Noté que giró su rostro, no giré el mío ni nada pero fue obvio su contrariedad, vete a saber el por qué pero tampoco me importaba en realidad. Preguntó con incredulidad el que el albino la hubiese invitado a salir, no respondí nada a eso porque ya lo había dicho, y no me gustaba repetirme. Casi inmediatamente cuestionó si ella había dicho que sí, y sí ¿no? Alicia había aceptado, aunque no le vía ciencia las vueltas que le estaba dando Shiori a esto. —Ni corta ni perezosa —murmuré como respuesta afirmativa de que había acepotado; me hizo dedicarle dos neuronas extras al asunto y lo resolví con sencillez en mi cabeza: Rockefeller era de pueblo, probablemente en su vida había visitado un parque de diversiones como los que se presenciaban en ciudades grandes, además, la niña parecía llevarse bien con Craig, y no dudaba el que estaría segura con él. Shiori mencionó sobre no llevárselos ahora y me encogí de hombros, porque no había sugerido que se los llevara ahora, ni sabría donde estaba el par, así que la decisión tomada de dárselos al final del día era la más lógica. —Como quieras —me giré para empezar a lavar lo que habíamos utilizado y ya estaba libre, adelantando la limpieza del espacio.
En general Cragi me parecía amable, pero desapegado, incluso parecía no llevarle el apunte a las estupideces de Katrina aunque también parecía tener una complicidad un poco extraña con ella. Lo que quería decir era que por eso me pareció un poco fuera de lo normal escuchar que había invitado a la rubia a salir, aunque imaginaba que era una salida de amigos, pero también fue raro en sí que Paimon lo trajera sobre la mesa. Sonó a que lo hizo por sacarse el asunto de encima, pero fue tan específico que me hizo cuestionarme si le importaba en realidad que su amigo se llevara a la chica a una salida sin más por más "salida de amigos" que fuese. Su resolución a por qué la chica había aceptado no la compartió con la clase, pero de haberlo hecho lo habría puesto a cuestionarse la cosa un poco más. La otra podía venir de un pueblo en el culo del mundo y lo que quisiera, pero uno no aceptaba salidas así sin conferirles una cuota de pensamiento antes. Ella parecía cómoda con Paimon, para sorpresa de todos, así que por extensión debía sentirse cómoda con Suiren. Este chico sabía que ella estaba bien con Suiren, ¿pero entonces por qué diablos soltaba lo de que la había invitado a salir de esa manera? Es más, ¿qué demonios había preguntado yo para recibir esa respuesta? —¿Y no te invitaron? —pregunté solo por fastidiar, pero también para darle un poco más de forma a la cosa. Saqué la tercera crepe, al final no puse a cocinar una cuarta si no que apagué el sartén y le alcancé las tres que había hecho a Paimon antes de poner el sartén en el fregadero. No quería gastar mucho más tiempo, además de que eso dejaba un poco más de mezcla para las de Suiren y la chica rubia.
Si tuviese idea de todo lo que estaba preguntándose Shiori en su cabeza le cortaría el hilo en un segundo, sin embargo estaba ajeno a todo lo que ella comenzaba a cuestionarse. La relación de Craig y Katrina para sorpresa de nadie tampoco terminaba de entenderla, era como un si y un no al mismo tiempo, en donde el infierno que desperdigaba la niñita no lo tocaba en lo más mínimo, quizá por eso de igual forma funcionaba la forma desligada de ambos, se notaba hasta cierta cooperación pero tampoco era algo de mi interés. Como fuese, la muchacha aquí presente hizo el pobre intento de molestarme con una pregunta de rutina que rebotó en el espacio, desvaneciéndose al responderle con otra pregunta: —¿Interesada en saber? —cerré el grifo al terminar de lavar los utensilios, recibiendo las bases que había finalizado Shiori por lo que le di el espacio a ella a que lavara el sartén,comenzando a esparcir las fresas, y con una manga pastelera continué con la crema batida y el chocolate líquido, de una forma similar en las tres crepes. Finalicé con algo de azúcar glas por encima, y ya luego limpié los bordes del plato donde los serví para que se mantuviera estético por pura manía. No estaba mal, podría estar mejor, pero nada que hacer con el tiempo escaso y los ingredientes de mediana calidad. >>Listo el postre.
