Colectivo [Colectivo] Le Rouge - Colección de historias

Tema en 'Historias Abandonadas Originales' iniciado por Ceci, 30 Marzo 2016.

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    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

    Piscis
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    Seamos sinceros aquí. Todas sabemos perfectamente que a Zaac le da absolutamente igual si Mady se queda dormida por ahí, aunque también sabemos que en el fondo sí se preocupa.

    Me ha encantado este relato, porque realmente Caro y Mady deben tener ese lazo especial debido a la situación y eso hace donde tengan que apoyarse mutuamente. Aunque de Leslie no tienen porque temer, ella es buena (?)

    Ay, pero ellas dos tienes esa relación, esa amistad y me resultan terriblemente tiernas juntas. Las dos humanas que deben sobrevivir. Me encanta, de verdad~

    Sigue así ^^
     
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    Amane

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    Y así es como estos dos se conocieron, que interesante.

    Irónico, porque Dárvula siendo una vampiresa ha ido a la iglesia, un lugar que le debe parecer una estupidez, pero ha conocido a su posesión más valiosa. Ese amor a primera vista que sintió con el pequeño Ulli... tan lindo. Aunque para Darv él solo sea una posesión más es obvio que en el fondo lo quiere como algo más, como persona. O bueno, así lo veo yo.

    En fin, este escrito ha sido terriblemente lindo, con esos detalles de la extravagancia de Dárvula y la inocencia de Ulrich, estupendo, simplemente estupendo.

    Sigue así ^^
     
    Última edición: 29 Junio 2016
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  3. Threadmarks: Cita [Syel & Leslie | Le Rouge]
     
    Amane

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    [Colectivo] Le Rouge - Colección de historias
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    ~Cita~
    [Cinturón]

    Leslie se movía por la habitación, nerviosa y ansiosa. ¡Faltaba menos de una hora para su cita y aun no sabía qué demonios ponerse!

    —Oye Les… —escuchó la voz del francés mientras entraba a su habitación pero éste se paró en seco al ver su situación—. ¿Leslie? —preguntó frunciendo el ceño.

    —¿Syel? —respondió ella a su vez, sin dignarse a encararlo.

    —¿Por qué está toda tu ropa tirada por el suelo? —siguió cuestionando, no sabiendo muy bien por qué. Pero lo cierto es que le resultaba curioso que todo estuviera tan desordenado conociendo a la escocesa como la conocía, y por desgracia la conocía bastante.

    —¡Ya te lo he dicho! ¡Tengo una cita! —se giró hacia él con una camiseta en una mano y un cinturón en otra—. ¡Y no sé qué ponerme! ¿Qué me pongo, Syel? ¿Qué me pongo? —habló casi a gritos histéricos.

    —¡Y yo qué sé, Leslie! ¡No me importa! —gritó éste a su vez, respondiendo de forma automática a sus gritos aunque no tuviese realmente una razón para gritar.

    La chica rodó los ojos y volvió a girarse para rebuscar en el armario, tirando prendas por encima de su cabeza. Syel tuvo que hacer uso de sus reflejos para esquivar algunas prendas que iban indiscriminadamente hacia él.

    —¿Qué querías? —preguntó ella entonces, sin sacar su cabeza del lugar.

    —Te iba a preguntar si tenías algo que arreglar porque me aburría, pero verte tan desesperada por intentar quedar bien delante de un tipo cualquier me resulta bastante entretenido —explicó mientras se sentaba en la cama de la chica. Una sonrisa divertida casi se asomaba por sus labios.

    —Idiota —murmuró ella, tirándole a propósito un sujetador a la cara.

    El francés se sonrojó cuando se dio cuenta de lo que era pero no dijo ninguna palabra más. Quería ver como la chica al final desistía y abandonaba al chico porque no encontraba ropa adecuada. No era la primera vez que pasaba y tampoco iba a ser la última.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2016
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  4. Threadmarks: Syel, únete a la fiestecilla[Syel&Caroline]
     
    Lexa

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    [Colectivo] Le Rouge - Colección de historias
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    Título: Syel, únete a la fiestecilla.
    Personajes: Caroline Steel, Syel Lamperouge.
    Palabra: Alcohol.
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    Cantidad de Palabras: 3.644.
    Nota: Es un UA, surgido de un pequeño rol con @Tarsis, los diálogos son de ese rol para mantener la esencia de lo se escribió cuando roleamos.
    CHAMA, AQUÍ ESTÁ EL ESCRITO, @Tarsis METE UNA PRESIÓN HORRIBLE.

    Espero que te gusteeeee :3




    ~


    Esa tarde, Caroline Steel casi brincó de alegría frente a sus padres cuando éstos le habían dicho que se irían para una reunión con unos amigos ya planeada con antelación, y que llegarían a la mañana del siguiente día, pero se contuvo, por supuesto, mostrándole una sonrisa despreocupada a sus padres.

    Sí, sí, tranquilos, no pasará nada malo. Será una noche muy aburrida y normal.

    Apenas sintió que la noche estaba cayendo en el lugar se asomó por la ventana de la cocina, sonriéndole a la puesta de Sol que veían sus ojos para luego empezar a caminar por la estancia de allá para acá, sin despegar la vista de su celular. Sus amigos más cercanos le estaban notificando que ya estaban cerca, que estuviera pendiente. Y ella estaba más que pendiente y lista. Tenía un par de meses planificando esa fiestecilla en su casa, preguntándole a sus padres si tenían algún compromiso donde debían pasar toda la noche fuera de casa, para que todo saliera de acuerdo al "plan", el cual simplemente consistía invitar a todos sus amigos a su casa cuando sus padres no estuvieran, y pasarla bien.

    Algo tan sencillo.

    ―¿Que podría salir mal? ―Se preguntó en voz alta, sonriente, pero su sonrisa desapareció de sus labios en un dos por tres cuando escuchó que alguien entraba a la casa.

    Y no eran sus amigos ni sus padres, estaba segura.

    Era su hermanastro.

    Syel Lamperouge.

    Lo vio entrar, guardando las llaves en el bolsillo de su pantalón mientras cerraba la puerta. Caroline no le había cruzado por su mente en ningún momento que él estuviera en casa esa noche, amenazando con su presencia que todo el asunto de la fiesta se viniera abajo. No es que odiara a su hermanastro, en sí si podían tratarse, pero el chico no era amante de esas fiestecillas que Caroline organizaba, ni nada por el estilo, y eso suponía un problema para ella.

    Lo vio pasar de largo, dedicándole una corta mirada como saludo para luego subir directo a su habitación sin mustiar palabra alguna. Estaba seguro que Syel sabía que sólo estarían ellos dos en casa, y seguro tendría pensando pasar una noche relajada. Lo conocía lo suficiente para saber que esa clase de pensamientos llegaban a la mente del chico, y cuando dichos pensamientos no se hacían realidad, Syel se comportaba como todo un gruñón, contagiándole a todos su mal humor.

    Pero Caroline no iba a echar para atrás su fiesta sólo por eso, no por él. ¡Tenía casi un mes planificando que se diera el momento oportuno! Y por fin sucedía, y lo aprovecharía. Así que contó mentalmente hasta diez, pidiendo por paciencia a quien sea que la estuviera escuchando, mientras soltaba un gran suspiro y empezaba a subir las escaleras hasta llegar a la habitación de su hermanastro.

    Ni siquiera se molestó en tocar antes de entrar.

    ―Syel, yo supongo que vas a salir ahorita, ¿verdad? Es sábado y papás no están. Deberías salir, te haría tanto bien ―le dijo fingiendo un tono risueño al hablar.

    El chico enarcó una ceja hacia la puerta de su habitación abierta de par en par. Su "hermanita" estaba de pie ahí, con una sonrisa fingida que tenía un sello de Made in China que brillaba fosforescente, y esas palabras dulces. ¿De cuando acá ella hacia eso? Syel la conocía lo suficiente para saber que todo olía a gato encerrado. Frunció el ceño. A él no le gustaba formar parte de cualquier cosa que Caroline estuviera tramando.

    —No gracias —le dijo cortándola secamente—. Y cierra la puerta al salir.

    Caroline sintió que la mano que tenía bajo el pomo de la puerta tembló suavemente. Ella no tenía ganas de discutir, ni de fruncir su ceño ni de despeinarse. Iba a llegar gente en cualquier instante, y ella quería estar bien para ese momento. De un excelente buen humor. Así que Steel se obligó a respirar nuevamente, buscando paciencia de quien sabe dónde para seguir conversando con su hermanastro.

    —Es sábado, debes salir a divertirte… —Caroline dio un paso dentro de la habitación, olvidando la puerta y cruzando los brazos sobre su pecho—. Syel, tienes que irte.

    Lamperouge la miró escéptico.

    —Tú deberías irte. Estas en mi habitación —bufó, ya comenzando a irritarse. La paciencia nunca había sido una de sus virtudes, al menos no con las personas. Y muchos menos con ella. Pero allí estaba su hermanastra, fastidiándolo con su presencia y palabrerías.

    Syel en ese instante optó por agarrar su celular y rodearla por un lado, ignorándola mientras bajaba a la cocina y se preparaba un sandwich, haciendo caso omiso a los habituales ataques de niñerías de Caroline.

    Pero Caroline Steel era obstinada, y no iba a dejar las cosas así como así. Ser amable y tratar bien a Syel para conseguir algún fin nunca le había funcionado a Caro. E igual ella siempre lo intentaba. Después no valdría quejas de lo grosera que podía ser. Se dio media vuelta, frunciendo ya su ceño mientras bajaba las escaleras hasta la cocina donde se escuchaba que estaba él. El celular le vibró en su mano con un mensaje, que estaban a par de minutos de llegar. Y que venían en grupos para que todo comenzara.

