo sequé y volví a maquillarme frente al espejo.

    Listo. Una muñequita de exposición.

    Me senté en la butaca contigua a la suya, en el centro de la sala. No hice contacto visual alguno, ni siquiera de soslayo. No me sentía capaz. Traté de fingir naturalidad, pero era muy ridículo hacerlo después de lo que había pasado. Quise decirle que no me estaba lastimando, que no me sentía usada tampoco; que todo era mi culpa, pero las palabras no salieron. No logré encontrar el valor. Las luces se apagaron y la pantalla se prendió.

    Una película romántica.

    Masoquista se quedaba corto para describirme.

    Ámense pelotudas *llora en un rincón*
     
    • Sad Sad x 1
  3.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    No recuerdo exactamente lo que hice al salir, prácticamente huir del maldito ascensor. Hubo un parchón negro aquí y allá, y el resto del tiempo aguardé sentada en mi asiento, en mitad de un silencio generalizado que me resultó jodidamente pesado. Asfixiante. Casi me atrincheré ahí dentro a pesar de que quedaba un largo rato hasta que empezase la película.

    Fui incapaz de silenciar mi mente. Tampoco fui capaz de derramar lágrima alguna, como si no me creyera con el derecho para hacerlo. Y pensar que había sido tan cobarde como para provocar el beso y huir sin atreverme a lidiar con las consecuencias de mis actos. De hacer lo que me había venido en gana sin siquiera pensar en ello. No pude soportar la sola idea de haber estado jugando con los sentimientos de Mimi todo este tiempo sin saberlo. No estaba enamorada de mí pero tenía miedo. Y si tenía miedo es que estaba dudando, que había una pequeña posibilidad de que eso sucediese.

    ¿Me importaría? ¿Enamorarme de Mimi Honda? ¿Era ella el problema?

    No, claro que no.

    Y si lo hubiera sabido, si hubiera sabido la poca autoestima con la que se veía a sí misma jamás me hubiera marchado. Le hubiera acomodado las ideas de un golpe si eso le hacía dejar de verse como una persona horrible cuando no lo era.

    Era yo y solo yo el problema allí. En ese supuesto "y si". Porque creía no estar preparada para algo así, para superar la muerte de Bruno y dejarlo ir. Porque creía no ser capaz de amar de verdad, y aún así aceptaba el amor de otros pese a no corresponderles realmente. Porque lo necesitaba.

    Nadie se merecía algo así. Mucho menos ella.

    Jamás contribuiría a hacerle más daño.

    El tiempo pasó, las luces se apagaron y la película inició. Había subido las piernas al asiento y abrazado mis rodillas, acurrucada, resguardada en la oscuridad de la sala. Donde nadie tenía por qué sufrir ni hacer más daño. Mimi se había sentado en el asiento contiguo no mucho después pero ni siquiera reaccioné. Las imágenes se sucedieron, las voces y la música llegaron hasta mis oídos pero no las escuché realmente. La opresión en el pecho y el ardor detrás de mis ojos se mantuvieron en todo momento.

    No supe bien en qué momento había empezado a seguir la película. Probablemente a la mitad de la misma. Cuando estaba más que claro que uno de los protagonistas no llegaría al final. De alguna forma había terminado por conectar con ella, por el amor genuino que le profesaba y la carga sentimental que aquella estúpida piedra tenía en toda la obra. Desear que alguien cambiase por completo era como hacerlo desaparecer, hacerle perder su esencia.

    Cada persona era única e irrepetible y jamás le desearía algo así a nadie. Ni a Mimi. Ni siquiera a mí misma.

    En algún momento sentí un tacto cálido y húmedo deslizarse por mis mejillas sin permiso. Me sentí pequeña y ridícula y me abracé con más fuerza en mi lugar. ¿Por qué demonios estaba llorando ahora? ¿Por la estúpida película? ¿Por mis emociones convulsas? ¿Un poco de todo?

    Probablemente.

    Sorbí por la nariz mientras los créditos pasaban por la pantalla. Las luces se habían encendido de vuelta y las personas empezaban a marcharse pero yo no me moví un ápice. Había fruncido el ceño, molesta conmigo misma y mi patética imagen, con la mirada clavada en el suelo y las mejillas sonrosadas.

    La voz me salió gangosa pero me esforcé por articular mis palabras. No estaba dispuesta a repetirlo de nuevo.

    —Tú no tienes la culpa de nada —murmuré. Le reproché más bien. Apreté los dedos en torno a mis rodillas de manera inconsciente.

    No me arrepiento de lo sucedido en Gérie así que por favor.

    No te atrevas a dejarme sola ahora.
     
    • Sad Sad x 1
  4.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    La película transcurrió sin mayores sobresaltos. La premisa era bastante típica, los colores cálidos, la música suave. Un joven entrenador enamorado de una joven entrenadora, nada nuevo bajo el sol. Eran felices, tenían sus problemas de vez en cuando, pero... tenían una bonita relación. Era evidente que se querían y eran felices juntos. En determinado momento él le regaló un anillo forjado en una piedra eterna y ella... bueno, terminó enfermando gravemente y al final del film murió. Me pregunté por qué no había leído la trama antes de lanzarme a ver un drama de esas proporciones. Todo versaba alrededor de la fragilidad de la vida, de la necesidad de aprovechar cada momento, de que todo estaba bien como estaba y no había necesidad de cambiarlo. Pero era la propia vida la que terminaba golpeándote en la cara y forzando las cosas a cambiar.

    Tsk.

    Me sorprendía mi habilidad para cagarla sistemáticamente.

    No pude evitar, en diversas escenas, dirigirle ligeras miradas de reojo a White. El primer beso de los protagonistas, la cita en un restaurante cualquiera de Kalos, la escena de sexo. Escueta e implícita pero me tensó inconscientemente en el asiento y volví a sentir esa maldita y asfixiante ola de calor. Durante esas miradas esporádicas que le dirigí... siempre la encontré de la misma forma. Encogida en la butaca, con la rodillas flexionadas y recogidas, como si quiera hacerse lo suficiente pequeña para desaparecer. Y en uno de esos momentos, cuando la chica protagonista murió, la incidencia de la luz blanquecida de la pantalla resaltó una lágrima en su semblante.

    El corazón se me apretó nuevamente en el pecho.

    Me pregunté si era de hecho por la película, pensé en intervenir de alguna manera, pero sus palabras me retuvieron en el sitio. La escuché sorber por la nariz, las luces de la sala volvieron a encenderse y con la voz entrecortada por el llanto, por la evidente angustia, me dijo que no era mi culpa.

    Pero yo... Arceus, me sentía más culpable que nunca. ¿Estaba llorando por eso? ¿Por lo que le había dicho? ¿Porque de alguna manera lo había jodido todo con el solo hecho de insinuar que podía, con el tiempo, enamorarme de ella? Era evidente que yo... no tenía ningún tipo de confianza conmigo misma. Imponía el orgullo y alzaba mis defensas para protegerme porque era una persona muy frágil en el fondo. Llena de dudas, de complejos y de miedos. White había sido quien me había ayudado a hacer frente a gran parte de ellos. Mi entomofobia, mi inseguridad con el tamaño de mis senos. Incluso me había dicho que era bonita sin esperar nada a cambio... Nadie me había dicho nunca nada así. Ni siquiera Emily. Y Emily no era... ¿mi mejor amiga? Era simplemente natural que mis carencias emocionales me hicieran aferrarme a personas que me daban seguridad, con las que me sentía cómoda, con las que podía permitirme ser yo misma. Y era esa la principal fuente de mi miedo. Si realmente terminaba enamorándome volvería a sufrir otra vez. El rechazo, la incomodidad, la sensación de tener el corazón hecho trizas.

    Y una mierda quería volver a pasar por eso.

    Contra todo pronóstico se me escapó una risa vacía y sardónica por la nariz. Estaba llena tanto de resentimiento como de amargura.

    —¿Qué dices?—pregunté. Mi mirada estaba fija en la pantalla apagada, completamente negra y la sala, lentamente, se iba quedando más y más vacía—. Yo tengo la culpa de todo. Si no te hubiera besado en ese callejón nada de esto hubiera pasado. Si no hubiera tenido esa estúpida idea no hubiera iniciado nada de... esto. Sea lo que sea esto. Era un error desde el principio.

    Yo también necesitaba sentirme amada y deseada de la misma forma que ella. Era humano desear ser aceptado y querido, no tenía nada de malo. Que pensase que algo como eso la hacía una persona horrible era ridículo. Una persona horrible... ¿ella? Venga ya, ¿qué chiste era ese?

    >>Siento haberte dicho lo que te dije en el ascensor—añadí con un tono neutro, modulado, pero detrás de la máscara solo quería irme de allí y volver a deshacerme en lágrimas. Había terminado fastidiándolo todo. Porque eso ocurría cuando insinuaba que pudiera haber algo más que simple atracción física. Y me odiaba tanto por eso. Con esas palabras me incorporé del asiento, tomé mi bolso y me dispuse a irme. No podía seguir allí, la culpabilidad que sentía me estaba rayando el cerebro con tanta fuerza que sentí que terminaría demoronándome de un momento a otro—. Siento... haberte incomodado. No era mi intención joderlo todo de esta forma.

    Las palomitas que compré habían quedado sin ser tocadas, ya frías, y cuando me levanté con tal brusquedad terminaron cayendo y desparramándose por el suelo. Ni siquiera sabía por qué las había comprado en primer lugar.
     
    • Sad Sad x 1
  5.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Me encogí ligeramente al escuchar el resentimiento en su voz, la risa vacía y amarga. Me pregunté cómo habíamos llegado a eso. Cómo habíamos pasado de tener un tiempo de calidad en compañía de la otra como dos amigas más a cavar un abismo de semejantes proporciones entre ambas. Si pudiese retroceder en el tiempo... ¿cambiaría alguna cosa? Lo dudaba.

    Había sido yo y no ella la que la besó en el callejón. La que lo insinuó todo durante la cena. Tampoco me moví en el probador y había estado a punto de volver a hacerlo en el ascensor. Compartíamos la misma culpa, la misma carga sobre nuestros hombros pero sencillamente era demasiado obstinada como para darse cuenta.

    No había hecho nada mal. Ninguna de nosotras lo habíamos hecho. Era una respuesta natural, pura química lo que desencadenaba cada una de nuestras acciones. Sentirse atraída por otra persona y dejarse llevar por impulsos. Hasta que los sentimientos se interponían en ello pese a no quererlo y todo se iba a la mierda.

    Porque al final del día seguíamos siendo un par de niñas rotas.

