Isla Milagro Campamento: Vida diaria

Tema en 'Región de Gérie' iniciado por Yugen, 7 Abril 2022.

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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Liza tardó un rato en responder. Pensé que incluso ni siquiera estaba en su tienda y había visto mal. Estuve a punto a dar la media vuelta e irme, cuando escuché como me respondía. Ah, bueno, ¿estaba bien entonces? Suponía que me había preocupado medio por nada. Ah, las capturas. Ya me parecía. Sonreí, y me acerqué un par de pasos, cuando escuché como de adentro salía un apagado estornudo. Si no hubiera estado prestando atención, se me hubiera pasado, en especial con el ruido que había afuera. Había algunos holders yendo y viniendo de un lado al otro; parecía como si se estuvieran preparando para una larga travesía. ¿Tal vez era hora de otra expedición? No tenía idea.

    Me quedé unos segundos sin saber muy bien que hacer, debatiendo si abrir la cremallera de su tienda o no, y a final, decidiendo que eso quizás fuera demasiado intrusivo, me senté a un costado. Me abracé las rodillas, y estuve esperando más tiempo aún para saber que decir. ¿Qué se decía en estas circunstancias? O sea, estábamos en una isla en medio del mar. Tampoco como que podía decirle: "te llevo al Centro Pokémon". Quedaba algo lejos.

    — Hoy también las capturas no me fueron muy bien. Obtuve cuatro pokémon nomás. ¡Pero al menos uno de esos era un Oricorio! Y uno que nunca había visto antes. Era bien raro. Pero la mayoría fueron Zubats. Iluso de mí por creer que no habría Zubats en la caverna porque había un cebo, ¿no? —me reí, y volví la vista hacia la carpa.— Me topé con muchos pokémon interesantes, pero la suerte no estaba de mi lado. O la suerte, o la habilidad, o lo que fuera. Me crucé con Honedges, Zebstrika, e incluso con uno que era como un Zorua, pero se veía raro. Distinto. Ni me pude acercar igual, salió huyendo apenas me notó. Tenía el pelo blanco, con tintes como rojo en las puntas. Era super bonito. Pero muy tímido. U odioso.

    >> Pero supongo que hay días y días. Algunos te va bárbaro, otras veces no tanto. Mañana te va a ir mucho mejor, ya vas a ver.

    Sonreí hacia la carpa, aunque no creía que me pudiera ver. Mi gesto se torció un poco.

    — Eso sí, suenas algo resfriada. ¿Te pasó algo? ¿Anduviste desabrigada? Tal vez deberías tomarte un descanso. No pasa nada porque un día no salgas del campamento. Yo me pasé uno descansando, y ando perfecto. Está bien que me suelo enfermar una vez en un millón, pero igual, no deberías esforzarte tanto. ¿Quién no está apurando? Cada pequeño paso que vamos dando es un avance, después de todo. O no sé, quizás estábamos en una carrera y ni cuenta me había dado.

    Solté una risotada, y miré hacia alrededor, mordiéndome el labio.

    — Oye, si necesitas algo, ¿me dices, sí? No sé que pueda hacer en medio de la isla, pero me las arreglo. Te puedo traer luego la cena a la carpa, si quieres, así no te tienes que mover.
     
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    Mimi Honda

    Mizune recibió los caramelos de buen grado. Era una golosa, le encantaba todo lo dulce. Bueno, al menos ya sabía que pokochos hacerle si alguna vez volvía a usar mi vieja pokochera.

    Ese día no pude salir de exploración porque me había quedado sin pokeballs. Las capturas del día anterior habían sido ridículas. Estaba más preocupaba en demostrar que Mia decía la verdad que en atrapar nada para el profesor. Me importaba un cuerno de Tauros si se molestaba o me dirigía esa mirada tan poco halagadora. No era un trabajo, solo estaba ayudando en la exploración.

    En cualquier caso las ''cuatro serpientes sin ojos'' no dejaban mi mente. Sonaba tan inverosímil. Pero ya habíamos comprobado que esta isla no era normal. Debían ocultarse muy bien, eso era todo. En cuanto consiguiese provisiones volveríamos a intentarlo.

    Desde mi posición vi a Liza salir apresuradamente de la tienda de Pine y encerrarse en su tienda de campaña. No parecía que el día hubiera sido mejor para ella. ¿Qué pasaba? Estábamos todos como dispersos.

    Cuando pretendía acercarme vi a Nikolah ir detrás. Suponía que mi presencia estaba demás ahí. No podía escuchar lo que hablaban pero si oí ese estornudo. El cambio de temperatura del bioma cálido a este, las tardes tan húmedas... no era algo que me extrañase.

    Sin embargo, ¿refugiarse en su tienda de campaña de forma tan brusca? Eso era algo más típico de mí que de ella. No parecía estar bien.

    Miré a Nikolah durante un rato hasta que decidí que efectivamente no tenía nada que hacer ahí. El bobo gigante amable se ocuparía.

    Me fui a mi tienda. La frustración del día y las pocas pistas no me dejarían tan fácil.
     
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    Liza White

    Nikolah no respondió y creí por un momento que se habría marchado. La idea hizo que tuviese emociones encontradas... pero suponía que era lo adecuado. Mi malestar físico tan solo me volvía más susceptible, no se merecía cargar con mis frustraciones de esa forma.

    Pero una vez más me sorprendió su voz al otro lado de la tienda. Intuí que se habría sentado, y una vez cómodo comenzó a relatarme su día, y cómo las cosas tampoco le fueron fáciles. Mi ceño, ligeramente fruncido, se fue relajando a medida que me permitía escucharlo, por muchas ganas que tuviese de seguir con mi propia imvestigación.

    Parecía haber atrapado el mismo y extraño Oricorio que yo, ¿huh...?

