Isla Milagro Campamento: Vida diaria

Tema en 'Región de Gérie' iniciado por Yugen, 7 Abril 2022.

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    Reual Nathan Onyrian

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    Bueno, tampoco me había ido tan mal, al parecer. Mejor que el primer día que llegué aquí, eso seguro. Sin embargo, me di cuenta que había elegido pokémon distintos a los que tenía pensado llevarme. En lugar del Vullaby, un Kricketot me miraba curioso. Bueno, que se le iba a hacer. Me encogí de hombros, y lo invité a acompañarme. Suponía que las cosas ocurrían por algo. Y siendo sincero, no sabía cuanto iba a tener a estos pokémon conmigo. Si luego iba a tener que dejarlos cuando me fuera de la isla, o los podría llevar a algún otro lado, o vaya uno a saber. Tampoco tenía sentido ponerse a pensar en eso ahora. Mejor ocupaba la cabeza en otra cosa. Como en pegarme un buen baño. Estaba inmundo.

    Fui caminando hacia la playa, mientras me despegaba costras de barro reseco y me sacaba palitos de entre el pelo y la ropa. Me dirigí hacia un lugar algo apartado, ya que tenía planeado quedarme bastante en paños menores, y me pegué un chapuzón, liberando a mis pokémon en el proceso, para que hicieran como les plazca. Comencé a restregarme de manera concienzuda el cuerpo, mientras Beto y Golduck chapuceaban por allí, al igual que Qwilfish, y las otros se quedaban en la orilla, mojándose un poco las patas. Sentret había decidido que mi cabeza era un buen lugar para quedarse, suponía por la altura, así que estaba en una batalla constante para quitármelo de encima. Necesitaba lavar bien mi cabello. Vaya uno a saber las cosas que había allí dentro metidas. Me había sumergido en una marisma, después de todo.

    Al final, con el cuerpo algo rojizo por la tremenda fregada, me tiré en la playa, soltando un buen suspiro. No había traído traje de baño, pero bueno, al menos servía para lavar de manera más sencilla la ropa interior, ¿no? Uno ni se la tenía que sacar. El tiempo que se ahorraba era increíble. Kricketot al final decidió hacer gala de sus dotes musicales, y fue soltando una tímida melodía, que fue resonando en el ambiente. Dudaba que se fuera a escuchar mucho más allá, pero no importaba. Todos alrededor la estábamos disfrutando, y eso era más que suficiente. Después de todo, no había sido un mal día para nada. Y muchas cosas podían estar esperando mañana.

    A la luz de las estrellas, y con el suave murmullo de las olas a mis pies, lentamente, fui cerrando los ojos, abandonándome al sueño. No me di cuenta que seguía tan solo vestido con un pantalón corto, que todavía estaba húmedo. Como si no fuera a estarlo en este clima. Agradecía en estos momentos ser algo impermeable al frío. Al final, Kricketot terminó dando los últimos sonidos a la noche, y también, de a poquito, cayó ante el cansancio.

    Ojalá la marea no creciese demasiado por la noche...
     
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    Andysaster

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    Aguardé algo tensa por una respuesta de su parte. No sabía muy bien qué esperar. Quizás iba demasiado rápido. Realmente agradecía aquella charla porque eran cuestiones que últimamente impedían que conciliase demasiado bien el sueño. Sacarlas de mi pecho era un gran alivio de por sí.

    Mimi tampoco sabía muy bien qué decir pero al menos lo intentaba. Escucharla alarmarse por sus propias palabras me arrancó una risa que me vibró en el pecho, cristalina, y me dejé caer para apoyar mi cabeza en su hombro en respuesta. Era un agradecimiento silente si se quería. Tanto por sus honestas intenciones como por su esfuerzo en decir algo que me ayudase. La realidad era que no existía una "respuesta correcta", y al final del día solo yo podía lidiar con todo eso.

    Su compañía era más que suficiente.

    —Por supuesto que confío en ti —repliqué con los ojos cerrados, el ceño ligeramente fruncido. Había apoyado su mano sobre la mía en un gesto que me quitó la rigidez y tensión de encima—. Si no lo hiciese no le hubiese pedido esa cita después de la Liga. Técnicamente esto cuenta como tal: si sale mal lo pagaré contigo, ¡que lo sepas!

    No había nada en mi tono que invitase a tomarme en serio. De hecho no pude evitar sonreír. Saber que estaba orgullosa de mí me hacía ver que no estaba tan perdida después de todo. Emily y ella eran algo así como mis hermanas mayores, momentos como ese tan solo me lo confirmaban.

    Mi voz descendió un par de tonos.

    >>Me dijo que si había aceptado venir aquí era por mí. Porque quería verme, pasar tiempo conmigo —le conté, la mirada perdida en la lámpara. Me acurruqué—. Me hizo pensar que quizás tenías razón con todo esto. Quiero... intentar decírselo, ¿sabes? Ser honesta. No sé cuándo me armaré de valor, pero... Quiero hacerlo.

