Capítulo 4 Jannick disfruta de un rico almuerzo en un restaurante chino en medio de la inmensidad cosmopolita muniquesa, sabe que no puede darse el lujo de pasar mucho tiempo afuera del campus, y ya habían pasado cinco horas desde que salió, pero había algo relajante al salir de la escuela, lo cierto es que le aburrían en sobremanera los mismo lugares comunes de su día a día en la escuela, no es que buscara grandes emociones pero sí que quería disfrutar ocasionalmente de la vastedad de una de las ciudades más modernas y avanzadas de toda Europa y por ende del mundo. Aunque ciertamente lo cosmopolita no era lo suyo, ya que disfrutaba más de la naturaleza sí que disfrutaba de largos paseos en medio de la tarde por la ciudad, y también gustaba mucho de comer en restaurantes citadinos ajenos de la cafetería de la escuela o algún puesto de franquicia en la misma. Ese día era un pacífico miércoles por la tarde, ya casi anocheciendo y justo cuando el joven de cabello negro se preparaba para salir del lugar y dirigirse de vuelta al campus una peculiar personalidad aparece frente a él. En realidad eran dos, puesto que esta persona iba acompañado por lo que aparentaba ser un amigo. — Vaya, vaya, pero si es Jannick, no me esperaba verte por aquí. — expresa un pintoresco Adam Zimmermann. — Ciertamente es el, vaya extraño individuo para conseguirse por aquí. — dice la persona que acompaña a Adam, este era un joven ligeramente más bajo, tal vez uno o dos centímetros a lo mucho. Su apariencia era más calmada que la del sonriente rubio al que acompañaba, su piel era ligeramente más clara, su cabello estaba mucho más arreglado que el de su compañero, y diferencia del amarillo claro de la cabellera de Adam el suyo era un castaño oscuro. — Yo podría decir lo mismo. — Jannick no era simpatizante de Adam, pero tampoco le repelía como aparentemente sucede con Franz. A diferencia de su amigo Jannick sabe cómo tratar con el de mucha mejor manera. — Bueno, nosotros venimos a ordenar algo para llevar, pero tú pareces que ya te vas. — Efectivamente, Adam. — ¿Así que te diriges de vuelta al campus o planeas seguir paseando por la ciudad? — pregunta el joven de cabello castaño. — No, simplemente regresare al campus y descansare. Por cierto, ¿Quién eres tú? No recuerdo haberte visto en alguna clase. — Jannick expresa su curiosidad sin rodeos. — Vaya, creo que me siento un poco insultado. — expresa de manera un tanto sarcástica. — Mi nombre es James Williams, proveniente de mi natal Inglaterra, específicamente de Birmingham, y lo cierto es que siempre he estado en su clase, pero al parecer mi presencia no es lo sufrientemente notoria como para que siquiera me reconocieras. — Bueno, no te lo tomes a mal, realmente no soy muy bueno recordando rostros. — Jannick trata de disculparse torpemente con sus palabras de consolación. — Eso es bastante grosero ¿eh? No reconocer a un compañero de clase… — las palabras de Adam sonaban un tanto sínicas. — Creo que ya me disculpe. — la verdad es que a Jannick no le gustaba la actitud de esos dos, cosa que se evidenciaba en su rostro arcando las cejas. — Bueno, no te molestes, la verdad es que no era la gran cosa de todas formas. — comenta el chico de cabello castaño. — Tienes razón, es un asunto sin importancia. Entonces Jannick se despide y se dispone a finalmente salir cuando escucha a Adam llamando a su nombre, probablemente para preguntarle algo sin importancia, pero lo cierto es que sería muy grosero de su parte simplemente ignorarle, y tampoco podía ser muy agradable tener de enemigo al rubio, un joven conocido por su fuerza física y su inclinación por los pleitos. — ¿Qué sucede? — responde Jannick al llamado del joven de cabello desarreglado. — Es que acabo de recordar que vi tu nombre en la lista de inscripciones para la prueba militar, y me pareció muy extraño ver a una persona como tú realizando la prueba. — ¿A qué quieres llegar? — Pues, simple curiosidad, la verdad es que me interesa saber que podría hacer a una persona como tu interesarse por realizarla. — No es de tu incumbencia realmente, y lo cierto es que no estoy de ánimos para explicarte algo como eso, así que dejémoslo en que es pura curiosidad mía. Adam no parece muy contento por la respuesta de Jannick, ya que le parece un tanto mezquina, sin embargo, no es él el que levanta en su voz en forma de respuesta a Jannick. — La interrogante