Mini-rol Dilección [Supportshipping | Pokémon Rol]

Tema en 'Archivo' iniciado por Yugen, 15 Enero 2021.

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    Andysaster

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    Parpadeé al escuchar la exclamación ahogada al otro lado de la cortina. Había sido bastante suave llamándola, ¿qué estaría haciendo para asustarse así? Mimi apareció poco después, soltándome una especie de reproche que ignoré y di un paso hacia atrás para poder verla mejor.

    Solté una risa ligera por la nariz al notar la coincidencia.

    —¿Me estás copiando la idea, Honda? —la molesté, recostando la cintura en el marco del receptáculo, de brazos cruzados.

    No podría reprocharle nada, de igual forma. El conjunto parecía hecho para ella. Era sofisticado y juvenil, y la combinación de las medias altas y los shorts daban cierto lugar a la imaginación. Recorrí su figura de manera fugaz antes de volver a encontrar sus ojos, dispuesta a felicitarla, pero la calma amenazó con romperse cuando noté su mirada.

    El calor me subió al rostro y justo entonces Mimi fue capaz de desviar la atención.

    ¿Ah?


    —...Quería estar segura de que esto me quedaba bien —logré articular, recuperando un poco la compostura. Señalé con la cabeza el probador a mi espalda—. He cogido el mismo pantalón en negro y no sé qué combinación es mejor. ¿Tú qué piensas?

    No sé por qué me sentía tan nerviosa de repente. ¿Era por la forma en la que me había mirado? ¿Qué con eso? La observé en silencio, un tanto tensa, y me aclaré la voz antes de agregar.

    >>Te queda muy bien.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Detuve el movimiento nervioso al escucharla y me centré en resolver sus dudas. ¿Que si le quedaba bien? Menuda pregunta ridícula. Le quedaba mejor que a mí y habíamos seleccionado prácticamente las mismas prendas. El hecho de que el suéter mostrase ligeramente su hombro era... ¿un toque interesante? ¿En qué demonios estaba pensando?

    Puse la mano sobre mi cintura y volví a recorrerla con la mirada, de forma algo más pausada esta vez. El calor me recorrió el cuerpo. Ese calor apremiante que no me era realmente desconocido pero que prefería simplemente ignorar la mayoría de veces. Me mordí ligeramente el labio inferior de forma inconsciente.

    ¿Estaba nerviosa o era mi impresión?

    —Tanto... el negro como el blanco combinan bien con colores neutrales como el gris—le expliqué mirándola finalmente a los ojos, recomponiéndome al menos un poco. Exhalé con lentitud—. Siendo el caso, elegir entre uno y otro es mera cuestión de preferencia. También puedes quedarte con ambos.

    No iba a reparar en gastos, ya lo había decidido. El dinero no me era un problema. ¿Qué gracia tenía ser rica si no podías gastarlo?

    Sentí mis mejillas arder nuevamente con su honesto comentario. Dado el rollo extraño que teníamos, podría haber soltado una de esas risas vacías y alardear sobre ello. "Por supuesto que me queda bien, hablamos de mí". Pero la ausencia de jocosidad en su voz y su nerviosismo me puso nerviosa también, como una suerte de reacción espejo.

    La miré en silencio durante unos segundos sin saber qué decir. No es que me hubiera tomado por sorpresa, simplemente... se sentía diferente por algún motivo. Mi cerebro parecía incapaz de funcionar apropiadamente.

    >>B-bueno, si me queda bien a mí a ti ni te cuento...—solté sin pensar demasiado. De hecho fue un impulso, un pensamiento intrusivo lanzado al aire. Tardé una milésima de segundo en percatarme y, de súbito, la vergüenza me arrasó—. ¡Q-quiero decir...! Tampoco te queda mal. Es un estilo interesante. Pero a mí me quedaría mejor ¿huh?

    ¿Era muy difícil decir "gracias, tú también"? Absolutamente.
     
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    Andysaster

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    La escuché atentamente, como una chiquilla inexperta que recién comprendía el mundo, y negué con suavidad ante su ofrecimiento de tomar ambas opciones.

    —Mm-hm. Creo que prefiero quedarme con tonos claros esta vez. Un pantalón será suficiente.

    Estaba haciendo un esfuerzo por aceptar el hecho de que iba a gastar bastante dinero en mí, pero aún así necesitaba ir poco a poco. Un conjunto estaba bien para empezar.

    Crucé los brazos bajo mi pecho de manera inconsciente al notar que volvía a echar un vistazo al conjunto y aguardé en silencio, con el ligero ardor aún concentrado en mis mejillas y la mirada clavada en algún punto del suelo. No fue si no hasta que la escuché soltar ese comentario tan sincero que alcé la vista hacia ella, desconcertada. Parpadeé apenas, porque habría esperado cualquier respuesta menos esa.

    No supe si fue por liberar los nervios o la mezcla entre gracia y ternura que me provocó su reacción posterior, pero cuando quise darme cuenta estaba riendo. De esas risas cristalinas que a veces salían a la luz sin siquiera buscarlas.

    —No dudo que te quedaría mejor a ti, no —respondí, enjuagándome los ojos, y finalmente dejé caer los brazos, mucho más tranquila que antes. Le dirigí una sonrisa dulce, genuina—. Gracias, cielo. Iré a probarme el resto de cosas entonces.

    Me aparté de su probador y tras avisarla me dirigí hacia el mío, con algún que otro conjunto aún por probar. Dejé el pantalón negro en el montón contrario y me quité el suéter para seleccionar el resto de opciones. El resto de prendas eran individuales así que no necesité volver a salir para llamarla, podría manejarlo sola.

    Todo apuntaba a que tan solo me llevaría el primer conjunto, pero estaba satisfecha con ello.
     
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    Mimi Honda

    Liza se rio, ¿pero podía siquiera culparla? Al menos no era una risa que tuviera intención de ser hiriente. Era genuina, risueña y prístina y terminó por arrancarme una risa baja cuando finalmente regresó a su probador. Por mi parte, yo ya había terminado así que tomé todo lo que iba a llevarme que literalmente era... todo, y abandoné el receptáculo para encaminarme hasta el mostrador de recepción.

    Un suspiro me estremeció el pecho.

    Estaba ridículamente nerviosa, no era algo que podía negar y al parecer tampoco disimular, aunque White ni siquiera se había dado cuenta de ello. ¿O tal vez prefería ignorarlo? Fingir cuando tenía las emociones tan a flor de piel me era francamente complicado.

    —Me llevaré esto—le expliqué a la encargada y dejé la ropa sobre el mostrador—. Serán esta camiseta, estos dos pantalones y el par de blusas. El suéter nude, este negro y los shorts que llevo puestos.

    Mientras la chica me decía el precio, me fijé en unas sencillas pulseras dispuestas en el expositor. Estaban compuesta por una serie de pequeños chants. Una pokéball, Mesprit, Azelf y Uxie, una piedra eterna y un huevo. Era bastante simple pero tenía su gracia... aunque dudaba que el dorado que la recubría fuese oro de ley.

    —¿El precio de esto?—le cuestioné a la dependienta con interés. La chica me miró con curiosidad y entonces desvió la mirada hasta el expositor.

