Catherine Whitman Era poco decir que su corazón estaba hecho pedazos de ver a Noah de esa forma, era fácil notar cada gramo de preocupación, miedo, pánico que sentía en esos momentos y no poder ayudarlo a simplemente deshacerse de todo eso de golpe porque no iba a poder quedarse allí para apoyarlo, tranquilizarlo y demás la lastimaba mucho. Quería tan solo quitarse los grilletes para poder abrazarlo por completo y tratar de acurrucarlo en ella para que supiera que allí estaba para él y no se iría de su lado, pero eso no se podía en lo absoluto, no podía pegarlo a ella porque sería peor en el momento que tuviera que abandonarlo para entrar a esa jaula, tan solo... podía brindarle su tacto y confort de aquella manera. —Claro que lo hace, Noah...—Tuvo que controlar un poco su voz para que no sonara tan rota y tomar pequeñas bocanadas de aire para que sus ojos no se aguaran por lo que acababa de decir —, ese es mi mayor deseo, se que estarás aquí. —Repartió pequeños besos por todo su rostro con una pequeña sonrisa, todo era demasiado dificil, no le gustaba nada aquella situación y tener que controlar su voz acompañado de no querer que sus ojos se llenaran de lágrimas era demasaido complicado. —Te amo, sigue respirando... vamos a tranquilizarnos un poco...
Shade Mcartty. Petirrojo. Agarró a Connie, dándole una cachetada que dejó su mejilla enrojecida. Haciéndola centrarse. —No es tiempo para ser psicótica, Corianne. —Resopló furioso—. Mata a cualquier maldita persona que intente matarte, punto. Mientras que no sea un hombre, llevas las de ganar cariño, así que, centrada. Realmente creía lo que estaba diciendo. Ningún tipo decente le pondrían Petirrojo de apodo, así que esperaba con cada fibra de su ser que fuese una mujer. Connie destrozaría a cualquier chica. Tenía fe en ella y en que podía ser una verdadera víbora cuando quería. Necesitaba que lo fuera ésta vez, no quería ver como su vida se extinguía frente a sus ojos. —Y al que te mate... lo mataré por ti, cariño. Lo juro. —Le prometió.
Connie Dubois La ruleta había comenzado a sortear de nuevo, pero Connie no estaba prestándole atención; hasta que Shade la sujetó por el hombro, alzando su cabeza, y le giró el rostro de una cachetada. Había dolido como la mierda, pero su mente se había silenciado. Sus ojos se encontraron con la pantalla brillante: petirrojo. "No es tiempo para ser psicótica, Corianne. Mata a cualquier maldita persona que intente matarte, punto. Mientras que no sea un hombre, llevas las de ganar cariño, así que, centrada." Sus palabras le indicaban claramente que él no era el petirrojo, y una oleada de alivio se esparció por todo su cuerpo. Si hubiese tenido que pelear contra Shade... ni siquiera quería imaginarlo. Su promesa, entonces, la devolvió por completo a la realidad. Vio al muchacho a los ojos y apretó los labios. No quería que matara a nadie, pero sabía que esa era su forma de canalizar. Siempre la había sido. Alcanzó su mano, para darle un apretón, y asintió con la cabeza. —¿Qué ave eres tú? —murmuró, luego de carraspear la garganta para hablar con mayor propiedad. Detrás de Shade, advirtió la conmoción que parecía haber entre dos personas—. Esa es... la psicóloga de turno, ¿verdad? La que se está abrazando con un chico. Tragó saliva y frunció el ceño. No sabía decir quién era el principal damnificado de todo eso, pero el muchacho al menos se veía bastante inofensivo. Peor habría sido el loco de la máscara. Los guardias habían comenzado a acercarse a ellos, los percibió por el rabillo del ojo. Una nueva oleada de nervios hizo que le temblaran las manos, sintió el estómago duro como una piedra, pero ya no podía hacer nada. Le dio un último apretón a las manos de Shade antes de incorporarse de golpe y girarse hacia los tipos. —¿Y bien? ¿Pretendían pedir permiso? —escupió, altiva—. Vamos, no los haré esperar. Hoy amanecí ligeramente amable.
