Catherine Whitman — Robin Ver que se quitara la corbata como un signo de que todo iba ir más y más en serio la obligó a concentrarse más de la cuenta, logrando por fin, por primera vez en toda la batalla apartarse antes de que esas guadañas tocaran su piel, volviendo a ganar una gran distancia sobre ella y sus peligrosas armas. —¡Esto es supervivencia, no un estúpido juego! —Y acompañada con sus palabras, sus látigos se dirigieron a la espalda de aquella chica, ambas ya tenian parte de su ropa destrozada pero en esos momentos, solo le importaba tratar de cumplir su promesa costara lo que costara. Vitalidad: 41 Hierro: 37
Agnes Astaroth Sus ojos carmín se deslizaron por las dos chicas que estaban dentro de la jaula. Ya estaban chorreando sangre... ¿quién lo diría? Irónica miró a la gradería, sonriendo al ver la expresión de Shade, ensanchándose su sonrisa cínica al ver a Noah. Oh, pobre pajarito. Una risa fresca se escapó de sus labios y miró de perfil al prisionero que acababa de llegar con ella. Lo había traído en partes iguales, siendo lo único que resaltaba la mejilla derecha roja por una bofetada que le dio en el auto, porque aquel hombre necesitaba ser amaestrado, por ella. —Que se siente al lado de la niña —ordenó con su melodiosa voz, haciendo referencia a Aimi mientras movía su largo cabello y les daba la espalda a los de las gradas, sentándose en el mullido sofá de cuero, cruzando su pierna derecha sobre la izquierda y llevando la copa de vino a sus labios, bebiendo del dulce sabor mientras su mano libre se aferraba al cuero, enterrando sus uñas para apaciguar su ira que se mostraba en parsimonia falsa. Necesitaban un castigo, todos, y ella se los daría, de manera personalizada. Hizo una ceña con la cabeza y uno de los guardas se acercó a ella. —Tráeme el dúo de la que caiga primero, tendrá asientos en primera fila —el hombre asintió con la cabeza. Las hileras han quedado de la siguiente forma: Segunda hilera: Franklin - Laila - Shawn - Galen Primera hilera: Shade - Balto - Aimi - Noah Hilera VIP/Asiento de cuero/copa de vino/frutas frescas: Agnes Astaroth Contenido oculto rhapsodic
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 25/100 Hierro: 38/73 Apretó los dientes al verla esquivando su ataque; se había escabullido demasiado rápido, y no le dio tiempo a girarse. Sintió un impacto contra su espalda, arrancándole un grito de dolor y obligándola a caer de rodillas al suelo. Respiró agitada, con los ojos clavados en la arena debajo de su cuerpo, viendo cómo se manchaba de carmín poco a poco. Esa niña... Esa maldita niña le estaba ganando. Se incorporó, con algo más de dificultad, y atacó con menos fuerza que antes. Comenzaba a sentir un potente frío que ralentizó sus movimientos y le nubló la mente por un breve instante. Mierda, estaba perdiendo mucha sangre. No podía perder, no podía morir. Tenía que vivir, joder. Tenía que vivir.