    —Ah. La pulsera emoción—dijo—. Trecientos cincuenta y cinco con un treinta por ciento de descuento, señorita.

    Era incluso más caro de lo que había supuesto. Incluso con el descuento. Bueno, qué demonios importaba. Me dispuse a buscar en mi bolso.

    Lo había dicho ¿no? Que se sentía generosa. Tal vez era yo la que se sentía como tal.

    —Me llevaré tres.

    —¿Va a pagarlo en efectivo?

    —Tarjeta.

    Extendí la misma sin titubear, resuelta, con una sonrisa confiada. Emily no había venido... pero que nadie dijera que era una rencorosa.
     
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    Andysaster

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    Como supuse no tardé más de diez minutos en terminar, y tras vestirme con la ropa que traía comencé a recoger las prendas y accesorios, colocándolas debidamente sobre cada percha a excepción de tres. El maxi-suéter, los jeans blancos y los botines. Me dirigí una última mirada al espejo, retocando mi flequillo con cuidado, y tomé una bocanada de aire antes de salir. Infundándome ánimos, quizás.

    Se me daba bastante bien, ¿eh? Eso de dejar correr el agua bajo el puente.

    Había que ser estúpida para no notar lo repentinamente nerviosas que estábamos ambas. Era absurdo. Quizás mi personalidad sosegada de por sí ayudaba a disimularlo la mayor parte del tiempo, salvo cuando las emociones se desbordaban sobre el vaso, pero Mimi en cambio era un libro abierto. La idea de ayudarle a buscar un sostén había salido de ella y en su lugar mi propuesta la desestabilizó por completo.

    No podía culparla. Quizás era algo normal entre amigas pero las amigas no hacían... lo que se suponía que hicimos nosotras en Atracadero. Nuestra relación era extraña, y la tensión que sentí en el probador me hizo dudar acerca de mi propuesta. Podía dejar mi parte para otro día, y ayudar a Honda con sus dudas. Quizás así se sintiese algo más cómoda, dentro de lo que cabe.

    Era esa precisamente la razón por la que fingí naturalidad cuando llegué a la caja junto a ella.

    —Listo~. Al final solo será esto —le mostré ambas prendas sobre mi brazo y los botines en mi mano libre, resuelta. Esperé a que pagase con la tarjeta en silencio y tras sonreírle a la cajera como despedida tomé las bolsas y nos dirigimos hacia la salida. Fue entonces cuando noté las pulseras y me asomé con curiosidad a su lado—. Oh. ¿Qué es eso?

    Casi no parecía que estábamos por dirigirnos a alguna tienda de lencería.
     
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    Mimi Honda

    Esto...—murmuré y la obligué a detenerse, tomando una de sus muñecas para colocarle la pulsera en la mano. La mía propia, que ya me había puesto en lo que Liza salía del probador, tintineó ligeramente—es tuyo. Compré una para mí, una para ti y otra para Em. Podrá quejarse.

    Logré recuperar parte de la confianza perdida cuando le guiñé resueltamente uno de mis ojos. No tenía que fingir porque me sentía cómoda con ella. Ese no era el punto de la cuestión. El problema era que tal vez me sentía demasiado cómoda.

    Se me escapó una risa ligera y le quité una de las bolsas para llevarla yo en su lugar. Era lindo. Eso de llevar pulseras a juego. La de Emily la había guardado apropiadamente en mi bolso para dársela más tarde así que esperaba que no terminase perdiéndose por ahí.

    Habíamos terminado con la primera tienda pero quedaban bastantes más con las que arrasar. Sin embargo, antes de eso... no había olvidado la petición que le había hecho. Un escalofrío extraño me recorrió la espalda y se me erizó la piel. Arceus, ¿de verdad iba a ponerme así como si nada a comprar sostenes con ella? No sabía si estaba realmente lista para salir de mi zona de confort. La poca confianza que había logrado reunir para dar ese paso había sido gracias a ella y su apoyo incondicional pero... era tan vergonzoso. Mucho más teniendo en cuenta lo que habíamos hecho en Atracadero y la tensión tan extraña que parecía rodearnos. Le dirigí una mirada de soslayo, cauta, y la aparté nuevamente una vez nos detuvimos frente a la tienda en cuestión.

    Lencería femenina.

    'Lady chic' podía leerse en grandes letras rosadas sobre la entrada. Sutil. Dentro, pude ver a los maniquíes luciendo solo ropa interior de encaje. De satén negro y rojo, vistosa y sensual. ¿Lencería erótica?

    Solté una risa floja.

    —Es una broma ¿no?

    ¿Aquello era un babydoll?

    Tensé mis dedos en torno al asa de la bolsa. Si ya estaba nerviosa de por sí, mi ansiedad estaba alcanzando niveles críticos.
     
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    Me dejé hacer con expectación cuando tomó mi muñeca y cerró el broche de lo que parecía ser una pulsera dorada. Abrí los labios apenas, soltando una exclamación baja. Era preciosa, y lo mejor de todo era que la compartiríamos las tres. Mimi, Emily y yo. La alcé ligeramente, reparando en el trío del lago y los diminutos accesorios que la decoraban, y miré a Mimi con evidente emoción.

    Aproveché que me quitó una de las bolsas de encima para rodearla en un fugaz abrazo.

    —Idiota, no tenías por qué hacerlo —le reproché de manera inconsciente. No era exactamente lo que quería decir, pero el hecho de temer siquiera preguntar por su precio me abrumaba un poco. Sea como fuere logré añadir, en un murmullo bajo—. Gracias. Me encanta.

    El resto del camino lo pasé intercambiando miradas distraídas entre las tiendas y mi nuevo accesorio, olvidando un poco hacia dónde nos dirigíamos a decir verdad. Era una de esas personas que atesoraban como oro en paño esos pequeños detalles, como el collar que compartíamos Des y yo y que desde entonces no me había quitado nunca. Sabía que la pulsera correría un destino similar.

    Pero todo lo bueno tenía un final, y el mío vino en forma de lencería sensual y femenina. Sí, debía ser una broma. Le dirigí una mirada de reojo, incrédula, pero no había ninguna duda: iba a entrar ahí. Lo tenía escrito por toda la cara. Eché un vistazo cauteloso a su interior y de nuevo la oleada de calor me asoló todo el cuerpo. Nunca se me había pasado por la cabeza entrar en un lugar así antes, y ahora iba a hacerlo justamente con ella. ¿Era una prueba de entereza o algo? Porque dudaba que mis hormonas fueran a superarla.

    Exhalé con cierta resignación, llevándome dos dedos al puente de mi nariz, y comencé a avanzar. Al pasar por el lado de Mimi le di un ligero empujoncito con el hombro. Alguien iba a tener que sacar el barco a flote y fingir que no era para tanto si no quería que nos diera otro colapso nervioso.

    —V-Venga. Ni se te ocurra dejarme sola, ¿bien? —le amenacé, medio en serio medio en broma, en un intento por destensar los ánimos, pero no la miré en ningún momento porque... bueno. Mi cara no debía tener precio ahora mismo. Apreté los dedos en torno al asa y terminé por animarme a entrar la primera.