que plantea Adam es en realidad bastante interesante. — comenta sorpresivamente James, mientras se acerca lentamente al joven de cabello negro. — Lo cierto es que no creo que alguien como tu entre a un evento como ese por simple curiosidad… la verdad es que creo que esto se podría deber a cierta persona y no realmente por mera curiosidad. — las palabras de James salían con tremenda seguridad, casi como supiera simplemente al mirarlo sus verdaderas intenciones, algo que perturbaba ligeramente a Jannick. — No entiendo a qué te quieres referir. — Bueno, tal vez tu presencia allí se debe a alguien en especial, tal vez estés en la prueba para… ¿ayudar a alguien? Sé que al menos dos personas cercanas a ti están participando, tal vez simplemente quieres acompañarles. Jannick está totalmente impresionado por las declaraciones de James, que parece haber adivinado sus verdaderas motivaciones ¿acaso con eso se refería a Franz? Un aire de misterio comenzaba a rodear a James, entonces Jannick noto algo que levantaba sus sospechas al ver la vastedad de sus negros ojos, algo muy extraño sucedía con ese muchacho. — La verdad es que ustedes puede suponer lo que quieran, no me interesa mucho lo que puedan teorizar ustedes. — Eso es una actitud un tanto grosera proveniente de ti, Jannick. — el rostro de seriedad de Adam muestra su molestia, se podía notar la tensión en el ambiente alrededor de estos tres. — Vaya, se nos va a hacer tarde a todos, lo mejor es que ordenemos ahora, Adam, vamos, dejemos a Jannick irse al campus antes que se nos haga tarde y terminemos corriendo para entrar. — ahora James trata de calmar las cosas, pero la verdad es que ante los ojos de Jannick, ese chico calmado lucia más peligroso que el mismo rubio. Al salir Jannick no pudo dejar de pensar en las palabras de James hacia él, parecía haberlo leído como si de un libro se tratase. Le preocupaba aquello, pero no sabía realmente porque, tampoco entendía como una persona como esa podía juntarse con alguien como Adam, aquel asunto le parecía muy sospechoso y no podía ignorarlo, quizá aquello tendría algo que ver con todo el asunto de Franz con Verónica… Lo cierto es que todo eso resultaba terriblemente complicado para Jannick que rápidamente se cansaba de asuntos sin claras respuestas, por lo que por ahora se encargaría de descansar para el día de mañana, pues Jannick estaba seguro de que habría un examen en alguna de las clases, el problema es que no recordaba si en realidad era mañana o el lunes, y tampoco recordaba en que clase… no importaba, al llegar le preguntaría a Franz, o tal vez mañana en la mañana. No le interesaba mucho de todas formas ya que no tenía muchas esperanzas de pasar el examen en primer lugar. Al día siguiente Charlotte se encuentra en medio del parque en pleno mediodía, está un poco aburrida y solo se dedica a observar como las nubes rotan su posición en la vastedad del cielo azul… era indudablemente muy hermoso lo que presenciaban sus ojos terqueza, sin embargo seguía algo aburrida. Esto se daba en gran parte al hecho de que aun esperaba la llegada de su amiga Alba, que a su vez era su compañera de habitación. Ambas habían acordado encontrarse en la fuente a mediodía y pasar el resto de la tarde paseando por la ciudad de Munich, cosa que no podían hacer muy seguido, pero ahora considerando el hecho de que pronto ambas se graduarían pretendían al menos pasear una vez más como estudiantes en medio de la bella ciudad. Charlotte se vistió como a ella le gustaba para salir a la ciudad, con un mini short blanco, una camisa azul claro de cuadros, estos cuadros tenían una tonalidad ligeramente más oscura. La misma era de mangas cortas. Su cabello rubio lo tenía en su ya clásica trenza que colocaba sobre su hombro izquierdo donde siempre se situaba. Unos cinco minutos antes de que fueran la una de la tarde llegaba su amiga y compañera; Alba Eriksson, vestida con un pantalón color beige, también llevaba una blusa blanca con mangas cortas, su peinado era uno bastante clásico, con su largo cabello castaño oscuro cuidadosamente peinado, el mismo llegaba el punto medio de su espalda. — Tardaste mucho, Alba. — le regaña Charlotte, que le había esperado pacientemente por media hora. — Lo siento, pero tuve que quedarme un rato más en el club de lectura. Espero que no haya sido mucha molestia. — con sus ojos color miel apuntando directamente