Noah Briggs ~ Terminó por apoyar la mejilla en la cabeza de Cath, siendo capaz de sentir toda la calidez de su cuerpo a través de su hombro. Había algo sumamente reconfortante en tenerla ahí cerca de él después de haberla extrañado tanto; los nervios y las emociones habían agotado cada gota de su energía y su cuerpo le pedía a gritos descansar. Ahora, junto a Cathy, podía descansar. Cerró los ojos, dispuesto a entregarse al agotamiento de haberla echado tanto de menos. Intentó, por supuesto, mantenerse despierto, porque por mucho que los músculos tensos y su mente abrumada de emociones se lo estuviera pidiendo, él tenía que ser terco. Parpadeó más de una vez, con los párpados pesados y cada vez menos dispuestos a abrirse, y justo cuando quiso contestarle algo a Cathy, entró en ese limbo entre estar dormido y despierto; dejó de apretar su mano, sin dejar de sostenerla, perdiendo la fuerza de de su agarre, perdiendo la capacidad de controlar su propio cuerpo. Y por unos segundos, Noah se rindió al cansancio y se durmió. Pero por supuesto que nada podía ser tan bueno, por más cercano al paraíso que se sintiera. Si bien estaba listo para dormir como si tuviera que hibernar por tres meses, su subconsciente era inteligente y sabía que no podía bajar del todo la guardia. Bufó al escuchar el movimiento de los guardias, terminando por abrir los ojos y levantar la cabeza. Una pantalla frente a ellos se iluminó de tal forma que cegó sus ojos por unos instantes. Le costó trabajo leerlo, pues ahora además de cansado también le picaban los ojos. Volvió a apretar el agarre de la mano de Cathy, sosteniéndola tan firme como antes de su diminuta siesta, y cuando su campo de visión dejó de estar más más borroso que el espejo del baño tras la ducha, por fin pudo leer lo que decía frente a él. 'Colibrí' Sinsonte. —¿Agnes te dio un nombre, Cathy? —le preguntó, girando su rostro para verla, despierto como si le hubieran echado un balde de agua helada—. Un nombre de pájaro. No sabía qué carajo se suponía que significaba que los estuvieran llamando, pero algo en sus tripas le decía que no podía ser nada bueno. Que Cathy no fuera ese colibrí, por amor a todo lo bueno en el mundo.
Shade Mcartty. No hizo más que reírse ante el arrebato de su hermana. Estaba completamente acostumbrado a ellos, por lo cual no le tomaba por sorpresa, ni siquiera lo intimidaba. Suspiró por un momento, decidiendo qué decirle a Connie, después de todo. Siempre eran completamente abiertos el uno con el otro, era la única verdad en sus vidas de mentiras. —No, no tengo más información, salvo lo suave que son esas enormes cosas —admitió, dejando ir cualquier duda de ventaja que pudiese tener sobre ella. Se giró inmediatamente ante el movimiento, la pantalla bajando lentamente y el guardia acercándose a ella. La pantalla se encendió y eso captó su atención. Cuando el primer nombre fue puesto, grande y brillante, automáticamente su cerebro volvió a la conversación en aquella oficina. Cuervo, así que por el momento, no era el primero en aquel juego estúpido. Lo que resultaba ventajoso, dado que, podrían examinar lo que realmente tenían planeado para ellos, y estar mejor en el contraataque. Se acomodó aliviado en el asiento, con más confianza en lo que sería su futuro. —Menos mal no somos los primeros, podemos aprovechar esa ventaja. ¿Qué apodo te dieron a ti, "Barbie"? —Se rió de su propio chiste, girando nuevamente su atención hacia su hermana.
Catherine Whitman No le importó mucho más aquel ambiente extraño que la rodeaba una vez que sintió como Noah se acomodaba en ella, sentirlo relajarse solo le contagiaba esa tranquilidad en ella, permitiéndole centrarse en acariciar sus manos de forma cuidadosa y amable, tratando de mantener a ambos con la cabeza distraída aunque fuera por pequeños momentos. Con él, no había forma de que no se sintiera segura incluso con un lugar así. Menos si sabía que harían su esfuerzo en ver cómo podían seguir llevando las cosas, sus preocupaciones, su forma de cuidarse... Se adaptarian, de eso estaba segura. Estuvo a punto de cerrar sus ojos cuando aquella pantalla se iluminó, incomodado su mirar de forma casi inmediata. "... ¿Colibrí?" Sintió a Noah moverse al tiempo que el agarre en sus manos se incrementaba, estaba claramente preocupado. Primero asintió, pensando en quién de ellos tendría ese nombre hasta que recordó que ninguno de los dos sabía el suyo. —Sí... Yo... A mi me dijo petirrojo... ¿Y a ti? Quería interpretar que por su forma de preguntar él no era el colibrí pero quería estar cien por ciento segura.