    Los colores que predominaban allá donde posaba la vista eran el negro y el rojo. Había de todo un poco: conjuntos, prendas individuales, enterizos incluso. Solo había que ver el nivel de transparencia que tenían para saber que era lencería erótica. ¿Q-Qué demonios? ¿De verdad iba a elegir algo de allí dentro? ¿Para qué habría abierto la boca en primer lugar? Era masoquista.

    Busqué a Mimi con la mirada, apremiante, y cuando noté que había entrado comencé a buscar, qué se yo, lo más opaco que tuvieran. Pero viendo el nivel que había iba a estar difícil.
     
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    Siendo honesta... mi idea de "ser un poco más atrevida con un sostén" no pasaba por lanzarme de cabeza a comprar lencería erótica. Ni en mil millones de años. Era absurdamente vergonzoso.

    Por eso me detuve frente a la puerta, casi congelada. Por eso había preguntado si era una broma con aquella evidente crispación. Porque no esperaba para nada que la primera tienda de lencería que encontráramos fuera lencería erótica. Es decir, ¿cúal era la posibilidad?

    Sin embargo, sí daba un paso atrás y buscaba otra tienda quedaría como una cobarde. Y no estaba por la labor de hacer tal cosa. Ya me había decidido. De modo que cuando Liza golpeó mi hombro al pasar, hice de tripas corazón, e inspiré profundo. Ahora iba a ser yo la que iba un poco bastante a la aventura.

    —E-espérame tonta—le espeté también medio en broma medio en serio y aceleré el paso— ¿De verdad crees que me voy a retractar ahora?

    Posara donde posara los ojos me encontraba con prendas bastante... ¿reveladoras? De encaje, con transparencias, más o menos escotados.

    Por el amor de Arceus. La ropa que veía era prácticamente un entramado de hilos prácticamente transparente. Incluso había corsets y portaligas. Los primeros realzaban la cintura y la forma natural del cuerpo femenino y las segundas aumentaban la sensualidad de un conjunto con medias como... bueno, el que llevaba puesto en ese momento.

    Ah... yo quería ser modelo ¿no?

    Suponía que me conformaría con un babydoll de encaje. Algo que no fuera muy revelador pero que fuera bonito y elegante. Al menos no podía negar que la mayoría de las prendas cumplían con ese criterio.
     
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    Lo cierto es que en algún punto empecé a asimilar que no encontraría lo que buscaba. Nos habíamos ido de cabeza al nivel difícil, ¿qué es lo que esperaba? Bueno, definitivamente no corsets y sujetadores tan reveladores, eso seguro. Mientras buscaba con cierta cautela pasé mi mano por la tela de una de las prendas, de forma disimulada, solo para comprobar que efectivamente podía distinguirla a la perfección.

    Arceus.

    Dejé escapar un suspiro contenido y me forcé a seguir buscando, echando algún que otro vistazo a Mimi de vez en cuando. ¿Tenía interés por lo que estaba buscando? Algo así. Aunque dudaba que pudiese aconsejarla realmente como ella esperaba. O siquiera mirarle a los ojos. Era demasiado vergonzoso de por sí.

    En algún punto me topé con uno de los maniquíes que más llamaron mi atención. Llevaba puesto un sujetador rojo de satén con encaje floral bastante atractivo, si me preguntaban. Como ventaja tenía varias capas de tela, evitando mostrar demasiado. Como desventaja, bueno, el ligero escote con el que contaba. Pero suponía que podía tolerarlo. Parecía de lo más decente que había allí dentro.

    Me llevé uno de copa C aún con ciertas dudas y estuve por esperar a Honda cuando noté la mirada de una de las dependientas, probablemente notando mi indecisión. Antes de darme cuenta había acelerado el paso hacia los probadores.

    No, no, no. Estaba bien sola. Gracias.

    Al menos así podía terminar más rápido con lo mío, suponía.
     
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    ¿Un babydoll negro? ¿Por qué no? No era tan revelador como me temía y tenía un encaje sofisticado y elegante. La zona del pecho era prácticamente opaca pero la tela empezaba a tomar trasparencia a medida que descendía por el torso dejando el vientre descubierto por la forma del corte. Y el sostén... parecía otro de esos push-up cuya finalidad era elevar, aumentar y darle forma a los senos.

    No me había detenido demasiado tiempo a pensarlo. Aquello era abrumadoramente vergonzoso y por las miradas furtivas que le había dirigido a White, ella estaba exactamente igual que yo. Antes de ella había entrado en uno de los probadores con el babydoll y un conjunto de sostén satinado de color rosa. No era como si pudiera probarme ropa interior sin comprarla, era una salvajada devolverla. De modo que me hice a la idea de que me llevaría ambas cosas.

    Lo primero que me probé, sin embargo, fue el babydoll. El espejo del probador de esta tienda ocupaba una única pared y aunque el espacio era pequeño, resultaba más recatado, privado y casi secreto que el de la tienda de ropa casual.

    Nuevamente; sutil.

    Fue en ese instante que se me pasó por la cabeza una locura de proporciones épicas. No es que no estuviera segura con aquella prenda. No se trataba de eso en lo absoluto. Me gustaba el color, el encaje y la forma en la que se adaptaba a mi cuerpo como una segunda piel. Siendo push-up, también realzaba el tamaño de mi busto, lo apretaba y lo hacia verse más voluminoso y actractivo.

    —Hmm...—murmuré. Casi ronroneé de hecho.

    Me llenaba de un sentimiento de confianza y seguridad por primera vez en mucho tiempo. Quizás si era cierto eso de que no tenía poco pecho. Quizás Liza tenía razón.

    Ella me lo había dicho. Que era bonita, qué debía sacarme provecho. Que debía estar orgullosa de mi cuerpo.

    Y repentinamente quería compartirlo con ella.

    —White—la llamé a media voz sabiendo que estaba en el probador contiguo. Aunque aún sentía cierta vergüenza, mi voz sonó más segura y confiada—. ¿Puedo pedir tu opinión o ya te cambiaste? Creo que he encontrado lo que buscaba.
     
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    El interior del probador, a pesar de su reducido tamaño, me dio la privacidad que necesitaba y solo entonces me permití observar mejor el sostén que había escogido. Arrugué la nariz. Una vez me lo probase no había vuelta atrás, pero no era como si fuese a huir ahora. Recogí mi cabello sobre mi hombro y tras deshacerme de la parte superior abroché y ajusté el sujetador lo suficiente como para cumplir su función.

    Lo había dicho en su momento, ¿cierto? Que estaba orgullosa de mi cuerpo. De mis piernas, mi cintura, mi pecho. Por eso no me sorprendió recibir mi reflejo con gusto. El sostén se ajustaba a la perfección. Cuidaba especialmente mi condición física y podía ver las mejoras con cada viaje que finalizaba. Notaba el vientre algo tonificado incluso y me sonreí, deslizando mis dedos sobre la piel descubierta. Salvar al mundo tenía sus ventajas.

    Cualquier duda con respecto a la prenda que había escogido se desvaneció al reparar con detenimiento en mi imagen. De perfil, de frente. Era un diseño interesante y le daba cierto volumen a mi busto. A pesar de que una parte quedaba al descubierto por el escote el sostén se aseguraba de afianzarlo y darle la forma deseada. Podía acostumbrarme a algo así.