    Apreté los labios cuando se levantó con brusquedad de su asiento, y de nuevo sentí ese frío, ese vacío regresar a mi pecho. Era tan egoísta obligarla a quedarse solo porque temía estar sola en ese estado. El abismo se ensanchó y enterré el rostro entre mis piernas.

    —...¿Por qué lo sientes? —murmuré. Mimi se detuvo al escuchar mi voz y solté una risa extraña. Cansada, sobrepasada por mis propias emociones—. ¿Porque crees que eres tan horrible que nadie se enamoraría de ti? ¿Es eso? Eres estúpida.

    Despierta de una buena vez.

    El mundo no gira alrededor de ti.


    Había sonado más brusca de lo que esperaba pero simplemente me dolía. Me dolía y me frustraba que no fuese capaz de ver todo lo bueno que tenía. Me había aconsejado, me había apoyado, había sido mi soporte cuando nadie más estuvo allí para mí. Con Arlene, con mis miedos e inseguridades, con aquello que me hacía débil y vulnerable. Todo el mundo conocía mi fachada segura y serena pero pocos sabían qué había más allá. El desastre que estaba hecho. Y aún así se atrevía a pensar que algo como eso llegaría a incomodarme. A romper nuestra amistad, a desgastarla.

    Apreté la mandíbula, molesta con ella y conmigo misma. Si había huido del ascensor había sido porque no me sentía preparada para tener una conversación así. No de nuevo.

    >>Deja de menospreciarte. Deja de autocompadecerte, maldita sea. Si tu respuesta a todo esto es huir; adelante, hazlo. Lárgate —Dejé de flexionar las piernas para apoyarlas en el suelo, y me sequé el rostro rápidamente antes de levantarme con cierto esfuerzo. La pulsera tintineó en mi muñeca y tensé los labios hasta que formaron una fina línea—. Pero de verdad espero que algún día seas capaz de verte como te vemos todos nosotros... Como te veo yo.

    Es lo último que te pido.

    Aunque quisiera no iba a detenerla. La culpa, los remordimientos y el temor que sentía me anclaron en el suelo y sellaron mis labios. También estaba esa estúpida promesa. Si eso era lo que quería, si debía evitar que esos sentimientos aflorasen en algún momento... quizás aquello fuese lo correcto. Perdería a una amiga, dolería. Claro que lo haría. Pero nadie tendría por qué sufrir por las consecuencias de todo esto.

    No tendría que hacerme responsable del dolor de nadie más de nuevo.

    Aunque ya era algo tarde para eso.
     
    • Sad Sad x 1
  6.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    Detuve mis pasos al escuchar su voz como si hubiera chocado contra una pared invisible.

    ¿Me arrepentía? No, claro que no. Ni siquiera pensaba que todo había sido un error. Me había gustado besarla. Me... había excitado de hecho. Todo se resumía de la misma forma. La raíz del problema era el mismo.

    El nudo en mi garganta se reforzó.

    ¿Estaba huyendo? No. Estaba alejándome porque ella se sentía incómoda. Era ella la que había reaccionado de esa forma en el ascensor cuando le pedí lo que le pedí. Era ella la que soltó de la nada que era una persona horrible, que necesitaba sentirse querida y deseada. Era ella la que salió del ascensor. ¿Cómo se suponía que pensara que era porque se sentía culpable? ¿Porque pensaba que estaba lastimándome? No lo estaba haciendo. Hacerme daño era de hecho lo último que hacía.

    —... Tengo miedo—proseguí y la voz se me quebró inevitablemente—. Eso es todo. Tengo miedo, Liz.

    Giré sobre mis talones para encararla. No había manera humana posible de detener mis lágrimas a aquellas alturas. Ni siquiera hice el esfuerzo por disimularlas, sobrepasada por las emociones y las dejé correr libres por mis mejillas. Mi semblante se había contraído en un rictus de dolor amargo.

    >>Solo... tengo pánico de sufrir. De enamorarme otra vez y pasar por lo mismo. ¿Crees que tengo algún tipo de confianza después de que me rechazaran dos veces?—no había rabia en mi voz, no había ninguna defensa, ningún escudo. Estaba siendo totalmente honesta—. Yo... me sentía intocable. Sí, pensaba que el mundo giraba alrededor de mí porque así había crecido desde que era una niña. Mi padre me hizo creer que era una princesa y me colmó de bienes materiales para ocultar su incapacidad manifiesta como padre. "Los Honda somos los mejores", me decía. Crecí con esa idea. Y luego... salí al mundo real para darme cuenta de que nada de eso era cierto. No era una princesa. No era intocable. Solo era una niña tonta con carencias afectivas y un montón de problemas. ¿Y sabes? Era momento de que me diera cuenta de eso. Si la vida no me hubiera golpeado en la cara jamás hubiera dejado atrás esas ideas.

    >>Me enamoré por primera en mi vida cuando aún creía en el amor y Alpha me rechazó. Lo que es comprensible porque... le jodí la vida desde que nos conocimos. Le insulté, le golpeé, lo traté peor que a un trapo viejo. ¿Cómo podía esperar a confesarme y que me aceptara? ¿Cómo podía ser tan estúpida?—sollocé, la voz se me quebró en un quejido y mis hombros convulsionaron—. A Emily me aferré porque me daba seguridad, porque necesitaba de su cariño para sentir que valía algo. Y terminamos haciéndonos daño mutuamente. Aunque no lo parezca, nada es lo mismo desde entonces.

    >>¿Qué quieres decirme con todo esto?—le cuestioné y me eché las manos al rostro. Mis hombros se estremecieron de forma espasmódica incapaz de contener ni detener los sollozos— ¿Que si pasara lo peor me corresponderías? No digas estupideces. Yo soy una persona horrible, no tú.
     
    • Sad Sad x 1
  7.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Me colgué el bolso al hombro y estuve a punto de marcharme cuando su voz me estaqueó en el sitio. No esperé que me respondiese. Estaba molesta, frustrada y quién sabe qué más, pero cualquier rastro de ello desapareció cuando Mimi giró sobre sus pasos y me recibieron sus ojos anegados de lágrimas. Su rostro contraído en un rictus de dolor.

    El corazón me dio un vuelco en el pecho y lo mínimo que pude hacer fue escucharla. Por más que quisiese hacerme pequeña y desaparecer sencillamente no se sentía correcto en ese momento.

    Ahí estaba de nuevo. El complejo de la eterna hermana mayor de todos.

    Se ve que nunca aprendería.


    Me sorprendió saber que Emily no fue la única persona que la rechazó. Tampoco funcionó con Alpha. Él seguía... enamorado de Destiny, ¿cierto? Así como Em lo estaba de Dante. El amor era impredecible y no importaba el estatus social con el que nacieses o quién fueses en realidad, todos terminábamos sufriendo por ello. Ni siquiera Mimi y su cuna de oro pudieron escapar de ello. Había... tenido que aprenderlo por las malas, ¿no?

    Contuve las lágrimas y sin poder reprimirme más reduje la distancia que nos separaba hasta rodearla entre mis brazos. Apreté los labios, conteniendo sus espasmos mientras sorbía lentamente por la nariz. Tratando de contener de alguna forma sus emociones y las mías propias en el proceso. Ser el soporte que ambas necesitábamos en ese instante.

    Estábamos hechas un completo desastre.


    —¿Y qué si quiero decir eso? ¿Me creerías acaso? —cuestioné apenas, con voz queda. Solo había que ver cómo seguía repitiendo lo horrible que era a pesar de todo lo que le decía. Apoyé mi mentón en su hombro y cerré los ojos, dejando que las lágrimas se deslizasen de nuevo, silenciosas—. Claro que podría pasar, que podría corresponderte. El problema no es ese. El problema está en que ya no sé si sé amar de verdad.

    Si no serías una sustituta más del montón. Un reemplazo por pura necesidad.

    >>No sería la primera vez —murmuré, haciendo un esfuerzo por aclarar mi voz y mis ideas—. Empezar una relación con alguien a pesar de no poder dar ni la mitad de lo que te dan a cambio. Desde que Bruno se fue nada se siente igual, y aún así lo sigo buscando. El cariño y el contacto de otros, aún cuando soy incapaz de dejarlo marchar del todo. De superponer su imagen en todos. Eso es ser egoísta y cruel.

    >>¿Qué diferencia habría entre lo que te pasó con Emily y esto? ¿Lo de Alpha? Te haría daño de la misma forma —La estreché con algo más de fuerza contra mi cuerpo de manera inconsciente—. ¿Todavía sigues sin verlo? No merece la pena enamorarse de mí, Mimi. Olvídalo. No traigo más que desgracias.

    No sé de donde me nació aquella risa nasal, tampoco ese pensamiento intrusivo. Era algo que siempre había estado ahí, pero a lo que nunca le había dado voz. La creencia de que era alguna especie de gafe. En la plataforma de los cielos, en la cabaña del bosque helado.

    Sacudí la cabeza, para despejar mis ideas, y agregué entonces, apenas en un susurro.

    >>Por eso preferí evitártelo. Por eso hui del ascensor. Siento si te hice creer lo contrario.
     
    • Sad Sad x 1
  8.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    Mi cuerpo se tensó instintivamente cuando me abrazó. Cuando su cuerpo cálido se apretó contra el mío y sus brazos me rodearon. En el momento en que se ocurrió, como si hubiera vuelto a abrir la maldita llave, todo se desbordó con aún más fuerza y redoblé mi llanto. ¿La creería si decidí que podía amarme? Arceus, no. No podía creerla.
    Negué con la cabeza con obstinación, el rostro hundido en su hombro.

    La escuché en silencio sin poder ver su rostro porque había apoyado mi mentón en mi hombro y yo me había hundido en el suyo. Y entonces, sorbí por la nariz y repliqué.

    —Eres una tonta. Eres una completa tonta—mantuve mi rostro en su hombro incapaz de mirarla a los ojos—. No estoy enamorada de ti. Solo tengo miedo de que ocurra. Si ocurre no querría que me correspondieras porque sintieras que debes hacerlo. ¿Qué sentido tiene eso? Si ocurriera, querría que sintieras lo mismo por mí.

    Pero es imposible que pase y eso es lo que me aterra.

    >>¿Crees que si tú te enamorases de mí te correspondería si no sintiera lo mismo? Venga ya, eso es ridículo. Sería tan doloroso como rechazarte. Cuando amas a alguien no quieres que te corresponda por el solo hecho de hacerlo. Quieres que te ame también. Y si amas a una persona de verdad no impones la imagen de nadie más sobre él o ella. Porque ya es perfecto tal y como es.

