Isla Milagro Campamento: Vida diaria

Tema en 'Región de Gérie' iniciado por Yugen, 7 Abril 2022.

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    Andysaster

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    Enarqué una ceja ante su comentario. ¿Que no se lo había pegado yo, decía? Llevaba vigilándome desde hacía días, incluso antes de que llegase aquel bioma. Era evidente que había sido mi culpa.

    En cualquier caso no dije nada. No tenía caso culpabilizarse cuando había alguien que necesitaba ser cuidada.

    Mientras Mimi se tomaba la medicina había liberado a Dewott para que humedeciese un paño. Cuando se tumbó y me lo pidió el propio pokémon se acercó y se lo tendió sobre su frente.

    Un poco torcido, pero la intención era lo que contaba.

    —¿Has comido algo? —pregunté entonces, sentándome sobre mis piernas. Era prácticamente la hora de la cena—. Si no es así deberías hacerlo. No tiene por qué ser algo sólido: un caldo podría sentarte bien.

    Cyra se enroscó sobre sí misma y me dirigió una mirada significativa. Rodé los ojos.

    >>Sí, sí~. Te traeré doble ración por tu esfuerzo como prometí.
     
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    Volví a tumbarme a la espera del paño, estar tanto de pie terminaba por marearme. Entonces sentí un tacto húmedo en la frente y al abrir los ojos vi un Dewott. ¿Liza tenía un Dewott? ¿No era un Samurott...? En cualquier caso el paño no era para eso. Sí, podía servir también pero no era la idea inicial.

    Al menos no aún.

    Era la hora de la cena y tenía hambre pero no dije nada ante su ofrecimiento porque tenía otras cosas en la cabeza. Simplemente solté un ''mhm'' y seguí con lo que estaba haciendo.

    —Puedo comer luego, Liz. No voy a dormir toda pegajosa y sudada—tomé el paño. La sensación en mi cuerpo me hizo formar una mueca de desagrado— No es lo que se dice agradadable.

    Me quité el anorak completamente a pesar del frío que sentía y posteriormente el suéter de debajo hasta que me quedé solo con el sostén. Un escalofrío me recorrió la espalda ante el cambio tan brusco de temperatura y reprimí el impulso de cubrirme con los brazos.

    Mis estúpidos complejos.

    Era un alivio que la cremallera de la tienda estuviese cerrada porque aquello era muy muy vergonzoso. Pero era tan vergonzoso como necesario si quería recuperarme pronto.

    Me sequé el cuello y el torso con pasadas ligeras aliviando así mismo el calor de mi piel y suspiré entonces. Con eso ya me sentía un poco mejor. Me recordaba a los meses que pasé inconsciente, enferma, cuando el Skorupi me picó.

    No eran recuerdos muy gratos.

    Cuando terminé se lo extendí a White y le di la espalda.

    —Esto es absurdamente vergonzoso pero—murmuré y giré la cabeza para mirarla—. ¿Puedes pasarlo por mi espalda? No llego sola.

    Éramos amigas. No es que yo tuviese muy claro todo lo que hacían o dejaban de hacer las amigas pero algo como eso no tenía nada de malo.

    Podía cuidarme por mí misma pero ella había decidido quedarse.

    No iba a hacerme la difícil. Sabía dejarme cuidar cuando era necesario.

    En ese momento preciso la cremallera de la tienda se abrió y el sonido de la entrada descorriéndose me hizo dirigir mi mirada hacia la 'puerta'.

    Tadao me devolvió el gesto. Prácticamente quedó en blanco y parpadeó con lentitud. Detrás de él venía Yogi, Judotegi, y nada más vernos se cubrió los ojos con las manos y salió corriendo. Gritó algo en su idioma que imaginaba era su versión de: "¡Yo no vi nada!"

    Tras un tenso silencio Pancham volvió a cerrar la cremallera de la tienda.

    Mi cerebro sofocado por la fiebre reaccionó.

    —¡E-esperad!—exclamé—. ¡Esto no es lo que parece! ¡Yogi, Tadao...!

    La tos repentina cortó mis palabras. Oh, Arceus...
     
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    Andysaster

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    Honda tomó el paño que Dewott le ofrecía y optó por deshacerse de su ropa, secando el sudor frío de su cuerpo. Bueno, esa era otra opción. La sensación no era muy agradable pero a falta de un baño caliente era lo mejor que tenía.

    Cuando terminó se volvió hacia mí, pidiéndome que le ayudase con su espalda. Imaginaba lo tedioso que debía haber sido tener que cuidar de mí estos días, de modo que no pretendí oponer resistencia.

    Le debía una después de todo.

    —Mhm —murmuré, y aparté su cascada rubia con delicadeza, dejándola caer sobre su hombro. Tomé el paño que me tendía, poniéndome cómoda detrás de ella—. Imagino que debes de tener algo de frío así que no tardaré mucho.

    Segundos después de trazar una curva ligera sobre su piel la cremallera de la tienda se abrió para dar paso a dos rostros conocidos, que nos observaron con una mezcla de asombro y vergüenza. Parpadeé con lentitud, deteniendo mi accion en el acto. El silencio se extendió entre nosotros hasta que Judotegi echó a correr, abrumado, y el Pancham cerró la cremallera con movimientos automáticos. Como si no hubiese visto nada.