    La voz de Mimi llamándome al otro lado del probador me hizo chasquear la lengua por lo bajo. Mierda, ahora que había empezado a ganar confianza. Coloqué una mano en mi brazo contrario, dubitativa, recargándome en la pared por un instante.

    —Ahora voy.

    Aprovechando que tenía el pantalón puesto descorrí la cortina, dirigiendo una mirada furtiva a mi alrededor, y al no ver a nadie cerca me deslicé hacia el probador contiguo. Mi mano permaneció suspendida en el aire por un instante pero finalmente me colé dentro del receptáculo y cerré detrás de mí, buscando conservar su privacidad.

    Mi cuerpo se tensó de súbito. Cuando decía que le ayudase a escoger un sostén me esperaba, bueno, un sostén. No eso. Un babydoll de encaje cubría su cuerpo, realzando su busto y dejando apenas descubierto su vientre de una forma bastante atractiva. Se ajustaba por completo a su figura y me invitó a recorrerla de manera inconsciente, hasta que la oleada de calor regresó y me vi obligada a desviar la mirada.

    Parecía que habíamos intercambiado los papeles y yo era el manojo de nervios ahora. Tensé los dedos sobre la tela de la cortina a mi espalda, sin moverme un ápice de la entrada.

    >>¿D-De verdad... De verdad tienes dudas con eso? Quiero decir... No está nada mal y eso.

    Estaba más que bien, pero esta vez estaba tan tensa que no me nacía ser totalmente franca.
     
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    Mimi Honda

    Escuché su respuesta ahogada por la fina pared que nos separaba y mi cuerpo se tensó ligeramente. Iba a venir, así que más me valía hacerme realmente a la idea de que iba a mostrarle mi cuerpo cubierto únicamente por un pedazo de tela negra casi traslúcida. Aguardé hasta que vi la cortina moviéndose ligeramente, dubitativa, y después la vi a ella entrar en el reducido espacio llevando solo... un sujetador. Mi expresión debió ser todo un poema al percatarme.

    —¿Qué haces saliendo así? ¿Estás loca?—le espeté en un susurro para que solo ella me escuchase, crispada, sintiendo el calor azotarme el cuerpo repentinamente. Esperaba muchas cosas pero definitivamente no eso. No eso, maldita sea—. Sabía que tenías seguridad en ti misma, pero esto es ridículo. ¿Tienes instintos exhibicionistas White?

    Le había soltado un sermón un poco sin venir a cuento solo porque me sentí acorralada, nerviosa y acalorada nada más verla. De hecho retrocedí un paso de forma inconsciente hasta casi pegar mi espalda contra el espejo con el puño cerrado frente al pecho. Se había decantado por un sostén rojo de encaje floral. El escote, de corte balconette, realzaba sus atributos de forma bastante notoria. Ahora que me percataba no distanban tanto de los míos. ¿Copa C también? Era curioso como ella se sentía tan segura y yo la veía tan atractiva y al mismo tiempo me sentía tan insegura conmigo misma teniendo figuras tan similares. Curvas ligeras, piernas firmes y átleticas fruto de las constantes caminatas de región en región; el vientre levemente tonificado.

    La miré en silencio sin encontrar palabras por segundos que se sintieron eternos. Generalmente siempre tenía algo que decir pero mi cerebro parecía haberse apagado. Estaba tensa. Era una persona muy tranquila y cuando estaba nerviosa o experimentando cualquier otra emoción que se salía del molde se le notaba muchísimo.

    Verla nerviosa cuando generalmente era todo lo contrario me llenó de un sentimiento de poder desconocido hasta entonces. Negar que yo también estaba nerviosa era ridículo pero su situación, incluso estando en ropa interior, me daba confianza. Como si ahora que ella estaba débil y flojeaba, yo tenía que tomar su lugar.

    Mi expresión se suavizó.

    ¿Dudas?—repliqué con calma pero firmeza. Y me acerqué en un impulso de extraña valentía echándole los brazos sobre los hombros; la pulsera tintineó. Incluso teníamos la misma estatura.—No tengo dudas.

    Solo quería enseñártelo.

    La miré a los ojos con extraña intensidad. Tenía unos orbes azules similares a los míos pero su tono era ligeramente distinto. Como las aguas prístinas que bañaban las costas de Udan. Sus pestañas eran largas y tupidas y me pregunté si se había maquillado, aunque fuera ligeramente, antes de venir al centro comercial.

    >>Tú me lo dijiste ¿recuerdas? Si no las tengo es solo gracias a ti. Me diste confianza suficiente para hacer esto.

    Ya lo sabía. Que era justo mi tipo.

    Nuestra relación era extraña. Quizás demasiado para ponerla en palabras. Sin embargo, era la primera vez que sentía que no estaba lastimando a alguien solo por estar con ella. Era una relación diferente porque no me sentía ni por encima; como con Alpha, ni por debajo; como con Emily. Era equitativa e igualitaria.

    Y me gustaba eso.

    Mi mirada se desvió de sus ojos a sus labios irracionalmente. No obedecía a un impulso consciente si no a un deseo internalizado. Algo que había estado allí desde esa noche en Atracadero.

    Fueron breves segundos en los que titubeé entre sus ojos y sus labios como si debatiera conmigo misma.

    Hacerlo.

    No hacerlo.


    Me incliné ligeramente, apenas un par de centímetros entrecerrando los ojos. Pero al notar su aliento agitado contra mis propios labios me detuve. En Atracadero solo había sido un beso por curiosidad. Ella quería aclarar sus dudas y yo quería dejar de pensar que mi primer beso había sido tan bochornoso y lamentable. ¿Qué significaba eso entonces? No había ninguna motivación, ninguna petición, ninguna pregunta en el aire que necesitase ser contestada. Era un mero impulso motivado por la atracción física. Y ya había metido la pata hasta el fondo por dejarme llevar por esa atracción.

    Me detuve como si hubiera chocado contra una pared invisible. Paralizada y estática.

    ¿Qué mierda tienes en la cabeza, Honda?

    Desvié la mirada incapaz de verla a los ojos y me separé de ella con lentitud apartando mis brazos de sus hombros. Molesta conmigo misma y mi poco autocontrol chasqueé la lengua, y le di la espalda a la espera de que regresara a su probador.

    —Voy... a pagar por esto—me aclaré la garganta— ¿Te llevarás ese sostén?
     
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    Andysaster

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    Probablemente en otra situación le habría espetado algo tras oír su sermón, pero en ese momento me fue sencillamente imposible. Ni siquiera yo sabía por qué había entrado así en primer lugar. La repentina inquietud que me asolaba no me permitía pensar con claridad, mucho menos poner mis pensamientos en palabras.

    En el fondo odiaba no tener el control de la situación y de mis propias emociones. La confianza que me tenía se reflejaba en mi calma usual, potenciaba mi autocontrol y la fluidez con la que me desenvolvía. Pero cuando esta desaparecía tan solo quedaba mi faceta más susceptible, aquella tan impredecible para mí, y me hacía sentir vulnerable. Como estaba sucediendo en ese instante.

    Mi piel se erizó al notar sus brazos rodear mis hombros desnudos, soltando un sonido ahogado y bajo, y le sostuve la mirada con la misma intensidad. Quería traspasar sus orbes azules, ligeramente oscurecidos bajo la luz de los focos, y comprender qué demonios buscaba con eso. Con tensar la cuerda de esa forma. No tenía dudas y aún así quería que entrase al probador cuando apenas tenía una fina tela cubriendo su cuerpo.