Catherine Whitman — Robin Volvió a cerrar sus ojos con fuerza ante aquel grito pero esta vez, procuró abrirlos rápido para no perderse ninguna clase de movimiento de su oponente, contemplando así el momento exacto donde se levantaba aquella colibrí, dandole tiempo de volver a cambiar de dirección, azotando con sus látigos esta vez el área de su cintura. Su cuerpo temblaba un poco, pero mantenía el agarre en sus latigos para tratar de no pensar en aquello. Vitalidad: 41 Hierro: 34
Balto Rossi. Pero qué malditas mierdas estaba pasando aquí, pensó, viendo cómo habían dos chicas luchando en una jaula, ya ensangrentadas, y el resto de las personas en la habitación yacían sentados como si esta fuera una función de cine. O quizás una imitación patética de las peleas romanas. Lo que le faltaba, estar rodeado de más locos desquiciados; como si haber estado en un auto con la mujer de ojos rojos no hubiese sido suficiente. —Habría preferido la silla eléctrica. Murmuró para sí mismo entre dientes, queriendo deshacerse de los grilletes en sus muñecas pero sin poder porque los condenados eran incluso más pesados e incómodos que las esposas que había tenido puestas antes de llegar aquí. Se las arregló para rascarse una oreja, lanzándole una mirada fulminante al guardia estúpido que le proporcionó un empujón hacia la fila en la que debía sentarse. Y entonces... oh, nonono. Como si su día no pudiera ir peor, ahí estaba Aimi, sentada junto a un chico que parecía que estaba pasándola aún peor que él (¿era eso posible?), de modo que el único asiento libre estaba entre ella y otro tipo rubio al que Balto no le lanzó una segunda mirada. —Eres como un puñal en mi costado, niña —Le dijo a Aimi una vez estuvo sentado al lado de ella, con los brazos al frente; las manos entre el espacio que sus rodillas abiertas dejaban, pues aunque estaba rodeado de posibles delincuentes psicóticos, Balto les haría saber que nadie iba a joder con él. Ni siquiera Agata. Su bolso lo había tirado sin interés en el suelo frente a él.
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 15/100 Hierro: 36/73 Connie abrió grandes los ojos, perdiendo poco a poco la compostura. Esa perra... había esquivado otro de sus ataques. Mierda. —Veo que finalmente te inspiraste, pequeña —farfulló, buscando mantener el equilibrio luego de recibir un nuevo ataque en sus brazos. El mundo comenzaba a girar en su cabeza—. Bien por ti. Se mordió el labio con fuerza, lanzando un grito de frustración al atacar con poca fuerza una vez más. —¡No voy a morir! —exclamó, desgarrando su garganta—. ¡No puedo morir! ¡No voy a hacerlo! Le quedaba poco tiempo, lo sentía en cada centímetro de su cuerpo. La impotencia y la rabia la consumían, lágrimas de enojo se le escapaban de los ojos. No podía, no quería dejar a Shade solo en aquel lugar. Se aferraba con fuerza y desesperación al deseo por sobrevivir y ver un nuevo amanecer. Pero necesitaba un milagro.
Catherine Whitman — Robin No escuches...no escuches... Ignoró cualquier clase de comentarios que salieran de la boca de su oponente, para este punto ya había comenzado de nuevo todo lo que le había indicado Noah, no se vio capaz de esquivar nuevamente y sus piernas sintieron aquellos cortes dados por la guadaña pero, cuando pudo alejarse, con su cuerpo temblando por toda la sangre que estaba perdiendo, volvió atacar. —Lo siento mucho... esto tiene que terminar...—Así, sus látigos volvieron a golpear su espalda para que no volviera a levantarse del suelo. Estaba jadeando, veía su cuerpo más pálido y las lágrimas ya comenzaban a deslizarse por sus ojos. Vitalidad: 32 Hierro: 26
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 15/100 Hierro: 34/73 A pesar de los mareos y el frío, la rabia que hervía dentro de sus venas le había conferido la fuerza necesaria para lanzarse a un costado, evitando así un ataque mortal. Respiró sumamente agitada, con los ojos abiertos como platos. Le había escapado a la muerte por demasiado poco. Se incorporó con dificultad. No sabía cuánto más podría aguantar así, pero jamás había sido una persona que se rinde antes de tiempo. Daría todo lo que tuviera, hasta el último golpe. Así le había enseñado Shade. Sus movimientos eran algo erráticos, pero aún así se las apañó para agitar su brazo una vez más, buscando dañar las extremidades de la chica con su guadaña.