    Abrí los ojos cuando mencionó entonces al Zorua. Fue aquel detalle el que hizo que olvidase por un instante todo. ¿El también lo había visto? ¿No había sido una alucinación? Me incliné hacia delante, dispuesta a abrir la cremallera con celeridad para resolver mis dudas... pero recogí la mano sobre mi pecho tras unos segundos, al percatarme de que seguía hablando.

    Tensé ligeramente los labios.

    No podía permitirme tomarme el día libre, no era tan sencillo. Si lo hacía cada vez reportaría menos capturas, y mi ayuda sería inexistente. Un resfriado quizás me incapacitaba para capturar de manera óptima, pero había otras formas de seguir ayudando. Quizás no fuera una carrera, pero al igual que Mimi necesitaba sentirme válida allí.

    No quería ser una carga.

    Pasó un tiempo desde que Nikolah terminó de hablar, sin resultados aparentes. El silencio se extendió entre nosotros y entonces, y solo entonces, asomé la cabeza finalmente, la mirada algo esquiva.

    —No... suena mala idea —murmuré—. Lo de la cena, quiero decir.

    Era demasiado testaruda como para simplemente hacerle caso y descansar cuando aún quedaba tanto por hacer, pero... suponía que podía permitirme algo así. No me gustaba que me cuidasen, pero mi cuerpo no parecía querer colaborar de todas formas. Tampoco era tan estúpida.

    Entonces, algo dubitativa, dirigí mi mirada hacia él. Los ojos me brillaron recuperando por un instante su color habitual.

    >>Yo también vi a ese Zorua. Creí que había sido producto de mi imaginación, pero si tú también lo viste debe ser real, ¿verdad? —inquirí. Por un momento comprendí cómo se sentía Mia—. ¿Será una variante regional? ¿Qué tipos crees que tenga?
     
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    Mimi Honda

    —Es un Zorua-Hisui—no podía quedarme quieta en mi tienda ¿verdad? Maldita sea, estaba preocupada—. Yo también lo vi.

    Cruzada de brazos intercambié una breve mirada con Nikolah y Liza. Solo me había acercado para asegurarme de que White estaba bien, no me iba a quedar mucho tiempo.

    >>Hisui es el nombre que recibió Sinnoh cuando tuvieron lugar los primeros asentamientos humanos. Técnicamente ese Zorua ya no debería existir. Se extinguió, así como lo hizo toda la fauna de la época.

    >>En la biblioteca de Ciudad Canal hay cientos de libros al respecto.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    El silencio se extendió una vez que terminé de hablar. Dejé que este se asentara, tanto porque quería darle su espacio a la castaña, así como también porque no sabía que decir a continuación. ¿Qué se hacía en estos casos? ¿Se seguía insistiendo? ¿Tenía que dejarla sola? Tal vez ni siquiera hubiera querido mi ayuda o conversar, y me había contestado de pura cortesía. Me sorprendió escuchar el sonido de la cremallera abriéndose, y vi su cabeza asomarse, tímidamente. No pude contener una sonrisa. Se veía... tierna. Sí, esa era la palabra. Como una niña pequeña. Le dediqué una sonrisa aún mayor cuando mencionó lo de la cena.

    — ¡Genial! Entonces te la traigo yo luego. No sé que estarán sirviendo esta vez. Además, falta todavía. ¡Pero no te preocupes! ¡Yo me encargo! Pero luego tienes que ponerte a descansar, ¿sí? Nadie nos apura. Lo que no pueda hacer uno en un día lo terminará haciendo otro. Por algo somos todos un equipo, ¿no?

    Se la veía rara. Como si estuviera dudando en aceptar mis consejos o no. Pero bueno, tampoco podía ponerse a dar vueltas por ahí por como estaba. Se le notaba la carita de enferma. Con ojeras y todo. Necesitaba descansar bien. Y una sola noche en una carpa no iba a solucionar eso. Sin embargo, volvió a dirigirse a mí, con un nuevo brillo en la mirada. Volví a sonreír, de manera casi imperceptible. Ese brillo me podía.

    — No te culpo, se veía raro. Como... etéreo. Fluía y todo. Lo encontramos en una sima, medio nevada, ¿así que podría ser tipo hielo? Tenía el pelaje blanco y todo. Y es rojo pastel... ¿te imaginas que fuera como fuego/hielo? ¡Eso sería rarísimo! Puede que sea una especie de esta isla o...

    Di un respingo cuando escuché una voz a mi lado. Ni había notado que Mimi se había acercado. Era silenciosa. Podría ser una ninja o algo así. La observé curioso, mientras nos explicaba sobre el Zorua que habíamos visto. ¿His...? ¿Cómo era? ¿Hisai? ¿Husui? ¿Hasiu? Pestañé, y me intenté quitar el desbarajuste mental que estaba teniendo en mi cabeza en esos momentos. Tanto nombre raro me había hecho un remolino en la cabeza. Además, había otros temas. ¿Debía estar extinto? ¿Entonces que Giratinas hacía allí? ¿Acaso estábamos viajando en el tiempo? ¿La isla lo estaba haciendo? ¿Qué estaba pasando?

    Me rasqué la barbilla, pensativo. Eso era mucha información.

    — Vaya, no tenía idea. ¿Qué hará un pokémon extinto aquí? Y encima de una región tan alejada como Sinnoh. Este lugar se vuelve cada vez más raro. Ah, ¡y hola Mimi! ¿Cómo has estado? ¿Un poco mejor? Liza estaba medio chueca, así que por ahora me voy a quedar aquí y le voy a hacer compañía. Pero después tengo que buscarle la cena, y tengo el presentimiento de que se intentará escapar a algún lado. ¿La quieres cuidar luego, en lo que voy y vengo? O sea, te puedes quedar ahora y todo lo que quieras, obvio. Pasa que no sé si estás ocupada o con otras cosas. Y eso.