hacia su amiga dejaba claro que en verdad lo sentía. Alba era una chica muy dulce y generalmente cariñosa, de actitud afable. A todos caía bien, a eso había que sumarle el hecho de que también era muy linda, con su hermosa cabellera castaña, sus ojos miel, su piel era clara pero a la vez ligeramente bronceada, lo que le daba cierto aire cálido a su alrededor, su cuerpo era muy atractivo para una joven de apenas 16 años, con una acentuada cintura y unas piernas bien definidas que le daban un aire muy femenino y maduro; su altura también ayudaba a esa sensación de madurez y feminidad a su alrededor, ya que la chica llegaba a medir 1,72 metros de altura, lo que a la vez la hacía nueve centímetros más alta que su compañera y amiga. La joven de nacionalidad sueca era generalmente objetivo de muchos jóvenes que creían tener una oportunidad con la chica, pero estos prontos terminaban ahuyentados por Charlotte, que era muy celosa con su amiga y también muy difícil de convencer a la hora de juzgar potenciales pretendientes de Alba. — Se nos va a hacer tarde. — Si, no queremos que eso pase, la verdad es que preferiría poder pasar la mayor cantidad de tiempo fuera del campus posible. — ¿Adónde deberíamos ir primero? — pregunta Charlotte mientras se dirigen hacia la salida del mismo, pasando por la entrada principal. — Pues considerando la hora creo que deberíamos comer algo, tal vez algún restaurante o cafetería cercana. — Pues se me antoja una pizza, y conozco un lugar muy bueno en la ciudad donde podemos ir. Después de media hora caminando y charlando llegan a su destino, un pequeño lugar casi escondido al fondo de un rincón. Al entrar toman la primera mesa que estaba disponible, lo cierto es que a pesar de su complicada posición en la ciudad la gente lo solía frecuentar mucho. Su ambiente era notoriamente rustico, muy alejado del usual aire moderno que tiene las cafeterías posicionadas en el campus. Poco después ordenan su pizza, y se disponen a esperar mientras llega su pedido. En el tiempo que eso sucedía ambas se dedicaban a charlar. — Vaya que es lindo salir de la escuela en un fin de semana. — expresa una muy contenta Alba. — Sí que lo es, en verdad es bueno tomarse un tiempo libre de las responsabilidades en la escuela. — Si, bueno, creo que ambas nos lo merecemos, en especial tú. — ¿Qué quieres decir con eso? — Pues que a veces parecer nunca descansar, entrenándote y estudiando, hay veces que siento que simplemente vas a reventar. — a pesar de la seriedad en la que hablaba Alba a veces era difícil tomársele en serio ya que sus expresiones faciales eran más bien tiernas aun cuando trata de sonar y verse seria. — Creo que estas exagerando. — No lo hago, y todo para poder competir con Franz… — ¿Por qué tienes que mencionarlo ahora? — Es que tiene sentido, ustedes siempre están compitiendo, a veces parecen perros y gatos, la verdad es que me cuesta comprender como pueden ser mejores amigos. — Es simple; nosotros nos retamos, nos hacemos más fuertes para superarnos mutuamente, es algo importante para ambos. Además, nos respetamos a pesar de todo, la verdad es que no entiendo porque la gente le da tantas vueltas al asunto. — Charlotte muestra cierta incomodidad al hablar al respecto, y es que ciertamente consideraba a Franz su mejor amigo pero no solía expresarlo abiertamente, al menos no verbalmente a menudo, era algo más bien intuitivo entre ambos por lo que definir su relación siempre le resultaba una molesta y un tanto incómodo. — La verdad es que me resulta muy gracioso verte tratar de definir la relación que ambos tienen, es muy divertido verte en un estado tan incómodo. — Alba disfruta de la molestia de su amiga mediante una pequeña risa y una clara sonrisa de oreja a oreja. — Vaya que eres todo un caso… — Di lo que quieras. — Alba seguía expresando mediante su rostro lo gracioso que toda esa situación le resultaba. — ¿Sabes? Sinceramente me gustaría no pensar en Franz esta tarde. — ¿Y porque es eso? — entonces Alba se muestra mucho más seria que antes, pues nota en el rostro de su amiga la preocupación que comienza a nacer en sus ojos. — Es que el… ha estado un poco raro últimamente. Hablamos al respecto y trato de convencerme de que no era la gran cosa, pero la verdad es que no estoy muy convencida de ello. — ¿Temes que te oculte algo? — No es eso, es que… yo conozco muy bien a Franz ¿sabes? Y confió en