Drake Orestes Ya devuelta en la ciudad luego de estar picando un poco, compre un par de cosas en el mercado y entonces use la Flauta de los cielos para dirigirme a Ciudad Zanami.
Drake Orestes Había vuelto a Ciudad Mkuu, acompañado de uno de los miembros de mi equipo que más apreciaba, aunque normalmente no era muy poderoso como para participar en las batallas. Sandslash era sin duda el Pokémon más adorable que tenía en mi equipo, y estaba feliz de poder unirlo al equipo un rato para que me hiciera compañía. Fuimos un rato al mercado a conseguir un nuevo pico, y nos dirigimos hacia la Colina nuevamente.
Drake Orestes Luego de ir a Ciudad Jadi y hacer que reentrenaran a Samurott, volví a Ciudad Mkuu. Le pedí a Rahishi que le enseñara a Samurott a usar el movimiento Danza Espada, y de ahí me fui al mercado a conseguir más picos para seguir con el trabajo. Luego de todo eso, volví a la Colina.
Drake Orestes Hice una parada en la ciudad, para hacer varias compras. Pawniard no se separó de mi lado en ningún momento, buscando siempre con la mirada a Scizor para asegurarse estar lejos de él. Una vez terminadas las compras, use la flauta de los cielos para ir a Ciudad Vijijini.
Drake Orestes Habíamos descansado un par de días antes de enfrentarnos al último consejero. Había estado teniendo una suerte horrible picando en la colina, y el primer día no obtuve realmente nada por las horas de trabajo. Fui a visitar a Sandslash, siempre investigando sobre alguna forma de hacerlo más fuerte. Luego de ver que todos estuvieran bien, me dirigí hacia la Colina Kilima, para poder llegar hacia nuestra última batalla en el refugio.
Drake Orestes Llegando a la ciudad, lo primero que hice fue darle una visita a a Rahishi, para que me ayudara a que Bisharp aprendiera Protección. Luego de resolver aquello, me pasé por el mercado a pedir un pico para el trabajo en la Colina. Con eso resuelto, me fui a trabajar.
Drake Orestes Llegué a Ciudad Mkuu con el corazón en un puño. Realmente no me sentía listo aún para enfrentar la liga, pero tampoco era como si hubiese mucho por hacer aquí. Me había pasado semanas enteras picando en la colina, para luego estar varios días luchando en el refugio y entrenar a mi equipo con las joyas obtenidas. No podía hacer aquello por siempre, pero tampoco tenía ganas de enfrentarme a la liga y ser derrotado nuevamente nada más empezar. Quizás sería buena idea desintoxicarme un poco de Udan. Llevaba demasiado tiempo aquí. —Nos vamos—decidí. Mi equipo me miró sin comprender, así que les expliqué a dónde nos dirigíamos ahora. Probablemente sería un poco estresante para mí equipo ir a otra región con costumbres completamente diferentes, pero así como yo había tenido que acoplarme a su mundo, era hora de que ellos también pasaran por aquel reto. Me dirigí entonces hacia la casa de Chuma, para explicarle que me iba a ausentar un tiempo y que me llevaba a mi equipo. Chuma asintió y me entregó una buena parte de pokeball de las que le habían entregado desde Galeia, con las que pude por fin guardar a mi equipo en la mochila. Era extraño, me había acostumbrado a tenerlos siempre siguiéndome a todos lados. Scizor fue el más reacio a entrar en su pokeball, y aunque terminó aceptando el esférico, salió nuevamente por su cuenta apenas tuvo oportunidad. Iría a mi lado, supuse, aunque eso a Emperador no le haría ninguna gracia. Echándole un último vistazo a la ciudad y a la gente que pululaba por los mercados, me embarqué rumbo a Galeia.