    >>Además, piénsalo: no hay nada mejor que declararte en una isla cambiante. Qué prefieres: ¿un pantano repleto de fango? ¿Quizás una caverna helada? O mejor, un desierto inhóspito —bromeé—. Súper romántico, lo sé.
     
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    Mimi Honda

    La honestidad y calidez del gesto sirvió. Al menos le trasmitió lo que pretendía: confianza. No dudaba que al final todo saldría bien. ¿Qué importaba si iban o no a paso de Shuckle? Cada persona tenía sus propios ritmos. Lo importante no era llegar a la meta el más rápido si no llegar. No era necesario presionar cosas que se darían solas con el tiempo.

    Y yo lo sabía. Que su relación era un hecho. No sabía cuándo ni como ni en qué circunstancias. Pero sabía que ocurriría porque podía verlo con una claridad absurda. Ambos tenían las herramientas ahora solo debían usarlas. El tiempo que tardasen era lo menos importante en realidad.

    Aunque no venía nada mal ir haciendo pequeños avances.

    Solté una exclamación ahogada cuando mencionó que lo pagaría conmigo si salía mal. Como todo el circo que nos montábamos no iba en serio. Era puro teatro.

    —¡Oye! ¡Desagradecida! ¿Cómo osas después de todo lo que he hecho por ti?—le seguí el juego con fingido tono afectado y con una risa sin gracia apoyé mi cabeza sobre la suya. La luz tenue, la calidez... empezaban a pesarme los párpados—. Por favor. Hay más posibilidades de que Blake se saque un máster en ingeniería biomédica que esto salga mal. Eso es como... imposible.

    ¿Había dicho como? No, era literal y absolutamente imposible. Solo con escucharla hablar con ese tono soñador podía verlo. Tenía que salir bien.

    Me alegraba saber que sentía la confianza suficiente para decírselo. Yo no tenía experiencias precisamente halagüeñas en cuanto a declaraciones se refería y me tensaba escuchar hablar de ellas... pero esa situación era distinta. Ambos sentían lo mismo.

    >>Voto por el pantano repleto de fango—dije cerrando los ojos y con un murmullo ininteligible me acurruqué contra ella—. Con el agua lodosa por las rodillas y toda una multitud de bichos horribles como testigos chirriando para amenizar la velada. Luego puedes ir y bañarte en el mar para quitarte la tierra porque ¡oh sorpresa!, no hay agua caliente en este sitio.

    Era irónico pero perfectamente plausible. Lo había comprobado esa tarde. Al menos en este bioma.

    Mi voz fue perdiendo fuerza a medida que el sueño me vencía. La respiración calmada de Mozukai, la luz anaranjada de la lámpara, el calor de Liz.

    >>... Pero lo que pasa en la Isla Milagrosa se queda en la Isla Milagrosa.
     
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    Liza White

    El silencio se extendió entre nosotras los minutos siguientes. Su respitación calmada y el peso sobre mi cuerpo me confirmaron que se había quedado dormida. No podía culparla. La atmósfera cálida y el ambiente distendido tenían cierto aire soporífero. Pero no podía dejarla así o terminaría con un dolor de espalda horrible al día siguiente.

    Con cuidado la coloqué sobre su saco de dormir. Se removió en sueños, pero el cansancio del día era más fuerte. Me recliné sobre mis palmas mirando al techo y solté un suspiro finalmente. Suponía que era hora de regresar a mi tienda y dejarles descansar.

    O esa era mi intención, pero al apartar la tela de la entrada la brisa nocturna me erizó la piel. Retrocedí, cerrándola de vuelta y miré a Mimi de soslayo. Suponía... que no le importaría hacerme hueco, ¿verdad?

    Me acurruqué a su lado sobre el saco buscando preservar el calor. El agotamiento y la calidez comenzaron a pesarme en el momento en el que me acomodé y la miré por última vez, apartándole un mechón rubio del rostro antes de cerrar los ojos.

    No tardé demasiado en quedarme dormida.
     
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    Me despertaron una serie de chillidos, ruidos y gruñidos muy temprano esa mañana. En un principio yo misma gruñí y traté de volver a conciliar el sueño... ¿resultado del experimento? Infructuoso.

    Me arrastré fuera de la tienda y al asomar la cabeza fuera lo vi. La causa de aquellos ruidos eran una pelea y no cualquier pelea. Para nada. Tadao, el simpático del Pancham de los bonguris y...

    Abrí los ojos en su máximo.

    —¿Mozukai?

    Sauraco ya no era un Sauraco. Había pasado de cuadrúpedo a bípedo y ya no parecía tan poco enterado de nada como antes. Sus ojos mostraban un brillo de sobrada inteligencia y cierta agresividad. De hecho en esos momentos estaba mordiendo a Tadao y el tipo lucha gruñía, revolviéndose y rodando por el suelo. ¿Había evolucionado durante de la noche? ¿Y ahora se estaba vengando por el ataque del día anterior?