    —Ok, Syel, te diré algo. He invitado a unos cuantos amigos a la casa aprovechando que nuestros papas no están –Empezó a decir la chica mirando al otro con cierta molestia cuando llegó a la cocina. La verdad es que Caroline no contaba con él estuviera e casa esa noche. Y todo no se le iba a venir abajo por su apatía, eso lo tenía claro—. Y no voy a cancelar ni nada porque estés en casa, así que, o te vas a la calle a hacer lo que quieras o te quedas y buscas pasarla bien. Y ni se te ocurra llamar a nuestros papás.

    Syel abrió sus ojos con desmesurada sorpresa. ¿Estaba escuchando bien? ¿Acaso se había vuelto loca? Sabía perfectamente lo que significaba en el diccionario de Caroline unas "cuantas" personas. Usualmente terminaba siendo toda la universidad.

    —Ni lo sueños —le gruñó. ¿Qué demonios estaba pensando? Sus padres volverían en la mañana. ¿Y quien pensaba ella limpiaría todo ese desorden y caos absoluto? ¿Quién se llevaría el regaño de un año? Él no estaba dispuesto a nada de eso, así que le dio un mordisco a su pan obstinadamente dejando en evidencia su negativa ante la idea.

    Caroline sabía que se negaría. Por supuesto que sí. Pero ella no iba a dar marcha atrás al asunto así como así.

    —Syel, piénsalo bien. Una pequeña fiesta, donde conocerás seguro a alguna chica linda con quien podrás pasarla bien… —Le sonrió un poco, buscando convencerlo con esa idea. Con cualquier idea, ya le daba igual—. ¿Me vas a decir que no tienes ganas de hacer algo diferente? ¿O es qué piensas llamar a mamá e irle con el chisme? Como la propia niñita —Caroline se acercó a él, quitándole el pan que se estaba comiendo para que toda su atención estuviera en ella—, di que sí vas a disfrutar esta noche, Syel.

    —Haz lo que te dé la gana. —Le arrancó el pan de vuelta, irritado—. Me voy a mi habitación. Disfruta tu fiesta.

    Y sí, ahí estaba la carta que ella necesitaba. Le estaba cediendo el espacio para que hiciera su tan anhelada fiesta pero su expresión lo decía todo. Si te metes en líos, a mi no me metas. Subió las escaleras antes de que ella pudiese empezarlo a joder de nuevo. Prendió el tv de su cuarto, suspirando. Tendría que aspirar a un cine menor esta noche, pero algo podría hacerse…

    Hasta que el silencio se esfumó en menos de un minuto.

    Se levantó a causa del ruido de los carros que empezaban a llegar a la calzada de su casa y comenzaban a bajar jóvenes ataviados, con faldas y brillos, con su escándalo y alguno que otro ya con tragos previos en la mano y muchas botellas. Los vio desfilar uno tras otro desde la ventana, ya había perdido la cuenta, sabía que ese "unas cuantas" de Caroline, siempre eran unas miles. En el momento que se encendió la música, resonando y moviendo sus paredes, lo supo. Su noche estaba arruinada. Adiós a la paz y al silencio. Se lanzó sobre su cama enfurruñado. Estúpida, Caroline.

    La maldecía unas mil veces en ese momento.

    Y es que cuando Caroline estaba pensando que decirle para convencerlo para que también disfrutara la fiestecilla, la gente empezó a llegar. Se acomodó un poco el cabello sobre sus hombros y fue a recibirlos, invitándolos a pasar a su casa y ponerse cómodos. La música empezó a resonar en menos de un minuto, y las bebidas ya se estaban pasando de mano en mano.

    Caroline estaba bailando con un chico que ni conocía realmente, cuando una de sus amigas se le acercó por detrás preguntándole por su hermano, que le gustaría "hablar un rato" con él. Caroline encaro una ceja, suspirando. Ella no quería subir y lidiar con él, pero definitivamente a Syel no le caería mal bajar y disfrutar del momento, además tenía que ser una buena anfitriona… Subió las escaleras, directo a su habitación y nuevamente entró sin tocar, encontrando al otro con su cara de pocos amigos.

    —Ya quita esa cara y baja, hay alguien que quiere conocerte… —Le sonrió guiñándole un ojo, queriendo persuadirlo—. Baja o me lanzaré sobre ti y no me soltaré hasta que digas que sí.

    Syel hizo una cara de asco al imaginarse eso. Sus cejas se juntaron en un profundo ceño.

    —No me gustan tus amigas —aclaró. Ya las conocía a todas. Y absolutamente ninguna le llamaba ni remotamente la atención; pero a pesar de eso se levantó, sabía que Caro sería capaz de cumplir su amenaza y con el humor que cargaba encima, mínimo la vomitaba a propósito. La empujó fuera de su cuarto, cerrando con seguro antes de salir. E hizo lo mismo con todas las habitaciones. Hombre precavido valía por dos y si llegara a faltar algo, su madre lo desollaría vivo sin pensárselo mucho.

    Caroline estuvo muy tentada a abrazarlo y darle un beso en la mejilla cuando notó que había aceptado bajar. Muy tentada… al diablo, lo hizo, quizá el alcohol se le estaba empezando a subir a la cabeza. Cuando estuvieron abajo, tomó a Syel por la muñeca y lo arrastró hacia donde estaba su amiga.

    —Lissa, este es mi hermano Syel. Syel ella es Lissa, conózcanse —Y prácticamente los empujó el uno con el otro—. Les traeré algo de beber —Y mientras Caroline se abría paso entre la multitud de personas hacia donde se encontraba las bebidas, ésta ni se estaba percatando del desastre en el que se estaba convirtiendo su casa, ya que todo era opacado por el fuerte sonido de la música.

    Syel, al encontrarse a solas con la chica y muy cerca por el empujón que le había propiciado Caroline, puso las manos automáticamente en medio de él y la chica, aterrizando en su pecho, la otra se sonrojó ante eso, pero Syel no le dio la más mínima importancia. Había evitado algo peor. Le quitó las manos de encima limpiándoselas con disimulo tras la espalda.

    —¿Qué tal? —Saludó indiferente, al momento que sus ojos recorrían el lugar y palidecía. Salió corriendo para atrapar a centímetros del suelo el jarrón chino favorito de su madre. Respiró con alivio al tenerlo en las manos, tirado en el suelo, pero había evitado que se partiera. O eso pensaba. Un chico que venía bailando con muchos tragos demás lo pateó, sin darse cuenta que estaba ahí. Una gran raja apareció como en cámara lenta bajo la mirada espantada de Syel, como torturándolo mientras se abría en dos y le quedaba las dos piezas en la mano.

    —Mamá nos va a matar, mamá nos va a matar —comenzó a balbucear en crisis al ver que no era el único daño, las lámparas de araña de la cual se estaban balanceando parecían que iban a despegarse del techo. Los cuadros estaban muy manoseados y manchados. El mueble blanco favorito de mamá empezaba a ser beige curtido, y con una gran mancha roja en el centro. El corazón le latía a mil, Syel sentía que desfallecía ante la vista tan horrorizada que sus ojos presenciaban. Observó la hora en el reloj. Menos de cinco horas para que sus padres entraran muy contentos por la puerta. Definitivamente, él era hombre muerto.

    Caroline, por otra parte, cuando tuvo ambas bebidas en las manos, fue directamente a llevárselas a ambos tortolitos. Bueno, aún no pasaba nada, pero ella esperaba que las bebidas ayudaran a que sucediera algo. Por el bien de ambos. Se volvió a abrir paso entre la gente, pero encontró a Lissa sola y con el ceño levemente fruncido.

    —¿Y Syel? —Su amiga le señaló donde estaba el chico, con un objeto en las manos que Caroline no distinguía bien que era. Pero si se percató de la cara de él, y no se veía nada bien. Cuando llegó hasta su hermanastro, lo vio todo y Caroline sintió en ese momento que su corazón se detuvo dentro de su pecho.

    El jarrón chino de su mamá, uno de sus favorito. Partido en dos. Oh, Dios, oh, Dios.

    —¡¿Syel, que hiciste?! ¡Aún no has bebido y ya estás rompiendo las cosas de mamá! —Dijo escandaliza, casi volcándose todo el alcohol encima.

    Él le lanzó una mirada matadora, poniéndose de pie hecho una furia.

    —¿Yo? ¡¿Yo?! ¡Tus puñeteros amigos locos están destrozando la casa! ¡El jarrón! ¡Las lámparas, los cuadros, el mueble! —Gritó con toda la rabia que llevaba por dentro, por sobre la música estridente,Syel sentía en ese momento que quería agarrarla por el cuello y batirla. La cabeza le comenzó a palpitar entre el ruido que ya le parecía espantoso, los gritos y observar el desastre y todo lo que sus padres dirían. Vio a su hermanastra palidecer al darse cuenta de lo que estaba pasando, yéndosele de inmediato los efectos del alcohol del cuerpo—. Es todo culpa tuya. Se lo diré a mamá cuando se ponga furiosa.

    Y cuando Syel le gritó todo eso, Caroline se percató de golpe a que se refería. Sí, la casa estaba hecha un desastre. Un mugroso desastre. Dejó las bebidas aún lado, sintiendo como su corazón pareciera que iba a salirse del pecho producto de una creciente angustia nacida por lo que veía. Estaba pensando una excusa para echarlos a todos de la casa, hasta que Syel dijo aquello último, provocando que Caroline lo mirara con cierta molestia.

    —Se lo dirás a mamá cuando venga… ¿cuántos años tienes Syel? ¡Porque sólo los críos le van con esos chismes a los papás! —Exclamó, frunciendo el ceño y recogiéndose el cabello en un moño—, además tu también estabas participando en esta fiesta, y no me importa si fueron cinco minutos apenas, tú tienes que ayudarme a limpiar.

    —¿Yo? Pffff estás loca. Te dije que no lo hicieras, pero estás como una cabra loca y nunca escuchas. Además, ¿dime cómo vamos a quitar ese maldito vino del mueble de mamá en menos de cinco horas? —Gruñó, inclemente—, es tu responsabilidad. Asúmela.

    Syel, llevado por la rabia de ese momento, le quitó un vaso de cristal al tipo que iba pasando usándolo de cenicero. Se lo arrancó literalmente de las manos.