Petirrojo, no colibrí. Petirrojo. Una mezcla de tranquilidad y emoción entibiaron su cuerpo desde dentro. Ahora no podía dejar de hacer la conección con las historietas que solía leer antes de que Cathy se fuera a la universidad, cuando su vida era comparable a la de un adolescente relativamente normal. —¿Robin? —le preguntó, sonriendo casi divertido—. Una lástima que los murciélagos no sean aves. Podrías haber sido la Robin para mi Batman —le dijo, bajando la mirada hasta sus manos, sin perder la sonrisa—. Agnes —hizo una breve pausa, como si el solo pronunciar ese nombre le trajera un mal sabor de boca—, ella dijo que yo soy como un sinsonte. Creo que nunca en mi vida he visto uno de esos pájaros.
Connie Dubois Había soltado un largo bufido al oírlo reír, rodando los ojos y obligándose a escucharlo con, por lo menos, la decencia de prestarle atención. Aunque tampoco le había dicho nada nuevo. Un potente brillo captó su atención de inmediato, y giró la cabeza hacia la jaula frente a ellos. En una pantalla gigante, las imágenes de diferentes aves habían comenzado a sucederse velozmente. Connie tragó saliva, sin siquiera poder pestañear; sentía el mundo congelado a medio giro. Cuando las opciones se detuvieron, el pequeño y pintoresco pajarillo que brilló frente a sus ojos le arrancó la respiración del pecho. Aún no podía pestañear. Escuchó a Shade a su lado, haciéndole alguna broma, pero su cerebro no podía procesarlo. Tampoco podía despegar los ojos de su apodo, enorme y brillante en la pantalla. —Colibrí —balbuceó, comenzando a respirar agitada al ser consciente de la situación—. Colibrí...
Shade Mcartty. Al no obtener respuesta de parte de la chica su sonrisa se fue borrando. La seriedad y el shock en la cara de Connie le indicaron que algo iba mal. Condenadamente mal. La agarró de los hombros zarandéandola para hacerla volver en sí. —¿Tú eres el colibrí? —cuestionó con ansiedad en la voz. lo que antes era alivio se convirtió en una tensión desagradable en la boca de su estómago. —Corianne. ¿Eres tú o no, maldita sea? —cuestionó pro segunda vez perdiendo la escasa paciencia que había logrado construir.
Connie Dubois El zamarreo de Shade la trajo de vuelta a la realidad. Volvió sus ojos al chico, poco a poco, sin siquiera molestarse en ocultar el miedo y ansiedad que consumían su compostura. Apretó los labios, y tan sólo asintió con la cabeza. No encontraba la forma de hilvanar una respuesta mediante palabras. Se sentía repentinamente frágil y vulnerable, y eso la asustaba. Le asustaba no tener la más remota idea de para qué acababa de ser seleccionada. ¿Qué cosas tendría que hacer? ¿Perdería la vida? ¿Acaso estaba presenciando el anuncio de su muerte? No podía. Empezaba a perderse. —Shade... —susurró, con la voz ahogada. Fue lo único que pudo modular.
Shade Mcartty. La ansiedad, el miedo y muchos otros sentimientos se anclaron en su cuerpo. Se obligó a respirar y a soltar sus hombros los cuales ya comenzaba a sujetar muy fuertes. Necesitaba pensar. Necesitaba pensar. Si las cosas eran como había estado observando, no tenía ni una mínima posibilidad de ayudarla por sí mismo. Habían guardias y los superaban en número. Así que rebelarse, no era una opción. —Ahora más que nunca debes recordar todas las lecciones de boxeo y defensa personal que te he enseñado. Ya sabes la norma, Connie. Al carajo jugar limpio. Manipula, muerde, araña, lanza tierra. Tú has lo necesario para que seas tú la que se mantenga de pie al final del día. —La instruyó, tratando de creerse él mismo que tenía oportunidad. Que podría hacerlo. Que no era ninguna sentencia de muerte. Que si tenían suerte era otro el que moriría—. No te dejes matar estúpida, o te odiaré. —La amenazó.