Galen Rutonver Apenas pasaba algo de tiempo y simplemente me dejé recargar en la silla, estaba perdido. Mi mente estaba nublada, no quería nada. Solamente, dormir... Y no saber nadamás, no despertar nunca. Sin embargo... No fue que un extraño sujeto habló alterado que me hizo regresar y ver que sujetaba agobiado a una chica. Al estar confundido, miré a la pantalla... ¿Colibrí? ¿Qué diablos esta pasando? Miré alrededor, voltee a ver a Aimi. No parecía reaccionar ante lo sucedido... Al final, de alguna forma me deprimí tanto que volví a ausentarme, creo haberme percatado que Frank me miró pero ni a él le dí importancia... Tan sólo... En un momento dado, abrí los ojos y justo en ese momento la pantalla volvió a girar, seleccionando nombres e imágenes cuando se detuvo en otro... Petirrojo... ¿Y qué diantres es un Petirrojo? De pronto, a pesar de mi intuición me llegó tarde la respuesta... Esa bastarda de Agnes nos había puesto apodos... Batara Carcajada eso fue lo que me dijo a mí... Espera... ¡¿Porque diantres no estaba en la lista?! ¡¿Qué acaso no todos contábamos por igual?! P-Pero... ¡No lo entiendo! ¡No pude haberle agradado a Agnes, digo! ¡¡No hice realmente nada especial cuando hablé con ella!! No... Más que gustarme el evento sentí que el mundo se me venia encima... ¿Era posible? Seguramente... Y Agnes me tiene preparado algo muy especial, algo. Que sin dudas me convertirá en otra cosa... No evité volver a tomar mi misma posición de antes, agobiado, atónito. No sé cómo y ni me importa, pero cuando menos me dí cuenta. Extraños sonidos ya se estaban generando... Al mirar, cual resulta que dos chicas estaban peleando a muerte, una tenía unas guadañas tan grandes y amenazadoras que no me lo podía creer. Otra, unos látigos, recorriendo y atacando a una velocidad tal que me costaba ver lo que acontecía. No podía creérmelo, ¡Se estaban atacando a muerte! Tal era mi impresión que no pude ver como estaba el resto. Me quedé ahí, mirando... Como si aquél show me agradara. Pero no era eso, era horrible. Se estaban atacando pero... ¿Para qué? Cuando menos me dí cuenta, Agnes había hecho acto de presencia y otro preso había llegado... Ella nos miró de re-ojo pero no parecía la misma de antes, tenía algo distinto. Como si estuviera... ¿Molesta? ¿Pero porqué? Los gritos de las mujeres no se hicieron esperar, gritaban cosas como que no debían morir. Más que por su propia vida que por algún tipo de promesa hacia alguien. No pude evitarlo, tan sólo me quedé viendo la escena mientras Agnes disfrutaba del show. Maldita bastarda... Ahora lo entiendo, no me contestó la pregunta de la sangre porque llegaría este momento apenas llegando a la prisión. Pero... ¿Y yo qué? Por mucho que quise hacer algo... Jamás lo conseguí. Hice de todo para crear lo que pudiera pero siempre fue en vano. ¿Es que acaso soy un inútil? Maldita sea, como no ví al momento de que crearon sus armas... Probablemente y hubiera aprendido algo... Como sea, comencé a llorar en silencio. Tan solo esperaba que esas dos niñas que actuaban como auténticas psicópatas lo fueran por completo. ¿Aves de ese tipo y que sean así? ¿Pero y a esta maldita que le pasa? ¡¿Cual es su propósito?! Tan sólo me quedé agobiado, apretando tan fuerte mis puños que creo me hice sangrar, no podía de dejar de mirar a las chicas mientras seguía llorando e silencio... ¡¿Qué cuando me toque estar ahí?! ¡¿Qué haré?! ¡¿Cómo actuaré?! Si no he controlado mi sangre... ¡¿Cómo diantres voy a poder pelear?! Tan sólo... Dije en voz baja... - Ojalá y muera el que se la merezca... - Dije, mientras veía la batalla. No me podía dar cuenta, pero realmente me estaba devastando ver todo eso... Yo... No sería capaz de hacerlo, y no logro entender porqué mi apodo había sido omitido... Contenido oculto: asdasd Disculpen la ausencia... Tuve un grave problema personal y ya hasta hoy me liberé de nuevo u.u
Catherine Whitman — Robin De nuevo, no había logrado esquivar aquel golpe a tiempo, ahora con ese golpe le estaba costando más levantar sus brazos para mover aquel látigo, pero, su promesa estaba allí y aunque el desespero que sentía por dentro se delataba por las lágrimas que surgían por su rostro, no podía rendirse. Tenía que terminar. Y por eso, volvió a buscar golpear su pecho con aquellos látigos. Vitalidad: 23 Hierro: 18
