Mini-rol Dilección [Supportshipping | Pokémon Rol]

Tema en 'Archivo' iniciado por Yugen, 15 Enero 2021.

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    Andysaster

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    —¿Apostar? —cuestioné no sin cierta sorpresa. En cualquier caso no duró demasiado; sujeté el dulce y ensanché mi sonrisa al instante, confiada y orgullosa. Perder contra Mimi no era una opción—. Espero que no te arrepientas de lo que acabas de proponer, Honda.

    No había demasiadas posibilidades. Casi todo lo que podías apostar en un centro comercial tenía una estrecha relación con el dinero y una de nosotras lo tenía de sobra. No tendría gracia. Fue entonces cuando una idea fugaz cruzó mi mente.

    La que perdiese tenía que cumplir con una petición de la otra.

    Eso estaba mucho mejor.

    La partida de Dylan y Mimi transcurrió con celeridad. Si bien al principio el niño tenía una clara ventaja, solo bastó un tiempo para que su adversaria se acostumbrase al estilo de juego. Uno tenía la experiencia; otra tenía la edad. Quizás esa fue la razón por la que obtuvieron una puntuación bastante similar, con una ligera diferencia en favor del niño.

    Jackie saltó con emoción a los brazos del menor una vez dejó la pistola en su lugar.

    —Felicidades Dylan. Se nota que te gusta este juego —Revolví con suavidad el cabello del niño al pasar por mi lado. La diferencia entre él y el pequeño que encontramos hacía un rato era bastante notoria. Me dirigí entonces hacia el lugar que había dejado, pasándole ambas piruletas con cuidado, y tomé el arma de plástico con ambas manos—. Supongo que es mi turno. ¿Lista para morder el polvo de nuevo?

    Era... bastante divertido. Esa especie de rivalidad sana que podía surgir entre ambas. Volví a introducir otra moneda y sujeté con firmeza la pistola, sumergiéndome por completo en el juego cuando este dio inicio. Conocía la teoría, pero en la práctica Mimi me llevaba una ligera delantera. Los pokémon iban y venían a intervalos intermitentes y por un segundo ambas parecíamos haber olvidado que se trataba de un simple juego. Vernos desde fuera debía ser bastante divertido.

    No me di cuenta de que había tensado mis músculos hasta que la música dio final al juego. Sentí la ligera fuerza que había ejercido en los dedos pero de nada sirvió hacerlo. El encuentro estaba sentenciado, y Mimi había resultado ser la ganadora.

    —¡Ah, lo hiciste! —exclamó Dylan, acercándose hacia ambas con emoción en su rostro. Pichu correteó entre sus pies con la misma energía—. Ya le pillaste el truco. ¿A que es divertido?

    Observé el intercambio en silencio, dejando escapar un ligero suspiro. Había perdido, pero había sido una experiencia interesante. Dejé la pistola en su lugar y me crucé de brazos, apoyando la cadera en el borde de la máquina.

    —Bueno, bueno, seguro que solo ha sido la suerte del principiante, ¿huh? —comenté, desviando la mirada como quien no quiere la cosa—. Estoy segura de que a la siguiente ganaría.

    Dylan soltó una risa alegre, arrancándome por reflejo una algo más baja. Estaba claro que no lo decía en serio. Ahora iba a tener que lidiar con un golpe a mi orgullo y una apuesta, ¿eh?

    Supongo que podré superarlo.

    Si Liz hubiera ganado probablemente le hubiese hecho hacer algo vergonzoso o lo hubiese usado de excusa para la ship jsjs

    Pero el angst mola más (?
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    —¡Vamos a probar otro!—exclamó Dylan y correteó hasta otra de las máquinas cercanas. Raiden lo siguió con un suspiro pesado.

    Había ganado. Y satisfecha, orgullosa de mí misma, giré la pistola de juguete entre mis dedos antes de dejarla en su lugar. No era ni siquiera necesario mencionar la casi soberbia que me había llenado repentinamente. ¡Pero si era una tiradora experta! ¿Sería cosa de pasarla arrojando pokeballs?

    Escuché las palabras de Liz pero no mencioné nada al respecto. No había necesidad de hacerlo, era ella la que había aceptado la puesta y la que debía cargar con las consecuencias. Me acerqué a su oído, despacio, y casi ronroneé en él.

    —¿Ahora vas a cumplir todo lo que te pida, White?—susurré—. Espero que tengas muy claro dónde te metes.

    Fue poco más que broma para ver su reacción. Verla tensa y nerviosa. Pero dada la extraña tensión que había entre nosotras bien podía ir en serio. De hecho nada más decirlo un escalofrío me erizó la piel y la ola de calor volvió a azotarme el cuerpo.

    La miré durante unos segundos en silencio, reparando en sus facciones, antes de volver, divertida, a guiñarle un ojo. Solté una risita genuina, liviana. Quizás solo por tratar de quitarle hierro o seriedad al asunto.

    —Ya pensaré que penitencia ponerte.

    Pasaba bruscamente de la vergüenza a la ansiedad y a algo que rozaba la malicia. Pero cuando me sentía en control de la situación, cuando sabía que pisaba suelo seguro, me era bastante sencillo hacerlo.

    —¡Ah, es una máquina de peluches!

    Aquella fue la voz de Dylan y logró que me girase en su dirección. Era una máquina de esas de gancho y había pegado las palmas de las manos al cristal. Jackie trepó hasta su hombro y observó el contenido con curiosidad, con el mismo brillo que su entrenador en los ojos. Había peluches de Charmander, de Pikachu, de Squirtle y Bulbasaur además de algunos otros en los que no pude evitar reparar. En especial en el de Oshawott. Estaban bastante bien logrados.

    —¿Cúal te gusta?—le pregunté al acercarme, curiosa.

    —Oh. Eeh... el Pikachu.

    ¿El Pikachu? Había varios y no parecía complicado conseguir uno. Estaba por la labor de ser generosa.

    —Sujétame esto.

    Le tendí la piruleta y tras recogerme rápidamente el cabello en mis dos típicas coletas metí una moneda en la ranura. Un sonido robótico me hizo saber que estaba en marcha.

    —¿L-lo vas a intentar?—murmuró Dylan en una mezcla entre nerviosismo y admiración—. Estas máquinas son muy difíciles.

    —Definitivanente no me conformo con solo intentarlo.

    Moví la palanca y el gancho se deslizó con un sonido robótico. No parecía tan complicado... solo tenía que dirigir la grúa hasta el peluche, atraparlo, levantarlo y llevarlo hasta la zona de recogida. La teoría era sencilla pero en la práctica fallaba miserablemente.

    El gancho bajó y despacio, con movimientos mecanizados, atrapó uno de los Pikachu. Dylan contuvo una exclamación de emoción y yo sonreí para mí misma.

    Ya lo tenía.

    Aunque era un agarre bastante precario. Daba la impresión de que podría soltarse y caerse en cualquier momento.

    Despacio.

    Con un cuidado casi cirujano deslizé la palanca en dirección a la zona de recogida.

    —Ya casi...—murmuré entre dientes. Una gota de sudor frío me recorrió la mejilla. El Pikachu de peluche parecía firmemente sujeto por la cola. Solo tenía que deslizarlo un poco más hacia la derecha. Solo un poco y entonces... se desprendió y cayó nuevamente sobre el resto de peluches. Solté una exclamación ahogada—. ¡Mierda!