    >> ¿A ti te parece bien? —pregunté, volteando la mirada hacia Liza.
     
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    Mimi Honda

    Ese era el tema, ¿que hacían aquí Pokémon técnicamente extintos? ¿Como podía haberse detenido la isla en algún momento del espacio tiempo?

    Enrojecí ligeramente cuando Nikolah me preguntó como estaba. Estúpidos bichos. Aún no podía creer que hubiera terminado por desmayarme en la jungla.

    —Estoy mejor—dije rápidamente y cruzada de brazos como estaba ladeé la cabeza en ese gesto orgulloso, tan típico—. No es como si pudieran conmigo unos bichitos de nada.

    Mentirosa.

    Carraspeé para aclarar mi garganta y mis ideas.

    En cualquier caso el tema no era ese. No había ido para hablar de los misterios de aquella isla extraña perdida en mitad de la nada. Aunque el tema de Mia seguía preocupándome.

    Descrucé los brazos y volteé a mirarles. Tan juntos, solos. No era necesario ser un lince, sabía que estaba de más ahí.

    No tardaría demasiado. Al menos haría que mi inesperada visita sirviese para algo.

    >>Escuché a White estornudar desde mi tienda—así de fuerte lo hizo, Arceus— y me acerqué a ver cómo estaba, es todo. Ya me voy. No quiero interrumpir.

    De hecho fueron las propias palabras de Nikolah las que me dieron la clave. Liza estaba resfriada, eso era evidente. Tenía ojeras y aspecto cansado. Aunque tenía intención de comprobar si tenía o no fiebre usando a Dex, no pretendía quedarme más tiempo del necesario. Por eso cuando él mencionó que iba a quedarse a hacerle compañía, mi cerebro actuó rápido.

    Miré a ambos alternativamente. Y entonces el foco se prendió.

    >>Ah Nikolah, ¿por qué no te quedas tú con Liza esta noche? Mañana puedo hacerlo yo—solté. Ignoré deliberadamente la expresión de White—. Estoy segura de que aún estando enferma querrá salir a capturar Pokémon porque es esa clase de tonta. Ya que estás aquí asegúrate de que se quede en la tienda y descanse.

    Le iba a hacer compañía de todos modos. ¿Qué importaba si pasaba la noche allí? No era como si a ella le desagradase.

    Era un empujoncito de nada en la dirección correcta. Aunque mi expresión no varió, internamente sonreí con las implicaciones de aquella idea.

    >>Es más, estoy segura de que no le importará si traes tus cosas y tus Pokémon. Hay suficiente espacio para dos sacos en la tienda.
     
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    Liza White

    Cabezota como era me negué a aceptar que otros hiciesen mi parte del trabajo. No estaba por la labor de permitir algo así. Sin embargo mi postura cerrada desapareció tan pronto como continuó hablando sobre el Zorua de tonos claros. Hielo/Fuego sonaba una combinación fascinante para alguien de su especie.

    La aparición tan repentina de Mimi hizo que contuviese una exclamación ahogada. ¿Dónde...? ¿Cuándo...? ¿Era un pokémon fantasma acaso? En cualquier caso su presencia no me molestó. Nos habló sobre que se trataba de una variante extinta de la antigua Hisui y la escuché con atención, interesada en lo que nos relataba.

    No me hacía especial ilusión que esos dos se enterasen de que me había resfriado, eso sí, porque nos conocíamos demasiado bien. Era evidente que no me quitarían el ojo de encima.

    Iba a tener que andar con cuidado si quería continuar con mis pesquisas a partir de ahora.

    —¿¡E-Eh...!? —exclamé entonces ante el repentino ofrecimiento de Mimi. Era difícil saber si el rubor en mis mejillas era producto de la fiebre o de la vergüenza en sí. Esa idiota. La idea de compartir tienda con Nikolah no era mala en sí, pero... Fruncí la nariz cuando enfatizó que intercambiarian turnos de vigilancia, sintiendo que me trataban como una cría—. ¿Q-Qué dices? No voy a irme a ningún lado, boba. No digas tonterias...

    Nunca había sabido mentir. De hecho se me notaba demasiado fácil. La voz especialmente aguda, la mirada esquiva. Era evidente que no estaba siendo honesta en ese instante.

    >>E-En cualquier caso no necesito que se quede —continué. No les miré a ninguno de los dos, haciendo un leve mohín. Tensé la tela de la tienda entre mis dedos—. Solo es un resfriado tonto, exagerados. Se me pasará, ¿sí?

    Una parte de mí quería que se quedase, pero la otra, la más obstinada, no quería hacer que nadie se desvelase por asegurarse de que descansaba.

    De modo que intercambié miradas entre ellos, esperando la señal para huir de nuevo a mi cueva.
     
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    White reaccionó como esperaría que hiciese. Enrojeció aún más si cabía y balbuceó una serie de estupideces inconexas. No me sorprendía, podía ser tan obstinada como yo. Era terca como un Mudsdale y tan infantil como un Togepi recién salido del huevo.

    Además, mentía de pena. Sería una pésima actriz.

    —Un resfriado tonto—repetí con cierta pesadez y rodé los ojos. Entonces tomé a Dex de mi bolso agachándome para estar a su altura—. De acuerdo, comprobémoslo. Dex, ¿puedes tomarle la temperatura?

    Una luz fugaz procedente del aparato escaneó el rostro de Liza. Tras escasos segundos, su voz robótica e impersonal respondió:

    —Treinta y siete con ocho grados. Recomiendo un descanso apropiado para que el sistema inmune trabaje de forma óptima.

    Era increíble la cantidad de funciones de la Dex de mi padre. No era solo una Pokedex o un holomisor. Era un asistente personal robótico con cientos de funciones. Quizás solo era un producto en fase beta, pero cuando se pusiera a la venta se vendería como pan caliente.