    Pero bueno ¿qué clase de Pokémon tenía? Era peor que tratar con una panda de salvajes.

    —¡Deteos!—exclamé saliendo apresuradamente de la tienda. Sujeté a Muzukai y tiré de él. Pero se limitó a dirigirme una mirada de reojo y morder más fuerte—¡Separaos inmediatamente, es una orden!

    En medio de la conmoción ni siquiera recordé la existencia de sus pokéballs. Lo que si recordé era que no había dormido sola esa noche. Y alcé la voz tratando de hacerme oír.

    —¡Liz, ayúdame por lo que más quieras!
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Me mecía suavemente en mis sueños, siendo acunado por fuerzas invisibles que me acurrucaban en mi dormir. Escuchaba sonidos extraños a lo lejos, pero estaba demasiado relajado como para prestarles atención. Me encontraba flotando, muy lejos de allí, sumido en una especie de mundo acuoso y húmedo. Una extraña presencia apareció cerca mío, aunque no podía verla. Parecía humana, por su figura, aunque tan solo podía notarla por el rabillo del ojo. De a poco, se fue acercando a mí, y comenzó a envolverme en un abrazo, algo pegajoso e igual de húmedo que todo lo que me rodeaba. Me removí incómodo. No me gustaba la humedad. El abrazo se iba haciendo más fuerte, y cada vez se me dificultaba más y más poder moverme. Al final, terminé forcejeando contra esta criatura, en un desesperado intento por liberarme. Pero no podía, era muy fuerte, y por cada avance que tenía, su agarre se fortalecía más y más y más...

    Me desperté de improviso cuando sentí que me habían tirado un chorro de agua en la cara. Intenté restregarme la cara, pero moverme estaba siendo complicado. Al mirar alrededor, pude notar que la marea sí que había crecido, contra mis mejores deseos. Y me había arrastrado por la orilla. Suponía que hubiera sido mucho más lejos si no hubiera tenido a Golduck y a Beto allí. El problema ahora es que estaba completamente enredado en algas. ¿Y mi ropa? Ah, bueno, mis pokémon la habían traído. Buenos chicos. A ver, la cuestión era ahora desembarazarme de todo eso. No podía ir caminando así como así recubierto en algas. Aunque a decir verdad, ayer lo hice lleno de barro y palitos. No sé cuanta diferencia había en este caso.

    Sin embargo, no pude avanzar mucho. Logré escuchar gruñidos y chillidos de pelea, así como también la voz de alguien intentando frenar la pelea. Todavía tenía la modorra del sueño encima, además de un poco de alga en los oídos, así que identificar en sí que era todo ese quilombo era complicado. Bueno, más valía ayudar. Parecía algo grave, por las voces. O la única voz, en sí. Me incorporé como pude, y medio trastabillando, medio trotando, cargué con mi ropa sobre el hombro y me dirigí hacia donde parecía originarse el altercado. Allí pude encontrar a Mimi, que parecía estar intentando separar a un Pancham y... a lo que parecía la evolución de Sauraco. Este último era el agresor, por los mordiscos que tiraba a diestro y siniestro. La pobre no parecía estar teniendo muchos resultados, así que decidí actuar.

    — ¡Hey, tranquilos, tranquilos!

    Di un par de zancadas y me puse al lado de la rubia, para acto seguido tomar al pobre Pancham, que se seguía revolviendo, y separarlo del otro maníaco, ligándome un par de mordiscos de paso. Levanté al panda por sobre mi cabeza con un brazo, poniendo el otro entre el Sauraco evolucionado y su víctima.

    — ¡Auch, oye! ¿Qué se te dio por ir mordiendo a todos? —levanté la mirada hacia Mimi, y le sonreí.— Yo los puedo mantener separados. ¿Quieres ir a buscar sus pokéballs?

    Un trozo de alga se me cayó de la cabeza, mientras seguía sonriendo. Fruncí el ceño cuando el otro me volvió a morder, así que decidí que lo mejor era ponerlo bajo el otro brazo, y me senté en el suelo, cruzando las piernas, manteniendo a los dos revoltosos alejados entre sí. Vaya que estaban con energía para tan temprano a la mañana.

    Hola, vengo a provocar más desmadres. También ya dejo las compras listadas acá, para ahorrar tiempo.

    - Pokeball x5
    - Puñoball x2
    - Baya frambu x2
    - Kit de exploración x1

    Total: 78 monedas
     
    Última edición: 12 Abril 2022
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    Yugen

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    Mimi Honda

    ¡Mozukai...!

    No había manera de separarlos. La mordida era firme y los golpes y arañazos con los que respondía Tadao salvajes. Eso no era el típico combate amistoso al que estábamos acostumbrados los entrenadores. Era... ira. Furia.

    Entonces percibí una nueva presencia.

    La luz del sol incidió de tal forma que hizo sombra y desde mi posición agachada y tratando de separar a aquellos dos diablos se asemejaba más a una extraña criatura cubierta de algas que a un ser humano.

    Fruncí ligeramente el ceño, contrariada.

