Batalla de cadáveres

Tema en 'Wonderland' iniciado por Insane, 12 Mayo 2019.

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    Gigavehl

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    Galen Rutonver

    Casi que inmediatamente después de mirar al frente, ese enorme sujeto que Agnes lo mantenía sentado se colocó a lado mío, aunque con un asiento de espacio. No evité verlo de soslayo, con una expresión un poco molesta. Era precipitado y no medía bien sus palabras, pero terminó en la oficina de Agnes, puede que las cosas hayan cambiado un poco.

    —Oye, chico. Tú eres la pareja de aquella mujer que luchó contra la que tienes a tu lado, ¿No es así? Perdona que te lo tenga que recordar, pero solamente quería decirte que trates de mantener la calma. Y pensar bien lo que vas a hacer y decir... Nunca sabes qué clase de consecuencias pueden repercutir después. No te culpo, como estamos no hay forma de poder estar tan tranquilos —. Le dije, con el mismo tono que a Connie y me volví a acomodar, pensando en todos los escenarios posibles.

    Quería al menos mantener una imagen neutral con todos. Ya ganarme su confianza y esas cosas realmente no importaba, conque al menos estén conscientes de que todo es culpa de Agnes y no mía, me doy por bien servido...
     
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    Nekita

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    Catherine Whitman

    El sonido de su puerta ser golpeada bruscamente fue lo que terminó despertándola de un susto, se sentía realmente cansada, no sabía cuanto tiempo había estado dormida, cuanto tiempo habia estado inconciente, la razón por la cual le habían dejado aquella televisión o la razón por la cual Shade simplemente se había ido, ¿su trabajo había sido simplemente asustarla de muerte y retirarse a su habitación antigua nuevamente?

    De igual forma, las respuestas a sus preguntas no parecían importarle mucho por su cansancio, toda la noche había estado reviviendo aquel momento aunque sabía que él ya no estaba en esa habitación.

    Se dejó llevar por los guardias hasta que fue colocada en la segunda fila, ver la jaila de nuevo le revolvió el estómago incluso aunque fuera completamente distinto, luego ver a Connie frente a ella no lo hizo mucho mejor, eso sumado al hecho de que...no podía ver a Noah, no podía preguntarle si estaba bien o no sin arriesgarse a ser a "corregida" por los guardias.

    Suspiró, tratando de calmarse hasta que vio aquel letrero.

    ¿Desaparecido? ¿Cómo...cómo podía haber desaparecido?

    Tragó saliva y su mirada se dirigió a Agnes, quien tampoco se veía muy feliz que digamos pese al área donde se encontraban, ¿qué estaba pasando?
     
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    Zireael

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    Laila Meyer.

    Los guardias habían entrado de golpe a la habitación, despertándola de uno de los sueños más terribles que recordaba haber tenido en su vida, y sin importarles que tuviera el rostro cubierto de lágrimas ni el cuerpo bañado en sudor frío, la sacaron de Joker para arrastrarla por los pasillos hacia un lugar que, a pesar de los cambios, reconoció por las hileras de asientos. Reconoció ya en sus asientos a la chica que había perdido el ojo en la primera batalla, al chico de la edad de Aimi, a Noah y a Cathy.
    Shawn y Aimi, ¿dónde diablos estaban? ¿Habría logrado la niña darle aquel terrible mensaje que le había encargado Agnes? Más importante... Si así fue, ¿lo habría creído Shawn?

    La jaula.
    El corazón comenzó a latirle con fuerza en el pecho.
    Lluvia. Volvió a pensar en el gatito que Shawn le había mencionado la primera vez que estuvieron en ese terrible lugar, la primera vez que ahora le parecía había sido hace un siglo. Pensó en el gatito empapado bajo la lluvia en los días de invierno y, por alguna razón, sintió las lágrimas arderle tras los ojos.
    Se sentía terriblemente cansada y con los ojos hinchados.

    Los guardias la hicieron avanzar hasta su asiento a punta de empujones, casi al punto de hacerla caer sobre los que ya estaban sentados.
    Se sentó donde le correspondía y mantuvo la vista clavada en las manos sobre su regazo, las manos pálidas y delgadas que hace apenas unas horas habían abierto el estómago de un desconocido sin dudar siquiera.
    Notó un gota de sangre en su falda.

    A como estaba su suerte, casi dio por sentado que los siguientes en entrar a la jaula serían ellos.
     
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    Yugen

    Yugen D e p r e s s e d | m e s s

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    Alice Dumont

    Caminó con paso calmo por las gradas. A diferencia de todos y de lo pesado que se sentía el ambiente, Dumont parecía estar por presenciar cualquier cosa excepto una batalla a muerte. Su rostro relajado reflejaba tranquilidad, felicidad incluso. Aquella jaula de altos barrotes negros y el intenso bramor de la lluvia le produjeron un escalofrío en la columna. Pero no un escalofrío de terror. Era un escalofrío de excitación, una corriente de puro gozo ante la perspectiva que se avecinaba.

    No le preocupaba salir elegida. Ni las consecuencias que acarrearía una derrota.

    Sus ojos morados se clavaron en la Reina de Corazones. Estaba allí sentada en primera fila devorando uvas con parsimonia. Parecía aburrida y, siendo ese el caso, Alice tenía más de mil formas de entretenerla. Compartía el mismo gusto enfermizo por la sangre y el sufrimiento ajeno. Se estremeció bajo el recuerdo de sus largas uñas rojas en su cuello y raspó su labio inferior al recordar su promesa. Ver a la gente quebrarse bajo sus dedos era una delicia. Después de todo terminarían muriendo de un modo u otro, la vida era sumamente frágil y efímera. ¿Por qué no tomarlo como una diversión mientras tanto?

    También vio, en su paso por las gradas a aquella chica de cabello blanquecino, la joven del vídeo. Se veía tan... rota. Como una pequeña muñequita sin vida, arrastrada por sus propias y catastrofistas emociones. Pobre pajarito sin alas. Ardía en deseos de conocerla. Pero quebrar algo que ya estaba roto carecía de gracia. De sustancia. Siempre era más gratificante romper la ramita que se te resistía. Alguien que ya fuera por fortaleza, orgullo o miedo se negaba a ser un juguete en sus manos.

    El flamenco debía ser el ave favorita de la Reina. O su promesa nunca se cumpliría.

    Tomó asiento al lado de Noah. Y lo miró de reojo, con una sonrisa ladada, un brillo extraño en los ojos. Pero cuando habló su voz volvia a ser dulce y encantadora contraria a todos sus verdaderos pensamientos e intenciones.

    —Vaya, parece que alguien debió ignorar tu incomodidad hacia mi persona. ¿No crees que es una lástima?—cuestionó.

    Se llevó una carta a los labios, observándolo, casi riéndose de la situación por dentro. Ah, qué delicia.

