Spin-off Cabaña del bosque [Pokémon Rol]

Tema en 'El cuento de la doncella y la flor de cristal' iniciado por Andysaster, 18 Noviembre 2020.

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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Sabía que de haberlo querido Aleck se hubiese puesto a debatir mi culpa sobre el asunto de Nikolah y habríamos quedado atrapados en un bucle de echarnos la responsabilidad. Una parte de mí le agradecía que no se hubiese lanzado a ese terreno porque me había metido al bosque como un desquiciado buscando librarlos a ellos de cualquier culpa. Quise sacarlos del campo de tiro porque éramos los extraños, los extranjeros en el grupo, y aunque el resto había sido amable con nosotros luego... Estaba Mimi.

    No lo iba a admitir abiertamente a ojos de todos, pero su rechazo hacia nosotros tres solo me metía en la cabeza que sus reacciones eran la externalización de lo que los otros podían sentir pero no demostrar nunca, porque tenían filtro o qué sé yo. No debía darle tanta importancia a las palabras de una chica que no parecía poder poner en palabras una sola emoción sin joderlo todo, pero las cosas eran como eran y si había algo que sabía leer en el ambiente era el rechazo.

    Porque yo lo había sentido toda mi vida.

    Había rechazado al mundo desde que tenía uso de razón.


    Solté un suspiro al escuchar al castaño decir, básicamente, que se podía mandar todavía más cagadas y le pedí a Arceus que le diera por lo menos una neurona más para evitarlo, porque ya bastante había tenido con un día.

    —No vas a donar órganos, pero estoy bastante seguro de que vas a necesitar tu hígado para... Ya sabes, vivir y esas cosas para las que sirven los órganos. —Me sobresalté un poco al sentir que me echaba el brazo en torno al cuello pero lo dejé estar, como me había acostumbrado a hacer ya.

    Estaba dándole un trago al whisky cuando soltó la pregunta y tuve que contener la risa para no escupir la bebida encima suyo o en la cama, me hizo todavía más gracia que buscara aclararse y terminara dándole vuelta a la torta para decir que era él quien no era fácil de tratar cuando era todo lo contrario. Me bajé el trago un poco en carrera para poder soltar una parte de la risa, apenas lo suficiente para no quedarme con ella atorada en la garganta y no despertar al resto por estarme descojonando de las preguntas de Aleck.

    —¿Eres imbécil? —dije en medio de la risa y giré el rostro hacia él, volví a revisar su estado solo con la vista, leyéndolo, y le dediqué una sonrisa tranquila—. No sé qué te metieron en la cabeza ni quién lo hizo, tampoco me interesa, pero si tengo que ponerme a ordenarnos en una escala del más difícil de tratar al que menos... Definitivamente me pondría a mí al frente, luego a Gen y a ti de último.

    Me levanté de la cama y empecé a caminar por el espacio, me servía para ordenar las ideas porque no era muy bueno para hablar demasiado pero sentía que Aleck merecía una respuesta buena, una respuesta de verdad como las que le había dado a Gen en Villa Cruce.

    —No hay que ser muy listo para saber que la gente no es lo mío, ¿cierto, Aleck? —Debí un poco más antes de seguir hablando, hilando las ideas—. Pero a la vez quería ser parte del mundo que había rechazado tanto tiempo, quería admiración de quien fuese y por eso terminé interesándome en el torneo. Quería robar el reflector que las contrapartes extrovertidas habían tenido desde, bueno, ¿siempre? Sabía que sería terriblemente difícil y lo hice de todas formas, porque soy esa clase de estúpido.

    Lo miré unos segundos antes de seguir con mi procesión, caminando de aquí allá en la habitación.

    —Cuando supe que habían otros dos patrocinados no fui lo que se dice el chico más feliz del mundo —admití porque tampoco era un secreto gubernamental—, porque pensé en lo tedioso que sería tener que moverme en grupo cuando he hecho todo solo durante tanto tiempo. Cuando quise darme cuenta estábamos en el Centro Pokémon de Risco después de vencer a Arlene y allí estaban mis pokémon, contentos de verlos como si fuesen yo mismo, y me di cuenta que no había remedio.

    Me detuve frente a él, estiré la mano libre y le revolví el cabello como si fuese un mocoso, porque para mí lo era. Lo había sido siempre por su energía, su actitud alegre y su capacidad para hablarle a cuanto ser humano se le cruzara en frente.

    —Se habían colado en mis defensas y se estaban volviendo mis hermanos. Gen es amable, siempre escucha a la gente aunque le digamos un montón de mierdas y a veces habla mucho cuando podría resumir sus argumentos en dos oraciones, pero es justo. Tú parloteas sin parar, pareces radio averiada, pero siempre quieres hacer lo que haga sentir bien a los demás y velas por ellos como un pilar. —Volví a sentarme a su lado—. Son mi balance, los dos, porque estoy siempre dispuesto a siempre hacer de escudo, tengo el ojo afilado para muchas cosas prácticas pero no soy necesariamente listo, mucho menos amable o puramente altruista. Te he estado leyendo como si fueras un libro, debes haberte dado cuenta, es mi manía cuando estoy con las personas. Tensión, incomodidad, cualquier movimiento fuera de lo normal, pero todo tu cuerpo dice que estás cómodo aquí conmigo, que estás de buen humor y no es solo porque estés ebrio, tampoco solo porque Liza te ayudara a sentirte mejor. Soy yo... puedo decir que soy yo, porque cuando nos miras a mí o Gen, siempre hay calidez en tus gestos y es genuina.

    >>Sentí simpatía por ti, Aleck, porque en ti vi las cosas que yo no poseía, porque aunque no parabas quieto y me ponías nervioso al punto de la crisis, me demostraste que el mundo que rechazaba podía aceptarme como parte de él a pesar de ello. —Me dejé caer en la cama, dejándome el vaso sobre el abdomen y clavé la vista en el techo—. Somos tres, enano, y el tres representa el equilibrio. Mente, cuerpo, espíritu; pasado, presente y futuro. Guerreros, defensores y proveedores.

    Podía achacárseme esa ida de olla al whisky, claro, pero en general era algo que llevaba pensando mucho tiempo y lo había soltado hasta ahora, siendo que el alcohol me había librado de varios filtros.
     
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    Rider

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    No esperaba una respuesta tan extensa y sincera, de hecho, no esperaba una respuesta tan llena de sentimiento, siendo cómo era el pelirrojo, tan cerrado para expresarse, realmente me tomó con la guardia baja. El primer impacto vino de su primera pregunta, que podría parecer un poco agresiva, pero tan sólo por su tono de voz y la risa que soltaba de fondo podía percibir que era más una inocente burla.

    — ¿Me llevas conociendo todo es te tiempo y aun te cuestionas si lo soy? Caray, esperaba más de mi hermano mayor. — Respondí a su pregunta en tono sarcástico, mientras daba un leve golpe en su hombro como gesto de camaradería. En ocasiones sí pensaba que yo era un imbécil, pero sentía cierto confort en saber que Cay pensaba distinto.

    — Tranqui, fueguin, nadie metió nada en mi cabeza...— Hice una breve pausa, mientras pensaba un poco preocupado, mirando a mi vaso para evitar hacer contacto visual con el pelirrojo durante ese instante. — Bueno...nada que no estuviera ahí desde antes.

    Bebí un poco de mi vaso, bajando el trago con prontitud, mientras veía al pelirrojo ponerse de pie y comenzaba a dar vueltas por la habitación. Realmente estaba extrañado por la afirmación del chico, sabía que el pobre tenía autoevaluadas sus aptitudes sociales en un cero absoluto pero, ¿Qué yo era más fácil de tratar que Gen? O estaba más ebrio de lo que imaginaba o algo andaba mal con esa lista.

    Solté una pequeña risa nasal mientras dejaba continuar a Cay.

    —No hay que ser muy listo para saber que la gente no es lo mío, ¿cierto, Aleck?

    —No tengo ni idea de que hablas. — Contesté, algo sarcástico ante la afirmación del chico, mientras me escudaba de sus miradas con mi bebida. El chico prosiguió, contándome sobre cómo acabó interesándose por el torneo, sobre sus más profundos deseos de robarle el show a las personas extrovertidas; era una parte que si bien conocía del pelirrojo, jamás la había experimentado tan de cerca, se sentía tan honesto, tan sincero, pero no era una honestidad abrumadora, sino más bien, encorazonadora, escuchar sus sueños y preocupaciones me hacía pensar en lo terriblemente parecidos que éramos en tantas cosas, y aun así, éramos tan distintos uno del otro.

    El pelirrojo resaltó el hecho sobre cómo en su día no le entusiasmaba la idea de ser compañero de otros patrocinados.

    — ¿Qué? Aw...has roto mi corazón, insensible.— Me llevé las manos al pecho a la altura del respectivo órgano, mientras hacía un pequeño gesto de dolor en un tono dramático y cómico. En el fondo siempre había sabido que la idea en un principio no era precisamente de su agrado, pero desde aquel instante pensé que valdría la pena hacer un verdadero esfuerzo por demostrar que no teníamos que ser un estorbo entre nosotros, sino un apoyo, y había dado frutos, porqué cuando los tres nos uníamos, no había nada que nos pudiera detener.

    El chico se detuvo frente a mí, revolviendo mi cabello con cierta alegría, cómo si yo fuera un niño pequeño, la verdad que era un gesto al que comenzaba a acostumbrarme, supongo que sería el equivalente a los golpes amigables que solía darle en el hombro.

    Cayden prosiguió con sus palabras, pero no sin antes volver a tomar asiento junto a mí en la cama, mencionando sobre las cualidades que percibía en Gen y en mí, sobre cómo nos complementábamos entre nosotros, formando un balance perfecto, también hablando sobre esa constante manía que tenía por analizar a la gente, así cómo percibir la tensión que puede haber en un ambiente social, solté una pequeña risa nasal al escuchar sobre cómo era innegable la comodidad que sentía cuando estaba cerca de él y de Givan, y era porqué tenía razón.

    Tras que el chico se acostara de espaldas sobre la cama, remató, dando una respuesta más concisa sobre la interrogante en cuestión, había podido simpatizar conmigo porqué era la prueba viviente de que el mundo ahí afuera podía ofrecer mucho, algo bueno, de que podríamos ser aceptados sin importar que. Terminando con una peculiar reflexión sobre nosotros tres, lo que habíamos sido antes de conocernos, lo que éramos ahora y lo que podríamos ser. Di un par de tragos más a mi vaso antes de colocarlo en el piso mientras colocaba mi otra mano sobre su frente, en un intento de medir su temperatura, sólo para asegurarme de que no estaba delirando.

    — ¿Te sientes bien fueguin? Creo que el alcohol te empieza a afectar.— Mencioné algo confundido pero intrigado por la analogía que había hecho el pelirrojo con nosotros, el guerrero, el defensor y el proveedor, realmente sonaba espectacular, pero un poco difícil de creer, en el fondo sólo éramos una tercia de chicos tratando de ganarse su lugar en esta amplia tierra. — Pues oye, sí lo que planteas es verdad, ¡Entonces yo pido ser el espíritu! Porqué la mente definitivamente no sería, y el cuerpo mucho menos.— Le contesté mientras colocaba mis manos detrás de mi sobre la cama y colocaba mi vista en la ventana de la habitación, mirando cómo la suave luz de la luna entraba sin resistencia.

    — No eres difícil de tratar, Cay. — Exclamé, mientras mantenía mi mirada en el exterior de la cabaña. — Por muy extraño que parezca de creer, a mí no me costó nada tratar contigo, puedes ser un poco arisco, pero no una mala persona, ni siquiera creo que en algún momento haya sentido hostilidad de tu parte. Nunca vi ningún motivo por el cual no debería sentirme en confianza contigo, eras capaz de tolerar mis tonterías sin colapsar, eras honesto y protector, además de un hábil entrenador.

    >> Antes de comenzar este viaje, me habían negado la oportunidad de explorar éste extraño y vasto mundo, me lo negaron por tanto tiempo que llegué a tenerle miedo a lo que pudiese acabar encontrando ahí afuera, que lo que yacía para mí al otro lado del pórtico no sería lo que esperaba; y el mundo se veía tan pequeño desde mi ventana, que sólo fantaseaba con lo que realmente habría haya, lo que podría vivir, lo que encontraría una vez que tuviera el valor de cruzar esa puerta. Cuando por fin me atreví a entrar al torneo y tuve la fortuna de ganarme un patrocinador...Me di cuenta de que a veces, sólo hace falta abrirle los brazos al mundo, para que el mundo te abrace de vuelta y te haga sentir todas las maravillas que tiene para ofrecer. Que los haya podido conocer a ustedes es la prueba de ello. Tal vez lo único que necesitas, es abrirle los brazos un poco más a la vida, sé que no suena a una tarea sencilla pero, si tuvimos la suerte de encontrarnos cuando abrimos los brazos una vez, imagínate lo que podríamos descubrir el día de mañana.

    Aunque se reflejaba parte del brillo de la luz de la luna sobre mis ojos, casi podía jurar que es brillo era también producto de las palabras que había podido dedicarle a mi hermano. Negué lentamente con la cabeza cuando volví en mí, sólo para tomar nuevamente mi vaso del suelo. — Tienes razón, en ocasiones parezco una radio averiada. —Solté un par de risas mientras continuaba bajando parte de mi bebida.

    — Salud, mi hermano, por las tierras altas y por nosotros. — Alcé mi vaso cerca del pelirrojo con una sonrisa, esperando que contestara el gesto.— ¿Sabes? hacía mucho tiempo que no pasaba una navidad tan buena cómo ésta. Incluso tuve la cuestionable fortuna de tener una chica sobre mí, comer y beber cómo un loco y hasta bailar...A lo que voy es...Gracias por acompañarme en este viaje, pelo de fuego.
     