Connie Dubois Cuando Shade la soltó, cerró los ojos y apretó los puños, buscando calmarse. No le ayudaría en nada un arrebato en ese momento. Intentó concentrarse en su respiración errática, esforzándose por marcar el tempo, pero mierda. Su cuerpo la traicionaba. "Ahora más que nunca debes recordar todas las lecciones de boxeo y defensa personal que te he enseñado. Ya sabes la norma, Connie. Al carajo jugar limpio. Manipula, muerde, araña, lanza tierra. Tú has lo necesario para que seas tú la que se mantenga de pie al final del día. No te dejes matar estúpida, o te odiaré." La voz de Shade, al menos, la ayudó a enfocar su mente en algo concreto. Eso sirvió para dejar de sentir que la tormenta en su pecho acabaría por asfixiarla antes de tiempo. Fue formándose imágenes vívidas de lo que el chico relataba, concentrándose en ellas, aunque sus manos aún temblaran. Abrió los ojos, primero para ver el suelo, y poco a poco subió hasta Shade. Necesitaba encontrar la fuerza para superar su torrente de emociones. —¿Y dejarte en paz? No me jodas —farfulló, con la voz mucho más trémula de lo que habría querido y una sonrisa quebrada—. Aún... No... No voy a morir. No puedo morir. Su intento de broma se había ido por el caño cuando su boca formuló las palabras que vagaban amenazantes y sin rumbo por su mente. Muerte. —No puedo morir —siguió balbuceando, mientras llevaba las manos a su cabeza y se hacía pequeña—. No puedo morir, no puedo morir. Tiró de su cabello, necesitaba enfocarse en algo. Lo que fuera. Cualquier cosa. Tiró y tiró, con los dientes apretados. Se estaba perdiendo, no podía perderse. Necesitaba calmarse y sobrevivir, necesitaba permanecer junto a Shade. Era muy temprano para irse.
Laila Meyer. Los bajaron del autobús con la misma brusquedad que los habían subido y con la que nos habían tratado el resto del viaje. A pesar de los últimos momentos de tensión, un vacío se instauró en su pecho cuando fue separada de Noah, en quien había hallado compañía. Aún así, sintió un alivio cuando pudo ver que el muchacho tenía a Cathy a su lado y sonrió ligeramente. Buscó a Shawn con la mirada, pero de inmediato la distrajo el tipo junto al que la habían sentado. Un sujeto extraño, con una máscara que la observó fijamente un instante, suficiente para que su mirada recuperara el aire felino y sus ojos perdieran el brillo. Estuvo por lanzar una respuesta hostil, hasta que vio las lágrimas deslizarse por el objeto que le hacía las veces de rostro y decidió callar. Volteó el rostro cuando notó con el rabillo del ojo una silueta acercándose. Shawn. Sus facciones recuperaron su suavidad habitual, mezclada con incredulidad. Se dejó rodear por la calidez de sus brazos, a pesar de la incomodidad de los grilletes y tuvo que contener las lágrimas. Las caricias que le brindó en el cabello le formaron una sonrisa tranquila en el rostro. Estaba en una pieza. Su Shawn estaba completo, a su lado y solo eso importaba. —Estoy bien, Shawn, estoy bien —murmuró cuando se dio cuenta que la vista del chico se desviaba a la fila de adelante, a Noah—. Alguien me ayudó. Iba a continuar hablando cuando la gran pantalla descendió. Aves. El corazón se le quedó atorado en la garganta y pegó su cuerpo al del albino, en busca de protección. Lammergeier. Los nombres dejaron de pasar a toda velocidad, hasta detenerse en uno. Colibrí. —Shawn. —La voz le sonó extrañamente ahogada, como si fuese a romper en llanto en cualquier momento—. Cariño, ¿qué ave te asignó la maldita Agnes? La respuesta llegó sola, con la chica que se tironeaba el cabello, desesperada. La compañera de asiento de Shawn era el colibrí. Cerró los ojos con fuerza y deseó que el siguiente en ser elegido no fuese el albino, pero también deseaba que no apareciera en la pantalla Noah, el sinsonte, ni su adorada Cathy, cualquier que fuese su apodo.