    No juegues conmigo, Honda.

    Se lo había dicho en su momento, ¿no? Que yo no era de piedra. Las apariencias eran una cosa pero sentía y padecía como cualquier otra adolescente normal. Y la cercanía, la ligera presión de su cuerpo contra el mío y el calor que irradiaba su piel tan solo incrementaban mi tensión y ansiedad. Me mordí el labio inferior de manera inconsciente cuando sus ojos se posaron sobre estos.

    Suficiente, Liz.

    Estamos en un probador, maldita sea.


    Aún así una ínfima parte de mí, aquella que aún desconocía, ronroneó satisfecha cuando se inclinó ligeramente hacia mí. Mi respiración agitada chocó contra su piel pero no hice ademán de apartarme. No tenía por qué hacerlo, ya no había nada que demostrar, y en el fondo lo sentí algo necesario. Aquella tensión no resuelta, empujada en ese instante por la propia valentía de Mimi, empezaba a resultarme insostenible.

    Para mi sorpresa y alivio logró detenerse a tiempo. No se lo reproché, en cualquier caso. La dejé ir sin moverme de mi lugar y clavé la mirada en su espalda, respirando con cierta dificultad. Me aclaré la voz y recogí mi cabello en un ademán nervioso, asintiendo a pesar de que no me veía.

    —Eh... Sí. Voy a... voy a cambiarme y salgo.

    Si no me hubiera dado la espalda, ¿hubiera aguantado el impulso a esas alturas? Lo dudaba.

    Me di la vuelta y rápidamente regresé a mi probador. Mis mejillas enrojecidas me delataban, pero apenas le cedí el paso a aquellos pensamientos intrusivos. Me cambié y salí del probador cuando me hube calmado un poco, aguardando fuera con el sostén entre mis manos.

    Tensé apenas los labios.

    ¿Qué demonios acababa de pasar?
     
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  14.  
    Yugen

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    Mimi Honda

    El corazón amenazaba con salirse de mi pecho. Estaba segura de no tener sentimientos románticos pero me atraía como un maldito imán. Y era una situación peligrosa porque no sabía cómo actuar en consecuencia o si iba a cometer un error dando ese paso. O... o qué demonios.

    Necesitaba calmarme y pensar con claridad.

    Mi respiración se había acelerado considerablemente, las mejillas me ardían, el cuerpo en general me ardía y abrumada, sofocada por mis propias emociones me pasé la mano por el cabello desde el flequillo apartándolo de mi frente. Había estado por besarla y Liza ni se había movido. Suponía que... ¿no le hubiera importado? ¿Estaba haciendo presunciones precipitadas nuevamente? ¿Qué mierda me pasaba?

    Por el amor de Arceus.

    Al fijarme mejor en mi imagen en el espejo me di cuenta de que la tela del babydoll se tensaba a la altura del pecho. No era necesario ser un genio para saber por qué. Estaba ridículamente excitada. Mis senos, la zona entre mis muslos. Todo estaba hecho un absoluto desastre.

    Apreté los labios en una fina línea y me apresuré a cambiarme, volver a ponerme mi sostén y la ropa que había comprado antes, a ver si así lograba centrar mis ideas. Salí del probador una vez logré calmarme y recuperar cierta claridad mental.

    —Será este babydoll, esto de acá y... el sostén que lleva mi amiga.

    —Ah, ¿ocasión especial?—cuestionó la dependienta. Se le veía bastante risueña y bastante entrometida además—. Disculpe, señorita. Siempre disfruto de ver a jóvenes parejas comprando jun-

    ¿¡Ah!?

    —¡N-no somos pareja!—le espeté rápidamente, tensa y dejé la tarjeta de crédito sobre la mesa de un golpe seco—. ¡Cóbreme ya y cállese!

    De esa forma, al fin terminanos dejando atrás la tienda de lencería. En ningún momento había cruzado miradas con Liza, no me sentía capaz. Era una situación extraña, tensa, a la que no sabía cómo hacer frente. Estaba altamente susceptible y prefería evitar situaciones de riesgo porque no tenía idea de lo que podía pasar si solo me dejaba llevar por esa insidiosa voz en mi cabeza.

    Sin embargo, tal vez porque Arceus pretendía apiadarse de mí y ayudarme a centrar mi mente en otras cosas, nada más dar un paso fuera lo vi. Pequeño, con el cabello rojo, una camiseta amarilla. Era... un niño pequeño de unos cinco o seis años de edad. Todo sería normal si no fuera porque, acompañado de un pequeño Pichu que trataba de consolarlo, estaba llorando en mitad del pasillo.

    Mis pasos se detuvieron de súbito.

    ¿Qué hacía ahí un niño pequeño solo? Miré a ambos lados, confusa, buscando a algún adulto cercano con la mirada pero no había nadie. ¿Y su madre o su padre? ¿Se había perdido?
     
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  15.  
    Andysaster

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    Era evidente que la situación nos tenía demasiado susceptibles a ambas. No pasó demasiado tiempo desde que salí para que Mimi hiciera lo mismo, pero a diferencia de cualquier otra vez ninguna hizo ademán de buscar a la otra con la mirada. Hacerlo me devolvía el recuerdo y rayaba mi mente con inusitada fuerza. Tan solo permanecí a un lado, aguardando en silencio a que pagase para poder marcharnos, mientras ella hacía lo propio.

    El comentario indiscreto de la mujer logró hacerme toser desde mi lugar, enrojeciendo con fiereza, y solté un crispado "¿disculpa?" que murió en el aire tras la reacción de Honda. No sentía nada por ella y aún así hubiera dejado que me besase. Yo, una romántica de manual.

    ¿Desde cuándo habían dejado de importarme esas cosas? ¿Sería cosa de la edad?

    El ambiente se sintió enrarecido cuando dejamos atrás aquella tienda. La seguía un par de pasos por detrás, tratando de recuperar mi calma natural, pero aquella vez me fue prácticamente imposible hacerlo. No era como en la primera tienda, donde evité darle mayor importancia y fingí que no había notado nada. El no saber qué hubieramos hecho ahí dentro aún me desconcertaba.

    ¿Cómo pretendía actuar con normalidad ahora que era consciente de la terrible tensión que nos envolvía a ambas?

    Pero entonces, salido de la misma nada, un niño pequeño apareció frente a nosotras. No debía tener más de seis años, y lloraba desconsoladamente con un diminuto Pichu a su lado. Todo apuntaba al hecho de que se había perdido. Sentí una extraña opresión en el pecho, como si de repente me hubiese puesto en la piel de su propia madre. Los niños siempre habían sido mi mayor debilidad y no tardé en dejar las bolsas con cuidado en el suelo, para acuclillarme a su lado y rebuscar en mi bolso a conciencia.

    El Pichu, quien se había puesto a la defensiva, sus mejillas chisporroteando electricidad ante el acercamiento de una extraña como yo, pareció cambiar de parecer al ver que sacaba un pañuelo con motivos de Oshawott de su paquete. Se lo tendí al niño con una sonrisa amable.