Shade Mcartty. A medida que su mano se iba soltando de la de él la ansiedad y la presión se apoderó de él. Debatiéndose en si levantarse y jalarla hacia él y romperle el cuello a cualquier guardia que se acercara. ¿Pero qué tan lejos llegarían atados y esposados? Su mano quedó vacía, fría. —¡Soy el cuervo, Connie! ¡Sobrevive, maldita sea! —gritó, para que ella le escuchara, eso hizo que se ganara un golpe de uno de los guardias que lo sentó nuevamente en su sitio. Necesito un dulce, necesito un maldito dulce. Comenzó a despotricar en voz baja. Se centró a sí mismo, como le recomendó a Connie... Ella tenía razón, al parecer era la psicóloga de turno. Eso le dio una ola de alivio... realmente esa chica era lo mejor que le podía tocar.
Noah Briggs ~ No podía evitar sentirse como e fracaso más grande del planeta. Se suponía que él tenía un juramento firmado en algún lugar de pasado en donde especificaba que él debía estar ahí para Cathy, que debía ser su fuente de todo lo que ella necesitara. Y ahora lo único que estaba dándole a Cathy era un crío llorón y nervioso y se odiaba por eso. El sentimiento se hizo de plomo en su estómago, y se sentía tan pesado que las rodillas le temblaban aún estando sentado. No te derrumbes, Noah. No frente a Cathy. En cualquier otro momento no habría hecho nada en su poder para detener los besos de Cathy, y aunque en ese momento se sintieran como se sentiría la paz si fuera algo tangible, no podía dejarse llevar por su propio egoísmo. No era momento de ser un crío llorón. —Y-yo te esperaré aquí y e-estaré bien —le dijo, tomando sus manos, buscando su meñique. Todo se sentía más real con una promesa de meñique—. Tú b-bajarás y estarás bien. Y yo n-no miraré. Era lo único que ella le había pedido, así que, ¿cómo podía olvidarse de eso? Le sonrió de vuelta y fue la sonrisa más difícil de su vida. Tuvo que pelear contra los mil espasmos que recorrían su cuerpo a la velocidad de mil rayos y centellas combinadas, pero fue una sonrisa sincera. La última gota de tranquilidad que le quedaba en el caos que era él en esos momentos tenía que dársela a Cathy, fuera como fuera. El momento se acercaba, y con ello más pesado y nervioso se sentía su corazón. Vaya ironía, porque si todos ellos eran pájaros enjaulados, su corazón, encerrado en la jaula de su pecho, parecía latir con suficiente violencia como para salir disparado. Pero al menos uno de los dos podría ser libre si así lo hiciera. —Cathy —la llamó, serio, con la voz quebrada de tanto hiperventilar, de la tensión en los músculos de su cuello que pretendían estrangularlo en nombre del pánico—. L-la gente arrinconada dice cosas para s-sacarte de ambiente. —Hizo una breve pausa, mirando cómo venían a buscar a aquella otra chica, y Noah sintió más fuerza en el agarre de sus meñiques que en el resto de su cuerpo cuando escuchó pasos aproximándose detrás de ellos dos. Ya venían por ellos—. No escuches nada de lo que te diga. R-recuerda que eres Robin, and you kick ass. Sonrió de nuevo, y se permitió recordar, por un segundo, su verdadera naturaleza para con Cathy. —Y yo te amo con la intensidad de mil soles, mi dulce magdalena. Era un tonto. Un simple tonto que se pasaría los próximos minutos, horas o lo que fuera, repitiéndose a sí mismo que Cathy estaría bien e iba a volver a él en una pieza. Si se lo repetía lo suficiente quizás podría llegar a creerlo, y quizás su propio cuerpo se daría por vencido en querer asfixiarlo a base de ansiedad.