Shawn Amery En el instante en el que la pantalla se encendió frente a sus ojos, odió como nunca lo había hecho a las personas que estaban detrás de aquel macabro experimento. Las odió porque le separaban de la persona que amaba, le hacían sufrir con chantajes, jugando con sus emociones, y no tenían la mera integridad de permitirle al menos unos minutos sintiendo la tranquilidad que le proporcionaba tenerla al fin entre sus brazos, una vez más. De reponerse del vaivén de emociones que estaba destrozándole por dentro. Habían bastado cinco segundos para disipar la indescriptible felicidad que le proporcionaba que Laila estuviese a salvo junto a él, para instaurarse en su pecho una vez más el desconcierto y el temor por las vidas ajenas, y por la suya propia en menor medida. Sintió a Laila aferrarse contra su cuerpo en busca de protección, y la acercó hacia sí con más fuerza, los brazos detrás de su espalda. Sea lo que fuesen aquellas imágenes de aves, no iban a separarle de Laila, no iba a permitirlo. No de nuevo. Los colores de un pequeño colibrí brillaron en sus retinas, y por un instante desconectó, su mirada posada fijamente sobre la pantalla. Su corazón se detuvo como en un mal presagio, y ambos se giraron para buscarse con la mirada, con la preocupación latente en sus rostros. Laila se le había adelantado haciéndole aquella pregunta, y al ver el terror en sus ojos intuyó que ella no era el colibrí. Colocó su frente contra la suya, haciendo un gran esfuerzo por sonreír, intentando destensar su cuerpo. Todo estaba bien, por ahora. —Tranquila, yo no soy. Agnes dijo que mi apodo sería Hawk, halcón —murmuró con suavidad, haciendo un gran esfuerzo porque no se le notase el miedo en su voz. Debía permanecer tranquilo, con la cabeza fría. O eso pensaba. Pronto notó cierto revuelo en la fila de abajo y abrió los ojos, paralizado por un mal augurio. Connie se aferraba a sus cabellos con fuerza, asustada, y su hermano Shade parecía intentar hacerla reaccionar con el mismo temor en sus ojos. Laila pudo sentir cómo las manos de Shawn se aferraban a su ropa inconscientemente, apretándolas por la insoportable tensión que aferraba su cuerpo—. No, no, no... No puede ser, ¡no! >>¡Conni-! Pero la mirada gélida que recibió de parte de los guardias, encaminándose hacia él con las armas en sus manos, fue suficiente para hacerle callar. Respiró entrecortadamente, sin ser capaz de reaccionar. Hacía menos de una hora le había asegurado que le sacaría de aquí, a ella y a su hermano, y ahora había sido sentenciada frente a él, sin poder hacer nada por evitarlo. —No puedo permitirlo, no... Ella no se lo merece, Laila. Ella... Ella es inocente —sintió que comenzaba a ahogarse y su voz se quebraba. Pero ya no solo por el destino de aquella pobre joven en un macabro juego que desconocían. En ese momento fue consciente de que la siguiente podría ser su Laila. Y que no podría hacer nada por evitarlo.
Franklin. Maxwell ¿Porque? ¿Porqué diablos tienen que evitarme? Yo no les he hecho nada! (yet)... — Hey, hey dude! — le decía Maxwell al muchacho de la tercera silla a su derecha mientras colocaba ambas manos como apoyo para su cabeza. — Oye... el niño a tu lado ¿Anda bien? le veo muy quieto... ¿No se habrá muerto o algo o sí? — replicaba Maxwell mientras giraba su cabeza al costado encima de sus manos mientras los miraba fijamente. Procedió luego a sentarse derecho mientras levantaba sus dos manos para cruzar su pierna derecha sobre la izquierda y luego inclinarse contra la muchacha — Tortolitos, la verdad no tengo nada que hacer en este momento and... ¿Qué les parece un juego? la otra opción es dejarlos tranquilos y yo aburridamente aquí, so... let's play! — ¿Ven esa pantalla con las aves no? ¿Qué creen que pasara cuando aparezca otra ave iluminada? De eso va el juego, de matar tiempo... y sacarles esa estúpida cara de angustia, cariño ¿No sabes lo horrible que se ve una parejita taaan triste como ustedes? No lo hago por mi, bueno, sí lo hago por mí, pero también por ustedes dos. — A todo esto... no sabemos sus nombres, ¿Tienen algún apodo o algo o prefieren que los llame Pedro y Maria?, tienes bastante cara de Pedro, broh... sorry. — mencionaba Maxwell mientras tocaba su pierna con ambas manos buscando generar un ritmo mientras meneaba la cabeza hacia arriba y abajo siguiendo el sonido alegremente.