    ¿Huh...?

    —¿El monstruo del pantano?—murmuré. Se movió y enfoqué mejor la vista. Entonces pude notar el cabello rubio apuntando en direcciones distintas y los chispeantes ojos azules—. Nikolah...

    ¿Qué estaba haciendo allí? ¿Y que estaba haciendo sin camisa? Tenía algas sobre la cabeza y en los hombros y estaba cubierto de la arena de la playa. ¿Había estado revolcándose en las marismas por casualidad? ¿Y eso de su hombro era una quemadura por el sol...?

    Lo vi acercarse y ayudarme a separar a Mozukai y a Tadao. De hecho lo hizo con una facilidad absurda gracias a su tamaño. Sonrió a pesar de los mordiscos pero lo inesperado de la situación y su guisa me hicieron incapaz de formular nada coherente. Su absoluta despreocupación por sí mismo me dejaba sin habla.

    Le estaba sangrando la mordedura de la mano...

    —E-están dentro—fue todo lo que alcancé a manejar cuando preguntó si podía ir por sus esféricos—. ¡Sujétalos bien! También creo que tengo algo para las heridas.

    Me apresuré de regreso dentro de la tienda de campaña. Liza seguía allí, en los cálidos brazos de Cresselia. ¿Cómo podía dormir con todo el escándalo? ¿Era un súper poder? Tomé el bolso con las pokeballs de Mozukai y Tadao y entonces, antes de salir, le dirigí una mirada de soslayo.

    Y sonreí.

    —Tu futuro novio está sin camiseta fuera de la tienda. Parece el bigfoot de algas—dije—. ¿De verdad vas a seguir dormida~?
     
    Última edición: 12 Abril 2022
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    Liza White


    Mi sueño solía ser bastante pesado por lo general. Podía caer una bomba al lado que a lo sumo cambiaba de posición y continuaba durmiendo plácidamente. Quizás en aquella ocasión no fue un estruendo como tal pero se le parecía.

    Abrí los ojos lentamente cuando sentí un movimiento apresurado dentro de la tienda. Noté de soslayo a Mimi rebuscando entre sus cosas, arrugué la nariz y pretendí seguir durmiendo. ¿Qué clase de prisas eran esas? Si teníamos todo el día por delante...

    Hasta que me habló. Entonces me erguí como un resorte y la miré, confusa y algo adormilada aún.

    —¿Que Nikolah ha hecho qué?

    Maldije mi sueño profundo cuando vi el desastre que se había armado fuera. Parecía una auténtica batalla campal. Dos pokémon (que asumía que eran Mozukai y su atacante) discutían apresados en ese entonces por el firme agarre de Nikolah. O lo que se suponía que era Nikolah. Ajeno a las heridas, las quemaduras y su deplorable estado intentaba por todos los medios mantenerlos alejados.

    Tan típico de él.

    —Dame eso —le pedí y dejando que ella se encargase de devolverlos a sus balls me acuclillé al lado del rubio, con las gasas y vendas que Honda había traído de la tienda. Le eché un vistazo general e ignoré como bien pude el rubor traicionero que asoló mis mejillas—. ¿Qué se supone que haces así, Niko? ¿Dónde está tu ropa? Dime que no te dormiste en la playa, por favor.

    A medida que le solté el reproche mis manos fueron apartando con aquel instinto maternal las algas de su cabello y parte de la arena del rostro. Le sostuve la mejilla, moviéndola con cuidado de un lado al otro buscando algún rasguño. Mojé la gasa y quitando la suciedad de su mano limpié la herida antes de vendarla, mordiéndome ligeramente el labio.

    >>¿Te duele? —pregunté y busqué sus ojos. Su nerviosismo ocasionó un efecto reflejo en mi persona y giré el rostro para mirar a Mimi—. ¿Qué es lo que pasó, Mims?
     
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    Nikolah Cruz

    Estos pequeños tenían mucha más energía de la que parecía. Mantenerlos alejados por muchos tiempo se volvería engorroso. Mimi incluso parecía algo perdida con todo esto, aunque no la podía culpar. Si te despiertan dos revoltosos a la mañana bien temprano con sus peleas, tampoco estarías cazando muchas. Y al parecer, mi apariencia también la había agarrado por sorpresa. Es decir, estaba sin camisa, cubierto de algas, mojado, y apareciendo de la nada. La verdad que podía confundir a cualquiera. Creo que hasta había mencionado que era como el monstruo del pantano. O algo así le había escuchado. Indicó que sus pokéballs estaban dentro, y también mencionó que iba a buscar algo para las heridas. ¿Heridas? Ah, suponía que era para los pequeños. Sí, se estaban portando muy mal.

    — Ya, los dos, tranquilos. ¡Tranquilos dije! ¿Pero qué les das de comer, Mimi? ¿Tanta energía van a tener? Miren que los voy a poner en penitencia, ¿eh? No me miren así. No importa que no sea su entrenador. Se están portando mal, y merecen una reprimenda, por lo menos. ¡Auch, oye!