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 15/100 Hierro: 25/73 Su mente reaccionó tarde, luego de que su cuerpo esquivara un nuevo ataque. El chispazo de adrenalina recorriendo sus músculos la había reactivado; cuando creyó que ya estaba todo perdido, veía un atisbo de esperanza. Una sonrisa inmensa se formó en su rostro salpicado por sangre, y clavó su mirada desviada en el petirrojo. —¡Anda, quién lo habría dicho! —exclamó, riendo, y se encogió de hombros—. ¿Cómo te sientes, pequeña? ¡Porque yo estoy de maravilla! Aprovechó la chispa de adrenalina para arremeter con todas sus fuerzas, apuntando directo a su corazón. No era nada personal, pero quería matarla. Quería matarla, porque la otra alternativa era su propia muerte. Y hoy, joder, hoy no sería el día donde Corianne Dubois pierda la vida.
Catherine Whitman — Robin No podía entender cómo su oponente volvía a sonreir con tanta fuerza y lanzarse tras ella como si todos los golpes anteriores no hubiesen existido en lo absoluto, estaba cada vez más mareada y sus pasos eran más torpes pero fue suficiente como para lanzarse hacia un lado, rodando un par de veces por el piso para esquivarla. Se obligó a levantarse lo más rápido posible y volvió a lanzar un golpe contra ella. No debía escucharla, debía volver con Noah. Vitalidad: 23 Hierro: 15
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 15/100 Hierro: 16/73 De alguna forma, sentía que su energía lograba aplastar la de su contrincante. Ambas estaban débiles, cansadas y mareadas, pero Connie sonrió aún más amplio al detallar la expresión desencajada de la chica frente a ella. Seguro no lo entendía, ¿eh? No entendía cómo podía demostrar alegría en una situación así. Sus látigos se acercaron de vuelta, esta vez con menos fuerza, y Connie logró predecir su trayectoria y esquivarlos exitosamente. Una risa brotó de su garganta y ni siquiera se esforzó en contenerla. —Te lo dije, cariño —murmuró, respirando agitada—. No hablamos el mismo idioma. Se lanzó sobre su contrincante una vez más, sintiendo un frío atroz recorrerle el cuerpo, pero con la energía y decisión de los últimos ataques. Acabaría con eso allí y ahora. No sería ella la que caiga en ese condenado juego.
Catherine Whitman — Robin Frio. Tenía mucho frio. Estaba tan ida que esta vez le era completamente imposible escuchar lo que había dicho, tan solo vio su sombra moverse hacia ella y sin pensarlo demasiado dio una especie de salto hacia atrás, agarrandose de la barra para no caer, estaba demasiado cansada. Caminó para tratar de tomar distancia y asi, atacó una vez más. Vitalidad: 23 Hierro: 7
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 0/100 Hierro: 16/73 Haber propinado su último ataque le drenó las fuerzas de golpe, como si aquello solo hubiese sido un acelerador temporal. El mundo comenzó a tornarse negro a los costados de sus ojos e intentó mantener el equilibrio, pero un fuerte latigazo en su espalda la sacudió por completo y sus piernas la traicionaron. Cayó de bruces al suelo, levantando una polvareda, y sus manos ensangrentadas se aferraron a pequeños puñados de arena al tratar de arrastrarse. ¿Para qué? No lo sabía, sólo le resultaba inconcebible rendirse. Se dio cuenta que comenzaba a perder la concentración, y con ella, las guadañas en sus brazos se deshicieron. Connie apretó los dientes, frustrada, cansada, con lágrimas de rabia en los ojos. Intentó alzar la vista, pero no pudo. Su cabeza impactó contra el suelo y sus manos relajaron el agarre, mientras sentía una oleada de descomprensión en el cuerpo. Sus ojos alcanzaron a apreciar la figura de Agnes, gloriosa en el sofá de cuero, sosteniendo algo que parecía ser una copa de vino; y, más atrás de ella, Shade. Shade. "Lo siento", fueron las palabras insonoras que brotaron de sus labios, antes de que el mundo se le fuera a negro. Lo último que se dibujó en su mente fue el recuerdo de su padre, tan sonriente como siempre, invitándola a darle un cálido abrazo. Lo siento...