    Como si tuvieras la necesidad de entregarle una piedra eterna.

    Ese era el tipo de amor que me gustaría tener. Un amor de verdad, aunque ya no creyese en él. Aunque no le tuviese ninguna fe a sus bondades. Inconscientemente o tal vez no tan inconsciente, lo deseaba. Ese final de cuento que leía de niña.

    Seguía siendo esa estúpida romántica idealista después de todo.

    Yo, la que le había dado sus sentimientos de comer a Raiden.


    >>¿Sabes qué más es egoísta y cruel?—preseguí, casi le reproché y terminé por separarme de su abrazo para poder mirarla a los ojos. Mi voz, aún algo gangosa por el llanto, sonó seria y calma. Ahora era yo la que nuevamente había tomado su papel. Me enjuagué mis propias lágrimas y luché por recomponerme—. Lo que estás haciendo en este momento. Deja de culparte y autocompadecerte tú también. No eres una persona horrible. Y me importa una mierda lo que digas para hacerme creer lo contrario. Yo he sido cruel, cínica e insoportable... ¿Pero tú? ¿Qué has hecho tú? ¿Y qué si no puedes entenderte a ti misma? ¿Y qué si no puedes dejar de ver a Bruno en todo el mundo? Lo perdiste de una forma horrible. Pero nada de eso fue tu culpa.

    Apoyé mis manos en sus mejillas levantando su rostro para obligarla a mirarme sin ser brusca. Tenía los ojos anegados en lágrimas, el semblante enrojecido y me pregunté por qué no la había escuchado sollozar. Por qué en todo momento se había mantenido quieta, abrazándome, solo sorbiendo por la nariz de vez en cuando. No podía creer que ni siquiera se sintiera con derecho a llorar libremente. Yo era mucho peor que ella y estaba llorando. La miré directamente a los ojos, a los dos pozos azules, tan similares a los míos. Ahora, vidriosos por las lágrimas, parecían estar hechos de agua más que nunca.

    >>Quiero que esto te quede muy claro ¿de acuerdo?—le avisé sabiendo que aquella posibilidad se le había pasado más de una vez por la cabeza. En el ascensor, incluso. Y ahora había vuelto a decírmelo—. No me estás lastimando, no me has hecho daño. Es todo lo contrario. Me gustó el beso en Atracadero. Me gustó... mucho, de hecho—sentí la ola de calor azotarme sin piedad el rostro y apreté los labios con fuerza, avergonzada de mis propias palabras e ideas. La voz incluso me había temblado en último momento. Dudé. Abrí y cerré los labios sin emitir sonido y finalmente logré arrancar las palabras del fondo de mi garganta—. Aunque aún tengo miedo no me arrepiento de nada de lo que ha pasado ni creo que sea un error. No estoy enamorada pero me atraes, White.

    Como un maldito imán.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  9.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Así como ella negó con obstinación ante mis palabras yo tampoco pude creer en las suyas. Me negaba sistemáticamente a hacerlo. Todos necesitábamos a un culpable al que señalar y yo hacía mucho que decidí cargar contra mí misma. No era algo que se solucionase de la noche al día. Ninguna de las dos iba a dar su brazo a torcer y comprendí entonces que quizás no éramos tan diferentes después de todo.

    Aún si mi terquedad estaba presente sus palabras redoblaron mi llanto, silencioso sobre su hombro, y no dejé de escucharla en ningún momento. Cuando se separó de mí y me miró a los ojos mi semblante se contrajo en un rictus de dolor, pero seguí atendiendo como bien pude. Incliné mi mejilla sobre sus manos, buscando su calor instintivamente. Por un instante temí que rompiese el abrazo.

    A pesar de que ambas temíamos que los sentimientos se interpusieran habíamos disfrutado de todo eso. Era innegable decir que me había gustado besarla. Que se había sentido especial de alguna forma y que no me importaba repetirlo de nuevo. Como sucedió inconscientemente en el ascensor hacía un par de horas.

    El calor me volvió al rostro en algún momento y fui incapaz de sostenerle la mirada. La sola idea de lo que estaba por decir era vergonzosa y me enviaba un escalofrío apremiante por todo el cuerpo. Aún así no sé por qué lo hice. Quizás empujada por mis miedos, quizás deseando creer en sus propias palabras de alguna forma.

    De modo que coloqué mis manos sobre las suyas, acunando aún mi rostro, y abrí los labios ligeramente. Dudé. La voz, aún temblorosa, me salió en un murmullo que solo ella escuchó.

    —Si eso es cierto... —alcé la mirada, con la duda impresa en mi rostro. Ignoré el ardor en mis mejillas al encontrar sus ojos, aún vidriosos por las lágrimas—, si todo lo que dices es verdad y no te estoy lastimando con esto... Quédate conmigo, Mimi.

    Quédate conmigo esta noche.

    No me dejes sola.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  10.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    Esperaba muchas cosas pero definitivamente no que me pidiera algo así. Me golpeó con la contundencia de un mazo, mis ojos se abrieron en su máximo y sentí el rubor volver a alcanzar mis orejas.

    ¿Que me quedara con ella? ¿Era realmente consciente de lo que acababa de pedirme? ¿Quedarme con ella esa noche? Implicaba mucho más que quedarse a dormir. Implicaba mucho más que besarnos. Y no era necesario preguntarlo para afirmarlo. Solo ver su rostro, su expresión, notar el deseo en sus ojos me hizo reafirmarlo. Ella sentía exactamente lo mismo que yo.

    La misma necesidad por romper de una vez esa tensión insoportable que se había instaurado entre nosotras desde aquella noche en Gérie.

    Bajé la mirada mordiendo ligeramente mi labio inferior en una mezcla extraña entre deseo y ansiedad, ante de alzarla y volver a encontrar sus ojos. Mi voz fue una especie de suspiro contenido.

    —Solo si te quedas conmigo también.

    Me acerqué cortando nuevamente la distancia entre nosotras. Pero esta vez no fui brusca ni mis movimientos estaban cargados de la ansiedad del ascensor. Fue de hecho gentil, como si buscara paliar su inseguridad y reafirmar mis propias palabras. La besé como si estuviese hecha de cristal y cualquier presión de más podía terminar rompiéndola.

    Tal vez nunca sentiríamos nada más allá que atracción física o simple deseo sexual. Quizás ese sentimiento nunca cambiase. Quizás ella aún estaba enamorada de Bruno y yo de ninguna manera estaba preparada para saltar al vacío de una relación sin tener seguridad antes.

    Tal vez aquello quedara como una simple anécdota. Una noche. Pero en ese momento... no me importaba. Aunque tenía la certeza de que si terminaba enamorándome volvería a sufrir. Volvería a tener el corazón hecho pedazos. Pero... no tenía por qué hacerlo ¿no? No tenía por qué pasar.

    —Vámonos.

    Deslicé mi mano hasta sostener la suya afianzando el agarre entre sus dedos y tiré de ella. Seguíamos en el cine aún, en completa soledad, entre las butacas. Cuando salimos fuera la noche ya había caído y el aire era frío, gélido. Su roce en mis mejillas me llevó nuevamente a esa noche.

    A la cena. Al paseo entre calles estrechas y a la pared de aquel oscuro callejón. A mi muslo entre sus piernas y mi boca contra la suya. A ese ardor en mi piel, a la sensación ardiente de su lengua, a nuestras respiraciones corriendo agitadas.

    A nuestro beso en Atracadero.

    La temperatura también era fría entonces y la sentía más que nunca por el fiero ardor de mis mejillas. El corazón, asolado por los nervios, me latía de forma similar ahora. Desaforado y errático. Pero era diferente porque... no tenía la más mínima idea de qué iba a pasar. Qué iba a pasar con nuestra relación después. ¿Nos volveríamos amigas con derechos y nos acostaríamos juntas cada vez que necesitásemos el consuelo de la otra? ¿Quedaría, de hecho, como algo de una sola vez?

    Cruzamos la calle en completo silencio como si decir cualquier cosa fuera de hecho un error. Como si no fueran necesarias las palabras. En momento alguno solté su mano. Era algo así como nuestro polo a tierra, nuestra ancla para no perdernos o terminar de desmoronarnos o quién sabía qué. Las luces de la ciudad, de los escaparates, del alumbrado público fueron nuestra única compañía de regreso al Centro Pokémon.

    Otoño.

    Ni siquiera podía sentirlo ya en la piel.


    No éramos las únicas personas cuando entramos en el centro. Había una pequeña cola de entrenadores en recepción solicitando habitación esa noche. Volví a tirar de la mano de Liza, suave, y la atraje hacia a mí para hablarle directamente al oído. Me pregunté si podía notar el temblor ligero en mi voz a pesar de la confianza fingida, porque, realmente, estaba hecha un absoluto manojo de nervios.

    Era la primera vez que hacía algo así.

    —Hey, White syrup cake—le dije en un intento por disimular mi más que evidente nerviosismo— ¿Estás segura de esto?
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  11.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Contuve el aliento después de soltar aquella locura de proporciones épicas. Aún después de todo lo que acabábamos de pasar, de su evidente temor y el dolor de nuestras heridas me atrevía siquiera a insinuar algo así. Estuve a punto de disculparme y fingir que no hablaba en serio cuando volví a sentir el tacto de sus labios, cálido y gentil, silenciando cualquier voz insidiosa en mi cabeza.

    No necesité confirmación alguna para saber que ambas necesitábamos lo mismo. Que solo veíamos una forma posible de destensar el ambiente enrarecido que se había vuelto insostenible desde hacía mucho entre nosotras. Lo decía el brillo opaco en nuestros ojos, nuestros gestos, nuestros roces.

    Entrelacé mis dedos con los suyos con suavidad cuando tomó mi mano. Aún sentía los sentidos entumecidos pero su tacto hizo las veces de faro en mitad de la oscuridad.

    —Está bien —acepté. Mis facciones se relajaron lentamente y me permití apretar su mano antes de comenzar a caminar.

    Nos recibió la brisa gélida de la noche. El mundo seguía girando a nuestro alrededor ajenos a la vorágine de emociones que se revolvían dentro de nosotras. Sentí un dejavú extraño mientras me dejaba guiar entre las calles concurridas sin soltar su agarre, aprovechando el paseo para recuperar mis fragmentos, recomponerme lentamente. A pesar de las similitudes con la noche en Atracadero aquello se sentía totalmente distinto.

    Era un sentimiento mucho más fuerte que la mera curiosidad que nos llevó hasta un callejón cualquiera en esa ocasión.