Catherin Whitman No pudo evitar sonreir algo más divertida al escuchar esa declaración —Siempre seré el Robin de tu Batman —Incluso tenían la altura para hacer de sus respectivos roles —, mockingbird...eso nos convertiría en otra clase de Batman & Robin, ¿no? Ha habido muchos de ellos...solo seremos una versión extraña de ellos, ¿qué te parece? Tener una charla común y corriente parecía lo más extraño del universo, más si decidía ignorar lo que escuchaba detrás de ella para que Noah no se preocupara, quería que estuviera centrandose en otra cosa que no fuera el peligro inminente que tenían en frente, que tuviera un buen momento junto con ella, un momento donde solo fueran los dos aunque sintiera toda la preocupación en su pecho por la chica que parecía ser el colibrí y su acompañante.
Uno de los guardas llevó el móvil que tenía en su bolsillo hacia su oído. Asintió ante las órdenes que le daban al otro lado del teléfono, presionando nuevamente el botón con los que aún estaban presentes. Al parecer ella llegaría pronto, y esperaba encontrar un buen espectáculo... La pantalla volvió a moverse, mostrando los nombres de los pájaros con la imagen de la especie como tal. Uno, dos, tres, y muchas veces más, hasta que fue frenando de a poco. Agnes ha dado una orden desconocida por teléfono, se percatarán en la lista. Los guardas han comenzado ha mostrarse tensos, por lo que suponen que su ex-abogada no llegará del mejor humor. Los seleccionados deben levantarse y entrar a la jaula, en ese momento sus grilletes serán retirados y les cortarán algún lugar del cuerpo para que su sangre comience a fluir y puedan batallar con ésta. Los demás prisioneros pueden seguir roleando sobre lo que ven, y dar ánimo a alguno de los dos peleadores. Pero si tratan de interferir serán amarrados a la silla, obligados a presenciar todo lo que está por ocurrir. Aves vivas 1.Sinsonte 2.Petirrojo 3.Buitre palmero 4. Hawk 5. Lammergeier. 6. Golondrina ¡READY!
Catherine Whitman Observó a los guardias recibir una llamada que le llamó la atención por su reacción, aunque, antes de que pudiera pensar todo lo que podría significar, la pantalla volvió a iluminarse mostrando todos los distintos nombres de aves que allí había, nombres que Agnes por alguna razón les había asignado y ahora tenían que adaptarse a ellos sin poder evitarlo o llevar alguna clase de contra a eso. Pero, el nombre que terminó mostrandose en pantalla la congeló. Sus manos temblaron sin poder evitarlo hasta que apretó un poco más las manos de Noah, ella tenía que ir allí, ella...tendría que entrar a esa cosa junto con la colibrí, tenía miedo, tenía miedo de que sus piernas no respondieran, que sus reflejos se quedaran paralizados del miedo de la situación, tenía realmente miedo de que la obligaran a dañar a alguien tan inocente como lo podría ser ella. Mordió su labio inferior, quería llorar de toda la impotencia que sentía en ese momento. —Noah...—murmuró, tomando una gran bocanada de aire para intentar calmarse, para que la viera tranquila, que no sintiera todo ese golpe de emociones que tenía dentro de ella, abandonó sus manos e inclinandose de nuevo, lo atrajo hacia él dandole un corto beso —, por favor, no tienes que ver lo que puede pasar, ¿sí? —Le dedicó una muy pequeña sornisa, la mejor que podía en esos momentos —, siempre solucionamos todo, ¿no? Trataré de que...todo salga bien, no te preocupes por mí, no...no salgas de este asiento, ¿de acuerdo? —Acarició con suavidad sus mejillas para tratar de transmitirle tranquilidad. Tendría que...confiar en que, como su compañero de autbus había dicho, reaccionar ante la situación que tuviera, quizás en el mejor de los casos, su cuerpo recordaría la clase de deportes que practicaba, ¿verdad?