    Ah chale, no solo Mimi es medio sádica y le gusta verla nerviosa y sonrojada (?) Que vista a Mimi de Purrloin dice uvu

    Es que teníamos la softness, teníamos la horniness... hacía falta el angst sí o sí (?)
     
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    Andysaster

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    Liza White

    Una oleada de calor me recorrió el cuerpo y mi piel se erizó ante aquella suerte de provocación salida de la nada. Al volverme hacia ella fruncí el ceño, las mejillas levemente enrojecidas. Lo disfrutaba, ¿cierto? Conocer lo susceptible que podía llegar a ser. Si tuviera algo de malicia podría haber llegado a hacerle lo mismo en la primera tienda. Pero eso no iba conmigo.

    Le dirigí una mirada de circunstancias, aún algo nerviosa si bien trataba por todos los medios de disimularlo. Me negaba a reaccionar de la forma que quería. Al pasar por su lado le devolví el susurro, cerca de su oído, como una suerte de advertencia.

    Cuidado con lo que deseas, Mims.

    Sonreí, dulce, y seguí a Dylan y a Raiden de cerca, como si aquel intercambio nunca hubiera sucedido.

    Nuestra siguiente parada fue una máquina de peluches. El niño había encontrado un peluche de Pikachu bastante mono y Mimi, cómo no, no tardó en intentar conseguírselo. Me mantuve como una mera espectadora, siguiendo los movimientos de la chica en silencio. Ganar en la partida anterior tenía que haberle subido la autoestima lo suficiente como para olvidar que aquel juego solía estar trucado. El gancho casi nunca tenía la fuerza suficiente como para sujetar el peso de los peluches el tiempo suficiente. No importaba el cuidado cirujano que le pusiese encima.

    Aún así me incliné ligeramente hacia delante, expectante, al transcurrir los segundos sin que el peluche cayese. Apenas quedaron un par de centímetros de distancia cuando el pikachu terminó por escurrirse del todo. Dylan soltó un sonido quejumbroso y Jackie agachó las orejitas. Casi.

    Me acerqué a la máquina con movimientos distraídos, repasando el interior de la máquina con cierta atención. El niño se volvió hacia mí con sorpresa cuando me agaché, moneda en mano.

    —¿Vas a intentarlo también, Liza? —tensó los labios, algo angustiado—. N-No quiero que perdáis el dinero por mí.

    —Tranquilo, solo será una vez —le aseguré, irguiéndome de vuelta, y le dirigí una sonrisa suave antes de encarar la máquina.

    El sonido robótico no tardó en hacerse de esperar.

    Solía dudar de aquellas máquinas, pero si Mimi había logrado quedarse a las puertas quizás aquel gancho no estaba tan trucado como esperaba. Moví la palanca con movimientos cuidadosos, respirando hondo para controlar mi pulso, y entorné la mirada hacia el cristal. La primera parte era de las más decisivas. Dependiendo de por dónde sujetases el peluche podía aguantar más o menos la trayectoria. Las fauces metálicas se cerraron en torno a la pequeña cabeza del pokémon y contuve el aliento mientras elevaba el gancho muy lentamente.

    Aguardé un par de segundos, estática, pero Pikachu se mantuvo en el aire con firmeza. Mis labios se curvaron ligeramente.

    Atrapado.

    El avance fue lento pero seguro. No aparté en ningún momento la mirada, concentrada en cada uno de mis movimientos. Dylan pegó con cuidado las palmas sobre el cristal, expectante, sin hacer sonido alguno. De repente el silencio se extendió sobre nosotros. Quedaban apenas un par de centímetros para llegar a la zona de recogida pero el gancho había empezado a mecerse. Un movimiento en falso y terminaría por caer, pero el tiempo corría en mi contra. Se estaba escurriendo lentamente.

    En ese instante decidí hacer una jugada arriesgada. Un todo o nada. Presioné la palanca con algo más de fuerza, impulsando el peluche hacia delante, y dada la potencia terminó por deslizarse. No obstante, el balanceo fue suficiente para terminar encestando justo en el borde de la meta, entrando al compartimento por muy poco.

    Solté el aire que había contenido y cerré mi mano en un puño, bajando el codo con entusiasmo.

    —¡Sí! ¡Lo tengo!

    Dylan no tardó en soltar una exclamación y recoger el peluche con alegría. Lo abrazó y se lo mostró a Pichu, quien correteó entre sus hombros con la misma energía, olisqueando poco después a su evolución de felpa con suma curiosidad.

    —¡Gracias! ¡Es precioso! —me agradeció, volviéndose hacia su pokémon poco después, sonriente—. Mira, Jackie, este serás tú algún día. ¿No es genial?

    Era realmente tierno ver lo feliz que podías hacerle a un niño con tan solo un peluche. Miré a Mimi mientras ambos celebraban, sin poder contener una risita genuina. Había recuperado parte de mi orgullo, pero cualquier intención de alardear desapareció en ese instante.

    No lo hacíamos tan mal de niñeras, ¿eh?

    Digamos que se rige por el "Dos pueden jugar al mismo juego" JAJAJA. Deja lo anoto en mi papelito.

    Yass uwu
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    Era humillante perder de esa forma contra un pedazo de chatarra como ese. Molesta estuve por patearla con la punta del pie cuando Liza decidió probar suerte. Me aparté y cruzada de brazos la observé en silencio.

    Y ella... lo logró.

    Intercambié una breve mirada con Liza y le sonreí con la espalda apoyada contra otra de las máquinas. Lo había logrado y ahora Dylan tenía un regalo de sus niñeras particulares. No se nos daba mal ¿eh? Casi parecíamos sus hermanas mayores y todo.

    Pasamos algunos minutos más probando el resto de arcades, divirtiéndonos juntos, hasta que pasó algo así como una hora. Dylan se estaba divirtiendo tanto que parecía haber olvidado completamente que éramos un par de extrañas y que él estaba perdido. Aquel pensamiento me regresó a la realidad y cuando el último de los juegos en la máquina recreativa llegó a su fin, yo puse en palabras el pensamiento de todos.

    —Deberíamos... ir a megafonía.

    Dylan se detuvo entonces como si le hubiera alcanzado un rayo hielo. Lo había olvidado. Había olvidado completamente el hecho de que estaba perdido, de que hasta hace una hora y algo más había estado llorando de forma desgarradora en el pasillo. Apretó los labios en una mueca tensa, resentida.

    —O-oh...—murmuró nuevamente con voz baja y agachó la mirada hasta sus zapatillas. Se movió ligeramente y para sorpresa de mi Luxray, le pasó el brazo sobre el cuello y se apretó. Se escudó en él. Fue un movimiento bastante tímido, cuidadoso y Raiden lo dejó hacer porque ambos lo entendimos sin necesidad de palabras. No quería marcharse. Quería quedarse allí con nosotras. Nos consideraba sus amigas. Y teniendo en cuenta lo que me hacía dicho, era un niño solitario, tímido, que no lograba encajar con los demás.

    Me agaché para estar a su altura. Me costaba entenderlo porque... era tan dulce y bueno. Por favor, era monísimo. Me daban ganas de adoptarlo.