—Un poco —confesé respecto a mi interés en saber lo de Craig y la rubia, aunque se me aflojó una risa—. Más por lo que pueda pensar la niña de tu posible ausencia que por nada más. Lo solté porque me vino en gana, porque alguien tenía que empezar a señalarle las cuestiones también, pero en gran parte porque sí. Tampoco le di mayor importancia, lavé el sartén para dejarlo escurrir y cuando terminé eso busqué en una de las gavetas para sacar un tenedor antes de volver con Paimon, que ya se había puesto a terminar de ensamblar el postre. Arrastré un banco, me di cuenta que él hasta le había limpiado los bordes al plato y me reservé la gracia. Puede que fuese una obviedad, así como lo había sido el asunto de Altan con el poder y el control, pero la indiferencia de Paimon, su falta de empatía y todo eso trazaba un límite muy claro. No esperaba de él nada y en consecuencia tampoco yo entregaría nada; ese era, de hecho, el trato que habíamos establecido. Como fuese, acomodé el banco, me senté y corté un bocado de una de las crepe sin más. Me permití el atrevimiento de observarlo como si fuese a juzgarlo, que de por sí casi todo lo había hecho yo, y sonreír antes llevarme el tenedor a la boca, mirando Paimon. La verdad era que estaban buenas, así que si no fuese por cuestiones de tiempo habría acabado comiendo quién sabe cuántas. Me relamí los labios, preparé otro bocado en el tenedor y lo estiré hacia él. La sonrisa se me había ensanchado, así que la mantuve sin mucho problema y también sostuve su mirada.
No entendí a que se refirió con lo que pudiese pensar Rockefeller con mi ausencia por lo que no agregué nada más, no le vi el caso. Shiori lavó lo último, anuncié la finalización del postre y ella trajo un banco, opté por quedarme de pie porque dentro de poco sonaría el timbre y ya estaría bastante tiempo sentado. Apoyé el codo sobre el mesón, y el mentón sobre mi palma en ella arrastraba el plato. La muy descarada miró el platillo como crítica de gastronomía, no me inmuté de igual forma porque no había oportunidad de recibir una observación de su parte, lo terminó degustando con una sonrisa, como era de esperarse, volvió a pasar el tenedor para cortar otro trozo, lo extendió y repasé el ofrecimiento hasta llegar a sus ojos anaranjados, insolentes de por sí. —Ya dije que no como dulce —le recordé en un murmuro notando que su sonrisa se mantenía y el sostenimiento de su mirada también—, no me gusta repetirme.
El dulce del chocolate con el de la crema batida era bastante agradable, las fresas estaban un poco más ácidas de lo que me habría gustado, pero no podía hacer mucho para controlar la maduración de una fruta así que ni modo. Paimon rechazó mi ofrecimiento, haciéndome reír, así que terminé por comer el bocado que había preparado para él, balanceando las piernas en el banco. —Aburrido —repliqué justo como él había hecho antes. Comí un poco más, porque tampoco iría uno a desperdiciar un postre, y unos segundos después dejé el tenedor en plato. Pesqué algo de crema batida con el índice, porque sí, y estiré la mano en su dirección. —¿Ni la crema? —insistí porque me importaba bastante poco hacerlo repetirse—. Le puse menos azúcar por ti.
La vi regresar el tenedor a sus labios para ella comer el trozo al que me había negado, noté también el movimiento de sus piernas por el ligero balance de su cuerpo. Parecía una niña chiquita toda entretenida con un caramelo, lo que me causaba cierta cuota de gracia. Como fuese, me enderecé, paseando la vista de nuevo por las ventanas. En ese momento Shiori me ofreció la crema batida, la mira de perfil; su convencimiento con lo de que mermó el azucar provocó que soltara el aire por la nariz con cierta jocosidad. —Ni la crema —afirmé regresando las pupilas negras al frente. Ya ella estaba enterada de la única manera que comería ese dulce, así que mientras no se le antojara cumplir las demandas, a mi no se me antojaría probar nada de ese plato.