Catherine Whitman No pudo evitar que una de sus lágrimas se escapara cuando sintió que tomaba su meñique en busca de hacer una promesa, la promesa que si salía bien, mantendría la paz en él y la dejaría disfrutar de su sonrisa de nuevo, de aquella compañía, de esos gestos que siempre lograban enternecerla. —Pateare traseros y no escucharé nada... —Suponía que esa era parte de la promesa que ahora tenía que hacerle, y que con obvias razones trataría de cumplir sin lugar a dudas, un Batman siempre necesitaba a su Robin y Robin siempre pateaba todos los traseros que pusieran en peligro a aquel murciélago. Y si ese peligro era no salir de allí, su cabeza solo estaría concentrada en tener que volver, incluso si era algo horrible de hacer. Una pequeña risa, la última que probablemente escucharía ese día al escucharlo decirle de esa forma, solamente a él se le hubiera ocurrido decirle de esa forma en esos momentos, volvió a darle un beso después de asentir con algo más de decisión y se levantó antes que los guardias la obligaran a hacerlo para caminar con la mayor tranquilidad que su cuerpo le dejaba, aunque sus manos seguían temblando un poco. ... Salir, volver a Noah, patear traseros, no escuchar nada... Tenía una misión clara y haría lo posible para cumplir. Terminó frente a la jaula, donde le retiraron sus grilletes y terminaron cortando el centro de las palmas de su mano, arrancandole un quejido de dolor que no pudo contener antes de meterse en la jaula y tomar posición en una mitad de esta, tenía sus manos ligeramente cerradas para evitar que saliera mucha sangre de estas hasta que se formaron una especie de látigos, dando la impresión de que sostenía el mango con sus palmas. Vitalidad: 100 Hierro: 73
Connie Dubois Al escuchar la voz de Shade, se giró brevemente y alzó el brazo en el aire, dedicándole a la distancia una de sus características sonrisas. De alguna forma, pretender frente a él que todo estaba bien la ayudaba a no enloquecer; aunque dos segundos más tarde, cuando volviera la vista hacia adelante, su cuerpo empezara a temblar otra vez. Los guardias le propinaron un pequeño empujón cuando llegó a la puerta derecha de la jaula, ingresando a un pequeño recinto de barrotes metálicos. Una vez allí dentro, sus muñecas fueron liberadas de los grilletes y uno de los hombres, sin explicar ni avisarle nada, la sujetó por detrás mientras otro desenvainaba una navaja y realizaba dos cortes limpios a lo largo de sus antebrazos. Connie soltó un grito de dolor y quiso patearlos, pero la diferencia de fuerza muscular era muy grande. Luego de forcejear un rato para evitar perder la hombría, se retiraron y la dejaron allí dentro. Aquel último acto la había llenado de enojo. ¡Malditos hijos de puta! ¿Quién mierda se creían que eran? ¿Por qué la herían así antes de un jodido combate a muerte? El aire entraba y salía de sus pulmones con fiereza, y se giró hacia enfrente, viendo cómo su contrincante ingresaba también a la pequeña jaula de la izquierda. Una vez ambas dentro, las liberarían en la arena de combate. Putos enfermos con su puto morbo por los coliseos modernos. —Vamos, cariño —farfulló, comprimiendo los puños para mitigar el dolor de sus antebrazos. La sangre caía a ambos lados de su cuerpo—. Necesito desahogarme con alguien.
Catherine Whitman Finalmente se encontraron ambas frente a frente, sus manos temblaban moviendo ligeramente los látigos que se habían formado sin que lo hubiera querido, ver como a la colibrí le cortaban una porción más grande de su cuerpo la asustaba un poco, si a ella le habían dolido los cortes de sus manos, no quería ni siquiera imaginar lo que a su oponente le había dolido aquellos cortes. Como una mala señal para ella, noto como su oponente estaba algo más segura eb cuanto a la batalla, incitándola a dar el primer golpe. Respiro profundo, tratando de concentrarse, no debía escuchar, pero, si tenía que intentar dar el primer ataque. —Lo siento mucho... —Murmuró moviendo uno de sus látigos con velocidad, golpeando realmente una parte que creía que no le haria mucho daño. Vitalidad: 100 Hierro: 70
Connie Dubois Vitalidad: 90/100 Hierro: 71/73 Cuando la batalla dio comienzo, Connie se adelantó dos pasos dentro de la arena, dispuesta a atacar. Las palabras de Shade reverberaban en sus oídos y estaba preparada para seguir sus indicaciones al pie de la letra. El petirrojo, sin embargo, poseía unos largos látigos que la alcanzaron antes de que pudiera contrarrestarlos. Impactaron contra sus piernas, provocándole varios cortes poco profundos. Connie apretó los dientes ante el dolor, pero no se dejó amedrentar por éste. Una furia incalculable hervía en su sangre, sangre que seguía cayendo a raudales de sus antebrazos. El único pensamiento que gobernaba su mente era el deseo de ganar, ganarle a esa chica, sobrevivir. Enfocada en eso, sintió una extraña energía alrededor de sus extremidades. Sus ojos se abrieron grandes al advertir cómo su sangre comenzaba a endurecerse, conformando dos filosas cuchillas en sus brazos. Recordó el misterioso poder de esa chica, los látigos que salían de sus manos, y una sonrisa se dibujó en sus labios. Ahora comprendía por qué los guardias la habían rebanado. Mierda, al final tendría que agradecerles, ¿eh? No entendía un carajo de lo que estaba pasando, pero sus guadañas le gustaban más que aquellos látigos. Se veían más brutales, y estaba dispuesta a darles buen uso. Clavó su mirada en el petirrojo y echó a correr hacia ella, abalanzándose con la guadaña en el momento justo para propinarle un ataque. Una extraña adrenalina había comenzado a recorrerle el cuerpo y le sonrió a la chica. —¿Vamos a jugar? —murmuró, con una nota de peligro en su tono de voz.