    —¿No quieres volver con mamá?—le cuestioné despacio, suave, y busqué sus ojos.

    Dylan evadió mi mirada.

    —S-sí—convino y su voz bajó aún más, hasta el punto en que sus últimas palabras se volvieron casi inaudibles. Si no estuviera tan cerca ni siquiera le hubiese oído—. Pero... lo he pasado tan bien que no quiero que el día termine.

    Jackie agachó las orejas, entristecido. Lo miré con atención durante unos segundos, consternada, sintiendo en el pecho la enorme disyuntiva que debía estar experimentando. Ese pesar, esa tristeza. Quería volver con su madre pero no quería dejarnos y aquellos pensamientos tan discrepantes lo tenían algo frustrado consigo mismo.

    Pensé rápido.

    —Pero vamos a volver a vernos ¿no? —pregunté y le dirigí a White una mirada significativa antes de regresar mis ojos al niño—. Liza tiene que enseñarte su Raichu.

    Dudó. Sus ojos café de movieron por el suelo de lado a lado vacilantes y finalmente alzó la mirada para encontrar mi rostro. No parecía muy seguro. Estaba entristecido, algo molesto y sus orbes estaban ligeramente vidriosos y húmedos.

    No, por favor no llores.

    —¿Volveremos a vernos?—preguntó.

    ¿Cómo iba a decírselo? ¿Cómo iba a decirle que probablemente esa fuese la última vez que nos encontraríamos? Sin un método de contacto, un número de holomisor o algo similar, las posibilidades de volver a vernos una vez regresase con su madre eran muy escasas. Y si contábamos el hecho de que siempre estábamos por ahí arriesgando nuestra vida las posibilidades se tornaban prácticamente inexistentes. Meter un niño en el mundo oscuro en el que nos movíamos no era justo. Debía disfrutar su infancia y mantener su inocencia lejos de los males y horrores que había en el mundo. Sería imperdonable si algo de todo lo que vivíamos y enfrentábamos terminaba salpicándole.

    Tensé ligeramente los labios por una décima de segundo, pero así y todo encontré la fuerza para sonreírle con la mayor honestidad que pude.

    —Claro.

    Fue suficiente. Dylan sonrió y tras darle un abrazo a Raiden diciéndole que pronto volverían a verse, nos tomó a Liza y a mí de las manos y salió con nosotras del arcade.

    Era curioso. Siempre había pensado que se me daban bastante mal los niños, que de hecho no me gustaba tratar con ellos. Especialmente porque yo tenía una media hermana de tres años con las que apenas tenía relación. La había conocido en mi regreso a Sinnoh pero poco más. Aún era incapaz de aceptar el hecho de que mi padre hubiera embarazado a esa mujer. A esa arpía manipuladora. Que hubieran tenido una hija en común.

    Nada más dejar atrás el pasillo de la planta baja, Dylan se separó buscamente de nuestras manos y echó a correr hacia el frente.

    —¡Mamá!—exclamó.

    De hecho, frente a nosotras había una mujer de mediana edad, de cabello rojo y su expresión era absoluta conmoción. Cuando fijó la vista en la pequeña figura que se le acercaba abrió los ojos de súbito, impactada, y la voz le sonó rasgada desde la garganta.

    —¡Dylan!

    El niño corrió a sus brazos y la mujer se agachó para estrecharlo con fuerza entre ellos. No pude esconder la ternura en mi gesto cuando fui testigo de tan cálido reencuentro. Resultaba tan tierno, tan hermoso de contemplar.

    —¿Dónde estabas?—le preguntó rozándole las mejillas con el pulgar— Me tenías muy preocupada. ¿Estás bien? ¿Te has lastimado?

    Dylan sacudió la cabeza y entonces mostró una sonrisa amplia, dulce y genuina. No había querido encontrarse con ella para no dejarnos, pero ahora parecía imposible separarlos. Ya no había rastro de llanto alguno en su rostro.

    —Mh-hm—negó—. Mis hermanas mayores me ayudaron. Fueron muy buenas conmigo.

    —¿Hermanas... mayores?

    —¡Sí!—exclamó exultante de alegría y tomando el peluche entre ambas manos se lo acercó—¡Y mira! ¡Me consiguieron un Pikachu de peluche en la máquina! ¿No es genial?

    La mujer tomó el peluche con cuidado.

    —Oh. Es muy lindo, cariño.

    Fue entonces cuando pareció percatarse de nosotras y lentamente se incorporó para encararnos.

    La señora se enjuagó una lágrima traicionera con el dorso de la mano y nos dirigió una sonrisa agradecida y de profundo alivio. Debía haber pasado tanto miedo, tanta incertidumbre y angustia.

    —Muchas gracias por cuidar de mi hijo y traerlo de vuelta— contuvo la emoción a duras penas—. No sé cómo agradecerlo... Incluso habéis pasado tiempo con él y comprado cosas. Dylan no tiene amigos así que estoy segura de que ha sido muy importante para él.

    Había sido bastante divertido de hecho. Jugar juntos. Pronto, la mujer se despidió y Dylan se soltó de la mano de su madre para correr a nuestro encuentro y abrazarnos con fuerza. "Volveremos a vernos, es una promesa. ¡Gracias por todo!"

    Jackie agitó la patita desde su hombro una vez regresó junto a su progenitora.

    Todo encuentro tenía su despedida.

    Y el nuestro había llegado casi sin que nos diésemos cuenta.


    Levanté la palma de la mano y me mantuve así hasta que el niño desapareció de la mano de su madre por el pasillo. Ambos charlaban animadamente sobre cosas que no podíamos oír pero los dos tenían una sonrisa en los labios.

    Era una escena tan pura, tan cargada de honestidad. Por algún motivo me lanzaba una daga directamente al pecho. Cuanto extrañaba algo así. El abrazo cálido de una madre.

    Recogí ligeramente la mano hasta dejarla caer. Cuando había decidido venir al centro comercial de compras jamás hubiera imaginado que tendría que hacer de niñera de un niño perdido. Pero siendo honesta no me arrepentía de nada. Aunque era nuestro día libre habíamos terminado haciendo una buena acción. Ayudando a alguien de forma desinteresada.

    Quizás no podíamos librarnos de eso. Quizás sí éramos heroínas a tiempo completo.

    Y estaba bien.

    Esbocé una sonrisa ligera, frágil, sin apartar mi mirada del camino por donde ambos se habían marchado.

    —Supongo... que tal vez sí pueda entenderme con Miria después de todo—murmuré.

    Ahora necesito un fic de eso (?)
     
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    Andysaster

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    El tiempo avanzó a gran velocidad, enfrascados en las diversas máquinas del arcade con una emoción pueril. Una partida rápida se había transformado en más de diez, y cuando quise darme cuenta había transcurrido casi una hora. Dylan aún debía encontrar a sus padres, y por más que nos apenase la idea, sería insensible por nuestra parte mantenerlo allí por más tiempo. No cuando su madre debía estar sufriendo por encontrarlo en ese momento.