    —¿Qué sucede, cielo? ¿Te has perdido? —le pregunté, con voz suave y atenta. Todos mis sentidos se habían volcado en él y mi malestar quedó en el olvido en ese instante. Noté cómo detenía sus sollozos ante la sorpresa del pañuelo y sorbió por la nariz, asintiendo con timidez—. Bueno, tus papás no deben estar demasiado lejos. Y ya no tienes por qué buscarles solo, ¿ves?

    El Pichu asintió con ahinco, llevándose una patita al pecho como todo un guardaespaldas, y trepó por el hombro del niño hasta frotar su mejilla contra la humedecida del otro. Aprovechando que no parecía inquieto con mi presencia hice ademán de acercarme y tras tomarle el rostro con delicadeza comencé a secarlo con el pañuelo. El gesto del pokémon y la compañía de ambas logró cesar parte de sus lágrimas.

    Buen chico.

    —Yo soy Liza, y la chica rubia que ves allí es Mimi —le comenté, señalándola con la cabeza sin cesar en mi acción. Le miré a los ojos sin borrar mi sonrisa—. ¿Cómo te llamas?

    —...D-Dylan —musitó, clavando la mirada en el suelo. Asentí, complacida.

    —Es un nombre muy bonito, Dylan —Una vez terminé de secarle las mejillas guardé el pañuelo en mi bolsillo y me erguí, distinguiendo una tienda de dulces no muy lejos de allí. Miré a Mimi por un instante de manera significativa antes de girarme hacia él—. ¿Te parece si esperamos juntos a tus papás? Yo volveré en seguida, pero mi amiga puede quedarse aquí contigo.

    —¡Pichu pi!

    El pelirrojo intercambió miradas entre ambas, sin saber muy bien qué decir. Quizás fue la comodidad que su pokémon sentía ante nuestra presencia que terminó por asentir de nuevo, sin muchas más opciones. Con todo asentado le hice un gesto a la chica, señalando la tienda de en frente, y comencé a dirigirme hacia allí sacando la cartera de mi bolso en el camino.

    Quizás un par de dulces nos ayudasen a calmar los ánimos a todos.
     
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  16.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Liza no tardó en acercarse al niño. La miré en silencio tratar con él. Con ese cariño y cuidado maternal que ponía en las cosas que hacía. Yo no me entendía con los niños pero para ella parecía ser algo natural. Seguro sería una madre fantástica.

    En cualquier caso todo sucedió muy rápido. Liza lo consoló, se presentó y se marchó a por dulces dejándome sola con el pequeño. No tuve tiempo de decir nada y tampoco era como si pretendiera escurrir el bulto y largarme. Había ayudado a muchísima gente en mi vida, era incapaz de dejar a alguien que necesitaba ayuda atrás.

    Me di cuenta de soslayo de las miradas cautas de reojo que me dirigía el niño. Pero cada vez que nuestros ojos estaban por encontrarse enrojecía como una llama y tímido volvía a fijar la vista en sus zapatos.

    Suspiré con pesadez.

    No se me daban particularmente bien los niños. No sabía cómo tratar con ellos, podía resultar demasiado brusca y tosca según qué situaciones. Pero quedarme al margen no era una opción.

    —¿Te... gustan los Pokémon eléctricos Dylan?—pregunté solo por encontrar algún tema de conversación que hiciera menos pesado el silencio en lo que Liza volvía. Había empezado a jugar desinteresadamente con un mechón de cabello, sin mirarle, con la espalda apoyada contra la pared. Él se había colocado no demasiado lejos.

    Asintió despacio, sin mirarme. Y sorbió por la nariz. El Pichu sobre su hombro me miró con curiosidad, sus ojos brillando intensamente. Era evidente la disparidad entre las personalidades de entrenador y Pokémon. Uno parecía nervioso, inseguro y asustadizo y el otro estaba lleno de confianza y valentía.

    —A mí también—respondí y solté el mechón con el que estaba jugando sacudiendo ligeramente mi cabeza para adecentarlo. Sonreí apenas—. Es mi tipo favorito.

    —T-también el mío—dio pequeños golpecitos con la zapatilla deportiva en el suelo, inseguro, con las manos hundidas en los bolsillos de la sudadera. Tenía un voz muy baja, trémula, si no hubiera silencio ni siquiera podría oírle—. H-hm. ¿Es tu amiga?

    —¿Huh?—me giré a mirarle y entonces fijé la vista en la tienda en la que había entrado White. ¿Amigas? Parpadeé con cierta extrañeza—. Ah, sí. Algo así.

    No estaba verdaderamente segura de lo que éramos. Nos conocíamos desde hacía relativamente poco tiempo. Bueno, en realidad nos conocíamos desde hacía mucho, pero no había sido algunos meses atrás que habíamos empezado a conocernos de verdad. El viaje a Gérie había marcado un antes y un después en nuestra relación. Nos habíamos besado y habíamos estado a punto de volver a hacerlo en el probador. ¿Podíamos considerarnos amigas? ¿Amigas con derechos? ¿Algo así?

    La voz suave de Dylan me arrancó súbitamente de mis pensamientos.

    —Yo... yo no tengo—murmuró. Me giré inmediatamente a mirarlo. Pichu saltó a su cabeza con las mejillas infladas de indignación y chisporroteó electricidad. Su entrenador se removió inquieto—. Bueno... Jackie sí, pero... nada más.

    ¿Jackie? ¿El Pichu?

    Lentamente las piezas encajaron en el puzzle. Se me clavó en el pecho con contundencia y sentí lástima por él. Yo le comprendía mejor que nadie.

    —Bueno pero...—dejé caer como quien no quiere la cosa— nos tienes a nosotras.

    Noté como alzó la cabeza y sus ojos castaños se encontraron con los míos. Había genuina sorpresa en su rostro de facciones suaves.

    Hey, quizás no se me diera tan mal tratar con niños.

    >>Además tienes a tu lado el mejor amigo que podrías desear. Tu Pichu lo daría todo por ti—continué. El tipo eléctrico se irguió sobre sus patitas inferiores henchido de orgullo—. Y tienes a tus padres. No estás solo.

    Se mantuvo mirándome por espacio de cortos segundos en completo silencio.

    Llámemosle sexto sentido porque supe que había metido la pata hasta el fondo. Sin venir a cuento su expresión se deformó lenta pero inexorablemente en un rictus amargo. Arrugó los ojos, el labio le tembló y la mirada se le empañó nuevamente de gruesas lágrimas. La voz se le quebró en un quejido de angustia, roto, y se cubrió el rostro con las manos cerradas en puños.

    —¡M-mamá~!—chilló.

    Mierda.

    —¡A-ah!—titubeé mostrando nerviosamente las palmas de mis manos— ¡La vamos a encontrar! ¡La vamos a encontrar, no llores!

    Falsa alarma. Definitivamente era un desastre tratando con niños.

    Dylan, el npc más cute que hemos creado <3

    Y el hijo de estas dos (?)
     
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  17.  
    Andysaster

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    Liza White

    —¡Gracias, vuelva pronto!

    El murmullo generalizado del centro comercial regresó una vez abandoné la tienda de dulces. Alcé la pequeña bolsa de colores sobre mi muñeca. Había comprado un par de piruletas con forma de pokéball para cada uno, y una cajita con pokochos de color rosa para Pichu. No me fue difícil distinguir a las personas que buscaba, y aceleré el paso de inmediato.