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    Zireael

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    Sí, todavía podía cuestionarme si Aleck era o no un idiota, era una tontería obviamente porque al final del día no creía que lo fuese como tal. Tenía un corazón enorme, Arceus, tan grande que a veces no sabía cómo le cabía en el pecho. Ninguno de nosotros debía calificar de genio, pero todos éramos diestros en nuestras cosas, ya lo había señalado antes.

    Podíamos ser las extensiones de una figura que se unía en el centro, generando un vórtice. Éramos muy diferentes entre nosotros y a la vez compartíamos muchas otras cosas, formas de entender el mundo, miedos incluso y sabía que aquella concepción rara de Aleck de que era difícil de tratar venía de una idea forjada ya hace tiempo, quizás desde que era un crío. Su respuesta sólo lo confirmó.

    Quería quitárselo de encima, sus miedos e inseguridades, quería hacerlo con tanta fuerza que de repente fue casi abrumador pero sabía que todo lo que podía hacer era permanecer a su lado como hasta entonces.

    Sus respuestas sarcástica me venían en gracia porque estaba diciendo algunas cosas que eran obvias, que él ya sabía solo por el tiempo que habíamos compartido juntos y estaban un poco sobradas, pero aunque parecía una confesión de pecados... La verdad me sentía cómodo.

    Sentí su mano en mi frente no mucho después y me quedé quieto bajo su tacto, sabiendo que estaba comprobando mi estado luego del montón de mierdas que le acababa de soltar.

    —Estoy bien, enano —murmuré y dejé salir una risa al escuchar que se subía al tren así como si nada—. Espíritu entonces, Gen debería ser la mente y yo, por descarte, el cuerpo... Lo que es un poco irónico teniendo en cuenta que tengo la fuerza física de un fideo, aunque aún así recorrí ese maldito bosque hoy.

    Había cerrado los ojos unos segundos cuando lo escuché decir que yo no era difícil de tratar, me tomó por completo con la guardia baja y apreté el agarre en torno a mi vaso de puro reflejo mientras él seguía hablando.


    Arisco.

    Pero no malo u hostil.

    Honesto y protector.

    Y siguió hablando, haciéndome ver que en efecto nos parecíamos más de lo que uno podría creer a simple vista.

    Aproveché para enderezarme de nuevo en lo que seguía hilando sus ideas, le di otro trago al whisky y lo imité en lo que había hecho hace un momento, dejando el vaso en el suelo.

    —Me da miedo —admití en voz baja, con la vista puesta en algún punto frente a nosotros—. Porque la suerte se acaba, el mundo no será siempre amable y ya bastantes líos mentales tengo solo como para sumar más por andar ahí abriéndome al mundo. De hecho venir aquí con los de Galeia solo ha servido para reafirmar mi punto.

    La cueva en la que había crecido era fría pero segura.

    Pero allí, en mi aislamiento voluntario, me había alcanzado el eco lejano de la radio averiada de Aleck y de los discursos de Gen. Sonaban cómo venidos de otro mundo y al principio me habían asustado, pero ahora no imaginaba el mundo sin ellos. Sin el eco distante de sus voces.

    Levanté el vaso y lo choqué suavemente con el suyo, para luego beber lo que quedaba de whisky.

    —Por suerte tú eres el optimista de este trío, no veo forma posible de que haber tenido a Mimi encima cuente como una fortuna, pero tú verás, hombre. —Dejé el vaso en el suelo de nuevas cuentas e inhalé aire despacio—. No habría venido de no ser por ustedes, así que no tienes nada que agradecerme.

    Guardé silencio un momento, lo dejé beber y lo miré con el rabillo del ojo, ya no tanto por asegurarme de su estado, porque estaba seguro de que seguía cómodo, sino porque por la cabeza me había cruzado una estupidez de proporciones colosales. Porque era la primera vez que recordaba, más allá de cuando era un mocoso, haber sentido el impulso de buscar una suerte de consuelo o lo que fuese en otra persona, en el contacto.

    Estiré la mano para quitarle el vaso, lo dejé en el suelo junto al otro y aprovechando que el alcohol me estaba ayudando en eso de no sobreanalizarlo todo antes de hacerlo, lo abracé. Fue un gesto algo torpe por falta de costumbre y me quedé como un imbécil esperando que el cuerpo se me tensara, esperé y esperé, pero no pasó nada.

    Porque era Aleck, era mi familia y estaba seguro allí.

    De hecho se me relajaron un poco más los músculos, solté el aire despacio y lo liberé de mi agarre no mucho después.

    —Feliz Navidad, enano —dije en voz baja luego de regresar la vista al frente—. En fin, tu trasero de viejo ebrio debería dormir de una buena vez.
     
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    Gigavehl

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    ...
    Holi, al fin, el weón este se atreve a zanjar su noche aquí (?
    Cuando los holders ya se habían decidido por poner la cena, yo ayudé muy discretamente en todo eso, eso sí, en ningún momento dejaba de beber de vez en cuando, aún así, cuando en determinado punto Nikolah había subido por Liza y Mimi, yo decidí sacar mi especialidad...

    Subí momentos después de que Nikolah había hecho lo mismo, en algún momento escuché una exclamación inentendible para mí y reconocía que era la voz de Mimi, aún así le dejé estar y yendo para la habitación que al final Lucas y yo habíamos tomado, me dirigí al closet para abrirlo y de mi equipaje sacar una buena botella de vino.
    —Perfecto... La especialidad de la universidad—. Dije al aire para mí mismo, aunque después recordé otra cosa y comencé a husmear entre mis cosas para de esta sacar un pequeño objeto circular un poco pesado, envuelto en papel, la observé un rato y suspiré algo pesado, como si una extraña vibra de nostalgia me hubiese invadido...

    En ese momento, Génesis, mi Lucario, como prediciendo mi estado anímico entró a la habitación un poco preocupado, yo solo reí y negué, restándole importancia.
    —Ya pasó... ¿Está bien? Mi identidad ya no me interesa... Ahora por fin me siento en casa, a pesar de todo—. Dije con gran calma ante Génesis, mientras me terminaba mi copa y tomaba la botella para guardar al final la clase de medallón en mis bolsillos, sin revelar su contenido, mirando al Lucario de Gérie con una sonrisa de lado.
    >>Venga ya, tenemos una nochebuena que celebrar—. Dije, pero no sé si al final de verdad perdí tanto tiempo observando el extraño objeto que para cuando me di cuenta, ya hasta habían figuras de origami en el pasillo y al parecer, tanto Nikolah como Liza y Mimi ya habían bajado.

    Estaba por ir con los demás cuando recorde algo y gruñí por lo bajo.
    —Mierda... Espera, ¿dónde quedó el..? Si, exacto—. Dije hacia mi Lucario pero este ya me había respondido telepáticamente, y queriendo darle una sorpresa a los chicos me escabullí al bajar las escaleras para verlos a todos ahí, pero decidí doblar hacia un pasillo que daba detrás de las mismas escaleras para de ahí, llegar al Garage.

    >>He estado muy distraído hoy, buen Génesis. Así que supongo que no podré demostrarles el vino especial de Ciudad Libertad si no es con su... ¡Aja!—. Dije mientras me dirigía a uno de los vehículos que ya estaban ahí y de dentro saqué un sacacorchos especial, que de hecho, encajaban a la perfección con la botella de vino.
    >>Venga, hay que volver de una buena vez o nos quedaremos a pie—. Dije hacia Génesis quien me miraba con su habitual calma, pero cuando estaba por salir una breve brisa helada me recorrió la espalda, al voltear, noté que la entrada estaba semi abierta, parecía que no habían cerrado muy bien.
    Gemí por lo bajo y cerré la puerta, aunque el aire me hizo cerrarla un poco fuerte, le resté importancia y me dirigí hacia la enorme entrada del garage para buscar por ahí una manera de cerrarla, parecía que alguien había usado fuerza cuando llegamos porque estaba bastante duro pero al final logré jalar una pequeña palanca para que se terminara de cerrar la entrada, un dispositivo algo raro para abrir o cerrar esto la verdad.

    Miré a Génesis y lade un instante la cabeza, al volver a la puerta quise abrir, pero resulta que de alguna manera se había atascado...
    —¿Pero qué?
    E insistí, inclusive agité un poco la puerta, hasta traté de usar mi hombro para abrir pero fue inútil, creo que el breve azote que le di fue más que suficiente para atascarla, wonderful.

    —Me lleva la...—y me contuve, suspirando con fuerza y me masajeé un poco el hombro pues había llegado a un punto que me había dolido, escuchaba murmuros, lo atribuía a que los chicos tal vez y ya estaban tomados, me rasqué la nuca, incómodo, cuando quise abrir el garage resulta que la estúpida palanca se había atascado también. Estaba encerrado y no estaba dispuesto a pedirle a mi querido Lucario que usara Esfera Aural para volar la puerta.

    Reí con clara frustración y gracia, era tan gracioso y triste esto a la vez.
    —Esta bien, esperaremos un rato... Quiero decir, una puerta no se atasca para siempre, ¿verdad..? ¡¿Verdad?!

    Vaya que sí...

    Después de que el tiempo pasaba y mi insistencia continuaba, de alguna manera los chicos no me escuchaban y me terminé por dar por vencido, sin cena no me quedó de otra mas que meterme a la camioneta mientras Génesis me veía confundido tras la puerta abierta del msimo, le miré y le hice ceñas de que subiera y cerrara la puerta, aún con mi destapador y mi botella de vino a mi lado, vi de reojo que el Pokémon subía y cerraba la puerta de la camioneta, mientras me acurrucaba en el asiento.
    —¿Sabes..? Es cierto que en un inicio me preguntaba en serio quiénes eran mis padres—. Dije, claro, solo y me iba a empezar a dar mi crisis existencial de nuevo.
    >>Es cierto que en determinado momento quería conocerlos, pero supongo que al final el destino a dictaminado que era mejor que no fuese así pues, al final... tenías razón, mi pequeño Génesis. ¿Para qué buscar algo que no puede valer la pena descubrir?—. Pregunté como si mi Pokémon insignia fuese aún un pequeño Riolu y tomé la botella para observarla, un poco cansado tanto por el alcohol que ya llevaba encima, y el sueño por tanto esfuerzo en vano.
    >>Pero a veces me pregunto, ¿valió la pena dejar todo eso?—. Añadí para usar el sacacorchos y con "cuidado" traté de abrirlo, y es que cuando lo conseguí salió disparado hacia la ventana del camión y por fortuna no se rompió, pero vaya que se agrietó severamente.
    >>Ahh... Menudo día me espera mañana—. Dije más que resignado, no parecía que nadie fuese a venir y aún con mi copa que llevo trayendo desde la cocina me serví una copa, miré a Génesis y le extendí el recipiente, el canino me miró confuso y yo solo reí, negando mientras daba un trago, maravillándome por su sabor a uva y piña.
    —Ya lo sé, ya sabes que a veces me encanta jugar contigo—. Dije para volver a beber, suspirando con calma, mirando el garage desde dentro de la camioneta, con el vidrio a medio romperse a mi derecha.

    Guardé silencio un rato y seguí bebiendo, hasta que comencé a servirme la segunda copa, ignorante de todo lo que sucediera que no fuese allí dentro.
    —Sabes, hermano. A veces me pregunto, ¿porqué la vida debe ser tan cruel e injusta a veces..?—. Dije, con calma, pero pude notar como Génesis volteaba los ojos y volteaba al lado contrario donde estaba yo, ya sabía cómo me iba a poner, y en cierta medida agradecía que nadie estuviese ahí para verme.
    >>Tu sabes, todo lo que me contaron, todo lo que tuve que pasar, mi vida en Gérie, bueno, mejor dicho mi viaje con Cayden y Aleck, mi eterna y tortuosa búsqueda, jaja... ¿Sabes? Dicen que las pruebas más duras lo pasan la gente más fuerte pero... por favor, esto es ridículo—. Añadí, mientras me acababa esa otra copa y me serví de nuevo, ya medio movido, al final dejé con cuidado el vino en el suelo del auto y me quité mi gorra azul, para agitarlo hacia mi rostro y "referscarme" la cara.
    >>Maldita sea, se supone que hacer amigos te hace más feliz pero... ¿porqué duele cuando te quieres separar de ellos? ¿O cuando quieres darle una lección? ¿O cuando solo quieres lo mejor para estos? Como tomatín, hah... Ese fue una puta odisea—. Dije para empezar a beber, mientras Génesis hacía lo posible por poner una cara de poker face pero la verdad es que le costaba, su noche iba a ser larga... ohhh si...

    —Nadie volvió a ser el mismo desde esa vez... ni siquiera los "h o l d e r s".—reí un momento. —Que nombre tan extraño, ¿no crees? "Los portadores" aunque admito que a veces se escucha cool, ¿tu crees que omitiendo a Liza nos desean aquí? Quien sabe, con algunos se hace un mega desmadre... Pero al final todos tienen su esencia y su carisma, hasta esa tal "Mimi Honda"—. Dije, pero mi desvarío ya era bastante notable, cuando el Lucario me miró, abriendo la boca como si quisiera decirme algo, empezó a ver una lágrima empezar a correr, soltando un bufido, sip, a ese punto sabía que yo me había ido al demonio. Al mismísimo hoyo de Giratina.