    Fue como si ambas reaccionásemos al mismo tiempo, solo que de formas muy distintas. Mimi intentó explicarse sin éxito, avergonzada por la imagen errónea que habíamos dado, y yo no pude contener una carcajada.

    ¿Qué posibilidades había para malinterpretar algo así?

    >>Oh, vaya. Parece que los paparazzi nos han pillado in fraganti —bromeé, liviana, mientras pasaba el paño de nuevo por su piel descubierta. La tenía suave y tersa, y estuve por preguntarle por las lociones que usaba de no ser porque decidí continuar con el tema, jocosa—. Me pregunto... ¿Les dirás la verdad o tendré que asegurarles que puedo compartirte con ellos para que no se preocupen~?

    Inari había observado todo hecho un ovillo a mi lado. Arrugó el hocico cuando Yogi y Tadao salieron de la tienda a trompicones, y volvió a acurrucarse sobre sí mismo.

    Los comportamientos de los humanos cada vez le resultaban más y más extraños.
     
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    La risas y los comentarios de Liza solo aumentaron mi vergüenza y tomando una almohada la golpeé en un costado.

    —¡No es gracioso...!—dije—. ¡Mis Pokémon se van a pensar que estamos liadas!

    Yogi era tímido y huidizo pero Tadao tenía una personalidad pícara de la que no iba escapar precisamente.
    Me iba a torturar con eso a pesar de que era ridículo. ¿Quién les mandaba a entrar precisamente y malinterpretarlo todo?

    Contra todo pronóstico una risa ligera me traicionó.

    >>Pttf. De acuerdo, puede que sí sea un poco gracioso—tomé nuevamente el suéter y el anorak y me vestí abrochado y cerrando todo apropiadamente. Excepto la capucha. Con Cyra allí no era necesario. Me aparté el cabello de la espalda con un gesto fluido—. Se lo explicaré más tarde. Yogi no podrá mirarme a la cara por la vergüenza y no me viene bien porque tengo que seguir entrenándole.

    Mi piel estaba un poco más fresca y ya no tenía esa sensación pegajosa encima. Aún me dolía la cabeza pero el medicamento de White debía estar haciendo su efecto porque me sentía mejor que antes.

    Era reconfortante. La preocupación de alguien, sentirme cuidada. Por mucho que pudiese cuidar de mí misma lo agradecía de vez en cuando.

    En mi vida había tenido el cuidado de los empleados de mi padre pero nunca de mi padre. De las personas que eran realmente importantes para mí.

    Me tumbé de nuevo y me eché el brazo sobre la frente. Las sienes aún me punzaban y tenía fiebre pero sentía dentro de mí un calor diferente. Un calor tibio y agradable.

    La felicidad también solía ser un sentimiento que se me escapaba.

    >>Liz—la llamé, ojos cerrados— gracias. No solo por esto. Quiero decir... gracias por todo.
     
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    Recibí un golpe de la almohada como toda respuesta que me arrancó otra risa cristalina del pecho. Resultó ser contagiosa, pues terminamos por compartirla en determinado momento, amenizando aún más el ambiente.

    —Tranquila, estoy segura de que lo entenderá —comenté con respecto al pobre Yogi. Tenía un carácter similar al de Zorua de modo que podía hablar desde la experiencia—. Solo... procura reunir mucha paciencia. Puede que debas insistir un par de veces más.

    No podía ponerle seriedad al asunto cuando me resultaba tan divertido. Arceus, ojalá haber fotografiado nuestras caras.

    Recogí el paño y guardé las medicinas y la botella mientras Mimi volvía a vestirse. Ahora que estaba más tranquila y se había tomado la medicina era el momento perfecto para traerle la cena. Era probable que no hubiese comido nada en todo el día, debía estar muriéndose de hambre.

    Separé los labios dispuesta a salir de la tienda cuando la escuché. Se había tumbado sobre el saco de dormir y, pese a que no me miraba, recibí sus palabras con especial claridad.

    Abrí los ojos, tomada por sorpresa.

    Y entonces sonreí.

    —Mírate. Parece que la fiebre está empezando a hacerte delirar —volví a bromear, apartando el brazo de su frente para colocar de nuevo el paño, ahora limpio y humedecido. Mimi no solía ser así, tan honesta. Quizás era mi forma de ocultar que me había tomado con la guardia baja—. Iré a traerte algo de cenar, cielo. Inari, ¿te quedas a su cuidado?

    Cyra se había quedado dormida y pese a fingirlo, sabía que ese no era el caso del Zorua. Asomó la cabeza, reticente en un inicio, y finalmente no le quedó más remedio que aceptar. Ensanché mi sonrisa y me dirigí hacia la entrada.

    >>Estupendo. No tardaré —Al abrir la cremallera, sin embargo, me detuve un instante. Entonces me giré para verla antes de irme, suavizando mi gesto—. Y, Mims. Gracias a ti.

    Con esas, cerré de nuevo la cremallera de la tienda para evitar que se perdiese el calor y estiré mis músculos. Hora de ver qué servían de cena.
     