Reí cuando me rechazó por segunda vez, terminé por encogerme de hombros y regresé la mano a mi espacio, quitando la crema batida de mi dedo con la lengua sin demasiado problema y sin ninguna segunda intención real en el gesto. Pobre criatura, debía vivir una vida bastante amargada sin ceder en sus caprichos, aunque tal vez podía decirse lo mismo de mí. Porque seguía pretendiendo controlar una telaraña a mi alrededor. —Gracias por preparar el chocolate —dije de todas formas, fue relativamente genuino, y comí un poco más. Pensé en decirle que en efecto había hecho que comiera algo mejor que los pocky, pero no creí que hiciera falta desacreditar así el gesto de Zoldryck. Al final del día seguía apreciándolo y era consciente de que había afecto real en esa clase de cosas, en los chocolates que pasaba a dejarme al salón aunque nunca me los diera en persona, en comparación a esto incluso si saciaba más. Por eso era injusto lo que hacía. —Si quieres comer, ahí está el almuerzo. Ya sabes que no acabarás muerto ni indigestado por probarlo, pero como prefiera el señor chef. Contenido oculto quizás este sea mi último post, quizás no JAJAJ mañana veremos
Me agradeció por el chocolate y no respondí a eso, aunque en algún punto si rodeé la mesa para alcanzar lo que era su almuerzo, sin permiso de nadie pero bueno, la princesa aquí presente me había ido a buscar este receso para terminar preparándole un postre, ya parecía más caprichosa de lo que yo podría llegar a ser. Fue entonces que me ofreció de su bento, el cual ya traía en las manos, lo destapé sin afán luego de notar la hora. Eché un vistazo a los alimentos y con los palillos comencé a separar lo que consideraba y comería. —No sé si debería cobrarte por prepararte eso —murmuré molestándola en lo que llevaba las verduras a mis labios, mastiqué con lentitud descansando la espalda baja en el mesón vecino al nuestro. Y con la expresión de eterna desconexión tragué, mirándola de regreso. —¿Trajiste algo de tomar?
¿Qué si un postre era un almuerzo? No, pero tampoco iría a quejarme, si de repente lo que podía sacar de esto también era que Paimon terminara aquí preparando chocolate era ganancia y eso lo reconocía. Además me había distraído de cualquier posible incomodidad al pisar la cocina, pero quizás justo por eso tuviera que regresar por mi cuenta otro día. Para confirmar si podría volver o mejor nunca lo hacía. —Tal vez —apañé a lo del cobro antes de comer otro bocado—. Aunque quién sabe si querría pagarte. La respuesta y en sí todo fue bastante ambiguo, pero me dio igual como solía ser siempre. Seguí comiendo, solo reparé en él de nuevo y señalé con un movimiento de cabeza la mesa, un poco más allá del almuerzo estaba la botella. —Es agua, debe estar algo fría todavía aunque el térmico de la botella no es muy bueno. Si la percepción del tiempo no me fallaba, no debía quedarle mucho al receso así que pronto volvería a cerrar la cocina y me iría a clase. Si Paimon me acompañaba o no, bueno, suponía que era bastante indiferente. Contenido oculto ahora sí mi último post a fue un placer aventarle graciosos a Pai (?
Después del bochorno que me había venido encima por la escena de los casilleros, y una vez en la tranquilidad de mi aula, me di cuenta del gravísimo error que había cometido. ¿Hacer todo aquello delante de Anna y Kohaku? No lo había pensado para nada, porque era evidente de ninguno de los dos me lo iba a dejar pasar con facilidad. Pero... ¡bueno! Si lo pensaba un poquito más, aquella confianza que nos teníamos era una buena señal de nuestra amistad. Sea como fuere, Anna y yo acabamos quedando para almorzar aquel mismo receso, así que suponía que iba a recibir las consecuencias de mis acciones más pronto que tarde. A mitad de las clases había empezado a lloviznar, así que le propuse a Anna vernos en el club de cocina y ella aceptó. Íbamos a estar protegidas de la lluvia y, en general, tranquilas porque nadie más tendría acceso aparte de nosotras. La verdad era que ya tenía planes de pasar el receso ahí dentro de todas maneras, así que había sido un dos por uno para mí. Tenía que reponer todo lo que me había llevado el día anterior y, ya de paso, tenía que hacer un poco de limpieza por el lugar. Parecía que Anna iba a tardar un poco más, así que decidí aprovechar para ponerme con eso, siendo el primer paso desempolvar y organizar todos los utensilios de cocina. Contenido oculto Gigi Blanche aquí está la niña en full modo wifey uwu7