    >>Es que Arceus, tanto tiempo luchando por hallar a ese maldito Pokémon y jamás se apareció, solo buscaba respuestas, carajo, respuestas ante lo que soy. ¿Siquiera soy Gériense? Y cuando me dí cuenta ya era... "Givan Velren" o "Gen" para los cuates, para los brothers, para los panas... Pff.—reí de nuevo mientras negaba y me acababa la copa, para servirme una cuarta vez.
    >>Dicen que a veces el nombre de una persona tiene tanto peso como su propia esencia, o algo así, no me interesa. Es más... vamos a...—hasta ese momento decidí usar mi cerebro, de forma irónica, ya borracho y fue en ese instante que decidí pensar, buscando mi móvil, pero, genio, lo dejé en la habitación, carcajeando estruendosamente mientras mi Lucario solo se tapaba el rostro, solo deseando que me durmiera o lo encerarra en la ball, que de igual manera me lo dejé en la sala en... algún lado.
    >>Ayayay, mira, olvidé el móvil. En fin, que algo así iba un disque dicho, ya sabes, para ponerse a reflexionar acerca de la vida, la existencia y los chakras hip. Y no sé cuantas cosas que al final se me hacen pura estupidez, como si decirte "ay, mira, sonríe todos los días y podrás ser feliz siempre aunque no se deba" ¡¡Al carajo!! No puedes forzar la felicidad, y tampoco la tristeza, nada... a veces ni puedes forzar a tu destino—. Dije para seguir bebiendo, ya más que ido, para seguir riendo y luego pasé a carcajadas sin mayor propósito ni motivación, Génesis solo se quedaba recargando el codo en el poco espacio que ofrecía la puerta y colocando su puño en su cien, no abandonaba la camioneta por puro respeto hacia mí y porque seguramente no quería que me cortara con sepa dios porqué, como siempre me pasaba...

    Pero ahí iba de nuevo, de esa risotada pasaba a una risa deprimente, llorando, pero era tan desvariada que parecía que solo estaba de joda porque no se me podía tomar en serio pese que mi estado de ánimo demostraba eso.
    —Liza White... La que solo quiso unirnos a su ya variopinta familia y al final terminó haciendo un caos esta noche, vaya, que hasta pareciese que tenemos la "maldición del holder" porque hay algo muy raro en el bosque y que hasta nosotros nos vimos envueltos en todo ese rollo de Zach, y Eternatus y Gloria y Tyre Chance y pff... ¿Sabes..? Debo admitir que si no era por Cayden y Aleck, creo que habría rechazado no solo venir aquí, a Galeia. Si no a seguir luchando, no tener resultados de mi vida... de quién soy... Deprimiría a cualquiera, si, no soy tan fuerte al final, solo un mocoso que se hace el rudo, el sabio, el fuerte cuando cree que tiene las de ganar. O cuando cree que tiene la respuesta coherente de algo, ¿profesor Pokémon? Solo quiero saber qué demonios soy. Nunca me interesó ser algo en mi vida... ese sol... esos sueños, ahh—. Dije, pero en ese momento fue la primera vez en mi vida que, pese a estar bastante movido, hablaba en serio, muy en serio. Al menos, se podía decir que en ese momento, había expresado frente a Génesis mis más profundos y verídicos sentimientos...

    Ni siquiera Cayden, Aleck, Liza o cualquier otro me importaban tanto como aquél Legendario...

    Solo mi dientidad...

    Estaba tan obsesionado...

    y decidido...

    Que era capaz de quitarme la vida si no obtenía las respuestas...

    Por eso... Por eso... Es que no podía perdonar lo que Zach hizo.


    Génesis me miró, en silencio, mientras algunas lágrimas seguían brotando, sabía que decía la verdad, que ciertamente estaba traumado con lo acontecido en el "Valhalla" de Gérie. Que ciertamente las joyas que acababa de revelar eran las que no me atrevería a soltarle a gente como a mis ahora hermanos. A nadie... Era una carga que estaba dispuesto a llevar en mi alma siempre.

    Porque al final no era tan estúpido.

    Solté un pesado suspiro, mientras tomaba un trago más a mi vino y me acababa la copa, bastante movido directamente decidí dejar donde fuese la copa en mis pies y aseguré la ya casi vacía botella, mientras me acurrucaba.
    —Génesis...—. Dije hacia mi Pokémon, quién me miró en silencio.
    >>... Gracias, por siempre estar ahí, no solo por hacerme alguien más sociable si no... Por enseñárme lo que es la vida, lo que es tener amigos, hermanos. Lo que es pelear por tus ideales, aún sean cuestionados severamente.—le miré entonces, con ojos rojos del cansancio y de llorar en silencio.
    >>Por ayudarme a entender que la vida no se encierra en un sólo propósito—. Finalicé, mientras iba acostando el reposo del asiento para extender mi cuerpo en horizontal.

    —Gracias por ser mi pilar de cordura y de vida... No sé qué habría hecho sin ti, de verdad.—me detuve un momento, para suspirar una vez más, algo más relajado.

    >>Gracias... hermano...

    E intenté dormir, por un momento lo iba a conseguir, después de un largo silencio, hasta que sentí el metálico pero a la vez, suave y reconfortante piel de acero del Lucario, abrazándome con fuerza, notando que también estaba al borde de las lágrimas, ciertamente tocado, yo solo reí deprimido y comencé a llorar, a romperme ahí mismo, para girarme hacia él y aferrarme.

    Estaba del asco, claro que sí, sin nada que perder al final, en realidad pierdes mucho...

    Un niño que decía estar listo para la vida.

    Y jamás pudo superar su propia obsesión al final.

    No vengan a buscar a Gen, ya hice trato con Hygge (?)

    Chingadamadre siempre me puede la sadness
     
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    Rider

    Rider One of a Kind

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    Y así, sin avisar, la plática nocturna se había convertido en una especie de confesión sincera y emotiva, si bien, no me parecía incómodo ni extraño ser tan abierto con las personas, la verdad era que ciertamente no era algo que hacía a menudo, no a este nivel de profundidad, pero tratándose de Cay, sencillamente no pude evitar sentir nada que no fuera afecto y seguridad con el pelirrojo, sentía que simplemente podría contarle cualquier cosa sobre mi vida, y no sólo me escucharía, sino que me entendería.

    Tras mi breve revisión rápida, el chico confirmó sentirse plenamente bien, incluso el sutil gesto de llamarme "enano" lo hacía inequívoco, pero eso hacía que me pareciera aun más extraño la increíble obra que el pelirrojo se había montado sobre nosotros y nuestro rol en el mundo, pero estaba dispuesto a interpretar mi rol en esa obra, aun si esa obra más bien parecía una ida de olla más que una idea de lo que los tres representábamos.

    — ¿Ves? No eres tan fideo, sólo te falta trabajar más los brazos.— Respondí al chico mientras aparentemente asignábamos de manera definitiva nuestro papel en esta especie de triángulo del equilibrio.

    Cuando el pelirrojo mencionó sobre el miedo que le daba abrirse al mundo, ciertamente era difícil imaginarse a alguien cómo Cay teniendo miedo, no pude evitar sentir más que empatía por él, yo de primera mano sabía lo que era temerle al mundo, a la gente, a sus palabras y acciones.

    — Bueno, yo creo que no necesitamos suerte.— Coloqué suavemente mi mano sobre el hombro del chico que aun se encontraba recostado. — Es decir, míranos, nos hemos topado con tantas tropelías en nuestro viaje, que decir que tenemos mala suerte sería poco, pero no la necesitamos, sé que el mundo no siempre nos mostrará su mejor cara, pero...Eso nunca debería ser un impedimento para que nosotros le mostremos la nuestra. — Proseguí mientras le dedicaba una sonrisa al chico y cerraba los ojos, a la par que retiraba mi mano de su hombro. — Piénsalo así: Tal vez alguien, en alguna parte del amplio mundo esta teniendo un mal día y se ha topado con un montón de gente desagradable y molesta, y el día no hace más que empeorar y empeorar, perdió su empleo, tiene deudas y están a punto de echarlo de su casa, para colmo está sediento y no tiene cambio para comprar un agua fresca en una maquina expendedora; y entonces un extraño transeúnte pasa, lo ve en su predicamento y simple y sencillamente decide regalarle una sonrisa junto con su botella de agua que llevaba consigo.

    >> Ese gesto desde luego que no resolverá todos sus problemas, pero la acción de ese transeúnte le devolvió, aunque fuese por sólo unos instantes, una sonrisa a ese pobre tipo, una sonrisa que tal vez lo acompañe todo el día, una sonrisa que le permita dormir con un poco más de calma en su corazón, una sonrisa que le ayudará a levantarse el día de mañana y seguir luchando contra la adversidad. Todo porqué ese transeúnte decidió abrirse con un desconocido y hacer un acto de buena fe, sin esperar nada a cambio, sin temor. Tal vez ese transeúnte se topé después con gente cruel e indiferente, pero también, podría toparse con algún otro buen samaritano que le ayude a seguir con su día a día. No todo el mundo puede ser amable, pero todo el mundo tiene la opción de intentarlo, yo por muchos años tuve miedo de intentarlo, miedo de que me lastimaran en mi intento de ayudar, de dejar de lado mis problemas y sencillamente extenderle mi mano a un desconocido, pero cuando dejas todo eso atrás, te das cuenta de que, poco a poco, no sólo ayudas al mundo a volverse un mejor lugar, sino que te ayudas a ti mismo a ser una mejor persona, y cuando eso pasa, el mundo ya no parece un lugar tan aterrador para abrirse.

    Tras que me diera cuenta de que otra vez, me había extendido platicando más de la cuenta, solté una pequeña risa, realmente yo era la parte del espíritu en este equipo ¿Eh?

    — Vamos Cay, si pasaste un buen momento aquí en Galeia, aunque hubiese sido sólo uno, sería la prueba de que abrirse al mundo siempre tendrá algo bueno, aunque sea algo pequeño y simple, cómo una rica cena o una misión de rescate en el bosque, hubiese sido un momento del que te hubieras perdido. Sabes que son buenos chicos, todos ellos, y sé que sólo necesitas darles una oportunidad, así cómo se que ellos te la darán a ti.

    Por fin impactamos nuestros vasos en un gesto de hermandad, agitando un poco el contenido de los respectivos vasos.

    — Hey, alguien tiene que ser el optimista ¿No? Tú mismo lo dijiste, nos complementamos el uno al otro.— Contesté mientras bebía lo ultimo que quedaba de mi trago y reflexionaba, realmente en muchas ocasiones, me sentía cómo el ancla moral del trío, manteniendo una buena actitud, aun cuando la situación estaba jodida al extremo. — Es curioso, pero en cierta forma, Mimi me recuerda un poco a ti, distante, seria, tiene problemas con la bebida y es protectora con su familia...Aun después de las cosas que dijo. Tal vez sea una tarea imposible pero, deberías tratar de ser un poco más comprensible con ella. ¿Recuerdas lo que Emily nos digo tras que se fuera a dormir por primera vez? No espero que nos llegue a considerar sus amigos algún día, ni que te llegues a llevar bien con ella, pero estoy seguro de que, con el tiempo y la paciencia necesaria, podrían hasta llegar a coexistir en paz.

    Hice una pequeña pausa mientras colocaba el vaso cerca de mi boca, pero sin llegar a beber nada. — Además...Es un poco linda ¿No? — Inmediatamente caí en cuenta de lo que acababa de decir y por la mirada del pelirrojo, parecía que se estaba haciendo otro tipo de ideas. —¡N-no me malentiendas! ¡No es a lo que me refería!

    El pelirrojo soltó un par de risas, mientras yo también lo hacía, ya tal vez producto del cansancio y de que me encontraba incapacitado para alegar.

    Luego de unos instantes de silencio, el chico quitó mi vaso de mi mano, era una extraña similitud con cierto suceso que había ocurrido de la misma manera un par de horas atrás, pero en cuanto Cay había dejado mi vaso sobre el piso, procedió a abrazarme, me tomó ciertamente desprevenido, tanto que incluso me tarde un par de segundos a corresponder el abrazo, pero tras esos breves instantes, envolví al pelirrojo con mis brazos y lo abracé con todas mis fuerzas mientras cerraba los ojos, incluso me permití darle un par de palmadas en la espalda.

    — Feliz navidad, Pelo de fuego. —Lo podía sentir perfectamente, era el calor de una familia.

    Tras que nos separamos, Cay mencionó algo sobre mi ebrio trasero y de cómo quizás, debíamos ir ya a dormir. — Primero: Mi trasero podrá ser abultado pero no viejo, muchas gracias, y segundo...— Me interrumpí por unos instantes, al percatarme de que quizás si era un buen momento para ir a descansar, aunque solía dormir poco las noches que bebía y se podía ver que la mañana estaba a unas escasas horas de llegar, un par de horas de sueño no me vendrían mal.— ¿Sabes? Creo que tienes razón big bro.

    Sin bajarme en ningún momento de la cama, gateé hasta el respaldo y me coloqué de espaldas al mismo, me quité tanto el suéter verde cómo la camisa de botones y la arrojé sobre mi maleta junto con el resto de la ropa, ya habría tiempo para ordenar mañana. Destendí las sábanas de la cama y me coloqué lentamente bajo las mismas; por suerte era un cuarto bastante cálido, así que sabía que no pasaría frío.

    — Espero que no me hayas mentido con respecto a lo de roncar ¿Eh? Porqué si es así, te mandaré a dormir a la sala. — Le dirigí al pelirrojo, en un tono desafiante pero bromista, realmente no planeaba dormir mucho, así que daba lo mismo si él roncaba o no. — No me cansaré de repetirlo...Hoy no sólo fue un buen día, fue una gran navidad...Gracias por haberla compartido conmigo, Fueguin.

    Lentamente comencé a acomodar mi cabeza sobre las almohadas, cerrando lentamente los ojos, no sin antes programar una alarma en mi videoemisor que sonara en cuanto saliera el sol, después de todo, era navidad ¿No? Habría que bajar temprano a ver que había traído Santa a los demás; di un ultimo vistazo de reojo a mi maleta, en donde tenía los regalos para todos. Después de eso, me dejé llevar por los brazos de Morfeo, finalmente, descansando de tan ajetreado y francamente maravilloso día.