    Y estábamos bien con eso.

    Mientras aguardábamos en la pequeña cola Mimi me atrajo hacia sí y me susurró con evidente nerviosismo en la voz si estaba bien con todo eso. No pude evitar sentir cierta ternura; yo no distaba mucho de su situación. Parecíamos saltar de primera a primeras veces entre nosotras y definitivamente eso no era algo como ir a comprar ropa interior. Me las arreglé para extender mi mano libre hacia ella y llevar un mechón dorado tras su oreja en una caricia que buscaba relajarla. Brindarle algo de confianza.

    Era parte de nuestra dinámica, ¿cierto? Cambiar de posiciones con tal de hacer de soporte y contención para la otra. A pesar de la tensión y la atracción no dejábamos de ser amigas. Y me gustaba eso. El cariño impreso en cada gesto, la búsqueda de consentimiento con cada paso.

    Era cálido. Genuino.

    —Solo si tú lo estás —respondí en su mismo tono, sosteniéndole la mirada con algo más de firmeza. Reparé en el mechón que había colocado y dibujé una pequeña sonrisa, si bien los nervios me traicionaron en el proceso—. No es justo, ya no puedo llamarte pinkie.

    La enfermera Joy no tardó demasiado en darnos la que sería nuestra habitación aquella noche y la recogí con aparente naturalidad, deseándole buenas noches. No me di cuenta que en ningún momento me atreví a soltar la mano de Honda. Tampoco me importó demasiado. Encontramos la habitación e introduje la llave sintiendo el corazón latirme con algo más de fuerza, expectante. En cualquier caso no permití que se me notase.

    La habitación no distaba mucho de las que solíamos pedir en el resto de ciudades de Galeia. Simple pero suficiente para descansar después de un largo día de entrenamiento. Tomé las bolsas que aún cargábamos y miré de reojo las dos camas separadas, soltando el aire por la nariz disimuladamente ante la gracia, y dejé las compras sobre la mesa en silencio. Fui colocando las cosas aquí y allá, la chaqueta y el bolso los dejé sobre la silla y observé a Mimi hacer lo mismo a mi lado en algún momento.

    Me mordí el labio inferior, esperando... quién sabe qué realmente, y cuando se giró y nuestras miradas se encontraron de nuevo volví a sentir ese cosquilleo apremiante que me motivó a acortar distancias en el ascensor. Apoyé con cuidado mis manos sobre sus hombros y la obligué a sentarse sobre el colchón antes de encontrar mi lugar sobre su regazo. Mis manos acariciaron sus mejillas con el mismo mimo, el mismo cariño a pesar de la ansiedad en mi semblante y uní mi frente con la suya.

    El aliento agitado de Mimi volvió a chocar contra mi rostro y el calor se extendió de nuevo por mi cuerpo cuando alcé la voz de nuevo, en un tono íntimo. Mi mirada no se apartó de sus labios en ningún momento.

    —Solo déjate llevar, ¿sí? —susurré. Ninguna de las dos sabía lo que estaba haciendo pero estábamos dispuestas a descubrirlo juntas.

    Acorté lentamente la distancia entre ambas y uní finalmente nuestros labios en un beso superficial, casto, buscando tantear el terreno.

    Y todo lo demás se fue a negro.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  12.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    El roce de sus dedos al llevar un mechón tras mi oreja fue suficiente para hacerme estremecer. Era imposible que lo supiera pero mis orejas eran ciertamente sensibles. La ternura del gesto se entremezcló con el erotismo de la situación y fue suficiente para lograr sobresaltarme ligeramente. Le sostuve la mirada con la misma abstracción con la que la había mirado todo el tiempo, acalorada, ruborizadas, y se me escapó una risa superficial cuando volvió a mencionar ese apodo ridículo.

    —¿Huh? Pensé que habías dicho que te gustaba rubio—le respondí e inconscientemente apreté mis dedos entrelazados con los suyos. Logré recuperar parte de mi confianza con aquella pequeña broma y permitirme una de esas sonrisas burlonas, casi ronroneantes—. Pero ¿sabes? Así está bien. No podrás ponerme ningún apodo y yo podré llamarte White syrup cake todo lo que quiera. Es un negocio redondo.

    Dejé las bolsas aquí y allá sin prestar realmente atención a lo que hacía. El bolso en la silla, la chaqueta en el mismo lugar. No estaba prestando atención a esa clase de cosas porque... solo había una cosa en mi cabeza. Solo había algo en lo que podía pensar. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando me la quité similar a una corriente eléctrica. Supe enseguida que no era por el maldito frío.

    ¿Era la expectativa? ¿La anticipación? ¿Puro y duro deseo? No pude pensarlo demasiado porque cuando me volteé, fue como si ambas hubiéramos pensado los mismo. Cruzamos miradas y fue suficiente. La ola de calor me sacudió.

    Apoyó sus manos en mis hombros y con suavidad me instó a sentarme sobre una de las camas. Y ella... hizo lo propio sobre mi regazo flexionando las rodillas a ambos lados de mis muslos.

    Cerré los ojos inconscientemente ante su cercanía cuando apoyó su frente contra la mía, el roce tácito y conciliador de sus manos en mis mejillas funcionaron como un calmante y mitigaron lentamente gran parte de mi nerviosismo.

    Era tan cálido.

    Tan indescriptiblemente cálido.


    ¿Qué me dejara llevar?

    —Lo dices como si no estuvieras tan nerviosa como yo—murmuré y me mordí ligeramente el labio inferior. Abrí los ojos con lentitud y sus labios volvieron a buscar los míos. Fue un beso ligero, casi una prueba. Como si nuevamente buscáramos reafirmarnos la una a la otra. Nuestra relación fluía naturalmente, sin necesidad de forzarla. Y con ese beso pasó exactamente igual. Sin embargo, un mero roce de labios no era suficiente para apagar la hoguera en la que habíamos decidido arder. Y fui yo la que lo profundizó.

    Atrapé su labio inferior entre los míos, volví a sellarlos y deslicé mi lengua entre ellos cuando ella me dio la facilidad de hacerlo. Aunque la ansiedad y los nervios me devoraban decidí serenar mi mente, vaciarla de cualquier pensamiento y solo dejarme llevar. Terminé ahogando suspiros contra sus labios, pequeños suspiros que morían en su boca.

    El pecho me subía y bajaba con profundidad cuando finalmente nos separamos por la falta de oxígeno. El corazón me latía de forma errática; ella no estaba en una situación muy diferente. El rubor de sus mejillas, sus pupilas dilatadas y los ojos vidriosos. Era... un desastre.

    Exactamente igual que yo.

    Había terminado hundiendo mis dedos en su suave cabello castaño, ahora liso, apretándola contra mi cuerpo. Le rocé la nuca con las uñas.

    Un beso tampoco era suficiente.

    Ni dos. Ni tres.

    Aparté su cabello con suavidad y me incliné sobre su cuello para sembrar un pequeño camino de besos. Desde la línea de su mandíbula hasta donde pude sentir su pulso. No era necesario ser un genio para saber qué estaba nerviosa y que estaba intentando aparentar no estarlo para no ponerme más nerviosa y que aquello se conviertiera en un jodido círculo vicioso. Pero... me causaba una ternura innegable darme cuenta de que no era así para nada.

    Ah, mierda. ¿Por qué era tan linda?

    Deslicé mis manos bajo la tela del suéter pudiendo sentir su piel suave y tibia con la yema de los dedos. Solo quería tocarla, sentirla. Lo había querido desde esa noche. Ascendí por sus costados, despacio, de forma sinuosa, sin ningún destino prefijado y volví a descender nuevamente hasta sus caderas. Tenía una figura estilizada, firme, fruto de todo el ejercicio que hacíamos como holders. No era como si yo no la tuviese, pero... había algo verdaderamente íntimo en tocar la piel de otra persona. En sentir su calor, su suavidad. En percibir las sensaciones que provocaban esas mismas caricias.

    Volví a buscar sus labios y rodeé su espalda con mis brazos de tal forma que cuando me dejé caer en la cama de espaldas la arrastré conmigo. Mi cabello se desparramó como una cortina dorada sobre las sábanas.

    Aún estoy dudando entre sí meter lo que viene en spoiler o no porque es tan soft que ni siquiera lo puedo considerar explícito (?)
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  13.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Comenzó siendo un roce tentativo, superficial, pero pronto nuestras lenguas se encontraron y le permití el acceso a mi boca reajustando mi posición sobre su regazo. Mis muslos rodearon su cintura y el contacto de nuestros cuerpos por encima de la ropa me arrancó un suspiro contenido que fue a morir a sus labios. Mis manos, que habían permanecido acariciando sus tibias mejillas hasta entonces, descendieron hacia su cuello y deslicé las yemas de los dedos sobre la piel descubierta, sintiéndola erizarse bajo mi tacto.

    Nuestras miradas se encontraron de nuevo al separarnos, vidriosas y oscurecidas por el deseo, la expectación, y la imagen que me devolvió me regresó la ola de calor al cuerpo. Cerré los ojos cuando sus dedos se deslizaron por mi cabello y arqueé la columna, alzando el mentón para facilitarle el camino de besos por mi cuello. Me mordí el labio y llevé el dorso de mi mano a mi rostro, tratando de contener los vergonzosos sonidos que amenazaban con escapar de mi boca.

    Se sentía bien.

    Demasiado bien para ser descrito con palabras.


    Los nervios que había estado tratando de contener por ella fueron desvaneciéndose con cada roce, cada caricia, cada beso. Todo en ella era tan suave y delicado, tan cuidadoso que me hacía sentir segura y confiada con su presencia. Sentí mi piel arder cuando sus manos se colaron bajo mi ropa, recorriendo los costados de mi figura sin un destino fijo, y me dejé guiar por las extrañas sensaciones que mi cuerpo estaba experimentando en ese instante.

    Volví a encontrar sus labios con cierta ansiedad impresa al alcanzar de nuevo mi rostro, y me dejé caer sobre ella cuando su espalda encontró el colchón. Observé por un momento su rostro enrojecido, el cabello enmarcando sus finas facciones como una cortina dorada. La contemplé con la misma fascinación, la misma abstración que brillaba en sus ojos y enterré mi rostro en su cuello, aspirando el aroma a jazmín que irradiaba.

    Lo había dicho, ¿cierto?

    Que era preciosa.


    —¿Sabes qué? —susurré, echándole el aliento cálido en el oído. Su cuerpo volvió a estremecerse y volví a sentir ese ronroneo de satisfacción en lo más profundo de mi pecho—. Que le den a la mecha rosa.