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    Difícilmente pude ocultar mi sonrisa.

    —Ah sí, probablemente sea eso. No es como si estuviera genuinamente agradecida por tenerte en mi vida ni nada así.

    Probablemente estaba delirando.


    No era tan honesta de usual... pero estaba agradecida. Había momentos en los que simplemente no podía ni callarme mis propios sentimientos.

    Y agradecía que fuese por la cena porque lo cierto es que tenía hambre. Esperaba que fuese algo ligero y no difícil de digerir. Una sopa sonaba bien.

    ¿Huh? ¿Gracias a mí? Yo no había hecho gran cosa. Pero ella me había ayudado cuando sucedió todo lo de Em. Me había acompañado en Gérie, me había dado confianza durante la prueba en el gimnasio de Aqualia, habíamos bailado como estúpidas música celta en un castillo en ciudad Libertad, me había ayudado a llevarme mejor con el resto de holders—y había podido relacionarme de forma normal con Lucas—; Iba a ayudarme con mi entomofobia y ahora me estaba cuidando mientras estaba enferma.

    Era demasiado como para no agradecerlo.

    Cuando me quedé sola le dirigí una mirada de soslayo al Zorua. Inari era tal y como describían los libros exceptuando su carácter huidizo.

    Hisui y esta isla... ¿estaban relacionados entonces como Pine creía? Sinnoh estaba lejos. Que la isla conservase elementos que permitían evoluciones del pasado era una cosa, como el mineral negro. ¿Pero cómo había permitido la supervivencia de especies autóctonas de otras regiones aún sin evolucionar? ¿Y cómo se había congelado en el tiempo? Nosotros sabíamos que la línea temporal era única.

    Los chicos habían estado en el futuro. Y ahora parecía que, de alguna forma, estábamos en el pasado. Las posibilidades me tenían algo tensa.

    —¿Qué secretos escondes?—murmuré.

    Y una especie que se creía extinta...

    Miré a un lado y al otro y cuando me cercioré de que no había nadie alrededor extendí la mano hacia él.

    —¿Quién es el Zorua lindo de mi región?—dije con la ilusión de una niña—. ¿Quién se creía extinto y no lo está? Tú, sí, ¡tú~!

    Menos mal que nadie me veía.
     
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    Cuando Liza se marchó el Zorua sintió cierta tensión caerle encima. Aún se estaba acostumbrando a la presencia de la castaña, estar a solas con otra humana distinta se sentía como empezar de cero. Lo abrumaba.

    Le dirigió una mirada de soslayo, cauto. Por suerte parecía demasiado distraída con sus pensamientos como para hacerle caso. El hecho de que se llevase tan bien con su entrenadora aliviaba un poco su escepticismo, pero...

    Pero...

    Dio un respingo cuando en un momento dado Mimi estiró la mano hacia él. No lo había visto venir. Había empezado a hablarle en un tono extremadamente infantil que no comprendió bien, pero se la veía ilusionada por tocarle. Dubitativo en un inicio retrocedió sobre sus patas, pero a los pocos segundos se acercó muy, muy lentamente, cerrando los ojos con fuerza.

    Su caricia le recordó a la que Liza le había dado en el bosque. Era agradable y cálida e hizo que parte de la tensión desapareciese, sin relajarse nunca del todo. Le quedaba un largo camino para acostumbrarse de nuevo a ellos, pero no le importaba estar así un poco más.

    Entonces, y sin que Mimi lo esperase, su forma cambió en un chasquido de dedos, aumentando en tamaño. Ya no estaba acariciando la cabecita de un pequeño Zorua shiny si no... ¿la de sí misma? Sí, la propia Mimi Honda estaba allí, frente a ella, mirándola con una expresión tímida e insegura que distaba mucho de la de ella.

    Entonces la cremallera de la tienda se abrió de nuevo.

    —Ya estoy aquí~ Y traigo raciones para to... —Mis palabras murieron lentamente en mis labios, deteniéndome para ver la escena que tenía frente a mis ojos—, ¿...dos?

    Parpadeé. Ahora tenía dos Mimis frente a mí, mirándome a la vez. Intercambié miradas entre ellas y la bandeja en mis manos, y me encogí de hombros, confiada.

    >>Esto no es problema para mí. Sé perfectamente cual de las dos es la real —dije, y aguantándome la gracia le di a Zorua el caldo, y a Mimi la comida pokémon. Dejé la doble ración de Cyra a su lado para cuando despertase y sujeté mi propio plato, satisfecha con mi reparto—. Listo~. Que aproveche.
     
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    Inari pareció dubitativo, inseguro, pero terminó acercándose. Su actitud tímida me causó ternura y dejé escapar un sonido de satisfacción cuando mis dedos rozaron finalmente su pelaje oscuro. Mi expresión se suavizó.

    Era ligero y etéreo. ¿Tendría algo que ver con su tipo fantasma? El mechón de su cabello, azul, realmente parecía un fuego fatuo. Verlo en la oscuridad de la noche no debía ser muy agradable.

    —Ah~ qué suave~—murmuré—. Pareces un peluchito...