    —¿Sabes que esto estúpido? ¡Es cristal de una vajilla que vale más que toda tu maldita ropa!

    El chico se echó para atrás con las manos en el aire, en señal de darse por vencido, para luego perderse entre la multitud y la música nuevamente.

    ―Cuando mamá llegue y vea este desastre, tu también recibirás un buen regaño así hayas participado o no, porque mamá pensará que dejaste que yo hiciera esta fiestecilla cuando la casa quedó bajo tu responsabilidad –Caroline le respondió ante su negativa y sus gritos. A ella no le importaba si él no tenía la culpa de nada, necesitaba ayuda y él iba ayudarla, o ambos iban a pagar juntos.

    Se dio media vuelta, caminando directamente a apagar la música y a echarlo a todos de la casa. No les dijo motivo de porque todo había terminado tan repentinamente, sólo les ordenó que se largaran y ya. Curiosamente Caroline estaba más de mal humor por la actitud de Syel que por el desorden en general. Y mientras iban saliendo, se dio cuenta de porque su hermanastro estaba tan escandalizado. El mueble estaba percudido, horrible. Y había vidrio en el piso y manchas por todos lados. Y la basura, oh, Dios… Y el reloj seguía avanzando.

    Syel en el momento que todos se fueron golpeó con el pie una lata de cerveza vacía, estresado, porque Caroline tenía razón, se iban a enojar con él aunque no tuviese la culpa de nada. Gruñendo agarró una bolsa de la cocina y empezó a recoger la basura e ir poniendo todo en su sitio. La peste a alcohol no se disfrazaría, tendría que limpiar a fondo.

    —La próxima vez que hagas una "fiestecilla" avísame para irme de esta mierda —gruñó amargado, aunque el hecho de que estuviese con un pañito restregando el mueble le quitaba seriedad al reclamo. El había heredado de su mamá la molestia de que le tocaran sus cosas. Ella sabía en qué lugar había dejado todo -porque no era desordenada como Syel-, quisieran o no se daría cuenta. Pero podían minimizar los daños, o eso pensaba.

    ―Siempre estás de mal humor por todo Syel, ¿no será que te hace falta un buen polvo? Porque Lissa quería contigo, te la hubieses tirado esta noche ―Se atrevió a comentarle mientras empezaba a recoger las latas y tirarlas en la bolsa negra, acomodando los cuadros en la pared que pareciera que iban a venirse abajo en cualquier instante—, quizá así sería más carismáticos con todos, específicamente conmigo, que ahora somos familia.

    Syel ante su infantil reclamó le lanzó un vaso vacío, que si ella no lo esquiva le da de lleno en la cara.

    —Primero, no es de tu incumbencia si tengo sexo o no. Segundo, no sabes si lo hago o no, y de igual forma no lo ando pregonando por allí como tú. Tercero, tus amiguitas me dan asco, para serte sincero. Y cuarto, agradable para qué, ¿para ayudarte a limpiar y ganarme un castigo? No, gracias. Si tú dejaras de ser tan metiche e inquieta no estaríamos en esta situación —bufó malhumorado, con sus ojos azules brillando de la emoción contenida.

    ―¿En cuál situación prefieres estar? ¿Aburrido en tu cuarto pegado a la TV? Por lo menos aquí intentando acomodar la casa compartimos un momento ―Respondió mientras tiraba la última lata que yacía en el suelo en la bolsa negra, la cual no tardó en llenarse de desperdicios―. Aunque tú lo único que sabes hacer es gritarme por cualquier cosa. Si quieres vienes y me pegas también —bufó al final con su ceño fruncido, quitándole el trapo con el que su hermanastro limpiaba el mueble. Eso era caso perdido ciertamente. Podían dejar pulcra la casa antes de que sus papas llegaran, sí, pero el mueble no correría esa suerte.

    ―Hay que pensar en una excusa para esto… Quizá debería decirle a mamá que Syel llegó a casa de mal humor porque no pudo tirarse a nadie esta noche y decidió pagarla con tu mueble favorito, mientras enumeraba unas patéticas excusas del porque no tiene sexo.

    Y Syel, por primera vez en la noche, empezó a reírse de verdad ante los absurdos pensamientos de Caroline.

    —¿De verdad piensas que mamá te va a creer eso? Creo que está a punto de encerrarme en una charla de madre e hijo para preguntarme si soy gay —puso los ojos en blanco. Señalándola a ella. —. Dile que te revolcaste en el mueble. Eso seguro si lo cree —la molestó.

    Caroline alzó una ceja, con cara de indignación. ¿Que estaba insinuando? Suspiró, dejando la bolsa negra de lado y plantándose frente a él.

    ―Estás muy gracioso, eh, mejor cuéntame… ¿si eres gay de verdad? Porque ahora que lo mencionas, hasta a mi me entraron las dudas… —Le comentó con una sonrisita en sus labios, queriendo fastidiarlo un poco—. No te preocupes Syel, hermano mío, yo te apoyaré en todo -Era evidente la burla en sus palabras.

    Su hermanastro frunció los labios ante ese comentario. Estúpida, pensó, más no iba a darle el gusto de hacerle saber que le había molestado un poco sus palabras.

    —Sí, Caro. Te traeré mi novio, y seremos BFF —resopló con infinito sarcasmo. Agarró el coleto con desinfectante y comenzó a pasarlo por el piso grasoso y húmedo de licor. Haciendo muecas de asco.

    Caroline no pudo aguantar la risa que le provocó ese momento, quizá no era la intención de su hermanastro divertirla, pero lo había hecho. Terminó por acomodar todos los adornos en su sitio para luego echarse sobre el mueble mientras Syel pasaba coleto. Todo se veía bien y aceptable, menos el mueble. Eso estaba perdido para ambos.

    ―Quizá mamá ni se de cuenta… —murmuró, pero la mancha roja era tan evidente que cualquiera la notaría. Suspiro frustrada, sabiendo lo que venía a continuación por eso—. ¿Qué es lo peor que podría decirnos mamá?

    —Que dejé que te desvirgaran en el mueble. Y me castigué por lo que me resta de vida...—suspiró, dejándose caer en el mueble manchado al terminar de limpiar el suelo.

    ―Eres un verdadero patán, Syel.

    Eran ya las cinco de la mañana. Sus padres llegarían a las seis. Habían hecho todo lo humanamente posible. Se llevaría el jarrón y lo repararía, rogando que no le cobraran mucho. Y pues, con el famoso mueble...

    Estaban a la suerte.
     
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    JAJAJAJAJAJA, me reí tanto como cuando lo roleamos.
    Claro, nos basamos en el AU en ¿qué serían Caroline y Syel? Son como hermanos peleones y de ahí surgió la idea. Porque en Le Rouge también se llevaran así. A los golpes, a las patadas, a las discusiones pero al final, son el grupo de humanos. Están para apoyarse. Bueno, al escrito y seh, presiono un poquitititititito :D

    Syel ya tenía planeada su noche perfecta, comida, el tv y él arropado viendo películas. Caro por el contrario es alegre, fuerte y sociable unos "amiguitos" jajajaja me da risa la cara de espanto de Syel cuando ella le dice que si no baja se le tirará encima. Creo que lo más gracioso, son los diálogos. Lo de que está a punto de tener una charla de madre e hijo a ver si es gay, o que sí creería que dejó que la dervirgaran en el sofá.

    Ambos se dieron por vencidos, porque saben que son hombre y mujer muertos jajajajaja, sólo pueden minimizar los daños xD

    GENIAAAAAAAAAAAL ALE <3
     
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    Tarsis

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    Y él está satisfecho con eso. Porque sabe, que a pesar de todo, ella al final los deja tirados, no saldrá con ellos, sino que se quedará ahí junto a él. Fue hermoso esto, tan sencillo como muestras que aún cuando no directamente están "juntos" están uno en la vida del otro. Ellos son tan cuchis, jajaja y lo del sujetador me mató de la risa, me imagino a Syel quitándoselo como veneno de encima jaja

    Lo amé *-*
     
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  7. Threadmarks: Desobediencia [Madelaine]
     
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    Desobediencia [Madelaine]

    N/A: Mady es de @Karo y Zaac de @Nastia. Espero no haber hecho tanto OoC en ellos. :C




    (PoV) Madelaine.


    Suspiré cansada ya después de al menos cinco días se sentía asfixiada en esas cuatro paredes. Simplemente había sido llevada a mi habitación y no me dejaban salir, los primeros días lo había soportado con destreza, pero ya no podía más. Abrí la puerta con cuidado, asomando mis suaves ojos azules por la pequeña rendija a ver si el pasillo estaba libre… Y lo estaba. Abandoné la habitación como una niña traviesa, respirando profundo al inclinarme sobre una de las amplias ventanas, tomando todo el aire que mis pulmones pudieron recoger.

    Sólo necesitaba eso, unos minutos de libertad. Me sentía como un pájaro en su jaula. El cielo estaba inusualmente nublado, antes de ser encerrada el sol brillaba todo el día, me mordí el labio pensativa dispuesta a volver a la habitación. Era mejor que el Sr. Zaac no me encontrara deambulando en los pasillos cuando les habían indicado permanecer en sus cuartos. Giré sobre mis zapatillas, mientras tarareaba una canción por los pasillos inusualmente vacíos. La mansión desde un principio había resultado escalofriante, pero había crecido entre esas densas paredes, ya estaba perfectamente acostumbrada a ello.

    Sentí como me detenían agarrándome con más fuerza de la necesaria por el hombro, me giré al tiempo con mi cuerpo, mientras mi cara se arrugaba por la brusquedad. Mis orbes azules le detallaron extrañados, era una cara nueva, no le conocía. Lo cual resultaba aún más anormal.