    Y bueno damas y caballeros, por mi parte eso sería todo para el día 24 uwu (A no ser que Mel me sorprenda con otro tocho post que necesite respuesta, esto es cómo un vicio) Y si dejan morir el Spin-off morir de nuevo los mato, no es un meme, sé donde viven <3
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Bueno, eso sí que había sido un desarrollo interesante. De improviso, Liza había puesto música de Navidad, y se había puesto a bailar y a cantar con Aleck. De a poco, una sonrisa se fue asomando entre mis labios, a medida que se iban soltando cada vez más y más mientras la canción sonaba. Tal vez cantar a todo pulmón a las dos de la mañana no fuera tan buena idea, pero bueno, seguramente la mayoría ya estaba noqueada por el día bastante cansador que habíamos pasado, o tal vez lo suficientemente borracha como para no darse cuenta de nada.

    Entre baile y baile, Liza se acercó hacia Yukio y a mí, y nos depositó sendas guirnaldas en el cuello. Solté una carcajada, y luego me recosté en el suelo, de costado, con la cabeza apoyada en un puño, mientras observaba con una sonrisa. Seguían danzando y girando, y milagrosamente, no se llevaban nada por encima. Aleck fue el primero en caer al suelo, y Liza prontamente lo siguió. Ambos se quedaron allí, riendo mientras intentaban recuperar el aliento. Se despidieron, y Aleck subió para dirigirse hacia su cuarto, y al fin dormir. No era una mala idea, la verdad. Pero todavía tenía algo que hacer.

    Cuando Liza fue la última que quedó conmigo en el salón, me hice a un costado, y le indiqué que se sentara a mi lado, frente a la chimenea. Le compartí la manta que tenía encima y le sonreí, mientras la rodeaba con un brazo, para darle un apretón afectuoso.

    — De verdad que me pone feliz verlos a ustedes tan felices.— dije, mientras le acariciaba el hombro, y luego perdía mi vista en las llamas danzantes del hogar.

    En cuanto Liza terminó por dormirse, que no fue mucho después debido al cansancio que la pobre llevaba acumulado encima, solté una sonrisa divertida. Al fin.

    La levanté con cuidado en brazos, y la deposité sobre el sillón, cubriéndola con la manta. La besé suavemente en la frente, y, en silencio, me escabullí de allí. Subí las escaleras sigilosamente, y en puntitas de pie, pasé por todos los dormitorios, asegurándome de que todos estuvieran durmiendo. Con una sonrisa de oreja a oreja, me dirigí hacia el mío, que compartía con Dante, e ingresé en él. Rebusqué en mi valija, y saqué de allí una bolsa de arpillera.

    No iba a esperar a Santa. Yo era Santa. ¿Quién quería un gordo barbudo y vestido de rojo cuanto tenías un rubio flaco y alto? Me acerqué con cuidado hacia Dante, y dejé una caja sobre su mesa de luz. Era increíble lo lucrativo que era ser entrenador. Había podido comprar tranquilamente regalos para todos. Obviamente, todos estaban etiquetados como "De: Santa". Para Dante, le había dejado una pequeña cocina de campamento portátil. Había escuchado que al menos se le daba bien cocinar, y que pasaba la mayor parte de su tiempo en compañía de sus pokémon y en el camino, más que en ciudades o Centros Pokémon. Tal vez le vendría bien.

    Salí de allí, cargando con mi bolsa, y me dirigí hacia el siguiente cuarto. Mimi se encontraba durmiendo allí. Me aseguré de tener muchísimo cuidado de no despertarla. No quería que hubieran más problemas. Ni que la sorpresa se arruinara. Dejé una pequeña cajita al lado suyo. Dentro, estaba el mismo perfume que me había tomado por accidente. Bueno, me había tomado una parte nomás, no todo. Pero ahora tenía un reemplazo completo.

    La siguieron Givan y Lucas. Para el primero, una bata de profesor. ¿Quería ser profesor pokémon? Pues que comenzara a vestirse como uno. Y al segundo, réplicas de plástico de todas las medallas de Sinnoh. No podía conseguirle las verdaderas, pero al menos podía jugar con que era campeón de su región natal. Además de que había una pequeña tarjeta de souvenir que simulaba ser la acreditación de campeón, firmada por Cinthia. O al menos, su asistente.

    El cuarto de Emily e Ian se encontraba al lado. A la muchacha le había dejado una preciosa bufanda, obviamente tejida a mano, que hacía juego con sus ojos. Y un peluche de Togekiss. Y al joven, una Play-man. No había conseguido una Game-boy, pero eso era lo más cercano. Seguía teniendo los mismos juegos, después de todo. Y en la galería oscura en donde la había conseguido me habían asegurado de que era lo último del mercado. ¿Quién podía no creerle a un sujeto con gafas de sol en pleno día y que miraba nervioso hacia todos lados?

    Y por último, quedaban Cayden y Aleck. Al pelirrojo, le dejé pastillas de clonazepam una remera que decía "Soy Cayden". A Aleck, una prenda similar que decía: "Si me encuentran, devolver a Cayden".

    Y obviamente, había dejado un vaso con agua con pastillas para la resaca al lado de cada uno. Santa sabía que era lo mejor para cada uno.

    Dejé la bolsa casi vacía de vuelta en mi valija, y saqué el último regalo. El corazón comenzó a latirme algo veloz mientras descendía por las escaleras lentamente, y dejaba la pequeña cajita de música al lado de Liza. Era algo super simple, que solo tenía una canción. "Carol of the Bells", en violín. Conocía a una muchacha que tocaba el violín en la calle, y nos habíamos hecho buenos amigos rápidamente, tal vez por la camaradería que uno tiene cuando se encuentra que atravesó situaciones similares. Habíamos reunido algo de dinero entre ambos, y con ese pequeño montón, habíamos grabado la canción para ponerla en una cajita de música. La grabación era bastante mala, pero era lo que se pudo conseguir. Al menos, sonaba lindo, aunque algo metálico, y con algunas interferencias por aquí y allá.

    Con eso listo, me dirigí hacia la cocina. Había que preparar el desayuno.




    El sol de la mañana me encontró durmiendo plácidamente apoyado en la mesa del salón. Había dispuesto galletas recién horneadas, teteras con agua caliente, leche, pasteles y demás golosinas sobre la misma. Quería haberme quedado despierto para verles las caras y expresiones al resto cuando se despertaran y vieran sus regalos, pero el cansancio me había ganado. Era un enemigo demasiado poderoso.

    Yo ya estoy :D

    ¿Así que conocés donde vivo y nunca pasaste a visitar, Rider? Vaya pesho.
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Cayden Dunn

    Ya lo había pensado cuando hablé con Gen en Villa Cruce o eso creía recordar, que haber crecido en Pueblo Sereno, con la nieve y el frío me habían convertido en la persona que era. Era volátil, sí, incluso caótico pero lo que se veía apenas conocerme era una capa que rozaba la frialdad, no sabía muy bien de dónde había salido así que estaba echándole al culpa a cualquier cosa que tuviera cerca y eso que ni siquiera sabía del pensamiento de Aleck de que imaginarme sintiendo miedo era difícil, porque lo cierto era que quizás sentía más miedo del que era normal en la gente.

    Pasaba que era extremadamente cerrado, casi toda emoción negativa la encerraba, la dejaba rebotando hasta que se mitigara o me comiera vivo, lo que pasara primero. Eran, quizás, las que me aislaban también, me hacían acudir a esa reclusión voluntaria en un intento por detenerme a mí mismo de volcarlas en los demás de forma injustificada.

    Pero yo qué sabía.

    Su ejemplo había sonado a utopía, por supuesto, eran ese tipo de cosas que solo personas como Aleck podían ver y argumentar así como si nada. Lo entendía, el punto principal, que lograra encajarlo en mi cabeza era una cosa muy distinta y no creía ir a lograrlo en el futuro próximo. Siendo que no buscaba oportunidades de ellos, de los de Galeia, aunque la mayoría estaba dispuesto a dármelas sin mucho problema, pero ahora tenía la mierda del rechazo tácito dándome vueltas en la cabeza y no me lo podía sacar. No podía y no era porque me rechazaran a mí, era la posibilidad de que los rechazaran a ellos dos los que me torturaba.

    Bastaba una pieza floja para arruinar toda una estructura.

    Fruncí el ceño cuando me soltó encima que Mimi le recordaba a mí y me callé solo para no ser grosero con un puto borracho, porque ya eso me lo podía tomar como ofensa personal y no tenía ganas de arruinar el ambiente distendido que había allí. De cualquier manera me hizo reír con el otro comentario, así que digamos que se le perdonaba, digamos.

    Me había correspondido el abrazo, no era como si Aleck supiese hacer otra cosa, y me resultó estúpidamente cálido, al punto de arrojarme encima una oleada de sueño inmensa que no había sentido hasta ese momento. De cualquier manera, cuando lo solté me hizo caso con lo de irse a dormir, aunque el pedazo de idiota ni siquiera apagó la luz.

    Se veía que uno tenía que hacerlo todo aquí.

    Solté un suspiro luego de verlo entre las mantas, me levanté, tomé los vasos del suelo y los dejé en la mesilla donde había quedado la botella con menos de un trago de whisky que decidí beber porque mira, ya qué. Me puse a escarbar la maleta después, para sacar una camiseta y no dormir con la camisa que me había puesto para la cena, porque la verdad me estaba cayendo de sueño como para cambiarme los pantalones.

    Aún así luego de haberme puesto la camiseta y metido la otra prenda en la maleta me quedé mirando el paquete, el regalo de Aleck. Lo pensé un rato antes de sacarlo, apagar la luz por fin y caminar hasta su cama guiado por la tenue luz de la luna que se colaba por la ventana. Acomodé el regalo junto a él, del lado de la pared para que no se fuese a la mierda si se movía mucho al dormir y volví a revisar su estado por encima. No fuese a ser que se ahogara con su saliva, no sé.

    Hombre, había caído muerto.

    Al menos esperaba que le quedara bien lo que le había comprado, era una chaqueta verde musgo que había visto el día que me largué a mirar tiendas para buscarles un regalo a cada uno y pensé que seguro le venía bien para recorrer las rutas. Se veía abrigadora pero sin resultar bultosa, además tenía bastantes bolsillos y todo, por dentro estaba recubierta por una franela marrón. Claro, debajo de la chaqueta buena había un suéter de Navidad feo que había tenido que comprar por las puras risas. Que no se dijera que no tenía sentido del humor.

    Le acomodé mejor la manta encima en un impulso, con cuidado de no despertarlo, y solo después de eso caminé hasta mi cama para dejarme caer como peso muerto. Casi me quedé dormido antes de conectar las últimas neuronas que me quedaban vivas y meterme bajo las mantas, tapándome casi hasta la cabeza, luego de eso no tardé mucho en caer muerto. Obviamente no escuché el recorrido de Niko dejando los regalos.


    Ahora sí we (?) ya terminé mis tochos
     
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  8. Threadmarks: Resumen día 24
     
    Andysaster

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    Las últimas luces de la cabaña fueron apagándose tímidamente, hasta que la oscuridad lo consumió todo a su paso. La paz, aunque momentánea, alcanzó a los holders y les brindó un momento de descanso para regresar a sus ejes. El calor y el confort del hogar les mantenía ajenos a la tormenta de nieve que se desataba en el exterior. Mientras estuviesen dentro, no había nada que temer.

    La luna azul brillaba con intensidad sobre el manto nocturno en el momento en el que la puerta de la cabaña se cerró con sutileza.

    Cuando la luz del sol se filtró entre las cortinas, anunciando un nuevo día, él ya no estaba allí.



    Fin del día 24
    • Los holders deciden pasar unas pequeñas vacaciones pagadas en una cabaña en el Lago Helado de Galeia.
    • El guía del resort, miembro de la antigua tribu de la flor de cristal, les deja un Snorunt con un extraño collar a su cargo. El influjo de su piedra impide sacar pokémon fuera de la cabaña.
    • El guía les advierte de la existencia de una zona protegida en el interior del bosque. Una bestia dormita en el corazón del mismo, y parece amenazar con despertar pronto.
    • Los chicos discuten para repartir las habitaciones. Nikolah asusta a Liza y huye al bosque tras ser interceptado por Aleck y Cayden.
    • Mimi, Cayden y Dante van en su búsqueda. Descubren un grupo de nómadas acampando en las afueras del bosque. Al parecer están realizando un viaje para recuperar la tradición de su tribu durante el fenómeno de la luna azul.
    • La luna azul tiene un influjo extraño en los pokémon de tipo hielo. Su poder aumenta y amenaza con salirse de control.
    • La esposa del jefe de la tribu se encuentra enferma, y por ello decidieron acampar allí. El hermano del jefe y su mano derecha se dirigió al interior del bosque en busca de una flor medicinal.
    • Nikolah escucha una voz melancólica guiarle a través del bosque, y decide ayudarla. Entre la bruma encuentra a un hombre de una tribu que parece buscar algo. Decide seguir caminos separados.
    • Llega a unas ruinas, donde el fantasma de una doncella le cuenta una historia acerca de dos príncipes enfrentados por el amor de una joven. Una maldición impide que los enamorados del relato puedan volver a verse jamás. Se descubre que se trata de ella.
    • Nikolah decide ayudarla a encontrarse con su enamorado de nuevo; para ello debe traer una serie de fragmentos y reconstruirlos sobre las ruinas. Se ve forzado a huir debido a una extraña explosión en la distancia.
    • Mimi regresa a la cabaña, mientras Cayden y Dante acompañan a la patrulla de búsqueda para traer de regreso a Nikolah y el hombre de la tribu. Honda les cuenta lo sucedido a los chicos, quienes se habían encargado de decorar la cabaña en su ausencia, y la ansiedad termina por dispararse.
    • Mientras intentan solucionar sus conflictos, Dante y Cayden logran encontrar a Nikolah en mitad del caos, herido por un Beartic salvaje. Deciden separar su camino con el de la tribu, deseando que logren encontrar al hombre a tiempo para salvar a la joven.
    • El espíritu de la doncella cita a Nikolah en las ruinas al día siguiente, y el chico acepta ir a su encuentro.
    • Los holders se reencuentran y deciden organizar finalmente la cena de Nochebuena. Aunque no sale realmente como se esperaba.
    • Con varios conflictos sin resolver, el día llega a su fin.
    • Alguien abandona la cabaña en la madrugada.
    Creo que esto era necesario teniendo en cuenta que la historia del dia 24 os la ventilasteis en noviembre JAJAJA. Con esto finalizamos el primer periodo, a continuación iré posteando el inicio del siguiente y último día.