    Me incorporé.

    >>Eso son décimas de fiebre. Así que si no quieres ponerte peor vas a quedarte aquí quieta como un Sudowoodo. Nikolah se quedará para cuidarte.

    Volví a cruzar los brazos. Mentiría si dijera que la situación no me causaba cierta gracia.

    La estaba ayudando en varios sentidos. ¿Por qué no dejaba de ser tan terca y la aceptaba de una vez?

    >>Dormirá ahí, a tu lado. Bien cerca. Como su sistema inmune es tan fuerte, ni siquiera pillará el resfriado. ¿No suena bien?
     
    Última edición: 27 Abril 2022
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    Honda se agachó y colocó su pokédex frente a mí. Enarqué una ceja, escéptica, como un pokémon huidizo. ¿Qué estaba...?

    Una luz surgió del aparato, obligándome a cerrar los ojos. Los abrí al poco tiempo, desconcertada, solo para comprobar que había sido escaneada por el aparato. ¿Una Dex podía hacer eso?

    ...Demasiada tecnología para una chica de campo.

    —Décimas de fiebre, pft. No es la gran cosa —insistí, fingiendo seguridad y confianza en lo que decía. Pero el cansancio en mi rostro no mentía. Ironicé—. ¿Y si tengo ganas de ir al baño? ¿Tengo que pedir asistencia para eso también?

    En cualquier caso no seguí replicando mucho más. Sabía que intentaba ayudarme, no tenía culpa de que la paciente fuera un caso perdido. Desvié la mirada una vez más, un tanto nerviosa. Y es que la idea no sonaba nada mal, pero...

    Pero aún así necesitaba asegurarme.

    —¿Qué opinas tú? —pregunté. No le miré a los ojos pero era evidente que hablaba con Nikolah. Me removí, algo inquieta—. ¿No te importa?
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Sonreí en cuanto Mimi dijo que estaba mejor. Era bueno saberlo. Después de la desmayada y de que Liza me contara como había acabado, la verdad es que me había preocupado bastante. Pero bueno, al menos se la notaba mejor ahora. La pregunta es por qué había aparecido ahí de la nada. Igual no tardó mucho en decirnos la razón. ¿Liza había estornudado tan fuerte? Debía tener los oídos algo tapados yo. Me apreté la nariz con ambos dedos e exhalé por allí, para intentar destapármelos. No, nada. Tal vez estaban algo sucios. Iba a tener que lavármelos luego. Porque la verdad es que no me había sonado tan fuerte a mí. Quizás simplemente había estado cerca.

    — ¿Quedarme con Liza? Sí, obvio, esa era la idea. Mis pokémon ya los tengo encima, y solo tengo que traer mi bolsa de dormir. Puedo dormir en la entrada sin problema —agregué, sonriente. Luego fruncí el ceño, confundido.— ¿Dentro? No creo que entremos. Además, si Liza está enferma, lo mejor sería que tenga su espacio, ¿no? Eso había escuchado. Que no hay que atosigarlos demasiado y demás. No va a salir de la tienda, obvio. Pero tampoco creo que ir a invadir adentro haga bien.

    Me encogí de hombros. Tampoco era un experto en estas cosas. Tal vez Mimi sabía más. Había dicho que había cientos de libros sobre el tema de Hisui, o tal vez de Zorua-Hisui, en esa ciudad que mencionó. Tal vez leyó muchos libros de otros temas. Quizás sobre cuidados de enfermos y demás, que yo no tenía idea. Además, hizo cosas raras con la Dex luego. ¿Cuántas cosas se podían hacer con eso? ¿Acaso también te podía servir el desayuno? Porque estaría genial.

    Liza reaccionó raro ante la propuesta de Mimi. Reaccionó mintiendo, en un principio. Mira que a mí muchas de esas cosas se me escapaban como agua entre los dedos, pero había que decir que la chica no tenía idea de como mentir. No parecía muy contenta con la idea de que me quedase. Suponía que a nadie le gustaba que lo trataran como a un niño con estas cosas. El problema era que seguro ahora mismo estaba buscando como escapar de todo esto. Y no le iba a dar el placer. Asentí en cuanto Mimi dijo que me quedaría a cuidarla, pero volví a fruncir el ceño cuando repitió de nuevo lo que quedarme dentro. ¡Qué no iba a entrar ahí! O sea, seguro que sí, pero no iba a quedar demasiado espacio. Tampoco como si hubiéramos traído carpas para cuatro personas cada uno. Había veces que yo terminaba sacando las patas afuera de la mía.

    — Creo que al baño puedes ir tú sola —dije, encogiéndome de hombros.— Tampoco es que estás parapléjica.

    Le sonreí, de manera inocente, pero luego ella se dirigió de vuelta a mí. Me rasqué la barbilla, pensativo.

    >> Mira, no tengo problema en traer mis cosas y quedarme aquí. Pero no sé cuan cómodo será que yo duerma adentro, contigo. Me muevo mucho al dormir, de hecho. Pero si quieres, podría intentarlo. Como dije, no tengo drama en quedarme aquí, afuera o adentro —levanté la mirada hacia el cielo, al notar como las luces se iban apagando.— Oh, cierto. Ya es hora.

    Me levanté de un salto, y me dirigí hacia la cocina del campamento. Era ya la hora de cenar.

    Volví con porciones para todos, y le tendí una a Liza. Le sonreí, y me senté fuera de la carpa, a devorar mi comida. No me había dado cuenta, pero tenía muchísima hambre.
     
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    Bueno, eso no había salido... muy bien que digamos. ¿Había esperado acaso una reacción particular? ¿Quién era, Blake? Un escalofrío me recorrió la espalda ante la comparación mental.