    Una punzada me recorrió el pecho cuando le prometí que volveríamos a vernos. Aún debía mostrarle a Raichu. ¿Cómo iba a decirle que ya no lo tenía? ¿Que era tan despreciable como para haberlo abandonado a su suerte? Solo atiné a asentir, escueta. Tanto Mimi como yo sabíamos que sería difícil mantener el contacto, pero... se valía soñar.

    Ojalá pudiéramos repetirlo algún día.

    No fue necesario llegar a megafonía, pues fue el propio Dylan quien soltó nuestra mano y echó a correr hasta abrazar a una mujer de mediana edad. Cerré mi mano y la posé sobre mi pecho, contemplando la escena con los ojos ligeramente humedecidos. Notar la emoción y el miedo en el rostro de su madre me removió demasiadas emociones. Ser heroínas a tiempo completo tenía sus recompensas, y esta era una de ellas.

    Abrí los ojos cuando el niño echó a correr hacia nosotras, fundiéndose en un abrazo con Mimi primero, para luego hacer lo propio conmigo. No supe bien por qué lo hice; era consciente del peligro que nos envolvía y jamás querría involucrar a nadie más, pero un pensamiento egoísta me invadió en ese instante y le pedí que aguardara un segundo. Tomé un trozo de papel, apunté un número con prisas y se lo metí en el bolsillo, acariciando su mejilla por última vez con una sonrisa.

    Mi número de videomisor.

    Dylan, Jackie y la mujer se marcharon finalmente, conversando con emoción hasta que sus voces se perdieron en la distancia. No creía haber hecho lo correcto, pero era lo que me había dictado el corazón. Y no me arrepentía de ello. Me volví hacia Mimi, quien permanecía abstraída observándolos perderse en la distancia, con una sonrisa frágil. La escena parecía haberle removido algo... pero hoy era nuestro día feliz, ¿cierto?

    Le piqué la mejilla, sacándola de su trance, y sonreí.

    —¿Vamos? —le insté, y alcé mi videomisor para que pudiese ver la hora. Eran las dos de la tarde. Se perdía la noción del tiempo cuando te lo pasabas bien, ¿huh?—. ¿Prefieres mirar alguna tienda más o buscamos algún sitio donde comer primero?

    Algo me decía que cualquier restaurante iba a estar repleto a aquella hora, pero quizás teníamos algo de suerte. En cualquier caso no pude atinar a decir más.

    No cuando lo vi.

    Grande, peludo, de mirada vacía y sin vida. Su sonrisa alargada y aterradora, parcialmente descosida, se encontraba torcida en un ángulo imposible. Algunos niños correteaban hacia él y se sacaban fotos rápidas, pero todos mis músculos se tensaron y retrocedí un paso, pálida. Era un esperpento. Una abominación.

    Un disfraz de pokémon de felpa.

    Y se estaba acercando peligrosamente hacia nosotras.

    El Charmander gigante (que parecía salido de mi peor pesadilla) alzó una de sus horribles patas, y supe que la persona que había dentro estaba por ofrecernos hacer una foto. No, no, no. Ni de coña. Sujeté la muñeca de Mimi, apremiante, y comencé a acelerar el paso en la dirección contraria con evidente tensión en el rostro.

    —¿S-Sabes qué? Mejor lo pensamos por el camino. ¡Hace un buen día para caminar, sí señor!

    El desconcierto que debía llevar la chica encima debía ser bastante gracioso de ver, pero yo solo podía pensar en huir de allí lo más rápido posible. No obedecía a un impulso racional. Era un terror absurdo y vergonzoso salido de la nada, que había estado ahí desde siempre. Probablemente producto de alguna experiencia traumática que no estaba por la labor de recordar.

    ¿Me daba pavor la gente disfrazada? Absolutamente.

    ¿Iba a admitirlo? Ni de coña.

    Si algún día me regresa eso que llaman inspiración, maybe :'D (?)
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    Me quedé un instante eterno perdida en mis propios pensamientos, sumida en recuerdos del pasado, cuando un ligero toque en mi mejilla me regresó a la realidad. Pestañeé con rapidez, asombrada y dejé escapar un ligero "¿huh?". Mi mirada se clavó entonces en Liza y me percaté de que no parecía tan afectada como yo debía estarlo. ¿Era por eso que se había acercado a darle algo a Dylan? ¿Qué era? ¿Su número de holomisor?

    Fuera cual fuere el caso, pronto palideció, su emoción se fue por el sumidero y sostuvo mi muñeca para tirar de mí como si pretendiese arrastrarme fuera de escena lo más rápido posible. Mi propio cuerpo se tensó en respuesta. Repliqué pero mis quejas no fueron oídas. ¿El culpable? Un tipo disfrazado haciéndose fotos con un puñado de niños como un pederasta o un secuestrador.

    ¿Ah?

    Dirigí una mirada al horrendo disfraz y posteriormente a White; a la tensión de sus dedos a mi muñeca, a la brusquedad con la que había acelerado sus pasos y uní los cabos sueltos como por arte de magia. Epera, ¿le daba miedo la gente disfrazada? Me sorprendió, ciertamente lo hizo... pero no podía culparla. No solo aquel Charmander de felpa parecía salido de las entrañas del infierno, yo misma tenía mi propia fobia. Sabía lo que era, se lo había contado en su momento y ella había estado ahí para apoyarme. ¿Qué pasaría si en lugar de un Charmander fuese... yo que sé, un Ufobeem? Sería la peor pesadilla de ambas.

    De forma casi distraída, como quien no quiere la cosa, me solté de su agarre en mi muñeca y tomé su mano con la mía, firme, entrelazando mis dedos. Los suyos estaban templados e hicieron gran contraste con mis falanges frías.

    El calor sí me subió a las mejillas, sin embargo. Ligero, apenas perceptible.

    Te estoy apoyando ¿huh? No pienses otra cosa.

    —Podemos ir a comer—respondí como si no me hubiera percatado en lo absoluto de su evidente crispación. Jugueteé con la punta de una de mis coletas con mi mano libre—. Luego podemos ir al cine. También estaba pensando en pasar por la peluquería... llevo rato queriendo hacerme algo en el cabello. Como... ¿una mecha o algo así?—pregunté al aire, indecisa y solté el mechón con un suspiro pesado—. Ah~ No tengo idea.

    Tranquila, me pasa exactamente lo mismo xD

    De hecho creo que me dejé toda la creatividad que me quedaba en esto (?)
     
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    Había logrado alejarme lo suficiente de ese ser del averno para que saliese de mi campo de visión, y aún así el corazón seguía latiéndome desaforado en el pecho. Eran pocas, muy pocas las veces en las que me topaba con algo así, pero el resultado siempre era el mismo. Tendía a huir cuando era la solución que más detestaba. Era... irónico temerle a un disfraz de felpa cuando había enfrentado al mismísimo Arceus, ¿cierto?

    Qué patético.

    Solté la muñeca de Mimi de manera distraída al notar su movimiento, sin dejar de acelerar la marcha, pero no esperé que en respuesta entrelazase sus dedos con los míos. Estaban fríos, y el contacto me sacó de mi trance de inmediato. Era algo que podía esperar de Emily, incluso de mí misma cuando andaba de confianzuda, ¿pero de ella? Eso era nuevo.

    Aligeré mis pasos lentamente, al menos para dejar de arrastrarla entre la gente, y cerré mis propios dedos en torno a su mano cuando me posicioné a su lado, brindándole algo de calor. Debía admitir que el desinteresado gesto me había relajado un poco.