    —Buenas tardes —saludé, al ver que el chico no decía nada. Era joven, de pelo oscuro y ojos acordes. Alto y desgarbado, con una piel cetrina que asustaba por su transparencia. Era un vampiro. Todo en su aura lo gritaba, sabía reconocer a un humano de algún otro ser sobrentural. Era la primera vez que interactuaba con un vampiro que no fuese uno de los cuatro principales de la mansión. Jamás me dejaban acercar a las “visitas”, para evitar enfrentamientos entre los dueños y los visitantes.

    —Tienes buen aspecto, tu sangre debe ser muy dulce —ronroneó el joven, mientras sus labios se curvaban en una sonrisa torcida, dejando expuesto una hilera de dientes blancos y un poco más agudos de lo normal. Sentí como un escalofrío me recorrió desde la base de la columna hasta el principio de la nuca. No, no, no… nadie se alimentaba de ella salvo el señor Zaac. Era algo que él había gritado tempestivamente en medio de la sala y en medio de todos, podía soportar que él se alimentara de ella, pues… era el señor Zaac. Pero al ver los ojos negros, oscuros con un pozo, acercándose peligrosamente a mí, mis ojos color cielo se aguaron, a medida que las ganas de llorar afloraban en mi garganta. Me había paralizado por el miedo y comenzado a temblar al sentir como el vampiro lamía mi clavícula con sadismo. Sentí el vómito al principio de la garganta, quería decir algo, replicar, o incluso huir, pero él me tenía firmemente sujeta de forma que me hacía daño la nívea piel, enrojeciéndola y pronto tendría un feo y poco elegante morado allí donde él la apretaba.

    —El señor Zaac no me permite alimentar a ningún otro vampiro —dije, con toda la entereza y seriedad que pude dada la situación en la que estaba, el vampiro desconocido se tensó notoriamente ante la mención y sentí como el alivio embargaba mi pecho.

    —¿Y por qué habría de importarme? Ustedes no tienen nombre, sólo son comida —bufó el joven con arrogancia, lancé un chillido al sentir como él jalaba mi cabello obligándome a ladear la cabeza y dejar al descubierto mi delgado cuello. Nuevamente el pánico volvió, las lágrimas humedecieron mis ojos junto al temblor frenético de mi cuerpo estúpido y débil. ¡No quiero esto! ¡No quiero, no quiero! Supliqué en mi interior, mientras pensaba como huir y me arrepentía enormemente por haber dejado mi habitación… sentí las puntas de su colmillo presionándome piel, tragué grueso comenzando a patalear en un intento de escapar. Pero sabía que sería el fin.

    Todo pasó tan rápido que realmente no fui capaz de registrar todo lo que ocurrió, en un momento estaba pataleando bajo las pesadas manos del joven y al otro, la cabeza –despegada del cuerpo- del mismo joven caía al piso, Zaac, con su pelo rubio y sus ojos furiosos, veía al cuerpo inerte con asco, sus manos aún manchadas de la sangre de esa “basura” como gruñía enojado mientras pateaba el cuerpo lejos de él. La sangre que caía del cuello manchó el vestido rosado y holgado que llevaba puesto y parpadeaba aún anonadada.

    Sus ojos furiosos se giraron hacia mí. Y eso me aterró aún más que el vampiro muerto a mis pies.

    —¿Estabas alimentando a otro vampiro? ¿No dije específicamente que NO podías hacerlo, Madelaine? —Su voz, en un siseo, terriblemente intimidante me hizo volver en sí.

    —Yo no…—Pero Zaac no esperó que terminara la oración. Me tomó de la barbilla, girando mi cuello con más brusquedad de la acostumbrada, corroborando con sus propios ojos, que la piel, pese a estar enrojecida por el intento, no tenía ninguna abertura ni perforación. Me soltó la quijada, dejándome manchada de sangre gracias a sus dedos embadurnados y pegajosos.

    —Vete a tu habitación —ordenó frío, sin importarle el aspecto deplorable que debía presentar en ese momento, casi podía verme reflejada en sus pupilas. Asentí de inmediato, incapaz de contradecirle, caminando con cuidado, un paso tras otro poniendo distancia entre nosotros. Me detuve y fueron segundos que me parecieron eternos y en un último impulso, me volteé, devolviéndome sobre los pocos pasos que había dado y le abracé.

    —Gracias —dije con simpleza, aferrada a su torso, antes de salir corriendo por el pasillo sin detenerse hasta estar tras la seguridad de la puerta su habitación. Aún con la respiración agitada y el corazón en la mano, me dejó caer en el frío piso.

    Ahora entendía, que alguna de sus reglas, eran por su propio bien. Todo aquello le había pasado por su propia desobediencia. Nunca le desobedecería nuevamente.
     
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  8. Threadmarks: Reglas [Syel&Leslie]
     
    Tarsis

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    Reglas.




    —¡Sy-el!

    Sintió el cosquilleo sobre su piel, los brazos de Leslie rodearon su cuello, mientras la chica se apretaba a su espalda. Syel Lamperouge suspiró, quitando los brazos de acero de la escocesa de su piel, ¿cuántas veces tendría que repetir lo mismo? La miró con los ojos entrecerrados, pero ella sólo le sonrió de vuelta. Leslie Ness, era una excepción de la naturaleza, resultaba tan humana que asustaba, por supuesto, tenía una gracia envidiable propia de su especie, una soltura e incluso un aura que te atraía. Pero sus ojos, tan endemoniadamente sobrenaturales, verdes como una esmeralda, rayados como si fuesen de un felino, eran orbes que te atrapaban y no te dejaban salir. Syel tragó grueso, serenando su mente, un torrente de recuerdos de esos ojos mientras succionaba su sangre estaban amenazando su calma.

    La agarró de los hombros, sentándola en la cama. Rebuscó entre su pila de cosas en el armario, haciendo a un lado lo que no estaba buscando, hasta dar con un pequeño pizarrón acrílico. De la gaveta tomó un marcador y lo sostuvo frente a Leslie.

    —¿Jugaremos a las adivinanzas? —preguntó entusiasmada, con esos ojos verdes iluminándose ante la idea. Syel asintió, con una pequeña sonrisa seria en sus labios.

    —Sí, adivinaremos las cosas que no debes hacer…—Comenzando a escribir en su perfecta caligrafía.

    1. NO TOCAR.

    Escrito en mayúscula y en un llamativo rojo sobre la pizarra blanca. Leslie apretó los labios con disgusto. Y ella que pensaba que sería algo divertido…

    —Ni un poquito, ni la cara, ni la mano, ni saltarme encima, ni abrazarme, ni arrastrarme y sobre todo, NO BESARME —puntualizó, logrando que Leslie se sonrojara un poco más, vaya que aquel tipo era un idiota. Ella le dio una mirada desafiante y él correspondió con otra.

    2. NO ENTRAR EN MI HABITACIÓN.

    —Ni a hurtadillas, ni cuando no estoy, ni a quitarme cosas, ni poner cosas, bueno… —hizo un gesto pensativo—, a poner cosas sí. ¡Pero no a llevarte!

    —No me importan tus cosas. —Puso los ojos en blanco.

    3. NO FASTIDIAR.

    —Eso incluye hablar, tocar, distraer, molestar, acercarte, respirar y todo lo que puedas hacer que termine en “ar” —dijo odiosamente, al tiempo que la vampiresa se colocaba de pie y se sacudía la falda indignada.

    —¿Y si no lo hago qué, Syel? —Lo desafió, acercando su pequeño cuerpo de bailarina hacia él, empujándolo con un poco más fuerza de la necesaria por el pecho, haciéndolo tambalear—. ¿Qué vas a hacer niño tonto, si quiero besarte, quiero tocarte, o quiero molestarte? —Tras cada pregunta golpeaba el mismo lugar en el pecho, un perfecto morado se formaría en la pálida piel del francés, de eso no habría duda. Y por primera vez desde que se conocían, lo dejó sin habla. El francés sólo le veía impotente con las manos hechas puño.

    —Ya conseguiré algo lo suficientemente malo como para hacerte sufrir —contestó con orgullo. Leslie puso los ojos en blanco, restándole importancia con un gesto de su delicada mano enguantada.

    —Eso no lo dudo. Eres un idiota y un patán. ¡Eres como un limón! ¡Ácido! —gruñó, poniendo las manos en su cintura, acercándose cada vez más a él—. Pero es inusual… —susurró, mordiéndose el labio inferior, mientras alargaba las manos hacia él, acariciando el contorno de su cara –con guantes-, manía que había llegado a adoptar desde que empezaron a relacionarse para hacerlo más llevadero para él—, las ganas que siento de tocarte —terminó, viéndolo a los ojos con intensidad.

    Era así, tan simple como eso. Le gusta tocarlo y sinceramente, le divertía un poco su actitud de niño obstinado cuando comenzaba a molestarse. Le gustaban muchas cosas del francés en realidad. Ella se iría de su vida cuando lo decidiera, no cuando él le ordenara.

    —Así que, cambiaremos un poco la lista. —Tomó la pizarra y borró la tinta acrílica con su bufanda para reescribir el contenido.

    1. Tocar SÓLO CON GUANTES.

    1.1. Sólo TRES BESOS al día.

    Él negó rotundamente.

    —Vamos, Syel. Sé razonable —terció, con impaciencia.

    —De ninguna manera —bufó, cruzando los brazos sobre su pecho con terquedad.

    —Está bien, uno —cedió ella, suspirando, borrando el número 3 para reemplazarlo por un 1, el chico hizo un mohín para comenzar a replicar—. ¡No! ¡No hay discusiones! ¡Uno al menos! —Le cortó con vehemencia.

    2. Entrar en la habitación sólo cuando estés, o, cuando no estés y te extrañe.

    —¡Pero tú tienes tu habitación! —Se quejó el pelinegro. Leslie infló sus cachetes sonrosados.

    —Pero me gusta tu olor —respondió como si aquello fuese lo más obvio del mundo y él fuese un gran tonto por no entenderlo –porque lo era-.

    3. Fastidiar solo lo necesario.

    —Para ti todo es necesario —resopló Syel, aquella lista era una verdadera burla para él y su intimidad. Frunció el ceño enojado, no aceptaría nada de eso. ¡Era una estupidez!

