Liza estaba allí; le sonreí y ella se acercó. Me dijo que tenía que hablar conmigo de algo, ¿qué sería? La miré confundida, pues no entendía qué estaba pasando. —Dime qué sucede—le dije.
Noté que Rojo se acercaba y empecé a hablar. —Necesito tu ayuda y la de Rojo. Yair estará por ahí pero no tengo tiempo de recojerle...—hice una pausa para coger aire y comencé a explicarle a Pauline todo sobre el equipo Ganma. —Un equipo de personas no muy amistosas que digamos han capturado al pokémon legendario lugia, se encuentran en la torre plateada y tienen planeado cosas muy malas contra los humanos. Necesito que vengais conmigo a poner fin a esta locura y acabar con todo esto antes de que sea demasiado tarde. ¿Me ayudareis? Miré a los dos chicos con una sonrisa decidida. Sabia que con su ayuda todo seria mas facil.
Al escuchar lo que Liza dijo me levanté. Regresé a Smoochum y miré fijamente a Rojo y a Liz. —¿Cuándo partimos?—Dije con una sonrisa y guiñando un ojo.
Sonreí ante sus respuestas y no en responder. —¡Ahora mismo! Tenemos un gran camino por delante. —exclamé con entusiasmo. Daba gusto tener amigos así.
—Eh... lamento interrumpir el momento romántico—dije mirando a los pokémon de Rojo—pero tenemos que irnos, creería. Me arreglé el bolso y me dirigí a la puerta del centro Pokémon para salir al exterior.
Esperé en la salida a los chicos ya que eché a correr cuando me dijeron que si y preparé a Sigiliph con las órdenes que le di para llevarnos a los tres. Sería complicado pero confiaba en mi pokémon. —Esta bien, deberas de usar tu psíquico a toda potencia, así podrás llevarnos a los tres, cuando estes justo encima de la ruta 310...—no continué ya que noté que Pau llegaba a donde yo estaba y me giré con una sonrisa para esperar a Rojo.
Viendo que ya estábamos los tres, asentí con la cabeza a Sigiliph y este empezó a aletear para quedar suspendido en el aire y nosotros tres en el suelo. Me dirigí a Rojo pero esto también iba para Pauline, para que supiera que no debía de sacar a sus pokémon en este instante. —Debes meter a los pokémon en sus pokeballs, Rojo. Sigiliph va a hacer un gran esfuerzo para llevarnos a los tres, no puede con dos pokémon de más. —le explique mientras mi pokemon cargaba fuerzas.
(@Ashareen, rápido que no hay tiempo :C) Miré con una gota de sudor a Rojo e ignoré el responder a eso. —Esta bien, os explicaré como haremos esto. Sigiliph usará su poder psíquico contra nosotros para elevarnos hacia la ruta 210. Cuando lleguemos ahí nos soltará y sacaré a Samurott para no tener que nadar. ¿Todo entendido?
—Bruno y yo no somos tran atrevidos como esos dos. —le dije mirándolo entre risas. —Lo nuestro es normal, lo de Sylveon y Riolu no. ¡Pero no me metas tonterias en la cabeza! ¡Debemos partir cuanto antes!
Escuché con atención lo que Liza dijo. Miré a Rojo que seguía diciendo idioteces acerca de sus pokémon y puse los ojos en blanco. —¡Bien, vamos!—Dije con energía.
En uno de mis arrebatos, me acerqué a Rojo y cogí su psp para lanzarla bien lejos y lanzarle una mirada asesina para dar media vuelta y darle la señal a Sigiliph.
—¡Rojo, estate quieto ya o te quedas en tierra! —exclamé ya cansada y enojada. Al final tan solo me iría con Pauline, verás...
—¡Vamos ya!—Dije enojada mientras fulminaba con la mirada a Rojo—. Los trolleos dejalos para cuando enfrentemos al Equipo Gamma.
Me giré y ahora Sigiliph ya estaba listo. Comenzó a cargar energía a su alrededor y comenzó a elevarnos con sus poderes. Poco a poco empezamos a ascender bastante y Ciudad Témpera se perdió a lo lejos. —No quiero más tonterias, por favor...—dije mirando al frente.
Ah, finalmente, aquí estaba... Ciudad Témpera, donde finalmente comenzaría mi viaje. Miré las tres pokebolas que decoraban mi cinturón, admirándolas como si fuera la primera vez. Aún no me acostumbraba a su peso extra, como si no me pertenecieran, pero supongo que así se siente toda entrenadora novata. Con el tiempo seguramente esa extraña sensación desaparecería. Recordando vagamente algunos consejos que me habían dado cuando partí, decidí que lo primero que debía hacer era dirigirme al Centro Pokémon de la ciudad... pero apenas había hecho unos pasos y me frené en seco. En el medio del desolado camino había un chico de cabello negro cubierto por una gorra roja, tirado boca abajo en el suelo y a todas luces inconsciente. Me acerqué con cautela, y comprobé que efectivamente respiraba. Titubeando, lo sacudí con suavidad. —Oye, ¿te encuentras bien? Contenido oculto @LucarioErmitaño
—¡Hola! ¡Despierta! Nada parecía funcionar; el tipo estaba inconsciente por completo. Sin más opción disponible, decidí tomar mi pokebola y liberar a Squirtle. —¡Squirtle, despiértalo con un poco de Pistola agua! —comandé al instante.
—¡Hasta que despiertas! —exclamé, mirando al confundido chico—. Has estado desmayado en el camino por un buen rato y no te podías despertar, de no haber sido por Squirtle aquí nose cuanto habrías tardado en despertar...