—He estado bien igual, sin nada nuevo e interesamte que contar. —reí levemente, sentándome en el césped y dejando hablar a Rojo y a Hubert sin molestarlos. Sylveon y Glaceon se acercaron a mi y se tumbaron al lado, agotadas de tanto jugar. Y eso era muy normal, pues no habían parado en todo el día. Les acaricié con una sonrisa y contemplé en silencio toda la zona, dentro de un rato iría a probar la piscina. ¡Cuánto tiempo sin ir a una! Tras un rato, Rojo echó a correr hacia la Pradera Arte de repente, y fijé mi mirada en él mientras se marchaba con algo de confusión. Pero Hubert me sacó las dudas de encima al decirme que iba a dejar a Serperior y Maractus para hacerme compañia; de seguro iban a combatir. Hondeé mi mano con una sonrisa mientras los veía marchar y grité para que pudieran oirme: —¡Buena suerte a ambos! —y tras eso, los perdí de vista. Fijé mi mirada ahora en el alegre Maractus, quien me miraba sonriente mientras volvía a tocar sus inseparables maracas, y a Serperior, quien miraba hacia otro lado de seguro algo irritado por ese alboroto. Juraría incluso que había suspirado con pesadez. Reí por lo bajo al ver dicha escena y me tumbé a mirar al cielo despejado sobre nosotros con total tranquilidad, a la espera de que los dos chicos volvieran pronto. Minutos después, me quedé profundamente dormida.
Me levanté, mirando a las habitaciones —Algún día... Algún día... —suspiré, sabía que allí dormía Mizuki desde hacía bastante tiempo, intentaba mantener la compostura ante su prolongada ausencia, pero sabía que si era paciente, la espera se haría más corta— Solo hay una solución, esperar Tras haber dicho esto decidí ir a los probadores, cambiarme y meterme en la piscina
Pidgeotto consideró buena idea posar sus garras en la copa del árbol a cuya sombra Liza dormía. Las ramas más altas eran frágiles; mas, logramos estabilizarnos sobre una que era más resistente. En eso, la cabeza de Serperior se asomó entre el follaje para interceptar a los intrusos de su descanso, pero al notar que se trababa de sus compañeros de equipo, la mirada en sus ojos adquirió una fuerza más benigna. —¿Me extrañaste? —bromeé en un susurro mientras Plusle imitaba mi gesto, sonriente— ¿Dónde está Maractus? A modo de respuesta, mi pokémon inicial posó su mirada en un punto no muy lejano del parque. Vi a Maractus diminuto a causa de la distancia, pero reconocía a la perfección su movimiento rítmico, mientras hacía música con las maracas. Sylveon y Glaceon lo acompañaban echadas sobre la hierba. Por lo que podía apreciar, la música del tipo planta las relajaba. —Me pregunto qué pasaría si lo llevo a un concurso pokémon —me pregunté, tomándome el mentón. Plusle, otra vez, imitó mi movimiento, al estilo de los Mime Jr. Serperior me miró con seriedad, reprobando la idea. Me encogí de hombros.
Me salí de la piscina para ir a los probadores y cambiarme, y terminar sentando en una banca tocando una triste y melancólica tonada con una trompeta...
Me quedé largo sentado en la rama del árbol, leyendo una de las tantas novelas que iba y venían de mi morral; como siempre, acompañado por mi fiel inicial y su elegancia principesca. Maractus a lo lejos seguía jugando con Glaceon, Sylveon y el Plusle de Brandan, en tanto que Pidgeotto dormitaba cerca de nosotros, sobre otra rama. Liza hasta entonces no despertó. Al cabo de una hora decidí que había sido suficiente descanso. Regresé a todos mis pokémon a sus pokébolas e hice que el alegre Plusle se arrojara a mis brazos. Montados sobre Pidgeotto, emprendimos un nuevo vuelo. Pero antes de irme, arranqué una hoja de mi cuaderno de apuntes. Escribí una nota que deposité entre los dedos de la dormida Liza: “Muchas gracias por cuidarlos, te debo una ¡Nos vemos en el Torneo Acrílica!”
Me desperte con un pequeño dolor de cabeza, ya que habia estado dormida...¿Cuanto tiempo? dos o tres semanas seguro, me levante de la cama y tras echarme algo de agua en la cara para despertarme sali, del la habitacion, una vez fuera saque a Aerodactyl y me monte en este de un salto —Vamos a ciudad Barniz—Le dije y este empezo a volar hacia esa ciudad
Desperté al cabo de un par de horas, totalmente descansada y algo somnolienta al principio, mientras me levantaba del suave césped y me quitaba varias briznas de hierba de mi cabello y ropa. Bostecé y miré a todos lados corroborando que me encontraba aún en el Parque Gioconda y que éste se encontraba peculiarmente silencioso, en eso recordé a Hubert y a Rojo y a los pokémon del primero, pero ya no se encontraban conmigo. Tomé una pequeña nota de entre mis dedos y la leí para esbozar una leve sonrisa y comprender lo sucedido, me había pasado un poco con la siesta y Hubert ya se había ido. Silveon y Glaceon se acercaron a mi al percatarse de que ya estaba despierta y me saludaron alegremente, a lo que yo les correspondí el saludo con ganas. —Estuve mucho rato dormida, ¿verdad? —les pregunté, a lo que ambas asintieron entre risas. —Bueno, al menos ya estoy como antes, ¿qué os parece si vamos a dar una vuelta por el cielo? ¡Hoy hace un día estupendo! —propuse sonriente y saqué a Togekiss, quien también estuvo de acuerdo con la idea. Y así, las tres montamos a lomos de la pokémon hada, emprendiendo el vuelo y desapareciendo en el vasto cielo azul.
Me limpié el sudor de la frente, me había despertado --Dijo que vendría.... Mintió... --me levanté para irme a caminar--
--Ñah, mejor me voy a buscar un Haunter... Me gustaría tener un Gengar --me puse a pensar en la mansión abandonada, y saqué a Aerodactyl-- Mansión Abandonada... ¡Y no te estrelles con nada!
Intenté tomar aire, pero empeoraba --Ugh, estoy muy mal.... --carraspeé con una voz quebrada y débil--
Eché un ojo a mis PokéBalls, y volví mi vista a Yair, y me acerqué a él --¿Pasa algo? --pregunté con una voz débil y quebrada, tosiendo--