    —Hace mucho que no voy al cine —respondí, de manera distraída, reparando con algo más de calma en los diversos comercios y restaurantes mientras caminábamos. El cine se encontraba en la tercera planta. Maravilloso—. Podemos comprar entradas después de comer y hacer tiempo en la peluquería. Estoy deseando verte teñida de verde.

    Bueno, al menos estaba bromeando de nuevo. Supongo que el miedo se había pasado en parte. De momento.

    Nuestros pasos nos llevaron finalmente a un restaurante de comida rápida. No habíamos tenido un desayuno muy saludable que digamos, pero me negaba a pasar una hora esperando en la cola. Esta clase de lugares siempre eran la salida perfecta. Además, teníamos muchas cosas que hacer aún.

    Dejé ir su mano y me dirigí hacia las pantallas donde se realizaban los pedidos. Estaba acostumbrada a comprar esa clase de comida, así que no me costó decidir. Pero en el caso de Mimi...

    >>Déjame adivinarlo, ¿no vienes mucho por aquí?
     
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    Mimi Honda

    Solté una risa por la nariz.

    —Antes me encierro en una habitación llena de bichos que teñirme de verde—repliqué e inconscientemente mi mano le devolvió el gesto cuando sus dedos se apretaron contra los míos. Era tan cálido. Estaba helada así que buscaba su calor de forma casi instintiva—. Pero quizás... quizás vayan por ahí los tiros. Verde es demasiado pero tal vez... ¿rosa?

    Era una locura de proporciones épicas. Demasiado brusco. Quizás podía empezar solo por una mecha y ver que tal quedaba. Me gustaba mi cabello rubio porque me recordaba a mamá y lo atesoraba por eso. Si realmente daba un cambio como ese, si estaba dispuesta a cambiar algo tan importante... quizás estaba lista para aceptar su muerte y dejarla ir.

    En cualquier caso, pronto llegamos a otro establecimiento. El afluente de gente era reseñable y el ambiente olía a comida frita y grasienta. Menos mal que ninguna de las dos teníamos miedo a los payasos, porque había un cartel de tamaño natural de un Mr. Mime sosteniendo una hamburguesa en la puerta.

    —¿Un MimeDonald's?—pregunté con cierta crispación, tensa. Y le seguí el paso de cerca como si me sintiera fuera de lugar allí.

    Un restaurante de comida rápida.

    Generalmente solía comer cualquier cosa menos comida basura. No estaba acostumbrada aunque no me desagradaba realmente. Era una opción óptima para un apuro y estaba deliciosa. ¿Se podía pedir más?

    Enarqué una ceja.

    >>¿Tengo cara de venir mucho por aquí?—repliqué dirigiéndole una mirada de circunstancias y apoyé mi mano sobre mi cintura. Me adelanté hasta alcanzarla—. Pero está bien, puedo adaptarme. No es la gran cosa, no me desagrada la comida rápida. Tomaré...—miré la pantalla con atención repasando las distintas opciones con la mirada. Todo parecía excesivamente cargado, grasiento y calórico. ¿Hamburguesa Wailord-size? ¿Hamburguesa Wailord-size doble? Oh, Arceus. Me aclaré la garganta—. Un menú infantil, patatas pequeñas y un vaso de... ¿agua?
     
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  9.  
    Andysaster

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    No pude evitar soltar una suerte de risa desde mi lugar al notar su evidente crispación. Dada la vida ajetreada que teníamos solía caer en esa clase de soluciones a corto plazo a menudo. Podía permitírmelo porque mi metabolismo y mi estilo de vida quemaban rápido las calorías, y Arceus, estaba bastante bueno. Pero comprendía que quizás no fuese la comida ideal para alguien como Mimi.

    —¿Un menú infantil? Pero qué tierna~ —Que lo comprendiese no quería decir que la imagen no me hiciese algo de gracia. Marqué sus opciones con rapidez, atenta a los pedidos de la pantalla, y la miré de reojo antes de añadir, con una cómica seriedad—. ¿Quieres elegir juguete o te lo elijo yo?

    No, definitivamente no iba a desaprovechar la oportunidad.

    En cualquier caso yo no tardé demasiado en escoger lo mío. Un refresco de cola y un menú común solía ser lo normal en mí. Añadí un helado para después y recogí dos cucharas de plástico, porque viendo su elección era probable que se quedase con hambre. No me importaba compartir mi postre con ella dado el caso.

    Tras pagar y aguardar un tiempo recogimos las bandejas de parte de un par de Mime Jr monísimos y les despedí con una sonrisa antes de buscar asiento. Los sillones de colores tenían los mismos patrones del pokémon estrella de la cadena y no pude evitar mirar su enorme imagen en los carteles frunciendo el ceño ligeramente.

    Ugh, qué repelús.

    —De acuerdo, el verde está descartado —retomé entonces, dejando la bandeja para tomar lugar frente a ella. Apoyé la mejilla en la palma de mi mano, enarcando una ceja con curiosidad—. ¿Así que... rosa? No creo que te quede mal, pero es una pena. Tengo cierta debilidad por el cabello rubio, ¿sabes?

    Lo último lo había dicho medio en broma medio en serio. No era como si su decisión importase, pero lo de mi debilidad era cierto. Destiny y Nikolah podían asegurarlo.
     
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  10.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Enrojecí, me fue imposible evitarlo. Podría haberle devuelto la broma, pero no vi cómo demonios hacerlo. En esa ocasión supo dar en el punto justo para dejarme sin palabras o respuesta posible. ¿J-juguete? ¡Arceus, qué vergüenza! Y lo decía tan seria, cuando era tan evidente que se estaba muriendo de la risa por dentro.

    Tonta.

    —¿¡A-ah!?—solté tan roja como un Octillery al sol. Fue todo lo que salió porque sabía que no estaba siendo hiriente. Que aquel extraño tira y afloja era extrañamente típico en nuestra relación y no... me desagradaba realmente.

    Cuando ella procedió con el pedido y lo tomó para dirigirse a una de las mesas, yo hice todo lo posible por recuperar la calma. La seguí con paso tranquilo y me senté justo en frente. El menú infantil venía en una cajita pequeña, donde también entraban un yogurt de postre y... un juguete pequeño envuelto en plástico. Puse una expresión de circunstancias y lo tomé para sacarlo. Era... una especie de Pokéball de plástico bastante bien conseguida. Seguro le hubiera gustado a Dylan.

    Fue entonces que White retomó la conversación. La miré en silencio durante un par de segundos rehusándome sistemáticamente a volver a enrojecer. A caer en el juego sin una respuesta.

    —¿Sí? Yo tengo debilidad por los tonos oscuros. ¿Negro o castaño?—acerqué mi mano a uno de los mechones que enmarcaban su rostro y lo dejé deslizarse entre mis dedos con suavidad como si se tratase de agua. Pretendía ser una broma, pagarle lo del juguete pero el impulso del probador volvió a nacerme en algún lugar. Ese casi íntimo, pues mi voz tuvo cierta nota de fascinación y abstracción impresa cuando respondí, conteniendo apenas el aliento—. Me encanta.