    >>Volvemos a ser compañeros... Noah. De verdad que lamento un contratiempo tan nefasto.
     
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    Gigavehl

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    Galen Rutonver

    La puerta se abriría para ahora esta vez que entrara aquella mujer que ganó la última batalla de cadáveres, como era de esperarse, se le veía impresionada, el cambio era notable esta vez. Me miró, al resto también. No dijo ni hizo más, solamente se limitó a callar y guardar silencio. Yo simplemente la ignoré, estaba muy lejos como para decirle algo y además, no era de nuestra fila.

    Pronto, la puerta se abriría de nuevo para ahora revelar a Laila, esa mujer con el cabello púrpura, la que acompañó a Franklin. Se le veía realmente mal, agotada, perdida. Hm, exactamente como Shawn y yo nos sentimos al estar en Joker... Realmente no me sorprendía en lo absoluto de su estado. Sin embargo, tampoco se le veía tan loca como aparentó en la televisión. ¿Acaso logró superarlo? De verdad que no lo creo... Lo mismo, muy lejos como para poderle decir algo.

    Sin embargo, todo iba relativamente bien, esperando que fuese Shawn mas que nadie el que se sentara a mi lado, cuando la puerta se abrió y revelaba a una extraña mujer, una. Que sin saber cómo ni porqué... Las alertas de mi interior se prendieron con sumo escándalo, recordándome perfectamente a Agnes.
    No lo entendía, no sabía porqué. Pero esa mujer, irradiaba el mismo pesar, la misma negatividad, la maldad que exclusivamente alguien como Agnes conseguía. Hm, no... Me equivoqué, esta mujer parecía ser igual o peor que Agnes. Tan pronto vi como se maravillaba por lo que contemplaba, y se acercaba, yo me giré, cerrando los ojos y fingiendo demencia para que me ignorara, por fortuna lo hice. De no ser que me tocaba la maravillosa suerte de que ese último asiento asiento, precisamente ese último, teniendo varios otros detrás o inclusive a lado de Agnes, estaba designada a ella.

    «Esto tiene que ser una maldita broma...». Pensé, no podía desaparecerse uno, sin que otro reemplazara su lugar. Aunque cada vez parecía que las cosas empeoraban conforme se avanzaba. No sé quién es, y por primera vez en mi vida... No me interesa, no quiero hablar con ella, por muy linda que parece ser, irradia la misma vibra que Agnes. Y suficiente tengo ya con ella tras nosotros.

    Escuché sus comentarios, parece que compartió cuarto con ese tal "Noah" como lo ha llamado. Era dulce y sutil con su voz, pero era el mismo tono que utilizaría Agnes si de ser amable conmigo se tratase de nuevo...

    Así, que respirando de manera un poco forzada, me volví a girar al frente y cerré mis ojos. Aunque podía sentir cómo sudaba en frío, maravilloso... Malditamente maravilloso, Agnes. En serio que sabes asignarme a los más desquiciados de esta cárcel, y si hay alguien de mi nivel, nos encierras en un cuarto infernal. Lo admito, sabes hacerme sufrir...
     
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    Andysaster

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    Shawn Amery

    El ambiente de aquella sala estaba verdaderamente cargado. La tensión y la amgustia eran palpables, y la humedad de aquella sala tan solo enrarecía más el clima que se había instaurado. A pesar de todo, los presentes pudieron ver entrando por la puerta al albino, cargando a Aimi en su espalda como si de padre e hija se tratase. De vez en cuando se giraba hacia la chica y le hacía comentarios para distraerla, procurando que ese momento juntos calmase su corazón antes de que tuviesen que separarse.

    Cuando los guardias le indicaron su asiento, sonrió hacia Aimi acariciando su cabeza, diciéndole que estaría en el asiento contiguo ao de su acompañante, ya que habían caído en la misma fila. Su corazón le dio un vuelco al distinguir la cabellera de Laila frente a su asiento, en la hilera de abajo. Como esperaba, Agnes no iba a permitir que se sentasen juntos de nuevo. Comenzó a hurgar entre sus bolsillos y sacó un trozo de papel con algo escrito, haciendo una bola de papel que no tardó en lanzarle con cuidado sobre su regazo.

    Al parecer durante la creación de su carta había tomado otro papel y escrito algo en caso de que al día siguiente no pudiese hablar con Laila, anticipándose a los hechos. Se recostó sobre su asiento, entrecerrando los ojos hasta calmar su respiración, así como Connie parecía estar haciendo en la hilera de en frente. ¿Habría pasado una mala noche?

    Laila, al abrir el papel, pudo leer dos palabras. Dos simples palabras que calmaron toda duda acerca de lo sucedido anoche.

    "Te quiero"

    When haces el post en la calle camino de la uni porque vas a estar todo el día fuera y quieres hacer feliz a la waifu antes de irte a la b. DONT STOP ME NOW
     
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    Zireael

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    Laila Meyer.

    Despegó la mirada de su regazo cuando escuchó el rumor de pasos. Distinguió a una joven de cabellera y mirada violetas que no había estado allí la primera vez.
    No había que ser un genio para saber que era el reemplazo del tipo al que le había rajado el estómago.
    Otro murmullo de pasos la hizo mantener su vista puesta en esa dirección y la imagen que recibió le regresó el alma al cuerpo, le hizo recuperar color e incluso regresó un fragmento de ella a su lugar.
    Shawn y Aimi, el primero llevando a la segunda sobre la espalda, como si fueran hermanos. Estaban bien, en una sola pieza, y el alivio que sintió la hizo relajar todos los músculos del cuerpo. No se atrevió a seguirlos con la mirada hasta que se sentaran, por temor no solo a la reacción de los guardias, sino también a la mirada que podría dedicarle el albino luego de recibir la noticia que Aimi llevaba consigo.

    Regresó la vista al frente y con el cuerpo relajado, cerró los ojos un momento, dejando salir un gran suspiro.

    Dio un respingo cuando sintió algo rebotar en su regazo y abrió los ojos solo para topar con una bolita de papel. Tomó el papel con mano temblorosa, discreta para evitar una reacción violenta de los guardias y lo abrió despacio.

    Te quiero.

    Parpadeó varias veces, perpleja, y sintió crecer en su pecho una calidez que horas antes creía muerta. Pero bueno, ¿acaso Shawn pensaba que estaban en el colegio o algo? Ya estaba mayorcito para esos mensajes en papeles.
    Sonrió a pesar del cansancio y apretó el trozo de papel contra su pecho un momento, antes de meterlo en el bolsillo de su falda.

    Giró la cabeza, lo suficiente para que, en caso de estarla mirando, Shawn pudiera distinguir su perfil sin problema. Aún tenía el rostro adornado por una sonrisa casi infantil.

    —Te quiero... príncipe. —La frase se formó en sus labios, insonora, para que pudiese leerla si era el caso, si no, se conformaba con lanzarla al aire.