Catherine Whitman — Robin No había más que decir con respecto al arma que había brotado del cuerpo del Colibrí, unas guadañas que parecían ser lo suficientemente intimidantes para preparar sus piernas en caso de que decidiera acercarse mucho a ella. Tenía el corazón a mil de solo ver cómo el rostro de aquella chica parecía estar más emocionada por hacerle daño de lo que ella tenía en realidad, lo podía ver en su mirada y en la forma en la que ella le estaba hablando como si fuera todo un juego, como si no hubiese un posible gran daño detrás de cada ataque. Y pensar en todo eso, logró que aquellas cuchillas cortaran de forma poco profundas sus brazos, arrancandole unas quejas de dolor antes de que pudiera ganar terreno de nuevo, volviendo a alzar sus látigos para golpearla, tratar de mantenerla alejada de ella. —¡Esto no es un juego! Vida: 91 Hierro: 67
Contenido oculto te voy a robar la idea uwuwuw Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 80/100 Hierro: 69/73 Sus cuchillas alcanzaron la carne de la chica; no por mucho, pero suficiente para hacerla sangrar un poco. Se le notaba la preocupación en el rostro, y Connie supo que debería aprovecharse de ello para adquirir ventaja. Luego de arremeter, se esforzó en retroceder lo más rápido posible; pero aquellos látigos eran finos y rápidos, más rápidos de lo que le habría gustado, y alcanzaron la piel de sus brazos una vez más. Soltó un improperio por lo bajo, deteniéndose un segundo para llevarse una mano a la zona herida, y estiró un poco el cuello al oírla hablar. No le quedaban dudas que era la psicóloga de turno. —¿Que no es un juego? Puede ser —le concedió, caminando alrededor de ella—. Pero, ¿por qué no intentas verlo como tal? Será hasta más fácil y todo. ¡Mira! El hecho de poder controlar su propia sangre era indescriptible, como si hubiese adquirido un sexto sentido. Era un dominio sutil e imposible de poner en palabras, pero muy vívido y real. Como si la sangre se hubiese convertido en una extensión de su cuerpo, con músculos y terminales nerviosas. La idea de tener un superpoder la había extasiado casi tanto como a una niña pequeña. No parecía tratarse realmente de una lucha a muerte para ella, ya no. Sus piernas avanzaron con velocidad hacia el petirrojo, y agitó ambos brazos delante de su rostro, cortando el aire con sus guadañas. Quería jugar más, mucho más con su nuevo juguete; y para eso, no podía morir.
Shade Mcartty. Estaba impactado. Al principio había sentido todo su cuerpo tenso en el momento que el guardia la había cortado y Connie le había lanzado esa sarta de maldiciones. Nadie pensaría que una chica tan delicada podría maldecir tan bien, pero era un gusto adquirido por la práctica con él. Pero cuando su sangre se endurecció y aparecieron esas enormes cosas... se quedó clavado en el asiento, como hipnotizado viendo aquello. La jaula era una arena de batalla. Ahora todos los pasos hasta ahora tenían al menos sentido. La jaula, el sorteo. Era incluso algo bizarro. Apretó los puños mientras sus ojos se mantenían fijos en cada movimiento de su hermanastra.
Catherine Whitman — Robin Ahogó un grito al apretar sus labios cuando vio aquella decisión con la cual se había lanzado hacia ella, aunque aquel quejido de dolor cuando aquellas cuchillas volvieron a hacer cortes a sus piernas en su intento de salir de allí cuanto antes. Sus piernas no estaban respondiendo lo suficientemente rápido como para alejarse de la longitud de aquellas grandes guadañas que colgaban de sus brazos, realmente no podía entender la razón de diversión del asunto, estaban teniendo una supervivencia, no un juego donde al final del día podrían actuar como si nada hubiese pasado. Pero si ella quería verlo como un juego, quizás, debería dirigir su ataque de esa misma forma. —...B-Bien, será así entonces...incluso aunque yo no quiera. —Esta vez, ambos látigos se movieron al mismo tiempo, impactando en el pecho de la chica con la esperanza de que así pudiera alejarse de ella. Vitalidad: 82 Hierro: 59
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 65/100 Hierro: 60/73 Bueno, quizá el aliento se le había ido un poco de las manos. No esperaba que esa niña tan insegura y temerosa fuera capaz de agitar sus látigos con semejante determinación, pero ya comenzaba a hacerse una idea de la persona a la cual se estaba enfrentando. Connie soltó un grito cuando sintió un dolor ardiente en medio del pecho, y se encorvó apenas por instinto. No se llevó una mano a la zona herida, ni siquiera intentó mirarla. Sus ojos permanecían fijos en el bonito petirrojo ante ella. —Anda, cariño. Ahora sí estamos hablando el mismo idioma. Más que asustarla o debilitarla, aquel ataque le había subido la adrenalina al tope. Sintió una energía ridícula en las piernas y velozmente se lanzó sobre ella, orientando su guadaña directo hacia su abdomen.