    Y no había intención de ponerla nerviosa o enrojecerla esa vez. Había sido genuino, totalmente honesto. Como si en ese instante, como ocurrió en el probador, hubiera sido incapaz de pasar por alto la evidente tensión entre nosotras. Era latente y visceral detrás de todas y cada una de nuestras acciones. Cuando me percaté de ello fui yo la que enrojeció y aparté mi mano repentinamente. Buscando recomponerme, carraspeé para aclarar mi voz.

    >>B-bueno, pero rosa será—titubeé—. Una mecha pequeña al menos. Así no te romperé de todo el corazón... ¿contenta?
     
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  11.  
    Andysaster

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    Había empezado a mojar una de las patatas en la salsa de manera distraída, mi mejilla inclinada sobre mi mano cuando los dedos de Mimi tomaron con suavidad un mechón castaño. El movimiento me cosquilleó la piel, arrojándome algo de calor al cuerpo, y le sostuve la mirada en silencio con extraña expectación.

    Contuve el aliento por una milésima de segundo.

    —¿Ah, sí? —murmuré, casi ronroneé de hecho. No noté que había inclinado apenas el rostro, y le permití la caricia con una docilidad que sentí ajena. Recorrí sus facciones desde mi lugar con cierta intensidad, curvando los labios en una sonrisa fugaz—. Qué curioso.

    Fue un trance extraño del que salí tan pronto como Mimi volvió en sí. Mientras ella se aclaraba la voz, visiblemente nerviosa, yo me erguí en mi lugar, llevando el mechón tras mi oreja en un movimiento casi tímido que no concordaba en absoluto con mi reacción hacía apenas unos segundos. Como si hubiese momentos en los que la tensión que nos envolvía era tal que terminábamos por dejarnos llevar por ciertos impulsos. Las mejillas me ardían vivamente cuando logré asentir hacia sus palabras.

    —Mm-hm. Una... Una mecha suena bien —convine, y desenvolví del plástico la hamburguesa de tamaño normal para darle un pequeño mordisco, buscando aclarar mis respuestas corporales. Me llevé un dedo a los labios, aguardando unos segundos antes de hablar—. Quizá pronto me anime a hacer algo similar. No teñirme el cabello en sí, si no más bien... ¿darle una nueva imagen? Algo así.

    Hacía tiempo que no me sentía cómoda con mi imagen, ¿qué mejor que aprovechar la ocasión para barajar opciones? Con esa idea en mente revisé la hora, reflexionando en silencio. Estábamos hablando de la peluquería, pero aún nos faltaba por hacer una parada antes. Habiéndome tranquilizado un poco volví a mirarla, y la señalé con una de las patatas con cierta seriedad.

    >>Rápido, Mims. Género de película favorito.
     
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  12.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Si me hubiese percatado antes de la forma en la que Liz había reaccionado, probablemente no me hubiera detenido de forma tan brusca. Arceus... esa situación era tan peligrosa. Era como estar rodeando el borde de un pozo sin fondo. En cualquier momento podía tropezar y caer dentro. Y lo peor de todo era que no me importaría hacerlo.

    —¿Darle una nueva imagen?—repetí con curiosidad y repasé sus facciones con atención. El mechón de cabello castaño que había tocado, sus ojos azules de un tono tan similar al mío, el ligero rubor de su rostro. Casi ronroneé—. Como... ¿cortarlo o algo así? No entiendo por qué harías algo como eso. Quiero decir... tienes un cabello bonito así. Pero si quieres hacerlo, adelante. Los cambios suelen ser grandes aciertos cuando realmente quieres hacerlos.

    Saqué la pequeña hamburguesa y la desenvolví tomando la grasienta bolsita de patatas. Arrugué apenas el ceño. Ugh... solo era por un día. Solo era por un día. Aparté la bolsita de salsa porque sería demasiado y tomé una de las patatas fritas para darle un mordisco.

    El MimeDonald's no destacaba precisamente por su calidad. Era una cadena de restaurantes pésima. Al menos la compañía lo hacía un poco menos horrible.

    —Romance—respondí sin pensar demasiado. Me percaté en segundos de lo vergonzoso que era y una ola de calor me asoló repentinamente. Mi cuerpo se tensó—. A-aunque puede ser de terror o de cualquier otra cosa ¿eh? ¡No me importa realmente!
     
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    Andysaster

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    Me di cuenta tarde, mientras le daba un segundo mordisco a mi hamburguesa, que había olvidado quitarle los pepinillos y me detuve de inmediato, haciendo una mueca de desagrado mientras escuchaba a Mimi. En cualquier caso el asco fue relegado al reparar en su respuesta, con cierto rubor aún concentrado en mis mejillas.

    —En ese caso te lo cambio. Todo tuyo —Enredé un dedo libre en uno de mis rizos, jugando de manera distraída mientras hablaba. Le sostuve la mirada con una ligera sonrisa en los labios—. Seguro te llevarás bien con mi cepillo por las mañanas.

    No es que me desagradase del todo mi cabello. Al menos, ya no tanto como lo hacía antes. El problema residía en que parecía un calco de mi madre. De hecho, estaba segura que lo hacía con ese propósito. El recogido, la gorra. Arceus, incluso la ropa era similar a la que usaba de joven. Nunca me había sentido completamente yo bajo su ala, y ahora que era algo más libre... Quizás era un buen momento para redescubrirme.

    Parpadeé con lentitud ante su repentina reacción. ¿Romance? Bueno, pero qué casualidad. Dejé escapar una ligera risa, desviando la mirada apenas, porque aquello sin duda era bastante embarazoso. No es que estuviésemos en el mood indicado para ver ea clase de películas, pero qué demonios. Me moría de ganas de ver algo así.

    —La última vez que vi una película de terror terminé por tirar todas las palomitas. Creo que lo descartaré por seguridad —respondí, con cierto tono jocoso, y seguí comiendo en silencio durante unos segundos antes de agregar—. Romance me parece bien, seguro hay algo interesante en cartelera. Después de todo solo es una película, ¿huh?

    Y le guiñé un ojo, divertida, antes de seguir comiendo como si nada. ¿De dónde me nacía bromear así si me estaba muriendo de la vergüenza igual? Ni idea. Pero no me desagradaba.
     
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    Yugen

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    Se me escapó una risa genuina. Una risa liviana, auténtica. Que en parte ayudó a destensar mi cuerpo y calmar mis nervios. Tomé la hamburguesa y le di un pequeño mordisco. No era algo que comería usualmente pero no estaba tan mal. Al menos podía comerse.

    —Bueno, suerte lidiando con el mío entonces—repliqué—. Por las mañanas parezco un Purrloin con rabia metido en una secadora.

    Generalmente no sería tan honesta con algo así, pero qué importaba. Me apetecía serlo. Mi cabello era algo con lo que solía ser cuidadosa pero domarlo podía ser toda una odisea. Me costaba sudor y lágrimas. Al menos no era tan rizado como lo era el cabello suelto de White. Era ondulado, con ligeros bucles en sus puntas. El de Liza era quizás algo más largo, ondulado. Tal vez rebelde.