    La rubia al fin salió de su tienda, llevando consigo sus pokéballs, algunas gasas y alcohol... y a Liza. Vaya, eso sí que era una sorpresa. La miré confundido. ¿Esta era su tienda? O tal vez se quedó durmiendo en la de Mimi. Hacía frío anoche, así que no sería raro que hubiera algunos se hubieran decidido dormir juntos, para tener más calor. Por suerte, yo no tenía ese problema. Bueno, si Liza era medio friolenta, también podía ofrecer... Meneé la cabeza ante el pensamiento, las mejillas prendidas de golpe, y alcancé a sonreírle mientras se acercaba.

    Mimi me pudo liberar ya de los dos luchadores, y di un suspiro de alivio. Bueno, no había entrado en mis planes empezar así en la mañana, pero bueno. Liza se agachó frente a mí, y comenzó a realizarme preguntas. Abrí la boca, pero luego la cerré.

    — Supongo que entonces no te puedo decir nada —sonreí a modo de disculpa, en lo que me quitaba las algas despacio.

    Tomó mi mejilla, lo que hizo que mi corazón diera un respingo, y se dispuso a revisar si tenía algún golpe. Quise protestar, diciendo que no tenía nada, hasta que me tomó la mano, la limpió, y comenzó a vendarla. Vaya, ni me había dado cuenta de que la herida era tan profunda como para sangrar así. Había estado más atento a que los otros dos siguieran separados que a eso.

    — No, no mucho —dije, flexionando un poco la mano.

    Un par de agujazos me arrancaron una mueca involuntaria, pero suponía que era más el raspón del vendaje que la herida en sí. Levanté la mirada hacia ella, luego, y le sonreí, pero no pude mantenerla por mucho tiempo. Sus ojos eran de un profundo azul, como el mar junto al que había dormido, y sus labios... Sus labios estaban muy cerca. Los que habían dejado ese beso tan cálido en mi frente. Quería volver a sentirlos. La sensación era fuerte. Casi agobiante. Lo único que podía ver era su rostro.

    El hechizo se rompió en cuanto ella apartó la mirada, dirigiéndose a Mimi. Yo aproveché para rápidamente levantarme, y quitarme el resto de las algas meneándome como si fuera un Growlithe mojado. Tuve que sacarme un par de los bolsillos, y otro tanto dentro del pantalón. Vaya que se habían metido las desgraciadas. Me troné la espalda luego, haciendo un fuerte sonido de crujido, y me estiré un poco. Dormir sobre la arena era más duro de lo que uno podría esperar. Me acerqué hacia el montículo que era mi ropa, la sacudí para quitarle cualquier rastro de arena que pudiera llegar a haberle quedado, y comencé a cambiarme. Iba a tener que volver a pegarme otro baño. Suponía que era la naturaleza de las investigaciones de campo.

    Me quedé de espaldas, mientras las otras dos hablaban, cada tanto mirando de soslayo para atrás. El resto parecía que ya se estaba dedicando a las actividades del día, Emi incluso estaba peleando contra otro de los investigadores. Vaya que el campamento tenía vida.
     
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    —Ah, ¿ya no tienes sueño?

    La jocosidad era evidente cuando White se incorporó de golpe. Sin embargo la situación no era ninguna broma, era mejor si no perdíamos el tiempo con nuestros tira y afloja particulares. De modo que salí de la tienda y Liza conmigo.

    Mozukai y Tadao seguía gruñendo y revolviéndose aún bien sujetos por Nikolah. Me apresuré a regresarlos y le di a Liz las gasas, vendas y el alcohol cuando me las pidió. Definitivamente ella tenía más experiencia haciendo de enfermera que yo... y además seguro era preferible para el propio Nikolah.

    Por eso me mantuve algo apartada mientras ellos parecían perderse en su propia burbuja particular. Hablaban el uno al otro, intercambiando miradas significativas. Liza estaba visiblemente preocupada pero ¿él? No pasé por alto esos sonrojos.

    Era todo tan absurdamente obvio.

    Enarqué una ceja con el transcurrir de los segundos y estaba por preguntar si era mejor marcharme cuando Nikolah pareció volver en sí y se sacudió como un Growlithe mojado. El resto de las algas cayeron sobre la arena.

    —¿Qué pasó?—repetí ceñuda y tensa—. Mozukai. Eso es lo que pasó. Al parecer evolucionó en la noche y tenía una cuenta pendiente con Pancham.

    >>Nunca se había mostrado tan agresivo. Es más, nunca había mostrado ningún tipo de actitud.

    Solía actuar como si ni siquiera supiera donde estaba parado. ¿Cómo iba a saber qué sucedería algo así? Pasar por una evolución era una especie de adolescencia para los Pokémon y lo sabía... ¿pero cambiar tanto y tan rápido?

    —Nikolah—le llamé entonces y esperé a que se girase. Cuando lo hizo suavicé mi voz a propósito—. Gracias. No sé qué hubiera pasado sin tu ayuda.