Catherine Whitman — Robin Contuvo la respiración al escuchar aquel grito provocado por el ataque que había hecho, sintió incluso un escalofrio recorrer su espina, no era un sonido nada agradable para ella, pero tenía que mantenerse firme, tenía que pelear con su vida para volver con Noah, por mucho que eso implicara hacer cosas que no consideraba correctas. De nuevo, sus piernas no lograron esquivar a tiempo el ataque y el mismo grito que su oponente salió de sus labios al sentir cómo cortaba su abdomen con aquellas cuchillas, terminó moviendose hacia el otro lado de la jaula, encorvada agarrando su abdomen por el dolor, era horrendo. Comenzaba a tener mucho frio. —L-Lamentablemnete lo hablamos.... —Y de nuevo, volvió a golpear. Vitalidad: 66 Hierro: 56
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 65/100 Hierro: 51/73 Sus pies se detuvieron y se permitió recobrar el aliento cuando advirtió que su ataque había tenido éxito. Unas pocas gotas de sangre le habían salpicado encima, y se las limpió con el dorso de la mano mientras el petirrojo retrocedía y se sostenía la herida, adolorida. Connie sonrió debajo de su mano; allí venía un nuevo ataque. Pero la muchacha se había desconcentrado un poco y el movimiento de sus látigos fue más lento de lo usual. Connie se lanzó hacia un costado, utilizando sus manos para caer en el suelo y, luego, para impulsarse hacia arriba. Conque hablaban el mismo idioma, ¿eh? —¿Estás segura de eso? Porque yo creo que aún no. Era su momento, no podía darle ni un segundo de descanso. Avanzó y atacó nuevamente, sintiendo el aire frío bañar su piel expuesta y sus heridas ante el movimiento. Ya había cortado su abdomen, ¿quizá podría probar con su pecho?
Catherine Whitman — Robin Había fallado, sus látigos habían fallado y eso solo dió oportunidad para que ella pudiera tomar nuevamente terreno, hiriendo esta vez su pecho y arrancandole otro grito de dolor, de forma torpe se alejó de ella con su respiración acelerada, se sentía algo mareada y comenzaba a entender la razón por la cual tenía tanto frio. Cerró sus ojos con fuerza, pidiendole perdón a Noah en silencio por no poder hacer un mejor trabajo. —¡Estoy tratando! —Estaba desesperada, intranquila, adolorida, pero aun así, volvió al ataque con sus látigos. Vitalidad: 50 Hierro: 53
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 55/100 Hierro: 49/73 La sensación de desgarrarle el pecho se vio rápidamente amalgamada con el dolor propio de sus látigos, hiriéndole aún más las piernas y brazos. Tenía pequeños cortes llovidos a lo largo del cuerpo, de los cuales brotaba algo de sangre. Pero no le dolía realmente, no era algo que la detuviera. Sentía una energía avasallante. —¡Inténtalo con más ganas! —exclamó, lanzándose sobre ella.
Catherine Whitman — Robin Vitalidad: 41 Hierro: 45 Sintió el golpe su hombro pero, ahora que ya había sentido como su piel era abierta por aquellos otros dos ataques, ni siquiera salió algo de sus labios, tan solo apretó un poco más sus látigos en sus manos. Respiró profundo y volvió a agitar aquellos látigos para intentar golpearla en el estómago. No quería caer, no todavía. —¡No es tan simple!
Connie Dubois — Colibrí Vitalidad: 40/100 Hierro: 40/73 Anda, ese había sido un golpe fuerte. Un grito se le escapó de la garganta al sentir la fuerza del látigo contra su carne. La ropa comenzaba a rompérsele, pero no le importaba una mierda. Se alzó frente a la chica, quitándose la corbata dañada para lanzarla con fuerza al costado. —¡Entonces mira y aprende, niña!