El silencio apenas Shinomiya no estuvo se aplastó contra mi cuerpo. Me quedé con los ojos clavados en la puerta, quieta, y las lágrimas me picaron en la punta de la nariz. La removí, apreté los labios y sorbí, sintiendo cómo poco a poco mi semblante se deformaba. Acabé agachando la mirada, aún en silencio, y en silencio me permití llorar unos pocos minutos, los necesarios para no salir de aquí con el nudo en la garganta. No estaba enfadada, ni nerviosa, ni ansiosa. Sólo eran los recuerdos, las imágenes y las sensaciones eternamente grises. Sólo era tristeza y tal vez resignación. De que este monstruo nos acecharía siempre, no sólo a Kakeru. Presioné el dorso de la mano contra mi nariz y saqué el móvil, escribiéndole a Emi que ahí iba. Ya tenía la excusa preparada, no era difícil enmascarar esta pequeña interrupción de la rutina y definitivamente no quería entrometerla. Aún me pesaba haberle contado de su intento de suicidio y que luego acabara conociéndolo, me negaba a seguir yéndome de la lengua. Kakeru no se merecía estar en boca de todos sólo por la forma en que procesaba sus emociones. Lo dudé un poco, pero acabé buscando el número del Krait y me llevé el móvil a la oreja. Timbró un par de veces. —Hiradaira, qué sorpresa tan... sorpresiva. —Se lo notaba confundido—. Estoy un poco ocupado, pero dudo que hayas llamado para preguntar qué tal va mi vida, ¿cierto? —Cierto. —Volví a sorber e intenté no sonar tan gangosa, aunque, honestamente, tampoco me molestaba si notaba que había llorado—. Escucha, ¿de casualidad planeabas pasar este finde en tu casa? Quiero decir, en la casa de tu familia. —Pues... no. ¿Por qué? —indagó, precavido. —¿Podrías hacerlo? —le pedí, en voz baja—. Creo... No sé por qué, la verdad, pero me pidieron que... es... —Me cansé y lo dije como lo que era—. Hay que vigilar a Kakeru. —¿Por qué? —Acabo de decirte que no sé. —Noté mi impaciencia y cerré los ojos, suspirando—. Lo siento. De verdad no sé, fue Shinomiya. Me dijo que habló con Kakeru y que cree haberlo perturbado, y hoy no vino a la escuela. Pero yo no puedo ir. —Ya... —Soltó una risa floja—. Sería extraño instalarte en la casa de tu ex, imagino. Aunque, ¿que esos dos hablaron, dices? Qué extraño. ¿Qué puede haber sido para que jodiera tanto al enano? —No tengo la menor idea. Quizá sea buena idea que intentes hablarlo con él. —Si logro sacarle algo, ya sabes lo bueno que es escondiendo las cosas el hijo de puta. —Ya, pero ha mejorado, ¿no? —Lo dije y supe que también intentaba convencerme a mí misma—. No es el mismo del año pasado, ha... Está mejor. Lo está, ¿no? Bufó, extenuado. —Me gustaría decirte que sí, pero ya vivimos esta historia una vez, ¿no? Creíamos que había mejorado y así lo encontramos. Esta conversación no me estaba ayudando a tranquilizarme, pero quizá fuese necio de mi parte pretenderlo desde un principio. Seguía con la vista gacha y mis dedos arrugaban y arrugaban los tablones de la falda. —¿Puedes pasar por tu casa? —volví a pedirle, con un hilo de voz—. No tienes que quedarte todo el finde si no quieres, sólo... —Tranquila, Anna. Me quedaré con él —afirmó, el alivio que sentí fue inexplicable y mis ojos volvieron a llenarse de lágrimas; no pude responder—. Estará todo bien, ¿sí? Esto sólo es... una medida preventiva, aún no ocurrió nada malo y tampoco ocurrirá. Tranquila, ¿sí? Murmuré un sonido afirmativo y volví a sorber por la nariz, tapándome la cara con una mano. Él insistió en que no me preocupara y yo afirmé otra vez, y entonces esperó a que me calmara. —Es una cagada, pero es lo que toca —resolvió un rato después, junto a una risa amarga—. Algún día el enano dejará de darnos estos sustos. —Él es quien más asustado debe estar —repliqué, lo hice sin pensarlo demasiado y la idea me estrujó el corazón—. Por eso... Gracias, Hayato. Por favor, avísame no bien