él, pero, desde lo que paso hace dos años es diferente, ahora, me cuesta confiar en su juicio, a veces siento que toma decisiones con el propósito específico de hacerse daño ya sea consciente o inconscientemente. — Vaya, no tenía idea… — No te preocupes, Alba, yo probablemente este exagerando ¿sabes? Pero lo importante es que esta tarde es para nosotras, así que no me gustaría estar pensando en alguien como Franz ahora mismo. — Te entiendo. Y no te preocupes, no lo mencionare de nuevo. — En ese momento ambas sonríen tratando de recuperar la alegría que hace unos pocos segundos desbordaban sus cuerpos, pues aquella tarde no era para preocupaciones y tristezas, sino para divertirse y pasar un buen rato entre amigas, tomarse un descanso de la vida diaria en el campus para visitar la gran ciudad de nuevo como les hubiera gustado hacer con anterioridad en numerosas ocasiones. Poco después Alba, con ánimo de cambiar el tópico de conversación decide preguntarle sobre a Charlotte sobre su hermano pequeño, de apenas unos nueve años de edad que vive en Paris con sus padres. La razón por la que Alba decide preguntarle al respecto es porque sabe lo mucho que su amiga quiere a su hermano, Antoine, un pequeño jovencito de cabello oscuro y tierna mirada, que a su vez también amaba mucho a su hermana, a la que solo podía ver con continuidad cuando esta regresaba a Paris por sus vacaciones de verano. Aunque ciertamente Alba sabe muy bien que, a pesar de lo alegre que puede poner a su amiga hablar sobre su joven hermano, también la incita de nuevo a pensar en su muy disfuncional familia. Esta siempre había resultado un terrible tema de conversación para ambas, pues la joven francesa nunca se reprimió a la hora de expresar su inconformidad con la misma, tachando a su padre constantemente de misógino, y su madre de sumisa lo cual le repulsa. — Bueno, en realidad hace poco hable con él por video chat, estaba con mama, se veía muy feliz con su nuevo corte de cabello. También aparentemente le compraron juguetes nuevos y no puede esperar a jugar conmigo con ellos. — responde serena y sonrientemente Charlotte a la quien parece alegrar recordar aquello. — ¿Tu juegas con sus juguetes? — Bueno, no es como si yo quisiera hacerlo, pero es muy joven, y aunque siempre intentamos otros tipos de actividades siempre terminamos tarde o temprano jugando con los juguetes… eso es simplemente lo que sucede con los niños pequeños. — responde con cierto aire de vergüenza, considerando lo embarazoso que podría ser para una joven de 16 años jugar con juguetes. — Si tú lo dices… — Ahora solo me intentas provocar. — ¿Y que si es así? — Cállate. Luego de ese pequeño momento de respiro para ambas, nuevamente Charlotte se muestra afligida, a lo que Alba reacciona con un suspiro un tanto frustrante. — ¿Ahora qué sucedió? — No sé realmente… es que mama… creo que algo está sucediendo con mis padres. — ¿Por qué piensas eso? — Era su semblante… no se veía muy bien. — Tal vez solo estuviera cansada. — No es eso… era su mirada… algo en su persona se sentía mal. Cuando Antoine se retiró le pregunte que sucedía y me respondió que no pasaba nada, pero desde el año pasado estoy notando que hay un ambiente especialmente tenso en casa cuando estoy allá. La verdad es que desde que nos mudamos a Paris las cosas habían estado así, pero ahora parecen peor. — Charlotte se muestra claramente preocupada por su madre y por su pequeño hermano, ya que su voluble padre podría ser capaz de cualquier cosa si se le tomaba de mal humor o simplemente si había tenido un mal día. Sinceramente Charlotte disfrutaba de ya no estar cerca de él, pues eso significaba un gran alivio en su día a día pero también se preocupaba por su madre y su hermano, que tienen que lidiar con el todos los días. — Bueno, ya hace cinco años que se mudaron a Paris, si en verdad las cosas no han sido muy buenas desde eso entonces tiene sentido que ahora empeoren. La verdad es que no entiendo porque tu madre sigue con tu padre, debería llevarse a tu hermano de vuelta y divorciarse. — Yo le he dicho lo mismo cientos de veces pero no me escucha, la verdad es que se lo digo por el bienestar de Antoine, ella realmente no parece importarle su salud si quiere seguir con él. — Charlotte se nota especialmente hostil contra su madre, esto se debía a que nunca le ha gustado su actitud hacia su padre, a quien desde muy