    Dylan había comenzado a llorar de nuevo, y se me escapó un suspiro resignado en el proceso.

    —¿Qué está pasando aquí? —inquirí, acuclillándome de nuevo junto al niño para acariciar su cabello con mi mano libre. Pichu alzó las orejas con interés desde su hombro y se inclinó para olfatear la bolsa que llevaba—. Ya, ya, tranquilo. ¿Te ha dicho algo Mimi? ¿Quieres que le dejemos sin dulce?

    Lo había dicho medio en serio medio en broma porque sabía que, si ese había sido el caso, no lo habría hecho de manera intencionada. Podía tener mal carácter a veces, pero no era mala persona.

    Dylan negó con la cabeza lentamente, apartando apenas los puños de su rostro para observar lo que llevaba encima con disimulo. Aproveché que había captado parte de su atención para sacar la piruleta que le pertenecía y se la tendí; hice lo mismo con la caja de pokochos y el pokémon dio un salto emocionado hacia el suelo, para empezar a abrirla al momento.

    Giré sobre mis pasos, y le extendí una de esas piruletas también a Mimi. Habían pasado un par de horas y el almuerzo se acercaba, pero tan solo era un pequeño capricho. Un día era un día.

    Había comenzado a desenvolver la mía cuando la voz queda del niño captó mi atención por completo.

    —¿C-Cómo sabías... que a Jackie le gustan los pokochos dulces? —murmuró, tras haberle dado una tímida probada a su dulce. El Pichu los devoraba con suma felicidad y me arrancó una sonrisilla orgullosa del rostro.

    —Oh, ¿eso? Yo también tuve un Pichu —le comenté, estirando la mano para acariciar al tipo eléctrico entre las orejas, quien recibió el gesto con gusto. Dylan abrió los ojos con cierta sorpresa impresa en su semblante, y sorbió por la nariz cesando lentamente su llanto—. Ahora ya es todo un Raichu, pero esos dulces siguen siendo sus favoritos. Pensé que quizás tendrían un efecto similar en Jackie.

    El niño agachó la cabeza y asintió apenas. Parecía reunir el valor suficiente para hacerme una nueva pregunta, y permanecí distraída con mi propio dulce, aguardando por él con paciencia. Su vocecilla me alcanzó al cabo de unos segundos.

    —¿P-Puedo verlo? —cuestionó, volviendo a jugar con la suela de su zapatilla deportiva—. A tu Raichu. A... A Mimi y a mí nos gustan mucho los pokémon eléctricos, ¿sabes?

    Su comentario me sorprendió. Mimi había estado haciendo el esfuerzo por socializar en mi ausencia, ¿no es así? Le dirigí una mirada de soslayo a la chica antes de asentir hacia Dylan.

    —Claro que sí, cariño. Seguro que le encantará conocerte.

    Comencé a tantear mi cinturón de pokéballs. En ese momento llevaba a mis pokémon de Galeia conmigo, así que no debía ser un problema encontrarlo. Sin embargo, al poco tiempo el movimiento de mi mano se congeló. La realización me golpeó con contundencia. Raichu hacía mucho que había abandonado mi equipo. Como lo hizo Braixen. Y Ditto. Sandslash. Heatmor. Porque no habían cumplido con mis expectativas. Porque me había hecho creer que no alcanzaban el nivel del equipo, que no valían la pena.

    Había estado tan obcecada en cosechar éxitos y obtener la aprobación de mis padres que no había sido consciente del daño que debía haberles hecho. No era culpa suya. Era la mía, por no haber estado a la altura.

    Tragué saliva con esfuerzo, desviando la mirada ante la atenta mirada del niño y su pokémon.

    —Yo... Lo siento. Olvidé que se había quedado en casa por unos días. Qué memoria la mía —me excusé, pero a pesar de intentarlo la risa me salió vacía y artificial. Dylan hizo un ligero mohín, pero fui incapaz de mirarlo. Al menos pareció comprenderlo.

    —N-No pasa nada. Así podemos vernos... otro día, ¿verdad? Para enseñárnoslo —murmuró, y con cierta esperanza miró a Mimi. Eran amigos ahora, ¿no? Me aclaré la voz, incapaz de añadir nada, y me erguí para mirar a mi alrededor.

    —Deberíamos ir a megafonía. Quizás poniendo un aviso encuentren más rápido a Dylan.

    El pelirrojo pareció conforme con la idea, pero algo pareció pasarle por la cabeza en ese instante. El sonido de unos recreativos cercanos llamó su atención y se volvió hacia nosotras con cierta duda en la mirada. Ahora que tenía amigas... debía aprovecharlo, ¿no?

    —A-Antes de ir, ¿podemos pasar por los recreativos? —Parpadeé con cierta sorpresa, girándome para encararle. Dylan jugueteaba con su camiseta sin mirarnos, y Pichu ladeó la cabeza con curiosidad, sus mejillas llenas de migajas—. Nunca he ido con nadie que no fueran mis papás. Me haría ilusión.

    No me había esperado algo así. Una parte de mí sentía algo de irresponsabilidad al llevar a un niño perdido a una sala de juegos, conociendo la angustia que debían estar sintiendo sus padres en ese momento, pero... El niño estaba realmente asustado. Quizás una partida no le haría mal a nadie.

    Suspiré, acariciando mi nuca con la mano libre.

    —...Está bien. Pero una rápida, ¿sí? —Dylan pareció conforme, y en un arranque de emoción tironeó con suavidad de la ropa de Mimi. Les miré en silencio, y cuando la chica se giró hacia mí le dirigí una fugaz sonrisa—. Si a ella le parece bien, claro.

    Arceus. De repente parecíamos una familia de lo más variopinta y todo.

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    Si es que no puede ser más lindo ;~;
     
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  18.  
    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Traté por todos los medios de detener el llanto de Dylan pero nada surtió efecto. Por suerte, Liza no tardó demasiado en regresar con provisiones. Le dio la caja de pokochos a Jackie, la piruleta a Dylan e... hice lo propio conmigo. En un primer momento le dirigí una mirada de circunstancias preguntándome si sabía que tenía diecisiete años y no siete, pero ninguna palabra salió de mi boca. No tenía caso hacerlo. De todos modos el ambiente seguía sintiéndose enrarecido a nuestro alrededor. Y ella había aceptado que le comprara todas esas cosas, no estaba en posición de rechazar un regalo.

    Le quité el plástico mientras escuchaba la conversación entre el niño y White, prestándole mi atención a pesar de estar entretenida con el dulce y le di una probada ligera.

    Mm~

    Fresa.

    Los observé charlar y no pasé por alto la sombra que cruzó el rostro de White ni la forma en que su voz sonó apagada y su risa ridículamente falsa cuando excusó el hecho de que no podría sacar a Raichu. Había algo más, algo que se me escapaba. Algo que la lastimaba. Pero no iba a indagar, no en ese momento.

    La prioridad era calmar a Dylan hasta que apareciesen sus padres. Le di otra probada a la piruleta.

    —Bueno, no tiene que ser necesariamente un Raichu ¿no?