sepas algo. —Descuida. Por ahora le escribiré a ver qué me responde, y dentro de un par de horas pasaré por casa. Me quedé mirando la pantalla tras colgar, acariciando el borde del aparato, y eventualmente me despegué de la silla. Me colé en el baño de la planta baja para corroborar mi estado, acomodarme un poco el cabello, y respirar bien hondo. No quería preocupar a Emi con nada de esto, no quería tener que explicarle quién era Shinomiya ni lo que había hecho. Estaba cansada de caerle con problemas, problemas y más problemas. Salí, pues, subí las escaleras y asomé la cabeza por el club de cocina. Noté el absurdo despliegue de utensilios que había en la mesada y solté una risa, ingresando al espacio. —¿Tardé tanto que te pusiste a clasificar inventario? —bromeé—. Mi amor, sé que eres diligente pero no tienes que serlo tanto. El apelativo lo formulé en español y, tras alcanzar su posición, me puse de puntillas y la abracé por la espalda. Apoyé la barbilla en su hombro y desde allí la miré. Quizá sólo fuese que quería sentirla cerca y ya, como una suerte de consuelo silencioso. —Tú me debes un par de explicaciones, ¿no crees? —murmuré en voz baja, divertida. Contenido oculto hola bebita, perdón por el tochote que no te concierne al principio JAJAJA iba a dividirlo en dos posts pero me dio paja
No había tenido intenciones de tomarme aquella tarea muy en serio, pero... bueno, era de mí de quien estábamos hablando. Al final me había enfrascado tanto en el asunto que había acabado con un despliegue tal de utensilios que iba a ser bastante difícil de ordenar en un simple receso. No me molestaba especialmente, considerando que casi era la única que pasaba tiempo ahí dentro, pero sí me apenaba un poco no haberlo pensado mejor y recibir así a Anna. Estaba tan concentrada que solo me percaté de la presencia de la chica cuando escuché su risa, dando un pequeño respingo antes de levantar la vista y mirarla. No reconocí en absoluto el apelativo que usó al hablarme, pero no negaría que sonó tan dulce que hasta logró sonrosarme las mejillas un poco. —No puedo evitarlo —admití a los pocos segundos, una vez recuperada del momento de timidez, y le dediqué una sonrisilla inocente que pretendió justificarme. Noté sus intenciones de acercarse a mí, por lo que no me moví ni un centímetro de mi posición, y acepté sus brazos sin ninguna clase de problema. Coloqué mis manos sobre las suyas con cuidado, recibiendo su abrazo con gusto, y giré un poquito la cabeza para poder verla algo mejor en aquella postura; la atención que le ofrecí, sin embargo, viró con rapidez tras recibir su acusación. >>No sé de que me hablas... —murmuré, llevando la vista al frente de nuevo, y en un intento desesperado de distraerla, levanté dos tenedores delante nuestra—. ¿A ti cuál te parece que es más largo? Contenido oculto ¿qué dices? estoy demasiado ocupada fantaseando con la voz del Krait to care about anything u///u
Una vez llegué a abrazarla noté el rubor que había teñido sus mejillas y, que Dios me perdonara, me la quedé mirando con bastante descaro. Sabía que era feo poner así de nervioso a alguien, pero le quedaba tan bonito que no podía evitarlo. Una sonrisa me estiró los labios y me coloqué de puntillas para dejarle un beso liviano en la mejilla. —Claro que no, por eso eres la mejor Emi-chan del mundo —murmuré cerca suyo. Regresé la barbilla a su hombro y sentí sus manos sobre las mías; el contacto me reconfortó un poco. Le solté la bomba que me moría por lanzarle encima desde la mañana, entonces, y volvió a hacerme gracia cómo su atención viró tan de repente. Se hizo la tonta y estaba por replicarle cuando alzó dos tenedores frente a nosotras. Los miré con una ceja alzada y mi sonrisa se ensanchó, aunque no parecía de muy buen augurio. —Es bastante fácil definir el largo de un tenedor, ¿no crees? —repliqué y la apreté con un poco más de fuerza—. A diferencia de otras cosas... Ladeé la cabeza, recostando la mejilla en su hombro, y con cierto aire distraído ocupé mis dedos entre los botones centrales de su camisa. —Emi-chan... —la llamé, suave—, sí sabes que no te soltaré hasta que me respondas, ¿verdad?