    Guiada por mi propia intuición y por las respuestas corporales de Mimi me incliné y atrapé su lóbulo derecho con los labios, mordiéndolo ligeramente en busca de reacciones por su parte. Al notar que funcionaba lo estimulé con la lengua antes de empezar a marcar un reguero de besos húmedos sobre su cuello, profundizando poco a poco mientras apartaba con cuidado su cabello.

    Cuando mis labios se encontraron con la tela de su ropa comencé a descender, dejando toques suaves sobre su torso, su escote, su vientre levemente tonificado y me detuve allí, buscando su mirada desde abajo casi como si estuviese buscando de nuevo su consentimiento. Aunque era más que evidente a esas alturas. Mis manos recorrieron la delicada curva de su cintura y acariciaron sus muslos firmes de arriba a abajo, repitiendo el proceso con movimientos suaves, disfrutando del tacto y de las sensaciones que me arrojaban al cuerpo como un bidón de gasolina.

    Era tan adictivo.

    Me hacía querer más.

    Y más.

    Y más.


    Mis manos se dirigieron hacia sus brazos y los estiré a ambos lados de su rostro, entrelazando mis dedos entre los suyos por un instante para dejar un beso sobre su frente, y otro más sobre sus labios. Comencé a tirar con delicadeza de los extremos de su suéter, deslizando la prenda hacia arriba hasta quitársela y la dejé caer al suelo sin miramientos. Me incliné sobre la tela del sujetador lentamente y coloqué mis manos en su cintura nuevamente antes de besar su escote, enterrando el rostro en su pecho. Toda su piel ardía ante el contacto.

    Mis dedos subieron por su espalda poco a poco hasta dar con el broche de su sostén.

    ¿De verdad tienes complejo con eso, Mims?

    Serás tonta.


    Same, es demasiado pure todo xDD Pero bueno, por las dudas lo metemos a partir de aquí supongo
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  14.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora


    Mimi Honda

    Me arrancó el aire bruscamente de los pulmones y me estremecí bajo el tacto cuando sus dientes apretaron el lóbulo de mi oreja. Fue como si mi espalda hubiera sido recorrida por una repentina corriente eléctrica. Brusca e intensa.

    Ah, mierda.

    Como ella había hecho anteriormente me vi forzada a cubrir mi boca con el dorso de la mano para no dejar escapar aquellos vergonzosos sonidos que pugnaban por salir. En otras circunstancias no me importaría que me escuchase. Pero en ese momento me puse inconscientemente a la defensiva. Había encontrado un punto sensible, lo sabía de sobra. E iba a aprovecharse de eso.

    Y se sentía tan malditamente bien.

    Su tacto delicado, sus labios suaves ligeramente húmedos, el calor de su boca recorriendo mi cuello. Era como si iniciara un pequeño incendio en cada pequeño lugar en el que posara los dedos o los labios.

    El torso. El pecho. Los músculos de mi vientre se tensaron en anticipación cuando sus labios lo rozaron y mi respiración se aceleró. Solo estaba besándome pero era suficiente para que mi piel pareciera estar en llamas. Como si arrojara un bidón de gasolina sobre un incendio. Y las llamas lo arrasaron todo a su paso.

    La dejé recorrerme sin inconvenientes dejando escapar ligeros suspiros de vez en cuando. No había ninguna duda. Era... completamente diferente a todo lo que habíamos hecho antes. Era tan íntimo, una muestra tan clara de confianza. Saltar al vacío pero teniendo la seguridad de que en algún momento había una red para sujetarte. Porque sí, era evidente el deseo físico. ¿Pero el cariño? ¿El mimo? ¿La necesidad de asegurarnos del consentimiento de la otra con cada paso?

    Esa clase de cosas no eran necesarias cuando lo único que buscábamos era satisfacción propia. Eso que hacíamos iba mucho más allá de todo eso. No nos mirábamos solo con deseo también lo hacíamos con cariño. Y esa clase de cosas...

    Me aterraban.

    Al mismo tiempo que me hacían sentir querida y deseada como nunca antes en mi vida.


    —Liz—la llamé en mitad de un suspiro contenido como si una parte de mí buscara confirmar el hecho de que realmente estaba allí. Arqueé la espalda elevándola del colchón lo suficiente para permitir que me quitara el suéter. Llevaba un largo rato sintiéndolo de más sobre mi piel. Entonces, enterró el rostro en mi pecho que aún resguardaba el fino sostén de encaje blanco.

    Y me besó ahí.

    —Ngh.

    Sus dedos rozaron el broche del mismo y sentí como era retirado de mi piel. Un repentino absceso de pudor me embargó. Mi estúpido complejo con el tamaño de mi busto me rayó la mente con inusitada fuerza y ese sentimiento se mezcló con el bochorno que me causaba saberme tan descubierta y vulnerable frente a alguien por primera vez.

    Además, lo sabía perfectamente.

    Lo duros que tenía los pezones.

    Era un impulso inconsciente, algo que había echado raíces hacía mucho... porque sabía que no tenía por qué sentir vergüenza ni complejos delante de Liza. Desde que no conocíamos me había dado seguridad y confianza. Me había hecho ver las cosas desde un prisma diferente. Había tomado mi frágil e inseguro yo, ese que no me gustaba mostrarle a nadie, y había hecho brotar briznas de hierba de un puñado de cenizas.

    Gran parte de la razón que nos había llevado allí, hasta ese punto, era precisamente eso.

    Sentí la necesidad de cubrirme, de taparme el pecho desnudo con los brazos pero la parte racional de mi cabeza me recordó que no había ninguna necesidad. De modo que mantuve mis manos sobre las sábanas.

    Cerré los ojos.

    Mi voz fue un murmullo bajo, aún cargado de vergüenza.

    —No es justo ¿sabes?—murmuré.

    Lo que me haces.

    Abrí los ojos con lentitud, entrecerrados por la intensidad de las sensaciones y terminé por desviar la mirada. Las mejillas me ardían fieramente.

    >>Que yo sea la única. También quiero verte.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  15.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Los suaves suspiros que escapaban de sus labios me impidieron pensar con claridad y solo me impulsaron a continuar desabrochando su sostén, con tal de seguirla escuchando. No comprendía su efecto, pero por alguna extraña razón avivaban el incendio que se había propagado inexorablemente por todo mi cuerpo, el cosquilleo latente entre mis piernas, y de repente los sentí necesarios.

    Los buscaba.

    Dejé caer la prenda a un lado y delineé el contorno de su cuerpo, sus curvas ligeras, su piel clara y tersa. El calor asoló mi rostro con violencia pero fui incapaz de apartar la mirada de ella. Su pecho ahora desnudo se alzaba de manera errática, agitada y abrumada por la intensidad de sus emociones. Reparé en sus senos, en los botones rosados que los coronaban y me mordí el labio inferior de nuevo, de manera inconsciente. Estaba claramente excitada.

    Y aún así, a pesar de las necesidades de mi cuerpo, tuve la incipiente necesidad de relajarla.

    Aún cuando tuviese que tragarme la maldita vergüenza en el proceso.


    Logré dirigirle una sonrisa pequeña, casi sedosa, a pesar del evidente rubor en mis mejillas. Mis manos acariciaron su cintura desnuda en un gesto conciliador a medida que me inclinaba hacia ella.

    —¿Hm? Yo lo veo justo —murmuré, sosteniéndole la mirada, buscando sumergirme en ella. En mi voz se coló parte de ese tono cómplice que fluía tan natural entre nosotras—. Es mi propio negocio redondo.

    Y ahí estaba de nuevo. Esa maldita confidencia, ese tono juguetón, aún cuando la situación era completamente distinta. Mucho más íntima de lo que habríamos llegado a imaginar. A pesar de deslizar mis manos hasta ahuecar sus senos con las palmas, a pesar de acariciar con delicadeza su contorno y escuchar los sonidos que escapaban de sus labios, no me sentía extraña. No tenía por qué hacerlo.

    Confiaba en Mimi, y ella confiaba en mí.

    Por eso no buscó taparse con los brazos, a pesar de sentir la necesidad de hacerlo. Por eso aguardé pacientemente hasta saber que podía aventurarme a ello. Su piel se sintió cálida y suave al tacto y acaricié sus pechos, volviendo a buscar sus labios y deslizar la lengua en su boca cuando me hubo dado acceso. Los masajeé con lentitud, buscando acostumbrarla a la sensación y hacer lo mismo yo en el proceso. Amoldarme, adaptarme a su ritmo y necesidades.

    No podía comprender cómo había estado tanto tiempo reprimiendo esas sensaciones. El cuerpo femenino me atraía como un imán; sus sinuosos contornos, la piel suave y tersa, sus atributos. Lo había sabido desde hacía mucho, pero el pudor y mi propia inseguridad me obligaron a arrojarlo a algún lugar recóndito de mi mente. A ignorarlo. Pero no desapareció si no que solo se hizo más fuerte.

    Fue Mimi quien me ayudó a dar el empujón necesario para salir al exterior. Quien me escuchó y resolvió mis dudas. Quien me guio cuando estaba tan perdida. Quizás no era consciente de ello, pero me había ayudado tanto como yo lo hice con ella en su momento. Ni siquiera era nuestra intención buscar nada a cambio.

    Y ahora estábamos allí.

    Me separé lentamente de sus labios y dejé un nuevo camino de besos sobre la piel desnuda hasta que mi boca encontró de nuevo sus senos. Suspiré, el aliento cálido erizando su estimulada piel, y pasé la lengua por uno de sus rígidos botones rosados. Era vergonzoso... y a la vez me sentía satisfecha de provocar esa clase de reacciones en alguien. De saberme aunque fuera con un efímero, ínfimo poder. Era una sensación desconocida, pero me animó a estimular con mi mano libre su otro pecho, dirigiéndole miradas esporádicas desde abajo.

    Reparando en sus expresiones, sus miradas, su voz.

    Ah, no podía hacerlo, ¿cierto?

    Jugar en desigualdad de condiciones de esa forma.


    Cuando lo creí necesario me aparté, permitiéndole recomponerse y recuperar el aire perdido, y el ardor regresó con violencia a mis mejillas al saber lo que estaba por hacer. Crucé los brazos sobre mi torso y me quité el suéter con un movimiento fluido, arrojándolo con el montón de ropa restante. Me estaba muriendo de calor de todas formas. Mi respiración se aceleró, pero aún así conservé parte de la seguridad habitual en mi cuerpo mientras buscaba el broche de mi propio sostén negro. Mis senos cayeron ligeramente mientras me despojaba de la prenda y desvié la mirada sin poder evitarlo.