    Noté la mirada curiosa de Dylan y sonreí ligeramente en anticipación buscando una lujo-ball particular en mi bolso. Su superficie oscurecida destelló bajo las luces del centro cuando extendí el brazo.

    De acuerdo, un Raichu podía ser genial y toda la cosa. Pero el Pokémon que estaba por mostrar superaba todo con creces.

    Con un destello fugaz mi elegante Luxray se materializó frente a nosotros, imponente, con su usual templanza y su semblante serio. La estrella de su cola destelló con brío al igual que el dorado de sus ojos. Su melena oscura se agitó, majestuosa.

    Los orbes café de Dylan parecieron iluminarse como si contuviesen estrellas.

    —H-hala. Un Luxray—su voz sonó más confiada y menos titubeante. Había dejado de jugar con la camiseta y su postura era más abierta y segura—. ¡Qué chulo! ¡Nunca había visto uno tan cerca!

    El poder del tipo eléctrico en todo su esplendor. Estaba tan orgullosa de él.

    Miré a Liza en silencio durante unos segundos y le guiñé un ojo con complicidad para trasmitirle apoyo, para que supiese que podía contar conmigo antes de pasar de largo hacia los recreativos. Dylan preguntó si podía tocar a Raiden y yo le di permiso sin más. La mirada que me dirigió el propio tipo eléctrico fue un poema. Era un Pokémon competitivo, serio, para nada juguetón que fungía como la voz de la razón entre el orgullo de Monomaru y la pereza de Kichiro. Él era un rey y aunque no se las daba de tal, hacer de niñera no era algo que considerase uno de sus quehaceres.

    Qué curioso. Había enfrentado cosas horrendas... y le crispaba un pequeño niño de seis años.

    Se me escapó una risa ligera.

    >>Vamos, esos juegos no van a jugarse solos.

    Pero mira nomás que cosita <33
     
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    Andysaster

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    No me pasó desapercibido el gesto cargado de complicidad que me dirigió Honda, y la observé marchar hacia los recreativos junto a Raiden y un animado Dylan, sin saber qué decir. Pese a la extraña atmósfera que nos envolvía seguíamos siendo amigas, ¿no?

    Le di una nueva probada a la piruleta, encogiéndome de hombros, y les seguí la marcha de cerca. Contuve una suerte de risa ante la relación del niño y el propio Luxray. Incluso Jackie pugnaba por hacerse un lugar sobre su lomo.

    Iba a ser un día de lo más interesante.

    La zona de recreativos se encontraba al final del pasillo, cercado por unas vallas de madera con varias entradas dispuestas a lo largo del área. El sonido de los diferentes arcades y las luces de las máquinas se hicieron visibles una vez nos acercamos por completo, y recorrí el lugar con la mirada. En el fondo seguía teniendo alma de niña, porque la imagen que me recibió me transmitió una emoción similar a la que debía estar sintiendo en ese instante Dylan.

    Sus orbes, brillando de emoción, se posaron en una máquina en concreto, y apremió al pobre Raiden a que le siguiera.

    —¡Ah! ¡Tienen el Phantump Squad!

    Mimi y yo nos acercamos hacia el arcade en cuestión. Una pantalla parecía transmitir la imagen de un cementerio pokémon, y varios tipos fantasma rondaban el lugar, pero mi atención la captó la presencia de algunos Phantump de un tono extraño. Llamaban bastante la atención, siendo de ese color tan blanco.

    —¿Has jugado a esto antes, Dylan? —le pregunté desde su espalda, curiosa.

    El niño se giró y asintió con emoción, a la vez que lo hizo Jackie sobre su hombro.

    —¡Sí! Es mi juego favorito —Dio un paso al frente y tomó una de las pistolas de plástico que se encontraban conectadas a la pantalla. Apuntó al frente, sujetándola firmemente con ambas manos—. Tienes que lograr la mayor puntuación en dos minutos. Cada pokémon da un punto, pero los más importantes son los fantasmas blancos de allí.

    Phantump shiny.

    Busqué alguna moneda suelta en mi bolsillo y se la tendí al niño, quien dejó el arma de juguete para mirarnos con cierta duda.

    >>El... juego es para dos personas. ¿Quién va a jugar conmigo?

    Intercambié miradas entre ambos mientras me acababa la piruleta con tranquilidad, y me hice a un lado de un solo paso.

    —¿Por qué no empiezas tú, Mimi? —la invité, conteniendo la risa al estar empujándola de esa forma. A mí no me importaba hacerlo tampoco, pero me apetecía ver primero en qué consistía. Ganar cierta ventaja, si se quiere—. Puedo sujetaros el dulce mientras, y luego intercambiamos los papeles.

    Dylan asintió, satisfecho, y me tendió la piruleta con una sonrisa para introducir la moneda en la ranura. Jackie correteó hasta subirse a mi cabeza, y aproveché para dirigirle una sonrisa algo desafiante a la chica mientras esperábamos por el niño.

    >>Luego podemos probar nosotras. Solo si no te da miedo perder estrepitosamente contra mí, claro.

    Ahora fui yo la que le guiñé un ojo y volví mi atención a la pantalla con tranquilidad. Podía llegar a ser bastante competitiva de vez en cuando, pero no estaba mal para romper el hielo en esa ocasión.
     
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  20.  
    Yugen

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    Mimi Honda

    ¿Dispararle a tipos fantasma en un cementerio con una pistola de plástico? Era un juego un poco raro... pero al menos no saltaba sangre cuando acertabas sobre alguno. Solo saltaban los puntos en la pantalla.

    —¿Quieres apostar algo White?—le respondí a Liza y le extendí la piruleta con una sonrisa desafiante. Había pulsado los botones correctos porque yo también era terriblemente competitiva. No iba a echarme atrás ante una declaración de guerra tan clara—. Pero piénsalo bien, porque sea lo que sea vas a terminar perdiéndolo.

    Sujeté el arma con dos manos, segura, con todos mis sentidos alerta como si estuviese por enfrentar una amenaza real. Un combate a vida o muerte. No era como si no estuviese acostumbrada a hacerlo.

    La puntuación de Dylan subía rápidamente. Era evidente que estaba acostumbrado a jugar y Jackie le animaba desde el hombro de Liza. Su timidez parecía haber desaparecido y se mostraba confiado y seguro. Incluso le brillaban los ojos mientras hacía saltar punto tras punto en la pantalla.

    Yo por mi parte me moví con celeridad. No era necesario pensar, solo actuar rápido. Los Phantump shiny daban una mayor puntuación pero cualquier tipo fantasma que acertaras, incluso de uno en uno, la aumentaba significativamente. De vez en cuando, sin embargo, aparecían Gengar burlones que arrojaban bombas lodo contra la pantalla y dificultaban la visibilidad del jugador por unos cinco segundos... el suficiente para hacerte perder un tiempo valioso.

    Los segundos transcurrieron rápido y la puntuación comenzó a subir como la espuma. ¿Lograría superarme White? Solo había una forma de averiguarlo.

    Aunque aquello era un mero calentamiento.

    No sabes cómo me reí cuando los dados hicieron que ganara Mimi xDD

    Desde ahí ya sabía lo que le iba a pedir sad
     
    • Fangirl Fangirl x 1
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