Había una cosa curiosa que me pasaba con Anna, y era el hecho de que nunca sabía diferenciar cuándo iba a avergonzarme por algo que hiciera o no. Me había sonrojado con el apelativo cariñoso que usó, pero recibía con total normalidad sus abrazos tan cercanos e incluso los besos que me dejaba en la mejilla. Su halago (o lo que yo tomé como halago) me hizo sonreír con suavidad, sin poder esconder la ligera chispa de complacencia que se me coló en el semblante por el mismo. Logramos mantener aquella tranquilidad por solo unos pocos segundos. —No es tan fácil como parece... —me quejé, inflando apenas las mejillas para remarcar el punto, e intenté hacer que toda mi atención se centrara en aquel tema de conversación tan trivial. El intento fue completamente inútil, por si hacía falta aclararlo. El apretón inicial contra su cuerpo, así como el comentario que soltó después, no me afectaron tanto como podía parecer; no podía decir lo mismo del tacto de sus dedos. En sí el gesto se sintió distraído, y era muy probable que ni siquiera tuviera una intención detrás, pero eso mi cuerpo no lo podía saber y el pulso se me aceleró de igual manera. Quizás en un futuro cercano me iba a arrepentir, pero en ese momento... >>¿Y eso para ti es una amenaza? ¿Qué pasa si resulta que no quiero que me sueltes~? —repliqué en voz baja, mirándola de reojo, y al instante dejé los tenedores donde estaban, permitiéndome así girar para encararla y echar mis brazos sobre sus brazos, todavía atrapada entre los suyos—. ¿Qué quieres saber exactamente, a ver? ¡No soy ninguna adivina!
Mi respuesta sobre los tenedores no pareció gustarle ni un poquito y mi sonrisa se amplió aún más, si es que era posible. Noté que hasta inflaba las mejillas y una risa floja se me coló en la voz, con la vista puesta en su perfil. —¿No? —busqué saber casi sobre sus palabras, por el simple placer de seguir molestándola. Pensé que lograría seguir poniéndola nerviosa y que cedería con tal de bajarle dos rayitas a su vergüenza, pero en su lugar la muchachita se giró y me plantó cara. No disimulé la mezcla de sorpresa y diversión que sentí, tampoco hice nada que fuera en contra de sus intenciones. Me echó los brazos por encima y yo mantuve las manos a los costados de su cintura. Mi amenaza no había surtido efecto, ¿eh? No sabía si decepcionarme o alegrarme, de verdad... —Dudo que hagan falta poderes de adivinación aquí —repliqué, riendo en voz baja, y la acaricié con los pulgares levemente—. Nuestro único problema es que te estás haciendo la tonta y no me lo voy a tragar, Hodges. Si me preguntaban, era un escenario totalmente justificado para cambiar a su apellido. Me sonreí, divertida, y me incliné apenas. —¿O piensas que puedes engañarme?
Apenas terminé de quejarme sobre el largo de los tenedores, Anna buscó una confirmación que no supe definir si venía de una genuina curiosidad o simple deseo de molestarme; aun así, negué un par de veces con la cabeza para reafirmar mi respuesta, no queriendo arriesgarme a ignorarla si iba en serio. Sea como fuere, poco después me giré para poder mirarla de frente y me tragué la sorpresa de su rostro de lleno, haciéndome sonreír con algo de diversión. Había esperado sacarme la información con sus tácticas indecentes, ¿cierto? Ah, pero era Anna, así que yo también podía devolvérselas. Su acusación tan directa me hizo ladear la cabeza, con una expresión de inocencia que pretendía hacerle creer que de verdad no sabía a qué se refería, y hasta separé una de las manos para poder señalarme con el dedo índice, murmurando "¿yo?" en un tono de completa incredulidad. La seguí con la mirada en lo que se inclinaba en mi dirección, la cercanía permitiéndome notarlo a pesar de haber sido una distancia ínfima, y me eché apenas hacia atrás, atrayéndola algo más contra mí el momento en el que apoyé las caderas en la encimera. —¿Crees que te intento engañar? Me duele que pienses eso de mí, Annie... —me quejé en un murmullo, haciendo un mohín con los labios al mismo tiempo, y llevé la mano de antes a su cabello, pasándole un mechón de pelo detrás de la oreja con toda la delicadeza del mundo—. De verdad de la buena que solo quiero saber... ¿qué quieres de mí, Hiradaira~? Yo también sabía jugar a ese juego, después de todo. Contenido oculto