    Si había una persona en el mundo que podía rescatar de las profundidades a su antigua versión, sin importar el daño que sufriera, ese era Shawn Amery. Si tenía que morir en la jaula y en las manos de Agnes por él, iba a hacerlo.
     
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    Ceci

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    Noah Briggs ~

    ¿Es que acaso nadie ahí podía interesarse por sus propios asuntos? ¿Por qué tenían que interesarse tanto en él? Era irónico hasta cierto punto, porque nunca se habría imaginado que tendría que recibir una condena de muerte en una prisión del infierno como para que alguien más que Cathy notara su mísera existencia. Ah... anhelaba tanto ser aquel crío invisible otra vez.

    —Okay —le contestó a Galen, sin mostrar una pizca de interés o emoción particular, con el entrecejo fruncido.

    La verdad era que había dejado de escuchar su monólogo mucho antes de que el joven llegara a la mitad del mismo, porque siendo sinceros, Noah ya estaba demasiado enfrascado en su propio plan como para detenerse a escuchar el consejo de alguien, porque ya había cruzado una línea con sus acciones y ya no había vuelta atrás.

    Se hizo hacia adelante, apoyando los codos en sus muslos, y clavó la mirada al piso como si eso fuera lo más interesante del mundo. En cualquier otra oportunidad del pasado habría retorcido el cuello cual buho esperando que Cathy se apareciera por ahí, pero el Noah de esa noche no quería saber absolutamente nada con Cathy, ni siquiera encontrarse por ella por accidente.

    Y justo cuando creía que iba a obtener un poco de paz con el sonido de la lluvia dentro de la jaula (irónico, de nuevo, porque lo que iba a suceder en esa jaula no era para nada pacífico), Laila pasó por cerca de él como si estuviera más muerta que viva. ¿Qué habría pasado con aquella chica que le sostuvo la mano en el autobús?

    —Hey —le llamó, haciéndose un poco para adelante para no tener a Connie en medio. Cómo la envidiaba por haber llegado lo suficientemente temprano como para dormirse en su silla y no tener que hablar con nadie—. ¿Estás bien?

    Por supuesto que no lo estaba, y a pesar de que no quería ni siquiera imaginarse qué le habrían hecho a Laila para lavarle la vida misma del cuerpo, no podía dejar de preocuparse por ella.

    La sola idea de tener que ver a Cathy de esa forma le estrujó el corazón.

    'Vaya, parece que alguien debió ignorar tu incomodidad hacia mi persona. ¿No crees que es una lástima?'

    Se dio vuelta al reconocer aquella voz, fastidiado, porque no estaba de humor para sus pequeños juegos. Simplemente la fulminó con la mirada y se rotó como para darle la espalda, tratando de concentrarse en Laila. Quizás si ignoraba a Alice con la suficiente fuerza entonces dejaría de sentir escalofríos en su espalda.
     
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    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    Agnes Astaroth

    Dejó rodar las uvas en el suelo y se levantó del asiento mientras mantenía la vista fija en la pantalla. Caminó con elegancia hasta la palanca que en esta ocasión estaba fuera de la jaula para evitar mojarse, jalándola hacia abajo y desapareciendo la foto de Shade de la pantalla. Era consciente de que aún faltaban personas por estar presentes, pero iría acelerando los preparativos.

    Sus orbes carmín se posaron en la lista que comenzó a moverse rápidamente, acariciando su cabello con parsimonia, ensimismada en sus pensamientos. En definitiva Agnes no estaba ahí mentalmente pese a estar su cuerpo físico presente.

    Aves

    1.Sinsonte
    2.Batará Carcajada
    3.Buitre palmero
    4. Hawk
    5. Lammergeier
    6. Golondrina
    7. Flamenco
     
    Insane ha tirado dados de 7 caras para Primer duelista Total: 4 $dice
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    Zireael

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    Laila Meyer.

    Hey.

    Reconoció la voz que la llamaba, a pesar de no todo lo que había ocurrido y el tiempo que había pasado, y se giró para ver al joven inclinarse para poder dirigirse a ella.
    Su semblante había cambiado considerablemente con aquel simple gesto del albino y Noah debía de notarlo cuando ella también se adelantó para poder verlo, sin importunar a la chica del parche, que parecía haber caído rendida.

    ¿Estás bien?

    —Estoy b-

    La frase se cortó de repente, cuando vio a Agnes levantarse de su asiento y jalar la palanca como había hecho la primera vez. No pudo regresar su atención a Noah.
    Una desazón terrible se le instauró en el pecho, un presentimiento, un terror con carácter de presagio.
    Vio las imágenes avanzar a toda velocidad, hasta detenerse gradualmente y mantenerse estática en una imagen que hizo que perdiera el color nuevamente, cuando su alma volvió a caer a sus pies.
    Hawk. El halcón, su halcón.

    Subió las piernas al asiento y enterró el rostro entre estas y sus brazos, para luego llevarse las manos al cabello y volver a tirar de él, como había hecho en Joker. Ahogó el grito que deseaba proferir, que amenazaba por volver a rasgarle la garganta ya lastimada.
    Comenzó a golpear su cabeza contra sus rodillas, fuera de sí, con las lágrimas corriéndole por el rostro silenciosamente.

    —Es suficiente, es suficiente. —Comenzó a repetir aquello, apenas con un hilo de voz, como si aquella sola frase pudiese cubrirla con un manto protector.
     
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    Gigi Blanche

    Gigi Blanche Equipo administrativo Game Master the lovers

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    Connie Dubois

    Cuando Agnes se incorporó para jalar de la palanca, un guardia se aproximó a Connie y la zamarreó con poca delicadeza para despertarla. La chica se estremeció un poco, como si la hubiesen asustado, y el sonido de la lluvia volvió a sus oídos junto al rumor de varias voces alrededor suyo. Alzó la cabeza poco a poco, enfocando el mundo a su alrededor; como la primera vez, donde el colibrí brilló resplandeciente, aquella pantalla capturó sus sentidos por completo y no logró despegar la vista de él. Las imágenes se detuvieron, mostrando a un hermoso halcón. ¿Qué estaba pasando? Su mirada se amplió al recordar.

    Una nueva batalla de cadáveres.

    Unos fuertes sollozos llegaron desde su derecha y giró la cabeza lentamente, reconociendo a Laila en aquel revoltijo de cabello morado. ¿Laila? Ah, sí... La novia de Shawn.

    Shawn, Laila. Batalla de cadáveres. Wonderland.
    Shade.

    Entreabrió los labios, aunque no planeaba decir nada concreto, sólo los separó por si alguna palabra deseaba escaparse. Sentía la garganta seca y la boca pastosa, pese a haber dormido apenas unos cuantos minutos. Laila estaba en crisis, se jalaba del cabello como ella había hecho cuando recibió la noticia de Shade. Halcón... ¿Sería ella? ¿O sería...?