    Y en ese momento el Zorua empezó a mutar. Se inundó de una luz brillante y cuando esta se apagó mi mano ya no estaba sobre el pelaje oscuro de un Pokémon si no sobre el cabello rubio de...

    Mí.

    Abrí los ojos en su máximo, impactada.

    Como un espejo, ojos azules me devolvieron la mirada. Mis... mismos ojos azules. Inari se había convertido en mí.

    Parpadeé con lentitud tratando de hacer funcionar los engranajes de mi cerebro. ¿Tal vez sí... estaba delirando por la fiebre y todo?

    —¡¿Huh?!

    En ese momento la cremallera se abrió y aparté la mano como si me quemase, incorporándome y carraspeando para aclarar tanto mi garganta como mis ideas. No me había escuchado dicir todas esas bobadas infantiles ¿no? Porque iba a molestarme con eso hasta el día de mi muerte.

    Lo que sucedió a continuación... no puedo describirlo con certeza. Liz repartió la cena pero mi parte consistió en un cuenco de comida para Pokémon. El Zorua, aún con mi aspecto, se había llevado mi plato de sopa.

    Sabía que había sido totalmente deliberado.

    Esbocé una sonrisa. Una mueca forzosa que pretendía ser una sonrisa, al menos, pero que fallaba miserablemente.

    —White—hablé despacio, ojos cerrados, pero mis dedos sostenían el cuenco con tensión— ¿estás segura de que no me has dado tu comida?
     
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    El caldo había logrado conservar parte del calor de camino a la tienda y se agradecía. La noche era fría, y a pesar de contar con el calor que irradiaba Cyra, todo añadido era más que bienvenido. Dejé escapar una exclamación feliz con los labios cerrados, ignorando deliberadamente la confusión de Mimi e Inari.

    El Zorua observó su plato con intensidad. Su especie no tomaba líquidos fuera de la lactancia pero era tan retraído que no sabía cómo decirme, y tampoco quería ofenderme. Tenso y muy, muy nervioso, extendió la mano hacia la cuchara, sujetándola del revés. No tenía la menor idea de cómo se usaban esos extraños utensilios humanos.

    Metió la parte contraria dentro del caldo e intentó hacer palanca infructuosamente. Había algo extremadamente divertido en ver a "Mimi" comportarse de esa forma.

    Por su parte la verdadera Honda sostenía su cuenco de comida pokémon con una sonrisa tensa y los ojos cerrados, probablemente maldiciendo mi estampa. Ladeé el rostro, reflejando una sonrisa mucho más inocente.

    —¿Oh? ¡Inari, pero si puedes hablar! —dije, y dejando con cuidado el cuenco a un lado extendí mis manos hasta sostenerle de las mejillas. Las estiré como quien felicitaba a un bebé por sus primeras palabras. Decenas de interrogantes aparecieron en el propio Zorua—. Sabía que eras todo un portento, ¡pero no sabía que tanto!

    Me retiré a tiempo antes de que me lanzase cualquier cosa. Sería temeraria pero no estúpida, de modo que mantuve siempre una almohada cerca de mí a modo de escudo. Volví a llevarme otra cucharada a los labios, despreocupada.

    >>No creo que a Mimi le guste la comida pokémon, Inari... Pero si ambos estáis de acuerdo podéis cambiaros los platos. Yo no juzgo.
     
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    Le hubiera tirado el cuenco de comida encima si no tuviera consideración por el pobre Inari. Y en cuanto a este...

    Dirigiéndole una mirada de soslayo mi gesto palideció.

    Aún en mi cuerpo estaba actuando como si fuera la primera vez que usaba una cuchara. La sostenía del revés tratando de hacer palanca en el caldo. Suponía que era realmente su primera vez... ¡pero ese era mi cuerpo! ¡Me hacía parecer idiota!

    Solté una serie de quejidos inconexos cuando Liza me sostuvo de las mejillas. No me dolía pero detestaba que se burlase de mí cuando estaba demasiado débil para devolvérselo. Por mucho que quisiera participar en nuestros tira y afloja particulares no estaba de humor. Mucho menos cuando su actitud me recordaba más a Blake que a la propia White.

    Suspiré con pesadez, hastiada, y me dejé caer de nuevo de espaldas sobre el saco de dormir.

    —Tenme piedad ¿quieres? Estoy enferma.
     
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    Mimi no reaccionó como esperé. Molesta más que otra cosa se dejó caer sobre su saco sin más, borrando la sonrisa de mi rostro. Suponía que mi intento por distraerla de su estado no había sido el mejor. Seguía estando débil.

    Extendí el brazo, y tras pedirle permiso a Inari con la mirada tomé su plato y le regresé el que le pertenecía. Dejé la sopa junto a Mimi y me regresé a mi lugar.

    El pokémon volvió a su forma natural, probando su comida con alivio. Sin utensilios raros ni palancas. Cyra se despertó en ese entonces, atraída por el olor de su doble cena.

    —Perdona —me disculpé entonces, y señalé el cuenco con un gesto de la cabeza—. Date prisa. Aún está caliente, te sentará bien.

    Era una lástima que el frío del exterior fuese tan notable. El cielo nocturno debía verse en todo su esplendor con especial intensidad en aquel bioma en concreto.