    Seguí escuchándola en silencio. La última vez que yo había visto una película de miedo había sido con Em y casi me había dormido del aburrimiento. Era un melodrama en blanco y negro innecesariamente largo y tedioso de casi dos horas y media. El verdadero terror era tener que tragarse todo ese ladrillo. Por si fuera poco, todo el tiempo había estado sonando esa enervante melodía de Pueblo Lavanda de fondo.

    Tomé una de las patatas, la que encontré más frita y por tanto más dura y se la arrojé.

    Estaba loca o era probable y acertadamente masoquista. ¿En serio quería ir a ver un romance teniendo en cuanta lo que... quiera que fuese qué estaba ocurriendo entre nosotras?

    —¿Huh? Lo haces a propósito—me quejé e hice apenas un puchero inflando con aires de niña regañada una de mis mejillas. Por supuesto que lo hacía a propósito. La risa jocosa, el guiño. No sabía qué demonios pretendía realmente. Solté el aire de golpe por la nariz en una suerte de risa aunque me ardían las mejillas aún y, rendida, alcé las palmas de mis manos—. Pero ¿sabes qué? Está bien, no me importa. Que sea un romance. De cualquier forma no creo que haya ninguna película así.
     
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    Andysaster

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    La patata vio una diana perfecta en mi frente y me froté la zona dañada sin poder contener la risa. Tal y como pensaba, la reacción de Mimi había merecido la pena.

    —¿Hacer qué? No hice nada —ensanché mi sonrisa, fingiendo una demencia casi pueril cuando sabía perfectamente a lo que se refería. No buscaba burlarme ni mucho menos, mis acciones estaban motivadas por la simple y llana confianza que le tenía. Nos divertíamos a costa de la otra pero en el fondo no pensaba cumplir lo que decía si con ello llegaba a incomodarla. Sujeté el refresco con ambas manos, fingiendo desinterés en lo que decía—. Más te vale que sea tu día de suerte, porque Pokéwood vive explotando ese género.

    Realmente no sabía a lo que quería llegar con todo ese numerito. Estaba igual o casi más susceptible que Mimi con todo lo que había sucedido, y sabía que si no frenaba a tiempo no habría marcha atrás. Por más que me divirtiese ese tira y afloja podía llegar a ser bastante contraproducente ahora mismo. Solía ser bastante racional y sin embargo aquel día me estaba dejando llevar por varios impulsos que creía inexistentes. ¿En qué demonios estás pensando, Liz?

    Sin embargo echarme atrás ahora no era una opción. No frente a Mimi. Mi orgullo ya había sido apaleado en el arcade como para enterrarlo aún más bajo tierra.

    Solo quedaba rezar porque no hubiera ninguna película de romance en la cartelera.

    Cuando terminé con mi parte arrugué el plástico hasta convertirlo en una bolita y lo dejé a un lado de la bandeja, para hacerle un lugar al vaso de plástico que contenía mi helado. Era de nata, con un poco de sirope y trozos de avellana por encima. El vaso tenía motivos de Deerling y Sawsbuck otoñales y lo observé con interés antes de extenderle una cuchara a Mimi, concentrada como estaba en sacar la mía de su plástico.

    —Quiero que quede claro que aún sigo dolida porque te llevaste esa camiseta de Shinx —puntualicé, con fingido dolor, frunciendo el ceño ligeramente. En cualquier caso la supuesta molestia quedó olvidada cuando destapé el vaso, y probé un poco antes de extenderlo hacia ella—. Pero puedes coger si te apetece. Tómalo como una ofrenda de paz, o algo así.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Bueno, supongo que entonces seguirás dolida porque la camiseta es mía. Mía de mí. Mi tesoro—respondí de forma cómicamente solemne pero no pude esconder, ni por asomo, la posterior risa de después. Sí, no había duda. Nuestra relación era un tira y afloja constante. Y aún así ni siquiera era desafiante o al menos no verdaderamente desafiante. Era... simple y llanamente natural. Fluía sin ser forzada... porque teníamos química.

    Era curioso como todo había ocurrido casi sin que me diera cuenta. Éramos prácticamente extrañas y sin embargo ella me había ayudado cuando estaba tan confusa con todo el asunto de Emily. Después habíamos viajado juntas y nos habíamos apoyado mutuamente durante toda nuestra estancia en Gérie. Primero yo, tratando de tranquilizarla por el carácter rebelde de Archer, en ese entonces un Drizzile adolescente. Luego tras su derrota contra Arlene. Y ella... con mi fobia y mis inseguridades. Y después había llegado ese beso de Arceus sabría donde, la confusión de Liza sobre su sexualidad... y allí estábamos ahora.

    Tensando más y más una cuerda invisible.

    Me recordaba un poco a mi relación con Effy. Aunque esta definitivamente sí era una rivalidad con todas las de la ley. Constantemente me sacaba de mis casillas, me irritaba hasta lo absurdo, y al igual que con Em jamás había podido devolverle ni una sola de sus puyas. También era cierto que estaba más centrada desde mi viaje a Sinnoh. Había cambiado y me sentía más madura. ¿Tendría algo que ver con eso?

    Tomé la cucharilla que Liza me tendió, frunciendo el ceño apenas con extrañeza. Arceus no, no podía más. Agradecía el gesto pero después de la hamburguesa y las patatas había espacio para poco o casi nada en mi estómago y quería al menos poder comer palomitas en el cine. De modo que una idea fugaz, venida de Arceus sabría donde demonios, me hizo actuar casi por impulso.

    Era algo que hacían las parejas ¿no? Bueno, ahora era mi turno de molestarla.

    Tomé algo de helado con la cucharilla extendiéndola hacia ella sin dejar de sostenerla por el extremo posterior. Las comisuras de mis labios se curvaron en esa sonrisa inocente pero el brillo burlón de mis ojos entornados no lo era en absoluto. Mi voz se tornó melosa, excesivamente dulce.

    —Aah~

    ¿Qué pasaba con esa necesidad de verla sonrojada? Casi era puro sadismo.
     
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    —Sí, bueno, espero que se te de bien dormir con un ojo abierto y eso. Porque ten por seguro que la recuperaré —sentencié, imitando parte de su tono solemne, mientras tomaba otra cucharada. Duró apenas un par de segundos, en cualquier caso, porque terminamos compartiendo una ligera risa. Genuina, natural. Me sentía mucho más relajada ahora.

    Me resultaba francamente curioso. Cómo la misma persona era capaz de tranquilizarme tanto y al mismo tiempo podía tensarme como pocas. Nuestra relación había fluido con naturalidad y sin embargo desde que habíamos decidido abrir la caja de Pandora para saciar nuestra curiosidad, la sentía incluso más cercana que nunca. Demasiado, quizás.

    No... me molestaba realmente, pero no dejaba de resultarme extraño. Yo no era así. Y ni siquiera sabía qué opinaba Mimi al respecto. Sabía que no tenía sentimientos románticos por ella y aún así me atraía de alguna forma que no llegaba a comprender.

    Nadie me avisó que la adolescencia iba a ser tan hija de perra.

    Le dirigí una mirada de circunstancias cuando la vi extender la cucharilla hacia mí, y repasé el lugar con la mirada antes de volver hacia ella. Los ojos entornados, la sonrisa inocente. Se estaba divirtiendo de lo lindo. Supongo que me lo merecía. Con las mejillas levemente enrojecidas me incliné hacia delante, tomando el helado sin romper el contacto visual como una suerte de venganza hasta que, bueno, fue demasiado vergonzoso y desvié la mirada, regresando a mi lugar.