temprana edad ha tachado de déspota y misógino, algo lógico viniendo de un militar como el, y es que Charlotte viendo la manera en que se comportaba su padre y el círculo social del mismo no pudo evitar odiar desde muy joven a la milicia y sus ideologías. Cuando era más joven trataba de defender a su madre, ya que veía en ella a la víctima, pero con el pasar de los años ha dejado de hacerlo, pues ahora comprende que el comportamiento y actitud de su madre no es la de una víctima sino la de una mujer sumisa y conformista, cosa que ella repudiaba profundamente; y es que para Charlotte ser mujer siempre ha sido algo que le ha causado orgullo y alegría, y el hecho de que no solo numerosos hombres en el mundo despreciaran a las mujeres sino algunas mujeres también le enfermaba. Para Charlotte aquella sumisión de su madre era una forma inconsciente de misoginia y la despreciaba por lo que sus lazos con su madre se han estado viendo afectados al pasar de los años. — Charlie, se cómo te sientes acerca de tu madre, pero siento que a veces eres muy dura con ella. — Tal vez sea cierto… y no es como si no la amara, es que simplemente me molesta mucho que no pueda valerse por sí misma a este punto. Me molesta mucho porque se lo hermosa que es mi madre, y lo inteligente y dulce que es. Mi padre no se la merece, ese viejo no se merece ninguna a mujer en el mundo. — A Charlotte no le gustaba mucho hablar sobre su familia por lo problemática que era la misma, siempre en un constante estado de tensión entre los cuatro, especialmente desde que su padre fue promovido y tuvieron que mudarse de su querida Montpellier a Paris. — Bueno, al menos esta bastante bien que lo admitas, a veces pareciera que odiaras a ambos. — Si, lo se… — ¿Sabes? Deberías decirle más a menudo que la quieres. — No hablamos tanto realmente, solo una vez a la semana o algo así. — Como tú digas. A Alba no le gustaba la manera en que Charlotte se comportaba con su familia, o más bien, no le gustaba la manera en la que se comportaba con su madre, a la que trataba con frialdad. Constantemente le reclamaba esto, pero su amiga era muy terca y era difícil de cambiarle de idea. Después de finalizar su almuerzo allí ambas se retiraron y prosiguieron con su paseo por la espectacular ciudad visitando gran cantidad de lugares, al final tuvieron una gran tarde, en la que pudieron divertirse tanto como quisieron. Al final de la tarde se dirigieron de vuelta a su dormitorio para volver a su día a día aunque realmente no sería posible para ambas olvidar tan agradable tarde, y es que a pesar de haber tenido que discutir algunos temas un tanto delicados durante el almuerzo al final pudieron tener la tarde que deseaban desde el principio, y así, pudieron regresar y descansar completamente satisfechas. Era lunes y Charlotte no estaba muy animada, su semblante era clara prueba de ello, sus ojos denotaban su cansancio y su caminar era definitivamente el de una persona cansada; en aquel momento, mientras pasaba por uno de los largos pasillos de la escuela se consigue con Franz, para su sorpresa este la recibe con una sonrisa y actitud afable, incluso le saluda de manera agradable y sin ninguna muestra de sarcasmo en su lenguaje verbal o corporal. — Te vez bastante cansada, Charlie, ¿Qué sucede? — pregunta Franz que luce verdaderamente interesado, a lo que Charlotte responde con un ligero gesto de incredulidad. — ¿En serio te importa? Estuve estrenando este fin de semana. — Me lo imaginaba, ¿sabes? Yo también he estado entrenando por mi cuenta, la verdad es que la única ventaja que tu podrías tener sobre mi es física, pues tu estas ligeramente en mejor estado que yo, eres probablemente un poco más veloz y ligera, eso te daría ventaja si llegásemos a combatir. — ¿Qué dices? ¿Acaso crees que en lo único que te puedo superar es en el aspecto físico? Estas siendo un tanto presuntuoso ¿no crees, idiota? — En lo absoluto. No dudo que la diferencia en líneas generales entre ambos es mínima, así que sinceramente no sé cómo es descabellado el hecho de que me superes solo en un aspecto. — Franz luce bastante confiado en su juicio, algo que exaspera notoriamente a Charlotte, que ya de por si estaba no de muy buen humor, sinceramente no necesitaba del chico rubio para que le agregue presión sobre algo en lo que ella ya se presiona lo suficiente. — Harías mejor en callarte ¿sabes? Suenas muy