    Lo cierto es que me daba algo de vergüenza dar la imagen de no poder controlar ni a mi propio Pokémon. Desvié la mirada y con cierto nerviosismo jugué con un mechón de cabello entre mi dedos.

    >>Y... perdona su comportamiento. No sé qué demonios le pasó.
     
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    La tarde había caído sobre el campamento cuando abandoné la tienda de Pine. Observé el saquito de monedas, agitándolo ligeramente, y suspiré. Necesitaba hacerlo mejor en los próximos días o no podría abastecerme todo lo que me gustaría.

    Decidí regresar a mi propia tienda y descansar. O esa fue mi intención, pues mientras paseaba entre las tiendas noté algo peculiar. Un Crabbito se encontraba fuera de la tienda de Mimi, y no un Crabbito cualquiera. Esa mirada vacía no podía ser de otro que...

    —¿Beto? —le llamé, acuclillándome a su lado. Miré la tienda detrás de él—. ¿Qué haces aquí? ¿Dónde están Niko y Mimi?

    Beto me miró. Me miró fijamente, como si estuviese por soltar el monólogo más trascendental de la historia... Pero no se movió un ápice. Me llevé una mano a la nuca, incómoda. Era obvio que no iba a sacar nada así. De modo que abrí la entrada de la tienda con cuidado para encontrarme allí a Mimi durmiendo.

    Era... extraño. El hecho de que estuviese durmiendo a esa hora, con la ropa de exploración puesta y manchada de tierra. Como si ella soportase un mínimo de suciedad. Entonces me fijé en su cabello, desarreglado, y en algunas hojas y ramitas que quedaban aquí y allá, y mi preocupación fue en aumento.

    ¿Habría sucedido algo durante la exploración?

    Preocupada por su estado decidí hacerme un lugar en el saco aledaño. Crucé las piernas, y decidí permanecer allí hasta que despertase, entreteniéndome con el videomisor mientras tanto.
     
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    Mimi Honda

    Tenía unos seis por ese entonces. Mamá acababa de fallecer y yo estaba pasando momentos muy difíciles. Por un lado me costaba entender lo que estaba sucediendo a pesar de las palabras de mi padre y por el otro... Delia y Matt habían aparecido en mi vida y estaba frustrada y molesta por eso. Papá se había casado con otra mujer y había desplazado mi lugar. Me dejó sola.

    Me abandonó.

    Mientras estaba en el jardín vi un Skorupi. Pequeño, no tendría mucho tiempo. Solo estaba allí. Quién sabe de dónde diablos había salido. ¿Era algún Pokémon de Matt o de Delia? No era típico ver Skorupi en esa zona de Sinnoh.

    Me picó.


    Los Skorupi tienen un veneno muy potente. Dependiendo del tipo de organismo al que ataque puede tener uno u otro efecto y en mí fue devastador.

    Caí en una especie de coma por meses. Fiebres altísimas, sudores fríos. Sueños extraños y horribles todo el tiempo. Soñaba que me convertía en un bicho monstruoso de la noche a la mañana.

    Como la metamorfosis de Kafka.

    Era curioso porque estaba pasando por un momento de cambios en mi vida; mi propia metamorfosis. A peor al parecer. Hubo muchos momentos en los que no pensaron que no sobreviviría.

    En una niña tan pequeña un veneno tan potente... No hubiera sido gran cosa para un adulto y mucho menos era gran cosa para un Pokémon. Pero para mí fue un infierno. Cuando logré despertar milagrosamente mi actitud hacia los Pokémon bicho había dado un giro de trescientos sesenta grados.

    No podía estar cerca de ellos sin temblar. Palidecía; me daban taquicardias. Tenía ataques de pánico y solía llorar. Matt lo vio como su entretenimiento particular y tendía a atormentarme aún más con sus propios Pokémon bicho. No me atacaban pero solo tenerlos cerca...

    Chirriaban.

    Chirriaban de forma horrible.

    Papá no hizo gran cosa por ayudarme. Estaba demasiado ocupado como para recordar que yo existía.

    Estaba sola.

    Me removí en sueños.

    Lo odiaba.

    A mi padre.

    A Matt y a la zorra de su madre.

    A los bichos.

    A todos y cada uno de ellos.


    Me hacían vulnerable y la vulnerabilidad era peligrosa. No era algo que podía permitirme.

    —N-no...—murmuré en sueños, angustiada. Mi expresión se contrajo en un gesto de dolor—. No... alej... aléjate...
     
    Última edición: 14 Abril 2022
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    Andysaster

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    Era fascinante la cantidad de funciones que tenía este aparato. Nunca había sido mucho de tecnologías, prefería pasar el día fuera pero debía admitir que entretenido era. ¿Siempre habían estado todos estos juegos ahí?

    Entretenida como estaba tardé en ver que Mimi se movía en sueños. Alcé la mirada, y fue entonces cuando lo noté. Su gesto se había contraído en una mueca de angustia y murmuró algo que no alcancé a escuchar. Parecía estar teniendo una pesadilla. Una bastante desagradable a decir verdad.