    Habrá algo diferente esta vez. Me gustaría que todos los personajes tuviesen su protagonismo en cierta medida, pues es obvio que la vez anterior algunos se quedaron en la cabaña y otros fueron al bosque y no fue lo mismo. De modo que voy a pillar el sistema de Amelie en SS, que me resulta super interesante, y tiraremos un dado de evento en el primer post del nuevo día.

    ¿Qué significa esto? Dependiendo del número que os salga a cada uno, desencadenaréis un evento determinado a lo largo del día. No tiene por qué estar directamente relacionado con la trama en sí, son mini quests para darle más realismo a las diferencias en el día de cada uno, dependiendo de sus decisiones. Si salen dados del mismo evento, lo haréis juntos. Será un dado de 50 caras, a saber:

    • Si sale 1 desencadenaréis un evento relacionado con la backstory de vuestro personaje.
    • Si sale del 2 al 15 será un evento cómico, no tiene peligro real como tal.
    • Si toca del 16 al 30 será un evento simple, una quest sencilla de resolver y sin repercusiones graves.
    • Del 31 al 45 entraremos en un evento complejo, requerirá de algo más de cuidado y de planificación si se quiere resolver correctamente.
    • Del 46 al 49 es un evento peligroso, las consecuencias son mucho más graves y la dificultad es mayor.
    • Si sale 50 es un evento trágico: alguien morirá al final del día.

    Dicho lo cual, voy a lanzar dado para Liz y a lo largo de la tarde posteo el inicio del día. Una vez hecho esto podéis empezar a postear.

    Reual Nathan Onyrian Lucas Diamond Gigavehl Hitori Rider Yugen Amane Lelouch
     
    Andysaster ha tirado dados de 50 caras para Total: 31 $dice
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    Andysaster

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    La cabaña del bosque se encontraba sumida en un silencio absoluto cuando los primeros haces de luz se deslizaron hacia su interior, haciendo retroceder a las sombras hasta desaparecer. Los copos de nieve caían incesantes sobre el manto níveo, todos en el hogar dormían plácidamente y habría seguido siendo así durante un par de horas más de no ser porque el teléfono de la entrada comenzó a sonar.

    Liza se revolvió bajo la manta, soltando un quejido lastimero que murió en sus labios al escuchar el penetrante sonido que le taladró los oídos. Allí, tumbada sobre el sillón, con el cabello desordenado y la ropa de la cena aún encima, se debatió entre si hundirse aún más entre las cobijas o atender la repentina llamada. La cabeza le martilleaba, incesante, pero el sentido del deber terminó siendo más fuerte y se obligó a abandonar su refugio a duras penas, apartar los mechones de su rostro y caminar con pesadez hacia la entrada.

    Tan dormida y desorientada parecía estar que no notó la pequeña cajita que yacía cerca del sillón, esperando que la abriera.

    —¿...Sí?

    —Buenos días —La voz grave y liviana de un hombre al otro lado de la línea le sonaba familiar—. Cabaña número tres, ¿cierto? ¿Eres White?

    —Mhm —La castaña se llevó dos dedos al puente de su nariz, masajeándola mientras arrugaba ligeramente el ceño. El dolor no le dejaba pensar con claridad—. ¿Usted es el...?

    —El guía, sí —Notó cierta diversión colarse en su tono al escuchar su propia voz pastosa—. Una noche larga, ¿me equivoco?

    El color se le subió a las mejillas y desvió la mirada al interior del hogar, con cierta cuota de vergüenza encima. No se hacía una idea. Arceus, ¿qué Giratinas le había dado el día anterior para terminar bebiendo de esa forma? Ella no era así. Las imágenes desordenadas de la fiesta, del baile y las canciones que terminó cantando como estúpida se agolparon en su cabeza, avergonzándola aún más si cabía.

    Sostuvo su codo, recargando el peso de su cuerpo sobre una de sus piernas. Se las arregló para sonar más serena de lo que estaba realmente.

    —Algo así, sí.

    —Bien. Asumo que no han tenido ninguna clase de percances durante la noche —Bueno, sí, pero no de los que pasaba por su cabeza exactamente—. Eso es bueno. Hemos recibido llamadas del resto de inquilinos durante la noche y parte de la madrugada. La ventisca parece haber cortado las comunicaciones y por alguna razón se ha concentrado en los lindes del resort. No tenemos forma de acceder por el momento y traer provisiones de ninguna clase.

    —¿Tampoco podemos salir de aquí? —inquirió, algo más despierta tras la extraña noticia. ¿Una ventisca que bloqueaba los alrededores del resort, precisamente?

    —¿De la cabaña? Sí. ¿Del Bosque del Lago? No realmente —No le hizo falta verlo para saber que había carraspeado con cierta incomodidad—. Para garantizar vuestra seguridad sería preferible no forzar a ninguno de vuestros pokémon a atravesarla. En cualquier caso se encuentra bastante lejos de vuestra posición, podéis dar un paseo y visitar el lago de así quererlo.

    >>Pero...

    Liza soltó el aire por la nariz, con una mirada de circunstancias a pesar de que no podía verle.

    —Siempre hay un pero, ¿no?

    —Vamos a necesitar algo de ayuda para atender el resto de cabañas; comprobar que todo está bien, nada especialmente difícil. Sois entrenadores experimentados, ¿cierto?

    —Los entrenadores experimentados también necesitan vacaciones de vez en cuando —Suspiró, pero su tono no fue brusco ni mucho menos. Más bien sonaba cansada. Estaba acostumbrada a esa clase de pedidos, a esas alturas. Tamborileó los dedos sobre el teléfono, aligerando un poco la voz de por sí algo tomada. El hombre no tenía la culpa de nada—. ¿Podemos al menos disfrutar del desayuno navideño?

    El guía dejó escapar una suerte de risa.

    —Todo el tiempo que necesitéis. Nos ponemos en contacto más tarde —Estaba a punto de cortar la llamada cuando su voz al otro lado de la línea le arrancó una ligerísima sonrisa de encima—. Gracias, y Feliz Navidad.

    —Feliz Navidad.

    No era lo que se decía la mejor forma de empezar el día, mucho menos Navidad, pero no era como si estuviese librada de otros problemas de por sí. Quizás había tomado para olvidar a corto plazo pero recordaba todo lo sucedido en la noche. Iba a ser un día jodidamente incómodo, pero tenía la conciencia tranquila. Si tanto la odiaba Mimi como parecía que lo hacía, bien. No le importaba.

    O eso quería hacerse creer en el fondo.

    Liza caminó hacia la cocina, dispuesta a tomar un vaso de chocolate caliente. Fue allí donde encontró a Nikolah, dormido sobre la mesa, y se detuvo en el marco de la puerta de brazos cruzados, negando ligeramente con la cabeza. Una sonrisa le surcó el rostro sin poder ocultarla.

    Incluso dormido y hecho un desastre se veía así de tierno.

    Tomó dos tazas de leche, las calentó intentando hacer el menor ruido posible y le dejó una de ellas sobre la mesa, cerca del chico. Con la otra taza en mano depositó un beso sobre la coronilla, zarandeándolo con suavidad poco después.

    —Niko, cielo, despierta. Ya es de día —murmuró, notando cómo se desperezaba lentamente. Debía dolerle la espalda después de dormir de esa forma, no tenía remedio. Recargó las caderas contra la encimera, dándole un sorbo al chocolate con ambas manos alrededor de la taza. Su calor la reconfortaba—. Todo esto se ve increíble, ¿pero has podido descansar algo?
     
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    Lucas Diamond

    Lucas Diamond Dios de FFL

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    Ya lo decía yo, ¡el verdad o atrevimiento no iba a traernos nada nuevo! No contentos con la confesión de Nikolah sobre el cuerpo que había enterrado en la Pradera Arte (que resultó no ser tan turbio como aparentaba), en el turno de Mimi... Bueno, todo el alcohol salió de golpe a saludar en forma de una bronca por una salsa picante. Quizás era un buen momento para irse a dormir, ¿no?

    La discusión se fue de las manos, y pronto Mimi regresó a su cuarto, molesta. Liza, por otra parte, permanecía en el salón, algo afectada. Esperaba que mañana pudieran arreglar sus diferencias, con una buena resaca.

    De este modo, todos acabamos yéndonos a nuestros cuartos (menos quienes se quedaron a dormir en el salón, por... alguna razón). Me tiré en mi cama, sin energías. Givan había ido al garaje a por un sacacorchos, así que no tardaría en volv-

    Zzz...

    ***

    Comencé a abrir los ojos casi sin darme cuenta. Instintivamente, me levanté del suelo. Un momento, ¿del suelo?

    —¡AH! —exclamé, sorprendido. Uhm... ¿Cómo había acabado durmiendo tirado en el cuarto de baño? ¿Otra vez me había vuelto a levantar sonámbulo?

    Rápidamente, me incorporé y salí a mi habitación, para arreglarme un poco, y luego bajé las escaleras para llegar al salón. Busqué a Givan con la mirada, pues no estaba en el cuarto cuando me había acercado y realmente era temprano, pero no lo encontré. Me fui a la cocina, para ver si podía prepararme un té. Allí, estaban Liza y Nikolah, dormido de forma algo incómoda.

    —Buenos días. O al menos para Liza, que parece despierta. ¿Habéis visto a Givan? Cuando me he despertado no estaba en el cuarto, pensaba que ya habría bajado.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Abrí los ojos con dificultad sintiendo la luz taladrarme los párpados. Me martilleaban las sienes y la cabeza parecía desear estallar, como si mi cerebro rebotara dentro de mi cráneo. Gruñí cubriéndome el rostro con el antebrazo, molesta, y me rehusé a moverme demasiado.

    —Por el amor de todos los legendarios de Sinnoh...—mascullé dolorida y apreté los ojos tratando de ignorar la luz que se colaba por la ventana. Mi voz me sonó extraña, áspera y pesada.

    A partir de ese día comprendí lo increíblemente molesta que podía ser una resaca. Solté el aire de golpe por la nariz y al apartarme el antebrazo del rostro fijé mis ojos en el techo del cuarto. No tenía mucho tiempo para prepararme y tenerlo todo listo antes de que los demás despertasen. Podría haber estado ebria, pero lo recordaba con una claridad cristalina.

    De modo que me incorporé de la cama y caminé hasta mi maleta peinándome el cabello como buenamente pude con los dedos. Estaba hecho un completo desastre. Suponía que me había movido demasiado en sueños, había sido una noche agitada.

    Dejé la maleta sobre la cama y empecé a tomar mis cosas y guardarlas. Abrí uno de los cajones de la mesita y encontré un paquete convenienmente envuelto en el fondo del mismo. Cuando la luz incidió sobre su superficie mis ojos se abrieron de la impresión.

    —El regalo del amigo invisible—murmuré.

    Lo había comprando unas semanas atrás, poco después de enterarme del viaje por navidad que haríamos. En un inicio me había sorprendido leer ese nombre en particular. Apenas nos conocíamos. A pesar de los años no teníamos precisamente una relación cercana.

    Pero lo había buscado por todas partes. En todas las tiendas de Galeia. Algo medianamente decente que pudiese regalarle.

    Fruncí los labios.

    No podía irme y llevármelo aunque solo fuera un pequeño detalle teniendo presente lo poco que sabía de él. ¿En qué habitación había dicho que se quedaría? ¿Al fondo del pasillo...? Iría hasta allí y lo dejaría sobre la mesita. Ni siquiera tenía por qué notarlo.

    Pero antes, empecé a doblar mi ropa y guardarla convenientemente dentro de la maleta. Todo lo que pude encontrar en el armario. Jerséis, suéteres, bufandas, orejeras, guantes diversos... ¿Por qué había llevado tanta ropa para solo dos días? También vi la ropa de Liza doblada y prolijamente colocada dentro del armario y sentí como si una garra gélida me hubiera sujetado el corazón desde dentro. Mis latidos se detuvieron por una milésima de segundo y la culpabilidad creció hasta hacerme un nudo en la garganta. Las imágenes seguían muy frescas en mi mente. Y podía repasarlas una a una, como los fotogramas de una película.

    Una película nefasta.

    Cerré el armario y me apresuré a guardar todo dentro de mi maleta. Esperaba no fuese una carga demasiado pesada para Isamu. Mi Braviary estaba acostumbrado a volar solo conmigo pero mi ropa era un considerable peso extra.

    Fue entonces que sentí una chispa extraña. La sensación de que alguien me observaba en silencio desde las sombras del cuarto. No tuve que volverme para saber quién era.

    —¿Qué quieres Raiden?—pregunté con desgano, plana, mientras terminaba de cerrar la maleta—. Pareces un acosador apareciendo de la nada. Qué repelús.

    Mi atento vigía. El Luxray guardián que siempre estaba acompañándome.

    No hubo respuesta. Pero allí permaneció, silente, mirándome con reprobación. Con el tiempo, ese serio Luxray se había convertido en la figura paterna que nunca había sido mi padre. La voz de la razón, el cable a tierra. El as de mi equipo. Giré el rostro y nuestro ojos se encontraron. Dorado y azul.

    —Ya lo he decidido—afirmé incorporándome y mi voz se oyó directa, sin titubeos—. No tengo nada que hacer aquí. Todo lo que he hecho desde que llegué ha sido dar problemas.

    Sus ojos parecieron destellar.

    ¿Por qué no te disculpas? Parecía estar diciéndome. Qué ridículo. Se me escapó una risa sin gracia por la nariz. ¿Disculparme? Ni siquiera podía mirarla a la cara. Después de todo lo que le había dicho... ¿cómo hacerlo? sí, estaba molesta. Y sí, estaba borracha. Pero nada de eso lo justificaba. La había lastimado a consciencia y eso era algo que no me iba a perdonar jamás. ¿Como pedir su perdón cuando ni siquiera podía disculparme yo misma?