    Arceus.

    ¿Cómo soportar una mirada así?


    Me aclaré la garganta sin pensarlo realmente.

    —...Listo —resolví, en un murmullo bajo. A pesar de mi aparente firmeza la voz me tembló ligeramente—. Supongo que ya no puedes quejarte.
     
    • Fangirl Fangirl x 1
  16.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora

    Mimi Honda


    —¿Huh?—¿Su propio negocio redondo? Mi reacción fue más sorpresa que otra cosa y regresé rápidamente mis ojos hasta ella. La miré con cierta perplejidad durante unos pocos segundos y entonces se me escapó un risa por la nariz, ligera, casi condescendiente a pesar de todo— Eres una tonta...

    No pude decir nada más porque mi voz se convirtió en un sorpresivo gemido. Sus manos cálidas y suaves se había deslizado hasta ahuecar mis senos desnudos. El roce ajeno de su piel, en un primer momento, me causó un ligero sobresalto. Me estremecí bajo su tacto a medida que los minutos transcurrían y contener aquellos sonidos, mis propios gemidos, empezó a volverse una tarea imposible.

    ¿Cómo algo que me avergonzaba y acomplejada tanto podía hacerme sentir tan bien?

    Era ella la que me había dado la confianza para hacer eso. Para mostrarle algo que me avergonzaba y molestaba tanto y convertirla en una parte más de mi cuerpo; en ayudarme a aceptarla como algo más de mí. Aquellos senos que no eran tan pequeños como yo me obcecaba en creer y que habían estado ansiando su tacto desde Arceus sabría cuanto tiempo.

    Y seguía siendo tan cálido.

    El roce de sus labios, de su lengua era tan vergonzoso y al mismo tiempo tan gratificante. Terminé por hundir mis dedos en las sábanas, las uñas, tirando de ellas hasta casi deshacerlas mientras trataba de lidiar con unas sensaciones desconocidas hasta entonces. No era como si antes, en alguna otra ocasión, no hubiese tocado mi cuerpo yo misma. Era algo natural, condicionado por las hormonas y el propio deseo, pero qué alguien que no era yo me tocara—que Liza me tocara—se sentía completamente distinto. Estaba esa cuota de pudor que se mezclaba con la confianza y el placer intenso. Aparté la mirada, cerré los ojos y cuando pretendía acallar mi voz nuevamente con la mano fueron sus labios los que me silenciaron.

    Sentía los ojos humedecidos y las mejillas, el cuerpo en general me ardía y quemaba como no lo había hecho nunca antes. Estaba excitada como nunca antes.

    Quizás éramos realmente compatibles sexualmente.

    Cuando su sostén finalmente cayó al suelo, cuando Liza se despojó de él y la luz platinada de la luna incidió en su piel desnuda no pude apartar los ojos de ella ni por un instante. De su figura estilizada, de las curvas ligeras y su piel tersa. De las senos redondeados y firmes. Y de la forma en que, avergonzada y sobrepasada por las emociones tampoco pudo sostener mi mirada.

    Ronroneé como un Liepard satisfecho.

    Y aquella sensación de dominio, de seguridad, la misma que me había hecho casi besarla en el probador de la tienda, se apoderó de mí súbitamente. No pude evitar morder mi labio inferior mientras regresaba la mirada nuevamente hasta sus ojos.

    Me encantaba, me fascinaba verla nerviosa y saber que yo era la causa de ese nerviosismo y ese pudor. Me reafirmaba en mi trono, me daba seguridad suficiente para mostrar mi lado más coqueto, más deshinibido y más salvaje.

    Pasé los brazos nuevamente sobre sus hombros y me presioné contra su cuerpo de tal forma que al igual que había sucedido en el probador mis senos de apretaron contra los suyos. El simple roce directo de su piel volvió a enviar otra descarga eléctrica por mi espalda, una ola de calor brusca que se centró sobre todo entre mis piernas.

    —Todavía me puedo quejar, deberías saberlo—ronroneé contra sus labios—. Aún hay ropa que quiero quitarte.

    Busqué su boca con necesidad, como si de hecho la necesitase. Quería sentirla. Quería sentirla por completo. Que cada mínimo rincón de nuestra piel estuviese en contacto. Como si quisiera fundirme con ella. Ahogué un nuevo gemido que murió en sus labios, una especie de suspiro profundo que no pude contener.

    Entre besos demandantes fue su espalda la que terminó sobre el colchón entonces. Al tiempo en que nuestras bocas se separaron con un ligero sonido de labios húmedos, yo también separé mis senos de los suyos y volví a encontrar sus ojos. Oscurecidos por el deseo, empañados por las sensaciones. Mi respiración corría agitada, acelerada y el calor se había apoderado de mi piel de tal forma que si tuviera alguna maldita habilidad esa sería cuerpo llama.

    Estaba ardiendo como si tuviera fiebre. Pero no era un calor desagradable. Era un calor apremiante que me hacía querer más. Y más. De todo lo que tuviera que ofrecer y de todo lo que yo tuviera para darle.

    Deslicé mis dedos despacio, sinuosa, palpando su piel caliente desde sus caderas hasta sus senos. También los ahuequé con mis palmas y sentí la presión de sus centros endurecidos presionarse contra mis manos. De la misma forma que se habían presionado antes contra mis senos.

    Tenía una figura increíble. Mierda, era preciosa. Y no sabía si encontraría el momento o el valor para apartar mi orgullo nuevamente y decírselo en voz alta y a la cara. Si no podía decírselo, si no podía poner en palabras todo lo que estaba sintiendo en ese momento, toda la gratitud que sentía por todo lo que había hecho por mí desde que nos volvimos más cercanas, dejaría que mi cuerpo dijera más que mis palabras.

    —White—pronuncié con la voz ligeramente más ronca, más opaca. No era una llamada, era una confirmación. No sería incorrecto decir que me estaba prácticamente derritiendo.

    Dudé. Fueron unos segundos porque en seguida aparté cualquier cadena de mi mente. Cualquier contención e impedimento propio.

    Tomé uno de aquellos botones rosados entre mis labios, contra mi lengua, humecediéndolo una y otra vez. Mi mano opuesta bajó y subió por su costado hasta imitar aquellos mismos movimientos con mis dedos. Acaricié, presioné; mi boca chupó y succionó. Y conecté mi mirada con la suya.

    Yo tenía dedos de pianista. Había tocado el piano por mucho tiempo.

    Y ahora, ella era el instrumento al que quería sacarle las mejores melodías posibles.


    Encontré el momento justo para colar mi muslo entre sus piernas y presionar. Presionar contra su centro de la misma forma que en aquel callejón de Atracadero. Con firmeza, la suficiente para que pudiera sentirme incluso por encima de la ropa.

    Pero que pudiera sentirme.

    Los sonidos que recibía por su parte era como música para mis oídos. Sus reacciones, sus estremecimientos, sus expresiones; no hacían más que avivar ese intenso fuego interno que amenazaba con consumirme.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  17.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    —¡Ngh!

    Un gemido me rasgó la garganta al rodear mis hombros y presionar sus senos contra los míos. Me tomó por sorpresa. Ese repentino arranque de confianza. Me arrancó el aire de los pulmones y un chispazo, una corriente eléctrica sin precedentes me recorrió la columna ante el roce sobre la piel desnuda, haciéndome estremecer.

    El ronroneo contra mis labios me empujó a atrapar los suyos, a devorarlos con necesidad. A no dejarlos ir de nuevo.

    Mis manos se aferraron con firmeza en su espalda, casi posesivos, profundizando los cientos de besos que intercambiamos. Reiniciando el juego ardiente de nuestras lenguas. Reconocí su sabor, su olor e incluso su tacto como si no me fuera desconocido. Como si tuviese un maldito mapa de cada rincón de su cuerpo en mi cabeza. Acaricié su piel, hundí los dedos en su cabello y la presioné aún más y más contra mí.

    Un simple roce ya no era suficiente.

    Quería perderme en ella.

    Cuando su cuerpo se apartó y sus labios dejaron los míos en libertad mis dedos se apretaron instintivamente en torno a las sábanas, presos de una anticipación y expectación asfixiantes. Ni siquiera fui consciente de que en algún momento había terminado sobre la cama. Mi pecho subía y bajaba, agitada, acalorada por las intensas sensaciones que experimentaba y aguardé entrecerrando los ojos a volver a sentirla cerca.

    El tacto sobre mi piel expuesta me arrancó de nuevo esos vergonzosos suspiros, esos sonidos de placer que no había experimentado antes y me dejé hacer sin oponer resistencia. Incliné la cabeza hacia atrás y apreté los dedos sobre las sábanas, flexionando las rodillas mientras su lengua y sus manos encontraban y ahuecaban mis senos. Mientras los pellizcaba y apretaba. Era una sensación extraña que me llenaba de pudor y a su vez me hacía perder el hilo de mis pensamientos. Apagarme por completo. Nuestras voces y suspiros fueron inundando lentamente la habitación hasta fundirse en una sola.

    Todo aquello era nuevo para nosotras, y aún así parecía saber perfectamente cómo tocarme. La presión justa, el roce necesario para enviarme intensas descargas de placer a través de la columna. Mis caricias parecían tener un efecto similar en ella. La hacían estremecer, agitarse y derretirse bajo mi tacto. Me pregunté si esa era una de las ventajas de compartir el mismo género.

    Ambas sabíamos lo que nos gustaba, y por extensión cómo podía sentirse la otra en su lugar.

    —Mimi... —dejé escapar en mitad de un profundo suspiro. Mis ojos entrecerrados y vidriosos apenas pudieron enfocarla, pero no necesité hacerlo para saber que estaba allí. Que no se iría a ningún lado.

    Que no estaba sola, ni tenía por qué estarlo.

    Mi cuerpo se arqueó de nuevo al sentir el firme roce de su muslo entre mis piernas. A pesar de ser una presión superficial sobre la ropa me arrancó un gemido que traté de contener apretando los labios en vano, y el ardor tan solo se intensificó. Mis caderas se movieron instintivamente y me sorprendí a mí misma buscando fricción. Necesitaba calmar esa presión punzante y ardiente en mi intimidad. Pero eso no quitaba que me estuviese muriendo de la vergüenza.