    —No todo, pero no puedes esperar pase todo el día callada, ¡no estoy muerta, por Dios! —gruñó adorablemente, Syel puso los ojos en blanco.

    —¡Ay, ya cállate y mira! —resopló exasperado y sin paciencia. Caminó hasta su enorme armario, removiendo las cajas para sacar una con sumo cuidado del fondo. Sacó una lámina delgada, de madera oscura pulida, brillante en la corteza, y sobre ellas, unas teclas blancas. Era un pequeño teclado eléctrico, que había conseguido de sobornar a uno de los criados. Le había costado entender su funcionamiento, de forma que lo pudo adaptar a un caparazón mucho más hermoso, que aquel rudimentario objeto.

    —Toca y cállate —gruñó, dejándole el teclado en las piernas. Leslie lo miró con asombro, deslizando sus dedos sobre las suaves teclas al tiendo que movía el interruptor de encendido y el aparato dejaba escapar la nota, sus labios rojos se abrieron en una perfecta y adorable o. Sus manos tomaron el control del instrumento, mientras las notas fluían una tras otras por sí solas, era liviano, suave y sonaba como debería sonar. Aunque no le sorprendía, nada que hiciese el francés funcionaba a medias. Syel se dejó caer sobre su cama, con la mirada fija en el techo. Hasta que sus ojos azules se cerraron, arrullados bajo el sonido de una hermosa nana.

    En momentos como esos, no le importaba que ella rompiera una y otra vez todas sus reglas. Definitivamente, estaba hecho para ella, el objeto, claro.
     
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  9. Threadmarks: Lacerato [Zaady]
     
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    Lacerato. [Zaady]
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    Hipa y no puede creerlo, las lágrimas se deslizan por sus mejillas junto al agua de la lluvia que le empapa el cuerpo y provoca que su cabello se le pegue al vestido y la piel. Relame sus labios, los muerde, los humedece más de lo que están y se sorbe la nariz, se tantea desesperada el estómago. No, el dolor no proviene de ahí. Oh, Dios… siente que le arrancan las tripas.

    Su mente piensa a toda velocidad, considerando factores por los cuales pueda ser aquél dolor, ¿Comió algo que le cayó mal? ¿Se cayó y lastimó? ¿O fue por correr demasiado en la mañana? Su cabeza descarta posibilidades y arruga el camisón azul que la cubre, empapado, pegándosele al cuerpo pero sin definir nada porque a pesar de todo, aún sigue siendo una niña. Sigue sin tener uso o razón, sin poseer una ocupación… Pero está muy cerca de ello.

    Y lo sabe. Y le teme a ello.

    Si bien no le tiene especial temor a los vampiros de la casa porque estos no han intentado nada con ella, sabe que eso algún día va a cambiar. ¿Razones? Muchas, pero la principal es que va a crecer y a madurar, a ponerse mejor, más sabrosa… va a entrar en la edad donde será usada para alimentar a algún vampiro de la casa cuando el hambre se hiciera presente.

    Y no quiere. Demonios, es lo que menos quiere y sabe, lo sabe de sobra, que cuando baje la sangre estará condenada. Marcada. Sus días, probablemente, contados.

    Ha visto las marcas que dejan los dientes de un vampiro y le repugnan. Son horribles. Ellos muerden con tanta fuerza que dejan marcada la piel con toda la hilera de dientes y no para de sangrar ni siquiera cuando la vendan. Y duelen. Tiene por seguro que tienen que doler. ¿Cómo podría ella soportar que la mandíbula de algún vampiro se cerrara para perforar su yugular? ¿Que alguien se alimentara de ella? ¿Y si se enfermaba? Peor, ¿y si moría?

    Cierra los ojos con fuerza en cuanto siente el dolor tan intenso como antes, insoportable. Los pies descalzos se le llenan de tierra y piensa, entonces, que va a recibir el regaño de su vida. Zaac va a ir a su habitación a regañarla, como siempre que hacía una travesura, y va a amenazarla con sus promesas extrañas y con lo mucho que va a disfrutar cuando sea el primero en beber de ella. Madelaine quiere a Zaac, en medio de toda su inocencia, porque es alto y hay ratos en los que es bueno y cálido, pero también le tiene miedo, mucho, por lo que prefiere no toparse con él a menos que sea extremadamente necesario.

    —Madelaine, ¿qué haces aquí? Vamos adentro.

    Gira el rostro y agradece con fuerza que las lágrimas se confundan entre el agua que le golpea la cara, observando a una de aquellas mujeres que actúan de “nanas”. Suelta un poco el camisón y acude hacia ella, nerviosa, pero tratando de dar pasos confiados.

    —Dios mío, estás hecha un auténtico desastre—Dice aquella, quitándole los mechones del flequillo que se le han pegado a la cara—. Entremos antes de que el Señor Zaac te vea y se ponga furioso.

    La mención es suficiente para hacerla espabilar.

    Madelaine no quiere, pero a pesar de eso camina junto a la mujer y exhala lentamente en caso de topárselo, porque no quiere que sepa que ha estado llorando. Sabe cuánto le desagrada el llanto, y no está segura de que la considere una uva verde a la que sólo hay que perdonarle la vida para comerla en lo que madure. Al menos, no otra vez.

    —N-nana… —La llama con voz ronca en cuanto entran a la casa, respirando profundamente—. M-me duele…

    —¿Qué te duele?
    —El estómago.

    Quiere que sea el estómago. Dios, que sea el estómago.

    —No es el estómago. —Su cuerpo brinca y palidece porque lo escucha, está ahí, a pie de las escaleras, serio como un cadáver pero viéndose tan vivo como mil soles—. Álzale el camisón.

    —¿Q-qué? ¡N-no, Nana!

    —Cállate y obedece, mocosa. —Despotrica Zaac, alto, pero no grita. A él no le hace falta gritar para hacerse obedecer, es algo que incluso los niños saben.

    Y Mady cierra la boca. Se calla, empuña las manos y tiembla… de frío, de miedo, de muchas emociones porque siente el torso frío y las piernas tibias. Nana la observa y después al señor. Ella no quiere verlo porque ya ha visto por qué es su dolor. Lo sabe. Lo sabe…

    —Está menstruando.

    Estoy arruinada.

    —Ya lo sé. —Zaac hace un gesto con su mano—. El olor inunda toda la sala. Llévala a que se bañe y déjala en su habitación. Y más vale que la mocosa no esté enferma por tu descuido, o será tu sangre la que correrá escaleras abajo, ¿has entendido? —Ordena tosco, tanto como siempre, observando a su pequeña presa ya no tan pequeña, retorciéndose bajo su escudriñamiento como si Zaac estuviera mirándola con una lupa.

    Sonríe en cuanto se da cuenta de que ella no lo mira. Está roja (en más de un sentido) avergonzada… huele su miedo, la huele a ella.

    —De inmediato, Señor Zaac.

    Madelaine aprieta los labios porque lo más probable es que coja una gripe y no quiere que lastimen a esta Nana. Nana no tiene la culpa, pero tampoco está de ánimos para nada porque sabe, presiente, que justificarse sería un suicidio. No pretende hablar. Sólo quiere ir a su habitación, ducharse, comer algo y arroparse bajo las sábanas hasta que su desdicha pasara.

    Y eso es lo que hace.

    Nana pasa un brazo protectoramente alrededor de sus hombros mientras caminan, consciente del desánimo de la niña, y comienzan a subir las escaleras. Mady siente que el corazón se le da vuelta en el pecho y asciende por su garganta porque Zaac posa una mano sobre su cabeza cuando la hace detenerse a su lado, rebosante de ánimo. Casi puede ver su sonrisa.

    No lo digas. No lo digas. Oh, por Dios. ¡No lo digas!

    —Por cierto, Madelaine —Su voz suena distinta, ¿alegre? Natural, como quien está a punto de hacer un cumplido pero sabe que es bizarro y retorcido—. Hueles bastante bien. No hay duda de que estás hecha toda una mujer hoy.

    Y sus palabras, en vez de halagarla, la hunden aún más.

    .
    .
    .

    Esto es algo que saqué de universofanfics porque como sabrán, Zaady es una pareja muy vieja pero no por eso le tengo menos amor♥ sino al contrario. Le modifiqué y agregué un par de cosas para que coincidiera con esta versión de Le Rouge, así que... <3 espero que no haya sido muy perturbador.
     
    Última edición por un moderador: 19 Octubre 2017
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  10. Threadmarks: Red Velvet~ [Dárvula&Ulrich]
     
    Domenica

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    Red Velvet~ [Dárvula&Ulrich]

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    Cuando Dárvula siente que la sangre brota a borbotones, chocando contra su lengua y calentando sus labios, siente también como si fuese humana de nuevo; como si el latido de su corazón indicara que permanece viva, como si la sangre en sus venas galopara a través de su cuerpo llevándole vida a cada una de sus células. Ella adora clavar sus dientes en la carne tierna y blanda del cuello para sentir otra vez el calor, escuchar el palpitar amortiguado de su corazón y dejar que la vida regrese a cada una de sus células.
    Al morder a alguien, cuando bebe su sangre, son uno. Es su propia sangre la que bebe y su propia vida la que succiona.


    Sufre de un hambre voraz que no es saciada con tanta facilidad como todos quisieran. Para ella, alimentarse tiene un significado peculiar. Alimentarse es recordar que hay algo de vida en ella, que sus vísceras continúan funcionado… es menos monstruo y más humano, es menos cerebro y un poco más de entrañas. Alimentarse es placer, lo disfruta tanto que es como si fuese una petite mort en una noche solitaria. Un poco de gozo íntimo, del que sólo ella puede proporcionarse.
    Al morder a alguien, Dárvula experimenta su particular y retorcido orgasmo, uno completamente distinto del que vive cuando comparte lecho con alguien. Es su placer lo que le llena el estómago.


    —¿Sabes lo que es esto, Ulli? Se llama Red Velvet.