    Solo quedaba un día más antes de recoger el campamento de vuelta.
     
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    Le había dado la espalda, cerrado los ojos y cuando la escuché disculparse los abrí. Sentí el calor del plato que había dejado a mi espalda y mi estómago vacío lo agradeció pero seguía molesta y mi reacción fue volver a cerrarlos, ceñuda y reticente.

    Y la ignoré. O al menos esa fue mi intención... hasta que mi estúpido estómago tuvo que rugir y tirar toda la fachada por la borda. El silencio generalizado de la tienda lo volvió particularmente audible, vergonzoso, y sentí el rubor ascender hasta mis mejillas.

    Mierda.

    Me estaba muriendo de hambre.

    —...

    Me incorporé sin mirarla y tomé el plato de sopa. Estaba caliente y olía bien, aderezado con algunas plantas aromáticas. Trozos de patata cocida podían apreciarse flotando sobre el caldo.

    No era lo que se dice una comida gourmet y probablemente los Pokémon de la isla comiesen mejor de los cebos que colocábamos... pero estaba hecha con cariño. Fuese quién fuese el chef.

    Tenía demasiada hambre para andarme con remilgos. De modo que tomé la cuchara y solté un sonido de satisfacción al probarla. ¡Estaba deliciosa! ¿Cuál era el truco? ¿Cómo había gente que podía cocinar tan bien?

    El silencio cayó mientras cenábamos. Inari había vuelto a su forma normal y aliviado disfrutaba de su cuenco así como lo hacía Cyra de su ración doble. Fue una cena silenciosa y tranquila, el ambiente aún se sentía algo pesado.

    Fuera soplaba una brisa gélida pero el calor se mantenía dentro del reducido espacio. Sí que era pequeña... definitivamente Nikolah no hubiese cabido ahí a no ser que hubiera sacado medio cuerpo afuera.

    Oh.

    —Nikolah no ha venido hoy—dije entonces, percatándome de algo que había pasado por alto hasta entonces—. ¿No te parece un poco extraño?

    Suponía que se acercaría para comprobar el estado de Liza como había estado haciendo los últimos días. Pero era ya tarde y no había ni rastro. ¿Quizás era porque yo estaba allí? ¿Tal vez creía que estaría bien conmigo?

    ¿O acaso...?
     
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    La cena transcurrió con normalidad. Mimi dejó el berrinche de niña pequeña cuando su cuerpo fue incapaz de ocultar el hambre que sentía y esbocé una sonrisa, oculta tras la cuchara. A pesar del silencio extendido fue una cena agradable.

    Entonces lo mencionó. Había dejado mi plato vacío a un lado y descansaba tumbada sobre el saco contrario, mirando el techo. No había reparado en ese detalle, y quizás hubiese sido mejor no hacerlo.

    Tensé ligeramente los labios.

    —Tienes razón. Es extraño —Me incorporé apoyando el brazo en el suelo y la miré, un tanto preocupada—. ¿Crees que le haya podido pasar algo? ¿Debería ir a revisar?

    Nikolah podía cuidarse solo pero a veces era demasiado despistado, y el bosque era extremadamente peligroso. No obstante si ese no era el caso y se encontraba durmiendo en su tienda, ¿por qué no habría venido?

    >>Quizás se sintió apartado —me aventuré a decir recordando las cenas pasadas. Agaché la mirada, sintiendo el ambiente agradable y pacífico desaparecer con un chasquido de dedos—. Debería... Debería haberme dado cuenta de esas cosas, ¿no es así?
     
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    —Se sintió apartado... ¿o se apartó él?—dije mirándola—. Cuando hablamos esa noche ni siquiera cerramos la tienda. Y la otra vez apenas dijo algo durante la cena.

    Ella tampoco había pensando en eso y el ambiente se ensombreció al hacérselo notar. Pero yo empezaba a atar los cabos. Era perspicaz al menos, podía darme cuenta de las cosas.

    Y el problema no era Liza ni mucho menos. El problema era yo. Pasábamos mucho tiempo juntas—más en este bioma por su frío infernal—, suponía que no era difícil pensarlo. Pero todo era una serie de acontecimientos fuera de contexto y situaciones malinterpretables. Quizás yo no había contribuido demasiado a que se sintiera cómodo porque seguía pretendiendo guardar las distancias.

    Nikolah era... un conocido más que un amigo para mí. Y no solía ser lo que se dice simpática o agradable con mis conocidos. Arceus, lo había malinterpretado todo. ¿Cómo no me había dado cuenta antes?

    Me incorporé.

    >>Espera aquí—le dije a Liza y abrí la cremallera de la tienda para salir fuera—. Tadao y Yogi no son los únicos que se han hecho ideas equivocadas.

    ***

    El frío no tardó en azotarme y me eché encima la capucha del anorak. La pelusa gris me rozó las mejillas enrojecidas por el viento gélido. Al menos esa sería la última noche que pasaríamos allí. El bioma cambiaría pronto y volvería aquella padrera soleada donde podría volver a intentar atrapar el Cottonee que me pidió Mia.