Noah Briggs ~ Había pocas, muy pocas cosas en el mundo, que podrían llegar a robarle la atención a Noah, ya que aquella capacidad de concentrarse en algo, cualquier cosa, parecía estar reservada para todo lo que tuviera que ver con Cathy. Pero no todos los días se estaba en una prisión con condena de muerte junto al amor de la vida de uno, particularmente sentados en la misma hilera en la cual una pareja de extraños parecía estar experimentando un colapso mental relacionado al circo maniático del cual ellos parecían formar parte sin haber acordado hacerlo; tener a una niña en el asiento del medio entre él, Cathy y esos pobres desgraciados, tampoco lo hacía fácil para tapar la escena, porque no era como si esa niña fuera alta como para taparle la vista. Así que observó, cauteloso. De seguro uno de los dos había sido nombrado por la pantalla. Y pobre Noah. No tenía ni la más pálida idea de lo mucho que estaba por tener en común con aquellos dos extraños en pleno episodio neurótico. Lo que estaba a punto de golpearlo a él no era precisamente la cachiporra de los guardias, pero sí que lo iba a demoler. La pantalla decía petirrojo. Petirrojo, como Robin. Petirrojo, como su Robin. Petirrojo, como Cathy. Recién la había recuperado y ya se la iban a quitar. —Agnes —atinó a murmurar, sin escuchar ni una de las palabras que salían de la boca de Cathy; le aterraba la idea de no volverla a escuchar jamás, y sin embargo, no podía deshacerse del repentino zumbido en sus oídos—. ¿Dónde está Agnes? —insistió buscándola por la habitación con los ojos, recorriendo cada rincón, cada rostro con movimientos erráticos—. Tiene que dejarme ir en tu lugar. No puede llevarte así como así, no de nuevo... —Bajó la mirada hasta encontrarse con la de Cathy, hablando por encima de lo que ella le decía. Sentía que estaban hablando en idiomas completamente diferentes—. Yo tengo que tomar tu lugar, ella no puede llevarte así como así... Sentía un nudo en la garganta, un monstruo naciéndole del pecho, una sensación robándole el aire. Hacía tiempo que su amiga la ansiedad no le hacía una visita, no le asfixiaba el cuello, no le gritaba cosas terribles al oído. Todos los posibles escenarios se acumulaban en su mente y a cuál peor que el anterior. Se sentía mareado, agotado, desorientado, y se sentía solo. Aún no se habían llevado a Cathy, pero él sabía que lo harían. Ahí podían hacer lo que quisieran con ellos, con Carhy, y lo único que él podía hacer al respecto era rendirse ante un ataque de pánico ahí mismo.
Catherine Whitman No tuvo que esforzarse mucho en notar que Noah no la estaba escuchando, cosa que la preocupaba a un nivel tan grande que no podía siguiera imaginar lo que su cabeza debía de estarle gritando con tanta fuerza para que no fuera capaz de concentrarse en ella, tampoco quería imaginar el estado de preocupación que estaba sintiendo, ese grado que lo hacía poner su seguridad de lado para intentar mantenerla a salvo, a tal grado que lo primero que salió de sus labios no fue una protesta hacia ella, no. Fue el nombre de Agnes. Verlo como la buscaba no causó más que preocupación hacia él, ¿qué importaba ahora el hecho de que tenía que ir? Poco, bajo ningún motivo dejaría que él se sacrificara por ella de alguna forma o acudiera a ella, no se habían conocido lo suficiente pero estaba segura de que si terminabas debiendole un favor no podría ser nada bueno y, en ese momento, la idea de que Noah le debiera un favor a Agnes con tal de ella estar a salvo viendo como Noah terminaba haciendose daño era totalmente desagradable. —Noah, noah respira...—volvió a tomar su rostro, esta vez con la suficiente fuerza para que no pudiera apartar su mirada de ella en busca de Agnes, procurando no hacerle ninguna clase de daño en el proceso —, mirame —pidió clavando sus ojos violeta sobre los del menor—, haz como yo y respira profundo, ¿quieres? Respiiira....—Al tiempo que decía lo último tomó aire por la nariz y exhaló por su boca con lentitud, esperando que Noah hiciera exactamente lo mismo que ella como le había pedido. Así lo repitió un par de veces hasta que unió temporalmente sus frentes —Todo estará bien...porque...tengo que volver a ti, ¿sí? Tengo que hacer mi máximo esfuerzo para ver esa encantadora sonrisa que siempre tienes así que, todo debe de salir bien, yo no quiero dejarte ir tampoco, por favor... solo... manten la calma lo mejor que puedas, si ellos te llevan por querer interferir, ¿a qué brazos debería volver al final de todo esto?