    Siempre ha tenido una inmensa variedad de apetitos, aún puede disfrutar aunque sea un poco de aquellos que son casi únicamente humanos. Aquel trozo de pastel, carmesí como la sangre que tanto le gusta, cubierto de una crema clara, hace que su boca salive casi tanto como cuando huele a Ullrich. Es su pequeño pecado.
    Al morder a Ullrich, Dárvula siente que está un poquito más cerca del Infierno. Le gusta más que ningún otro, con su sangre espesa que sabe a óxido y a magia, con un toque suave de alma que le encanta.

    —Tiene un buen aspecto, pero no tengo hambre. Gracias.


    Delacroix logra, continuamente, mantener a raya las intenciones demasiado extrañas de Dárvula, que sabe son caprichos retorcidos que la hacen feliz. De tanto en tanto, cuando considera que los berrinches de Dárvula no son tan infundados, puede que él se los cumpla… al final, sabe que ella obtiene lo que desea. Pero ese día, él no tiene apetito.
    Al morder el pastel, ella deja que la crema le ensucie la nariz y migas de bizcocho rojo quedan regadas por toda su barbilla, en un desastre casi infantil de pastel en su rostro. Él sólo puede observarla, preguntándose qué significaría todo aquello en el complejo razonamiento de Dárvula.


    —No sabe como tú. Dudo que haya algo en el mundo que tenga tu sabor. Pero es rico.

    Sonríe, con los dientes manchados de rojo y esa expresión sombría en los ojos que la hace ver tétrica, como una muñeca de porcelana. Es esa expresión que delata sus pensamientos, que muestra un poco lo que hay detrás; su sonrisa dice una cosa pero sus ojos tienen voz propia. Dárvula ha creado su atmósfera de enigma alrededor, cimentada en rarezas y en comportamientos inusuales, en risas malignas y en abrazos posesivos, en mucha hambre y en mucha necesidad. Pero para Ullrich, a veces Dárvula es muy fácil de leer.
    Al morder el pastel, él entiende a qué se refiere. Tiene la textura esponjosa del bizcocho sin ser demasiado empalagosa, pero se siente la presencia dulzona de la remolacha; la crema, en cambio, matiza el sabor dulce y le da un toque más sobrio. De pronto, le parece que podría comparar a Dárvula con ese sencillo postre.


    —Se parece a ti, Ullrich —dice Dárvula, como si hubiese adquirido la cualidad de lectora de mentes—, es dulce pero muy tenuemente, tiene especias y tantos sabores que es imposible no querer más. Además, es rojo… y tú eres mi pequeño duendecillo rojo.
    —También se parece a ti. Terciopelo rojo, como el vestido que llevas puesto.

    La vampiresa, mirándose encantada del descubrimiento de su humano favorito, da una vuelta sobre su propio eje y logra con ello que la falda de su vestido se abra como una flor. Finalmente, complacida, se acerca a Ullrich, tan cerquita que puede escuchar la sangre que corre por sus venas y se le abre el apetito.
    Al morder a Ullrich, sabe que no hay nada en el mundo que se iguale a él.


    —Le llaman Devil’s Food, así que cada vez se parece más a ti, Ulli.

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    Última edición por un moderador: 19 Octubre 2017
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  11. Threadmarks: «secundario» Nash Devereux
     
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    [humano, no viajero(?)]

    Nombre: Nash Devereux.
    Edad: Veinte años.
    Descripción psicológica: Es un muchacho con gran fortaleza, y está increíblemente consciente de ello. No hay nada que no pueda hacer si se lo propone con seriedad, simplemente porque cree en la fuerza del espíritu y en la famosa frase que reza “querer es poder”.

    Es, probablemente, uno de los seres humanos con mejor actitud. Es dado a ayudar a las personas, solidario y generoso con los demás dentro de lo que pueda. No es precisamente vivaracho pero tampoco es callado o tímido. Mas bien, Nash sabe cómo comportarse según la situación. Es dado a su trabajo y a sus responsabilidades en la casa; pocas y nulas veces ha puesto “peros” al realizar sus deberes. Trata de no meterse en los asuntos de nadie o expresar lo que piensa sobre lo que otros hagan; no obstante, cuando presiente o sabe de insofacto que alguien va a cometer un movimiento idiota que lo afectará en algún sentido, dice lo que atraviesa su mente sin ton ni son, y es algo que odia porque si hay algo que Nash detesta, es herir sensibilidades innecesariamente.

    Es competitivo y audaz. Suele tomarse todo como una competencia. Siempre quiere ser el mejor, siempre quiere ser el primero, siempre quiere impresionar a los demás. Ganar respeto, y a veces ésto suele ser un problema porque no sabe cuándo parar. Es extraño, además, percibir en él energias negativas cuando se trata incluso de los vampiros porque, sorprendentemente, suele tener a la raza en gran estima. Por supuesto, hay excepciones, pero Nash no deja que un par de manzanas podridas echen a perder el cesto. De hecho, considera que los vampiros son por lejos una raza mejor que la humana. Si bien a su alrededor les maldicen y les odian, él considera que el villano no es el vampirismo sino quien lo porta. “Depende de ti cómo uses los colmillos, si para alimentarte o para hacer daño”

    Descripción física: Tez blanca. Alto y delgado, con un par de músculos aquí y allá pero nada definido. Cabello castaño claro corto pero abundante, y ojos del mismo tono, rodeados de gruesas pestañas. Cejas pobladas, pómulos altos y expresión seria, aunque está lejos de serlo.

    [​IMG]
    [​IMG]

    Historia: “Adoptado” al ser un bebé por Franchesca Devereux, una Vampire de características amables y suaves que durante los once años que estuvo cuidando de él, le enseñó a Nash las virtudes de ser un vampiro… al menos hasta que salió en una misión de reconocimiento cuando él tenía catorce años y nunca más regresó.

    Gustos/Disgustos/Extras:
    —Quiere ser vampiro algún día. Es una meta que se ha planteado, pero no está obsesionado con ello.
    —Le desagradan los vampiros altivos y pomposos.
    —No tiene pelos en la lengua para decirle a alguien cuánto lo aprecia, o lo odia.
    —Es educado con las mujeres y juega con los niños de la casa.
    —Tiene debilidad por el cabello largo en las chicas.
    —Odia que le mientan.
    —Es jardinero.
     
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  12. Threadmarks: ¿Tocas para mí? [Leslie & Madelaine | Le Rouge]
     
    Amane

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    ¿Tocas para mí?
    [Arte]

    Una suave melodía, melancólica, se extendía por la habitación de la vampiresa. No era la hora en la que Leslie solía tocar, de hecho era bastante tarde, pero ella no podía evitar responder a sus impulsos, y las pálidas teclas del piano simplemente la llamaban.

    Así que, cuando el sol estaba empezando a ponerse, sus dedos comenzaron a moverse de forma delicada por las clavijas, dejando sonar esa suave armonía. Cerró los ojos mientras se concentraba en tocar, pero por su mente pasaban imágenes borrosas de lo que pudo haber sido su casa y su familia. Recordaba esa canción, la aprendió cuando aún era humana.

    —Leslie… —la dulce voz de Mady hizo que la pelirroja parase sus dedos en seco, dirigiéndole luego una mirada curiosa y amable, aunque con unos ojos levemente aguados.

    La rubia sabía que no debía preguntarle el por qué. Leslie podía ser el ser sobrenatural más amable de todos pero seguía teniendo ese aura intimidante que dejaba claro que límites no se podían cruzar con ella. Así que Mady tuvo que aguantarse y no saber nunca por qué la alegre chica estaba a punto de llorar mientras tocaba.

    —Mady, ¿qué haces aquí? Es bastante tarde. Deberías asearte e ir a dormir~ —Leslie habló con ese tono amable que la caracterizaba, aunque no dejaba de poner autoridad.

    —¡Estaba yendo a ello! Y te escuché… —Empezó a explicar, algo tímida—. La canción me dio mucha pena así que quise venir a… escucharte más de cerca —admitió finalmente, la mirada levemente bajada de forma avergonzada.

    Todos en la mansión sabían y debían admitir que lo que Leslie hacía con el piano era arte, el más bello arte que podían sentir en ese lugar. Y a pesar de ello, todos se conformaban con los pocos minutos de cada mañana, pues sentían temor de pedirle que continuase con otra pieza.

    —Siéntate en la cama, Mady —ordenó, con una voz realmente imperiosa y dominante, haciendo que la rubia obedeciese sin rechistar.

    En cuanto la humana cumplió las órdenes, Leslie volvió a teclear delicadamente, poniendo toda la emoción que podía sentir para que las notas fluyesen con suavidad, acariciando los oídos de Madelaine, quien incluso cerró los ojos para sentir más profundamente la música.

    Para cuando la canción acabó, la escocesa observó que la pequeña e indefensa humana se había quedado dormida adorablemente sobre su cama.

    Se levantó de su lugar y cogió a la chica en sus brazos, saliendo de su habitación para llevarla a la que compartía con Caroline.

    Tras entregarle a la mayor el cuerpo profundamente dormido de Mady, miró con una sonrisilla como Syel asomaba la cabeza por la puerta de su habitación.

    —¿Quieres que te cante una nana a ti también? —preguntó ella acercándose de forma sigilosa—. ¿O prefieres que pasemos la noche despiertos? —Y la mirada que le lanzó fue una razón suficiente para que el francés gruñera y cerrara la puerta de un portazo.

    —¡Piérdete Leslie! —gritó desde la “seguridad” de su cuarto.

    La vampiresa solo sonrió de lado antes de volver a su habitación.

    Le encantaba que se hiciese el duro, pero esos trucos no funcionaban con ella.
     
    Última edición: 21 Septiembre 2016
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    rhapsodic

    rhapsodic кучко. Comentarista empedernido

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    Leslie es la vampira más adorable del mundo, ¿sabes? es muy fresco que entre tantos vampiros sádicos y sanguinarios, haya una que sea amable y dulce. Es precisamente por eso que está perfectamente IC que Mady no tenga miedo de entrar a su habitación, sentarse en su cama, invadir el espacio de un chupasangre, sólo para escucharla tocar el piano. Además, estoy segura de que Leslie toca como los ángeles.