    Parecía que cada uno de mis intentos por unirlos era infructuoso. Pero no podían decir que no lo intentaba ¿verdad? No sabía si Nikolah era simplemente demasiado bobo o demasiado lógico. Por eso cuando se fue a por la cena suspiré con condescendencia.

    Pretendía irme pero regresó pronto y además trajo cena para mí. Era un detalle muy amable pero no... ¡no era necesario! Aunque no sé a quién demonios pretendía engañar, mi estómago llevaba buena parte de la tarde haciendo ruidos vergonzosos. De modo que con un escueto "gracias" me senté dentro de la tienda de Liz—porque no pensaba hacerlo en el suelo sucio y qué importaba ya—y empecé a comer. Debía reconocerlo, estaba muy bueno. Pasta.

    Hidratos de carbono por la noche...

    Mientras comía mis pensamientos se dirigieron hacia la carpa del campamento de Teselia. Tenía entendido que los chicos saldrían de expedición a las cuevas para buscar esas cuatro serpientes. Hubiera ido yo también pero ya eran demasiados. Más de tres personas buscando pistas de un Pokémon tan escurridizo sería contraproducente. Mejor mantener un perfil bajo.

    Sin embargo, por mucho que quisiera no podía ocultar la tensión ni el peso de la ansiedad en mi estómago. Estaba preocupada. ¿Era verdad? Vamos, tenía que serlo. Sonaba tan rocambolesco, tan inverosímil... Primero el árbol gigante, ahora esto.

    >>Mi hermana lleva años intentando hacer un descubrimiento, bichito<<

    Bichito.

    Bueno, ¿y qué? Eso no implicaba que lo estuviese inventando. No estaba buscando solo llamar la atención... ¿verdad?

    —Mia—murmuré.
     
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    Liza White

    Nikolah en su lugar prefirió quedarse fuera. Suspiré. Pensándolo en frío lo cierto es que mi tienda era quizás demasiado pequeña para los dos. Pese a la ligera decepción del principio comprendí que aquello era lo adecuado, y negué con la cabeza ante su ofrecimiento, suave.

    No quería que pasase una mala noche después de todo.

    —Mhm. Así está bien —convine cerrando los ojos, resignada—. Se siente como si tuviese un policía en la puerta vigilándome... pero supongo que no lograré convenceros diga lo que diga.

    Entonces se marchó a por la cena y animé a Mimi a que se quedase con nosotros. La muy boba estaba obcecada con la idea de que sobraba pero lo cierto era que me hacía ilusión pasar tiempo con los dos. Por suerte el rubio trajo muy amablemente raciones de comida para los tres y ella ya no tuvo demasiada escapatoria.

    —Gracias, cielo —Le sonreí a Niko cuando me tendió mi parte, y probé un bocado de la pasta. Agaché los hombros, derrotada. Maldita congestión—. Ngh... No sabe a nada...

    En cualquier caso la cena fue tranquila. El resto de holders habían salido de expedición así que solo quedábamos nosotros. Me preguntaba si esta vez lograrían encontrar algo directamente relacionado con lo que aseguraba haber avistado Mia, y supe que no era la única que pensaba en ello en ese momento.

    Le di un pequeño codazo a Mimi, confidente.

    —Ya verás como todo va a salir bien —le dije, sin mirarla directamente, con la atención puesta en mi comida. Confiaba en su palabra y en el trabajo de los chicos. La miré de soslayo entonces. Había decidido tomar asiento dentro de mi tienda y me llevé el antebrazo al rostro, dubitativa—. No es que no quiera compartir mi tienda contigo, ¿pero estás segura? No quiero pegarte el resfriado.

    >>Y me temo que nosotras no tenemos defensas de acero como el señor aquí presente.
     
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    Mimi Honda

    El ligero codazo de Liz me sacó de mis pensamientos. Se llevó el antebrazo al rostro preocupada por pegarme el resfriado. No pude evitar soltar una risa sin gracia.

    —No seas tonta—repliqué—. Es un resfriado de nada ¿no?

    Parafraseé sus palabras exactas, esas que había soltado antes como excusa, pero lo cierto era que no estaba pensando en eso. Mi mente estaba lejos de allí. Demasiado preocupada por el futuro como para centrarme realmente en el presente.

    Apenas conocía a Mia, ¿por qué entonces me preocupaba tanto? ¿Por qué estaba tan empecinada en que fuese verdad todo lo que decía?

    Por supuesto que conocía la respuesta.

    Dejé el plato vacío a un lado y recogí mis piernas, rodeándolas con los brazos. Ni siquiera sé exactamente por qué lo dije. Hablé en voz baja, sin pensar, perdida en recuerdos distantes.

    —Me recuerda a mí—dije. En ningún momento la miré—. Con un hermano imbécil, sola, tratando de hacerse notar y encontrar su lugar en el mundo.

    Matt no era mi hermano pero eso no cambiaba el hecho de que me recordaba a Blake. Ambos eran unos completos estúpidos. La diferencia entre ellos era que Blake era un ser humano normal y no un psicópata como Matt. Recordar la forma en la que este último me atosigaba con sus Pokémon bicho porque le resultaba gracioso verme en pánico hizo que un escalofrío me recorriese la espalda y me encogí aún más, apretando mis rodillas contra el pecho.

    Ugh.

    >>Quiero ayudarla. Quiero creerla... porque eso implicaría que a diferencia de mí ella no quiere solo llamar la atención. Yo busqué por mucho tiempo dejar de sentirme sola. Gané numerosos concursos y ni siquiera lo hice por mí. Era un grito desesperado por hacerme notar.

    Quería ser famosa porque necesitaba que alguien me reconociese. Ahora lo era gracias a Gérie. Podía decir que se había cumplido ese sueño. Y sin embargo a veces seguía sintiéndome vacía.