    Apagué el videomisor y extendí mi mano hasta alcanzar la suya. Acaricié el dorso en un intento por transmitirle seguridad.

    —Mimi —la llamé con suavidad—. Mimi, cielo, despierta. Solo es un sueño.

    Me mordí el labio inferior. Si no me hubiese separado de ellos, quizás...
     
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    Yugen

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    Hacía frío. Un frío pegajoso que calaba hasta debajo de la piel. Y todo estaba oscuro. Era un profundo negro.

    El frío creció y creció como una ola angustiante. Era un frío que nacía de dentro y se extendía por cada una de mis células. No podía ver nada en medio de aquella inmensa oscuridad. Estaba perdida. A la deriva.

    Sola.

    —Nggh...—musité y me estremecí. Mis cejas fruncidas en un gesto de angustia temblaron.

    ¿Sola? Eso también me asustaba. Sola en medio del turbulento mar de mis emociones.

    Pero entonces el frío dio paso a una calidez extraña. Había... algo muy cálido. Una luz que aunque tenue lograba disipar las sombras.

    Ah, cierto.

    No estaba sola.


    Ya no.

    Abrí los ojos con lentitud.

    Mi vista estaba algo desenfocada aún y me dolía la cabeza—quizás por el golpe que me di al caer al suelo—pero a parte de eso estaba bien. Mis ojos se movieron hasta la presencia a mi lado. Primero a su mano que reposaba sobre la mía—ah, eso era lo cálido—y después a su rostro.

    Tardé un breve segundo en enfocarla.

    —¿Liz?—murmuré finalmente.

    ¿No se había ido? Nos había dejado a Nikolah y a mí en la jungla. Luego Nikolah se fue a—

    Un momento.

    Me incorporé de golpe, sentándome.

    ¡¿Qué hacía en mi tienda de campaña?!
     
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    Andysaster

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    Se removió un poco más en sueños y finalmente abrió los ojos. Aparté mi mano y le sonreí con suavidad cuando encontró mis ojos, enfocándome con lentitud.

    —Buenas tardes, bella durmiente —saludé, liviana—. Un poco más y te dejaba dormir el resto de la noche.

    Honda se incorporó de golpe entonces, sobresaltándome ligeramente. Me faltaban demasiadas piezas en el puzzle y aquella reacción solo creaba más y más huecos. Pero lo que menos necesitaba en ese instante era ser bombardeada a preguntas, de modo que regresé al saco contrario, brindándole su espacio, y aguardé pacientemente a que aclarase sus ideas.

    >>Al parecer tienes un Crabbito guardaespaldas en la entrada de la tienda —comenté, mirando allí donde los últimos haces de luz dibujaban la sombra del pequeño Beto contra la tela—. Me sorprendió verlo y entré a ver qué pasaba.

    Tensé los labios.

    >>¿Ha... sucedido algo mientras no estaba?
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Estaba en la jungla, ¿cuando...? ¿Cuando había llegado allí?

    Mi cerebro no lograba encajar todas las piezas. Sin embargo algo de todo lo que dijo Liza sí gatilló mi mero instinto de supervivencia. ¿Guardaespaldas...?

    —¿C-Crabbito?—repetí. Mi voz sonó vacilante, temblorosa. El corazón me dio un vuelco cuando dirigí mi mirada y la luz de la tarde detalló su sombra contra la tela de la tienda.

    Abrí los ojos en su máximo.

    El sol del ocaso le hizo parecer mucho más grande de lo que era.

    Bicho.

    Lo sabía; Lucas tenía uno. Era un repugnante y asqueroso bicho. Como el Ariados que encontré en la jungla. ¡Con sus pinzas y sus patas y—!

    El labio inferior me tembló, contuve un chillido y pálida como una hoja de papel retrocedí rápidamente lo más lejos que me permitió el reducido espacio. Recogí mis rodillas.

    Ni siquiera escuché su pregunta. No pude hacerlo. El cerebro abrumado solo pudo reaccionar por instinto.

    >>S-sácalo—víctima del pánico sacudí la cabeza. El miedo me atenazó los músculos y volvió mis movimientos mecánicos, casi robóticos—. ¡Sácalo de ahí por favor!
     
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    Andysaster

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    Abrí los ojos, sobrecogida. Todo en la rigidez y en el terror en sus gestos mostraba que se encontraba en un evidente estado de shock. Se acurrucó presa del pánico y me volví hacia el pokémon de la entrada intentando entender su exacerbada reacción. Fuera de la tienda solo estaba Beto...

    Entonces lo comprendí. La conversación con Mimi en Villa Cruce.

    Crabbito también era un pokémon tipo bicho.

    Mierda.

    Me apresuré en salir de la tienda. El pequeño pokémon seguía en la misma posición en la que le dejé, ajeno al mundo que le rodeaba y al efecto que tenía en él. Lo tomé en brazos acunándolo contra mi pecho y busqué algo con la mirada.