    La escena con Syel fue lol, hahaha. Leslie siempre tan coqueta, molestándolo.
    ¡Lo amé, Amaneee! gracias.

    Es "Madelaine", cariño<3
     
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  14. Threadmarks: Fruta favorita [Syel & Leslie | Le Rouge]
     
    Amane

    Amane Equipo administrativo Comentarista destacado the lovers eighteen k. gakkouer tall n' spicy

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    Igual se me fue un poco la pinza pero meh, ¿importa? (?)
    No sé si me puedo inventar a este personaje pero pues si no, lo siento D:


    Fruta favorita
    [Cereza]

    —Señorita Leslie… —una tímida voz masculina detrás de la joven hizo que ésta se girara, interrumpiendo su caminar.

    Distinguió a uno de los humanos que vivían en la casa. Era un chico alemán de más o menos unos 19 años. Todo un niño, aunque para ella todos los humanos eran simples niños.

    —¿Sí, Adler? ¿Sucede algo? —cuestionó ladeando al cabeza mientras sonreía de esa forma que hacía caer a todos los chicos [a todos menos uno, claro].

    El joven inmediatamente se tensó y apartó la mirada, intimidado y asustado. Tartamudeando consiguió formular la pregunta que quería realizar:

    —¿C-cuál es su fr-fruta favorita?

    Leslie cambió totalmente su expresión, no sabiendo que responder exactamente. ¿Su fruta favorita? ¡Le gustaban muchas! ¡Sobre todo si eran rojas! ¡Y dulces! ¿Cómo elegir?

    —No lo sé. Tengo cierta preferencia por las fresas, las sandías, las cerezas… supongo —respondió, encogiéndose de hombros.

    El chico pareció mostrar una sonrisa satisfecha y casi compartió una mirada con ella, pero fue demasiado corta como para poder estar seguro de ello.

    —¿P-puede esperar un minuto? —ella asintió, ¿qué era un minuto más en su vida?

    Decidió sentarse en un sillón mientras el chico volvía, mirando los cuadros que decoraban el salón o la gente que pasaba por los pasillos. Hasta que vio a la persona que menos se esperaba.

    —Aish —murmuró en forma de queja, intentando esconderse.

    —¿Intentas esconderte de mí? ¿Teniendo ese pelo tan llamativo? —murmuró Syel molesto mientras se sentaba en un sillón que la enfrentaba. Levantó una ceja, escéptico—. Además, ¿tú… escondiéndote de mí? —siguió preguntando incrédulo.

    —No eres el centro de mi vida, Syel —respondió la escocesa haciendo un puchero.

    Sabía que estaba teniendo una ligera obsesión con el francés últimamente, pero eso no significaba que vivía por él. Ella también se cansaba de sus actitud agria de vez en cuando y necesitaba relacionarse con otros chicos.

    >>¿Te importaría irte? Voy a hacer algo importante y no quiero tenerte cerca —informó, con cierto tono de superioridad.

    —No, quiero quedarme. —Leslie suspiró pero no quiero rechistarle.

    Entonces, el otro humano apareció con un bol en las manos y unas brillantes y apetecibles cerezas llenándolo.

    —¿I-interrumpo? —murmuró, repentinamente asustado por la presencia del francés, quien tan solo miraba de arriba abajo al pobre joven.

    —¡Para nada, cariño! —respondió la escocesa con voz amable, poniéndose en pie para agarrarlo del brazo y así guiarlo dentro del salón.

    Dejaron el bol en la mesa y ambos se sentaron en unas sillas vecinas; Leslie sonriendo encantadoramente, Adler temblando lleno de nervios.

    Estuvieron hablando un rato, la vampiresa intentaba calmar al joven, sin embargo no podía evitar mirar de vez en cuando de forma disimulada a Syel.

    —¡Muy bien! ¡Las probaré ahora! —exclamó alegremente antes de coger una cereza del cuenco.

    Y Leslie, sabiendo que ambos chicos le prestaban atención, no pudo evitar sacar a relucir su lado más provocativo, comiendo una simple cereza de una forma que nadie pensaría que fuese posible.

    Incluso el francés tuvo que tragar duro tras la escena, aunque su recuperación fue más rápida y discreta que la del alemán.

    —Están muy ricas, Adler. Muchas gracias~ Me las llevaré a mi cuarto —agradeció depositando un beso en su mejilla antes de ponerse en pie y coger las frutas para ir a su cuarto.

    Claro está, al pasar al lado de Syel tuvo la imperiosa necesidad de sonreírle y guiñarle un ojo.

    Sí, se cansaba de su actitud, pero al final siempre acababa volviendo a él porque era Syel, su humano favorito.
     
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  15. Threadmarks: Para que recuerdes [Syel & Leslie | Le Rouge]
     
    Amane

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    Aquí me he lucido, 700 palabras, wow XD Pero igual, creo que es tarde, se me va la pinza ya demasiado XD


    Para que recuerdes
    [Collar]

    Era un día soleado, algo extraño pero cierto.

    Y aunque los humanos podrían aprovechar esas pocas horas que les eran otorgadas cada cierto tiempo, realmente solo Syel salía de la mansión para descansar bajo los rayos del astro rey.

    Entonces, cuando el francés se encontraba en la soledad del jardín, creyendo que por fin tendría algo de tranquilidad, esa voz aguda e irritante se presentaba junto a él. Nunca, estaba seguro, nunca, tendría la oportunidad de librarse de esa bruja endemoniada. ¿Por qué tuvo que pedirle a ella precisamente…? ¡Ah, sí! La otra opción era Dárvula.

    —¿Qué quieres Leslie? —murmuró, frunciendo el ceño ante su presencia pero sin abrir los ojos.

    —Tengo que pedirte un favor muy grande —empezó a hablar y ese tono forzado, intentando sonar más adorable, avisaba a Syel de que no podía esperar nada bueno.

    Sin embargo, se mantuvo sereno.

    —¿Y qué gano yo?

    Leslie rodó los ojos. Claro que no había olvidado ese detalle.

    —Mira, te daré o haré lo que quieras, solo arréglame este collar, ¿sí? —aceptó con facilidad, sacando una fina cadena con una pequeño abalorio dorado y poniéndoselo al chico en las manos.

    —¿Para qué lo quieres?

    —¡Solo arréglalo y deja de preguntar! —espetó ella antes de ponerse en pie, enfurruñada de manera infantil. Se alejó bajo la mirada incrédula del francés. Esa chica tenía unos cambios de humores demasiado complicados como para él entenderlos.

    ._____._____.

    Syel, quien quería saber qué es lo que pasaba con los objetos que reparaba, al día siguiente siguió a la vampiresa por los pasillos para saber qué haría con el collar, pues no parecía algo que ella fuese a ponerse.

    Le sorprendió en gran medida ver como entraba a la habitación de Mady y Caro, tras pedir el paso educadamente.

    Sin embargo, aquella vez estaba solo Mady, leyendo uno de los libros que ella misma le había prestado.

    —¡Oh! ¡Hola, Les! —saludó al darse cuenta de su presencia, cerrando el libro en el proceso.

    —Hola, Mady, pequeña~ —Devolvió el saludo con una sonrisa, las manos detrás de la espalda.

    —¿Qué traes ahí? —preguntó con genuina curiosidad la rubia, señalando lo que la escocesa estaba escondiendo.

    —Estuve pensando y llegué a la conclusión de que quería que tuvieras algo que te hiciera recordar que estás a salvo. Pensé y pensé que podría darte hasta que encontré esto en un mercado de segunda mano. —En ese momento descubrió el delicado collar hacia la chica, quien lo observó con una adorable expresión de sorpresa—. Lo vi y pensé al instante en ti. Tan delicado, tan frágil pero a la vez tan fuerte y resistente… como tú. Lo compré, Syel lo arregló y ahora te lo doy~ —explicó la vampiresa a la par que Mady se bajaba de la cama para coger la joya de sus manos, admirándola—. Cuando te sientas mal o el, hum… no puedo decir esa clase de palabras delante tuya pero ya sabes, de Zaac se meta contigo, recuerda que la genial y estupenda Leslie estará cuando necesites ayuda —dijo con una actitud tan infantil que hizo sonreír a la humana.

    Mady, tras unos segundos de dilema interior, decidió hacer una pequeña locura y abrazar a la vampiresa por la cintura, feliz.

    —Muchas gracias, Les… —murmuró.

    La pelirroja se sorprendió pero poco después correspondió como pudo, intentando no hacerla sentir incómoda con su increíblemente frío cuerpo.

    —Lo cuidaré —prometió en cuanto se separó.

    —Está bien, sé que lo harás —sonrió la vampiresa.

    Y tras ponerle el colgante en su delicado cuello, salió de la habitación, desbordando felicidad.

    —Te he visto, idiota. No intentes engañar a un vampiro —dijo riendo al salir, observando poco después como Syel salía de detrás de una columna.

    Carraspeó, intentando no mostrar vergüenza.

    —Bien, ahora te toca hacer lo que yo quiera. Eso significa cumplir las normas —sentenció, con su típica serenidad mientras veía a la otra hacer un puchero.

    —¡Pero solo un día!

    —¡Ni modo! ¡Un mes mínimo! —Saltó a la defensiva el chico, sabiendo que ella intentaría engañarlo.

    —¡Una semana!

    —¡Tres!

    —¡Una y media! ¡Y de ahí no me muevo!

    —¡Cómo quieras! ¡Si al final acabarás haciendo lo que te venga en gana! —gruñó antes de alejarse a su habitación.

    Pero Leslie era una chica de palabra y si lo había prometido, lo cumpliría. Estaría una semana y media sin molestar a Syel… claro que eso significaba el doble de molestia en los próximos días.

    Leslie sonrió antes su propia mente maestra.
     