    —Shawn —balbuceó. Ahí estaba, la palabra escapando sin su permiso.

    Selló sus labios y buscó al albino con la mirada, encontrándolo detrás de Laila. No dijo nada, sólo lo miró. Lo miró y vio reflejado en él todo lo que había significado para ella la primera batalla de cadáveres. No estaba agitada, ni desesperada, ni enojada. La realidad había caído sobre su espalda como una cascada de agua helada, y ella simplemente la aceptó en silencio.

    Poco a poco volvía en sí, aunque aún no encontrara las emociones suficientes para calentar su sangre.
     
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    Ceci

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    Noah Briggs ~

    Una sonrisa se formó en los labios de Noah, pero nada tenía que ver con estar feliz; sus ojos estaban repletos de melancolía. Se había visto en Laila desde el primer día, cuando se habían sentado juntos en el autobús, dándose espacio el uno al otro para ver a su persona especial por entre medio del resto, turnándose para cuidarlos a ambos en silencio.

    Laila no era el halcón, pero Noah sabía exactamente de quién se trataba, porque él se había visto en la misma crisis en la batalla anterior cuando se llevaron a su Cathy. Ahora se iban a llevar a su Shawn.

    —Laila —le llamó, estirando un brazo por sobre Connie, casi que invadiendo su espacio personal. Ya más tarde le pediría disculpas si acaso—. Laila, mírame —le ordenó a pesar de saber que autoridad para ello no tenía ninguna, porque sabia exactamente cómo se sentía estar en esa posición tan miserable, de tener que ver cómo se llevaban a alguien a quien querían tanto sin poder hacer nada al respecto—. Laila...

    Puso su mano sobre su rodilla intentando amortiguar los golpes, intentando llamar su atención, intentando sacarla del lugar mental en donde estaba.

    —Laila, dame tu mano —le pidió en voz baja, sin saber exactamente qué podía hacer con algo tan simple y estúpido como lo que le estaba pidiendo, pero sin poder olvidarse del consuelo que él encontró en ella esa tarde en el autobús—. Déjame tomar tu mano esta vez, por favor.
     
    Última edición: 28 Mayo 2019
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    Andysaster

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    Shawn Amery

    La sonrisa que se había instaurado en sus labios desde que Laila se había girado hacia él desapareció con un simple chasquido proveniente de la palanca. Aquella sensación de malestar que se había mantenido presente desde la noche anterior comenzó a crecer a medida que los nombres de las aves rotaban frente a sus ojos. El mal augurio que recreaba en su cabeza los peores escenarios comenzó a reaccionar, a vibrar en lo más profundo de su ser, a gritarle que todo lo que había soñado podía ser real en cuestión de tan solo un par de segundos.

    Que podía salir su nombre.

    Que iba a salir su nombre.

    "Hawk"

    .
    .
    .


    Para cuando la ruleta se detuvo en su nombre, Shawn ya había asumido su destino.

    Cerró los ojos, una amarga sonrisa quebrando sus temblorosos labios, y tomó una amplia bocanada de aire. Se armó de toda la fuerza, todo el valor que apenas le quedaban, y deseó no volver a abrirlos más. Porque sabía que si lo hacía, el valor que estaba manteniéndole cuerdo se rompería en mil pedazos. No quería saber qué clase de mirada le estaba dirigiendo Aimi, no quería ver cómo Laila se destrozaba frente a él, no quería mirar a Galen a los ojos y pedirle perdón por no haber estado a la altura, mucho menos quería que Connie se viese reflejada en su persona. Al abrirlos de nuevo, posó su mirada en la castaña que estaba sentada a su lado, y colocó una mano en su hombro con suma delicadeza. A pesar de la seriedad con la que le habló, sus orbes azules brillaron con un atisbo de súplica.

    —¿Podrías hacerme un favor? —pidió, sereno, su mirada fija en ella, escuchando los sollozos de Aimi en la espalda de Cathy—. Tranquiliza a la niña en mi ausencia. Está sola y muy asustada, necesita a alguien que la consuele —se levantó con calma de su asiento, inclinándose hacia la castaña para añadir algo más que Aimi no pudiese escuchar—. Si me ocurre algo, te ruego que le tapes los ojos. Ya ha tenido que ver demasiado —añadió regresando a su lugar, regalándole una débil sonrisa sincera, deteniendo sus pasos para girarse una última vez hacia ella—. Te debo una, eh... ¿Cual es tu nombre?

    Cuando la joven habló asintió, conforme, y se volvió hacia el asiento delantero, mordiendo su labio con fuerza hasta el punto que lo sintió sangrar. Su corazón se resentía con los sollozos de Laila, y su cuerpo solo quería rendirse al llanto, sacar todo su dolor. Pero era consciente de que si lo hacía, incrementaría la angustia de Laila. Así, en un arranque de desesperación, se inclinó hacia delante con rapidez, tomando por los hombros a la joven, deteniendo sus golpes con fuerza. La atrajo hacia él, tirando de ella hacia atrás, y la abrazó por la espalda con todas sus fuerzas, enterrando su cabeza en su hombro. Pudo escuchar a los guardias dirigirse hacia él, pero ya nada le importaba.

    —Por favor, cielo, por favor. Detente. Confía en mí. Confía —murmuró, su voz quebrándose con cada palabra, sintiendo que le desgarraban la garganta con cada pronunciación, y plantó un beso en su cabeza. Uno de los guardias rompió el abrazo y golpeó a Shawn en el rostro, haciendo que un hilo de sangre comenzase a brotar de su nariz. Sostuvo la mirada del hombre, desafiante, intentando ignorar el dolor que atravesaba todo su rostro, y dio media vuelta para poder encaminarse al pasillo donde le esperaban para llevarle a la jaula. Pudo notar de soslayo cómo Noah intentaba tranquilizarla, y supo que todo estaría bien, que estaba bien acompañada. No le rogó a Connie que cuidase de ella, pues por su mirada parecía que ya había tenido suficiente. Cuando sintió a Aimi volverse hacia él fue incapaz de mirarla. Se tragó las ganas de llorar, y tan solo pudo alcanzar a susurrar—. Sé fuerte, ¿sí?

    Shawn le dio la espalda a ambas hileras cuando comenzó a notar el tibio tacto de sus lágrimas surcar su rostro, y aguardó a que el segundo contrincante saliese a la luz para obedecer a los guardias.

    La pequeña luz que quedaba en Shawn Amery comenzaba a pegar sus últimos coletazos de vida, agonizante.
     
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    Nekita

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    Catherine Whitman

    Había estado sumida en sus pensamientos sin prestarle mucha atención a nada en específico cuando notó que Agnes ya había jalado la palanca para seleccionar a uno de los presentes para pelear, cerró sus ojos con fuerza cuando aquella ruleta comenzó a girar, rogando porque el nombre de Noah simplemente no apareciera allí cuando los abriera.