    Pasé por su lado sin mirarle.

    >>Vuelve a tu pokeball o te haré regresar. Nos vamos.

    Estaba tan convencida de largarme que ni siquiera reparé en el paquete convenientemente envuelto sobre la mesita. Tomé en peso la maleta para no hacer ruido y empecé a descender las escaleras.
     
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  12.  
    Reual Nathan Onyrian

    Reual Nathan Onyrian Adicto

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    Algo estaba vibrando. Chirriaba, lastimando mis oídos. Me removí en el lugar, algo molesto. ¿Qué era ese ruido? Luego se calmó, y volví a a soñar. Sentí una sensación agradable después de unos segundos, mientras un aroma delicioso se colaba por mi nariz. Alguien me zarandeaba levemente, mientras me hablaban con voz suave. De pronto, abrí grande los ojos, y me tiré hacia atrás.

    — ¡Es mi miel, malditos Teddiursa! ¡Ni cincuenta de ustedes podrán conmigo! —exclamé, todavía en sueños.

    Impacté contra el suelo, debido a que el impulso había desestabilizado la silla en la que estaba. Me froté la nuca adolorida, mientras intentaba enfocar la mirada. Lucas y Liza estaban allí en la cocina, la castaña con una taza caliente entre las manos. Les sonreí a ambos, mientras me incorporaba. Me troné la espalda como tres veces, y luego hice lo propio con mi cuello, mis hombros, mis rodillas y mi cadera. Había dormido en una posición demasiado incómoda, la verdad. No había sido mi peor noche, eso sí. Había dormido sobre una baranda, una vez.

    — ¿Dormir? Sí, obviamente. Caí en la tentación y no pude quedarme despierto para atrapar a Santa. El gordo se me escapó otro año —mencioné, soltando una pequeña carcajada.

    Noté la taza de chocolate caliente sobre la mesada, y luego de preguntar si era para mí, la así con ansias, y le di un sorbo largo y pausado. Ah, que bien sentaba una taza de chocolate caliente en este clima. O más bien, lo hacía siempre, no importaba si afuera hacían cuarenta grados o menos veinte.

    — Bueno, tal vez no haya podido atrapar a Santa, pero seguro que dejó algo en esta cabaña, ¿eh? —comenté, con expectación en la voz.— Una sorpresa para cuando se despertaran, ¿quizás?

    Las expresiones confundidas de ambos se trasladaron a mi rostro. ¿Acaso no habían visto los regalos? ¿Los había dejado muy escondidos? Algo contrariado, salí de la cocina. No, allí estaba el regalo para Liza, a plena vista. Que cosa rara. Tal vez todavía estaban muy dormidos. Eso era, probablemente. Le di otro sorbo al chocolate, mientras meditaba. Le dediqué una mirada al exterior a través de una de las ventanas. El sol iluminaba la nieve sobre los árboles y el suelo, que reflejaba su luz, haciendo que todo se viera como un cuadro de fantasía. Intenté penetrar con la mirada los árboles, para ver más allá, pero obviamente, no pude vislumbrar nada.

    Todavía tenía una promesa que cumplir.

    El ruido de alguien bajando las escaleras con algo pesado hizo que me girara. Observé curioso como Mimi descendía con su valija, seguida de su Luxray. Le sonreí.

    — ¡Feliz Navidad, Mimi! ¿Qué haces bajando con tu equipaje? Está bueno hacer ejercicio apenas uno se levanta, pero no creo que sea lo mejor, teniendo en cuenta tu estado en la noche anterior —comenté, de manera jocosa. Sin embargo, al denotar su expresión contrariada, me acerqué hacia ella, con algo de preocupación en el rostro.— Oye, ¿te ocurre algo? ¿Quieres chocolate caliente? En la cocina estamos haciendo.

    Olisqueé el aire a su alrededor de manera disimulada. Ni rastros del perfume nuevo. No entendía que diablos pasaba. ¿Y si Santa de verdad había pasado para quitar todos los regalos que había puesto? ¿Qué acaso se estaba deshaciendo de la competencia? Ya la iba a ver el gordo avaricioso. Para la próxima, iba a construir una hondera gigante y ubicarla en el techo. Íbamos a ver si se libraba de un ataque antiaéreo.
     
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  13.  
    Yugen

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    Mimi Honda

    Mierda. Mi plan no había salido como planeada. Pero eso no era nuevo... el universo me tenía una inquina terrible. Nada más comenzar a descender comprendí que no era la primera en pie al escuchar las voces desde la planta baja. Oí a Lucas, a Nikolah y por supuesto también la escuché a ella. El hecho de que estuviese allí tensó todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo. No quería verla. No podía verla, tal vez era más apropiado.

    No tenía el maldito valor.


    Apreté la mandíbula y me forcé a mí misma a seguir descendiendo a pesar de todo. No había vuelta atrás, ya había tomado una decisión. Podía ser una perra desconsiderada pero por suerte o por desgracia también era una tozuda de cuidado. Si algo se me metía en la cabeza, no importaba qué fuese, simplemente nada me detendría hasta hacerlo o conseguirlo. Nikolah se acercó con un entusiasmo típico a pesar de ser tan temprano. ¿Feliz navidad había dicho? Eso no existía, Nikolah. Al igual que tampoco Santa y los finales felices. Estuve por rodar los ojos ante la jocosidad presente en su comentario pero el dolor punzante en mis sienes me detuvo de solo intentarlo y me limité a solo cerrarlos con cierta tensión en el gesto.

    —No gracias—respondí escueta y las ruedas de las maleta rodaron sobre el parqué de la planta baja. Ni por un instante me detuve—. Me voy.
     
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    Reual Nathan Onyrian

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    Nikolah Cruz

    Contemplé curioso, con la cabeza a un costado, mientras veía como Mimi pasaba al lado mío. Tomé un sorbo de chocolate, y me encogí de hombros. Con dos zancadas, me le adelanté y me le puse al frente, de vuelta, con una sonrisa.

    — ¿Irte? No, nada de eso. Todavía no nos vamos. Ni siquiera tomaste un buen desayuno —tomé otro sorbo, y la miré directamente a los ojos.

    Cada vez que intentaba pasarme, me movía a un costado, impidiéndole el paso. Le debía sacar casi veinte centímetros, así que no era demasiado difícil. En especial teniendo en cuenta la enorme valija que llevaba encima.

    — No creo que los guías quieran venir a buscarnos tan temprano. Además, no podemos usar nuestros pokémon afuera. Y no creo que te agrade ir paseando sola por el bosque —comenté, y le saqué la lengua, para luego guiñarle un ojo.— Créeme, lo sé.

    Al ver que seguía enfurruñada, simplemente suspiré, la tomé del brazo, y la llevé a la cocina, haciendo que dejara la maleta detrás, y haciendo caso omiso de sus quejas. No la iba a dejar irse, tenía el agarre bien afianzado. Sin lastimarla, obviamente.

    — Ven y toma algo de chocolate caliente. O té, creo que eso te gusta más. Seguro que un poco de calor en el cuerpo te va a hacer bien. Oh, y también horneé galletas, pastelees, hay dulces, ¡de todo! Seguramente algo de eso...

    Me callé al notar su expresión en cuanto vio a Liza, y también la expresión de esta otra. Mis ojos se posaron en una, luego en la otra, para volver a realizar el recorrido un par de veces. Mis neuronas dormidas hicieron conexión, y mi mirada pasó a una de cansancio. Bufé, de manera pesada, y con una zancada, todavía arrastrando a Mimi, tomé el brazo de Liza, y me las llevé de allí. Antes de salir de la cocina, giré la cabeza, hablándole a Lucas:

    — Te dejo a cargo del desayuno. Tienes ya todo preparado, solo hay que ponerlo en la mesa —le indiqué, con una sonrisa.

    Con paso alegre, pero decidido, y sin dejar que ninguna de las dos se soltara, subí por las escaleras, hasta el cuarto en el cual ambas compartían. Las senté en una cama y me crucé de brazos, mirándolas de manera algo severa. No era tanto mi mirada en sí, si no la diferencia de altura lo que daba el toque.

    — A ver, no presté mucha atención a todo el quilombo y los problemas que ocurrieron anoche. No sé por qué Liza se fue enojada hacia la cocina, o por qué luego Mimi reaccionó así, pero no puedo dejar que en Navidad, que en la jodida Navidad, alguien de mi familia la esté pasando mal, y se quiera ir, ¡sin haber desayunado, incluso!

    Mi mirada paseó por ambas. Podía ponerme bastante serio con algunas cosas. La Navidad y la felicidad que esta debía llevar era una de ellas. No podía dejar que todo se fuera al garete. De nuevo.

    — Es un nuevo día, y uno precioso, a decir verdad. Vamos a demostrar que ambas son personas que se quieren mucho, y que no dejan que una simple pavada estúpida ni ningún drama raro las pueda separar. Se van a dar un abrazo, y se van a disculpar la una con la otra, y van a tratarse igual de bien que lo hicieron siempre. Eso hace la familia. Al menos la de verdad. Se perdonan los unos a los otros.

    Me di media vuelta y me dirigí hacia la puerta, apoyándome en ella.

    >> Y hasta que no vea que de verdad se hayan disculpado la una con la otra, no nos vamos a ir de acá. No importa cuanto se quejen —mi estómago rugió. Lo miré acusatoriamente.— No importa cuanto se quejen, dije.

    No drama on Christmas, not if the wholesome patrol has something to say about it.
     
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  15.  
    Rider

    Rider One of a Kind

    Cáncer
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    Aleck Graham

    La noche era una maravilla, era de esas noches tan tranquilas que ni siquiera estás consiente de que estas soñando, sólo sabes que no quieres despertar. La tenue luz del sol comenzaba a colarse por la ventana, pero eso no me molestaba del todo, después de todo, ni siquiera recordaba haber apagado las luces antes de echarme sobre la cama. La dulce paz de la mañana fue interrumpida por una incesante alarma que taladraba mis oídos, se sentía equiparable al ruido de la hora pico del tráfico en Nueva Puntera.

    — Mhmp...— Me quejé, en un intento de abrir los ojos para descubrir de donde provenía esa infernal alarma, pero sin resultados. — Por todos los cielos, Cayden, apaga esa cosa... — Murmuré en un tono molesto, al percatarme de que el ruido no cesaba.

    — Agh, vamos sólo 5 minutos...— Me interrumpí, al percatarme de que conocía ese tipo de tono para despertador ¡Era mi propia alarma! ¿En que momento de la noche había pensado que era buena idea poner una alarma? Me senté sobre la cama aun cobijado, sólo para darle golpecitos a mi videoemisor hasta que la alarma se detuviera, aun era bastante temprano, pero el sol ya estaba saliendo, así que era un buen momento para arrancar el día. O eso diría alguien que no se pasó toda la noche bebiendo.

    Cómo pude me arrastré fuera de la cama, estaba haciendo bastante frío, así que decidí cargar unas cuantas cobijas conmigo mientras me levantaba.

    — ¡Buenos días~! —Le dirigí en un tono cantado a mi compañero de habitación, quien aun seguía acostado, no estaba seguro de si había podido escucharme, de hecho ni siquiera estaba seguro de hacia donde me dirigía mientras avanzaba por la habitación, tras un par de segundos tratando de desplazarme por la habitación llegue a lo que creía que era mi maleta, tenía que serlo ¿No? Ese color amarillo chillón era inconfundible.

    — Debo...Entregar...Regalos.— Arrastraba las palabras, cómo si aun una buena parte de mi cerebro aun le costara despertar. Pero con un poco de coordinación ojo/mano pude rebuscar entre mis cosas para finalmente encontrar los regalos que había comprado para todos. Buena parte de mis ahorros se había ido en ello, pero estaba seguro de que valdría la pena. Tomé tres cajas pequeñas de colores, una azul, una roja y una verde, todas envueltas con un listón plateado, dentro habían unos dijes con una piedra preciosa distinta cada una, un rubí, un zafiro y una esmeralda, todos rodeados de detalles dorados y una cadena de oro, o bueno, al menos la señora que me los vendió en ciudad rococó dijo que eran de oro.

    Coloqué las tres cajitas suavemente sobre el suelo, mientras seguía buscando el resto de las cosas en mi maleta.

    —Mmmh...¿Dónde las puse? — Continué quejándome, aunque la luz entraba un poco por la ventana, no era la suficiente para ver con claridad, y también debía influir en algo de que casi no pudiera abrir los ojos. Tras otros largos segundos, por fin encontré el resto de regalos: Una bufanda nueva para White, hecha de lana de Wooloo con sus iniciales bordadas con hilo color celeste Y para el resto, varias bolsas de dulces típicos de Gérie, todas y cada una de ellas con una nota con los respectivos nombres de todos los holders y mis hermanos, para distinguir a quien le correspondía cada bolsa, le había pedido semanas atrás a Liza los nombres de todos los que asistirían a estas vacaciones, así que no había fallo, incluso me había tomado el atrevimiento de incluir una bolsa con mi nombre, era algo pretencioso darse regalos a uno mismo en navidad, pero, todos merecen una feliz navidad ¿No?

    — Todos merecen una feliz navidad...— El breve recuerdo de las palabras de mis padres y los incidentes de la noche anterior llegaron a mi mente de manera súbita al mencionar esas palabras, había sido una noche turbulenta para varias personas, sobre todo para Liza y Mimi, y las palabras de mis padres comenzaron a taladrar más en mi mente "Santa no le traerá nada a niños cómo tú".

    —Tienen razón, no todos merecen una feliz navidad, hay alguien que no la merece.— Espeté, pero en una voz baja, tratando de aun no despertar al pobre Cay. Tomé una de las bolsas y le arranqué de tajo la nota con el nombre y la arrojé por ahí sin mayor detalle, para seguidamente abrir esa misma bolsa y depositar su contenido sobre otra, ahora había una bolsa que tenía el doble de dulces que las demás.