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    JAJAJAJAJAJAJA, están decididas a hacerme reír hoy. Leslie la amo por esa línea de humanidad que se mezcla con su existencia vampirica, pero ella tiene un alma hermosa. SO CUTE. Y el portazo, jajajajajajajajajajajajajaja, niño malcriado al fin, los amo juntos. Porque como ella dice, él no deja de hacerse el duro, pero al final siempre termina viéndola.

    <3
     
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    Coño, como no amarte chama si me escribes estas cosas tan preciosas en la vidaaaaa. Claro, como tu mencionaste en la ficha, Leslie es muuuy coqueta jajajaja una leve obsesión hahahahahahahaha ay dioj, esos dos son un caso serio, además, él se sentó con ella, también quiere su atención.

    Y ese final.

    PROMESAS DE UNA NOCHE INTENSA /COFCOFÉLYALOSABE/

    Lo amé.
     
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    HAHAHAHAHA, él pensando que se libraría. Pero NO. Luego el castigo será el triple.
    Wow, es un gesto tan lindo el de Leslie. La veo siendo del bando pro-humano. Cómo Syel podría no enamorarse de ella? ¡Hasta yo! Te escribiré algo hermoso y romántico que se me ocurrió, espero me de tiempo :*
     
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    Ay Dios, como pude amar este escrito, te lo digo en serio XD

    Leslie llega a molestar tanto a Syel que éste decide escribir las reglas [de nuevo, porque ya la tiene harta con tanto repetírselas (?] en una pizarra para dejárselo claro. Y la pobre chica está pasando un mal rato.

    Pero sinceramente, era obvio que no iba a ceder ante sus reglas e iba a modificarlas a su favor. La verdad, lo hace solo por diversión porque es obvio que no le haría caso de ninguna manera. Como si ella no pudiese entrar a su habitación cuando quisiese, jé.

    Y bueno, Syel debería saber eso, así que no debería seguir irritándose. Mucho es que se pone guantes para no molestarle, ¿qué más quiere? No va a conseguir que lo deje en paz nunca XD

    Me ha encantado, en serio ;-; <3 Necesito más (?
     
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  20. Threadmarks: Miedo [Caroline Steel, Zaac Kana]
     
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    [Colectivo] Le Rouge - Colección de historias
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    -6
     
    Palabras:
    1325
    Título: Miedo.
    Personajes: Caroline Steel, Zaac Kana.
    Palabra: Desesperación.
    Mes: Julio.
    Cantidad de Palabras: 1.249
    Nota: Bueno, la primera vez que escribo de estos dos en sí. Me costó un poco, sí, pero igual espero que no haya hecho OoC con Zaac, y si lo hice lo siento D: Tenía que sacar esta idea que me tenía dando vueltas en la cabeza de hace días...

    @Nastia



    ~

    Era de noche, muy de noche, dedujo Caroline, por la penumbra en la que se hallaba inmersa su habitación cuando se despertó de golpe, jadeando y con mucho calor. Era la quinta vez que sucedía aquello en menos de un mes, desde que había desaparecido el niño llorón de la mansión y Caroline había visto a Zaac arrancarle la cabeza a otro sujeto de un tirón tan fácil, como si no le costara ningún esfuerzo hacer tal acción. Desde entonces, algunos de sus sueños se estaban tiñendo mucho más oscuros, más pesados y desesperantes de los que haya alguna vez recordaba haber tenido, hasta tal punto de despertarse con una sensación de miedo hormigueándole en la piel. Y Caroline, desde el tiempo que llevaba en la mansión, nunca antes se había despertado con miedo, nunca.

    Ella no se consideraba una chica cobarde, por supuesto que no, pero algo estaba sucediendo con ella, quizá de una manera inconsciente que no era capaz de alcanzar y comprender. La primera vez que tuvo tales sueños oscuros, le echó la culpa a una cena pesada con carne. La segunda vez a la riña que había tenido con Syel una tarde. La tercera vez a la conversación que habían tenido todos los humanos en la sala sobre la desaparición del niño llorón, pero para la cuarta y quinta vez ya se le habían acabado las excusas. Si le preguntaba qué soñaba exactamente, Caroline no habría sabido qué responder. Al despertar no recordaba absolutamente nada, pero la sensación de un mal sueño y el miedo estaban ahí, tatuadas sobre su piel, y muy claros como para restarle importancia.

    Sintiendo una repentina desesperación al pensar que una vez que volviese a cerrar los ojos toda aquella sensación de miedo volvería para quedarse grabada en su piel permanentemente, Caroline salió de la cama echándose un suéter sobre su torso y saliendo de su habitación. El pasillo estaba levemente iluminado por algunas bombillas en las paredes largas y blancas, capaz de guiarle el camino hasta donde ella quisiera dentro de la instancia a esas horas.

    Recorrió el camino que daba hasta la puerta trasera de la mansión, la que daba a los jardines con grandes árboles de hojas amarillentas para esa época, y pensó que sería buena idea pasar un rato sobre el suelo verde y la luz de Luna bañándola completamente. Quizá así se le esfumarían de la cabeza aquellos sueños oscuros que le tenían los nervios de puntas, quizá un poco de aire nocturno era todo lo que necesitaba. Eso, y un té de Valeriana.

    ―Cuando sea hora de cenar, pediré que quiero mi cena acompañada de una taza grande llena de té Valeriana, seguro así podré dormir tranquila toda la noche, y siempre ―murmuró para sí misma mientras cruzaba la pequeña sala hasta la puerta trasera, acurrucándose en su suéter con los brazos cruzados sobre su torso.

    Estaba por abrir la puerta para que el aire limpio le golpeara en la cara cuando alguien la sujetó por el brazo y la echó a un lado con brusquedad, haciéndola trastabillar con sus pies y soltar un pequeño chillido por la sorpresa. ¿Qué demonios? Caroline pensaba que estaba sola, no había visto ni escuchado a nadie en los alrededores cuando salió de la habitación, pero cuando volteó su cabeza ahí estaba Zaac Kana mirándole con su ceño fruncido y sus ojos azules tan hermosos y crueles.

    ―¿A dónde carajos ibas a estas horas, niña? ―Le preguntó con brusquedad, tomándola por la muñeca a su vez y empujándola lejos de la puerta―, ¿es qué pensabas fugarte de la mansión? Muy mal, Caroline, muy mal.
    De repente la sensación de miedo fue suplantada por un repentino enfado. Siente que la insulta al decirle que planeaba huir de la mansión, a Caroline aquello nunca había cruzado por su mente como un objetivo, no realmente, muy a pesar de que vivía rodeada de vampiros y hasta humanos insufribles, consideraba la mansión su hogar y un lugar seguro.

    ―Yo no planeaba ninguna fuga, simplemente no puedo dormir e iba a salir a los jardines un rato, es todo. ―Hace un pequeño ademán de soltarse del agarre del otro, pero la mano de Zaac es fuerte y no cede, y Caroline sabe que es mejor quedarse quieta y no forcejear, conociendo al vampiro ella sabía que podía irritarse hasta tal punto de querer torcerle la muñeca sin importarle que los huesos humanos fueran sumamente frágiles. Y ya de por sí que se veía de mal humor…

    Ah, qué mala suerte la de Caroline toparse con él esa noche y a esas horas. Era el vampiro que menos soportaba en la mansión, y su disgusto crecía cada día cuando veía lo mal que Mady la pasaba a su alrededor. Mucho le aconsejaba a la pequeña que se alejara de él o le hiciera frente, pero Mady no tenía esa dureza ni siquiera en su voz, así que algunas veces no podía hacer más que ayudarla a tapar sus heridas y vociferar impropios contra el vampiro.

    ―Ningún humano mocoso puede salir de la mansión después de que los hayamos mandado a ponerse sus pijamas y a dormir, son las reglas ―la escudriñó con la mirada, para luego soltarle la muñeca con brusquedad. Dio un paso atrás, metiendo las manos dentro de los bolsillos de su pantalón mientras una larga y burlona sonrisa empezaba a besar sus labios―. ¿O es que las reglas no te entran en esa cabecita tuya plagada de pesadillas?

    Caroline sintió que el corazón le brincó dentro del pecho.

    ―¿Cómo sabes eso?

    ―No hay nada que pase en esta mansión que yo no sepa, niña.

    De repente, Caroline sintió que la piel volvió a hormiguearle. Ella no le tenía miedo a Zaac a pesar de que sabía que era un vampiro cruel y despiadado, de un trato hostil hacia los humanos, y no era la primera vez que cruzaba palabras con Zaac de esta manera, pero por alguna razón sentía que esta vez había un transfondo en sus palabras que la hizo tragar grueso.

    Caroline no había querido contarle a nadie sobre sus pesadillas, ni a Mady, creyendo así que las mismas eventualmente se esfumarían sin importancia alguna. Sólo eran unos cuantos malos sueños, cualquiera en su vida ha tenido malos sueños… Pero el sólo hecho de que Zaac sabía exactamente lo que le estaba ocurriendo por las noches, la hacía temblar levemente y darle más importancia de la que quisiera.

    ―¿Sabes qué? Ya me quitaste las ganas de ir a los jardines, mejor me regreso a mi habitación. Buenas noches.

    Y, sin querer esperar respuesta del vampiro y rezando de que no se ofendiera por su repentina partida, Caroline se dio media vuelta y empezó a caminar dando grandes pasos, anhelando llegar a su habitación y refugiarse dentro de sus paredes.

    ―Dulces sueños, niña.

    Escuchó que le habían dicho antes de irse, pero Caroline no podía estar segura si había sido la voz de Zaac justo cuando le dio la espalda o su imaginación. No se volteó para confirmar alguna de esas hipótesis, en su lugar decidió seguir de largo por el camino que conducía a su habitación para meterse entre las sábanas y obligarse a dormir.

    Caroline sabía que no habría dulces sueños para ella esa noche, porque la piel aún le hormigueaba y el pecho le apretaba, pero esta vez tenía una nueva excusa para su sexta pesadilla en menos de un mes.

    Y esperaba que fuera la última.
     
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