    >>No quiero creer que ese es el caso de Mia. Que está inventando todo porque se siente igual. Quiero pensar que ella tiene motivos reales, que de verdad vio lo que dice. Porque sí se demuestra que es cierto nadie tendrá nunca más motivos para ignorarla.

    Sí, esa era la verdad. Quería que se diesen cuenta de que estaba ahí, que no era invisible.

    Como yo misma lo deseé tantas veces.

    En el momento en que terminé de hablar me pregunté a mí misma por qué demonios había soltado de la nada todo eso. Suponía que era la confianza que nos teníamos, que hacía fácil hablar de esas cosas. Arceus, era ridículamente fácil.

    Parpadeé con lentitud como despertando de un sueño y sentí cierto calor subir hasta mis mejillas.

    Carraspé.

    —Olvídalo—dije incorporándome—. He terminado la cena. Volveré a mi tienda para que no me contagies tus virus mortales.
     
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  14.  
    Andysaster

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    Cuando repitió mis mismas palabras le dirigí una mirada de circunstancias. Le habría lanzado algo pero me encontraba demasiado débil como para hacer el idiota. De modo que seguí comiendo aquella comida insípida disfrutando de la tranquilidad del campamento a aquellas horas de la noche.

    Entonces la escuché. Había bajado la voz e intuí que se trataba de algo importante para ella, de modo que giré el rostro para verla a pesar de que no me miraba.

    Al parecer Mia le recordaba a ella y esa era la razón por la que parecía tan preocupada y silente. Quería que ella lograse el reconocimiento de la persona adecuada, ese que Mimi nunca tuvo. Suponía que ahora todo tenía sentido.

    La escuché en silencio. Cuando acabó de hablar e hizo ademán de incorporarse separé los labios, dejando mi plato a un lado.

    —Parece que ya somos dos las que nos sentimos reflejadas, ¿huh? —dije como toda respuesta. El cansancio que sentía debió reflejarse tanto en mi voz como en mis gestos. Los párpados me pesaban—. Nuestros casos son distintos pero durante mucho tiempo busqué llamar la atención también. Mi hermano siempre fue mi modelo a seguir y nunca acepté el hecho de que se marchase de esa forma, sin avisar.

    >>Creí que, quizás, si lograba destacar en mi viaje, si conseguía logros y reconocían mi nombre llegaría hasta él, esté donde esté. Regresaría.

    Pero ese nunca fue el caso.

    Apoyé el peso de mi cuerpo en mis palmas y cerré los ojos, soltando un suspiro.

    —También quiero creer en Mia y en que no es como nosotras —murmuré—. La única forma que tenemos de ayudarla es apoyándola, y los chicos ya están en ello. De momento no podemos hacer más.

    Al abrir de nuevo los ojos le dediqué una sonrisa pequeña, cansada. Aunque lo intenté mi tono jocoso sonó más apagado de lo normal.

    >>Lo mejor será que te vayas a dormir. No me hagas tener que toserte en la cara.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Mimi Honda

    Siendo honesta no sabía mucho de Liza. ¿Tenía un hermano? Siempre fue su modelo a seguir pero terminó marchándose en algún momento. Su interés por ser reconocida era por él. Por alcanzarle y que volviese.

    Aunque nuestras situaciones eran distintas nosotras no éramos tan diferentes. ¿Por eso nos llevábamos bien? Porque no es como si tuviésemos en común muchas cosas. Ella era de campo, acostumbrada a las cosas sencillas y yo era una urbanita de ciudad. Solo éramos un par de niñas intentado sobrevivir a sus demonios.

    Reflejé su sonrisa pequeña y cansada y su tono jocoso, aunque tenía cierto tinte de lástima. Y solté una risa sin gracia cuando se empeñó en echarme.

    —Supongo que ambas somos unas attention whores. Ya me voy, ya. No sé por qué tanta impaciencia si no va a pasar nada, Arceus...

    Salí de la tienda encontrándome con Nikolah de frente. Seguía allí sentado, comiendo, y me pregunté cuánto había escuchado de todo lo que había dicho. Tenía intención de pasar de largo pero me detuve.

    —Nikolah, duerme dentro y no te preocupes por el espacio—le di el plato vacío. ¿Para qué quería yo eso?—. A Liza le encantaría que lo hicieses.

    Giré sobre mis talones.

    >>Gracias por la cena.

    Y con esas, regresé a mi tienda.
     
    Última edición: 28 Abril 2022
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    Reual Nathan Onyrian

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    La dejé la cena a ambas, y me dispuse a comer afuera. Sin embargo, Mimi decidió entrar a la carpa de Liza, y se ve que ambas se pusieron a conversar allí dentro, por los murmullos que salían. Yo me quedé un poco... confundido, por decir lo de menos. Pensé que íbamos a comer todos juntos. Suponía que mi tarea de guardián no traía esos beneficios. Suspiré, me encogí de hombros, y me dispuse a seguir disfrutando de mi cena. Pastas eran esta vez. Bastante bueno para recuperar las energías perdidas durante el día.

    Me entretuve mientras tanto mirando alrededor y conversando con mis pokémon, dándoles algunos caramelos, para que pudieran disfrutar también de la noche. Si las chicas habían decidido charlar dentro de la tienda, debía ser por algo. Tal vez iban a tocar temas que eran algo personales, y no quería inmiscuirme. Puede que hasta Mimi terminara ofreciéndose a cuidarla y dormir con ella. El pensamiento me dio una punzada de malestar. Tampoco iba a decir que no, pero ya me había ofrecido yo a quedarme y a cuidarla. Ya de por sí me habían dejado afuera. No sería muy lindo que ahora me dijeran que no hacía falta allí. Agité la cabeza. Seguro no era nada. Simplemente estaban charlando. No tenía sentido hacerme la cabeza por eso.