    Y no fue así.

    Hawk.

    Ladeó su cabeza tratando de ponerle un rostro a aquella ave pero...nada vino a ella hasta que comenzó a ver a aquella chica de cabellos violeta tener una especie de ataque de pánico y su cabeza inmediatamente la llevó cuando Noah había reaccionado de una manera similar y aunque le nacía hacer exactamente lo mismo que había hecho con él, agradeció rápido que Noah no tardara en acercarse a ella para tratar de tranquilizarla, esperando que a ella sus palabras pudieran camarla como cuando él le trataba de quitar el miedo cuando eran niños.

    Tan solo pareció prestar atención a los miembros de su fila cuando sintió una mano sobre su hombro que la hizo saltar en su lugar del susto, sus ojos rápidamente buscaron al que estaba llamando su atención y al ver sus ojos, se tranquilizó, no eran los mismos ojos que tenía Shade o Agnes que la hacían temer a un acercamiento, no, eran completamente distintos. Escuchó sus palabras atenta, tan solo prestando atención a su otro lado cuando mencionó a una niña, niña que tampoco se había percatado por haber estado en su mundo. —Catherine, mi nombre es Catherine y...y-yo...lo haré, estaré aquí para ella no...no te preocupes... —le dedicó una pequeña sonrisa para que supiera que hablaba en serio, entendía aquel sentimiento, incluso le había pedido a Noah que hiciera exactamente lo mismo que él le pedía ahora.

    La escena a continuación no hizo más que partirle el corazón al ver como aquellos guardias lo golpeaban para alejarlo de aquella chica que intentaba calmar, su pareja, asumía.

    Se deslizó poco a poco en la gradería, cautelosa hasta que logró alcanzar la mano del albino para esta vez ser ella quien llamara su atención —Lo que pase allí...no será tu culpa, ¿sí?—Hablaba bajo, temiendo que también la fuesen a regañar si hablaba demasiado alto —, no...no creo que quien te acompañe allí disfrute lo que está pasando....—como parecía haberlo demostrado su oponente la otra ocasión y había logrado erizarle la piel—, será horrible allí adentro pero...jamás será tu culpa...

    Y así soltó su mano con cuidado.
     
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    Zireael

    Zireael kingslayer Comentarista empedernido

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    Laila Meyer.

    ¿No había tenido bastante esa maldita bruja? Había enviado a Shawn a aquel agujero infernal, le había provocado un desmayo, luego la había azotado contra una mesa frente a Aimi, le había arañado la nuca, había enviado a la chica a decirle mentiras al albino, y finalmente la había metido a aquel infierno para abrirle el estómago a alguien.
    Aún así, el dolor que sintió al ver a su ave aparecer en pantalla, era incomparable. Le aplastaba el pecho casi con más fuerza que la que sintió al pasar en la noche en Joker.
    Escuchó el murmullo que surgió de la joven del parche, diciendo el nombre de su halcón.

    No fue capaz de levantar la vista hacia ella, siguió sumergida en su burbuja de dolor, confusión y profundo terror. Sintió hilos de su cabello desprenderse de la piel, pero no importaba, ya no importaba nada.
    Sollozaba como una niña, apenas siendo capaz de inhalar aire con fuerza para no ahogarse en sus propias lágrimas.

    Escuchó una voz conocida llegarle desde algún lugar lejano, pero no logró dirigir su atención a ella, continuó golpeándose contra su propias rodillas, intentando distraerse de su remolino de emociones sin mucho éxito. Incluso cuando la mano de Noah se interpuso, no fue capaz de detenerse.
    Lo que la hizo detenerse por fin fue el cálido tacto de Shawn en sus hombros al atraerla hacia sí con fuerza, como nunca antes había hecho. Su gesto era prácticamente una orden de que se detuviera de una buena vez. Sintió como el muchacho enterraba su rostro en su hombro y los surcos que le corría por el rostro solo aumentaron de grosor.

    ¿Que confiara en él? Confiaba. Es más, Shawn era la única persona en el mundo en quien confiaba ciegamente, pero la jaula, la terrible lluvia, la chica a la que le faltaba un ojo...

    Fuerte. El susurro le llegó lejano, a través de sus sollozos.
    En su mente rebotó la voz entrecortada de Rico, pidiéndole ser valiente, de inmediato sintió que defraudaba ya no solo a una, sino a dos personas.

    Tomó por fin la mano de Noah, que este le alcanzaba por encima de Connie, y estrechó con fuerza.

    —Perdón. —La disculpa que murmuró iba dirigida a los tres. A Connie por invadir su espacio, a Noah por si lo había lastimado y Shawn por estarle fallando.

    Notó como alguien se levantaba para alcanzar la mano de su halcón antes de que se alejara, la reconoció, era Cathy, la preciosa Cathy de Noah. No escuchó lo que le dijo, pero se sintió agradecida.
    Finalmente lo vio alejarse hacia quienes lo esperaban para hacerlo entrar a la jaula, sin siquiera mirar atrás... Sabía lo que hacía, lo sabía con excesiva precisión. Estaba protegiéndola de verlo.

    Se levantó de su asiento, a pesar del riesgo que implicaba, pero no se movió de su sitio ni soltó la mano de Noah, que de repente le resultaba tan cálida.

    —¡Shawn! —chilló a todo pulmón sin ponerse a pensar en las consecuencias. Los guardias pronto se le fueron encima, obligándola a sentarse nuevamente, pero se las arregló para escurrírseles un par de veces, maldiciéndolos entredientes—. Pelea, por favor.

    Fue lo único que logró decir antes de recibir un golpe como el que le habían atinado al albino, que hizo que su nariz sangrara por tercera vez en un lapso ridículo de tiempo.
    Se dejó caer en la silla por fin, aún aferrada a la mano del muchacho. Pasaron un par de minutos antes de que fuese capaz de dirigirle la mirada a Noah.

    —Gracias —dijo con ojos vidriosos y una sonrisa resignada en el rostro. Regresó la vista al frente, clavándola en la espalda de Shawn, mientras presionaba levemente la mano del que había sido su compañero de asiento en el autobús—. Perdona por no haberte podido ayudar cuando Cathy fue la que entró allí. Lo siento mucho, cariño.

    Usó el mismo tono con el que se había dirigido a Aimi en el rincón de juegos, el mismo tono con el que le hablaba a su halcón. Cálido, maternal, agradecido a pesar de las circunstancias.
    El corazón le dolía, pero Noah estaba allí... y allí se quedaría, si ninguno de los dos debía entrar a la jaula con Shawn.