seguro, y la verdad es que nunca me has visto pelear con mi verdadera fuerza. — Ni tu tampoco me has visto combatir con la mía. — Esa es la diferencia entre tú y yo, idiota; pues yo no me llamo a mí misma superior a ti, ni tampoco lo aseguro… no, lo que aseguro es que daré todo para ganarte. Maldición, para lo mucho que nos conocemos a veces pareciera que desconocieras aspecto básicos de mí. — Supongo que sí. — hace una pequeña pausa. — Bueno, quizá tengas razón y estoy hablando mucho, quizá este muy equivocado, pero estoy seguro que será interesante tenerte como rival. — dice de manera afable. — Bueno… eso es cierto… supongo. — Charlotte ante su sorpresa no sabe realmente que decir, y para colmo, Franz le responde con una agradable sonrisa. La joven proveniente de Montpellier estaba al borde del shock. — ¿Por qué demonios estas tan feliz? — Pues no lo sé realmente, vaya, no creo que sea como que despiertas y te dices a ti mismo “hoy voy a levantarme con el pie derecho y seré feliz”, supongo que es más bien un grupo de factores conglomerados que terminan por consumirse en un todo. Tal vez sea el hecho de que estemos tan cerca de graduarnos o tal vez sea simplemente que, de hecho, me allá “levantado con el pie derecho”. — Franz sonaba de una manera diferente, y eso que sonaba diferente era algo que calmaba una inquietud en lo más profundo del corazón de Charlotte, una inquietud que había nacido en su interior desde hace dos años cuando vio a su querido amigo mirar al vacío del suelo en el funeral de su madre y hermana, aquel día sentía que algo dentro de él había muerto, lo podía ver a través de sus apagados ojos, también en su caminar y en su actitud. Sin embargo, ahora, se ve diferente, sus ojos parecen despertar ligeramente, el brillo de sus ojos café parece regresar de manera lenta, su hablar suena mucho más afable que antes, y aquella frialdad por la que siempre parecía caracterizarse se derretía frente a ella. No pudo evitar sonreír. — Charlie, estas sonriendo. — Si, lo sé. Entonces ambos se miran por un rato con sonrisas en sus rostros. En cierta forma, ambos sabían que estaba pasado sin realmente hablarse, al parecer, era algo plenamente instintivo entre ellos dos. Tal vez por cosas como esas es que se considerarían mejores amigos. En ese momento mientras caminan por el pasillo ambos se dirigen hacia la misma clase, por lo cual el resto del camino continúa hablando, pero de una forma mucho más común, con algunas burlas ocasionales de la chica y alguna replica poco amistosa de su compañero, y para cuando se dieron cuenta ya estaban llegando tarde, sin embargo, y aun así, Franz detiene a Charlotte antes de que esta entre en el salón de clases. Aprovecha que ambos estaban solos en el pasillo y aprovecha para hablarle de algo que quería decirle desde hace ya unos días atrás. — ¿Por qué dices que me detenga? — Es que… quería decirte algo importante, y pensé que debíamos estar solos para cuando lo hiciera. — Franz se nota un poco nervioso. — ¿De que estas hablando…? — Charlotte no entiende la situación, en ese momento aquello resultaba confuso para ella. — Es que… quería agradecerte. — ¿Agradecerme? — Si, después de todo, tú fuiste que le dijo a Sarah que me preguntara sobre lo que paso hace dos años. Le dijiste que necesitaba abrirme a otras personas y confiar en ellas de vez en cuando. Tenías razón; ciertamente no fue fácil rememorar aquello, pero… creo que valió la pena, sacar un poco de ello afuera. Sarah… ella… no se alejó, ni fue condescendiente, ella simplemente fue comprensiva. Me sorprendió y me alegro. Te agradezco por ello. — la voz de Franz es clara muestra de su agradecimiento, pues sonaba de manera tan honesta y transparente. Era algo inusual en él. Charlotte se alegró bastante por ello, aunque trato de no ser tan expresiva, simplemente se limitó a sonreírle y responderle de una manera típica suya. — No tienes que agradecerme, idiota, yo solo trataba de ser una buena amiga, y algo así lo haría cualquier buen amigo. Luego entraron a clase y todo parecía correr de manera normal, pero algo había cambiado, así fuera mínimamente, algo en ambos cambio para bien en ese camino hacia el salón de clases, pues pudieron en cierta forma a sincerarse consigo mismo. Era algo bastante agradable y no estaban muy acostumbrados a ello, pero ciertamente se podría decir que se sentía bien esa nueva faceta en ambos.