Las paredes se hacían pequeñas, el aire se calentaba, el oxígeno parecía insuficiente ante las grandes bocanadas de aire que prácticamente tragaba, y la habitación dio mil y un vueltas en los escasos segundos que Cathy tardó en tomarlo del rostro. Ahora tenía a los ojos de Cathy mirándolo, un ancla que mantiviera a la habitación casi estática. Sus manos frías se sentían como un alivio para su piel, la cual se sentía como si hubiera sido quemada al rojo vivo. Su voz callaba el ensordecedor zumbido que monopolizaba sus oídos. Snap out of it, Noah Briggs. Snap out of tucking it. Aunque cada vez que respirara le doliera la garganta como si alguien se la hubiera roto con un bate de baseball, el dulce aliento de Cathy era motivación suficiente como para llenar sus pulmones de aire una y otra vez, doliera lo que doliera. —C-Cathy —le llamó, en voz baja y temblorosa, teniendo que sostenerse de las muñecas de Cathy porque sentía que entraría en caída libre en cualquier momento—. Robin always c-comes back to B-Batman... And Robin kicks ass way b-better than Batman... No podía ignorar lo deshecho y aterrado que se sentía en esos momentos, pero sí podía ser terco y tratar de suprimir los violentos temblores que sacudían su cuerpo, particularmente sus manos. Cathy no podía verlo así, ella no podía verlo débil. Él no podía darse el lujo de ser débil si tenía como misión personal cuidarla y protegerla. Y no podía dejar que Cathy fuera a pelear por su vida con su cuerpo en aquella arena y con su mente preocupándose si él seguía respirando o no. La única forma que tenía de protegerla en esos momentos era estar bien para ella. —V-vuelve a mí —ordenó con una pequeña sonrisa, pero a cualquiera que lo estuviera escuchando le habría sonado a un patético lamento—. Te e-esperaré aquí. Cómo le dolía respirar cuando su cuerpo pretendía que hiciera lo contrario.
Laila Meyer. Cuando colocó su frente contra la suya, dejó salir un suspiro de alivio, esa era suficiente respuesta para ella. Hawk. La reacción de Shawn al ver que su compañera de asiento era la elegida le rompió el corazón y la hizo cerrar los ojos con más fuerza un instante, hasta que escuchó al joven con la voz entrecortada, diciéndole que aquella muchacha era inocente... y le creía. Le creía porque ellos también lo eran y ese pequeño colibrí de colores metalizados podía haber sido cualquiera de ellos. En su mente relampagueó la imagen del quebrantahuesos, con sus plumaje blancuzco y marrón, y sus ojos rojizos. Ahora fue ella quien, a pesar de los malditos grilletes, rodeó con sus brazos al albino, acunándolo en su pecho, sin ser capaz de decir algo sin romper a llorar o levantarse de su asiento, para chillar ante aquella injusticia. No sentía más que impotencia. Bufó al escuchar al tipo junto a ella y sin despegarse de Shawn, habló clavando su mirada en la máscara. —Creo que nos hacemos una idea de lo que pasará, ¿no? —El nudo en su garganta había desaparecido de repente. Estaba por continuar hablando cuando la pantalla reinició su movimiento. Apretó el agarre en torno al cuerpo de Shawn, como si de aquella forma fuese capaz de sacar su nombre de aquella terrible ruleta. Lentamente, las imágenes se detuvieron hasta que una sola quedó en pantalla. Un pajarillo naraja y gris. Un petirrojo. Un dolor punzante se le instaló en el pecho cuando notó la reacción de la joven junto a Noah, de Cathy, el petirrojo. Se separó de Shawn, desviando la vista del enmascarado y la clavó en la pareja. Noah parecía completamente desubicado, perdido, buscando a alguien que no estaba allí, como si ni siquiera prestara atención a lo que la chica decía y aquello le dolía, porque él