    —Así esta mejor.— Solté en un tono serio, mientras tomaba de mi mochila una nueva camisa y me la colocaba encima, después de todo había dormido sin una; me puse nuevamente mi gran y abultada y gastada chaqueta azul y tomé todos los regalos y los coloqué sobre mi ante brazo para poder dejar una mano libre.

    Me dirigía hacía la puerta y la abrí con mucho cuidado, pero para cuando hice eso, el resto de la luz natural de la cabaña me cegó, parecía que los cuartos sí eran mucho más oscuros de lo que parecían. Me giré una ultima vez para voltear a ver al pelirrojo y dedicarle una amplia sonrisa, aun no seguro de si se encontraba despierto o no. —Será mejor que te levantes pronto, hay muchos regalos por abrir hoy ¿Eh~?

    Cerré la puerta con cierta calma tras de mí. La suave corriente de aire que provocó movió el papelito que había dejado en el piso.

    Para: Aleck.

    La luz continuaba cegándome, ¿El sol siempre había sido así de incandescente? Tuve que cerrar mis parpados casi por completo para que dejara de sentir cómo mil agujas luminiscentes se me clavaban en los ojos. Avancé lentamente por el pasillo hasta llegar a las escaleras, vaya que parecían que iban a ser mi mayor obstáculo durante todas las vacaciones, me aferré como mi mano libre a la barandilla y comencé a bajar, un escalón a la vez, mientras bajaba podía escuchar un par de voces muy por lo bajo.

    —¿Ya hay gente despierta tan temprano?

    Las voces se escuchaban lo suficientemente distantes, así que intuí que provendrían de la cocina, lo cual me venía perfecto ya que no quería que nadie me viera dejando los regalos debajo del árbol, para mantener un poco el espíritu de que "Santa había dejado los regalos".

    Cuando finalmente llegué a la planta baja, traté de avanzar para llegar hasta la sala donde estaba el arbolito, pero tenía que seguir desplazándome por el lugar con los ojos casi cerrados en su totalidad, cuando de pronto tras un par de pasos sentí que golpeé a alguien con el hombro por accidente. Traté de abrir los ojos para averiguar de quien se trataba y disculparme, pero lo único que pude ver fue una melena rubia y bastante desalineada, debía tratarse del buen Niko, quien se había quedado a dormir en la sala.

    Qué poco sabía en ese entonces de quien realmente se trataba.

    —¿Eh? ¿Niko? Disculpa, no te vi. ¿Tan temprano y ya despierto? Hombre, a ti no hay quien te detenga ¿Eh? ¿Hubo suerte con la captura de Santa? — Me interrumpí un segundo, volteando a ver de reojo las bolsas de dulces que cargaba conmigo, sin dejarle dar una respuesta a mis preguntas, aun con los parpados entrecerrados. — Oh, sí, estás son cortesía de Santa, pero no te los vayas a comer de una vez ¿De acuerdo? Cada una tiene el nombre de a quien le corresponde. Espera que todos estén despiertos y presentes.

    Tras dirigirle estas palabras a quien creía que era Niko, continué mi camino hasta el árbol, finalmente colocando todas las cosas bajo el mismo. — ¡Ah! Y la más grande con más dulces es la de Mimi, así que ni se te ocurra cambiarles el nombre ¿Sí? — Solté, cómo si no fuera conmigo la cosa, en una especie de regaño infantil y juguetón para "Niko". Aun podía escuchar voces, pero no era capaz de entender de que estaban hablando, Arceus, me urge algo que me haga despertar.

    >> Ahora si me lo permites, me largo a la cocina porqué esta resaca me está matando.— Avancé lentamente hasta la cocina, sólo para sentir cómo chocaba con alguien más. ¿Ahora quien era? Traté de abrir nuevamente los ojos, sólo para ser deslumbrado por otra melena rubia.

    — ¿N-Niko? Pero sí tú éstas...— Me interrumpí mientras tallaba mis ojos con mi ante brazo para tratar de mejorar mi vista, pero no sirvió de nada, todo se veía igual de borroso. — Bah, que más da, seguro que sigo medio dormido.

    Le reste importancia al asunto y finalmente llegué a la cocina, vi un par de siluetas en la misma, pero ya ni siquiera me molestaba en tratar de distinguir quienes eran.

    — ¡Buenos días~! ¿Qué nadie duerme en esta casa? — Saludé, con un tono alegre pero ciertamente desganado, tomé uno de los bancos de la cocina, lo coloqué cerca de la barra para sentarme en el y seguidamente dejar caer mi torso sobre la mesa. Necesitaría un respiro para reponerme de tanto esfuerzo antes de poder buscar algo que alivie esta resaca.

    Se me había olvidado el dado LOL Vamos por ese sabroso 50 ewe
    OH FUCK
     
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    Yugen

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    Mimi Honda

    Todo sería mucho más fácil si el jodido universo qusiera colaborar. Aceleré el paso, pero ni todo el entrenamiento que pudieran tener estas durante los años de viaje como holder, podrían rivalizar con las piernas de jugador de basket de Nikolah. Repentinamente su sombra me tapó la luz obstruyendo el camino hacia la puerta.

    ¿Qué era? ¿El jefe final?

    —Nikolah no tengo tiempo para esto. Aparta—mascullé con seriedad y traté de pasar por su lado pero se movió rápido bloqueándome el paso otra vez. Enarqué una ceja con cierto escepticismo y entonces fruncí el ceño. Traté de nuevo, pero fue inútil. ¿Hasta donde podía llegar su compartimiento infantil? Irritada, terminé por chasquear la lengua—. ¿Qué estás...? ¡Nikolah! Ya basta. ¡Aparta, te digo!

    Me importaba una mierda si los guardas venían a buscarme o no. No iba a seguir allí, encerrada entre cuatro paredes en una situación tan sumamente incómoda. Una persona madura tomaría la situación con calma y actuaría en consecuencia. Pero yo no era una persona madura, no cuando se trataba de mis errores. No sólo me costaba reconocerlos en voz alta, si no que la culpabilidad me ataba los pies al suelo. Prefería huir, era mucho más fácil. Pero Nikolah no estaba por la labor y mi metro sesenta no era precisamente intimidante. De modo que aparté la mirada, tensa y crucé los brazos frente a mi pecho con obstinación. Si aquello era una batalla por ver quién de los dos era más tozudo, lo lamentaba, pero a eso no me ganaba nadie. Raiden intercambió miradas breves entre ambos antes de soltar un suspiro pesado.

    ¿Es que no pensaba ayudarme?

    —¡Kyah!—exclamé por la sorpresa en un gritillo agudo y patético cuando la mano de Nikolah se aferró a mi muñeca y tiró de mí. El corazón me dio un vuelco en el pecho al entender sus intenciones y empujé mi brazo en sentido contrario, rehusándome sistemáticamente a dejarme arrastrar por él. Ni de coña iba a entrar en esa cocina— ¡Suéltame idiota! ¡Suelta! ¡He dicho que me voy! ¡No puedes retenerme en contra de mi voluntad, eso es secuestro!

    No tuvo caso.

    No importó lo mucho que amagué por zafarme, el bobo era un gigante en comparación. Menos mal que era un gigante amable porque era realmente intimidante cuando quería serlo. Las imágenes de la noche anterior pasaron nuevamente por mi cabeza. El reto a Aleck, Liza quitándome el vaso, el reto de la salsa picante... agaché la mirada, dolida, con el corazón en la garganta y apreté los labios hasta que formaron una fina línea.

    Basta.

    Basta.

    Por favor, déjame.


    Tan solo fui capaz de cruzar la mirada con Liza un segundo antes de apartarla otra vez incapaz de sostenérsela. No hacía falta ser un genio para notar la tensión más que evidente entre ambas. Podría cortarse con un cuchillo. El viento gélido de la montaña se coló por los resquicios de las ventanas y casi lo sentí en mis huesos.

    Me dejé arrastrar nuevamente por Nikolah, evidentemente tensa, pero no podía luchar contra él. No había manera humana de librarme.

    ¿Quién era ahora? ¿Nuestro padre? Ni siquiera mi propio padre era tan considerado o se preocupaba tanto por mí. White y yo nos sentamos en la cama pero convenientemente separadas la una de la otra como si rozarnos por error fuera un crimen contra la humanidad. Yo crucé los brazos en actitud cerrada, terca, colocando después una pierna sobre la otra. No estaba mirando a Nikolah, tampoco la estaba mirando a ella. Tenía la mirada en algún lugar del cuarto, ceñuda, con los labios apretados y tensos.

    Aquello era tan ridículo. De verdad... ¿pensaba que algo como eso podía funcionar? ¿Qué por muy culpable que me sintiera iba a disculparme ahora que me estaba obligando a hacerlo? ¿Pero quién demonios se creía que era? Me molesté la noche anterior porque sentí que me trataban como una niña, y eso era justo lo que él estaba haciendo ahora. Ah sí, también era una orgullosa de mierda. Lo tenía todo.

    "Es un nuevo día, y uno precioso, a decir verdad. Vamos a demostrar que ambas son personas que se quieren mucho, y que no dejan que una simple pavada estúpida ni ningún drama raro las pueda separar. Se van a dar un abrazo, y se van a disculpar la una con la otra, y van a tratarse igual de bien que lo hicieron siempre. Eso hace la familia. Al menos la de verdad. Se perdonan los unos a los otros."

    ¿Huh?

    Esas palabras calaron muy hondo. Pasaron la muralla del orgullo y golpearon directamente en mi corazón con fuerza. Mi expresión se suavizó apenas, desfruncí ligeramente el ceño y el calor me subió a las mejillas. ¿Nos queríamos? Yo había querido ayudarla. Deseaba que fuera feliz con el pesado gigante amable que no sabía cuándo quedarse al margen. Quería que superara la muerte de Bruno para que pudiera seguir adelante. ¿Entonces por qué había pasado algo como eso? ¿Era esa la razón por la que deseaba largarme de allí? Por supuesto, me sentía culpable. Me sentía tan... jodidamente culpable.

    Pero.

    Solté el aire lentamente por la nariz.

    Negándome sistemáticamente a decir nada, me miré las largas uñas pintadas de rosa pálido. Vaya, ya iba siendo hora de pintarlas de nuevo...
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Cayden Dunn

    Había caído como una maldita roca luego de cobijarme y no di señales de vida hasta que empecé a escuchar, como venido de otro mundo, un sonido que me taladró la cabeza. Me pareció escuchar a Aleck quejarse, decirme que lo apagara o no sé qué, pero no sabía qué se suponía que era lo que sonaba así que las neuronas derretidas de la noche anterior solo me funcionaron para aferrarme a la manta y subirla hasta taparme la cabeza. Noté que tenía menos espacio para moverme en la cama y a pesar de que tenía las neuronas inútiles, murmuré algo por lo bajo.

    —¿Ahora cuál se salió de su esfera? ¿No ven que no cabemos aquí?

    Luego de un rato se silenció el ruido de la alarma, aflojé el agarre de mi mano en la manta y estaba por caer redondo otra vez cuando escuché a Aleck con más claridad, para haber estado borracho como la mierda tenía demasiado buen humor. Si acaso hice un sonido, solo para que supiera que lo había escuchado, pero no me salí de debajo de la cobija ni en broma. Asumí que hizo más cosas, no sé, luego de eso dormité un rato más.

    Al final lo que me empezó a fastidiar fue la luz que se estaba colando en el cuarto, me revolví en la cama y finalmente me saqué la manta de encima con un movimiento brusco, al hacerlo escuché un sonido bajo que me recordó al chisporroteo de un cable pelado. La que se había salido de su esfera era Licht, que ya hace tiempo había evolucionado a Luxray.

    —De milagro no terminé en el suelo —solté un poco de mala gana y estiré la mano para rascarle el lomo.

    Me enderecé en la cama con pereza mientras me restregaba los ojos, la verdad era que tenía una migraña de las buenas, así que tardé unos sólidos minutos en estudiar el cuarto con la vista.

    Noté entonces los vasos de agua y las pastillas, prácticamente me les fui encima, me bebí medio vaso de tirón antes de sacar la pastilla y bajarla con la otra mitad del agua. Me estaba muriendo de sed, obviamente, con ese pedazo de resaca que me cargaba encima no podía esperar menos.

    Después de eso volví a estudiar la habitación, Aleck no estaba pero el jodido idiota tampoco había visto su regalo y estaba por tomarlo para ir a estampárselo en toda la cara cuando noté algo, otros dos regalos que nada tenían que ver con los míos. Estiré la camiseta y fruncí apenas el ceño cuando vi lo que ponía, porque la verdad no entendía una mierda, así que luego husmeé el otro y vi parte de lo que decía.

    Bueno, parecía que eso tenía que ser de Aleck "no veo los regalos que me dejan encima" Graham.

    Gracias a Arceus y todos los legendarios que tuviera que llamar me había evitado tener que presenciar la versión remasterizada del desastre de anoche, porque con la resaca no creía ser capaz de aguantar la mierda de nadie a esas horas de la mañana o en todo el día.

    El caso fue que antes de salir me quité la camiseta que me había puesto para dormir y me puse la que había aparecido por arte de magia, así que me iba a aparecer abajo con básicamente un rótulo en el pecho que ponía "Soy Cayden". ¿Por qué? Pues porque quería ver el resto de la gracia, hasta un amargado como yo tenía una debilidad por ciertas tonterías.

    Salí de la habitación cargando los otros dos regalos sin siquiera haberme acomodado la mata de cabello que apuntaba en cualquier dirección, Licht me siguió los pasos bostezando por el camino. No mucho después nos alcanzó otro colado, Cinis, que de por sí apenas cabía por el pasillo, intentó pasarnos por encima.