Vaya, definitivamente no había esperado que Emily me diera tanta pelea con esta tontería. Ya hasta importaba poco el meollo en sí, era el hecho de conseguir que cediera y me permitiera ganar lo que sea que nos hubiésemos montado. Pero ¿qué opciones me quedaban? Si insistía en hacerse la tonta y fingir demencia me obligaba a... ¿ponerme creativa? Un chispazo de frustración me repiqueteó en el pecho, fue repentino y me energizó el cuerpo de una forma muy parecida a la ira. Quizá sólo estuviera aquí intentando olvidarme lo que acababa de ocurrir con Shinomiya y que Emily se resistiera tanto me generaba una mezcla extraña de diversión y molestia. Mi sonrisa se amplió considerablemente, me descubrió la dentadura y respiré con cierta fuerza. Mis dedos se presionaron contra su camisa, firmes, y contuve por los pelos el impulso de correr la cabeza al notar sus intenciones de acomodar mi cabello. Me quedé a medio camino, con la mirada desviada, y poco a poco regresé a sus ojos. Repasé su semblante, ese aire tan inocente que había fabricado, y me forcé a recordar que acababa de negarme a mancharla con toda esta mierda. Por la misma vía no tenía sentido escupirle encima mis emociones. Exhalé por la nariz, aún en silencio, y deslicé las manos hacia la línea de sus caderas. Despegué una apenas alcanzarla y la anclé a un costado de su cabeza, agarrándola del cabello y clavándome en sus ojos. Ninguno de mis movimientos había sido brusco, pero sí firmes. —Por la mañana si acaso pudiste mirarnos, entregaste el almuerzo temblando como una hojita, ¿y ahora pretendes joderme? Se me plantaron en la mente opciones de mierda para enfrentarla, estupideces que sabía irían demasiado lejos, y la solté de repente. Le quité las manos de encima, retrocedí y navegué el espacio hasta dejarme caer en una silla. —¿Un almuerzo a Sugawara? ¿Por qué?
No hubo nada en el semblante de Anna que me hubiera hecho pensar que se estaba molestando, más bien todo lo contrario, y por ello mismo me sorprendió un poco cuando su mano se agarró con tanta firmeza en mi cabeza. El gesto no fue doloroso, aunque me pilló lo suficientemente desprevenida como para hacerme dar un respingo, y no pude evitar fruncir un poco el ceño cuando terminé de escuchar su acusación. ¿Acaso había estado malinterpretado todo el asunto...? —No pretendo joderte... —murmuré, llevándome la mano a la zona del pelo donde ella había estado segundos antes—. Perdona, Annie, pensé que solo estábamos tonteando... —añadí al instante, llevándome las manos tras la espalda. La miré durante un par de segundos una vez se hubo sentado, recibiendo finalmente la pregunta explícita que le había estado pidiendo, y me di la vuelta para recoger el almuerzo que había dejado junto a todo lo demás en la encimera. Me acerqué a ella, sentándome en una silla que había quedado libre frente a ella, y dejé el bento sobre la mesa, empujándolo un poquito en su dirección junto a una pequeña sonrisa de disculpa. >>Esta mañana había mucha gente y me daba más vergüenza, pero ahora solo estamos tú y yo... —expliqué en primer lugar, aunque no estaba del todo segura si había sido necesario—. El almuerzo a Sugawara-senpai, uhm... es un poco complejo, creo. ¿Te acuerdas cuando te conté que había visto a Ko y Sugawara-senpai besándose en el pasillo? Pues me sentía un poco mal por eso, porque sentía que había invadido su intimidad de alguna manera, y quería disculparme de alguna manera... aunque es probable que él no tenga ni idea de esa intención —seguí contándole, dejando salir una risilla junto al último comentario, pero justo después aparté la vista hacia la ventana, frunciendo apenas el ceño en una expresión contrariada—. Y también... supongo que quería demostrar que puedo intentar llevarme bien con él a pesar de que él y Ko estén juntos y eso... me moleste un poco... Había bajado el tono de voz a medida que había ido terminando la frase, casi sin darme cuenta de lo que le había confesado a la chica hasta que fue demasiado tarde, y volví la vista hacia ella con una leve sonrisa renovada. >>¡Eso es todo! Es un poco tonto, ¿no? Espero que Ko no le haya molestado mucho por la escenita...
