Llegamos finalmente a mi ciudad natal... y por supuesto, el Centro Pokémon fue nuestra primera parada. Un Chansey tomó nuestros pokémon, y en cuestión de minutos nos devolvió las pokebolas con las criaturas en ellas completamente curadas. Contenido oculto @Campeón Rojo
Recibí las Balls de la Enfermera, y me puse a charlar con Effy un rato —¿Y qué has hecho últimamente— pregunté—
Esta vez le revolví yo el cabello, aprovechando que así era más alto. — Oye y... ¿crees que el tipo ese haya visto nuestro combate? @GalladeLucario
—Entrenar, viajar... cosas así... —respondí sin darle mucha importancia, mientras caminábamos a través de una extensión de pasto no muy lejos del centro... me preguntaba internamente donde eran las inscripciones para el torneo, aunque todavía no estaba segura de estar lista...
— Lo mas probable...— dije riendo por su acción eso en realidad no me molestaba,así que no me afectaba
Me di cuenta que el chico había dejado de caminar. —¿Sí? —repliqué, sorprendida por su pausa repentina.
—¿Estás bromeando? Acabo de responderte esa pregunta... —respondí. Suspiré, y después era yo la que estaba distraída supuestamente—. Si no escuchaste no voy a repetirlo... oye, mira allí... A medida que avanzábamos, vislumbramos a dos personas que estaban más adelante... dos chicos, y eran dos chicos que conocía. —Huh, y yo que pensaba que seguían en la Arboleda Lápiz —comenté mientras nos acercábamos a Dante y Ukita.
Los dos entrenadores estaban tirados en el césped, aparentemente exhaustos... creí que era mejor dejarlos descansar, por lo cual tanto Rojo como yo nos fuimos del lugar. —Bueno, si vas a participar del torneo, quizás deberías pensar en expandir tu equipo... —le comenté a Rojo una vez nos alejamos—. ¿Hay algún lugar que te gustaría visitar para atrapar algún pokémon? Rojo no estaba seguro de lo que quería hacer... estaba más cansado de la batalla de lo que parecía. Se fue al centro a descansar, y yo me limité a encogerme de brazos, sacar a Skarmory y partir de la ciudad...
Recibieron Dante y Ukita un nuevo mensaje. "Vaya vaya, así que mi ex soldado ha perdido... bien, ha sido una magnífica batalla, en seguida os mandaré vuestra recompensa. ¡Ah! Y Dante, ya puedes quitarte el localizador con micrófono que llevas en tu camiseta interior, no me es útil. Hahahaha".
Aterricé en Ciudad Témpera, y como tenía por costumbre el primer lugar que visité fue el Centro Témpera. Me dediqué a descansar ahí por un momento, en uno de los sillones de la entrada, mientras Joy se ocupaba de restaurar la energía de mi Skarmory.
Ya con Skarmory en mis manos, abandoné el Centro por la entrada trasera... salí a un espacio que los entrenadores que visitaban el centro solían utilizar para entrenar. Allí, liberé a Sneasel y Gallade, y comenzamos a entrenar de inmediato.
Sylveon saltó a mis brazos, no pasaba desde que visité una casa abandonada —Qué pasa —le pregunté a Sylveon— La hada negó y me abrazó, y le correspondí con una tremenda sonrisa
Llegué a la ciudad tras unas "interferencias aéreas" y fui directa al Centro pokémon a curar a mi equipo. Tras eso, sali y Ray salió de su ball para estar conmigo. —Ah, hola Ray. —sonreí un poco y esre me abrazó sin razón aparente, aunque creo que sabia el por qué. —Vas a hacer que me vuelva a poner triste así, pequeñajo. Vamos a correr un rato. Tras decir eso el pokémon asintió con decisión y nos pusimos a hacer ejercicio.
—¡Buen trabajo, ambos! —exclamé. Gallade y Sneasel se separaron. Ambos estaban a todas luces agotados, pero satisfechos con los resultados del entrenamiento. A continuación, lancé todas mis pokebolas en el aire... Blastoise, Dragonair, Flabébé, Cubone, Kanghaskhan, Skarmory, Arcanine, Pidove, Onix, y el recientemente obtenido Petilil salieron de todas ellas, y se sentaron en la hierba junto conmigo y los otros dos. —¿Alguno está con hambre? —todos saltaron al momento en que dije eso—. Bueno, bueno, ¡de a uno! Distribuí un poco de comida pokémon que había comprado con anterioridad y todos se dedicaron a devorarla rápidamente. Mientras comían, saqué el huevo obtenido el Isla Caballete de mi bolso y me dediqué a acariciarlo, preguntándome que saldría de el...
Tras nuestra corrida, Raichu y yo acabamos en frente de la gran Mansión de los White, de mi familia fallecida, y miré al pokémon con algo de tristeza. —Me da lástima de como quedó toda la casa. Esta muy vieja y descuidada...—Ray asintió y entró dentro, yo decidí en seguirle a saber para qué. Cuando cerré la puerta, sonó un leve crujido sin importancia al menos para mí, y subí las escaleras tras él. Entramos en las habitaciones una por una y me fue enseńando que las ventanas estaban obstruidas y que era imposible poder restaurar la casa aunque la limpiáramos de arriba a abajo. Suspiré y volvimos a la entrada, pero para mi sorpresa, cuando fui a abrir la puerta, esta estaba estancada. Empecé a empujarla y forcejearla, pero me di cuenta de que al mínimo golpe, una grieta que iba hasta arriba haría caer un trozo de techo y así comenzar a derrumbar la casa, por lo que me senté en el suelo y empecé a pensar en cómo salir.
Concluída la comida, los pokémon se dispersaron. Algunos se pusieron a corretear y jugar por ahí, mientras que otros entrenaban por su cuenta... yo me quedé cerca de ellos junto con Arcanine, cuyo pelaje cepillaba suavemente, y el pokémon de fuego parecía disfrutarlo inmensamente.
—Bueno...quizás...quizás pase alguien por aquí y nos ayude, aunque no se cómo lo van a saber...—suspiré intentando animarme a la vez que a mi ratón quien se acurrucó junto a mi mientras miraba fíjamente la grieta del techo. —¿Y si gritamos para pedir auxilio? Esa idea fue probada enseguida. Entre los dos empezamos a gritar pero eso parecía ser peor, pues empezaban a oirse más crujidos desde el techo, y de repente un montón de escombros calleron sobre nosotros. Samurott y Suicune salieron rápidamente y se pusieron a nuestro lado para cubrirnos. Abrí los ojos y vi que no me había hecho ningún rasguño, gracias a ellos. Estos me miraron con una sonrisa protectora y metí a Raichu y Suicune en su pokeball. Samurott se quedó para protegerme por voluntad propia. —Tranquilo, pronto saldremos de aquí, ahora procura guardar fuerzas...—sonreí acariciando con cariño a mi pokemon mientras este se tumbaba a mi lado.
Concluído el tiempo de descanso, regresé a todos a sus pokebolas y comencé a caminar por mi ciudad natal... llegué hasta una mansión antigua que parecía abandonada, y cuando estaba por dejarla detrás me pareció escuchar unos gritos. O fue mi imaginación o fue algún fantasma... ¿quizás un pokémon fantasma, como Duskull o Gasty? Si era así, era una oportunidad que no me podía perder... lentamente, comencé a adentrarme hacia la mansión abandonada.