    Terminé mi plato y lo dejé a un costado. Aprovechando que las dos seguían adentro de la carpa, decidí ir hacia la mía. Bueno, iba a necesitar una bolsa de dormir... y eso. Mis pokémon los tenía siempre encima, y tampoco es como si yo usara mucho más para dormir. Extendí las cosas al lado de la carpa de Liza, y justo Mimi salió del interior. Levanté la mano para saludarla, pero recibí un plato vacío en respuesta. La miré confundido. ¿Qué iba a hacer yo con eso? A la mañana tocaría devolverlos, entonces. Ya era bien pasada la hora de dormir.

    — ¡No hay de qué! —la terminé saludando, con una sonrisa, mientras se alejaba.

    Me asomé luego por la entrada de la tienda de Liza, todavía sonriendo.

    >> Bueno, ¿a dormir? Yo me quedo afuera. No te escapes a la mañana, ¿eh? Que de verdad necesitas descansar. Nadie te va a decir nada porque pases aunque sea medio día descansando. Buenas noches. Que descanses.

    Abrí la boca como para agregar algo más, pero decidí callarme, volver a sonreír, y sacar la cabeza de la tienda. Me acosté en la bolsa de dormir, mientras miraba el cielo nocturno y estrellado. Por alguna razón, mi corazón estaba revuelto como un Zebstrika encabritado.
     
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  17.  
    Andysaster

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    Le deseé buenas noches a Mimi antes de que saliese de mi tienda. Era bastante tarde, y mi cuerpo imploraba por un largo descanso. Dudaba que pudiese despertarme al alba y escabullirme cuando todos dormían, pero, quizás, si me ponía una alarma...

    Mientras recogía mi plato recordé que Niko seguía fuera y el corazón me dio un vuelco repentino en el pecho. La seriedad del tema que Mimi trajo a colacción hizo que lo apartásemos sin darnos cuenta y tuve la necesidad de ir a buscarle.

    Pero para mi sorpresa ambos pensamos lo mismo, pues cuando fui a asomarme fuera Nikolah se introdujo en la tienda, con una sonrisa plasmada en el rostro.

    La repentina cercanía hizo que retrocediese como un resorte y me senté sobre mis piernas, los labios apretados, ligeramente temblorosos.

    Me deseó buenas noches y me aseguró que permanecería fuera el resto de la noche. No alcancé a responder más que un "B-buenas noches", presa de la vergüenza, pero fue mejor así. Probablemente habría dicho que no tenía intención de escaparme ni nada así, con esa voz chillona que me salía cuando mentía.

    Arceus, qué patético. Tenía que mejorar eso.

    Dejé escapar el aire de mis pulmones, relajándome una vez se despidió y salió de la tienda. Lo escuché despedirse de sus pokémon afuera, con aquel cariño y atención tan suyo, y no pude evitar esbozar una sonrisa de manera inconsciente. Tenía suerte, ¿verdad? De contar con alguien como ellos. Quizás no me gustaba ser cuidada pero al final del día era una de las sensaciones más bonitas.

    Sentir que le importas a alguien.

    Apagué la luz de la lámpara portable y me dispuse a dormir. Pero movida por un repentino sentimiento asomé de nuevo la cabeza, y reflejé la sonrisa que me había dedicado antes, suavizando mis gestos.

    —Oh, y... Niko —musité—. Gracias. No sé qué haría sin ti.

    Miré a ambos lados, repentinamente nerviosa, y simplemente huí dentro. No sabía a qué había venido eso. Pero lo que sí sabía era que, con la conciencia tranquila, no tardé en caer en los brazos de Cresselia.
     
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  18.  
    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Dormir había sido muy complicado. Las últimas palabras de Liza, que había soltado justo antes de que cerrara los ojos, me habían provocado un revuelto en la cabeza y en el pecho difícil de explicar. Simplemente había podido sonreír, aunque dudaba que me hubiera visto, y removerme en la bolsa de dormir. "No sé que haría sin ti". Eso solo había bastado para evitar que pudiera pegar el ojo de manera correcta durante toda la noche. Al día siguiente, sin embargo, me desperté con bastantes energías. La intermitencia en mi sueño no había hecho mucho para mellar la emoción que todavía sentía. Me quedé un rato en silencio, escuchando a ver si Liza se había despertado ya o no. Al parecer, seguí algo dormida, así que decidí aprovechar ese momento para levantarme, ir a asearme, buscar el desayuno, y de paso, hacer las compras. Dejé a Beto en la entrada. Suponía que al menos el cangrejo iba a poder sumar dos más dos e impedir que la muchacha saliera de expedición. Tampoco le iba a prohibir salir de la tienda. El solcito de la mañana le podía hacer bien.

    Una vez que volví, dejé su parte del desayuno en la entrada de su tienda, y me senté al lado, con las piernas cruzadas.

    — ¡Liza! ¿Estás despierta? ¡El desayuno! —la llamé de afuera, devolviendo a Beto a su pokéball. En cuanto la muchacha asomó la cabeza, le dediqué una sonrisa.— Buenos días. ¿Cómo has dormido? ¿Estás mejor? Si es así, te quería proponer algo. ¿Qué te parece si después de almorzar, al mediodía, cuando el sol está lo más alto y hace más calorcito, salimos a explorar? Podemos ir los dos, y si te sientes muy enferma, volvemos al momento. Pero sé que no tienes ganas de quedarte quieta tanto tiempo, y tal vez salir a caminar un poco te haría bien. Eso sí, tienes que estar bien abrigada, y prometerme que durante la mañana vas a descansar. Si no, no hay trato.

    Lo dije lo más serio que podía, con la boca llena de comida.