Tanto la reacción como la respuesta de Emily se me clavaron en el pecho, fui dolorosamente consciente de que los fragmentos se me desbarataban y comenzaba a temer que las manos no me bastaran para atajarlos a tiempo. Temía que alcanzaran el suelo, se rompieran en cientos de pequeñas esquirlas y ella les caminara encima. Me endurecí, pensé que así prevendría el daño y puse distancia. No le contesté nada, no quise arriesgarme a cagarla aún más, y en su lugar le solté la pregunta del millón con la esperanza, quizá, de recomponer la situación. No pude sostenerle la mirada durante el silencio que suspendió entre nosotras, no me sentí capaz y reconocí en mi estómago algo muy parecido a la vergüenza. ¿Tal vez no tuviera sentido fingir que nada acababa de pasar? ¿O quizá me estuviera afectando más de lo que creía? Fruncí el ceño sin darme cuenta y relajé el semblante al notar que Emi se sentaba frente a mí. La miré a ella, luego al bento, y aflojé las facciones un poco más cuando lo deslizó en mi dirección. ¿Podía comer? No me lo había cuestionado hasta ahora. ¿Tenía sentido este reclamo estúpido si ni siquiera planeaba aceptar su comida? A decir verdad, no lo había planeado lo suficiente. Qué novedad. La miré de reojo en cuanto empezó a hablar. Pretender enmendar una violación a su intimidad cuando ellos habían sido los primeros en besuquearse en medio del pasillo era, cuanto menos, bastante tonto, pero reconocí la dureza de mis pensamientos como un problema propio y exhalé con pesadez. Emi era así, dulce y algo ingenua, se preocupaba en exceso e intentaba velar por nosotros con las herramientas que conocía; y eran cosas que adoraba de ella. Lo sabía. No quería juzgarla, no quería arruinarlo. Esas emociones me pertenecían. Estas no. Acabé subiendo el antebrazo al borde de la mesa y me eché contra el espaldar, cruzando las piernas. Me sentía inquieta, la inquietud se propagaba a mis dedos e intentaba controlarla a consciencia. Podía entender un poco mejor que el almuerzo fuera su manera de demostrarse algo a sí misma y, a decir verdad, le admiraba la iniciativa de hablarle a Sugawara y ponerse a ofrecerle cosas. Yo no lo haría ni de coña. Volví a mirarla al oírla decir que él y Kohaku estaban juntos, y arrugué el ceño; lo arrugué aún más cuando temió que algo de lo ocurrido le molestara a Ko. ¿En serio? Me tomé un momento para tomar aire y soltarlo de golpe. —Juntos juntos, lo que se dice juntos lo dudo mucho —aclaré; no sabía si la información haría mejor o peor, la verdad—. Dudo que no sepas esto ya, pero Ko es... volátil. No se ata a nadie y va muy a su bola, cosa que no afectaría tanto al asunto de no ser porque... —La miré, golpeteé los dedos y bufé—. A ver, que al cabrón le encanta follar. Se liga a la mitad de sus clientes y al resto igual les echará el ojo por las dudas. Supongo que es por el rubro donde se maneja que acaba conociendo gente constantemente, y eso también influye. El público siempre se renueva. La última broma fue amarga y sonó levemente teatral. No quería condenar a Emi por engancharse de Kohaku, en todo caso era culpa del otro imbécil, pero al mismo tiempo me debatía entre la simpatía y la pena. —¿Qué sentirá Sugawara? Ni puta idea, el tipo tiene una sola cara para todo. Sí parece haberle agarrado más el gusto al cara de moco, más de lo usual, quiero decir. Pero será, como mucho, un ligue fijo. Ni siquiera debe ser el único. —Distraje la mirada en los círculos que trazaba sobre la mesa; quería reírme ante la idea y si me contuve fue porque no quería ofender a Emily—. Así que ni te preocupes en temer que a Kohaku vaya a molestarle cualquier cosa. Creo que podrías comerle la boca a Sugawara frente a sus narices y al tipo le divertiría, es... es un poco hijo de puta en ese sentido. No sabía cómo lo toleraban, la verdad. A mí no me daría la vida, ni la calma, ni el autoestima para estar con alguien que pareciera tan absolutamente indiferente a lo que decidiera hacer o dejar de hacer. A Kohaku había que combatirlo con su propia medicina para sobrevivir, ya ni siquiera devolverle la jugada. Volví a respirar con fuerza, aún sintiéndome culpable por mis reacciones, y me forcé a mirarla. —Perdóname la escenita de recién. No pretendía hacerte sentir mal, sólo pensé... Pensé que reaccionarías diferente y me molesté, pero eso no es tu culpa, es mía. Vaya forma de perder el invicto, y con lo bien que venía portándome últimamente.