    Suerte que tenía el helado para enfriarme un poco.

    —Podemos... Podemos irnos cuando quieras —me aclaré la voz, jugando con la cucharilla en el vaso de forma distraída—. No me queda mucho helado, de todas formas. Veámos qué películas tenemos para elegir.
     
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  18.  
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    Esperaba que se rehusara a hacerlo. Esperaba que soltara alguna ridícula excusa no... que accediera. No estaba preparada. Se inclinó y tomó de la cucharilla sin apartar sus ojos de los míos lo que, contrario a la seguridad que había mostrado me produjo un ligero sobresalto. Era su venganza particular o tal vez era demasiado orgullosa para negarse.

    Aunque en un principio me sorprendió, le sostuve la mirada todo el tiempo que ella lo hizo. Un extraño escalofrío me recorrió la espalda y mi sonrisa orgullosa, casi soberbia, se borró lentamente. La ola repentina de calor me asoló. Realmente me gustaría saber qué extraño efecto tenía el solo hecho de que estuviese comiendo el helado que le tendía porque fuera lo que fuese, me hizo enrojecer también a mí. ¿Por qué se sentía tan íntimo cuando la idea estúpida había sido mía? ¿Qué designio nefasto del destino era ese?

    Cuando se apartó me incorporé de la mesa casi de golpe. Sentía la garganta algo seca así que vendría bien beber un poco de agua... si tan solo mi mente pudiera pensarlo con claridad.

    La silla chirrió de forma desagradable contra el suelo. Casi pude sentir la mirada del resto de comensales.

    —E-eh... sí—farfullé trastabillando con mis propias palabras—. Exacto, deberíamos largarnos ya y dejar de hacer el tonto. Voy a pagar est...—me detuve entonces como si hubiera chocado contra una pared invisible y sintiendo el rubor alzarse aunque estaba vez por la vergüenza y el ridículo cerré los ojos con pesar—. Ya... está pagado ¿no?
     
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  19.  
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    Seguí los movimientos de Mimi aún desde mi asiento, con la cucharilla detenida en los labios, y parpadeé con lentitud. Vaya, sí que estaba susceptible. Algunos comensales nos observaban con interés pero les ignoré deliberadamente. Que se metieran en sus propios asuntos. En su lugar hice la señal de la victoria con ambas manos, risueña, confirmando así sus sospechas.

    —Te-hee~

    Por supuesto que ya está pagado, Mims. ¿Por quién me tomas?

    Aunque el marcador seguía siendo... bastante desfavorable. Pero no era como si me importase, de todas formas.

    Abandonamos finalmente el MimeDonald's, antes de que la tontería escalase sin darnos cuenta, y nuestro siguiente destino fueron las escaleras. La última planta estaba abierta al aire libre, y me permití tomar una bocanada de aire antes de recorrer el lugar con atención. Hacía un día precioso, con pequeñas pinceladas blancas sobre el lienzo azul, y corría una brisa fresca que me sentó bien. Cualquier contacto con la naturaleza solía hacerlo. Algunos restaurantes de comida rápida y tiendas de dulces se encontraban dispersos aquí y allá, pero el principal atractivo era el enorme espacio reservado para el cine. Y la interminable fila que aguardaba frente a la taquilla, también.

    Bueno, tiempo suficiente para pensar nuestra elección, ¿huh?

    No nos costó encontrar la cartelera. Destacaba bastante con sus grandes dimensiones. Multitud de posters de diversos colores y estilos captaron mi atención, anunciando toda clase de películas. "Exploradores del Cielo parte 3". ¿Esa no era la saga que había seguido de pequeña? Sobre pokémon que exploraban mazmorras y enfrentaban legendarios. A Dylan le hubiera gustado. Y esa era... Ugh, "Spinsaw". ¿Cuántas remasterizaciones iban a hacerle a esa película de miedo sobre un Spinda sádico que encerraba a la gente y les obligaba a resolver puzzles horribles?

    Por supuesto que no me pasó desapercibido encontrar varias películas de amor por ahí. Ni siquiera me sorprendía, conociendo cómo se las gastaban en Teselia con eso. Metí las manos en los bolsillos de mi chaqueta, como quien no quiere la cosa, y repasé las imagenes con calma.

    —¿Ves algo que te llame la atención? —le pregunté, ignorando lo que habíamos estado hablando antes. Supongo que estaba en manos de Mimi ahora decidir qué nueva estupidez estábamos por cometer.
     
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  20.  
    Yugen

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    Por supuesto que había pagado ella. Eso solo significaba... que el cine corría por mi cuenta. Le dirigí una mirada de circunstancias ante su pequeño gesto de victoria y terminé por rodar los ojos. Eso también se había convertido en una pseudo-rivalidad. ¿Pero qué clase de rivalidad era invitar y pagar a la otra las cosas?

    Pronto dejamos atrás el restaurante de comida rápida y subimos a la tercera planta del centro comercial. La última, que estaba abierta al aire libre, dejaba ver un cielo claro y despejado salpicado de pequeñas nubes blancas. La brisa ligera me meció el cabello y rozó mis mejillas aún ligeramente calientes.

    Era agradable.

    La entrada al cine en cuestión, sin embargo, estaba a rebosar de gente. Suponía que eso nos daba tiempo para escoger con atención. Demasiado tiempo quizás.

    Repasé las imágenes de la cartelera topando con algunos títulos bastante interesantes. Ni siquiera había visto las primeras partes de las películas expuestas, estaba totalmente descartado ver las nuevas. Y sí, también había romances. ¿Debería sorprenderme siquiera? Eran películas muy famosas, ni yo había creído mis propias palabras de que no hubiera ninguna en cartelera.

    Pero había que intentarlo ¿no?

    ¿Alguna llamaba mi atención?

    Everstone—murmuré deteniendo mi mirada en uno de los carteles. Solo había leído el título en voz alta pero algo en los colores pastel o en los personajes principales llamó mi atención. O quizás la frase que podía leerse bajo el título en grandes letras doradas—. "Te regalaría una piedra eterna porque me gustas tal y como eres"

    Ah, lindo.


    En otro momento hubiese alzando una ceja con suspicacia ante lo cursi de la frase, bastante cogida por pinzas. Pero honestamente, en el fondo... me gustaría tanto que alguien me dijera que le gustaba tal y como era; con mis virtudes y mis defectos, sin necesidad de cambiar nada. Alguien que realmente me comprendiese. Nadie me había dicho algo así nunca y probablemente jamás lo haría. Era... simplemente ridículo ¿no? Nadie aceptaría mi pésima personalidad y mi carácter voluble. Ya lo sabía, no era una compañía grata con la que estar. Era sarcástica, tosca, irritable. A veces incluso pecaba de cínica.

    Y aunque había madurado nunca lo haría lo suficiente para cambiar por completo.

    En un acceso de timidez y vulnerabilidad repentino como si el solo hecho de pensar algo así me expusiese, jugué nerviosamente con un mechón de cabello alisándolo con los dedos. Le dirigí a Liza una mirada de soslayo.

    >>... ¿Esa?
     
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