    Ser consciente de aquello de repente, porque parecía haberlo olvidado, hizo que otro dardo de dolor se le clavara en el pecho y la obligó a apoyar el codo del brazo libre en su regazo, buscando sostener el peso de su cuerpo. La mano le temblaba.

    ¿Qué pasaría si debía verlos luchar? ¿Qué pasaría si no era Noah, pero era Aimi... o ella misma?
     
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    Etihw

    Etihw ghost Comentarista empedernido

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    Aimi Shiotani~

    Se había despertado en medio de la noche asustada, con los ojos bien abiertos y el corazón latiéndole con gran fuerza. Había tenido una horrible pesadilla. Una habitación blanca en la que comenzaba a chorrear sangre, manchándola por completo. Por una puerta que no había visto antes entró la figura de un sonriente payaso, con las manos en alto y una risa burlona, maniática, que no se detenía. La miraba de una forma tétrica, mientras ella solo temblaba pegada a la pared. Vio con los nervios a flor de piel cómo sacaba de ambos bolsillos un bisturí, y se acercaba amenazante a ella. Corrió, resbalándose con el líquido rojizo, pringando todo su vestido rosado, volviéndolo de un color tan oscuro, y abrió la puerta a trompicones, queriendo salir de allí pitando. Antes de poder ver qué había en aquella habitación, se había despertado.

    Pero tenía la sensación de saber qué era lo que iba a haber en aquella oscura habitación.

    No pudiendo seguir con el hilo de sus pensamientos, se dio cuenta con cierta vergüenza que se encontraba entre los brazos de Shawn. Este dormía como un lirón, transmitiéndole cierta paz, logrando calmar aquel desbocado latir en su pecho que comenzaba a dolerle. Sus ojos comenzaron a cerrarse, notando cómo el cansancio la invadía de nuevo, y se acurrucó sintiendo aquel cálido abrazo conduciéndole al más dulce de los sueños.

    Se alegraba de haberse quedado esa noche con Shawn.

    **********

    Una suave voz la llamaba, sintiendo una caricia amable en una de sus mejillas, pero no quería aún despertarse. No quería abrir los ojos, estaba demasiado cansada todavía y el cuerpo le pesaba. Pero no podía permanecer durmiendo más de lo debido, era algo que había aprendido a lo largo de los años si quería una asistencia perfecta en la escuela.

    Abrió con dificultad los ojos. Esta vez no iría a la escuela. No más.

    Se sentó en la cama lentamente, viendo a los guardias entrar, y bostezó sin darle ninguna importancia, ignorándolos. Medio dormida, todavía sin volver del todo al mundo real, vio la espalda de Shawn con sus ojitos entreabiertos.

    ¿Te gusta montar a caballito? Quizás eres algo mayor, pero nunca es tarde para ser cargada así.

    Se frotó los ojos, confundida, desorientada y adormilada. No había tenido un buen descanso, y curiosamente aquel día en especial no conseguía abrir del todo sus ojos por más que lo intentase. Movida por instinto o quizá solo la curiosidad que aquello le producía, aceptó subirse en la espalda de Shawn, abrazando levemente su cuello y enterrando su rostro en su espalda, respirando hondo. Sentía cómo sus brazos la agarraban con fuerza para no caerse, y nuevamente la calidez del contacto de Shawn hicieron que se sintiese tranquila, como si estuviese en otro lugar.

    Permaneció todo el trayecto con los ojos cerrados, escuchando a Shawn y de vez en cuando respondiéndole si lo veía necesario. Fue un momento efímero, pasó demasiado rápido, y pronto fue dejada nuevamente en el suelo con unas caricias de despedida en su cabello, siendo guiada por los guardias a su asiento, muy cercano al del albino.

    Miró a la chica que estaba entre ella y Shawn, dándose cuenta de que era la muchacha que había batallado ya anteriormente. Parecía estar perdida en sus propios pensamientos, pues no parecía darse cuenta de que ellos dos habían llegado. O eso, o los ignoraba.

    Paseó su propia mirada, buscando a Balto entre los presentes con preocupación, sin éxito. Su corazón se oprimió, temiendo que no viniese, que no fuese él el que ocupase el único asiento vacío que había a su lado. ¿Se encontraría en la enfermería? O quizá… ¿quizá había pasado algo más tras aquel pequeño corte? Pero… ¿y si era verdad que todo era un montaje?

    Su mente se sentía tan desorientada como ella misma. No sabía qué pensar ni qué creer en aquel momento. Cualquier cosa se volvía en puro polvo blanquecino, sin textura, borroso. Y aquello hacía que el dolor de su cabeza comenzase a crecer.

    Entre las personas de la primera fila divisó el cabello violáceo de Laila, provocando que su corazón saltase más de lo que debería en su pecho, sintiendo aquellos sentimientos encontrados y con los que no sabía qué hacer. Volvía a formarse aquel cacao mental dentro de su cabeza, nerviosa, molesta, frustrada, asustada. Laila había sido obligada a hacer aquello… ¿verdad? No tenía otra opción… porque Agnes estaba allí con ella.

    Apartó la mirada cuando se dio cuenta que volvía a tener los mismos pensamientos una y otra vez. No tenía sentido carcomerse el coco de aquella forma sin saber qué había pasado realmente, qué había sucedido con Balto. No debía comenzar a formar en su cabeza pensamientos insulsos.

    Sus ojos se dirigieron a la pantalla por primera vez desde que pisó el lugar, y abrió su boca con sorpresa al ver lo que esta mostraba. Shade, aquel muchacho que parecía amar tanto los dulces como ella, que parecía actuar de forma despreocupada ante los demás, e incluso disfrutar de jugar con Agnes… había desaparecido de la noche a la mañana. No había ninguna explicación de ello, y dudaba poder pedirlas ella misma por más que su curiosidad se lo pidiese. Pero la noticia sin dudas le dejó con los nervios a flor de piel.

    Mas antes de poder apartar la mirada de la pantalla esta había cambiado, mostrando de nuevo el nombre de un pájaro, así como Agnes había decidido apodarlos. Se alivió ligeramente al ver que no era el suyo, y buscó con sus ojos al propietario o propietaria de aquel mote.

    Se asustó muchísimo al ver la reacción de Laila, sus sollozos, sus golpes y los tirones en su cabello. Aquella escena le dolió en lo más profundo, y se giró rápidamente a Shawn con los ojos inundados de lágrimas una vez más, en busca de una explicación. De que le dijese que no era Laila la que iba a tener que dañarse más. De que no iba a ocurrir aquello. Pero la expresión serena del muchacho mientras hablaba con aquella muchacha a su lado solo provocó que su confusión creciese, y fue en aquellas palabras que encontró la razón por la que Laila actuaba de aquella forma.

    No era ella la que iba a adentrarse en aquella jaula, era… era Shawn.

