En cuanto miré a Liza sonreí un poco —Perdona, pero igual estuve tiempo sin verle —me levanté con algo de dificultad, y miré arriba, sin dudas algunas a Lugia, y luego a Suicune, ambos legendarios de Johto—
—No importa. —les respondí sonriente, sentándome al lado de los dos chicos al igual que Sylveon y Glaceon, quienes les miraban con curiosidad. —Y aún no me respondiste Yair, ¿qué tal estuviste éste tiempo? —volví a preguntar con la misma sonrisa. Las dos pokémon evolucionadas de eevee comenzaron a jugar a corretear al rededor de los tres con diversión, no eran capaces de estar ni un rato quietas.
Me quedé sentado tranquilamente viendo a ambas Eeveeluvciones corretear alrededor de nosotros, cuando apareció Lopunny a hacer su broma favorita, ponerme la mochila de sombrero —¡No de nuevo... Aweee!
—Me alegro. Pues yo bien, por suerte, de un lado para otro sin parar. Llevo como tres días sin dormir y el cansancio se nota. —suspiré estirando los brazos hacia arriba y acto seguido me tumbé en el césped. Mientras, Sylveon y Glaceon se tiraron encima de Rojo para tratar de sacarle la mochila de encima a la fuerza.
Intenté sacarme la mochila, pero no tenía suficiente fuerza, pero gracias a Sylveon y Glaceon pude sacarme la mochila —Genial, gracias chicas —sonreí, agradecido, y ofreciendo gominolas a modo de agradecimiento-&
—Eso me gustaría a mi...pero ahora no soy capaz de dormir...creo que tengo insomnio. —me crucé de brazos, exasperada. Sylveon y Glaceon sonrieron enormemente al ver las golosinas y tras agradecer en su idioma comenzaron a comerlas con alegría.
Me giré aún tumbada a ver a los dos, extrañada. —¿Gallade? ¿Cómo? —pregunté sin entender mucho de qué hablaban, ni el motivo por el que sonreían de igual forma.
—Hmm...—me mantuve pensativa durante un par de segundos. —Bueno, es una buena idea, pero creo que podré aguantar estar un rato más despierta. —sonreí y volví a tumbarme, observando en el cielo a una feliz Togekiss, quien sobrevolaba las nuves con un aterrado Raichu, el cual quería bajar de allí cuanto antes. Reí. Pobrecillo. Las dos pokémon de mi equipo se acercaron a Rojo con una sonrisita cómplice, y comenzaron a revisar con su olfato entre los bolsillos del entrenador, en busca de más golosinas.
Miré a ambas Pokémon olisquear mis bolsillos —Anda ya, si quieren más solo pidan —saqué más golosinas para dárselas—
Ambas pokémon se miraron y saltaron a la vez sobre Rojo, agradecidas, a la vez que cogían las golosinas con gusto. Levanté mi cabeza para ver a Yair, quien permanecía muy callado, y le hablé. —¿Pasa algo, Yair? —le pregunté con algo de preocupación mientras le miraba.
Rodé por el césped hacia donde estaba él, y me senté frente a Yair, mientras levantaba una ceja. —¿Sabes? Pensar mucho no te sirve de nada, porque quizás estás equivocado en lo que piensas y no lo sabes ni sabrás nunca. —le comenté mientras le miraba. —Así que...¿por qué no hablas con nosotros?