    Quizás incluso pudiera conseguir algún Pokémon de fuego y evitar a futuro este tipo de situaciones.

    Me acerqué a la tienda de Nikolah y aguardé en la entrada cruzada de brazos para mantener el calor. La noche era particularmente fría.

    —Nikolah, soy Mimi—dije a media voz— ¿Podemos hablar un minuto?

    Reual Nathan Onyrian vamos a solucionar esto (?)
     
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    —Hm... —Reflexioné su pregunta unos instantes. ¿Quería hacer algo antes? Mi mirada se paseó por el resto de tiendas, y entonces le devolví una sonrisa enigmática en respuesta—. Concédeme diez minutos. Ni uno más, ni uno menos.

    Le pedí a Nikolah que se adelantase y colocase la manta en la playa mientras tanto, y así lo hizo. Para cuando los reportes finalizaron y pasaron los diez minutos llegué a la playa. La brisa me agitó el cabello, suelto, y lo recogí sobre mi hombro con un gesto distraído, buscando a Niko con la mirada. La otra mano, mientras tanto, se encargó de sostener aquella cestita artesanal improvisada que algunos de los mercaderes vendían para facilitar las exploraciones.

    Si aquello iba a ser un picnic no podía faltar la comida. No era un preparado gourmet ni mucho menos; había pedido un par de las bayas cortadas en trocitos para la cena, algo para beber y unos sándwiches. Era... bastante simple, una comida de campamento al fin y al cabo.

    Pero las circunstancias le brindaban ese toque especial que le faltaba.

    —Lamento que la manta no sea demasiado amplia —le dije cuando llegué, soltando una risa escueta por la nariz. Quizás para mí estaba bien pero yo era demasiado pequeña en comparación. Dejé la cesta en el medio y me senté en una esquina, recogiendo las piernas contra mi pecho. Por más tonto que fuese debía admitir que me sentía un poquito nerviosa—. He traído algo para comer y para beber. No es mucho... pero es trabajo honesto.

    Me permití desviar entonces la atención hacia el mar. El cielo comenzaba a teñirse de tonalidades cálidas y reflejaba sus colores en el agua cristalina. Era... una estampa ciertamente idílica.
     
    Última edición: 11 Mayo 2022
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Liza dijo que necesitaba hacer algo antes del picnic, así que después de haber presentado nuestros hallazgos, nos separamos a la salida de la tienda. Yo me dirigí hacia la playa, mientras tanto, para preparar el pequeño rincón para nuestra tarde de descanso. Desplegué la manta, que era algo chica para que estuviéramos ambos tirados, aunque bien podíamos entrar sentados. Aunque suponía que la función más importante de la manta era que la comida no se llenara de arena. Decidí sacarme las zapatillas, que ya tenía los pies algo hinchados de tanto caminar, y los dejé enterrados en la arena fresca, disfrutando de la brisa marina del atardecer. Inspiré, llenándome los pulmones de ese aire salado que pocas veces había sentido, la verdad, pero siempre lograba relajarme. No sabía por qué. Tampoco es como si hubiera pasado mucho tiempo de mi vida al lado del mar. Tal vez era el movimiento de las olas. Me arrullaban.

    Sin embargo, los diez minutos se me antojaron eternos. Estaba algo nervioso. Esto era... ¿esto era como una cita? Yo no tengo idea de como era una cita. Había escuchado sobre ellas y todo, pero la verdad, cero experiencia. ¿Cómo se actuaba? ¿Tendría que haber traído algo? ¿Qué íbamos a comer? No había pensado en eso. Tal vez tendría que ir hacia la cocina, y buscar algo. ¿O yo era el encargado de otra cosa? ¿Había una especie de código de conducta a seguir en estos casos? ¿Cómo...?

    Mi tren de pensamiento se cortó en cuanto escuché la voz de Liza a mi lado. Tan concentrado estaba en mi barullo mental, que ni me había dado cuenta de que había llegado a mi lado. Le dediqué una sonrisa, asegurándole de que no había problema con la manta. Nos podíamos amuchar un poco, si era necesario. Puso la canasta con comida al medio, entre los dos, y se disculpó un poco por lo poco que podía ser. Yo me asomé a la misma, y mis ojos se iluminaron en cuanto noté los sánguches.

    — Un segundo, ¿trajiste sánguches? ¿En serio? —la miré por unos segundos.— ¿Cómo sabías que era mi comida favorita? Vaya, y los clásicos de jamón y queso. Está perfecto, no se puede ir mal con ellos. E incluso hay algunos con un poco de verduras. Muy buena elección, la verdad.

    Tal vez no supiera muchas cosas sobre la vida, pero cuando de sánguches se trataba, era todo un experto.

    Suspiré, y desvié también mi mirada hacia el mar. La verdad que la vista estaba preciosa. Pasaron unos momentos de silencio, en el que estuve moviendo mis pies de un lado al otro, medio nervioso. ¿Qué se hacía en estos momentos? Inspiré, la miré por el rabillo del ojo, y decidí que no iba a resolver nada si me quedaba allí.

    >> Y dime, Liza... ¿cuáles son tus sánguches favoritos?
     