Catherine Whitman — Robin La colibrí finalmente había caído y con eso, sus piernas finalmente cedieron contra su peso, los látigos habían desaparecido y ahora sus manos estaban sobre el suelo, tamblaba y su respiración estaba bastante agitada, volvía a sentir sus lágrimas recorrer por sus mejillas. Trató de colocarse de pie un par de veces para acercarse a su oponente pero no lo consiguió. ¿Estaría muerta? ¿La había matado? Dirigió su vista hacia la puerta, luego a Agnes y finalmente donde se encontraba Noah, había cumplido su promesa, regresaría con él, todo estaría bien, ¿no? Gateó con lentitud hacia una de las barras de aquella jaula que por suerte no se encontraba tan lejos y abrazandose a una de estas comenzó a levantarse del suelo. ...Por favor no estes muerta... —Lo lamento mucho...tenía que regresar...—murmuró aunque dudaba que alguien la hubiese escuchado, quería que se abrieran las puertas, quería que Noah la abrazara para intentar deshacerse del frio que tenía su cuerpo, quería que todo eso terminara.
Noah Briggs ~ En el momento en el que se habían llevado a Cathy, Noah se había levantado de su asiento como si fuera un resorte, a modo de reflejo, solo para que lo volvieran a sentar de un manotazo en el hombro. Todo ahí era un recordatorio tras otro sobre cómo ninguno de los allí presentes tenía ninguna clase de poder de decisión, sobre cómo eran simples peones para divertir a las mentes más retorcidas. Sentía ganas de vomitar sus propias tripas. La garganta le ardía de aquel episodio de pánico que aún no acababa de superar y el estómago le dolía como si lo hubieran usado de saco de kick boxing. Sus ojos se sentían húmedos por las lágrimas que no quería dejar salir y el poco orgullo que le iba quedando se hacía más y más pequeño, hundido en una habitación oscurecida por incertidumbre. No bien oyó los gritos de Cathy y aquella otra chica apoyó los codos en sus rodillas y se tapó los oídos con sus manos. Cathy le había pedido que no mirara lo que estaba pasando y él no tenía fuerzas siquiera para dignarse a escuchar. ¿Cuándo se había vuelto tan débil? —Ella prometió que volverá —se susuró a sí mismo, con la vista clavada en una felpa en el suelo, la única que se podía divisar en aquel espacio tan pulcro que nada tenía de similar con aquella arena siniestra hacia donde se habían llevado a Cathy—. Cathy volverá. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que se la habían llevado, pero sí sabía que se estaba odiando a sí mismo. Cathy estaba peleando por su vida y él estaba ahí sentado en aquel lugar, incapaz de respirar a un ritmo normal. Cathy volvería a él, tenía que confiar en ella. Pero fuera como fuera ya nada sería igual. Tendría que deshacerse de su contrincante, y conociendo a Cathy, aquello iba a comérsela por dentro.