    —¡Vas a matar a alguien algún día y preferiría no ser yo, gracias!

    Al final se limitó a bajar detrás de nosotros, claro, pero apenas estuvimos abajo echó a correr hacia la cocina, empujó la puerta con el hocico y se acercó a Aleck, lo olisqueó por encima y buscó lamerle el rostro. Había manías que no se perdían ni cuando uno se convertía en un perro de fuego gigante. Aproveché un espacio que dejó Cinis para lanzarle a Aleck sus regalos.

    —Ese whisky debió ser de contrabando porque al parecer te cagó la vista, Aleck. Tenías ambas cosa en tus narices, también un vaso de agua y pastillas. —Jalé una silla y me senté, Licht se las arregló para recostarse a un lado mientras el perro de fuego seguía intentando robarse toda la atención de Aleck—. ¿Y Gen, sigue dormido?


    Madre de dios ya alguien sálveme de estos tochos, juro que intenté resumir

    Cayden, hijo mío, viniste al mundo para ser miserable y no pueden decirme lo contrario.
     
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    Gigavehl

    Gigavehl Equipo administrativo

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    Givan Velren

    Cuando las luces del sol comenzaban a elevarse (cosa que jamás pude ver por obvias razones) un teléfono comenzó a sonar, yo mas bien me quedé igual de desmayado como siempre cuando algo me ponía mal, y como siempre era Génesis el primero en reaccionar, el insistente ruido fue despertando al Lucario de Gérie quien comenzaba a moverse aún confundido por todo, cuando logró incorporarse, procurando no moverme mucho para que no despertarme, iba a salir de la camioneta cuando escuchó la voz de Liza allá a lo lejos.
    La dejó estar, buscó por ahí para saber qué hora era, y por ahí, hasta arriba, en una pared, podía ver que ya era buena hora para levantarse, si es que se omitía que todo mundo estaba con resaca sin excepción.

    Génesis dudó, pero al final decidió sacudirme un poco, mientras hacía arrancar levemente sus turbinas con tal de hacer ruido y eso me despertase, no tuvo que pasar mucho hasta que fui reaccionando, musitando.
    —Hgmh... Génesis, maldita sea.—me quejé al ser sacudido, pero bueno, que no era necesario preguntar porqué quería despertarme, seguramente empezaba a hacerse tarde y no es como que fuese positivo mostrarse tan flojo con los holders. Además, igual ya estaba dispuesto a un pequeño sacrificio como este, es como soltando un bufido y un largo y pesado suspiro comencé a incorporarme, mientras todo me daba vueltas y me tallaba el rostro con visible resaca, la cabeza me martillaba, sumando a que no acostumbraba beber no es como que fuese algo agradable para mí.
    >>Ya lo sé, ya lo sé. Ya voy...—. respondí ante Génesis, se refería a que me tomará lo último de vino, el cual terminé bebiendo directo de la botella para al menos aliviar un poco la resaca, cosa bastante inútil por lo poco que había dejado, sin duda alguna me la pase super esta noche.

    —En fin, hay que ver si esa maldita puerta ya se abre o la vas a volar en pedazos, menos mal que vengo con dinero—. Dije, arrastrando las palabras por la resaca y por haber dormido llorando, que poco me ayudaba, si, mi alma estaba un poco más en paz pero no era precisamente lo mejor para mi estado físico, como fuese, iba a abrir la puerta cuando me exalté un momento, hasta que recordé porqué el vidrio estaba por caerse a pedazos.
    Iba a abrir la puerta cuando recordé algo, busqué ahí donde me había acostado, hallando el estúpido sacacorchos y lo guardé, ahí, hasta atrás, terminé por meterme y saqué de ahí un barrote, perfecto por si alguna puerta se atascaba, ah, mira, solo tenía que buscar un poco más...
    —Vamos, necesito tomar algo o me voy a volver loco por el dolor de cabeza—. Dije, mientras botaba el barrote ahí donde lo hallé y ahora sí abría la puerta, escuchando cómo el vidrio amenazaba con caerse en pedacitos pero por fortuna o desfortuna nunca fue así, salí del vehículo sin problemas y hasta cerré la puerta sin mayor drama, Génesis salió después y es como acercándome a la puerta, estaba igual de atascada como siempre, me dirigí a la otra salida del garage que daba al exterior, pero la palanca parecía haber usado Rizo Defensa porque si antes estaba atascada, ahora parecía congelada. No se inmutaba en lo más mínimo ante mi ya casi nulas ganas y fuerzas para desplazar esa cosa.

    Reí sin gracia y con un rostro un poco más harto me regresé a la puerta para permanecer a una distancia prudente y miré a Génesis.
    —Esfera Aural...—. Ordené, mientras mi Lucario retrocedía un poco la mirada, incrédulo.
    Miré al Lucario y alcé una ceja, visiblemente cansado.
    —Si, si. Escuchaste bien, Esfera Aural.—guardé silencio un momento mientras escuchaba a mi Lucario—. Ya sé que te dije que no iba a volar nada y sé que está el barrote pero, mira, no tienes idea de lo que es una resaca, solo... Arceus, Génesis, tengo dinero, vuela la estúpida puerta ya, anda—. Dije, un tanto hastiado, mientras el Lucario suspiraba y asentía.

    Para cuando todos se diesen cuenta, un pequeño y completamente discreto estruendo se hizo presente ahí donde fuese a alcanzar tremendo sonido tan brusco de la madera haciendose añicos por el ataque, rebotando por las paredes, suelo y hasta techo, hasta la perilla fue a dar a quién sabe Arceus donde.
    Salí con una parsimonía tal que hasta parecía que dicho ataque jamás se ejecutó, mientras Génesis salía detrás mío con un gesto realmente apenado, no es que no le gustara destruir cosas o similar, pero realmente para ser un día "pacífico" que con la leyenda del bosque mas bien eso no se hacía posible, no era agradable, pero igual avancé hasta la cocina de forma directa, teniendo encima algunas astillas de madera incrustadas en mi vestimenta, así como basura en mi cabello, sumado a mi aspecto agotado no me hacía ver precisamente bien.
    —Buenos días... Feliz Navidad—. Dije, deseando por fin lo que tuve que hacer desde hace ya horas pero bueno, que lo de la puerta ya no quedaba en mí.

    En ese momento escuché a Cayden preguntar por mí cuando apenas llegaba justo en ese instante, saludando a Aleck, notando cómo Cinis estaba encima suyo, reí y noté hasta a Licht por ahí, hasta que vi a Lucas, a quién le sonreí de lado.
    —Lo siento, partner. Tuve un contratiempo aquí abajo, ¿hay algo que beber? Me estoy azotando de cruda—. Dije, para voltear y noté cómo había chocolate caliente, así que no titubeé en tomar una taza y servirme.
    >>Nunca se tomen la molestia de ir a arreglar algo, o el destino les va a trollear—. Añadí, refiriendome claro a la mala pasada del garage. En un vago intento de bromear en ese instante.
     
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  19.  
    Lelouch

    Lelouch Rey del colmillo

    Aries
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    espero que intentar resumir me salga mejor a mí que a Mely (??)

    Ian Lockhart

    Desperté de bastante buen humor; había tenido una noche reparadora, abrigado con las colchas de la cama, y la siesta que me había tomado antes en el sofá ayudó también.

    Aunque... me apetecía dormir un poco más, la verdad. Pero el estómago no me lo permitió.

    Me puse de pie, con más facilidad que de costumbre, y noté entonces a mi compañera de cuarto, que aún dormía plácidamente en su cama.

    —Hey Emi, despierta —le dije, picando uno de sus mofletes con mi dedo índice, sin mucha reacción por su parte—, ya es hora de levantarse dormilona~

    Reí al ver que no se movía de su lugar, y fui a rebuscar entre mis cosas. Por supuesto, allí estaba el rotulador que había traído. No iba a desperdiciar la oportunidad de tener un compañero de cuarto, así que había cargado con uno de estos.

    Fue después de encontrar el rotulador que mi mirada se encontró con un par de cosas que no estaban allí el día anterior, o que al menos yo no recordaba: Un peluche de Togekiss rodeado con una bufanda, y una consola trucha, de esas que se conseguían en el mercadillo local y decía algo como "100 juegos en uno". Lo mejor era pasar de ella.

    Me acerqué a Emi y destapé el rotulador, sonriendo con malicia. Coloqué con suavidad la punta del marcador en su rostro, esforzándome por no despertarla, y comencé a dibujar. Bigotes de gato por aquí, un monóculo en uno de sus ojos, pircings en su nariz, y unas enormes cejas, además de dibujarle una estrella que abarcaba toda su frente.

    —Ahora puede ser todo lo Jirachi que quiera, je~ —antes de marcharme se me ocurrió ponerle unas pecas para acabar, así que piqué sus mejillas con el rotulador varias veces.

    Tras terminar mi obra de arte, devolví a su lugar el rotulador y detuve a apreciar mi trabajo, tratando de contener la risa.

    Ahora tocaba abandonar el cuarto antes de que despertara. El peluche me hizo ojitos justo cuando me iba, y pensé que sería divertido llevármelo junto con la bufanda, así que los tomé y bajé con ellos a la planta baja.

    Las voces se hicieron presentes desde que salí al pasillo, señal de que no había sido el primero en despertarme. Eso estaba bien.

    Cuando llegué, me dirigí directamente a la cocina, encontrándome con Lucas allí. Levanté un poco el peluche para que estuviera a la altura de su rostro, y comencé a moverlo como si le hablase a Lucas.

    Eh, soplapollas, qué bueno que te encuentro. Me muero de hambre, ¿Es que no hay nada de comer en esta pocilga? Espero que te hayas dignado a hacer el desayuno, ya que eres el único en la cocina, ugh.

    Era un Togekiss gamberro.

    (?)
    Yo me la voy a pasar muy bien, la verdad
     
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  20.  
    Andysaster

    Andysaster Game Master

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    Liza White

    La cabaña no tardó en despertarse poco después de mi llegada a la cocina. Niko fue el primero en reaccionar, liberándose de su sueño de forma un tanto abrupta, pero era algo que parecía ser frecuente en su persona. Soplé sobre el contenido del vaso, observando cómo hacía lo propio con su taza, y la aparté de mis labios cuando Lucas entró en la cocina.

    Le dediqué una sonrisa ligera.

    —Buenos días —Su pregunta me tomó por sorpresa, y me permití unos segundos para ordenar las imágenes en mi memoria de por sí algo difusa—. ¿Givan? No lo he visto desde ayer. ¿Dices que no ha dormido contigo?

    Cierta preocupación se coló en mi voz, intercambiando miradas entre los presentes, pero si quise seguir indagando no tuve el tiempo necesario. Escuché con claridad las ruedas de una maleta, antes de que Niko se marchase apresurado de la cocina, y mis dedos se tensaron ligeramente alrededor de la taza al reconocer aquella voz venir del salón. Realmente era la persona a la que menos ganas tenía de ver en aquel momento, pero tampoco iba a huir de ella como una cría ni nada así. De modo que estiré la mano para coger un dulce de la mesa y continuar desayunando, siguiendo la conversación de manera disimulada. Pero cuando quise darme cuenta Niko regresó y sujetó mi brazo en el aire, haciéndome alzar la mirada con desconcierto hacia él y por rebote hacia Mimi.

    ¿Qué demonios estaba...?

    No tardaría demasiado en averiguarlo. Ambas terminamos en nuestra habitación, sentadas sobre el colchón como dos niñas regañadas, con el cuerpo de Nikolah obstruyendo la puerta hasta nuevo aviso. Solté un suspiro pesado, cansada, la jaqueca martilleándome incesante las sienes. Agradecía la intención, pero no tenía tiempo para esto. Sabía perfectamente que no nos llevaría a ningún lado. Mimi cruzó los brazos, obstinada como ella sola, y en mi lugar le di un sorbo al chocolate caliente, tratando de juntar la paciencia suficiente para no salir por la ventana.

    Aún así, a pesar de la brusquedad del suceso en sí, hubo algo en las palabras del rubio que pareció alcanzarnos a ambas. Nuestro gesto se relajó ligeramente. Las personas que se querían tendían a discutir. Los roces eran parte de las relaciones más cercanas, y Mimi era casi como una hermana para mí. Era obvio que cosas así pasarían. Quizás sus formas no habían sido las más adecuadas, quizás ambas la habíamos cagado a nuestra manera y el alcohol no era del todo una excusa. Le dirigí una mirada de soslayo. Podía hacer un esfuerzo por Nikolah, si de verdad estaba arrepenti...

    Enarqué una ceja cuando me giré hacia ella, borrando la expresión en mi rostro al instante. ¿Se estaba...? ¿De verdad se estaba mirando las uñas en un momento así? ¿Eso era lo que le interesaba, su manicura?

    Solté un bufido antes de levantarme de la cama.

    Será estúpida.

    —Tienes razón, Nikolah. La familia se perdona, pero a veces requiere algo de tiempo —Caminé hacia la salida con lentitud, mirando al chico a los ojos con cierto agotamiento encima. Me detuve frente a él, dado que no podía ir a ningún otro sitio—. Si me disculpase con Mimi ahora mismo, forzada por tu pseudo amenaza, no sería una disculpa sincera. Y tú quieres que lo sea, ¿me equivoco? Hay cosas que solo las familias pueden resolver entre ellas, aunque necesiten algo de tiempo.

    Giré el rostro para dirigirle una mirada a la rubia sobre mi hombro, seria, antes de volver a encontrar el azul de Nikolah.

    —Y descuida. Si lo que te preocupa es que Mimi se vaya, no va a hacerlo. No puede. Los alrededores del resort están cortados por una ventisca de lo más extraña —Me encogí de hombros, terminándome el contenido de la taza. Si luego la chica quería hacerse la suicida y dañar a su equipo yo ya no iba a meterme. No más—. Sea lo que sea que esté alterando así al bosque, parece que no quiere que nos vayamos de aquí.
     
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