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    Andysaster

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    Niko se asomó para comprobar el contenido de la cesta, y mentiría si dijese que su reacción no me sorprendió. No eran más que un puñado de bocadillos, pero para él parecían superar cualquier otra elección posible.

    Parpadeé.

    —¿Tu... comida favorita?

    Por un momento pensé que lo hacía para hacerme sentir mejor. Siempre era muy amable con todos. El intenso brillo en sus ojos echó por tierra esa teoría en cuestión de segundos, y la sorpresa en mis gestos mutó en genuino alivio. Me permití una mueca similar a una sonrisa. Para no saber lo que estaba haciendo había empezado con buen pie.

    El silencio se extendió entre nosotros no mucho después. No era un silencio pesado, al menos no en mi caso, pero era evidente que ninguno de los dos sabía cómo iniciar una conversación. Era algo que nos salía natural y sin embargo en aquel contexto especial nos bloqueaba.

    Vaya par de bobos.

    Había tomado uno de los sándwiches de jamón, contemplando las vistas cuando Niko decidió intervenir de nuevo.

    —Los de jamón y queso están bien —respondí, y le di otro mordisco para reafirmar mi idea—. Pero si tuviese que escoger uno serían los de queso enteramente. ¡Parecen bien simples pero están muy ricos! —Me recliné ligeramente hacia atrás, apoyando la mano libre en la manta, y le devolví la mirada, liviana—. Aunque esa no es mi comida favorita. Tendrás que intentar adivinarla.

    >>¿Qué hay de ti? —añadí—. Pareces saber mucho de esto. ¿Tu sandwich favorito tiene una mezcla super compleja y variada, quizás?
     
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  18.  
    Reual Nathan Onyrian

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    Mientras esperaba que Liza contestara, había agarrado uno de los sánguches, y ya estaba dando buena cuenta de él. La verdad no estaban nada mal. Básicos, eso sí, pero estábamos en un campamento que teníamos que desarmar cada tres días porque la isla en la cual aterrizamos cambiaba de bioma completamente y hasta parecía viajar en el tiempo, así que tampoco se podía esperar mucho. Como fuera, el sánguche era servicial, y cumplía con su propósito. Aunque yo le hubiera puesto limón o manteca, en vez de mayonesa.

    — Uh, los de queso sí que son una buena elección. Además, puedes hacer muchas combinaciones, no solo con simple queso tybo o cheddar. Se pueden hacer con roquefort, gruyere, mozzarella, y la lista sigue. Incluso los puedes combinar. Y ni te cuenta como quedan a la plancha o dorados, con el queso fundido. Ah, ya se me está haciendo agua la boca —solté una risa corta, y luego la miré curioso.— ¿Tengo que adivinar, en serio? Que mala. A ver... Como no van a ser los sánguches. Vaya mal gusto. Es... ¿es algo dulce? ¿Un postre?

    Me terminé el sánguche que estaba comiendo, y agarré otro. Le estaba dando buena cuenta. Le di un mordisco y me golpeé la barbilla con los dedos, pensando ante su pregunta.

    — Mi sánguche favorito... es difícil. Supongo que depende del día y mi humor. Sí el día está frío, como dije, nada mejor que uno caliente de queso fundido y carne. La combinación es demasiado genial. Y en días calurosos, uno de verduras, bien cargado, con tomate, lechuga, huevo y aceitunas. No me gusta mucho el pan kalosiano para los sánguches, eso sí. La corteza es muy dura, y tienen mucha miga. Te quita el apetito rápido —medité unos segundos más.— Pero creo que mi favorito de todos es un sánguche de jamón y queso, con pan de miga, tostado, con arriba tomate, queso fundido, y orégano. Sí, eso es lo mejor. Depende del queso, también, pero nada le gana.

    Suspiré, y tomé un tercero. Me recargué sobre uno de mis hombros, extendiéndome en la manta, y levanté el bocadillo ante mis ojos, tapando el sol moribundo. El naranja estaba dejando paso al violeta y al azul, y la estampa de verdad que invitaba a callarse un rato y a reflexionar.

    — Oye, Liza, estuve pensando... —comencé, dejando luego una pausa de unos segundos, mientras buscaba las palabras adecuadas.— ¿Te has puesto pensar que hace que un sánguche sea un sánguche? Es decir, ¿una hamburguesa es un sánguche? Supongo que sí, porque es pan, relleno, y pan. Se llama hamburguesa nomás por la carne. Pero de ser así... ¿un hot dog es un sánguche? Quiero decir, hay relleno entre dos panes, en este caso una salchicha. ¿Un taco es un sánguche? ¿O un taco es un hot dog? Vaya interrogantes de la vida.
     
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  19.  
    Andysaster

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    Liza White

    La curiosa conversación siguió su curso. No fui consciente hasta entonces de que Nikolah tenía un gran conocimiento de la cocina, ya fuesen ingredientes o combinaciones que podían realzar hasta el más simple de los sandwiches. Yo... tan solo tenía una noción general. Me defendía en lo más simple, lo suficiente como para salir del paso. Pero él en cambio parecía tener verdadero gusto por lo que decía.