Galen Rutonver No podía creerlo... Se acabó... Una de las chicas que se apodaba Colibrí cayó rendida al suelo, incapaz de hacer algo más. Su sangre dejó esa forma de guadaña simplemente para determinar al vencedor... La Petirrojo. Estaba en shock. No me podía creer lo que sucedía, al final... Parece que esa otra chica estaba loca de remate... Menos mal que fue ella entonces la que cayó. Con Agnes presente no creo que hacer amistades ni alianzas aquí sea lo mejor. Pero, tal vez. Intentarlo... No perdería nada... - Así que... Esto... Es... El maravilloso mundo... El juego, de Agnes Astaroth. - Me dije, sin poder quitar los ojos de encima de la otra chica que apenas si se podía sostener en pie. Era increíble ver el tremendo daño que tenía encima y aún poderse sostener. Al final simplemente cerré los ojos y me calmé. No quiero estar aquí, no debo estar aquí. Pero... No hay de otra. Tan sólo... Espero no convertirme en un monstruo cuando me toque estar ahí abajo como seguramente será. Llegará el momento... Lo sé... Tan sólo espero poder controlar mi sangre a tiempo, saber qué hacer y. Tal vez, manipular la situación... No podía pensar en nada, me sentía desconectado de mis instintos, de mi mente. Me quedé como un saco de lo que fuera ahí. Inerte, con una mirada vacía y fría. No podía cavilar lo que observaba... No me estaba dando cuenta, pero ver todo eso. Me había afectado más de la cuenta...
Shade Mcartty. Toda la paz que había sentido al principio simplemente se le drenó del cuerpo. En cuanto el piso comenzó a ser manchado por la sangre de Connie la desesperación, la ira y la impotencia tomaron control de su cuerpo. ¡Maldita sea! ¡Maldita sea! La sonrisa de Connie estaba allí puesta en su rostro. Pero veía como su cuerpo temblaba. Se sentía malditamente orgulloso de ella. Su visión se tornó borrosa en el momento que por unos segundos de debilidad el corazón se le detuvo. Su maldito corazón parecía haber muerto en el momento que su cuerpo frágil se desvaneció en la arena. -¡Corianne! -gritó con toda la fuerza de sus pulmones- ¡Despierta, despierta! Se puso de pie y en el momento que el guardia se acercó a él para empujarlo. Lo agarró con la cadena de las esposas rodeando su cuello apretándolo hasta verlo ponerse morado. Más guardias vinieron a su ayuda. Quitándole al tipo medio muerto de las manos. Y obligándolo por la violencia y palos a sentarse nuevamente. Los labios le temblaron... Su cuerpo seguía allí sin moverse... Los mataría a uno a uno sin compasión. A cada uno.
Agnes Astaroth Se levantó del asiento y al ver la conducta de los guardas sobre Shade meneó la cabeza en sentido negativo. Los hombres lo sujetaron de los hombros y lo bajaron gradas abajo en arrastres y empujones. Agnes le acarició la mejilla y se acercó al lóbulo de su oreja derecha, susurrándole con suavidad para que nadie más escuchase. —Quédate quieto observando, para tu madre, Shade —sonrió con malicia y sujetó la bata de médico que le extendían, indicando que sacaran a Cathy y la sentaran al lado de Noah, que observara el espectáculo junto al resto. Por fin haría lo que le gustaba, a fin de cuentas era una cirujana, porque de abogada no tenía nada. Sus tacones resonaron al llegar dentro de la jaula. Deslizó sus ojos al ver cómo cargaban a Connie y la sentaban sobre una camilla, saliendo un oso gigante del suelo con una pantalla en donde debería ir el rostro del mucho, encendiéndose. Su mano derecha se posó en la palanca y sus mejillas ardían por lo ansiosa que estaba. Ordenó que la despertaran con un balde de agua helada al caer noqueada, y así lo hicieron. Posó por un instante sus ojos carmín en los ojos de Shade. —Es el primer encuentro entre cadáveres, seré bondadosa con ellas —advirtió jalándola palanca hacia abajo—. No habrá segunda vez en cuanto a esto— comentó refiriéndose al resto. Los instrumentos quirúrgicos fueron preparados y la jaula esterilizada por personas disfrazadas de muñecos de felpa, tal y como en el parque de diversiones. Llegó a ella y la miró a los ojos, esperando que la máquina se detuviese en una de las opciones disponibles. Máquina de la suerte: 1. Ojo derecho. 2. Ojo izquierdo. 3. Costilla derecha. 4. Costilla izquierda. 5. Apéndice.