le había ofrecido su mano con tal de buscar algún tipo de consuelo, porque no creía que él hubiese matado a nadie. Apoyó los codos en su regazo y ocultó el rostro entre sus manos, con el cabello cubriéndola. Recordó cuando Agnes tiró de un hilo de su cabello, desprendiéndolo de la piel, y pensó que los hilos que movía en realidad eran los de un montón de marionetas. —Shawn —Lo llamó con tono plano, incapaz de despegarse las manos de la cara—. Esa pareja... Cathy, ese el nombre de la chica, la que acaba de salir en pantalla; ambos son inocentes también. Se enredó los dedos entre el cabello, aferrándose a él con fuerza y ahogó el grito que amenazaba con romperle el pecho. Contenido oculto Que memeo me encanta que esta mujer pasa de un estado de ánimo al otro jsjsjs
Aimi Shiotani~ Con toda la desgana del mundo y el fastidio que aún le recorría por la situación en el autobús, caminó a rastras hasta donde los guardias la obligaron a sentarse. Eran igual que brutos que la sabandija de Agnes. ¿Estarían igual de chalados? Probablemente. Suspiró agotada al sentarse una vez más, esta vez el asiento no era ni medio cómodo, pero tampoco se esperaba gran cosa en su situación. A ambos lados de ella se encontraban dos muchachos que le sonaba haber visto en el autobús al subirse, y estaban atentos a las respectivas chicas que se encontraban al lado de cada uno. Parecían unidos, como si se conociesen de toda la vida. Y eso le dolió. Se sentía desprotegida, vulnerable, una pequeña gota de agua que resbalaba al más hondo pozo. La inseguridad que le transmitía aquel lugar empeoraba las emociones que le revolvían por dentro. Era como los días que asistía a clase, rodeada de gente, personas que hablaban mal a sus espaldas, que criticaban fuertemente a su padre constantemente y sin un ápice de compasión, llenos de ignorancia. Que la apartaban de todo solo por algo que no les incumbía en nada. ¿Qué más les daba? A Aimi le causaba tristeza pensar en su padre, que probablemente estuviese llorando sin ningún tipo de consuelo el hecho de que se la habían llevado lejos de él. Que se la habían llevado para no verla nunca jamás. Que la habían inculpado por algo que no había hecho, ni siquiera Balto… Oh, Balto. Le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo al pensar en él. Agradecía que no se encontrase cerca de ella, porque entonces no sabría qué le sucedería. No quería ver la frialdad en aquellos ojos, dirigido exclusivamente a ella. No se sentía capaz de mirarlo, de hablarle. Se sentía culpable por meterlo en aquel lugar junto a ella. ¿Cómo habrían sido sus vidas si nunca se hubiesen encontrado? Se había metido tanto en sus pensamientos, manteniendo su vista en sus manos mientras jugueteaba con ellas, que no se había dado cuenta de todo lo que había estado pasando a su alrededor hasta aquel momento. Vio la gran pantalla junto al nombre de una ave, petirrojo, y sintió que se había perdido el anuncio de algo importante. Algo realmente importante. Observó a las personas que habían en su fila, y como lo esperaba seguían atentos el uno del otro, pero esta vez parecían estar más nerviosos y angustiados. Aimi notaba cómo le recorría la ansiedad al verlos de aquella forma, desesperados y con miedo. Y algo le decía que estaba a punto de presenciar lo peor que se podría imaginar. Pero no podía solventar sus dudas, porque no tenía a quién preguntar. Y no tenía tan poco tacto como para romper aquel momento que parecía tan serio e importante. Así que siguió en silencio, acercándose esta vez sus manos a la boca, mordisqueando sin darse cuenta sus uñas. Contenido oculto Aquí, metiéndome en medio de las parejas como Aimi (?????)