    Lo escuché, abstraída, porque siendo honestos podía hablarme del tema más insignificante que seguiría interesada en lo que decía. Y en el fondo, mientras le daba otro bocado al sandwich y tomaba una rodaja de baya latano, endulzando la mezcla en mi boca, me pregunté si algún día me animaría a pedirle que me hiciera algo... o cocinar algo juntos.

    Sí. Eso estaría bien.

    —¡Ah! ¿Eres un esper o algo así? —exclamé, llevando las manos a la cabeza con fingido recelo. Dejé el teatro no mucho después para sonreírle en respuesta—. Mhm. Es un postre. Bueno, no sé si considerarlo así cuando solo es un helado. ¡Pero me encantan! De crema, de leche, de mantecado, granizado... Existen tantas combinaciones y todas están tan ricas.

    Hablar de helados en la playa, con aquel buen clima solo hizo que se me antojasen. En su lugar tomé otra de las rodajas de bayas y aparté la canasta un poco, para tumbarme con cuidado sobre la manta también. Le dirigí una mirada esporádica, calculando que no estuviese demasiado cerca pero tampoco demasiado lejos, y desvié la atención con timidez hacia el cielo, que comenzaba a perder sus colores.

    Respiré hondo, sintiéndome en completa calma. Momentos así merecían completamente la pena.

    Nikolah volvió a dirigirme la palabra, y cuando parecía que iba a reflexionar sobre un tema profundo su respuesta me arrancó una risa bajita del pecho por lo inesperado del asunto. Cuando me miró extrañado por mi reacción ante un tema tan serio solo pude agitar las manos, excusando mi comportamiento. Realmente si te parabas a pensarlo era una pregunta bastante compleja.

    —Quizás... ¿se deba a que tienen una forma característica, y es a eso a lo que le ponen nombre? —cavilé. Si la definición era meter carne u otros ingredientes entre dos panes muchas variantes cumplían ese papel. Pero los sandwiches solian ser cuadrados o rectangulares, las hamburguesas redondas y los hotdogs usaban un tipo de pan bastante específico—. Un taco tiene una forma completamente distinta, así que mi teoría seguiría teniendo efecto. Hay comidas con multidud de figuras geométricas, si te paras a pensarlo. ¿Se te ocurre alguna que tenga forma de rombo?

    Arceus, era la conversación más extraña que había tenido en mi vida. Y sin embargo estaba resultando sorprendentemente divertida.
     
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  20.  
    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Adicto

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    Nikolah Cruz

    Me giré confundido hacia Liza. ¿Esper? ¿Qué diablos era eso? Sonaba a Espurr. Más o menos. ¿O sea si era un Espurr? ¿Qué me quería decir? ¿Qué tenía los ojos grandes? ¿Qué era peludito? La barba no se me había asomado ni por chiste, la verdad. Tal vez... ¿tenía algo que ver con lo psíquico? Siendo sincero, no tenía nada de psíquico. Solo tire algo dulce, como un postre, porque bueno. Ella era dulce. Recordaba cuando había hecho muffins, hacía un tiempo largo ya, cuando todavía estábamos en Galeia. Así que helado, ¿eh? Era bueno saberlo.

    — Sí, el helado es una muy buena opción. O sea, es con un sánguche. En el sentido de que tienes tantas opciones y son tan versátiles. No conozco a nadie que al menos no le guste un tipo de sánguche o un sabor de helado. Son como... comidas universales —de repente, me incorporé, con el sánguche en la boca, y golpeé la palma de mi mano con un puño.— ¡Eso es! Se me ocurrió algo. Podemos luego comer sánguches de helado. O sea, con helado. No hablo de los que son con galleta y helado adentro, que eso también podemos comer. Si no, no sé, algo como... bochas de helado arriba, abajo oblea, dentro fruta, y luego otra oblea. Digo fruta aunque puede ser chocolate. O pedazos de galleta, no sé. No quedaría muy rico combinar dulce con salado.

    Volví a acostarme, serenándome luego de mi idea millonaria. Escuché lo que Liza cavilaba, a su vez. Sí, tal vez suponía que tenía razón.

    — Claro, pueden ser como... como que eran sánguches antes, pero se fueron luego diferenciando por otras cosas. Estilo, como que eran de la misma familia, pero de otra especie. Como si hubieran evolucionado. Oh, ¿te imaginas un pokémon sánguche? ¿Qué evoluciona a una hamburguesa, un taco o a un hot dog? Eso sería muy raro...

    Se hizo el silencio, mientras pensaba en la preguntaba que me acababa de hacer. ¿Comida en forma de rombo? No específicamente, pero...

    — Tal vez no es obligatorio que sea en forma de rombo, pero hay varias galletas que se suelen hacer así. Oh, y había otra, que no me acuerdo el nombre. Que era como una masa grande y hueca, en forma de rombo. Y dentro tenía queso derretido y huevo, y no me acuerdo que otra cosa más. Bueno, y quizás las empanadas, si uno usa mucho la imaginación...

    Me tumbé en un costado, con la cabeza apoyada en un puño, mirándola.

    >> La verdad que no conozco ninguna con forma específica de rombo. Tendría que averiguar más. Oye, y otra pregunta. ¿Cuál es tu tipo favorito de pokémon?
     
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