    Fue un movimiento rápido, casi inconsciente. Tanteé su cintura con un movimiento sinuoso sobre sus piernas y aparté el cierre de su falda con algo menos de delicadeza. De repente me molestaba su presencia. La ansiedad me burbujeaba la sangre pero me las arreglé para deslizar la prenda con algo de ayuda hasta despojarla de sus piernas, y el mismo destino sufrieron sus medias. Mi mano acarició su muslo de arriba a abajo, aquel que había encontrado un lugar entre mis piernas, y con movimientos lentos y tortuosos aproximé los dedos hacia la cara interna del mismo.

    Rozando.

    Tentando.

    El corazón me latía desenfrenado contra mi pecho pero la reacción que logré desencadenar en ella mereció por completo la pena. Volvió a darme el mismo valor de antes y me animé a deslizar finalmente los dedos sobre su ropa interior, rozando apenas la tela. No aparté la mirada de ella, observando su rostro con cierta intensidad, reparando en cada uno de sus gestos.

    De nuevo ese chispazo, esa satisfacción personal.

    Arceus, estaba tan mojada.

    Yo no debía estar en una situación distinta.


    Fue un roce ligero, tentativo, pero su cuerpo pareció ansiarlo tanto como el mío. Lo acaricié con la yema de los dedos, con movimientos suaves y superficiales, recorriéndolo de un lado al otro durante un instante. Aproveché el ligero desliz que estaba sufriendo para erguirme y atrapar uno de sus senos. Volví a acariciarlo, a pellizcarlo y apretarlo entre mis dedos con algo más de soltura.

    A devolverle de nuevo una parte de lo que me estaba dando.

    Mis labios encontraron su oído poco después, inclinándome hacia ella, y volví a susurrar en él. A pesar de la vergüenza y el calor que me asolaba mi tono de voz fue sugerente. Lo dejé caer como si nada.

    —¿Qué decías antes sobre quitarme la ropa? —cuestioné, y rocé su lóbulo con los labios en un impulso repentino antes de añadir—. Recuerda que hoy estoy generosa.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  18.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    Escuchar mi nombre en ese tono de sus labios solo intensificó el incendio. Sentí la sangre burbujear en mis venas, la sensación de dominio, de poder, llenándome por completo. Era absolutamente gratificante. Sus caderas buscaron fricción con mi muslo y no se la negué. Presioné con algo más de fuerza; mi boca siguió estimulando su seno derecho, la mano el izquierdo.

    Sus gemidos, sus suspiros, se volvieron prácticamente incontenibles. Había llegado a un punto en el que necesitaba escucharlos. En que necesitaba que sus sonidos me sirvieran de guía. Porque aquello ni siquiera era una ínfima parte de todo lo que tenía para darle.

    —Si sigues haciendo tanto ruido van a terminar escuchándonos—le susurré y hundí mi rostro en el delicado canal que discurría entre sus senos. Mi voz vibró contra su piel y la sentí erizarse contra mis labios. Su aroma envolvió mis sentidos.

    No era como si realmente me importara que nos descubrieran, no estábamos haciendo daño a nadie, no había absolutamente nada que ocultar. Éramos dos chicas perfectamente conscientes, disfrutando de nuestra sexualidad juntas. Y aunque era sencillamente vergonzoso, porque no dejaba de serlo, se sentía muy bien. Pero no pude evitar mencionarlo como parte de esa sensación de dominio que me recorría las venas.

    Me sobresalté ligeramente, mis nervios a flor de piel cuando sus dedos rozaron mi cintura. Ya no era simplemente cálido, había empezado a arder. Arqueé ligeramente la espalda y el corazón me dio un vuelco en el pecho cuando bajó el cierre de la falda. Alcé la caderas y le permití terminar por quitármela. Mis medias de seda negra que presionaban mis muslos y terminaban unos centímetros por encima de la falda corrieron la misma suerte. Me estremecí y un suspiro ligero emergió de mis labios cuando su mano recorrió mi muslo desnudo y de forma sinuosa se deslizó hasta el interior del mismo. Mi respiración se había acelerado bruscamente.

    Iba a hacerlo ¿verdad?

    Iba a... tocarme.


    Me estremecí como una hoja, temblando ligeramente. Necesitaba tanto ese tacto que el solo roce de sus dedos, incluso por encima de la ropa interior fue suficiente para hacerme sentir que terminaría por deshacerme. La sensación intensa hizo que olvidara lo que estaba haciendo y mis manos quedaron estáticas sobre su piel. Inconscientemente separé algo más las piernas, avergonzada pero de forma instintiva. Porque necesitaba más de ella. Porque no era suficiente.

    —¡Ah!—gemí.

    Más.

    Por favor tócame más.


    Entre mis piernas. Mis senos. Mis orejas.
    Me estaba dejando sin fuerzas, era mera plastilina moldeable bajo sus manos. Sofocada volví a llevar el dorso de mi mano a mi boca silenciándome forzosamente. Había llegado a un punto donde mis gemidos eran tan altos que realmente sentí que me escucharían en habitaciones aledañas. Las sensaciones bruscas y avasallantes no dejaban de recorrer mi columna en forma de descargas eléctricas y el cortocircuito resultante solo avivaba el fuego en mi cuerpo.

    Pero... no.

    Ah no, ni de coña.


    Era... demasiado orgullosa para permitirme no devolverle la jugada. O tal vez demasiado considerada para no darle una parte de lo que estaba experimentando. Que me tocara estaba bien. Estaba... demasiado bien, de hecho. Pero yo también quería hacerlo.

    —No... necesito quitarte la ropa para hacer esto—le recordé con dificultad y deslicé los dedos bajo sus shorts. La yema de mis dedos sintieron la tela de su ropa interior. Una pequeña sonrisa se dibujó en mis labios a pesar de la evidente agitación y casi volví a ronronear—. Mira eso, estás tan húmeda.

    Era un poco ridículo mencionarlo sabiendo que yo estaba en una situación similar y que ella lo sabía de sobra porque me estaba tocando. Pero ese pequeño tira y afloja ni siquiera iba a dejarnos en un momento como ese. Como si estuviéramos desafiándonos mutuamente de forma constante. Tirar de la cuerda era un juego, un divertimiento para nosotras. Y no lo cambiaría por nada del mundo.

    La rocé por encima, despacio, tortuosamente. De la misma forma que ella traté de sostener su mirada, de reparar en cada una de sus expresiones. Y entonces me di cuenta de algo. Algo que no sabía cómo mierda había pasado por alto hasta ese momento pero algo con lo que sabía que no podría ir mucho más allá. Y me estaba muriendo por ir mucho más allá.

    Mi cuerpo se congeló repentinamente como si hubiera sido alcanzado por un genuino rayo hielo.

    —Liz, tengo las uñas largas—murmuré sabiendo lo que implicaba en nuestra situación. Mierda, mi mente estaba demasiado nublada para recordarlo. Pestañeé con rapidez, abrumada. Y el rubor me encendió el rostro—. Quiero decir... muy largas.

    Demasiado para lo que estábamos haciendo.

    Detuve mi mano en ese momento y volví a buscar sus ojos con evidente duda en ellos. Lo último que quería hacer era terminar lastimándola. Sin embargo, tampoco era como si detenernos ahí fuera una opción. Ninguna queríamos hacerlo y no era necesario hablar para verlo en sus ojos.

    ¿Entonces...?

    Me humedecí los labios con la punta de la lengua en anticipación y deslicé mi mano fuera para tirar de la tela de los shorts hacía abajo.

    >>¿Estás generosa? Entonces quítate esto.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  19.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

    Acuario
    Miembro desde:
    17 Junio 2013
    Mensajes:
    14,234
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Liza White

    Me importaba una mierda que nos escuchasen. Las sensaciones que estaba experimentando eran demasiado satisfactorias como para tener siquiera que pensar en reprimirme. Aún así el tono en su voz avivó el ardor en mi rostro y aunque tuve ganas de responderle, de reprocharle cualquier estupidez por mera costumbre, su tacto se intensificó y la bruma nubló mi raciocinio por completo. Su muslo se presionó con más fuerza y hundió el rostro en mi pecho, erizándome la piel que ardía de por sí con fiereza bajo su cuerpo.

    Las tornas cambiaban a una velocidad vertiginosa y no me di cuenta de ello hasta entonces. Nuestra relación era tan igualitaria que ninguna de nosotras se sobreponía en detrimento de la otra. Acompasábamos nuestro ritmo de modo que ambas pudiésemos disfrutar con la misma intensidad de nuestra sexualidad. De las nuevas sensaciones que experimentábamos.

    No era mera satisfacción personal, lo supe en ese instante. Más bien se sentía como un camino que deseábamos explorar... juntas. Porque pese al deseo existente no dejábamos de preocuparnos por la otra.

    Pero era normal, ¿cierto?

    Porque éramos amigas.


    —¡M-Mnh...!

    Me llevé la mano al rostro y cerré los ojos con fuerza al sentir cómo colaba su mano dentro de mis shorts. Fue un mero roce, lento y tortuoso, pero sentí cómo las fuerzas abandonaban mi cuerpo y prácticamente me derretía entre sus dedos. Todo mi cuerpo ansió sentirla dentro de mí y apoyé la frente sobre su hombro con la respiración pesada, temblorosa, apretándome más y más contra ella en respuesta. No sé cómo me las arreglé para fruncir el ceño al escuchar su voz de nuevo, recuperando parte de mi raciocinio a duras penas.

    ¿Húmeda? Debía estar bromeando.

    Estaba empapada.


    —Mira quién fue a hablar —jadeé, casi gruñí y presioné con algo más de intensidad mis dedos en su intimidad, arrancándole un profundo gemido en el proceso. En parte en venganza y en parte porque quería seguir escuchándola. Al menos así dejaría de decir estupideces por un rato más.

    Era demasiado vergonzoso, boba.

    Apenas había rozado la tela pero cuando sus dedos se detuvieron todo mi cuerpo pareció quejarse en respuesta. El ardor entre mis piernas se sentía insostenible a esas alturas y le sostuve la mirada con cierto brillo apremiante, a pesar del pudor de siquiera hacer una petición así. Necesitaba calmarme y ella era la única que podía hacerlo.

    No te detengas ahora.

    Sigue.

    Sigue por favor.


    La realización me hizo abrir los ojos poco después. Su expresión pasó al absoluto desconcierto, abrumada, y todo mi rostro enrojeció en respuesta. Me pregunté a quién demonios se le ocurría dejarse las uñas largas con lo poco práctico que era de por sí pero no tuve tiempo para siquiera reprocharle, porque en sus ojos vi la sombra de una idea y al humedecerse los labios un escalofrío en anticipación me recorrió la espalda con fuerza.

    ¿A-Ah?