    Se llevó sus manos a su boca, apretándola, impidiendo con todas sus fuerzas soltar ruido alguno, humedeciéndolas con las lágrimas que resbalaban de sus mejillas a sus dedos. No podía creer que la persona que pudo reconfortarla aunque fuese un poco en aquel lugar estuviese a punto de batirse en un duelo violento y sanguinario. Que se iba a lastimar a sí mismo y a alguien más. Iba a ver con sus ojos cómo Shawn luchaba por seguir con vida. Iba a…

    Bajó su cabeza, mirando su propio regazo, sus manos firmemente apretadas en él en un puño, mientras las gotas seguían cayendo, con sus ojos bien abiertos y con una respiración incluso relajada. Se estaba perdiendo en su mente. Estaba perdiéndose de nuevo.

    Su pecho dolía.

    Sus ojos dolían.

    Su cabeza dolía.

    Sus manos, sus hombros, sus pies. Todo su cuerpo dolía.


    Aimi, esto es todo tu culpa. Tú provocaste esto. Tu cercanía, tu simple existencia.


    Temblorosa se abrazó a sí misma, aterrada, asustada. Su mente comenzó a reproducir los más horribles pensamientos. Pensamientos que la atacaban con la más cruda realidad.

    Aimi fue la única que se había quedado con Laila cuando Agnes comenzó a lastimarla de la nada, sin motivo alguno. Ella había permanecido en aquella habitación de forma egoísta.

    Aimi había traído a Balto consigo a aquel lugar por haberse pegado a él por tanto tiempo, y fue por su culpa que Laila tuviese que hacerle aquello. Si no hubiese sido por ella, no habría pisado ese horrible lugar nunca, Laila nunca habría sujetado el bisturí que Agnes le tendió.

    Aimi había sido la compañera de habitación de Shade, ella había hablado con él, comido los mismos dulces que él. Y también, había conocido a Connie más tarde en el mismo lugar. Sabía gracias a la batalla anterior lo cercanos que eran ellos. Y seguro que por su culpa Shade había desaparecido. ¿Fue por coger dulces a escondidas?

    El vacío recorrió cada poro de su cuerpo como un soplo de aire helado, como si fuese invierno y estuviese en medio de la nevada calle.

    Dejó de llorar.


    bueno pero yo no dejo de llorar
     
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    El Calabazo

    El Calabazo Y dime, ¿Quién soy yo?

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    Estaba allí, entre por aquella puerta viendo a mis lados, no podía creer lo que veía...

    Llovía, estaba lloviendo dentro de la jaula, una de las ideas fue aceptada e implementada tan rápidamente... ya no existía excusa alguna, no existía pero que valiera. Agnes estaba dándoles un lugar donde brillar, les estaba dando un lugar donde aquellas pequeñas marionetas pudieran cortar sus cuerdas y sorprenderlos a todos, a todos ellos por igual.

    Estaba indignado, y no era con ella, no esta vez, mi indignación era mas simple y básica...

    Sin título.png
    Ya pueden morir en paz, ahora todos - exceptuando a Giga e Insane :v -tienen referencia al rostro de Maxwell, papus 7u7

    Odiaba al público por estar tan absortos en sus propios problemas, no estaban locos, no saben lo que significa realmente estarlo, simplemente actuando como niños asustados y acorralados, debía pasar mi tiempo junto a ellos, todavía me sorprende que ninguno se haya suicidado.

    — ... tienen tanto por aprender, tanto por disfrutar... y sus vidas se van así, entre lagrimas en un agujero abismal.

    Volteé un momento para buscar mi asiento, Laila estaba en otra fila al igual que Galen, eso significaba otros tres individuos nuevos y con cuidado pasé entre aquella pequeña multitud para sentarme junto a una pequeña niña ¿colegiala? otra bola hormonal... espera ¿acaso ella no coincide con la descripción que dio Galen anoche? es una chica linda, el niño no lo menciono. Bien, lo va a disfrutar bastante... te toca... hermano...

    — He-hey! — le mencione tocando suavemente su hombro, estaba llorando, mucho. — Oye... quizás no nos conozcamos pero, una niña linda no debería llorar ¿sabes? arruinaras esa carita... — le mencione señalando con mi dedo indice a su naricita sonriendo ligeramente. — Tengo una idea, espera... — me voltee ligeramente para que la niña no me viera y dirigí mi mano hacia mi cara para morder parte de la manga de la camisa larga, cuando logre abrirle un pequeño agujero con los dientes pare de roer y con mi otra mano haciendo fuerza arranque un trozo de la tela para doblarla y luego con calma y colocando la sobre mis piernas, doblar ese retazo de mi camisa en forma de corazón.

    Aparte para provechar de hacerle un dobles a la camisa en ambas mangas para cubrir en la parte donde ahora faltaba un pedazo, ya no se notaba tanto, eso pienso yo. Volví a girarme hacia la pequeña y sujetando con ambas manos le ofrecí aquel retazo de tela doblado en forma de corazón.

    — Tómalo, límpiate un poco, si necesitas ayuda me avisas ¿quieres? — le decía sonriendo —ahm... ahora que caigo... ¿no nos hemos presentado nunca, verdad? ... Mi nombre es Daniel Jacob, "DJ" para los amigos... — me detuve un momento para mirar a aquella jaula con pesadez y transmitir algo de tristeza en mis siguientes palabras — ... no llevo demasiado por aquí, no realmente, pensé que seguiría encerrado, ¿You can talk with me, sweetheart? c'mon... porfa no me dejes hablando solo, este lugar... no se ve muy agradable, para nada realmente...
     
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    Ceci

    Ceci Usuario VIP

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    Noah Briggs ~

    Apretó la mano de Laila con la misma fuerza con la que ella lo apretaba a él, hasta que los nudillos se le quedaron blancos. Seguro la mañana siguiente amanecería con un morado en el dorso de los golpes de la frente de Laila y el apretón de sus manos, pero eso no importaba. No sabía exactamente qué había pasado en ese infierno mientras él atravesaba el suyo propio en la oficina de Agnes, pero Laila se veía tan agotada como perturbada, y a eso tenía que sumarle lo que le tocaría vivir en los próximos minutos.

    —Él estará bien, Laila —le dijo en voz baja, sin poder evitar ver a Connie de reojo, ya que prácticamente estaba invadiendo su espacio para incinarse hacia Laila—. Eres Connie, ¿cierto? —le preguntó, mirándola de reojo, con la súplica marcada en todo su rostro.

    Noah no podía decir que todo estaría bien cuando nunca había estado dentro, y si había alguien que podía hablar desde la experiencia, era quien llevaba la marca en el rostro.

    —¿Verdad que estará bien allá abajo, Connie? —preguntó en voz baja.

    ¿Qué más podía hacer él? Se sentía como un inútil sin saber qué demonios decir al respecto, porque él había estado todo menos bien cuando se habían llevado a Cathy, pero estaba seguro de que no iba a soltar la mano de Laila por nada en el mundo.
     