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    Andysaster

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    Liza White

    La noche fue algo pesada. Me desperté en mitad de la madrugada, sintiendo calor y luego frío. Me arropé, me aparté la manta, me removí de un lado al otro y me acurruqué hasta que logré conciliar el sueño. Volví a despertarme, porque la congestión me dificultaba respirar, y coloqué la manta enrollada debajo de mi nuca, alzando la cabeza. Después de eso sí logré descansar.

    Al día siguiente fue la voz de Nikolah la que me despertó, junto al olor a tostadas. Abrí los ojos con pesadez, soltando un bostezo, y me llevé una mano a la frente. La fiebre parecía haber remitido, y debía admitir que el descanso me había sentado bien. No obstante aún era demasiado pronto para cantar victoria; lo notaba en el cansancio de mi cuerpo, sutil pero presente en cada uno de mis movimientos. Aquel maldito resfriado no me iba a dejar campar a mis anchas, ¿no es así?

    ¿Eso iba a ser motivo para quedarme encerrada en esas cuatro paredes metafóricas todo el día? Ni de coña.

    —Buenos días —Saludé con una sonrisa pequeña, asomando mi cabeza. Rumié sus preguntas durante unos segundos, con cautela. No iba a mentir (porque no podía) pero quizás podía suavizar la verdad, ¿no? Al menos así me dejaría salir antes—. Me encuentro mucho mejor, sí. Diría que he descansado bien —Desvié la mirada como quien no quiere la cosa, jugando con los dedos—. Dado que tuve una rápida recuperación, ¿eso significa que puedo ir ya a...?

    No, claro que no. El chico se adelantó a mis intenciones, haciéndome una propuesta. Mis ojillos se abrieron de la ilusión al escuchar que me ofrecía ir con él a explorar (¡podía ir sin recurrir al plan B!), pero pronto la ilusión pasó al mohín cuando impuso sus condiciones. Le miré, entrecerrando los ojos con suspicacia. Me mantuve así unos segundos, esperando que la intensidad de mi mirada le hiciese cambiar de idea.

    Todo cuanto hizo fue seguir comiendo su desayuno como si nada.

    >>Oh, vamos... —dije con un quejido, llevándome la tostada a la boca—. No tengo sueño. Y me aburro aquí dentro. Necesito moverme. Mi energía malgastada te lo implora, Niko... —Entonces cerré los ojos, solemne—. Si muero de aburrimiento será tu culpa. Contrataré un abogado.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Liza era complicada de cuidar, había que ser sincero. Ni me había dado los buenos días que ya estaba intentando convencerme de que la dejara salir a sus anchas. Era verdad que se notaba que estaba mucho mejor que anoche, pero eso era producto de que había podido dormir, y recuperar algo las energías. Había que ver como quedaba con el pasar del día. Y además, el resfrío, los mocos y la tos eran siempre lo último en irse. No quedaba más que quedarse sentado en un sitio y listo. O al menos, eso había escuchado. Obviamente la frené antes de que pudiera seguir intentando engatusarme. Me quería tomar bien en serio la labor de cuidarla. Al menos, parecía que la idea de salir a explorar más tarde le había dado cierta ilusión, pero no había logrado borrar del todo las ansias de la castaña. Por Arceus, ¿cuánta energía tenía? ¿Tenía Durants en el culo? Pensar en eso hizo que me sonrojara levemente.

    La muchacha pasó a la táctica de lanzarme una mirada de reproche, que yo contesté poniéndome más comida en la boca. No iba a mentir, el puchero que estaba haciendo se me apetecía endemoniadamente tierno, pero tampoco iba a servirle. Tuve que pelear casi todo mi viaje de Gérie con un mono adorablemente diabólico. Y mis otros pokémon tampoco es que fueran unos santitos. Era inmune a todo ese tipo de cosas. Bueno, no inmune. Pero sí extremadamente resistente. Más valía igual que ella cambiara de vuelta de estrategia, o iba a terminar cediendo.

    — Bueno, puedes sentarte afuera conmigo, si quieres. Pero luego te vuelves adentro —suspiré, ante la mención de que se iba a morir de aburrimiento.— Dudo que encuentres a algún abogado en esta isla. Bah, no sé. Tal vez alguno de los otros expedicionarios es un abogado y nosotros ni idea. O tendrías que llamarlo desde Gérie. O Unova. Eso sería costoso. Le tendrías que pedir a Maeve o a Gerania que lo traiga. Sería más costoso aún. Además, si ya estás muerta, tampoco te va a servir el abogado. Supongo que tampoco te vas a tener que preocupar por el resfriado. Lo veo como un plus.

    Podía bromear de ese estilo porque sabía que la muchacha estaba haciendo lo mismo. Tal vez, tiempo atrás, la sola mención de que se iba a morir me hubiera descarrilado totalmente. Pero bueno, había madurado un poquito, creía. Era capaz de tomarme esas bromas como eran. Como bromas.

    >> Luego vamos a salir a caminar y a explorar. Descansar no te va a venir mal. Estés enferma o no. ¿Alguna vez de verdad te tiraste a hacerlo? Parece como si estuvieras a contrarreloj todo el tiempo. Eso no te puede hacer bien —la miré durante unos segundos.— Tal vez por eso te enfermaste.

    Le dediqué una sonrisa, al momento en el cual la cara se me iluminaba.

    — Ya sé. Vamos a hacer lo siguiente. En cuanto te mejores luego, te voy a enseñar a relajarte. Yo lo hago todo el tiempo. Tal vez nunca gane una Liga con esta actitud, pero al menos me hace sentir contento conmigo mismo la mayoría del tiempo —había que omitir los momentos en que no.— Pero ahora, tienes que descansar. Y si te aburres, yo sigo aquí. Puedes conversar conmigo. Conversar con tus pokémon. Observar alrededor —me encogí de hombros, de vuelta.— Hay muchas cosas para hacer. No todo tiene que ser deber y demás.
     
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