    —...Tienes que estar de broma —murmuré, labios temblorosos, sin saber cómo reaccionar exactamente.

    La sola idea me avergonzaba como nunca pero no estaba por la labor de detenerme ahora, y mi cuerpo lo sabía. No cuando el incendio se había propagado por todos los rincones de mi ser y el fuego me consumía a su paso.

    Entorné la mirada en respuesta, presa de la excitación y de un arranque de rebeldía repentinos. Quería que me tocase pero no estaba por la labor de obedecerla del todo. No con ese tono. De modo que me erguí y desabroché también los shorts, librándome de ellos y quedando únicamente la fina tela cubriendo mi intimidad. Apoyé las manos cerca de su clavícula, acariciando la piel ardiente con los dedos y le dirigí una sonrisa fingida ladeando el rostro, casi inocente, antes de empujarla una vez más contra la cama.

    Mis movimientos no dejaron de ser suaves y cuidadosos en ningún instante.

    Quizás ella tuviese las uñas largas pero ese no era mi caso, e iba a aprovecharme de ello sin lugar a dudas. Acaricié sus costados, siguiendo el contorno de su estilizada figura hasta que mis manos se toparon con la última prenda que llevaba encima. Dudé por un instante y me mordí el labio inferior, enrojecida, pero finalmente deslicé las bragas hacia abajo y Mimi terminó completamente desnuda bajo mi cuerpo. La recorrí con la mirada por un instante, absorta, y parpadeé rápidamente antes de inclinarme hacia ella.

    Céntrate, Liz.

    ¿Pero cómo iba a centrarme en una situación así?

    Dejé varios besos castos sobre su vientre mientras mis dedos recorrían de nuevo el interior de sus muslos, y tantearon de forma superficial su húmeda intimidad. La recorrí con movimientos circulares y delicados, reparando en sus respuestas corporales para conocer dónde y cómo debía tocarla. Lentamente fui profundizando, pellizcando el botón rosado completamente excitado antes de atreverme a intensificar el movimiento, de manera rítmica cerca de su clítoris.

    La sentí deshacerse poco a poco y sus suspiros demandantes me impulsaron a introducir uno de mis dedos en su interior, cálido y estrecho. Lo noté acostumbrarse a mi intromisión lentamente, lo saqué y lo introduje una, dos, tres veces. En un inicio lento pero pronto ansié hundirme más, y más.

    Y ella pareció querer lo mismo.

    Busqué sus labios para silenciar sus gemidos cuando introduje un segundo dedo, y mantuve el ritmo de mi cuerpo contra el suyo al compás de una íntima sinfonía.

    Ah, mierda.

    Se sentía demasiado bien para ser cierto.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
  20.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

    Piscis
    Miembro desde:
    25 Mayo 2013
    Mensajes:
    5,648
    Pluma de

    Inventory:

    Escritora
    Mimi Honda

    Fruncí ligeramente el ceño en confusión cuando Liza terminó por entornar los ojos. Se quitó los shorts pero... ni siquiera tuve tiempo de poder rozarla antes de que me dirigiera esa sonrisa fingidamente inocente, esa que hizo que un extraño escalofrío me recorriera la espalda, y me empujara nuevamente contra la cama.

    ¿H-huh?

    Se me escapó una exclamación ahogada. Oh Arceus, era tan tonta. Nuevamente desde abajo aquella sensación de absoluta vulnerabilidad me invadió. El corazón me dio otro vuelco en el pecho y enrojecí aún más, si aquello era siquiera físicamente imposible.

    Era curioso. Cuando estaba sobre ella y me sentía en control tenía absoluta confianza en lo que hacía. Podía incluso decir aquellas cosas vergonzosas solo por obtener reacciones por su parte. Cuando estaba debajo... me sentía rendida y a deseo de las circunstancias. Como un pequeño barquito en mitad del océano a merced del oleaje. Sin murallas, sin ningún tipo de defensa, desnuda en cuerpo y alma. No podía esconderme ni fingir. Siempre había odiado sentirme vulnerable y aquella era probablemente la situación en la que más expuesta podía sentirme. Y me di cuenta... de que no haría algo así con cualquiera por mucho que me atrayese físicamente. No me sentía cómoda mostrando mi cuerpo sin ton ni son, era estúpido pensarlo. Era algo que solo estaba dispuesta a hacer con alguien en quien confiaba lo suficiente para mostrarme tal y como era, sin barreras de ningún tipo.

    Sintiéndome absolutamente débil y expuesta desvié la mirada.

    No podía sostenérsela.

    No cuando me miraba así.

    Como si fuera un tesoro invaluable
    .

    Aquella situación no era meramente un roce físico. No era simplemente un deseo carnal, iba mucho más allá. Era como si hubiéramos logrado entendernos a un nivel profundo, íntimo y completamente diferente. Todas, absolutamente todas nuestras acciones, puede que incluso antes del beso en Atracadero nos habían llevado a eso.

    A exponernos y dejarnos conocer cómo nadie lo había hecho antes.

    A poner nuestro cuerpo a disposición de la otra, nuestras emociones más frágiles, nuestros momentos más íntimos.


    Mi pecho subía y bajaba con profundidad al compás de mi respiración agitada, casi jadeante. Estaba completamente expuesta. Desnuda, con la luz de la luna incidiendo sobre mi piel y perlándola y el cabello completamente suelto desparramado sobre las sábanas deshechas.

    Sembró un camino de besos por mi vientre y la molesta y ardiente sensación entre mis piernas solo se acrecentó. Envió otra descarga eléctrica por mi piel y los músculos se me tensaron en respuesta, expectantes, ansiosos. Recogí mis piernas y flexioné la rodillas. El roce directo, ya sin la molesta interrupción de la ropa interior fue tan intensa que casi me hizo cerrarlas de golpe.

    —¡N-nhm...!

    Podía sentirlo.

    Lo increíblemente mojada que estaba.

    La intromisión ajena me cortó el aire en la garganta y casi chillé. Mi espalda se arqueó en respuesta. Y la sentí rozando justo ahí, una y otra y otra vez.

    —¡Liz!—la llamé con evidente necesidad, con el deseo desbordando mi voz. Al arquear la espalda dejé caer la cabeza hacia atrás—. ¡Ah, mierda... se siente demasiado bien!

    Su nombre se convirtió en la única palabra que mi cerebro completamente nublado lograba procesar. La única que lograba pronunciar en mitad de los gemidos, de los jadeos, de sus besos que trataban de silenciarme y me robaban el oxígeno. Repetí su nombre como si mi maldita vida dependiese de ello mientras aquella presión, aquella sensación ardiente en mi bajo vientre crecía y crecía con cada movimiento. Hasta amenazar con estallar.

    No había miedos, ni pudor, ni complejos de ningún tipo.

    Lo que sentía no podía siquiera describirlo con palabras.

    Ansié aferrarme a ella, ansié sentirla aún más, más cerca, más profundo.

    Más.

    Mi cuerpo se contrajo de forma espamódica y temblé cuando aquella presión, como una bomba de tiempo, estalló súbitamente de una sola vez. Mis uñas se habían anclado con desesperación a las sábanas tirando de ellas y deshaciéndolas. El cuerpo se me había perlado de gotas de sudor.

    Estaba sin aire, jadeando de forma casi desesperada para volver a llenar mis pulmones de oxígeno. Me sentía liviana, despojada de cualquier carga emocional o estrés, embargada por el sopor y la calma que precede al orgasmo.

    Y entonces, una vez logré recomponerme, apoyé mis codos en el colchón y elevé mi cuerpo para mirarla a los ojos.

    Dudé.

    Dudé porque era tan malditamente vergonzoso lo que pensaba hacer.


    Sin embargo, si no podía usar mis dedos porque era estúpida—aunque perfectamente podía levantarme y tomar mi lima—iría mucho más allá. Quería ir mucho más allá y de hecho, si no iba a tomar la lima era porque lo estaba usando como excusa. Aún jadeaba levemente cuando me incorporé de la cama y sosteniéndola de las mejillas le besé en los labios. Busqué su lengua en un beso lento, perezoso, dulce y volví a descender la mano rozando sus costados a propósito con las uñas, sin apretar, solo sintiendo su piel erizarse bajo mi tacto. Llevé aquella misma mano de nuevo entre sus piernas, recorrí sus muslos y toqué la parte frontal del último trozo de tela que le quedaba en el cuerpo con la yema del índice. Arriba y abajo, despacio y tentativamente.

    Entonces la empujé nuevamente en la cama con mi propio cuerpo, casi ronroneante. Y descendí. De su cuello a sus clavículas, de allí hacia el delicado escote y luego al vientre. La llené de besos húmedos. Sentí como sus músculos se tensaban en respuesta anticipándose y aquello arrojó otro bidón de gasolina al aparentemente apagado incendio.

    Me deshice finalmente de aquellas molestas bragas. Bastante bonitas, con un patrón interesante... pero estaban en mi camino.

    Le besé los muslos y el interior de estos, sin prisas, atrapando su piel tibia entre mis labios y mis dientes. Y alcé la mirada.

    —No haría esto con cualquiera ¿sabes?—murmuré. Casi se lo confesé como si esa frase estuviese implícito el hecho de que ella no era cualquiera. Me deslicé un mechón rubio tras la oreja y me incliné entre sus piernas finalmente—. Quizás soy yo la que se siente generosa.

    Primero fue un beso ligero, tentativo e inseguro. Un mero roce de labios. Estaba jodidamente caliente y húmeda. ¿Estaba bien lo que hacía? ¿Lo hacía bien siquiera? Por todos los legendarios de Sinnoh, solo lo había leído alguna que otra vez en internet. No tenía la más mínima idea de lo que estaba haciendo.

    Luego fue otro y otro. Sus suspiros y gemidos me dieron confianza y despacio lo toqué tentativamente con la lengua.

    Salado.

    Había cerrado los ojos y la recorrí arriba, abajo y en pequeños círculos. Sostuve sus muslos con mis manos para evitar que se cerraran por impulso. Estaba tratando de demostrar con mi cuerpo todo lo que no podía decir con palabras. ¿Le llegaría el mensaje? ¿Entendería cómo de agradecida le estaba por todo lo que había hecho por mí? ¿Cuanto apreciaba tenerla en mi vida?

    Entiéndelo tonta.
     
    • Zukulemtho Zukulemtho x 1
Cargando...

Comparte esta página

  1. This site uses cookies to help personalise content, tailor your experience and to keep you logged in if you register.
    By continuing to use this site, you are consenting to our use of cookies.
    Descartar aviso