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    Insane

    Insane Maestre Comentarista empedernido

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    Agnes Astaroth

    Luego de unos minutos deslizó sus orbes carmín a sus preciados prisioneros, notando sus expresiones, inerte. Volteó de nuevo hacia la palanca y con sus uñas imitó el galopar de los caballos, bajando luego de unos instantes para saber contra quién se enfrentaba el ya elegido. Mientras la máquina giraba las opciones se sentó de nuevo en su silla luego de sacudir su falda. Su mirada continuaba ida mientras comenzaba a morderse el dedo pulgar de la mano derecha. Inaceptable que a Agnes Astaroth se le desapareciera un prisionero como Shade sin más...

    No podía concentrarse, tenía los hombros rígidos y comenzaba a sentir ansiedad por el tema desconocido hacia los demás... excepto para Connie, que ya sabía más que el resto.

    Aves

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    Gigavehl

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    Galen Rutonver ~ Batará Carcajada

    Por fortuna hice lo mismo que antes, encerrarme en mi mente. Logré matar el tiempo, ignorando todo a mi alrededor pues parecía que todo mundo se conocían entre sí excepto a mí. Me sentía como literalmente, el niño raro del grupo... Mejor esa mujer loca parecía hacer mejor charla.

    Sin embargo, después de tanto balbuceo Agnes al fin se levantó, y mi corazón empezó a saltar, la miré tensa, se veía bajoneada aún inclusive con lo que estaba a punto de hacer, dejó rodar las uvas y jaló la palanca... La imagen de ese sujeto desapareció, siendo cambiado nuevamente por las imágenes de aves, ahora sí. Puede ver de entre la lista al famoso "Batará Carcajada" recé porque aún no me tocara, no quería hacerlo, aún no. A pesar de verme emocionado, no quería aún.
    Giró, giró varias veces hasta que comenzaba a detenerse lentamente. Sentía una tremenda presión, al que más me importaba que se mantuviera intacto era Shawn, necesitaba esa determinación de su parte, y por consiguiente, a Laila también. Pero pasó...

    "Hawk"

    Me quedé atónito. Por alguna razón, sentí que el mundo se terminó. Me sonaba el nombre, y no tardé en voltear estrepitosamente a la única persona que conocía en la cárcel. Ahí estaba, Shawn...
    No se le veía angustiado, mantenía una tranquila sonrisa. No... Esto esta mal, conozco esa sonrisa. Es exactamente la misma que hizo cuando me percaté de lo de su cuello, cuando hablábamos de ser "Rebeldes" cuando parecía querer consolarme, cuando hasta él sabía que las cosas no podían ser así. Ahí estaba, esa maldita sonrisa amarga... No evité soltar un balbuceo casi inaudible.

    —N-No... Shawn. Tú... Tú no—. Dije, mientras le decía algo a esa otra mujer que había luchado previamente. Ni siquiera me dí cuenta en qué momento llegaron Aimi y Shawn, pero ya estaban ahí, y Shawn ya debía pelear.

    Yo me giré lentamente, incapaz de hacer algo, quería al menos sonreírle, dedicarle unas palabras, hacer elevar un poco mi chaqueta para que recordara nuestra absurda plática. Pero cuando menos me dí cuenta, los guardias lo sujetaban pues parecía haberse lanzado hacia Laila, su dúo. Para tranquilizarla y llevárselo, y yo... Incapaz de decirle o hacerle algo.

    A pesar de no conocerlo, no evité soltar un par de lágrimas, deshaciéndome a pedazos. Shawn ya no será el mismo definitivamente, y probablemente yo tampoco...

    —Se acabó, definitivamente se terminó. Ahora solo somos Maxwell y yo... Je, y seguramente, para mi maldita suerte, o porque realmente Agnes nos quiere hacer pagar por ser "Rebeldes". Porque su "ruleta" en realidad esta trucada para asustar al resto ya que el Hawk y Batará Carcajada están listos para aparecer, solamente es cuestión de que lo gire una vez más... Si es así, seré el próximo en ser elegido, y uno de los dos probablemente... Morirá—. Dije para mí mismo, importándome poco si me llegasen a escuchar. Solamente seguí ahí, en silencio.

    Si me tocaba pelear contra Shawn, que así sea... Ni hablar, así como él quiere vivir para proteger a Laila y al resto. Yo también quiero vivir, pero para ser libre... Aún, tenía tan estúpida esperanza en mí.

    ...

    Llegó Franklin, y seguía con su teatro, no le dí más importancia cuando Agnes nos miró un momento, aún seguía perdida. Así que bajó la palanca una vez más y la ruleta giró de nuevo. Poco a poco se iba deteniendo, el vacío que experimentaba me carcomía cuando se detuvo a otra extraña, una ¿"Lammergeier"?

    Voltée, Franklin, Aimi, Noah... Laila. No puede ser, es ella. Lo podía ver en su expresión. Su reacción, su dúo luchará a muerte, y conociendo a Agnes, los hará sufrir o si no es que hasta matar a ambos si no pelean como es debido.

    No lo soporté, no quería siquiera ver cómo Shawn vería aquel acto. Ya no me importaba nada, ya no quería nada. Yo dije que era débil y que este tipo de cosas no las soportaba, mi poca cordura se rompió y de la nada, con un impulso antinatural, sin control ya. Me levanté y grité:

    —¡AGNES! ¡Tú expresión en tu oficina delataba que no te convencía mi forma de ser! ¡Por eso me llevaste a Joker! ¡¿No es así?! ¡¡Agnes, escúchame!! ¡Llévame a mí en lugar de esa otra ave! ¡Llévame a mí! ¿Sabes qué..? Lo confieso... Yo fui el que dijo que quería hacer un grupo Rebelde. No fue Shawn fui yo... ¡Castígame a mí! ¡Si muero ahora mismo no me importa! ¡Estoy harto de ser un cobarde, de hablar por la espalda! ¡Te pido... Por favor, yo ser el que baje ahí a pelear contra el Halcón! Si muero, que más da. Yo se lo dije a él, prefiero morir a seguir aquí como un maldito animal...—. Le grité a Agnes con cierto tono retador, aunque los guardias no tardaron en golpearme y amordazarme en el suelo.

    No me importaba ya que estuviera ahí, suprimido. Que la gente me mirara como loco, que Agnes me enviara a Joker de nuevo... Ya no lo soportaba, la muerte sonaba cada vez más tentador a seguir aquí dentro...

    —Agnes, sé que quieres. Sabes perfectamente que no soy la clase de persona que te gustaría que fuera, pero si estoy aquí. Es porque probablemente sabes en lo que puedo convertirme... ¿No es así?—. Exclamé como pude, aún en el suelo.

    Experimentar cosas nuevas... ¿No, Franklin?
     
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