    —Lo siento, Beto —murmuré—. Será mejor llevarte de regreso con Nikolah.

    El rubio no se encontraba en su tienda en ese momento pero por suerte su inicial no se movería de ahí hasta que regresase. Era la parte buena de resultar inmutable. Acaricié su cabecita a modo de disculpas y cerré la tienda para regresar de nuevo con Mimi.

    —Hey —la llamé con suavidad, conciliadora. Me adentré con cuidado de no asustarla—. Ya se fue, ¿ves? No queda nadie fuera. Solo nosotras.

    ¿Cómo había sido tan estúpida en dejarla sola? Conocía su pánico a los pokémon bicho. Me lo había contado, y aquel bioma destacaba por su abundante presencia.

    Arceus, me sentía tan culpable.

    >>Perdona, Mims —dije, sin ser capaz de mirarla. Regresé a mi lugar y crucé las piernas sobre el saco, apoyando los codos. Suspiré—. Debí... Debí haberlo visto venir.
     
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    Había hundido la cabeza en las rodillas y solo la alcé cuando Liza regresó. La sombra de Crabbito había desaparecido de la entrada de la tienda.

    No es que no la creyese pero solo cuando lo comprobé mi corazón se permitió calmarse. Seguía tensa, encogida, intentando hacerme pequeña en el lugar.

    Lo odiaba.

    Lo vulnerable que me hacía. Como una estupidez semejante me reducía a aquella niña de seis años que estuvo a punto de morir por la picadura de un Skorupi. Me regresaba a todo lo que creía haber superado.

    Me volvía débil.

    Y lo detestaba con todo mi ser.

    Negué con la cabeza.

    —No seas tonta, no es tu culpa. Nikolah se fue después no sé a donde y luego apareció ese Ariados y...—me mordí el labio inferior con fuerza. Me sentía tan impotente y frustrada— ¡Si no tuviera este estúpido miedo a los bichos nada de esto hubiera pasado!
     
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    Decía que no era mi culpa pero yo no estaba tan segura. Si hubiese estado allí no se habría quedado a solas con ese Ariados, y las cosas podrían haber sido distintas. En cualquier caso pensar en eso no iba a solucionar nada a esas alturas.

    —Lo dices como si fuese tu culpa. No es como si pudiésemos decidir a qué tenerle miedo de todas formas —respondí. Jugaba de manera distraída con mis zapatos, dando ligeros toques entre sí—. Son irracionales. Como el terror que le tengo a la gente disfrazada —Solté una risa sin gracia—. ¿No es estúpido?

    Esa clase de pavor lo provocaban situaciones traumáticas, en su mayoría ocasionadas durante la infancia. Mi miedo no era similar al suyo pero tenían la misma base después de todo.

    >>Mañana es el último día de este bioma —le recordé. Busqué su mirada—. Podemos salir a explorar juntas si quieres. Tengo intención de investigar el caso del árbol gigante así que no es necesario que me acompañes si no quieres. Puedes ir con otro holder.

    >>El caso es que no estés sola.
     
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  20.  
    Yugen

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    ¿De verdad se sentía culpable? ¡La culpa no era suya y era ridículo que se atreviese siquiera a pensarlo! Tampoco era de Nikolah. La culpa no era más que mía por ser incapaz de hacerle frente a unos bichitos que probablemente tuviesen más miedo de verme a mí enfadada que yo de verlos a ellos.

    Pero tenía mis motivos para sentir miedo. Igual que ella tendría los suyos para temerle a la gente disfrazada—que por otro lado me parecía algo grotesco de ver. ¿Cual era la necesidad?—; eran traumas, experiencias muy desagradables de la infancia que se quedaban grabadas en el subconsciente. No la culpaba por su miedo pero sí me culpaba a mí misma por el mío. Porque siempre, siempre había odiado mostrarme débil.

    —¿Que te hace pensar que no quiero ir contigo?—le di un toque en la nariz y dejé escapar un suspiro de circunstancias—. Quiero intentar superarlo pero... no puedo hacerlo sola. Y ahí es donde entras tú.

    Extendí las piernas que había encogido mostrando una postura menos defensiva y más abierta. Mi cuerpo se había relajado poco a poco y el miedo había dado paso a la seguridad.

    Tenía una única certeza.

    >>Iré a esa exploración y enfrentaré de nuevo a esos bichos—sentencié con toda la seguridad que pude reunir en el momento—. Si le hice frente a Shai, su equipo de seis y su cosa... extraterrestre-robot o lo que diablos fuese... puedo hacerle frente a esto. Se lo prometí y yo siempre cumplo mis promesas. Sé que puedo superarlo. Necesito superarlo.

    Ese era el momento. Ahora que tenía a Combee en mi equipo. También por Mudake, mi Centiskorch.

    >>Después de todo no estoy sola ¿no?—desvié la mirada y de nuevo mi manía de jugar con un mechón cuando estaba nerviosa se impuso. Más muestras de lo vulnerable que era en realidad—. Ya no.
     
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